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PROCESOS Y PROCEDIMIENTOS ADMINISTRATIVOS

INTRODUCCION.
Dentro del proceso de mejoramiento continuo de la calidad que deben
adoptar las organizaciones modernas para atender eficazmente los
requisitos, necesidades y expectativas de sus usuarios o beneficiarios
tanto externos como internos, la identificación, estructuración y
documentación de los procesos y procedimientos inmersos en su
quehacer, se constituye en un mecanismo de planificación idóneo y
expedito para orientar el rumbo hacia el logro de los objetivos
institucionales, al igual que para la gestión y la evaluación permanente
en la perspectiva de contribuir a la creación de un sistema de
aseguramiento de la calidad que garantice la producción de bienes o
prestación de servicios, sean éstos públicos o privados. Ordenar y
documentar la selección de dichos procesos, etapas, procedimientos y
actividades, permite a las instituciones racionalizar el uso de los
recursos al simplificar trámites, evitar funciones repetitivas, eliminar
cuellos de botella por indefinición, evitar la evasión de
responsabilidades, lo cual se traduce en ahorro de tiempos, movimientos
y costos operacionales.
PROCESO Y PROCEDIMIENTO.
Para comenzar este tema, conviene distinguir entre dos vocablos que
muchos toman como sinónimos, pero no lo son: proceso y
procedimiento.
La palabra procedimiento proviene de la voz latina processus, que es
el sustantivo del verbo procedere, que a su vez significa caminar hacia
adelante, marchar de frente, avanzar, progresar. Luego, proceso es
marcha hacia adelante, avance, progreso, desarrollo.
La palabra procedimiento es de formación mas reciente que la
anterior, y significa la manera de realizar algo, “el modo de mover, la
forma en que el acto es movido.” (1)
Hay una diferencia cuantitativa entre proceso y procedimiento. Proceso
es el conjunto de todos los actos, el todo; procedimiento es cada uno de
los actos, las diferentes operaciones que componen el todo. Por ello es
que, en el lenguaje jurídico, proceso es sinónimo de juicio o causa legal,
mientras que procedimiento es la forma en que se lleva dicho juicio. Se
define, así, el proceso, como “el conjunto ordenado de actos que se
desarrollan, progresiva y dinámicamente, con un objetivo determinado;
desde el momento inicial hasta al instante final; es el conjunto
sistemático de procedimientos”. (2)
Un proceso es también el conjunto de acuerdos judiciales que,
empastados o cosidos, forman un juicio o una causa. Proceso
administrativo se llama asimismo a la causa disciplinaria que siguen
agentes de la administración por faltas y deficiencias en el cumplimiento
de sus deberes.
SUJETOS DEL PROCESO ADMINISTRATIVO.
En el proceso judicial común hay tres sujetos, dos partes y un juez o
juzgador. Una de las partes es el actor o demandante, que pide algo al
juez; otra parte es el demandado o reo, de quien pide algo; y el juez o
tribunal que toma conocimiento de la causa y decide sobre la misma.
En el proceso administrativo los sujetos se reducen a dos; de un lado la
administración publica, no como poder, que es un elemento del Estado,
sino como gestora de los intereses públicos, que actúa de oficio o a
petición de parte, para solicitar o reclamar algo de los administrados,
particulares o agentes públicos, impidiéndoles sanciones o resolviendo
sus peticiones, reclamaciones o recursos; y de otro lado los
administrados. El proceso administrativo puede iniciarse a instancia de
cualquiera de estos dos sujetos.
EL PROCEDIMIENTO ADMINISTRATIVO.
Seguidamente analizaremos las características principales de esta
materia.
a) Definiciones.- Se ha dado muchas, entre todas citamos las mas
importantes:
“La parte del Derecho Administrativo que estudia las reglas y principios
que rigen la intervención de los interesados en la preparación e
impugnación de la voluntad administrativa”.- Agustín A. Gordillo.
"Los trámites y formalidades que debe observar la Administración para
resolver las reclamaciones que los interesados formulen". García Oviedo.
"Conjunto de formalidades y actos que preceden y preparan el acto
administrativo". Gabina Fraga.
"Cauce formal de la serie de actos en que se concreta la actuación
administrativa para la realización de un fin".- Ley de Proc, Admin, de
España.
b) Principios del Procedimiento Administrativo.-. Los principios
que rigen en Pr. A. son éstos:
b.1) De legalidad objetiva.- Según el cual la A.P. debe aplicar
objetivamente la ley en defensa de su prerrogativas, así como para
proteger los derechos e intereses de los administrados. Este principio
conlleva la publicidad del procedimiento y el interés que la A.P. debe
manifestar en esclarecer los hechos, aun en el supuesto de
desistimiento del administrado de su acción, cuyo curso debe seguir, por
ello, de oficio, salvo que se trate de un beneficio o interés individual.
b.2) De oficialidad.- Supone la impulsión y la instrucción de oficio del
procedimiento de parte de la A.P., dado el interés público que revisten
todos sus actos y teniendo en cuenta que los administrados no podrían
mover á la A.P. si ésta no lo hiciera obligada por ley. Por supuesto que el
impulso inicial, la acción, corresponde al particular interesado, aunque
hay casos en que la A.P. debe actuar de oficio desde el comienzo,
cuando conozca sobre irregularidades o falencias administrativas.
Para la instrucción de oficio corresponde a la A.P. averiguar los hechos
y obtener las pruebas, independientemente de lo que hagan los
interesados particulares en esta materia.
b.3) De la verdad material.- Este principio significa que la A.P. debe
escudriñar los hechos reales, hayan sido o no alegados y probados por el
administrado, y no atenerse solamente a la verdad formal, que aparece
de las pruebas aportadas por las partes, como ocurre en materia civil.
"En el caso de que los elementos de juicio que los interesados
suministren al órgano resolutorio no sean suficientes para dictar runa
resolución adecuada, deberá aquél, de oficio. procurárselos, de suerte
que llegue a una exacta determinación y al conocimiento y
comprobación de los datos a tomar en consideración" (3).
b.4) Del informalismo.- Consiste en la no exigencia de ciertas
formalidades, en beneficio del administrado, y no de la Administración,
teniendo en mente la ampliación de lo favorable para que aquél pueda
hacer valer sus derechos. El Art. 1 de la Ley 19549 de Procedimientos
Administrativos de la República Argentina recoge así este principio:
"Excusación de la inobservancia por los interesados de exigencias
formales no esenciales y que puedan ser cumplidas posteriormente" A
propósito, el Art. 81 de la reglamentación de esta ley previene que "los
recursos deberán proveerse y resolverse cualquiera sea la denominación
que el interesado les dé". Por su parte, el Tribunal Supremo de España
declaró en 1992 que "las reclamaciones producidas en vía gubernativa
no... están sometidas a formalidades precisas, debiendo interpretarse su
contenido con espíritu de benignidad" (4).
b.5) Del debido proceso.- Este principio deriva de la garantía
constitucional instituida en el Art. 16 de la C.P.E., que declara que se
presume la inocencia del encausado mientras no se pruebe lo contrario;
que el derecho de defensa es inviolable; del derecho a ser asistido por
un defensor y a no ser condenado sin haber sido oído, etc.
b.6) No pago de costas judiciales.- Contrariamente a lo que ocurre
en la administración de la justicia ordinaria, el administrado no debe
pagar costas judiciales en el Pr. A., cualquiera sea el resultado de su
acción (demanda o recurso), en aplicación de la gratuidad que sólo
obliga al administrado a pagar honorarios de abogado, papel sellado y
timbres de ley.
b.7) De eficacia.- La misma eficacia que la A.P. debe imprimir en todos
sus actos, debe presidir la aplicación de los Pr. A., por tratarse,
reiteramos, de asuntos de interés público. Este principio supone los de
celeridad, sencillez y economía en los trámites administrativos; lo que
en la Exposición e Motivos de la Ley de Pr. A. de España se clasifica
como verdaderas normas jurídicas, y no como simples enunciados
programáticos.
c) Clasificación de los Pr. A.- Se los ha clasificado en internos y
externos, previos y de ejecución, independientes e integrados, etc.
Son internos los que regulan la actividad administrativa interna, intra-
órganos, sin afectar directamente los trámites que hace n los
administrados. Son externos los que se aplican a las gestiones,
acciones y derechos de éstos.
Son previos los procedimientos que preparan el principal, como en el
caso de la expropiación, en que previamente debe determinarse la
necesidad y utilidad publicas mediante estudios e informes especiales.
Son de ejecución los que se aplican en la fase principal del a.a.
Independientes son los que tienen existencia propia, individual y
separada; e integrados los que se relacionan con o forman parte de
otros.
EL PROCESO CONTENCIOSO-ADMINISTRATIVO.
Debe aclararse que éste instituto no es un recurso, sino una acción que
da lugar a un proceso. No es recurso, según se ha visto en el Cap.XXX,
porque no se trata de volver atrás en un proceso que esté en curso, sino
de plantear una acción contra un a.a. nuevo. Por ello este subtítulo se
refiere al proceso contencioso-administrativo, como lo llaman numerosos
tratadistas (5).
a) Importancia.- Cabe resaltar la importancia que esta institución tiene
en el D.A. y en el Derecho Público en general. Es la principal garantía de
que dispone el administrado para oponer sus derechos subjetivos e
intereses legítimos a la A.P. Decía Hauriou que las dos principales teorías
de D.A. son las del C-Adm. y la de la responsabilidades de la A.P., los dos
únicos medios de hacer que la A.P. reconozca sus obligaciones con los
dos únicos medios de hacer que la A.P. reconozca sus obligaciones con
los administrados.
b) Definiciones.- La Ley de Jurisdicción Contencioso-Administrativa de
España, de 27 de diciembre de 1956, dice en su Art. 37,1:
"El recurso contencioso-administrativo será admisible en relación con las
disposiciones y los actos de la administración que no sean susceptibles
de ulterior recurso ordinario en vía administrativa, ya sean definitivos o
de tramite, si éstos deciden directa o indirectamente el fondo del
asunto, de tal modo que pongan término a aquélla o hagan imposible o
suspendan su continuación".
Gordillo sostiene que la denominación de "contencioso-administrativo"
es impropia, derivada de los tribunales administrativos franceses de tal
nombre, que son órganos de la propia administración que resuelven
litigios entre ella y los administrados, sin revisión judicial posterior,
contrariamente a lo que ocurre en Argentina, Bolivia y otros países,
donde esos litigios son resueltos por tribunales ordinarios. Desde el
momento en que surge una controversia entre la administración y los
administrados -agrega dicho autor- hay contención, y es redundante
hablar de lo "contencioso-administrativo", como sería impropio hablar de
lo "contencioso-civil" o de lo "contencioso-penal". Debe decirse
simplemente "proceso administrativo", concluye (6). Juan Francisco
Linares no es de esta opinión, y considera confusa la denominación
"proceso administrativo", dado que en sede administrativa hay otros
procesos que se tramitan por medio de peticiones y recursos (7).
c) Evolución de la materia en Francia.- En este país nacieron la
mayoría de las instituciones de D.A. que posteriormente fueron
asimiladas por España y, más tarde, por América Latina.
Por Ley de 4 de mayo de 1872 el Consejo de Estado asumió una triple
competencia jurisdiccional:
1) Actuaba como juez de derecho común en primera y en última
instancia en todos los litigios no atribuidos expresamente por ley a
otra jurisdicción; y eso representaba la mayor parte del
contencioso-administrativo;
2) actuaba como juez de apelación en los casos previstos por ley, y
principalmente respecto a decisiones de los consejos de
prefectura; y
3) era juez de casación en las decisiones administrativas no sujetas a
apelación.
Todo litigio administrativo llegaba al Consejo de Estado directamente, si
no estaba atribuido a otra jurisdicción administrativa, o por vía de
apelación y casación. Esta circunstancia recargaba de tal modo las
labores del Consejo de Estado, que andaba retrasado en varios años en
la resolución de los casos, por lo que se hizo imperiosa una reforma, la
que se hizo en la Ley de 11 de julio de 1953, que autorizó al gobierno a
modificar por decreto el C-Adm.
Los decretos de 30 de septiembre de 1953 relevan al Consejo de Estado
de su competencia de juez de derecho común, que se atribuye a los
antiguos consejos de prefectura, llamados desde entonces tribunales
administrativos, cuya naturaleza y procedimientos regulan. A partir de
estas reformas, el C-Adm. abarca cuatro ramas en Francia: el de
anulación, el de plena jurisdicción , el de interpretación y de apreciación
de legalidad o de validez, y del de represión.
El contencioso de anulación busca la anulación de una decisión
ejecutoria de la A.P. y se asimila al recurso por abuso de poder que es "la
acción por la cual cualquier interesado puede demandar la anulación de
una decisión ejecutoria por el juez administrativo, en razón de su
ilegalidad". El de plena jurisdicción (o contencioso pleno) puede
perseguir toda resolución útil; una anulación (de un contrato o de una
elección); una condenación pecuniaria; la reducción de la tasa de un
impuesto, etc. Engloba a la mayoría de los contenciosos, como los
relativos a la validez o ejecución de los c.a., el contencioso-electoral, el
contencioso-tributario. El contencioso de interpretación y de apreciación
de la legalidad o validez implica dos cosas distintas; pero en ambos
casos el juez administrativo no decide, sino que proporciona elementos
de juicio para la resolucion que otro juez debe tomar. Este contencioso
viene a ser una cuestion prejudicial, mediante la que se pide que la
autoridad administrativa dé su opinión sobre el sentido correcto o sobre
la validez de una norma de su competencia.
El contencioso de represión tiene por objeto contrarrestar la decisión por
la cual, por ejemplo, un juez administrativo haya condenado penalmente
a alguien que ha vulnerado normas sobre la conservación de diversas
categorías de inmuebles de dominio público (8).
El sistema francés experimentó nuevas reformas con la Ley de 31 de
diciembre de 1987, los decretos de 2 de septiembre de 1988 y los de 15
y 16 de mayo e 1990, que ampliaron las medidas cautelares o
provisionales, así como la información sobre la materia y facilitaron la
ejecución de las sentencias, aplicando sanciones a los responsables de
su inejecución.
d) Ámbito de aplicación.- En el concepto clásico, lo C-Adm. se aplica
sólo con referencia a los a.a. de la A.P., entendida ésta como la
organización operativa del Poder Ejecutivo. Sin embargo,
contemporáneamente se abre paso una corriente que incluye en lo C-
Adm. los actos de los otros poderes que "vulneren un derecho de
carácter administrativo". Las leyes de algunas provincias argentinas
siguen esta corriente, como en Catamarca, donde la materia abarca a
toda "resolución definitiva o acto que comporte vías de hecho, emanado
de los Poderes Ejecutivo, Legislativo o Judicial, municipalidades o de
otras autoridades administrativas...". La legislación de El Chaco dice que
"se reputarán C-Adm. las acciones que inician las personas reclamando
contra una resolución definitiva de cualquiera de los poderes del Estado,
municipalidades o reparticiones autárquicas de la provincia, en la cual se
vulnera un derecho de carácter administrativo" (9).
La ley española sigue el principio de "cláusula general", por el que
cualquier acto de la A.P. de naturaleza administrativa, así como los
reglamentos y otras normas de rango inferior, pueden ser impugnados
en el C-Adm. Las exclusiones contempladas en la redacción inicial de la
Ley de 1956 -dice Garrido Falla- fueron abolidas por la propia legislación
anterior a la Constitución de 1978, o quedaron derogadas ipso-jure por
esta Constitución (10).
e) Requisitos.- Del Art. 37.1 de la Ley española de 27 de diciembre de
1956, que hemos citado en el punto 4.b), supra, se desprenden los
siguientes requisitos para la admisibilidad de la acción C-Adm.,
requisitos que son comunes en la doctrina y en la legislación
comparada:
1) Que la norma o a.a. que se impugna no sean susceptibles de
ulterior recurso ordinario en vía administrativa;
2) que sean actos definitivos, o, si son de trámite, que resuelvan
directa o indirectamente el asunto en el fondo, o hagan imposible
su continuación;
3) que no sean reproducción de otros anteriores definitivos y firmes o
confirmatorios de acuerdos consentidos, que no fueron recurridos
en tiempo y forma (Art. 40, a) de la ley citada).
El primer requisito se ajusta a la jurisprudencia francesa de la "decisión
préalable" (decisión previa), según la cual la vía contencioso-
administrativa no se abre si no ha sido agotada la vía administrativa.
Respecto al segundo requisito, cabe distinguir entre definitivo y firme.
Un acto es definitivo cuando resuelve en el fondo el asunto, pero no se
ha ejecutoriado aún por no haber transcurrido el plazo de ley para el
efecto. Y es firme cuando está ejecutoriado. Al decir actos definitivos,
se excluye del C-Adm las providencias del trámite y actos provisionales,
cuando éstos no resuelven directa o indirectamente el asunto en el
fondo.
Al hablar de requisitos debe elucidarse el tema de la capacidad del
sujeto para interponer la acción, es decir su legitimación. Aquí se ha
superado también el concepto clásico de que sólo tenía legitimidad
(capacidad) para actuar la persona cuyo derecho subjetivo e interés
directo era vulnerado por la norma o el acto impugnables. El debido
proceso y la tutela jurisdiccional en favor del administrado son
instituciones esenciales del moderno D.A., de suerte que en España, por
ejemplo, el Tribunal Constitucional no se rige estrictamente por el Art. 28
de la Ley de Jurisdicción C-Adm., que exige la legitimación por interés
"directo", sino que admite los intereses indirectos, .difusos y colectivos
contemplados en el Art. 7.3 de la Ley Orgánica del Poder Judicial, de
1985, concordante con el Art. 24.1 de la Constitución.
Sobre el particular, Garrido Falla nos recuerda la distinción que hace
Guicciardi entre normas de relación y normas de acción. Las primeras
garantizan derechos individuales o subjetivos, y las segundas regulan la
organización y el procedimiento administrativos, que son de orden
público, y no de interés individual. Esta distinción se refleja en la
legitimación de los sujetos procesales. "Cuando el derecho positivo exige
como requisito de legitimación la titularidad de un derecho subjetivo
lesionado o el interés directo y cualificado que se acaba de describir, se
dice, de acuerdo con una vieja terminología, que estamos en presencia
de un recurso de carácter subjetivo; cuando, en cambio, se admite la
legitimación de quienes se encuentran en la situación de meros
interesados, entonces debe hablarse de recurso objetivo o de acción
popular" (11).
Por otra parte, la capacidad del sujeto depende de la clase de C-Adm. El
de anulación se basa en la ilegalidad de un acto, decisión o norma, y, en
principio, cualquiera puede interponerlo, porque la anulación que se
demanda es de interés general y. por ello, surte efecto erga-omnes. En
los de plena jurisdicción y de represión se impugna la violación de un
derecho subjetivo y. por consiguiente, corresponde al sujeto agraviado
iniciar la acción, y no a otros. Los efectos de estos contenciosos se
restringen a las partes. Cuando se trata del C-Adm. de interpretación y
de apreciación de legalidad, las partes en un juicio ante la justicia
ordinaria pueden pedir al juez administrativo que interprete o aprecie
una norma que debe aplicarse en ese juicio.
ACTOS POLÍTICOS.
Se ha analizado los antecedentes, doctrina y opiniones de tratadistas
sobre los llamados actos políticos en relación a la responsabilidad del
Estado y de la A.P. Se ha visto allí que el Art. 2 de la Ley de la
Jurisdicción C-Adm. de España excluye de dicha jurisdicción a los actos
sobre defensa del territorio nacional, relaciones internacionales,
seguridad interior del Estado, mando y organización militar, "sin
perjuicio de las indemnizaciones que fueren procedentes, cuya
determinación sí corresponde a la jurisdicción C-Adm.". Es decir que la
ley española no exonera a los actos políticos de la responsabilidad
inherente a toda administración, la misma que debe dilucidarse por la
vía C-Adm. Este criterio obedece a los principios constitucionales de
tutela judicial efectiva y de responsabilidad pública que protege al
administrado, en virtud de los cuales García de Enterría, Gordillo y otros
tratadistas han expuesto su desacuerdo con la "doctrina" de los actos
políticos, desacuerdo que nosotros compartimos.
LA CONCILIACIÓN EN EL C-ADM.
Como en todas las ramas de la administración de justicia, el C-Adm.
tropieza en la mayoría de los países con el problema de la morosidad
originado por distintas causas como la ineficiencia de los jueces los
recursos dilatorios de los litigantes, escasez de medios, etc. que
congestiona los tribunales. Por esta razón algunas legislaciones han
introducido la conciliación para acelerar la resolución de estos procesos.
En Colombia, la Ley 23 de 1991, Cap. V, reformada por el D. 2651 de ese
mismo año, Arts. 6 a 10, establece dos tipos de conciliación: la pre-
procesal, antes de iniciarse el proceso, y la intra-procesal, que tiene
lugar dentro del proceso mismo. En la primera intervienen dos
funcionarios: el fiscal de la corporación o agente del ministerio público,
que recibe de los interesados la solicitud de conciliación, y si la estima
"seria y razonable" cita a las partes para la audiencia; y por otro lado el
juez o magistrado competente que debe aprobar la conciliación, si no
fuere lesiva a los intereses del Estado o no estuviere viciada de nulidad
absoluta. La j conciliación procesal se realiza ante el juez que conoce el
proceso, quien "instará a las partes para que concilien sus diferencias, si
fueren susceptibles de transacción, y si no lo hicieren, deberá proponer
la fórmula que estime justa sin que ello signifique prejuzgamiento".
La conciliación procede en los casos de plena jurisdicción en los que se
impugna un acto violatorio de un derecho subjetivo; no así en los casos
de anulación, en que cualquier interesado puede pedir la nulidad de un
acto o norma, lo que constituye una acción objetiva o popular de interés
general (12).
EL C-ADM. DE PROTECCIÓN DE LOS DERECHOS FUNDAMENTALES.
La Ley 62/1978 de España, de Protección Jurisdiccional de los Derechos
Fundamentales, instituyó un proceso C-Adm. especial para la protección
de determinados derechos fundamentales, como los de expresión,
reunión, asociación, libertad de conciencia y de religión, de residencia y
domicilio, contra detenciones ilegales; derechos que el Real Decreto
Legislativo 342/1979 amplió a otros: honor, intimidad personal y
familiar, la propia imagen, el secreto de las comunicaciones, la libre
circulación, entrada y salida en el territorio nacional, la libertad de
cátedra y la sindical. La acción procede contra a.a., contra vías de hecho
y disposiciones generales. La sentencia es recurrible de Amparo ante el
Tribunal Constitucional (13).
Tomando el antecedente español, el Art. 11 de la Ley 19 de 9 de julio e
1991 de Panamá agregó el numeral 15 al Art. 98 del Código Judicial, que
atribuye a la Sala Tercera de la Corte Suprema el conocimiento
"Del proceso de protección de los derechos humanos mediante el cual la
Sala podrá anular actos administrativos expedidos por autoridades
nacionales y, si procede, restablecer o reparar el derecho violado
cuando mediante dichos actos administrativos se violen derechos
humanos y justiciables previstos en las leyes de la República, incluso
aquellas que aprueben convenios internacionales sobre derechos
humanos. Este proceso se tramitará según las normas de la Ley N°135
de 30 de abril de 1943 y de la Ley N"33 de 11 de septiembre de 1946,
pero no se requerirá que el agraviado agote previamente la vía
gubernativa; el procurador de la Administración sólo intervendrá en
interés de la ley".
El profesor y magistrado panameño Arturo Hoyos señala que el proceso
contencio-administrativo de protección a los derechos humanos se
diferencia del proceso de amparo de garantías constitucionales en que el
primero protege los derechos humanos previstos en las leyes, incluidas
las que ratifican convenios internacionales; mientras que el segundo se
refiere a los derechos fundamentales previstos en la Constitución. El
primero es un proceso de protección de los derechos humanos en el
plano de la legalidad –agrega-, y el segundo tiene el mismo objeto en el
plano de la constitucionalidad (14).
BIBLIOGRAFIA.
(1) MÉNDEZ Júnior, citado pro CRETELLA Júnior, José, en "Curso de
Direito Administrativo", 7a. E., FORENSE; Río de Janeiro, 1983, p. 625.
(2) Ob. Cit. p.626.
(3) ENTRENA CUESTA, Rafael.- Cit. por GORDILLO, Agustín A., Ob. Cit., p.
661.
(4) Ibídem. p.666.
(5) Así Jorge Fábrega P y Adán Arnulfo Arjona L., profesores de Derecho
Procesal en la Universidad de Panamá, dicen: "La Constitución de
Panamá —al igual que numerosas constituciones hispanoamericanas-,
habla de "recurso contencioso-administrativo", "recurso de
inconstitucionalidad", "recurso de habeos corpus". Tales expresiones
parecieran impropias, ya que no se trata de fases impugnatorias dentro
de un proceso, sino de verdaderos procesos con todas sus
características".-Ver su ensayo "El Proceso Contencioso-Administrativo
en Panamá", en "La Protección Jurídica del Ciudadano", Ed. Civitas. S.A.
Madrid, 1993, Tomo III, pp. 2647 y ss. Lo mismo opinan García De
Enterría y otros.
(6) Ob. Cit pp 749 y ss.
(7) LINARES , Juan Francisco.- "Derecho Administrativo".- Ed. ASTREA,
Buenos Aires, 1986,.p 539.
(8) VEDEL, Georges, "Droit Administratif'.- Presses Universitaires de
France, ¡Oe. Ed.,París, 1988; y RIVERO, Jean. "Dróit Administratif.-
DALLOZ París, Francia, 12e. Ed., 1987.
(9) GONZALES PÉREZ, Jesús.- "La Jurisdicción Contencioso-
Administrativa" en "El Contencioso-Administrativo y la Responsabilidad
del Estado".- Abeledo Perrot, Buenos Aires, 1988, pp. 25 y ss.
(JO) GARRIDO FALLA, Fernando.- En "La Materia Contencioso-
Administrativa. Actos Impugnables y Pretensiones de las Partes".- Ver
Ob. Cit. Nota (9).
(11) GARRIDO FALLA, Fernando.- Ob. Cit. p. 65.
(12) ESCOBAR GIL, Rodrigo.- "La Conciliación en el proceso Contencioso-
Administrativo". En "La Protección Jurídica del Ciudadano".- Ed. CIVITAS,
Madrid, 1993. - Tomo III, pp. 2445 y ss.
(13) DEL SAZ, Silvia.- "Origen, Desarrollo y plenitud de la Justicia
Administrativa" en "La Protección Jurídica del Ciudadano", Tomo II, p.
1286, Ed. CIVITAS, Madrid, España, 1993.
(14) HOYOS, Arturo.- "Justicia Contencioso-Administrativa y Derechos
Humanos", en "La Protección Jurídica del ciudadano", Tomo III.pp. 2617 y
2625.- Ed. CIVITAS, Madrid, España. 1993.