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Análisis del Poder hegemónico en Venezuela:

Los Andinos al Poder

El Tachirense Cipriano Castro llegó al poder, saliendo de


Colombia al mando de 60 hombres y llegando a Caracas,
el 22 de octubre de 1899, luego de librar varios combates,
en lo que se conoció como la "Revolución Restauradora".
Primero fue nombrado presidente provisional, hasta que
se modificara la constitución en 1904 y luego fue
nombrado presidente para el período 1904-1911. El
vicepresidente era Juan Vicente Gómez, uno de los
generales que formaba parte de los 60 hombres que
habían acompañado a Cipriano Castro.

Durante el tiempo que estuvo mandando, Cipriano Castro


tuvo que enfrentarse a enemigos internos y externos. En
Venezuela, varios de sus opositores, algunos generales
latifundistas dirigidos por Manuel Antonio Matos y
financiados por banqueros, emprendieron la "Revolución
Libertadora"..

Esta fue la última guerra civil en Venezuela, la cual


culminó con la victoria, el 21/7/1903, de las tropas de
Cipriano Castro, bajo el mando de Juan Vicente Gómez en
Ciudad Bolívar contra el general Nicolás Rolando.

El otro gran problema que tuvo que enfrentar Cipriano


Castro, fue el bloqueo naval que impusieron Inglaterra y
Alemana, ya que Venezuela se negaba a pagar su deuda, y
había confiscado la empresa inglesa que suministraba
electricidad a Caracas. Por su parte, Cipriano Castro se
quejaba de las empresas extranjeras que habían
intervenido en problemas nacionales, al suministrar
dinero a los enemigos del gobierno.
La Transición a la Democracia
Eleazar López Contreras

Con la muerte de Gómez, el 17 de diciembre de 1935, se


termina una de las dictaduras más férreas de la historia del
país y culmina el período que llamamos el "caudillismo"
para iniciar una transición hacia la democracia. El general
Eleazar López Contreras, ministro de guerra y marina
quedó encargado de la presidencia hasta el final del período
de Gómez, el 19 de abril de 1936. En las elecciones
presidenciales resultó electo para el período 1936-1943, pero
él mismo solicitó que se modificara la constitución para
acortar el período a 5 años, es decir hasta 1941.
Eleazar López Contreras, a pesar de haber sido heredero de
un régimen dictatorial, que hubiera podido proseguir,
decidió orientar el país hacia la democracia. López
Contreras autorizó la libertad de expresión, permitió la
existencia de partidos y sindicatos, reconoció el derecho a
huelga, promulgó una ley de trabajo más moderna e
instituyó el Seguro Social Obligatorio.

Sin embargo, en marzo 1937, mediante un decreto ordenó la


expulsión del país de Rómulo Betancourt, Raúl Leoni,
Gonzalo Barrios, Jóvito Villalba y 43 dirigentes más.

El año 1936 merece una mención muy especial por varios


acontecimientos notables. En febrero, López Contreras
presentó su programa de gobierno que reorientaba la nación
hacia la democracia. En ese mismo mes, hubo muchas
manifestaciones en contra de Félix Galavís, gobernador de
Caracas y un connotado gomecista. López Contreras cedió a
las presiones y lo destituyó. Era la primera vez en mucho
tiempo que un gobernante cedía ante la presión popular. En
ese mismo año se fundaron varios partidos políticos, tales
como el Partido Republicano Progresista (PRP) de corte
comunista, la Federación de estudiantes de Venezuela
fundada por Jóvito Villalba y la Organización Venezolana
ORVE de Rómulo Betancourt.

A finales de 1936, se inició la huelga petrolera que duró 43


días y que, a pesar de haber sido abortada con un decreto
presidencial, marcó el principio del reconocimiento de los
derechos obreros.

Tal como estaba previsto, las elecciones se realizaron en


abril de 1941. En aquel entonces, las elecciones no eran
directas (es decir por el voto del pueblo), sino que se hacían
entre los diputados y senadores del congreso. El ganador,
con 120 votos, fue el candidato oficial, un general tachirense
llamado Isaías Medina Angarita. El segundo candidato, el
famoso escritor Rómulo Gallegos, quien contaba con mucha
popularidad, obtuvo 13 votos. Esto puso en evidencia que el
sistema electoral que se estaba utilizando no representaba la
voluntad del pueblo, sino los intereses de grupos más
reducidos.

La apertura de Medina Angarita


Isaías Medina Angarita propició una apertura democrática:
Se modificó la constitución para permitir la creación de
partidos considerados "revolucionarios" y para establecer el
sufragio universal y directo, para los diputados, aunque aún
no para la presidencia. Durante el período de gobierno de
Medina Angarita no hubo presos políticos, ni exiliados o
perseguidos políticos.

Es también en ese período, el 13 de septiembre de 1941, que


se fundó el partido Acción Democrática (AD), liderizado
por Rómulo Betancourt y por Rómulo Gallegos que tendría
tanta influencia en los próximos 60 años. El partido de
gobierno dirigido por el propio presidente Medina, era el
Partido Democrático Venezolano (PDV).

En 1945 se había creado consenso para que el embajador de


Venezuela en Washington, Diógenes Escalante fuese el
sucesor de Medina. Sin embargo, cuando regresó a
Venezuela cayó enfermo, lo que imposibilitaba su
nombramiento. Medina propuso entonces a Ángel Biaggini,
su ministro de Agricultura y Cría, para que fuera su
sucesor, pero el partido Acción Democrática, que si apoyaba
a Escalante, se opuso y solicitó que se nombrara un Jefe de
Estado provisional, mientras se modificaba la constitución
para que la elección presidencial fuese por el voto universal,
directo y secreto, en vez de por el congreso. Esta propuesta
fue rechazada por el gobierno. Es entonces cuando Acción
Democrática se acercó a un grupo de oficiales descontentos
que hicieron un golpe de estado, derrocando a Medina
Angarita el 18 de Octubre de 1945. El poder fue asumido
por una junta de gobierno presidida por Rómulo Betancourt
(de 37 años) y con la participación del educador Luis Beltrán
Prieto Figueroa, Raúl Leoni y Gonzalo Barrios. Por el
ejercito participaron el Mayor Carlos Delgado Chalbaud y
el capitán Mario Vargas.

La Junta Revolucionaria de Gobierno

La nueva "Junta Revolucionaria de Gobierno" ofreció la


realización de elecciones en abril de 1946 para un nuevo
congreso, la restitución de las garantías constitucionales, de
la libertad de prensa y de agrupación sindical.

Al poco tiempo se fundaron dos partidos de origen


estudiantil, que llegarían a tener mucha influencia: La
Unión Republicana Democrática (URD), fundada por Jóvito
Villalba y el "Comité de Organización Política Electoral
Independiente (COPEI)" fundado por Rafael Caldera.

Durante la gestión de la Junta Revolucionaria de Gobierno


se estableció, mediante decreto del 31 de diciembre de 1945,
que la participación del estado en la industria petrolera
debía ser de 50%, lo que se conoció como el régimen "fifty-
fifty" (50-50).

En las elecciones legislativas (universales, directas y


secretas) de 1946, AD logró el 80% de los votos, COPEI el
13% y el resto se repartió entre URD y el Partido Comunista.
Esta Asamblea Nacional Constituyente fue presidida por el
poeta adeco (Acción Democratista) Andrés Eloy Blanco,
culminando en julio de 1946 con una nueva constitución que
establecía que las elecciones para la presidencia y el
congreso serían a través del voto universal, directo y
secreto.

El breve mandato de Rómulo Gallegos

En diciembre de 1947, se realizaron las elecciones generales


resultando electo, por amplia mayoría, con 870 mil votos,
Rómulo Gallegos (AD), seguido por Rafael Caldera de
COPEI con 262 mil votos y Gustavo Machado (PCV) con 39
mil votos. Cabe destacar que los miembros de la Junta
Revolucionara de Gobierno no participaran como
candidatos para no ser acusados de ventajistas.

Sin embargo el gobierno de Rómulo Gallegos fue muy


breve, del 15 de febrero hasta el 24 de Noviembre de 1948
cuando fue derrocado por una Junta Militar formada por los
tenientes coroneles Carlos Delgado Chalbaud, quien era
ministro de la defensa, Marcos Pérez JiménezJ y Luis Felipe
Llovera Páez, quienes acusaban al gobierno de haber sido
incapaz de resolver la crisis y a Acción Democrática de ser
un partido sectario.
El nuevo régimen expulsó del país a Rómulo Gallegos y
disolvió al partido Acción Democrática, así como a la
Confederación de Trabajadores de Venezuela (CTV), lo cual
hizo que los líderes adecos empezaran a trabajar en la
clandestinidad.
La dictadura de Marcos Pérez Jiménez

Sin embargo, en 1950 ocurrió un hecho que cambiaría todas


las cosas: el presidente de la Junta Militar de Gobierno,
Carlos Delgado Chalbaud fue secuestrado y asesinado. Fue
reemplazado por un civil, Germán Suárez Flamerich. Tal
como lo había ofrecido la Junta de Gobierno, en noviembre
de 1952 se realizaron elecciones en las cuales el partido URD
que contaba con el apoyo de todos los sectores democráticos
resultó ganador. Pero el gobierno realizó un fraude
electoral. Jóvito Villalba, ganador de las elecciones fue
apresado y deportado fuera de Venezuela.

El coronel Marcos Pérez Jiménez, fue nombrado Presidente


Provisional el 2 de diciembre de 1952. Se nombró un
congreso "a dedo" (es decir por el mismo presidente), el cual
ratificó constitucionalmente a Pérez Jiménez como
presidente constitucional.

El gobierno de Marcos Pérez Jiménez fue una dictadura


muy personalista. Se persiguió y encarceló a todos los
opositores, principalmente adecos y comunistas, por medio
del Servicio Secreto llamado "Seguridad Nacional" dirigida
por Pedro Estrada. Sin embargo, el gobierno inició un
extenso programa de obras públicas y su política
económica, ayudada por el auge petrolero, muy acertada
incrementando la riqueza y el bienestar del país. Es en esa
época que se realizaron la autopista Caracas - La Guaira, la
ciudad universitaria, las torres del Silencio, el teleférico del
Ávila, el teleférico de Mérida, la autopista Tejerías -
Valencia y la urbanización dos de diciembre (hoy en día 23
de enero).

El desgaste del gobierno fue progresivo. A la oposición de


los estudiantes, se unió la de los profesionales, grupos
económicos y la misma iglesia, a través de una famosa
pastora del Arzobispo de Caracas, Monseñor Rafael Arias
Blanco, quien criticó al gobierno por la mala situación que
vivían los obreros y los campesinos, a pesar de la riqueza
que estaba registrando Venezuela.

En noviembre de 1957, Pérez Jiménez anunció que en vez de


realizar elecciones libres, se convocaría un referéndum para
decidir su reelección. La oposición pidió al pueblo que se
abstuviera de participar en esa farsa electoral, que no era
más que un fraude. Empezaron las huelgas generales, las
manifestaciones y el descontento generalizado, causando la
huída de Marcos Pérez Jiménez y la consecuente caída de su
gobierno el 23 de enero de 1958.

Terminaba así una nueva etapa de la historia de Venezuela,


dando paso a la democracia.

La Democracia en Venezuela
Rómulo Betancourt (1959-1964)

El 7 de diciembre de 1958, tuvieron lugar elecciones libres:


Rómulo Betancourt, candidato de Acción Democrática, fue
elegido Presidente de la República. El 23 de enero de 1961
fue aprobada una nueva Constitución, con sello netamente
democrático.

El régimen de Betancourt tuvo que enfrentar amenazas


golpistas, huelgas, protestas callejeras, insurrecciones
cívico-militares, guerrilla urbana y campesina, suspensión
de garantías constitucionales, inhabilitación de partidos
políticos, divisiones de su propio partido y atentados
contra su vida. A pesar de todo lo anterior, en 1964,
Betancourt se convirtió en el primer presidente
constitucional en colocar la banda presidencial a otro
presidente elegido por votación popular

Raúl Leoni (1964-1969)

El 11 de marzo de 1964 Raúl Leoni ascendía al poder.


Consideró que era hora de gobernar bajo otro esquema
distinto al fijado por el Pacto de Punto Fijo, pues a su
juicio le quitaba coherencia al régimen. Mientras Leoni
postulaba un gobierno de entendimiento nacional y con la
mayor amplitud posible, Rafael Caldera rechazaba esta
tesis y condicionaba la participación de su partido a la
presentación de un programa.

En noviembre de 1964, Leoni inició negociaciones con


Jóvito Villalba y Arturo Uslar Pietri, y formó el llamado
gobierno de ancha base, en el cual entrarían a formar parte
elementos independientes y el partido URD. El
experimento duró 16 meses.
Durante el gobierno de Raúl Leoni se impulsó el
desarrollo del sur de Venezuela, se iniciaron los trabajos
en la represa de Guri, se creó la Corporación Venezolana
de Guayana, empresa encargada de operar la industria
siderúrgica. Se realizaron grandes obras de infraestructura
como construcción de puentes, vialidad, acueductos; así
como inauguración de urbanizaciones.

Leoni trató de llevar a cabo una reforma tributaria pero la


oposición la impidió. En el lapso de su gobierno la
moneda se mantuvo estable y el promedio de producción
de petróleo se mantuvo alto. La presencia de la guerrilla
generaba inestabilidad en el clima político.

Rafael Caldera (primer período 1969-1974)

En 1969, terminó el período de gobierno de Leoni y se


inició el quinquenio de Rafael Caldera, apoyado por el
Partido Socialcristiano Copei. La principal hazaña de este
período fue lograr la pacificación de la guerrilla y la
incorporación de los rebeldes a la sociedad venezolana,
estabilizando de esta forma el panorama político y social
de Venezuela.

Rafael Caldera nacionalizó la explotación de gas (1971),


promulgó la Ley de Reversión Petrolera (1971), aumentó el
impuesto a las compañías y fijó los precios de referencia
del petróleo; esto trajo como consecuencia, en el
transcurso de 1973, la abrupta elevación de los precios del
barril de crudo de 2 a 14 dólares, hecho que incidiría en el
rumbo del país en los años siguientes.
Hubo una intensa labor internacional en el gobierno de
Caldera caracterizada por la búsqueda de la solidaridad
latinoamericana, la distensión con los países comunistas,
incluyendo a Cuba; y la promoción de Venezuela en el
Caribe y América del sur.

Carlos Andrés Pérez (primer período 1974-1979)

En 1973, y bajo el lema democracia con energía triunfó la


candidatura de Carlos Andrés Pérez (AD) quien gobernó
para el período 1974-1979. Fue una época conocida como
la Venezuela Saudita debido a los altos ingresos petroleros
que fueron característicos durante esos años.

Los precios del petróleo se dispararon a causa de la crisis


en el Medio Oriente (1973) y en Venezuela esto implicó el
aumento de ingresos por este producto. El Estado invirtió
en seguridad social, infraestructura y otras áreas, pero, no
se redujo la deuda externa (aumentó de 1.200 millones de
dólares en 1973 a 11.000 millones en 1978). Uno de los
logros de Carlos Andrés Pérez en este período fue la
nacionalización de la industria petrolera y la del hierro.

En el ámbito internacional, el gobierno de CAP estrechó


vínculos con los países de la OPEP, continuando con la
estrategia de darle prioridad al petróleo como producto
que llevaría al desarrollo de Venezuela y Latinoamérica.

Carlos Andrés Pérez estableció relaciones con países de


distintas tendencias ideológicas y recibió en suelo
venezolano a presidentes de otros países, en la búsqueda
de la consolidación del liderazgo internacional de
Venezuela.
Luis Herrera Campins (1979-1984)

Para el período 1979-84 resultó electo como Presidente de


la República, Luis Herrera Campins, representante del
Partido Socialcristiano Copei. Durante este lapso se
iniciaría la crisis económica más larga y profunda que
haya experimentado Venezuela en su historia.

Luis Herrera expuso un programa de gobierno enmarcado


en la concepción de un Estado promotor que buscaba
estimular a la pequeña empresa, evitando el estatismo;
asimismo su Gobierno se propuso una política que
deseaba apuntar hacia la liberación de la economía y
disminución del gasto público.

A pesar de sus buenas intenciones, el programa de Luis


Herrera y su equipo de Gobierno no se cumplió. El gasto
público aumentó como consecuencia del incremento de
sueldos y salarios que realizó el Gobierno a solicitud de la
Confederación de Trabajadores de Venezuela (CTV), AD y
Copei, basados en la liberación de precios que había
adoptado el Ejecutivo.

Los altos ingresos petroleros no sirvieron para solucionar


el problema de la deuda externa y en lugar de disminuir,
aumentó considerablemente: para 1983 se ubicaba en 200
mil millones de bolívares, monto que prácticamente
duplicaba al existente cinco años antes. A partir de 1981 se
intentó la renegociación de la misma, buscando cancelarla
a largo plazo y preservar así las reservas internacionales.

A principios de 1983 se produjo el llamado viernes negro,


hito de la economía venezolana en el que el Gobierno
tomó una serie de medidas para confrontar el problema de
la caída de los precios del petróleo, la insolvencia ante la
banca internacional y la fuga de divisas que se produjo
desde 1981. Entre las medidas tomadas por Luis Herrera y
su equipo estuvo la restricción a la salida de divisas y la
devaluación de la moneda.

A la gestión de Luis Herrera Campins se le criticó por


aumentar la deuda y el costo de la vida. Finalizó con un
bajo nivel de popularidad lo cual llevó a los adecos
nuevamente al poder. Jaime Lusinchi gobernó para el
período 1984-89.

Jaime Lusinchi (1984-1989)

Jaime Lusinchi fue electo como Presidente para el período


1984-89. En el mensaje de toma de posesión, manifestó:
"Venezuela pagará todo lo que debe, hasta el último
centavo". Este problema dejaría una huella profunda en su
administración.

El 24 de febrero de 1984, el presidente Lusinchi precisó su


política económica. En materia monetaria varió el
esquema impuesto por el gobierno precedente,
estableciendo cuatro tipos diferenciales de cambio.
Anunció también una drástica baja de las tasas de interés;
fijó una política laboral compensatoria del bajo nivel de
vida y ordenó a los ministros reducir los gastos de
funcionamiento de sus despachos.

Para 1987, Lusinchi anunció el financiamiento de la deuda


externa venezolana por parte de la banca internacional.
Aquella negociación resultó un duro golpe para el país,
dada la débil posición que mostró el Gobierno para
obtener años de gracia y hubo, en consecuencia, que
cancelarse las altas sumas que debieron a los acreedores
(entre 1983 y 1987, cerca de 30.075 millones de dólares).

Otros hechos importantes del Gobierno de Lusinchi


fueron la creación del Fondo de Garantía y Protección
Bancaria (conocido luego como Fogade); la puesta en
marcha de la Comisión Presidencial para la Reforma del
Estado (Copre), de la cual salieron propuestas como la
elección popular, directa y secreta de los gobernadores de
estado; profundización de la democracia en los partidos;
reformas a la Ley Orgánica del Sufragio, y reforma de la
Ley Orgánica del Régimen Municipal, en la cual se
contemplaba la creación de la figura de los alcaldes.

Carlos Andrés Pérez (segundo período 1989-1993)

Para las elecciones de 1988 resultó ganador Carlos Andrés


Pérez, quien ejercería la presidencia, por segunda vez en
su historia en el período 1989-94.

Para 1989 se realizaron las primeras elecciones de


Gobernadores y Alcaldes, regidas por la nueva Ley
Orgánica de Régimen Municipal, Ley sobre Elección y
Remoción de Gobernadores de Estado, y la Ley sobre el
Período de los Poderes Públicos de los Estados.

Desequilibrios macroeconómicos, arcas del Estado


exhaustas, renta petrolera insuficiente para satisfacer las
crecientes demandas sociales, eran algunas de las
características de la Venezuela que le tocó gobernar a CAP
en 1988.
Pérez tuvo que adoptar medidas orientadas a la liberación
de la economía y a la solución de la crisis social. Por un
lado, una Carta de Intención con el Fondo Monetario
Internacional marcó el destino económico de la nación.
Venezuela prometió a la banca equilibrio fiscal,
eliminación de barreras arancelarias al comercio,
devaluación del bolívar para garantizar la competitividad
en los mercados externos y eliminación del Régimen de
Cambios Diferenciales, entre otros compromisos.

Por otro lado, Pérez y su equipo de Ministros,


implementaron una serie de medidas para disminuir el
impacto de la crisis en los sectores de la sociedad con
menos recursos económicos: se contempló el aumento de
sueldos y salarios de los trabajadores de la administración
pública, incremento del salario mínimo, un programa de
becas alimentarias, creación de hogares de cuidado diario,
programa de consolidación de barrios, apoyo a las
microempresas, fortalecimiento de programas de salud
infantil y de ambulatorios.

Pérez tuvo que enfrentar una revuelta civil, 27 y 28 de


febrero de 1989, más conocida como "El Caracazo"; dos
intentonas golpistas por parte de militares, 4 de febrero y
27 de noviembre de 1992; y por último, el primer juicio
realizado en Venezuela a un Presidente de la República
por malversación de fondos.

El 8 de noviembre de 1992, el periodista José Vicente


Rangel denunció la malversación de 250 millones de
bolívares pertenecientes a la partida secreta del Ministerio
de Relaciones Interiores. El Fiscal General de la República,
para ese entonces Ramón Escovar Salom, inició el
antejuicio de mérito y el 20 de mayo de 1992, la Corte
Suprema de Justicia lo declaró con lugar.
El Senado autorizó el antejuicio el 21 de mayo de 1992, y
Carlos Andrés Pérez tuvo que separarse de la Presidencia
de la República. Octavio Lepage, Presidente del Congreso,
fue designado Presidente encargado de la República.

Carlos Andrés Pérez fue consignado al Retén Judicial de


El Junquito. La Corte Suprema de Justicia lo condenó
posteriormente a 2 años y 4 meses de arresto domiciliario.
Por primera vez, desde 1958, un Presidente de la
República no lograba concluir el mandato para el que fue
electo.

Hugo Chávez Frías (1999-2013)

El tradicional bipartidismo dominado por los partidos


Acción Democrática y Copei, desde la firma del Pacto de
Punto Fijo (1958), se vio afectado con el triunfo de Caldera
en 1993, quien ganó con el apoyo de un grupo de partidos
minoritarios. En las elecciones de 1998, con el triunfo de
Hugo Chávez Frías, la presencia y poder de AD y Copei se
debilitaron aún más.

Una de las banderas de Chávez como candidato


presidencial, fue la llamada Constituyente. Teniendo como
contrincantes para los nuevos comicios presidenciales al
economista y ex gobernador Enrique Salas Römer y a la
Alcaldesa del Municipio Chacao, Irene Sáez Conde,
Chávez lideró las elecciones celebradas el 6 de diciembre
de 1998 con el 56% de los votos, para tomar el poder el 2
de febrero de 1999.

Como primer paso de su gobierno, el 25 de abril de 1999,


llamó a los venezolanos a referéndum para nombrar la
Asamblea Constituyente que modificaría la Carta Magna.

Chávez prometió poner fin al deterioro económico del


país y a los problemas de seguridad ciudadana, eliminar la
corrupción, dar educación a todos los venezolanos, dotar
de servicios básicos a la población y hacer una
transformación completa del Estado.

La nueva Constitución cambió desde el aparato


legislativo, hasta el nombre del país, que ahora se llama
República Bolivariana de Venezuela. A los tres poderes
tradicionales: Ejecutivo, Legislativo y Judicial; se le
agregaron el Poder Moral y el Poder Electoral.

Al ser aprobada la nueva Constitución, se convocó a


elecciones presidenciales, con la finalidad de legitimar a
las nuevas autoridades. Hugo Chávez se lanzó para su
reelección; y Francisco Arias Cárdenas, ex-compañero de
armas del Presidente, decidió presentarse como candidato.

Las elecciones debían celebrarse el 28 de mayo de 2000,


pero problemas en los sistemas obligaron a postergarlas.
Las autoridades electorales decidieron entonces dividir el
proceso en dos fechas: el 30 de julio, para elegir al
presidente y las principales autoridades regionales,
nacionales y locales; y el 1 de octubre para escoger a las
autoridades parroquiales.

Hugo Chávez Frías fue reelecto como nuevo Presidente de


la República para el período 2000-2006.

Durante ese período, fuertes acontecimientos sacudieron


la historia del país como protesta en oposición al gobierno
de Hugo Chávez Frías.
El 7 de abril, el presidente Chávez anunció en cadena
nacional de radio y televisión el despido de altos gerentes
de la empresa PDVSA. Este hecho ocasionó que las
protestas se intensificaran y que dos días después, la
Federación de Cámaras y Asociaciones de Comercio y
Producción de Venezuela (Fedecámaras) y la
Confederación de Trabajadores de Venezuela (CTV)
convocaran el paro general de veinticuatro horas para
apoyar a los trabajadores de PDVSA. A este paro se
sumaron algunos representes de los sindicatos opositores,
la Coordinadora Democrática y otros sectores cívicos.

El 11 de abril, la oposición organizó una marcha que


congregó a miles de personas; el destino inicial era la sede
de PDVSA ubicada en la Urbanización Chuao de Caracas,
pero en el transcurso la caminata fue desviada hacia al
Palacio de Miraflores. Al llegar al centro de la ciudad, las
protestas se tornaron violentas y los enfrentamientos entre
partidarios del gobierno y opositores dejaron un saldo
fatal de 19 muertos y aproximadamente 100 heridos.

El presidente Chávez se encontraba en el Palacio de


Miraflores y desde allí se dirigió al país en cadena
nacional de Radio y Televisión, solicitándole a las Fuerzas
Armadas venezolanas la activación del llamado Plan
Ávila, operativo especial que amenaza la estabilidad y
seguridad nacional cuando hay una conmoción interna.

A la medianoche del mismo día, el General Lucas Rincón


Romero, Ministro de la Defensa anunció públicamente que
las Fuerzas Armadas Nacionales habían solicitado al
Presidente la renuncia, con la frase textual: "se le solicitó la
renuncia, la cual aceptó". En horas de la madrugada del 12
de abril, Chávez accedió a entregarse, abandonó
Miraflores y fue transportado inicialmente a la base militar
ubicada en Fuerte Tiuna, Caracas.

El 12 de abril se juramentó a Pedro Carmona Estanga,


presidente de Fedecámaras como nuevo presidente
interino. Durante la transmisión de este acto, Carmona
eliminó el Parlamento, derogó las leyes habilitantes, todas
las instituciones y sustrajo el nuevo nombre de República
Bolivariana de Venezuela.

Continuaron las protestas en el país tanto por adeptos


como por opositores al Gobierno, y luego de varias horas
de tensión y expectativa, el presidente Chávez, quien se
encontraba en la isla de La Orchila, hizo llegar al pueblo
una nota en la que expresó el siguiente mensaje: "no he
renunciado al poder legítimo que el pueblo me dio". Al ser
difundido a través de los medios de comunicación, los
partidarios de Chávez tomaron el Palacio de Miraflores, el
Presidente del Congreso juramentó al vicepresidente,
Diosdado Cabello como Presidente provisional, y en horas
más tarde Chávez fue trasladado a Caracas, donde tomó
nuevamente el mando.

A partir de ese momento, Venezuela dejó de ser la misma.

La fuerte polarización política del país hizo que la


oposición recolectara firmas para la realización de un
Referendo. Un total de 3.6 millones de firmas fueron
recaudadas y el 15 de agosto de 2004 se llevó a cabo un
referendo presidencial en el que se ratificaría o revocaría el
mandato de Chávez. El Sí estaría a favor de la destitución
de Chávez y el No estaría en contra.

Se ratificó nuevamente el mandato de Hugo Chávez


obteniendo un 59% de los votos.
En las elecciones presidenciales celebradas el 3 de
diciembre de 2006, Chávez tuvo como opositor al
Gobernador del estado Zulia, Manuel Rosales, y con un
62,84% mantuvo su puesto en la presidencia de la
República Bolivariana de Venezuela.

Chávez ha anunciado el proyecto de Reforma


Constitucional, con la que pretende una nueva división
político territorial para Venezuela y aprobar la reelección
presidencial indefinida, entre otros nuevos decretos. Esta
reforma no fue aprobada por el pueblo.

Actualmente existe en nuestro país lucha de clases sociales


donde se enfrentan por el control político del país, aunado
a la confrontación por el control petrolero por parte de
estados unidos y el conflicto que se presenta con Colombia
por razones históricas y aun mas por la influencia de
factores predominantes de la alta burguesía venezolana y
colombiana par crear un caos apoyados por en trafico de
cocaína.

Sin embargo las políticas del Chávez están enmarcadas a


lo social, al ayudar al más pobre y tener el control absoluto
de los medios de comunicación dada a la constante pugna
para desprestigiarlo y sacarlo del poder.

Todo esto repito y no es desde ahora, siempre ha existo la


diferencia de clases, el control de la clase pobre y su
explotación, el control político sobre lo económico en
nuestro caso por el control energético de los recursos
venezolanos, donde el imperio norteamericano y sus
aliados necesitan garantizar a sus pueblos a toda costa el
suministro del vital fuente energética contra las
diferencias políticas y de liderazgo mundial que esta
presente en el gobierno del presidente Chávez.-
En realidad las políticas presentadas en este gobierno
están representadas por la clase popular, el control del
proceso participativo es fundamental para su éxito y de la
soberanía petrolera como punta de lanza del modelo de
hegemonía social.

Las clases sociales perfilan su carácter en la lucha política,


es decir, en la lucha por el poder. Una clase social adquiere
conciencia «de sí y para sí» en la confrontación política con
otras clases. El poder político constituye la piedra angular
en tomo a la cual gira la lucha de clases en su forma más
dramática y decisiva. La clase social que detenta el poder
subyuga a las otras clases, imponiéndose por la fuerza del
Estado o neutralizándolas como aliadas de segundo orden.
En la base se encuentra el modo de producción imperante.
La hegemonía la ejerce la clase o el sector de clase que
tenga en sus manos las palancas fundamentales de ese
modo de producción. Las contradicciones no se encuentran
sólo a nivel de antagonismos insolubles de clase contra
clase sino también en el seno de cada clase. Entender este
fenómeno en cada momento histórico, saber cual es la clase
o sector hegemónico, es la clave de toda política
revolucionaria.

En Venezuela el imperialismo norteamericano ejerce el


dominio sobre toda la nación. Salvo la burguesía a él
asociada, su indispensable aliado, todas las demás clases
conforman un complejo bloque de clases dominadas. El im-
perialismo impide que sectores de la burguesía alcancen su
propio desarrollo y condena a obreros, campesinos y capas
medias al papel de convidados de piedra en el reparto de
las riquezas y la dirección política del país. Obreros,
campesinos, capas medias y sectores de la burguesía son el
bloque subyugado. El problema del poder no sólo
podemos entenderlo dentro de este contradictorio cuadro.
De allí la carencia de un proyecto nacional independiente.
Los representantes del status político oscilan entre los
diversos intereses clasistas y siempre, al fin y al cabo,
actúan en favor del bloque dominante. Necesitados de
legitimación ante la inmensa mayoría, hacen todo género
de promesas que no cumplen y sucumben ante el
imperialismo.

Esta es una constante de nuestra historia republicana y, con


la excepción de Cuba Revolucionaria, continúa siendo la
historia de Latinoamérica y El Caribe, que adquiere mayor
agudeza y claridad con la globalización y el neoliberalismo.

Las clases sociales no son compartimientos estancos, pese a


que el abismo económico entre ricos y pobres se ensancha y
profundiza cada vez más. La lucha que se libra entre ellas
genera mutuas influencias, más o menos intensas, en lo
ideológico y político. Por eso la importancia de arrancar la
justificación ideológica y política a la clase adversa. De allí
las contradicciones en el seno de los gobiernos y en el
movimiento popular. Porque la dominación no se ejerce de
manera mecánica, requiere de cierto grado de consenso y
en cierto momento cede ante las presiones de otros sectores
sociales ante las condiciones objetivas. Se construyen las
empresas básicas, se nacionaliza el petróleo y el hierro y
luego se emprende la privatización, se abandona la
educación y la salud, se degradan los salarios, se pone fin a
la política habitacional, se arremete contra las conquistas de
los trabajadores. Cunde el desempleo, la pobreza crítica y
la delincuencia. Es un círculo infernal sin salida dentro de
la dominación imperialista.
Para dominar la economía es necesario el control del
Estado. En Venezuela éste ha sido jurídicamente el dueño
de nuestras inmensas riquezas naturales y el capitalismo de
Estado ha jugado papel de primer orden en nuestra
economía. Ha sido, en realidad, el único generador de
divisas. La estrategia económica del bloque dominante ha
sido succionar los dineros del Estado a través del crédito,
los contratos y la corrupción. En última instancia, las
riquezas de nuestra nación termina, por los mecanismos de
la dependencia, en las arcas de las transnacionales.
Agréguese a ello el pago de la deuda externa. El Estado,
dominado por las transnacionales, no puede diseñar ni
llevar a cabo una estrategia propia de desarrollo ni una
política en función de las mayorías.

No hay posibilidad de romper ese círculo infernal si no se


sustituye el bloque social dominante. Un nuevo bloque
social debe acceder al poder político. Desde los días de la
colonia ése ha silo el dilema. La independencia fue iniciada
por la nobleza criolla para romper la dominación
extranjera. El genio del Libertador supo darse cuenta de
que ello no era posible sin la participación de indios,
esclavos y pardos. La guerra adquirió, entonces, una
significación social más profunda y el Ejército Libertador
un carácter popular y sus enemigos fueron los nuevos
privilegiados que ya buscaban alianza con el incipiente
imperio norteamericano. La falsa disyuntiva entre
«civilismo» y «militarismo» consigue allí su explicación.
Bolívar lo vio con claridad. La actividad diplomática para
preparar el Congreso de Panamá es la mejor prueba. Su
enfermedad y muerte ponen término a esta gigantesca
lucha. «Mis dolores se encuentran en el futuro» habría de
decir en sus días postreros.
En nuestro tiempo el problema es, en esencia, el mismo. A
lo largo de la vida republicana se ha demostrado la
incapacidad de las clases dominantes para encabezar el
desarrollo del país. En el siglo XIX el imperialismo consi-
guió en los terratenientes y la burguesía comercial los
aliados que necesitaba para sojuzgamos y en este siglo, ya
por terminar, no ha habido un sector de la burguesía capaz
de enfrentar al imperialismo y liderizar un proyecto de
desarrollo nacional. Los gobiernos han sido en general
dóciles ejecutores de la política imperialista. El gobierno
burgués de Medina Angarita, pese a sus contradicciones,
hizo el intento y fue derrocado por un golpe militar en
complicidad con Rómulo Betancourt, a cuya preparación
no fueron ajenos el gobierno y las empresas
norteamericanas, como antes no lo habían sido en el golpe
d Juan Vicente Gómez contra Cipriano Castro.

Nuestra historia demuestra la necesidad de un nuevo


bloque de poder y demuestra también que la clase llamada
a encabezar ese baque es el proletariado moderno. Sectores
de la burguesía son aliados del imperialismo y otros
sectores no han sido capaces de acaudillar a las clases
objetivamente interesadas en el desarrollo económico,
social y político independiente. La clase obrera está
llamada a asumir los valores históricos de la nacionalidad,
envilecidos por el imperialismo y la burguesía asociada. La
tarea del Partido Comunista de Venezuela es articular la
unidad con los otros destacamentos políticos de la clase
obrera y el campesinado, las capas medias y sectores de la
burguesía, en un bloque nacional anti-imperialista para
adelantar el desarrollo y defender la soberanía nacional.

¿Puede la clase obrera liderizar un proyecto político que no


sea estrictamente socialista? Para la dialéctica marxista la
clase obrera tiene que plantearse la tarea que le impone la
realidad concreta. El Manifiesto Comunista de 1848 no
contiene un programa socialista inmediato. La Nueva
Política Económica de Lenin no era un proyecto socialista,
como tampoco lo fué el programa para tomar el poder. La
reciente experiencia de China, Vietnam y Cuba nos dice
que la clase obrera en el poder puede admitir y estimular
formas capitalistas de producción si lo imponen así las
condiciones económicas objetivas cuando ello es necesario
para desarrollar las fuerzas productivas. El poder político
es la cuestión clave. El Estado es un arma en manos de la
clase que lo detenta. En manos de la clase obrera es un
arma para la liberación de toda la sociedad y la propia li-
beración. Para ello es necesario unir a la inmensa mayoría
de la población e impulsar las transformaciones que re-
clama la realidad concreta. En las condiciones de un país
dependiente la realidad concreta impone la unidad de to-
das las clases interesadas en la ruptura de la dependencia.

El nuevo bloque social y político tendría un carácter


contradictorio y la hegemonía se coloca en el centro del
problema. La formación social que impulsamos supone la
existencia de diversos modos de producción: capitalismo
de Estado, capitalismo privado y formas socialistas de
producción. Es, por tanto, una formación social mixta
cuyos modos de producción luchan por conquistar la
hegemonía económica y política. Una lucha que, sin
embargo, en la medida en que apunta hacia el desarrollo
nacional, apunta hacia el desarrollo de cada modo de
producción. Unidad dialéctica de los contrarios contra la
dominación imperialista.

Este no es un hecho inédito en nuestra historia. Eso fué la


guerra de independencia y el 23 de enero de 1958. Ambas
experiencias nos enseñan que la hegemonía por una clase
social que no está decidida a enfrentarse al bloque
dominante conduce a la frustración del proyecto nacional.
Unidad y lucha nos exige el proceso en las condiciones ob-
jetivas de esta etapa histórica.

A escala mundial se pone de manifiesto el peso que


continúan teniendo los intereses nacionales. La lucha de
clases a nivel mundial adquiere características específicas
dentro de los límites de las fronteras nacionales. Los países
imperialistas, dirigidos por sus burguesías, pugnan por la
hegemonía. Los países del Tercer Mundo luchan por la
independencia y por la superación de la miseria. La
globalización y el neoliberalismo son la justificación
ideológica de la dominación imperialista. La liberación
nacional es la lucha de los países oprimidos. La
internacionalización del capital busca liquidar la soberanía
de los pueblos y las naciones luchan por defender su
soberanía. El imperialismo pretende eliminar las culturas
nacionales y éstas ofrecen resistencia al imperialismo. Los
intereses de clase y los intereses nacionales se cruzan
inextricablemente. Las clases dominantes pretenden obrar
en nombre de la nación. Las clases oprimidas representan
la inmensa mayoría de la nación. Los valores culturales de
la nacionalidad se siembran en el corazón de los oprimidos
mientras el bloque dominante negocia con esos valores.

Dentro de este panorama la clase obrera tiene que


plantearse la unidad nacional contra el bloque encabezado
por el imperialismo. En un país de inmensas riquezas como
el nuestro, siempre pudo el imperialismo neutralizar y
engañar a la mayoría. Lo nuevo es que el neo liberalismo y
la globalización ponen al desnudo que la miseria, la ig-
norancia y todos los males sociales que padecemos
obedecen al hecho descarnado de que el imperialismo
impide nuestro desarrollo. Un gran proyecto nacional que
aglutine a las mayorías es la tarea que tenemos por delante.
Allí juega un papel de primera línea la intelectualidad.
Economistas, historiadores, sociólogos, antropólogos y
científicos en general deben avocarse a la elaboración de las
tesis y programas que reclama ese proyecto y necesitan las
fuerzas impulsoras del cambio. La discusión abierta y la
elaboración conjunta en sindicatos, obreros y campesinos,
asociaciones de vecinos, universidades, gremios,
movimientos estudiantiles y femeninos, partidos políticos,
etc. es condición indispensable del éxito.