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A CERCA DE LAS PASIONES DEL ALMA DE RENE DESCARTES

Por Carlos Valdés Martín

Con esta obra Descartes redondea sus investigaciones sobre el ser humano, siendo su texto
más amplio y sistemático sobre el tema. El programa de esta obra es ambicioso e
interesante, porque en un trazado sintético recorre el arco completo desde la anatomía, la
psicología, la pedagogía y la moral. Con sencillez se pregunta y responde cómo surgen las
emociones, relacionándolas con las impresiones y la voluntad que manifiestan. Surgidas las
emociones y los pensamientos ligados a ellas, también se pregunta por el modo de
operación de cuerpo en esas pasiones y las modalidades de respuesta. La moral se basa en
el conocimiento de las emociones, como la admiración, la envida, el odio, el deseo, que son
denominadas pasiones y se debe convivir con ellas. No arma el cuadro de la moral misma,
sino que lo deja implícito para integrar sus aplicaciones: es la virtud contra el vicio, el goce
racional de la vida contra el sufrimiento de las pasiones.

Esta obra es una muestra clara de la aplicación de su método, que inquiere y separa en
partes, para reconstituir la verdad. Realiza su estudio mediante artículos breves y definidos
en número de 212, divididos en tres capítulos. Gran parte de su lenguaje resulta extraño,
por cuanto actualmente sus términos de “sangre rarificada” y “espíritus animales” nos
parecen imprecisos o fuera de foco. Ciertamente, una gran parte de sus interpretaciones
padecen el sello de una biología, anatomía y medicina poco desarrolladas, esto motivado
por una falta de conocimientos sobre los procesos de transmisión nerviosa y de recepción
de sensaciones por el cerebro. En esos años se desconocían procesos que ahora son de sobra
observados, y algunas explicaciones no resultan satisfactorias. Lo más sorprendente, ya
visto en perspectiva de la distancia de siglos, se refiere al acierto, pues sus explicaciones
rozan cerca de la verdad, mientras lo ordinario sería que contengan equivocaciones, porque
no existía antecedente de observaciones de la operación de los nervios, sobre el cerebro y
en ese campo lo planteado por Descartes nace desde una especulación pura sostenida con
mínimas indagaciones anatómicas. En el terreno de las emociones y las reacciones humanas
se mueve con mayor certeza y desenvoltura, pero ahí tenemos una dificultad con el
lenguaje que utilizaba, pues prefiere referirse a “pasiones” en vez de sentimientos. Además
le preocupa intensamente la manera como se relaciona el alma con el cuerpo; el tema de las
dos cualidades (naturaleza pensante vs. extensión) que busca resolver mediante puentes
sólidamente armados.

La primera parte aborda las pasiones (emociones) en general y tiene que explicar toda la
naturaleza del hombre. La segunda aborda las seis principales pasiones, las nodales para
este estudio. Luego va hacia las pasiones particulares, las manifestaciones variadas de las
pasiones.

El motivo de esta obra se aclara en los artículos finales, ya que la opinión vertida nos dice
que “de las pasiones depende todo el mal y todo el bien de esta vida” 1 El control de las
pasiones es la meta, el objetivo significa encauzarlas para el bien del alma y el gozo del
cuerpo. Este objetivo ya no es medieval, sino moderno.

1
DESCARTES, René, Las pasiones del alma, art. 212, p. 133.
Las pasiones no son pensamiento, sino percepción y sentimiento
Estas pasiones no se definen como pensamiento puro sino como la siguiente región de las
percepciones, sentimientos o emociones (que pueden acompañarse de pensamientos o ser
pensamientos en un sentido más amplio). Estamos en ese precioso campo subjetivo que
después sería el territorio liberado de la psicología como campo para estudios, sino que este
territorio no tenía ninguna autonomía, no existía el territorio de estudios especiales. Este
portento de la metodología que fue Descartes nos premia ofreciendo una tentativa de
separación de las “pasiones” del alma, así que debemos entenderlas en un sentido más
amplio, que el acostumbrado. Solemos usar esta palabra en un sentido más fuerte como
“apasionamiento”, únicamente para describir las emociones fuertes, o las reiteraciones,
como ser víctima una pasión inconfesada, o como una corriente que nos arrastra hacia la
inconciencia, como ser víctima de las propias pasiones. Ciertamente esta palabra está
conectada con la pasividad, la paciencia y el padecer, habría que investigar si el vínculo
lingüístico es tan estricto como semeja. Independiente de esta relación, lo que anota D es
que la pasión es el reverso de la acción, la primera el lado receptivo y la segunda el lado
activo. La acción emana de un agente y la pasión la recibe un paciente, pero conviene que
veamos la unidad de este momento, como dos caras de la misma moneda. Indica que
“considero que todo lo que hace u ocurre de nuevo es generalmente llamado por los
filósofos una pasión respecto al sujeto a quien ello ocurre, y una acción respecto a aquel
que hace que ocurra; de suerte que, aunque el agente y el paciente sean con frecuencia muy
diferentes, la acción y la pasión no dejan de ser siempre una misma cosa que tiene esos dos
nombres, por los dos diversos sujetos a los cuales puede referirse.”2 Ahora bien, este
sentido de pasividad indicado no se refiere a una actitud pasiva, sino a que está siendo
recibido dentro del sujeto, porque el amor es una pasión, que puede generar toda clase de
acciones, pero la recepción del amor, el enamoramiento, su sentir, es algo que recibe el
alma, su impresión.

Las pasiones del alma no son las del cuerpo.


Esta obra distingue cuidadosamente alma de cuerpo, por lo que no se refiere a las pasiones
del cuerpo, pero para entenderlas debe ejercer la distinción precisa entre alma y cuerpo. D
propone una regla de reparación muy sencilla, por simple exclusión, dando que “todo lo
que hay en nosotros y que no concebimos en modo alguno pueda pertenecer al cuerpo, debe
ser atribuido a nuestra alma.”3 La separación entre dos partes resulta bastante práctica, y
para este caso, sumamente sencilla. De un lado tenemos al cuerpo con su materialidad,
cualquier parte que podamos definir en su mecánica, y del otro lado el alma como un gran
receptáculo definido por negación. La oposición entre parte tiene definición recíproca, en
este caso alma y cuerpo quedan en ese tipo de oposición, y lo que gane el cuerpo sale de
pertenecer como propio del alma. Ciertamente, Descartes es reconocido por ampliar el
campo de estudio del mundo material y sus discípulos llegaron a hablar de un hombre
máquina como una creación completamente material, que debía explicarse por ningún
principio trascendente. El propio autor está en el terreno conocido del alma trascendente,
como la partícula divina del cuerpo, pero también como un complejo campo operativo,
correspondiente a la moderna psicología, que él se propone develar. De hecho, su
2
DESCARTES, René, Las pasiones del alma, art. 1, p. 31.
3
DESCARTES, René, Las pasiones del alma, art. 3, p. 32.
investigación la vemos como ampliando el concepto del cuerpo mismo, por ejemplo, se
llagaba a creer que el alma infundía movimiento y calor a cuerpo, opinión que rechaza
Descartes por estimarla inexacta. Entonces estima que el calor y movimiento proviene
exclusivamente del cuerpo, que para tal operación no requiere del alma, entonces el alma
no es la vida misma, sino que es un área más restringida.

Del conocimiento esencial del cuerpo (el mecanismo autónomo o la máquina de reloj
corporal).
Descartes estima que una parte de las funciones del cuerpo se han confundido con las del
alma procede a explicar esas operaciones del cuerpo, con los conceptos a su alcance, para
describir lo que llama la máquina del cuerpo. Estas explicaciones son muy importantes
porque van a mostrar los modos autónomos del cuerpo y sus relaciones con el alma. En sus
trazos debe mostrar los sistemas, en la medida que son conocidos, como operaciones tanto
autónomas como interconectadas. Recordemos la idea antigua de “alma” que estaba
sirviendo para explicar la operación de cada parte viva, así en la interpretación anterior y
dominante en su época, el alma asistía las diversas operaciones corporales para darles vida,
porque alma y vida debían entenderse como sinónimos.
Ahora Descartes intentará una explicación dual, por un lado las operaciones de varios
mecanismos autónomos interconectados del cuerpo y en el otro campo al alma. De ese
modo Descartes explica las relaciones de la nutrición con la circulación y la operación
cerebral como un encadenamiento de sistemas autónomos. No resulta extraño que se cuelen
diversas equivocaciones, ya que cualquier autor depende del “estado de la ciencia” de su
tiempo. Así, Descartes no propone una visión exacta del corazón, pues lo percibe como una
especie caldera de expansión de fluidos4, y visto como la fuente del movimiento del cuerpo.
De forma similar, está convencido de la importancia del cerebro para generar el
movimiento del cuerpo y para recibir las impresiones de los sentidos. A falta de otras
explicaciones, elabora una hipótesis de “espíritus animales”5, los cuales son minúsculos
cuerpos, funcionando como la llama de una antorcha, y siendo cuerpos tan pequeños viajan
para transmitir del cerebro, vía los nervios hasta los músculos y sentidos. Esta explicación
significa una aproximación a los impulsos nerviosos, pero sin ayuda de la anatomía y sin
conocer los principios de la electricidad.
Gran parte de estas operaciones se presentan de forma automática, sin que intervenga el
alma, y a este automatismo incluso lo denomina como una “máquina de nuestro cuerpo” 6.
Esta manera de referirse al cuerpo está correspondiendo con un nuevo modelo
conocimiento del cuerpo, diferente a lo planteado en periodos anteriores, sin que esto
signifique aceptar una epistemología creando las ideas. Esta “maquinalidad” del cuerpo
entendida por Descartes se relaciona con el modo en que su mueven las partes. Ahora bien,
esta maquinaria resulta muy especial, diferente de las máquinas conocidas en su tiempo, y
le interesa relacionar esta máquina con mando en el alma. La designación de máquina la
relaciona directamente con el reloj, entonces máxima obra de la ingeniería, por lo que
indica que los movimientos “animales” del cuerpo se generan “de la misma manera que el
movimiento de un reloj es producido únicamente por la fuerza del resorte y la forma de sus
ruedas.”7 Está acentuando Descartes los movimientos que no dependen de la voluntad,
4
DESCARTES, René, Las pasiones del alma, art. 9, p. 35.
5
DESCARTES, René, Las pasiones del alma, art. 10, p. 35-36.
6
DESCARTES, René, Las pasiones del alma, art. 16, p. 40.
7
DESCARTES, René, Las pasiones del alma, art. 16, p. 40.
operando de manera autónoma, entonces le sirve el ejemplo del reloj donde se transmiten
movimientos, convirtiendo un tipo de movimiento en otro distinto, porque justamente el
problema a explicar es el paso de un tipo de movimiento a otro, y su conversión desde un
extremos del movimiento (calor, nervios) hacia otros (músculos, desplazamientos).
Entonces Descartes cree que los movimientos autónomos de las partes del cuerpo semejan
al mecanismo del reloj. Entonces las funciones corporales, la circulación, el movimiento, el
calor, la recepción de impresiones, etc., corresponden al terreno del cuerpo, integrando un
conjunto de operaciones autónomas o auto-movidas. Ya algunos autores han creído que
esta concepción novedosa se basó en el ejemplo de la técnica de relojería, es decir, la
posibilidad de la manufactura abre el campo al modelo mental, sin embargo, sería un
periodo temprano para considerarlo manufacturero, todavía no arribaba la revolución
industrial8.
Las claras afirmaciones de Descartes ha llevado a algunos autores a creer que el francés
solamente estimaba al cuerpo como una posible máquina, sin embargo, representaría una
máquina extraña, ya que vincula un alma paciente y actuante, uniendo le pensamiento con
el cuerpo y su mundo circundante. Entonces la naturaleza de máquina del cuerpo es parcial,
además de que implica mecanismos complejos, solamente hipotéticamente lanzados por
Descartes, como sus “espíritus animales” que sirven para comunicar las funciones y partes
del cuerpo con el alma.

La comunicación del alma con el cuerpo


Si bien le parece al filósofo que existe una unión general del alma con el cuerpo, también
existe una forma de unidad más precisa. El alma, repite Descartes un argumento que ve al
alma no de naturaleza extensa, no existe en el espacio, ni tiene relación con las propiedades
de la materia, mientras que el cuerpo se define completamente por esas propiedades de la
material. Del alma no se puede concebir un tercio o mitad, ni se hace pequeña si el cuerpo
se mutila. La relación alma con cuerpo es de conjunto, porque cesa cuando el cuerpo
muere. El alma vive completamente en el cuerpo, pero sus funciones son más bien el
pensamiento (en toda su gama) por lo que su unidad tiene relaciones. Le parece a Descartes
que el sitio de residencia especial para las funciones del alma está en una pequeña glándula
en el centro del cerebro. Le parece a Descartes que la sede es una glándula central porque
“las otras partes de nuestro cerebro son dobles” y el alma debe recibir las impresiones
unitariamente y operar unitariamente, por lo que “éstas imágenes u otras impresiones se
juntan en esta glándula”9 Entonces resulta interesante este argumento, pues le parece
justamente esa clave inserta en la unificación, y en ese punto de unificación es una pequeña
glándula al centro del cerebro, que hemos identificado como pituitaria, aunque (ahora
sabemos) no es la única glándula al centro del cerebro. Entonces afirma un pequeño punto,
un área biológica privilegiada y minúscula la sede del alma, el lugar especial para cumplir
con las funciones del pensamiento. Ciertamente la neurofisiología moderna prefiere una

8
Marx hizo un breve comentario al respecto, estimando que Descartes veía al caballo con los ojos del periodo
manufacturero. MARX, Karl, El capital, t. I, Siglo XXI editores, p. 475, nota al pie 111, y de manera
semejante algunos autores de esa corriente han intentado evaluar a Descartes. Sin embargo, la máquina-
manufactura, el mecanismo autónomo todavía era una realidad incipiente, Descartes más bien es futurista,
retomando los avances aislados de relojería y de molinos, para desarrollar su concepto de mecanismo
autónomos del cuerpo. LABASTIDA, Jaime, Ciencia producción y sociedad. De Descartes a Marx, Siglo
XXI editores, México.
9
DESCARTES, René, Las pasiones del alma, art. 32, p. 47.
interpretación menos localizada de las funciones intelectuales y de alma, considerando al
conjunto del cerebro como una entidad indispensable, claro que regiones cerebrales se
pueden dañar localmente, con diversos efectos. Resulta interesante la importancia al
argumento unificado: ya que el pensamiento es unitario, también el alma lo es, y por lo
tanto le debe corresponder un órgano unitario. También el corazón resulta órgano unitario,
pero este órgano lo rechaza como sede por otras razones fisiológicas, ya que no
corresponde a las funciones intelectuales. Prefiere la pituitaria además por su pequeñez y lo
pequeño es sutil: el mismo tema de la conexión alma-cuerpo se identifica con lo sutil.
Ahondemos en este asunto de las funciones dobles del cerebro. Resulta una observación de
evidencia empírica por la dualidad de los órganos de recepción principales: ojos, oídos y
manos. Esta dualidad de órganos la interpreta como dos imágenes emitidas al cerebro
convertida en una misma imagen al mismo tiempo, “un único y simple pensamiento de una
misma cosa al mismo tiempo”10. Estas dos imágenes originales se combinan, por lo que
Descartes estima debe existir un lugar orgánico donde se junten “antes de llegar al alma”,
para que solamente reciba una impresión el alma. Este lugar de juntura, este “sintetizador”
de dos vistas en una, dos sonidos en uno, etc., es la glándula. Ejemplifica con vista, que dos
imágenes se sobreponen, en una correspondencia de punto por punto, con lo que se
recuerda la complejidad técnica de la televisión antigua, donde una sucesión de puntos
exacta integra una imagen. De entrada el tema invita a una maravilla y sorpresa ¿cómo se
logra tal correspondencia, si la visión tiene movimiento constante, y los ojos en su vista
periférica perciben con ángulos diferentes, con variaciones cada uno? En este texto no se
busca una respuesta precisa, ni se consideran las excepciones de la “vista doble”, etc.
Sigamos con el tema de la unidad. El alma es unitaria al considerar los pensamientos
unitarios, pero podemos cuestionar al filósofo que en la orilla el pensamiento no resulta tan
unitario. En los extremos del aquí y ahora, existen partes desintegradas del pensamiento. En
el extremo pasado lo más obvio son los recuerdos borrados, las formaciones de carácter
ignoradas, y la psicología “profunda” se ha basado en este problema de los fragmentos
perdidos del alma, las partes del “yo” extraviadas. Por si fuera poco, en el tiempo del
“ahora” el campo de la percepción también se puede presentar doble, cuando descubrimos
las “sugestiones subliminales” que solamente la parte inconsciente de la mente alcanza a
“descifrar”. Siendo la unidad del alma, una evidencia tan contundente como la unidad del
cuerpo, puede ser sometida al bisturí crítico y ofrecernos varias relatividades, que pueden
tener su oferta extrema en la esquizofrenia, la dualidad de la personalidad, mediante la cual
las fragmentaciones de las percepciones se convierten en fragmentaciones del “yo”
perceptivo, el supuesto núcleo del pensamiento unitario, el fondo del alma.

Las dos vinculaciones del alma con el cuerpo y el poderío del alma sobre el cuerpo
Ya consideramos el vehículo sutil de la comunicación del alma con el cuerpo, cumplida
mediante la glándula, sin embargo esta es la punta del final de una montaña, y la montaña
misma corresponde al cuerpo completo. Aquí Descartes nos ofrece cierta paradoja de que
“el alma está verdaderamente unida a todo el cuerpo… y… es de una naturaleza que no
tiene relación alguna con la extensión ni con las dimensiones o con las propiedades de la
materia de que el cuerpo se compone, sino solamente con todo el conjunto de sus
órganos”11 Esto implica que está integrada con la entera materia del cuero, al mismo tiempo
no lo está, ya que el alma se concibe de otra materialidad, la especial del espíritu. Esta
10
DESCARTES, René, Las pasiones del alma, art. 32, p. 47.
11
DESCARTES, René, Las pasiones del alma, art. 30, p. 46.
“materialidad del espíritu” no tiene espacio, no empequeñece, ni se puede dividir a la
manera de la insistencia de la mónada, pues “no se podría en modo alguno concebir la
mitad o tercera parte de un alma”12. Esto implica que el alma espiritual integra una unidad
completa que no posee “espacio” alguno. Si bien carecería el alma de ningún espacio, no
ocupando ninguna extensión (opuesta a la “res extensa”, debe colocarse en una sutil “res
cógitans”). Pero el alma requiere de una relación completa con los órganos del cuerpo, pues
“se separa completamente de él cuando se disuelve el conjunto de sus órganos.” 13 Entonces
resultan dos maneras de vincularse: la general (hacia el conjunto de órganos) y la específica
(el canal por medio de la glándula). La manera general de vinculación también tiene sentido
por cuanto el alma se descubre vinculada hacia el conjunto de órganos y se encuentran las
terminaciones nerviosas extendidas hacia la totalidad de los órganos.
Ahora bien, aunque la relación pudiera ser diversa, el alma en su lado activo (la voluntad)
posee una naturaleza completamente libre, con lo cual se convierte en la premisa sin
determinación previa, indicándonos Descartes, que “la voluntad es tan libre por naturaleza,
que no puede ser jamás constreñida”14, con lo cual se coloca también como vanguardista,
más radical respecto de las visiones usuales de su época, las cuales delimitaban el alcance
de la libertad, bajo la forma nula de predestinación o la forma limitada de libre albedrío. El
modo de iniciarse de tal voluntad o acción del alma da la impresión de lo indeterminado, y
así afirma que “toda la acción del alma consiste en que, sólo con querer algo, hace que la
pequeña glándula a la que el alma va estrechamente unida se mueva de la manera necesaria
para producir el efecto que esa voluntad quiere.”15 Ya comentamos que el mecanismo de
transmisión del alma resulta ser la glándula pituitaria, parte unitaria del cerebro, que
conecta con su transmisión mediante espíritus animales, los cuales llevan su mensaje a los
músculos y las demás partes; sin embargo, ese querer primero resulta como indeterminado,
un “primer motor” libre de determinaciones, las cuales solamente corresponden al aspecto
de las “pasiones”, lo que recibe el alma.
AQUÍ TERMINA LA PRIMERA PARTE DE LA PUBLICACIÓN DEL BLOG…

Las funciones del alma


Ya que las funciones corporales pertenecen a esos mecanismos descritos, las funciones del
alma no están en sostener la vida, sino en los pensamientos (vistos en su sentido más
amplio abarcando emociones, sensaciones e ideas), entonces “no queda en nosotros nada
que debamos atribuir a nuestra alma, aparte de nuestros pensamientos, los cuales son
principalmente de dos géneros, a saber: unos son las acciones del alma, otros son sus
pasiones.”16 Por las acciones interpreta lo que proviene de nuestra alma, y las llama
genéricamente “voluntades”, por cuanto corresponde a algo que hacemos nosotros, que
reconocemos proviene de nuestro ser. Por las pasiones interpreta “todas las clases de
percepciones y conocimientos que se encuentran en nosotros”, pero son recibidos, más que
producidos por nosotros. Cuando Descartes indica pasiones equivale a recibir en el alma;
cuando indica acciones equivales a generar algo el alma, como indican las “voluntades”.
Finalmente, el objeto más preciso de su estudio serán las pasiones “del alma”, la cuales
permanecen más cerca de una reflexión del alma para consigo, pues “se refieren
12
DESCARTES, René, Las pasiones del alma, art. 30, p. 46.
13
DESCARTES, René, Las pasiones del alma, art. 30, p. 46.
14
DESCARTES, René, Las pasiones del alma, art. 30, p. 51.
15
DESCARTES, René, Las pasiones del alma, art. 30, p. 52.
16
DESCARTES, René, Las pasiones del alma, art. 17, p. 40.
particularmente a ella”17, lo que ahora llamaríamos las emociones del alma, entonces la
obra corresponde a una psicología moral: psicología (por sus causas) moral (por sus
consecuencias).

Manifestaciones de las funciones del alma: voluntad, memoria, imaginación, poder sobre
las pasiones (acercamiento).
Ya indicamos que la función activa del alma se manifiesta en voluntad, lo que se quiere, sin
embargo, la acción ligada a la voluntad requiere de un aprendizaje o una situación, por
ejemplo, para hablar basta la voluntad de pensar algo diciéndolo, sin que resulte necesario
enfocarse en el movimiento de los labios y la lengua de cada letra, porque eso ya se
aprendió, y se tiene el hábito de hablar conforme se piensa y esto se hace mejor que si se
piensa en cómo generar cada sonido. Para el mecanismo de la memoria, Descartes cree que
se recurre a huellas dejadas en el cerebro por el objeto que se desea recordar. Entonces el
resultado es que la memoria sería una huella interior. Para imaginar cree que la glándula del
alma empuja a los “espíritus animales” hacia poros del cerebro, “por cuya abertura pueda
ser representada esa cosa”18, con lo cual nos quedamos perplejos, porque ignoramos la
capacidad que pudieran tener unos poros para generar representaciones.
Acercándose ya al tema central de la obra, Descartes medita sobre el poder del alma
respecto de las pasiones, empezando por considerar la dificultad existente para su control.
Plantea que “Nuestras pasiones no pueden tampoco ser excitadas directamente ni
suprimidas por la acción de nuestra voluntad, pero pueden serlo indirectamente mediante la
representación de las cosas que tienen costumbre de ser unidas a las pasiones que queremos
tener, y son contrarias a las que queremos rechazar.”19 Esto a su manera anuncia la
importancia de darle sugestiones a la mente, de tal modo que se la encause hacia lo querido.
Pone como ejemplo el miedo, el cual no se destierra con la simple voluntad de deshacerse
de él, se necesita “las razones, los objetos o los ejemplos que persuaden de que el peligro
no es grande; de que hay siempre más seguridad en la defensa que en la huida”20. Ahora
bien, este es un ejemplo, sin embargo conviene ampliar el enfoque, precisamente por ser
tema central de esta obra.

El dominio de las pasiones, los motivos de la dificultad para logr arlo y el mejor medio para
alcanzarlo.
El principio es que las pasiones se pueden dominar, pero las experiencias indican
dificultades. La dificultad principal la encuentra Descartes en las grandes pasiones,
justamente cuando también concitan fenómenos del cuerpo, estimando que las pasiones van
acompañadas casi siempre de alguna “emoción que se produce en el corazón y por
consiguiente en toda la sangre y espíritus que la acompañan”21 Este movimiento de
emoción cardiaca amplifica la pasión, dificultando o imposibilitando su control. Las
grandes pasiones suscitando grandes emociones del corazón impiden su control, con esto a
su manera prefigura Descartes las interpretaciones psicológicas, las cuales hacen intervenir
la emoción con su cualidad específica para oponerse a la razón, ciertamente que ahí no
considera el movimiento autónomo de las emociones sino su vinculación con la voluntad.
17
DESCARTES, René, Las pasiones del alma, art. 27, p. 45.
18
DESCARTES, René, Las pasiones del alma, p. 52.
19
DESCARTES, René, Las pasiones del alma, p. 53-54
20
DESCARTES, René, Las pasiones del alma, p. 54.
21
DESCARTES, René, Las pasiones del alma, p. 54.
Las pasiones pequeñas están al acceso de la voluntad, pero las grandes no lo están. Ante la
imposibilidad momentánea de controlar una gran pasión, lo más accesible a la voluntad es
no consentir sus efectos y “contener varios de los movimientos a los que el cuerpo está
dispuesto”. Asimismo, en este luchar interior, existe la falsa creencia de una lucha entre una
parte inferior y otra superior del alma, pero a Descartes le parece que opera una única
naturaleza del alma, simplemente está luchando el alma contra impulsos de los espíritus del
cuerpo, los cuales le motivan a desear algo. Esta lucha aparente interior entre alma superior
e inferior, indica la fuerza del alma, pues la débil sucumbe ante las sucesivas cargas de
pasiones (reflejos de los sentidos, apetencias) y la fuerte se impone. Además el quedar
sometido a pasiones (afecciones) del alma resulta patético por su naturaleza contradictoria,
desplazando al alma débil en su constante cambio de intenciones, entonces “obedeciendo
ya a una, ya a otra, se opone continuamente a sí misma, y de éste modo hace al alma
esclava y desventurada.”22, para lo cual pone como ejemplo la oscilación continua entre el
miedo y la ambición.
Ahora bien, para que el alma no se deje arrastrar por pasiones que son ilusiones, requiere
del conocimiento de la verdad, es decir, para no sufrir la pasión debemos partir de un
descubrimiento de la verdad. Y esta interpretación va de acuerdo con una interpretación
psicológica racionalista como la logoterapia. Aunque el alma puede iniciar como débil en
su combate a las pasiones, puede adquirir un conocimiento de la verdad, y luego educarse.
Ese proceso educativo del alma para dominar sus pasiones lo compara Descartes con el
adiestramiento de los animales. Estima Descartes viable, “con un poco de industria,
cambiar los movimientos del cerebro (…) sabiendo adiestrarlas y conducirlas.”23 En este
punto todavía Descartes no precisa el medio para remediar las pasiones, adelante indica las
virtudes como el vehículo para dominar las pasiones, y por seguir la virtud entiende
Descartes actuar conforme la conciencia dicta24.

El arcoiris de las pasiones según su orden primero


Entre los artículos 53 a 69 establece Descartes un arcoiris de las pasiones, proponiendo un
orden. En estos apartados se pone de manifiesto su enfoque y los intereses de su estudio.
Resulta interesante, también por la concatenación entre unas y otras pasiones, la
consideración de su similitud, simplemente con el cambio de situación o variación
temporal. Un argumento resulta interesante, incluso por su punto de partida, y aquí el
filósofo elige cuidadosamente para establecer que la admiración tiene el primer lugar, y
argumenta que “la admiración es la primera de todas las pasiones; y no tiene pasión
contraria”. El motivo por su lugar primero casi es evidente, pues la admiración acontece
“Cuando nos sorprende el primer encuentro de un objeto y lo juzgamos nuevo o muy
diferente de lo que conocíamos antes o bien de lo que suponíamos que debía de ser”25
Entonces la admiración contiene novedad, implica que el objeto es nuevo para nosotros o
eso nos parece. Cuando el objeto deja de contener la novedad o esa primera impresión,
entonces se deja de considerar con pasión, porque el influjo ya no mueve al alma. Entonces
conviene precisar que este sentido de admiración corresponde al término de “asombro”,
impresión por lo inesperado o sorpresa, no correspondiendo a otro sentido de esta palabra,
por cuanto implica una reverencia por lo bueno de una personas o situación, sino que
22
DESCARTES, René, Las pasiones del alma, p. 56.
23
DESCARTES, René, Las pasiones del alma, p. 58.
24
DESCARTES, René, Las pasiones del alma, p. 103.
25
DESCARTES, René, Las pasiones del alma, p. 60.
solamente de debemos tomar como “sensación primera”, la impresión de novedad en el
alma.
Vale comentar por nuestra cuenta que por tal causa la admiración es un sentimiento tan
apreciado por los artistas, hay quien define la poesía como la creación de la admiración, y
también es un sentimiento completamente normal en los niños, el cual regularmente
mengua con la edad, aunque pocas personas mantienen la “capacidad de asombro”.
También este sorprenderse está relacionado con el aprendizaje y la creación, pues sobre lo
nuevo se aprende más que sobre lo ya conocido, así, el aprendizaje conserva una elegante
tensión (o dialéctica) entre lo conocido y lo desconocido. La creación y la investigación sin
duda se relacionan con lo nuevo admirado, pues sobre ese campo lanzamos las redes de la
creación para descubrir lo antes ignorado.

A partir de la admiración viene un par (consecuencia inmediata) que denomina la


estimación o desprecio, quedando la estimación como admiración por la grandeza del
objeto, y el desprecio establecido como la admiración por la pequeñez del objeto.
Curiosamente, existe cierto contrapunto de tal admiración (esencialmente positiva) con el
desprecio (básicamente negativa), pero así lo establece Descartes y no ofrece más
explicación. Cuando la estimación o desprecio se aplican hacia la propia persona se crean
las pasiones de magnanimidad-orgullo por la estimación y de humildad-bajeza por el
desprecio. Como se observa, rápidamente Descartes va tejiendo las valoraciones-
emociones, derivando unas de otras, según su grado y su aplicación principal. Desde la
estimación-desprecio luego se deriva hacia la veneración-desdén, simplemente como
niveles más hondos, desde la estimación se eleva hacia la veneración y del desprecio se cae
en el desdén.
Sobre la línea anterior de razonamientos se agrega la evaluación del objeto, que cuando
estimado lo consideramos bueno o “conveniente, esto nos hace sentir amor por ella.”26
Entonces a la estimación unida a la bondad o conveniencia la convertimos en amor. Lo
opuesto también es cierto, pues una cosa despreciada se presenta como “mala y nociva, esto
nos mueve al odio”. En verdad, estas afirmaciones tan sucintas resultan difíciles de
apreciar, por cuanto parecen derivar hacia un concepto utilitarista, de donde el amor
proviene de una utilidad, el lado bueno del objeto amado, y en ese sentido todavía está lejos
de los conceptos más románticos del enamoramiento como pasión irrefrenable, sino que
pareciera emanar de una visión más razonable (o bien, racionalista) sobre el beneficio de lo
amado y el perjuicio de lo odiado.
En su progresión lógica de las pasiones, Descartes hace intervenir al tiempo, y entonces con
la existencia del futuro define al deseo. Entonces el deseo es una proyección hacia futuro,
pues se “desea adquirir un bien que no se tiene aún, o bien evitar un mal” 27. Como se puede
observar esta definición del deseo resulta bastante práctica, definida por el simple
desplazamiento hacia el futuro por venir, entonces es una definición muy alejada de la
interpretación psicológica del deseo como una pulsión sin forma (el “id” de Freud) anterior
a la percepción del objeto deseado, y también distante de la mitología del Deseo de
Foucault.
Y ya definido el deseo como expectativa o evitación de un porvenir, se aúnan las
estimaciones de la factibilidad o imposibilidad de alcanzar bienes o evitar males. Cuando
existen apariencias de conseguir lo deseado aparece una esperanza, y en cambio las pocas
26
DESCARTES, René, Las pasiones del alma, p.61.
27
DESCARTES, René, Las pasiones del alma, p. 61.
vistas de conseguirlo suscita el temor. Y los celos le parecen integrar una variación del
temor. En cambio cuando la esperanza es suma se convierte en seguridad o certidumbre, y
luego, “el temor extremado se torna en desesperación”28 Entonces establecemos las
relaciones entre las pasiones hasta aquí definidas y nos resulta: admiración (origen o
principio), deviene estimación o desprecio (según tamaño), conduce a la veneración-desdén
(según intensidad), desemboca en amor-odio (según su valoración como bueno o malo),
cuando agregamos el futuro se convierte en deseo, y al aparecer ya la factibilidad hacia lo
deseado aparece la esperanza-temor, y en sus extremos se muestran como seguridad-
desesperación. Si bien esta cadena (admiraciónestimación-desprecio-veneración-desdén-
amor-odio-deseo-esperanza-temor) ya nos parece bastante larga, todavía falta una cadena
situaciones donde se muestran nuevas variaciones de las pasiones. Así, complementando el
cálculo de las pasiones, cuando alcanzar algo depende de nuestra actuación, aparece la
dificultad para elegir los medios y tomar acción entonces hablamos de una irresolución.
Opuesto a la irresolución le parece a Descartes el valor o la intrepidez, de los cuales una
variación es la emulación. En fin, cuando de nuestra acción depende conseguir algo, se
puede colocar el alma en la posición dubitativa, deteniéndose en la irresolución cuando se
valoran las dificultades para alcanzar algo, o saltar hacia el movimiento de búsqueda del
objetivo, el cual configura el valor o la intrepidez. Cuando se lanza hacia una acción, pero
no se ha cumplido con la conciencia (disipar la irresolución), esto produce el
remordimiento, que se refiere al pasado.
Luego Descartes nos presenta otro par de las pasiones esenciales, correspondientes a la
“consideración del bien presente”29 generando la alegría y si es la consideración del mal
presente entonces emerge la tristeza. Aquí acento radica en la reflexión del tiempo presente,
es la conciencia del presente, esta alegría o tristeza. Luego, este mismo tipo de
consideraciones nos lleva hacia las demás personas, y al observar la alegría en quien se
merece nos parece generar otra alegría, con la diferencia que cuando la alegría procede del
mal para otros “va acompañada de risa y burlas” 30, entonces la burla es alegrarse de un mal
ajeno. También si los consideramos indignos de un bien, nos mueven hacia la envidia, y si
los juzgamos indignos de un mal nos mueve a la piedad.
Al estimar la causa del bien o mal surgen la satisfacción o el arrepentimiento según sea el
caso. Así, la satisfacción es reconocerse en la causa del bien, y arrepentirse implica
definirse como la causa del mal. Entonces le parece a Descartes que la satisfacción es “la
más dulce de todas las pasiones”31 y el arrepentimiento la más amarga.
Luego clasifica una serie de emociones, las cuales simplemente define de acuerdo a su
procedencia. La simpatía proviene del bien cumplido por otros, y el agradecimiento surge
cuando ese bien lo recibimos nosotros. Su contrario está en la indignación causada por el
mal que hacen otros, y la ira aparece cuando nosotros recibimos un mal causado por otros.
La gloria o vanagloria proviene del bien que afecta la opinión de los otros, así como la
vergüenza proviene del mal reflejado en la opinión de los otros.
En base a la duración de las pasiones, aparece la consideración del hastío o saciedad,
provocado por la duración de un bien, mientras que la duración de un mal disminuye la
tristeza. Esta observación es mínima, y debo anotar que la teoría del consumidor de la
economía subjetiva se basé en gran parte sobre esa pequeña observación: la reducción de la
28
DESCARTES, René, Las pasiones del alma, p. 61.
29
DESCARTES, René, Las pasiones del alma, p. 62.
30
DESCARTES, René, Las pasiones del alma, p. 62.
31
DESCARTES, René, Las pasiones del alma, p. 63.
necesidad conforme dura el consumo de un bien. La añoranza32 proviene de recordar un
bien pasado, lo que implica una especie de tristeza, y respecto del mal pasado al recordarse
nace una alegría, un gozo.

La clasificación de Descartes se diferencia de la principal clasificación de su tiempo


(herencia medieval).
Nos indica que su clasificación difiere de la común en su tiempo, porque los otros autores,
sin indicar nombres, dividen las afecciones del alma en “comcupiscible et irascible”, hacia
el placer y el enojo. Dice Descartes que rechaza esta clasificación porque parte de dividir al
alma misma, cuando su interés es la unidad, pues “yo no encuentro en el alma ninguna
distinción de partes”33. Este unitarismo de principio resulta interesantes, pues abarca
algunas discusiones y tomas de partido sobre la subjetividad humana, pues la psicología de
tendencia científica (psicoanálisis) partió de la división de la conciencia, primero en partes
estructurales concientes, inconscientes y supra-concientes, para ampliar la división entre
presiones libidinales y tanáticas34. Asimismo, como psicología de la conciencia la
fenomenología se opuso completamente a la división de la conciencia, como se puede
observar en los argumentos de Jean Paul Sartre35.

El motivo de ser seis las pasiones principales


La cantidad de pasiones particulares de parece de número indefinido a Descartes, sin
embargo, estima únicamente la existencia de seis primarias y simples. Siguiendo sus
propias anotaciones de método, únicamente conviene fijarse en los claro y distinto,
prefiriendo lo simple a lo compuesto, y lo claro sobre lo indefinido. Entonces “sólo hay seis
que lo sean, a saber: la admiración, el amor, el odio, el deseo, la alegría y la tristeza; y que
todas las demás son compuestas de algunas de estas seis o son especies de las mismas”36
Por lo mismo se dedica en especial a las seis primarias y después a sus subclases, como lo
indicó en la parte anterior, con sus rasgos de tiempo, reflexión, relación con los otros,
duración, etc.

Admiración. Siendo la sorpresa por algo, esta impresión se relaciona con lo nuevo, así
asume la posición de inicio. La estima como una pasión fuerte, pero no acompañada de
movimientos de los órganos como otras que agitan el corazón, excepto que acontece el
pasmo, una parálisis por una sorpresa o admiración. La admiración la encuentra
especialmente útil para el aprender, ligada al saber37. Estima se debe reforzar lo admirado
con una atención, pues también se puede olvidar lo admirado. La cosa que capta la
admiración se la juzga bajo el bello nombre de lo extraordinario. El exceso de esta pasión

32
Resulta que bajo la faz de la melancolía, la añoranza resultaba sumamente importante en la clasificación
esotérica renacentista de las emociones. La melancolía era el ánimo saturnino y desde esa cimiente se creía
nacía el genio, así el talento estaba marcado por la melancolía plomiza. Cf. YATES, Frances, La filosofía
oculta de la época isabelina, Cap. VI, La melancolía y la filosofía oculta. Durero y Agripa.
33
DESCARTES, René, Las pasiones del alma, p. 64.
34
FREUD, Sigmund, Más allá del principio del placer.
35
SARTRE, Jean Paul, El ser y la nada.
36
DESCARTES, René, Las pasiones del alma, p.64.
37
La admiración “hace que aprendamos y retengamos en la memoria las cosas que antes ignorábamos”
DESCARTES, René, Las pasiones del alma, p. 67
de admirar, se denomina como curiosidad excesiva, su desbordamiento es buscar “la rareza
sólo por admirarla y no por conocerla”38.

Definición pro-racional de la utilidad de las pasiones.


Descartes define en el artículo 74 la utilidad de la pasión en función del pensamiento,
estimando el resultado de pensamiento que le reporta al sujeto, entonces su concepto de
utilidad se deriva hacia el resultado del pensamiento, lo cual es poco común en la definición
de utilidad. Afirma: “la utilidad de todas las pasiones no consiste sino en que fortalecen y
conservan en el alma pensamientos que conviene conserve, y que sin ellas podrían borrarse
fácilmente”39. Dejando de lado la posible complejidad de la utilidad Descartes intenta
reducirla a una dimensión de pensamiento, como el provecho para el pensamiento.
Compárese con la compleja interpretación de Hegel cuando estima que la utilidad aparece
cuando el sujeto descubre que cualquier objeto es para sí, una referencia a su propia
medida40 y engranaje clave de la razón apropiándose del mundo. En este caso, con la breve
definición de Descartes, si bien la utilidad la concentra en su servicio al pensamiento,
también ahí queda una “conveniencia”, que representa un resabio de indefinición de la
utilidad misma.

Amor y odio
En esta parte Descartes da la impresión de mantenerse anclado con la tradición medieval,
en cuanto a la impresión sobre el amor, ya que evita considerar al amor sexual exaltado
como eje de sus consideraciones. Según un para de reconstrucciones históricas41, ese amor
individual es una creación y no una situación universal, por lo tanto no siempre puede
colocarse en el centro de las reflexiones, en ese periodo ya se utilizaba el término amor
corrientemente para referirse a la pasión sexual de pareja42, pero luego terminó
predominando completamente, pues cuando autores posteriores colocan el título de amor ya
sabemos a cual tipo de pasión atenernos43. En este caso, su definición de amor es más suave
y general, y se mantiene en el margen de las definiciones medievales (que por otra parte
combate) de benevolencia y de concupiscencia, para procurar generalizar afirmando que las
diversas situaciones de pureza hasta brutalidad manifiestan en común el amor, que la
define como emoción que incita al alma “a unirse de voluntad a los objetos que parecen
serle convenientes”44, entonces simplemente amar es buscar la unión, y mejor ya
38
DESCARTES, René, Las pasiones del alma, p. 68.
39
DESCARTES, René, Las pasiones del alma, pp. 66-67-
40
HEGEL, G.W.F. Fenomenología del espíritu. El sujeto como medida del objeto, resultado histórico del
racionalismo de la ilustración, es decir, por este lado se redondea el tema pues Descartes resulta precursor
clave de la ilustración y ésta desemboca para Hegel en el concepto clave de la “utilidad” para la evolución del
espíritu.
41
DE ROUGEMONT, Denis, Amor y Occidente, quien sostiene la creación a partir de la Provenza
renacentista de los ideales del amor romántico. ENGELS, Friederich, El origen de la familia, la propiedad
privada y el Estado, también sostiene la aparición tardía del amor sexual individual.
42
DESCARTES, René, Las pasiones del alma, p. 75, dice: “a este deseo que nace así de la complacencia se
da e nombre de amor más generalmente que a la pasión de amor que hemos descrito antes”, en la cual
Descartes le otorga el sentido más general deseo de unión con el bien. Reiterando lo que esto significa, en la
época cuando se escribió esta obra ya por amor se entendía el deseo apasionado y erótico individual, y el otro
sentido más general del amor se estaba relegando, aunque no se descartaba.
43
Como cuando observamos un título de Ortega y Gasset sobre El amor, o de Alberoni sobre Amor y
enamoramiento.
44
DESCARTES, René, Las pasiones del alma, pp. 69.
considerarse en unión para no entrometer un elemento de futuro (como en el deseo). De ahí
pasa a la definición de odio completamente equivalente, de una incitación a separarse de los
objetos inconvenientes. Una vez establecida tal definición del amor, muchas pasiones
manifestadas diferentes participan de esta definición de amor, unas tan opuestas a otras
como la brutalidad del violador respecto del amor paternal desinteresado. Sin embargo, una
diferencia que estima crucial Descartes es el grado de amor, para separar desde el simple
afecto, pasando por la amistad hasta llegar a la devoción, y de nuevo se observa en esta
gradación que el tema de la pasión amatoria-erótica no adquiere una posición propia, sino
que el pináculo perteneciente a la devoción, está preferentemente pensado en relación a
Dios, el príncipe, un notable o el país45. Por el tipo de objetos sobre los que recae el amor
distingue sobre las cosas bellas (lo denomina complacencia) y las buenas, asimismo con
esta clasificación se distinguen dos especies de odio, el así denominado, y el que recae
sobre las cosas feas a nuestros sentidos, denominado horror o aversión. Reconoce que estas
dos especies “de complacencia y de horror suelen ser más violentas que las otras especies
de amor u odio, porque lo que llega al alma por los sentidos la impresiona más fuertemente
que lo que le presenta la razón”46, y entonces son las “más engañan y de las que con más
cuidado debemos guardarnos”; de tal manera que la potencia de los sentidos, se manifiesta
de manera negativa, en la modalidad de violencia y engaño. La tarea es proteger a la razón
de las rudezas de los sentidos enviando la complacencia del amor y el horror del odio,
porque la razón queda turbada con tales efluvios.

El deseo y sus proyecciones


La parece a Descartes que el deseo es único, aunque comenta se ha acostumbrado a
presentarlo dual, para separarlo en la búsqueda de un bien y la evitación de un mal, sin
embargo, le parece que solamente son dos lados de la misma moneda como el buscar la
salud y evitar la enfermedad. Ya comentamos que se refiere al futuro, se desea como
proyección o previsión, se desea lo que no se tiene o existe todavía, mientras lo que ya se
posee se ama o se odia.
Sin embargo, reconoce Descartes que las emociones generadas por el deseo son muy
distintas ya se trate de complacencia u horror. En este caso, así explica el horror, pues “lo
ha instituido la naturaleza para representar una muerte súbita e inopinada, de suerte que,
aunque sólo sea a veces el contacto de un gusano o el ruido de una hoja que tiembla, o su
sombra, lo que produce horror, se siente por lo pronto tanta emoción como si se ofreciera a
los sentido un peligro de muerte muy evidente, o cual provoca (…) la huida y la aversión” 47
Entonces la fuerza del horror es porque esconde una revelación de la muerte, de tal manera
que el gusano o la sombra implica evocación mortífera y por tanto agita el alma con todas
sus fuerzas para la huida, y esta visión resulta interesante por cuanto corresponde muy
estrechamente con el primer esquema de Freíd cuando estableció como pulsión básica el
“instinto de conservación” formando al yo psicológico. La otra emoción contraria, la cual
es la complacencia, cuando aparece en deseo también es muy fuerte, y le parece que más
depende de una perfección imaginada, pues “proviene de las perfecciones que imaginamos
en una persona”48 y la intervención del sexo la menciona con sutileza y dejándola en un
45
DESCARTES, René, Las pasiones del alma, p. 71. En este caso la devoción tiene su mejor objetivo en
Dios.
46
DESCARTES, René, Las pasiones del alma, p. 72.
47
DESCARTES, René, Las pasiones del alma, p. 74.
48
DESCARTES, René, Las pasiones del alma, p. 74.
segundo plano, para estimar que se debe al anhelo de una mitad perfecta de nosotros,
siguiendo estrechamente la idea mostrada en el Banquete de Platón, de que “la naturaleza
presenta confusamente la adquisición de esta mitad como el más grande de todos los bienes
imaginables”49 Como se comprueba en la cita, esto corresponde la mitología del humano
incompleto, que debe descubrir su mitad perfecta, por lo mismo anhela la existencia de vida
en pareja, a la cual se le da “el nombre de amor más generalmente” 50. Por último, un
comentario de Descartes que parece ofrecer un filo chusco sobre las consecuencias del
deseo nacido de la complacencia (amor) y nos comenta: “También tiene efectos más
extraños y es el que sirve de principal materia a los autores de novelas y a los poetas.”51 El
comentario es breve, mas deja un sabor de boca a travesura de la ironía, declarando como
“cosa extraña” al “amor de los poetas”; conviene recordar, hasta donde sabemos, una
existencia muy reservada en lo amoroso de Descartes y este fue un texto dedicado a una
princesa destinada a reina quien también parece haber optado por la soledad, Cristina de
Suecia; quizá ambos solitarios, y el filósofo ya cercano a sus horas finales (aunque muere a
los 54 años), ironizando a los poetas románticos y exaltados; ambos riendo discretamente
mientras la ventisca invernal se colaba dentro del palacio real de Estocolmo. Ahora bien,
entre el filósofo solitario y la inaccesible princesa destinada a ser reina de Suecia, me
pregunto ¿acaso el único amor imaginable es un ansia de perfección más allá de los sexual?
¿no resulta indispensable desembocar en una equidad de inteligencias pero con distancia
sideral entre el filósofo enseñando a una princesa real? ¿la relación entre el filósofo
vagabundo y la princesa del palacio no reina el más inalcanzable de los deseos, de una
naturaleza tan sublime y agreste que no se debía mencionar entre las “pasiones del alma”?

De la alegría y la tristeza con su aparición inopinada.


La alegría la define como el goce (o conciencia presente) del bien que se posee, bien
recibido deleita o agrada, pero además ese agrado percibido luego se goza por saberse su
posesión52. En este aspecto merece el énfasis de tratarse de una emoción derivada, del
cerebro percibiendo el bien recibido, típico acto de conciencia reflexiva en opinión de esta
clasificación; primero aparece el sentido satisfecho en seguida puede aparecer la alegría,
aunque no exista una clara reflexión.
La tristeza se define como el opuesto, entonces resulta de la “incomodidad que el alma
recibe del mal o por la falta de algo”53, y de nuevo no es la impresión directa, el malestar
inmediato por el mal, sino una segunda incomodidad que indispone al alma. Inventando un
ejemplo, la piedra dentro del zapato duele y luego la persona queda triste por que en su
largo camino no se quitará esa piedra dentro del zapato.
El verdadero problema de esta definición y del este tema lo expone rápidamente Descartes,
cuando desaparece la causa evidente. Indica “Mas ocurre a menudo que nos sentimos tristes
o alegres sin que podamos señalar claramente el bien o mal que son la causa”54, y entonces
estamos un terreno pantanoso que Descartes desea esclarecer, y propone dos causas. La
primera, es que el bien o mal realizan impresiones “en el cerebro sin intervención del
alma”. La segundo que el bien o mal o “pertenecen sólo al cuerpo”. La tercera es que el
49
DESCARTES, René, Las pasiones del alma, p.74.
50
DESCARTES, René, Las pasiones del alma, p.75.
51
DESCARTES, René, Las pasiones del alma, p.75.
52
“el goce del bien” DESCARTES, René, Las pasiones del alma, p.76.
53
DESCARTES, René, Las pasiones del alma, p 76.
54
DESCARTES, René, Las pasiones del alma, p 76.
alma no las considera sino otra forma unida con la del bien o mal en el cerebro. En cada
caso se abre el gran problema de la psicología del inconsciente, de la separación de la
emoción respecto de sus fuentes y respecto de su percepción. Sin embargo, Descartes
insiste en el lado no problemático del tema, pues “la satisfacción de los sentido va seguida
tan de cerca por la alegría y el dolor de la tristeza, que la mayor parte de los hombres no los
distinguen”55, sin embargo son de naturaleza distinta, como cuando se recibe dolor con
alegría o se otorgan placeres que nos entristecen. Reconoce sin embargo la existencia de
una fisura y que estas emociones emergen sin causa aparente o contraviniendo su aparente
causa, es decir, emergen en la aparición inopinada. Opina Descartes que las gratificaciones
de los sentidos “producen algún movimiento en los nervios que podrían dañarles si no
tuvieran bastante fuerza para resistirlo” y este resistir y salir airoso de las impresiones de
los sentidos “produce una impresión en el cerebro” para “testimoniar esa buena disposición
y esa fuerza”, siendo un bien de alma que “suscita en ella la alegría.” 56. Es decir, que aquí
suponemos como un testimonio de contra-fuerza, una resistencia del cerebro que percibida
por el alma se reconoce como un bien, entonces alegra al alma motivada por su poderío.
Con estos términos queda abierta la complejidad del alma a un nivel que no agrada a este
discurso, cuando se basa en la unidad del alma como su principio rector, en el horizonte
emerge la dualidad, la separación entre las partes internas y las contradicciones misteriosas,
con las cuales se abrió el camino a la psicología del inconsciente.
Y después esta aseveración de la alegría como testimonio de esa “fuerza interna” luego la
corrobora mediante una tendencia tan ligada luego a la modernidad como el gusto por
espectáculos como el teatro, que “parecen acariciarnos el alma conmoviéndola”57. Entonces
la repetición del movimiento de resistencia (la emoción “resistida”) nos lleva hacia una
alegría repetida, bastando una especie de asociación, con el componente adicional de
comprobar que durante el espectáculo permanecemos ilesos aunque recordemos males
sufridos. Y como segunda comprobación refiere la osadía y gusto por las acciones difíciles
de los jóvenes o también la nostalgia de los viejos. Los jóvenes obtienen el pensamiento de
un bien al “sentirse bastante valientes, bastante afortunado, bastante diestro o bastante
fuerte para osar arriesgarse hasta tal punto”58, entonces la alegría no les viene de la
dificultad o el peligro, sino en pensar su superioridad sobre tales males, y esa superioridad
parece un bien. De manera parecida, una alegría que viene del recuerdo, cuando se
rememoran males y se sonría de satisfecho, es porque “imaginan que s un bien haber
podido subsistir a pesar de ellos”59, entonces también de un mal recordado emana una
alegría presente, y en surge una satisfacción, una pasión de contento.

La mecánica física (fluida) de las pasiones y la caricatura del amor


En su afán de resolver las complejas conexiones entre el alma y el cuerpo Descartes
comete los más curiosos desatinos en su teoría. La debilidad de los conocimientos
anatómicos naufraga por varios lados, y hasta sorprende algún grado de acierto entre sus
interpretaciones. La debilidad extrema aparece en el artículo 102, donde nos intenta
explicar una compleja relación entre los “espíritus animales” (los portadores de las
impresiones de los sentidos mediante los nervios), la sangre (de la cual cree en grados de
55
DESCARTES, René, Las pasiones del alma, p 76
56
DESCARTES, René, Las pasiones del alma, p 77.
57
DESCARTES, René, Las pasiones del alma, p 77.
58
DESCARTES, René, Las pasiones del alma, p 77.
59
DESCARTES, René, Las pasiones del alma, p 77.
rareza), los intestinos, el hígado, el corazón y el cerebro, con las impresiones del objeto
amado, para indicarnos que “en esto consiste la pasión del amor”60, es decir, que la cadena
entre las relaciones fisiológicas entre sentido-cerebro-nervio-“espíritusanimales”-músculo-
intestino-hígado-corazón-cerebro-imagen. La explicación resulta tan curiosa y detallada
que vale la pena reproducirla entera, y dice: “cuando el entendimiento se figura algún
objeto de amor, la impresión que este pensamiento causa en el cerebro conduce los espíritus
animales, a través de los nervios del sexto par, hacia los músculos que hay en torno de los
intestinos y el estómago, de la manera necesario para que el jugo de los alimentos, que se
convierte en sangre nueva, pasa rápidamente al corazón sin detenerse en el hígado, y que,
impulsada con más fuerza que la que está en las demás partes del cuerpo, entre más
abundante en el corazón y produzca en él un calor más intenso, debido a que esta sangre es
más fuerte que la que se ha rarificado varias veces al pasar y tornar a pasar por el corazón;
lo cual hace que éste envíe también espíritus al cerebro, cuyas partes son más gruesas y más
movidas que de costumbre; y estos espíritus, fortaleciendo la impresión producida por el
primer pensamiento del objeto amable, obligan al alma a detenerse en este pensamiento; y
en esto consiste la pasión del amor”61 La cantidad de fallas de argumento anatómico invita a
un rechazo inmediato, sin embargo el enfoque mismo no se ha superado completamente
con el paso del tiempo. Dejando de lado la equivocación de su demostración, esta debilidad
de la tesis se repite incansablemente hasta el presente, por ejemplo en la neurobiología,
cuando confunde sistemáticamente las plataformas biológicas con el sentimiento y el
pensamiento mismo, confundiendo al amor mismo con las hormonas producidas durante el
enamoramiento.

El enfoque peculiar: la mecánica fluida del cuerpo.


Hasta donde alcanza a observar Descartes la anatomía predomina una imagen de flujo,
describe al cuerpo como sistemas de ríos con esclusas, reservas, canales, desplazamientos
de “espíritus animales”, viajes de sangre, densificaciones del líquido, etc. En efecto, la
visión cartesiana implica una descripción del movimiento entre las partes de cuerpo, los
sentimientos, el alma, el proceso del cerebro, y los posibles caminos de ida y vuelta. ¿Qué
le parece puede viajar dentro del cuerpo? En principio le parece a Descartes que son
fluidos. En este punto conviene observar más de cerca la naturaleza de los “espíritus
animales”, los cuales los define como “partes muy sutiles de la sangre” y en el cerebro
(luego de venir desde el corazón) esas partes sutiles “quedan separadas de las partes de la
sangre menos sutiles”, y su naturaleza es que son cuerpos, y “no tienen otra propiedad que
la de ser cuerpos muy pequeños y que se mueven muy rápidamente” 62, aunque también
acepta que dentro de tales espíritus animales podría existir diferencias entre su “agitación”
y “diversidad de sus partes”63 Recapitulemos, se trata de unos espíritus animales que son
partes pequeñas de la sangre, cuerpos tan sutiles, que se reciben en el cerebro y desde ahí
“no se detienen en ningún sitio, y, a medida que algunos de ellos entran en la cavidad del
cerebro, salen también algunos otros poros que en su sustancia, los cuales los conducen a
los nervios, y de aquí a los músculos, lo que les permite mover al cuerpo”64 Ciertamente, la
especulación de Descartes apunta hacia el fluido que viaja por los nervios, y esa señales
60
DESCARTES, René, Las pasiones del alma, p 78.
61
DESCARTES, René, Las pasiones del alma, p 78.
62
DESCARTES, René, Las pasiones del alma, p 36.
63
DESCARTES, René, Las pasiones del alma, pp. 38-39.
64
DESCARTES, René, Las pasiones del alma, p 36.
ahora las consideramos electrones y también sustancias de neurotransmisores, elementos
para los mensajes de los sentidos y señales de movimiento del cuerpo, pero especula en un
momento histórico anterior, y todavía no se descubren tales componentes, así que él
simplemente acude al expediente de su tamaño para viajar por cavidades y desplazarse con
rapidez a la manera de mensajeros. En su vigor energético y sutileza compara sus espíritus
animales con la llama65, indicando su vivacidad enérgica y su sutileza, pero entonces es la
flama interpretada como un fluido formado de cuerpos pequeños o corpúsculos, de acuerdo,
a la visión de la física de Descartes integrada en lo micro por pequeños cuerpos. En efecto,
ocurre una simplificación, para Descartes el tema conduce hacia el tamaño pequeño, sin
adivinar una cualidad diferente de tales mensajeros llamados espíritus animales. Y entonces
bajo el fluido llegamos a las partículas, los corpúsculos que integran el fluido, y así el viaje
interior del cuerpo humano se compone de corpúsculos viajeros, donde unos se distinguen
por ser más sutiles o minúsculos. De esta manera, lo que exteriormente parece un
movimiento de palanca mecánica, como los músculos, en su interior Descartes estima que
acontece un viaje de fluidos mínimos, pues los espíritus animales viajan por los nervios, “y
la única causa que hace que un músculo se contraiga antes que su opuesto es que van hacia
el primero más espíritus (animales) del cerebro que hacia el otro”66, ya que cree que según
salen y entran estos espíritus pues “donde salen se estira y se afloja”, mientras donde entran
“se contrae y tira”.
Esta agitación de las partículas se integra mediante los canales ofrecidos por el cuerpo
humano, como los nervios, y cada órgano también genera la impresión de una presa o una
caldera (en singular aplica para el corazón). En este sistema parece que los orificios crecen
o decrecen para modificar la presión y el paso; líquidos se densifican o rarifican, calientan o
enfrían, transportan nutrientes o los pierden, abandonan una parte de su sustancia o la
incrementan; los órganos retienen o liberan fluidos. El movimiento depende de los fluidos
bombeados por el corazón, del calentamiento y enfriamiento, así como de apertura y cierre
de canales. Entonces si en Descartes se reconoce una visión de reloj-cuerpo, entonces
preferentemente integra un reloj de fluidos, es una clepsidra maravillosa, unificando el
complejo mecanismo de los fluidos con el alma.

Los signos exteriores de las pasiones y sus explicaciones corporales


Las pasiones moviéndose hacia el exterior se manifiestan de muy diversas formas, y esto
causa gran interés a Descartes, tanto por su descripción como para definir mecanismos
donde los movimientos orgánicos las delatan o contradicen. Empieza con la expresión de
las pasiones en los ojos, pues siempre será “revelada por algún gesto de los ojos” 67, sin
embargo, aunque los gestos sean reconocibles la forma de tales gestos le parece difícil de
describir, y sucede lo mismo con los signos del rostro, que se reconocen pero no facilitan su
descripción. Además las personas pueden ocultar sus pasiones al modificar sus gestos. A
diferencia de los gestos, los cambios de color no son fáciles de controlar; estimando que el
color en el rostro depende únicamente de la sangre, y explica las pasiones unidas a la
palidez o la viveza de colores. Procura una explicación a los temblores de las partes como
causado por exceso de espíritus, la languidez por ausencia de éstos en los órganos y
miembros causada por el amor. Interpreta el desmayo como una pérdida temporal del fuego
65
DESCARTES, René, Las pasiones del alma, p 36, “y que se mueven muy rápidamente , como las pares de
la llama que sale de una antorcha”
66
DESCARTES, René, Las pasiones del alma, p 36.
67
DESCARTES, René, Las pasiones del alma, p. 85
del corazón por la variación del flujo de sangre. Ofrece su interpretación a la mecánica de
la risa. Estima a las lágrimas como un vapor condensado en suficiente cantidad, las
lágrimas surgen de la tristeza o hasta de una mota lastimando el ojo pues esta mota cierra
los poros del ojo.

De la gran función natural de las pasiones


Resumiendo de golpe, encuentra Descartes para el cuerpo humano una gran funcionalidad a
las pasiones, la cual consiste en su conservación, entonces la “función natural” de las
pasiones es “servir para conservar al cuerpo o hacerlo de alguna manera más perfecto”68.
Entonces aparece una “función natural”69 ofreciendo un criterio más práctico y moderno, el
criterio de la evidencia de lo útil o funcional para la persona, estableciendo que esta función
ya está dada por la naturaleza, entonces se aleja de las explicaciones históricamente
anteriores de las causas divinas y los designios providenciales, para alcanzar una base de
tipo adecuado para una “ciencia natural”, es decir, su larga explicación procura bases en
evidencias y en una funcionalidad natural para las personas, es decir, un tipo de ciencia
moderna, por más que sus conceptos puedan permanecer equivocados por falta de
investigaciones precisas o elementos de análisis teórico. Bajo tal enfoque indica que resulta
más útil el odio que el amor, “porque importa más rechazar la cosas que perjudican y
pueden destruir que adquirir las que añaden alguna perfección sin la cual se puede
subsistir.”70 Entonces se confirma el carácter útil de las pasiones dispuestas como armazón
básica del ser humano, y el principio resulta ser el mismo que luego sirvió de pivote a la
teoría de la evolución de Darwin, como principio de conservación (selección natural) y
también integró la primera versión de las pulsiones de Freud (el principio de realidad
contrariando al principio del placer y entonces formando al “yo”).

La función de las pasiones para el alma (pensante)


Y una vez aceptadas las funciones naturales de las pasiones entra la consideración más
importante, correspondiente a su función respecto del alma pensante, es decir, la relación
entre la afectación de la emoción con el conocimiento mismo. Entonces el objeto de estudio
corresponderá a la cinco modalidades principales de pasión, sin embargo, el eje claramente
se establece en relación al amor y odio, pues alegría y tristeza ya son reflexivas (implican
una especie de conocimiento). Cuando el amor y odio provienen del conocimiento atañen al
alma son el tema aquí tratado.
En el caso de un conocimiento verdadero “este amor es sumamente bueno porque, uniendo
a nosotros verdaderos bienes, nos perfecciona en la misma medida”71. Incluso en este
aspecto, no desdeña el amor por nosotros mismos, aspecto tan condenado en la tradición
medieval, ya que la escolástica cristiana condena ampliamente la vanagloria del egoísmo,
obligándose a anteponer el amor piadoso y divino 72. Por tanto, Descartes se pone en la línea
de amar desde el conocimiento, y tomar lo amado por pensamiento como sumamente bueno
sin importar su rango, por principio. Respecto del odio de pensamiento, incluso tratándose
de un adecuado odio hacia lo malo, le parece “por pequeño que sea, daña siempre, y nunca

68
DESCARTES, René, Las pasiones del alma, p. 96.
69
DESCARTES, René, Las pasiones del alma, p. 96.
70
DESCARTES, René, Las pasiones del alma, p. 96.
71
DESCARTES, René, Las pasiones del alma, p. 97.
72
Cf., DE AQUINO, Tomás, Suma teológica.
deja de acompañarle la tristeza”73 Además como pasión del alejamiento, el odio también no
aleja del bien que acompaña a ese mal, pues “no hay nada real que no tenga en sí alguna
bondad”, por lo tanto, implica un pensamiento no maniqueísta, sino de la unidad de
opuestos complementarios, y de la gota de sentido opuesto en “cada caso de cada cosa”.
Respecto del deseo le parece bueno para el pensamiento, mientras se mantenga en una
medida, entonces “no sea excesivo y de que el conocimiento lo regule”, de tal manera
implícitamente ofrece una visión de la “medida” de las pasiones, por cuanto posee su
mesura interna, y también su reflejo en las medidas de cuerpo pues a estas pasiones del
pensar les acompaña el sentir, entonces “todos los movimientos corporales que los
acompañan pueden ser nocivos a la salud cuando son muy violentos, y, por el contrario,
útiles cuando son moderados.”74 Esto significa una continuidad entre el cuerpo y la pasión-
pensamiento, siguiendo (sin pretenderlo) la misma regla de armonía macro-microcósmica
renacentista75, pues la medida de la moderación de las pasiones intelectuales es la misma
que la medida de la salud corporal.
Y en este punto baste indicar que lo aplicado al amor y odio también aplica a la alegría y
tristeza, por cuanto implican la posesión de un bien o de un mal, así como su ausencia. Sin
embargo, queda la nota que la admiración como pasión básica, no pasa a este campo de las
afectaciones del alma en el pensamiento.

El papel regulador del deseo entre las pasiones del alma


Ya comentamos que el deseo contiene la partícula del futuro, ofrece la proyección, y en ese
mismo sentido abre la puerta de la acción. Un acción sin deseo no mueve a la acción, con el
deseo transita de la pasión hacia la acción 76. El alumbramiento del deseo es el inicio de la
acción, y sin importar la violencia de la pasión ésta no conduce a la acción sino mediante el
deseo. Y sobre la acción ya regulada trata la moral, la cual poco sentido tiene para
gobernar lo que sentimos, pero posee pleno sentido para guiar lo que hacemos. En este
sentido, el deseo luego queda ligado al conocimiento verdadero o falso, de tal modo que
cuando se basa en un conocimiento verdadero el deseo es para bien, y cuando se sustenta en
el error, resulta para mal. Y para evaluar este dilema entre “verdadero y falso”, Descartes lo
lleva hacia el claro rincón de “lo que depende de nosotros”, el territorio de los objetivos
elegibles77. El conocimiento verdadero conduce el deseo hacia lo que depende de nosotros,
mientras que el conocimiento falso conduce el deseo hacia aquello que no depende de
nosotros, y por lo mismo resulta inútil desear. “Por cuanto las cosas que no dependen en
modo alguno de nosotros por buenas que puedan ser no debemos jamás desearlas con
pasión, no sólo porque podemos no lograrlas, y afligirnos (…) sino principalmente porque,
ocupando nuestro pensamiento nos apartan de poner nuestro afecto en otras cosas cuya
adquisición depende de nosotros.”78 Por tanto, la invitación es muy clara: “limitar nuestro
73
DESCARTES, René, Las pasiones del alma, p. 98.
74
DESCARTES, René, Las pasiones del alma, p.99.
75
YATES, Frances, La filosofía oculta en la época isabelina y La ilustración rosacruz, Ed. FCE.
76
“Pero, como estas pasiones no son pueden llevar a ninguna acción sino por medio del deseo que suscitan, es
particularmente este deseo lo que debemos regular; y en esto consiste la principal utilidad de la moral.”
DESCARTES, René, Las pasiones del alma, p. 100.
77
La importancia de los objetivos corresponde directamente con la Teoría del trabajo en Marx, pero también
en visiones más actuales y prácticas para la determinación de objetivos en Psicología, por ejemplo la
utilización de la “Programación Neuro Lingüística” para establecer objetivos, y en la Administración, con los
sistemas de Administración por Objetivos.
78
DESCARTES, René, Las pasiones del alma, p. 101
deseo a esto únicamente” lo que depende de nosotros, nada que dependa de la fortuna o de
la “divina Providencia”. Entonces la razón procura escoger “el camino habitualmente más
seguro”79.
Entonces el deseo consiste en desear futuro, crear una proyección sobre la cual generar una
acción, y dotados de razón procuramos entender el bien y el mal que se avecinan para elegir
el bien que depende de nosotros. Esa elección constante del bien la llama Descartes la
virtud, entonces para tener motivos de contento se sigue exactamente la virtud, una elección
constante hacia lo bueno, pues “el que ha vivido de tal modo que su conciencia no pueda
reprocharle que haya dejado de hacer todo lo que ha juzgado lo mejor (que es lo que
llamamos aquí seguir la virtud) , recibe una satisfacción tan poderosa para hacerle feliz que
ni los más violentos esfuerzos de las pasiones tienen jamás bastante poder para turbar la
tranquilidad de su alma.”80 Así, resulta que la tranquilidad de la conciencia eligiendo
invariablemente lo bueno crea la felicidad, manifestada en una paz del alma. Es decir, el
racionalismo procura una felicidad sosegada, que goza de las pasiones con una medida
tranquila, sin turbaciones de conciencia. Entonces el deseo para Descartes sí contribuye a la
felicidad por cuanto mueve una acción encaminada hacia el bien, la cual denomina virtud.
Y con esto termina la segunda parte del escrito, pasando a una última dedicada a las
pasiones particulares.

Un remedio general contra las pasiones


Siendo la última parte dedicada a las pasiones particulares, resultaría demasiado detallista y
dilatado exponer sus méritos y curiosidad, porque en materia de curiosidades ofrece los
mejores divertimentos. Por lo mismo no expondré las pasiones particulares aquí, sino que
avanzaré con el paso de un gigante, para alcanzar la conclusión práctica que Descartes
ofrece como una propuesta general de remedio, y después de un meditabundo tratado,
conviene ponerles atención a sus remedios.
En principio, reitera Descartes que las pasiones en esencia son buenas, su mal radica en su
exceso y mal uso. Le parece que las irrigaciones de sangre y las variaciones corporales
resulta incontrolables de manera directa, pero cuando invade una pasión, conviene
“recordar todo lo que se presenta a la imaginación tiende a engañar al alma” 81, haciendo
grande lo favorable a la pasión y minimizando lo contrario. Si la pasión proviene de cosas
que soportan aplazamiento, entonces “hay que abstenerse de pronunciar de momento
ningún juicio, y distraerse en otros pensamientos hasta que el tiempo y el sosiego hayan
calmado por completo la agitación de la sangre”82. Entonces este es el remedio principal,
simplemente distraerse y aplazar para alcanzar la serenidad, y ya serenos sopesar los
hechos, recordando que la pasión magnifica en su dirección. El remedio propuesto parece
casi infantil, simple estrategia de no pasar a la decisión durante la tormenta de la pasión,
pero ¿cuántas disputas lamentables se evitarían si sencillamente se evade hasta adquirir una
serena ecuanimidad? ¿y cuántas decisiones equivocadas se prevendrían dejándolas hasta
que la cabeza esté bien “fría”? Claro, que luego de la distracción y enfriamiento, para
guiarse el alma debe recurrir a las reflexiones adecuadas, para elegir el bien según los
objetivos que puede alcanzar, entonces seguir el camino virtuoso, y ya que desea su bien,
entonces se manifiesta la voluntad para seguir su camino correcto, la cual manifestando su
79
DESCARTES, René, Las pasiones del alma, p. 102.
80
DESCARTES, René, Las pasiones del alma, p 103-104.
81
DESCARTES, René, Las pasiones del alma, p. 132.
82
DESCARTES, René, Las pasiones del alma, p. 132.
libertad elige seguir el camino correcto, pues “la voluntad es tan libre por naturaleza, que
no puede ser jamás constreñida”83. Además indica Descartes que si se ha acostumbrado la
persona a reflexionar lo puede hacer siempre, y hasta si se presentara la premura de una
decisión en situación pasional conviene tomar argumentos equilibrados, y pone las
situaciones urgentes siguientes, de lances donde se está jugando la vida indicando “se
acordarán de pensar que es imprudencia perderse cuando se puede, sin deshonor, salvarse, y
que, si la partida es muy desigual, vale más una retirada honrosa o tomar cuartel que
exponerse brutalmente a una muerte segura.”84 Recordemos que el sentido del honor de esa
época incitaba al duelo a muerte y a cobrar afrentas con sangre, lo cual contraviene las
recomendaciones filosóficas.
Finalmente, conviene recordar que siendo en esencia buenas las pasiones. Las que son
propias del alma (es decir, el pensamiento) llevan a una virtud, pero incluso las pasiones del
cuerpo, se deben manejar, para “sacarle a esta vida los más dulces jugos”85, de tal modo,
que esta interpretación racionalista de la moral, no se opone a una interpretación casi
hedonista, pues las pasiones del cuerpo se dominan y manejan con tal destreza, que hasta de
los males que causan “puede sacarse gozo.”86 De tal modo, el placer incitado por las
pasiones deberá ser manejado hábilmente para que la vida filosófica también esté en
consonancia del gozo en la mente y en el cuerpo.

83
DESCARTES, René, Las pasiones del alma, art. 30, p. 51.
84
DESCARTES, René, Las pasiones del alma, p 133.
85
DESCARTES, René, Las pasiones del alma, p 133.
86
DESCARTES, René, Las pasiones del alma, p 133.