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Ya no tendrán hambre, ni tendrán ya sed, ni caerá sobre ellos el sol ni ardor alguno.

Porque el Cordero, que está en medio del trono, los apacentará y los guiará a las
fuentes de vida, y Dios enjugará toda lágrima de sus ojos.
Apocalipsis, 7:16-17.

Éste es uno de los pasajes más confortantes de


toda literatura. Enseña que aquellos de
nuestros seres queridos que ya no están en este
mundo moran en un lugar de paz y una belleza
indescriptibles. Están muy cerca de Dios,
quien los cuida y mima amorosamente. El
hambre y la sed de sus almas han sido
plenamente satisfechos. Dios, como una tierna
madre, los protege, los cuida y seca las
lágrimas de sus ojos. Esto es lo que ha hecho
con aquellos que ya no están físicamente a nuestro lado.
Si aprende a amar este pasaje, si media su profundo significado, Él también le
enjugará a usted las lágrimas de sus ojos.

Cuando os pusiereis en pie para orar, si tenéis alguna cosa contra alguien,
perdonádlo primero.

Marcos, 11:25.

Si sus plegarias quedan sin respuesta, haga un examen de conciencia sincero para
saber si en su mente se alberga algún resentimiento. La energía espiritual no puede
pasar a través de una personalidad más o menos dominada por el rencor. El odio es
un pésimo conductor de la energía espiritual.
Me permito aconsejarle que cada vez que rece, añada esta frase: "Señor, aparta de mi
mente la mala voluntad, el rencor, el odio y los celos". Seguidamente esfuércese por
ahuyentar tales malos pensamientos.
Yo he buscado al Señor, y Ël me ha respondido, librándome de todos mis temores.

Salmos, 34:4.

Un buen sistema para librarse del temor consiste en llevar a


Dios en el pensamiento. Ël es el único ser que no cambia, que
siempre es el mismo. Nunca le dejará en la estacada; en
ningún momento le olvidará. Cuando el temor le atormente,
haga lo que diga el versículo: "Busque al Señor". Para hallarle
no tiene mas que dedicar quince minutos diarios a pensar en
Ël exclusivamente. Los quince minutos puede dividirlos en
tres períodos de cinco, por ejemplo; pero no deje pasar un
solo día sin dedicar un cuarto de hora a Dios.
Una vez al día, por lo menos, diga estas palabras: "Dejo mis
problemas, mi futuro, mis seres queridos y mi propia persona en manos de Dios, en
quien tengo toda mi confianza".
Tres veces al día, dé gracias a Dios por toda so bondad. Su vida no tardará en estar
llena de Dios y, simultáneamente, vacía sus temores.

Ëste es el reposo.
Isaías, 28:12

Estas pocas palabras pueden comparase a un manantial de agua fresca, pues poseen
un mágico efecto renovador. La repetición frecuente del texto de hoy es de un
extraordinario efecto vigorizador.
De vez en cuando, después de una jornada de mucho trabajo, o, incluso, en plena
actividad, pronuncie interiormente estas palabras. Verá cómo contribuyen a disipar
el cansancio y a reposar el cuerpo, la mente y el espíritu.
El mejor sistema para emplear estas palabras es decirlas lentamente, saboreándolas,
por así decirlo. Simultáneamente, piense que la paz y el reposo, a través de los poros
de la piel, entran en su interior.
El que es de Cristo se ha hecho criatura nueva, y lo viejo pasó, se ha hecho nuevo.
II Corintios, 5:17

Nunca pierda la fe en sí mismo. Es posible que durante toda la vida haya usted
intentado librarse de sus debilidades, sus obsesiones, celos, pecados, complejos de
inferioridad, etc., sin éxito. El fracaso se debe,
probablemente, a que ha luchado únicamente
con sus propias fuerzas. Y, claro, es una lucha
tan larga y tediosa que no es de extrañar que el
éxito no le haya sonreído.
Sin embargo, tan alto objetivo puede ser
instantáneamente alcanzado con la ayuda de
Dios. Todo lo que usted tiene que hacer es
decir las palabras siguientes: "Señor, no
quiero ser igual que hasta ahora".
Naturalmente, es indispensable que lo diga de
corazón, sinceramente. Dios hará lo que usted, tras ímprobos esfuerzos, no ha
conseguido; es decir, logrará que en su interior se opere un cambio radical. Pídale
que haga de usted otro hombre.

Ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni vino a la mente del hombre lo que Dios ha preparado
para los que le aman.
I Corintios, 2:9

La vida, posiblemente, se ha hecho difícil, triste, incluso. Puede que usted considere
que carece de sabor, que no vale la pena.
El texto de hoy le devolverá el deseo de vivir. Le dice que usted nunca ha visto, ni
oído, ni imaginado incluso, las maravillas que Dios hará por aquellos que ponen en
práctica sus enseñanzas.
Si usted somete su vida entera a Dios, se dará cuenta de que la vida se convierte en
algo cada día más maravilloso.
Encomienda a Dios tu destino, y Ël te sostendrá, pues no permitirá jamás que el
justo vacile.
Salmos, 55:22

La mente humana puede soportar una carga más o menos grande, pero limitada. La
acumulación de disgustos y aflicciones, a menos que algo nos
alivie, terminaría por destrozarnos. Afortunadamente, no tenemos
por qué soportar solos nuestros problemas. Dios nos ayudará a
sobrellevarlos.
¿Pero, cómo? Dios nos ayuda a través de nuestra mente.
Habitúese a pensar que Dios está realmente con usted. Háblele de
sus problemas y crea que Ël le ayuda. Imagínese a sí mismo
pasando sus problemas al Señor. Está deseoso de aceptar la carga
de usted, la cual, por otra parte, no le pesará en absoluto. Pero, y
esto es de la mayor importancia, no se la dé a medias. Y no se la vuelva a quitar.
Deje que Dios se encargue de ella. Ël sabrá cómo manejarla.

Los que confían en el Señor renuevan las fuerzas, echan alas como de águila,
corren sin cansarse y caminan sin fatigarse.
Isaías, 40:31

Esta hermosa frase describe la mayor de las experiencias que pueden ocurrir a una
persona. Recibe el nombre de experiencia espiritual. Si desea que le ocurra también
a usted, sométase plenamente, sin reservas, a Dios. Luego, las pesadas cargas de la
vida desaparecerán, y entonces podrá remontarse hasta las más altas cumbres de la
libertad y del poder.
Pero nadie puede vivir permanentemente en tan elevadas cumbres. Sin embargo, el
poder permanece dentro de usted, permitiéndole moverse por la vida con una
habilidad y una energía que antes nunca tuvo. Dicho de otro modo, usted "podrá
correr a gran velocidad sin experimentar cansancio". Se dará cuenta de que podrá
hacer frente a situaciones difíciles y monótonas sin que ni el cansancio ni el
aburrimiento hagan mella en usted, tan grande es ese poder. La experiencia espiritual
comienza por elevar al hombre a niveles nunca antes alcanzados, y luego le
suministra constantemente nuevas energías.
Si alguno dijera a este monte: Quítate y arrójate al mar, y no vacilares en su
corazón, sino que creyere que lo dicho se ha de hacer, se le hará.
Marcos, 11:23

Este pasaje puede casi por sí solo, revolucionar su vida y transformar el fracaso en
victoria.
¿Qué es lo que le dice? Que su "montaña", esa
gran obstrucción rocosa, esa tremenda barrera,
puede ser derribada y apartada para siempre
del camino de su vida. Su corazón debe estar
convencido de ello. No permita que en su
subconsciente aniden pensamientos negativos.
Ruegue para que el obstáculo que le impide
avanzar se aparte y, simultáneamente, crea que
realmente se aparta. No piense que "esta
montaña" puede ser derribada más tarde, sino
que Dios la está derribando ahora por cuenta de usted.

En Ël vivimos y nos movemos y existimos.


Hechos, 17:28.

Este texto es una fórmula para mantener la energía física, mental y espiritual. La
tensión de la vida moderna debilita extraordinariamente nuestras energías. Pero
disponemos de un método para renovarlas. Este texto nos recuerda que Dios nos
creó y que puede, constantemente y automáticamente, recrearnos. El secreto reside
en permanecer en contacto con Dios. Dicho contacto repone en nuestro ser la
vitalidad y la energía gastadas en la lucha diaria.
Cada día, preferentemente a la hora de la sobremesa, cuando nos invade una especie
de modorra -típica y normal, por demás-, recite este versículo varias veces y trate, al
mismo tiempo, de imaginarse "inmerso" en un profundo caudal de espiritualidad.
Convénzase de que la energía recreadora de Dios está restaurando las energías de su
cuerpo, de su mente y de su alma.

____
Todo lo puedo en aquel que me conforta.
Filipenses, 4:13.

Éste es un antídoto contra cualquier


sentimiento de derrota. Si se siente apabullado
por determinadas situaciones y se le hace
difícil seguir adelante, este verso le recordará
que no tiene por qué confiar solamente en sus
propias fuerzas, sino que Cristo, que está con
usted, le está proporcionando ahora mismo
toda la ayuda que usted necesita.
Aprenda a creer que con la ayuda de Dios
usted puede hacerlo todo, por difícil que sea.
Si usted cree que Dios le está ayudando, automáticamente notará que realmente le
ayuda. Se dará cuenta que afronta los problemas con una mayor fuerza mental. Las
cargas más pesadas le serán fáciles de sobrellevar. Quedará maravillado al descubrir
dentro de sí una energía antes inexistente.

Amad a vuestros enemigos y orad por los que os persiguen


Mateo, 5:44.

Haga una lista de las personas que se han portado mal con usted incluyendo a
aquellas que no le inspiran, por la causa que sea, simpatía alguna. Luego rece por
todas y cada una de ellas, individualmente, y perdónelas de todo corazón. Pida al
Señor que les conceda toda clase de bendiciones. Dígale que se lo pide
sinceramente. Deseche el pensamiento de que, después de todo, su resentimiento
"está más que justificado"
Luego ponga sus cinco sentidos en hablar bien de sus "enemigos". Haga cuanto esté
en su mano por ayudarles. Esto, con el tiempo, derribará muchas barreras, pero
aunque no lo hiciera, usted se beneficiará grandemente de su nueva actitud.
Limpiará el canal a cuyo través la energía espiritual fluye dentro de usted.
Si alguno tiene sed, venga a mí y beba.
Juan, 7:37.

De vez en cuando sentimos, con más o menos fuerza, el


aguijón de determinados anhelos insatisfechos. Puede
parecernos que tenemos todo cuanto podamos desear, por lo
que, lógicamente, deberíamos sentirnos plenamente
satisfechos. Pero, sin embargo, en nuestro interior hay algo que
nos impide ser felices.
Cuando usted sienta esta vaga sensación de infelicidad, recite
varias veces este versículo. Al hacerlo, trate de imaginar más
palabras; su expresión supremamente bondadosa e inteligente.
Imagine que Él le da un vaso de agua fresca, símbolo de la
vida, la cual calma la sed de modo permanente. Convénzase de
que Él satisface todas y cada una de las necesidades de su alma. Dentro de usted,
insensiblemente, se alojará una sensación profundísima de paz.
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Mas en todas estas cosas vencemos por aquel que nos amó. Porque persuadido
estoy de que ni la muerte, ni la vida, ni los ángeles, ni los príncipes, ni lo presente,
ni lo venidero, ni las virtudes, ni la altura, ni la profundidad, ni ninguna criatura
podrá arrancarnos al amor de Dios en Cristo Jesús, nuestro Señor.
Romanos, 8:37-39.
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Estas palabras significan que, suceda lo que suceda,


nada podrá separarle del amor y protección de
Dios. El secreto consiste en convencernos, día a
día, de que Dios está con nosotros, y con Él, su
amor. Esfuércese por grabar esto en su mente, hasta
que se convierta en un hecho firme e inamovible.
Pero dando al olvido lo que ya queda atrás, me lanzo en persecución de lo que
tengo delante.
Corro hacia la mesa, hacia el galardón de la soberana vocación de Dios en Cristo
Jesús. Filipenses, 3:13,14.

Toda persona, si desea gozar de buena salud mental y triunfar en la vida, debe
olvidar los fracasos y errores pretéritos y aprender a seguir adelante sin el lastre de
aquéllos.
El arte de olvidar es absolutamente necesario. Cada noche, antes de dormirse,
esfuércese en echar al olvido los errores y fracasos del día. Son cosa pasada. En
compañía de Dios, mire hacia el futuro.

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Lo que temo, eso me llega; y lo que me atemoriza, eso me atrapa.


Job, 3:25.

Este versículo encierra una advertencia muy seria. Si una persona durante cierto
tiempo, vive temiendo algo, nada tiene de extraño que el temor se convierta en
realidad.
Por ejemplo, si usted piensa que va a fracasar, y
en su mente se alojan habitualmente
pensamientos de fracaso, creará la condición
mental necesaria para que el fracaso, en efecto,
se produzca. Los factores creadores y positivos
no caben en su mente, ya que ésta está ocupada
por pensamientos e ideas de signo totalmente
opuesto.
Por el contrario, si sus pensamientos son
positivos, en el interior de su mente se creará
una atmósfera propicia al éxito, a la salud y al bienestar.

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Mas a cuantos lo recibieron, dioles poder.
Juan, 1:12.

Usted puede poseer dentro de sí mismo toda la energía que pueda necesitar en el
curso de su vida.
El método para conseguir dicha energía es muy simple. Además, depende
únicamente de usted. Este texto proporciona la fórmula. Consiste en "recibir" a
Cristo. Cuando uno lo hace con sinceridad, recibe a cambio, torrentes de energía.
¿Cómo recibir a Cristo? Nada más sencillo. Decida
que lo quiere y dígaselo de todo corazón. Luego,
empezando hoy mismo, procure vivir de un modo
que usted sepa que Él aprobaría.
La fórmula, en esencia, consiste en someterse a la
voluntad de Dios, actuando de acuerdo con sus
enseñanzas. Es la aceptación de una nueva forma de
pensar y de vivir. Sométase pues, a su voluntad; no
un solo día, sino todos, y su energía espiritual crecerá en razón directa con ese
sometimiento.

Esfuérzate, pues, y ten valor; nada te asuste, nada temas, porque el Señor, tu Dios,
irá contigo adondequiera que tú vayas.
Josué, 1:9.

He aquí un estimulante mental de gran potencia, el cual si es recibido y retenido en


la mente consciente, proporciona el valor necesario para vencer cualquier dificultad.
Nada debe temer. En cierto modo, es lógico que usted dude del poder de unas
simples palabras, pero no caiga en el error de minimizar la fuerza creadora de una
idea activa. Un concepto mental tiene más voltaje que la electricidad; son las ideas
lo que hace cambiar las vacilaciones. Emerson dijo: "¡Cuidado con las ideas cuyo
tiempo ha llegado!"
Sólo en Dios aquiétate, alma mía, porque de Él viene lo que espero.
Salmos,
62:5.

Es un hecho comprobado que el hombre obtiene lo que realmente desea. Si usted


piensa habitualmente que las cosas irán de mal en peor, no lo dude, las cosas
empeorarán. Su mente, su persona toda, esperan sólo la llegada del infortunio.
Si, por el contrario, usted desarrolla y mantiene una actitud de fe y esperanza, creará
las condiciones apropiadas para que le suceda lo mejor. Llene su mente con la
energía positiva de la esperanza espiritual y Dios y su buena voluntad acudirán en su
ayuda.

Sino que os transforméis por la renovación de la mente. Romanos, 12:2.

Las personas a menudo labran su propia desgracia, y ello debido a la forma


totalmente negativa, que tienen de enfocar las cosas. Discipline su mente, cambie la
dirección de sus pensamientos y vivirá más feliz.
Limpie su mente. Para conseguirlo, imagine
que está echando fuera de su cerebro los
pensamientos negativos, los temores, los
sentimientos de inferioridad. Imagine también
que su mente ha quedado vacía por completo.
Luego vuelva a llenarla, pero con
pensamientos de Dios y de Cristo,
pensamientos bellos, sanos y positivos.
Practique el nuevo hábito dos veces al día, por
la mañana y por la noche, para contrarrestar la
vieja y perniciosa costumbre de permitir que la mente fuera ocupada por
pensamientos destructivos. A su debido tiempo, los pensamientos negativos dejarán
de sentirse a gusto en su mente, y los pensamientos felices le transformarán.
Sé muy bien contentarme con lo que tengo. Filipenses, 4:11.

Tal vez no esté usted satisfecho con su situación actual. Quizá se sienta insatisfecho
y desmoralizado. Ponga el asunto en manos de Dios. Si Él quiere que su situación
cambie, no se preocupe, cambiará, en el supuesto de usted sepa aceptar de buen
grado su voluntad.
Pero quizás Él desee que todo siga igual que hasta
ahora. En ese caso, le ayudará a amoldarse a la
situación. Hará que usted se sienta satisfecho,
agradecido incluso, por las condiciones en que se
desenvuelve su existencia. Aprenda el arte de sacar el
máximo partido de lo que posee, de lo que es, en
cualquier circunstancia.
Cuando usted aprenda esto, entonces y sólo entonces
sabrá cómo sacar el máximo provecho de sus cualidades, para mejor amoldarse a su
vida actual, o bien para mejorar su situación.

Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá. Mateo, 7:7

Ésta es una de las técnicas de oración más prácticas. Da unos resultados


maravillosos. Si nuestras plegarias no son escuchadas es porque pedimos, pero no
esperamos realmente recibir. Sabemos pedir, pero no sabemos recibir.
Esta fórmula espiritual nos dice que pidamos y que, inmediatamente, creamos que
estamos ya recibiendo. Por ejemplo, para librarnos del temor, pidamos la ayuda de
Dios. Luego creamos inmediatamente que ya nos la ha prestado. En el mismo
instante en que pedimos al Señor que nos ayude, si se lo pedimos de corazón, si
creemos que escucha nuestro ruego, Él nos ayuda.
Él es poderoso para hacer que tengamos más de lo que pedimos o pensamos, en
virtud del poder que actúa en nosotros. Efesios,
3:20.

Aquello de que hay cosas demasiado bonitas para ser ciertas es falso. Sus esperanzas
más caras pueden convertirse en realidad. Sus sueños más maravillosos pueden
materializarse. Usted puede lograr todo cuanto realmente necesite. Una fuerza
maravillosa trabaja para usted.
Si su vida es miserable y sin sentido, decida
cambiarla desde hoy mismo. Confíe en que
ocurrirán grandes cosas. Reciba con confianza las
abundantes bendiciones divinas. No piense en la
escasez. Por el contrario, piense en la abundancia,
en la prosperidad, en lo mejor de todo. Dios quiere
darle a usted, hijo suyo, todas las cosas buenas. No
obstaculice su generosidad.

Dadme oídos y venid a mí; escuchadme y vivirá vuestra alma. Isaías, 55:3.

Mucha gente vive superficialmente. Se pierden lo mejor de la existencia. Miran,


pero no ven. Y la razón de ello está en que en realidad no se fijan.
Lo mismo puede decirse de lo que oyen. Escuchan sólo con el oído externo. Por
ejemplo, la gente va a la iglesia, pero el Evangelio no pasa, en muchos casos, de su
mente consciente. Ello se debe a que la gente no escucha con todas sus facultades.
No se sumergen por completo en las benéficas aguas de la Escritura.
Pero cuando uno inclina su oído y escucha atentamente, como si en ello le fuera la
vida, haciendo que cada palabra penetre profundamente en su espíritu, entonces el
mensaje se convierte en un bálsamo milagroso. Los gérmenes portadores de
enfermedades espirituales son totalmente eliminados, y la persona vive con una
salud y una energía hasta entonces desconocidos.
El que pone atención a la palabra hallará el bien, y quien confía en el Señor es
bienaventurado.
Proverbios, 16:20

Para triunfar es preciso evitar la ineptitud, la tendencia a hacer


las cosas mal. Es necesario adquirir la habilidad y la destreza
que permiten hacer las cosas bien.
Si las cosas salen mal, no es el destino el culpable. Es más que
probable que la culpa sea de usted, sólo de usted.
En tal caso, lo que usted necesita es habilidad. Si deja que este
texto pase a su mente subconsciente, no dude que le
proporcionará la destreza precisa, de forma gradual, pero
constante.

Dios es nuestro amparo y nuestra fortaleza, una ayuda muy asequible en las
tribulaciones.
Salmos, 46:1.

Cuando la adversidad y las dificultades se ceban en usted, lo único que desea es,
muy seguramente, consuelo y protección, además de
fortaleza para permanecer firme y vencerlas.
El consuelo y la protección, así como la fortaleza, están a su
alcance. Este texto puede proporcionarle las tres cosas.
Recuerde con frecuencia que Dios está con usted, que Él
nunca le defraudará, que puede contar con Él. Diga: "Dios
está conmigo, ayudándome."
Esto le dará una sensación de bienestar. En su mente
florecerá una nueva esperanza, nuevas ideas. Se sentirá más
seguro de sí mismo, más fuerte. Se alzará por encima de las
dificultades.
Cuando tenga que resolver cualquier asunto difícil, antes que
nada, siéntese cómodamente, repita este texto media docena de veces, y ponga toda
su fe en él.
Tomad, pues, la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y,
vencido todo, os mantengáis firmes.
Efesios. 6:13.

Éste es uno de los mejores procedimientos para conservar la salud mental. Nos dice
que cuando hemos hecho todo cuanto está en nuestra mano para resolver un
problema determinado no tenemos que preocuparnos más, no debemos dejarnos
dominar por el pánico ni por la ansiedad, sino que, por el contrario, debemos adoptar
una actitud serena y; por así decirlo, filosófica.
Cuando usted ha hecho todo lo que ha podido, no trate de hacer todavía más.
limítese a "permanecer firme". Descanse, deje de pensar
en el asunto; ha hecho todo lo posible; los resultados
corren de cuenta de Dios.

Me gobiernas con tu consejo, y al fin me acogerás en tu


gloria.
Salmos, 73:24

Quizá tenga usted un problema aparentemente insoluble.


Haga que este versículo penetre en su mente; procure que
ésta se sature con estas sabias palabras de la escritura.
Verá como los resultados no se hacen esperar.
Le hará comprender que hay una solución para cada problema y que Dios piensa al
unísono con usted. Él le concederá la perspicacia necesaria para resolver las más
intrincadas cuestiones.
Si pone sus problemas en manos de Dios, pídale que le dé la solución correcta, crea
que Él lo hace así, y luego actúe. Su decisión, no lo ponga en duda, será acertada.
Que no nos ha dado Dios espíritu de temor, sino de fortaleza, de amor y de
templanza. II Timoteo, 1:7.

Este texto se basta para sanar todos los temores que puedan atormentarle. Primero
nos dice que el temor es vencido por la fortaleza. ¿Qué fortaleza? Existe sólo una
fuerza más poderosa que el temor, y ésta es la fe. Cuando en su mente entre el temor,
contrarréstelo por medio de la fe.
Segundo: el amor vence al temor. Amor significa conseguir una mente libre de
complejos, caprichos y obsesiones. Lleve constantemente a Dios dentro de su
espíritu y no habrá temor u obsesión que pueda prosperar.
Cuando le asalte el miedo, recite este versículo en voz alta varias veces; es el mejor
modo de vencerlo.

El reino de Dios está dentro de vosotros.


Lucas, 17:21.

Cuando la duda le asalte, cuando el sentimiento de inferioridad


le atormente, no abandone la lucha, no diga: "Es inútil, nada
puedo hacer". Puede hacer mucho. Cuenta con la inapreciable
ayuda de Dios.
El Señor ha puesto en su personalidad todo lo que usted
necesita. Lo único que debe hacer es confiar en sí mismo, y la
fuerza oculta que existe en su espíritu saldrá a la luz, dispuesta
a trabajar para usted.
Modifique el verso de San Lucas, como sigue: "La energía, la paz y el poder de Dios
están dentro de mí. Nada más necesito.
Si Dios está por nosotros, ¿quién contra nosotros?
Romanos, 8:31.

Imagine que sus dificultades son un ejército, un ejercito dirigido contra usted.
Luego, recuerde que cuenta con un aliado que puede derrotar rotundamente a su
enemigo. Cuando se enfrente con las fuerzas contrarias - desaliento, frustración,
desasosiego, hostilidad, debilidad -, hágase esta pregunta: "¿Qué es lo que debo
decir a estos enemigos?" La respuesta no puede ser más sencilla: "Si Dios está por
nosotros, ¿quién contra nosotros?".
Emplee un minuto en pensar que Dios está de su parte y diga las palabras siguientes:
"Dios está conmigo. Dios está de mi parte. Dios es más fuerte que todos mis
enemigos."
Seguidamente, imagine que el enemigo se retira, impotente para contender con el
poder de Dios.
Personalice el versículo: "Si Dios está por mí, ¿quién contra
mí?"

Confesaos mutuamente vuestras faltas y orad unos por otros


para que os salvéis. Mucho puede la oración fervorosa del
justo.
Santiago, 5:16.

Dios cura. Lo hace de dos maneras distintas: por medio de la


ciencia y a través de la fe.
En el proceso curativo, la confesión es importante, pues el mal, en buena parte, tiene
su origen en resentimientos y en complejos de culpabilidad. El hecho de confesarse
con un consejero competente disipa estos tóxicos, limpia la mente y el alma,
evitando así, que los pensamientos negativos sigan pasando al cuerpo. La oración
eficaz, es decir, la oración científica, es muy poderosa.
En esencia, todo se reduce a confesar las faltas, orar con el espíritu hermanado con
el de otra persona -prescindiendo de la distancia que nos separe de dicha persona-, y
creer fervientemente.
Yo he venido para que tengan vida, y la tengan abundante.
Juan, 10:10.

Muchas personas están faltas de energía. Su vitalidad es muy pequeña. Se debaten


en conflictos internos, los cuales disipan la mayor parte de sus energías. Son
perezozos y apáticos.
¿Cuál es el secreto de una vida pletórica de energía? Muy sencillo: Cristo. Se dice
que "en Él estaba la vida". Que su mente y su corazón estén llenos a rebosar de
Cristo. En compensación, usted obtendrá energía, vitalidad, exuberancia, gozo y
entusiasmo.
Repita cada día, cuantas más veces mejor, estas palabras: Cristo ha venido para que
yo tenga vida, y la tenga abundante.

Confía en el Señor de todo corazón; y no te apoyes sólo en tu prudencia.


Proverbios, 3:5.

Este versículo le ayudará a evitar el caer en crisis nerviosas. Y estimulará su


recuperación, si ha sufrido una.
Un famoso neurólogo, especialista en agotamientos nerviosos, a menudo "prescribe"
este versículo a sus pacientes. Lo escribe en una cartulina y ordena al enfermo que lo
lea repetidas veces, hasta conseguir gravar las palabras en su mente.
La frustración es una de las principales causas del agotamiento nervioso. Y el
antídoto es sin duda, la fe; no una fe rutinaria o forzada, sino guiada por Dios. Lo
que cura la frustración es la creencia de que Dios ayudará a obtener lo que deseamos
de corazón. Confíe plenamente en Dios y su futuro estará lleno de salud y felicidad.
Todo cuanto orando pidiereis, creed que lo recibiréis y se os dará.
Marcos, 11:24

Para que la oración sea provechosa es preciso emplear la afirmación y la


imaginación. Piense en algo agradable, alegre, positivo. Recuerde siempre que los
resultados de la oración están en relación con lo que usted piensa, no con lo que
dice. Si usted reza con el deseo de obtener algo positivo, pero sus pensamientos son
negativos, los resultados serán nulos, porque su corazón ha aceptado ya de antemano
la derrota.
Por consiguiente, practique la creencia de que en el mismo momento de rezar está
recibiendo ya la bendición divina; verá cómo, efectivamente, la recibe.

Renueva dentro de mí un espíritu recto. Saldos 51:10.

He aquí un fragmento de un versículo, que lo proporciona,


salud, felicidad y éxito. Puede mejorar su manera de ser, su
temperamento, su estado de ánimo y su disposición. Puede
renovar en usted el equilibrio perdido, el control del espíritu.
Puede devolverle el sosiego interior. Desde hoy, repita muchas
veces, sin dejar un solo día, las palabras, "Renueva dentro de mí
un espíritu recto".

Lo que es imposible a los hombres, es posible para Dios. Lucas, 18:27.

Este texto enseña cómo realizar una cosa "imposible". Estudie su problema, rece
para que se resuelva, haga cuanto esté en su mano para solucionarlo. Si parece
insoluble, no se dé por vencido; dígase a sí mismo que "lo que es imposible a los
hombres, es posible para Dios".
Relaje el cuerpo. No se atormente. No se desmoralice. Nunca piense: "no puedo
hacerlo". Por el contrario, diga: "puedo hacerlo, lo estoy haciendo, porque a través
de mí, es Dios quien lo hace". Convénzase interiormente de que el problema se está
resolviendo ya. El resultado final quizá no se ajuste absolutamente a lo deseado. No
obstante, si procede de acuerdo con lo indicado, la solución será la que Dios quiere
que sea.
La paz os dejo, mi paz os doy; como el mundo la da os la doy yo. No se turbe
vuestro corazón ni se intimide.
Juan, 14:27.
Sin un profundo estado interno de quietud y sosiego, uno se convierte en víctima de
tensiones, preocupaciones y enfermedades. Una canción, una puesta de sol, la luz de
la luna y las olas del mar muriendo sobre la arena de la playa, por ejemplo, ejercen
sobre la salud efectos balsámicos. No obstante, carecen de poder para adentrarse en
las interioridades del alma.
La consecución del sosiego curativo requiere una
terapia muy profunda. La
repetición habitual de este texto
infundirá, con el tiempo, a su
personalidad una paz y un sosiego
completos y duraderos.
Cuando la tensión y la inquietud le
atormenten, siéntese cómodamente y deje que
estas palabras llenen de un extremo a otro sus pensamientos. Imagine que, como un
bálsamo, se esparcen por todos los rincones de su mente.