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De amnistías e indultos.

El resguardo de la democracia:

Ley de punto final y obediencia debida.

Introducción

“Ustedes conocen nuestra preocupación de siempre. Habíamos dicho ya en la campaña electoral que había tres niveles de responsabilidad: los de quienes adoptaron la decisión de tomar la decisión que se tomo para combatir el terrorismo subversivo; la de los que cumplieron órdenes y la de los que excedieron en el cumplimiento de esas órdenes. (…) Aquí no hay impunidad, no hay impunidad para la tortura aquí se ha discernido quien es el responsable de la tortura. Nos hubiera gustado haber tenido mas tranquilidad y tiempo para que fuera la justicia la que discerniera. En definitiva lo que pienso es que la ley anticipa lo que hubiera sido un tratamiento más o menos similar de la justicia. Lo otro hubiera sido mejor, pero hay esta ética de la responsabilidad que nos obliga a hacer lo que yo interpreto quiere la sociedad” 1

De ésta manera el presidente Raúl Alfonsín daba a conocer una de las leyes mas controvertidas de la Historia Argentina con ella se intentaba dar fin a un problema que había llevado consigo el gobierno de éste presidente y que lo había llevado al borde del colapso democrático cuando, en la semana santa de 1987, grupos guerrilleros del ejercito intentaron tomar el control del gobierno. El gobierno de Alfonsín había asumido el compromiso, destinado a permitir que la sociedad argentina saliera de una vez por todas del calabozo en la que la había encerrada por la guerra civil desatada a partir de 1976, de juzgar a las cabezas de ambas facciones y, especialmente, discriminar niveles de responsabilidad a fin de permitir el saneamiento y la continuidad de la institución militar. En estos términos no podía operar una amnistía. La amnistía ante todo no tiene que ver con la justicia, sino como su etimología lo indica, marca un olvido, tanto de las injusticias pasadas y sufridas, como de someterlas a la justicia presente y futura. Tampoco la amnistía tiene que ver con el perdón o la reconciliación en términos morales o religiosos. La amnistía opera como un olvido en favor de sus beneficiarios, de las acciones criminales que podría intentar contra ellos las victimas de sus actos. Olvido no resulta necesariamente perdón; por ello la amnistía resulta ajena a los juicios de valor morales o religiosos. La amnistía afirma la necesidad de recuperar un valor propiamente político, a los efectos de un nuevo comienzo, con ventajas para la sociedad en su conjunto. La amnistía se dicta desde la razón de estado y, en puridad, es en este terreno donde puede juzgarse su validez y eficacia se promulga desde una situación excepcional

1 Mensaje del presidente de la Nación R. Alfonsín por red nacional de radio y televisión, el 8 de junio de 1987

(cambio de régimen, guerra civil, etc.) y resulta de la misma una excepción de normalidad, precisamente para permitir el ingreso a la regla y la norma comunes. Los efectos de la amnistía, desde los casos de los que han sufrido resultan inmorales e injustos. Solo se justifica por su capacidad de recrear una amistad política, crear un clima de gobernabilidad y superar la lucha fraccionaria. Por ello la posibilidad de implantarla esta en relación directa al prestigio o consenso del que goce el gobierno. En este sentido la Ley 22.294, llamada de auto amnistía, dictada durante el gobierno del gral. Bignone no podría ser considerada como una Amnistía por no reunir estas características; como tampoco podría ser considerada la dictada bajo el gobierno de Campora, luego de una tumultuaria liberación de presos cubierta por un indulto presidencial, que no produjo un equilibrio superador de la contienda sino que más bien la ahondo. Luís Maria Bandieri 2 considera que podríamos hablar de un amnistía para el caso de las llamadas “leyes del perdón”, sin embargo, a la luz de los acontecimientos acaecidos en los últimos años y la declaración de inconstitucionalidad de estas leyes deberíamos tomar ciertos resguardos para considerar a éstas como un caso de amnistía en la historia Argentina. Si nos atenemos a lo expuesto anteriormente podemos concluir que es un caso de amnistía en el que se intentan conciliar dos partes. Y ésta es la hipótesis del siguiente trabajo frente a las presiones ejercidas en el gobierno de Alfonsín sobre todo por los sectores militares, el entonces presidente de la Nación decidió en una jugada riesgosa pero estratégica salvaguardar la incipiente e inestable democracia otorgando algunas concesiones. En este sentido se puede decir que Alfonsín prefirió el resguardo de la democracia al desarrollo de una guerra civil de la cual en pueblo ya estaba cansado. No queremos con esto hacer apología de la impunidad que representan estas leyes que sumieron a la Argentina en un cinismo sin precedente. Por el contrario se pretende en el siguiente trabajo reivindicar la posición del entonces presidente de la nación que frente a la presión ejercida por las fuerzas armadas, y pese a contar con el apoyo popular, opto por una salida diplomática, por una amnistía (si se nos permite el termino), a fin de evitar que la nación vuelva a caer en una nueva guerra civil. Reivindicamos al mismo tiempo los últimos acontecimientos históricos que declaran la inconstitucionalidad de las mal llamadas “leyes del perdón”, pero

2 Bandieri, L. M. “Desenrollando el turbante”,1994

creemos que el hombre es esclavo de su tiempo y ese tiempo, el de Alfonsín, el de la “democracia” no era el momento histórico adecuado para profundizar el procesamiento de la cúpula militar.

El resguardo de la democracia:

La Ley de punto final y Obediencia debida

Como pocas veces, el pueblo argentino vivió momentos de alegría y euforia por la reconquista de la democracia. Todos los argentinos democráticos creyeron, al ver caer la dictadura, que en la Argentina se iba a iniciar la verdadera democracia que el país nunca tuvo pese a lo que establecía la constitución. Después del totalitarismo más cruel, comenzar desde cero y fundar una democracia que por lo menos en grandes líneas defendiera las libertades públicas y los derechos constitucionales.

Durante los primeros años el gobierno de Alfonsín se encontró por un lado amenazado por el persistente pasado autoritario y, por otro, animado por las demandas de la participación y por la imperiosa necesidad de consolidar la democracia. De tal manera, al asegurar los derechos civiles y garantizar la libertad política a través de instituciones publicas, se abrió un periodo de lucha (de corta duración) por la ampliación de la participación política. La decisión tomada en los comienzos del gobierno de Alfonsín de proceder al juzgamiento de las cúpulas guerrilleras y contrainsurgentes se había desarrollado con muy distinta velocidad, producto de la aplicación de dos sistemas procesales diferentes. La guerrilla consiguió imponer en la ideología de la media la noción de que la fuente y origen de toda violencia política en la Argentina debía buscarse exclusivamente en la represión del proceso. Después del fallo contra los miembros de la junta Militar era evidente que el correr a efectuar en la masa de oficiales y

suboficiales, respecto de aquellos pocos que debían continuar bajo investigación y los muchos que debían ser eximidos de ella solo podría resultar de la decisión política proveniente del ejecutivo o del legislativo, pero nunca de los jueces de, inhabilitados para tal tipo de lógica decisoria y comprometidos por el engranaje procesal a citar a juicio sin discriminación alguna. El 22 de abril de 1985, cumpliendo con le plan de gobierno anunciado, comenzó el juicio público a los integrantes de las tres primeras Juntas Militares, acusados de violaciones a los Derechos Humanos; según los Decretos 158/83 y 159/83. El juicio contó con el valioso aporte de la investigación realizada por la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP), presidida por Ernesto Sábato, cuyo informe fue entregado el 20 de septiembre de 1987 al Presidente de la Nación. Este hecho ahondó aún más el distanciamiento histórico de los militares con los gobiernos democráticos. La gravedad de los crímenes cometidos durante el "Proceso de Reorganización Nacional" y el reclamo popular de justicia, dejaban un estrecho margen al gobierno radical. Fue este escenario el que signo uno de los momentos políticamente más desestabilizadores del gobierno de Alfonsín. El informe titulado Nunca más fue una demoledora condena del proceso, de sus intentos de eludir su culpa y su auto amnistía. Más que un azar desafortunado de una guerra no convencional, como sostenían sus defensores, la destrucción y las matanzas habían sido el fruto de una política premeditada y, en muchos casos una fuente de ganancias personales, pues los hogares de los detenidos frecuentemente eran saqueados. A partir del juicio a los responsables de la represión se abrió una tensa relación entre el gobierno radical y las Fuerzas Armadas. La oleada de retiros forzados después de las reducciones de los gastos militares, en 1984, provocaron algunas quejas, pero el problema clave era la conducción de los procesos militares. Cuando los jefes de la primera junta fueron llevados a tribunales en 1985 bandas clandestinas organizaron una campaña de colación de bombas como protestas. 3 Cuando los juicios continuaron y se aprobaron sentencias FAMUS (Familias de Muertos por la Subversión) realizo mítines mensuales en homenaje a sus victimas. En julio los oradores de un mitin de oficiales, la mayoría de los cuales acababan de ser exonerados atacaron al gobierno por el acuerdo del Beagle y su fracaso en las negociaciones por las Islas Malvinas. Los oradores censuraron el “pacifismo

3 Informes de prensa, 5 de junio de 1985

irreflexivo” del gobierno el “delito de a su pías a la descomposición y desintegración (…) a favor de las ambiciones de un bando político” 4 . Se elevaron quejas sobre el presupuesto el ejército, a pesar de lo cual el mismo continuaba apoyando la republica. El mitin tenía todo el espíritu y gran parte de la retórica de los ataques nacionalistas autoritarios contra la democracia liberal de los años 20. Impávidos ante esta situación los tribunales y los jueces siguieron adelante. En agosto de 1986 se levantaron contra Ramón Camps (ex jefe de la policía de la provincia de Bs. As.) 600 acusaciones de homicidio un tribunal civil lo declaro culpable y pronuncio una sentencia de 25 años de cárcel. La campaña para hacer justicia fue unilateral. A mediados de 1984 Mario Firmenich, líder de los montoneros, fue capturado en Brasil y posteriormente extraditado a Argentina. En 1986, José López Rega, buscado por corrupción y por conspiración terrorista a causa de su papel en la triple A, fue objeto de extradición desde Miami. Finalmente las presiones empezaron a hacerse sentir. A finales de octubre de 1986, el gobierno británico expulso a todos los barcos de pesca extranjeros de su zona de exclusión alrededor de la Islas Malvinas. Argentina respondió. Se aumentaron las patrullas aéreas y marítimas y se organizaron maniobras militares en la Patagonia, estas respuestas parecían destinadas a aplacar a los militares de línea dura. Pero en un mitin convocado por FAMUS a principios de diciembre de 1986 se escucharon grito de “¡Muera Alfonsín!” y “¡Camps es patria!” 5 . A fines de diciembre de 1986 el gobierno envió al congreso un proyecto de ley de “Punto final” que establecía un plazo caducidad para las denuncias formuladas en virtud de la ley 23.049, que regulaba los juicios a personal militar y de seguridad, y que permitía a los imputados invocar una justificación por cumplimiento de ordenes recibidas, salvo casos aberrantes y atroces. Teniendo en cuenta los feriados de fin de año y la feria judicial de enero, realmente había pocos días para poder procesar en término cualquier demanda. La ley fue aprobada con un gran debate y desgaste político, pero produjo el efecto contrario al esperado ya que, se suspendieron las ferias y las causas judiciales con personal militar o de seguridad se multiplicaron y antes del 23 de febrero, fecha en que vencía el plazo de la ley, quedaron procesados más de 300 altos oficiales militares aparte de los condenados o detenidos. Esta ley salía al cruce de las presiones militares con la finalidad de

4 La prensa, 3 de julio de 1986 5 Informes de prensa 1 de diciembre de 1986

evitar posibles rebeliones. El dispositivo, que limitaba la acción de la justicia, resulto sin embargo insuficiente para la voracidad de los cara pintada, el sector del ejército que se alzo en armas para Semana Santa. Durante los dos primeros meses de 1987, nuevas acusaciones de torturas y asesinatos masivos inundaron los tribunales. La corte suprema anuncio que el tribunal federal de Córdoba llevaría a cabo el procesamiento a Luciano Menéndez, por sus actividades como jefe del Tercer Ejercito de en la provincia a fines de la década de los 70. El 25 de enero de 1987, el ex general Carlos Suárez Masón, fue hallado en California y se iniciaron los trámites para su extradición. El 23 de febrero, el tribunal decidió seguir adelante con más de 200 casos. La ley de punto final fue una concesión a los militares, pero la oleada de nuevos casos paralizo la determinación militar de resistir. El 21 de enero de 1987 el Consejo supremo de las fuerzas armadas se negó efectuar audiencias relativas a ex jefes navales que habían prestado servicio en la ESMA. El gobierno hizo caso omiso de la amenaza y ordeno a los tribunales que continuasen sus preparativos. A principios de febrero se informo de una seria agitación entre las fuerzas armadas, y un oficial de alto rango que estaba sometido a juicio en Córdoba ataco “al régimen absolutamente marxista que ha ocupado la patria” 6 . Semanas más tarde, se lanzo una bomba contra un testigo que se había presentado ante la CONADEP en 1984. En marzo hobo un breve descanso con los preparativos y la llegada del papa Juan Pablo II. Sin embargo el 16 de Abril, en Córdoba, el entonces mayor Ernesto Barreiro, que debía presentarse ante tribunales, se convirtió en prófugo de la justicia y busco refugio en un regimiento local de paracaidistas. En tanto en la guarnición de Campo de Mayo, en Buenos Aires, el Teniente Coronel Aldo Rico reunió a un centenar de oficiales en una rebelión, un grupo de tropas leales rodeo rápidamente a las tropas insurrectas pero Aldo Rico, un militar altamente condecorado durante la guerra de las Malvinas, se negó a rendirse y los leales parecieron renuentes a atacar. Cuando empezaron a estallar protestas civiles, Alfonsín, visito a los insurrectos y los convenció de deponer las armas. Este levantamiento, encabezado por el teniente coronel Aldo Rico, que mantuvo al país en vilo durante cuatro días, termino con la sospecha de negociación entre el presidente y los amotinados en Campo de Mayo. Horas mas tarde desde lo balcones de la casa rosada Raúl Alfonsín anunciaba ante una multitud, que todavía

6 La Nación, 13 de Febrero de 1987. Informes de prensa, 11 de febrero de 1987

le era fiel, “La casa esta en orden. No habrá mas sangre en la Argentina… Felices pascuas” 7 frase celebre que en la percepción de la sociedad había sonado mas a una claudicación que a la entrega incondicional de los insurrectos. La decepción de la ciudadanía era inevitable, y el estado democrático mostraba sus límites en la resolución de los derechos humanos. Una caricatura de la época representaba el sin sabor y la decepción de la ciudadanía de la siguiente manera:

le era fiel, “La casa esta en orden. No habrá mas sangre en la Argentina… Felices

La brecha que se había abierto con el discurso de Alfonsín el día de pascua era demasiado grande y el descrédito de la sociedad hundiría sus raíces en una profunda decepción política. Fabián Echegaray y Ezequiel Raimondo reconstruyen esta decepción política en su libro “Desencanto político, transición y democracia” (1987), en el afirman:

7 Los Ángeles Times, 20 de Abril de 1987; En: Rock, David; “Argentina 1516-1987”; Alianza. S/L; S/F

…” Sobre el término e 1982, un 91% de la población apoyaba el retorno a un régimen democrático estable, aunque un 30% descrema que llegara a concretarse, y un 19% creía en las posibilidades de un nuevo golpe militar. En Noviembre de 1985, el acuerdo sobre las posibilidades de un nuevo golpe llegaba al 36.6% de la población, mientras que hacia abril de 1986 un 11 % de la ciudadanía afirmaba que se estaba mejor con los militares porcentaje que un mes mas tarde, sobre el inicio de junio, trepaba al 16%.”… 8

Este proceso tiene su doble causa en la grabe crisis económica que se desataba en el país, por un lado, y la profunda decepción política que lleva consigo el gobierno de Alfonsín a medida que avanza sobre las concesiones militares, esta decepción, que seguirá ahondándose, acabara no solo con la encanto político que había traído consigo el retorno a la democracia, sino también con la popularidad del gobierno radical. En el año 1987, Firmenich, que había sido traído desde Brasil, fue condenado por la cámara Federal de San Martín y se obtuvo la extradición de López Rega, pero no se logró recrear de este modo la sensación de equilibrio. El objetivo de persecución penal, a los ojos de la opinión publica, se había concentrado en la extensión de los procesos militares; estos, por su parte, sintiéndose acorralados, organizaban una resistencia. El escenario estaba preparado una Argentina catastrófica. Los posibles escapes a esta situación eran: A) Una ley de amnistía que, por no permitir este instituto distinciones personales, había de favorecer necesariamente a los ex comandantes condenados; B) Un indulto presidencial a los oficiales no involucrados en actos aberrantes o atroces; C) o bien una ley de obediencia debida donde se fijara claramente el sentido y alcance de esta causa de justificación, para clausurar los juicios. La primera vía habría producido desaliento al volverse atrás sobre lo actuado y colocarse otra vez en los términos de guerra intestina del conflicto inicial, desacreditándose al mismo tiempo el gobierno a favor del exacerbamiento de los grupos guerrilleros. La segunda vía, la del indulto, se expresa en un discurso de Alfonsín sobre el tema:

“Antes, pues, que la cuestión, militar

produzco lo erosión de este ensayo republicano cuya

llegada a buen fin la

inmenso mayoría desea, corresponde una decisión del poder político

tomada en visto de ‘a salud pública.

Es obvio que eso decisión debe ser el indulto de los

8 Echegaray, Fabián y Raimondo, Ezequiel; “Desencanto político, transición y democracia” , Bs. As., CEAL; 1987

oficiales afectados, salvo de aquellos que se considere por razones muy graves y bien sopesadas que deben continuar baja investigación judicial. El indulto es un perdón particular que el presidente, según lo Constitución, puede otorgar aún en el caso de que no haya sentencia judicial. Acto ni judicial ni administrativo pertenece o la esfera discrecional del jefe de Estado, fue precisamente Yrigoyen quien indulté en el curso de un proceso, y el entonces procurador de la Corte, José Nicolás Matienzo, quien fundamentó la constitucionalidad de lo medida, la agitación militar, con la aplicación de esa medido, disminuiría; el presidente habría redondeado su planteo preelectoral; las responsables de la decisión contraterrorismo, los ex comandantes, i orlan o, continuarían cumpliendo sus condenas y los procesos a los terroristas seguirían sustanciándose: Cierto que no todo serian rosas, que lo fronda de la izquierda seguida provocando al gobierno, como ya lo hace; y hasta de los propios beneficiarios surgirían críticas, pero el viejo Maquiavelo decía en su tiempo que cuando se trata de evitar un inconveniente se cae en otro, siendo lo prudencia del gobernante saber conocer lo calidad de los inconvenientes y adaptar como bueno el menos malo.”

Los justicialistas propiciaban la vía del indulto, pero no para componer el conflicto, sino para que el gobierno asumiera a su exclusivo cargo el costo político de la medida. Siguiendo una vidriosa tradición, nuestros opositores son por definición cortos de vista, sin comprender que los problemas que agravan luego los tendrán que afrontar ellos, recibiendo entonces el trato de los ayer oficialistas (Al tiempo de los indultos dispuestos por Menem los justicialistas comprobarían esta teoría). En medio de estas sediciones se produce la sedición “carapintada” de semana santa, en abril de 1987. La ideología que nos rige sostiene que Alfonsín traiciono al pueblo argentino reunido en la plaza de mayo y en Campo de mayo, deseándole felices pascuas con la casa en orden, y esta fue, como ya lo anticipamos, la impresión popular. Sin embargo Alfonsín condujo correctamente la carga del Estado, mientras caminaba por la cornisa. A partir de esa negociación con los rebeldes, y fuera de algunas turbulencias posteriores, el contrapoder que pretendían erigir estos últimos mohicanos se fue agotando, con los sobresaltos de Monte Caseros en Enero de 1988 y del alzamiento de Seineldin en diciembre de 1990 hasta desaparecer. La otra posibilidad, la pueblada contra hombres aislados y acorralados hubiera hundido la republica incipiente en un zanjón de muerte y sangre.

En los primeros días de junio de 1987, dos meses después de la rebelión militar, se aprobó la ley que delimitaba la obediencia debida, sobre la base de dos fuertes considerados: 1) La presunción de pleno derecho, sin admitir prueba en contrario, de lo que los oficiales jefes, oficiales subalternos y suboficiales de las

Fuerzas Armadas y de seguridad no eran punibles por los delitos cometidos en la lucha contra el terrorismo por haber obrado en virtud de la obediencia debida, 2) La misma presunción de aplico a los oficiales superiores que no hubieran revistado como comandantes en jefe, jefe en zona, jefe de subsana o jefe de fuerzas de seguridad, salvo que en el plazo de treinta días de promulgada la ley se resuelva judicialmente que tuvieron capacidad decisoria o que participaron en la elaboración de las ordenes. Como se menciono en el párrafo anterior, en 1987 se dicto la ley de obediencia debida, que estableció una presunción absoluta a favor de oficiales superiores que no hubieran revistado como jefes de zonas o subzonas, de oficiales jefes, subordinados, suboficiales y tropa de fuerzas armadas, de seguridad y penitenciaria, en el sentido en el que habían actuado bajo ordenes de superiores, cubriéndolos ante la persecución penal esa causa de justificación de su conducta. Fue calificada como amnistía encubierta e inclusive un ministro de la corte, el doctor Petrachi, al plantearse su inconstitucionalidad voto a su favor con el argumento de que se trataba de una amnistía, y por lo tanto dictarla estaba dentro de la esfera de las atribuciones de un congreso. Si la oposición hubiera tenido alguna dimensión de grandeza en esta cuestión, podría haber apoyado los indultos, que eran la única vía para salir el arroyadero. Ante su dimensión, solo quedo la vía imperfecta de la ley tal cual fuera sancionada. El teniente corone Aldo Rico, a causa de los hechos de Semana Santa, estuvo detenido en Campo de Mayo hasta el 30 de diciembre de 1987 y a partir de esa fecha paso a cumplir arresto domiciliario. Ante una nueva decisión judicial que disponía la presión más rigurosa para Rico, este se dio a la fuga reapareciendo días mas tarde, liderando nuevamente otra insurrección militar. Aunque esta vez también tuvieron algunas adhesiones, no lograron ostentar una posición de fuerza como en 1987. Después de la sanción de la Ley de Obediencia debida había retornado la tranquilidad a los cuarteles y la mayoría de los cuadros no justificaba la acción emprendida por el denominado grupo Rico. A diferencia de Semana Santa, esta vez el jefe del Estado Mayor hizo valer su autoridad y organizo el comando represivo, que convergió rápidamente sobre la unidad militar sublevada, logrando su rendición. Las conclusiones que pueden extraerse de estos hechos difieren según la óptica el análisis, aunque para la

mayoría las instituciones democráticas han salido fortalecida de la crisis. En la opinión del ministro Jaunarena de los hechos:

…“La defensa del orden constitucional por el Ejercito marco el reencuentro de entre las Fuerzas Armadas y los civiles, después de tantos años de inestabilidad constitucional.”… 9

En

enero

de

1989

Carlos

Menem,

en

ejercicio de sus facultades

presidenciales, indulto a los ex comandantes y a los integrantes de la cúpula guerrillera, algunos de ellos cumpliendo condena, como en el caso de M. Firmenich. Parecía cerrarse así por lo menos en su faz pública, el interludio rojo de la guerra civil, con su secuela de muertes, desapariciones, hijos arrebatados, destrucción y regodeo en la violencia. Sin embargo tanto las leyes de punto final como la de obediencia debida como el indulto de 1989, dejaron una sensación pública de descontento. El 1 de octubre de 2001 se declara en Buenos Aires la sentencia que declara la inconstitucionalidad y nulidad de las leyes de punto final y obediencia debida, en ella se establecía:

…“I) DECLARAR LA INCONSTITUCIONALIDAD Y LA NULIDAD INSANABLE del artículo 1 de la ley 23.492 y 1, 3 y 4 de la ley 23.521 ( artículo 29 de la Constitución Nacional y 166 y 167 del Código Procesal Penal de la Nación.) II) A todo evento DECLARAR INVALIDOS el artículo 1° de la ley 23.492 y los artículos 1, 3, y 4 de a ley 23.521 por ser incompatible con la Convención Americana de Derechos Humanos ( arts.1, 2, 8, y 25), con la Declaración Americana de Derechos Humanos ( art. 18), y con el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos ( arts 2 y 9). (art 18 de la Convención de Viena sobre Derecho de los Tratados)”… 10

Esta resolución incluía además el procesamiento a casi diez ex militares involucrados en casos de violación a los derechos humanos, entre los que se encontraban: EMILIO EDUARDO MASSERA, JORGE ENRIQUE PERREN, ALDO ROBERTO MAVER, FRANCIES WHAMOND, JORGE EDUARDO ACOSTA, JORGE CARLOS RADICE y JUAN CARLOS ROLÓN.

El 16 de junio de 2005 la Corte Suprema de la nación declaró inconstitucionales las leyes de Punto Final y Obediencia Debida. El Tribunal consideró que las leyes del perdón son inconstitucionales porque violan tratados internacionales sobre derechos humanos e impiden el esclarecimiento y el castigo a los autores de crímenes de lesa humanidad. La sentencia resolvió:

9 Ceresole, Crisis militar argentina, 1988. p 42-43 10 Sentencia que declara la inconstitucionalidad de la Ley de punto final y obediencia debida, 1 de junio de 2001

…"Declarar, a todo evento, de ningún efecto las leyes 23.492 y 23.521 y a cualquier acto fundado en ellas que pueda oponerse al avance de los procesos que se instruyan, o al juzgamiento y eventual condena de los responsables, u obstaculizar en forma alguna las investigaciones llevadas a cabo por los canales procedentes y en el ámbito de sus respectivas competencias, por temas de lesa humanidad cometidos en el territorio de la Nación". Por eso, a partir del fallo dictado ayer, la situación legal se retrotrae a la existente en 1986, cuando se sancionó la ley de punto final, 23.492, y en 1987, año en que se sancionó la ley de obediencia debida, 23.521.”… 11

Se cierra así un controvertido y conflictivo periodo de la Historia Argentina, en el que se critica las desiciones del entonces presidente, en el que se lo tilda de impunidad y de inconciencia. Una vez mas reivindicamos las resoluciones y leyes que declaran la inconstitucionalidad de las “leyes del perdón”, sin embargo entendemos que fueron necesario mas de 25 años para que el procesamiento y el juzgamiento de los culpables pueda producirse si que la democracia corra riesgo. Helmut Quaritsch, sesgado sobre nuestra perspectiva nacional del asunto, realiza un estudio de los ejemplos clásicos de amnistía en la historia, arrancando con la ateniense luego de la caída de los Treinta (403 a.C.), auspiciada por Pausanias II, rey espartano; la establecida en Francia en 1598 por Enrique IV, que pone fin la guerra a muerte entre los hugonotes y el catolicismo de la Santa Liga; la dictada por Carlos II Estuardo en Inglaterra, el año 1660, para finiquitar la guerra civil que estallara bajo su abuelo Jacobo I y costara la cabeza a su padre, Carlos I; finalmente, la promulgada en Francia por Luís XVIII luego de la caída de Napoleón y del “terror blanco”. Las amnistías —como los indultos—, señala este autor, no se miden con la vara de lo justo ni obedecen a la necesidad del perdón; resultan una forma excepcional de ejercicio de la razón de Estado, con el solo objetivo de obtener aceleradamente la concordia luego de una gran tribulación política. Con la amnistía, el vencido no desaparece, evitándose su exterminio, y el vencedor deja de pensar solamente en el peligroso desquite que pudiera tomarse aquél queda con las manos libres; ambos bandos deponen la posibilidad de la venganza circular infinita. Amnistías e indultos, por cierto, no son un bálsamo, sino más bien un zurcido, y necesariamente dejan una secuela de injusticias y dramas irresueltos.

11 Sentencia de la Corte suprema de Justicia de la Nación, 16 de junio de 2005

Conclusión

En octubre de 1983, parecía que Argentina había entrado en una nueva era política y que los legados del militarismo y el peronismo estaban a punto de apaciguarse. Para comienzos de 1987, cuando los conflictos políticos se intensificaron y la economía en desorden esta tesis parecida muy prematura. A comienzos de 1987, la valentía personal de Alfonsín, su capacidad política y su fe democrática había llevado al país a la libertad que había destruido años de represión. Pero aun no había conducido a su pueblo a un nuevo futuro. Alfonsín supo imponer los intereses nacionales y democráticos por sobre los personales y en menor medida por sobre los del partido. ¿Cuál era la capacidad de esta incipiente democracia para juzgar a las fuerzas armadas? ¿Cómo juzgar a las Fuerzas Armadas sin poner en peligro la estabilidad del orden democrático? Sin duda, las respuestas estas preguntas era tarea de un arduo debate en el que no se podría llegar a una posición de consenso total. En ningún pías de América Latina la investigación llego tan lejos como lo hizo en la Argentina, aun cuando no se pudo mantener en pie la sentencia condenatoria de los culpables. Alfonsín no pudo subordinar completamente las Fuerzas Armadas a la democracia, mientras sus instituciones más importantes (parlamento y Partido) funcionaban con normalidad. En el plano militar un sector, el “carapintada“, se resistía y se indignaba frente a los requerimientos de saneamiento dirigidos desde el poder civil. Si consideramos las leyes de obediencia debida y punto final, a la luz del valor abstracto Justicia, el platillo caerá desde el lado de lo injusto. Si en cambio lo consideramos desde el punto de la concordia política, valor concreto debemos concluir que fueron eficaces para reconstruir aquella y poner fin al estado de guerra, aunque su metodología legal empleada no siempre fue clara ni se atrevió a llamar a las cosas por su nombre. El gobierno de Alfonsín ya había durado más que cualquier otro de sus predecesores civiles en los cuarenta años anteriores y aun tenía un fuerte apoyo civil. Pero como Frondizi, Illia y en cierta medida Juan e Isabel Perón Alfonsín tubo

que librar una batalla diaria para imponer una democracia liberal a sindicatos populistas y militares autoritarios. El modelo espacio publico participativo había entrado en crisis. La disminución del entusiasmo ciudadano le quito centralidad a la participación, mientras que la vida política se atenuó y los espacios institucionales mostraron sus límites. La autoridad presidencial, que había conferido al país una determinada estabilidad y seguridad como garante personal de la transición en el dificultoso recorrido hacia la democracia, se abandono en una cierta inercia peligrosa. Hacia 1987, el Estado democrático ya no pudo continuar como antes ofreciendo un espacio público de participación. Sin embargo, pese a que la percepción había cambiado Alfonsín había salvado la democracia y en esto no se asemejaba a ninguno de los lideres que había intentado imitar, con la creación de la tercera posición, ya que ni Yrigoyen ni Perón pudieron salvar a la Argentina de un periodo que abrió un gobierno radical en 1930 y cerro otro en 1983, un periodo oscuro y golpista, del cual fueron necesarios más de 50 años para superar y aun más 70 años para que se termine de cerrar la historia de una Argentina, marcada a fuego por el totalitarismo de una guerra civil, que se convertirá en una cicatriz cuyas heridas aun hoy sangran.

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