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¿ecedad o necesidad?

O sobre los necios y


las respuestas

Armando H. Toledo

1. Hace algún tiempo un chico me preguntó: “¿Tengo


siempre que contestar a mis compañeros que me hacen
preguntas que yo sé que son necias, a pesar de que la
Biblia dice en Proverbios 26:4: ‘no respondas al necio
según su necedad’?”
Esa fue una buena pregunta.
Deseo contestarla. Pero también antes voy a suponer que no es una pregunta necia,
sino bien sincera. Lo que sucede es que en la Facultad Cristiana de Filosofía y Apologética
nos hemos topado con cristianos que al rehusar entrenar su mente para dar respuestas a
quienes se las demandan1, justifican su actitud —a veces también necia— usando versos
bíblicos como este. Pero la Biblia no dice que no debemos responder nunca; solo dice que
no debemos responder con la misma actitud de necedad. De hecho, el verso siguiente nos
dice la manera en que sí debemos responder: “Como se merece…”, ¿para qué?: “…para que
no se tenga por sabio” (Proverbios 26:5).

2. Otra pregunta que nos hacen es esta: “¿Cómo le debo


contestar a un compañero que me dice: ‘la Biblia no
puede ser verdadera y confiable porque fue escrita por
personas pecadoras, como todos’?”
En ese caso no tenemos que contestar nada. Es decir, antes que nada debemos
verificar que la persona que nos cuestiona o plantea un problema intelectual sobre algún
aspecto de nuestra fe, está siendo sincera. Hemos encontrado que un buen número de los que
cuestionan las razones de nuestra fe, no lo hacen con un interés honesto. A menudo, la
persona que pregunta “¿cómo sabes que la Biblia es confiable?” realmente no está
expresando un interés por saber; más bien (y paradójicamente) está “afirmando con una
pregunta” que no se puede saber que la Biblia sea confiable.
Otro principio que usamos en la Facultad consiste en lo siguiente: ‘Antes de
contestar una pregunta, asegúrate de que esté bien planteada’. Lo que sucede es que hemos
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1° Pedro 3:15.
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encontrado que un buen número de los problemas que nos plantean los estudiantes y el
público en general, dejarían de ser problemas si solo hicieran bien las preguntas: A menudo,
al mostrarle a la gente las contradicciones implícitas en sus preguntas, desaparecen sus
problemas.
Por ejemplo, cuando alguien vuelva a afirmar algo semejante y deseemos ayudarle a
que se dé cuenta de su error, podemos decir algo como esto: “Si aceptas que eres pecador
‘como todos’ y el serlo te hace poco confiable, ¿cómo puedo confiar que tu afirmación de
que ‘la Biblia no es confiable’, sea confiable?”

3. Otra pregunta que nos hacen es la siguiente: “¿Cómo


puedo probarle a mi mejor amigo la existencia de
Dios?”
Esta también es una buena pregunta. Y me imagino que si es un buen amigo
habremos de querer que comparta con nosotros nuestra fe en Dios. Quisiéramos que creyera
en Dios, ¿No es así? Pero ahora pregunto: ¿Querrá nuestro amigo creer en Dios? A lo que
me refiero es que el creer en Dios (en su existencia, por supuesto) aparentemente es un
problema de suficiente cantidad de pruebas, pero no es así: No hay un número
suficientemente grande de pruebas que puedan convencer a alguien que de plano no quiere
creer. Como dijera el filosofo cristiano Blaise Pascal: “Dios nos ha dado pruebas
suficientemente claras para que quien quiera creer pueda hacerlo; y suficientemente
ambiguas para que quien no quiere creer no lo haga”.
Por otra parte, hay gente tan dispuesta a creer en la existencia de Dios (y a
obedecerle, que es realmente lo mas importante de todo), que con muy pocas pruebas es
capaz de desarrollar una fe y una obediencia muy fuertes. Por eso, y al contrario de lo que
muchos puedan pensar, “la creencia en la existencia es mas que un asunto de evidencia”.
Isaac Newton, quizá el científico mas inteligente que haya existido, dijo: “En ausencia de
toda evidencia, tan solo mi pulgar me sería suficiente para creer en la existencia de Dios”.

4. Una pregunta más que también nos plantean es:


“Si suponemos que Dios es el creador de todo lo
que hay, entonces ¿quién creó a Dios?”
Buen planteamiento. Para responder a esta pregunta, aplicaré el principio del que
hablaba más arriba: ‘Antes de contestar una pregunta, asegúrate de que esté bien planteada’.
Veamos: Cuando alguien pregunta que “quién” creó a Dios, está suponiendo que “alguien”
creó a Dios, ¿no es cierto?; sólo es cuestión de encontrar al responsable. Si ahora suponemos
que ese “Alguien” sí existe y lo llamamos “X”, la respuesta quedaría de la siguiente
manera: “X creó a Dios”. El problema ahora es que si “X” creó a Dios, entonces “Dios” ya
no importa mucho, pues habría sido creado por “X”. En ese sentido el verdadero Dios sería
“X”. La pregunta ahora es la siguiente: “¿Quién creó a X?”. Esta pregunta, como habrán
notado, es exactamente la misma que al principio. Sólo retrocedimos un paso pero no
resolvimos nada, y podríamos seguir retrocediendo ad infinitum sin solucionar el problema.

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Creo que la respuesta es la siguiente.
Supongamos ahora que el “Alguien” que habría “creado a Dios” no existe. La
conclusión toma ahora otra forma: “Nadie creó a Dios”. De ahí llegamos al más básico de
los atributos de Dios: Es el único Ser que existe sin la necesidad de deberle su existencia a
nada ni a nadie. Dios existe por si mismo. El no es un ser en el sentido en que lo es una cosa
creada; él es el Ser, la fuente misma de la existencia (Éxodo 3:14).

5. Por último, se nos pregunta: “¿Es verdad que los


cristianos ya no tienen dudas sobre su fe?”
Buena pregunta, pero debo decir que si es fe entonces no es duda. Fe es creer,
confiar. Dudar es exactamente lo contrario. Ser cristiano es creer o confiar en que ciertas
premisas básicas son absolutamente verdaderas. El cristiano no es necesariamente el que
sabe mucho sobre Cristo, sino el que cree (y por lo tanto obedece). Tal vez algún día nos
hemos topado o nos toparemos con gente incrédula que cuestione nuestra fe usando datos,
fechas, bibliografía y teorías excéntricas para hacernos dudar o, como se dice a veces,
“movernos el tapete”. Pero no debiéramos sentirnos avergonzados ni debiéramos querer
disculparnos porque hay planteamientos tan difíciles para nosotros que aún no podamos
contestar. Cuántas veces nos hemos topado con ciertos individuos ampliamente “ilustrados”
que cuestionan la historicidad de Jesús de Nazaret, la infalibilidad de las Escrituras, la
originalidad del Evangelio, etc., apelando a libros “difíciles de encontrar” en las bibliotecas
o librerías públicas. Pero si no se encuentran allí, es por que no cuentan con el rigor
científico que la misma comunidad científica exige de alguna obra que ha de ser tomada con
seriedad objetiva.
El verdadero problema es que estos pseudointelectuales hacen todo lo posible por
desacreditar una fe que no conocen, un evangelio que no han leído y una salvación que no
han experimentado. Ellos ‘hablan de lo que no conocen, pero nosotros adoramos lo que
conocemos’ (Juan 4:22). Ellos, “proclamando ser sabios se hicieron necios” (Romanos 1:18-
23). Ellos “ignoran voluntariamente” (2ª Pedro 3:5) la Verdad para construir y creer su
verdad. Son “atrevidos y arrogantes que no tiene reparo en insultar a los seres celestiales
[...] blasfeman en asuntos que no entienden [y...] seducen a las personas inconstantes [...]
Pronunciando discursos arrogantes y sin sentido, seducen con los instintos naturales
desenfrenados a quienes apenas comienzan a apartarse de los que viven en el error” (2ª
Pedro 2:10ss).
Pero nosotros, cuando nos encontremos con personas necias que nos “suelten el
rollo”, recordemos que sólo lo hacen para distraernos de lo que es verdadero y básico: el
Evangelio del Señor Jesucristo. Por lo demás, como ustedes se habrán dado cuenta por el
contenido de estos ensayos, nuestras investigaciones están dirigidas al desarrollo de la
inteligencia cristiana para que crezcan en la comprensión de aquello que han creído, que
aumenten sus convicciones, y sepan por qué creen lo que creen. Como dicen por ahí: “Si no
sabes por qué crees lo que crees, lo más probable es que no lo creíste sino que te la creíste”.
Es decir que una cosa es buscar las razones para tener esperanza (para creer), y otra es
buscar las razones de la esperanza que ya tenemos (2ª Pedro 3:15).

“Por una fe inteligente...”


® 2004 by The UCLi International Ministries
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