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Carmelina Soto Valencia (Armenia, 1916-1994)

Carmelina Soto (Octubre 11 de 1979)

Bibliografía de Carmelina Soto

(1941). Campanas del alba. Armenia: Tipografía Vigig.


(1953). Octubre, 1942-1952. Bogotá: Antares.
(1974). Tiempo inmóvil: Selección Poética. Bogotá: Tercer Mundo.
(1983). Tiempo inmóvil: Selección Poética. 2ª edición. Armenia: Editorial
Quingráficas.
(1983). Un centauro llamado Bolívar. Armenia: Editorial Quingráficas.
(1997). Canción para iniciar un olvido. Selección: Martha Inés Palacio Jaramillo,
Darío Jaramillo Agudelo. Bogotá: Fiducafé.

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Índice

Presentación ……………………………………….. 5

Carmelina Soto, en tránsito.


Luis Fernando Suárez Arango …………………… 7
Apuntes al manuscrito La Casa entre la Niebla,
de Carmelina Soto. Carlos A. Castrillón ………… 25

La Casa entre la Niebla, Carmelina Soto Valencia …… 43


La llama ...................................................................... 45
La sombra .................................................................. 47
Lo efímero .................................................................. 49
Bandera ....................................................................... 51
La chispa ..................................................................... 53
La mano ...................................................................... 55
Por las selvas de América ........................................... 57
Rostros negros ............................................................ 59
La casa entre la niebla ................................................61
El vaso..........................................................................63
El adiós ....................................................................... 65
El cenicero ................................................................. 67
Llama y sombra .......................................................... 69
Espejismos .................................................................. 71
Aroma ..........................................................................73
La casa iluminada ................................................. 75
Habitación íntima ...................................................... 77
Retrato ....................................................................... 79
La laguna sagrada ...................................................... 81
Los guantes ................................................................. 83
La brasa ...................................................................... 85
Presentación

Este homenaje a la poesía de Carmelina Soto Valencia es el


producto del proyecto de investigación Carmelina Soto: El
desdoblamiento del silencio, adelantado por Luis Fernando
Suárez Arango en la Maestría en Literatura de la Universidad
Tecnológica de Pereira, con la asesoría de Carlos A.
Castrillón, profesor de la Universidad del Quindío.

En las búsquedas bibliográficas y documentales que el citado


proyecto implica, han aparecido textos importantes que dan fe
de la amplia labor intelectual de Carmelina Soto y de su rigor
en la escritura poética. Artículos, cartas, ensayos y guiones
para radio y televisión, en gran parte inéditos, junto con
documentos personales y manuscritos que la poeta trabajaba
con cuidado en hojas que tachaba, corregía y guardaba entre
sus papeles, conforman un archivo de unos 500 folios. Este
archivo, luego del proceso de depuración, inventario,
clasificación y fijación, es el testimonio de los últimos 20
años de ejercicio poético de Carmelina Soto, de sus
preocupaciones estéticas, de su interés por la cultura y de sus
afanes diarios.

El libro que ahora presentamos recoge los 20 poemas inéditos


que Carmelina Soto recopiló en una carpeta sin título, más
uno cuya primera versión conocida data de 1979, y que fue
corregido y mecanografiado en limpio en la misma época del
conjunto principal. Estos 21 poemas se suman al esfuerzo de
compilación que la misma poeta hiciera en 1974 y 1983 con
las dos ediciones de Tiempo inmóvil y completan el ciclo
creador de una de las más singulares poetas colombianas.

Se ha elegido arbitrariamente el título La Casa entre la Niebla


para el conjunto por el título de uno de los poemas y por el

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La casa entre la niebla - Poemas

motivo de la casa en el recuerdo, que la poeta aborda en cinco


de los originales. Acompañan la edición una completa
biografía de la autora y un comentario detallado del
manuscrito.

Agradecemos a la señora Marleny Garay, quien ha guardado


con respeto estas memorias, por haber facilitado el material
que permitió diseñar este libro.

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Carmelina Soto, en tránsito

Luis Fernando Suárez Arango


Universidad del Quindío

El 31 de octubre de 1916 nació en Armenia


Carmelina Soto Valencia. En el Libro de
Bautismos 10, folio 259, número 775, podemos
leer: “En la Catedral La Inmaculada de Armenia, el
11 de noviembre de 1916, el presbítero Vicente
Castaño bautizó solemnemente una niña que
nació el 31 de octubre de este año, a quien
nombró Carmelina, hija legítima de Jesús María
Soto y María Rita Valencia. Abuelos paternos,
Edmigio Soto y Avelina Trujillo; maternos,
Felicidad Valencia; padrinos, Pedro Gallego y
Susana Muñoz”.

En una carta dirigida al abogado Jaime Soto


Gómez, fechada el 28 de enero de 1991, Carmelina
recuerda fragmentariamente sus primeros años de
vida:

“Mi padre murió cuando yo sólo tenía 2 años y a


mi madre la perdí cuando tenía 14 […] Mi padre sí
estuvo en la colonización del Quindío y en la
fundación de Armenia. Llegó a estas tierras como
guaquero y dicen que llegó a tener bastante oro,
puesto que viajó a Bogotá para venderlo a mejor
precio (¿fantasías? No sé). Su nombre, Jesús
María Soto Jaramillo, hijo de Edmigio Soto y
Avelina Trujillo, de aquellos Trujillos pelirrojos de
Antioquia, de cabelleras sedosas, de un rojo
oscuro como de vinotinto mirado a trasluz y que
La casa entre la niebla - Poemas

yo pude apreciar heredadas por dos de la hijas del


tío Cipriano. Mi padre nació en el Carmen de
Viboral, mi abuelo no sé dónde y mi abuela se me
pierde entre Marinilla y Sonsón. […] Mi padre se
casó en esta ciudad con Ana Rita Valencia y ya de
los Soto Valencia sólo quedo yo. De Cipriano viven
aquí Josefa y Rósula y el resto de lo que queda de
la familia, que fueron 23 hijos, viven en Bogotá, lo
mismo que las dos hijas de Nicolás, único tío que
conocí”.

Carmelina fue la menor de cinco hermanas:


Soledad, Belarmina, Felicidad y María. Fue en la
pequeña Escuela de Niñas, ubicada en la Casa
Episcopal, que después se llamó Escuela Gabriela
Mistral, donde discurrieron los primeros años de
su vida escolar. Allí aprendió Carmelina sus
primeras letras, transitando “las calles aldeanas
de la Cejita y El Chispero, de Rinconsanto y
Hoyofrío, flanqueadas por casas de guaduas de un
solo piso y anchos aleros. […] Vivía en una casita
pobre que luego quedó encaramada sobre un
talud, a consecuencia del impaciente desarrollo
urbano que horadó su barriada para convertirla de
camino en calle”, como describe Adel López
Gómez.

Cuando alboreaba su adolescencia, y ya


convertida en una muchachita delgada e
introspectiva y con cierta luz de seriedad para su
edad, combinaba sus estudios secundarios en el
Colegio Oficial de Señoritas con actividades
lúdicas centradas en el ejercicio de la locución y la
recitación. “Pasábamos horas y horas frente a un
micrófono improvisado, un viejo palo de escoba, y
a continuación va a pasar al micrófono la señorita
Carmelina Soto y empezaba a decir poesías”, como
lo recuerda doña Noemí Lezcano.

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Luis Fernando Suárez A.

Para el año 1936 ya había cursado su formación


superior en la Escuela Normal de Manizales y,
como licenciada en pedagogía, en 1937 fue
nombrada maestra, profesión que ejerció en
Circasia y en la Vereda Bohemia de Calarcá. Al
respecto escribió el poeta y cuentista calarqueño
Humberto Jaramillo Ángel en el Diario del Quindío:
“Ambos trabajamos como maestros rurales, en
una vereda por cuyo fresco ámbito discurrían casi
de mañana a la tarde suaves vientos de pomares y
de grises pinos melancólicos. Allá de mi mano,
aquella muchacha sencilla e ingenua vio nacer un
día el primer lampo de sus versos”.

En 1941 dejó el trabajo magisterial y


definitivamente se cubrió de ciudad. En Manizales
fue periodista de tiempo completo, bibliotecaria del
Instituto Universitario y directora de la revista
universitaria entre 1942 y 1944. A los 27 años
recibió el premio Pluma de Oro, otorgado por el
diario La Patria de Manizales a la mejor periodista
de planta de ese año. Y así, como sentenciada,
hechizada o signada por las letras, en Manizales
Carmelina fue escritora y periodista de La Patria,
del diario La Mañana y Jefe de Redacción de la
Revista Atalaya.

En 1941 Carmelina inició su periplo poético con


Campanas del Alba (Editorial Vigig, Armenia),
cuando el piedracielismo estaba en su cenit. De
esta obra sólo se editaron 300 ejemplares. En el
número 46 de “Letras Caldenses” (octubre 2 de
1949), suplemento literario de La Patria que dirigía
Juan Bautista Jaramillo Mesa, escribió Julio
Alfonso Cáceres sobre ese libro: “Sólo en Magda
Portal habíamos encontrado este encendido
arrebato, este alto entusiasmo de alas cortando la
viñeta romántica del cielo. Sin embargo, nada de

9
La casa entre la niebla - Poemas

palabrerías exóticas, de quincallería inútil. Sus


versos son trabajados con palabras modestas y
sencillas, como dijera Rilke”. Y sobre la novedad
del mismo, afirmaba Luis López Gómez que a
Carmelina Soto, mejor que a nadie, se le pueden
aplicar sus propios versos.

Cierras el cielo de una edad y pones


Tu nombre en el principio de otra página.

Este estremecimiento anímico va a tallar interior y


exteriormente el ceño de mujer y de poeta,
recuerda Adel López Gómez en el ABC de la
literatura del Gran Caldas: “En los días de aquel
libro primicial, Carmelina era una muchacha de
suave rostro ovalado, insinuada sonrisa y
abundosa cabellera. Era maestra de escuela -como
lo fueron Gabriela Mistral y Alfonsina Storni-, pero
todavía, en lo interior, no empezaba a parecerse a
la segunda, como ocurrió más tarde”.

En 1945 la sala Beethoven de Cali ofreció su


primer recital, los siguientes los haría en la
Biblioteca Nacional de Bogotá en 1953 y 1957. En
1946 Carmelina decidió trasladarse a Bogotá.
Fueron años de ciudad y de soledad
desconcertante; ejerció como revisora fiscal del
Banco Postal, entre 1946 y 1949. Fue escalando
posiciones y en el siguiente lustro la encontramos
como Secretaria de Pagaduría de la Universidad
Nacional. Doce años después de su primer libro,
de esos largos y silenciosos años capitalinos, de
admirable madurez e incansable labor, entregó
Octubre (Editorial Antares, Bogotá, 1953), texto
excelso por su rigor idiomático y por la entereza
con que afina su pensamiento hecho palabra. Se
percibe en sus poemas la rigurosidad, la disciplina
y la depuración, elementos significativos para su

10
Luis Fernando Suárez A.

posterior obra. El 9 de mayo de 1953 el periódico


Sábado de Bogotá, le publicó los poemas
“Esquema de amor en el Tiempo”, “Lejanía” e
“Imágenes de la Muerte”. Arañándole horas a su
trabajo contable y apenas con amigos, hacia el año
1947 escribió para la Revista de América un texto
recordando a Delmira Agustini.

Para 1956 fue nombrada Secretaria de Jefatura de


Personal del Ministerio de Hacienda y entre 1958 y
1961 fue la primera mujer que desempeñó el cargo
de Auditora Fiscal de la Contraloría Nacional ante
la Superintendencia Bancaria de Sociedades
Anónimas. Cuando apuntaba ya los 50 años,
Carmelina cerró este ciclo trabajando como
Auditora Fiscal de la Presidencia de la República y
el Ministerio de Relaciones Exteriores.

En 1963 la Editorial Stella de Bogotá la incluyó en


la antología de poetas colombianos, y al año
siguiente el Instituto Universitario de Manizales la
congratuló con el reconocimiento al trabajo
artístico y resaltó su nombre en el libro de oro de
dicha institución.

En noviembre de 1964 Carmelina pronunció en el


Auditorio de la Universidad del Quindío un
discurso prodigioso, cargado de nostalgia y
apasionamiento, en el que dio la primera pincelada
al poema que años después le regalaría a su
ciudad: “He venido a besar en cada esquina de sus
calles un recuerdo patinado de íntimas
nostalgias… […] Si en este atardecer sosegado de
la vida, me fuera dado elegir un sitio para nacer de
nuevo, para diseñar el rostro de la ternura, del
anhelo, de la esperanza y del ser, volvería a elegir
este sitio y a tener el sentir maravilloso de los que
fueron hacedores de ciudades, fundadores de

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La casa entre la niebla - Poemas

nacionalidad, nostálgicos de gloria, ambiciosos de


poder, exaltados de fe y hambrientos de
libertades”.

El 10 de diciembre de 1965 la revista Cromos le


rindió homenaje a Carmelina Soto, la llamó “La
Poeta de América” y publicó uno de sus poemas
antológicos, “Autorretrato”. Carmelina, convencida
de que toda obra tiene que sedimentarse, lenta
pero cuidadosamente comenzó a darles forma a los
poemas que harían parte de su selección poética,
Tiempo Inmóvil.

Después de 20 años de permanencia en Bogotá,


Carmelina se instaló definitivamente en Armenia.
El 29 de agosto de 1967 el Consejo Directivo de La
Voz de Calarcá, queriendo hacer justicia y rescatar
del olvido o la indiferencia a la poeta, que ya tenía
un sitial en el panorama lírico y cultural de
Colombia y de América, reconoció en ella a la más
insomne abanderada en la ardua cruzada ante las
esferas capitalinas en pos de la fundación de la
emisora y la honró con la condecoración “La Torre
del Mérito”, creada por disposición de la Alcaldía
de Calarcá. En la noche del 9 de septiembre de ese
año Cecilia Latorre Mejía, su entrañable amiga, le
impuso la respectiva condecoración en el radio
teatro La Voz de Calarcá, reafirmando que
Carmelina regresaba de todos los olvidos.

El 6 de julio de 1968 un puñado intelectuales le


tributaron un homenaje a la poeta en la Hacienda
Pinares, propiedad de Don Gerardo Osorio; allí,
con voz sentida de nostalgia, Carmelina anunció la
esencia de su poética: “amo la poesía a lampos…
tempestuosa… testimonio y análisis de la propia
entraña. Poesía con conocimiento de causa…
poesía minoritaria. Ígnea flor armoniosa del

12
Luis Fernando Suárez A.

pensamiento, la palabra, la acción y la pasión.


Saeta luminosa lanzada hacia el misterio; a
grandes rasgos he llevado a la palabra escrita, el
relato de las inquietudes y las disciplinas
intelectuales que como agujas imantadas me
recorrieron y me sirven de guía para llegar al
punto cardinal del canto”. Su alto vuelo poético se
vio patentado cuando la Editorial Tercer Mundo de
Bogotá publicó Tiempo Inmóvil (1974), en el que
reúne con minucioso cuidado toda su producción,
además de ofrecernos sus nuevos poemas.

Desde los más recónditos y misteriosos silencios


Carmelina maravilla con su palabra labrada
minuto a minuto en el goce estético. Euclides
Jaramillo Arango, refiriéndose al libro en el
“Magazín Dominical” de El Espectador (17 de
agosto de 1975), escribía: “Cada unos de sus
versos constituye un universo de poesía y cada
poema forma un edificio al cual nada hace falta,
porque nos llega en acabado perfecto”.

El gobierno departamental del Quindío, a través de


la Oficina de Extensión Cultural, le rindió un
homenaje a la poeta el 31 de octubre de 1974. Allí
leyó Carmelina varios de los poemas del nuevo
libro, advirtiendo que los mismos, ni en contenido
ni en forma poética estaban comprometidos o
condicionados al populismo que se estila en las
letras: “Hay que tener fe –terminó diciendo– en los
valores de reserva que cada pueblo posee para
permanecer sereno en la tempestad, fuerte en la
derrota, generoso en el triunfo. Es la fe que
deposito en este auditorio de selección y en esta
poesía”.

Muchos fueron los elogios y la crítica enaltecía a


Tiempo Inmóvil: Lino Gil Jaramillo en El Pueblo de

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La casa entre la niebla - Poemas

Cali y El Espectador de Bogotá; Julián Pérez


Medina, Carlos Castro Saavedra y Gabriel Villa en
El Colombiano de Medellín; María Teresa Peña de
Arango, Directora del Museo Zea de Medellín; el
Maestro Luis Uribe Bueno, Luis Fernando Mejía,
Elkin Obregón, entre otros.

El 26 de diciembre de 1976, Carmelina Soto


concedió una entrevista al periodista y estudioso
literario Oscar Betancourt, que fue publicada en el
“Semanario” de El Pueblo de Cali; allí señala que
para ella su poema mejor logrado era “El Pescador
absoluto”, aquel que dice:

Y yo templé la red de biblo fuerte,


Feroz contra la muerte y el olvido feroz
Y día y noche lancéla al mar incognocido
Y multitud de estrellas y la luna
Bañábanse en el fondo de la mar delirante
Y al levantar el remo y al recoger la red
El agua volvía al mar en gotas de diamante.

En un artículo publicado en El Quindiano el 20 de


agosto de 1977, Bernardo Ramírez Granada
escribió: “En Tiempo Inmóvil, el libro que ahora
encarnizadamente leemos como si asistiéramos a
un infinito sacrificio, están abiertas la claridad y la
oscuridad de lo humano. Vemos la gloria y la
ignominia del hombre en sus dimensiones ancha y
diminuta”. Consecuente con la labor poética de
Carmelina Soto Valencia, en 1978 la Editorial
Plaza y Janés de Barcelona (España) la incluyó en
el índice de escritores colombianos. El 20 de
septiembre de 1979 recibió Carmelina una carta
de la Enciclopedia Larousse de París, en la que se
le solicitaba que enviara todos sus datos
personales, publicaciones, menciones, honores

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Luis Fernando Suárez A.

recibidos, etc., para incluirla en la mencionada


enciclopedia.

En ese año la Gobernación del Quindío y la


Dirección Departamental de Extensión Cultural,
interpretando la voluntad de la comunidad y de
sus más autorizados estamentos culturales, otorgó
a la poeta quindiana la Medalla al Mérito Artístico
y Literario. Le impuso la medalla Mario Gómez
Ramírez, Gobernador del departamento del
Quindío, el 11 de octubre. En esa oportunidad
Carmelina dijo en agradecimiento: “Otras voces se
escucharán en este recinto, en el devenir
constante de los días. Yo estaré en otro sitio pero
estaré, porque el universo es un estallar continuo
de soles y semillas que no deja sitio libre ni
siquiera para morir. Si somos, siempre seremos.
No hay forma de borrarnos ni de deshacernos.
Vivir no es necesario; es un acto irreversible”.

Un año después, el 14 de octubre de 1980, fue


descubierto por el Gobernador Silvio Ceballos
Restrepo el soneto “Mi Ciudad”, grabado en placa
de bronce en el Parque Sucre. Este canto de
alabanza a la ciudad es un gesto que exalta a la
mujer, a las letras; allí poesía, bronce y naturaleza
armonizan el rito poético: “que al leerlo ahora con
voz emocionada, lo acoja con amor la tierra nativa
y que quede vibrando en el pueblo para siempre,
para siempre”.

Mi Ciudad

He vuelto para besar en cada esquina de tus


calles un recuerdo patinado de íntimas
nostalgias.
C. Soto.

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La casa entre la niebla - Poemas

Y nació mi ciudad en sol bañada,


los pies en tierra aurífera y oscura
y una perenne vocación de altura
en la límpida frente iluminada

Ciudad de mi regazo y de mi almohada,


de mi techo y mi brizna de dulzura.
Al andar por tus calles con premura,
mi infancia en ellas se quedó enredada.

Distingo tu calor de seda y nido,


tu blando pan dorado y compartido
y tus campanas de sonido puro.

Siento en tu corazón, a sangre plena,


el cósmico vibrar de la colmena
de tus entrañas de café maduro

A finales del año 1980, ante la exaltación y la


crítica más elogiosa a la obra de Carmelina Soto,
un grupo de intelectuales, liderados por Luz
Marina Arcila, emprendieron la tarea de postularla
a la Academia Colombiana de la Lengua. En carta
fechada el 19 de diciembre de 1980, Otto Morales
Benítez le escribió a la Directora de Cultura:
“Desde luego que voy a colaborarle en su loable
empeño de candidatizar a Carmelina ante la
Academia, para ello estoy tratando de
entrevistarme con las académicos, a quienes usted
se está dirigiendo”. Abel Naranjo Villegas escribió
el 7 de febrero de 1981: “En mis escritos he hecho
ya varias alusiones a la que considero una de
nuestras grandes poetisas. La aspiración de esa
directiva la encuentro así, absolutamente legítima
y, en ese sentido, estoy promoviendo ante mis
colegas de la Academia la promoción de ella a la
investidura académica correspondiente para la
primera oportunidad de vacante”. En el mismo

16
Luis Fernando Suárez A.

sentido se pronunció el Oscar Echeverri Mejía: “En


compañía de mis colegas Otto Morales Benítez y
Abel Naranjo Villegas pondré todo el empeño en
tan loable campaña”. La campaña fue en vano y la
opinión final la daría el 14 de febrero del mismo
año el escritor Humberto Jaramillo Ángel en el
periódico El Quindiano: “No es al nombre y a la
obra de Carmelina Soto a los que una Academia,
aún la más exigente, pueda agregarle nada a su
prestigio. Esta mujer le ha cantado, toda la vida, a
los divinos y los humanos elementos dignos de
canto. Carmelina entonces honra con su
presencia, su obra estupenda y su noble tarea de
consagrada poetisa, a cualquier academia. […]
¿Por qué no fueron, las más grandes escritoras de
España, en cualquier tiempo, ni a la Academia de
la Lengua ni a la de la Historia? Eso en España, en
América lo mismo, en la Argentina que en el Perú,
en Chile que en el Ecuador, en Venezuela que en
Colombia, ¿qué han hecho los vanidosos,
ostentosos y orgullosos académicos con cualquiera
de nuestras notables escritoras? Salvo Dora
Castellanos y qué merecido”.

Es paradójico que en 1991, cuando fuera admitida


la poeta manizaleña Maruja Vieira en la Academia
Colombiana de la Lengua, leyera un discurso de
posesión titulado “Carmelina Soto en la poesía
colombiana”, en el que dice: “En el trabajo que
presento hoy quiero rendir homenaje de
admiración a Carmelina Soto y en su poesía,
profunda y perdurable, al Gran Caldas que nos vio
nacer…”, para terminar afirmando que “el tiempo
le otorgará la gloria que merece”.

El 12 de junio de 1981, la Sociedad Bolivariana de


Curaçao le otorgó a Carmelina el diploma que la

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La casa entre la niebla - Poemas

acredita como miembro honorario de la


institución.

Para el año 1983 Carmelina se dio a la tarea de


homenajear al Libertador en el bicentenario de su
natalicio. Es así como reunió a un grupo de
intelectuales y los comprometió para que cada uno
desde su perspectiva le diera vitalidad al
pensamiento de Bolívar. El 30 de septiembre de
1983 se publicó Un Centauro llamado Bolívar, en el
que participaron como coautores Evelio Henao
Ospina, Octavio Arbeláez Giraldo, Ana Martínez
Acevedo, Helio Martínez Márquez, Héctor Ocampo
Marín, Piedad Gutiérrez Villa, Luis Eduardo
Álvarez Henao y Bernardo Pareja. Colaboran
igualmente Gloria Abad con el retrato de Manuela
Sáenz; Antonio Valencia Mejía, autor del dibujo de
la portada, y Germán Gómez Ospina. El libro se
inicia con un poema de Carmelina Soto que da
título a la compilación. Cuenta el poeta Bernardo
Pareja que él estuvo muy cerca en la elaboración
de este poema y Carmelina admite que lo habían
escrito entre los dos. Otro dato interesante sobre
este libro es que la Alcaldía de Santiago de Cali le
envió un telegrama a Luis Fernando Velásquez, en
ese entonces alcalde de Armenia, en el que solicita
“tenernos en cuenta distribución libro”; en la parte
superior del telegrama hay una nota de puño y
letra de Carmelina: “El alcalde nunca contestó este
mensaje, me dijo que él no tenía que ver con
asuntos culturales”.

Por esa época Carmelina Soto continuaba


escribiendo en los periódicos regionales, labor que
había comenzado en La Patria, Atalaya de
Manizales, la revista Manizales de Juan B.
Jaramillo y Mensaje, que dirigió Humberto
Jaramillo Ángel. Después del regreso a su tierra en

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Luis Fernando Suárez A.

1966, se centró en el Meridiano del Quindío, El


Quindiano, El Correo de Occidente, el periódico
Tigreros y la revista Numen.

En 1984 Carmelina Soto daría su último recital en


la Biblioteca Nacional Luis Ángel Arango. Fue
invitada también por la Universidad de Antioquia
al ciclo de conferencias “Colombia y su poesía”,
con poetas como Maruja Vieira, Meira del Mar,
Luis Vidales y el Grupo El Túnel. En ese momento
la poeta estaba pasando una temporada de
descanso en los Estados Unidos, según se deduce
de un telegrama enviado por Cecilia Latorre; el 12
de julio Carmelina confirmó su asistencia al
encuentro poético. En 1985 asistió también como
invitada de honor al Primer Encuentro de Poetas
Colombianas del Museo Rayo de Roldanillo.

El 4 de febrero de 1986 el Círculo de Periodistas


del Quindío, del cual era presidente Jorge Eliécer
Orozco Dávila, la nominó como socio honorario de
la Institución y la invitó al acto especial en la
celebración del Día Nacional del Periodismo. En
respuesta Carmelina Soto les recuerda “que en
1969, si la memoria no me engaña, fui distinguida
en la nominación de Socio Honorario de esa
Institución siendo presidente Leonel Dávila Marín
y vicepresidente Francisco Arango Quintero”.

En ese año escribió Carmelina un libreto para


radio titulado “Epopeya de los Fundadores”, que se
transmitió el 14 de octubre por La Voz de Armenia.
El 27 de abril de 1989 registraría ante la Notaría
Tercera de Armenia otros dos libretos para radio:
“Día de la Madre” y “Estampas de la Pasión”, que
nunca fueron publicados. Para el vigésimo quinto
aniversario del Comité de Cafeteros del Quindío,
Carmelina escribió un nuevo libreto para radio

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La casa entre la niebla - Poemas

titulado “Café Suave de Armenia”, con música de


la canción Tierra Quindiana, de Bernardo Pareja.

En 1988 Carmelina Soto rechazó una iniciativa del


Fondo Cultural Cafetero y la Gobernación del
Quindío para publicar una selección de su obra
poética con ocasión del Centenario de Armenia,
pues declara no tener la fuerza suficiente para
enfrentarse a los requerimientos de las
instituciones públicas. Meses después Carmelina
empezaría a recopilar sus publicaciones en
periódicos y revistas nacionales y extranjeras.

En 1989, cuando se celebró el primer centenario


de Armenia, Luis Fernando Ramírez Echeverri,
desde la Secretaría de Turismo y Cultura, lideró
un homenaje a Carmelina Soto en el parque Sucre,
donde se le otorgó “La Violeta de Oro” como
exaltación de sus méritos literarios. Carmelina
intervino para enaltecer la ciudad: “No
necesitamos mirar muy lejos para desentrañar su
historia, crecimos con ella y todo cuanto crece con
nosotros se hace un surco en el alma y un sitio en
el corazón. Sé lo difícil que es hacer la poesía sin
su fuerza vital. Sé lo difícil que es vivir sin el pan
de las doradas espigas de su suelo, sin la
abundancia de sus ricos veneros escondidos, sin el
estallido sangriento de sus cafetos frutecidos, sin
el verde implacable de sus árboles opimos, sin sus
virtudes, sin sus pecados, sin sus sueños, sin sus
fanatismos, sin sus miserias, sin sus grandezas,
sin sus glorias… es difícil vivir”. En esa
oportunidad fue develado el poema “Mi ciudad”,
grabado en mármol, para reponer el original en
bronce que había sido robado.

El 6 de julio de 1990 escribió un discurso para


agradecer, en su nombre y en el de sus

20
Luis Fernando Suárez A.

compañeros Alirio Gallego y Bernardo Pareja, la


distinción “La Pipa de Oro”, otorgada a los tres por
la Corporación Cultural “Trece Pipas”, recibida de
manos de su presidente, Oscar Rubio Cárdenas,
en acto que para tal efecto se llevó a cabo en el
Salón Bolívar de la gobernación del Quindío. En
1991 Carmelina Soto fue invitada a participar en
la IV Feria Internacional del Libro, para tratar el
tema “La mujer en la literatura”.

Años atrás, Cecilia Latorre Mejía y Carmelina Soto


se habían prometido que, en caso de enfermedad,
la que estuviera en mejores condiciones de salud
velaría por la otra. Cecilia fue recluida en el
ancianato El Carmen, donde tuvo el
acompañamiento constante de Carmelina para
todo lo que su estado requería. Allí trabajaba
Marleny Garay, quien después de asistir a Cecilia
terminó atendiendo a Carmelina Soto en sus
últimos años.

Cuando bordeaba los 75 años, Carmelina Soto


sufrió una fuerte recaída. Comenta Marleny Garay:
“Ella estaba en el apartamento y empezó a sentirse
mal porque se le subió la presión; entonces, como
ella estaba sola, aunque doña Noemí Lezcano era
la que le hacía el oficio, estuvo enferma un fin de
semana y como no hubo quién la ayudara, como
que se agravó más, entonces llamó a los familiares
de Cali; pero mientras ellos llegaban, la llevaron
para la Clínica Central y le dieron un calmante
muy fuerte y al despertar, ella se fue a parar, como
que no tenía la baranda subida y se cayó, y se hizo
un hematoma tremendo en la cabeza, era un
coágulo grande; la operaron, pero empezó desde
ahí, para atrás, para atrás, aunque ella duró
después de eso, duró ella dos años o más y ahí fue
donde yo empecé a cuidarla, desde la Clínica”.

21
La casa entre la niebla - Poemas

Después de la enfermedad, empezó el lento


proceso de recuperación. La Dirección de Cultura
la invitó a promocionar sus libros en la V Feria
Internacional del Libro, en 1992. En enero de
1993 escribió su último discurso para abrir el acto
de homenaje que el municipio de Circasia le rindió
a Braulio Botero Londoño, fundador Cementerio
Libre.

El día 18 de marzo de 1994, a las 4 de la tarde,


Carmelina Soto le dijo adiós a la ciudad que tanto
amó. Les había dejado a sus amigos Blanca
Echeverri y Edmundo Benavides una nota que
decía: “Estimados amigos Edmundo y Blanca: si se
encuentran para este caso, les ruego hacer saber a
los asistentes que uno de mis últimos deseos es
que no se pronuncien discursos en mis honras
fúnebres”. Su deseo fue respetado y en el
Cementerio Libre de Circasia fue enterrada a las
seis de la tarde del sábado 19 de marzo, con su
nombre grabado en la bóveda número 37. Seis
años después, en octubre de 2000, por iniciativa
de Jairo Baena Quintero, sus restos fueron
depositados en una urna bajo la placa de mármol
del poema “Mi ciudad” en el parque Sucre de
Armenia.

Se fue la rebelde de siempre, dejó su alma


desnuda en la palabra, con su sonrisa socarrona
pero bella, subversiva, poéticamente subversiva.
Ese humor finísimo, punzante, cortante, era una
almarada de la que todos huían; implacable en sus
críticas, distante en asuntos políticos, esquiva
pero sincera. En su angustia y soledad
desgarrante se llevó a la eternidad a Virginia
Woolf, a Rosario Sansores, a Silvia Lorenzo, a
Meira del Mar, a Bernardo Arias Trujillo, a Juana
de Ibarbourou, a Gabriela Mistral. Su fuego

22
Luis Fernando Suárez A.

interior, centellante y espontáneo, encontró asilo


en muy pocos amigos, pero justos los que requería
su corazón desesperanzado: Bernardo Pareja,
Helio Martínez Márquez, Cecilia Cano de Jaramillo
y Noemí Lezcano, aquellos que departieron el
ritual de la tertulia en el apartamento 509 de la
carrera 17 con calle 18.

23
Apuntes al manuscrito La Casa entre la
Niebla, de Carmelina Soto

Carlos A. Castrillón
Universidad del Quindío

La poesía de Carmelina Soto Valencia (Armenia,


1916–1994) ha sido objeto de muy variadas y
generosas apreciaciones, pero su estatus dentro de
la poesía colombiana aún sigue marcado por la
incertidumbre. El carácter aislado de esa poesía, a
lo que se suma el aislamiento de la poeta, ha
hecho difícil que se reconozca su valor dentro de la
tradición a la que por estética y tiempo
pertenecería en derecho. Por esta razón, Carmelina
Soto entra y sale de inventarios y antologías de
poesía colombiana, como ocurre con la mayoría de
las poetas, al vaivén de los criterios y los intereses
que amplían o restringen el campo de trabajo. Es
necesario anotar que en nada contribuye a ese
reconocimiento la insistencia de los comentaristas
entusiastas que nominan a Carmelina Soto
sucesora de Juana de Ibarbourou, Delmira
Agustini o Alfonsina Storni.

No es propósito de estas notas repetir las razones


por las cuales consideramos a Carmelina Soto una
de las más importantes poetas colombianas del
siglo XX (Castrillón, 2000, 2004), ni discutir con
quienes piensan lo contrario y sitúan su poesía en
el marco estrecho de la literatura del Gran Caldas.
Sin embargo, es conveniente referir algunos
conceptos que recuerdan el territorio poético al
La casa entre la niebla - Poemas

que pertenece Carmelina Soto, junto con nombres


tales como Meira del Mar, Maruja Vieira, Dolly
Mejía, Dora Castellanos, entre otras. Rogelio
Echavarría (1998), por ejemplo, afirma lo
siguiente: “Aunque la aparición de su primer libro
[Campanas del alba, 1941] coincidió con el auge
del piedracielismo, su voz es independiente,
rebelde, personal y supera las modas con su
claridad, hondura y expresividad, para instalarse
en la antología colombiana como una de las voces
más altas”. Por su parte, Maruja Vieira, en su
discurso de posesión como correspondiente de la
Academia Colombiana de la Lengua, titulado
“Carmelina Soto en la poesía colombiana”, traza la
genealogía de la tradición a la cual pertenece la
poeta, señala los valores propios de su poesía y
vaticina el futuro de la misma por su muy
individual concepción (Vieira, 1991), en un bello
texto que es, al tiempo, lectura amorosa de la
poesía de Carmelina Soto, derrotero de sus temas
y obsesiones y reclamo por el olvido.

Carmelina Soto, alejada de sus contemporáneos y


desdeñosa de las expresiones nuevas, cómoda en
su perfección y en su autoridad, considerada por
algunos como “una de las voces más inspiradas de
Colombia” (López, 1997: 27), es poeta de
incontables búsquedas estéticas y expresivas,
magistral en el soneto (uno de los suyos fue
elegido entre los mejores 30 de la literatura
colombiana) y en el juego rítmico. El tiempo y la
máscara fueron sus obsesiones; ese otro que nos
habita y que sólo los demás ven, esa persona, en el
sentido etimológico del término (Carreño, 1982),
que de vez en cuando nos guiña el ojo desde el
espejo para amargarnos un día o alegrarnos la
vida entera:

26
Carlos A. Castrillón

El espejo devuelve mi imagen. Quién creyera


que esa imagen es mía...
con esa repelida cabellera
como una flor sombría
y con esa mirada tan dulce en su osadía.

Carmelina Soto ha dejado una obra construida


sobre la alteridad, rasgo capital de madurez en la
poesía hispanoamericana. Concebir al otro no
como sujeto externo a mí, sino como parte de mí
mismo, lo que da sentido y dinámica a mi vida, lo
que me permite entenderme como parte activa del
organismo grupal; y entender también que somos
la suma de los otros, que muchas voces hablan
cuando hablamos y que nuestro lenguaje no nos
es exclusivo, sino la presencia en unidad de
múltiples voces:

Esa imagen no es mía.


Esos ojos que miro, yo no los conocía.
Detrás de esa mirada hay otra gente
que se quiere mirar. Tras esa frente
hay otra frente silenciosa y fría.

Pocos poetas logran consolidar la alteridad de tal


modo, con una dialogicidad interna en la palabra y
el concepto. El yo poético se constituye en la
intersubjetividad, no en la autocontemplación, lo
cual justifica el juego de identidades:

Si me miran yo vivo en la mirada


de quien me mira si en verdad me mira.
Mi vida al giro de la muerte gira
en espiral inversa y encerrada.

En los poemas de La Casa entre la Niebla, que


sumamos ahora a la obra poética completa de
Carmelina Soto, se desarrolla un tema que había

27
La casa entre la niebla - Poemas

quedado enunciado en Tiempo inmóvil (1974): el


fuego secreto que guarda su calor hermoso y
lacerante bajo una apariencia inocente. Leíamos
entonces en el poema “Preludios”:

La luz me la da el sol. La suficiente.


Y tengo corazón –volcán activo.

Fuego interior que suple lo que el exterior no


provee; pero es fuego de transformación, no de
simple luz o de contemplación. En la “Canción de
los desesperados” es:

Llama tenaz, ingénita, escondida,


que arrasa todo y todo lo alimenta.

Ahora es la “secreta llama inextinguible”, que


nunca está en sosiego y que permanece como
desafío a la sombra; así en el poema “La chispa”:

Está latente en la brasa, en el rescoldo,


en la llama.
En la entraña del pedernal
duerme intacta
y cuando grita el pedernal herido
entonces se despierta y salta.

Es el fuego que duerme en la historia del vaso de


cristal, el mismo fuego que lo liberó de un puñado
de arena; fuego que purifica al revelar la
transparencia de la luz en el fondo de la materia
oscura y que adquiere más sentido cuando la
poeta afirma que el tiempo es también “limpio
como una llama”. Si en “La chispa” el fuego
“chisporrotea y canta”, en “La brasa”, un poema
gemelo en tema, el fuego que se esconde en el
rescoldo es violento y quema las manos de quien
se atreve a despertarlo:

28
Carlos A. Castrillón

Brasa enterrada viva


guardando en sí, latente,
la fuerza de la chispa,
las lenguas delirantes del fuego
[…]
Yo la palpé…
miradme las manos laceradas.

Con el desarrollo de este motivo, la poesía de


Carmelina Soto reafirma su voluntad de solidez y
simbolismo.

Notas a esta edición

En 1991 Carmelina Soto fue invitada a participar


en la IV Feria Internacional del Libro en Bogotá; en
carta firmada el 21 de enero de ese año responde a
la solicitud: “El tema que elegí es el de la Soledad y
siguiendo sus instrucciones anexo a la presente 3
poemas, uno inédito titulado ‘La laguna sagrada’,
y ‘La carta’ y ‘Los hechizados’ los tomé de mi libro
Tiempo Inmóvil”. Esta es la primera noticia que se
tiene acerca de poemas inéditos después de la
segunda edición de Tiempo inmóvil (1983).

Posteriormente, el 22 de marzo de 1995, Gustavo


Páez Escobar, escritor y amigo de la poeta, publicó
en La Crónica (Armenia) dos poemas inéditos de
Carmelina Soto, “Llama” y “Brasa”, en versiones
que datan de 1979, que no fueron tenidos en
cuenta en la segunda edición de Tiempo inmóvil.
Páez Escobar relata las circunstancias que le
permitieron obtener los textos: “[En octubre de
1979] Al calor de los whiskys, Carmelina me
enseñó dos poemas inéditos que mantenía
guardados en un libro: ‘Llama’ y ‘Brasa’. A pesar

29
La casa entre la niebla - Poemas

de mis ruegos, no quiso regalármelos. Ante su


negativa, localicé el libro y de allí los extraje. Si la
acción ha de llamarse robo, que lo sea. No me
avergüenzo de ella: robar para la literatura es un
placer delicioso […] Quince años después, aquellos
dos poemas continúan inéditos”.

Evidentemente, los dos textos sustraídos por Páez


Escobar son copias previas, pues los dos poemas,
con sustanciales variaciones, se encontraron en
los papeles de Carmelina Soto, mecanografiados y
listos para su publicación. Según lo recuerda Páez
Escobar, la poeta “elaboraba sus versos en silencio
–los pulía y repulía- y los dejaba olvidados en los
libros”.

Finalmente, en 2005, como producto del proyecto


de investigación Carmelina Soto: El desdoblamiento
del silencio, adelantado por Luis Fernando Suárez
Arango en la Maestría en Literatura de la
Universidad Tecnológica de Pereira, con la asesoría
de Carlos A. Castrillón, se pudo tener acceso a los
poemas inéditos. En las búsquedas bibliográficas y
documentales que el citado proyecto implica, han
aparecido textos importantes que dan fe de la
amplia labor intelectual de Carmelina Soto y de su
rigor en la escritura poética. Artículos, cartas,
ensayos y guiones para radio y televisión, en gran
parte inéditos, junto con documentos personales y
manuscritos que la poeta trabajaba con cuidado
en hojas que tachaba, corregía y guardaba entre
sus papeles, conforman un archivo de unos 500
folios. Este archivo, luego del proceso de
depuración, inventario, clasificación y fijación, es
el testimonio de los últimos 20 años de ejercicio
poético de Carmelina Soto, de sus preocupaciones
estéticas, de su interés por la cultura y de sus
afanes diarios.

30
Carlos A. Castrillón

El libro que ahora presentamos recoge los 20


poemas inéditos que Carmelina Soto recopiló en
una carpeta sin título, más uno, “La brasa”, cuya
primera versión conocida data de 1979 o antes, y
que fue corregido y mecanografiado en limpio en la
misma época del conjunto principal. Estos 21
poemas se suman al esfuerzo de compilación que
la misma poeta hiciera en 1974 y 1983 con las dos
ediciones de Tiempo inmóvil y completan el ciclo
creador de una de las más singulares poetas
colombianas. Se ha elegido arbitrariamente el
título La Casa entre la Niebla para el conjunto por
el título de uno de los poemas y por el motivo de la
casa en el recuerdo, que la poeta aborda en cinco
de los originales.

Tanto la carpeta de poemas como las demás


(notas, manuscritos, recortes y cartas),
debidamente ordenadas y marcadas, reposan en
poder de la señora Marleny Garay, quien
acompañó a Carmelina Soto en los últimos meses
de su vida y ha guardado con respeto estas
memorias.

La carpeta en referencia consta de 20 folios sin


numerar, sin fecha y sin título colectivo, firmados
con el seudónimo Sub Jove, escritos a máquina y
con ocho correcciones autógrafas. Hacen parte de
ella dos de los tres poemas inéditos referenciados
antes (“La laguna sagrada” y “La llama”). Junto a
la carpeta se encontraron tres poemas
pertenecientes al mismo conjunto (“Los guantes”,
“La laguna sagrada” y “Llama y sombra”), escritos
también a máquina, pero firmados con el nombre
completo y uno de ellos con firma autógrafa; los
tres, además, tienen marcas de selección y
correcciones previas. Al parecer, según testimonio

31
La casa entre la niebla - Poemas

de Bernardo Pareja, Carmelina Soto envió el


poemario a un concurso en Manizales, del cual no
se conoce noticia, lo que explica la selección y el
uso del seudónimo, Sub Jove, que hace pensar
tanto en “a cielo abierto” como en “a la
intemperie”.

El poema “La brasa”, al que hacía referencia Páez


Escobar, también se encontró en el conjunto, con
las mismas características de los otros, pero sin
marca de selección. Esto permite suponer que fue
excluido bien sea por no caber en alguna
restricción o por simple voluntad de la autora.
Además, este poema desarrolla el mismo motivo de
“La chispa”, que sí fue seleccionado. Decidimos
incluirlo en este poemario en su versión definitiva
por la versión previa que publicó Páez Escobar.

Sumado a lo anterior, aparecen versiones


manuscritas de los borradores de cuatro poemas:
“El adiós”, “La casa entre la niebla”, “Habitación
íntima” (con el título “Mansión íntima”) y “La
bandera”, más el borrador incompleto de un
poema sin título con el motivo “En mi voz se
liberaron muchas voces encadenadas…”. En
entrevista publicada en el Semanario de El Pueblo
de Cali, el 26 de diciembre de 1976, Carmelina
Soto describía su proceso de escritura: “Toda obra
perfecta no queda exonerada de la corrección.
Cuando llega la idea la apunto; lo demás, es un
proceso elaborado”. Los cuatro borradores parecen
ejemplos de diferentes etapas de ese proceso. En el
poema inconcluso se trata el tema de la voz
múltiple, común en la poesía de Carmelina Soto, y
lo consignamos aquí por considerarlo de interés
para los investigadores:

32
Carlos A. Castrillón

En mi voz se liberaron
muchas voces encadenadas.
La bisabuela hermosa de callado
[sufrimiento]
y hombres, guaqueros con la [ ]
Yo me libero de esas voces
cada día, cada noche, cada instante.
Ellos ya no están, yo casi que no estoy.
Aquí dejo mi voz por ellos y por mí.
Yo doy la poesía,
testimonio de su existencia, de mi ancestro,
porque yo estoy aquí
y aquí están ellos.

Yo soy la expresión [innúmera]


de las voces que estuvieron encadenadas.
Desde qué tiempo inmemorial
mi corazón palpita,
desde qué tiempo la sangre de mis gentes
rebotando viene hasta llegar a mí
para aquietarse y volverse palabra,
recuerdos y canción.

En todos los poemas se corrigieron las erratas


comunes y se ajustó la ortografía al uso común de
la autora, siguiendo los ejemplos de sus libros
publicados. A continuación resumimos algunas
anotaciones sobre ocho de los poemas y sus
versiones. De los demás sólo se conoce la versión
preparada por Carmelina Soto para el mencionado
concurso.

33
La casa entre la niebla - Poemas

Manuscrito del poema sin título

[1]. La llama

La versión recogida por Páez Escobar en 1979 se


titulaba simplemente “Llama” y es muy diferente
de la definitiva. Los cambios parecen obedecer al
deseo de abstraer más la idea: se pasa de “oscura
resina” a “ideal resina”, de “la cerca” a “la asedia”;
igualmente, las sensaciones se hacen menos
directas, como en el paso de “sentí su quemadura”
a “escuché su crepitar un instante”. La segunda
estrofa está completamente reelaborada en el
mismo sentido; por ejemplo, “los anillos férreos” de
la primera versión se convirtieron en la “sombra
impalpable y silenciosa”. Es distinta también la
disposición de los versos y las estrofas. Esta es la
versión de 1979:

34
Carlos A. Castrillón

Llama

Ardiente. Solitaria. Lumínica.


Inquieta. Agonizante.
Nunca en sosiego.
Suicida claridad
por oscura resina alimentada.
Una noche compacta la limita,
la cerca
con sus anillos férreos
y su espacio de luz
queda medido con la medida exacta.
Llama temblorosa,
arrebatada urgente, lacerante.
Me bañó su fulgor. Me hechizó su
esplendor.
Su lengua hendió mi piel.
Sentí su quemadura.
Sufrí un instante.
Ella. Yo. Yo. Ella. Una llama
sin extinción posible.
Voraz, secreta llama inextinguible.

[3]. Lo efímero

En este soneto se ha corregido una errata del


original y se modificó lo que podría ser un rasgo de
estilo en la frase adverbial “depronto”, que aparece
del mismo modo en el poema “La laguna sagrada”.
Que no es uso propio de la autora se comprueba
en Tiempo inmóvil, en el poema “Una persona”,
uno de cuyos versos dice: “De pronto me van a
enterrar viva”; sin embargo, en el mismo libro, en
el poema “Horas muertas”, se lee tanto “de pronto
siento en mí”, como “depronto me pesaron como
esposas”, “y comprendí depronto que el minuto”,
“si depronto el juego terminara”. Ante la duda, se
prefirió la forma más actual. En el original se lee:

35
La casa entre la niebla - Poemas

Depronto cruza rauda la luz de un


pensamiento
como una exalación por la frente sellada.

[4]. Bandera

El poema original, del cual se tiene el manuscrito


autógrafo, se titulaba “La bandera”. Los cambios
son notables, especialmente en la disposición de
los versos y la selección de las palabras, pero se
conserva la estructura general. Se han corregido
varias erratas pero se dejó la forma “inhóspites”,
que aparece también en el poema “Espejos
memoriosos” de Tiempo inmóvil: “La voz escueta.
Inhóspite. Desnuda”. Es interesante notar los
cambios en el remate del poema; en el original
manuscrito se lee:

Bandera de la patria
que aquí en el corazón
solloza y canta.

En la versión mecanografiada los versos finales


son: “que aquí en mi corazón / palpita y canta”;
luego la autora agregó una corrección autógrafa:
“palpita y habla”, quizás para evitar la simetría
con el poema siguiente, “La chispa”, que termina
con “chisporrotea y canta”. La versión final queda
entonces así:

Bandera de la patria
que aquí en mi corazón
palpita y habla.

[9]. La casa entre la niebla

El manuscrito autógrafo de este poema no tiene


título y muestra el proceso de diseño del conjunto

36
Carlos A. Castrillón

de versos para destacar el final contundente, que


en la versión mecanografiada adquiere otro ritmo.
En el original se lee:

Yo viví en una casa entre la niebla.


Un aroma insistente de rosas de otros días
me la recuerda.
Rostros adolescentes creo que me
aguardaban.
Yo vivía lejos, lejos.
Soñaba en esta casa bella
y no sabía que soñaba.
Inolvidable casa de mis sueños
perdida entre la niebla.
Hoy no sabría encontrarla.

Manuscrito de La casa entre la niebla.

[10]. El vaso

La versión mecanografiada de este poema tiene


dos correcciones autógrafas que se han respetado.
El original trae “traspasado” y “trasparente”, luego

37
La casa entre la niebla - Poemas

la autora agregó la n manuscrita sobre las dos


palabras.

Vaso transpasado por el fuego.


Vaso purificado por la llama.
Vaso transparente para el ritual del vino
y el misterio del agua.

[11]. El adiós

Existe el manuscrito autógrafo de este poema, en


el que se leen dos apuntes de la idea inicial. En la
versión final el primer fragmento se funde con el
segundo.

Del tiempo y la distancia


hoy supe tu recuerdo
limpio como una llama.
[ ]
que nunca sabrían nada
de adioses ni de penas
o manos desatadas.
Hoy sólo y raras veces
me llega [ ]
limpio como una llama.

[17]. Habitación íntima

El manuscrito autógrafo de este poema es un


listado de los elementos que constituirían la
enumeración final y lleva como título “Mansión
íntima”. Algunos desaparecen en el proceso y otros
se transforman. Entre los primeros están: “cielos
rasos de tonos suaves”, “las cortinas” y “la silla
solitaria en un extremo”. Se pierden adjetivos,
como “el dormitorio amplio”; o se modifican: “el
pan blanco” se convierte en “pan dorado”. Otros
componentes de la habitación pierden dinamismo:

38
Carlos A. Castrillón

“el agua cristalina aún trémula en los vasos”, dice


el manuscrito, pero el aún desaparece de la
versión final. En el proceso de depuración, lo más
importante es la eliminación del verso “todo simple
y sencillo”, que puede reñir con el concepto de
“mansión”. La versión mecanografiada es mucho
más sustantiva que la original, lo que parece
justificar el cambio en el título de “mansión” por
“habitación”.

[21]. La brasa

La versión recogida por Páez Escobar en 1979 se


titula “Brasa” y difiere de la definitiva en varios
aspectos. La distribución de versos y estrofas es
otra y la conclusión se basa en acciones distintas:
“Yo la robé”, dice la primera versión; “yo la palpé”,
dice la versión mecanografiada. Por el sentido del
poema este cambio no es desdeñable y se
relaciona orgánicamente con las demás
modificaciones, que tienden a abstraer la idea de
acciones concretas y destruir la icasticidad de las
imágenes. Por ejemplo, “las lenguas retorcidas del
fuego. / Los cónicos proyectos de la llama” se
transforman en “las lenguas delirantes del fuego, /
los ávidos proyectos de la llama”: lo visual
desaparece para anular la idea del fuego como
espectáculo y acentuar la imagen del mismo como
símbolo, a lo cual contribuye también la
determinación en el título, como ocurre en igual
sentido con el poema “La llama”. Esta es la versión
de 1979:

39
La casa entre la niebla - Poemas

Manuscrito de Mansión íntima.

40
Carlos A. Castrillón

Brasa

Al mover el rescoldo su violenta semilla


estalló en mil estrellas
de chispas crepitantes.
La descubrí en su nido de rubíes efímeros
de pura sangre transparente.
Ella estaba escondida
en mundos de cenizas pesadas,
disimulando en frágiles pavesas
su cuerpo rojo, comburente.
Brasa viva. Luminosa. Enterrada.
Guardando en sí latente la fuerza de la
chispa.
Las lenguas retorcidas del fuego.
Los cónicos proyectos de la llama
y las grandes conflagraciones.
Yo la robé: miradme las manos laceradas.

41
La casa entre la niebla - Poemas

Referencias

Betancourt, Oscar (1976). “Carmelina Soto:


sucesora de Juana de Ibarbourou”. Semanario
de El Pueblo, Cali. Diciembre 26. P. 6-7.
Carreño, Antonio. (1982). Dialéctica de la identidad
en la poesía contemporánea. Madrid: Gredos.
Castrillón, Carlos A. [Comp.]. (2000). Antología de
la poesía en el Quindío. Bogotá: Tercer Mundo.
Castrillón, Carlos A. (2004). La poesía en el
Quindío. Armenia: Editorial Universitaria de
Colombia.
Echavarría, Rogelio (1998). Quién es quién en la
poesía colombiana. Bogotá: El Áncora Editores.
Gutiérrez, Carlos Fernando (1998). La poesía en el
Gran Caldas. Armenia: Universidad del Quindío.
[Tesis del postgrado en Enseñanza de la
Literatura].
López Gómez, Adel (1997). ABC de la literatura del
Gran Caldas. Armenia: Universidad del Quindío.
Páez Escobar, Gustavo (1995). “Dos poemas
inéditos. Un año sin Carmelina”. La Crónica,
Armenia. Marzo 22. P. 3.
Vieira, Maruja (1991). “Carmelina Soto en la
poesía colombiana”. Boletín de la Academia
Colombiana. 41(173):107-116.

42
La Casa entre la Niebla
Carmelina Soto Valencia
Carmelina Soto Valencia

La llama

Ardiente. Solitaria. Luminosa.


Inquieta. Agonizante.
Nunca en sosiego.
Suicida claridad
por ideal resina alimentada.

Una noche compacta la limita, la asedia


con su sombra impalpable y silenciosa.
Su luz se aviva y lucha
contra el poder invencible de la noche.

Llama temblorosa,
arrebatada, urgente, lacerante.
Me hechizó su esplendor.
Me bañó su fulgor.
Su lengua ardió mi piel.
Sentí su quemadura.
Escuché su crepitar un instante.
Ella. Yo. Yo. Ella.
Sólo una llama sola
sin extinción posible.
Voraz, secreta llama inextinguible.

45
Carmelina Soto Valencia

La sombra

Siempre ha estado conmigo.


Día y noche me acompaña.
Se me pierde en la oscuridad
y a veces se esconde en mi corazón
como una noche larga.

47
Carmelina Soto Valencia

Lo efímero

El amor es tan frágil que se muere por nada


y el placer tan efímero que pasa en un momento.
Sólo queda el recuerdo con el oído atento
al rumor de la noche divina y constelada.

Lo demás es la vida minuciosa, contada


y medida en minutos que se los lleva el viento.
De pronto cruza rauda la luz de un pensamiento
como una exhalación por la frente sellada.

Las horas lentamente van royendo los días.


Del tiempo las voraces y profundas estrías
denuncian en el rostro del pasado la herida.

Agotados los días, queda muy poca cosa…


si acaso un gesto, un aire, la esencia de una rosa
y el saber que soñando se nos pasó la vida.

49
Carmelina Soto Valencia

Bandera

Flamea y en el aire su roce


hace un sonido de seda.
Sus colores primarios
revientan en el viento
como una flor inmensa.

Su amarillo es trigo candeal.


Riqueza.
Sabor del pan de cada día.
Sabor de la heredad.

Su azul es agua marina.


Inmensas olas en desasosiego.
Pescadores, naufragios,
ágiles veleros.
Naos capitanas ya desaparecidas
aún surcan estos mares
de leyenda y de ensueño.

Y está también la sangre,


rojo vino caliente,
que páramos de espanto
y arenas calcinadas absorbieron
en una lucha sin cuartel y a muerte.

Hombres fuertes
desde inhóspites valles la trajeron
y en las más altas cimas de los Andes
la anclaron
para afirmar la pertenencia
del patrio suelo

51
Carmelina Soto Valencia

y envueltos en sus pliegues


entraron a la gloria
y al más largo recuerdo.
La bandera es cielo, fruto, sangre
tierra, muerte, dolor, nostalgia y gloria.
Bandera de la patria
que aquí en mi corazón
palpita y habla.

52
Carmelina Soto Valencia

La chispa

Está latente en la brasa, en el rescoldo,


en la llama.
En la entraña del pedernal
duerme intacta
y cuando grita el pedernal herido
entonces se despierta y salta.
Brilla sólo un instante y muere
y en ese instante de viva luz
chisporrotea y canta.

53
Carmelina Soto Valencia

La mano

Sobre la carpeta roja


a orilla de la mesa
la mano pende un poco hacia el vacío.
La mano indiferente
parece muerta.
Los ojos de su dueño
miran hacia un punto lejano
y ella sigue ignorada.
Está allí quieta,
sola, olvidada,
sin fuerza.

55
Carmelina Soto Valencia

Por las selvas de América

Por las selvas de América ando perdida


y hablo sola.
Otros, antes que yo, por aquí anduvieron
y también hablaban solos
como yo, ahora.
A veces escucho sus palabras
como en vasto murmullo
cada vez más lejanas.
Mi voz se pierde entre ellas
como en un mar profundo
hasta que por la espesura de la selva
suenan innominadas, graves,
como el distante coro
de antiguas catedrales
que acompañaran sus ritos con la música leve
de móviles láminas de oro.

Alguna vez yo quise rescatar del olvido


y de entre tantas voces
una voz pura y nueva.
¡Pero no! Todas ellas nacían y morían
en el rumor constante del boscaje
de las selvas de América.
Hubo un instante de silencio
y daba un miedo grande
este breve silencio.
Tal vez mientras escribo,
las innúmeras voces ya han partido
hacia otras latitudes
o tal vez han muerto.
Si esto es así… ya no importa hablar sola
mientras el bosque sigue floreciendo.

57
Carmelina Soto Valencia

Rostros negros

¿De qué profundidades,


de qué lejuras tórridas
provienen estos rostros?
¿Qué atabales telúricos
dijeron su llegada?
Cabellos rudos, ásperos,
aferrados a la cabeza larga.
Ojos llenos de asombro
y de miedo.
Boca grande de gruesos labios
y dentadura blanca y fuerte.
Piel negra, piel oscura
donde la noche se quedó dormida
para siempre.

59
Carmelina Soto Valencia

La casa entre la niebla

Yo viví en una casa entre la niebla.


Un aroma insistente de maderas y rosas
me la recuerda.
Rostros adolescentes
creo que me aguardaban.
Soñaba con esta casa bella.
Soñaba y no sabía que soñaba.
Inolvidable casa entre la niebla.
Hoy no sabría encontrarla.

61
Carmelina Soto Valencia

El vaso

La luz pasó por él


sin romperlo ni mancharlo.
El vaso es luz congelada.
Su origen es arena y cuarzo.
Girante llama quieta en el aire.
Vibró la llama en un mismo sitio
del amarillo al rojo
hasta alcanzar el blanco infinito.

Vaso transpasado por el fuego.


Vaso purificado por la llama.
Vaso transparente para el ritual del vino
y el misterio del agua.

Girante vaso que vibró seguido


hasta alcanzar el temple y el sonido
de su cristal.
Lumbre.
Sonoro vaso.
Vaso sagrado.
En él, el agua misteriosa
temblando pura la llevé a mis labios.

63
Carmelina Soto Valencia

El adiós

Todo fue un mal momento.


Sentí que un viento duro
me arrojaba lejos… lejos.
Que paladas de olvido
me sepultaban viva.
Que se habían desatado
nuestras manos
que tenían ataduras
de amor y de misterio.
Que vendrían otros días
de soledad inmensa.
Que viviría entre gentes
que nunca sabrían nada
de adioses y de penas
o manos desatadas.

Hoy sólo y raras veces,


siento en mí aquel adiós,
por el paso del tiempo, esclarecido,
limpio como una llama,
pero ya no es lo mismo.

65
Carmelina Soto Valencia

El cenicero

En él dejó sin terminar el cigarrillo.


Ya no hay nadie.
Nada más que un aroma de tabaco
en el aire.
La silla un poco lejos de la mesa.
¿Hacia dónde habrá ido?
Quizá no vuelva. Es tarde.

67
Carmelina Soto Valencia

Llama y sombra

Entre muchas, mi llama fue encendida


por un soplo de amor, dulce momento.
Aire que la elevó hacia el firmamento
y le dio movimiento y le dio vida.

Pero la sombra estaba allí, escondida,


íntimamente oculta en su ardimiento.
Fuerza de vida y muerte. Doble acento
de gozo y soledad, dolor y herida.

Hoy inquieta flamea y chispas lanza


de conjuro a la noche que la alcanza
y le inclina hacia el suelo su pabilo.

La noche imperturbable crece oscura.


La llama sigue inquieta e insegura
ardiendo a lampos de la muerte al filo.

69
Carmelina Soto Valencia

Espejismos

Transito por las calles


que en otro tiempo anduve.
Por los ríos tutelares
viajaban sin afán en rebaños las nubes
y en dorados racimos
las estrellas titilantes.
¿Quién puede devolver a las ciudades
aquel sabor de pueblo y de pasado
y el olor de mazorca septembrina?
Los ríos eran claros
y se veían los peces
y los rostros en ellos.
Espejos fugitivos
por donde se fugaron
los rostros y los sueños.

71
Carmelina Soto Valencia

Aroma

La rosa ya no está.
Murió la rosa
que estuvo viva sólo una mañana.
Murió y dejó su aroma
vagando para siempre
por mi estancia.

73
Carmelina Soto Valencia

La casa iluminada

Esta es la casa que habité otro tiempo.


La luz de oriente le llegaba entera
por las grandes ventanas.
Los bombillos eléctricos
espantaban las sombras de la noche
de las 6 de la tarde hasta la madrugada.
Por las noches se encendían
las lámparas de los aposentos.
Hasta tarde se escuchaban murmullos…
nada concreto…
no se entendía palabra.
Yo escuchaba en sueños
voces amortiguadas…
y veía rostros…
rostros que fui a palpar
en las profundas lunas
de los claros espejos
y ya no estaban.
Muy tarde se extinguían las lámparas.
Una quedaba encendida.
Alguien velaba…
alguien velaba y escribía
y el rasgar de la pluma sobre el papel
se oía.
Jamás las hondas lunas
de los claros espejos
volverán a repetir
los adorables rostros de otros tiempos.
Los rostros sólo vuelven del olvido
a las estancias que el recuerdo elige
y en esta casa iluminada viven
y mi niñez transita
llevando de la mano su fantasma infinito.

75
Carmelina Soto Valencia

Habitación íntima

Paredes de tonos suaves…


verdes pálidos.
El comedor sin adornos.
El mantel blanco,
los cubiertos,
el agua cristalina
trémula entre los vasos.
La canasta de mimbre
con el pan dorado.
La sala con sus muebles
y algunos cuadros.
El dormitorio.
El lecho, las cobijas,
la almohada,
el armario
y al frente el pez y el ancla
y en el lado derecho de la casa
la mesa
y en la mesa la lámpara.

77
Carmelina Soto Valencia

Retrato

De algún país lejano


llegó este rostro blanco
de nariz recta y firme
y cabello castaño.
Ojos de ensueño.
Boca sugerente
que desde el lienzo malva
me sonríe siempre.

79
Carmelina Soto Valencia

La laguna sagrada

Mi casa primigenia
vive tenaz en pálidos recuerdos,
suave, tibia, inefable, transparente,
como una laguna sagrada
vista en sueños.

En sus cálidas aguas misteriosas,


exaltadas por magnos plenilunios
y agotadas por áridas menguantes,
habité como el pez en el acuario
íntimamente oculta por móviles cortinas
de sonrosado terciopelo
de undosos pliegues palpitantes,
que ineluctablemente se acercaban
mientras yo crecía.

¡De pronto, un cataclismo!


Hubo un crujir de huesos,
un trizar de cristales,
un desgarrón de fibras,
un relámpago…
una ola roja y fuerte que me lanzó hacia afuera
y escuché un grito solo, como ninguno, ¡solo!
Y desde entonces tengo el corazón
contando los instantes
y el agua salobre de la laguna sagrada
en mis ojos.

81
Carmelina Soto Valencia

Los guantes

Fueron dejados al desgaire


aquí solos… vacíos.
¿Qué urgencia provocó su abandono?
¿Qué pena? ¿Qué secreto?
¡Las manos solas por el aire vagan!
¿Quién protege su soledad,
su piel sensible, su tacto, su silencio?

¡Son guantes de otro tiempo!


¿Cuál tiempo? ¿Cuál momento? ¿Cuál instante?
¡Ningún tiempo!
Siempre han estado aquí, quietos,
solos, vanos y fríos
y las manos lejos,
olvidadas, heladas, trabajadas
y ellos aquí, ajados, viejos…
y las manos desnudas, indefensas
volando por las noches y los días…
sin sentido… sin ellos.

83
Carmelina Soto Valencia

La brasa

Al mover el rescoldo,
su violenta semilla
estalló en mil estrellas
de chispas crepitantes.
La descubrí en su nido
de efímeros rubíes
de pura sangre transparente.
Allí estaba escondida
disimulando en mundos
de frágiles pavesas
su cuerpo rojo y comburente.

Brasa enterrada viva


guardando en sí, latente,
la fuerza de la chispa,
las lenguas delirantes del fuego,
los ávidos proyectos de la llama
y de las grandes conflagraciones.
Yo la palpé…
miradme las manos laceradas.

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