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775 Ideas sobre socialismo y comunismo en El Salvador

Volumen 62 Número 707
eca
Est udios Cent roamericanos
Palabras clave:
campesinos, catolicismo, El Salvador,
Europa, historia, indígenas, liberalismo,
positivismo, prensa, revolución, siglo XIX,
socialismo.
Ideas sobre socialismo y
comunismo en El Salvador
de finales del siglo XIX
(1880-1897)
Roberto Armando Valdés Valle*
* Catedrático del Departamento de Filosofía, UCA. Correo electrónico: rvaldes@buho.uca.edu.sv.
Resumen
En este trabajo se explora la acti tud ante el
socialismo y el comunismo de algunosintelec-
tualesy publi caci onessalvadoreñasde fi nales
del si glo XI X. Así , se hace una revi si ón de
artí culos publi cados, entre 1880 y 1897, en
La Discusión, El Católico, El Pabellón Salva-
doreño, El Municipio Salvadoreño, El Fígaro
y La Universidad, a fi n de contestar a una
pregunta central: ¿puede detectarse en estos
autoreso publi caci onesun ci erto temor haci a
el socialismo, una especie de presentimiento o
sensaci ón que leshi ci era pensar que se cerní a
sobre el paísuna importante convulsión social
como la que en aquel entoncesestaba experi -
mentando Europa?
Volumen 62 Número 707
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Est udios Cent roamericanos
776 Ideas sobre socialismo y comunismo en El Salvador
En el presente trabajo, qui ero explorar la
acti tud ante el soci ali smo y el comuni smo en
algunos i ntelectuales y publi caci ones salva-
doreñas de fi nales del si glo XI X, y detectar si
exi stí a alguna especi e de temor al soci ali smo,
o a que el soci ali smo o el comuni smo fuera
i mplementado en el paí s por movi mi entos
radi cales. Todo esto teni endo como base el
hecho de que a i ni ci osde losañostrei nta del
si gui ente si glo, en 1932, se di o un vi olento
levantami ento de i ndí genas que hasta ci erto
punto fue i nflui do por mi embros del Parti do
Comuni sta Salvadoreño. Entonces, ¿podemos
detectar en estos autores o publi caci ones un
ci erto temor haci a el soci ali smo, una especi e
de presenti mi ento o sensaci ón que les hi ci era
pensar que se cerní a sobre el paí suna i mpor-
tante convulsi ón soci al como la que en aquel
entoncesestaba experimentando Europa? ¿Te-
mí an que ese malestar que exi stí a en Europa
pudi ese extenderse al paí s?
Tambi én me i nteresa destacar cuáles eran
los autores soci ali stas que los i ntelectuales
salvadoreñosmanejaban o conocí an en aquel
entonces; en particular, me interesa determinar
qué tanto el nombre y lasteoríasde M arx eran
conoci das o ci tadas. Esto últi mo me parece
importante por la trascendencia que se supone
tuvo su obra en el si glo XX y por la posi ble
i nfluenci a de ésta en el movi mi ento i nsurrec-
ci onal del 32.
Para responder a tales i nterrogantes, me
voy a restri ngi r al estudi o de algunosartí culos
apareci dos en peri ódi cos o revi stas del paí s,
publi cados entre los años 1880 y 1897, pe-
rí odo que cubre el i ni ci o y consoli daci ón de
lasllamadasreformasliberalesimpulsadasdu-
rante los gobi ernos de Rafael Zaldí var ( 1876-
1885) , Franci sco M enéndez ( 1885-1890) ,
Carlos Ezeta ( 1890-1894) y Rafael Antoni o
G uti érrez ( 1894-1898) .
Losmaterialesimpresosconsultadosson los
si gui entes: La Discusión, El Católico, El Pabe-
llón Salvadoreño, El Municipio Salvadoreño,
El Fígaro y la revi sta La Universidad. Debo
enfati zar que no esesta una i nvesti gaci ón ex-
haustiva ni concluida, sino una primera aproxi-
maci ón al tema; entre otrasrazonesporque el
material bibliográfico del que se dispone no es
completo
1
. En este senti do, se corre el peli gro
de dar por una tendenci a general lo que re-
presentaba tal vez solo la postura de algunos
autores de la época, i ncluyendo a algunos
sectoresobreroso artesanos, como se verá.
Hago todasestasadvertenciasporque hasta
el momento no he encontrado un artí culo o
autor de la época que muestre una postura de
si mpatí a haci a el soci ali smo, como sí sucede
en otros paí ses lati noameri canos, tal como
ha demostrado el i nvesti gador cubano Pablo
G uadarrama en algunosde susescritos. Por lo
tanto, adelanto que en los artí culos revi sados
solo se expresa un rechazo total tanto al so-
ci ali smo como al comuni smo, aunque no una
preocupaci ón grave por la posi bi li dad de su
llegada a El Salvador. Con respecto a M arx,
solo en una de las publi caci ones estudi adas
he podi do encontrar una referenci a a él y su
obra. Esto qui ere deci r, a mi jui ci o, que mi les
de cosaspodían preocupar a estosintelectuales
( la masonerí a, el ateí smo, peleas entre li bera-
les, la oposición de la I glesia a losprocesosde
modernización, la vagancia, etc.) , según fueran
sus ci rcunstanci as y tendenci as; pero no me
parece que el soci ali smo o la llegada del co-
muni smo fuera una de ellas. Al menosesto es
lo que losdocumentosconsultadosrevelan.
Y, si n embargo, resulta muy i mportante
analizar lascausaspor lascuales— y la forma
en que— se rechazó teóricamente al socialismo
y al comunismo en un paíscomo El Salvador
que, como ya dije, unasdécadasdespuéssería
sacudido por una violenta rebelión de indíge-
nas. Personalmente, eseste un punto intrigante.
¿Cómo entender, entonces, la ceguera de estos
intelectualesde finalesdel siglo XIX a lo que se
estaba gestando en el país? ¿O era que todavía
no se estaba gestando nada? ¿Esque acaso no
existían en el país problemas de pobreza tan
1. La investigación se restringió al material impreso contenido en la sección de “Colecciones Especiales” de la
Biblioteca “P. Florentino Idoate, S.J.” de la UCA.
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gravescomo losque existían en Europa? O si
existían, ¿por qué no eran capaces de ver la
miseria y la pobreza en el país con la misma
claridad con que la miraban en Europa? Estos
son algunos de los aspectos que deben ser
esclarecidospor futurasinvestigaciones.
En el caso de que sí se estuvi era gestando
un grave malestar soci al, ¿cómo es que estos
i ntelectuales llegaron a consi derar que el peli -
gro de revueltassociales, de violentosintentos
por i mplantar el soci ali smo, era algo que solo
afectaba o amenazaba a Europa? A mi jui ci o,
es claro que a nuestros i ntelectuales les falla-
ron los cálculos, y que el enemi go i nterno y
vi si ble que tení an en la mi ra, cualqui era éste
haya si do, no era en reali dad tal, si no la mi -
seri a que se estaba extendi endo lentamente
entre los i ndí genas y campesi nos, sobre todo
del occi dente del paí s, a consecuenci a de la
pri vati zaci ón de sus ti erras comunales o eji -
dales, producto preci samente de las reformas
li berales i mpulsadas en este perí odo
2
. No
obstante, los i ntelectuales salvadoreños solo
tení an oj os para contemplar horrori zados
la mi seri a y el soci ali smo que se extendí an
por toda Europa. Al fi nal, la bomba estalló
donde menos lo esperaban: en medi o de sus
confi adas y opti mi stas posi ci ones teóri cas
sobre el futuro de un paí s joven y lleno de
prometedoras esperanzas, como parecí a ser
El Salvador. Q ui zá este breve estudi o pueda
ofrecer alguna luz o elementos de di scusi ón
que ayuden a comprender mejor cómo se
fraguó la sangri enta represi ón de 1932.
1. Los t ext os y sus ideas
A continuación haré una breve presentación
de los artí culos consultados y de la tendenci a
teóri ca desde la que fueron escri tos: li berali s-
mo, catoli ci smo, posi ti vi smo. La exposi ci ón
segui rá un orden cronológi co, i ni ci ando por
lostrabajosmásanti guos.
1.1. La Discusión (1880-1881)
La referencia mástemprana que he podido
encontrar hasta el momento sobre el soci ali s-
mo se encuentra en la edición del 2 de julio de
1880 del peri ódi co La Discusión. Se trata de
un breve comentari o sobre la personali dad y
obra del socialista y anarquista M ijaíl Bakunin,
qui en habí a falleci do reci entemente ( 1876) .
Trascri bo a conti nuaci ón la nota y luego haré
algunoscomentari os.
M i guel Baokouni ne, ruso que fué llamado el
Bárbaro del Norte, fundó el Colectivismo anar-
quista ( deri vado de la ‘ I nternaci onal’ , fundada
en Londresen 1864.) Esel autor de losterribles
reglamentos y proclamas en que desconoce
gobi erno, reli gi ón, propi edad, & , todo aquello
que sosti ene el equi li bri o soci al; por lo que a él
y sussecuacesse ha llamado Nihilistas.
3
Es de destacar que en este pequeño co-
mentario no se menciona a M arx ni al conflicto
que tuvo éste con Bakunin desde la fundación
misma de la Internacional. También debo decir
que en vano he buscado alguna referenci a a
M arx en los números que he consultado, ni
siquiera se llega a registrar su muerte, acaecida
en 1883.
La Discusión era un peri ódi co di ri gi do y
redactado por los estudi antes de derecho de
la Universidad de El Salvador; fue fundado en
1880 bajo la di recci ón de Antoni o J. Castro,
Esteban Castro y Baltasar Parada
4
. A jui ci o
2. Véanse al respecto, los capítulos VI, “La privatización de la tierra” (pp. 213-252) y VII, “Un país cafetalero”
(pp. 253-308), del estudio de Lindo-Fuentes, H., La economía de El Salvador en el siglo XIX, Biblioteca de
historia salvadoreña, Vol. 12, San Salvador: Dirección de Publicaciones e Impresos, 2002; y los capítulos 7,
“La privatización de la tierra y la transición a un campesino propietario, 1881-1912” (pp. 253-294), y 8, “La
abolición de las tierras y comunidades étnicas, 1881-1912” (pp. 295-330), del también muy interesante estu-
dio de Lauria-Santiago, A., Una república cafetalera, Biblioteca de historia salvadoreña, Vol. 15, San Salva-
dor: Dirección de Publicaciones e Impresos, 2003.
3. “Miguel Baokounine”, La Discusión, 2 de julio de 1880, p. 7. (En lo fundamental, en este texto y los que le
siguen se ha respetado la ortografía y sintaxis originales.)
4. Cfr., López Vallecillos, Í., El periodismo en El Salvador, San Salvador: UCA Editores, 1987, p. 196.
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de López Valleci llos, Antoni o J. Castro “ desa-
rrolló en este semanari o una i ntensa labor de
ori entaci ón i deológi ca. Anti cleri cal, susluchas
fueron contra la i ntransi genci a y la i ntoleran-
ci a reli gi osa” . Y añade: “ En laspági nasde La
Discusión, se vi ve un peri odi smo de combate,
si n que por ello decai ga la altura de las i deas
o el tono de losartí culos”
5
.
A mi parecer, la línea editorial de La Discu-
sión podría ubicarse másespecíficamente den-
tro de un li berali smo masón y casi ateo, dado
su exacerbado anti cleri cali smo y su apoyo a
las reformas i mplementadas por el gobi erno
de Rafael Zaldí var ( 1876-1885) , las cuales
estaban li mi tando sensi blemente el poder
de la i glesi a católi ca en temas de educaci ón,
matri moni o ci vi l, li bertad de cultos, etc. Pero
tambi én esta ori entaci ón masóni ca se evi den-
ci a por su apoyo i ncondi ci onal al i ntelectual y
alto miembro de la masonería salvadoreña Ra-
fael Reyes( 1847-1908) , quizá el defensor más
emblemáti co de la reforma educati va li beral
salvadoreña y qui en llenó pági nas y pági nas
durante añosjustificando lasaccionestomadas
por losgobiernossalvadoreñosy denunciando
la supuesta i rraci onali dad y prepotenci a de
la I glesi a salvadoreña frente a los i ntentos de
reformas que le arrebataban su control sobre
la educaci ón pri mari a.
1.2. El Católico (1881-1884, 1891)
El Católico fue al parecer el órgano ofi ci al
de la Soci edad San Vi cente de Paúl; pero
para todos los efectos prácti cos se trataba del
órgano de di fusi ón del pensami ento católi co
oficial, que por entonces, como ya indiqué, se
encontraba enfrascado en batalla tanto con el
gobi erno de Zaldí var como con el Dr. Rafael
Reyesy sussegui dores.
Ahora bi en, a mi jui ci o, se pueden di vi di r
en dosmomentoslosartículosencontradosen
esta publi caci ón; momentos separados por la
publicación en 1891 de la importante encíclica
Rerum Novarum de León XI I I ( 1878-1903) .
5. Ibíd., p. 195.
Como se sabe, con esta encí cli ca se da i ni ci o
a la llamada Doctri na Soci al de la I glesi a.
Representantes del primer período, previos
a la aparición de la Rerum Novarum, serían
los siguientes textos: “ Lecciones de filosofía
popular ( VIII) : Conclusiones” , 14 de agosto de
1881, pp. 3-4; “ Ensayo de socialismo: Cuento-
histórico” , 8 de julio de 1883, pp. 213-214; “ El
comunismo: Lo que vá de ‘ el dar’ a ‘ el tomar’ ” ,
2 de septiembre de 1883, pp. 274-275; y “ Fir-
meza socialista” , 18 de mayo de 1884, p. 160.
De todos estos artí culos, sólo el pri mero,
“ Lecci ones de fi losofí a popular… ” , puede
consi derarse como una elaboraci ón teóri ca
reali zada por un autor que escri be desde el
país, aunque en dosocasionesmuestra su de-
pendencia de un tal P. M estres. En cambio, los
tresrestantesson textostomadosde periódicos
o revi stas españolas de la época. “ Ensayo de
soci ali smo… ” está tomado de la Revista Po-
pular; “ El comunismo: lo que vá de… ” , de La
defensa de la sociedad; y “ Fi rmeza soci ali sta”
declara sin másal final del mismo: “ Copiado” ,
si n i ndi car su fuente.
Por otro lado, llama la atenci ón el carácter
másbi en li terari o de estostresartí culos. En el
caso de losdosprimeros, se trata de auténticos
cuentos o relatos de fi cci ón sobre pequeños
experi mentossoci ali stasque, como era de es-
perarse, termi naron en desastre, y de loscua-
les los pobres, es deci r, los que más podrí an
ser seducidospor lasesperanzasde equidad e
i gualdad que ofrece el soci ali smo, termi naban
completamente convencidosde su impractica-
bilidad o malignidad. Trascribo a continuación
la conclusi ón de dosde esosrelatoso cuentos
anti comuni stasy anti soci ali stas.
Lascabezasdel motín volvieron de la breve emi-
gración tan serenoscomo si tal cosa, dispuestos
a emprender nuevamente su propaganda, que
al fi n a ellosno leshabí a i do tan mal en el ne-
goci o. M ásen cuanto abri eron la boca tuvi eron
que cerrarla másaprisa; pueslasmujeres, como
bi en escarmentadas, habí a jurado apedrear al
pri mero que i ntentase hablar de socialismo, co-