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Ministerio juvenil “Guerreros de luz”

Reflexiones juveniles

EL LAZO DEL DIABLO

¿Cómo estás querido joven amigo?. Nuevamente nos encontramos para descubrir
los verdaderos valores de la vida que se encuentran escondidos cual tesoros en las
páginas de la Biblia y listos para ver lo que: "La Biblia Dice..." sobre temas los que
te interesan.

Quisiera que continuemos durante este estudio redondeando los conceptos que
estuvimos considerando sobre un tema tan basto como lo es: las posesiones. En el
estudio anterior vimos específicamente algo sobre la ofrenda e intentamos
desenmascarar lo terrible del lucro con el cual muchos ministros llamados cristianos
hoy en día desgastan a sus fieles consumiendo sus bienes y lo que es peor sus
esperanzas al prometerles prosperidad que nunca llega. Pero hoy quisiera que
veamos la administración de nuestras posesiones y el peligro que conllevan las
mismas si no están correctamente ubicadas en el lugar que merecen en tu vida y
en la mía.

Para basar nuestro estudio abramos nuestras Biblias en 1ra de Timoteo 6:6 en
adelante, que es la gran disertación de Pablo sobre el dinero. ¡Hay, si cada país
agregara estos conceptos en sus constituciones!. Para sorpresa nuestra el apóstol
comienza su coloquio diciendo: "Pero gran ganancia..." ¿Cómo, no es que la Biblia
denuncia la ambición, cómo comienza de esta manera alguien que se dispone a
hablar sobre los valores eternos de la vida?.

Es que la verdadera "ganancia" de la vida se encuentra en cultivar un espíritu libre


de queja (lo que la Biblia define como: "contentamiento"), que me acompañe
durante toda mi estadía en esta tierra con la mirada puesta en agradar al Dios que
me creó y me dio la vida, e invirtiendo en tesoros eternos en el mejor banco del
universo que es el del cielo donde ningún ladrón me puede robar y donde se me
reditúan los más altos intereses, y vivir así contento con lo que tengo ahora y no
triste, ansioso e insatisfecho por lo que no puedo tener ahora. Al fin y al cabo,
como dice el versículo 8, "nada hemos traído a este mundo y nada podremos
llevar", ¿no es elemental pero cierto esto?. El gran Alejandro Magno, antes de morir
pidió que en la mortaja mortuoria lo dejen con las manos afuera para que todos
vean que nada se llevaba.

Sí, aquel que empuñó la espada más poderosa de la historia, volvía al polvo con las
manos vacías. Ante esta paradoja, ¡Qué ridículo suena! la ambición de aquellos
que, como dice el versículo 9: "¡Quieren enriquecerse!" El pecado no está en ser
rico sino en querer serlo. Por cierto la Biblia está repleta de ejemplos de hombres
ricos que fueron de gran utilidad para la causa de Dios.

Basta mencionar a Abraham que según lo declara Génesis 13:2 "... era riquísimo en
ganado, plata y oro". En otras palabras era el Roquefeller de los orientales de
aquella época. Pero tenía los valores bien en claro y fue "amigo" de Dios. Sí, Dios
es amigo de todos los que le buscan y también de los ricos que basan sus
ganancias en una vida de piedad contenta y conforme y que no buscan
enriquecerse.

Los que quieren enriquecerse son los que no se contentan con el alimento, el
vestido y la casa (que son las metas básicas a desear según el versículo 8), sino
que están decididos a tener más. Esta meta es peligrosa y el resto del versículo 9
se encarga de prevenirlo. Conduce a los hombres a la tentación de utilizar medios
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deshonestos para lograr dicha meta, y luego caen en la trampa de pagar ante la ley
el costo de la deshonestidad. Por cierto las celdas de la prisión están repletas de
hombres bueno que por el simple hecho de desear tener más han caído en estafas,
sobornos o hasta aún homicidios en momentos de crisis económica.

Es que el deseo se vuelve tan intenso que no se puede librar de él. Quizá se
promete que cuando llegue a cierta cantidad en su cuenta bancaria se detendrá.
Pero no puede. Cuando llega a aquella meta, desea más. Qué oportuna es la
palabra que utiliza el Espíritu Santo en la pluma de Pablo al llamar a esta sed de
tener más: "lazo del diablo", por cierto aprieta, ahorca, y cuánto más se tira más
difícil es soltarse hasta que te asfixia y mueres. Lo trágico de esto es que, en una
actitud inconsciente, el ambicioso va camino a su propia ruina y perdición, culmina
el versículo 9. Sin darse cuenta, lo que hacen para asegurarse su porvenir no es
otra cosa que destruir su presente y el de su familia al abandonar los valores
éticos, morales y espirituales a cambio de tener más.

La destrucción es completa. Hay una ruina total de la felicidad, de la virtud, de la


felicidad y del alma. El deseo dominante de ser rico lleva a una sucesión de
insensateces que arruinan todo en el presente y en el más allá. ¡Cuántos de la
familia humana han sido destruidos así! Pero, escúchame bien: ¡¡¡Cuántos de la
familia cristiana, fueron traspasados por ésta misma saeta de ambición!!!. Sí, dice
el final del versículo 10 que: "algunos se extraviaron de su fe y fueron traspasados
de muchos dolores". Hoy puedo recordar a tantos jóvenes llenos de dones,
cargados de sueños misioneros, involucrados en las actividades de la iglesia que
una vez que comenzaron a trabajar y a ganar dinero o que se embarcaron en
deudas para adquirir algo que se les promocionaba como una "urgente" necesidad
(el tema de las deudas y de los préstamos merecería un estudio aparte),
abandonaron sus metas espirituales, comenzaron a faltar al culto, se debilitaron en
su vida devocional pues llegaban rendidos de sueño a la cama por el excesivo
trabajo y no había tiempo para la lectura bíblica y gradualmente fueron
desapareciendo del protagonismo cristiano para llegar a ser una víctima más del
"lazo del diablo" y naufragaron.

No te embarques en semejante travesía de insatisfacción descuidando tu vocación a


la que fuiste llamado el día de tu conversión, si al fin y al cabo, el dinero, en
realidad es una de las posesiones menos satisfactorias. Indudablemente, quita
algunas ansiedades, pero introduce tantas como quita. Hay aflicción en su
consecución. Hay ansiedad en su conservación. Hay tentaciones en su utilización.
Hay culpa en su abuso. Hay dolor en su pérdida. Hay perplejidad en su empleo. Dos
terceras partes de todas las luchas en el mundo surgen de una sola causa: ¡el
dinero!. Una vez más es un asunto de fe. Sí, fe en que: "mi Dios suplirá".

Hoy en día hacen falta cristianos que se jueguen por una vida de contentamiento y
que sepan decir que no a la oferta seductora de compañías y empresas que
reclutan sus obreros ofreciéndoles un buen sueldo pero al costo de que lleguen a
ser literalmente sus "esclavos" teniendo así que estar a su disposición las 24 horas
del día y renunciar a todo, familia, iglesia, todo. ¡No!, y una vez más ¡No!. Hacen
falta cristianos sabios que no se dejen seducir por los productos que se ofrecen hoy
en día en pantalla, ni que se embarquen en deudas que después no pueden cubrir o
que las cubren pero cayendo en la esclavitud antes mencionada. Hace falta
cristianos que aprendan que mejor es dar que recibir y que sean sensibles a las
necesidades de los demás buscando el ser útil a la causa del Señor.

Recuerda la enseñanza del sermón del monte: "Más buscad primeramente el reino
de Dios y su justicia y todas las demás cosas os vendrán por añadidura". Querido
joven, ocúpate de Sus asuntos que Él se ocupará de tus asuntos. Sé esforzado, no
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perezoso, trabaja con tus manos en algo digno, busca más bien el poder ayudar
con tus ganancias que el ser ayudado. Deposita tu ofrenda en una iglesia que no
lucre con tu dinero sino que lo invierta para la obra del Señor, busca tu también de
ayudar a algún misionero o a algún hermano que está pasando por necesidad, no
cierres ante él su corazón como dice 1ra de Juan 3. No busques tú el enriquecerte,
déjalo en la perfecta voluntad de tu Señor que si está en Sus planes para tu vida,
te lo mostrará como todas las demás cosas y hará progresar tus negocios y sobre
todas las cosas recuerda que sólo eres un mayordomo de cosas que no has traído
tu a este mundo sino que te fueron encargadas para que las administres y un día
oirás: "Da cuenta de tu mayordomía". "Que el Señor te bendiga".