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Publicado en Revista de la APG, 2006

Desarrollo Económico y Social: Cómo lograrlo?

Hugo Cardona Castillo1


Miembro del Centro PEN Guatemala

El desarrollo económico y social demanda la interacción dinámica de una serie de

elementos, no necesariamente intuitivos y no necesariamente permanentes. Uno de esos

elementos es la condición de que para que haya desarrollo debe haber crecimiento económico,

lo cual significa expansión de la frontera de posibilidades de producción de un país. Si en una

simplificación ilustrativa nos imaginamos en forma agregada los posibles destinos de los

recursos de un país, podríamos agruparlos en la producción de bienes de capital y bienes de

consumo, con una tasa marginal de transformación negativa, que necesariamente implica

sacrificar la producción de un tipo de bienes para poder producir una unidad adicional de los

otros bienes.

Es conocido que casi todos los países del mundo han tenido algún crecimiento

económico. De esos países, son muy pocos los que efectivamente han elevado sus

indicadores de desarrollo, reflejados en la calidad de vida de su población. En general, mientras

los países desarrollados se han vuelto cada vez más ricos, varios países en desarrollo, se han

vuelto relativamente más pobres. Desde la perspectiva de la producción, eso se debe a que

los países pobres destinan la mayoría de sus recursos a la producción de bienes de consumo

para mal alimentar a su población. Los países desarrollados, por otro lado, destinan más de

sus recursos a la acumulación de capital lo que en su momento les permite un crecimiento

económico más rápido. Se reconoce, en todo caso, que dadas esas circunstancias, los países

pobres no están precisamente en la posición de decidir libremente la velocidad y magnitud de

su crecimiento.

Es importante no caer en el error en que se ha caído por muchos años, de suponer que

el crecimiento de los factores de producción implicará necesariamente el crecimiento

económico, pues la evidencia actual indica claramente que la tasa de crecimiento del producto

interno bruto ha sido muy superior a la tasa de crecimiento de los factores de producción:

trabajo, capital y recursos productivos. Estimaciones muy serias indican que de los 3.2 puntos

porcentuales que en promedio han crecido los países desarrollados, un 33 por ciento se debe
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al crecimiento de los factores capital y trabajo; y, un 67 por ciento se debe al incremento en la

productividad de los factores, es decir al lado meramente humano del desarrollo: la educación y

el saber.

El elemento crecimiento económico para el desarrollo, a parte de sus dificultades

meramente técnicas, tiene otro requerimiento un tanto más exigente: debiera ser rápido y

sostenido en términos per capita, con disposición social para una redistribución progresiva de la

riqueza generada. Eso demanda un segundo elemento fundamental que pudiese sintetizarse

en el aspecto de equidad, que implique solidaridad y participación, reflejadas en una elevación

del bienestar social en términos de educación, salud, recreación.

Un tercer elemento, a veces visto con suspicacias y considerado por algunos un tanto

ambiguo, es el relativo a la sostenibilidad del desarrollo humano; elemento que ha sido

expresado de una manera interesante en la definición de desarrollo sustentable como

“capacidad de la humanidad para asegurar que ella satisface las necesidades del presente sin

comprometer la capacidad de generaciones futuras de satisfacer sus propias necesidades”

Este elemento, se entiende, debiera ser complementado con la sostenibilidad de diversidad de

especies y la diversidad de las culturas y tradiciones humanas.

Elemento importante para el alcance del desarrollo social y económico del país es el

relativo a un esfuerzo nacional deliberado tendente a alcanzar cambios estructurales en

términos de la magnitud relativa y composición del producto interno bruto y de la inversión. En

los países que han alcanzado niveles relevantes de desarrollo, el aporte del sector primario

representa al rededor del 2 por ciento del producto interno bruto (en Guatemala la agricultura

representa el 23% del producto interno bruto). Los datos en este sentido son contundentes al

indicar que ningún país ha logrado desarrollarse sobre la base del sector primario. Existe una

correlación negativa entre los niveles de desarrollo de los países y el nivel de aporte del sector

primario. Es preocupante en este sentido que intelectuales guatemaltecos con incidencia en el

pensamiento nacional, aún apuntan hacia la búsqueda de aquellas actividades productivas en

las cuales nuestro país sea más eficiente en términos absolutos, cuando indiscutiblemente la

búsqueda debiera encaminarse a aquellas actividades productivas en las cuales tenemos la

capacidad de producir a un menor costo de oportunidad marginal, particularmente si se toman


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en cuenta las distorsiones causadas a nivel mundial por las medidas de protección que países

desarrollados ofrecen a sus sectores de menor eficiencia productiva absoluta.

Los elementos anteriores nos conducen hacia la reflexión sobre un elemento adicional

que demanda la voluntad institucional de eliminar obstáculos sociopolíticos que limitan el

desarrollo, lo cual desencadenaría en la generación del capital humano con la visión y la

capacidad para asegurar gestión y posicionamiento en el contexto del fenómeno de la

globalización, misma que, como todos comprendemos, no es solamente económica.

Se deberá ser muy cauteloso al jerarquizar muy alto, en las rutas hacia el desarrollo de

nuestro país, el aspecto agrario, pues podríamos estar ubicándonos peligrosamente en

conceptos de desarrollo dominantes hace más de trescientos años, en los cuales la abundancia

de tierra suponía que la humanidad pudiera desarrollarse libremente tomando inicialmente

tierras particularmente fértiles. Tal como la historia lo demuestra abundantemente, a medida

que la población aumentaba, los nuevos terrenos requerían mayores recursos y producían

menos, haciendo que la productividad del trabajo disminuyera significativamente, y con ello, las

posibilidades de ese tipo de desarrollo, incluyendo por supuesto en el análisis, el agregado

subsiguiente que abogaba por el crecimiento económico a través del capital. Esa priorización

supondría un extremo a veces inducido por razones históricas y culturales; y, a veces por el

peso que tiene sobre nuestra realidad, el valor relativo de la producción del sector primario.

De igual manera, otro extremo peligroso es la magnificación del crecimiento económico

per se, pues como queda indicado, ese es tan solo uno de los elementos del desarrollo; y, tal

como ya ha sido reconocido por aquellos organismos internacionales que lo magnificaron, la

teoría del derrame no ha funcionado y no hay, de hecho nunca hubieron, razones para creer

que funcionará.

El enfoque de desarrollo debe ser pues integral, como es la naturaleza misma de los

seres humanos. Debe prevalecer el lado humano del desarrollo o … nuevamente la

humanidad estará destruyendo sus propias oportunidades.


1
Doctor en Economía Agrícola y Ambiental