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¿Alguna vez recibiste una tarjeta de felicitación con una leyenda

impresa y alguien solo la firmo al pie de la página? ¿Te gusto?


A la mayoría de las personas no nos gusta este tipo de tarjetas,
porque no fueron escritas por la persona que la envió.
Aprendí esta lección cuando conocí a Pecos y le regale una tarjeta
impresa. Con mucho tacto me dijo que prefería una tarjeta en la que
yo escribiera mis propias palabras, una tarjeta en la que ella podía
ver mi corazón y mis emociones. Desde entonces, cada vez que le
voy a dar una tarjeta, busco una que este totalmente en blanco y
escribo mis propias palabras.
Muy parecido a esto es lo que sucede cuando nos reunimos a adorar
y entonamos canciones de adoración. Al hacerlo regularmente
cantamos canciones que alguien mas escribió. Son palabras o poesías
que alguien mas sintió y les puso música. Claro que nosotros
podemos apropiarnos de esas canciones y adorar a través de ellas,
pero yo me pregunto si a veces Dios pensara: “Esas son palabras
muy bonitas pero tu no las escribiste. Yo quiero escuchar tus propias
canciones”.
Tal vez digas: “Pero yo no sé cantar, ni escribir canciones, ¿Cómo le
voy a hacer mi propia canción al Señor?”.
Creo que así como nosotros preferimos las palabras de algún ser
amado a las de un poeta profesional, Dios quiere escuchar nuestras
propias canciones, El quiere que le cantemos lo que hay en nuestro
corazón, no importa si nuestras canciones no tienen rima ni métrica o
cantemos desentonados.
Es aquí donde entra el cántico nuevo. Dios quiere que le entonemos
un nuevo cántico cada vez que le adoremos. Déjame explicarlo:
La mayoría de las canciones de adoración tienen terminaciones muy
sencillas, no porque los músicos no tengamos más ideas, sino que
intencionalmente hacemos terminaciones sencillas para que los
adoradores tengan la oportunidad de “escribir” sus propias canciones
al Señor.
Es interesante que cuando acabamos de entonar una canción de
adoración, la mayoría quieren concluir con un aplauso, pero al hacerlo
nos estamos perdiendo la oportunidad de hacer un cántico nuevo.
Es al final de una canción o en algún intermedio donde todos nos
volvemos compositores. Para ese tipo de composiciones no hay reglas
de métrica o rima. Regularmente los músicos solo tocamos uno o dos
tonos para no complicarlo. En ese momento no importa si eres
desafinado o tus palabras no son tan poéticas. Lo más importante es
que tu corazón le exprese a Dios lo que sientes. Es allí donde haces a
un lado la melodía que alguien más escribió y le dices al Señor: “Aquí
está mi canción Señor”, “Aquí está mi poesía” “Esto es lo que siento
por ti”.
Cuando los músicos y yo tenemos reuniones de adoración en las
oficinas de Vastago, la mayoría de nuestra adoración es cántico
nuevo, tal vez pensarías que por ser nosotros compositores nos
dedicamos a cantar las canciones que grabamos en nuestros
proyectos pero no es así. La mayor parte de nuestra adoración es
cántico nuevo. Una vez que has hecho esto una practica constante en
tu vida, esperas con ansias el momento del cántico nuevo.
Este próximo domingo escribe tu propia tarjeta para Dios.

Jesús Adrián Romero

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