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Coyuntura nuestroamericana, misión social del estado y trabajo societal


Autor: César A. Barrantes A.

Coyuntura nuestroamericana
Algo viene cambiando acelerada y violentamente en el mundo: para unos, se trata de una
nueva crisis coyuntural o cíclica de mediano plazo; para otros, se trata de una época de
cambios transformadores conducentes a un capitalismo neomodernizado y humanoide, y para
algunos, estamos asistiendo a un cambio epocal, a un cambio de época. Las pos-neo-
modernidades que encarnan la opresión, la explotación, la dominación, el estadocentrismo
sociofóbico, el sociocentrismo estadofóbico, la globalización neoconservadora y el
imperialismo global humanofóbico están cuasiderrumbándose por sus propias quimeras,
entelequias y fantoches.
Evocando a Marx y Engels hoy podemos decir que un fantasma está comenzando a recorrer
nuevamente el mundo capitalista: el socialismo de siglo veintiuno, uno de cuyos imaginarios
es el rechazo intelectual y militante, cada vez más multitudinario y radical, a una globalización
imperial depredadora que persiste en poner en peligro la vida humana, animal, mineral y el
destino mismo de nuestra Pachamama, nuestra Madre Patria Tierra. Imaginario que está
siendo simbolizado y encarnado por el pensamiento y la acción operativa y estratégica de
pueblos, naciones, clases, etnias y multitudes antes excluidas, explotadas y marginadas de todo
el mundo, hoy incipientemente asumiéndose, al menos en nuestra América como sujetos de
derecho, de justicia, de paz y de democracia participativa y protagónica.


Ponencia presentada en la mesa redonda “Coyuntura Latinoamericana, Estado, Política Social y Trabajo
Social”, realizada dentro del marco del XIX Seminario de la Asociación Latinoamericana de Enseñanza e
Investigación en Trabajo Social. Guayaquil, 4-8 de octubre de 2009.

Trabajador social con estudios de especialización en política social, maestría en planificación social y
doctorado en estudios del desarrollo. Actualmente doctorando en sicoanálisis y ciencia social. Autor de tres
libros sobre economía popular, microempresas y oenegés en Venezuela; asimismo, de una media centena de
artículos publicados en revistas académicas de España, México, Costa Rica, Colombia, Venezuela, Brasil,
Uruguay, Argentina y Chile, y de una veintena inédita. Profesor investigador asociado a la Escuela de Trabajo
Social de la Universidad Central de Venezuela (UCV). Investigador III del Programa de Promoción al
Investigador del Ministerio de Ciencia y la Tecnología. Presidente de la Red Latinoiberoamericana y Caribeña
de Trabajadores Sociales (RELATS). Coordinador General de la Comisión Organizadora de la I Conferencia
Latinoiberoamericana y Caribeña de Trabajadores Sociales y Trabajadoras Sociales que se realizará en la
caribeña ciudad de Coro, Patrimonio Cultural de la Humanidad, capital del estado Falcón, Repúblia
Bolivariana de Venezuela, en octubre de 2010.
http://reconceptualizacion.googlepages.com/cesaraugustobarrantesalvarado; cesarbarrantes2021@gmail.com;
http://listas.reacciun.ve/mailman/listinfo/relats-l; www.relats-academica.org; cbarran@reacciun.ve;
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No obstante lo anterior, algo sigue caotizándose, entropizándose a propósito del maremoto


económico-financiero que está estremeciendo los cimientos del capitalismo imperial, pero
fundamentalmente, por la estrategia del divide y vencerás, de fragmentación, destrucción e
imposición de modelos políticos, culturales, económicos y civilizatorios occidentalizantes que
se yerguen sobre las ruinas de las diferencias orientalistas, sureñistas y africanistas, hoy en
proceso de hermeno-onto-epistemologización diferencial.
En nuestra América los espectros de Marx, Engels, Descartes, Espinoza, pero también de
iluministas, socialistas utópicos y científicos y tantos otros excelentes eurocéntricos de los
siglos XVIII, XIX y XX, embargan los testimonios de vida de próceres, héroes y heroínas de
los procesos independentistas, autonomistas, soberanistas y liberacionistas de ayer y de hoy,
desde el sur del Río Grande hasta la Patagonia pasando por Centroamérica y el Caribe anglo-
francófono.
No fue casual que Bolívar en 1826 dijera que los Estados Unidos parecieran estar destinados
para plagar de miseria a nuestra América en nombre de la libertad; tampoco que el general
pernambucano bolivariano, José Inácio de Abreu e Lima, escribiera en 1855, a pocos años de
haber sido publicado el Manifiesto Comunista, un libro hoy desconocido: O Socialismo, en
donde escribió: “Somos, en verdad, socialistas, pero entiéndase bien, discordamos en gran
parte de los maestros de esas doctrinas y sólo aceptamos de ellas lo que sea aplicable a nuestra
presente situación” (MPPCI-RBV, 2005).
A ya casi ciento sesenta años de esta publicación, la compleja realidad del mundo actual se
explica ya no al estilo de la sociología clásica por factores sociales, sino por fuerzas y
entelequias impersonales y demonológicas como el miedo colectivo, la inseguridad, la
delincuencia, el fundamentalismo, el terrorismo, la opinión pública, el público
hipermediamediatizado, las muchedumbres solitarias encapsuladas en burbujas financieras y
mediáticas, la balcanización de vastas regiones del planeta, el narcotráfico, la parapolítica, los
narcoestados (como Colombia y los Estados Unidos) y las guerras cada vez más
misohumanas, que convierten en agresores y terroristas de lesa humanidad a poblaciones
civiles indefensas que luchan contra el invasor, y a los agresores e invasores en libertadores
democráticos.
Este escenario mundial terrorífico da cuenta de que ninguna instancia política mundial tiene
capacidad reconocida ni fuerza moral suficiente para poner fin, por ejemplo, al conflicto
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árabe-israelí que ha convertido a Palestina y al Líbano en una ruina genocida. Somos testigos
impotentes de la desolación de un sinnúmero de víctimas inocentes, de millones de refugiados
y a la irracional destrucción de toda la infraestructura de países como Iraq, Afganistán, Líbano
y Palestina, para sólo citar unos pocos ejemplos inefables.
Es el brutal e inhumano terrorismo narcoimperial. Y digo narcoimperial porque en Afganistán
la producción de drogas se ha incrementado con motivo de la invasión yanqui, y en Colombia
la producción de cocaína se ha exponenciado con el Plan Colombia al mismo tiempo que
Estados Unidos se ha convertido en el mayor productor de marihuana transgénica del mundo:
según datos del mismo Departamento de Estado de los Estados Unidos sólo California
produce alrededor de $35.000.000.000 anuales, por encima de cualquier producción de
alimentos y bienes básicos para la salud colectiva.
El narcoeje Estados Unidos-Colombia no es ingenuo en modo alguno: la lucha contra las
FARC ha sido funcionalizada por el narcoestado colombiano necesitado del sexagenario
estado de guerra interna que hoy también necesita regionalizar e internacionalizar. Asimismo,
la lucha contra el narcotráfico significa lo contrario: asegurar a los cuarenta millones de
drogodependientes estadounidenses la droga que necesitan, pues en el supuesto –negado por el
Departamento de Estado de los Estados Unidos- de que esos cuarenta millones de humanos no
tuvieran acceso a su droga, los trastornos de conducta individual y colectiva tendrían
consecuencias sociopolíticas insospechadas para el dominio internacional imperial.
Un mundo así fundado sobre la corrupción social y la degradación del ser humano, sólo puede
llevarnos a la destrucción planetaria, a la desocialización desintegradora de todo vínculo
humano y a la guerra compulsiva, como adicción, es decir, sin fin.
Pero además de todos estos factores críticos, el imperio ha agotado sus propias fuentes
petroleras y acuíferas y, por lo tanto, necesita apropiarse de los recursos de otros países como
Iraq, eurasia, Irán y cualquier país del mundo.
Ahora bien, surge la pregunta de por qué irse tan largo si tienen a Venezuela tan cerca. Porque
la doctrina del patio trasero les aseguran por definición esos recursos, pero el imperio necesita,
además, otras fuentes y no depender de una sola por más segura que sea, como la droga
colombiana y el petróleo venezolano. Por ello inventaron los argumentos justificadores de las
invasiones a Irak y a Afganistán: dos de los mayores productores, el primero, de petróleo y, el
segundo conjuntamente con Colombia, de drogas del mundo.
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Entonces petróleo, gas, agua y drogas son el leitmotiv de la sobrevivencia del imperio
encuéntresen donde se encuentren estos insumos. Y donde se encuentren allí hay que ir por
ellos, sin importar cuántas vidas humanas se pierdan ni cuánta destrucción se produzca.
A la luz de la variable contextual arriba esbozada, desde hace un decenio el imperio
yanquicéntrico ha venido desatando, sin declaración oficial alguna, una guerra, denominada de
cuarta generación por los altos mandos imperiales, contra el mundo y, específicamente, contra
la República Bolivariana de Venezuela, Ecuador y Brasil en lo que significan la mayor reserva
biodiversa de la humanidad: la amazonia, pero también contra Argentina, Paraguay y Brasil en
donde confluye la mayor reserva acuífera del mundo. Pero además, ha arremetido contra los
países que se han constituido en la Alianza Bolivariana de los Pueblos de Nuestra América
(ALBA) y en la Unión de Naciones de los Pueblos del Sur (UNASUR) y sus Consejos de
Defensa, Social y Económico, pero también contra instrumentos promisorios como
Petrocaribe, Petrosur, el Banco Interestatal del Sur, la humanitaria Misión Milagro
internacional, Telesur, el periódico "Correo del Orinoco Internacional" y otros proyectos en
marcha.
Por sus reservas de hidrocarburos, minerales, agua dulce, biodiversidad y su posición
geopolítica, Venezuela -y con ella Brasil, Ecuador, Paraguay, Uruguay y Argentina
(Colombia, Perú, y Honduras posgolpe de estado contra Zelaya, ya están obsenamente
entregados, controlados y funcionalizados a la política imperial, y, con matices diferentes no
menos indignos, Chile, Panamá, Costa Rica, México)- es el más codiciable objetivo
estratégico imperial en América del Sur y la clave para la recuperación de su dominación
relativamente perdida en los últimos quinquenios, de su patio trasero.
Hoy está más claro que nunca que la polémica modernidad-posmodernidad, que transversalizó
la academia del último medio del siglo veinte y cuyos coletazos en el primer decenio del tercer
milenio tienen una definición crucial, cual es que el prefijo pos del término modernidad se ha
decantado de manera tal que ya no hay duda de que la semiótica del lo lineal y progresivo, es
decir, del después que le sigue de la modernidad, dejó perplejos a muchos universitarios e
intelectuales al ceder su etapismo teleologista, evolutivo y positivista, al sentido del
rebasamiento de una modernidad que, llegada a sus propios límites, no podía más que
desbordarse o salirse de madre por sus propias obras, dando lugar, por ello, ya no a simples
variantes de lo ya dado, sino fundamentalmente a algo cualitativamente nuevo. Hoy el pos de
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la modernidad perdió el significado de sus prácticas inefables. De lo que realmente se trata no


es de un salto histórico cualitativo lineal ni ascendente, sino de un drástico corrimiento de
plataformas que no pueden ser medidos ni ubicados en la desespiritualizada y desexuada
cuadrícula cartesiana, en fin, se trata de la construcción multitudinaria de un inédito punto de
partida, a mi modo de ver, evocativamente espinoziano y, por lo tanto, humanista de los
procesos independentistas de ayer y de siempre, y del socialismo de siglo veintiuno.
Es así que podemos afirmar que el legado del proceso independentista bolivariano,
sanmartiniano, artiguiano, abreudelimaniano está signado por la concreción insipiente de la
Patria Grande, si bien de innegable origen latino-ibérico, fundamentalmente indo-afro-
caribeño así como por nuevos modos estatal-nacionales de resolución de carencias y
potenciación de aspiraciones singular-colectivas que, hoy en el siglo XXI, han adquirido un
carácter societal, civilizatorio.
Es la razón por la que problemáticas o cuestiones cruciales como el posdesarrollo, la
neomodernización, el neocapitalismo, el neoliberalismo como ideología legitimadora de la
globalización imperial y sus variantes como las denominadas sociedades del conocimiento, de
la información, de la imagen, del riesgo, del espectáculo y otras, así como el evocativamente
wallerteiniano sistema-mundo imperial, no se pueden separar de las relaciones de poder
neocolonial, de la neocolonialidad del poder, de la diferencia neocolonial ni, mucho menos,
del paradigma ontoepistémico-hermenéutico euroangloyanquicéntrico y su modo
tecnoburocrático de organización societal, todo lo cual está siendo transversalizado, en el aquí
y ahora, al menos por las siguientes temáticas:

• La refundación insipiente del estadocratismo desarrollista, bienestarista, populista y


asistencialista, en estados sociocéntricos de derecho, de justicia y de democracia
participativa y protagónica.
• La construcción de nuevos e incipientes modos de relacionamiento de los estados consigo
mismos y con la sociedad a la que pertenecen.
• La resemantización de todos y cada uno de los momentos co-constitutivos de la sociedad
considerada en su conjunto más inclusivo1.
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Todos los momentos co-constitutivos de la sociedad son a su vez mediaciones que, por ser modos de
relacionamiento determinante, condicionante, funcional, antagónico, contradictorio son posibles de ser
modelizados, formalizados, matematizados. Las mediaciones son variables contextuales (no son variables
intervinientes ni independientes al estilo de los modelos funcionalistas y positivistas) o procesos estructural-
sistémicos que permiten relacionar causalmente (no necesariamente de manera funcional) las categorías
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• La constitución de nuevos sujetos-agentes-actores sociales dentro de los cuales se


encuentran las multitudes étnico-populares, que han construido registros imaginarios,
simbólicos y reales distintos a los del siglo pasado.
• La construcción de nuevos ámbitos constituyentes de nuevas subjetividades, sensibilidades
y nuevas formas de inserción en el sistema mundo imperial y en todos los momentos co-
constitutivos de las sociedades nuestroamericanas, que han venido siendo ocupados
multitudinariamente como escenarios concretos de convivencialidad y organización
democrática protagónica y de forja cotidiana de nuevas formas de pensar, sentir y hacer
geopolítica, geojusticia, geoeconomía, geocultura, geociencia…y, por ende, de geotrabajo
societal.
• La invención de lenguajes que están apuntando más a una práctica de la ruptura con el
pasado, que a una con el presente y respecto del cual nos hacemos responsables.
Se trata de desafíos inéditos que están no sólo estremeciendo los cimientos oligárquicos de
diversos países, sino planteándole a los dispositivos tecno-burocráticamente organizados que
-como “la” universidad, “la” ciencia, “la” tecnología, “la” humanística y “el” trabajo social

teórico-críticas y los niveles, espesores y dimensiones de las apariencias involucradas en la investigación


teórico-empírica. Otros modos no menos complejos son los definidos como procesos que determinan el
terreno, el campo o las arenas movedizas en donde se realizan las batallas, los juegos de los poderes y se
dirimen intereses (tecnoburocráticos estatales, mercadistas, militares…) en y a través de los cuales operan
otras mediaciones tales como la limitación estructural, la selección, la contradictoria reproducción/no
reproducción y la transformación (Wright Olin, Erik 1983). Dentro del conjunto de las relaciones societales,
momentos co-constitutivos que son mediaciones en sí mismas son el estado, la nación y la sociedad (así a
secas o adjetivada de civil); entre otras mediaciones se encuentran el régimen político, económico, social y
jurídico y sus instituciones, el sistema político, el sistema de partidos, los grupos de presión y el escenario
electoral, el aparataje gubernamental y los poderes de la república; asimismo, los organismos corporativos
(empresariales, sindicales) que, siendo en teoría pertenecientes a la sociedad civil, en la realidad operante de
algunos países aún se encuentran más articulados al sistema estatal estadobienestarista, neoliberal u
oligárquico según sea el caso. Además de estas últimas, están otras mediaciones: las organizaciones mal
llamadas privadas tales como las iglesias, los clubes, las logias; asimismo, las organizaciones étnico-
populares o de base, tales como las asociaciones barrial-vecinales, los movimientos sociales, el movimiento
popular, los consejos comunales, las comunas; las denominadas, más por persistencia que por pertinencia,
organizaciones no gubernamentales u oenegés, las organizaciones que representan a pequeñas, medianas y
microempresas y organizaciones productoras de cultura étnico-popular, etc. Estas últimas mediaciones o
momentos co-constitutivos de la sociedad considerada en su conjunto más inclusivo encarnan prácticas y
discursos que se dan en ámbitos, dimensiones, espesores y espacios de producción de sentidos cuyos sig-
nificados, direccionalidades, intencionalidades no siempre trascienden a la opinión pública (la que se publica
en los medios de difusión masiva), no siempre adquieren presencia en las agendas de las discusiones políticas
y no siempre logran incidencia en los niveles macrosociales y macropolíticos. Otras no menos importantes
mediaciones son las esferas del mercado, de la economía o de lo económico; de lo comunal-vecinal, de lo
doméstico, de la intimidad (la subjetividad, la individualidad, cuyas potencialidades promisorias no tienen
necesidad de desbordar el fuero interno y las decisiones privadas o personales que están “más allá” del ámbito
doméstico). Otras mediaciones están constituidas por los campos ideológico, simbólico, espiritual y cultural,
las formas de conocimiento, pensamiento, sentimiento y acción.
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reducido a experiencias pilotos y academicistas- forman parte del patrón epistemológico euro-
anglo-yanquicéntrico que se ha venido constituyendo como racionalidad instrumental, a la que
son reducidas las relaciones con el mundo que nos ha tocado vivir.

Desafíos que, desde hace varios lustros, nos están retando a transitar los caminos de la
refundamentación del trabajo social (ojo: no estoy proponiendo en modo alguno una segunda
ni tercera reconceptualización, sino la construcción de nuevos puntos de partida no lineal ni
ascendente) y de la búsqueda de estrategias de ruptura con la racionalidad euroangloyan-
quicéntrica que permitan deconstruir la arrogante hegemonía de la ciencia moderna, las
tecnologías de la información y comunicación y la universidad; y sin perder la promesa que
ellas generan y frustran al mismo tiempo, comenzar a abrir sin reparos, miedos, prejuicios,
hegemonismos ni dogmas, las preguntas que deberán ser trabajadas, como materia prima, por
los trabajadores sociales y las trabajadoras sociales que quieran aceptar el desafío de dar
rienda suelta a sus poderes creadores recíprocamente alimentados con los poderes creadores de
los pueblos y naciones de nuestra América.

Es así que el segundo decenio del siglo veintiuno seguramente podrá estar caracterizado por
mayores y más intensas políticas de estado apoyadas en movilizaciones multitudinarias,
significando con ello variables contexuales cualitativas de participación protagónica singular-
colectiva en los asuntos que, hasta el pasado reciente, eran reputados como objetos de
responsabilidad exclusiva de las élites gubernamentales, empresariales, eclesiales y
oenegeistas, y que hoy, cada vez más, parecieran estar siendo apropiados por las multitudes
antes excluidas.
Claro está que el imperio y sus oligarquías y burguesías proconsulares, no serán testigos de
piedra –como no lo están siendo ni lo han sido nunca- sino que seguirán injerenciando, de
manera manifiesta o velada, en cada uno de nuestros países; ello en aras de recuperar y
consolidar las posiciones relativamente perdidas en los años anteriores: así lo demuestran los
golpes de estado contra Aristide (2004), pero también contra Chávez y Zelaya -para sólo
mencionar algunos de los más recientes- pero sin olvidar la invasión militar a Panamá, la
ocupación militar de Haití en 2004, el intento de golpe de estado contra Lugo, el asedio en
marcha que el régimen de Washington mantiene contra Venezuela desde Colombia, así como
la reciente instalación de sendas bases militares en Aruba y Curaçao y la inminente instalación
de siete bases militares –además de las tres que ya existen- en Colombia...
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Definitivamente, el imperio nunca duerme.


Pero también podemos afirmar que si el imperio nunca duerme, hoy la revolución socialista
nuestroamericana está más despierta que nunca.
Es lo que está revolucionando a la globalización neoliberal en su fase imperial, que está siendo
defragmentada y resituada en una perspectiva que no enfoca punto final teleológico alguno,
pues los pueblos y naciones de nuestra América no están tratando de llegar a ningún lugar.
Sólo –me parece- quieren construir, significar, encarnar una nueva forma de aproximación al
conocimiento y a la apropiación de lo real, a la construcción de sistemas políticos
anunciadores de una tendencia definida a que los estados estadocéntricos y las sociedades
estadofóbicas den paso a estados sociocéntricos, es decir societalmente centrados y, como
reverso de la misma moneda, sociedades sociocéntricas de estado, es decir, sociedades
integrales e inclusivas dispuestas a apropiarse del estado, el mercado, el escenario electoral y
internacional y la historia presente, pasada y futura que les pertenece.
Y esta característica está apuntando a la discusión éticogeobiopolítica –todo un desafío para
trabajadores sociales, trabajadoras sociales, cientistas y tecnólogos sociales y humanísticos-
sobre los estados éticos, sociales de derecho y de justicia cuyo sujeto ya no es el sujeto
cosificado de la carencia, sino el sujeto de derecho, el sujeto de dignidad, el sujeto de
reconocimiento en el otro y por el otro, el sujeto de aspiración, el sujeto singular-colectivo que
quiere inclaudicablemente autoafirmar su condición humano-social, su libre voluntad de
compromiso con la realización plena de su deber ser (Barrantes 2005).
Ahora bien, si al inicio de esta comunicación evoqué el Manifiesto Comunista, hoy la
disyuntiva, dramáticamente planteada por Rosa Luxemburgo a mediados del primer veintenio
del siglo veinte: socialismo o barbarie, ha tomado cuerpo en países que, como la República
Bolivariana de Venezuela, Bolivia, Ecuador y Nicaragua, han optado constitucional y
multitudinariamente por una insipiente y asediada transición al socialismo denominado del
siglo veintiuno y, con diversos matices unionistas, integracionistas e indoafroamericanistas
pero esencialmente antimperialistas, acompañados por países como Brasil, Argentina,
Uruguay, Paraguay, el Salvador de Funes, la Honduras de Manuel Zelaya, la Guatemala de
Colom y la gran mayoría de países anglófonos y francófonos del Caribe, y Cuba.
A contrapelo de esta tendencia, un grupo de países ha optado por aferrarse a la vía capitalista
bajo el auspicio de la ideología legitimadora del capitalismo: el neoliberalismo: Chile,
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Colombia2, México, Panamá y otros a los que se han sumado países con gobiernos
socialdemócratas neoliberalizados, conservadores y de derecha, como Perú y Costa Rica.
Todos estos ostentando potentes movimientos de resistencia y pensamiento crítico
antineoliberal.

El caso de la República Bolivariana de Venezuela,

Dejo de lado este campo de visión panorámica para delinear muy esquemáticamente algo de la
historia venezolana reciente. Decimos, por lo tanto, que el siglo veinte venezolano es el más
corto de su historia: se inició en enero de 1936, a raíz de la muerte del general Juan Vicente
Gómez, quien fue dictador inmisericorde durante veintiocho años como prolongación del
régimen colonial antimoderno, y concluyó en diciembre de 1998 cuando Hugo Chávez ganó
masivamente las elecciones presidenciales, dando inicio al proceso constituyente en marcha.
En febrero de 1936 se dictó la constitución política que significó un proyecto político nacional
basado en un régimen político de partidos y organizaciones de masas y la construcción de un
estado de bienestar eurocéntrico, signado por una fuerte política social adecuada a los recursos
presupuestarios y fiscales de la época.
En 1945 se produjo un golpe de estado cívico-militar liderado por inicialmente comunista,
garibaldino y luego socialdemócrata y posteriormente agente de la CIA, Rómulo Betancourt,
que truncó el proceso democratizador liderado por militares demócratas y progresistas,
interesados en generar procesos populares, reforma agraria y control estatal del petróleo, y en
1948 otro golpe militar que instauró la dictadura del general Marcos Pérez Jiménez hasta que,
en enero de 1958, éste fue derrocado por militares revolucionarios y un movimiento social de
masas. A partir de esta fecha, se instauró el régimen político bipartidista
socialdemócratacristiano –de origen betancourista- que durante cuarenta años propugnó el

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Colombia es el tercer país del mundo que recibe más ayuda militar de los Estados Unidos de
Norteamérica después de Israel y Egipto. Su ejército alcanza a más de 400.000 efectivos que, no obstante
su poder de apertrechamiento, no han podido derrotar a la guerrilla de unos veinte mil militantes en
sesenta años. En 2009 el gobierno de Uribe ha autorizado al gobierno de los Estados Unidos a instalar en
territorio colombiano siete bases militares más so pretexto de eficientizar la lucha contra el narcotráfico y
la guerrilla. El Imperio, mayor consumidor de drogas y mayor productor de marihuana del mundo y
Colombia, el mayor productor de drogas del mundo y con una trayectoria de más de cincuenta años de
narcoguerrilla, parapolítica, narcoestado, paramilitares,... negociando entre sí los destinos de nuestra
América...
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modelo de clase media antipopular y de estado cepalino desarrollista, bienestarista y


asistencialista, finalmente neoliberalizado a partir de 1989.
Fue así que entre 1958 y 1998 se constituyó un modo estatal (anclado al caudillismo y al
populismo realizados por medios modernos) de resolución de problemas y satisfacción de
necesidades sociales y sistémicas, cuyo producto final generalizado fue la cooptación de la
conciencia política, la masificación global del consumismo, el conformismo y el
enrarecimiento de la responsabilidad individual.
Como consecuencia, la democracia en tanto poder del pueblo, con el pueblo, por el pueblo y
para el pueblo, fue vaciada de su contenido ciudadano, o, mejor dicho éste fue diluido en la
práctica del consentimiento inducido de las masas con el proyecto modernizador que las
integraba por la vía de la redistribución del excedente petrolero y el consumismo; asimismo,
aquélla quedó olvidada de la necesidad de problematización de lo dado, que es condición de
libertad.
Varios reduccionismos adquirieron sentido en Venezuela a propósito del proyecto
modernizador: aparte de que la figura mítica del Libertador fue elevada a lo sagrado, la noción
esencialista del estado territorialmente débil, quedó reducida al simple gobierno centralista,
éste al poder infraestructural del ejecutivo nacional y sus adláteres posicionados del aparataje
de la administración pública, el sistema político a los partidos mayoritarios y éstos a sus
maquinarias electorales, el escenario electoral a los convites quinquenales organizados por las
élites; asimismo, la gelatinosa y prevendaria sociedad civil fue reducida a las organizaciones
corporativas privadas: empresariales, partidarias, sindicales y vecinales constituidas en
exclusivos órganos de representación política y social, y, muy distantes hacia abajo de la
escala del prestigio u honor social, un conjunto heterogéneo y descoordinado de agentes y ac-
tores populares que consumían, demandaban e intercambiaban satisfactores imaginarios,
simbólicos y reales -líderes barriales, vecinales y parroquiales mediante- con partidos y
gobiernos.
En esencia, la racionalidad total fue atrapada por la contingencia y, por lo tanto, reducida a la
razón instrumental, es decir, al mundo real concreto de la literalidad, la denotación y la
mediatización de los fines por los medios, para las cuales todo esfuerzo de abstracción y
resignificación, por más reales que se reputaran, resultaban ser banales.
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Contrariando, a nuestro juicio, la doctrina democrática, los sujetos políticos predominantes se


transformaron en grandes organizaciones corporativas o tecnoestructuras empresariales, sin-
dicales y partidarias involucradas en la práctica de los poderes de clase y de estado y en la
exclusión y cooptación de los movimientos populares, especialmente aquellos con
potencialidades contestatarias o alternativas.
En consecuencia, los intereses individuales, singulares y particulares (equiparados al poder del
privilegio, la corrupción y la impunidad, de honda raigambre en la historia venezolana) se im-
pusieron sobre el interés general que se pudiera expresar en la constitución de una autonomía
y capacidad de autogobierno de la sociedad civil como condición de ejercicio del derecho a
participar no sólo activamente, sino, ejercer control ciudadano (vecinal, barrial, municipal,
regional y nacional) sobre los centros de decisión en los diversos ámbitos de la economía, la
política y la cultura del estado, la nación y la sociedad venezolana.
El ensayo democrático representativo bipartidista del proyecto modernizador venezolano a
partir de 1958, no logró desarrollar una organización que recubriera el cuerpo entero de la
sociedad venezolana, irrigara sus más recónditos intersticios y le diera vigencia cotidiana a
nuestras leyes, costumbres, deberes, derechos, e instituciones.
Por el contrario, el desencanto producido por las promesas no cumplidas del proyecto
modernizador y la moderna democracia representativa venezolana, se tradujo finalmente en
pérdida de credibilidad, escepticismo y apatía generalizada por haber suscitado ilusiones de
certidumbre, homogeneidad, bonanza y armonía sobre la base del modo, políticamente no
problematizado, de resolver a realazos petrodolarizados, los problemas de la convivencia
social.
Estas son algunas de las pequeñas grandes insuficiencias que marcaron los alcances y límites
de la democracia representativa venezolana. Fueron las razones por las que su crisis terminal y
sus estertores marcaron la voluntad de millones de venezolanos por la búsqueda de un futuro
que nunca ya más tendría punto de retorno a pasados ni a futuros virtuales algunos.
Chávez fue y sigue siendo producto de esta ruptura simbólica, imaginaria y real –no lineal ni
progresiva, es decir no cartesiana- de las multitudes venezolanas. Su inserción en el
sentimiento étnicopopular sigue siendo la argamasa de su liderazgo y del amor que el pueblo
en proceso de organización éticogeobiopolítica le continúa profesando en aras del
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cumplimiento de sus promesas electorales, gubernamentales y constituyentistas, todas y más


hoy en marcha.
La nueva época de la venezolanidad, el bolivarianismo, la indoafroamericanidad, en fin, la
sureñidad3, vienen significando una multiplicidad de procesos –insólitos, inefables, banales,
promisorios- en todos los ámbitos, dimensiones y espesores de la vida nacional; entre estos los
siguientes:

1. Reconstitución radical de las relaciones de poder entre las fuerzas políticas.

2. Resignificación de los poderes imaginarios, simbólicos y reales de los actores sociales,


políticos, económicos, militares, eclesiales, culturales, estudiantiles, obreros, partidistas,
étnicos y populares sobre la base ética del protagonismo democrático de todos los
venezolanos.

3. Reconfiguración de las identidades y diferencias, contradicciones y antagonismos,


disensos y consensos, carencias y aspiraciones sociales.

4. Agudización de un enconado, difícil y doloroso reacomodo de los estilos y modos de vida,


cuya base de sustentación también está siendo objeto de modificaciones estructurales: el
mercado que, paradójicamente desde hace décadas viene siendo sometido a procesos de
concentración y segmentación por los mismos capitalistas como estrategia de incremento
compulsivo del consumo y de la tasa de ganancia, pero también de relegitimación política
frente a la masiva receptividad que viene ostentando el discurso de la construcción del
socialismo del siglo veintiuno.

5. Construcción de nuevas representaciones sociales singular-colectivas sobre la


nacionalidad, la estatalidad, la socialidad, la culturalidad, la politicidad, la etnicidad, la
economicidad, la colectividad, la cotidianidad, la interregionalidad, la internacionalidad, la
mundialidad.

6. Fragua y revaloración larga y difícil del nuevo estado venezolano, cuya integralidad e
inclusividad (unidad en la diversidad) en marcha sigue pasando, por un lado, por el
refacultamiento y habilitación exitosa de las instancias formales e informales de la
sociedad venezolana (diversidad en la unidad); y, por otro lado, por el cambio del modo de

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El sur también existe, nuestro norte es el sur, pero también nuestro norte es el sur que vive en el norte y
desde dentro ha quebrado la homogeneidad de éste.
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relacionamiento del estado consigo mismo y con las instituciones y organizaciones civiles
y, por lo tanto, del modo de resolución de los problemas propios de la convivencia en
sociedad y los del ecosistema terráqueo.

Dicha forja sigue transitando por una fase -esperamos más de mediano que de largo plazo-
de recentramiento político y estatal sobre bases distintas a las de los años noventa. Sin
embargo, se trata de un definido cambio de timón ante los efectos desintegradores
provocados por los puntos siguientes:

a) La crisis terminal del régimen puntofijista que, nacido a partir de 1958, implosionó en 1989
con el tristemente célebre Caracazo y murió jurídica y políticamente a finales de 1998 con
el masivo triunfo electoral de Hugo Chávez.

b) El descuartizamiento territorial, económico, cultural, social y político a que venía siendo


sometida la república en aras de preservar los intereses de la oligarquía y el imperio.

c) La tardía reforma formal de la materialidad del estado venezolano, tal como se intentó
practicar con más contramarchas que marchas durante el último decenio del siglo pasado.

d) Las inestabilidades, incertidumbres y antagonismos propios del reacomodo de los poderes


de clase y de estado, provocados a propósito del proceso humano-social, político y
económico-cultural en marcha.

Mucha agua ha corrido bajo el puente desde 1998 y 2009 y el balance histórico es
innegablemente positivo en la construcción multitudinaria de un nuevo punto de partida no
lineal y no progresivo, es decir, de una nueva plataforma que marca una ruptura radical
sistémica en la historia venezolana y fundamentalmente con la racionalidad y, más
precisamente con la epistemología, ontología y hermenéutica angloeuroyanquicéntrica.

Pero once años no nos facultan sino para afirmar que la República Bolivariana de Venezuela
no puede considerarse más que en incipiente, ambivalente y frágil (aunque cada vez más
parece ser menos incipiente, menos ambivalente y mucho menos frágil y, por lo tanto, cada
vez más fuerte, consistente y potente) proceso de instauración, consolidación y, utopía
mediante, de redespliegue humanizador del país nacional, definido en la Constitución como un
estado social de derecho, de justicia y de democracia participativa y protagónica.
14

Se trata de un proceso revolucionario –pletórico de errancias, omisiones y esperanzas- de


carácter políticosocial, económico-cultural, ético-estético y moral que contiene en sí mismo la
posibilidad contradictoria de la fuga a algún pasado u origen mítico o a cualquier futuro
virtual, ya sea con signos derrotistas u optimistas, en especial si consideramos que las salidas a
las crisis capitalistas y las innovaciones socialistas (es decir democráticas, igualitarias,
autonómicas y soberanistas) están determinadas no sólo por los propios términos que las sus-
citan (su geometría del poder en términos del proyecto nacional venezolano en marcha, o su
propia gramática en términos gramscianos), sino, también porque estamos atados
sicoanalíticamente a la repetición –repetición que por lo demás, a pesar de Freud y Lacan, no
es ineluctable en modo alguno- de nuestras formas de pensar, oír, hacer, sentir y soñar, que
son las mismas que condujeron a las situaciones respecto de las cuales deseamos producir
procesos de ruptura.

No es casual que el Marx del Dieciocho Brumario haya escrito que “Los hombres hacen su
propia historia (aunque no sepan qué historia es la que hacen, C. B.), pero no la hacen a su
libre arbitrio, bajo circunstancias elegidas por ellos mismos, sino bajo (aquellas) en que se
encuentran directamente, que existen y les han sido legadas por el pasado”, y, condición
imprescindible para la concreción de lo real, en vinculación orgánica con la conciencia y
voluntad social, el estado de la producción de conocimientos y saberes y las cambiantes
correlaciones de fuerza política, social, económica y cultural. Tampoco es casual que Oscar
Wilde dijera en alguna de sus obras que "Los remedios de los hombres están contaminados por
las propias dolencias que pretenden curar".

Venezuela como toda nuestra América está luchando contra el viejo sistema oligárquico
proconsular que, evocando la metáfora gramsciana, se resiste a morir y, por ello, continúa
dando coletazos cada vez más desesperados, violentos y fragmentados pero muy bien financiados
por el régimen de Washington; y esto seguirá sucediendo y alentándose, hasta que el nuevo
sistema de relaciones societales socialistas se consolide y desarrolle multitudinaria y
protagónicamente en pos del sueño de Bolívar: hacer de Venezuela y de la Patria Grande una
sociedad de naciones Reina de Naciones, en la que el gobierno hecho estado y el estado hecho
gobierno asegure a todos sus ciudadanos la mayor suma de democracia, justicia, seguridad
social y felicidad, sobre la base de la actuación de la ciudadanía organizada en poder popular
para ejercer el derecho al control sobre las políticas públicas y a exigir de sus representantes el
15

rendimiento de cuentas públicas, transparentes y periódicas de acuerdo con el programa


previamente presentado y aprobado colectivamente, al inicio de la gestión al nivel de que se
trate..

Mientras el itinerario de esa larga y laboriosa transición va marcando los hitos de su propia
historia, veamos esquemáticamente las siete directrices generales que orientan el proyecto
político nacional de desarrollo socioeconómico 2007-2013 (http://www.gobiernoenlinea.ve/):

1) Nueva ética socialista: propone la refundación de la nación venezolana, la cual hunde sus
raíces en la fusión de los valores y principios más avanzados de las corrientes humanistas
del socialismo y de la herencia histórica del pensamiento antimperialista de Simón Bolívar.

2) La suprema felicidad social: A partir de la construcción de una estructura social incluyente,


un nuevo modelo social, productivo, humanista y endógeno, se persigue con el afán de que
todos vivamos en similares condiciones, rumbo a lo que decía El Libertador: la suprema
felicidad social.

3) Democracia protagónica revolucionaria: para esta nueva fase se consolidará la organización


social en aras de redesplegar la independencia, la libertad y la fuerza singular-colectiva del
poder originario.

4) Modelo productivo socialista: Con el fin de lograr trabajo significante, se buscará la


eliminación de su división social, de su estructura jerárquica y de la disyuntiva entre la
satisfacción de las necesidades humanas y la producción de riqueza subordinada a la
reproducción del capital.

5) Nueva geopolítica nacional: La modificación de la estructura socio-territorial persigue la


articulación interna del modelo productivo, a través de un desarrollo territorial
descentralizado y desconcentrado, definido por ejes integradores, regiones-programa, un
sistema de ciudades interconectadas y un habitat sustentable.

6) Venezuela: potencia energética mundial: El acervo energético del país posibilita una
estrategia que combina el uso soberano del recurso con la integración regional y mundial;
el petróleo continuará siendo decisivo para la captación de recursos del exterior, la
generación de inversiones productivas internas, la satisfacción de las propias necesidades
de energía y la consolidación del modelo productivo socialista.
16

7) Nueva geopolítica internacional: La construcción de un mundo multipolar implica la


creación de nuevos polos de poder que representen el quiebre de la hegemonía unipolar, en
la búsqueda de la justicia social, la solidaridad y las garantías de paz, bajo la
profundización del diálogo fraterno entre los pueblos, su autodeterminación y el respeto de
las libertades de pensamiento.

Veamos también dos indicadores de los que se desprenden otros tantos, pero que sólo
enumeraremos sin pretensiones de exhaustividad:

1) De acuerdo con el índice de Gini4, América Latina es el continente más desigual del
mundo. Dentro de los países más desiguales están Brasil, Chile y Argentina en donde la
diferencia entre el 10% más rico y el 10% más pobres es, hoy, no menor al 30 a 1 en
contraste cuando esa diferencia en los tiempos de sus dictaduras más sangrientas era de
menos del 20 a 1 (Argentina: 13 a 1; Chile: 19 a 1; Brasil: +20 a 1). En contraste con estos
y todos los países en donde el neoliberalismo causó estragos en la democracia, la
economía y la redistribución del ingreso, estragos que siguen siendo un pesado fardo en el
tiempo histórico de esos países, Venezuela hoy aparece como el país más igualitario en la
distribución de la riqueza de nuestra América, pues pasó de 0,48 en el año 1998 a 0,40 en
2009, ubicándose con el coeficiente más bajo de desigualdad al sur del Río Grande.
2) De acuerdo con el Índice de Desarrollo Humano del PNUD, que permite medir el grado de
adelanto de los países en lo que concierne a las capacidades básicas que permiten a la
población obtener una larga vida socialmente útil, saludable y con acceso permanente a la
educación. Para medirlo se reúnen tres dimensiones: salud o esperanza de vida, logro
educativo, e ingreso. De acuerdo con estimaciones del Instituto Nacional de Estadística
(INE), el desarrollo humano de los venezolanos ha mejorado sostenidamente, en especial
desde el año 2004, cuando se ubicó en el rango alto del índice, que va de 0,80 a 1, y que es
el más deseable para el PNUD, para ubicarse en 2008 en un índice de desarrollo humano
de 0,8277, cada vez más próximo a uno.
Lo anterior debido a la misión asignada al nuevo estado venezolano, como ya quedó dicho, a
partir del inicio del proceso constituyente aún en marcha sostenida y cuyo proyecto político

4
Se trata de un coeficiente que cuando tiende a cero se traduce en menos desigualdad, en tanto que significa
total desequilibrio en la distribución del ingreso cuando se aproxima a uno.
17

nacional es la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, proceso que ha


permitido, entre muchas cuestiones cruciales que sería muy largo enumerar aquí, una pocas
siguientes:
a) Equiparar el salario mínimo rural al urbano y elevar el salario mínimo venezolano de $185
en 1998 a $636 mensuales en setiembre de 2009.
b) Indexar las pensiones y jubilaciones al incremento sostenido del salario mínimo.
c) Masificar las transferencias monetarias directas como becas y facilidades de estudios
gratuitos en todos los niveles del sistema educativo, desde el prescolar, la primaria, la
secundaria hasta la universitaria de grado y posgrado.
d) Universalización de la jornada escolar de cuatro a ocho horas en las escuelas fundadas en
las comunidades escolares integradas por los padres y representantes en conjunto con los
consejos comunales y comunas de que se trate.
e) Universalización de la Misión Alimentación que amplió la cobertura de 225.000 en 1998 a
4.000.000 en 2009 (faltan aún 2.000.000 de niños).
f) Incremento de la población con acceso al agua potable del 82% en 1998 al 94% en 2009.

g) Reconocimiento salarial al trabajo doméstico de las madres de familia.


h) Estimular la intermediación bancaria privada y estatal de apoyo financiero y tecnológico a
favor de expansión para empresas formales con menos de cinco empleados, unidades
cooperativas de producción de valores tangibles e intangibles de cambio y de uso, y el
énfasis en la creación de empresas estatales de producción social, y socialistas agrícolas,
industriales y de servicios, y medianas y grandes empresas privadas y colectivas.
i) Lucha frontal contra el latifundio, la pesca de arrastre marítima y fluvial, y la industria
extractiva de todo tipo antiecológica.
j) Socialización de toda la cadena productiva que va desde el proceso de producción y en la
producción, hasta la distribución masiva y pasando por la distribución y eliminación la
corrupción, especulación y el acaparamiento de las élites comerciales e intermediarias.
k) Nacionalización de empresas básicas y de servicios, hoy en poder de comunidades
organizadas en comunas socialistas que vienen eficientizando la economía e
incrementando la generación de empleo de calidad y el control comunal del proceso en la
producción, lo cual redujo el desempleo desde el 15% en 1999 a 7.5% en el primer
trimestre de 2009 y, como producto de la crisis mundial actual, al 8.5% en este segundo
18

semestre (en España el desempleo es del 20%, en Estados Unidos es del 10%, en Chile es
del 10,8%, todos estos países con tendencia a su incremento y a la desaceleración
económica que alcanzan a diez puntos como México, mientras que en Venezuela la caída
de la economía es de tan sólo 1% en los primeros seis meses de 2009).
l) Reducir el promedio inflacionario al 21%, notablemente inferior al 96%” alcanzado
durante el decenio de los noventa del siglo pasado. Si bien en Venezuela la inflación tiene
un alto componente especulativo, acaparador y manipulador, también es oportuno señalar
que la inflación acumulada para julio de 2009 es de 13,1%, mientras que en el mismo
periodo del año pasado fue de 17,3%.
Y si el plan de contingencia del estado venezolano ante la crisis del capitalismo, que sigue
privilegiando la inversión masiva socialmente rentable5, resulta, como lo está siendo: exitoso,
Venezuela cerrará el año 2009 como el año número seis de crecimiento económico sostenido.

5
El término rentabilidad social, mejor dicho societal, es un término relacional que significa que la inversión en
recursos humanos, naturales, físicos, financieros, políticos, jurídicos y simbólico-culturales (religiosidad,
espiritualidad, eticidad, moralidad, imaginarios…), si bien debe obedecer a los criterios de rendimiento de
cuentas públicas y productividad –eficiencia, eficacia, efectividad- económica, fundamentalmente debe
producir impactos multiplicadores en lo siguiente: * La creación, consolidación y desarrollo de infraestructura
intangible y tangible: física, social, política, económica, ética, institucional, jurídica, cultural, científica,
tecnológica, cívica. * La generación de mayores y mejores niveles de organización de la sociedad civil, en
especial de las clases étnico-populares urbanas y rurales. * El redespliegue ampliado de las relaciones de
cooperación, asociación, fraternidad y solidaridad entre los niveles barrial, comunal, parroquial, municipal,
estadal, regional y nacional. En tanto relacional, este término está íntimamente articulado a otros dos términos,
también relacionales como todo término, concepto o categoría producida socialmente: centralidad social, mejor
dicho societal, del estado venezolano, término que indica que la intencionalidad, significado y direccionalidad
de la política del gobierno venezolano hecho estado procura la transformación socialista y el desarrollo
endógeno autosustentable de todos y cada uno de los momentos co-constitutivos de la sociedad venezolana
considerada en su conjunto más inclusivo: el estado, el sistema político, el régimen jurídico-político, los
escenarios electoral e internacional, la sociedad civil, el mercado, y la nación y sus identidades tanto heredadas
por la tradición como de las que están en construcción de cara al presente que se está futurizando, todo ello con
el afán de que el nuevo punto de partida no lineal y no ascendente que se viene construyendo sea –como viene
siéndolo- sentido, vivenciado, experienciado, creído y repotenciado por los sujetos-agentes-actores societales
en su vida cotidiana. Los dos términos anteriores se relacionan, configurando una triada societal, con la
gerencia social, mejor dicho, societal, que implica un nuevo modo de gestión estatal gubernamental, civil y
étnico-popular, caracterizado por su compromiso misionero con lo siguiente: * La socialización del estado, la
economía, la cultura y la política. * La innovación y óptima aplicación de la ciencia-técnica social a la solución
de problemas en el marco del desarrollo socialista nacional. * La inducción de prácticas gubernamentales y
civiles que privilegien iniciativas de corresponsabilidad, rentabilidad e interés sociales. * La dotación de capa-
cidades ético-geo-bio-políticas estratégicas y operativas del estado y la sociedad venezolana a la que aquél
pertenece, para la eficiente, efectiva y eficaz toma de decisiones a los efectos de manejar en tiempo real el
cambio situacional nacional e internacional y la incertidumbre organizacional interna, en los ámbitos estatal,
público y civil.
19

Desafío al Trabajo Social: Innovación o Repetición


La crítica al capitalismo y a la racionalidad euroangloyanquicéntrica en Venezuela ha venido
permitiendo la construcción y amplificación de habitáculos para el reconocimiento, la
validación y el redespliegue de los saberes étnico-populares (urbanos, campesinos, indígenas,
afrodecendientes6), secularmente subalternizados por la lógica imperial del capital.
Es así que en Venezuela está planteado el encuentro dialógico y recíprocamente enriquecedor
de conocimientos y saberes en la praxis societal misma y no exclusiva ni reductivamente en
los claustros universitarios: ámbitos privilegiados de la ciencia tecnoburocráticamente
organizada y del trabajo social tradicionalizado, profesionistizado, pragmatizado y laigtizado.
Entre los variados referentes empíricos y conceptuales, verdaderos campos de lucha ideológica
en marcha, del mencionado encuentro dialógico de saberes étnicopopulares y conocimientos
científicos, encontramos, al menos, los siguientes:
• Nuevos y profundos cambios que se vienen produciendo en la cartografía política, social,
cultural y económica venezolana, encarnados por densos conglomerados humanos que
están construyendo y redesplegando nuevas subjetividades, ilusiones, aspiraciones y
espiritualidades, nuevos imaginarios, mitos, sueños y absolutos siempre relativos.
• Configuración de nuevas formas de interpelación política, social, cultural, científica,
religiosa e ideológica; asimismo, de nuevas articulaciones del estado, el sistema político, el
mercado y la sociedad civil (que no se puede reducir a las oenegés dependientes del
financiamiento extranjero y multinacional) ahora fundadas sobre lo micro y comunitario,
lo nuclear y lo multitudinario.
• Construcción incipiente de un nuevo modo estatal-societal de alimentación
multidimensional de satisfacción de carencias y potenciamiento de aspiraciones societales
con el desiderato humanizador de la sociedad venezolana consigo misma y con la Madre-
Patria Tierra.

6
Si bien los centroeuropeos, anglosajones y, más recientemente, los asiáticodescendientes,
indúesdecendientes, árabedescendientes, judeodescendientes, servodescendientes, croatasdescendientes,
… forman parte de la gran patria que soñó Bolívar y todos los próceres, héroes y heroínas de los procesos
independentistas, la verdad es que estos grupos humanos forman parte de estatutos sociales, políticos y
culturales de cierto privilegio y hasta elitismo que contrastan con las condiciones de vida de las etnias
originarias y mayoritarias a lo largo y ancho de nuestra América. Pero aún y no sólo a pesar sino a
propósito de este hecho histórico, la contribución de dichas culturas al proceso de constitución de la
Patria Grande son innegables.
20

• Nuevos espacios y tiempos de alimentación multidimensional del modo incipiente de


demandas de servicios, antes considerados asistenciales, compensatorios y, hoy,
problematizados políticamente como derechos constitucionales, que han rebasado el
campo tradicionalmente cientifizante, profesionalizante y tecnificante del trabajo social y
demás ciencias-técnicas sociales y humanísticas.
• Nuevos y profundos cambios en la relación de la universidad (fuertemente
metodologicista, cientificista, pragmatista y esencialmente reproductora de la modernidad
neocolonial e imperial) con la sociedad a la que esta pertenece. Específicamente en la
relación de las escuelas de trabajo social, fuertemente signadas por el asistencialismo y
tradicionalismo, a veces a ultranza) con el trabajo social operativo-gerencial estatal y civil
(fuertemente administrativista, practicista, operativista y asistencialista).
Se trata, en fin, de referentes empíricos que están interpelando lo siguiente:
1) La inventiva de nuevos modos de actuación de los trabajadores sociales y las trabajadoras
sociales que, al igual que amplios grupos de agentes de la pedagogía, educación, sicología,
promoción, gestión, terapia sociales así como técnicos superiores y licenciados de otras
áreas del saber, están implicados en la satisfacción de carencias y el potenciamiento de
aspiraciones singular colectivas, proceso multidimensional que no es propiedad de ciencia
o tecnología, disciplina o profesión, arte o artesanía, oficio o vocación, técnica o gestoría
social o humana alguna.
2) El reconocimiento de la fragua de un trabajo societal que viene siendo realizado por otros
medios no academicistas ni tecnoburocráticamente organizados; se trata de un trabajo
societal práctico-empírico muy incipientemente en proceso de sistematización, que –con
carácter eticogeobiopolítico- está siendo realizado por amplios colectivos de artesanos y
artesanas, constructores y constructoras, luchadores y luchadoras, líderes y liderezas,
emprendedores y emprendedoras sociales, productores y productoras de procesos
económicos, familiares, políticos y culturales especialmente comunitarios, cuyo particular
tipo de razonamiento lógicosocial o socio-lógico, articulado a la singularidad de sus
inserciones en la trama societal –vgr., mediante mesas técnicas, comités de salud, comités
de agua, asambleas de barrio, consejos comunales, parlamentarismo de calle, etc.-
pareciera estarles potenciando un modo de toma de decisiones singular-colectivas
sustentadas en el diálogo fraternamente crítico-autocrítico, en la deliberación sensiblemen-
21

te razonada y racionalmente sensible, a partir de una multiplicidad de posicionalidades y


miradas.
Se trata de todo un reto al discurso de la universidad para el que eso que llamamos La Ciencia
produce un conocimiento experto, especializado que sólo le pertenece a los más esclarecidos,
esto es, a los sabios ilustrados. Todo un desafío para los trabajadores sociales y las
trabajadoras sociales que VIVEN, por un lado, subsumidos en las urgencias del día a día y han
hecho del lamento su modo de comunicación quejumbroso, y, por otro lado, obnubilados por
el discurso del capitalismo tratando de hacer –con éxito nada despreciable- del trabajo social
una práctica light (Barrantes 2005), reproductora de la modernidad neoconservadora, de la
libre iniciativa privada y del imperio. Pero también es un reto para los trabajadores sociales y
las trabajadoras sociales que han optado por la vía socialista de siglo veintiuno, pues esta vía
está plagada de estalinismo, partidismo, voluntarismo, burocratismo…
En fin, se trata de un reto para quienes se encuentran en incipiente proceso de búsqueda de
estrategias de articulación de la sabiduría étnico-popular con el carácter segregante y elitista
de la ciencia y la universidad, fundamento de un incipiente modo de producción, circulación y
consumo de conocimientos y saberes prácticos, esclarecidos, prudentes y sabios que den
sentido, direccionalidad y significado a un nuevo modo de ser, pensar y decir en el mundo que
nos ha tocado vivir.
No obstante que la formación y práctica del trabajo social en Venezuela, al igual que en
diversos países, lleva la marca del asistencialismo bienestarista-desarrollista, es posible pensar
que los esfuerzos por producir conocimientos nos puedan abrir caminos a la refundamentación
del campo problemático que es el trabajo social mismo, a la constitución de éste en una
práctica societal liberadora, emancipadora, descolonizadora; asimismo, a la construcción de
los fundamentos de una epistemología del indicio y del acompañamiento a los sujetos
singular-colectivos en los lugares en donde intentan realizar sus proyectos de reproducción; e-
llo a fin de ir encarnando, cotidianizando, socializando un proyecto ético-estético-geo-biopolí-
tico de producción, circulación y consumo de conocimientos y saberes en el proceso mismo de
creación, traducción y satisfacción de necesidades (carencias y aspiraciones) societales y
ecosistémicas, que, como quedó ya dicho, no es propiedad privada de disciplina científica,
ingenieril, tecnológica o gestoral alguna.
22

Los trabajadores sociales y las trabajadoras sociales venezolanos, para no citar a los de otros
países, desde hace más de cinco décadas tenemos una deuda societal, no sólo con el trabajo
social como disciplina académica, sino, con los sujetos sociales en el nombre de los cuales se
legitimó, institucionalizó y reconceptualizó –dentro de la razón moderna- el trabajo social.
Pero nuestro reto no es darle continuidad a lo que quedó pendiente y tampoco hacer realidad
hoy, lo que pudo haber sido y no fue de las tendencias reconceptualizadoras, sino que, dentro
del proyecto continental que nuestros pueblos y naciones han puesto en marcha de cara al
siglo veintiuno, nuestro desafío es refundar, resignificar, resemantizar el campo problemático
que es el trabajo social mismo, y si logramos trabajar el punto que nos separa y divide de las
propuestas societales de innegable sentido étnico-popular y civilizatorio, que están
estremeciendo los cimientos oligárquicos, modernos y hasta posmodernos de gran parte de
nuestros países, estaremos colocándonos en situación de poder comenzar deconstruir la
arrogante hegemonía de la ciencia moderna pero sin hacerle perder a ésta la promesa que ella
genera y frustra al mismo tiempo; asimismo, estaremos en condiciones de comenzar a
configurar un nuevo modo de producción, circulación y consumo de conocimientos y saberes
que, siendo prácticos no dejen de ser esclarecidos y siendo sabios no dejen de estar
socialmente producidos, pero fundamentalmente democráticamente distribuidos (Santos,
1996; Morin, 1994) en el proceso mismo de creación, traducción y satisfacción de necesidades
(carencias y aspiraciones) sociales (individuales y colectivas) y sistémicas (la sociedad
considerada en su conjunto más inclusivo).
Es el fundamento del nuevo TRABAJO SOCIAL, MEJOR DICHO, DEL TRABAJO SOCIETAL DE LA LIBERACIÓN,

DE LA DESCOLONIZACIÓN, DE LA EMACIPACIÓN SIN FRONTERAS QUE ESTÁ POR HACERSE en vinculación


orgánica con los proyectos de vida y de inmortalidad que los pueblos y naciones de nuestra
América están, muchos, añorando, otros intentando y, algunos, poniendo efectivamente en
marcha.
Quedo a disposición de quienes tengan a bien alimentar mi esfuerzo reflexivo. Sin cartabones.
Sin paradigmas, pero no sin principios.
Espero verlos a todos y a todas de este mes en un año en la ciudad caribeña de Coro, Patrimonio
Cultural de la Humanidad, en donde RELATS y la Asociación Nacional de Trabajadores Sociales
de Venezuela, realizaremos la Primera Conferencia Latinoiberamericana y Caribeña de
Trabajadores Sociales.
23

Muchas gracias.

Bibliografía
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CENDES, No. 13-14, Universidad Central de Venezuela; y Revista Costarricense de Trabajo Social, No.
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