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1.

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FOSTMACIOh{
DEL
ESPIRTTU
CIEI\TTIFICO
por
GASTON BACI{ELARD
traducción de
JOSE B.ASINI
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i'.-
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siglo ueíntiuno editores, sa
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GABRI€L MAI.¡CEFA 65, MEXICO 12, D.F.
siglo veínüuno dc espna editora, sa
EMIUO RUBIN 7, MADRID.16, ESPA¡A
Palabras'prelíminmes
CAP.
INDICE
del obstáculo epistemológico. Plan
sígto ueíntiuno argentina editores, sa
Av. COFIDOBA 2064, BUENOS AtñES, ARGENTTNA
Título del original err f¡sncés
L_a
formatíon de I'esprit sclentlfique
@ Librai¡ie Philosophique J.V¡in
Pri¡nera edieión en espabol, l94g
@ Editorial Argos, Buenos Ai¡es
'Segunda
edición en espnfrol, 1972
O Sielo XXI Argentina Editóres S..A.
Avda. Córdoba 2064, Bueaos Afues
Hecho el depósito que marca la ley
Impreso en Argentina
P¡iuted il Argeatina
il
tII
I La noción
de la obra
El primer obstáculo :la'experiencia básica. . . .
El conocimiento general como obstáculo para
el conocimiento científico
W Un ejemplo de obstáculo verbal: la esponja. Ex-
tensión abusiva de las imágenes famüares , . . . 87
V El conocimiento unita¡io y pragmáüco como
obstáculo para el conocimiento científico - - . . 99
VI Elobstiiculosustancialista....
'115
Vü Psicoanálisis del Realista
VIII Elóbstáculo animista
15
;'
27
66
154
176
IX El mito de la tiigestión. . . 199
X Libidoyeonocimientoobjetivo.... 215
XI Los obstáculos.del conoci¡niento cuantitativo , 248
XIl Objetividad científica y Psicoanálisis 281.
Indice de ]os nombres citados 299
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I
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PALABRAS PRELIMINARES
I
Tornar geométrica la representación, vale decir dibujat
lo..s fenómenos y ordenar ea se¡ie los acontfcimientos'deei-
sivos de una ekperiegi3, he ahí la primera tarea en la que
se funda el espiritu científico; En efecto, es de este modo
có¡no se llega-á''la' iantídad' representada, a mitad camino
entre 1o concreto y 1o abstracro, en una zona intermedia en
la que el espíritu pretende conciliar las rnatemáticas y Ia
experiencia, las leyes y los hechos.
Esfa tarea de geooetrización que a menudo pareció 1o'
grarse
-ya
después del éxi.to del cartesianismo, ya después
del éxito de Ia mecánica newto¡rianá,
Ya
también con la
óptica de Fresnel- teimi¡a siempre por revelarse insufi-
ciente. ?arde o temprano, en la mayor parte de los secto-
res, €stamos obligados a comprobar que esta primeta repre-
sentación geomótrica,
fundada sobre w realísmo íngenuo
de las propiedades espaciales, implica conveniencias más
ocultas, leyes topológicas menos firmemente solidarias con
las relaciones métricas inmediatamente apateotes, en una pa-
labra: vínculos esenciales más profundos que los vínculos
de las representaciones geométricas familiares. Poco a poco
se advierte la necesidad de traba
jar
debajo del es¡ncio, por
así decir, en el nivel de las relaciones esenciales gue soslienen
los fetrómenos y el espacio. El pensamiento científico es
--1a
entonces arrastrado hacia "construcciones" más metafóricas
D
que reales, hacia "espacios de configuración" de los que el
espacio sensible, en definitiva, no es sino un mísero ejem-
pio. El papel de las matemáticas en la física contem¡roránea
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'fut+F,&LiWíL.b x.'
LLV)4'L.LL'UUO
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pues notailemente
Ia siinple
descripción geomÉ_
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trica,
Et matematismo
ng.gs y" áír.riJüü'_ñ;
For_",
*
tivo. La ciencia
-de
Ia raali¿a¿'""
""
confors¡a.ya
con el
,óy? fenomenolósicÁ:
.fü-i"r."
"el
porqué
maremárico.
_,rj
jltolcss,
puesto que
lo concrero acepta ya la infbrma-
cron geomÉtrica,
p_uesto que
Io concreto ei anilizado correc_
tamente por lo abstracto, jpor qué no podríamos-fiü,
U
abstracciónicom.o
et derotcié
""íár-li
f;.*ff;; l.roi¡r"
científico?
En efe*o, si se reflexiái"
"oUr"
Ia.evolución del
"_"pj:it-y.
cieptífico,
se discierne-¿" i"^"¿iato
uri impulso que
v"E3e--tg_ ggomé¡rico,
más o menos
"i*"1,-"
ili""ü,1.r"
abstracción¡
Desde gue
-se
^rreau
i- ana leg gr;*érr-ü,
u"
rcalíza una asombrósa inversiá" *.pir¡tuá!,
suaüe.*V*niva
::*: l_n"joncq¡xión'
l, .u*o"iárJ
á;r"s;; ;];';r"iranza
ff ::?.;
puesto
que
la_.primpra repÉseniación g.oimdtric"
:-._^r": ,fenqmengs
signífica esencialmlente ponff
en orden,
esra pnu*ra
ordenación
nos abr¿ las periffiivü-"¿-uñ-á
abstraccíón
ialerta y- conquisr"¿"ra
!.ru oo* lleva a oiganí-
zar racionaimente-Ia
feiome""i"gr"
como una teoría del
orden
yuro,i Enronces, ni p"aJ"-á..irr.-n"";ft;;;;"
."
::,1.-1?
désconocido,
ni
lue
el orden eJ;;,ü;iJ.o",
cordancta
de nuest¡os_esqu€gras
con los objetos, gd*o po-
dría ser e[ c¡so en el domi;io;.
lá, a",o, inmediátos de Ia
¡31__cjincia.
Cuando ." iát"-á*1*j.ri.".ias
guiadas
"
.oo$
riencia, estimada concreta y reaI, estimada natural e
'
inmediata.
Para describir adecuadametrte el trayecto que va desde Ia
percepción considerada exactz hasta la abstracción felizmen-
te inspirada en las objeciones de la ru26n, estudiaremos mril-
tiples rafirias de la evolucién científica. Como ias soluciones
científicas, en problemas diferentes, no poseer jamás
el mis-
mo grado de madurez, no pres€ntaremos una serie de cua-
dros de conjunto; no teñeltrr{os desmenuzar nuestros argu-
rn€ntos para mantenernos en el contacto más preciso posible
con los hechos. No obstante, si por razones de claridad, se
nos obligara a pon€r groseras €_tlqggqg
.b!g!9tig$_e$-.las.. di-
fglefr_teS e!.4p4s_. ?el
-pensamiento
científíco, distinguiríamos
blst a n t e b i c n t-r.99 .
grqn.d-eg, p_e.úp-C pF,.
--. El primer períodó,-'oue representa el estado precíentífíco,
co,,,Prcnuerla a la vez la at.rgrraoao@
de renacimiento y üe nuevos esfuerzos, con los siglos XVL
XVII y aun el XVIII.
-+
El slgundo período, gue r€presenta el eitddo cíery¡lfíco-
€n preparacron a nnss oer slgro ,l. v ur, ffiAffiEi
todo el siglo XIX y comienzos del XX.
veinticinco años, como signos de una .asombrosa madurez
metncRs
:fi
,]:;:i'I:
--
En terc€r lugar, fijaríamos exacq,amen'te la eta del nueoo
espírítu cíentíflco nn J905, en el momento en
que
fa-T#
cor¡¡o ta acusaElón Tñffif]?Ece
rqlp'car.' ¡Jeberemos piobar que
la..abstracción
despija al
espíritu,. quej eila aligela,f oii*fr"
"-**
ella lo dinamiza.
r,-r^oryr:tott1Í1m"j
esas pruebas
esrudiando
más parricular-
¡nente
-Las
dificultades
de las absrraccíones
;;;;d;;,^;;"-
9lo: l1_lluriciencias
de tos
gril;;; í";."r;, l;;;;;,
s€ ¡ss,pnmeros esquemas, al rrris¡¡ro tiempo que
subriyamr¡s
er caracter discursivo de Ia coherencia ábs.tracta y
esencial
que p.unca
lggra su objetivo de una sola vez. v
fan
-áós_
flenencla,
r#1¡r#
Mas no nos iimitaremós a inscribir nu€stfils observ¿cio.
i- !
,l
nies particulares en €sre tríptíco, que ao nos permitiría di-
-ür¡-
bujar con suficiente precisión los detalles de la evolución
üf¿;44t
psicológica que deseam'os caracterizar. tfna vez rnás, Ias
, e'-'rq
fuerzas psíquícas que accúan en el conocimiento científico
son más csnfusas, más sofocacias, más titubeantes de lo que
se imagina cuando se las aprecia desde afuera, en los libros
donde ellas aguardan al lector.
¡Hay tan gran distanciá
entre el iibro ímpreso y el libro leído, enrre el libro leído
y el libro comprendido, asimiladci, re.tenidol llasra en un
espíritu claro, hay zonas oscuras, cavernas en las que aún
residen las sornbras, Hasta en el hombre nuevo, quedan
vestigios del hombre viejo. En nosorros, el siglo XVIII
contihúa su vida sorda; y puede
¡ay!
reaparecer. No vemos
en ello, como Meyerson, una prueba de Ia permanencia y
de la fijeza de la razón humana, sino más bien una pruebá
de la som¡olencia del saber, una prueba d€ €sta ¿vari;ia det
I
hombre cuito rumiando sin cesar-las mismas conquistas, 1a
I
rnisma.or*,"'iT,Tffi L1.:-:1H"'#'ifiT,?*llll'i,i;,1Íl
,
f,a del oro acariciado. Mostraremos, er efecto, la endósmo-
-
f
sis abusiva de lo as¿rtórico en lo apodícrico, de 1á máñáiia
. en 1a razón. Insistire¡nlos sobre eI hecho de que no puede
prevalerse de un espíriru científico, mientras no se esté se-
guro, en cada momento de la vída mental, de reconstn¡ir
todo su saber. Só1o los ejes racionales perrniten tal r€cons-
.¡trucción.
El resto es baja mnenorécnica. La paciencia de la
ryerudición
nada tiene quá v"r con Ia paciencia iientífica.
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Puesto que todo sabei cieitífico ha de Sd¡, en todo mo-
mento, ¡econstruído, nuestras demosrr4ciones epistemológi-
cas no saldrán síno gananciosas si se desar-olIan a ta altura
de los problernas particular€s, sin preocuparse de mantener
el orden histórico. Tanpoco titubearemos en multipiicar
los ejemplos, si quereaos dar la impresión gu€ efl tod"s
las cuesqiones,
lnra
todos 1o fenómen-os,
""
rJ..r"rio pasar
an,re todo de la imagen e la forma geométrica y luego de
la forma geométnca a la fortna abstracta, y iecotet áL ca-
,
mino psicológico normal del pensamiento científíco. Parti-
refilos, pues, casi siempre, de las ímágenes, a v€ces muy pin-
torescas, de Ia fenomenología básica; ver€mos, cómo y con
qué dificulrades se sustituyen a €sas imágenes las for¡nas
TO
'.
geométricas adecuadas. No es de asombrarse que tal geo-
mecrización, tan difícil. y lenta, se presente durante mu-
cho tiempo como una corlgnista definitiva y que sea sufi-
ciente para consti.tuir el sólido espíritu científico, tal como
aparece en el siglo XIX. Se es rnuy aPegado a 1o que se 'ha
conqüistado penosafrr€nte. No obstante aecesicaremos pro-
bar que €sta geoÍtgtrización es una etapa íntermedia.
P,ero este desa¡rollo seguido a través de las cuestiones
particulares, en el des$Jenuzamiento de los problemas y- de
ias experiencias, no será claro sino cuando se nos perrnita,
""t
uez fuera de toda correspond€ncia históríca, hablar de
una es¡xcie óe leg de los
lrgi estados Para
el espíritu cien-
f
tíficq.. En su foiniáCién inaivi¿uaI, rin espíritu cián'tífico
t
-¡iá3á?1a
pues n€c€sariamente por los tres estados siguientes,
mucho neás precisos y particulares que las for¡nes comtianas.
le EI estado concret-o,,en el que el.espíritu se recrea con
las pt'iñ?ras ímágñIs-del fenómeno y se aPoya sobre una
literarura filosófica que glorifica Ia Naturaleza, y que' ex-
trañamente, canta al misrno tiempo a la unidad del mundo
y a 7a diversidad de las cosas.
2c EI estade c(41creto-qbstrsctor en el que el espíritu ad'
junta as geométricos y s€ aPo-
ya sobrá una filosofit dela simplicidad. El espíri'ru se man-
tiene todavía en una situación paradójica: está tanto más
seguro de su abstracción cuanto más claramente esta abs-
traccíón está r,epresentada por una intuición sensible.
-
3e El_.
nde
uütarra
nalmrnte, para terminar de .caractetizar €stas tres etapas
del pensamiento científico, deberemos pr€ocuparnos de los
difeientes íntereses que constituy€r en cierto modo su base
afectiva. Precisas¡ente,
-9!-picoaná1isij,
cuya intervención
prbpónemos en lura culüffióEiEiiñ,-Eebe desplazar los in-
tereses. Sobre este punto, aunque 'tengamos
que forzar la
nota, quisiérarnos. por 1o menos dar 7a impresión que vis-
lumbramos, con el carácfer afectivo de la cultura intelécrual,
fee
11
uü elemento de solidez y de confiaRza que no s€ ha esfu-
diado suficieniemente.
¿I)ar
y sobre todo mantener un inte-
rés vital en la investigación desinteresada, no es el primer
deber del educador, cualguiera sea la eu¡ra formativJ eq la
que se encuentra? Pero tal inte¡és tiene también su historiá
y, aun .a riesgo de ser acusado de enrusiasmo fácil, deberemos
ensayar de señalar bien su fuetza a fo largo d,e la pacíencía
científica. Sin aquel interés, esta paciencia sería sufrimiento..
Con aquel interés, esta paciencia
es vida espiritu¿l. llacerl
Ia psicologÍa de la,paciencia científica consistirá en adjuntar
,
a,ta ley de los tres eitados del espíri.tü científíco, una ópecie
'
de ley de los tres estados de alrna, caractenzedos
lror
in-
-tetes€s:
Ah{ pryríl o
Wugdgry,
animada por 1a curiosidad iir-
gánua, Íféna de ason¡bro ante el menor.fenómeno i¡strr-
mentado,
jugando
a la física para distraerse, para tener el
pretex.to de una actifud seria, acogiendo las ocasiones de
coleccionista, pasiva hasta en la dicha de pensar.
Alma profeserg!, orgullosa de su dogmatismo, fija en su
pffier- ábstracción, apoyada toda la vida en los éxitos
escolares de su juventud,
repitiendo cida año su saber, irnr
poniendo sus demostracienes, entregada al interés deduc,tivo,
sostén tan cómodo de Ia autoridad, enseñando a su criado
cotxo hace Dtescarres o a los provenientes de Ia burguesía
como hace el "zgrégé" de la llnÍversidad (1).
Finalmente, el almo eft tlance de obstraer u de ouínta-
esencw.
-¡iü
r¿ses inductivos siempre imperfectos,. jugando
el
lxligroso
juego
del
lrnsamiento
sin- soporre
.ecperiment¿I.
estable;
transtornada a cada instante por las objeciones de la razón,
poniendo incesantemente en duda un derecho par,ticular a la
abstracción,
¡F€ro,
cuán segura de que la abstracción es un
debe¿ el deber científico, y la posesión finalm¿nte .depu-
rada del pensamiento del mundo!
¿Podremos lograr Ia convergencia de intereses tafi €qcorl-
t¡ados? En todo caso, ia tarea de la filosofía cieotífica está
P) Véase H. G. WELLS: I,a conspirotión au grand jour (trrtl.),
p. 85, 86, 87.
12
.+tí ¡l i S.",-i ii t i
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ü.rt;
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rr: n-
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l';lil')ti+_l
-]. j _,,.
bien delineada: psíco aializar el interés, destruir todo uti-
Iitarismo por disfrazado que €sté y por elevado.que preren-
da ser, dirigir el espíriru de 1o real a Io artificial, dl 1o
natural a 1o humano, de Ia represeatación a la abstraclión.
Nunca cor&o er nu€stra égnca, el espíritu científico necesita
ser defendido, ser ílustrado en el m'ismo seritido er que du
Bellay trabajó en la
^Nfense
et lllustration de [a lang:trc
frangaíw. Pero tal fustt".ióo no puede limitarse
"
útr"
sublimación de las aspiraciones comunes más diversas. El1a
debe ser rrormativa y cobereute. Debe tornar claramente
consciente
|:activo
el placer de la excitación espiritual en
el d.escu de la verdad, Debe forjar Ia m¿nte cor
Ia verd¡d.
lCO
crcncta es
Ahora, una palabra sobre el toao de este libro. Corno en
definitiva nos proponenroa delinear Ia lucha contra algunos
prejuicios, los argumentos.polérnicos pasan frecuentem€:1te
al prirner plano. Fs, por otra part€, más difícil de 1o que
*
se
-supone,
separat la raz6n arquitectóniga de Ia razón polé-
r¡lica, pues la crítica racional de la ex¡xriéncia es solidaria
'
con la organización teórica de la ex¡xdencia: todas ias ob-
.
jeciones
de Ia razón son pretextos para expedencias, Se ha
dícho frecuentemetrt€ que una. hipóteóis científica que no
levanta ninguna contradiccióa .oo está lejos de ser una hipó-
tesis inútil. Lo mismo, una ex¡rriencia que no recrifica
-.
ningrln eror, que es meramante verdadera, que no provoca
pre una especie de carácter tautológico, ella se desar¡olla en
el m¡undo de las palabras y de las definiciones, y carece pre-
i
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I
'$
i
ñ"'
$
la ciencia debe ser un dinamismo
debates,
¿a
qué sirve? LJna
.erperiencia
ci
r
cisamente de aquella perspectiva de errores rectificadps aW
ca,'acLe'.za, segun ¡luesEro mogo
ge
v-@-
I
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i
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1
i
I
I
i
r€aimente llamativo que la anti$¡a epistemología haya es-
tablecido una vinculación continua entre la observación y
la experirnie¡tación, cuando la experimentación debe. aprar-
tarse de las condiciones ordinarias de 1a observación. Como
Ia experiencia común flo esrá compuesta, e1la no podrÍa
ser, creefilbs ¡losotros, efectiva¡rente oerífícada. Fer¡nanecc
siendo ua hecho. No puedre darnos una ley. Para confir-
rnar científicam¡ente la verdad, es conveniente verificarla
desde varios prultos de vista diferentes. Pensar una expe-
riencia es €ntonces mqstrar la coherencia de un pluralismo
inicial.
Mas por hostiles gne seamos a las pretensiones d¿ los
espíritus "concretos", que creen captar inmediatamente 1o
dado, no tratar€mos de incriminar sistemáticamente toda in-
tuición aislada, La mejor prueba de ello es qu€ daremos
ejemplos en los que las verdades de hecho llegan a inre-
grarse inmediatamente €n la ciencia. No obstante, nos pa-
rec€ que el epistemólogo
--que
en esto dífiere del historia-
dor- debe subrayar, entre todos los <onocimientos de una
época, las ideas fecundas. Para é1, la idea debe poseer más
qu€ una pruriba de existencia, debe poseer un destíno espi-
ritual.
'No
titubea¡efnos, pues, erl inscribir entre los eryores
-o
a cuenta de la inutilidad espiricual, que no está muy le-
jos
de ser la misma cosa- toda verdad que no sea 7a pieza
áe ut siscema general, toda experiencia, au-n
justa,
cuya-afir1
mación quede desvincuiada de un método general de experi-
mentación, toda obse¡vación, por real y posiriva que sea, gue
se anuncie en una falsa perspectiva de verificación, Un mÉ-
todo tal de cricíca exige una actltud Éxpectante, casi tan
prudente frente a 1o conocido como a 1o disconocido, síem*
pre €n guardia contra los conocimientos farniliares, y sin
mucho respeto por las verdades de escuela. Se comprende,
pBes, que un filósofo que sigue la evolucíón de las ideas
científicas en los malos autor€s colno en los buenos, en los
flaturalistas como en los mate¡náticos, eslé mal, protegido
en cofitra de una ím¡rresión de increduiidad sistemática, y que
adopte ün tono escé¡rtico que concuerda débilmente con su
fe, por otra parte sólida, en los progresos del
lxnsamientg
humano.
14
CAPÍTULO
I
LA NOCIÓN
DE OBSTACULO
EPISTEMOLÓGICO'
PLAN DE LA OBRA
I
i
I
t
',,1
il
$
'l'
Cuando
se investigan
las condiciones
psicológ1:1i-
dl
n,[ii*
á.it.i."tiuise
llega muy
pronto a la con'vlcclon
de
que hag
q"t
.iíi*'oi
7t ptóuti'*o del conoctmrenr'"
tl
científíco en térmnát'i'-"ntt¿iulos'-'No
se trasa
de consl-
derar los obstáculos?;;;;';"*"
t¿'
romoleiidad o la fu-
sacidad de ios f."¿*:;;;"ii
¿t-i"i¡min"t
i' t" ¡tbiti¿ad
il:i;;.;;i;;
;;f
"tpi'it"
humiano:
es
'en
el acto m$nro
de conocer, irrti*"1'¡uiít'
-á""¿-
"p""tto'
Por
u'na ttpt'.Ii"
il ;"*d;;a-
ror,tio""l,
los entorpecimientos
y:-E
:lilg-
siones.
Es ahÍ donde mostraremos
causas de esta¡camiento
y hasta de retrocesi,";;i
d';de dilleihiieniós
causas de
ínü?cu
que ltamariH*
J-i¿tt!ás
epiq¡PoJost*l--^:1
co-i¡
nTZiñiento
de lo tt"i-t-
"t;luz
qué siemprá
proyecta
al-
guna sombra.
.1"*il'ttl"á"diata
y plena' Las revelaciones
de 1o real ,oo ,i*"'i""';t;;;;;;t'
'úo
real no es
jarnás "lo
oue
podría .ru."tl,
"ti"J-"it*p*.
1o oue <iebicra haberse
:;;,li;:"*Ei'p.;'#;;"'i;;r;*
*' craro' inmedíoto''
^.uando
ha sido bi;;;;;'do
"1 "pttejo
de las razones'
Al
volver sobre un pasado.de
errores'.-
'd
"otototra
la verdad'
en uil verdadero
estado de a.ppent#id"
i"tiJutl'"*f;'*
efecto, se coflo(4^efl
cantr6,,4e
conocimiento
antenor'
tu f$lsmo,
o
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*fififil$*it:l'
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incrusta

á .";l'.ill.¿..f;.
"yJr::;Tií]j:
_ü*ñl1#[i"1
telecruales que fueron útiies y sanas pueden, a lalarga, trabat
la investig¡ción. "Nuestro espíritu ---dice
justarnente
Berg-
son (r)
-
lis¡s una tendencia írresistible a ronsiderar más
claras las ideas que le son útiles más frecuentement€." La
idea tonquista así una claridad intrínseca abusiva. Con el
uso, las ideas se ualorizan indebidanunte. tJn valo¡ en sí se
opoñe a la circulación de los valorep. Es un facor de inercia
para el espíritu. A veces una idea dominánte poLanza al es-
píricu en su totalidad. FXace unos .veinte años, un episte-
mólogo irreverente decía que los grandes hornbres son útiles
a Ia ciencia en ia primera mitad de $1 vida, nocivos en la
segunda mitad. El instinto formatíoo es tan persistente en
ciertos hombres de pensamiento gue no debemos alarmarnos
por esta boutade. Pero al final el instinto formatíoo acaba
$
por ceder freirte al instin.to conserttatiuo. Llega un rno-
m€nto en el que.el espíriru prefiere lo que confirma su saber
a Io gue 1o contradice, err el que prefiere las respuestas a las
pre€unfas. Ento¡ces- el espíritu conservativo domina, y el
crécimien'to espiritual se detiene.
Como se ve, no'titubeamos en invocar los instintos'pata
señalar-'la,cabal resist¿ncia de ciertos obstáculos epistemo-
lógicos. Es una concepción gr¡e nuestros desarrollos rratarán
de
justificar.
Pero, desde ya, hay que darse cnenta que el
conoci¡niento empírico, que
es el que estudiaremos casi úni-
cam€nte en €sta obra, compromete al hombre sensible a tta-
vés de
,todos
los caracteres de su sensibilidad.'r Cuando el co- *,:-
nocirniento empírico se racionaliza, nunca se está seguro de
que los valores sensibles prímitivos no afecten a los racio-
ciniosl De una manera muy visible, puede reconocerse que
.ta
ldef
científica demasiádo familiar ie cargtr
-cón
un con- ,
creto psícologico demasiado pesado, que elli amasa un nú-
,
mero e.xcesivo de analogias, imágenes, metáforas, y que poco :
a poco
nlerde
sv úector de abstrarcíón; su afilada punra abs-
'tracta.
En parcicular, es caer €n un vano optimismo cuando
se piensa que saber sin¡e autornáticamente para saber, que Ia
cultura se torna tanto más fácil cuanto está más extendida
y que en fin, la inteligencia, sancionada por éxitos preco-
(1) BERcsoN: lo Pensée et le Moutnnt, París, 1934, p. 231.
i
\ :,.1
16
17
?lll"i"l'áláI:tr
ces o pot simples concursos unive¡sitarios, se capítalíze como
una riqueza material, Aun admiciendo que una bueno cabe-
za escapa ai narcisis¡no intelectual tan frecuente en 1¿ cultura
literaria, ¿n la adhesión apasionada a ios
juicios
del gusto,
puede seguram€nte decirse que una buena cabeza es desgraciá-
damente rna cabeza cerrada. Es un producto de escuela.
.f
En efecto, las crisis 'del crecimiento del pensamiento im-
plican una refundición
.total
del sistema del saber. Enton-
ces ia cabeza bien hecha debe ser rehecha. Cambia de es-
pecie. Se opone a. la especie precedente por una función
decisiva. A travós de las revoluciones espirituales gue exige
ia inve¡rción científica, el hombre se convierte en una especie
¡r¡¡utante o,
irara
er:presarlo aún mejor,' en una especie que
necesita rnutar, que sufre si :ro cambja. Espiritualmente el
hombie necesira necesidades. Si se conside¡ara adecuadamen- .
- -)-
te, por e¡emplo, la modificación.psíquica que se reaTiza
"
.tt-
T
vés de la comprensión de doctrinas com;o la Relatividad o la
Macánica ondulatotia, qnizá no
'se
encontrarían estas expfe-
siones exageradas, sobre todo si se reflexionara en la real
solidez de la ciencia prenelativista. Mas ya volveremos so-
bre estos
juicios
en nuestro último capítulo, cuando habre-
mos apr.tado numerosos ejemplos de revoluciones espiri-
tuales.
¡
Se repite también frecuentemente que la ciencia es ávida
de unidad, que tiende a u¡rificar fenómenos de aspecto dis-
tinto, que busca la senciliez o Ia econornia en los principios
y en los métodos. Esta untdad la encontraría muy pron'tq,
se invocan rnás. Al sabio contemporáneo gue guisiera
reunir la cosmología y ia teología se I'e reputaría muy pre-
fencioso.
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Ia eficacia
de un.per^"T"á"-iÁ-
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":-:lho de servir
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de vista
norrnatrvo-.rriiiiiá,-air,"
-Tlrrrro. cierros
conoci-
del
pensamíento
c.;r.
de esre
pensarnrerito:^:itj?;:ff*"-
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a la evolucr'
rnie
ntos
aun J:.:tos',.-n1ff
*:"1m
ii?i".
ttit**'€l$d
Y entrando en el detalle misrno de la investicación cien-
JÍfica,
frente a una
ser rbgistrada como tal, verdaderamente cómo una y com-
18
si pudiera complacerse con ello.,
Pofql_cqnq¿rio.4
so cienrífico á."r.a sus más
pum
Ftos factores de un
el
W l##.iffi
irltual,
1a
ffit
$ffiimisrnoúem-
lfil'1.
'g
no ha tenido resonancia (1). Los profesores de ciencias se
imagínan que el espíritu cornienza como una lecciól, que
siempre puede ¡ehacerse una cultura perczosa repitiendo una
clase, que puede hacerse comprender upa demostración re-
-cieniifi¿a
en estado de mqiliaas¡ón
permanente, reempla"
zaÍ er saoe, ce eñTo aorerco y
i
dinárnrico, dialectizar todas las variables exlxrimentalss, dar
finalmente a La raz6n motivos para evolucionar.
lsrca con
os amontonados
cuerpos
una maraña de errores. De una ma[era más o menos élara se
atribuye una a€tividad al cuerpo gue flora, o mejor, al cuerpo
q.;te ncdd. Si se trata con Ia mano de hundir en el agua un
trozo de ¡nadera, éste r¿siste. No s¿ atribuye fácilmente esa
resistencía al agua. Es, ¿ntonces, basLante difícii hacer com-
pt€nd€r el principio de Arquímedesi en su asombrosa sencillez
rnatemática, si de aüte:nano no se ha críticado y desorgani-
lo explicarcmos ampliamente, por urra gatarsis in
alegliva.
Queda luego la tarea más difícíITponer la cultura
zado el conjunto im¡ruro de las íntuiciones básicas.
--Eq]l
pa,rticllar,
,sin
este
p$coanáliqís
de to$ e'Éq'es iniciales.-if
I
más s¿ hará comorender oue el cllerDo oue emerqe v el cuer- |
€1.
Dse,,
,r¡
Por .otra parte, estas observaciones pueden ser generali-
zadas; ellas son más visibles en la enseñanza científica, pero
(r) GÉRARD-VARET: Essai de Psgchalogie objectiue. I)Ignorance
et l'lrreflexian. Paris, . I 898.
itf.
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o;;;{Lra}-Í3ff !,Tl;Iif.tst'i'uros'ip;-;;;;"-c-o¡n:ouna
tienen cabida en todo esfuerzo educativo.
larsa y
variada, iamás he
o de educacióñ;
se cree un tntses-
21
! g.!.r!
la observaiión parricuiar y colorr"a", rnostru¡remos
el peli_
(1)
VoN IvIoNAKow.er.MoURcUE:
llntroduction biologique á I,átu_
de de la neurologie et de la prgriiporn';t'"i¡i,
p. AS.l
22
gro de s.e-guir las generalidades dei primer aspecto, pues como
tan bien lo dice d'Alembert, se g€neralizan las primeras con-
sideraciones, en cuanto no se tiene más nada que considerar.
Veremos así el espiriru científico trabado dcsde su nacimien-
to por dos obstáculos, en cierto sentido opuestos. Tendre-
mos, puis, la ocasión de captar el pensamienlo em¡rírico en
una oscilación llena de sacudidas y de tirones, y finalmente,
todo desarticulado. Mas esta desarticulación torna posible
movimientos útiles, De ¡rlanera que el epistemólogo mismo
es juguete
de valorízaciones contrarias que se resumti¡ían
bastante bien en las siguientes objeciones: Es
lidad de desprender el pensamiento alejándolo del conoci-
miento sensible; el primer siste¡na moviliza a1 peneamiento.
Entonces el espiritu, constituído en sisterna, pued¿ volver a
la experiencia con pensamientos barrocos pero agresivos, in-
terrogantes, corl una especie de ironía métafísica muy mar-
cada en los experimentadores jóvenes,
tan seguros de sí mis-
mos, tan dispuestos a obsetvar 1o real en función de sus pro-
pias teorías. De la observación al sistema, se va asi de los
ojos embobados a los ojos cerrados.-
dificuitad se revela imfr)ortant€, puede uno asegurar que al
tratar de eludirla, se tropezará con un obstácuio opuesto.
Semejante regularidad en la dialéctica de los erores no pue-
de provenir naturalrnenfe del mundo objetivo.| A nuestro
enúender, ploviene de la actin¡d polémíca d'el pensamiento
científico frente al mundo de la ciencia. Cbnlo en uoa ac-
tivid ad científica debemos
jnventar,
4gbeñoFEñára?-Ai--fe-
;-óffiñioffi,' ¡¡;;TaY
que
ieeitimar
_-Á--
nlrestra lnvencton: entonces con'ceblmos nuestro fenom€no
-ilñ."-á¿oll
¡*iñmeno ajeno. Poco a poco, nos v€mos con-
ducidos a convertir nuestras objeciones ea objetos, a trans-
fo¡mer nuestras criticas en leyes.
,
f.{os encarnizamos en va-
Y:" Y"-"lkow
y Mourgue han observado jusram€nre
esra
dificultad
de reforrna .r, Io mérodos de
"au.r"iJr,';;;;;"_
dd el peso
de los insrinros en ros ui"."¿"or-?;J:".',ü""
t-
.dividuos
para los cuares todo conseSÁ
relativo a los errores
de'.educación
que comeren, es
"bsoliutamcnle
inútil porque
esos llamados
errores no son sino ta expresión ;" ;;;;*-
portámienro
instincivo.,'
En verdad,^
";;
M;";il;
"
ññ^rtr-rr^
-^ -^¿'----^
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.iü tiii."
-
it;- ú ;i.;#
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-
Ei sent.ido dd ¿stas observaciones
generales
resaltar
á me_
f:;::1.**!:.i":,g9t".ai4l9*r"r;;e;;"tñ:iÉJH;
1::*':i.11iT_I
dificuttades
bien definid-es.---
il'?*r
€ntonces el plan que seguiremos ea este estudio:
-Lr:^-
X,-j-",^.*¡j:-._":il,bá:i:x. o, pzra
hablar con mayor.€xacti-
esta observaciín
bá-
srca se presenCa
{on un he de imágenes; es pintoresca,
j?3,iíii1:.
",ll'1i:
ri:il. No hay nrás_qüe ¿.r.ribirl"';;"-
ilI
.l l;
de una mlanera
?trr5fiIcá de la bipolaridad de los €rrores. lFn cuanto una
¡eve gue
entre Ia
continuidad,
sino ruptu!a.
23
rff,
:::';"
fJ."ff}i"mos
sucesiir*.ot.
.r p.iiñ¿.-t"
lTll?i
,ffi
grada
@
"*prilrtirr",
a tr¿vés re
"sa
exrra_
ña inversión
sue
pretende
desirro'rr
;a;;;;;ilin'tT
anali_
zando un conceDró,
en lugar at ;*fri."i
ñ-;;;;üi"rti.,r_
lar en una síntesis racionil.
l'
----r
*,-E!-9bq!éqpL. r-e tF
"J
rn
os- cá ndu c í rá b a s ran re n a ru r a 1 m e n re
at examen
de uno delos obstáculos
:r,Us ¿iiic¡trs
al-irp"".r,
porque
está aooyado
en una filosofía
fi.n ñ., ,r¡l¡*o,
al susranciaiisl¡,o,
a
.1"
mon¿rona
lxgicación
de las propie_
dades pcjr
Ia sustancia.
n¿"rti"r.*os
eñ.tohé?s...ttué
para
el
fj::::
y, sin prejuzs-y.¿.
-"
""i"r,
para eI fitósofo,
et rea_
Irs''lo es una metafísica infecunda,
puesto que
detiene
ra
investigación
en lugar a" pro"o.rrf".
Terminare-.-1_
-":]"
prini,er p"it"
a, nuesrro libro con el
riar el fenómeno
en el sentido de nu€stra:oposición
al saber
ajeno.
Es, naüuralmente,
;;;.;i;J"
€n una ciencia
ioven
donde podrá reconocerse
est_a o¡iginal¡iá¿
¿" ;:il^i.i";r"
no'hace
síno reforzar
los
"trt¿rrii",
contrarios.
Cuando ha bremos_ b ordeado
"ri-i".*r
"problsma
median_
te el examen dei esoíritu .on...to y-á"r
espíritu
sistemático,
:::::::1?:-hl= "ü,r¿."rá"
;ñ;ürricurares.
Enronces
nuestro plan
será necesariamenie
flotoite y no tratarernos de
evitar las.repeticiorr.",
po",
.r,tá urr-ü]
un orden para
des-cribir
rás
.
desJi¿L.,
del pensamiento.
Expondremos, puei,
en
ñontóii ür.riro museo de horrores,
dejando
at Iectór .t-1ra"J"
A;ü;or
atro los ejemptos
:3.T"to::j:ilg-l
hny" .o*pr*o'dido
ei sentido de nuesrras
examen de un obsrácuio
rnrry €speci;i,
-qr;-;ir.ár?.r¡_
mirar con surra precisión
v..qq*ñr;;"i;; ;;r-;i;il;"
ejemplo Io más-craro poriui¿
d;-i"'noci-ón
dri obstáculo
:i'T:T:l:,1..:,1...i^_suio¡nbrq"L*pr.r"lo-d"ris;;;;;,
r¡ente su
o por
FIa sido casí
I síglo XIX; pero
cor,:!o en tos sigtos XVII:y XVIII .;
;;;;;;-""'"ilao
.tal
gue, a nuestro parecer, constítuye un gggl3l3c.ter.lstícg
d.l .spíritu precientífko,
a.dopnremos la iegl-á-ási aGoluta
de caracterízaúo siguiendo los físicos'de los siglos XVII y
XVIII. Esta limitación hará qruizá rnás pertine$te a la.de-
mostración, puesto gue se verá el poder de un obstáculo
en la mísma época €n que va a sar superado, Por 1o demás
este obstáculo anir*ista no tiene sino una lejana vinculación
con Ia mentalidad aninista que todos los e¡nólogos han
examrinado amplíamente. Daremos una gran extensión a
este capítulo precisamente por que podría crer?r$e que no
hay en esto sino un. rasgo particular y pobre.
Con ia idea de sustancia y con la idea de vida, conce-
bidas ar¡rbas a la manera ingenua, se introducen en las cien-
cías físicas innumerables valorizaciones que contradicen a
los verdaderos valores de1 pensanrriento científico. Propon-
dremos pues
¡
psicoanálisis especiales ipara desembarazar al
espíritu cíentiTíiii
-dá'dsoi
f¿l¡¡s valóres.
Después de los obstáculos que debe superar el gci'
míento empírico, en
'¿1
penúltínao capítulo., llcgaremos a
|,#-
mostrar las dificl¡itades de la información seomégrica v ,
t
g!g!gá!iga, las dificultades en fundar una Fisica matemá- \
tica susceptible de provocar descubrimieritos. Ahí tambiÉn,
reuniremos ejemplos tomados de los sistema¡ torpes, de las
geometrizaciones desgraciadas. Se verá cómo eI falsa rígor
bloqo." al pensamieito, cómo un primer sistem-i-JñEñF
tico impide a veces la comprensión de un sísrema nuevo. Nos
limitaremos por otra parte
a observacionas muy elementales
para conservar a nuestro libro su aspecto fácil, Por. 1o de-
más, para completar nuestra tarea en esta dirección, debe-
ríamos estudiar, desde el mismo punto de vista critico, 1a
formación del espíritu matemático. Flemos reservado seme-
jante
tarea para otra obra. Según nuestro pateqgr, tal divi-l
sióo .. poriblu porqu€ el creclmiento del áspíriiu matemá-|l i
tico es muy diferente del crecimiento dql espíritu ciengíficoll.
en su esfuereo para coÍnprender los fenómenos físicos. En'
r
efecco, Ia histoia de las matemáticas es una maravilla de
* I
r
regulaririad. EIta conoce pausas. Ella no conoce períodos de
errores. Ninguna de las tesis que sostenemos en este líbro
24
2'
apünta pues al conocimiento
matemático. No ve refieren sino
al conocimiento
del mundo ol¡etivo.
Es este conocimiento de! obleto que, en nuesrro últiáo
caqífu1o, examinaremos
ln
toda su
-generaridal,
r.a*i""¿o
t-odo.lo,que puede empañar .o pur.i",
todo to q"" p""¿u
disminuir su valor educativo.
crlemos
trabajar ,ri ur, ?".,ro.
de la moralización de la ciencia, pue,
estamos íntimamente
convencidos que el hombre qu.
iig,ru ias leyes del mundo
obedece desde ya a un gran áesriná.
CAPÍTULO II
EL PRIMER OBSTACULO: LA EXPERIENCIA BASICA
I
En'la formación de un espíriru científico, el primer obs-
táculo
'es
la experiencia básica, es la experiencia colocada
por delante y por encima de la c¡ítica', que, ésta sí, es nece-
sariamente un elemento integrante del espírirn científico.
Puasto que la crítica no ha ob¡ado explícitamente, en nin-
gtin caso la experiencia básica puede ser un apoyo seguro.
Of¡eceremos üum€rosas pruebas de Ia fragilidad de los cono-
cinientos básicos, pero desde ya nos interesa oponernos
claramente a esa filosofía f.ácil que se apoya sobre un sen-
sualismo más o menos franco, más o menos novelesco, y
que pretende recibir directamente sus lecciones de un dalo
claro, limpio, seguro, constante, siempre ofreciéndose a un
espíritu síempre abierro.
lle aquí entonces Ia tesis filosófica que sostendrernos:"el
espíritu cientifico debe formarse en contra de la Naturaleza,
€a contra de lo qre es, dentro y fuera de nosotros, impulso
y enseñanza de la Naturaleza¡ en contra del entusiasmo
natural,
,en
cofltra dei hecho coloreado y vario. El espíritu
científico-debe forrnarse reformándose- F¡entc á la Natu-
rateza sólo puede instruirse purificando las sustancias natu-
rales y ordenando los fenómenos revueltos. La misma Psi-
cología se tornaría científica si se tornara discursiva corno
la Física, si advirtiera qué en nosotros mis¡nos,.como fuera
de nosotros, coapr€ndemos la Naturaleza resistiéndole, Des-
de nuest¡o pu¡rto de vista, la única intuición legitima en
26
27