You are on page 1of 4

Buenos Aires, 8 de marzo de 2010.

A las autoridades de
La Universidad de Buenos Aires y
de la Escuela Superior de Comercio
Carlos Pellegrini

De nuestra consideración:

En nuestro carácter de Presidente y Secretario de la


Fundación “La Alameda”, con domicilio legal en Juan D. Perón 853 bis 1ro,
de esta ciudad; tenemos el agrado de dirigirnos a Uds. con el propósito de
plantearles una grave situación que expone la integridad de los niños y las
niñas, alumnos de esa escuela, y solicitarles, en consecuencia, que adopten las
medidas urgentes y necesarias que correspondan para evitarlo.

Días atrás hemos sido consultados por un grupo de madres


y padres acerca del retorno a la escuela del profesor Alejandro D. Grosso
Grazioli.
El nombrado fue beneficiado indebidamente por la
Resolución 2056 del 25 de noviembre de 2009 del Rector de la UBA, Rubén
Hallu, en el expediente 2067905/2009, mediante la cual se clausuró el sumario
administrativo dispuesto por Resolución 1522/2006 “por padecer de un error
de procedimiento, sin endilgar responsabilidad…”. Por esa Resolución
1522/06 se había dispuesto la sustanciación de un nuevo sumario
administrativo. Sin embargo, el Rector de la UBA estimó que la facultad
sancionatoria se encontraba prescripta y que iniciar una nueva investigación
sería conculcar la garantía del debido proceso legal.
La razón de dicha decisión radicó en que el sumario
administrativo había sido llevado a cabo conforme la normativa de la
Administración Pública Nacional y no mediante el procedimiento especial
para docentes de la Escuela Carlos Pellegrini.
Por ello fue que mediante Resolución 409/2006 se había
declarado “…la nulidad de todo lo actuado y sugerir al Rector de la Escuela de
Comercio Carlos Pellegrini que en el marco del reglamento de convivencia,
efectúe al Profesor Alejandro Grosso Grazioli un severo llamado de atención y
a los docentes en general una recomendación de adecuar en un todo sus
conductas a dicho reglamente, con el objeto de impedir la producción de
cuestiones conflictivas”.

En el sumario administrativo instruido contra Grosso


Grazioli se constataron diversas conductas que no sólo son repudiables en la
persona de un profesor, sino que originaron un grave perjuicio tanto para los
niños y niñas afectadas como para sus familias y la comunidad educativa en su
conjunto.
De las distintas pruebas incorporadas al sumario –
fundamentalmente las declaraciones de alumnas y ex alumnas-, a cargo de la
Dra. Nelly Minyersky, surge que Grosso Grazioli cometió, entre otros actos
ilegales, los de pagar bebidas alcohólicas a los alumnos en las fiestas
estudiantiles, a las cuales concurría con amigos mayores; actuar en esas
fiestas como un par; se insinuó con algunas alumnas menores de edad; dispuso
que los alumnos confeccionaran fichas con datos personales irrelevantes para
la materia afectando el derecho a la intimidad; contactos físicos con alumnas
en una actitud claramente impertinente; referencias sexuales y a sus propias
prácticas sexuales durante las clases; pasar a buscar a alumnas a sus
domicilios a las 22.45 horas de un sábado.
En las conclusiones del sumario, la Dra. Minyersky estimó
que las conductas imputadas a Grosso Grazioli eran habituales y reiteradas, las
que resultaron agravadas por su condición de docente a cargo de la división a
la que concurrían los menores de edad. Como docente adoptó conductas
transgresoras que vulneraron los aspectos prioritarios de la enseñanza.
Concluyó la Dra. Minyersky: “Esta instrucción entonces
estima procedente que, en atención a la gravedad de los hechos investigados y
acreditados, y en especial por la función formativa inherente de todo docente,
que correspondería aplicar la siguiente sanción… cesantía…”
Por Resolución 621 del 29 de diciembre de 2004, el
entonces Rector de la Escuela Carlos Pellegrini, Abraham Gak, declaró
cesante a Alejandro Damián Grosso Grazioli.

Sin perjuicio de las irregularidades que pudieran haber


existido en la declaración de nulidad y la clausura del sumario, ya referidos,
esos actos sólo podrían tener implicancia respecto de la relación laboral que
Grosso Grazioli mantiene con la Escuela, pero de ningún modo exime a la
UBA ni a la casa de estudios, de tomar todas las medidas conducentes para
impedir el contacto de quien, se ha probado, perjudicó la integridad de los
niños y los principios básicos de la enseñanza.
Mas allá de las responsabilidades penales y
administrativas que pudieran derivarse de las actuaciones que otorgaron
impunidad a este funcionario público, resulta evidente que, en lugar de velar
por el interés superior de los niños, lo perjudicó, a pesar de que por su
posición tenía un especial deber de cuidado sobre ellos, violando sus deberes
esenciales y arriesgando y dañando la integridad de los alumnos.

Por ello estimamos, luego del pertinente estudio de las


actuaciones, que la inquietud de los padres y las madres que tomaron contacto
con nuestra organización, se halla cabalmente acreditada y merece una
inmediata respuesta tanto de la UBA como de la Escuela.
Y la única respuesta posible, y así lo pedimos a las
autoridades, es que se impida que Grosso Grazioli tome cualquier tipo de
contacto con alumnos y alumnas, con el fin de asegurar su integridad física y
mental.
Las conductas desplegadas por Grosso Grazioli se hallan
encuadradas desde la psicología en el acoso moral, y configura abuso de tipo
sexual desde el momento en que el docente tuvo manifestaciones de
connotaciones sexuales hacias sus alumnas. La relación de poder que
ostentaría frente al alumnado le permitiría tomar señorío de una situación
abusiva en perjuicio de los alumnos, tal como ya sucediera, generando efectos
negativos en el psiquismo de las menores.

Eva Giberti dice que“Las instituciones escolares pueden


incorporar malos tratos físicos y psicológicos; y la experiencia pone de
manifiesto, cotidianamente, que el abuso sexual contra niños y contra niñas
encontró en el ámbito escolar un territorio privilegiado para disponer de
criaturas según las preferencias del abusador”. Debemos impedir que ésto
suceda, una vez más, en la Escuela Superior Carlos Pellegrini.
La Convención Internacional sobre los Derechos del Niño
establece en su artículo 19 el derecho a la integridad física y personal:
"Los Estados partes adoptarán todas las medidas
legislativas, administrativas, sociales y educativas apropiadas para proteger al
niño de toda forma de perjuicio o abuso físico o mental, descuido o trato
negligente, malos tratos o explotación, incluido el abuso sexual, mientras el
niño se encuentra bajo la custodia de sus padres, de un representante legal o de
cualquier otra persona que lo tenga a a su cargo.
"2.Esas medidas de protección deberían comprender, según
corresponda, procedimientos eficaces para el establecimeinto de programas
sociales con el objeto de proporcionar la asistencia necesaria al niño y a
quienes cuidan de él, así como para otras formas de prevención y para la
identificación, notificación, remisión a una institución, investigación,
tratamiento y observación ulterior de los casos antes descriptos de malos tratos
al niño y, según corresponda, la intervención judicial".

"La Asociación Argentina de Prevención de la Violencia


Familiar sostiene que los niños y niñas tienen derecho a ser protegidos y a
experimentar que existe un Estado que vela por ellos, poniéndolos a salvo de
quienes los maltratan. Existen adultos que fallan en su responsabilidad como
cuidadores; en tal caso, serán las instituciones y sus funcionarios los
encargados de brindar un modelo de cuidado, de respeto por los derechos
personales, de oír lo que tienen para decir, de atender las necesidades y
comprender el sufrimiento de cada niño o niña. Esta es la esencia de un
funcionamiento democrático de los vínculos humanos e institucionales"
(Frega y Fernández Santos, "Procedimiento Judicial en e Fuero de Familia").

Remitimos esta nota a las autoridades de la UBA y de la


Escuela Superior, para que adopten las medidas urgentes y necesarias y que
resultan obligatorias para el Estado Argentino, para impedir todo contacto
entre el docente Grosso Grazioli y los alumnos.
A su vez, la enviamos a los sindicatos con presencia en ella y
al centro de estudiantes, con el fin de que tomen conocimiento de la situación
planteada.
Por su competencia específica, remitimos copia a la
Secretaría de la Niñez, Adolecencia y Familia de la Nación para que tome la
intervención que le corresponda.

Dejamos pedida, además, una reunión urgente con las


autoridades de la UBA y de la Escuela Superior de Comercio.

Saludamos con atenta consideración.

Gustavo J. Vera Rodolfo N. Yanzón


Presidente Secretario