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UNIVERSIDAD NACIONAL FEDERICO VILLARREAL FACULTAD DE PSICOLOGÍA

UNIVERSIDAD NACIONAL FEDERICO VILLARREAL FACULTAD DE PSICOLOGÍA Neuropsicología del Espectro Autista Monografía presentada en la Asignatura

Neuropsicología del Espectro Autista Monografía presentada en la Asignatura Neuropsicología II Aquise Cornejo Mary Ann Luján Huambachano Ibeth Jesica

Lima – Perú

2009

UNIVERSIDAD NACIONAL FEDERICO VILLARREAL FACULTAD DE PSICOLOGÍA Neuropsicología del Trastorno del Espectro Autista Aquise, M.& Luján, I.

Resumen

El presente trabajo trata del trastorno del Espectro Autista o los Trastornos Generalizados del Desarrollo, explicando como a través de la historia se ha ido viendo el tema del autismo hasta llegar a la que se tiene en la actualidad. También se describe los trastornos que componen el Espectro Autista, la evaluación, el diagnóstico diferencias según el DSM – IV – TR y el CIE 10, además se plantea una alternativa de tratamiento y se explican brevemente algunas investigaciones de los últimos años.

Palabras clave: Trastorno del Espectro Autista, DSM – IV – TR, CIE 10.

UNIVERSIDAD NACIONAL FEDERICO VILLARREAL FACULTAD DE PSICOLOGÍA Neuropsychology of the Autism Spectrum Disorder

Abstract

This paper deals with Autism Spectrum Disorder or Pervasive Developmental Disorders, explaining how through history it has become the subject of autism to get to that currently has. It also describes the conditions that make up the Autism Spectrum, assessment, diagnosis, differences in DSM - IV - TR and ICD-10 also raises an alternative treatment and explains briefly some research in recent years.

Key words: Autism Spectrum Disorder, DSM – IV – TR, CIE

10.

Índice

Pág.

Introducción

Capítulo I

5

  • 1.1. La Historia del Autismo

 

5

  • 1.2. El Autismo de Leo Kanner

5

1.3 Hans Asperger

 

9

  • 1.4. Definición de Trastornos Generalizados del Desarrollo

 

13

  • 1.5. Trastornos generalizados del desarrollo

según el DSM –

13

IV – TR

  • 1.6. Descripción de los Trastornos Generalizados del

 

14

Desarrollo según el DSM IV TR

 
  • 1.6.1. Trastorno autista

 

14

  • 1.6.2. Trastorno de Rett

22

  • 1.6.3. Trastorno de Asperger

20

  • 1.7. Teorías acerca del Espectro autista

 

27

Capítulo II

31

  • 2.1. Evaluación y diagnóstico

 

31

  • 2.2. Baterías

de

pruebas

que

apoyan

el

proceso

de

32

diagnostico de los trastornos del espectro autista

 
  • 2.3. Criterios diagnosticos según el DSM IV TR

 

33

  • 2.4. Criterios diagnósticos según el CIE 10

 

36

  • 2.5. Diagnóstico diferencial según el DSM IV TR

 

40

  • 2.6. Tratamiento

45

49

Capítulo III Investigaciones

49

Conclusiones

Referencias

Anexo

Introducción

L. Kanner, en Estados Unidos y H. Asperger, en Austria, describieron en 1943 unos cuadros clínicos que hoy se incluyen en los denominados Trastornos del Espectro Autista.

El término "Autismo" que proviene del griego y significa "sí mismo" - fue tomado por Kanner del término planteado por Bleuler originalmente, siendo este último en 1911 quien lo utiliza para referirse a los pacientes con esquizofrenia, que tendían a retirarse del mundo social para sumergirse en sí mismos a las fantasías de sus pensamientos.

Actualmente se sabe que el desarrollo del autismo ocurre en cualquier familia, de cualquier cultura, nivel socioeconómico y etnia, más allá de los patrones de apego y formación vincular. Cada vez es más fuerte la etiología neurobiológica, y existe conciencia de que la intervención temprana es fundamental pues potencia al máximo las capacidades de desarrollo personal y social del niño y la oportuna guía y orientación a sus familiares y educadores.

Sin embargo, tanto como en el autismo como los demás trastornos generalizados del desarrollo, el diagnóstico e intervención temprana es sumamente difícil. Son pocos los niños que se cree que tienen autismo o síntomas parecidos, y que son derivados a los profesionales o centros especializados antes de los dos o tres años de edad perdiendo, por ende, un tiempo crítico e importante para la implementación de un programa integral de atención.

CAPÍTULO I

1.1. La Historia del Autismo

En 1938, Kanner observó a un niño de cinco años llamado Donald e hizo estas observaciones que aparecen en su histórico artículo “Las alteraciones del contacto afectivo en los autistas”, publicado en 1943. Actualmente, los clínicos y educadores señalan características similares.

El autismo en sí ha cambiado muy poco en la mitad del siglo trascurrida desde que ese reconoció como tal. Pero ¿Y antes de 1943? ¿Es que el autismo es un trastorno nuevo? Probablemente no. Uta Frith (1989) ha especulado con la idea de que se pueden encontrar pruebas del autismo a lo largo de la historia. Se refiere, por ejemplo, a los “idiotas benditos” de la vieja Rusia, a quienes se reverenciaba por su fasta de sentido mundano. La aparente insensibilidad al dolor, el comportamiento torpe, la inocencia y la falta de conciencia social que mostraban estos idiotas benditos hace pensar que podrían haber sido autistas. (Happé, F. 2007).

1.2. El Autismo de Leo Kanner

El primer artículo de Kanner sobre el autismo destaca un conjunto de características que a él le parecieron ser propias de todos los niños que veía. (Happé, 2007). Estas características eran las siguientes:

  • a. “La extrema soledad autista”. Los niños no se relacionaban

normalmente con las personas y parecían ser más felices cuando se les dejaba solos. A Kanner le pareció que este falta de respuesta social empezaba desde muy pronto en la vida del niño, como lo demuestra el hecho de que los autistas no alcen los brazos hacia el padre o la madre que están a punto de cogerle, o el hecho de que no se amolden a su cuerpo cuando le cogen en brazos.

  • b. “el deseo angustiosamente obsesivo de invarianza”. A los

niños les molestaban enormemente los cambios en la rutina o en las cosas que les rodeaban. Una ruta diferente para ir al colegio, un cambio de lugar de los muebles desencadenaría una rabieta y no se podría calmar al niño hasta que se restableciera el orden familiar.

  • c. “Una memoria de repetición excelente”. Los niños que vio

Kanner demostraban una capacidad para memorizar cantidades muy grandes de material sin sentido a efectos prácticos, que

estaba totalmente desacompasada con respecto a las graves dificultades de aprendizaje que presentaban o con su retraso mental en otros aspectos.

  • d. “La ecolalia demorada”. Los niños repetían fragmentos

lingüísticos que habían oído, pero eran incapaces de utilizar el lenguaje para dar a entender algo más que sus necesidades inmediatas. La ecolalia explica, probablemente, la inversión de pronombres que Kanner destacó – el que los niños usen “tu” cuando se referencia a si mismos y “yo” en referencia a otra persona-. Este uso desencadenaría por la repetición directa del comentario hecho por el otro interlocutor. Del mismo modo, los niños autistas suelen valerse de una pregunta entera para pedir aquello ¿sobre lo que se pregunta (P. Ej. ¿Quieres un caramelo?, queriendo decir “Quiero un caramelo?”)

  • e. “Hipersensibilidad a los estímulos”. Kanner se dio cuenta de

que muchos de los niños que él veía reaccionaban intensamente a ciertos ruidos y a algunos objetos como las aspiradoras, los ascensores e incluso al viento. Algunos tenían también problemas de alimentación a manías con las comidas.

  • f. “Limitaciones en la variedad de la actividad espontánea”.

Que se manifiesta en los movimientos, verbalizaciones intereses de estos niños. A Kanner le parecía, sin embargo, que los niños tenían una buena relación con los objetos, mostraban a menudo una destreza sorprendente en hacer girar las cosas o al completar los rompecabezas.

  • g. “el buen potencial cognitivo”. Kanner creyó que la memoria y

las destrezas sobresalientes de algunos de estos casos eran el reflejo de una inteligencia fuera de lo común, a pesar de que se considerara que muchos de estos niños tenían dificultades de

aprendizaje. Los padres y los educadores sienten con frecuencia esta impresión tan fuerte de inteligencia - de que un niño con autismo podría con que ellos supieran cómo-. Las buenas

capacidades de memoria son especialmente tentadoras y llevan a pensar que, con sólo encontrar un uso practico, el niño podría aprender bien. La impresión de inteligencia se produce también por la falta de algún estigma físico en la mayoría de los casos de autismo. A diferencia de otros niños que padecen otros muchos tipos de dificultades de aprendizaje (p.ej. En el síndrome de Down), los niños autistas suelen parecer “normales”. Kanner destacó el “cariz inteligente” de sus casos, y otros autores han descrito a niños autistas con una belleza fuera de lo común.

h. “Familias de gran inteligencia”. Kanner destacó que en todos los casos que trataba los padres eran intelectuales. Sin embargo, esto se debe seguramente a un simple sesgo de remisión: es poco probable que la muestra de Kanner fuera representativa. Kanner describió a los padres como fríos, aunque en su primer artículo estaba muy lejos de una teoría psicógena. Muy al contrario entonces afirmaba: “estos niños han venido al mundo con una incapacidad innata para desarrollar el contacto afectivo normal, biológicamente dado, con las personas”.

En su último escrito (Kanner y Eisenberg, 1956, citado por Happé, 2007), Kanner separó sólo dos de todas estas características como los elementos clave para el autismo: “la soledad extrema y la obsesiva insistencia por preservar la invariancia”. Consideraba que los otros síntomas eran o bien secundarios y causados por estos dos elementos (p.ej., las alteraciones comunicativas) o bien no eran específicos del autismo (p. ej., las estereotipias).

1.3 Hans Asperger

La historia del autismo es como cuando se está esperando el autobús: ¡no aparece ni uno en horas y, después de horas aparecen dos al mismo tiempo! En 1944, justo una año antes de que Kanner publicase

su influyente articulo, un medico austriaco, Hans Asperger, publico una conferencia que trataba de la “psicopatía autista” en la infancia. Se han tardado casi cincuenta años en publicar la traducción inglesa del articulo original de Asperger “Die ´Autischen Psychopathen´ im Kindesalter” (Frith, 1991, citado por Happé, 2007).

Asperger merece el reconocimiento por algunas ideas agudamente inspiradas sobre el autismo, algunas ideas que no se le ocurrieron a Kanner (1943) y que ha costado muchos años redescubrir. Antes de entrar en estas observaciones particulares en Asperger, vale la pena señalar las numerosas características en las que los dos médicos coincidieron.

Las observaciones de Kanner y Asperger se parece sorprendentemente en muchos aspectos, especialmente si recordamos que eran mutuamente ignorantes de los decisivos artículos de cada uno en este campo. La elección de la palabra “autista” para denominar a sus pacientes es en sí una notable coincidencia que refleja si creencia compartida de que la característica más importante y definitoria del trastorno eran los problemas sociales del niño. El termino “autista” viene de Bleuler (908) quien usó la palabra (del griego autos, que significa “uno mismo”) para la describir la retracción social observada en los adultos con esquizofrenia, tanto Asperger como Kanner pensaban que la dificultad social del autismo eran innatas (en palabras de Kanner) o constitucional (como Asperger decía) y que perduraba a los largo de toda la vida de adulto. Además, ambos, Kanner y Aspeger, observaron el escaso contacto ocular de los niños, sus estereotipias de palabras y movimientos, y su marcada resistencia al cambio. Los dos autores reseñan el hallazgo común de los intereses aislados especiales, que suelen ser por objetos o temas extraños e idiosincrásicos. Tanto a uno como a otro parece haberles impactado ala apariencia atractiva de los niños que trataban. Kanner y Asperger insisten en distinguir el trastorno que ellos describen de la esquizofrenia, partiendo de tres características:

la mejoría mas que el deterioro de sus pacientes, la ausencia de alucinaciones y el hecho de que estos niños no parecen no ser normales

desde el principio de su vida, en vez de presentar un declive en su competencia después de un buen funcionamiento inicial. Por ultimo, los dos, Kanner y Asperger, creían que habían observado los mismos rasgos – de retracción o incompetencia social, una recreación obsesiva en la rutina y la insistencia en intereses especiales con la exclusión de todo lo demás – en los padres de muchos de sus pacientes.

Son tres los aspectos fundamentales en los que, si creemos que estaban describiendo al mismo tipo de niño, las observaciones de Asperger y Kanner no recuerdan. La primera y más llamativa de estas discordancias se refiere a las capacidades lingüísticas de los niños. Kanner reseñó que tres de sus 11 pacientes no hablaron nunca y que los otros niños no usaban el lenguaje que poseían para comunicarse: “En cuanto se refiere al las funciones comunicativas del habla, no hay una diferencia básica entre los ocho niños hablantes y los tres mudos” (Kanner, 1943). Mientras que la fonología (como lo muestran la precisión de las ecolalias) y el vocabulario eran casi siempre excelentes, Kanner concluyó des sus 11 casos que “en ninguno (…) el lenguaje (…) había servido para transmitir significados “. El cuadro es en conjunto el de un niño con dificultades y un retraso profundo en la comunicación; en siente de los 11 casos, tan profundo que en un principio se pensó (y luego se descartó) en sordera. Por el contrario, Asperger afirmaba que cada uno de los cuatro casos de los paciente que estudió (y consecuencia, la mayoría del número no especificado de niños que él trató) hablaban con fluidez. Aunque dos de sus pacientes presentaron un retraso, éste fue seguido en ambos casos por un rápido dominio del lenguaje y es difícil imaginar que ninguno de estos casos hubiera sido confundido con sordera. En los cuatro casos, y para la edad en la que se les examinó (entre 6 y 9 años), los niños hablaban “como pequeños adultos”. Asperger señala la “libertad y la “originalidad “en el uso del lenguaje y cuenta que en dos de sus cuatros casos había una tendencia a contar “historias fantásticas”.

La descripción de Asperger también contrata con la de Kanner en el tema de las capacidades motrices y coordinación. Kanner (1943) hablaba de torpeza solamente en un caso y destaca la destreza de cuatro de sus pacientes. Concluyó que “varios de los niños eran un poco torpes en la forma de andar y en la motilidad gruesa, pero que eran muy hábiles en cuanto a la coordinación muscular fina – en consonancia con el éxito que tenían en el tablero de formas de Seguin (en el que la destreza interviene en parte) y su habilidad para hacer girar objetos. Asperger, por el contrario, describía a sus cuatro pacientes como bastante torpes y hacía referencia a sus problemas no sólo con los deportes escolares (coordinación gruesa), sino también con las habilidades motores finas, como la escritura. Esta característica es parte de una divergencia mayor entre las creencias de Kanner y Aspeger. Kanner creía que los autistas tenían una alteración específica en la compresión social, manteniendo unas relaciones con los objetos menores que con las personas: mientras que los niños mostraban “relaciones con los objetos “excelentes, propositivas e inteligentes””, sus “relaciones con las personas (eran) en conjunto muy diferentes”. Asperger, por otro lado, creía que sus pacientes mostraban alteraciones en los dos campos: “la anormalidad esencial del autismo es una alteración de los relación vital con todo en entorno” (Asperger, 1994).

El último punto de desacuerdo en los cuadros clínicos dibujados por Asperger y Kanner es el de las capacidades de aprendizaje de los niños. Kanner creía que sus pacientes aprendía mejor mediante la estrategia de repetir maquinalmente; sin embargo, Asperger presentía que sus pacientes lo hacia “mejor cuando el niños podía producir espontáneamente” y sugirió que era “pensadores abstractos“.

¿Cómo nos las arreglamos para entender y resolver estas contradicciones¿ una posibilidad seria simplemente no tener en cuenta las ideas de Asperger en estas tres áreas y quedarnos con las opiniones de Kanner que por ahora están probadas y evaluadas e identificadas como ciertas en muchos casos de niños autistas. Que tengamos confirmación de la descripción de Kanner no debería sorprendernos;

después de todo, es, principalmente, su descripción la que ha perfilado lo que llamamos el autismo, sin embargo, como cada vez se hace más patente, muchos niños y adultos que necesitan cuidados son rechazados por clínicos cuya descripción del autismo se basan en un estrecho estereotipo de los casos de Kanner. Como señalaron Wing y Gould (1979), los mismos problemas de las personas autistas pueden manifestar de maneras muy diferentes según la edad y la capacidad, los que significa que hay un espectro de comportamientos que surgen de alteraciones subyacentes similares. Si nos mantenemos rígidamente en las descripciones de Kanner, corremos el peligro de rechazar, por ejemplo, al autista que ya no evita la interacción social, sino que, en ves de eso, la busca por canales poco apropiados.

Si decidimos, entonces, quedarnos con las situaciones de Asperger, tenemos que decidir si estaba describiendo a un tipo distinto de niño, o al mismo niño desde un punto de vista distinto o a una edad diferente. Con respecto al tema del aprendizaje, por ejemplo, uno podría argumentar que ambos, tanto Kanner como Asperger, tiene razón y un mismo niño autista puede de hecho beneficiarse en gran medida del aprendizaje de memoria repetitiva, utilizando su memoria aparentemente excelente para hechos sin conexión (y dado que el niño suele darse poca cuenta de los principios subyacentes) en la situación de enseñanza, y sin embargo ser el mejor en adquirir conocimiento cuando sigue sus propios intereses que cuando le enseñan. No obstante será difícil adoptar tales compromisos cuando una toma en consideración las posturas de Asperger y Kanner en cuando al lenguaje y a las habilidades motoras. Por lo tanto, no sorprende que estas áreas se conviertan en los puntos clave de quienes piensa que Asperger estaba describiendo a un grupo de niños diferente al de Kanner.

  • 1.4. Definición de Trastornos Generalizados del Desarrollo

El concepto de autismo hace referencia al llamado espectro autista(término utilizado por primera vez por Wing y Gould en 1979), denominado así por la gran variabilidad de manifestaciones que incluye. Este término engloba a su vez a los llamados Trastornos Generalizados del desarrollo (TGD). Actualmente, existe un consenso internacional entre profesionales de distintos ámbitos en cuanto la consideración de los trastornos generalizados del desarrollo (TGD), como recogen la Clasificación Internacional de las Enfermedades (CIE – 10) o el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM – IV – TR). (Cuadrado, P. & Valiente, S.; 2005)

1.5. Trastornos generalizados del desarrollo según el DSM – IV – TR

Los trastornos generalizados del desarrollo se caracterizan por una perturbación grave y generalizada de varias áreas del desarrollo:

habilidades para la interacción social, habilidades para la comunicación o la presencia de comportamientos, intereses y actividades esteriotipadas. Las alteraciones cualitativas que definen estos trastornos son claramente impropias del nivel de desarrollo o edad mental del sujeto. Esta sección incluye el trastorno autista, el trastorno de Rett, el trastorno desintegrativo infantil, el trastorno de Asperger y el trastorno generalizado del desarrollo no especificado. Estos trastornos suelen ponerse de manifiesto durante los primero años de la vida y acostumbran a asociarse a algún grado de retraso mental. Aunque en algún momento se utilizaron términos como “psicosis” y “esquizofrenia infantil” para hacer referencia a estos trastornos, son numerosos los datos a favor de que los trastornos generalizados del desarrollo son distintos de la esquizofrenia (sin embargo, un sujeto con un trastorno generalizado del desarrollo puede desarrollar una esquizofrenia posterior).

En la tabla 1 se muestra la clasificación del DSM IV TR en comparación con el CIE10.

DSM IV TR

CIE 10

Trastorno Autista

Autismo Infantil

Trastorno de Rett

Autismo Atípico

Trastorno de Asperger

Síndrome de Rett

Trastorno

del

desarrollo

no

Trastorno

Desintegrativo

de

la

especificado

(incluyendo

autismo

infancia

atípico)

Síndrome de Asperger

 

Otros trastornos generalizados del desarrollo

Trastorno del desarrollo psicológico sin especificación

Tabla 1. Comparación entre el DSM IV TR y el CIE 10

1.6. Descripción de los Trastornos Generalizados del Desarrollo según el DSM IV TR

1.6.1. Trastorno autista

Las características esenciales del trastorno autista son el desarrollo marcadamente anormal o deficiente de la interacción y comunicación sociales, repertorio sumamente restringido de actividades e intereses. A veces el trastorno autista es denominado autismo infantil temprano, autismo infantil o autismo de Kanner.

Las deficiencias de la interacción social son importantes y duraderas. Puede darse una notable afectación de la práctica de comportamientos no verbales múltiples (p.ej. contacto ocualar, expresión facial, posturas y gestos corporales) en orden a regurlar la interacción y comunicación sociales. Puede existir una incapacidad para desarrollar relaciones con coetáneos apropiados al nivel de desarrollo, incapacidad que puede adoptar diferentes formas a diferentes edades. Los sujetos de menor edad pueden tener muy poco o ningún interés en establecer lazos de amistad. Los sujetos de más edad pueden estar interesados por unas relaciones amistosas, pero carecen de la comprensión de las

convenciones de la interacción social. Puede estar presente una falta de reciprocidad social o emocional. Con frecuencia el sujeto tiene sumamente afectada la conciencia de los otros. Los sujetos que sufren este trastorno pueden prescindir de otros niños (incluyendo hermanos), carecer de todo concepto relativo a las necesidades de los demás o no percibir el malestar de otra persona.

También es muy notable y persistente la alteración de la comunicación, que afecta tanto las habilidades verbales como las no verbales. Puede producirse un retraso del desarrollo del lenguaje hablado o incluso su ausencia total. En los sujetos que hablan cabe observar una notable alteración de la habilidad para inciciar o sostener una conversación con otros, o una utilización estereotipada y repetitiva del lenguaje idiosincrásico. También se observa una falta de juego usual espontáneo y variado o de juego imitativo social propio del nivel de desarrollo del sujeto. Cuando se desarrolla el habla, el volumen, la entonación, la velocidad el ritmo o la acentuación pueden ser anormales. Las estructuras gramaticales suelen ser inmaduras e incluyen un uso estereotirpado y repetitivo del lenguaje. La comprensión del lenguaje suele estar muy retrasada y el sujeto puede ser incapaza de comprender preguntas u órdenes sencillas. Estos sujetos también tieneden a no implicarse en las rutinas o juevos imitativos simples propios e la infancia o la primera niñez o lo hacen sólo fuera de contexto o de una manera mecánica.

Los sujetos con trastorno autista cuentan con unos patrones de comportamiento, intereses y actividades restringidas, repetitivas y estereotipadas. Pueden demostrar una preocupación absorbente por una o más pautas de interés restrictivas y estereotipadas que resultan anormales, sea en su intensidad será en sus objetivos o una preocupación persistente por partes de objetos. Los sujetos con trastorno autista despliegan una gama de intereses marcadamente restringida y suelen preocuparse por alguno

limitado (p.ej. recopilando datos sobre meteorología o estadísticas de fútbol) Pueden insistir en la identidad o uniformidad de las cosas y resistirse o alterarse ante cambios triviales. A menudo se observa un notable interés por rutinas o rituales no funcionales o una insistencia irracional en seguir determinadas rutinas. Los movimientos corporales estereotipados incluyen las manos. Pueden estar presentes anomalías posturales. También pueden resultar fascinados por un movimiento.

La alteración debe manifestarse antes de los 3 años de edad por retraso o funcionamiento anormal en por lo menos una (y a menudo varias) de las siguientes áreas: interacción social, lenguaje tal como se utiliza en la en comunicación social o juego simbólico o imaginativo. En la mayoría de los casos no se observa ningún periodo de desarrollo inequívocamente normal, aunque en un 20% de ellos los padres informan de un desarrollo relativamente normal durante 1 o 2 años. En estos casos, los padres pueden señalar que el niño adquirió unas cuantas palabras, perdiéndolas a continuación, o pareciendo estancarse evolutivamente. Por definición, si existe un periodo de desarrollo normal. Éste no puede extenderse más allá de los 3 años. El trastorno se explica mejor por la presencia de un trastorno de Rett o de un trastorno desintegrativo infantil.

a) Síntomas y trastornos asociados

Características descriptivas y trastornos mentales asociados. En la mayor parte de los casos existe un diagnóstico asociado de retraso mental, habitualmente en el desarrollo de las habilidades cognoscitivas. El perfil de las habilidades cognoscitivas suele ser desigual. Prescindiendo del nivel general de inteligencia, y las aptitudes verbales son típicamente inferiores a las no verbales. A veces, se observan habilidades especiales (p.ej. una niña de 4 años y medio con trastorno autista puede ser capaz de

“decodificar” materiales escritos con una compresión mínima del significado de lo que lee (hiperlexia) o un niño de 10 años puede tener aptitudes prodigiosas para calcular fechas (cálculo del calendario)). La evaluación del vocabulario (receptivo o expresivo) mediante palabras únicas no siempre proporciona una buena estimación del nivel de lenguaje (las aptitudes verbales reales pueden presentar una amplia gama de síntomas de comportamiento, que incluyen hiperactividad, campo de atención reducido, impulsividad, agresividad, comportamientos autolesivas y, especialmente los niños pequeños, pataletas. Pueden presentarse alteraciones del humor o la afectividad (p. ej. Un elevado umbral para el dolor, hipersensibilidad ante los sonidos en los contactos físicos, reacciones exageradas ante la luz o los colores, fascinación por ciertos estímulos). Pueden producirse irregularidades en la ingestión alimentaria (p. ej. Dieta limitada a muy pocos alimentos, pica) o en el sueño (p.ej. despertar recurrentemente o balanceo nocturno). Pueden presentarse alteraciones del humor o la afectividad (p.ej. reír o llorar sin motivo observable, ausencia aparente de reacciones emocionales). Cabe observar una ausencia de miedo en respuesta a peligros reales y un temor excesivo en respuesta a objetos no dañinos. Suelen presentarse distintos comportamientos autolesivas (p.ej. cabezazos o mordiscos en los dedos, la manos o muñecas). En la adolescencia o en los inicios de la vida adulta, los sujetos con trastorno autista y capacidad intelectual suficiente pueden deprimirse en respuesta a la toma de conciencia de sus graves déficits.

Hallazgos de laboratorio. Cuando un trastorno autista se asocia a una enfermedad médica, se obtienen datos de laboratorio coherentes con esa enfermedad. Existen diferencias de grupo en algunas medidas de la actividad serotoninérgica, pero no constituyen un criterio diagnóstico del trastorno autista. En algunos casos pueden resultar anormales los estudios por neuroimagen,

pero no se ha identificado claramente un patrón específico. Son frecuentes las alteraciones del EEG, incluso en ausencia de trastornos convulsivos.

Hallazgos de la exploración física y enfermedades médicas sociadas. En el trastorno autista pueden observarse distintos síntomas o signos neurológicos no específicos (p.ej. reflejos primitivos, retraso del desarrollo de la dominancia manual). A veces el tratorno se presenta asociado a una enfermedad neurológica o médica (p. ej. Esclerosis tuberosa y síndrome del X frágil).

Alrededor del 25 % de los casos experimenta crisis convulsivas (particularmente en la adolescencia). Puede existir tanto microcefalia como macrocefalia.

b) Síntomas dependientes de la edad y el sexo

En el trastorno autista la naturaleza de la alteración de la interacción social puede modificarse con el paso del tiempo, pudiendo variar en función del nivel del desarrollo del individuo. En los niños pequeños cabe observar incapacidad para abrazar, indiferencia o aversión hacia las manifestaciones de afexto o de contacto físico; ausencia de contacto ocular, respuestas faciales o sonrisas dirigidas socialmente, e incapacidad para responder a la voz de sus padres. Como resultado de todo ello, los padres pueden estar inicialmente preocupados ante la posibilidad de que su hijo sea sordo. Los niños de corta edad con este trastorno pueden tratar a los adultos como objetos intercambiables, pueden aferrarse mecánicamente a un persona concreta o pueden utilizar la mano del padre o la madre para obtener los objetos deseados sin llegar a establecer contacto ocular (como si lo relevante fuera la mano más que la persona). A lo largo del desarrollo. El niño puede hacerse más dispuesto a participar pasivamente en la interacción social e incluso puede interesarse más por dicha interacción. Sin embargo, incluso en tales circusnstancias, el niño

tiende a tratar a otras pesonas de modo desusado. En los sujetos de más edad cabe observar un excelente rendimiento en tareas que implican memoria largo plazo, pero la información en cuestión tiende a repetirse un y otra vez, sea o no sea propia en relación al contexto social. El trastorno se presenta en los hombres con una frecuencia cuatro a cinco veces mayor que en las mujeres. Sin embargo, las mujeres autistas son más propensas a experimentar un retraso mental más grave.

  • c) Prevalencia

La tasa media de trastorno autista en los estudios epidemiológicos es de 5 casos por cas 10.000 individuos, oscilando los valores entre los 2 y 20 casos por 10.000 individuos. Sigue sin quedar claro si las tasas más elevadas reflejan diferencias en metodología o un aumento de la frecuencia del trastorno.

  • d) Curso

Por definición, el inicio del trastorno autista es anterior a los 3 años de edad. En algunos casos los padres explican que se preocuparon por el niño desde el nacimiento o muy poco después, dad su falta de interés por la interacción social. Durante la primera infancia las manifestaciones del trastorno son más sutiles, resultando más difíciles de definir que las observadas tras los 2 años de edad. En una minoría de los casos el niño puede haberse desarrollado normalmente durante el primer año de vida (o incluso durante sus primeros 2 años de). El trastorno autistza tiene un curso continuo. En niños de edad escolar y en adolescentes son frecuentes los progresos evolutivos en algunas áreas (p.ej. interés creciente por la actividad social a medida que el niño alcanza la edad escolar). Algunos sujetos se deterioran comportamentalmente durante la adolescencia, mientras que otros mejoran. Las habilidades lingüísticas (p. ej. Presencia de lenguaje comunicativo) y el nivel intelectual general so n los factores relacionados más significativamente con el pronóstico a largo

plazo. Los estudios de seguimiento realizados hasta la fecha sugieren que sólo un pequeño porcentaje de sujetos autistas llega a vivir y trabajar autónomamente en su vida adulta. Alrededor de un tercio de los casos alcanza algún grado de independencia parcial. Los adultos autistas que funcionan a un nivel superior continúan teniendo problemas en la interacción social y en la comunicación, junto con intereses y actividades claramente restringidas.

e) Patrón Familiar

Se observa un riesgo aumentado de trastorno autista entre los hermanos de sujetos que sufren. Presentándolo aproximadamente en un 5% de éstos. También parece existir riesgo de distintas anomalías del desarrollo en los hermanos afectados.

1.6.2. Trastorno de Rett

La característica esencial del trastorno de Rett es el desarrollo de múltiples déficit específicos tras un periodo de funcionamiento normal después del nacimiento. Los sujetos presentan un periodo prenatal y perinatal aparentemente normal con un desarrollo psicomotor normal durante los primeros 5 meses de vida. En el nacimiento la circunferencia craneal también se sitúa dentro de los límites normales. Entre los 5 y 48 meses de edad el crecimiento craneal se desacelera. Entre los 5 y 30 meses de edad se produce una pérdida de habilidades manuales intencionales previamente adquiridas, con el subsiguiente desarrollo de unos movimientos manuales estereotipados característicos, que semejan escribir o lavarse las manos. El interés por el ambiente social disminuye en los primeros años posteriores al inicio del trastorno, aunque la interacción social a se desarrolla a menudo posteriormente. Se establecen alteraciones de la coordinación de la marcha y de los movimientos del tronco.

También existe una alteración grave del desarrollo del lenguaje expresivo y receptivo, con retraso psicomotor grave.

  • a) Síntomas y trastorno asociados

El trastorno de Rett está asociado típicamente a retraso mental grave o profundo que, si existe, debe codificarse en el II. No existen datos específicos de laboratorio asociados a este trastorno. En los sujetos con trastorno de Rett puede observarse una gran frecuencia de alteraciones del EEG y trastornos convulsivos. Las técnicas por neuroimagen cerebral han demostrado la existencia de anormalidades no específicas. Datos preliminares sugieren que una mutación genética es la causa de algunos casos de trastorno de Rett.

  • b) Prevalencia

Los datos disponibles se limitan principalmente a series de casos. Al parecer, el trastorno de Rett es mucho menos frecuente que el trastorno autista. Este trastorno solo ha sido diagnosticado en mujeres.

  • c) Curso

El

patrón de regresión evolutiva

es sumamente distintivo. El

trastorno de Rett tiene su inicio antes de los 4 años de edad. Habitualmente durante el primero o segundo año de vida. El

trastorno persiste a lo

largo de

toda

la vida,

y

la

perdida de

habilidades se suele mantener y progresar. En la mayor parte de

los casos la recuperación es muy limitada, aunque pueden producirse progresos evolutivos muy modestos y observarse algún interés por la interacción social cuando los sujetos finalizan su infancia o entran en la adolescencia. Las deficiencias comunicativas y de comportamiento suelen permanecer relativamente constantes a lo largo de la vida.

1.6.3. Trastorno de Asperger

Las características esenciales del trastorno de Asperger son la incapacidad grave y permanente para la interacción social y la presencia de pautas de conducta, intereses y actividades repetitivas y restringidas. El trastorno puede causar insuficiencias clínicamente significativas en la vida social y laboral, así como en otras áreas importantes de la actividad del individuo. En contraste con el trastorno autista, no hay retrasos clínicamente significativos ni alteraciones en la adquisición del lenguaje, aunque pueden estar afectados algunos aspectos más sutiles de la comunicación social. Además durante los primeros 3 años de vidas, no existen retrasos clínicamente significativos en el desarrollo cognoscitivo, lo que se manifiesta mediante una expresión de curiosidad normal por el ambiente o la adquisición de habilidades del aprendizaje y conductas adaptativas apropiadas para la edad. Finalmente, los criterios no satisfacen los de toro trastorno generalizado del desarrollo específico o los de la esquizofrenia. Este trastorno también se denomina síndrome de Asperger.

La alteración de la interacción social recíproca es importante y persistente, pudiendo presentarse un deficiencia relevante en el uso de conductas no verbales múltiples (p. ej. Contacto ocular, expresión facial, posturas y gestos corporales) para regular la interacción social y la comunicación. Es posible que exista incapacidad para establecer relaciones con coetáneos apropiadas al nivel de desarrollo, lo que puede adoptar diferentes formas según la edad. Los individuos de menor edad pueden tener poco o ningún interés en establecer relaciones de amistad. Los individuos mayores pueden experimentar algún interés por la amistad, pero no comprenden las convenciones de la interacción social. Es posible que no intenten compartir alegrías, intereses o realizaciones con otras personas (p.ej. no muestran, llevan o

señalan objetos que consideran que consideran interesantes). Puede haber falta de reciprocidad social o emocional. Aunque en el trastorno de Asperger el déficit social es grave y se define del mismo modo que en el trastorno autista, la ausencia de reciprocidad social se manifiesta típicamente por un abordaje social de los otros excéntrico y monocorde (p. ej., insistiendo en un tema de conversación sin tener en cuenta las reacciones de lo demás más que por indiferencia social y emocional.

Al igual que en el trastorno autista, se observa patrones de conducta, intereses y actividades repetitivas y restringidas. Con frecuencia, esta característica se manifiesta primariamente a través de la aparición de preocupaciones absorbentes referidas a temas o intereses circunscritos, sobre los que el individuo puede acumular una gran cantidad de información. Estos intereses y actividades son mantenidos con gran intensidad, frecuentementeconla exclusión de toras actividades.

El trastorno puede causar alteraciones clínicamente significativas en la daptación social, que a su vez, pueden ejercer un impacto significativo en la autosuficiencia, las actividades u otras áreas de importancia. Los déficit sociales y los patrones restringidos de intereses, actividades y conducta dan lugar a un notable discapacidad.

A diferencia de lo que ocurre en el trastorno autista, no hay retrasos clínicamente significativos en el lenguajes temprano (p.ej., a los 2 años utilizan palabra única y los 3 años, frases comunicativas). El lenguaje subsiguiente puede resultar inusual debido a su locuacidad y a la preocupación del individuo por ciertos temas. Las dificultades en la comunicación 0pueden deberse a la disfunción social y a la incapacidad para apreciar y utilizar normas convencionales de conversación, a la incapacidad

para apreciar señales no verbales y a la limitadas aptitudes para el autocontrol.

Los individuos con trastorno de Asperger no presentan retrasos clínicamente significativos en su desarrollo cognoscitivo o en las habilidades de autocuidado propias de su edad, conducta adaptativa (distinta de la implicada en la interacción social) y curiosidad acera del ambiente en la infancia. Puesto que el lenguaje temprano y las habilidades cognoscitivas están situados dentro de límites normales en los 3 primero años de vida, los padres o cuidadores no suelen preocuparse por el desarrollo del niño durante dicho periodo, aunque entrevistados detalladamente pueden recordar ciertas conductas inusuales. Pueden, por ejemplo, explicar que el niño hablaba antes de empezar a caminar y, de hecho, los padres pueden creer que el niño es precoz. Aunque pueden existir problemas sociales sutiles, los padres o cuidadores no suelen preocuparse hasta que el niño inicia su preescolaridad o es comparado con niños de la misma edad, en ese momento, las dificultades sociales del niño con los individuos de su misma edad suelen hacerse evidentes.

a) Síntomas y trastornos asociados

En contraste con el trastono autista, en el trastorno de Asperger no suele observarse retraso mental, aunque se han detectado algunos casos con retraso mental ligero. Puede observarse alguna variabilidad en el funcionamiento cognoscitivo, siendo frecuente un abuena dotación en habilidades verbales (p.ej., vocabulario, memoria auditiva) acompañada de insuficiencias en las áreas no verbales. Puede haber torpeza motora, si bien suele ser relativamente ligera, no obstan, las dificultades motoras pueden contribuir al rechao por parte de compañeros y al aislamiento social. En el trastorno de Asperger son frecuentes los síntomas de hiperactividad e inatención y, de hecho, muchos menores con este trastorno reciben el diagnos tico de trastorno por déficit de ateción

con hiperactividad antes que el de trastorno de Aspeger.Hay datos que señalan la posibilidad de que el trastorno de Asperger se asocie a numerosos trastornos mentales, incluyendo trastornos depresivos.

  • b) Síntomas dependientes de la cultura, la edad y el sexo.

El cuadro clínico puede presentarse de modo diferente en distintas edades. Con frecuencia, la discapacidad social de los pacientes se hace más aparente a medida que pasa el tiempo. En la adolescencia, algunos individuos con el trastorno pueden aprender a utilizar las áreas en las que están mejor dotados (p. ej. Aptitudes de memoria verbal) para compensar las áreas más deficientes. Los individuos con trastorno de Asperger pueden ser victimizadas por parte de otras personas. Este hecho, junto con los sentimientos de aislamiento social y una creciente capacidad de autoconciencia, puede contribuir a l desarrollo de depresión y ansiedad en la adolescencia y el inicio de a vida adulta. El trastorno se diagnostica con mucha más frecuencia (por lo menos 5 veces más) en hombres.

  • c) Prevalencia

No se dispone de datos definitivos sobre la prevalencia del trastorno de Asperger.

  • d) Curso

El trastorno de Asperger es un trastorno continuo y persistente a lo largo de la vida. En niños de edad escolar, las buenas habilidades verbales pueden, en alguna medida, en mascarar la gravedad de la disfunción social del niño. Estas habilidades pueden también confundir a cuidadores y maestros, ya que pueden fijarse especialmente en las satisfactorias aptitudes verbales d3el pequeño, pero no ser suficientemente conscientes de los

problemas que experimenta en otras áreas (especialmente en cuanto a adaptación social). Las aptitudes verbales relativamente bunas del niño también pueden hacer que profesores y cuidadores atribuyan erróneamente sus dificultades conductuales a la falta de voluntad o testarudez. En la adolescencia, puede incrementarse su interés por establecer relaciones sociales en la medida en que los individuos aprenden a responder más adaptativamente a sus dificultades: el paciente puede aprender, por ejemplo, a aplicar normas verbales o rutinas explícitas en ciertas situaciones estresantes. Los individuos de más edad pueden estar interesados en establecer amistades, pero no comprenden las convenciones de la interacción social y pueden establecer más fácilmente relaciones con individuos mucho mayores o menores que ellos. El pronóstico es significativamente mejor que en el trastorno autista, pues los estudios de seguimiento sugieren que, a llegar a la edad adulta muchos individuos son capaces de obtener un empleo y de ser autosuficientes.

e) Patrón Familiar

Aunque los datos disponibles son limitados parece existir un mayor frecuencia de presentación de trastorno de Asperger entre familiares de individuos con este tras torno. Estos pueden también presentar un mayor riesgo de trastorno autista, así como de otras dificultades.

1.7. Teorías acerca del Espectro autista

Hace más de medio siglo se interpretó erróneamente que los trastornos generalizados del desarrollo eran causados por los propios padres, que con su frialdad generaban estos problemas en sus hijos. Afortunadamente este cruel error ya ha sido subsanado. Todas las instituciones científicas internacionales reconocen que el autismo se debe a anomalías del sistema nervioso central, y tiene causas biológicas

y no psicosociales. En la actualidad, la evidencia científica plantea una visión multifactorial compleja, por interacción de diversos factores, genéticos y ambientales, sin que todavía se conozca exactamente cuáles son y cómo interactúan los posibles factores ambientales sobre la susceptibilidad genética. Entre los factores ambientales, se han sugerido infecciones víricas (rubéola, herpes, citomegalovirus, etc.), complicaciones obstétricas, administración de vacunas (aspecto controvertido que recientemente ha sido absoluta mente descartado), intoxicaciones, intolerancia a ciertos alimentos y nutrientes, consumo de determinados productos durante el embarazo, alteraciones gastrointestina les, etc.

Hasta la fecha, la conclusión de los numerosos grupos de trabajo es que no existe evidencia documentada de modo científico, que pruebe que los factores ambientales estudiados sean por sí mismos causantes del autismo. En contraposición, el autismo es considerado por los expertos como el más «genético» de los trastornos neuropsiquiátricos en la infancia. La investigación actual indica que alrededor de un 3% de los hermanos o mellizos de un niño con autismo tiene también el mismo trastorno (lo que es bastante más que lo encontrado en la población general), y entre un 6 al 9% presentan algún tipo de TGD o TEA.

Asimismo, los familiares de afectados pueden presentar expresiones fenotípicas conductuales en mayor proporción que la población general; con un rango variable de gravedad que incluya rasgos o dificultades sociales o comunicativas significativas. Se ha sugerido que en el trastorno de Asperger el número de familiares afectados, especialmente padres, es muy elevado. Además, se sabe que si un gemelo presenta autismo, el 80% de las veces su hermano gemelar tiene también un TEA; esto es, a mayor igualdad genética entre las personas, mayor concordancia clínica. En un 5-10% de los casos, se identifican otros trastornos de base genética (duplicaciones del cromosoma 15, esclerosis tuberosa, fragilidad X, fenilcetonuria, neurofibromatosis, etc.). El tras torno de Rett se identifica no sólo por su clínica, sino por la comprobación de la alteración genética en el gen MECP2. Los resultados

de estudios multicéntricos de consorcios internacionales de investigación en casos de familias con «incidencia múltiple» (esto es, al menos dos hijos con autismo), han identificado toda una serie de marcadores genéticos en diversos cromosomas (2q, 7q, 13q, 16p, 17q, X, etc.), habiéndose calculado que pueden existir 15 o más genes implicados, de los que entre 2 y 4 intervendrían en todos los casos, y otros actuarían en distintas combinaciones (variaciones entre familias) que influirían en la gravedad o la expresión del fenotipo (variaciones entre sujetos). (GETEA,

2004.)

En suma se han sugerido muchas hipótesis sobre la etiología de los trastornos generalizados del desarrollo, algunas de la cuales son:

  • a) El cerebro masculino extremo

Propuesta por Simon Baron-Cohen, la teoría del cerebro masculino extremo sostiene que existen diferencias entre los cerebros masculinos y femeninos. Los hombres son buenos para sistematizar, pero malos para empatizar. El cerebro de un autista sería, entonces, un caso de cerebro masculino llevado al extremo. Esto también explicaría la diferencia de incidencia de autismo que existe entre hombres y mujeres.

  • b) Carencia de teoría de mente

Propuesta también por Simon Baron-Cohen, Esta teoría sostiene que las personas autistas son "mentalmente ciegas", es decir, que carecen de una teoría de mente (que no pueden descifrar el estado mental de otros). La presencia de teoría de mente se mide por medio de pruebas, siendo la más típica la prueba de Sally-Ann.

Baron-Cohen, Leslie y Frith establecieron la hipótesis de que las personas con autismo no tienen una teoría de la mente, esto es, la capacidad de inferir los estados mentales de otras personas (sus pensamientos, creencias, deseos, intenciones) y de usar esta

información para

lo

que

dicen,

encontrar

sentido

a

sus

comportamientos y predecir lo que harían a continuación. Se realizó un experimento con niños “normales”, con Síndrome de Down y con autismo.

Baron-Cohen, Leslie y Frith encontraron que el 80% de su muestra de niños con autismo contestaron incorrectamente. No fueron capaces de atribuir una falsa creencia a Sally (Sally cree que la canica está en el cesto, aunque el niño sabe que la canica está en la caja, pues vieron que Anne hizo ese cambio).

La teoría de la mente define la incapacidad que presentan las personas con autismo para tener en cuenta el estado mental de los otros. La respuesta errónea del niño con autismo se produce porque sólo se basa en lo que ha visto y no puede imaginar lo que el otro está pensando. Esta teoría explica la tríada de alteraciones sociales, de comunicación y de imaginación, pero no explica por qué un 20% de niños con autismo supera la tarea, ni tampoco puede explicar otros aspectos como son: repertorio restringido de intereses, deseo obsesivo de invarianza,… Si una persona estuviera ciega ante la existencia de estados mentales, el mundo social le parecería caótico, confuso y, por tanto, puede ser que incluso le infundiera miedo (Baron-Cohen en Riviere y Martos, 1997). Hay que tener en cuenta que una característica de las personas con TEA es la dificultad que tienen de predecir los cambios que ocurren en el medio social; muchas veces tienen conductas extrañas debido a sus dificultades para leer la mente.

c) Falta de coherencia central

Esta teoría, propuesta por Uta Frith, sugiere que los niños autistas son buenos para prestar atención a los detalles, pero no para integrar información de una serie de fuentes. Se cree que esta característica puede proveer ventajas en el procesamiento rápido

de información, y tal vez se deba a deficiencias en la conectividad de diferentes partes del cerebro.

d) Una construcción social

Esta es la creencia de que el autismo no es un desorden sino una construcción social, es decir, que su estatus de anormalidad está simplemente basado en convenciones sociales acerca de lo que constituye comportamiento normal y anormal. El autismo se define según comportamientos observados o "síntomas" y no basándose en accidentes sufridos, patógenos, o daños fisiológicos específicos (al menos no en la generalidad de los casos caracterizados como "autismo").

Las diferencias neurológicas y de comportamiento del autismo podrían describirse entonces como la forma de ser de la persona. Cabe notar que la dificultad en encontrar un modelo adecuado para el autismo, el hecho de que provee al individuo con ventajas en muchos casos, y la esperanza de vida normal de los autistas, respaldan estas ideas. Además, parece que la gran mayoría de los adultos autistas que pueden expresar ideas sostienen este punto de vista

CAPÍTULO II

2.1. Evaluación y diagnóstico

El autismo es un trastorno del desarrollo infantil. Esto es, se trata de un trastorno que se manifiesta en los primeros tres años de la vida y que se caracteriza porque no aparecen —o lo hacen de modo claramente desviado de lo esperable— algunos aspectos normales del desarrollo: las competencias habituales para relacionarse, comunicarse y jugar o comportarse como los demás.

El diagnóstico se establece cuando se observan los síntomas característicos. No hay un test o prueba médica que diga si una persona

tiene o no autismo. El diagnóstico se hace observando la conducta de la persona, conociendo su historia del desarrollo y «aplicando» una batería de pruebas médicas y psicológicas para detectar la presencia de los signos y síntomas del autismo. A pesar de que el juicio clínico se basa en la observación del niño, los actuales criterios internacionales utilizados tienen la fiabilidad suficiente para asegurar, en mayor medida que en otros tras tornos psiquiátricos infantiles, la validez del diagnóstico.

También,

contamos

ahora

con

sistemas estructurados de

obtención de información, como la entrevista ADIR y sistemas estructurados de observación como el ADOS-G, que confieren todavía una mayor fiabilidad a la clasificación diagnóstica.

Aunque obviamente se persigue hacer el diagnóstico lo antes posible, esto no es óbice para que pueda hacerse más tardíamente, como en adultos que no han sido previa mente diagnosticados; en casos especialmente complejos en los que se debe esperar a valorar su evolución; o en el trastorno de Asperger que se suele manifestar más clara mente al inicio de la edad escolar.

2.2. Baterías de pruebas que apoyan el proceso de diagnostico de los trastornos del espectro autista

Si bien ya se ha explicado que no existen pruebas médicas que diagnostiquen de manera explícita los Trastornos del Espectro Autista, sí que existe un conjunto de pruebas que pueden apoyar a los

profesionales médicos a la espectro autista.

hora

de

descartar o no

un Trastorno del

Cuestionario estandarizado de Evaluación del Autista de Lorna Wing (ver Anexo1). Pruebas Genéticas (Cariotipo/pruebas genéticas moleculares) Electroencefalogramas

Potenciales evocados Pruebas oculares (fondo de ojo) Pruebas de neuroimagen

Todas

estas

pruebas

deben

realizarse siempre que existan

sospechas o indicios que puedan ser determinantes a la hora de realizar

un diagnóstico.

Es necesario recordar, que estas pruebas son un apoyo en el proceso diagnóstico y, que realmente la de terminación de la presencia de un T.E.A. debe apoyarse en la observación del paciente y en la administración de pruebas de desarrollo infantil (Cuestionario estandarizado de Evaluación del Autista de Lorna Wing. ver Anexo1) que determinen el grado y la forma en que aparecen las alteraciones a nivel social, conductual y comunicativo en cada una de las personas a diagnosticar. Recordar que en este proceso, la anamnesis a través de la colaboración con otros profesionales que están en contacto con el sujeto (Psicólogos, maestros, profesionales de los equipos de atención temprana, otros profesionales de la medicina) y con la familia es el punto de partida para un buen proceso diagnóstico.

Los Trastornos del Espectro Autista no excluyen la aparición de enfermedades en las personas que lo presentan, por lo que los reconocimientos médicos preventivos deben tener la misma prioridad (e incluso mayor, por su incapacidad de comunicar los primeros síntomas) que en el resto de las personas. No se debe olvidar que una persona con TEA, como persona, es propensa, como el resto de las demás, a padecer cáncer, diabetes, hipertensión, problemas ginecológicos, ....

2.3. Criterios diagnosticos según el DSM IV TR

a) Trastorno Autista

Criterios para el diagnóstico del Trastorno autista

A.Existe un total de 6 (o más) ítems de 1, 2 y 3, con por lo menos dos de 1, y uno de 2 y de 3:

1. alteración cualitativa de la interacción social, manifestada al menos por dos de las siguientes características:

  • (a) importante alteración del uso de múltiples comportamientos no

verbales, como son contacto ocular, expresión facial, posturas

corporales y gestos reguladores de la interacción social.

  • (b) incapacidad para desarrollar relaciones con compañeros

adecuados al nivel de desarrollo.

  • (c) ausencia de la tendencia espontánea para compartir con otras

personas disfrutes, intereses y objetivos (p. ej., no mostrar, traer o señalar objetos de interés). (d) falta de reciprocidad social o emocional.

2. alteración cualitativa de la comunicación manifestada al menos por dos de las siguientes características:

  • (a) retraso o ausencia total del desarrollo del lenguaje oral (no

acompañado de intentos para compensarlo mediante modos alternativos de comunicación, tales como gestos o mímica).

  • (b) en sujetos con un habla adecuada, alteración importante de la

capacidad para iniciar o mantener una conversación con otros.

  • (c) utilización estereotipada y repetitiva del lenguaje o lenguaje

idiosincrásico.

  • (d) ausencia de juego realista espontáneo, variado, o de juego

imitativo social propio del nivel de desarrollo.

3. patrones de comportamiento, intereses y actividades restringidas, repetitivas y estereotipadas, manifestadas por lo menos mediante una de las siguientes características:

(a) preocupación absorbente por uno o más patrones estereotipados y restrictivos de interés que resulta anormal, sea en su intensidad, sea en su objetivo (b) adhesión aparentemente inflexible a rutinas o rituales específicos, no funcionales (c) manierismos motores estereotipados y repetitivos (p. ej.,

sacudir o girar las manos o dedos, o movimientos complejos de todo el cuerpo) (d) preocupación persistente por partes de objetos

  • B. Retraso o funcionamiento anormal en por lo menos una de las

siguientes áreas, que aparece antes de los 3 años de edad: 1

interacción social, 2 lenguaje utilizado en la comunicación social o 3 juego simbólico o imaginativo.

  • C. El trastorno no se explica mejor por la presencia de un trastorno

de Rett o de un trastorno desintegrativo infantil.

b) Trastorno de Rett

Criterios para el diagnóstico del Trastorno de Rett

  • A. Todas las características siguientes:

    • 1. desarrollo prenatal y perinatal aparentemente normal.

    • 2. desarrollo psicomotor aparentemente normal durante los

primeros 5 meses después del nacimiento.

  • 3. circunferencia craneal normal en el nacimiento.

    • B. Aparición de todas las características siguientes después del

período de desarrollo normal:

  • 1. desaceleración del crecimiento craneal entre los 5 y 48 meses

de edad.

  • 2. pérdida de habilidades manuales intencionales previamente

adquiridas entre los 5 y 30 meses de edad, con el subsiguiente desarrollo de movimientos manuales estereotipados (p. ej., escribir o lavarse las manos).

3.

pérdida de implicación social en el inicio del trastorno (aunque

con frecuencia la interacción social se desarrolla posteriormente).

  • 4. mala coordinación de la marcha o de los movimientos del

tronco.

  • 5. desarrollo del lenguaje expresivo y receptivo gravemente

afectado, con retraso psicomotor grave.

c) Trastorno de Asperger

Criterios para el diagnóstico del Trastorno de Asperger

A. Alteración cualitativa de la interacción social, manifestada al

menos por dos de las siguientes características:

  • 1. importante alteración del uso de múltiples comportamientos no

verbales como contacto ocular, expresión facial, posturas corporales y gestos reguladores de la interacción social

  • 2. incapacidad para desarrollar relaciones con compañeros

apropiadas al nivel de desarrollo del sujeto

  • 3. ausencia de la tendencia espontánea a compartir disfrutes,

intereses y objetivos con otras personas (p. ej., no mostrar, traer o enseñar a otras personas objetos de interés)

  • 4. ausencia de reciprocidad social o emocional

B. Patrones de comportamiento, intereses y actividades

restrictivas, repetitivas y estereotipadas, manifestados al menos por una de las siguientes características:

  • 1. preocupación absorbente por uno o más patrones de interés

estereotipados y restrictivos que son anormales, sea por su

intensidad, sea por su objetivo

  • 2. adhesión aparentemente inflexible a rutinas o rituales

específicos, no funcionales

  • 3. manierismos motores estereotipados y repetitivos (p. ej., sacudir

o girar manos o dedos, o movimientos complejos de todo el cuerpo)

  • 4. preocupación persistente por partes de objetos

  • C. El trastorno causa un deterioro clínicamente significativo de la

actividad social, laboral y otras áreas importantes de la actividad

del individuo.

  • D. No hay retraso general del lenguaje clínicamente significativo

(p. ej., a los 2 años de edad utiliza palabras sencillas, a los 3 años de edad utiliza frases comunicativas).

  • E. No hay retraso clínicamente significativo del desarrollo

cognoscitivo ni del desarrollo de habilidades de autoayuda propias de la edad, comportamiento adaptativo (distinto de la interacción

social) y curiosidad acerca del ambiente durante la infancia.

  • F. No cumple los criterios de otro trastorno generalizado del

desarrollo ni de esquizofrenia.

2.4. Criterios diagnósticos según el CIE 10

a) F84.0 Autismo infantil

  • A. Presencia de un desarrollo anormal o alterado desde antes de

los tres años de edad. Deben estar presentes en al menos una de las siguientes áreas:

1) Lenguaje receptivo o expresivo utilizado para la comunicación social. 2) Desarrollo de lazos sociales selectivos o interacción social recíproca. 3) Juego y manejo de símbolos en el mismo.

  • B. Deben estar presentes al menos seis síntomas de (1), (2) y (3),

incluyendo al menos dos de (1) y al menos uno de (2) y otro de (3):

1) Alteración cualitativa de la interacción social recíproca. El diagnóstico requiere la presencia de anomalías demostrables en por lo menos tres de las siguientes áreas:

a) Fracaso en la utilización adecuada del contacto visual, de la expresión facial, de la postura corporal y de los gestos para la interacción social.

  • b) Fracaso del desarrollo (adecuado a la edad mental y a pesar de

las ocasiones para ello) de relaciones con otros niños que

impliquen compartir intereses, actividades y emociones.

  • c) Ausencia de reciprocidad socio-emocional, puesta de manifiesto

por una respuesta alterada o anormal hacia las emociones de las otras personas, o falta de modulación del comportamiento en respuesta al contexto social o débil integración de los comportamientos social, emocional y comunicativo.

  • d) Ausencia de interés en compartir las alegrías, los intereses o los

logros con otros individuos (por ejemplo, la falta de interés en señalar, mostrar u ofrecer a otras personas objetos que despierten el interés del niño). 2) Alteración cualitativa en la comunicación. El diagnóstico requiere la presencia de anomalías demostrables en, por lo menos, una de las siguientes cinco áreas:

  • a) Retraso o ausencia total de desarrollo del lenguaje hablado que

no se acompaña de intentos de compensación mediante el recurso

a gestos alternativos para comunicarse (a menudo precedido por la falta de balbuceo comunicativo).

  • b) Fracaso relativo para iniciar o mantener la conversación,

proceso que implica el intercambio recíproco de respuestas con el interlocutor (cualquiera que sea el nivel de competencia en la utilización del lenguaje alcanzado),

  • c) Uso estereotipado y repetitivo del lenguaje o uso idiosincrásico

de palabras o frases.

  • d) Ausencia de juegos de simulación espontáneos o ausencia de

juego social imitativo en edades más tempranas. 3) Presencia de formas restrictivas, repetitivas y estereotipadas del comportamiento, los intereses y la actividad en general. Para el diagnóstico se requiere la presencia de anormalidades

demostrables en, al menos, una de las siguientes seis áreas:

  • a) Dedicación apasionada a uno o más comportamientos

estereotipados que son anormales en su contenido. En ocasiones,

el comportamiento no es anormal en sí, pero sí lo es la intensidad y el carácter restrictivo con que se produce. b) Adherencia de apariencia compulsiva a rutinas o rituales específicos carentes de propósito aparente. c) Manierismos motores estereotipados y repetitivos con palmadas o retorcimientos de las manos o dedos, o movimientos completos de todo el cuerpo. d) Preocupación por partes aisladas de los objetos o por los elementos ajenos a las funciones propias de los objetos (tales

como su olor, el tacto de su superficie o el ruido o la vibración que producen).

  • C. El cuadro clínico no puede atribuirse a las otras variedades de

trastorno generalizado del desarrollo, a trastorno específico del desarrollo de la comprensión del lenguaje (F80.2) con problemas socioemocionales secundarios, a trastorno reactivo de la vinculación en la infancia (F94.1) tipo desinhibido (F94.2), a retraso mental (F70-72) acompañados de trastornos de las emociones y del comportamiento,a esquizofrenia (F20) de comienzo excepcionalmente precoz ni a síndrome de Rett (F84.2).

b) F84.2 Síndrome de Rett

  • A. Normalidad aparente durante los períodos prenatal y perinatal,

desarrollo psicomotor aparentemente normal durante los primeros

cinco meses de edad y perímetro cefálico normal en el momento del parto.

  • B. Desaceleración del crecimiento cefálico entre los cinco meses y

los cuatro años de edad junto a una pérdida de las capacidades motrices manuales previamente adquiridas entre los seis y los treinta meses de edad. Esto se acompaña de una alteración de la comunicación y de las relaciones sociales y de la aparición de

marcha inestable y pobremente coordinada o movimientos del tronco.

  • C. Grave alteración del lenguaje expresivo y receptivo, junto a

retraso psicomotor grave.

D. Movimientos estereotipados de

las

manos

(como

de

retorcérselas o lavárselas) que aparecen

al

tiempo

o

son

posteriores a la pérdida de los movimientos intencionales.

c) F84.5 Síndrome de Asperger

A. Ausencia de retrasos clínicamente significativos del lenguaje o del desarrollo cognitivo. Para el diagnóstico se requiere que a los dos años haya sido posible la pronunciación de palabras sueltas y que al menos a los tres años el niño use frases aptas para la comunicación. Las capacidades que permiten una autonomía, un comportamiento adaptativo y la curiosidad por el entorno deben estar al nivel adecuado para un desarrollo intelectual normal. Sin embargo, los aspectos motores pueden estar de alguna forma retrasados y es frecuente una torpeza de movimientos (aunque no necesaria para el diagnóstico). Es frecuente la presencia de características especiales aisladas, a menudo en relación con preocupaciones anormales, aunque no se requieren para el diagnóstico. B. Alteraciones cualitativas en las relaciones sociales recíprocas (del estilo de las del autismo). C. Un interés inusualmente intenso y circunscrito o patrones de comportamiento, intereses y actividades restringidas, repetitivas y estereotipadas, con criterios parecidos al autismo aunque en este cuadro son menos frecuentes los manierismos y las preocupaciones inadecuadas con aspectos parciales de los objetos o con partes no funcionales de los objetos de juego. D. No puede atribuirse el trastorno a otros tipos de trastornos generalizados del desarrollo, a trastorno esquizotípico (F21), a esquizofrenia simple (F20.6), a trastorno reactivo de la vinculación en la infancia de tipo desinhibido (F94.1 y .2), a trastorno anancástico de personalidad (F60.5), ni a trastorno obsesivocompulsivo (F42).

2.5. Diagnóstico diferencial según el DSM IV TR

a) Trastorno Autista

En el desarrollo normal pueden observarse períodos de regresión evolutiva, pro no son tan graves ni tan prolongados como el trastorno autista. El trastorno autista debe ser diferenciado de otros trastornos generalizados del desarrollo. El trastorno de Rett difiere del trastorno autista en su proporción sexual característica y en el perfil de su déficit. El trastorno de Rett sólo ha sido diagnosticado en mujeres, mientras que el trastorno autista se observa mucho más frecuentemente en hombres. En el trastorno de Rett se produce un patrón característico de desaceleración del crecimiento craneal, pérdida de habilidades manuales intencionales previamente adquiridas y aparición de una marcha y unos movimientos del tronco pobremente coordinados. Los sujetos con trastorno de Rett pueden manifestar, especialmente durante los años preescolares, dificultades en la interacción social parecidas a las observadas en el trastorno autista, pero tienden a ser transitorias. El trastorno autista difiere del trastorno desintegrativo infantil, que cuenta con un patrón distintivo de regresión evolutiva en múltiples áreas del funcionamiento que aparece por lo menos tras 2 años de desarrollo normal. En el trastorno autista, habitualmente. Las anormalidades del desarrollo se observan durante el primer año de vida. Cuando no se dispone de información sobre los primeros tiempos del desarrollo o cuando no es posible documentar el periodo requerido de desarrollo normal, debe formularse el diagnóstico de trastorno autista. El trastorno de Asperger puede distinguirse del trastorno autista por la ausencia de retraso o desviación en el desarrollo temprano del lenguaje. El trastorno de Asperger no se diagnostica si se cumplen criterios de trastorno autista. En el trastorno autista son frecuentes síntomas de exceso de actividad e inatención, pero no se acepta un diagnóstico de trastorno de déficit de atención con hiperactividad si hay un trastorno autista.

La esquizofrenia de inicio infantil suele desarrollarse tras nos años de desarrollo normal o casi normal. Puede establecerse un diagnóstico adicional de esquizofrenia si un sujeto con trastorno autista desarrolla los rasgos característicos de la esquizofrenia, con una fase de actividad sintomática consistente en delirios o alucinaciones prominentes que dura por lo menos 1 mes. En el mutismo selectivo, el niño acostumbra a manifestar unas habilidades para la comunicación adecuadas, aunque sólo lo haga en ciertos contextos, y no experimenta la grave afectación de la interacción social ni los patrones restringidos de comportamiento asociados al trastorno autista. En el trastorno del lenguaje expresivo y en el trastorno mixto del lenguaje receptivo-expresivo existe una afectación del lenguaje, pero no va asociada a la presencia de una alteración cualitativa de la interacción social ni a patrones de comportamiento restringido, repetitivo y estereotipado. A veces es difícil determina si es atribuible un diagnóstico adiciona de trastorno autista a un sujeto con retraso menta, especialmente si el retraso mental es grave o profundo. El diagnóstico adicional de trastorno autista se reserva para aquellos casos e que existan déficit cualitativos de las habilidades sociales y comunicativas, así como las características de comportamiento específicas del trastorno autista. Las estereotipias motoras son típicas del trastorno autista. No se establece un diagnóstico adicional de trastorno de movimiento estereotipados cuando tale estereotipias se explica mejro formando parte de la presentación de un trastorno autista. En el trastorno autista son frecuentes síntomas de exceso de actividad e inatención, pero no se acepta un diagnóstico de trastorno de déficit de atención con hiperactividad si hay un trastorno autista.

b) Trastorno de Rett

En el desarrollo normal cabe observar periodos de regresión evolutiva, pero no son tan graves ni tan prolongados como en el trastorno de Rett. El trastorno de Rett difiere del trastorno desintegrativo infantil y del trastorno de Asperger en su proporción sexual característica, su inicio y su patrón de déficit. El trastorno de Rett solo ha sido diagnosticado en mujeres, mientras que el trastorno desintegrativo infantil y el trastorno de Asperger parecen ser mas frecuentes en hombres. El incio de los síntomas del trastorno de Rett puede establecerse hacia los 5 meses de edad , mientras que en el trastorno desintegrativo infantil el periodo de desarrollo normal es típicamente mas prolongado (esto es, por lo menos hasta los 2 años de edad). En el trastorno de Rett hay un patrón característico de desaceleración del crecimiento craneal, perdida de habilidades manuales intencionales previamente adquiridas y aparición de una marcha y unos movimientos del tronco mal coordinados. En contraste con el trastorno de asperger, el trastorno de Rett se caracteriza por una alteración grave del desarrollo del lenguaje expresivo y receptivo.

c) Trastorno de Asperger

El trastorno de Asperger debes distinguise de otros trastornos generalizados del desarrollo que se caracterizan por problemas en la interacción social. Difiere en varios aspectos del trastorno autista. Por definición, en el trastorno autista aparecen anormalidades significativas en la áreas de interacción social, lenguaje y juegos, mientras que en el trastorno de Asperger no hay retrasos significativos precoces ni en las habilidades cognoscitivas ni en las verbales. Además, en el trastorno autista, los interese y actividades estereotipadas, repetitivas y restrictivas suelen caracterizarse por la presencia de manierismos motores , preocupación por partes de los objetos, rituales y un importante malestar frente a los cambios, mientras que el trastorno de Asperger se manifiestan primariamente por la absorben

persecución de un interés circunscrito a un tema concreto, a la recopilación de información sobre el cual el individuo decida enormes cantidades de tiempo. En algunos casos, pueden resultar problemática la diferenciación entre ambos trastornos. En el traernos autista, los patrones típicos de interacción social se caracterizan por el autoaislameinto o por unas relaciones sociales marcadamente rígidas, mientras que en el trastorno de Asperger puede observarse motivación para acercarse a otros, aun cuando esto se lleve a cabo de manera excéntrica, monocorde, prolija e insensible.

El trastorno de Asperger también debe diferenciarse de otros trastornos generalizados del desarrollo distintos del trastorno autista. El trastorno de Rett difiere del trastorno de Asperge por su característica distribución ligada al sexo y por el patrón de su déficit. El trastorno de Rett sólo ha sido diagnosticado en mujeres. Mientras que el trastorno de Asperger se da mucho más frecuentemente en hombres. En el trastorno de Rett, observa un patrón característico de desaceleración del crecimiento cefálico, una pérdida de habilidades manuales intencionales previamente adquiridas y la aparición de movimientos deficientemente coordinados de la marcha o el tronco. Asimismo, el trastorno de Rett se asocia a importante grados de retraso mental y a una gran afectación del lenguaje y la comunicación.

El trastorno de Asperger difiere del trastorno desintegrativo infantil. Ya que este presenta un patrón distintivo de regresión evolutiva tras un periodo de, por lo menores 2 años de desarrollo normal. Asimismo, los niños con trastorno desintegrativo infantil presentan grados importantes de retraso mental y de insuficiencia en el lenguaje. Por el contrario, en el trastorno de Asperger no aparece ningún patrón de regresión evolutiva y por definición no hay retrasos significativos cognoscitivos o verbales.

Habitualmente, la esquizofrenia de inicio infantil se presenta tras algunos años de desarrollo normal o casi normal, y en ella están presentes las características típicas de trastorno, incluyendo alucinaciones, delirios y lenguaje desorganizado. En el mutismo selectivo el niño acostumbra a manifestar unas habilidades comunicativas apropiadas en determinados contextos y no sufre de ninguna alteración grave de la interacción social, ni los patrones restringidos de comportamiento asociados al trastorno de Asperger. Por el contrario los individuos con trastorno de Asperger son típicamente locuaces. En el trastorno expresivo del lenguaje y en el trastorno mixto del lenguaje receptivo – expresivo existe alteración del lenguaje pero, en estos casos, no se asocia a una afectación cualitativa de la interacción social ni a patrones de comportamiento restrictivo, repetitivo y esteriotipado. Algunos individuos con trastorno de Asperger pueden presentar patrones de comportamiento que sugiere un trastorno obsesivo – compulsivo aunque debe prestarse una especial atención clínica a la diferenciación entre las preocupaciones y actividades del trastorno de Asperger y las obsesiones y compulsiones del trastorno obsesivo- compulsivo. En el trastorno de Asperger tales intereses dan lugar a un cierto placer o una satisfacción aparente, mientras que en el trastorno obsesivo – compulsivo son causas de ansiedad. Además, el trastorno obsesivo compulsivo no esta asociado al grado de dificultad en la interacción social y en la comunicaron social observado ene l trastorno de Asperger.

No resulta suficientemente clara la relación entre el trastorno de Asperger y el trastorno de esquizofrenia de la personalidad. En general, las dificultades sociales en el trastorno de Asperger son más graves y de presentación más temprana. Aunque algunos individuos con trastorno de Asperger pueden experimentar una ansiedad excesiva e incapacitante en situaciones sociales, al igual que en la fobia social y en otros trastorno de ansiedad, estos

últimos no se caracterizan por alteraciones generalizadas en el desarrollo social o por los intereses circunscritos típicos del trastorno de Asperger. El trastorno de Asperger debe distinguirse de la torpeza social normal y de los entretenimientos e intereses normales propios de la edad. En el trastorno de Asperger, los déficit sociales son bastante graves y las preocupaciones son absorbentes y dificultan la adquisición de habilidades básicas.

2.6. Tratamiento

Hay que destacar que existe un consenso internacional de que la educación y el apoyo social son los principales medios de tratamiento. Estos aspectos han de ser complementados, en ocasiones, con la medicación y con otros programas terapéuticos como los programas para problemas específicos de conducta o la terapia cognitivo-conductual para los problemas psicológicos asociados en personas de más alto nivel de funcionamiento.

La educación ha de ser intensiva (esto es, tratando de conseguir que las personas clave en la educación del niño - padres y educadores - aprovechen todas las oportunidades naturales para aplicar el plan individualizado y/o generándolas si no ocurriesen de manera natural). Esta es la manera de conseguir que los niños aprendan nuevas competencias sociales, comunicativas, adaptativas y de juego, a la vez que disminuir, en la medida que sea factible, los síntomas de autismo y otros problemas asociados que pudieran presentar. La enseñanza organizada y estructurada, sea en contextos naturales - el hogar o la comunidad - o en contextos específicos de aprendizaje - la escuela o servicios especializados - es la intervención más eficaz y hay da tos que apoyan que el recibir este tipo de intervención desde la temprana infancia, esto es durante la educación pre-escolar, se asocia con un mejor pronóstico.

Además de este acuerdo de que la educación temprana es importante y de que la mayoría de los niños con autismo responden favorablemente a programas educativos especializados y altamente estructurados, el siguiente punto de consenso es que no existe un programa habilitador único e igual para todas las personas afectadas. La diversidad entre ellos (gravedad, problemas asociados, edad, condiciones del entorno, etc.) desaconseja plantear un tratamiento educativo idéntico para un joven con trastorno de Asperger y para otro niño con una grave discapacidad por un trastorno desintegrativo de la infancia. Por tanto, la primera tarea de cualquier programa incluye el determinar la justificación del mismo en cada caso determinado; establecer cómo se va a medir el resultado y asegurar que el programa educativo se integra en la vida real de la persona, en sus necesidades y en los deseos de sus representantes.

Un programa eficaz va construyendo competencias a partir del interés del niño (o fomentándolo inicialmente), a menudo con un calendario predecible, enseñando tare as fraccionadas en pasos sencillos, implicando activamente al niño en actividades altamente estructuradas y reforzando de maneras variadas su comportamiento. La participación de los padres se ha identificado como un factor fundamental para el éxito, y la familia debe coordinarse con el profesorado y otros profesionales de apoyo a la hora de determinar objetivos y sistemas de apoyo (comunicación aumentativa, ayudas visuales, uso de las nuevas tecnologías, historias sociales, etc.). No hay que desdeñar la necesidad que los padres tienen de apoyo para poder ser eficaces y permitirse llevar una vida semejante a la de los demás personas de su comunidad (orientación, información, ayudas económicas o fiscales, apoyo en el hogar «canguros» o programas de ocio y estancias cortas, etc.).

La integración apoyada en el medio escolar ordinario permite que estos niños accedan a un medio social estimulante, donde los demás niños puedan apoyarles a la vez que aprender a conocer cómo tratar a

una persona con discapacidad. La política de ubicación escolar, en clase ordinaria, en clase especial o en un centro de educación especial, varía de unas zonas a otras de nuestro país, pero hay que insistir en la necesidad de establecer puentes entre unas y otras; a la vez que asegurar que se persiga la máxima inclusión social y que la integración no signifique la pérdida de los apoyos especiales necesarios.

El grado de participación curricular del alumno va a de pender de su capacidad personal y de la capacidad del sistema en ofrecerle adaptaciones útiles para su futuro. Así muchos alumnos con trastorno de Asperger van a seguir el mismo programa educativo que sus compañeros, pero requerirán ayuda para la participación en su grupo y para aprendizaje de competencias sociales; mientras que otros alumnos, con mayor discapacidad intelectual, van a necesitar un currículo diversificado que incluya aspectos prácticos para el trabajo apoyado o la ocupación, la vida en la comunidad o la participación en actividades de ocio y tiempo libre. No obstante, tanto unos como otros se beneficiarán de un currículo que contemple la enseñanza, entre otras dimensiones relevantes para una vida de calidad, de la autodeterminación social - enseñar a elegir y a tomar de cisiones - el fomento de las relaciones interpersonales significativas, el bienestar físico y emocional, la comprensión y defensa de los derechos.

El plan individualizado de apoyo no debe suspenderse al llegar a la vida adulta. De nuevo, y siempre en función de sus características personales, el adulto con autismo va a requerir una educación continuada; la provisión de un entorno que se ajuste a sus necesidades individuales, y la recepción personalizada de apoyos sociales que le posibiliten una vida de calidad.

CAPÍTULO III

Investigaciones

Alessandri, M. (2002). Trabajó con 20 niños que presentaban algún tipo de trastorno del Espectro Autista, con una batería de pruebas objetivas de aprendizaje, lenguaje y adaptación, en un programa de intervención temprana. Estos niños recibieron entre tres y diez horas este programa altamente estructurado, con una estrategia básica de capacitación discreta por ensayo. Los datos

obtenidos apoyan la hipótesis de que la intervención temprana con base conductual tiene un impacto tanto clínico como estadísticamente significativo (p = .043), en los índices de desarrollo de estos pequeños niños con autismo.

Díaz, M. & Aguilar, C. (2006) trabajó con un niña y nueve niños que presentaban algún tipo de trastorno del especto autista y psicosis infantil, de edades que varían de 2 hasta 10 años. Hallando que el factor de crecimiento fibrobástico incide de manera decisiva en la evolución del autismo y de las psicosis infantiles, promoviendo, la capacidad de vinculación. Estos dos aspectos se encuentra seriamente lastimados tanto en el autismo como el la psicosis simbiótica.

Ramachandran, S. & Oberman, L. (2007). Realizaron un estudio en niños autistas sobre el sistema de neuronas espejo ((Estas células están distribuidas en lugares claves del cerebro- la corteza pre motora, los centros de lenguaje, empatía y dolor. las cuales intervienen en habilidades de empatía y la percepción de las intenciones de un individuo. Para este estudio utilizaron encefalogramas, hallando que la activación de la neuronas espejo en niños autistas eran distantes a comparación de las de un niño normal. Entonces los investigadores propusieron que el sistema de neuronas espejo pueden resultar en algunos síntomas del autismo.

Schmitz, N.; Rubia, K.; Van Amelsvoort, T. ; Daly,E.; Smith, A. & Murphy, D. (2008). Realizaron una investigación con 10 hombres saludables y 10 hombres con trastorno del espectro autista (7 con trastorno de Asperger y 3 trastorno autista), encontrado que los resultados individuales son comparados con controles individuales muestran mayor activación significativa en el lado izquierdo de la circunvolución del cíngulo. Concluyendo que las personas con

trastorno del espectro autista logran resultado que están asociados con diferencias significativas en la activación que están a cargo de la atención y la excitación, y que pueden apoyar parcialmente algunos déficits en la conducta social.

Conclusiones

El Trastorno del Espectro Autista no posee una causa específica, sin embargo, existen muchas investigaciones que plantean y corroboran diversas hipótesis.

El trastorno del Espectro Autista o Trastornos Generalizados del Desarrollo está dividido en Trastorno Autista, Trastorno de Rett, Trastorno de Asperger, entre otros.

La

evaluación

del

Trastorno

del

Espectro

Autista

se

realiza

principalmente

con

la

anamnesis

y

algunas

pruebas

complementarias.

 

El

trastorno

Autista

y

el

Trastorno

de

Asperger

difieren

principalmente con el trastorno de Rett, porque este último solo ha sido diagnosticado en mujeres.

Las investigaciones han hallado que existen múltiples factores que intervienen en el desarrollo del autismo.

Referencias

Alessandri, M. (2002). Cambios en los índices de desarrollo del aprendizaje en niños pequeños con desórdenes del espectro autista. Persona, 5, 2002, 11-25.

ANAPV. (2002). Manual de apoyo detección de los trastornos del espectro autista. Valencia:

Cuadrado, P.& Valiente, S. (2005). Niños con autismo y TGD ¿Cómo puedo ayudarles? Pauta para padres y profesionales. Madrid: Editorial Síntesis

Díaz, M. & Aguilar, C. (2006). Autismo y Psicosis infantiles: Una alternativa para su tratamiento. México: Editorial Trillas.

DSM – IV – TR. (2002). Manual de diagnóstico diferencial. Barcelona: Masson.

Happé, F. (2007). Introducción al autismo. Madrid: Alianza Editorial.

OMS. (1992). Trastornos Mentales y Del Comportamiento:

Descripciones Clínicas y pautas para el diagnóstico. Madrid:

Meditor

Ramachandran, S. & Oberman, L. (2007). Broken Mirrors: A Theory of Autism. Scientific American, Vol 295, 5, 39 – 45.

Schmitz, N.; Rubia, K.; Van Amelsvoort, T. ; Daly,E.; Smith, A. & Murphy, D. (2008). Neural correlates of reward in autism. The British Journal of Psychiatry, Vol 192, 1, 19 – 24 .