You are on page 1of 11
Antropologia, elecciones y cultura politica Esteban Krotz™ En proporcién a los conocimientos ad- quiridos, sin duda hubiera sido vergon- zoso para nuestra especie, haber medido la distancia de la Tierra al sol, haber pesado todos los globos y no ha- ber podido descubrir las leyes sencillas y fecundas que deben dirigir a seres ra- zonables. ...Vuestras luces politicas no eran sino un crepiisculo y acusdbais imbécilmen- teal autor de la naturaleza, cuando os habfa dado la inteligencia y el valor pa- ra gobernaros... Louis—Sébastian Mercier, Avo dos mil cuatrocientos cuarenta, Cap. XXXVI. * Antropélogo; actualmente profesor—-investiga- dor en la Unidad de Ciencias Sociales del Centro de Investigaciones Regionales “Dr. Hideyo Noguchi” de la Universidad Auténoma de Yucatén (Mérida, ‘Yue.). ‘Nueva Antropologia, Vol. XI, No. 38, México 1990 1. EL RETO: ELECCIONES. Y CULTURA POLITICA! Hace aproximadamente un cuarto de si- glo que se pudo observar a nivel interna- cional una interesante convergencia en- tre las més diversas disciplinas cientifi- cas: “la antropologia, la sociologia, la ciencia politica, la historia, la economfa, la psicologia, asi como la més antigua de nuestras disciplinas, 1a adivinacién, se encontraron en la inusitada posicién de abordar de manera diferente un cuerpo de datos que era esencialmente el mis- 1 E1 presente ensayo es resultado del proyecto de investigaci6n “Cultura y poder en el campo yuca- teco”, que se realiza con apoyo financiero de la Secretaria de Educacién Paiblica en el Centro de Investigaciones Regionales de la Universidad Au- t6noma de Yucatan. 10 ESTEBAN KROTZ, mo”.* Entonces se trat6 de los procesos de consolidacién estatal eintegracién na- cional de las antiguas colonias europeas en Africa y Asia que acababan de ser formalmente independizadas. Actual- mente se da en México una situacién semejante con respecto a los recientes procesos electorales, principalmente los presidencialesy federales de hace un afio. ‘Ya desde fechas un poco anteriores puede constatarse un claro interés de varios antropélogos mexicanos en comicios de orden regional—estatal’ y por la impor- tancia de estos fenémenos para el cono- cimiento y el futuro de nuestro pais, es de esperarse y desearse que también en el futuro la antropologia participe en el anélisis de estos procesos y de los hechos vinculados con ellos. Clifford Geertz, del cual proviene la indicaci6n inicialmente citada, constaté para aquella época un reto que me parece vigente para la situacién actual. Opiné que entonces los antropélogos se vefan de repente embarcados en una empresa que trascendfa los confines de su propia dis- ciplina y, al mismo tiempo, frente a la imprevista pregunta de qué “qua antro- Pélogos antes que como improvisados so- cidlogos, historiadores, cient{ficos politi- cos o lo que se quiera” podfan ofrecer a estas tareas.* No deseo dar aqui la impre- sién de rechazar los intentos de varios colegas de adentrarse en los campos dela sociologia o de la politologia para efec- ? Geertz, 1987: 274. ® Véanse, por ejemplo, los estudios reunidos en el ‘nimero 25 de Nueva Antropologia y loa trabajos de Alonso, 1987 y Gémez Tagle, 1986. * Geertz, 1987: 276. tuar sus estudios sobre fenémenos elec- torales; simplemente constato que en va- rios de sus escritos no se advierte la pre- sencia de elementos te6ricos o metodol6- gicos t{picos para la tradicién antropol6- gica. Noloscritico, porque, por una parte, es patente que los resultados de sus es- fuerzos constituyen una buena justifica- cién, al menos a posteriori, de tal proce- dimiento y, por otra parte, considero que la historia de la antropologfa conoce més de un caso de “transgresién disciplina- ria” enriquecedora de la misma. Sin embargo, me parecié llamativo que editorialistas y comentaristas de to- do tipo, analistas profesionales y aficio- nados hayan utilizado en sus estudios y reflexiones una y otra vez un término que, por decirlo asf, evoca especfficamen- te la antropologfa. Es cierto que el uso que se ha hecho de la palabra que es el tema de nuestra reunién, “cultura politi- ca”, no permite reconocer un consenso acerca de su contenido y extensién, algo no demasiado inquietante para una dis- ciplina que cuenta en su acervo bibliog- réfico con una recopilacién publicada ya hace casi 40 afios, donde se reunieron muchas decenas de definiciones diferen- tes del vocablo “cultura”.” También es cierto que el término ha sido utilizado a lo largo de la historia m&s de una vez como una “categoria residual” més que verdaderamente analitica.” A pesar de esto, considero que se nos presenta aqui © Kroober y Kluckhohn, 1963. ° Parece pertinente citar aqui la siguiente adver- tencia: “Como.en el caso de tantos conceptos en las ciencias sociales, que inicialmente representaban, conocimientos poderosos y vivos, pero que pronto ANTROPOLOGIA, ELECCIONES Y CULTURA POLITICA il un interesante reto para pensar en una contribucién espectficamente antropol6- gica al debate sobre las caracteristicas las perspectivas del sistema politico me- xicano. Dado que es previsible que buena parte de Ja discusién cientifico—social y politica futura se centraré en los procesos relacionados con los sufragios a nivel re- gional y nacional, me parece conveniente aceptar este reto. Divido este ensayo en dos partes. Pri- mero sefialaré algunos peligros para este tipo de estudios (y, en general, para la discusién sobre la cultura politica mexi- cana a propésito de las elecciones recien- tes y futuras). Como en ocasiones ante- tiores,’ mis consideraciones estén vincu- ladas con una eritica global a una impor- tante corriente de la ciencia politica nor- teamericana, y que, por otra, ha contri- buido a moldear significativamente con- cepciones existentes en el pais y en el extranjero sobre la “cultura politica me- xicana”.” Después presentaré cuatro en- foques tomados de la literatura en antro- pologia politica que me parece ofrecen perspectivas prometedoras para el estu- dio. se volvieron vagos y vacfos a causa de su uso indis- criminado, existe el peligro de que la nocién de cultura politica se convierta... en una categoria residual, utilizada ocasionalmente para explicar cualquier cosa que no puede ser explicada por fac- tores més precisos y concretos” (Pye, 1973: 67). 7 Véase para esto Krotz, 1981, 1984 y 1985. ® Me refiero aqui los esquemas de estudiosos como ‘Almond, Pye y Verba y su utilizacién en las influ- yentes obras de R. D, Hansen (1973) y R. Segovia (1975). NA.38 2. ALGUNAS TRAMPAS REDUCCIO- NISTAS Naturalmente, la conceptualizacién de “cultura politica” que alguien escoja para su investigacién, dependeré principal- mente de su opcidn teérica general res- ‘oa Io que es “cultura” y lo que os “politica”; claro esta que esto tendré con- secuencias también para su método de investigacion y hasta para algunas de sus técnicas. Por esto parece conveniente anotar en lo que sigue algunas trampas que probablemente cualquier proyecto de investigacin seriamente elaborado ob- vie, pero que se advierten con cierta fre- cuencia en el debate piblico sobre este tema, especialmente cuando esté vincu- lado con coyunturas electorales. a) La limitacién a la politica formal Ante todo hay que recordar que empadro- namiento, partidos, candidatos, progra- mas electorales, legislacién e institucio- nes oficiales relacionadas con los comi- cios y las mismas votaciones no constitu- yen la totalidad del universo politico. Puede decirse con el citado Geertz que Jos procesos politicos de todas las nacio- nes son mds ampliosy més profundos que las instituciones formales destinadas a regularlas”,* 0 diferenciar con Ronald Cohen el “sistema politico” de la “estruc- tura de autoridad” y la “estructura de poder” “ oconsiderar con Emmanuel Te- Geertz, 1987: 265-266. 1°R, Cohen, 1979.