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La obra monumental que constituye la Biblia en su conjunto es la expre-

RELATOS BÍBLICOS
sión de la conciencia religiosa con la que un pueblo ha leído e inter-
pretado su historia, pero también es un amplio muestrario de las formas
políticas, sociales, culturales, legislativas, literarias y religiosas propias de
los pueblos con los que los israelitas se han relacionado, y de la manera
en que esas mismas formas han influido en la historia judía.
Esta adaptación de gran parte del Antiguo Testamento es un recorrido
por el itinerario seguido por Israel según la tradición bíblica: las pro-
mesas divinas, la salida de Egipto, la alianza en el Sinaí, la conquista de
la tierra prometida, la instauración de la monarquía, la división del
reino, la destrucción de Jerusalén y el exilio, el movimiento Macabeo.
Ni la lejanía en el tiempo, ni un hipotético desinterés respecto de la
materia narrativa, ni el estilo en ocasiones repetitivo e insistente, que
en esta edición se ha procurado evitar, deben distraer al lector de un
texto cuya lectura y conocimiento conducen al núcleo de la tradición
judeocristiana occidental. Tal es su riqueza: escritura sagrada para los judíos,
palabra de Dios para los cristianos, objeto de estudio por parte de histo-
riadores, filólogos y teólogos, y punto de referencia para el trabajo de los
arqueólogos. En fin, parece innecesario indicar que un texto capaz de acoger
semejante patrimonio cultural merece una lectura atenta.

ISBN-13: 978-84-460-1801-8
ISBN-10: 84-460-1801-2

9 788446 018018 www.akal.com


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AKAL / LITERATURAS
28

Director de la colección:
Francisco Muñoz Marquina

La colección Akal Literaturas


proporciona a estudiantes y
profesores textos esmerada-
mente editados y anotados,
precedidos de una sencilla
pero completa introducción y
acompañados de un conjunto
de actividades que favorecen,
de un lado, la adecuada com-
prensión de las obras por par-
te del alumno y, de otro, lo
animan a desarrollar su creati-
vidad y expresión personal.
Todos los volúmenes incluyen,
además, una cuidada selección
de documentos complemen-
tarios y el comentario de un
texto de la obra editada que
puede servir de modelo al es-
tudiante para la redacción de
sus propios comentarios.
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Maqueta de portada: Sergio Ramírez

Diseño interior y cubierta: R.A.G.

Traducción de Francisco Torres Olivier

© José Manuel González Espino, 2006

© Ediciones Akal, S. A., 2006


Sector Foresta, 1
28760 Tres Cantos
Madrid - España
Tel.: 918 061 996
Fax: 918 044 028
www.akal.com

ISBN-10: 84-460-1801-2
ISBN-13: 978-84-460-1801-8
Depósito legal: To. 159-2006

Impresión: Edibook, S. L.
Yuncos (Toledo)

Impreso en España / Printed in Spain

Reservados todos los derechos. De acuerdo a lo dispuesto en el artículo 270 del


Código Penal, podrán ser castigados con penas de multa y privación de libertad
quienes reproduzcan sin la preceptiva autorización o plagien, en todo o en par-
te, una obra literaria, artística o científica, fijada en cualquier tipo de soporte.
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RELATOS BÍBLICOS
DESDE ABRAHÁN HASTA
LOS MACABEOS:
LA HISTORIA DEL
ANTIGUO ISRAEL
Versión y edición de José Manuel González Espino

José Manuel González Espino, licenciado en Filología, es pro-


fesor de Lengua y Literatura en el IES «Luis Buñuel» de Móstoles
(Madrid). A su dilatada labor docente añade su experiencia como
lector y animador de numerosas iniciativas literarias. Buen co-
nocedor de la Biblia y de la cultura del antiguo Oriente Próxi-
mo, es también autor de trabajos sobre la novela de los siglosXIX
y XX, habiendo editado en esta colección dos obras de Rudyard
Kipling: Los cuentos de así fue y El libro de la jungla.
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ÍNDICE

INTRODUCCIÓN ........................................... 7
1. El antiguo Oriente Próximo ................... 9
2. De Egipto a Mesopotamia: cosmogonías,
códigos legales y escritos sapienciales .... 14
3. El autor de la obra ................................. 20
4. Israel: un Dios, un pueblo, una ley, una
tierra ........................................................ 28
BIBLIOGRAFÍA ................................................. 49

RELATOS BÍBLICOS ..................................... 53


Capítulo I. Dios proveerá ................................ 55
Capítulo II. Liberación y alianza ..................... 95
Capítulo III. En los llanos de Moab ................ 123
Capítulo IV. Mi padre fue un arameo errante .... 141
Capítulo V. La tierra prometida ...................... 171
Capítulo VI. ¿Hace falta un rey en Israel? ...... 185
Capítulo VII. El hijo de Jesé ............................ 207
Capítulo VIII. El largo camino hacia la tragedia ... 252
Capítulo IX. La restauración judía .................. 298
Capítulo X. La guerra santa contra el helenismo... 313

GLOSARIO ..................................................... 349


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LISTADO CRONOLÓGICO DE LOS REYES


DE ISRAEL ...................................................... 365

ÁRBOLES GENEALÓGICOS DE PERSONAJES


BÍBLICOS ......................................................... 370

PROPUESTA DIDÁCTICA ............................ 373


ACTIVIDADES ................................................. 375
1. Actividades de comprensión ........... 375
2. Actividades de recapitulación ......... 380
3. Otras actividades............................... 381
TEXTOS COMPLEMENTARIOS ............................. 399
COMENTARIO DE TEXTO .................................. 408

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INTRODUCCIÓN
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1. E L ANTIGUO ORIENTE PRÓXIMO


El Antiguo Testamento es un conjunto hetero- El Creciente
géneo de escritos cuya for mación tiene lugar a fértil
lo largo de un amplísimo periodo de tiempo que
se extiende desde los siglos XIII-XII a.C. hasta poco
antes de los comienzos de nuestra era. Sin em-
bargo, el relato bíblico se remonta varias centu-
rias atrás, a un periodo que arranca aproxima-
damente en el siglo XIX a.C., en la época de los
patriarcas: mientras en Mesopotamia se constitu-
ye el antiguo Imperio babilónico (1895-1594 a.C.)
y en Egipto el Imperio Medio (2100-1785 a.C.),
unos semitas seminómadas, entre los que pode-
mos situar a los antepasados israelitas, los pa-
triarcas bíblicos (los semitas amorreos se insta-
lan en Mesopotamia, Siria y Palestina hacia el año
2000 a.C. y los arameos hacia el siglo XIII a.C.),
recorren en el segundo milenio (nos hallamos
aproximadamente en el periodo conocido como
Bronce Medio, entre los años 2000 y 1550 a.C.)
la franja semidesértica de un territorio que hoy
conocemos como Media luna fértil o Creciente 9
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fértil, un arco que parte del valle del Éufrates y


que se extiende hasta Egipto. La presencia del
agua tanto en la cuencas mesopotámicas de los
ríos Tigris y Éufrates como en las cuencas flu-
viales del Nilo influyó decisivamente no sólo para
el establecimiento de centros agrícolas en estas
zonas, sino también para la creación de rutas co-
merciales. Uno de los lugares de paso de las ca-
ravanas de comerciantes era precisamente Pa-
lestina, Canaán, la tierra prometida del texto
bíblico, un territorio pequeño pero estratégica-
mente situado. Además de lugar de paso, Canaán
se verá también sometida a las tensiones y con-
flictos que surgen entre los grandes imperios que
se desarrollan a uno y otro lado de la Media luna
fértil: por el Camino del mar pasaron los hom-
bres, las mercancías y las for mas de vida, pero
también los grandes ejércitos de la época.
La riqueza que procedía del agua en un con-
texto desértico o semidesértico trajo consigo el
desarrollo de la agricultura, la ganadería y el co-
mercio. Egipto y Mesopotamia se constituyeron
en las dos grandes potencias de la región, dos
polos a cuyos intereses solían estar sometidos
otros pueblos como Palestina, Fenicia o Siria. La
misma política israelita vacilaba en ocasiones so-
bre la conveniencia de una alianza con Egipto o
con la potencia mesopotámica del momento (Asi-
ria, Babilonia).
Los imperios egipcio, asirio y babilónico tienen
una presencia muy relevante en el texto bíblico.
En Egipto, a un periodo de conflictos sociales y
religiosos, sigue el Imperio Medio, el periodo clá-
sico de la literatura y el arte egipcios. Tras la inva-
sión de los hicsos (1730 -1550 a.C.), Amenofis IV ,
bajo el nombre de Akhenatón, introduce el cul-
to monoteísta al Sol y traslada la capital desde
Tebas hasta Tell el-Amarna, junto al Nilo. En el
10 año 1468 a.C., y tras una campaña victoriosa del
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faraón Tutmosis III, las ciudades-Estado de Ca-


naán quedarán sometidas a Egipto.
El Imperio asirio tiene sus orígenes en la Edad Los imperios
del Bronce (hacia el 3000 a.C.) y atraviesa di- mesopotámicos
versas fases de hegemonía política en el antiguo
Oriente Próximo. En el siglo XII a.C., la capital se
desplaza a Nínive. Tras un periodo de apogeo
en el que Asarhaddon II llega hasta Menfis, en
Egipto, comienza una acelerada decadencia que
concluye, tras la pérdida de Egipto (650 a.C.) y
de Babilonia (626 a.C.), con la destrucción de Ní-
nive el año 612 a.C. por el ejército caldeo. En el
siglo VIII a.C., los asirios, los grandes dominado-
res del momento, imponen un fuerte tributo al
Reino Norte en Israel; poco después, en el año
722 a.C., Salmanassar V asedia y conquista Sa-
maria, haciendo que el Reino Norte desaparez-
ca de la historia. Su sucesor, Sargón II, deporta-
rá a los samaritanos a Mesopotamia y a Media, y
repoblará Samaria con extranjeros desterrados de
Babilonia, Jamat y otras zonas, cuyas costumbres
y prácticas religiosas se mezclarán con las de los
que han quedado en Israel.
El antiguo Imperio babilónico se constituyó ha-
cia el siglo XIX a.C. y alcanzó su máximo apogeo
con Hammurabi (1792-1750 a.C.), uno de los re-
yes más relevantes de la historia del antiguo
Oriente Próximo. La relevancia de Hammurabi
se debe a la redacción de un importante código
de leyes (formado por un prólogo, un cuerpo le-
gislativo compuesto por 282 artículos y un epí-
logo) con cuyo contenido guarda ciertas simili-
tudes la ley mosaica. T ras varios siglos de
decadencia, sometidos al dominio militar y polí-
tico de los casitas y los asirios, renace en el si-
glo VII a.C. de las ruinas del Imperio asirio. El Im-
perio neobabilónico, que sustituye al asirio como
dominador del escenario político, impone tribu-
to al Reino Sur, a Judá, lo que queda de Israel. 11
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Cuando el rey de Judá deja de pagar el impues-


to, Nabucodonosor toma Jerusalén y, tras una
primera deportación de judíos (598 a.C.), regre-
sa en el año 586 a.C., después de una nueva ne-
gativa al pago del tributo; ordena una segunda
y numerosa deportación, incendia el templo y
los palacios, derriba las murallas y se lleva como
botín todo lo que encuentra de valor. Comienza
para los judíos un exilio largo y penoso.
El Imperio Junto a los imperios egipcio y mesopotámico,
persa otras culturas e imperios procedentes de zonas
geográficas alejadas del Creciente fértil irrum-
pieron en el escenario del antiguo Oriente y de-
jaron su huella en la Biblia. Estas potencias son
fundamentalmente Persia y Grecia. La conquista
persa supone la llegada a la región de la prime-
ra gran potencia indoeuropea (después vendrán
los griegos, los partos y los romanos) y la crea-
ción de un imperio mucho más extenso que los
precedentes, asentado aproximadamente en el
actual Irán. Los persas fomentaron el comercio,
mejoraron las comunicaciones y establecieron
una moneda de uso universal. Para los judíos
desterrados, la caída de Babilonia en manos de
los persas supone un acontecimiento providen-
cial: Ciro, que desde el año 547 a.C. se había
apoderado de la mayor parte de Asia Menor, en-
tra victorioso en Babilonia en el año 539 a.C. y
no tarda en publicar un edicto que permite el re-
greso de los cautivos a Jerusalén y la reconstruc-
ción del templo (538 a.C.). Sus sucesores, Darío I
y Artajerjes I, apoyarán esta misma reconstrucción
y la de las murallas de la ciudad.
Casi dos siglos transcurren desde la liberación
de los judíos hasta la conquista de Palestina por
Alejandro Magno (332 a.C.), después de la bata-
lla de Isos y camino de su gran objetivo del mo-
mento, la campaña contra el Imperio persa. Tras
12 su muerte, y de acuerdo con el reparto del enor-
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me imperio, los tolomeos gober narán Egipto y


los Seléucidas regirán Siria; una vez más, ambas
dinastías se enfrentarán por el dominio de Pa-
lestina.
La presencia griega en Palestina impulsó la pe- El dominio
netración del helenismo, una cultura que con- griego
vivió con las tradiciones judías en la medida en
que los gobernantes tolomeos y el primero de
los seléucidas permitieron cierta libertad a los
judíos. Con todo, ya en tiempos de los tolomeos
(301-198 a.C.) se produjo una importante emi-
gración judía a Egipto, lo que convirtió a Ale-
jandría en un relevante foco cultural judío; es-
tos emigrantes adoptaron el griego como lengua
propia, y se hizo imprescindible una traducción
del texto bíblico a esta lengua, traducción co-
menzada el siglo III a.C. y conocida como Los se-
tenta.
Todo cambió, sin embargo, con la subida al tro-
no de Antíoco IV Epífanes y su decisión de he-
lenizar su reino. En el año 167 a.C. introduce el
culto a Zeus Olímpico en el templo de Jerusalén,
hecho que, junto a la prohibición de las prácti-
cas religiosas judías y el despojo del templo para
financiar sus guerras, provocó la rebelión de los
judíos impulsada por los hermanos Macabeos. La
sublevación alcanza sus fines: en el año 163 a.C.
Antíoco V devuelve la libertad religiosa a los ju-
díos y en el año 141 a.C. concluye la ocupación
seléucida. Pero entonces la batalla por la liber-
tad religiosa se había transformado en una pelea
por el poder político, donde personajes ineptos,
ambiciosos y vengativos, se disputaban el trono
en interminables tensiones y enfrentamientos di-
násticos. Estas luchas internas provocan la inter-
vención de la nueva potencia dominadora del
mundo antiguo: en el año 63 a.C. Pompeyo con-
quista Jerusalén y Palestina queda anexionada a
la provincia romana de Siria. 13
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2. D E EGIPTO A MESOPOTAMIA:
COSMOGONÍAS, CÓDIGOS LEGALES
Y ESCRITOS SAPIENCIALES
El contexto en el que surge el relato veterotes-
tamentario es el ambiente literario y cultural del
antiguo Oriente Próximo, y, más concretamente,
el propio de los pueblos e imperios situados geo-
gráficamente en el área conocida como la Media
luna fértil, donde se dejó sentir, no sólo la pre-
sencia egipcia y de las potencias mesopotámicas,
sino también la posterior influencia persa y, so-
bre todo, la griega (el helenismo).
Fuentes Si durante mucho tiempo las afir maciones de
arqueológicas la Biblia fueron casi la única fuente de informa-
para el
conocimiento ción sobre este periodo, aunque no pudiéramos
de la Biblia comprobar su validez, los avances de la arqueo-
logía en los últimos doscientos años han permi-
tido disponer de abundantes fuentes extrabíbli-
cas que han aportado infor mación relevante
sobre aspectos muy diversos:
personajes, costumbres,
tradiciones, política, eco-
nomía, arquitectura, cul-
to, literatura, etc. Muchos
de esos descubrimien-
tos arqueológicos son
especialmente valiosos
en relación con el Anti-
guo Testamento: la ins-
cripción de T utmosis
III (templo de Karnak)
ofrece indicaciones so-
bre la geografía y la si-

Estela de la victoria del faraón


Merenptah (Tebas, ca. 1220
a.C.). Contiene la primera
mención extrabíblica del
14 nombre de Israel.
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tuación de Palestina en el siglo XV a.C.; las car-


tas de Tell el-Amarna (archivos del palacio real
de Akhenatón), que contienen la corresponden-
cia enviada al faraón por sus aliados y vasallos
del Creciente fértil, ayudan a conocer la situación
de la región en la primera mitad del siglo XIV a.C.;
la estela de Merenptah (finales del siglo XIII a.C.),
que narra las campañas militares de este faraón,
recoge el nombre Israel como un grupo asenta-
do al norte de Palestina. Otros hallazgos son la
Historia de Sinuhé (siglo XX a.C.), relato que na-
rra la huida del protagonista de Egipto para sal-
var la vida tras la muerte del rey al que había ser-
vido y su recorrido por Siria y Palestina, con
información sobre la situación social y política
de la región; los anales reales de Asiria (siglos
XX-VII a.C.) y los papiros de Elefantina (anterio-
res al siglo IV a.C.), que recogen cartas enviadas
por una colonia judía en Egipto y que constitu-
yen una fuente importante para el conocimien-
to de la época posexílica.
A pesar de sus muchas divergencias, los espe- Proceso de
cialistas parecen estar de acuerdo en que el Pen- redacción del
Antiguo
tateuco, el conjunto de escritos que da comien- Testamento
zo al Antiguo Testamento, se redactó de for ma
definitiva hacia los siglos V-IV a.C., organizando
e incorporando al texto unidades narrativas y an-
tiguos códigos legislativos, que habrían perteneci-
do a distintas tradiciones anteriores. Hay quienes
conceden a Esdras y su escuela una importancia
central en esa redacción final. En el siglo VI a.C.
se ha compilado y editado la Historia deutero-
nomista (compuesta por los libros de Josué, Jue-
ces, los dos libros de Samuel y de los Reyes), re-
dactada a partir de tradiciones orales y escritas y
según los principios del Deuteronomio, el Libro
de la ley, cuyo núcleo está escrito ya en el siglo
VII a.C. y constituye la base de la refor ma reli-
giosa emprendida por el rey Josías en Judá. Mu- 15
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chos libros proféticos adquieren su for ma defi-


nitiva en el siglo V a.C., así como los de Esdras
y Nehemías. Entre los siglos IV-III a.C. se com-
ponen algunos textos sapienciales y poéticos, y
ya en el siglo II a.C. el Libro de Daniel y los dos
libros de los Macabeos. Este apretado e incom-
pleto recorrido no hace justicia al largo proce-
so de redacción del Antiguo T estamento si no
se añade que las tradiciones orales de las que
se nutren los relatos veterotestamentarios se re-
montan, según algunos estudiosos, hasta los si-
glos XX y XIX a.C. (así sucedería, por ejemplo,
con las relativas a los patriarcas); a los siglos XIII-XI
a.C. podrían corresponder algunos códigos le-
gales del Pentateuco, las muestras de la primi-
tiva poesía judía (recogida en el libro del Éxo-
do) o los primeros relatos sobre la conquista de
Palestina; a partir del siglo X a.C., con la mo-
narquía, comienzan a funcionar los archivos rea-
les, cuyos anales constituyen la fuente utilizada
por los autores de los libros de los Reyes y las
Crónicas.
De Ahora bien, todo el abundante material conte-
Mesopotamia nido en las tradiciones orales y escritas que fueron
a Egipto:
mitos, leyes, pasando de generación en generación, revisadas
poesía y y retocadas unas veces, fundidas otras hasta al-
sabiduría canzar el texto que hoy conocemos, no es ex-
clusivo de Israel, aunque sí lo sea la perspectiva
desde la que se ha redactado esa reelaboración.
Así, las narraciones bíblicas sobre los orígenes
del mundo y los comienzos de la humanidad en-
cuentran sus correspondientes paralelos en los
poemas cosmogónicos mesopotámicos y egip-
cios como el Poema de Gilgamés, el Enuma elis
o Poema babilónico de la creación, el mito aca-
dio de Adapa (de donde procede la advertencia
de la serpiente a Eva, sugiriéndole que Dios los
ha engañado sobre las propiedades de la fruta
16 prohibida) o el Texto menfita de la creación (par-
02 Introducción.qxd 14/3/06 15:14 Página 17

te de un sistema cosmogónico desarrollado en


una localidad próxima a Menfis, que los griegos
llamaron Heliópolis; según esta cosmogonía, el
origen del mundo se atribuye a un dios creador,
un demiurgo que surge de una masa acuosa que
contiene todos los gérmenes de la vida).
Leyendo estos textos, ampliamente difundidos,
se encuentran abundantes coincidencias con el
relato veterotestamentario, por lo que es muy
probable que fueran utilizados por los autores
bíblicos para modificarlos y reelaborarlos desde
la perspectiva de su fe monoteísta. En el Poema
de Gilgamés, además de en otros textos meso-
potámicos, se encuentra también la narración de
un diluvio universal, el castigo que los dioses,
cansados de soportar a los hombres, envían so-
bre la humanidad para destruirla. De nuevo se
puede establecer una notable dependencia lite-
raria entre el relato babilónico y el bíblico, si bien
la diferente perspectiva de uno y otro vuelve a
distinguirlos. Al margen de ello, hay autores que
identifican el diluvio con una remota y extraor-
dinaria inundación de los ríos Tigris y Éufrates
de la que no han quedado vestigios; para otros,
el trasfondo de estos relatos son los desborda-
mientos de los mismos ríos ocurridos entre los
años 4000-2800 a.C., y de los que sí quedan res-
tos arqueológicos. Sobre el diluvio hablan tam-
bién los relatos de Beroso, sacerdote babilonio
del dios Marduk y caldeo helenizado, donde Xi-
sutros, el protagonista, es alertado en sueños por
el dios Cronos: deberá construir una nave para
su familia y amigos más íntimos, animales y aves,
de modo que pueda escapar al cataclismo que
se avecina.
Enuma elis (Cuando en lo alto) son las pala-
bras con las que empieza el poema babilonio
que narra la creación del mundo y del hombre
como fruto de la voluntad organizadora del po- 17
02 Introducción.qxd 14/3/06 15:29 Página 18

deroso dios Marduk, vencedor de Tiamat, que


simbolizaba el caos primigenio del universo.
Tanto en el caso de la creación como en el del
diluvio, nos hallamos ante diversas series litera-
rias que cada cultura y cada tradición religiosa
revisa y modifica a partir de su propio esquema
de creencias.
Significativas semejanzas se encuentran tam-
bién entre la alianza del Sinaí y la estructura de
los contratos de vasallaje correspondientes a la
literatura hitita (Asia Menor y Siria) y ugarítica
(norte de Palestina) entre los siglos XV-XIII a.C.;
esa estructura común, reconocible en la alianza
del Sinaí, comienza con un preámbulo, al que si-
guen un prólogo histórico, las estipulaciones con-
tractuales y la enumeración de los testigos, y
concluye con las bendiciones y maldiciones.
La ley mosaica guarda igualmente numerosos
paralelismos con otros conjuntos legislativos del
antiguo Oriente, como los códigos sumerios de

Código de Hammurabi. Grabado en piedra, representa, en la par-


te superior, al rey recibiendo la ley del dios Shamash; en el centro,
18 se encuentra esculpido el código.
02 Introducción.qxd 14/3/06 15:14 Página 19

Ur-Nammu y Lipit-Ishtar, el código amorreo de


Bilalama, el código de Hammurabi (siglo XVIII a.C.)
y leyes medo-asirias, hititas y neobabilónicas. En-
tre todos estos códigos, que intentaban implan-
tar una norma común para todos los habitantes
del Estado, el de Hammurabi, que unifica dife-
rentes textos existentes en el imperio, es el más
extenso y el que permite conocer con más deta-
lle aspectos de aquel mundo babilónico (como
la división social en hombres libres, esclavos y
una clase intermedia de individuos dependien-
tes, siervos). El código, que se apoya en la ley
del Talión, la que establece un castigo equiva-
lente al daño causado, pretende constituirse en
ley escrita aplicable en todos los casos, que
oriente la acción de los jueces e impida que cada
uno se tome la justicia por su mano, lo cual sue-
le convertirse en el ejercicio de la venganza.
Otro tanto sucede con el decálogo, cuyos pre-
ceptos son conocidos en otros pueblos excepto
algunos que singularizan al judío, como el culto
exclusivo a Yahvé, la prohibición de represen-
tarlo en imágenes y la institución del sábado.
En fin, los autores de la obra deuteronomista
recurrieron a las convenciones de los escritos his-
tóricos del antiguo Oriente y utilizaron como
fuente las crónicas y anales, de donde obtuvie-
ron un abundante material que reelaboraron con
criterios teológicos. La literatura poética y sa-
piencial judía también experimentó la influencia
de textos afines escritos en Egipto y Mesopota-
mia: en Egipto encontramos las instrucciones y
enseñanzas de un rey al príncipe o de un escri-
ba a su sucesor; en Mesopotamia hallamos fábu-
las, proverbios, consejos y sentencias. De origen
babilónico es el Poema del justo doliente (halla-
do en la biblioteca de Asurbanipal, siglo VII a.C.,
canta la desdicha de un justo que tiene que su-
frir a pesar de no haber cometido falta alguna) 19
02 Introducción.qxd 14/3/06 15:14 Página 20

o el Diálogo pesimista entre un afligido y su ami-


go sobre la miseria humana (que plantea el pro-
blema del huérfano abandonado por todos y so-
metido a múltiples desgracias), textos que presentan
notables semejanzas con los bíblicos, tanto en su
forma (uso del proverbio y del diálogo poético,
como en Job) como en su asunto (consejos de
sabiduría universal, el justo sufriente); con todo,
estas semejanzas (tema y forma literaria) no bas-
tan para sostener que se haya producido una
influencia directa sobre la literatura judía. La
profundización en el tema del sufrimiento ha
producido otros textos de los cuales encontra-
mos ecos en el libro de Job. Así sucede con el
Diálogo del desesperado con su alma, obra egip-
cia de mediados del siglo XVIII a.C. que muestra
la actitud escéptica del que no encuentra senti-
do a la existencia.
En resumen, la obra monumental que consti-
tuye el relato veterotestamentario, y la Biblia en
su conjunto, es la expresión de la conciencia re-
ligiosa con la que un pueblo ha leído e inter-
pretado su historia, pero también es un amplio
muestrario de las formas políticas, sociales, cul-
turales, legislativas, literarias y religiosas propias
de los pueblos con los que los israelitas se han
relacionado, y de la manera en que esas mismas
formas han influido en la historia judía.

3. E L AUTOR DE LA OBRA

¿Quién escribió la Biblia? ¿Quién es el autor del


Antiguo Testamento? ¿A quién debemos el Pen-
tateuco, la historia deuteronomista? Éstas son pre-
guntas que la tradición judía y la cristiana se han
esforzado por contestar. Así, durante siglos se ha
atribuido a Moisés la redacción del Pentateuco,
20 afirmación que se ha comprobado insostenible
02 Introducción.qxd 14/3/06 15:14 Página 21

desde que se empezó aplicar al texto bíblico un


método de análisis histórico-crítico. Se observa-
ron de inmediato anacronismos (Moisés habría
contado su propia muerte), cortes en la narra-
ción, relatos duplicados y triplicados (hay dos re-
latos de la creación, dos decálogos...), tradicio-
nes distintas que en ocasiones llegan a ser
opuestas, diferencias de estilo y vocabulario.
Tradicionalmente se ha dicho que el autor del Autoría
relato bíblico es Dios mismo pero que se ha ser- divina de la
vido, como autores secundarios, de los llamados Biblia
escritores sagrados, cuya labor se realizó bajo la
inspiración y la asistencia divina. De esta mane-
ra, aunque escrita por hombres, la Biblia contie-
ne la palabra de Dios. Esta concepción, que su-
braya la autoría divina del texto, tiene sentido en
cuanto expresión de unas convicciones religio-
sas libremente aceptadas, pero no basta para res-
ponder a los interrogantes que ha suscitado la
investigación histórico-crítica del texto bíblico.
Para empezar, es preciso decir que no es per-
tinente hablar de autor en relación con el Anti-
guo Testamento, y menos aún en la concepción
actual del término. No nos encontramos ante el
escritor que elabora un plan de trabajo para su
obra, un esbozo de su contenido, y dedica va-
rios meses o años a documentarse y a desarro-
llar ese proyecto literario o ensayístico; tampoco
se trata del creador que vuelca en sus obras su
concepción del mundo y de la vida, su actitud
ante los grandes temas existenciales o su posi-
ción ideológica ante asuntos de índole social,
económica y política, dando lugar a un pensa-
miento estructurado; ni siquiera nos hallamos
ante una persona que tenga conciencia de su
condición de escritor, que desee producir una
obra coherente y apreciada que forme parte, tras
su muerte, de la historia de la cultura. Es más, a
un autor de hoy le interesa que su nombre, o su 21
02 Introducción.qxd 14/3/06 15:14 Página 22

seudónimo, sea conocido y divulgado, que sus


libros sean objeto de conversación y discusión
en los medios de comunicación y en los círcu-
los de opinión. Pues bien, en el texto bíblico tam-
poco tenemos el nombre del autor, ni su seudó-
nimo, ningún sobrenombre, nada. Es evidente
que ésta no era una preocupación de quienes es-
cribieron la obra.
Este conjunto de consideraciones en tor no al
autor, que son aplicables a otros textos de la An-
tigüedad, no supone, sin embargo, que el texto
carezca de una idea rectora, un plan de trabajo
o un mensaje nítido que transmitir, rasgos todos
ellos propios de aquellas obras en las que exis-
te una manifiesta voluntad de autor.
Autores en En relación con el relato veterotestamentario
lugar de autor no conviene hablar tanto de autor cuanto de la
obra de un equipo de trabajo, quizá de una es-
cuela, que realiza una amplia labor de compila-
ción, selección, composición y redacción. El con-
junto del texto veterotestamentario que ha llegado
hasta nosotros reúne una serie de escritos diver-
sos (narrativos, históricos, religiosos, poéticos,
sapienciales, pedagógicos) que proceden de épo-
cas distintas y que han sido redactados a lo lar-
go de diez siglos. Ese conjunto de escritos no tiene
la pretensión de ser una antología de la literatu-
ra de Israel ni una compilación de los antiguos
escritos del pueblo. Lo que conocemos como An-
tiguo Testamento es justamente una selección de
textos, y el criterio rector de esa selección no es
precisamente de carácter literario, tampoco histó-
rico o político, sino religioso. Un grupo de judíos
reunieron los escritos antiguos y seleccionaron
todo aquello que consideraron de importancia
para describir la identidad de su pueblo, e in-
cluyeron en su selección los relatos de la crea-
ción, las tradiciones sobre Abrahán, la experien-
22 cia del éxodo, la manifestación de Dios en el
02 Introducción.qxd 14/3/06 15:14 Página 23

Sinaí, la instauración de la monarquía, la desolación


del destierro, las voces de los profetas, las refle-
xiones de los sabios y la palabra de los poetas.
Pues bien, para muchos especialistas, esta selec-
ción se realizó en el siglo V a.C. y sus responsa-
bles fueron Esdras y su escuela, la gran sinagoga
que trabajó bajo su dirección y después de él, en
el siglo IV a.C. Ciertamente, no todos los libros
del Antiguo Testamento habían sido escritos en
ese momento, pero la importancia de este gru-
po consiste en haber escogido el Pentateuco
como texto fundamental sobre el que asentar la
identidad judía. Puestos estos cimientos, pensa-
ron que también otros escritos podían ser útiles
para expresar la recuperada conciencia nacional
y religiosa judía, por lo que se añadieron, entre
otros, los textos proféticos.
Para muchos, este largo proceso de selección La selección
comenzado por Esdras habría concluido con el de textos: el
canon
llamado Sínodo de Yamnia (hacia el año 100).
De esta manera, el canon palestino, es decir , el
conjunto de libros que se ajustan a unas reglas
previas definidas y precisas, habría aparecido a fi-
nales del siglo I, fruto del trabajo de la escuela ra-
bínica creada por el fariseo Johanan Ben Zakkai
en Yamnia, tras la caída de Jerusalén el año 70de
nuestra era (como consecuencia de la rebelión
judía contra Roma). Los libros canónicos serían
los que se ajustan al canon, a la medida, a la nor-
ma establecida cómo válida para expresar la fe
de Israel. Con todo, en este momento la selec-
ción incluiría aproximadamente una veintena de
libros; sería preciso esperar al menos otro siglo
para la fijación definitiva del canon hebreo. Los
encargados de esta tarea fueron los fariseos, quie-
nes habían asumido el cuidado y la preservación
del judaísmo tras el desastre del año 70.
Los criterios de selección también fueron ob-
jeto de larga discusión: así, los fariseos, enfren- 23
02 Introducción.qxd 14/3/06 15:14 Página 24

tados a los macabeos, no admitieron los libros


que trataban sobre la rebelión macabea. Esta re-
belión fue apoyada por un grupo llamado los asi-
dim, los piadosos, que luchaban por la libertad
religiosa; pero en cuanto el movimiento de los
macabeos se orientó hacia la lucha por el poder
político, los piadosos se apartaron de él. Poste-
riormente, los asidim se dividieron en dos gru-
pos: los esenios, que optaron por retirarse a
Qumrán, asentamiento en las cercanías del mar
Muerto, a esperar la llegada del mesías, de acuer-
do con la profecía de Isaías («Preparad el cami-
no al Señor»), y los fariseos, que se dedicaron al
estudio y cumplimiento de la ley mosaica. Otros
grupos no quisieron aceptar el griego como len-
gua de sus textos sagrados, lo que excluyó del
canon algunos textos o secciones de textos es-
critos en griego, tales como el libro de la Sabi-
duría, los libros de los Macabeos y algunos frag-
mentos de los libros de Ester y Daniel. En
conclusión, para los judíos los libros del Ecle-
siástico, la Sabiduría, Baruc, Judit, Tobías, 1 y 2
Macabeos y las secciones griegas de los libros de
Ester y Daniel no forman parte del canon, es de-
cir, no expresan plenamente el contenido de su
fe religiosa.
El canon Entre los cristianos tampoco hubo unanimidad
cristiano a la hora de confeccionar un canon propio: mien-
tras unos hacían suyo el canon judío, otros da-
ban cabida en él a otros textos en los que veían
un estímulo para la vivencia de la fe en el mo-
mento presente (la exaltación del martirio y la fe
en la resurrección que aparece en el segundo li-
bro de los Macabeos daba ánimos y esperanza a
los primeros cristianos en tiempos de persecu-
ción); de esta forma, se fue abriendo paso un ca-
non amplio en el que entró un grupo de libros
a los que se denominó deuterocanónicos (la suya
24 era una segunda canonicidad, o bien, habían re-
02 Introducción.qxd 14/3/06 15:14 Página 25

cibido el criterio de canonicidad en un segundo


momento). Este canon amplio, el actual dentro
de la Iglesia católica, fue refrendado por el Con-
cilio de Trento, si bien las diferencias se mantie-
nen dentro del ámbito cristiano: los refor mado-
res Lutero, Zwinglio y Calvino distinguieron los
textos de la Escritura de los deuterocanónicos,
que agruparon separados de los anteriores, a pe-
sar de que los reconocieron como libros útiles y
valiosos. Entre las Iglesias orientales, algunas ad-
miten el canon amplio (la siria, la copta, la ar-
menia y la etíope) mientras que lo rechaza la
Iglesia rusa y la griega lo deja a la libre decisión
de sus fieles.
El canon judío clasifica la selección de la pro- Clasificación
ducción literaria de Israel en tres grandes grupos: de los textos
bíblicos
a) la Torá (ley), que incluye los cinco primeros
libros del Antiguo Testamento, el Pentateuco; b)
Nebiim (profetas), que, a su vez, se divide en dos
grupos: los profetas anteriores (Josué, Jueces, Sa-
muel y Reyes) y los profetas posteriores (Isaías,
Jeremías, Ezequiel y los doce profetas menores
–Oseas, Joel, Amós, Abdías, Jonás, Miqueas, Na-
hún, Habacuc, Sofonías, Ageo, Zacarías y Mala-
quías–); y c) ketubim (escritos), amalgama de tex-
tos diversos donde se reúnen las restantes obras
(Salmos, Proverbios, Rut, Cantar de los Cantares,
Job, Eclesiastés, Lamentaciones, Ester, Daniel, Es-
dras, Nehemías y los dos libros de las Crónicas).
Según se ha dicho más arriba, este canon es ina-
ceptable para el catolicismo al no contemplar los
escritos deuterocanónicos.
Otros autores han preferido elaborar una cla-
sificación de los escritos del Antiguo Testamen-
to prescindiendo en gran medida de criterios re-
ligiosos o teológicos. Se pretende con ello evitar
la escasa coherencia que tiene el grupo de los
ketubim del canon judío, donde se incluyen tex-
tos de características muy diversas: obras poéti- 25
02 Introducción.qxd 14/3/06 15:14 Página 26

cas (como los Salmos o el Cantar de los Canta-


res), escritos narrativos (Rut, Ester), textos histó-
ricos (Esdras, Nehemías, 1 y 2 Crónicas) y refle-
xiones sapienciales (Proverbios, Eclesiastés). Han
recurrido, pues, a criterios literarios, aunque sin
abandonar del todo los estrictamente teológicos.
El resultado es una clasificación que mantiene
en parte el canon judío y que combina criterios
literarios y teológicos; sirva como muestra el si-
guiente ejemplo, que incluye los libros deutero-
canónicos: a) Pentateuco (incluye los libros de
la Torá judía); b) libros históricos: Josué, Jueces,
Samuel, Reyes, Crónicas, Esdras, Nehemías y Ma-
cabeos; c) libros narrativos (o narraciones di-
dácticas, según otros): Rut, Tobías, Judit, Ester;
d) profetas: Isaías, Jeremías, Ezequiel, los doce
profetas menores, Daniel, Baruc y la carta de Je-
remías (que algunas ediciones bíblicas incluyen
en el capítulo 6 de Baruc); e) poesía: Salmos,
Cantar de los Cantares, Lamentaciones; y f) libros
sapienciales: Proverbios, Job, Eclesiastés, Ecle-
siástico y Sabiduría.
Lengua Los textos fueron escritos fundamentalmente
original y en hebreo (aunque el arameo se usa en algunas
traducciones
secciones breves). El arameo, sin embargo, se di-
fundió ampliamente entre los judíos después del
destierro y llegó a utilizarse en el ámbito diplo-
mático. Tal fue su avance, llegando a oscurecer
al hebreo, que fue preciso traducir los textos bí-
blicos al arameo para que el pueblo pudiese co-
nocerlos; de esta forma surgen en Israel los tar-
gumes o traducciones al arameo de los textos de
las escrituras leídos en hebreo en las sinagogas.
Otros libros, como se ha dicho, fueron escritos
en griego.
La diáspora judía, la dispersión del pueblo de-
bida a las deportaciones, los reclutamientos mili-
tares y las emigraciones, obligaron a muchos ju-
26 díos a adoptar la lengua y la mentalidad de sus
02 Introducción.qxd 14/3/06 15:14 Página 27

nuevos vecinos, aunque mantuviesen la mente


puesta en Jerusalén, la ciudad santa. Aunque la
diáspora judía se extendía por muchos países, creó
lazos especialmente estrechos con las grandes zo-
nas y ciudades de influencia y cultura griega, en
especial Alejandría, Antioquia y el Egeo. Todo ello
obligó a traducir los textos sagrados judíos a las
lenguas que entendían y hablaban sus her manos
de la diáspora, puesto que llegó un momento en
que muchos de ellos no entendían ni hablaban el
arameo; de esta manera, se realizaron traduccio-
nes al siríaco, al latín (Vetus Latina, Vulgata), al cop-
to, al etiópico y al griego, además de la ya seña-
lada del hebreo al arameo. De todas ellas, destacan
especialmente las realizadas al latín y al griego,
lengua culta e internacional desde el siglo III a.C.;
y, especialmente, la conocida como de Los seten-
ta (por el número de traductores que trabajaron
en la obra), traducción realizada en la ciudad egip-
cia de Alejandría, donde se había desarrollado una
importante colonia judía de lengua griega.
Los textos bíblicos han llegado hasta nosotros
a través de manuscritos y códices. Los manus-
critos son más antiguos; se trata de membranas
de piel u hojas de papiro escritos por una sola
cara; los códices son más tardíos y están escritos
por las dos caras. En la actualidad disponemos
de aproximadamente 190 manuscritos del Antiguo
Testamento, datados entre los años 250 a.C.-135
d.C., encontrados en el desierto de Judá, espe-
cialmente en Qumrán y Masada. Algunos códices
importantes son los siguientes: el códice de los
Profetas de El Cairo, escrito en el año 895 en Je-
rusalén (contiene los profetas anteriores y pos-
teriores), el códice de Alepo, escrito hacia el año
930 y muy reducido en la actualidad a pesar de
haber contenido todo el Antiguo T estamento, y
el códice de Leningrado, escrito en el año 1009
y que sí contiene todo el viejo testamento. 27
02 Introducción.qxd 14/3/06 15:14 Página 28

4. ISRAEL: UN DIOS, UN PUEBLO,


UNA LEY, UNA TIERRA

El profesor González Lamadrid, en su obra Las


tradiciones históricas de Israel, se hace eco de la
importancia del siglo VI a.C. en el devenir de la his-
toria universal. No es un periodo intrascendente
aquél en el que surge la figura de Confucio en
China, Buda en la India, Zoroastro en Persia; apa-
rece en Grecia la escuela jónica e Israel sufre la
decisiva y dolorosa experiencia del destierro. Así
lo explica Lamadrid:

En una línea que se extiende desde el lejano


Oriente hasta el mar Mediterráneo hace acto de
presencia más o menos simultánea una conste-
lación de fundadores y escuelas que alumbran
nuevas religiones y nuevas filosofías. Es un tiem-
po de renovación y de creatividad. También Is-
rael pasa por un momento de muerte y resu-
rrección: en torno a los días del destierro, por
todas partes se oyen gritos de reforma y reno-
vación. Previendo primero, y viendo después la
crisis y la desaparición de las antiguas institu-
ciones, los profetas anuncian otras nuevas: nue-
vo éxodo, nueva alianza, nuevo David, nueva
Jerusalén, nuevo corazón, nuevo espíritu...

Situación En este contexto internacional, Israel se en-


crítica en cuentra en una situación límite: desde el siglo VIII
Israel
a.C. se había generalizado una profunda crisis
social que, además de un grave deterioro social,
había provocado un proceso de descomposición
interna en la sociedad israelita. La invasión asi-
ria precipitó la ruina definitiva del Reino Norte
(722 a.C.) mientras que la posterior expansión
del Imperio neobabilónico hizo lo propio con el
Reino Sur (586 a.C.). Pero, antes de que Nabu-
28 codonosor destruya Jerusalén y deporte a los ju-
02 Introducción.qxd 14/3/06 15:14 Página 29

díos a Babilonia, el rey Josías de Judá, aprove-


chando la decadencia del Imperio asirio (que
desde el 630 a.C. había perdido el control de sus
reinos vasallos y de las provincias ocupadas de
Palestina), que ponía fin a más de medio siglo
de ocupación, creyó llegado el momento de co-
menzar la reconstrucción del país, una recom-
posición política, económica y social, pero tam-
bién un rearme moral, una recuperación de la
identidad nacional y religiosa de Israel. Existía
un precedente de lo que se proponía Josías, el
intento de reforma puesto en marcha por Eze-
quías (727-698 a.C.), interrumpido violentamen-
te por la invasión del rey asirio Senaquerib el año
701 a.C.
El reinado de Josías (640-609 a.C.) transcurre El programa
en paralelo a la desintegración del Imperio asi- de Josías
rio, que se precipita desde la muerte de Asurba-
nipal (626 a.C.), el último de sus grandes reyes.
Ésta era la ocasión que muchos esperaban en
Judá para emprender un ambicioso proyecto de
reconstrucción nacional: la base de este progra-
ma, el Deuteronomio; su contenido: un Dios, un
santuario, un pueblo, una elección, una alianza,
una ley, una tierra. Este proyecto fracasó, no sal-
vó a Judá de la ruina, pero, madurado y desarro-
llado durante el exilio, será la base de la recons-
trucción del país tras el final de la deportación, si
bien, en manos de Esdras, adquirirá unos matices
acentuadamente nacionalistas.
El texto bíblico expone todos estos aconteci-
mientos a partir de los trabajos de restauración
que el rey Josías ordenó realizar en el templo.
En el curso de esas obras apareció el libro de la
Ley, un texto supuestamente olvidado y que se
atribuyó a Moisés. Informado el rey, quedó con-
movido por su contenido y puso en marcha de
inmediato una amplia reforma del culto (desa-
parecieron los símbolos extranjeros del templo 29
02 Introducción.qxd 14/3/06 15:14 Página 30

de Jerusalén, se eliminaron los altozanos disper-


sos por Judá y cualquier vestigio de sincretismo).
Al margen de sus aspectos legendarios (como el
hallazgo del libro), el texto condensa un lar go
proceso de reforma cuyo eje es la restauración
de la exclusividad del culto yahvista y su cen-
tralización. Al margen del hecho, objeto de dis-
cusión entre los especialistas, de si hubo una o
dos redacciones del texto, anterior y posterior al
destierro, todos coinciden en la validez del Deu-
teronomio como programa para la reconstruc-
ción posexílica del nuevo Israel.
Ahora bien, este ambicioso programa no po-
día limitarse a una reforma del culto. Fue mucho
más: una auténtica renovación social, nacional y
religiosa. Los teólogos de la reforma deuteronó-
mica, convencidos de que los males de Israel se
desarrollan con el definitivo asentamiento en la
tierra prometida y el advenimiento de la monar-
quía, deseosos de rechazar la situación política,
social y religiosa que ha conducido al pueblo al
exilio, elaboran una concepción teológica según
la cual la salvación para Israel se encontraba en
una época primitiva, el tiempo de su peregrina-
ción por el desierto. En ella se ponen los ci-
mientos de la nueva identidad religiosa israelita,
y a ese fin obedece la recreación de los orígenes
del pueblo, las narraciones de los patriarcas.
Los patriarcas Los patriarcas, los antepasados de Israel, son
bíblicos presentados como un conjunto de unidades fa-
miliares, que llevaban una vida nómada dedicada
a la cría de ganado menor, sin despreciar una ac-
tividad sedentaria como la agricultura. Estas unida-
des familiares mantenían entre sí una independen-
cia prácticamente absoluta, aunque permanecían
unidas por un amplio sistema de parentesco (las
parentelas). En esta primitiva estructura, el pa-
triarca ejerce la función de sacerdote y la con-
30 cepción religiosa está condicionada por las ne-
02 Introducción.qxd 14/3/06 15:14 Página 31

cesidades vitales de la familia. Se venera al dios


del padre, del antepasado, y cada familia puede
tener sus dioses particulares (El-Sadday, El-Olam
u otro «El», dios supremo del cielo, que ocupa el
lugar principal del panteón ugarítico).
En conjunto, los relatos sobre los patriarcas
transmiten un mundo simbólico religioso cuyo
objetivo central es la supervivencia de las fami-
lias, tanto las agrícolas como las nómadas: en esta
estructura religiosa, el dios de la familia, el dios
del padre, es quien tiene encomendado el cui-
dado, la guía y la protección del grupo ante los
constantes peligros a los que se encuentran ex-
puestos en los caminos. A ese mismo dios del
padre confía el grupo su propio porvenir, a la es-
pera de un descendiente varón que asegure la
continuidad de la familia.
Ahora bien, en este estadio inicial de la que
será después la religión yahvista del Israel de las
doce tribus faltan aún muchos elementos deter-
minantes del sistema religioso posterior: no se
ha desarrollado el carácter exclusivo de la rela-
ción con Dios (que conducirá a la fe monoteís-
ta judía), ni se han for mulado las estrictas exi-
gencias éticas, ni se ha producido su integración
en la estructura política de Israel; finalmente, to-
davía no han surgido las instituciones dedicadas
al culto ni a la reflexión teológica.
Según el profesor Rainer Albertz, en su obra
Historia de la r eligión en Israel, el origen de la
religión judía tiene que ver con la estancia en
Egipto y con el éxodo:

El verdadero comienzo histórico de la religión


de Israel no habrá que buscarlo, precisamente,
en la religiosidad que las primitivas familias is-
raelitas proyectan hacia la época de los patriar-
cas. Si en algo hay unanimidad entre los trans-
misores de las tradiciones originarias es en 31
02 Introducción.qxd 14/3/06 15:14 Página 32

reconocer que el impulso decisivo que puso en


marcha la historia de la religión israelita brotó
de una experiencia religiosa específica vivida
por Israel en Egipto y, posteriormente, en las re-
giones desérticas al sur de Palestina, lejos aún
de sus asentamientos futuros.

El grupo del Pero ¿quiénes componen el grupo del éxodo?


éxodo ¿Cuál fue la experiencia religiosa singular vivida
en Egipto, que tan decisiva ha sido para dar un
impulso definitivo al yahvismo? Los especialistas
han aventurado diversas hipótesis sobre la com-
posición de este grupo: para unos, se trató de
una caravana de nómadas que se vieron forza-
dos por la carestía a desplazarse con sus reba-
ños al delta del Nilo; sin embargo, los relatos del
Antiguo Testamento nos muestran a un grupo
asentado y acomodado en la región del delta y
que no practica costumbres nómadas; otros pien-
san que era un grupo de obreros obligados por
las autoridades a la realización de trabajos for-
zados, que acaban provocando un conflicto so-
cial (situación que se repite en la época de Sa-
lomón); una tercera hipótesis sostiene que se
trataba de un grupo de prisioneros de guerra de
distinto origen étnico, a los que habría unido la
convivencia en el campo de trabajo. En resumen,
el grupo del éxodo pudo estar constituido por
un grupo de trabajadores extranjeros, degrada-
dos socialmente aunque acomodados económi-
camente, artificialmente insertados en el Egipto
de los ramesíadas (mediados del siglo XIII a.C.).
Pues bien, precisamente en el proceso de libe-
ración política de ese grupo de trabajadores ex-
tranjeros, acomodaticios e insolidarios, denigra-
dos y oprimidos, incapaces de articular por sí
mismos una acción política eficaz, tiene lugar la
aparición de la religión yahvista. Instigado por
32 su dios, Yahvé, ese grupo llegará a tener un cau-
02 Introducción.qxd 14/3/06 15:14 Página 33

dillo propio, un líder, Moisés, deseará ensanchar


sus horizontes y cortar las serviles ataduras con
que los egipcios los someten, y provocará un
prolongado conflicto con las autoridades hasta
alcanzar el objetivo de la liberación política.
Este grupo concibe a Yahvé como un dios que,
en el momento apropiado, suscita entre ellos un
jefe político, pero que no duda en intervenir para
salvarlo de la fuerza militar de sus opresores y
hacer que triunfe el movimiento de liberación.
Este contexto sociopolítico en el que brota la re-
ligión de Israel señala ya uno de los rasgos cons-
titutivos de la fe israelita, su orientación históri-
co-política y social. Ciertamente, como se verá
en épocas posteriores, la religión judía ni se en-
cuentra cómoda en el lenguaje mítico ni se cons-
tituye en legitimadora de la autoridad política ni
en sustentadora de una estructura social deter-
minada. Añade Rainer Albertz que,

la naciente religión de Israel sirve, ante todo, para


anudar la solidaridad interna del grupo, al tiem-
po que facilita su desvinculación de un orden so-
cial concebido como injusto y se orienta hacia la
integración en una sociedad futura que posibili-
te la vida en común en libertad y justicia.

Cuando el grupo del éxodo, guiado por Josué,


alcanzó la tierra prometida, Canaán, encontró un
país sumido en profundos cambios sociales, cul-
turales y políticos. La región estaba or ganizada
como un conjunto de ciudades-Estado sometidas
a la soberanía egipcia; sin embar go, hacia fina-
les de la Edad del Bronce (siglo XIII a.C.), las ciu-
dades cananeas se debilitan política y económi-
camente por la desaparición de sus principales
socios comerciales (la Grecia micénica) y la in-
vasión de los pueblos del mar (los filisteos). El
fin del dominio egipcio (hacia 1150 a.C.) crea 33
02 Introducción.qxd 14/3/06 15:14 Página 34

una situación nueva caracterizada por una pro-


gresiva desurbanización de Palestina: al margen
de los viejos asentamientos urbanos situados en
la región costera, se crean en las zonas monta-
ñosas y al norte del desierto del Negueb numero-
sos asentamientos rurales que influirán poste-
riormente en la transfor mación social y política
del país. Ahora bien, serán los grupos sociales más
deprimidos y marginados, campesinos y pasto-
res, los primeros en abandonar los núcleos ur-
banos cananeos para establecerse, con unas ba-
ses económicas propias y una organización política
independiente, en las regiones montañosas y de-
sérticas, donde elaborarán su propia organiza-
ción social al margen del control de quienes ejer-
cen el poder en las ciudades. A este proceso se
sumará el grupo del éxodo tras llegar a Canaán. El
resultado de ese encuentro es una organización
social de campesinos y pastores que constituyen
el núcleo del sistema de las doce tribus de Israel.
Se creó un modelo tribal de or ganización so-
La cial, donde las relaciones sociales se articulaban
mancomunidad mediante un sistema de parentesco por línea pa-
de tribus
terna. El individuo estaba vinculado en primer
lugar a la familia, que actuaba como una unidad
económica que gestionaba sus propios bienes
hereditarios, y después a la parentela, cuya soli-
daridad se manifestaba en casos especiales, como
el matrimonio, la ejecución de una venganza de
sangre, los periodos de dificultades económicas
o la muerte sin descendencia masculina, situa-
ción en la que se recurría al levirato, institución
que procuraba mantener los bienes familiares
dentro del círculo de parientes del difunto.
La tribu se constituía por la unión política de
las diferentes parentelas que convivían en una
región, unión que les per mitía actuar conjunta-
mente en defensa de sus intereses. Israel se for-
34 mó como una mancomunidad de tribus, un con-
02 Introducción.qxd 14/3/06 15:14 Página 35

glomerado de intereses mediante el cual muchas


familias de campesinos y pastores se propusie-
ron asegurar su libertad y su modo de vida fren-
te al de las ciudades cananeas.
Dos ámbitos se pueden reconocer entre sus ins-
tituciones políticas: los ancianos (los jefes de fa-
milia de un lugar, una región o una tribu) y los
hombres de la ciudad (la reunión de los hom-
bres libres y económicamente independientes
–capaces, por ello, de llevar armas– de una ciu-
dad, región o tribu). Los primeros gestionaban
los asuntos políticos de menor importancia y se
ocupaban de la administración de la justicia,
mientras que a los segundos correspondía deci-
dir en las cuestiones importantes (acogida de un
extranjero, ayuda a otros grupos, intervención en
una guerra). En esta estructura prácticamente se
desconoce la función de dirección política que,
cuando existe, tiene carácter ocasional, sólo para
los periodos de crisis. De la misma manera, es
muy escasa la diferenciación social, puesto que
cada familia trabaja para cubrir sus propias ne-
cesidades y no para el intercambio en un ine-
xistente mercado.
Refiriéndose a este periodo, explica el profe-
sor Albertz:

En una sociedad descentralizada, en la que sus


miembros, por reivindicación de su derecho a la
libertad, habían renunciado a crear una instancia
política suprema, apartándose así del régimen mo-
nárquico tradicional de las ciudades cananeas, el
nombre de Israel tenía que sonar por fuerza como
una profesión de fe: Dios es el que tiene que rei-
nar, no un monarca humano, oriundo o extran-
jero. La opción decididamente antijerárquica de
esa sociedad encuentra en su propio nombre la
expresión de su religiosidad específica.
35
02 Introducción.qxd 14/3/06 15:14 Página 36

El Dios de las Así pues, el nombre Israel (que significa «Dios


tribus –o El– reina») viene a expresar el auténtico pro-
grama en el que se funda la mancomunidad de
campesinos y pastores. Esa denominación (en la
que el elemento El compone el nombre Isra-el)
remite a un estadio del desarrollo histórico-reli-
gioso en el que la mancomunidad israelita aún
no veneraba a Yahvé, sino a El, como dios par-
ticular del grupo. Este estadio podría haber sido
previo a la llegada del grupo del éxodo, cuya
irrupción en la región central de Palestina trajo
a la mancomunidad el culto a Y ahvé. La con-
fluencia de intereses entre los recién llegados y
los ya establecidos facilitó la rápida integración
y el cambio de religión. El dios semítico El, rey
de los dioses en el panteón cananeo, que supo-
nía un vínculo con las ciudades cananeas de las
que se habían emancipado los campesinos y pas-
tores, se fusionó con Yahvé, dios único, proce-
dente de los desiertos del sur y no integrado en
un sistema politeísta. Yahvé fue aceptado como
la divinidad que daba solidez y cohesión al mun-
do religioso de la mancomunidad y a sus sím-
bolos, diferenciándolos de las ciudades cananeas.
En torno a Yahvé, el Dios de Israel, ajeno al pan-
teón cananeo y que las tribus podían adoptar
como propio, el grupo se hizo independiente del
exterior y reforzó su cohesión inter na. Este pri-
mitivo sincretismo (muy pronto santuarios de El
fueron dedicados al culto a Yahvé, como Betel)
permitió una perfecta integración en la religión
yahvista.
La Entre finales del siglo XII y principios del XI a.C.
instauración tiene lugar un cambio de orientación en la vida
de la
monarquía de Israel: comienza el camino hacia la instaura-
ción de la monarquía, un régimen de poder cen-
tralizado que producirá notables cambios en la
religión yahvista. Tradicionalmente se ha recu-
36 rrido a la amenaza militar filistea como explica-
02 Introducción.qxd 14/3/06 15:14 Página 37

ción del paso a un estado monárquico: los filis-


teos, que habían llegado a Palestina hacia el año
1200 a.C., ejercían una notable presión sobre los
israelitas, a los que habían derrotado en los lla-
nos de Afeq hacia el 1050 a.C., apoderándose del
arca y destruyendo el santuario de Silo. No pu-
diendo la mancomunidad hacer frente a esta
amenaza, sus responsables habrían aceptado re-
nunciar a su estructura política antijerárquica en
favor de un poder centralizado.
Otros especialistas, sin embargo, apoyados en
los datos que proporciona la arqueología, sos-
tienen que en el Israel premonárquico se pro-
dujo un crecimiento demográfico que llegó a tri-
plicar el número de personas y que obligó a
ampliar el espacio habitable y a acondicionar
para la actividad agrícola zonas poco propicias.
A todo ello siguió el desarrollo del comercio, el
paso de una economía de subsistencia a otra de
mercado y el comienzo de las diferencias socia-
les. Desde este punto de vista, el conflicto con
los filisteos sería una consecuencia de este cre-
cimiento del terreno usado por los israelitas. Aho-
ra bien, esa estructura centralizada, la realeza de
Saúl, resultó ser una especie de jefatura o caci-
cazgo, un poder débil y precario muy alejado
aún de una auténtica institución estatal, una for-
ma de poder político central que, sin llegar a ser
un estado, era compatible con la estructura or-
ganizativa de las tribus; cuando el experimento
fracasa, los ancianos de Israel ungen a David
como rey y hacen un pacto con él. Ahora sí em-
pieza verdaderamente el proceso de centraliza-
ción política: el nuevo rey, económicamente in-
dependiente de las tribus (había acumulado
tierras y bienes como jefe de mercenarios), asien-
ta su poder en su propia fuerza; con su ejército
conquista Jerusalén, la capital de los jebuseos, y
la convierte en su residencia personal. Cuando 37
02 Introducción.qxd 14/3/06 15:14 Página 38

las tribus vieron abandonados sus principios,


alentaron la sublevación de Absalón contra Da-
vid, pero fracasaron, y la monarquía se constitu-
yó como un régimen absolutista dinástico que
monopolizaba el poder y no precisaba legitima-
ción popular alguna, como sucedió en la elevación
al trono de Salomón.
Eso sí, David acabó con la amenaza filistea, se
anexionó las ciudades cananeas que aún que-
daban en pie y los poblados de Transjordania li-
mítrofes con Israel. La antigua mancomunidad
se transformó así en un amplio Estado que con-
trolaba las rutas comerciales del Próximo Oriente
y recaudaba una elevada cantidad de impues-
tos; todo ello permitió a Israel dar un gran sal-
to económico y cultural. Con el nuevo Estado
crecieron la corte, el ejército y un aparato admi-
nistrativo y burocrático que asumía progresiva-
mente el poder que aún quedaba en manos de
los representantes de las tribus; en estos ámbi-
tos trabajaba una nueva clase social de funcio-
narios, militares y comerciantes que, estimula-
dos por generosas exenciones reales, terminaron
de desmontar la vieja estructura igualitaria y des-
centralizada.
Esta transformación política y económica fue
perceptible singularmente en la construcción: Sa-
lomón edificó su propia residencia, el templo y
una red de fortalezas, cuarteles y delegaciones
para la recaudación de impuestos repartida por
todo el país; se restauraron núcleos antiguos y
se edificaron ciudades nuevas, al tiempo que cre-
cía el número de los grandes terratenientes (una
de las causas de la crisis del siglo VIII a.C.). Todo
ello requirió de abundante mano de obra: David
destinó a este trabajo a los prisioneros de gue-
rra, pero Salomón extendió a todos los israelitas
la obligación de trabajar en sus obras (lo que pro-
38 voca la separación del Reino Norte).
02 Introducción.qxd 14/3/06 15:14 Página 39

La monarquía supuso en Israel la ruptura del gran Teología


acuerdo sobre valores y organización social que oficial y de
oposición
había sostenido a la mancomunidad de las doce
tribus. Esa ruptura se trasladó también al ámbito
religioso: surgió una teología oficial de la monar-
quía y el templo, elaborada por los altos funcio-
narios de la corte y los sacerdotes, y, en paralelo,
una teología de oposición política y religiosa cer-
cana al yahvismo de la época premonárquica, ade-
más de varios grupos que buscaron fórmulas para
conjugar una con otra. La teología oficial, sin em-
bargo, desaparecerá con la caída de la monarquía
en el año 587 a.C., mientras que la de oposición y
resistencia será asumida por la comunidad del exi-
lio como la nueva teología de Israel.
La teología monárquica se distanciaba de la re-
ligión yahvista en dos aspectos fundamentales:
a) la monarquía monopolizaba la relación de Is-
rael con Dios: según esto, el rey, investido del
espíritu de Dios, reclamaba para sí la santidad
sacerdotal y se arrogaba la condición de media-
dor entre Dios y los hombres, creando un en-
tramado extraordinariamente sólido entre el tro-
no y el altar; toda la actividad religiosa de Israel
debía discurrir por una sola vía, la persona del
rey; ahora bien, dado que el verdadero aconte-
cimiento fundacional de la relación entre Yahvé
e Israel procedía del éxodo, fue preciso elaborar
una base histórica sustitutoria, expresada en la
profecía de Natán. Y b) la vinculación de Yahvé
con el poder político: si algo había sido Yahvé, tan-
to para el grupo del éxodo como para la man-
comunidad de las doce tribus, era el símbolo de
la libertad frente al sometimiento a un Estado o
una ciudad. Pero ahora era utilizado como ga-
rantía del poder político de un Estado expansionis-
ta que no dudaba en obligar a sus propios súbditos
a realizar trabajos forzados. La religión yahvista se
veía transformada en ideología al servicio de la 39
02 Introducción.qxd 14/3/06 15:14 Página 40

monarquía: muchas conciencias en Israel, que


no habían olvidado sus orígenes, no pudieron
soportarlo.
La creación del Estado israelita y su apertura al
entorno de Oriente Próximo trajo consigo un sin-
cretismo religioso de origen diplomático. Se in-
trodujo en Israel el culto a los dioses de aquellos
países con los que se habían entablado relacio-
nes políticas: en época de Salomón se erigen san-
tuarios a Astarté (diosa de los fenicios), a Malcón
(dios ammonita) y a Camós (deidad moabita). El
propio Salomón había contraído matrimonio con
una princesa egipcia. Este sincretismo se mantu-
vo hasta casi el final de la época monárquica, es-
pecialmente entre los diplomáticos extranjeros y
los funcionarios reales; el pueblo se habría man-
tenido fiel al yahvismo. Finalmente, el sincretis-
mo sería abolido por la refor ma de Josías pero
antes de ese momento se levanta un amplio mo-
vimiento de protesta, en el que se alían el anti-
guo yahvismo y el profetismo del siglo IX contra
este sincretismo y contra los abusos de la mo-
narquía (como el relato sobre la viña de Nabot).
Los profetas Elías y Eliseo pondrán voz a este mo-
vimiento de protesta, especialmente en el Reino
Norte, que culmina violentamente con la cruel re-
volución político-religiosa de Jehú (con la des-
trucción del templo de Baal en Samaria y la ma-
tanza de sus sacerdotes quedó erradicado de
Israel el sincretismo diplomático). Ahora bien, con
el triunfo de esta revolución, con el rechazo al
establecimiento de un culto extranjero y a las pre-
tensiones absolutistas de la monarquía, el yah-
vismo muestra por primera vez su rostro más in-
tolerante. Como consecuencia de ello, el Reino
Norte perderá los apoyos obtenidos con su polí-
tica de sincretismo diplomático; sin aliados, se en-
contrará solo para hacer frente al ataque de los
40 arameos y al desmembramiento de su territorio.
02 Introducción.qxd 14/3/06 15:14 Página 41

En el siglo VIII a.C. se agudizan las tensiones ori- La crisis del


ginadas durante el periodo monárquico, acen- siglo VIII a.C.
tuándose las desigualdades sociales. El latifun-
dismo se extendió por Israel, acabó con el antiguo
derecho territorial y los ideales de igualdad pre-
monárquicos y propició el surgimiento de una
próspera clase social formada por terratenientes,
funcionarios, militares, comerciantes y presta-
mistas, ante la que sucumbieron los modestos
campesinos tradicionales, que, obligados por el
derecho de crédito –figura jurídica que otorgaba
al acreedor la facultad de apropiarse no sólo de
los bienes del deudor, sino también de su fami-
lia y su persona– y sin ningún apoyo institucio-
nal, no resistieron la presión financiera de las cla-
ses acomodadas. A la miseria y opresión en que
vivían los campesinos frente a los terratenientes
y funcionarios de la corte, se añadió la corrup-
ción: los funcionarios estatales y la administración
de justicia habían dejado de ser independientes
para estar al servicio, previo sobor no, de los in-
tereses de pudientes y latifundistas. El abismo en-
tre ricos y pobres llegó a ser tal que el profeta
Amós no vaciló en dividir la población de Sama-
ria en dos grupos, los oprimidos y los que ate-
soran. En el ámbito religioso resuena aún el pro-
blema del sincretismo que el profeta Oseas, muy
crítico con Jehú, propone resolver con un mayor
conocimiento de Dios; sin embargo, los profetas
de esta época critican lo que entienden como una
manipulación de Dios, al que se pretende con-
tentar con ofrendas y prácticas religiosas, pero al
que se ha despojado de sus exigencias éticas de
justicia. Finalmente, en el terreno político, Asiria
pone en marcha una política expansionista e im-
perialista por Siria y Palestina desde la subida al
trono de Tiglatpileser III, fruto de la cual serán la
caída del Reino Norte y el sometimiento de Judá
al pago de un elevado tributo. 41
02 Introducción.qxd 14/3/06 15:14 Página 42

Los profetas de este periodo (Amós, Isaías, Mi-


queas y Oseas) critican con dureza la situación
de Israel en todos sus ámbitos: censuran áspe-
ramente la desbocada expansión económica de
los latifundistas, denuncian el abuso del derecho
de préstamo y crédito, convertido en robo y en
pillaje; fustigan el ejercicio de la justicia como un
mecanismo de opresión al servicio de los pode-
rosos, e insisten una y otra vez en que Yahvé es
el único defensor del derecho de los débiles y
oprimidos en un pueblo cuyo destino depende-
rá del ejercicio de la justicia social, pues están
rotos los antiguos vínculos de solidaridad, los
que hicieron del antiguo Israel una sociedad
igualitaria. En el ámbito político, los profetas no
sólo rechazan las alianzas militares (Isaías pre-
senta a Yahvé muy distanciado del poder militar
y político de la monarquía, procurando que ni el
rey ni los poderosos de Judá manipulen a Dios
a favor de sus intereses políticos y militares), sino
que alguno de ellos, como Oseas, hace una con-
dena radical de la propia monarquía, en sí mis-
ma una forma de idolatría, una apostasía de la
fe yahvista. Según Oseas, en Israel no cabe nin-
gún rey que lo libere de sus enemigos, pues Yah-
vé es su único liberador. Por lo que respecta a
la práctica religiosa, además de criticar los abu-
sos de los sacerdotes, también dispuestos a acep-
tar sobornos, los profetas se manifiestan contra
una acción litúrgica que no se corresponde con una
actitud ética en la vida cotidiana, que oculta la
injusticia y la miseria que devoran el país, y que
se ha convertido en una garantía de seguridad
para la clase dirigente, que exhibe allí su rique-
za al tiempo que pretende asegurarla bajo el
manto de la religiosidad.
La obra de los profetas contribuyó a dar un
nuevo impulso a la religión yahvista: ellos pre-
42 sentaron al Dios de Israel distanciado del orden
02 Introducción.qxd 14/3/06 15:14 Página 43

social establecido (de su sistema económico, po-


lítico, social y hasta del culto religioso), del que
ni es garante ni acepta manipulación alguna (por
lo que, dirá Oseas, Dios acabará rompiendo de-
finitivamente con su pueblo y abandonándolo a
su ruina como nación); con ello, al tiempo que
critican severamente el sistema ideológico en el
que se ha acomodado el yahvismo oficial, los
profetas buscan fortalecer los principios éticos
de la verdadera religiosidad yahvista. De esta ma-
nera sientan las bases para lo que será después
una verdadera reformulación de la fe de Israel.
Esta reflexión profética tiene particular rele- La reforma
vancia en Oseas y su grupo de discípulos, en deuteronómica
quienes encontramos la primera gran síntesis teo-
lógica de Israel. En el contexto de la ruina del
Reino Norte, esa síntesis, cuyo fundamento es el
retorno a la raíz histórica del yahvismo, preten-
de ofrecer una renovada identidad religiosa a su
pueblo recuperando el caudal de esperanza con-
tenido en la tradición premonárquica de libera-
ción. La unidad y la identidad de Israel se basa-
rán justamente en el exclusivismo de la relación
con Yahvé. Esta nueva orientación será la fuen-
te del intento de refor ma de Ezequías y, sobre
todo, de la reforma deuteronómica. Tras él, será
Josías quien emprenda una reconstrucción de la
identidad israelita desde los cimientos, la refor-
ma deuteronómica. Para ello, los autores deute-
ronomistas, probablemente un grupo de legisla-
dores independientes de la monarquía, recurren
a la primera época del yahvismo y, en especial, a
la autoridad indiscutible de Moisés: así, la nue-
va ley será la ley de Moisés, el texto que el pro-
feta de Yahvé entrega a los israelitas antes de su
muerte para que lo aprendan, lo guarden y lo
pongan en práctica en la tierra prometida. En la
perspectiva de los reformadores, el futuro de Is-
rael es la vuelta a sus comienzos, a su antigua 43
02 Introducción.qxd 14/3/06 15:14 Página 44

estructura social igualitaria; a ella deberá adap-


tarse la monarquía si quiere mantenerse.
Contra el Los objetivos de la refor ma se centran en dos
sincretismo ámbitos: el religioso y el social. En el religioso,
religioso
se propone combatir el sincretismo, tanto en el
culto oficial como familiar; en el social, pretende
poner fin a los abusos que habían llevado a la
miseria a una gran parte de la sociedad israelita.
En su lucha contra el sincretismo, los deutero-
nomistas, siguiendo las tesis de Oseas, imponen
la unidad y el exclusivismo del culto yahvista:
Yahvé es el único Dios de Israel y de todo Israel
(no hay un Yahvé para Jerusalén, otro para Sa-
maria, Betel, etc.). Desde esta perspectiva reli-
gioso-nacionalista, la unidad de Yahvé asegura la
identidad de Israel frente a los influjos culturales
externos y funda el sentimiento de pertenencia a
una nación más allá de las vicisitudes históricas.
Para ello, se decreta la centralización del culto en
Jerusalén y la eliminación de los santuarios loca-
les. Se prohibirán también las imágenes de la di-
vinidad y los cultos astrales introducidos por los
asirios (adivinación y evocación de espíritus); para
evitar incluso el sincretismo diplomático, se im-
pedirá al rey tener varias mujeres. Pero el sincre-
tismo había penetrado con fuerza en el ámbito
privado y familiar, donde habían arraigado mu-
chas prácticas adivinatorias y ritos de conjuro de
origen asirio; por ello, con un acusado interés pe-
dagógico, los reformadores elaboraron una apre-
tada síntesis de la concepción teológica que ins-
piraba la reforma. Esa síntesis, dirigida a un padre
de familia y, en último tér mino, a cada israelita,
propone la religiosidad como una vivencia ética
que no se agota en el culto, sino que se prolon-
ga en las obligaciones mor ales que impone la
convivencia diaria; precisamente ahí, en la vida
cotidiana, se oficia el verdadero culto. Esos com-
44 pendios, fáciles de memorizar (cuyo ejemplo pro-
02 Introducción.qxd 14/3/06 15:14 Página 45

totípico es el decálogo), incluían una profesión


de fe en Yahvé o un credo histórico, con el pro-
pósito de vincular la religiosidad individual a la
historia de la intervención liberadora de Yahvé a
favor de su pueblo, uniendo así el destino del in-
dividuo con el del pueblo.
Para hacer frente a los abusos sociales, los re- Reformas
formadores deuteronomistas se plantearon una sociales
intervención en los derechos adquiridos de los
terratenientes y la creación de un sistema de ayu-
das que evitara la caída en la pobreza y la mise-
ria. Por un lado, atacaron la antigua práctica del
derecho de crédito restringiendo radicalmente las
prerrogativas del prestamista (para asegurar al
deudor un mínimo que dejara a salvo su super-
vivencia y su dignidad) e instaurando la ley de
remisión o cancelación pública de las deudas
cada siete años (práctica conocida en el Antiguo
Oriente), mecanismo que, si no abolía por com-
pleto un derecho muy antiguo y riguroso, con-
tribuía a limitar sus devastadoras consecuencias.
Igualmente, se esforzaron en mejorar la situación
de quienes salían de la esclavitud, aunque sin
posibilidades de recuperación económica, ex-
hortando al amo a proveer al esclavo liberado
con una cantidad de dinero en compensación
por su trabajo, al tiempo que recordaban a los
acomodados que ellos fueron esclavos en Egip-
to y que Yahvé los liberó. Probablemente, esta
premisa habría bastado para erradicar la esclavi-
tud de Israel, pero la reforma deuteronómica no
tuvo aún la fuerza necesaria para derogar es-
tructuras tan antiguas como la crediticia y la es-
clavista. En cuanto a los jornaleros, campesinos
que habían perdido sus tierras y se veían obli-
gados a trabajar por días u horas (señal de lo
avanzado de la crisis social en Israel), los refor-
madores dispusieron que se les pagara el salario
antes de ponerse el sol. 45
02 Introducción.qxd 14/3/06 15:14 Página 46

Por otro lado, los reformadores crearon un ver-


dadero tejido de asistencia a quienes se encon-
traban más necesitados, a veces sin recursos y
sin techo (viudas, huérfanos, extranjeros despo-
seídos de sus tierras y sacerdotes de los santua-
rios locales afectados por la propia reforma). Esa
estructura asistencial incluía, en primer lugar, la
prohibición de rebuscar después de la cosecha,
de modo que los frutos que hubieran quedado
en los campos, las viñas y los olivares fueran para
los emigrantes, huérfanos y viudas; en segundo
lugar, las familias deberían abrir sus banquetes
litúrgicos a los pobres de la ciudad, de acuerdo
con el principio de que en presencia de Y ahvé
no cabía división social alguna en Israel; final-
mente, la ofrenda del diezmo se convertía en el
diezmo del pobre y se realizaría cada tres años
en cada localidad.
Fracaso del Este amplio y ambicioso programa de reforma,
proyecto la primera síntesis teológica del yahvismo, cuya
reformista
legislación social ha sido calificada por algunos
como utópica y por otros, la mayoría, como hu-
manista, que se propuso la transformación de un
orden social injusto a partir de la fuerza libera-
dora del yahvismo primitivo, apenas se cumplió.
Tuvo que enfrentarse, por un lado, a la tempra-
na muerte del rey Josías (609 a.C.) y, por otro, a
la resistencia que opuso un amplio grupo de la
mayoría dirigente. El profeta Jeremías, partidario
de los planes de Josías, pudo comprobar enton-
ces cómo, muerto el rey, los antiguos partidarios
de la reforma habían abandonado el proyecto y
se dedicaban únicamente al cuidado de sus in-
tereses personales o de grupo. Lo cual significa-
ba el fracaso del proyecto refor mista. Además,
un nuevo peligro se perfilaba en el horizonte: Je-
remías advirtió con lucidez de la amenaza que
suponía el poderoso Imperio neobabilónico. Na-
46 die lo escuchó y el profeta, convencido de que
02 Introducción.qxd 14/3/06 15:14 Página 47

Yahvé había abandonado definitivamente a su


pueblo, se distanció por completo de un movi-
miento de reforma que se desmoronaba sin re-
medio. Sólo era cuestión de tiempo que Nabu-
codonosor hiciera realidad el vaticinio de Jeremías
destruyendo Jerusalén y deportando a los israe-
litas.
El destierro sacudió brutalmente la conciencia
de los israelitas, que se preguntaban por qué
Dios había abandonado sus promesas. Durante
los años de la deportación se buscaron respues-
tas, se revisó la historia de Israel y tomó cuerpo
un proyecto de reconstrucción nacional cuya
base fue la fallida refor ma de Josías. Todo ello
quedó expresado literariamente en el Deutero-
nomio y en su propuesta de regreso a las fuen-
tes, a las raíces del yahvismo, retrotrayendo al
pasado los acontecimientos del presente, bus-
cando en lo antiguo la solución a los problemas
recientes y poniendo en boca de Moisés –seis o
siete siglos antes– discursos y leyes que corres-
ponden a los autores deuteronómicos.
Este recorrido por la evolución del antiguo Is-
rael pretende ofrecer las claves fundamentales
para adentrarse en la lectura de la siguiente adap-
tación de gran parte del relato veterotestamen-
tario (Pentateuco, Historia deuteronomista –Jo-
sué, Jueces, 1 y 2 Samuel, 1 y 2 Reyes, Crónicas–,
Esdras, Nehemías, 1 y 2 Macabeos). Ni la lejanía
en el tiempo, ni un hipotético desinterés respecto
de la materia narrativa (más o menos conocida),
ni el estilo en ocasiones repetitivo e insistente
(consecuencia unas veces de una for ma de na-
rrar extremadamente prolija y detallada, otras de
la acumulación de tradiciones que se refieren a
los mismos hechos), que en esta edición se ha
procurado evitar, deben distraer al lector de un
texto cuya lectura y conocimiento conducen al
núcleo de la tradición judeocristiana occidental. 47
02 Introducción.qxd 14/3/06 15:14 Página 48

Tal es su riqueza: escritura sagrada para los ju-


díos, palabra de Dios para los cristianos, objeto
de estudio por parte de historiadores, filólogos
y teólogos, y punto de referencia para el traba-
jo de los arqueólogos (interesados en contrastar
las afirmaciones bíblicas con el material hallado
en sus excavaciones). En fin, parece innecesario
indicar que un texto capaz de acoger semejante
patrimonio cultural merece una lectura atenta.

48
03 Bibliografía.qxd 14/3/06 15:15 Página 49

BIBLIOGRAFÍA

ALBERTZ, Rainer, Historia de la r eligión de Israel


en tiempos del Antiguo Testamento, Madrid,
Trotta, 1999.

La obra de Rainer Albertz no es otra histo-


ria de la religión israelita que se añade a
la lista de las ya existentes; su singularidad
radica en que se trata de una historia reli-
giosa y social, donde la evolución de la re-
ligiosidad se explica dentro del panorama
social, político y económico judío, ofre-
ciendo una visión global de los diversos
aspectos del desarrollo histórico judío du-
rante el Antiguo Testamento. Dice el autor
en el prólogo que ha sido intención suya
que, a través de sus páginas, el lector pue-
da revivir los dolores, las alegrías, las lu-
chas, éxitos y fracasos de las sucesivas ge-
neraciones de israelitas.

FINKELSTEIN, Israel y SILBERMAN, Neil Asher, La Bi-


blia desenterrada, Madrid, Siglo XXI de Espa-
ña, 2005. 49
03 Bibliografía.qxd 14/3/06 15:15 Página 50

El subtítulo de esta obra es el siguiente:


Una nueva visión arqueológica del antiguo
Israel y de los orígenes de sus textos sagra-
dos. La gran novedad de esta obra consis-
te en realizar un esfuerzo de reconstruc-
ción del antiguo Israel a partir de los datos
aportados por la arqueología. Epígrafes
como Auge y caída del antiguo Israel o
Judá y la construcción de la historia bíbli-
ca, entre otros, permiten al lector hacerse
una idea de lo ambicioso del proyecto de
Finkelstein y Silberman.

GONZÁLEZ LAMADRID, Antonio, Las tradiciones his-


tóricas de Israel, Estella (Navarra), Verbo Divi-
no, 2000.

El libro de González Lamadrid ofrece al lec-


tor una panorámica actualizada de la inves-
tigación sobre los libros históricos del Anti-
guo Testamento. Escrito con un estilo ágil y
claro, sin tecnicismos que entorpezcan la lec-
tura a alguien no iniciado, el texto se detie-
ne en determinar lo que llama el punto focal
de la historia deuteronomista, el aconteci-
miento central desde cuya perspectiva se re-
visa la historia judía, la destrucción de Jerusa-
lén y el destierro en Babilonia; a continuación,
se analiza el contenido de los libros que con-
tienen este relato deuteronomista (el Deute-
ronomio, Josué, Jueces o los libros de Samuel,
entre otros).

SICRE DÍAZ, José Luis, Introducción al Antiguo Tes-


tamento, Estella (Navarra), Verbo Divino, 1992.

Esta obra es una magnífica introducción al


texto veterotestamentario, que aúna fres-
50 cura expresiva y rigor conceptual, un acen-
03 Bibliografía.qxd 14/3/06 15:15 Página 51

tuado sentido pedagógico y didáctico con


un admirable espíritu crítico. Además de
un recorrido geográfico e histórico por el
antiguo Israel, el autor ofrece una visión
de conjunto del Antiguo Testamento. Se
detiene también en el análisis de los pro-
blemas que ha suscitado la interpretación
de la Biblia a lo lar go de la historia, los
conflictos con otros ámbitos (como el cien-
tífico) y las dificultades y reticencias que
algunos pasajes han producido en la con-
ciencia de muchos creyentes.

TOSAUS ABADÍA, José Pedro, La Biblia como lite-


ratura, Estella (Navarra), Verbo Divino, 1996.

La obra de Tosaus Abadía es una muestra


del creciente interés por acercarse al estu-
dio bíblico desde el punto de vista litera-
rio. Ya en la introducción, el autor se de-
tiene a explicar en qué sentido la Biblia es
literatura y cuáles son las dificultades con
las que se ha encontrado tradicionalmen-
te esta concepción. Otros aspectos que
aborda el autor son la dimensión históri-
co-literaria de la Biblia, incluyendo su lar-
go proceso de elaboración, y la relación
del texto bíblico con las literaturas de su
entorno.

51
03 Bibliografía.qxd 14/3/06 15:15 Página 52
04 Cuentos.qxd 14/3/06 15:15 Página 53

RELATOS BÍBLICOS
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04 Cuentos.qxd 14/3/06 15:15 Página 55

DIOS PROVEERÁ

Al principio creó Dios el cielo y la tierra. Su pa-


labra hizo resplandecer la luz en las tinieblas, creó
una bóveda para dividir las aguas* y separó la tie-
rra de los mares; en la tierra hizo brotar la vegeta-
ción y en la bóveda brillar lumbreras y estrellas
para alumbrar la tierra. Mares y tierra se poblaron
de animales de todas las especies, que crecieron y
se multiplicaron. Después, Dios creó al hombre a
imagen suya, varón y hembra lo creó, lo bendijo
y le encomendó la tarea de reproducirse, llenar la
tierra y dominar sobre todos los seres vivientes. En-
tonces contempló Dios todo lo que había hecho y
le pareció bueno. Concluida su obra, descansó.
Dios formó al hombre del polvo de la tierra y
le confió el jardín que había plantado en Edén,
al Oriente, para que lo cultivara y cuidara de él.
El hombre podía disponer para su alimento de
todos los árboles del jardín excepto del árbol del
conocimiento del bien y del mal.

* Aguas superiores e inferiores, según la cosmología judía.


La bóveda celeste es una especie de dique que retiene las
aguas superiores. 55
04 Cuentos.qxd 14/3/06 15:15 Página 56

Entre los habitantes del jardín se hallaba la ser-


piente. El sagaz reptil, que no tardó en advertir
la presencia humana en el lugar, se dirigió a la
mujer y la invitó a comer de todos los frutos que
producía el jardín, también del árbol prohibido.
Su fruto era especialmente sabroso y agradable,
un manjar que superaba con creces al del resto
de los árboles que crecían allí:
—Ese fruto satisface al paladar y a la inteli-
gencia, proporciona placer y conocimiento; si lo
probáis, tú y el hombre aprenderéis a distinguir
el bien del mal y entonces, sólo entonces, seréis
como dioses.
Con estas palabras la serpiente convenció a la
mujer, y la mujer al hombre, y ambos probaron
el fruto del árbol prohibido. Y entonces se les
abrieron los ojos. Volvieron la mirada sobre sí
mismos, se reconocieron desnudos y sintieron
vergüenza de su condición. Hasta ese momento
no habían experimentado una sensación como
la que ahora los embargaba: se sentían azorados,
ruborizados, culpables, incómodos en su propia
piel, y quisieron ocultarse, desaparecer, huir de
toda presencia. Había una higuera muy cerca de
ellos, tomaron unas hojas y, entrelazándolas, se
apresuraron a cubrir su desnudez.
A partir de ese momento, la presencia de Dios
sólo producía temor en el hombre y la mujer. A
cada paso, los inquietaba la posibilidad de en-
contrarse con él, recelaban de su presencia y no
hallaban recodo del jardín lo suficientemente
apartado donde ocultarse. Constantemente tan-
to sus oídos como su conciencia creían escuchar
sus pisadas, reconocer los pasos de Dios que se
aproximaba.
El temor y la culpa que habían brotado en el
corazón del hombre acabaron delatándolo: ante
Dios reconoció que, tanto él como la mujer, in-
56 citados por la serpiente, habían comido del ár-
04 Cuentos.qxd 14/3/06 15:15 Página 57

bol prohibido. Aquella desobediencia desagradó


a Dios, que no había esperado tal comporta-
miento en el hombre, la obra de sus manos, el
ser que había creado a su imagen y al que había
confiado la creación. Su corazón se volvió con-
tra su propia obra y la maldijo: maldijo a la ser-
piente y la condenó a arrastrarse sobre su vien-
tre todos los días de su vida; maldijo a la mujer
y la condenó a sufrir en su preñez y a parir sus
hijos con dolor; maldijo al hombre, y lo conde-
nó a ganarse el pan con el sudor de su frente
hasta que, al final de sus días, regrese a la tierra
de la que ha salido, porque es polvo, y a él ha-
brá de volver.
El hombre puso a la mujer el nombre de Eva,
y ambos fueron expulsados por Dios del jardín
de Edén.
El hombre se unió a su mujer , Eva, y ella dio
a luz a Caín; después nació Abel. Aquél se de-
dicó a cultivar la tierra y éste se hizo pastor. Los
dos hermanos presentaron a Dios sus ofrendas:
Caín ofreció al Señor los frutos de la tierra, las
primicias de su cosecha, y Abel presentó a los
primogénitos de su rebaño. Dios fijó sus ojos en
la ofrenda de Abel, y Caín se enfureció.
El agricultor no entendía la predilección divi-
na por las cabezas de ganado que había traído
su hermano, y en su corazón empezó a crecer la
envidia. Quienes se dedicaban a cuidar el gana-
do, quienes bebían la leche de ovejas y comían
la carne de las vacas no eran mejores que quie-
nes se afanaban en sembrar y recoger los frutos
de la tierra; aquéllos apacentaban sus rebaños
e iban de un lugar a otro en busca de mejores
pastos mientras que éstos sudaban bajo el sol
arando, sembrando, recogiendo, doblando el es-
pinazo, esperando las lluvias, temiendo las hela-
das… Muchas veces, mientras él se afanaba en
el campo, Abel se hallaba tumbado a la sombra, 57
04 Cuentos.qxd 14/3/06 15:15 Página 58

descansando, esperando el momento de regre-


sar con el ganado. Y ahora Dios parecía haber
olvidado todo esto: sus ojos no habían visto el
sudor de la frente de Caín, sus manos encalleci-
das, endurecidas y renegridas, su piel tostada y
requemada en tantas jornadas de trabajo. En su
lugar, prefería la palidez del rostro de Abel y la
blandura de sus manos, sólo acostumbradas al
reposo y al abrigo.
En su corazón, Caín reprochaba a Dios una y
otra vez la elección de la ofrenda de Abel. Al mis-
mo tiempo, crecía el recelo hacia su her mano.
Llegó un día en que no hubo más reproches, ni
más recelo; su lugar lo ocupó la envidia, y ésta
irrumpió con tal fuerza en el corazón de Caín
que se apoderó de él, se adueñó de sus senti-
mientos, agitó sus pasiones y acabó gobernando
su persona. A partir de entonces sólo escuchó la
voz enfebrecida que hablaba en su interior, la
misma que lo empujó un día a abandonar sus ta-
reas y citarse con su hermano en el campo.
Acudió al encuentro nervioso y descompues-
to, presa de la excitación. Su corazón agitado y
exaltado sólo encontró desahogo cuando vio a
Abel a sus pies, agonizante. T oda la rabia con-
tenida, la envidia convertida en odio, se disipó
al contacto con la sangre. Y el remordimiento ha-
lló acomodo en el corazón de Caín.
El peso de su acción, el olor de la sangre, el
recuerdo de su hermano se le hicieron desde en-
tonces insoportables. Caín sabía que, antes o des-
pués, tendría que responder ante Dios de lo su-
cedido, y que quien había preferido la ofrenda
del pastor a la suya, lo haría responsable de la
muerte de Abel. Más pronto o más tarde, se en-
contraría con Dios y debería responder a una
pregunta ineludible, de la que no había huida
posible. Aunque quisiera huir de sí mismo, ce-
58 rrar los ojos, borrar de su memoria el pasado, ol-
04 Cuentos.qxd 14/3/06 15:15 Página 59

vidar el olor de la sangre, jamás podría huir de


Dios.
Y Dios se presentó, llamó a Caín y le pregun-
tó por Abel:
—¿Acaso soy yo el guardián de mi her mano?
–replicó Caín, molesto, esquivo, huidizo, descu-
briendo en su respuesta la inquietud, un remor-
dimiento que lo delataba a pesar de sus esfuer-
zos por ocultarlo.
Al fin, no pudo esconderse más, ni de Dios ni
de sí mismo. La voz de la sangre alertó a Dios,
conoció la acción de Caín y lo condenó por ella;
sobre él cayeron las maldiciones divinas: será
maldito por la tierra que cultivaba, que en lo su-
cesivo le negará el fruto de su trabajo, sembrará
pero no recolectará, la semilla que plante se pu-
drirá en la mata; no habrá hogar para él en nin-
gún sitio: marcado por Dios, vivirá siempre como
un extranjero en tierra extraña. Ni siquiera la
muerte le servirá de descanso. Y Caín se fue a
vivir al este de Edén.
Caín no fue el único en sentir cómo crecían en
su corazón la envidia y el odio. Los hombres em-
pezaron a multiplicarse y extenderse por la faz
de la Tierra. Con ellos creció la maldad y Dios
se arrepintió de haber creado unos seres cuya
conducta perversa le inspiraba repugnancia. De-
cidido a cambiar ese estado de corrupción, se
dispuso a destruir todo lo que había creado:
hombres, animales, reptiles y aves del cielo. Sin
embargo, Dios se fijó también en un hombre jus-
to y honrado, Noé, padre de tres hijos: Sem, Cam
y Jafet.
La presencia de la maldad, tan extendida por
el mundo, contrariaba los propósitos de Dios: no
era esto lo que él había proyectado. Decidida-
mente, este mundo no le gustaba; era preciso
volver a empezar, recrear desde el principio al
hombre y al resto de los seres vivos. ¿Qué había 59
04 Cuentos.qxd 14/3/06 15:15 Página 60

ocurrido para que su plan hubiera fracasado de


aquella forma? ¿Acaso no había creado al hom-
bre a su imagen y le había confiado la creación
para que cuidara de ella? ¿No le había permitido
crecer y multiplicarse sobre la Tierra? ¿No había
deseado tener con él una relación de amistad?
Ahora, sin embargo, tenía que reconocer que el
corazón humano se parece a un terreno abonado
en el que echa raíces todo tipo de semillas y don-
de no basta con arrancar la mala hierba, sino que
hay que arar de nuevo y resembrar. Y Dios se de-
cidió por lo último: plantar semillas nuevas, que
crecieran y dieran fruto bueno y abundante.
Determinado a exterminar a los hombres y al
resto de seres vivos de la superficie de la Tierra,
porque estaba convencido de que los hombres
eran la causa de la maldad que se había exten-
dido por el mundo, envió Dios un diluvio puri-
ficador. Pero antes encomendó a Noé, el justo,
la construcción de un arca en la que iban a en-
trar él y sus tres hijos, su mujer y sus nueras, así
como una pareja de cada especie animal. Sólo el
arca y sus habitantes quedarán a salvo del agua
purificadora y la destrucción que Dios enviará
sobre la Tierra; sólo Noé con su familia, el justo
en medio de aquella generación inicua, sobrevi-
virá a la muerte que se avecina.
Tenía Noé seiscientos años cuando el diluvio
inundó la Tierra: ese día reventaron las fuentes
del océano y se abrieron las compuertas del cie-
lo*, y estuvo lloviendo sobre la Tierra cuarenta
días y cuarenta noches. Ese mismo día entraron
en el arca Noé y sus hijos, su mujer, las mujeres
de sus hijos, y las parejas de animales, macho y
hembra de cada especie. Y el Señor cerró la
puerta por fuera.

* La bóveda celeste cede dejando la Tierra a merced de las


60 aguas y produciendo el caos.
04 Cuentos.qxd 14/3/06 15:15 Página 61

Las aguas cubrieron la Tierra, más arriba de los


montes más altos, y perecieron todos los seres
vivos que habitaban en suelo firme. Cuando por
fin se cerraron las fuentes del abismo y las com-
puertas celestes, cesó la lluvia y retrocedieron las
aguas. El primer día del décimo mes del diluvio
asomaron de nuevo las cumbres de los montes.
Entonces Noé soltó una paloma para ver si ha-
bían menguado las aguas de la superficie terres-
tre y regresó con un ramo verde de olivo en el
pico; cuando Noé volvió a soltar la paloma, ya
no volvió.
El año seiscientos uno de la vida de Noé, el
primer día del primer mes, desaparecieron las
aguas sobre la Tierra. Cuando quedó completa-
mente seca, Dios mandó a Noé que saliese del
arca; con él salieron su mujer, sus hijos y las mu-
jeres de sus hijos, y los animales de toda espe-
cie que lo habían acompañado. A todos les or-
denó Dios habitar la Tierra y multiplicarse.
Noé construyó un altar a Yahvé y sacrificó ga-
nado y aves. El aroma del sacrificio llegó a la pre-
sencia de Yahvé, quien, a pesar de saber que la
maldad habitaba en el corazón humano, decidió
no volver a maldecir el suelo ni a herir a ser vi-
viente alguno.
Dios bendijo a Noé y a sus hijos, y les confió
la creación. Su presencia infundirá temor a to-
dos los animales de la Tierra, que en adelante
quedarán a su disposición y les servirán de ali-
mento. Sólo les prohibió beber la sangre, el alma
de otro hombre, pues Dios la reclamará a todo
animal y hombre, en especial a aquel que la de-
rrame.
Dios estableció una alianza con Noé, sus hijos
y su futura descendencia, así como con todo ser
viviente que los acompañe. Yahvé prometió que
las aguas del diluvio no volverían a destruir la
Tierra. Y puso como señal de su alianza con la 61
04 Cuentos.qxd 14/3/06 15:15 Página 62

Tierra el arco iris: cuando este arco esté en las


nubes, Dios lo verá y recordará su alianza per-
petua con todo ser viviente sobre la Tierra.
La descendencia de los hijos de Noé repobló
la Tierra después del diluvio. Aunque repartidos
por la superficie terrestre, todos hablaban un mis-
mo lenguaje y utilizaban las mismas palabras.
La humanidad se trasladó desde Oriente y se
estableció en Babilonia. Allí, sintiéndose fuertes
y seguros, confiando en sus posibilidades como
nunca antes lo habían hecho, imaginando lo que
podrían hacer si dieran rienda suelta a sus capa-
cidades, acordaron construir una ciudad y una
torre cuya cúspide alcanzara los cielos:
—Hagámonos famosos, por si nos dispersamos
por la Tierra –se dijeron–, demostremos lo que
pueden nuestros brazos y nuestra inteligencia, la
fuerza y el pensamiento trabajando juntos.
Cuando Yahvé bajó a ver la ciudad que habían
edificado los humanos, encontró que todos for-
maban un solo pueblo con un mismo lenguaje,
y comprendió que nada de lo que se propusie-
ran les sería imposible. Se decidió entonces Yah-
vé a confundir su lenguaje, de manera que na-
die entendiera a su prójimo. Y los dispersó Yahvé
por la faz de la Tierra, con lo que dejaron de
construir la ciudad. Por eso se la llamó Babel,
porque allí confundió Yahvé su lengua y los dis-
persó*.

* El texto bíblico, siguiendo a los relatos mesopotámicos,


se remonta a los orígenes, a un tiempo mítico, previo a la
historia, en el que Dios funda el universo, trae al ser hu-
mano a la existencia, sienta las bases de su relación con él
y le asigna una función en el mundo. Ese relato introduce
también la reflexión sobre la libertad, la aparición del mal
en el mundo y sus consecuencias o la naturaleza del cora-
zón humano. De inmediato, el autor abandona el ámbito
intemporal, en cuanto da la primera indicación histórica, el
62 lugar de procedencia de Abrahán.
04 Cuentos.qxd 14/3/06 15:15 Página 63

Abram, pastor nómada de Ur de los caldeos 1, 1


Ur de los
caldeos:
recibió la llamada de Dios: antigua ciudad
—Sal de tu tierra y de la casa de tus padres, y mesopotámica
ponte en camino hacia la tierra que te mostraré; al sur del río
Éufrates, en el
haré de ti una nación grande y te bendeciré*. actual Irak. Los
Aquella llamada produjo desconcierto en caldeos, pueblo
Abram, pero la sorpresa fue mayor al escuchar semita de
la promesa de convertirse en el padre de una lengua aramea,
se asentaron en
gran nación. Un pastor caldeo, acostumbrado a ella
la vida nómada al frente de un clan familiar, de- aproximadamente
bía abandonar su tierra y ponerse en camino ha- hacia el año
900 a.C., por lo
cia un lugar desconocido. No era momento de que su mención
hacer preguntas, de interesarse por el destino, aquí,
las dificultades del viaje, cómo alimentar a su clan deliberadamente
anacrónica,
durante el camino o el propósito de aquella im- remite al
prevista emigración; se trataba de confiar en la periodo de
palabra de quien lo llamaba y le prometía una dominio
neobabilónico
descendencia como jamás había pensado. Y en Israel y
Abram, como buen nómada, confiaba en su Dios refleja la
protector, el que lo cuidaba en sus desplaza- intención del
autor de
mientos y procuraba sin descanso la fecundidad prestigiar al
de sus rebaños. pueblo
Inopinadamente, la vida de Abram cambiaba escogiendo una
de manera radical: la irrupción de Dios en su ciudad famosa
como patria de
existencia lo había sumido en la perplejidad y el su antepasado.
desconcierto. De pronto, era preciso recoger las
tiendas y emprender la marcha, esta vez sin la
necesidad de buscar pastos, sin un destino co-
nocido, sin otra seguridad que la palabra divina,
sin otro horizonte que una promesa que se le
antojaba tan lejana como inalcanzable. No, el sen-
tido común le decía que no era aconsejable em-

* Comienzan los relatos de los patriarcas, grupos de pasto-


res nómadas o seminómadas (algunos en proceso de se-
dentarización) que recorren la Media luna fértil. Las narra-
ciones de lo que sucede a cada uno de ellos se encuentran
unidas por un poderoso motivo argumental, el cumpli-
miento de las promesas que Yahvé realiza a Abrahán. 63
04 Cuentos.qxd 14/3/06 15:15 Página 64

prender aquella aventura, exponerse a sí mismo


y a toda su familia a la incertidumbre de lo des-
2
Canaán: la conocido, poner en peligro la vida de los suyos,
tierra
prometida, el futuro del clan… Sin embar go, el caldeo no
llamada pudo resistir a la palabra que lo llamaba: ¡tal era
después su fuerza! Tan poderosa y persuasiva era que la
Palestina,
situada en el respuesta se convirtió para él en una necesidad
extremo oriental apremiante, una obligación que no admitía de-
del mora, una exigencia inaplazable.
Mediterráneo y
al oeste del río
Abram no esperó más. No consultó a los su-
Jordán. En la yos, no hizo preguntas, ni preparativos, ni pla-
actualidad la nes. Confió su suerte a la palabra recibida y, mo-
ocupan el
Estado de Israel
vido por la promesa de ser el padre de un gran
y los Territorios pueblo, partió llevando consigo a su mujer , Sa-
Autónomos ray, a su sobrino Lot, sus posesiones y los escla-
palestinos. vos que tenía.
3
Siquem: Al llegar a Canaán2, en el lugar santo de Siquem3,
ciudad cuyo junto a una encina, Dios prometió a Abram que
territorio su descendencia ocuparía aquella tierra. Él eri-
corresponderá a
los gió un altar al Señor y siguió su camino hasta el
descendientes Negueb4. Entonces el hambre se apoderó de la
de José, Efraín y región y Abram tuvo que emigrar a Egipto.
Manasés.
Enclavada en el En aquel país, la belleza de Saray no pasó de-
centro de sapercibida para el faraón. Discreta y retraída, a
Palestina, será la mujer de Abram no le hacía falta esforzarse
un lugar
adecuado para para pasar inadvertida; sin proponérselo, tendía
la reunión de a la soledad y al apartamiento. Y es que no ha-
las tribus. bía momento del día en que Saray lograse aislar
4
Negueb:
su pensamiento de la tragedia íntima que la
región desértica acompañaba desde hacía muchos años: era es-
al sur de Israel, téril, un drama con el que convivía en silencio y
conocida en el del que apenas hablaba con nadie, ni siquiera
relato bíblico
como «desierto con Abram, quien, con el paso de los años, ha-
de Sin». Cades- bía aceptado como algo inevitable la situación
Barnea y de su mujer.
Berseba son sus
localidades más Solía verse a Saray ensimismada, cabizbaja, re-
importantes. signada, preguntándose por qué Dios la había
marcado de aquella manera tan cruel, precisa-
64 mente a ella, sobre quien pesaba la responsabi-
04 Cuentos.qxd 14/3/06 15:15 Página 65

lidad de dar hijos a Abram, herederos al patriar-


ca. Dios podía haber escogido a otra mujer, a
cualquiera de sus esclavas, pero no, incompren-
siblemente había sido ella la elegida. Y ahora se
encontraba tan hermosa como estéril, tan bella
como infecunda.
En Egipto, Abram presentó a Saray al faraón
como su hermana, temeroso de que si declara-
ba que era su mujer, el faraón lo matara para
quedarse con ella. Confiado, el faraón la tomó
por esposa y colmó de regalos a Abram.
Durante el tiempo que pasó en Egipto, Abram
aceptó la nueva situación: su mujer había pasa-
do a ser mujer del faraón al tiempo que sus bie-
nes crecían notablemente (acumuló oro, plata y
abundantes ganados). Pero Dios rechazó aquel
estado de cosas: a causa de Saray, castigó al fa-
raón y a su familia. En cuanto el rey de Egipto
comprendió lo que ocurría, se enfureció con 5
valle del
Abram y lo expulsó del país, a él y a todos los Jordán hasta
suyos. Sodoma:
territorio al sur
De vuelta al Negueb surgieron disputas entre del mar Muerto,
los pastores de Abram y de Lot. Ambos habían como Gomorra,
acumulado bienes y convinieron en que era me- mencionada
después.
jor separarse para evitar discordias. Así, Lot
plantó sus tiendas desde el valle del Jordán has- 6
Hebrón:
ta Sodoma 5, la ciudad que pecaba gravemente antigua ciudad
situada al sur
contra el Señor, y Abram se estableció en la tie- de Jerusalén,
rra de Canaán, en Hebrón 6. Cuando Abram se donde se halla
hubo separado de Lot, Dios le pidió que ex- la llamada
«Cueva de los
tendiera la vista: toda la tierra que contempla- Patriarcas»,
ba sería suya y de su descendencia para siem- donde, según la
pre. Esa descendencia sería como el polvo de tradición,
fueron
la tierra, si pudiera calcularlo, como las estre- enterrados
llas del cielo, si pudiera sumarlas, como la are- Abrahán y su
na de la playa, si fuera capaz de contarla. Y familia.
Dios añadió:
—Yo soy Yahvé; yo te saqué de Ur de los cal-
deos para darte esta tierra, a ti y a tu descen- 65
04 Cuentos.qxd 14/3/06 15:15 Página 66

7
río de Egipto: dencia, desde el río de Egipto7 hasta el río gran-
el Nilo, el río
más largo del
de, el Éufrates8.
mundo, que se Aquel día firmó Yahvé una alianza con Abram.
extiende desde Dios le pidió una novilla, una cabra y un car-
África
centroriental nero de tres años, una tórtola y un pichón;
hasta el Abram partió los animales, excepto los pájaros,
Mediterráneo, y puso cada mitad enfrente de la otra. Cuando
cuna de la
antigua se ponía el sol, Yahvé reveló a Abram que a él
civilización le estaba reservada una buena ancianidad, pero
egipcia. sus descendientes serán forasteros en tierra ex-
8
río Éufrates: traña; esclavizados y sometidos durante cua-
nace en trocientos años, podrán regresar a su tierra
Turquía central cuando Dios juzgue a la nación opresora. A la
y atraviesa Siria
e Irak antes de puesta del sol, una antorcha de fuego pasó en-
desembocar en tre los animales sangrantes, sellando el pacto
el golfo Pérsico. de Yahvé.
En su cuenca,
junto con la del El tiempo pasaba y, a pesar de las promesas
río Tigris recibidas, Abram seguía sin tener descendencia
(ambos y empezaba a preguntarse con inquietud quién
discurren en
paralelo en sería en el futuro el heredero de su casa. Sin un
Irak) se descendiente, sus bienes podrían ir a parar a ma-
desarrollaron nos de cualquiera de sus criados. Este temor ator-
florecientes
civilizaciones mentaba también a Saray y hacía más doloroso
antiguas como su sufrimiento. Era imprescindible dar un hijo a
Sumeria, Asiria Abram, y si a ella le había sido negado ese de-
y Babilonia.
seo, otra mujer debía ocupar su lugar; de inme-
diato, Saray propuso a Abram tener hijos de Agar,
su esclava egipcia.
En cuanto Agar se vio encinta, comenzó a mi-
rar a Saray con desdén. La mujer de Abram no
pudo soportar el menosprecio de su esclava y la
maltrató, provocando la huida de la egipcia. El
ángel de Yahvé la encontró junto a una fuente,
la llamó y la envió de vuelta con su señora; el
ángel le dijo que daría a luz un hijo, al que pon-
dría por nombre Ismael, que significa Dios ha es-
cuchado; pero advirtió: «Plantará su tienda en-
66 frente de todos sus her manos». Tenía Abram
04 Cuentos.qxd 14/3/06 15:15 Página 67

ochenta y seis años cuando Agar dio a luz a su


hijo Ismael*.
A los noventa y nueve años, Y ahvé se apare-
ció de nuevo a Abram y le dijo:
—Anda en mi presencia y sé per fecto. Yo es-
tablezco mi alianza entre nosotros dos: te haré
fecundo y serás padre de una muchedumbre de
pueblos. No te llamarás más Abram, sino Abra-
hán.
Y Dios selló su alianza con Abrahán:
—Te daré a ti y a tu posteridad la tierra en que
caminas como peregrino, el país de Canaán, en
posesión perpetua, y yo seré el Dios de los tuyos.
Abrahán y su descendencia guardarán esta
alianza de generación en generación; y como se-
ñal de este pacto, todo varón, nacido en casa o
comprado a un extraño, será circuncidado a los
ocho días de nacer; así, con la circuncisión del
prepucio, este acuerdo quedará grabado en la
carne como alianza eterna9. 9
circuncisión:
Y dijo Dios a Abrahán: practicada por
judíos y
—Tu mujer, Saray, se llamará desde ahora Sara. musulmanes, es
La bendeciré, dará a luz un hijo y de su vientre un antiguo rito
saldrán naciones. tribal que
acreditaba la
Al escuchar estas palabras Abrahán no pudo preparación
sofocar la risa, sorprendido, preguntándose cómo para el
podría tener descendencia un hombre de cien matrimonio, y
consiste en la
años o concebir Sara a sus noventa años; mien- extirpación de
tras él se lamentaba de que su hijo Ismael no vi- una parte o la
viera en la presencia de Dios, Yahvé insistió en totalidad del
prepucio del
que Sara daría a luz un hijo, al que Abrahán lla- varón.
maría Isaac, y con él, y no con Ismael, Yahvé es-
tablecería su alianza. Aquel día se circuncidaron

* Los musulmanes se consideran descendientes de Ismael,


el primer hijo de Abrahán, antepasado de las tribus nóma-
das del desierto de Arabia. Según ellos, Agar habría sido la
verdadera esposa de Abrahán e Ismael su hijo predilecto,
en lugar de Isaac. 67
04 Cuentos.qxd 14/3/06 15:15 Página 68

Abrahán, Ismael y todos los varones de su casa,


nacidos en ella o comprados a extraños.
Dios, que había prometido a Abrahán hacerlo
padre de un gran pueblo, un pueblo grande y
poderoso, había decidido acercarse a Sodoma y
Gomorra para ver si era cierto que vivían en el
pecado y la injusticia. Conoció Abrahán los pla-
nes de Yahvé y quiso prevenirlo del peligro de
castigar a los justos por las culpas de los malva-
dos. Y Yahvé lo escuchó:
—Si encuentro en la ciudad a cincuenta justos
perdonaré a todo el lugar por ellos.
Abrahán quiso entonces regatear con Dios,
apeló a su justicia, a la salvación del inocente; y
Yahvé lo escuchó:
—Tampoco destruiré la ciudad si encuentro en
ella diez justos.
Al llegar a Sodoma, dos ángeles hallaron a Lot
sentado a la puerta de la ciudad. Éste, al verlos,
los invitó a hospedarse en su casa y les preparó
comida. Sin embargo, su presencia no fue bien re-
cibida por los sodomitas, que cercaron la vivien-
da y exigieron a Lot la entrega de los recién lle-
gados. T emiendo por sus huéspedes, ofreció
entregar a sus propias hijas, pero los sodomitas se
irritaron aún más y la emprendieron con Lot. Vien-
do acosado a su anfitrión, los ángeles empujaron
a Lot hacia el interior de la casa y cerraron la puer-
ta. Una vez dentro, lo apremiaron para que saca-
ra del lugar a su familia y a sus amigos, porque
Dios los había enviado a destruir la ciudad.
Al despuntar el día, los mensajeros divinos sa-
caron de la ciudad a Lot, su mujer y sus dos hi-
jas (sus yernos no habían tomado en serio las pa-
10
Soar: antigua labras de los ángeles), conminándolo a escapar
ciudad al
sudoeste del y a no mirar atrás para conservar la vida. Así,
mar Muerto. cuando Lot entraba en Soar 10 (ciudad que, en
consideración a él, no sería arrasada), Yahvé hizo
68 llover azufre y fuego sobre Sodoma y Gomorra,
04 Cuentos.qxd 14/3/06 15:15 Página 69

destruyéndolas con todos sus habitantes y su ve-


getación. La mujer de Lot, sin embar go, desoyó
el consejo de los ángeles, volvió la vista atrás y
quedó convertida en estatua de sal.
Así, cuando Dios destruyó las ciudades de So-
doma y Gomorra, se acordó de Abrahán y puso
a Lot a salvo de la catástrofe.
Según lo prometido, Yahvé visitó a Sara, que
concibió en su vejez y dio a luz un hijo. Abra-
hán lo llamó Isaac y lo circuncidó a los ocho días.
Tenía Abrahán cien años cuando nació su hijo
Isaac. Pero, pasado el tiempo, quiso Dios poner
a prueba la fe de Abrahán y le ordenó que le
ofreciera en sacrificio precisamente a Isaac, al
hijo de la promesa. De nuevo el desconcierto, la
confusión, la perplejidad, como en los días ya le-
janos en que tuvo que abandonar su tierra y po-
nerse en marcha sin rumbo conocido, al igual
que cuando escuchó a Dios decirle que sería pa-
dre de un gran pueblo, o cuando la palabra di-
vina le anunció que Sara concebiría en su vejez.
Con todo, ahora conocía que la tierra a la que
Dios lo había enviado era Canaán y sus ojos ha-
bían visto concebir a Sara y dar a luz un hijo,
Isaac; las promesas recibidas empezaban poco a
poco a cumplirse: la palabra divina había toma-
do forma en el cuerpo de aquel niño, hijo suyo,
de su car ne y su sangre, el auténtico descen-
diente, llamado a heredar sus bienes y a dirigir
el clan en el futuro.
Sin embargo, Dios le pedía ahora que le en-
tregara a Isaac en sacrificio. Jamás la palabra di-
vina había sido tan despiadada con el fiel caldeo,
jamás lo había abrumado y abatido como en esta
ocasión, pues él sabía perfectamente que nunca
había podido resistirse a ella. No podía ser ver-
dad lo que estaba sucediendo: todo parecía una
burla cruel y caprichosa –hacer concebir a la es-
téril para arrebatarle después el fruto de sus en- 69
04 Cuentos.qxd 14/3/06 15:15 Página 70

trañas–, el acto de un ser perverso e implacable,


desprovisto de sentimientos, que se divierte ma-
nejando a los hombres como marionetas, mo-
viendo sus hilos caprichosa y arbitrariamente. A
pesar de todo, la fe de Abrahán en Y ahvé se
mantenía viva. Hasta ahora había ofrecido a Dios
el sacrificio de animales, y éste jamás había pe-
dido la inmolación de seres humanos, y menos
aún de niños.
Una vez más, Abrahán no hizo consultas ni
cálculos. Una mañana se levantó muy temprano,
partió leña, aparejó su asno y se encaminó al lu-
gar que Dios le había indicado, acompañado de
dos criados y de Isaac. Cuando divisó el lugar, al
tercer día de camino, dejó a los criados con el
asno y se dirigió con su hijo al monte. Abrahán
llevaba el fuego y el cuchillo e Isaac cargaba con
la leña para el holocausto; pero el joven echaba
en falta algo más y preguntó a su padre por el
cordero para el sacrificio:
—Dios proveerá, hijo –respondió Abrahán.
La enigmática respuesta de su padre no des-
pejó las dudas del joven Isaac. Para el mucha-
cho, acostumbrado a presenciar los holocaustos
que ofrecía su padre en compañía de su fami-
lia, todas las circunstancias que rodeaban aquel
viaje resultaban muy extrañas: la partida preci-
pitada, la poca gente que los acompañaba (y
que, por orden de su padre, no asistiría al sa-
crificio), el alejado lugar escogido para la inmo-
lación, la ausencia de la víctima… Con todo, ha-
bía algo más que no había pasado desapercibido
al atento y observador Isaac: el nerviosismo cre-
ciente de su padre, la excitación que mostraba
a medida que se aproximaba el momento del
holocausto.
Cuando llegaron al lugar señalado por Dios,
Isaac vio cómo su padre edificaba un altar y co-
70 locaba en él la leña, mientras que la víctima se-
04 Cuentos.qxd 14/3/06 15:31 Página 71

El sacrificio de Isaac, obra de Caravaggio (1603). El pintor barroco refleja la angustia


y desesperación en el rostro del joven Isaac.

guía sin aparecer. Cuando el muchacho sintió las


manos de su padre apretando sus brazos con
fuerza desmedida comprendió de inmediato
quién era la víctima; pero ya era tarde: una cuer-
da rodeaba e inmovilizaba su cuerpo, dejándo-
lo sin capacidad de reacción, al tiempo que su
padre, fuera de sí, con movimientos nerviosos y
apresurados, se afanaba en situarlo sobre la leña.
Retorciéndose y gritando desesperado, Isaac vio
con espanto cómo su padre empuñaba el cuchi-
llo y se disponía a consumar el sacrificio. Pero
entonces, cuando la tragedia parecía inevitable,
el brazo amenazante en lo alto, la sangre a punto
de correr, un ángel de Yahvé detuvo a Abrahán
y le ordenó que no hiciera daño al niño. Aquel
hombre había demostrado temer a Dios, a quien
no había negado ni a su único hijo. Por ello, aña-
dió el ángel, será colmado de bendiciones y verá 71
04 Cuentos.qxd 14/3/06 15:15 Página 72

acrecentada su descendencia como las estrellas


del cielo y como la arena de las playas. Su des-
cendencia dominará a sus enemigos, y gracias a
ella serán bendecidas todas las naciones de la
Tierra.
En el altar que había edificado inmoló Abrahán
un cordero que halló trabado por los cuernos en
un zarzal, y llamó a aquel lugar Yahvé provee.
Viendo asegurada su descendencia en la per-
sona de Isaac, Abrahán se sintió bendecido por
Dios. Sin embargo, se encontraba ya entrado en
años y le preocupaba especialmente quién iba a
ser la mujer de su hijo. No debía ser una cana-
nea, sino una mujer de su patria. Por ello, esco-
gió a su siervo más viejo, le tomó juramento y lo
envió a su tierra a buscar mujer para Isaac. Si la
elegida no aceptara venir con él a Canaán, el sier-
vo quedaría libre de su compromiso.
11
Jarán: El siervo se puso en camino hacia Jarán 11, en
también Harán la alta Mesopotamia, donde vivía Najor, el her-
o Harrán,
antiquísima mano de Abrahán; al llegar junto a un pozo, fue-
ciudad al ra de la ciudad, se detuvo, arrodilló a los came-
noroeste de llos que había traído y esperó a las aguadoras.
Mesopotamia;
rica y fértil, Entonces se dirigió a Yahvé pidiéndole ayuda
destacaba por para cumplir lo que su señor le había encomen-
su comercio, al dado. La muchacha a quien pidiera beber de su
encontrarse
situada en el
cántaro y respondiera: «Bebe, y voy también a
punto de abrevar tus camellos», ésa sería la designada para
convergencia de Isaac.
las dos vías que, Apareció entonces Rebeca, nieta de Najor, con
siguiendo las
márgenes del su cántaro al hombro. La joven era her mosa y
Tigris y el virgen; cuando hubo llenado su cántaro, el sier-
Éufrates, iban vo corrió a su encuentro y le pidió agua. Ella le
de Babilonia al
golfo Pérsico. dio de beber y añadió:
—Sacaré agua para que beban tus camellos
hasta que se sacien.
Y dirigiéndose al pozo sacó agua para todos
los camellos. El siervo puso entonces a la joven
72 un anillo de oro en la nariz y un par de brazale-
04 Cuentos.qxd 14/3/06 15:15 Página 73

tes en sus brazos. Enterado al fin de quién era el


padre de la muchacha, se postró y adoró a Yah-
vé, que no había retirado su favor y su lealtad a
Abrahán, y a él lo había conducido a la casa del
hermano de su señor.
Labán, el hermano de Rebeca, acogió en su casa
al siervo de Abrahán, desaparejó y alimentó a los
camellos, a él y a sus acompañantes les dio agua
para lavarse los pies 12 y les sirvió de comer. An- 12
agua para
tes de probar bocado, sin embargo, el recién lle- lavarse los
pies: signo de
gado se dio a conocer como siervo de Abrahán, hospitalidad,
refirió las bendiciones con las que Yahvé había norma básica
colmado a su señor y cómo Sara había dado a luz de la vida en el
desierto. Otras
en su vejez. Contó también que Abrahán le había son la venganza
hecho jurar que tomaría mujer para su hijo de la colectiva y la
casa de su padre y de su parentela, y no de entre pureza de
sangre.
las hijas de los cananeos, donde ahora residía; por
su parte, quedaría libre del juramento cuando se
encontrara entre los parientes de su señor y si no
le dieran a la mujer elegida; finalmente, relató que
se había dirigido a Yahvé, junto a la fuente, pi-
diéndole éxito para su empresa, y que reconoció
en Rebeca a la mujer elegida por Yahvé.
Betuel, el padre de la joven, y Labán compren-
dieron que era Yahvé quien intervenía en aque-
lla decisión y entregaron a Rebeca para que fue-
ra mujer del hijo de Abrahán. El siervo, entonces,
ofreció regalos a la muchacha, a su hermano y a
su madre. A la mañana siguiente, Rebeca se des-
pidió de su familia y se puso en marcha junto al
siervo de Abrahán y sus acompañantes.
Una tarde, mientras paseaba por el campo,
Isaac divisó unos camellos que se aproximaban.
Rebeca también vio a un hombre que se acerca-
ba a su encuentro y al saber que era Isaac se cu-
brió con el velo.
Isaac introdujo a Rebeca en su tienda y la tomó
como su mujer. Así se consoló por la pérdida de
su madre. 73
04 Cuentos.qxd 14/3/06 15:15 Página 74

Abrahán vivió ciento setenta y cinco años. Mu-


rió en buena ancianidad, lleno de días, y fue a
juntarse con su pueblo. Sus hijos Isaac e Ismael
lo sepultaron junto a su mujer Sara.
Isaac tenía cuarenta años cuando tomó por mu-
jer a Rebeca, que era estéril. Por ello Isaac su-
plicó a Yahvé en favor de su mujer, y Rebeca
concibió. Sin embargo, los hijos chocaban entre
sí en el seno y Rebeca acudió a consultar a Yah-
vé. Dios le dijo:
—Dos pueblos hay en tu vientre, dos naciones
que se dividirán al salir de tus entrañas. La una
oprimirá a la otra; el mayor servirá al pequeño.
Cuando se le cumplieron los días, Rebeca dio
a luz dos mellizos: el primero en salir fue un niño
rojizo y velludo, al que llamaron Esaú, y agarra-
do al talón de Esaú salió Jacob. Esaú se convir-
tió en un experto cazador, mientras que Jacob
pasaba mucho tiempo en la tienda. Isaac quería
a Esaú, y Rebeca apreciaba a Jacob.
El paso del tiempo aumentó las diferencias y
la rivalidad entre los dos jóvenes: el velludo ca-
zador empleaba la mayor parte de su tiempo en
correrías; sus constantes idas y venidas apenas
le permitían hacer compañía a sus padres, justo lo
contrario que su imberbe her mano. Jacob, a la
vez que se afanaba junto a su madre cuidando
los rebaños o preparando comida, no dejaba de
pensar que alguien que sólo se preocupaba de ca-
zar, en cuya cabeza no entraba la atención a los
asuntos de la familia, no era el más indicado para
dirigir el clan cuando su padre faltara. Esaú no
estaba dotado de habilidad ni de tacto; era ás-
pero, rudo, primario. Carecía de astucia y le fal-
taba conocimiento en los negocios.
Jacob estaba seguro de que, en realidad, a su
hermano le importaba poco la primogenitura,
pero sabía también que Isaac miraba con bue-
74 nos ojos a Esaú, y de ninguna manera permitiría
04 Cuentos.qxd 14/3/06 15:15 Página 75

que le fueran arrebatados los derechos que le co-


rrespondían como primogénito13. En consecuen- 13
primogenitura:
cia, si quería ser en el futuro el guía y patriarca el primer hijo
varón heredaba
del clan no debía contar con su padre, ni siquiera los bienes y
con su madre, aunque ella aprobaría sus planes propiedades del
si los conociera. Era preciso actuar por su cuen- padre de
familia, para
ta, con sagacidad, abordar a Esaú cuando menos mantener
lo esperara, aprovechar los momentos en que el íntegra la
hambre –aquel apetito insaciable–, el cansancio herencia y
evitar su
o el sueño nublaran su entendimiento impidién- fragmentación.
dole comprender el alcance de cualquier asunto
que se le planteara.
La ocasión se presentó cierto día en que Jacob
había preparado un guiso de lentejas. Entonces
se presentó Esaú, que volvía del campo cansado
y sudoroso, y le pidió de comer:
—Dame a probar de eso rojo porque estoy
agotado.
Jacob no esperó un instante. Con el plato en
las manos le propuso que le vendiera la primo-
genitura, a lo que Esaú accedió sin apartar la vis-
ta de aquellas lentejas humeantes:
—Estoy agotado, ¿qué me importa la primoge-
nitura?
Aquel día, mediante juramento, Esaú vendió su
primogenitura a Jacob por un plato de lentejas.
El viejo Isaac, con la vista debilitada, quiso ben-
decir a su hijo mayor antes de morir:
—Mira, hijo, me he hecho viejo e ignoro el día
de mi muerte. Sal al campo, caza alguna pieza y
prepárame un guiso suculento para que mi alma
te bendiga antes de que muera.
Rebeca, que había visto con satisfacción cómo
los derechos de primogenitura pertenecían ya a
su hijo predilecto, escuchó la conversación de
Isaac con Esaú, y pensó que la bendición pater-
na debía corresponder a Jacob. Como no había
tiempo que perder, llamó a su hijo y le ordenó
que trajera del rebaño dos cabritos her mosos, 75
04 Cuentos.qxd 14/3/06 15:15 Página 76

con los que prepararía un guiso suculento, del


gusto del anciano Isaac; de esta manera, mientras
Esaú se encontraba cazando para cumplir el en-
cargo de su padre, Jacob le ofrecería el guiso para
recibir la bendición en lugar de su hermano.
Jacob, sin embargo, no las tenía todas consigo:
le agradaba el propósito de su madre pero temía
que fuera aquélla una audacia excesiva, un atre-
vimiento peligroso. Desconfiaba de que la astu-
cia de su madre y la suya bastaran para despis-
tar a su anciano padre; las diferencias eran
evidentes, incluso para alguien que apenas veía:
su hermano era robusto y velludo, y él endeble
y lampiño. Jacob temió que su padre lo palpara
y averiguara el engaño, y temió aún más encon-
trar una maldición en vez de una bendición. Pero
Rebeca insistió:
—Caiga sobre mí tu maldición, hijo mío.
Y Jacob siguió las instrucciones de su madre.
Cuando el guiso estuvo preparado, Rebeca lo vis-
tió con las ropas de Esaú y le cubrió las manos
y el cuello con las pieles de los cabritos. A con-
tinuación se apostó en un lugar reservado, des-
de donde podía observar la escena sin ser ad-
vertida. Con el guiso y el pan recién hecho, Jacob
se presentó ante su padre:
—Soy tu primogénito Esaú –dijo, balbucean-
te–. He hecho como dijiste. Levántate y come de
mi caza para que me bendiga tu alma.
Isaac se sorprendió de la rapidez con que ha-
bía encontrado caza su hijo, y le pidió que se
aproximara:
—Acércate, que te palpe, a ver si realmente
eres mi hijo Esaú –respondió el anciano.
Isaac palpó a su hijo, en quien reconoció la voz
de Jacob y las manos velludas de Esaú. Como su
confusión aumentara, insistió en preguntar:
—¿Eres tú realmente mi hijo Esaú?
76 —El mismo –respondió Jacob.
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Isaac entonces comió, bebió y bendijo a su hijo,


mientras aspiraba el aroma de sus ropas, con es-
tas palabras:
—Que te sirvan los pueblos, que te adoren las
naciones; sé señor de tus hermanos y que te ado-
ren los hijos de tu madre. ¡Quien te maldiga, mal-
dito sea, y quien te bendiga, bendito sea!
Apenas había salido Jacob de la presencia de
su padre Isaac, cuando llegó Esaú de la cacería.
Hizo un guiso suculento y se lo llevó. El ancia-
no, tembloroso y desconcertado, explicó a su hijo
cómo otro había cazado una pieza, se la había
traído y él lo había bendecido:
—Tu bendición se la ha llevado el astuto her-
mano tuyo –concluyó.
Esaú insistió entonces en recibir él también la
bendición de su padre, pero suplicó en vano;
rompió a llorar, y entre lamentos y sollozos es-
cuchó estas palabras:
—Vivirás de tu espada y servirás a tu hermano.
Esaú se enemistó con su hermano Jacob y pla-
neaba matarlo, pero Rebeca, alertada de los pro-
pósitos de su hijo mayor y temiendo perder a los
dos en un mismo día, envió a Jacob a Jarán, jun-
to a su tío Labán, durante un tiempo, hasta que
se calmara la cólera del primogénito. T ambién
Isaac envió a Jacob a casa de Labán, pero para
escoger mujer. Cuando Jacob partió, el anciano
pidió a Dios que bendijera a su hijo y lo hiciera
fecundo.
Nada de lo sucedido paso desapercibido a
Esaú: vio cómo las hijas de Canaán eran mal vis-
tas por su padre Isaac, cómo había bendecido a
Jacob en lugar suyo y lo había enviado a tomar
mujer. Por ello, tomó como mujer a Majlat, hija
de Ismael, el hijo de Abrahán.
La noche sorprendió a Jacob camino de Jarán,
por lo que se dispuso a dor mir con una piedra
como cabezal. En sueños vio una escalera apo- 77
04 Cuentos.qxd 14/3/06 15:15 Página 78

yada en la tierra que llegaba hasta el cielo, por


la que subían y bajaban los ángeles de Dios. Yah-
vé estaba sobre ella y le dijo:
—Yo soy Y ahvé, el Dios de tus padres, de
Abrahán y de Isaac. La tierra en la que estás acos-
tado te la doy a ti y a tu descendencia, que será
como el polvo de la tierra. Por ti y por tu des-
cendencia se bendecirán todos los linajes del
mundo. Yo estoy contigo, y no te abandonaré
hasta haber cumplido lo que te he dicho*.
Jacob despertó asustado, pensando que aquel
lugar era la casa de Dios y la puerta del cielo.
Tomó entonces la piedra que había usado como
cabezal, la erigió como estela y derramó aceite so-
14
Betel: bre ella. En aquel lugar, al que llamó Betel 14, Ja-
santuario judío cob hizo un voto a Yahvé:
cuya fundación
se vincula en el —Si logro regresar sano y salvo a la casa de mi
texto al padre, Yahvé será mi Dios, la estela la casa de
compromiso de Dios, y pagaré el diezmo de todo lo que reciba.
Jacob tras su
sueño. De esta manera, Yahvé renovó en Jacob las
promesas que había hecho a Abrahán, y Jacob
reconoció como suyo al Dios de sus padres.
Reanudada la marcha, Jacob divisó un pozo en
el campo y tres rebaños de ovejas sesteando a
su alrededor. Los pastores eran de Jarán y cono-
cían a Labán y a su hija Raquel, que se acercaba
con el ganado; solían reunir los rebaños en aquel
pozo, remover la piedra que tapaba la boca y
abrevar las ovejas.
Mientras Jacob hablaba con los pastores, llegó
Raquel con las ovejas de su padre. En cuanto la
vio, Jacob apartó la piedra del pozo y abrevó las
ovejas. Besó a Raquel y, entre sollozos, le anun-
ció que era pariente de su padre e hijo de Re-

* Tras esta escalera que llega al cielo es posible reconocer


las torres escalonadas y los zigurats mesopotámicos, idea
que sirve en esta ocasión para que Yahvé confirme a Jacob
78 las promesas hechas a Abrahán.
04 Cuentos.qxd 14/3/06 15:15 Página 79

beca. La joven entonces echó a correr para dar


la noticia a su padre. Y tan pronto como Labán
oyó hablar de su sobrino Jacob, corrió a su en-
cuentro, lo abrazó, lo besó y lo llevó a su casa.
Labán tenía dos hijas: la mayor se llamaba Lía
y la pequeña Raquel. Jacob, que se había ena-
morado de Raquel, propuso a Labán servirle sie-
te años a cambio de la joven. Y Labán aceptó.
Cumplido el plazo, Jacob reclamó a Raquel para
casarse con ella. Labán dio un banquete y por la
tarde llevó a su hija Lía junto a Jacob, que se unió
a ella. A la mañana siguiente, Jacob se quejó ante
Labán de que le hubiera tendido una trampa:
—¿No te he servido por Raquel? –le dijo.
—No se acostumbra entre nosotros a dar la me-
nor antes que la mayor –respondió Labán.
Para conseguir a Raquel, Jacob tuvo que servir
otros siete años en casa de su tío. Jacob se unió
a Raquel y la amó más que a Lía.
Viendo Yahvé que Raquel era la preferida de
Jacob, y que Lía era despreciada, hizo fecunda a
ésta y estéril a aquélla. Lía concibió y dio a luz
a cuatro hijos, a los que llamó Rubén, Simeón,
Leví y Judá. Raquel, que no podía soportar su in-
fertilidad, sintió celos de su her mana y pidió a
Jacob que se uniera a una esclava suya. La es-
clava de Raquel quedó encinta dos veces, y dio
a luz a Dan y a Neftalí. Lía, que había dejado de
concebir, dio a Jacob por mujer a otra esclava,
de la que nacieron otros dos hijos, Gad y Aser .
La rivalidad crecía entre las dos her manas. La
tensión entre ellas no provenía sólo de la esteri-
lidad de una y la fertilidad de otra; para cada una
de ellas la presencia de la otra era algo más que
un estorbo, se trataba de un verdadero enemigo
que amenazaba con hacer suyo el corazón de Ja-
cob. En cierta ocasión en que Raquel pidió a Lía
unas mandrágoras que Rubén había traído del
campo, ésta le espetó: 79
04 Cuentos.qxd 14/3/06 15:15 Página 80

—¿Es poco haberte llevado a mi marido, que


encima vas a llevarte las mandrágoras de mi hijo?
Raquel aceptó entonces que Jacob se acostara
con Lía esa noche a cambio de las mandrágoras.
Dios oyó a Lía, que volvió a concebir y dio a Ja-
15
Aunque la cob un quinto y un sexto hijos, a los que llamó
mancomunidad
de tribus Isacar y Zabulón. Después, engendró una hija, a
corresponde a la la que llamó Dina.
época de la Por fin, Dios escuchó a Raquel y abrió su seno;
instalación en
Canaán,
concibió y dio a luz un hijo al que llamó José15.
aparecen aquí los Satisfecha, dijo:
nombres de los —Dios ha quitado mi afrenta.
doce hijos de
Jacob como
La prosperidad de Jacob iba en aumento: cre-
antepasados cía el número de sus rebaños, de sus siervos y
epónimos de las siervas, camellos y asnos. Los hijos de Labán, sin
mismas. En un embargo, lo miraban con recelo, convencidos de
deseo de expresar
la unidad de que había amasado esa fortuna engañando a su
todas las tribus, padre. Yahvé ordenó entonces a Jacob que re-
se remontarán a gresara a la tierra de sus padres, y se compro-
un antepasado
común, metió a acompañarlo y protegerlo. De esta ma-
Abrahán, a pesar nera, seguro de que su suegro había intentado
de que los grupos perjudicarlo y de que Yahvé no se lo había per-
que llegaron a
Palestina fueron mitido, confiado en que por ello Dios había qui-
diversos y lo tado el ganado a Labán para dárselo a él, impul-
hicieron en sado por el Dios que se le había aparecido en
periodos distintos.
Betel y que ahora le ordenaba abandonar esta tie-
16
Galaad: rra y regresar a su país natal, Jacob se levantó,
meseta montó a sus hijos y a sus mujeres en los came-
montañosa
situada al este
llos y se fugó con todo lo suyo, sin haber dado
del río Jordán, a Labán, el arameo, pista alguna de sus propósi-
correspondiente tos. Como éste se encontrara esquilando las ove-
al actual estado jas, Raquel robó los ídolos familiares de su padre.
de Jordania. El
sur de la región Hasta el tercer día no tuvo noticia Labán de la
lo ocupó la partida de Jacob. Junto con sus hermanos lo per-
tribu de Gad y, siguió y lo alcanzó en la montaña de Galaad 16.
el norte, la
mitad de Aquella noche Dios le dijo en sueños:
Manasés. —Abstente de cruzar palabra alguna con Jacob.
Pero el arameo no tuvo en cuenta aquellas pa-
80 labras, buscó a Jacob en su tienda y le recrimi-
04 Cuentos.qxd 14/3/06 15:15 Página 81

nó haber actuado a escondidas como un necio,


como quien tiene algo que ocultar:
—¿Qué modo de actuar es éste? ¿Huyes como
ladrón aprovechando mi ausencia? Ni siquiera
me has dado ocasión de besar a mis hijas y des-
pedirme de ellas –se lamentó. Y añadió:
—Entiendo que te hayas marchado porque
añorabas la casa paterna, pero, si eso es así, ¿por
qué has robado mis dioses?
Ignorando que Raquel había robado los dioses
paternos, Jacob afirmó:
—Si es verdad que entre los que vienen con-
migo se encuentra el que tiene tus dioses, no
quedará con vida. A la vista de todos, busca lo que
es tuyo y llévatelo.
Labán entonces registró las tiendas de Jacob,
Lía y las dos criadas sin hallar nada; mientras, Ra-
quel había puesto los ídolos familiares en la al-
barda del camello y se había sentado encima.
Después se disculpó ante su padre:
—Disculpe mi señor que no pueda levantarme
en su presencia, pues me ha bajado la regla.
Cuando Labán terminó de registrar la tienda de
Raquel, sin hallar los ídolos, Jacob se encaró con
él y le recriminó su actitud; evocando los años
en los que había trabajado para él, le recordó
cómo corrían de su cuenta los daños que sufría
el ganado, y cómo soportaba el calor sofocante
del día y la helada noctur na. Dios conocía sus
desvelos y la fatiga de sus manos:
—Si el Dios de mi padre, el Dios de Abrahán
y de Isaac no me hubiese protegido, me habrías
despachado de vacío –concluyó.
Finalmente, Labán propuso un pacto a Jacob.
Éste erigió una piedra como estela y comieron
sobre un majano; ambos, el majano y la estela,
quedarían como testigos del acuerdo; en ade-
lante, ninguno traspasaría esos límites para avan-
zar sobre el otro: 81
04 Cuentos.qxd 14/3/06 15:15 Página 82

—El Dios de Abrahán y el Dios de Najor juz-


guen sobre nosotros.
En su camino de regreso, Jacob debía atrave-
17
Edom: o sar Edom 17, el territorio de su her mano Esaú.
Idumea Ante las dificultades que pudiera suponer el en-
posteriormente,
meseta cuentro con su her mano, Jacob envió mensaje-
montañosa al ros para avisar de su presencia. Éstos volvieron
sur del mar contando que el propio Esaú venía a su en-
Muerto, al sur
de los actuales
cuentro con cuatrocientos hombres. Alar mado
estados de Israel por la noticia, Jacob decidió dividir a su gente
y Jordania, en dos campamentos, pensando que si Esaú ata-
cuyos
habitantes,
caba uno de ellos el otro podría salvarse. Des-
según la pués, imploró la ayuda de Yahvé, quien le había
tradición ordenado regresar a su tierra y a su patria, y le
bíblica, son había prometido cuidar de él:
descendientes
de Esaú, el hijo —Líbrame de la mano de Esaú, porque lo
mayor de Isaac. temo.
En su afán por evitar la ira de su hermano, Ja-
cob le preparó un regalo: confió a sus siervos ma-
nadas de cabras, machos cabríos, ovejas, car ne-
ros, camellas, vacas, toros, asnas y garañones,
dispuestos en rebaños independientes delante de
él. Todos los siervos que iban tras las manadas
tenían el encargo de entregarlas a Esaú y anun-
ciarle la llegada de su hermano. Con los regalos
que lo precedían, Jacob esperaba ganarse a Esaú.
La noche anterior al encuentro con su herma-
no, Jacob estuvo en el campamento, solo. Pasó
la noche luchando con alguien hasta el amane-
cer. Viendo que no podía vencerlo, su enemigo
lo alcanzó en la articulación femoral y le dislo-
có el fémur. Jacob entonces se agarró a él y le
pidió que lo bendijera, pero su antagonista res-
pondió:
—En adelante te llamarás Israel, porque has
sido fuerte contra Dios y contra los hombres, y
lo has vencido.
Y lo bendijo allí mismo. El sol salía cuando Ja-
82 cob, pensando que había visto a Dios cara a cara
04 Cuentos.qxd 14/3/06 15:15 Página 83

y se mantenía con vida, abandonó, cojeando, el


lugar.
Temeroso de las intenciones de su her mano,
Jacob repartió a los niños entre Lía, Raquel y dos
siervas. Después, se adelantó al encuentro de su
hermano y se inclinó en tierra siete veces hasta
llegar a Esaú. Éste, sin embargo, corrió hacia Ja-
cob, lo abrazó, lo besó y lloró. T ras su encuen-
tro con Esaú, Jacob se separó de él y se dirigió
a Siquem, en territorio cananeo, y acampó fren-
te a la ciudad.
Dios ordenó a Jacob subir a Betel y estable-
cerse allí, por lo que dispuso que todos los de
su casa se purificasen y retirasen los dioses ex-
traños que hubiese entre ellos.
En Betel, Dios se apareció a Jacob, lo bendijo
y le dijo:
—Israel, pues ése es tu nombre, sé fecundo y
multiplícate. Una asamblea de pueblos saldrá de
tus entrañas. La tierra que di a Abrahán e Isaac
te la doy también a ti y a tu descendencia.
En el lugar donde había hablado Dios con él,
Jacob erigió una estela de piedra.
Partieron de Betel, camino de Belén18, y, cuan- 18
Belén:
do faltaba un trecho para llegar, Raquel tuvo un ciudad cercana
a Jerusalén,
mal parto y murió al dar a luz a Benjamín. Fue relevante en el
sepultada en el camino de Belén, y Jacob erigió texto bíblico no
una estela, una lápida conmemorativa sobre su sólo por haber
sido enterrada
sepulcro. Raquel allí, sino
Los hijos de Jacob fueron doce: Rubén, el pri- también por ser
mogénito, Simeón, Leví, Judá, Isacar y Zabulón, el lugar de
nacimiento de
hijos de Lía; José y Benjamín, hijos de Raquel; David y de
Dan y Neftalí, hijos de la esclava de Raquel; Gad Jesucristo, pues
y Aser, hijos de la esclava de Lía. según el profeta
Isaac, anciano y lleno de días, murió a la edad Miqueas el
futuro mesías
de ciento ochenta años. Lo sepultaron sus hijos habría de nacer
Esaú y Jacob. Esaú tomó entonces a sus mujeres, en esta ciudad.
hijos e hijas, a todas las personas de su casa, su
ganado, sus bestias y toda la hacienda que ha- 83
04 Cuentos.qxd 14/3/06 15:15 Página 84

bía reunido en territorio cananeo, y se fue a


Edom, enfrente de su hermano Jacob, porque los
bienes de ambos eran demasiados para vivir jun-
tos, y el país donde residían no daba abasto para
alimentar tanto ganado como tenían.
José era para Israel el hijo de la ancianidad, por
lo que se había convertido en el predilecto de su
padre. Esta preferencia disgustó a sus hermanos,
que lo aborrecieron hasta el extremo de retirar-
le el saludo.
La envidia de sus hermanos aumentaba cuan-
do José les revelaba el contenido de sus sueños,
en los que hasta el Sol, la Luna y once estrellas
se inclinaban ante él y lo reverenciaban. Cuan-
do lo contó a su padre, éste lo reprendió, pero
se quedó reflexionando sobre lo que había es-
cuchado a su hijo. A pesar del afecto que sentía
por aquel muchacho, no le satisfacía lo que anun-
ciaban tales ensoñaciones: ¿sería verdad que el hijo
de Raquel dominaría sobre sus her manos y so-
bre toda la familia?
Por indicación de su padre, José fue desde el
valle de Hebrón a Siquem, donde sus hermanos
pastoreaban las ovejas de Israel. Cuando éstos lo
vieron acercarse, creyeron llegada la ocasión pro-
picia para deshacerse del soñador, por lo que
acordaron matarlo y echarlo a un pozo. Para ex-
plicar su desaparición dirían que fue devorado
por alguna fiera.
—Veremos entonces qué hay de sus sueños –se
dijeron.
Pero Rubén, el primogénito, quería salvarlo de
la mano de sus hermanos y devolverlo a su pa-
dre; por eso, insistió en que no debían derramar
sangre ni atentar contra la vida de José.
Cuando José llegó, sus her manos lo despoja-
ron de la túnica de manga larga que le había he-
cho su padre y lo arrojaron a un pozo vacío.
84 Mientras comían, divisaron una caravana de mer-
04 Cuentos.qxd 14/3/06 15:15 Página 85

caderes que se dirigía a Egipto. Judá propuso en-


tonces a sus hermanos que no asesinaran a José
(a fin de cuentas era hermano suyo, carne de su
carne; además, dejándolo con vida no tendrían
que cubrir su sangre19) y que lo vendieran a los 19
cubrir su
mercaderes. Así, subieron a José del pozo y lo sangre:
sepultarla con
entregaron por veinte piezas de plata. En Egip- tierra para
to, José fue vendido de nuevo a Putifar, eunuco evitar que,
del faraón y capitán de los guardias. según la
tradición
Rubén regresó al pozo y al no hallar a José se bíblica, la
lamentó y desgarró sus ropas. Tomaron enton- sangre del
ces la túnica de José y, degollando un cabrito, la asesinado clame
al cielo.
tiñeron de sangre y la enviaron a su padre. Éste
reconoció la túnica de su hijo y creyó que había
sido despedazado por un animal salvaje. Jacob en-
tonces desgarró su vestido, se envolvió en sayal20 20
desgarró el
y lloró a su hijo durante muchos días. vestido y se
envolvió en
En Egipto, Yahvé asistió a José, que llegó a ser sayal: signos
un hombre afortunado: se ganó el favor de su se- externos de
ñor egipcio, que lo puso al frente de su casa y le intenso dolor
ante una
confió cuanto tenía, pero también llamó la aten- desgracia, o de
ción de la mujer de su amo. El hebreo era apues- arrepentimiento
to y de buena presencia y la esposa del eunuco tras una grave
falta cometida.
no tardó en intentar seducirlo. Sin embar go, y a
pesar de sus continuos requerimientos, José no
accedía a sus deseos; cuanto más intensos y con-
tinuados eran el cortejo y los requiebros de la se-
ductora, más firme se mostraba el soñador en su
negativa. Hasta que un día, hallándose única-
mente José en la casa, creyendo que había llega-
do el momento de satisfacer sus deseos, la espo-
sa de Putifar lo agarró de la ropa y le dijo:
—Acuéstate conmigo.
Pero él se deshizo de las ropas y huyó, ocasión
que ella aprovechó, llena de despecho, para acu-
sar al hebreo:
—Éste ha pretendido acostarse conmigo, pero
yo me he resistido y he gritado. Entonces ha
abandonado su vestido a mi lado y ha huido. 85
04 Cuentos.qxd 14/3/06 15:15 Página 86

Enterado el eunuco por su mujer de lo suce-


dido con el siervo hebreo que él había traído a
la casa, se encolerizó, prendió a José y lo encar-
celó. Pero allí no olvidó Yahvé a José: se ganó
el favor del alcaide del presidio, que le confió a
los detenidos y la administración de la cárcel.
A la prisión fueron a parar también dos corte-
sanos que habían ofendido al faraón, el escan-
ciador y el panadero del rey de Egipto. En sueños,
el escanciador vio una cepa con tres sarmientos
cuyas uvas, apenas habían brotado las yemas,
florecían y maduraban en sus racimos; él mismo
exprimía las uvas en la copa que ponía en la
mano del faraón. Esa misma noche, el jefe de los
panaderos vio tres cestas de pan candeal sobre
su cabeza; en la cesta de arriba había de todo lo
que los panaderos preparan para el rey de Egip-
to, pero los pájaros venían a comerlo. Como se
encontraran inquietos por conocer el significado
de estos sueños, José se prestó a interpretarlos:
los tres sarmientos que había visto el escancia-
dor eran tres días, los que tardaría el faraón en
reintegrarlo a su puesto; cuando esto sucediera,
José rogaba al escanciador que no se olvidara de
él ante el faraón. Las tres cestas que había visto
el jefe de los panaderos eran también otros tres
días, pasados los cuales el faraón lo colgaría en
un madero y las aves vendrían a comer su car-
ne. Al tercer día, se cumplió lo que había dicho
José: el panadero del rey fue colgado y el es-
canciador volvió a poner la copa en manos del
faraón, pero se olvidó de José.
Dos años después, el faraón vio en sueños sie-
te hermosas vacas que subían del río a pacer en
el carrizal, pero detrás de ellas subían otras sie-
te vacas, de aspecto macilento y flaco, que se pa-
raron junto a las primeras. Cuando las vacas fla-
cas se comieron a las lustrosas, el faraón despertó
86 sobresaltado. Dormido de nuevo, soñó que sie-
04 Cuentos.qxd 14/3/06 15:15 Página 87

te espigas crecían vigorosas y henchidas en una


misma caña, pero resultaban consumidas por
otras siete espigas débiles que habían brotado
después. Y volvió a despertar.
No hubo mago ni sabio en Egipto capaz de in-
terpretar lo soñado por el faraón, y la inquietud
empezaba a acosar al rey de Egipto, hasta que
el escanciador se acordó del hebreo, del siervo
del jefe de los guardias, el que había interpreta-
do su sueño y el del jefe de panaderos.
José fue llamado a la presencia del faraón y
éste le refirió sus sueños.
—El sueño del faraón es sólo uno: Dios le
anuncia lo que va a hacer –explicó el hebreo. Y
añadió:
—Las siete vacas buenas y las siete espigas
buenas son siete años de abundancia, y las sie-
te vacas macilentas y las espigas débiles son siete
años de hambre. Vienen sobre Egipto siete años
de abundancia, pero después el hambre asolará
esta tierra. Conviene, pues, poner al frente del
país a un hombre inteligente y sabio, que exija
la quinta parte de la cosecha para Egipto duran-
te los años de abundancia, almacene el grano y
registre las reservas de alimento para los años de
hambre, y así el país no perecerá.
El faraón reconoció en José a un hombre en-
tendido y sabio, que tenía el espíritu de Dios. Y
lo puso al frente de su casa:
—De tu boca dependerá todo mi pueblo. Tan
sólo el trono dejaré por encima de ti.
El faraón se quitó el anillo de su mano y lo
puso en la mano de José, lo hizo vestir con ro-
pas de lino fino y le puso el collar de oro al cue-
llo. Apenas treinta años tenía José cuando salió
de la presencia del faraón investido de autoridad
sobre el país de Egipto. El rey le dio por esposa
una mujer de la alta nobleza sacerdotal que, an-
tes de que llegasen los años del hambre, había 87
04 Cuentos.qxd 14/3/06 15:15 Página 88

dado a luz dos hijos, Manasés, el primogénito, y


Efraín.
La tierra de Egipto fue fecunda durante los sie-
te años de riqueza y abundancia, y José acumu-
ló en cada ciudad los víveres que producía la
campiña circundante, una cantidad incontable de
grano. Llegaron después los años de escasez y
el hambre se extendió por todas las regiones. En-
tonces José abasteció al país con el grano guar-
dado. El hambre apretaba en toda la faz de la
Tierra, y venían de todos los países a Egipto para
aprovisionarse comprando grano a José.
Las noticias sobre el grano de Egipto en aque-
llos tiempos de escasez llegaron hasta los oídos
de Jacob, pues también había hambre en el país
cananeo. Bajaron, pues, los diez hermanos de José
a proveerse de grano a Egipto. Fueron todos me-
nos Benjamín, a quien su padre prefirió no enviar,
temeroso de que le sucediera alguna desgracia.
José, que se encargaba en persona de la dis-
tribución del grano, reconoció a sus her manos
en cuanto los vio; ellos se inclinaron ante él pero
él no se identificó ante ellos.
—¿De dónde venís? –les preguntó con aspere-
za–, ¿acaso sois espías y pretendéis descubrir los
puntos desprotegidos del país?
—No, señor, tus siervos han venido de Canaán
a proveerse de víveres. Somos gente de bien,
doce hermanos hijos de un mismo padre, aun-
que el menor está con nuestro padre y el otro
no vive –contestaron sus hermanos.
El tono de voz de José cambió tan pronto como
oyó la mención del padre y del hermano menor:
de pronto quiso saber qué había sido del ancia-
no Israel y del pequeño Benjamín. Las pregun-
tas se sucedían en su interior y sus labios ape-
nas podían ocultar la ansiedad de su espíritu.
—¿Tenéis padre? ¿Vive todavía vuestro padre?
88 ¿Cómo está vuestro hermano menor? –dijo, disi-
04 Cuentos.qxd 14/3/06 15:15 Página 89

mulando a duras penas la urgencia de saber, es-


forzándose por controlar la turbación que lo do-
minaba.
Los hebreos, preocupados por apartar de sí la
acusación de ser espías con la que habían sido
recibidos, no advirtieron las vacilaciones de José
ni se extrañaron de aquel repentino interés por
su familia en un desconocido. Se limitaron a res-
ponder a sus preguntas y él, en cuanto recupe-
ró el dominio de sí, retomó el tono áspero y se-
vero con que los había recibido:
—Sois espías, y sólo saldréis de aquí cuando
venga vuestro hermano pequeño. Uno de voso-
tros irá a buscarlo mientras que los demás que-
daréis presos. Así veremos si decís la verdad –in-
sistió José, y ordenó encarcelarlos durante tres
días.
Al tercer día, José, temeroso de Dios, les anun-
ció que les permitiría regresar a casa con el gra-
no, excepto a uno, que quedaría en la prisión. E
insistió en que le trajesen al hermano menor para
comprobar la veracidad de sus palabras.
La situación en la que se hallaban creó gran
angustia entre los hermanos, que se acordaron
de pronto del daño infligido a José.
—¿No os decía yo que no pecarais contra el
niño y no me hicisteis caso? ¡Ahora se nos recla-
ma su sangre! –se lamentaba Rubén.
José, que entendía a sus hermanos a pesar de la
presencia de un intérprete, se apartó de su lado y
lloró. Los sentimientos se agolpaban en su cora-
zón: había esperado pacientemente el encuentro
con sus hermanos, y ahora que se había produci-
do temía perder la fortaleza y darse a conocer an-
tes de tiempo. Durante unos breves instantes, su
memoria repasó apresuradamente imágenes y epi-
sodios del pasado: recordó la benevolencia de su
padre y el odio que despertaba entre sus her ma-
nos, cómo fue agredido, despreciado, vendido y 89
04 Cuentos.qxd 14/3/06 15:15 Página 90

abandonado a su suerte; pero el Dios de sus pa-


dres, que jamás lo dejó de su mano, había cum-
plido lo que un día le anunciara en sus sueños,
que quienes lo habían despreciado vendrían a in-
clinarse ante él. Sobreponiéndose al fin, mandó
atar a Simeón a la vista de todos y despidió a los
demás. Ordenó después que, antes de partir, les
llenaran los envases de grano, se les devolviera el
dinero y se les aprovisionara para el camino. Cuan-
do uno de ellos abrió de noche su bolsa y halló el
dinero, se quedó sin aliento; enterados sus her-
manos, se miraban con asombro y se decían:
—¿Qué es esto que ha hecho Dios con noso-
tros?
De vuelta en Canaán, contaron a su padre lo
sucedido en Egipto: cómo habían sido acusados
de ser espías y conminados a llevar al hermano
pequeño para demostrar que eran gente de bien;
sólo entonces el que había quedado preso sería
liberado. Pero la idea de ver partir al pequeño
atormentaba al padre:
—Me dejáis sin hijos: falta José, falta Simeón,
y encima vais a quitar me a Benjamín. Esto aca-
bará conmigo.
Y se negaba a dejarlo marchar. Mientras vacia-
ban las bolsas con el dinero, el temor se apode-
ró de todos, tanto de los hijos como del padre.
En cuanto consumieron el grano traído de
Egipto, su padre les encomendó volver a por más
alimento. Cuando Judá le recordó que debían lle-
var consigo a Benjamín, Israel se lamentó:
—¿Por qué, para desgracia mía, hicisteis saber
a ese hombre que teníais otro hermano?
Al fin, ante la insistencia de Judá, Israel acce-
dió y aconsejó a sus hijos llevar regalos y el do-
ble de dinero para reponer lo devuelto, por si se
hubiese tratado de un error.
—Tomad a vuestro hermano y volved donde
90 ese hombre; que Yahvé mueva su corazón a la
04 Cuentos.qxd 14/3/06 15:15 Página 91

misericordia, os despache y suelte a vuestro otro


hermano y a Benjamín. Por mi parte, si he de
perder a mis hijos, me quedaré huérfano.
Llegados a Egipto, los hijos de Israel fueron
conducidos a casa de José y temieron haber caí-
do en una trampa. Asustados, se acercaron al ma-
yordomo a la puerta de la casa y le explicaron
que habían venido anteriormente a comprar ví-
veres y que a la vuelta hallaron en sus bolsas el
dinero que habían pagado por el grano; ignora-
ban quién había puesto el dinero en las bolsas y
ahora lo traían para devolverlo, además del ne-
cesario para comprar más víveres. Pero el sir-
viente de José les contestó:
—La paz sea con vosotros, no temáis. Vuestro
Dios, el Dios de vuestro padre os puso ese te-
soro en las bolsas. Y fue a buscar a Simeón. Des-
pués los introdujo en casa de José, les dio agua
y se lavaron los pies.
Al llegar José, le presentaron el regalo que
traían y se inclinaron hasta el suelo. Él los salu-
dó y les preguntó por el anciano padre, pero en-
seguida volvió los ojos hacia Benjamín, su her-
mano de madre, y le entraron ganas de llorar,
por lo que se retiró a un cuarto a desahogarse.
Después, conteniéndose, ordenó servir la comi-
da, en la que los her manos de José bebieron y
se alegraron en su compañía. Pero entonces José
dio estas instrucciones a su mayordomo:
—Llena de víveres las talegas de estos hombres
y pon el dinero de cada uno en la boca de su bol-
sa. En el saco del pequeño, además del dinero
de su compra, pon también mi copa de plata.
Al romper el día, los israelitas salieron de la
ciudad con sus asnos. No habían avanzado mu-
cho trecho cuando José envió a su mayordomo
a perseguirlos. Habían pagado mal por bien: lle-
vaban consigo nada menos que la copa que uti-
lizaba el poderoso señor para beber y para sus 91
04 Cuentos.qxd 14/3/06 15:15 Página 92

adivinaciones. La nueva acusación indignó a los


hijos de Jacob: ¡no podía ser verdad semejante
cosa! ¡No podía ser cierto que quienes habían de-
vuelto el dinero hallado en las bolsas robasen
ahora plata ni oro!
—Pero si a alguno de tus siervos se le en-
cuentra, que muera; y los demás nos haremos
esclavos del señor –dijeron.
Y se apresuraron a bajar y a abrir sus talegas.
El mayordomo las registró hasta que apareció la
copa en la bolsa de Benjamín. Entonces rasga-
ron sus túnicas y regresaron a la ciudad.
Ante José, Judá reconoció que no tenía excu-
sas que presentar:
—Dios ha hallado culpables a sus siervos y he-
nos aquí como esclavos de nuestro señor, tanto
nosotros como aquél en cuyo poder ha apareci-
do la copa.
Aunque José respondió que sólo éste se que-
daría como esclavo y que los demás volverían
junto a su padre, en el ánimo de Judá pesaba el
efecto que lo sucedido con Benjamín tendría so-
bre el anciano, y habló de ello a su señor: ese
pequeño era para su padre el hijo de su ancia-
nidad, el único que había quedado de su madre,
pues otro hermano había muerto seguramente
despedazado, y su padre lo quería. Si ahora vol-
vían a casa sin el muchacho, en cuanto notara
su ausencia moriría. Él mismo había empeñado
su palabra ante su padre; por ello, incapaz de
soportar su dolor, se ofrecía para ocupar el lugar
de Benjamín como esclavo de su señor y permi-
tir así que el muchacho regresara con sus her-
manos.
José no pudo contenerse por más tiempo. A
solas con sus hermanos se dio a conocer ante
ellos: él era José, el odiado soñador, el mismo
que abandonaron vendiéndolo a unos mercade-
92 res, el mismo al que habían dado por muerto y
04 Cuentos.qxd 14/3/06 15:15 Página 93

despedazado por las fieras, pero al que Dios ha-


bía enviado delante de ellos para salvar vidas.
En efecto, no habían sido sus hermanos quienes
lo habían enviado a Egipto, sino Dios, el mismo
que lo había convertido en dueño de la casa del
faraón y amo de todo Egipto.
La sorpresa había dejado mudos y atónitos a
los hijos de Jacob mientras veían a José llorar a
gritos, besar y abrazar a sus hermanos, y echar-
se al cuello de Benjamín y llorar sobre él. Al fin,
les dijo:
—Subid deprisa donde mi padre y traedlo aquí
sin demora; decidle que vivirá en el país de Gosén21 21
Gosén: zona
y que él, sus hijos y nietos, sus ganados y todo oriental del
delta del Nilo,
cuanto tiene estarán cerca de mí. Yo lo susten- donde
taré, pues todavía faltan cinco años de hambre, permanecerán
no sea que queden en la miseria él y su casa. los israelitas
hasta el éxodo.
En el palacio del faraón corrió la voz de que
habían venido los hermanos de José. Por orden
del rey, José proporcionó a sus hermanos carre-
tas y provisiones abundantes para el camino; a
Benjamín le dio trescientas piezas de plata y para
su padre envió burros y asnas cargados con tri-
go, pan y víveres para el viaje.
Cuando Jacob escuchó a sus hijos decir que
José vivía y era el amo de todo Egipto, no los
creyó. Fue preciso repetirle las palabras de José
y ver las carretas que había enviado para trans-
portarlo; entonces el anciano sintió revivir su es-
píritu. Decidido a no morirse sin ver a su hijo,
partió con todas sus pertenencias, llevando con-
sigo a toda su descendencia.
En una visión nocturna, Dios le dijo:
—Yo soy el Dios de tu padre; no temas bajar
a Egipto, porque allí te haré una gran nación. Y
será José quien te cierre los ojos.
José subió a Gosén a encontrarse con su pa-
dre. Al verlo, lo abrazó y lloró sobre su cuello.
Israel le dijo: 93
04 Cuentos.qxd 14/3/06 15:15 Página 94

—Ahora ya puedo morir, después de haber vis-


to tu rostro y que vives todavía.
Decidido a asentar a su familia en aquella tie-
rra, José instruyó a sus hermanos para que se
presentaran ante el faraón como pastores de ove-
jas. Así lo hicieron y el rey de Egipto les permi-
tió residir en Gosén. Allí se asentaron, fueron fe-
cundos y multiplicaron su número*.
Jacob vivió en Egipto diecisiete años. Cuando
el fin de sus días se acercaba, llamó a José y le
pidió no ser sepultado en Egipto, sino junto a
sus padres, en el país de Canaán, en el campo
que compró Abrahán como propiedad sepulcral.
Allí estaban enterrados Abrahán y Sara, Isaac y
Rebeca, y allí él mismo había sepultado a Lía.
Y después de bendecir a sus hijos, Jacob expiró
y se reunió con los suyos. José y sus her manos
lo llevaron al país de Canaán a sepultarlo.
José permaneció en Egipto junto a la familia de
su padre, y alcanzó la edad de ciento diez años.
Vio a los biznietos de Efraín y los nietos de Ma-
nasés nacieron sobre sus rodillas. Cuando se des-
pidió de sus hermanos, les dijo:
—Yo muero, pero Dios no se olvidará de vo-
sotros y os hará subir de este país al país que
juró a Abrahán, a Isaac y a Jacob –y añadió:
—Dios os visitará sin falta, y entonces os lle-
varéis mis huesos de aquí.
Cuando murió, lo embalsamaron y lo pusieron
en una caja en Egipto.

* El periodo patriarcal se cierra con la historia de José, bajo


cuya protección el clan de Jacob se desplaza a Egipto. El
relato enlaza con el comienzo del capítulo siguiente, don-
de el reducido grupo de emigrantes se convertirá en un
94 pueblo numeroso.
05 Cuentos.qxd 14/3/06 15:15 Página 95

II

LIBERACIÓN Y ALIANZA

Éstos son los nombres de los israelitas que en-


traron con Jacob en Egipto, cada uno con su fa-
milia: Rubén, Simeón, Leví, Judá, Isacar, Zabu-
lón, Benjamín, Dan, Neftalí, Gad y Aser; José
estaba ya en Egipto. Murió aquella generación
pero los israelitas fueron fecundos y se multipli-
caron hasta convertirse en un pueblo muy nu-
meroso que llenó el país, algo que no pasó de-
sapercibido para un nuevo rey que desconocía
quién había sido José.
Temiendo que, en caso de guerra, los israeli-
tas se aliasen con los enemigos de Egipto, el fa-
raón decidió someterlos con trabajos forzados en
la construcción de ciudades de depósito y gran-
des obras públicas. Sin embargo, a medida que
crecía la opresión, tanto más se multiplicaban los
israelitas y crecía el miedo entre los egipcios, por
lo que decidieron reducirlos a una cruel esclavi-
tud. El rey de Egipto dio orden a las parteras de
las hebreas de no dejar con vida ningún varón
israelita recién nacido; a las hembras, en cambio,
se les permitía vivir. Pero las comadronas, que
temían más a Dios, se las ingeniaron para eludir 95
05 Cuentos.qxd 14/3/06 15:15 Página 96

tales órdenes y desobedecer al faraón. Interro-


gadas sobre el incumplimiento del mandato re-
cibido, adujeron en su defensa que conocían sus
obligaciones, sabían qué debían hacer para eje-
cutar lo dispuesto por el faraón; sin embargo, no
habían visto otras mujeres como estas hebreas,
1
cuya fuerza y robustez no se conocía entre las
Moisés:
nombre de
egipcias. Por eso, antes de que las matronas lle-
origen egipcio, garan para atender el parto de una hebrea, su
reconocible en trabajo había concluido: la mujer ya había dado
otros como a luz.
Tutmosis. La
tradición Como el pueblo hebreo continuaba creciendo
popular antigua y multiplicándose, el faraón extendió a todo su
le atribuye el pueblo la orden de arrojar al río a todo niño re-
significado de
salvado o cién nacido y dejar con vida a las niñas*.
sacado (en esta Un hombre de la casa de Leví tomó por mujer
ocasión de las a una hija de Leví. Ella dio a luz un hijo, vio que
aguas). Se trata
de un recurso era hermoso y lo escondió durante tres meses.
frecuente en la Cuando no pudo ocultarlo más, lo acomodó en
literatura una cestilla de papiro calafateada con betún y la
antigua, el
relato del recién
puso a la orilla del río, entre unos juncos. Des-
nacido pués encargó a su hermana que no apartara la
abandonado al vista de la cestilla.
peligro y
salvado después:
Sucedió entonces que la hija del faraón bajó al
así se cuenta, río a bañarse, se fijó en la cestilla entre los jun-
por ejemplo, en cos y envió a una criada a recogerla. Al abrirla
la leyenda del reconoció en el niño que lloraba a uno de los
nacimiento de
Rómulo y Remo, hebreos y se compadeció de él; mandó llamar a
o en la de una nodriza hebrea y le trajeron a la madre del
Sargón de niño, a quien se lo confió para que lo criara. El niño
Acadia,
abandonado en creció, la hija del faraón lo tuvo por hijo y lo lla-
el Éufrates. mó Moisés1, pues se dijo:

* Se interrumpe el relato que explica cómo han cambiado


las condiciones de vida de los israelitas en Egipto desde los
días de José para introducir la narración de la figura clave
de Moisés. El texto nos muestra las circunstancias que ro-
dean su nacimiento y algunos rasgos de su carácter, que
hacen de él la persona adecuada para realizar la misión queYah-
96 vé le encomendará.
05 Cuentos.qxd 14/3/06 15:15 Página 97

—De las aguas lo he sacado.


El joven Moisés creció y se educó entre los
egipcios, bajo la protección de la hija del faraón,
pero su sangre hebrea se rebeló cuando, ya ma-
yor y por iniciativa propia, fue a visitar a sus her-
manos y pudo comprobar los penosos trabajos
a que estaban sometidos. Aquel día conoció en
toda su crudeza la realidad del pueblo hebreo,
las condiciones en las que trabajaba y cómo a
duras penas lograba sobrevivir; sin proponérse-
lo, la violencia con que eran tratados sus her-
manos acabó salpicándolo: cuando vio cómo un
egipcio golpeaba a un hebreo sintió que la san-
gre hervía en su interior, que su espíritu se encen-
día, que todo su ser se revolvía de cólera, se es-
tremecía de rabia; ciego de ira, y sin perder un
instante, extendió rápidamente la mirada alrededor
y, al no hallar a nadie, se lanzó sobre el egipcio,
lo mató y escondió el cadáver en la arena.
Sorprendido y asustado, Moisés no se recono-
cía a sí mismo: quien sólo había pretendido acer-
carse a conocer a sus her manos se encontraba
ahora con las manos manchadas de sangre. Des-
conocía el sufrimiento y la brutalidad que sufrían
los hebreos, pero también desconocía la violen-
cia de la que él mismo era capaz. Tenía que con-
fesarlo: la contemplación de la injusticia lo había
transformado, no había sido capaz de controlar
el impulso que, como un resorte, lo había lan-
zado contra el egipcio, agrediéndolo hasta ma-
tarlo. Después, la visión del cadáver se le había
hecho insoportable: se había apresurado a ocul-
tarlo no sólo para que desapareciera la prueba
del delito, sino también para aliviar el sentimiento
de culpa que empezaba a dominarlo. Además,
ni siquiera había podido saber quién era, cómo
se llamaba el hebreo al que golpeaba su víctima;
probablemente huyó del lugar en cuanto se vio
libre del egipcio. Quizá ni supiera que lo había 97
05 Cuentos.qxd 14/3/06 15:15 Página 98

matado. Pero ¿por qué escapó aquel hebreo?


¿Acaso sus hermanos de raza no confiaban en él?
¿Huían de él como huían de los egipcios?
La vida de Moisés ya no fue la misma desde
entonces. Si le habían quedado dudas sobre lo
sucedido con el egipcio, éstas se disiparon al día
siguiente, cuando vio a dos hebreos que reñían
y, sin pensarlo, se fue hacia ellos e increpó al
culpable, pero éste le respondió:
—¿Quién te ha nombrado juez entre nosotros?
¿O piensas matarme como hiciste con el egipcio?
Supo Moisés entonces que su acción se había
conocido y que, sin duda, el faraón lo buscaba
para matarlo. Supo también que, a pesar de ser
hebreo, no era nadie entre los hebreos, cuya pe-
nosa existencia jamás había compartido, cuya ser-
vidumbre no había experimentado, cuyos traba-
jos no había soportado. Su cuerpo no mostraba
las señales de la esclavitud ni de la explotación.
Hebreo entre los egipcios y egipcio entre los he-
breos, se encontraba ahora rechazado por sus
hermanos de raza y perseguido como un crimi-
nal por el faraón. No quedaba otro camino que
la huida.
2
Madián: Moisés se fue al país de Madián2. Allí, sentado
territorio junto a un pozo, observó cómo unos pastores
situado en la
península del expulsaban del lugar a siete muchachas, que ha-
Sinaí, donde se bían ido a sacar agua para abrevar las ovejas.
produce la Aquella nueva injusticia volvió a encenderlo: sa-
manifestación
de Dios a lió en defensa de las jóvenes y él mismo abrevó
Moisés. Textos el rebaño. Ellas, después, contaron a su padre,
posteriores al que era sacerdote, cómo un forastero, un egip-
periodo del
éxodo localizan
cio, las había librado de los pastores, había sa-
esta región al cado agua del pozo y abrevado el ganado. Reuel,
este del golfo de el sacerdote, llamó a Moisés, lo invitó a entrar en
Ácaba. su familia y le dio a su hija Seforá, de la que na-
ció un hijo, llamado Guersón.
En Madián, Moisés se dedicó al oficio de pas-
98 tor. En cierta ocasión, mientras conducía el re-
05 Cuentos.qxd 14/3/06 15:15 Página 99

baño de su suegro, llevó las ovejas más allá del


desierto, hasta el Horeb3, el monte de Dios. Allí 3
Horeb:
observó con asombro que una zarza ardía sin nombre con el
que también se
consumirse y se acercó para ver cómo podía ser designa en el
aquello. Yahvé le dijo desde la zarza: relato bíblico al
—Yo soy el Dios de tu padre, de Abrahán, de monte Sinaí.
Isaac y de Jacob. No te acerques, quita las san-
dalias de tus pies, pues el terreno que pisas es
sagrado –y Moisés se cubrió el rostro, temeroso
de encontrarse cara a cara con Dios y perder la
vida.
Yahvé dijo a Moisés:
—He conocido el sufrimiento de mi pueblo en
Egipto y he escuchado su clamor. He venido por
ellos, para librarlos de los egipcios y llevarlos a
una tierra buena y espaciosa, que mana leche y
miel, al país de Canaán. Prepárate, ponte en mar-
cha; yo te envío al faraón para que saques a mi
pueblo de Egipto.
Sin recuperarse todavía de la sorpresa que le
había producido aquel encuentro inesperado,
con el rostro oculto entre las manos, Moisés es-
cuchaba una voz que lo apremiaba a regresar a
Egipto. ¡Pero si allí lo buscaban para matarlo! ¡Si
los hebreos no le reconocían autoridad alguna!
Confuso, esforzándose por comprender lo que
en su interior había empezado a rechazar, acer-
tó a decir:
—¿Quién soy yo para sacar de Egipto a los is-
raelitas?
—El faraón que ordenó tu persecución y tu
muerte ya no vive –le replicó Yahvé– y, aunque
viviera, nada tendrías que temer, porque yo es-
toy contigo. Yo te he elegido para que saques a
los israelitas de Egipto; y cuando hayáis aban-
donado aquella tierra, vendréis a este monte a
dar culto a vuestro Dios.
Pero Moisés se resistía, a pesar de las palabras
de Yahvé: 99
05 Cuentos.qxd 14/3/06 15:15 Página 100

—Y si los israelitas me preguntan el nombre


del que me ha enviado, ¿qué les digo?
4
Yo soy el que —Yo soy el que soy4. Dirás a los israelitas: Yo
soy: el que soy me ha enviado a vosotros. Yahvé, el Dios de
existe, no
sometido a las vuestros padres, de Abrahán, de Isaac y de Ja-
coordenadas cob, es quien me envía. Éste es mi nombre para
espacio- siempre. Ve ahora y reúne a los ancianos de Is-
temporales. Se
trata de una
rael; diles que he decidido sacarlos de la escla-
afirmación de vitud de Egipto y llevarlos a una tierra que mana
la leche y miel. Ellos te escucharán y con ellos te
trascendencia
divina.
presentarás ante el faraón y le pedirás que os
permita caminar durante tres días por el desier-
to para ofrecer sacrificios a Yahvé. Si no os deja,
yo extenderé mi mano sobre Egipto y el país su-
frirá las consecuencias. Después, cuando sus ojos
hayan visto los prodigios que mi mano realiza,
os dejará marchar.
Las palabras de Y ahvé dejaron aún más in-
tranquilo al hebreo. Era imposible que sus her-
manos de raza creyeran que el Dios de sus pa-
dres se había aparecido precisamente a él, casi
un extraño para el pueblo, un fugitivo que ha-
bía derramado sangre, en lugar de a cualquiera
de los ancianos de Israel, hombres justos y sa-
bios, intachables y respetados. No, de ninguna
manera se prestarían a escucharlo, lo tomarían
por atrevido, por loco, y lo expulsarían de su pre-
sencia. A Moisés le costó formular aquellos pen-
samientos ante Yahvé:
—No van a creerme, no escucharán mis pala-
bras ni creerán que el Dios de Israel se me ha
aparecido.
Yahvé entonces convirtió en serpiente el caya-
do que Moisés sostenía en su mano, y le ordenó
que la agarrara por la cola; al hacerlo, la serpiente
volvió a ser cayado en su mano. Le mandó des-
pués introducir la mano en el pecho; al sacarla,
estaba cubierta de lepra; cuando la volvió a me-
100 ter, la lepra había desaparecido. Y añadió:
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—Si no te creen ni te escuchan por la primera


señal, lo harán por la segunda; y si no atienden
a estas dos señales, tomarás agua del río y la de-
rramarás en el suelo: al hacerlo, el agua se con-
vertirá en sangre.
Pocos argumentos quedaban ya a Moisés des-
pués de contemplar las señales que Yahvé le ha-
bía mostrado. Sin embargo, en su interior seguía
resistiéndose a aceptar aquella misión, por lo que
insistió aduciendo que no era hombre de pala-
bra fácil:
—Yo no sé hablar. Soy muy torpe, me cuesta
mucho encontrar las palabras para expresar me
–dijo, antes de añadir con desánimo:
—Por favor, envía a quien quieras.
Pero entonces, irritado y harto de escuchar ex-
cusas en boca del que había escogido para sa-
car a su pueblo de la esclavitud, Yahvé estalló
de ira contra Moisés: no va a estar solo, tendrá
la ayuda de su hermano Aarón, que habla bien,
y el propio Yahvé estará pendiente de ambos
para orientarlos, dirigirlos y enseñarles lo que de-
ben hacer y decir. Después, entregó a Moisés el
cayado con el que haría las señales y prodigios.
Al fin, la fuerza de la llamada divina se impu-
so. Moisés regresó a Madián, se despidió de su
suegro, tomó a su mujer y a su hijo y, montán-
dolos en un asno, se encaminó a Egipto. En su
mano llevaba el cayado que Dios le había dado.
Llamado por Yahvé, Aarón salió al desierto a
su encuentro. Moisés le contó todo lo que Yah-
vé le había encomendado y las señales que le
había ordenado hacer; ambos reunieron después
a los ancianos de los israelitas. Aarón repitió las
palabras de Yahvé y Moisés hizo las señales a la
vista del pueblo. Y el pueblo creyó, supo que
Yahvé había visto su aflicción y los había visita-
do. Entonces se postraron y adoraron al Dios de
sus padres. 101
05 Cuentos.qxd 14/3/06 15:15 Página 102

Moisés y Aarón se presentaron después ante el


faraón y le pidieron, en nombre de Y ahvé, que
dejara salir al pueblo a celebrar una fiesta en el
desierto en honor a su Dios. Pero el faraón no
accedió a su petición:
—No conozco a Yahvé y no dejaré salir a Is-
rael. ¿Por qué queréis apartar al pueblo de sus
trabajos? Volved a vuestras tareas –les dijo.
Y aquel mismo día el faraón dio instrucciones
a los capataces y a los vigilantes del pueblo de
que no se les facilitase la paja para los ladrillos,
de modo que en adelante los israelitas deberían
buscar la paja sin que por ello disminuyera la can-
tidad de ladrillos que venían haciendo. Insistió el
faraón en que se aumentara la car ga de trabajo
de los hebreos, de forma que estuviesen ocupa-
dos en todo momento y no prestaran oídos a las
palabras de mentirosos y embaucadores:
—Son holgazanes y perezosos, por eso quie-
ren ofrecer sacrificios a su Dios –concluyó.
Lo sucedido hizo que muchos israelitas se vol-
viesen hacia Moisés y Aarón, acusándolos de haber
conseguido que el faraón odiara al pueblo. Moi-
sés vio de nuevo el rechazo y la desconfianza en
sus rostros, y temió sentirse otra vez forastero y
extraño, esta vez entre los suyos. Por ello, se di-
rigió a Yahvé:
—Desde que me presenté ante el rey de Egip-
to para hablarle en tu nombre está maltratando
a este pueblo, y tú no haces nada por librarlo
–dijo, quejándose amargamente.
—Verás lo que voy a hacer con el faraón; si
no lo convencen tus palabras, lo hará la fuerza
de mi brazo; y acabará dejando salir a los israe-
litas –respondió Yahvé.
Moisés y Aarón volvieron a la presencia del fa-
raón. Ante él y sus servidores, Aarón arrojó al sue-
lo su cayado y se convirtió en serpiente. Los sabios
102 y los hechiceros del faraón hicieron entonces lo mis-
05 Cuentos.qxd 14/3/06 15:15 Página 103

mo: cada cual arrojó su vara y se volvió una ser-


piente, pero el cayado de Aarón devoró las varas
egipcias. El faraón observó todo esto, pero su co-
razón se endureció y no escuchó a los israelitas.
Ante la obstinación del faraón, Yahvé dijo a Moisés:
—Ve a su encuentro por la mañana, cuando sal-
ga a la ribera, y lleva en tu mano el cayado. Co-
nocerá que yo soy Yahvé en cuanto golpees con
el cayado las aguas del río; entonces se conver-
tirán en sangre, morirán los peces, el río queda-
rá infecto, contaminado, y los egipcios no podrán
beber agua de él. Di a Aarón que con tu cayado
extienda su mano sobre los canales, las lagunas,
los ríos y sobre todos los depósitos de agua. Se
convertirán en sangre, y ella, en lugar del agua,
se derramará por toda la tierra de Egipto.
Moisés y Aarón hicieron lo que les había man-
dado Yahvé, en presencia del faraón y de sus ser-
vidores, pero lo mismo hicieron con sus encanta-
mientos los magos de Egipto. Todos los egipcios
tuvieron que excavar en los alrededores del río
en busca de agua potable; a pesar de ello, el rey
no prestó atención a las peticiones de los he-
breos. Yahvé llamó de nuevo a Moisés:
—Preséntate ante el faraón para que deje salir
a mi pueblo; si se niega a dejarlo partir , las ra-
nas invadirán todo el país. Subirán por el río has-
ta la casa del rey, su dor mitorio y su lecho; en-
trarán en las casas de sus siervos y de todo el
pueblo. Que Aarón tome tu cayado y extienda
su mano sobre ríos y lagunas, para que suban
las ranas sobre la tierra de Egipto.
Así lo hicieron, y las ranas cubrieron el país.
Pero también los magos, con sus encantamien-
tos, hicieron subir las ranas. Esta vez, sin embar-
go, el faraón llamó a Moisés y Aarón, y les dijo:
—Pedid a vuestro Dios que aparte las ranas de
mí y de mi pueblo, y yo dejaré salir a los israe-
litas para que le ofrezcan sacrificios. 103
05 Cuentos.qxd 14/3/06 15:15 Página 104

Moisés confió en la palabra del faraón; invocó


a Yahvé y éste hizo lo que Moisés le pedía: mu-
rieron las ranas de las casas, de los patios y de
los campos. Pero el faraón, al ver que desapare-
cía el peligro, volvió a mostrarse terco y obstina-
do, y no quiso atender los deseos de los israeli-
tas. Otra vez escuchó Moisés la voz de Yahvé:
—Que Aarón extienda tu cayado y golpee el
polvo de la tierra para que se convierta en mos-
quitos sobre todo el país de Egipto.
Así lo hicieron, y los mosquitos inundaron el
ambiente, invadiendo a hombres y ganados. Los
magos intentaron con sus encantamientos hacer
salir a los mosquitos, pero no pudieron; y así lo
dijeron al faraón:
—Es el dedo de Dios.
Pero el temor de los magos, incapaces de arro-
jar a los mosquitos del país, no alcanzó al cora-
zón del faraón, que no los escuchó y esta vez
tampoco prestó oídos a los israelitas. Yahvé en-
tonces dio el siguiente encargo a Moisés:
—Levántate muy de mañana y acude ante el
faraón; dile que deje salir a mi pueblo. Si no lo
hace, enviaré tábanos sobre él, sus siervos y su
pueblo; las casas de los egipcios se llenarán de
tábanos, pero no sucederá así con la región de
5
Las ofrendas y Gosén, donde está mi pueblo. Para que sepa el
el ritual egipcio faraón quién es el Dios de Israel, distinguiré en-
eran distintos
(presentaban
tre mi pueblo y los egipcios.
vegetales, aves); De esta forma, un enorme enjambre de tába-
por otro lado, nos invadió y devastó la tierra de Egipto. Enton-
los israelitas
sacrificaban
ces el faraón llamó a Moisés y Aarón y les dijo
algunos que podían ofrecer sacrificios a su Dios en Egip-
animales que to. Pero eso no satisfizo a Moisés, temeroso de
tenían carácter que los hebreos sufriesen la ira de los egipcios
sagrado en
Egipto (carnero, si éstos contemplaban un sacrificio que para ellos
macho cabrío). es abominable 5. Era preciso recorrer tres jor na-
das de camino por el desierto, y ofrecer allí el
104 sacrificio a Yahvé. Y el faraón lo autorizó:
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—Os dejaré ir para que ofrezcáis en el desier-


to sacrificios a vuestro Dios.
Cuando Moisés salió de la presencia del faraón,
imploró a Yahvé, y los tábanos se alejaron de
aquella tierra. Pero también esta vez endureció
el faraón su corazón y no dejó salir al pueblo.
Yahvé convocó de nuevo a Moisés:
—Visita al faraón y dile que deje salir a mi pue-
blo para que me dé culto. Si lo sigue retenien-
do, mi mano caerá sobre sus ganados, sobre sus
caballos, asnos y camellos, sobre las vacas y las
ovejas: la peste los consumirá. Pero Yahvé dis-
tinguirá entre el ganado de Israel y el ganado
egipcio, de modo que no morirá ningún animal
que pertenezca a Israel.
Al día siguiente cumplió Yahvé su palabra, y
murió todo el ganado de los egipcios; mas del
ganado israelita no murió ni una sola cabeza. El
faraón lo comprobó, pero una vez más se mos-
tró obstinado en su deter minación de no dejar
salir al pueblo. Por ello, dijo Yahvé a Moisés y a
Aarón:
—Arrojad al cielo dos grandes puñados de ce-
niza en presencia del faraón; verá cómo todo el
país queda cubierto de un polvo fino que pro-
vocará la aparición de granos, manchas y úlce-
ras en la piel de hombres y ganados.
Así lo hicieron, y ni los magos pudieron per-
manecer delante de Moisés a causa de las erup-
ciones. Pero tampoco en esta ocasión los escu-
chó el faraón. Entonces, dirigió Yahvé a Moisés
estas palabras:
—Al amanecer, preséntate ante el faraón y dile
que deje salir a mi pueblo; debe saber que no
hay otro Dios como yo en toda la Tierra; aunque
podría haberlo exterminado, lo he dejado con
vida para que compruebe mi poder y para que
mi nombre sea conocido y alabado en toda la
Tierra. Mañana haré llover una granizada tan 105
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fuerte como jamás ha habido otra en Egipto. El


granizo descar gará sobre todo lo que se en-
cuentre en el campo, hombres y animales, por
lo que cuantos no se hayan puesto a cubierto
bajo techo perecerán.
Al día siguiente, cuando Moisés extendió su
mano hacia el cielo, Yahvé hizo llover granizo
sobre el país de Egipto; la violencia de la des-
carga asoló cuanto encontró a su paso en el cam-
po, desde los hombres hasta los animales, que-
bró árboles y arrasó la hierba. T an sólo en la
región de Gosén, donde habitaban los israelitas,
no hubo granizo. Al ver aquello, el faraón llamó
a Moisés y Aarón y les dijo:
—He pecado contra Yahvé, el justo. Rogadle que
cesen los truenos y el granizo, y os dejaré salir.
—Así sucederá, para que sepas que la Tierra
es de Yahvé, aunque sé que ni tú ni tus siervos
teméis todavía a Dios –contestó Moisés.
Saliendo de la ciudad, Moisés extendió las ma-
nos hacia Yahvé, y cesaron los truenos y el gra-
nizo. Pero, cuando el faraón vio que habían ce-
sado la lluvia, el granizo y los truenos, volvió a
pecar manteniéndose en su determinación de no
permitir la salida de los israelitas. Dijo Y ahvé a
Moisés:
—Vuelve a la presencia del faraón. Encontra-
rás en él y en quienes lo sirven un corazón duro,
obstinado e insensible, que no se conmueve al
contemplar los signos que realizo ante ellos; gra-
cias a su obstinación, todas las generaciones co-
nocerán que fue Yahvé el autor de estos prodi-
gios en la tierra de Egipto.
Así habló Moisés ante el faraón:
—El Dios de los hebreos quiere que dejes sa-
lir a su pueblo; si te niegas, las langostas invadi-
rán tu territorio, y cubrirán la superficie del país;
devorarán lo que quedó de la granizada y todos
106 los árboles que crecen en el campo; llenarán las
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casas de los egipcios como nunca vieron gene-


raciones hasta el día de hoy.
Los siervos del faraón le insistieron entonces
para que dejara marchar a los hebreos:
—El país se hunde y este hombre es el cau-
sante de nuestra desgracia. ¿Cuánto tiempo más
necesita para dejar a Egipto en la ruina?
Llamaron, pues, de nuevo a Moisés y Aarón, y
el faraón les preguntó quiénes irían a dar culto
a Yahvé. Moisés contestó que saldrían con mu-
jeres e hijos, jóvenes y ancianos, con ovejas y va-
cas, porque era la fiesta de Yahvé. Pero eso re-
sultaba inadmisible para el faraón:
—Ahora sí están claras vuestras intenciones.
¿Cómo se os ocurre pensar que os voy a dejar
partir con todas vuestras familias y ganados? De
ninguna manera; si queréis salir, iréis los varo-
nes solos a dar culto a Yahvé –y el faraón los ex-
pulsó de su presencia.
Moisés extendió su cayado sobre la tierra de
Egipto y Yahvé hizo soplar durante todo aquel
día y toda la noche un viento solano, cálido y
sofocante, sobre el país. Al amanecer, la langos-
ta se había posado en todo el territorio egipcio,
en cantidad tan grande como nunca se había vis-
to; cubrió la super ficie del país hasta oscurecer
la tierra, y devoró la hierba y los frutos de los ár-
boles que el granizo había dejado. El color ver-
de desapareció por completo del suelo egipcio.
Al contemplar todo aquello, el faraón llamó a toda
prisa a Moisés y Aarón, reconoció que había peca-
do contra Yahvé y les pidió que intercedieran ante
él para que terminara semejante calamidad. Moisés
hizo lo que le había pedido el faraón y Yahvé hizo
soplar un viento del oeste que empujó la langosta
hacia el mar Rojo. Pero Yahvé endureció el corazón
del faraón, y no dejó salir a los israelitas.
Yahvé dijo a Moisés que extendiera su mano
hacia el cielo, y unas densas tinieblas invadieron 107
05 Cuentos.qxd 14/3/06 15:15 Página 108

el país durante tres días. No se veían unos a otros


y nadie se atrevió a levantarse de su sitio durante
ese tiempo; entre tanto, había luz en la región
donde vivían los israelitas.
Volvió el faraón a llamar a Moisés para decirle
que podrían salir a dar culto a Yahvé, todos, has-
ta los pequeños, pero no las ovejas y vacas. Sin
embargo, Moisés insistió en que ni una pezuña
del ganado debía quedarse en Egipto, pues eran
necesarios para dar culto a Yahvé. El faraón en-
tonces se irritó contra Moisés y lo expulsó de su
presencia conminándolo a no volver:
—¡No volverás a ver mi rostro, y el día que eso
suceda, morirás! –dijo.
—No volveré a ver tu rostro –afir mó Moisés,
corroborando las palabras del egipcio.
Yahvé habló de nuevo a Moisés:
—Una plaga más vendrá sobre el faraón y so-
bre Egipto. Hacia medianoche pasaré por el país
y morirán todos los primogénitos, desde el pri-
mogénito del faraón hasta el de la esclava y el
del ganado. Un grito ensordecedor, un gemido
desgarrador se escuchará en toda esta tierra, ex-
cepto entre los israelitas, donde ni siquiera se
oirá el ladrido de un perro, y todos sabrán que
Yahvé distingue entre Egipto e Israel.
Moisés transmitió al faraón cuanto le había di-
cho Yahvé acerca de esta nueva plaga. Después,
Yahvé volvió a dirigirse a él y a Aarón:
—Éste será para vosotros el primero de los me-
ses del año. El décimo día de este mes cada fa-
milia escogerá una res de ganado menor, un ani-
mal sin defecto, macho, de un año, elegido entre
los corderos o los cabritos. Lo reservaréis hasta
el decimocuarto día del mes; cuando llegue ese
día, toda la asamblea lo inmolará al ponerse el
sol. Después, con la sangre del sacrificio unta-
réis las dos jambas y el dintel de la casa donde
108 lo comáis. Esa misma noche comeréis la car ne,
05 Cuentos.qxd 14/3/06 15:15 Página 109

asada al fuego, con hierbas amar gas y pan ázi-


mo. No comeréis nada crudo ni cocido, ni deja-
réis nada para el día siguiente; lo que sobre, lo
quemaréis al amanecer. Así lo comeréis: ceñidas
las cinturas, calzados los pies y el bastón en la
mano; y lo comeréis deprisa. Es la Pascua 6 de 6
Pascua: se
Yahvé. Yo recorreré esta noche la tierra de Egip- trataba de una
fiesta anual de
to y morirán todos los primogénitos del país, des- los pastores
de los hombres hasta los ganados; pero al ver la nómadas
señal de la sangre en vuestras casas pasaré de lar- vinculada a la
trashumancia,
go y no entraré en ellas. Éste será un día memo- para procurar
rable para vosotros, y lo celebraréis como fiesta la protección de
en honor de Yahvé de generación en generación. sus ganados de
los peligros que
Moisés convocó a todos los ancianos de Israel les esperaban en
y les expuso lo que Yahvé le había ordenado, les los periodos de
explicó sus instrucciones y el mandato de con- cambios de
pastos.
servar el rito de la Pascua en la tierra que Yahvé Posteriormente,
les iba a dar, según su promesa. se vinculó a la
A medianoche, el ángel exterminador recorrió tradición
Egipto ejecutando la orden de Yahvé: murieron religiosa de la
liberación del
todos los primogénitos, entre los hombres y los pueblo.
ganados, desde el faraón hasta el preso. Los gri-
tos de dolor se oyeron por todo el país, pues no
había casa donde no hubiese entrado el exter-
minador. El faraón llamó apresuradamente a Moi-
sés y Aarón durante la noche, y les dijo:
—Aprisa, levantaos y marchaos antes de que
muramos todos; tomad vuestros rebaños y vacas,
todo lo que necesitéis e id a dar culto a Y ahvé,
haced de una vez lo que él os pide.
Los israelitas abandonaron Gosén llevando con-
sigo grandes rebaños de ovejas y vacas. Habían
permanecido en Egipto cuatrocientos treinta
años. Aquélla fue una noche de vigilia para Yah-
vé: Dios se mantuvo en vela hasta que sacó a su
pueblo de la tierra de Egipto; esa misma noche
será también noche de vigilia en honor de Yah-
vé para todas las generaciones de israelitas, en
memoria del fin de la esclavitud, en recuerdo del 109
05 Cuentos.qxd 14/3/06 15:15 Página 110

día en que Dios liberó a sus antepasados del


yugo egipcio.
Al partir, Moisés tomó consigo los huesos de
José, quien antes de morir había hecho prome-
ter a los israelitas que el día en que abandona-
ran aquella tierra los llevarían consigo.
Cuando el faraón dejó salir al pueblo, Dios no
lo llevó por el camino que avanzaba por la cos-
ta, el itinerario más corto, sino que, dando un ro-
7
El mar Rojo es deo, lo condujo por el desierto hacia el mar Rojo7.
un estrecho mar Yahvé iba al frente de ellos, guiándolos en el ca-
interior,
extensión del mino: de día, en columna de humo; de noche,
océano Índico, en columna de fuego para iluminarlos. Al acer-
que separa la carse al mar, Yahvé dio instrucciones a Moisés
península
Arábiga de
para que el pueblo acampara, y añadió:
África; la zona —No cesará la obstinación del faraón. Os per-
a la que se seguirá creyendo que no sobreviviréis en el de-
refiere el texto sierto, pero yo manifestaré mi gloria a costa suya
bíblico puede
ser el mar de las y de su ejército, y sabrán los egipcios que yo soy
Cañas, es decir, Yahvé.
la parte superior Pronto volvió a endurecerse el corazón del rey
del golfo de
Suez, uno de los de Egipto, en cuanto fue consciente de la huida
dos brazos en de los hebreos y de la pérdida que eso signifi-
que la caba para su pueblo. Su ejército se lanzó de in-
península del
Sinaí divide al mediato en persecución de aquella muchedumbre
mar Rojo (el de hombres y ganados, y sus carros y caballos
otro es el golfo les dieron alcance mientras acampaban junto al
de Ácaba). El
mar de las mar. El temor se apoderó de los israelitas al ver
Cañas es de que los egipcios marchaban tras ellos, y no pu-
escasa dieron reprimir un sentimiento de impotencia y
profundidad,
pantanoso y
de indefensión, de frustración y de desengaño;
abundante en de nuevo dirigieron la mirada a Moisés y Aarón:
cañas. ¿cómo no habían previsto aquella posibilidad?
¿Acaso habían supuesto que los egipcios se iban
a quedar con los brazos cruzados viendo cómo
abandonaba su tierra un pueblo entero? ¿Cuán-
do había decidido el faraón prescindir del im-
pagable servicio que prestaban los esclavos he-
110 breos? Ahora se encontraban acorralados: a un
05 Cuentos.qxd 14/3/06 15:15 Página 111

lado, el mar; al otro, un poderoso ejército ante


el que poco podrían hacer quienes no disponían
de carros, de caballos ni de armas. Muchos pen-
saron entonces que la suerte del pueblo estaba
decidida, y no sólo por la situación angustiosa
en que se hallaban ahora; lo había estado desde
el día desgraciado en que, seducidos por sus se-
ñales y por los prodigios que obraba, confiaron
en las palabras y las promesas de quien decía
hablar en nombre de Dios. Por fiarse de él se ha-
bían enfrentado al faraón, habían logrado inclu-
so, venciendo su voluntad, que permitiese la sa-
lida del pueblo de Egipto; pero también habían
desatado la ira y el odio del rey de Egipto en su
contra. Por fiarse de él, ahora se enfrentaban a
la muerte.
—¿Qué tenían las sepulturas de Egipto para
que hayas preferido que el desierto sea nuestra
tumba? –le dijeron, irritados–. ¿Para qué nos has
sacado de Egipto? Muchos hubiésemos escogido
servir a los egipcios toda la vida en lugar de ve-
nir a morir a este arenal.
—No temáis, Yahvé peleará por vosotros, esta-
rá a vuestro lado frente a los egipcios; aunque
ahora veáis que nos persiguen, pronto los perde-
réis de vista para siempre –les contestó Moisés.
No había tiempo que perder: el ejército egip-
cio se aproximaba con la misma rapidez con la
que crecían la desconfianza y la ira del pueblo.
Yahvé dijo a Moisés:
—Que todos se pongan en marcha. Y tú alza el
cayado, extiende tu mano sobre el mar y separa
las aguas; los israelitas lo atravesarán en seco, sin
que a ninguno se le moje el pie. Los egipcios los
perseguirán sin descanso y conocerán que yo soy
Yahvé cuando me cubra de gloria a costa suya,
del faraón, sus carros y sus jinetes.
El ángel de Yahvé y la columna de nube se
desplazaron a la retaguardia de Israel, interpo- 111
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niéndose entre el ejército egipcio y el campa-


mento de los israelitas. La nube era densa y trans-
currió una noche sin que ninguno de ellos pu-
diera saber dónde se encontraba el otro. Cuando
Moisés extendió su mano sobre el mar, Yahvé
hizo soplar durante toda la noche un viento del
este que lo secó, y las aguas se dividieron. Mien-
tras los israelitas pasaban a pie enjuto, las aguas
se elevaban a derecha e izquierda formando una
enorme muralla.
El ejército egipcio emprendió enseguida la per-
secución de los fugitivos entrando en el mar a
toda prisa; pero entonces Yahvé sembró la con-
fusión entre ellos: pronto comprobaron que sus
carros apenas podían avanzar y que sus caballos,
enloquecidos, no obedecían las órdenes de sus
jinetes; convencidos de que Yahvé luchaba con
Israel, quisieron huir atropelladamente, pero ya
era tarde. Al romper el día, Moisés extendió su
mano sobre el mar y las aguas volvieron a su le-
cho, precipitándose sobre el ejército del faraón,
cubriendo sus carros, ahogando sus caballos.
Aquel día salvó Yahvé a Israel del poder de los
egipcios; cuando los vio muertos en la orilla del
mar, el pueblo creyó en Yahvé, a quien aclamó
como un Dios glorioso y guerrero, autor de pro-
digios y maravillas, y en su siervo Moisés.
Los israelitas partieron desde el mar hacia el
desierto, y caminaron durante tres días sin en-
contrar agua. Cuando la encontraron no pudieron
beberla porque su sabor era amargo; acosado por
la sed, el pueblo comenzó a criticar a Moisés. Yah-
vé entonces señaló un madero, que Moisés echó al
agua, y el agua se volvió dulce. Dijo Yahvé al pue-
blo:
—Si de veras escuchas mi voz, actúas con recti-
tud y guardas mis mandamientos, ninguna de las
plagas que envié sobre los egipcios caerá sobre ti.
112 Yo soy Yahvé, el que te protege, el que te salva.
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Tras acampar en aquel lugar, junto al agua, con-


tinuaron su marcha hacia el monte Sinaí 8 avan- 8
Sinaí:
zando por el desierto. Por entonces, la duda y la montaña
enclavada en la
desconfianza se habían asentado de nuevo entre península del
los israelitas: se quejaban de su suerte ante Moisés mismo nombre,
y Aarón, y echaban de menos las ollas de car ne entre los golfos
de Suez y
y el pan que comían en Egipto. Les decían: Ácaba. Es el
—De aquel pan comíamos hasta hartar nos; lugar donde
ahora nos habéis traído a este desierto para ma- Yahvé se revela
a su pueblo, que
tarnos de hambre. se dirige allí a
Yahvé escuchó las quejas del pueblo y les pro- darle culto tras
metió que haría llover sobre ellos pan del cielo. la salida de
Egipto.
Moisés fue el primero en saberlo, y el encar ga-
do de transmitirlo a los israelitas:
—He oído las quejas de los israelitas; diles que
al atardecer comerán carne, y que por la maña-
na podrán comer pan hasta que se harten, y así
sabrán que yo soy Yahvé.
Aquella tarde las codor nices llenaron el cam-
pamento, y una capa de rocío lo cubrió al ama-
necer del día siguiente; cuando el rocío se eva-
poró, aparecieron en el suelo unos granos
pequeños. Moisés dijo a los israelitas que ése era
el pan enviado por Yahvé como alimento; cada
uno debía recoger lo que necesitara, según el nú-
mero de miembros de su familia o de la gente
de su tienda; cada mañana se recogería la ración
diaria, la precisa para el sustento, sin guardar
nada para el día siguiente (algunos no lo hicie-
ron, guardaron algo, pero se les llenó de gusa-
nos y se les pudrió).
El sexto día recogieron doble ración, porque
al siguiente era sábado, el día de descanso con-
sagrado a Yahvé, y no habría nada que recoger.
Entonces, siguiendo las instrucciones de Moisés,
sí guardaron para el día siguiente, y nada se pu-
drió. Israel llamó maná al alimento que Yahvé
les había proporcionado y Dios quiso que con-
servaran una muestra para enseñarla a sus des- 113
05 Cuentos.qxd 14/3/06 15:15 Página 114

cendientes; así las generaciones futuras verían el


pan con el que Yahvé había alimentado al pue-
blo cuando lo sacó de Egipto. Los israelitas co-
mieron el maná durante cuarenta años, hasta que
llegaron a los límites del país de Canaán*.
Tras nuevas jornadas de camino, volvió a es-
casear el agua, y el pueblo, al no hallar agua para
beber, angustiado por la sed, se rebeló contra
Moisés y tentó a Yahvé. Pero éste condujo a Moi-
sés hacia una peña, en compañía de algunos an-
cianos de Israel. A la vista de éstos, Moisés gol-
peó la peña con el cayado, y brotó el agua.
El día en que se cumplía el tercer mes después
de la salida de Egipto, llegaron los israelitas al
desierto del Sinaí y acamparon frente al monte.
Desde allí llamó Dios a Moisés para comunicar-
le lo que había de decir a los hijos de Israel:
—Habéis sido testigos de la suerte que han co-
rrido vuestros perseguidores, los egipcios; habéis
comprobado también que os he traído hasta aquí
cuidándoos y atendiendo vuestras necesidades.
Llega ahora el momento de sellar mi alianza con
vosotros: si la guardáis, seréis mi pueblo, un rei-
no de sacerdotes y una nación santa, y yo seré
vuestro Dios.
Cuando conoció las palabras de Yahvé, el pue-
blo, al unísono, respondió:
—Haremos todo cuanto Yahvé ha dicho.
Yahvé dijo a Moisés:

* Las codornices, que vuelven de Europa, regresan agota-


das tras atravesar el Mediterráneo. El maná procede de la
secreción de insectos sobre una especie mediterránea de
tamariscos, que produce una sustancia dulce que se solidi-
fica y puede ser arrastrada por el viento. Codornices y maná
provienen, probablemente, de grupos que salieron de Egip-
to por separado y que siguieron caminos distintos. Obsér-
vese cómo el autor se ha preocupado de que tanto la apa-
rición de los granos de maná como su recogida se ajusten
114 a las estrictas reglas del descanso sabático.
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—Haz que se santifiquen hoy y mañana; que


laven sus ropas y se preparen para el tercer día,
porque entonces descenderé a la vista de todo
el pueblo sobre el monte Sinaí*. Que se absten-
gan de mujer y de acercarse al monte. T odo
aquel que toque el monte, aunque sea su falda,
morirá.
Al tercer día, al rayar el alba, entre el resonar
de los truenos y el resplandor vivísimo de los re-
lámpagos, una densa nube cubrió el monte. El
Sinaí hervía en presencia de Y ahvé, y toda la
montaña humeaba y retemblaba, sacudida con
violencia, cuando Moisés condujo al pueblo al
encuentro con Dios. También el pueblo tembla-
ba estremecido, sobrecogido al contemplar la ma-
nifestación divina. Yahvé bajó al monte, a la cum-
bre del Sinaí, llamó a Moisés y le dijo:
—Que el pueblo no traspase los límites seña-
lados, porque morirían muchos de ellos; todos
los que se acerquen deben estar santificados**.
Entonces dijo Dios estas palabras:
—Yo, Yahvé, soy tu Dios, el que te sacó de la
esclavitud en Egipto, el que te ha hecho un pue-
blo libre. No tendrás otros dioses junto a mí. No
harás escultura ni imagen alguna de lo que hay
en los cielos ni en la Tierra. No te postrarás ante

* La estancia en el Sinaí representa un momento clave, fun-


dante, para la fe israelita. Yahvé sella su alianza con el pue-
blo y le entrega la ley, expresión de su voluntad y verda-
dero programa de vida. Esa ley mosaica, detallada en
capítulos posteriores, será el fundamento de la reforma deu-
teronómica que se propone reconstruir la identidad judía
tras el destierro.
** La descripción de la teofanía, la manifestación de Dios,
se expresa a través de un abundante despliegue de las fuer-
zas naturales (un volcán, una tempestad), con el objeto de
subrayar la trascendencia divina y la presencia de lo sagra-
do, terreno vedado al ser que vive en el ámbito profano.
Ante esa presencia, el profano debe estar preparado, puri-
ficado, santificado. 115
05 Cuentos.qxd 14/3/06 15:15 Página 116

ella ni la adorarás. No utilizarás en vano el nom-


bre de Yahvé, tu Dios, ni jurarás por él. Santifi-
ca el sábado: trabajarás durante seis días, pero el
séptimo es el día de descanso, dedicado a Yah-
vé, pues en seis días hizo Yahvé el cielo, la Tie-
rra, el mar y cuanto hay en ellos, y el séptimo
descansó; por eso bendijo el sábado y lo hizo sa-
grado. Honra a tu padre y a tu madre. No mata-
rás. No cometerás adulterio. No robarás. No da-
rás testimonio falso contra tu prójimo. No
codiciarás la casa de tu prójimo, ni su mujer , ni
su siervo, ni su sierva, ni su buey, ni su asno, ni
nada que sea suyo*.
Yahvé ordenó la construcción de un arca de
madera, con varales para transportarla, en la que
quedaría guardado el decálogo, así como una
tienda, la tienda del encuentro, con sus cortina-
jes, toldos y altar. En su interior, tras un velo, se
colocará el arca de la alianza, en el Santo de los
Santos, la morada de Yahvé. Aarón y sus hijos
serán los encargados de ejercer el sacerdocio de
Yahvé; Aarón será consagrado sacerdote de Yah-
vé y llevará las vestiduras sagradas, que vestirán
sus hijos después de él. En la entrada de la tien-
da del encuentro se ofrecerá cada día un holo-
causto de generación en generación. Esta tienda
será el lugar consagrado a la gloria de Yahvé, su
morada en medio de los israelitas.
Sólo Moisés se acercó a la densa nube donde
estaba Dios, en tanto que los truenos, los relám-
pagos y la contemplación del monte humeante

* Las diez palabras, el decálogo, fueron en su origen un


apretado resumen, contenido en fórmulas breves, sencillas
y fáciles de memorizar, de las normas religiosas y morales
de la ley mosaica y de la alianza (que ahora ya no se sella
con un hombre y su clan, como sucedía con Abrahán, sino
con todo el pueblo), de la que constituyen su verdadero
núcleo. Entre esos mandamientos destaca, por ejemplo, la
116 exclusividad del culto a Yahvé.
05 Cuentos.qxd 14/3/06 15:15 Página 117

mantenían al pueblo asustado y alejado, domi-


nado por el temor que despertaba en ellos la pre-
sencia divina.
Cuando regresó, Moisés explicó al pueblo to-
das las prescripciones y mandamientos que ha-
bía escuchado a Yahvé, y los israelitas se com-
prometieron a cumplirlas. Moisés lo puso todo
por escrito. Al amanecer del día siguiente, erigió
al pie del monte un altar y doce estelas, una por
cada una de las tribus de Israel; en aquel altar ,
algunos israelitas jóvenes ofrecieron sacrificios
de comunión a Yahvé, y allí leyó Moisés el libro
de la alianza ante el pueblo, que de nuevo se
comprometió a cumplir cuanto en él estaba es-
crito. Después roció a los israelitas con la sangre
de los novillos sacrificados, mientras decía:
—Que esta sangre derramada sobre el altar y
sobre este pueblo selle la alianza que Yahvé ha
hecho con vosotros.
Cuando la sangre de las víctimas ratificó el pac-
to entre el Dios de Israel y su pueblo, Yahvé lla-
mó de nuevo a Moisés al monte Sinaí. Quería en-
tregarle la ley y los mandamientos, escritos en
unas tablas de piedra, unas estelas que contenían
el decálogo, las cláusulas de la alianza. Antes de
partir, confió a Aarón y a Jur el encar go de diri-
mir cualquier asunto que pudiera plantearse en su
ausencia; después, acompañado por Josué, su ayu-
dante, se encaminó al monte de Dios, que se ha- 9
La gloria de
llaba cubierto por la nube. La gloria de Yahvé9 se Yahvé:
asentó sobre el monte Sinaí durante seis días, y expresión de la
presencia de lo
los israelitas la contemplaban absortos, como un sagrado, señal
fuego abrasador sobre la cumbre del monte, externa de que
como lava incandescente que amenaza con des- Dios se
bordarse sobre la ladera de la montaña; al sépti- encuentra o
habita en un
mo día, Yahvé llamó a Moisés desde la nube. Moi- lugar
sés entró en ella y permaneció allí cuarenta días determinado.
con sus noches; entonces recibió las dos tablas
de la ley, las estelas escritas por el dedo de Dios. 117
05 Cuentos.qxd 14/3/06 15:15 Página 118

Mientras Moisés se hallaba en el monte, el pue-


blo, inquieto por su tardanza, se congregó alre-
dedor de Aarón y le pidió que construyera para
ellos un dios que los guiara como Moisés había
hecho hasta ahora:
—No sabemos qué ha sucedido al hombre que
nos sacó de Egipto –le dijeron.
Aarón les pidió todos los pendientes de oro
que tuvieran, hizo un molde con ellos y fundió
un becerro, un toro joven ante el cual los israe-
litas exclamaron:
—Éste es tu Dios, Israel, éste es el que te sacó
de Egipto.
Aarón erigió un altar ante el becerro y a la ma-
ñana siguiente se ofrecieron en él sacrificios y
holocaustos. Lo sucedido provocó la cólera de
Yahvé, que dijo a Moisés:
—Poco han tardado en apartarse del camino que
yo les había señalado. Ya veo que éste es un pue-
blo inconstante y caprichoso, vacilante y poco fia-
ble; será mejor acabar con ellos. Tú, sin embargo,
espera; verás nacer de ti un gran pueblo.
Pero Moisés se esforzó en apaciguar la ira de
Yahvé, quiso serenar su ánimo encendido, po-
ner freno a su irritación creciente: le pidió que
no se ensañara con el pueblo al que tan porten-
tosamente había sacado de Egipto, que abando-
nara el ardor de su cólera y recordara a Abrahán,
Isaac y Jacob, sus siervos, a los que había pro-
metido que su descendencia se multiplicaría
como las estrellas del cielo y poseería en heren-
cia una tierra. Yahvé entonces renunció al mal
con el que había decidido castigar a su pueblo.
Moisés bajó del monte llevando las dos tablas
de la ley, escritas por Dios. Cerca ya del campa-
mento, él y Josué escucharon los cantos a coro
de los israelitas, y vieron el becerro y cómo dan-
zaban alrededor de él. Entonces el propio Moi-
118 sés estalló de rabia; enfurecido, arrebatado por la
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Moisés con las tablas de la ley (Guido Reni, ca. 1620). «Moisés bajó del monte llevando
las dos tablas de la ley escritas por Dios.»

ira, arrojó las tablas (que quedaron convertidas


en pedazos al pie del monte), quemó el becerro
y lo trituró hasta reducirlo a polvo, que, disuelto
en agua, dio a beber a los israelitas. Después se
encaró con Aarón, y lo acusó de haber traído so-
bre el pueblo un gran pecado, pero éste descar-
gó su responsabilidad en los israelitas: 119
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—¿Es que no conoces a esta gente? ¿Has olvi-


dado que éste es un pueblo inclinado al mal?
Ante el espectáculo del pueblo entregado a la
idolatría, Moisés convocó a los hijos de Leví a la
entrada del campamento. En nombre de Yahvé,
les ordenó empuñar su espada, recorrer el lugar,
tienda por tienda, y matar cada uno a su herma-
no, ejecutar a su amigo y a su pariente. Aquel
día murieron unos tres mil hombres. Al día si-
guiente, volvió Moisés al monte Sinaí para inter-
ceder por el pueblo y para pedir a Yahvé que
perdonara el pecado cometido por quienes se
habían construido un dios de oro. Moisés lo in-
vocó diciendo:
—Dios misericordioso y clemente, lento a la ira
y rico en amor y fidelidad, que perdonas la mal-
dad y la rebeldía, la iniquidad y el pecado, pero
no los dejas sin castigo; Dios bondadoso y jus-
to, que corriges a los que te aman y no soportas
la impunidad; tú que sabes cómo es este pueblo,
tú que no ignoras la volubilidad de su corazón,
ni desconoces la inconstancia de sus obras ni la
facilidad con que olvidan sus compromisos; a pe-
sar de todo, no nos abandones; tú, que has que-
rido ser nuestro Dios, vuelve junto a nosotros;
aquí nos tienes, perdona nuestro pecado y recí-
benos como herencia tuya.
Yahvé escuchó la súplica de Moisés y le res-
pondió:
—Ponte en marcha, conduce al pueblo a la tie-
rra que prometí a Abrahán, Isaac y Jacob. Enviaré
delante de ti un ángel y llevarás al pueblo al país
que mana leche y miel; pero yo no iré contigo,
pues éste es un pueblo incorregible y testarudo;
si llego a ir contigo, aunque fuese sólo un mo-
mento, lo destruiría. Pero ellos poseerán el país
que prometí a sus antepasados, una tierra en la que
ahora habitan otros pueblos; pero a todos ellos
120 –amorreos, cananeos, hititas, perizitas, jivitas y
05 Cuentos.qxd 14/3/06 15:15 Página 121

jebuseos10– los expulsaré de allí. Porque ocupan 10


amorreos
[…] jebuseos:
la tierra prometida a la descendencia de Abrahán. pueblos
Ahora bien, cuando estéis en ella, os guardaréis preisraelitas de
de pactar con los habitantes del país y de adoptar Palestina.
Destacan los
sus costumbres, porque acabaréis adorando a sus hititas, cuyo
dioses y ofreciéndoles sacrificios. Nada tendréis origen no es
que ver con ellos salvo para destruir sus altares y semítico, que
estelas. No olvidéis que soy un Dios celoso. proceden de
Asia Menor; los
Y añadió Yahvé a Moisés: cananeos, base
—Deberás labrar otras dos tablas de piedra, de la población
como las que rompiste, para poner por escrito semítica de la
región; los
mis palabras. amorreos,
pueblo semita
que se asentó en
Palestina hacia
el final del
tercer milenio
a.C., y los
jebuseos, los
antiguos
habitantes de
Jerusalén.

Moisés, esculpido por Miguel Ángel en 1513 para el sepulcro del


papa Julio II. La ira contenida que refleja su mirada expresa la ten-
sión interior por lo sucedido durante su ausencia. 121
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Cuando Moisés bajó del monte, reunió a toda


la comunidad de los israelitas y les explicó lo que
Yahvé había mandado al pueblo. Después, co-
menzaron los preparativos para la construcción
del santuario. Para ello, se puso en marcha una
colecta de materiales: los israelitas ofrecieron oro,
plata, bronce, lino fino, pieles teñidas, cueros,
madera de acacia, aceites, aromas, piedras de
ónice y piedras de engaste. Y ahvé escogió a
hombres hábiles y les confió la realización de
cuanto había ordenado: la morada, la tienda y su
toldo, el arca y sus varales, el candelabro para el
alumbrado, el altar de los holocaustos y las ves-
tiduras sagradas. Acabada la obra, fue presenta-
da a Moisés: la morada, la tienda y todos sus
utensilios. Moisés vio todo el trabajo y compro-
bó que lo habían realizado tal como había man-
dado Yahvé.
Al comenzar el segundo año desde la salida de
Egipto, y siguiendo las instrucciones de Y ahvé,
Moisés levantó la morada, desplegó la tienda por
encima y llevó el arca de la alianza al interior de
la morada. La nube cubrió entonces la tienda del
encuentro y la gloria de Yahvé llenó la morada.

122
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III

EN LOS LLANOS DE MOAB

Transcurridos trece meses desde que los israe-


litas salieron de Egipto, Yahvé se dirigió a Moi-
sés en la tienda del encuentro, en el desierto del
Sinaí. Allí Dios le ordenó hacer el censo de toda
la comunidad israelita, contando los varones uno
por uno y alistando a todos los útiles para la gue-
rra, los de veinte años en adelante.
Moisés y Aarón, junto con el hombre designa-
do por cada tribu, comenzaron el recuento de
las parentelas, tribu por tribu, clan por clan, fa-
milia por familia. El número total de los israeli-
tas de más de veinte años, útiles para la guerra,
revistados por sus casas pater nas, resultó ser
603.550. Pero los levitas y toda su tribu no fue-
ron contados. Yahvé había dado instrucciones a
Moisés para que no hiciera el padrón de la tribu
de Leví entre los demás israelitas, pues estaban
destinados al servicio de la morada de Dios. Ellos
serán los encargados de montarla y desmontar-
la, y de trasladarla con todos sus utensilios, es-
tarán a su servicio y acamparán en torno a ella;
el laico que se acerque, morirá.
Yahvé había dicho a Moisés: 123
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—He elegido a los levitas de entre los demás


israelitas en lugar de los primogénitos. Cuando
os saqué de la esclavitud en Egipto, exterminé a
todos los primogénitos del país, pero dejé intac-
tos a todos los primogénitos de Israel, tanto de
hombre como de ganado, y los reservé para mí;
el ganado será para el sacrificio y el lugar de los
1
Los levitas hombres lo ocuparán en adelante los levitas1.
quedan Y Yahvé ordenó a Moisés hacer una lista de los
dedicados al
servicio de hijos de Leví por familias y clanes, incluyendo
Yahvé y del en ella a todos los varones de un mes al menos.
culto en la El resultado fue un censo de 22.000 levitas.
morada de
Dios, en lugar Otras normas dictó Yahvé a Moisés para los is-
de los raelitas: ordenó expulsar del campamento al le-
primogénitos proso, al que padece flujo y al que ha quedado
israelitas
salvados en
impuro al haber tocado un cadáver; todos ellos,
Egipto. Se trata sean hombre o mujer, deberán ser expulsados
de un esbozo de del campamento, para que no contaminen el lu-
las funciones
culturales y
gar donde Yahvé habita en medio de ellos.
sacerdotales que Si a un marido lo atacan los celos y sospecha
se desarrollarán de su mujer , tanto si ella no lo ha engañado
posteriormente, como si lo ha hecho realmente, en secreto y sin
sobre todo en el
cristianismo. testigos, a escondidas del marido, llevará a su
mujer ante el sacerdote y presentará por ella la
ofrenda correspondiente. El sacerdote pondrá a
la mujer delante de Yahvé, con la cabeza descu-
bierta y en sus manos un vaso de agua sobre la
que ha esparcido polvo del suelo de la morada,
aguas funestas, aguas de maldición; es la obla-
ción de los celos, la oblación conmemorativa
para recordar una falta. Después conjurará a la
mujer con estas palabras:
—Si ningún otro hombre ha dor mido contigo
ni te has manchado desde que estás bajo la po-
testad de tu marido, estas aguas amar gas no te
harán daño; pero si te has manchado dur mien-
do con un hombre distinto de tu marido, la mal-
dición de estas aguas caerá sobre ti, se defor-
124 marán tus caderas y se hinchará tu vientre, serás
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aborrecida por los tuyos, despreciada por tu pue-


blo, condenada y execrada por Yahvé.
La mujer beberá a continuación las aguas de la
maldición: si ha engañado a su marido, se hin-
chará su vientre, se deformarán sus caderas y será
una mujer maldita y detestada por su pueblo;
pero si no se ha manchado, si es pura, quedará
libre de toda culpa y será fecunda2. 2
Se trata de una
Si un hombre o mujer se decide a hacer voto ordalía o juicio
divino, práctica
de nazir, de consagrado a Yahvé, deberá saber a habitual en la
qué se compromete: mientras dure su voto no se Antigüedad y
cortará el cabello; porque es sagrado, porque se mantenida
hasta la Edad
ha entregado a Yahvé, no rasurará su cabeza has- Media, que
ta que se cumplan los días por los que se con- invocaba la
sagró a Dios. También se abstendrá de vino y de intervención
divina para
bebidas embriagantes; no tomará nada de lo que decidir
se obtiene de la vid, desde la uva silvestre y judicialmente en
amarga hasta el orujo; su vida será sobria y aus- un caso sin
pruebas,
tera, alejada de la comodidad y el deleite. No se suponiendo que
acercará a ningún cadáver, aunque sean su pa- Dios actuaría a
dre, su madre, su her mano o hermana los que favor del justo e
hayan muerto; porque todos los días de su nazi- inocente. En este
fragmento, la
reato es un consagrado a Yahvé y sólo a él per- vieja fórmula de
tenece. la ordalía se
Cuando se cumplan los días de su compromi- mezcla con un
ritual israelita.
so, el nazir presentará su ofrenda a Yahvé en la
entrada de la tienda del encuentro: un cordero y 3
nazir: figura
una cordera de un año, sin defecto; un carnero, que indica la
consagración y
un canastillo de panes ázimos y tortas sin leva- dedicación total
dura, con sus correspondientes oblaciones y li- a Dios, temporal
baciones. Entonces el nazir se rapará su cabelle- o definitiva,
acompañada de
ra y después beberá vino3. una serie de
Al comienzo del segundo año desde la salida signos externos
de Egipto, los israelitas celebraron la Pascua en que la expresan.
Nazir relevante,
el desierto del Sinaí, el día catorce del mes, en- que aparece más
tre dos luces, según el ritual establecido. Yahvé adelante en el
dio instrucciones a Moisés para que en el futuro texto, es Sansón.
quienes estuvieran impuros por contacto de ca-
dáver o estuviesen en tierra lejana pudieran ce- 125
06 Cuentos.qxd 14/3/06 15:16 Página 126

lebrarla un mes después, el segundo del año, en-


tre dos luces, con hierbas amar gas y panes ázi-
mos, sin quebrantar ningún hueso ni dejar nada
para el día siguiente. También los forasteros po-
drían celebrar la Pascua en honor de Yahvé, con
el mismo ritual que los israelitas.
Faltaban pocos días para que se cumplieran
catorce meses desde la salida de Egipto cuando
se levantó la nube de encima de la tienda del
encuentro. Ésa fue la señal para que los israeli-
tas abandonaran el Sinaí camino del desierto de
4
desierto de Parán4.
Parán: en el Con la reanudación de la marcha los israelitas
antiguo Oriente,
territorio volvieron a sus quejas y sus llantos, a acordarse
situado del pescado que comían en Egipto, de aquellos
aproximadamente pepinos y melones, de las cebollas y ajos, mien-
entre el noroeste
del golfo de tras que ahora no disponían de otra cosa que las
Ácaba y Edom, tortas de maná.
al sur de —¿Cuándo volveremos a comer carne? –se de-
Palestina.
cían.
Moisés, que había escuchado estos lamentos,
se volvió entonces hacia Yahvé:
—¿Qué quieres de mí? ¿Cómo puedo alimentar
con carne a todos éstos? ¿De dónde la sacaré? Sa-
bes bien que yo no puedo con ellos, este pue-
blo es una carga demasiado pesada para mí.
—Reúne a setenta ancianos y llévalos a la tien-
da del encuentro –contestó Yahvé–. Yo les infun-
diré el espíritu que hay en ti, para que lleven con-
tigo la carga del pueblo. Y a los israelitas les dirás
que se santifiquen, que estén preparados porque
van a comer carne no un día, ni dos, ni cinco, ni
diez, sino un mes entero, carne hasta que se har-
ten, hasta que aborrezcan su sabor y su olor les
produzca náuseas, porque en presencia de Y ah-
vé, de quien los sacó de la esclavitud, se han la-
mentado de haber salido de Egipto.
Agobiado y desconcertado, Moisés recibió con
126 perplejidad la respuesta de Yahvé:
06 Cuentos.qxd 14/3/06 15:16 Página 127

—Son 600.000 los que for man este pueblo,


¿cómo van a comer carne durante un mes entero?
—Confía en mi palabra –insistió Yahvé–. Co-
merán carne hasta que se harten.
Los setenta ancianos, reunidos alrededor de la
tienda, recibieron de Yahvé el mismo espíritu de
Moisés y regresaron al campamento. Después,
empezó a soplar un viento que trajo codor nices
del mar y llenó con ellas el campamento. El pue-
blo se dedicó día y noche a cazar las codornices5. 5
El relato
En el desierto de Parán ordenó Y ahvé a Moi- bíblico recoge
dos tradiciones
sés que enviara algunos hombres, uno por cada sobre las
tribu, a explorar la tierra de Canaán. Así lo hizo codornices:
Moisés. Los exploradores deberían reconocer el según una, el
episodio se
país: comprobar si sus ciudades estaban abiertas produce antes
o fortificadas, si su tierra era fértil o estéril, si es- de llegar al
taba poblada de árboles… Deberían también Sinaí; de
fijarse en el pueblo que vivía en aquella tierra: acuerdo con la
otra, tiene lugar
observar si era fuerte o débil, pacífico o aguerri- posteriormente,
do, escaso o numeroso. Finalmente, y como camino de
muestra, deberían traer algunos frutos y produc- Cades Barnea.
tos cananeos.
Los exploradores regresaron cuarenta días des-
pués. Contaron que habían visto un país fértil y
una tierra fecunda, que manaba leche y miel, y
mostraron sus productos; pero dijeron también
que allí habitaba un pueblo poderoso, que vivía
en grandes ciudades fortificadas. Ese pueblo era
más fuerte que Israel.
La noticia encendió los ánimos de los israelitas
que empezaron a criticar de nuevo a Moisés y
Aarón. Como en la hora incierta en que se en-
contraron ante el mar, con el ejército egipcio a
su espalda; al igual que cuando apretaba el ham-
bre en el desierto y Dios les envió el maná, los
israelitas se preguntaban por qué Yahvé los ha-
bía sacado de Egipto. Ahora el peligro no era el
ejército del faraón, ni el hambre, la sed, la in-
certidumbre o la incomodidad de la vida en el 127
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desierto, sino lo que tenían ante sí. De pronto,


la tierra prometida, la tierra fértil que manaba leche
y miel, se volvía un solar prohibido para Israel,
habitado por un pueblo fuerte y poderoso. Al
cansancio de la vida en el desierto y la concien-
cia de la inferioridad de sus fuerzas se añadían
ahora la frustración y el desencanto, la pérdida
de fe en la promesa divina, la evidencia de que
tanto esfuerzo había sido en vano.
—¿No es mejor que volvamos a Egipto? –se de-
cían unos a otros–. Allí habríamos vivido y muer-
to mejor. ¿Por qué Yahvé nos ha traído a este
país? ¿Quiere que muramos atravesados por la
espada de los cananeos? ¿Desea que nuestras mu-
jeres e hijos pasen en cautividad el resto de sus
días?
Algunos, desesperanzados, deseaban la muer-
te; otros, airados, hablaban abiertamente de su-
blevarse contra los dos hermanos que los habían
guiado a través del desierto y apedrearlos. En-
tonces tomaron la palabra Josué y Caleb, que ha-
bían participado en la exploración, y animaron
al pueblo a no rebelarse contra Yahvé y a no te-
mer a la gente de aquel país:
—Si Yahvé está con nosotros, él nos llevará a
esa tierra y nos la entregará. Nada hay que te-
mer; las gentes del país nada pueden contra
nuestro Dios.
Finalmente, la gloria de Dios se apareció en la
tienda del encuentro, y Yahvé, irritado, se diri-
gió a Moisés:
—¿Cuánto tiempo más tendré que soportar los
desaires y desprecios de este pueblo? Me humi-
llan con su desconfianza, me afligen con sus re-
celos, me hieren con su incredulidad; yo no es-
toy dispuesto a continuar al lado de un pueblo
que no tiene fe en mí. Por ello, yo también los
despreciaré y los heriré, acabaré con ellos y haré
128 de ti un pueblo más grande y poderoso que éste.
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Moisés se volvió hacia Yahvé en defensa de los


israelitas: le recordó que con su poder había sa-
cado a este pueblo de las manos de los egipcios;
le explicó que los habitantes de Canaán ya sa-
bían que Yahvé está en medio de Israel, y que
camina delante de ellos de día en la columna
de nube y de noche en la columna de fuego.
Quien así había actuado no podía ahora matar
al pueblo en el desierto; quien nunca había
abandonado a los suyos no podía ahora rom-
per su juramento de dar una tierra buena y fér-
til a la descendencia de Abrahán. Yahvé, el Dios
paciente, lento a la cólera y rico en bondad, no
podía faltar a sus propias promesas. Y añadió
Moisés:
—Este pueblo ha sido injusto contigo, pero tu
generosidad no conoce límites; haz honor a la
grandeza de tu bondad y perdónalo, de la mis-
ma forma que lo has soportado desde Egipto has-
ta aquí.
Yahvé atendió a las palabras de Moisés y per-
donó al pueblo, pero no se calmó su ira contra
los israelitas.
—Ninguno de los que han visto las señales
que he realizado en Egipto y en el desierto, na-
die entre los que me han puesto a prueba una
y otra vez hasta agotar mi paciencia, ni uno sólo
de los que no han escuchado mi voz, porque no
confiaban en mí ni en mis palabras, verá la tie-
rra que prometí con juramento a sus padres –de-
cretó, indignado–. Por haberme criticado, por
haberme reprochado el bien que os he procu-
rado, este desierto será vuestra tumba, la de to-
dos los que fuisteis incluidos en el censo como
aptos para la guerra, de veinte años para arriba.
No entraréis en la tierra que estaba destinada
para vosotros. Sólo Caleb y Josué, y vuestros pe-
queños, ésos de los que habéis pronosticado que
crecerían en el cautiverio, entrarán en el país, y 129
06 Cuentos.qxd 14/3/06 15:16 Página 130

conocerán la tierra que vosotros habéis despre-


ciado. Mañana, daréis la vuelta y emprenderéis
de nuevo la marcha por el desierto en dirección
al mar de las Cañas.
Sucedió también en aquellos días que Coré,
descendiente de Leví, y Datán y Abirón, des-
cendientes de Rubén, junto con otros doscientos
cincuenta principales de la comunidad, se amo-
tinaron contra Moisés y Aarón, a los que acusa-
ron de actuar como príncipes, de engrandecer-
se ante aquella asamblea, creyéndose superiores
al resto de los israelitas. Moisés entonces recri-
minó a Coré sus verdaderas intenciones: apode-
rarse del sacerdocio de Aarón, precisamente él,
un hijo de Leví, uno de los que Y ahvé había
apartado de la comunidad de Israel para poner-
los junto a sí y dedicarlos al servicio de su mo-
rada. Después de encararse con Coré, llamó tam-
bién a los rubenitas, pero éstos se justificaron
diciendo:
—¿Te parece poco habernos sacado de Egipto
para traernos a morir al desierto? Confiamos en
ti y nos equivocamos: no nos has traído a nin-
gún país de campos y vergeles, a ninguna tierra
fecunda.
Escuchándolos, Moisés comprendió lo que
aquellos hombres ambicionaban: uno, el sacer-
docio; otros, el poder. Prefirió entonces que fue-
ra Yahvé quien dirimiera el conflicto. Para ello,
convocó a Aarón y a Coré ante la tienda del en-
cuentro y les dijo:
—Yahvé mismo señalará al que ha escogido.
La gloria de Yahvé se apareció a toda la co-
munidad y todos fueron advertidos de que de-
bían alejarse de los alrededores de la tienda de
aquellos hombres. Aquel día los israelitas pu-
dieron contemplar cómo la tierra abría sus fau-
ces bajo los pies de Coré, Datán y Abirón y los
130 engullía, con toda su familia y sus pertenencias,
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así como sus hombres con todos sus bienes. To-


dos ellos bajaron vivos al lugar de los muertos,
porque habían rechazado a Yahvé. La tierra los
absorbió y desaparecieron de la asamblea.
Tras estos sucesos, la comunidad israelita lle-
gó a Cades Barnea6 y se quedó en aquel territo- 6
Cades
rio. Allí murió María, la hermana de Moisés y Aa- Barnea:
territorio
rón, y en aquel lugar fue enterrada. Y allí se situado
amotinó de nuevo el pueblo contra Moisés y Aa- entonces en el
rón por la falta de agua. Otra vez lamentaron su camino de
Edom.
suerte: haber abandonado Egipto para venir a
este lugar inhóspito y sin agua, donde jamás se
podrá plantar una viña ni crecerá una higuera.
Moisés consultó a Yahvé y éste le ordenó reunir
a los israelitas junto a una peña y golpearla con
su vara; la peña dará agua suficiente para que
beban la comunidad y sus ganados. Moisés y Aa-
rón reunieron a los israelitas ante la peña y el
primero dijo:
—¿Lograremos que de esta peña brote agua
para saciar vuestra sed?
Y, alzando la mano, golpeó la peña con su vara
dos veces; y el agua brotó en abundancia. Pero
entonces Yahvé se dirigió a Moisés y Aarón:
—No habéis confiado en mi palabra en pre-
sencia de los israelitas; por ello os aseguro que
no guiaréis a esta asamblea hasta la tierra que les
he dado.
Desde Cades Barnea siguieron su marcha ro-
deando Edom, pues el rey de este territorio no
les permitió atravesarlo. Mientras avanzaban por
la frontera edomita murió Aarón y su hijo Elea-
zar ocupó su lugar. De esta forma, y como ha-
bía dicho Yahvé, Aarón no entró en la tierra que
Dios iba a dar a los israelitas.
Con los israelitas marchaba también la impa-
ciencia, empujándolos a murmurar contra Dios
y contra Moisés, quejándose de las incomodi-
dades de aquella vida. Entonces Yahvé envió 131
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serpientes contra el pueblo, y muchos murieron


en Israel. El pueblo se dirigió a Moisés, pidién-
dole que intercediera ante Yahvé para que los
librara de las serpientes. Yahvé ordenó a Moi-
sés hacer una serpiente de bronce y elevarla so-
bre un mástil; todo aquel que hubiera sido mor-
dido y mirara a la serpiente de bronce, quedaría
7
Al no poder con vida.
entrar en Al llegar al torrente Arnón7, en la frontera en-
Canaán por el
sur (cruzando tre los moabitas y los amorreos, Moisés pidió au-
Edom), los torización al rey amorreo para atravesar sus tie-
israelitas rras, prometiéndole que de ninguna manera se
avanzan hacia
Transjordania detendrían a aprovisionarse de agua ni entrarían
(la región al en las viñas ni en los sembrados. Sin embar go,
este del Jordán) de nada valieron las promesas de los hebreos al
para entrar por
ella. Pero antes
rey del pequeño reino cananeo; éste, además de
deberán vencer denegar el permiso solicitado, reunió a su gen-
la resistencia de te y salió al desierto para atacar a Israel. Pero los
los amorreos y
los moabitas,
israelitas vencieron a los amorreos y se apode-
pequeños reinos raron de sus tierras y de todas sus aldeas.
cananeos Israel se estableció en la tierra de los amorreos;
transjordanos desde allí hicieron diversas incursiones por
situados al
norte y al sur, Transjordania. Después acamparon en las este-
respectivamente, pas de Moab, al otro lado del Jordán, a la altu-
del río Arnón. ra de Jericó8.
8
Jericó: Al conocer lo que había hecho Israel con los
antiquísima amorreos, Moab se estremeció y tuvo miedo de
ciudad los israelitas; su rey, Balac, envió mensajeros en
cisjordana,
situada al norte busca de Balaam, el adivino, con el encargo de
del mar Muerto que maldijera al pueblo que había venido de Egip-
y muy cercana to, más poderoso que el suyo, a ver si de esta
a Jerusalén. El
campamento manera lograba vencerlo:
israelita se halla —Sé que el que tú bendices queda bendito, y
a la altura de el que maldices, maldito –dijo el rey a Balaam.
Jericó pero al
otro lado del
Cuando los emisarios moabitas transmitieron
Jordán, en la el encargo a Balaam, éste prefirió hospedarlos
estepa moabita. en su casa y escuchar primero a Yahvé. Dios lo
visitó aquella noche, conoció las intenciones de
132 los visitantes y previno a Balaam:
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—No vayas con ellos, no maldigas a ese pue-


blo porque es bendito.
Por ello, Balaam se levantó de madrugada y
despidió a sus huéspedes.
Tras este fracaso, el rey envió nuevos emisa-
rios, y en mayor número, a casa de Balaam, pro-
metiéndole grandes honores y favores si acepta-
ba maldecir a los israelitas. Balaam les respondió
que por mucho que recibiera del rey de Moab,
no estaba dispuesto a contravenir a Yahvé; con
todo, los hospedó en su casa y esperó a escu-
char a Yahvé. Esa noche, Dios le dijo que par-
tiera con los hombres que habían venido a bus-
carlo:
—Levántate y vete con ellos, pero has de cum-
plir la palabra que yo te diga.
Balaam se levantó, aparejó su burra y se fue
con los moabitas. Ya en marcha, un ángel de
Yahvé se interpuso en el camino para estorbar-
lo. La burra vio al ángel de pie en el camino, vio
la espada desenvainada en la mano y, apartán-
dose, se fue campo a través, por lo que Balaam
la golpeó para hacerla volver al camino. Más ade-
lante, el ángel de Yahvé se situó en un sendero
entre viñas, con un muro a cada lado; al ver al
ángel, la burra se arrimó al muro raspando el pie
de Balaam, que la golpeó de nuevo. Una vez más
se interpuso el ángel de Y ahvé en el camino,
ahora en un paso estrecho, sin espacio para apar-
tarse a los lados; cuando la burra lo vio, se dejó
caer con Balaam encima; éste se enfureció y vol-
vió a golpearla.
Yahvé abrió la boca del animal y éste, vuelto
hacia Balaam, le preguntó:
—¿Qué mal te he hecho para que me castigues
de esta manera?
—Te has burlado de mí –contestó su irritado
dueño–, y habría acabado contigo si tuviera a
mano una espada. 133
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Entonces Yahvé abrió los ojos de Balaam, vio


al ángel, de pie en el camino, la espada desen-
vainada en la mano, y se inclinó a tierra. El án-
gel le dijo:
—He sido yo el que te ha cerrado el paso. La
burra me ha visto y se ha apartado tres veces;
por eso estás vivo.
—He pecado, pues no sabía que estabas en mi
camino; pero, si esto te parece mal, ahora mis-
mo doy la vuelta –respondió Balaam.
Pero el ángel añadió:
—Vete con esos hombres, pero no dirás nada
más que lo que yo te diga.
Cuando Balac salió al encuentro de Balaam en
los confines del territorio de Moab, éste le ad-
virtió:
—Me llamaste y he venido, pero la palabra que
pronuncie será la que Dios ponga en mi boca.
A la mañana siguiente, el rey llevó a Balaam a
una montaña desde la que se divisaba un extre-
mo del campamento de los israelitas. Allí Balaam
hizo construir siete altares y ofreció un holo-
causto en cada uno; después fue al encuentro de
Yahvé; cuando volvió no maldijo a Jacob, no
pudo execrar a Israel.
Como Balaam no había abominado de los is-
raelitas, sino que los había colmado de bendi-
ciones, Balac lo llevó a otro lugar desde donde
se veía mejor el campamento. También allí cons-
truyó siete altares y ofreció un holocausto en
cada uno; después Balaam fue al encuentro de
Yahvé. Y tampoco esta vez maldijo a Israel:
—No he hallado maldad en Jacob, ni he des-
cubierto infortunio en Israel. Yahvé, su Dios, está
con él –dijo.
El rey llevó a Balaam a otro lugar , con la es-
peranza de que Yahvé quisiera maldecir a Israel.
Lo llevó a una cumbre desde la que se domina
134 parte del desierto. De nuevo se construyeron sie-
06 Cuentos.qxd 14/3/06 15:16 Página 135

te altares y se ofreció un holocausto en cada uno,


pero esta vez el clarividente Balaam no escrutó
los augurios, como había hecho en las ocasiones
anteriores, sino que, vuelto al desierto, vio a Is-
rael acampado por tribus, y se dejó invadir por
el espíritu de Dios:

¡Qué hermosas son tus tiendas, Jacob,


y tus moradas, Israel!
Como valles espaciosos,
como jardines a la vera del río,
como áloes que plantó Yahvé,
como cedros a la orilla de las aguas.
¡Bendito el que bendiga!
¡Maldito el que te maldiga!

Al escuchar estas palabras, el rey se enfureció


contra Balaam:
—Te he llamado para maldecir a mis enemigos
y los has bendecido ya tres veces. Márchate a tu
tierra.
—Aunque me diera el rey su casa colmada de
oro y plata, no podría contravenir la orden de
Yahvé; ahora regreso a mi pueblo, pero que sepa
Balac que Edom será tierra conquistada, y tam-
bién lo será Amalec9, y que Jacob dominará a sus 9
Amalec:
enemigos –contestó Balaam. antiguo pueblo
que habitaba al
En las estepas de Moab, cerca del Jordán, a la norte de Edom,
altura de Jericó, Yahvé ordenó a Moisés y Elea- en el Negueb.
zar, el hijo del sacerdote Aarón, hacer un nuevo
recuento de toda la comunidad, por casas pa-
ternas, de los útiles para la guerra, los de veinte
años en adelante. Fueron contados un total de
601.730 israelitas. También fueron censados los
hijos de Leví, aunque no entre los demás israe-
litas; la cifra de varones de más de un mes fue
de 23.000. Entre los alistados no quedaba nadie
del recuento que hicieron Moisés y Aarón en el
desierto del Sinaí. Y es que Y ahvé les había di- 135
06 Cuentos.qxd 14/3/06 15:16 Página 136

cho que morirían en el desierto, sin que queda-


ra ninguno de ellos, excepto Caleb y Josué.
Después, condujo Yahvé a Moisés hasta lo alto
de una sierra para que viera la tierra que iba a
dar a los israelitas:
—Cuando la veas –le dijo– irás a reunirte con
los tuyos, como fue tu hermano Aarón.
Entonces Moisés pidió a Yahvé que pusiera a
alguien al frente de la comunidad. Yahvé desig-
nó a Josué, el hijo de Nun:
—Le impondrás tu mano delante del sacerdo-
te Eleazar y de toda la comunidad, le comunica-
rás parte de tu dignidad para que lo obedezca
toda la comunidad de los israelitas. A sus órde-
nes saldrán y entrarán todos los del pueblo.
Los hijos de Rubén y de Gad tenían muchos
rebaños y muy grandes. Viendo que el país de
10
Yazer y Yazer y el de Galaad10 eran tierra apropiada para
Galaad: el pastoreo, pidieron a Moisés, a Eleazar y a los
territorios
transjordanos al principales de la comunidad que les entregaran
nordeste del esa tierra en propiedad y no les obligaran a pa-
mar Muerto. sar el río Jordán. Pero Moisés les respondió:
Posteriormente,
Galaad se
—¿No estaréis pensando que vuestros her ma-
extenderá hacia nos vayan a combatir mientras que vosotros os
el norte, hasta el quedáis aquí? ¿Es que no queréis que los israeli-
río Yarmuk,
cercano al lago
tas posean la tierra que les ha dado Yahvé? ¿Es-
de Galilea. táis dispuestos a imitar a vuestros padres cuan-
do fueron enviados desde Cades Barnea a ver la
tierra, e impidieron que los israelitas entrasen en
ella? No olvidéis que entonces desataron la có-
lera de Yahvé contra Israel y, excepto a Caleb y
a Josué, Dios hizo andar errante al pueblo por el
desierto durante cuarenta años, hasta que murió
aquella generación. Si ahora vosotros os apartáis
también de Yahvé traeréis de nuevo el desastre
a todo este pueblo.
Entonces los hijos de Rubén y de Gad expli-
caron a Moisés que deseaban construir ciudades
136 para sus hijos, y rediles para sus ovejas, pero que
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también estaban dispuestos a empuñar las armas


junto a sus hermanos israelitas, y no volverían a
sus casas hasta que todos hubieran tomado po-
sesión de la parte que les correspondía. Eso sí,
pedían que la tierra que les correspondiese en
herencia no estuviese al otro lado del Jordán,
sino en la margen oriental del río. Al escuchar
esto, Moisés les permitió construir ciudades y re-
diles, según su propósito, y les recordó la obli-
gación de cumplir lo prometido: todos sus com-
batientes pasarán el Jordán para luchar delante
de Yahvé, y, cuando la tierra al otro lado del río
haya sido ocupada, podrán regresar al lugar que
les pertenecerá en propiedad. Si no lo hacen así,
habrán pecado contra Yahvé, y su pecado les sal-
drá al encuentro.
En las estepas de Moab, Yahvé dio instruccio-
nes a Moisés sobre lo que deberían hacer los is-
raelitas al atravesar el Jordán:
—Expulsaréis a todos los habitantes del país 11
mar de la
y os apropiaréis de él. Destruiréis todas sus Sal: mar
Muerto.
imágenes y estatuas. Esa tierra será propiedad
vuestra y la repartiréis a suertes entre vuestros 12
mar:
clanes, según las tribus paternas. Donde caiga Mediterráneo,
nombrado a
la suerte, allí se establecerá la propiedad. Pero continuación
si no expulsáis a los habitantes del país, habrá como mar
comenzado vuestra desgracia: ellos os oprimi- Grande.
rán en la tierra que vais a habitar y cuando tra- 13
lago o mar
te con vosotros no distinguiré entre hebreos y de Kinneret:
cananeos. Toda la tierra de Canaán os corres- antigua
ponderá en herencia, el país con todas sus fron- denominación
del lago
teras: en el sur, desde el mar de la Sal 11, en el Tiberíades o
oriente, siguiendo por Cades Bar nea y el to- mar de Galilea,
rrente de Egipto hasta el mar 12. El límite occi- designaciones
usadas en el
dental será el mar Grande. Por el norte, traza- Nuevo
réis la frontera desde el mar Grande hasta el Testamento.
norte del lago Kinneret 13, y en el oriente des-
de el Kinneret hasta el mar de la Sal, pasando
por el Jordán. 137
06 Cuentos.qxd 14/3/06 15:16 Página 138

Yahvé ordenó también que los israelitas ce-


dieran a los levitas ciudades en las que éstos pu-
dieran habitar, con pastos a su alrededor, para
sus bestias, ganados y animales, todo ello en
proporción a la herencia que a cada uno le hu-
biera tocado. Al pasar el Jordán hacia la tierra
de Canaán, los israelitas encontrarán ciudades
de asilo, en las que se refugiará el homicida, el
que ha herido a otro inadvertidamente. Pues
bien, de las ciudades cedidas a los levitas, seis
serán de asilo, tanto para los israelitas como para
el forastero y el huésped que se encuentren en-
tre ellos, a fin de que se pueda refugiar en ellas
todo aquel que haya matado a un hombre por
accidente.
El culpable no deberá morir, sino que com-
parecerá ante la comunidad para ser juzgado.
Si ha herido con un instrumento de hierro, de
madera o una piedra como para causar la muer-
te, es un homicida y debe morir, por lo que el
14
vengador de vengador de la sangre14 le dará muerte en cuan-
la sangre: es el to lo encuentre. De la misma for ma, si el ho-
pariente más
próximo de la
micida ha matado por odio, o por enemistad ha
víctima, cuya golpeado con las manos, debe morir; el venga-
función incluye dor de la sangre lo ejecutará en cuanto lo en-
la protección de
sus allegados
cuentre. Pero si el accidente que causó la muer-
pero también la te se produjo por casualidad y sin enemistad,
venganza. sin intención de hacer daño ni de buscar el mal
del otro, la comunidad preservará al homicida
de la mano del vengador de la sangre y lo hará
volver a la ciudad en la que se refugió, donde
15
Sumo vivirá hasta la muerte del Sumo Sacerdote 15;
Sacerdote: después, podrá regresar a su tierra. Pero si el
máxima
autoridad homicida se aleja de la ciudad en que vive re-
religiosa judía. fugiado, y lo encuentra el vengador de la san-
gre, éste podrá matarlo sin ser responsable de
la sangre que vierta.
En cualquier caso de homicidio, se dará muer-
138 te al homicida según la declaración de los testi-
06 Cuentos.qxd 17/3/06 14:31 Página 139

Oriente Próximo en tiempos del Antiguo Testamento.

gos, pero un solo testigo no bastará para con-


denar a muerte a un hombre.
No habrá rescate posible por la vida de un ho-
micida reo de muerte, pues debe morir , ni por
el que se ha refugiado en la ciudad de asilo y
pretende volver a su tierra antes de que muera
el Sumo Sacerdote.
En los llanos de Moab, cerca del Jordán, a la
altura de Jericó, dio Yahvé instrucciones a Moi-
sés para que, en el futuro, la herencia de los is-
raelitas no pase de una tribu a otra. De esta for-
ma, los israelitas estarán vinculados cada uno a
la herencia de la tribu de sus padres. Y toda hija
que posea una herencia en una de las tribus de
los israelitas se casará con uno de un clan de la
tribu de su padre, para que cada uno de los is-
raelitas posea la herencia de sus padres. Así no 139
06 Cuentos.qxd 14/3/06 15:16 Página 140

disminuirá el territorio ni la herencia de una tri-


bu en beneficio de otra*.

* La llegada a Moab representa el final del éxodo y de la


misión de Moisés (Aarón ya ha muerto y él no entrará en
la tierra prometida), antes de cruzar el Jordán y establecer-
se en Canaán. Pero previamente el autor bíblico pone en
su boca un amplio discurso de despedida en el que des-
grana el contenido de la ley, sus mandamientos y precep-
tos, y marca el camino que habrá de seguir Israel en ade-
140 lante para tener éxito en sus empresas.
07 Cuentos.qxd 14/3/06 15:16 Página 141

IV

MI PADRE FUE UN ARAMEO ERRANTE

Al otro lado del Jordán, en el desierto, sabien-


do que su viaje había concluido, y con él la mi-
sión que Yahvé le había encomendado, Moisés
habló a los israelitas. Ante ellos fue recordando
las órdenes recibidas de Yahvé, para él y para el
pueblo, desde la estancia en el Sinaí hasta la lle-
gada a las estepas de Moab, frente al Jordán. Evo-
có las últimas instrucciones recibidas de Dios en
el Horeb, cómo se quejó después del enor me
peso que suponía para él guiar a un pueblo cada
día más numeroso, atender sus necesidades y ad-
ministrar justicia. Decidió en aquel momento lla-
mar en su ayuda a hombres sabios y experi-
mentados, justos y respetados, a los que convirtió
en jefes de grupo y en jueces de sus hermanos,
encargados de escuchar sus conflictos y hacer
justicia sin distinción de personas.
Camino de la montaña de los amorreos, lle-
garon a Cades Barnea. Allí se manifestó la falta
de fe del pueblo. Dijeron entonces que sería
conveniente enviar un grupo de hombres a ex-
plorar aquel país que Dios les entregaba. Y Moi-
sés aceptó. Doce hombres escogidos, uno por 141
07 Cuentos.qxd 14/3/06 15:16 Página 142

tribu, emprendieron el camino hacia la tierra


prometida. A su vuelta, contaron que aquélla era
una tierra buena; pero dijeron también que allí
habitaba un pueblo fuerte y vigoroso, que sus
ciudades eran grandes y que sus murallas llega-
ban hasta el cielo. Y al oír esto, los israelitas se ne-
garon a ocupar aquella tierra, rebelándose con-
tra Dios, despreciando la promesa que había
hecho a sus padres de dar a su descendencia
una tierra fértil.
En Cades Barnea se desató la cólera de Yahvé
contra los israelitas y contra Moisés. Aquel pue-
blo era indigno de sus antepasados, aquélla una
generación de malvados e indeseables que no
merecían el premio de poner el pie más allá del
Jordán. En Cades Barnea juró Yahvé que ni uno
solo de aquellos hombres vería la tierra buena
que había jurado dar a sus padres, ninguno ex-
cepto Caleb. Ni siquiera Moisés, a quien también
había alcanzado la irritación de Yahvé por su fal-
ta de fe, entraría en ella. La sentencia inapelable
de Yahvé cayó sobre aquella generación. Ahora,
la tierra quedaba reservada a los hijos; ellos, que
todavía no conocen el bien y el mal, un día se-
rán sus poseedores.
Desde Cades Barnea el pueblo partió de nue-
vo hacia el desierto, en dirección a Moab, mien-
tras se cumplía la sentencia de Yahvé. Durante
treinta y ocho años, el Dios de Israel esperó a que
desapareciera del campamento la generación a la
que no había permitido la entrada en la tierra pro-
metida. Para todos ellos, el desierto fue su tum-
ba. Cuando el último de aquellos hombres hubo
cumplido su condena, Yahvé hizo pasar al pue-
blo la frontera de Moab. A partir de aquí comen-
zó la conquista: Yahvé combatía al lado de Israel
provocando terror y miedo en todos los pueblos.
Desde entonces no hubo ciudad inaccesible para
142 los israelitas. Yahvé se las entregó todas desde el
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valle del Arnón hasta Galaad: las ciudades de los


amorreos cayeron en sus manos y todo el país de
Transjordania, desde el torrente Arnón hasta el
monte Hermón1, fue dominado por Israel. 1
monte
Moisés repartió Transjordania entre los rubenitas, Hermón:
montaña de
los gaditas y media tribu de Manasés, a cambio de 2.814 metros de
que todos sus hombres de armas pasaran el Jordán altura situada
para combatir junto a sus hermanos israelitas. Y en al norte del lago
de Galilea, en la
Transjordania Yahvé permitió a Moisés contemplar sierra del
desde la cumbre de un monte la tierra que se di- Antilíbano, en
visaba al occidente, al norte, al mediodía y al orien- la frontera entre
Siria y Líbano;
te, una tierra que no pisaría, porque sería Josué de sus corrientes
quien cruzara el río al frente del pueblo*. de agua nace el
A los israelitas que lo escuchaban, Moisés les río Jordán.
enseñó la ley, los preceptos y normas que debe-
rán poner en práctica en la tierra en la que van a
entrar. Esa ley será en adelante su norte, la guía
que orientará su vida y señalará siempre la direc-
ción en la que deben caminar. Deberán guardar
y practicar estos mandamientos de Yahvé porque
sólo ellos constituyen la sabiduría de Israel, su
fuerza y su grandeza ante los demás pueblos.
¿Acaso hay alguna nación tan grande que tenga a
sus dioses tan cerca como lo está Yahvé, nuestro
Dios, que habita en medio de nosotros y que res-
ponde cada vez que lo invocamos? ¿Qué pueblo
se rige por preceptos y nor mas tan justos como
los de esta ley? No deberéis olvidar las cosas que
vuestros ojos han visto, ni dejaréis que se aparten
de vuestro corazón; las enseñaréis a vuestros hi-
jos, y a los hijos de vuestros hijos. El día que es-
tabais en el Horeb, en presencia de Yahvé, mien-
tras la montaña ardía en llamas hasta el mismo

* La intervención de Moisés ante quienes lo escuchan co-


mienza recordando los dones recibidos de Dios, en con-
traste con la incredulidad y falta de confianza de los israe-
litas. Todo ello sirve de introducción a la exposición
pormenorizada del gran don, la ley divina, de cuya obser-
vancia depende el futuro del pueblo. 143
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cielo, Yahvé os habló desde el fuego y os reveló


su alianza; no contemplasteis figura alguna ni vis-
teis el rostro de Dios, sólo escuchasteis una voz.
En adelante, estad prevenidos y no os corrompáis
construyendo una representación suya, cualquier
figura masculina o femenina, de bestia, ave, rep-
til o pez; ni dejándoos seducir, os vayáis a postrar
ante ellas para darles culto. Porque a vosotros os
tomó Yahvé, y os sacó de Egipto para que fueseis
su pueblo; y él es un Dios celoso, y su ira, un fue-
2
Es frecuente en go devorador que os consumirá2.
el relato bíblico Por un momento, Moisés guardó silencio. Su-
referirse a la
idolatría como mergido en sus pensamientos, le pareció escu-
seducción char de nuevo la voz de Yahvé que le anunciaba
(dejarse atraer que moriría en este país, que no pasaría el Jor-
por los dioses de
otros pueblos) y dán. Esas reflexiones suyas no tardaron en aso-
prostitución marse a sus labios; vuelto otra vez hacia quienes
(adorar a esos lo escuchaban, les dijo que no se preocuparan
dioses).
porque ellos sí iban a cruzar el Jordán, ellos sí ve-
rían aquella tierra deseada, y entrarían en ella, y
la poseerían. Pero jamás deberéis olvidar la alian-
za que Yahvé, vuestro Dios, ha hecho con voso-
tros; si algún día eso sucede, si la idolatría co-
rrompe vuestro corazón, si olvidáis quién os sacó
de la esclavitud y os trajo a este país, entonces
no habrá fuerza ni poder que os salve de su có-
lera; seréis exterminados de la faz de la Tierra,
desapareceréis y nadie recordará jamás vuestro
nombre. Seréis sometidos por pueblos podero-
sos; Yahvé os dispersará entre ellos, y no queda-
réis más que unos pocos en medio de las nacio-
nes adonde os conduzcan. En vuestro cautiverio
tendréis que servir a dioses hechos por manos de
hombre, ídolos de madera, estatuas de piedra,
que ni ven ni escuchan al que les suplica*.

* La alusión a la dispersión y al cautiverio proceden de la


experiencia sufrida por Israel, e indican la perspectiva des-
144 de la que está escrito el texto puesto en boca de Moisés.
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Entonces, en medio de vuestro sufrimiento, os


acordaréis de Yahvé, buscaréis a vuestro Dios, y si
vuestro corazón y vuestra alma son sinceros, si no
hay doblez en vuestra actitud, lo encontraréis. Él
saldrá a vuestro encuentro y volveréis a escuchar
su voz. Porque Yahvé es un Dios misericordioso
y fiel: no os abandonará ni os destruirá, ni se ol-
vidará de la alianza que hizo con vuestros padres.
¡Un Dios misericordioso, que no abandona a su
pueblo! ¡Un Dios vivo, poderoso en obras y pala-
bras, en signos y prodigios, que desea habitar en
una nación, vivir en medio de ella! ¿Quién ha vis-
to tal cosa desde que apareció el hombre sobre la
Tierra? ¿Qué nación, qué pueblo ha tenido tan cer-
ca a su Dios como Israel a Y ahvé? Y si este pue-
blo ha podido contemplar todo esto ha sido para
que sepa quién es el verdadero Dios, que no hay
otro como Yahvé, y que ni siquiera hay otro*.
Que tu corazón acepte hoy lo que tu mente
comprende: que Yahvé, el Dios de tus padres, el
que te sacó de Egipto, cuya gloria contemplaste
cuando se manifestó en el Sinaí, es el único Dios
arriba en el cielo y aquí en la Tierra. De él hemos
recibido esta ley, cuyos preceptos y mandamien-
tos ahora te expongo para que los escuches y los
guardes. Si tu inteligencia los comprende y tu co-
razón los acoge vivirás satisfecho y feliz, tú y tus
hijos, en la tierra que Yahvé tu Dios te entrega
para siempre. Escucha, Israel: Yahvé es nuestro 3
Oración
Dios, sólo Yahvé. Amarás a Yahvé con todo tu tradicional
corazón, con toda tu alma y con toda tu fuerza3. judía que
Guarda en tu corazón estas palabras que pro- expresa la
intensidad de
nuncio hoy. Se las repetirás y explicarás a tus hi- su fe
jos en toda ocasión, tanto si estás en casa como monoteísta.

* Tras la prevención contra la idolatría, ahora se niega la


existencia de cualquier otro Dios que no sea Yahvé. No se
trata de prohibir el culto a otros dioses, sino de subrayar su
inexistencia. 145
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de viaje, acostado como levantado; serán una


señal atada a tus manos y colocada entre tus ojos,
escritas en las jambas de tu casa y en tus puertas.
El día que vivas en el país fértil, en la tierra buena
que Yahvé prometió a tus padres dar a su des-
cendencia, tierra de torrentes, de fuentes y hon-
tanares que manan en los valles y en las monta-
ñas, donde el pan que comas no será racionado
y donde no carecerás de nada; cuando habites en
ciudades grandes y prósperas que tú no edificas-
te, en casas provistas de toda clase de bienes que
tú no abasteciste, con cister nas colmadas que tú
jamás excavaste, con viñedos y olivares que tú no
plantaste ni cuidaste, cuyo fruto no recogiste;
cuando hayas comido, hayas bebido y te hayas
saciado; cuando tu cabeza y tu cuerpo hayan ol-
vidado las incomodidades y asperezas de la vida
en el desierto; ese día, no te olvides de Yahvé ni
de sus mandamientos. Cuando veas multiplicarse
el número de tus vacas y ovejas, cuando aumen-
te la plata y el oro en tus manos, cuando crezcan
tus bienes, recuerda que él se compadeció de ti
cuando eras esclavo en Egipto, no pudo soportar
tu sufrimiento y te sacó de allí, te trajo a esta tie-
rra y te entregó todo aquello de lo que disfrutas.
Escucha, Israel: a Yahvé tu Dios temerás, sólo a
él servirás, por su nombre jurarás*.
El día de mañana, tu hijo querrá saber de dón-
de vienen estos preceptos que cumples, estas

* Escucha, Israel, las palabras que los israelitas pronuncian


habitualmente al comienzo de su oración, son repetidas
aquí anafóricamente para llamar la atención del auditorio
sobre la importancia de los asuntos que trata Moisés: Yah-
vé es el único Dios de Israel, a quien el pueblo no debe ol-
vidar en la prosperidad, porque fue él quien dio la libertad
al pueblo cautivo en Egipto y será de nuevo él quien so-
meta a los cananeos ante los israelitas; éstos deberán abs-
tenerse de contraer matrimonio con aquéllos, en quienes
146 sólo se encuentra la idolatría.
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normas que observas; por qué guardas estos


mandamientos y quién te lo ha ordenado. Le res-
ponderás entonces que nuestros antepasados
fueron esclavos del faraón en Egipto, y que Yah-
vé, el Dios de Israel, los liberó. Ellos pudieron
contemplar las grandes señales, los hechos ex-
traordinarios y terribles con los que castigó la ter-
quedad del faraón y sacó de allí a su pueblo para
conducirlo, a través del desierto, a la tierra que
un día prometió bajo juramento a nuestros pa-
dres. Nadie hizo jamás tanto por este pueblo. Al
fin, Yahvé nos mandó, a nuestros antepasados y
a todos sus descendientes, generación tras ge-
neración, que pusiéramos en práctica todos es-
tos preceptos, temiéndolo como nuestro Dios,
para que fuéramos felices siempre. Ése será siem-
pre tu afán, y el de tus hijos, y el de los hijos de
tus hijos: observar siempre todos estos manda-
mientos ante Yahvé, como él lo ha ordenado.
Escucha, Israel: hoy vas a cruzar el Jordán. Tus
ojos verán cómo Yahvé expulsa del país a pue-
blos más numerosos que tú. Quienes habitan en
Canaán deberán abandonar sus tierras, desalojar
sus ciudades; de nada les valdrá la fortaleza y la
altura de sus murallas, ni el valor de sus guerre-
ros. Yahvé los derrotará y los someterá en tu pre-
sencia, poco a poco, con paso lento pero re-
suelto, firme el brazo, determinada la voluntad;
porque son pueblos perversos, de dioses abo-
minables y corruptas costumbres.
Cuando eso suceda, cuando Yahvé ponga en
tus manos, sometido, cada uno de esos pueblos,
vigila tu corazón para que no se llene de or gu-
llo, para que no lo confunda la vanidad y atribu-
ya tales conquistas a sus méritos y a la fuerza de
tu brazo. Recuerda siempre que Yahvé avanza de-
lante de ti, que su fuerza es insoportable para
los enemigos, que su fuego los abrasa. Escucha,
Israel: cuando esto ocurra, no pactes con los pue- 147
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blos vencidos; no permitas que ninguno de los


tuyos se una en matrimonio con ellos, porque en-
tonces llegará el día en que encontrarás a tus hi-
jos adorando a los dioses de esos pueblos, a tus
hijas participando en sus ritos despreciables, con-
vertidos todos en idólatras; porque entonces el
mal habrá entrado en Israel, apartará al pueblo
de su Dios y lo conducirá a la destrucción, a la
extinción. Antes bien, no tendrás miramientos con
los pueblos sometidos: demolerás sus altares y
estelas, y destruirás sus ídolos, sin quedarte si-
quiera con el oro y la plata que los recubren; ex-
terminarás a sus reyes, sin tener piedad de ellos.
Ten presente siempre esto que te digo: no lo
apartes de tu corazón, ni lo olvide tu memoria. Re-
cuérdalo, repítelo a tus descendientes, porque si
guardas estas normas en la tierra prometida, Yah-
vé te amará, te bendecirá, multiplicará el fruto de
tu seno y el de tu suelo, tendrás trigo y aceite, y
criarán tus vacas y tus rebaños; él apartará de ti y
de tus animales la esterilidad y toda enfer medad.
En el desierto, durante largos años, Yahvé te puso
a prueba, escrutó tu corazón, quiso conocer cuáles
eran tus verdaderos propósitos, averiguar si real-
mente tenías intención de vivir según sus manda-
mientos. Para ello te humilló, ofendió tu vanidad,
te hizo sentirte necesitado, dependiente, meneste-
roso; conociste el hambre y la sed, y gracias a Yah-
vé comiste y bebiste, y mientras comías el maná
aprendiste que no sólo de pan vive el hombre, sino
también de toda palabra que sale de la boca de Yah-
4
Expresión vé4. Como un padre que vigila y corrige a su hijo,
citada en el ha estado tu Dios pendiente de ti: te ha cuidado, ha
Nuevo
Testamento, en satisfecho tus necesidades y te ha corregido cuan-
el Evangelio de do ha sido necesario; así lo ha hecho desde que tus
Mateo (Mt 4, 4). antepasados bajaron a Egipto, apenas unas setenta
personas, hasta el día de hoy, en que te has con-
vertido en un pueblo numeroso como las estrellas
148 del cielo. Ahora, él te pide que lo temas, que sigas
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sus caminos, que lo ames con todo tu corazón y


con toda el alma, y entonces su bendición te al-
canzará. Él es el Dios de cielos y Tierra, el Dios ver-
dadero, fiel a los que lo aman y guardan sus man-
damientos, e implacable con sus enemigos, que no
escaparán a su maldición; poderoso y temible,
no hace distinción de personas ni admite el soborno.
Su justicia alcanza a todos, pero especialmente al
huérfano, a la viuda y al forastero.
Cuando viváis en la tierra buena que Yahvé os
va a entregar, tierra de trigo y cebada, de viñas,
higueras y olivares, de aceite y miel, cuando co-
máis hasta el hartazgo y bendigáis a Yahvé, cum-
plid todos estos preceptos y normas.
Eliminad todos los lugares donde los pueblos
que habitan esta tierra hayan dado culto a sus
dioses: en lo alto de los montes, en las colinas y
bajo todo árbol frondoso; no dejaréis en pie al-
tar, estela o escultura de sus dioses, cuyo nom-
bre borraréis para que no se vuelva a pronun-
ciar. Pero sed cautelosos y estad prevenidos para
no caer en sus trampas, para que no os seduz-
can esas divinidades abominables, en cuyo ho-
nor se practican ritos que Yahvé detesta, como en-
tregar al fuego a sus hijos. Bien sabéis que
ningún dios merece tal honor.
Buscad a Yahvé en el lugar que haya elegido
para poner su morada. Él ha querido habitar en
medio de su pueblo, y así ha sido desde el día
en que se manifestó en el Sinaí: la tienda del en-
cuentro ha estado siempre entre nosotros hasta
el día de hoy. Pero entonces será distinto: el que
escoja Yahvé será el único lugar sagrado, un san-
tuario donde acudirán los israelitas de todas las
tribus para ofrecer sus holocaustos y sacrificios,
para presentar sus diezmos y ofrendas*.

* La unificación del culto en Jerusalén es un aspecto rele-


vante de la reforma de Josías que, unida a la destrucción 149
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Con todo, si el lugar elegido por Yahvé para


su morada está demasiado lejos de ti, podrás sa-
crificar ganado mayor y menor, del modo pres-
crito, y lo podrás comer en tus ciudades según
tus deseos. Abstente sólo de beber la sangre, por-
que la sangre es la vida, y no debes consumirla;
en vez de eso, la derramarás en tierra como si se
tratase de agua. Pero no confundas este sacrifi-
cio con el holocausto que realizarás ante el altar
de Yahvé; allí también presentarás todo aquello
que te hayas comprometido a llevar a tu Dios.
No escucharás a tu hermano si se acerca a ti y
te propone conocer a otros dioses, ni prestarás
oído a las sugerencias de tu hijo, al que la cu-
riosidad lo ha llevado a interesarse por divinida-
des extrañas, por ídolos desconocidos; ni a tu
hija, deslumbrada por ritos que jamás había vis-
to. No aceptarás el consejo de tu esposa cuan-
do, discreta pero insensatamente, te proponga
adorar a otro dios distinto de Yahvé, ni la reco-
mendación del amigo contaminado por los idó-
latras. Ninguno de ellos procura tu bien, ni el de
tu pueblo. Ni los escucharás ni permanecerás im-
pasible ante un delito imperdonable, frente al
que no caben la compasión ni el encubrimiento
pues, si esto haces, serás cómplice del mal. No
tendrás piedad con ellos, con quien quiera arras-
trarte al mal, sea quien sea. Lo denunciarás, se-
ñalarás al culpable y lo apedrearás hasta que
muera. Tu mano será la primera en caer sobre
él, y te seguirá la de todo el pueblo*.

de altozanos y estatuas, pretende mantener el culto yahvista


a salvo de contaminaciones.
* La implacable severidad con que el legislador deuterono-
mista castiga la idolatría pone de manifiesto que, desde su
punto de vista, la veneración a otros dioses fue la auténti-
ca causa de la desgracia de Israel, idea que reaparecerá pos-
teriormente. En consecuencia, ante la idolatría no cabe la
150 clemencia, sólo el rigor más absoluto.
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Escucha, Israel: no soportarás ninguna for ma


de idolatría en tu casa, en tus ciudades, en me-
dio de ti. Aquella ciudad en la que se acepte el
culto a otros dioses será condenada, entregada
al anatema, destruida. No quedarán en pie sus
muros y con vida ni uno sólo de sus habitantes.
El fuego se ocupará de sus despojos.
Cuando hayas entrado en la tierra que tu Dios
te da, no aprendas las abominaciones que co-
meten las naciones que allí habitan: que nadie
en ti haga pasar a su hijo o a su hija por el fue-
go, ni practique la adivinación, la hechicería, la
astrología o la magia; que no haya entre voso-
tros encantadores, adivinos o evocadores de
muertos. No olvides que nuestro Dios aborrece
estas prácticas5. No será preciso recurrir a adivi- 5
Costumbres
nos para saber los deseos de Yahvé, pues él sus- que habían
introducido los
citará entre los israelitas un profeta que os dará asirios en Israel
a conocer su voluntad. durante su
No te alimentarás de animales impuros*. Lle- dominación.
Más adelante se
varás cada año a la presencia de Yahvé el diez- hará referencia
mo de todo lo que hayan producido tus campos, a la prostitución
y cada tres años pondrás a disposición del levi- sagrada, como
práctica que
ta, del forastero, del huér fano y de la viuda el debe ser
diezmo de tus cosechas de ese año, para que co- prohibida.
man a su gusto. Cada siete años quedarán can-
celadas las deudas para todos los que invoquen
la redención en nombre de Yahvé. No habrá nin-
gún pobre entre los descendientes de Abrahán
en la tierra prometida, pero, si alguno llega a ha-

* La impureza en el texto bíblico suele referirse a acciones


que impiden al hombre entrar en contacto con lo sagrado,
con el Dios santo; por ello, es preciso un rito o un tiempo
de purificación. Aunque no siempre quedan claras las ra-
zones que justifican la impureza, suelen causarla, entre otras,
sustancias u objetos repugnantes, sucios o contaminantes
(excrementos, cadáveres, sangre, esperma), determinadas
enfermedades (lepra) y gestos (entrar en la tienda de un
muerto, tocar un cadáver). 151
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ber, que nadie le vuelva la espalda ni aparte su


rostro de él. Ningún israelita lo despreciará en su
corazón ni pasará de largo sin poner remedio a
su indigencia, sin procurar socorro al necesita-
do, al que se encuentra acuciado por las deudas
y apremiado por sus acreedores. Cuando eso
ocurra, cuando contemples el rostro de la mise-
ria, la cara del menesteroso, que nadie pretenda
excusarse calculando que no tardará en llegar el
séptimo año, que falta poco, que está cerca el
tiempo de la redención, el día en que cesarán los
apremios y los apuros, cuando el pobre podrá
levantar por fin la cabeza y, mientras piensa en
ello, no corre en su auxilio, no se preocupa de
su socorro, se desentiende de su suerte, creyen-
do aliviada su conciencia y cumplida su obliga-
ción. Pues bien, Yahvé no pasará de lar go ante
un corazón tan duro, ni ante pensamientos tan
ruines y miserables; al contrario, lo llamará y le
pedirá cuentas. Por tanto, como no faltarán po-
bres en esta tierra, no olvides este mandamien-
to: tendrás siempre tu mano abierta para aquél
de los tuyos que es indigente y pobre.
El hebreo, hombre o mujer, que se haya ven-
dido a ti como esclavo y te haya servido duran-
te seis años, quedará libre al séptimo. Y no lo
dejarás con las manos vacías, sino que tomarás
de tus rebaños y de tus cosechas y le darás lo
necesario para vivir. Recuerda entonces que tus
padres fueron esclavos en Egipto y que Yahvé tu
Dios los liberó. Pero si él no quiere marcharse
de tu lado, porque se encuentra a gusto contigo,
le harás un orificio en la oreja, y será tu siervo
para siempre*.
Celebrarás la Pascua en honor de Y ahvé. Ha-
rás el sacrificio por la tarde, a la puesta del sol,

* Revísese lo dicho en la introducción sobre el carácter hu-


152 manista de la ley mosaica.
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hora en que saliste de Egipto. No comerás con


la víctima pascual pan fermentado, sino pan ázi-
mo –pan de aflicción– porque a toda prisa salis-
te de Egipto. No harás el sacrificio de Pascua en
ninguna de las ciudades que Yahvé tu Dios te
da, sino sólo en el lugar que él ha elegido como
morada6. 6
La Pascua
En honor de Yahvé comerás ázimos durante había sido
hasta entonces
seis días y celebrarás la fiesta de las Semanas, una fiesta
siete semanas después del comienzo de la siega. familiar, ahora
Cuando hayas recogido la cosecha de tus cam- se convierte en
una fiesta de
pos, celebrarás la fiesta de las Tiendas durante peregrinación a
siete días. Cada vez que os presentéis ante Yah- Jerusalén, forma
vé en el lugar que él haya elegido, en la fiesta en la que
aparece en el
de los Ázimos, la fiesta de las Semanas y la fies- Nuevo
ta de las Tiendas, nadie llegará con las manos Testamento.
vacías, sino que cada cual traerá sus ofrendas se-
gún la bendición que haya recibido de Yahvé.
Nombrarás jueces y escribas para tus tribus en
cada una de las ciudades en que vivas; escoge-
rás para ello hombres justos y rectos, israelitas in-
tachables que no antepongan sus intereses al de-
recho, que no hagan distinción de personas, que
no admitan el soborno ni se presten a la corrup-
ción. Justicia, y sólo justicia, deberán buscar pues
eso es lo que desea Yahvé en la tierra que te da.
Ahora bien, el día en que estos jueces deban de-
cidir sobre un asunto complejo y delicado (cau-
sas de sangre, conflictos de derechos), cuya difi-
cultad exceda su capacidad, acudirán al lugar
donde habite Yahvé y dejarán el caso en manos
de los levitas y del juez que se halle en ejercicio.
Ellos investigarán y tendrán la última palabra en
la causa; su fallo será inapelable, y el que se re-
bele negándose a aceptar el veredicto del sacer-
dote o del juez, pagará su insolencia con su vida.
De esta forma extirparás toda maldad en Israel.
Escucha, Israel: llegará el día, cuando vivas en
la tierra prometida, en que mires a las naciones 153
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que tienes a tu alrededor y quieras parecerte a


ellas eligiendo un rey que gobier ne al pueblo.
Cuando eso ocurra, ten presente que ese rey de-
berá ser uno de entre tus hermanos, elegido por
Yahvé, y no un extranjero. El rey deberá evitar
que el poder confunda su mente, que las muje-
res y las riquezas ocupen su corazón; por ello,
pocas han de ser sus mujeres, y limitada la plata
y el oro a su disposición. En cambio, deberá llevar
consigo esta ley desde el día en que se siente en
el trono real; leyendo cada día sus preceptos y
observándolos, aprenderá a temer a Yahvé, se
mantendrá en la humildad y huirá de la vanidad
y de la soberbia, será justo ante sus her manos,
servirá a su pueblo y prolongará los días de su
reino, él y sus hijos, en medio de Israel*.
La tribu de Leví no tendrá parte alguna en la
tierra que Yahvé os va a dar. El mismo Dios será
su herencia, y vivirán de las ofrendas que hagáis
a Yahvé, del ganado, el trigo y el aceite.
No desplazarás los mojones de tu prójimo, los
linderos que un día fijaron tus antepasados.
Un solo testigo no bastará para acusar a un
hombre de delito, sea cual sea el que haya co-
metido. La causa que se siga contra él sólo será
firme con la declaración de dos o tres testigos.
Pero si los jueces, después de hacer averigua-
ciones, encuentran que la acusación es falsa, que
el testimonio es engañoso, que se ha imputado
un delito a un hermano sin fundamento alguno,
entonces actuarán sin piedad con ese testigo in-
justo y desalmado aplicándole el mismo castigo
que deseaba para su hermano: vida por vida, ojo
por ojo, diente por diente, mano por mano, pie

* Dado el contexto en que vive Israel, el texto acepta la mo-


narquía como algo irremediable; desde la desconfianza ha-
cia la institución, se esfuerza en limitar las facultades del
154 rey para evitar abusos como los atribuidos a Salomón.
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por pie. Te esforzarás siempre por erradicar la


maldad del corazón de los israelitas y hacer que
prevalezca la justicia en toda situación*.
Cuando te alejes de tu casa y de tus ciudades,
y debas enfrentarte a otros pueblos, les harás una
propuesta de paz antes de entrar en combate. Si
esa ciudad acepta tu propuesta, se convertirá en
tributaria tuya; si no la acepta, la sitiarás; Yahvé
te la entregará y tú exterminarás a todos los va-
rones y tomarás como botín a las mujeres, los ni-
ños, el ganado y todo lo que haya en el lugar .
Ahora bien, no actuarás de la misma manera si
se trata de una ciudad de estos pueblos que Yah-
vé te va a dar. En ellas no dejarás nada con vida:
a hititas, amorreos, cananeos, perizitas, jivitas y
jebuseos los destruirás como te ha ordenado tu
Dios; de esa for ma no os enseñarán a practicar
las aberraciones con que honran a sus dioses.
Escucha, Israel: velarás por la fama y la repu-
tación de las mujeres de tu pueblo. El que re-
chace públicamente a la mujer con la que se ha
casado, porque no la ha encontrado virgen, de-
berá denunciarla ante los ancianos de la ciudad,
en la puerta. Allí acudirán también los padres de
la joven con las pruebas de la inocencia de su
hija y descubrirán ante los ancianos el paño de
virginidad; éstos no dejarán sin castigo a quien
ha puesto en entredicho la reputación de una
muchacha a los ojos de su pueblo. El culpable
será obligado a compensar económicamente al
padre de la joven, la tomará por mujer y no la
podrá repudiar jamás. Ése es el precio de la di-
famación. Ahora bien, si no aparece el paño de

* La ley del talión, conocida ya por el código de Hammu-


rabi, aunque parece legalizar la venganza, lo que pretende
es ajustar el castigo al daño producido, evitando una ven-
ganza desproporcionada (como la que recoge el canto de
Lamec, en Gn 4, 23-24: «Por un cardenal mataré a un hom-
bre, a una joven por una cicatriz»). 155
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virginidad, si no hay pruebas de la inocencia de


la muchacha, si la denuncia del marido pone de
manifiesto la infamia cometida por la joven y des-
cubre la presencia de la prostitución en Israel,
entonces no tendrás piedad de la culpable. Los
hombres de la ciudad se reunirán en la puerta
de la casa de su padre y la apedrearán hasta que
muera.
No consentirás el adulterio ni la fornicación. Si
descubres a un hombre en el lecho junto a una
mujer casada, ambos morirán sin que te tiemble
la mano. Tampoco te temblará cuando una mujer
virgen, comprometida con un hombre, se acues-
te con otro. Los dos serán lapidados en la puer-
ta de la ciudad: ella por no haber rechazado a
aquel hombre y no haber pedido ayuda si hu-
biera sido forzada; él por haber abusado de la
mujer de su prójimo. Pero si el hombre encuen-
tra a la joven prometida en el campo y, despre-
ciando su voluntad, la obliga a acostarse con él,
sólo considerarás culpable al hombre, y sólo él
morirá, pues no podrás averiguar si la joven lo
rechazó, si pidió ayuda y gritó sin que nadie la
socorriera.
Nadie pondrá su mano sobre la mujer de su
padre, ni se atreverá a retirar el borde del man-
7
Gesto que to paterno7.
expresaba la No entregarás al esclavo que haya buscado re-
vulneración de
los derechos del fugio en ti huyendo de su amo; lo acogerás en
marido. tus ciudades, entre los tuyos. No habrá prostitu-
ción sagrada en Israel: el santuario de Yahvé no
se profanará con esclavas dedicadas al servicio
de Dios; tampoco entrarán en ella bienes proce-
8
Alusión a la dentes de prostitutas ni salarios de perros8, por-
prostitución que ambos son abominables y repugnantes para
masculina.
Yahvé.
No prestarás dinero con interés a tu hermano.
Sí lo podrás prestar al extranjero, pero no a tu
156 hermano.
07 Cuentos.qxd 14/3/06 15:16 Página 157

Si un hombre se casa con una mujer , y en-


cuentra que ella no le agrada, le entregará un es-
crito de renuncia y la despedirá de su casa.
El hombre recién casado no tendrá obligación
de estar preparado para ir a la guerra; permane-
cerá en su casa durante un año, libre de com-
promisos, para que pueda estar junto a la mujer
que ha tomado.
No explotarás al jornalero, al trabajador hu-
milde, tanto si es uno de tus hermanos como si
se trata del forastero que vive junto a ti. Cada día
le pagarás su salario, el jornal del que viven, sin
permitir que el Sol se ponga sobre esta deuda.
No morirán los padres para pagar la culpa de
los hijos, ni los hijos para satisfacer las faltas
de los padres. Cada cual es responsable de lo
que ha hecho y morirá por su propio pecado.
Respetarás al forastero, al huérfano y a la viu-
da, y no abusarás de ellos ni te aprovecharás de
su situación. Recuerda que tú también fuiste fo- 9
Institución
rastero en tierra extranjera, esclavo en Egipto, y jurídica
que Yahvé tu Dios se fijó en tu sufrimiento y te preisraelita
(conocida por
sacó de allí. los hititas y los
Cuando siegues la mies en tu campo, varees asirios) que
tus olivos y vendimies tu viña, no volverás a por procura
salvaguardar
la gavilla olvidada, ni harás rebusco. Todo lo que los bienes
haya quedado será para el forastero, el huér fa- familiares
no y la viuda. Yahvé verá tu generosidad y te desposando al
cuñado (levir
bendecirá. en latín) con la
La viuda sin descendiente varón no buscará ma- viuda sin
rido fuera de la misma familia, sino que será d es- descendencia.
posada por su cuñado, que ejercerá de esta for- El primer varón
nacido de ese
ma el levirato 9. El hijo primogénito de ambos matrimonio
llevará el nombre del marido difunto. Así que- recibe la
darán a salvo el nombre de aquél, la descen- herencia como
si se tratara del
dencia y la transmisión del patrimonio de la fa- hijo del difunto
milia. Pero si el cuñado se niega a desposar a la marido.
viuda, impidiendo con su actitud que el nombre
de su hermano fallecido perdure en Israel, será 157
07 Cuentos.qxd 14/3/06 15:16 Página 158

llamado a comparecer ante los ancianos; en su


presencia, la viuda lo afrentará públicamente por
haber despreciado el nombre y la casa de su her-
mano.
Escucha, Israel: cuando hayas tomado posesión
de la tierra que Yahvé te entrega, le ofrecerás las
primicias de sus productos; a él consagrarás los pri-
meros frutos de tus cosechas. Con ellos te pre-
sentarás en el lugar que él haya elegido como
morada; allí, ante el altar, con la ofrenda en las
manos, recordarás tus orígenes, quién has sido
y quién eres, y renovarás la fe en el Dios de
quien recibiste la tierra que cultivas.
—Mi padre era un arameo errante –dirás–; in-
migrantes fuimos en Egipto, donde Yahvé hizo
de nosotros un pueblo grande y numeroso. Pa-
decimos la opresión y la esclavitud, pero, en
nuestro sufrimiento, imploramos a Yahvé, al Dios
de nuestros padres, y él no desoyó nuestras sú-
plicas, no apartó sus ojos de las penalidades y
miserias que soportábamos; con mano fir me y
brazo poderoso mostró su poder y nos sacó del
país de la servidumbre y nos condujo hasta esta
tierra fértil y productiva, tierra que mana leche y
miel, cuyas primicias hoy pongo ante ti*.
Que ese día se alegre tu espíritu y se regocije
tu corazón por todos los dones y bienes que has
recibido de Yahvé. Contigo se alegrarán también
el levita y el forastero.
Escucha, Israel: no olvidarás jamás que eres el
pueblo escogido por Yahvé, con el que ha esta-
blecido un pacto, una alianza, por el que él se
compromete a ser el Dios de Israel e Israel a ser
su pueblo guardando y observando sus manda-
mientos. Por ello, practicarás siempre estos pre-

* Este ritual de ofrendas es, en realidad, una síntesis de la


historia de Israel y una profesión de fe, cuyo acontecimiento
158 central es la liberación de Egipto.
07 Cuentos.qxd 14/3/06 15:16 Página 159

ceptos y respetarás estas nor mas, escucharás la


voz de Dios y seguirás sus caminos, con toda la
fuerza de tu corazón, con toda la determinación
de tu voluntad, con todo el vigor de tu alma. Si
respetas esta alianza en todos sus tér minos, se-
rás colmado de bendiciones: como pueblo con-
sagrado a Yahvé, ninguna otra nación te podrá
igualar en honor y gloria; todos alabarán y envi-
diarán el fruto de tus entrañas, las cosechas de
tus campos, las crías de tus ganados y rebaños,
la abundancia de tus bienes. Los cielos se abri-
rán en el tiempo oportuno para regar la tierra;
numerosas naciones vendrán a ti a pedirte en
préstamo lo que ellas no poseen y a ti te sobra;
huirán de ti tus enemigos y temerán al pueblo
que invoca el nombre de Yahvé. La bendición
de Dios se encontrará en tus despensas y grane-
ros, en tus cestas y artesas, en los hijos que te
nazcan, en el éxito de las obras que emprendas.
Pero si no respetas la alianza, si no pones en
práctica sus mandamientos, si los apartas de tu
corazón y tu voluntad, también la bendición hui-
rá de ti, y entonces te alcanzará la maldición. La
calamidad y la desgracia se convertirán en tus
compañeras inseparables. Porque no has sido leal
al pacto acordado con tu Dios, Yahvé enviará so-
bre ti la maldición, que conducirá al desastre to-
dos tus afanes, volverá inútiles tus esfuerzos, im-
productivos tus trabajos; la maldición traerá la
destrucción, borrará tu nombre, que jamás vol-
verá a ser pronunciado sobre la Tierra, y hará ol-
vidar el recuerdo de lo que fuiste. Entonces, nin-
guna otra nación te igualará en deshonor: no
habrá postración como la tuya, humillación como
la de tu pueblo. Malditos serán el fruto de tus en-
trañas y de tus cosechas, de tus ganados y reba-
ños; te golpeará la enfer medad: no escaparás a
la peste ni estarás a salvo de la fiebre y la gan-
grena; tampoco tus cultivos sobrevivirán, serán 159
07 Cuentos.qxd 14/3/06 15:16 Página 160

devorados por las plagas, como aquéllas que azo-


taron Egipto en los días en que fuiste esclavo en
aquella tierra: la langosta comerá tus semillas, el
gusano tus viñas, se pudrirán tus olivos y no co-
nocerás su aceite. La sequía te destruirá: los cie-
los se cerrarán y la tierra se volverá dura como el
hierro; respirarás polvo y caminarás sobre arena,
tu memoria olvidará que un día llenaste los pul-
mones de aire puro y no recordarás el olor de la
tierra después de la lluvia. Serás presa fácil para
tus enemigos, motivo de burla, el escar nio y la
irrisión de todos los reinos. Oprimido, sometido,
clamarás ante las desgracias que te afligen, pero
nadie escuchará tus quejas, nadie acudirá en tu
socorro; te casarás con una mujer, pero otro hom-
bre vendrá y la tomará para sí; construirás una
casa, pero no podrás vivir en ella; plantarás pero
no cosecharás, cultivarás pero no recogerás el fru-
to. Verás cómo otros matan a tu buey y preparan
su carne, pero tú no la probarás; se llevarán tu
asno y no te lo devolverán. Otro pueblo, una na-
ción que desconoces, ocupará tu suelo, decidirá
sobre tus hijos, dispondrá de tus hijas, y tú te con-
sumirás de rabia e impotencia, pues habrás en-
gendrado una prole para el cautiverio, tu des-
cendencia para la esclavitud. Ellos comerán del
fruto de tu tierra, para ellos será el producto de
tu trabajo, sólo a ellos aprovecharán tus fatigas y
sudores. Explotado, esclavizado después de ha-
ber conocido la libertad, enloquecerás, vencido
por la maldición, derrotado, incapaz de soportar
tu propia condición.
Quien no ha querido servir a Yahvé acabará en
una tierra extranjera, cautivo, sirviendo a otros
dioses hechos de madera y de piedra. Una na-
ción poderosa vendrá y te dominará, asediará tus
ciudades, pondrá sitio a tus fortalezas, pero nada
podrán contra ella la altura de sus muros ni la
160 resistencia de tus guerreros; ni tus murallas ni tus
07 Cuentos.qxd 14/3/06 15:16 Página 161

guerreros soportarán el empuje del enemigo, la


violencia de su ataque. Entonces, apremiado por
el cerco, asediado por la angustia, comerás el fru-
to de tus entrañas, la car ne de tus hijos e hijas.
El hambre traerá la desconfianza y la suspicacia;
la escasez, el recelo; la necesidad, el miedo; na-
die, ni el corazón más bondadoso, se fiará de su
hermano ni de su esposa; la más desprendida y
tierna de tus mujeres sospechará de su esposo.
Alterados los ánimos, perdida la calma, unos a
otros se mirarán con temor: ninguna intención
será buena, ningún propósito sincero.
Esa nación de rostro fiero, que no respetará al
anciano ni se compadecerá del niño, pondrá el
yugo sobre tu cuello y te someterá a toda clase
de privaciones. Seréis expulsados de la tierra pro-
metida, arrancados de su suelo como se extrae
el tallo desde la raíz, desterrados y dispersados
entre los pueblos, esparcidos por naciones y te-
rritorios extraños para vosotros. En tu tribulación
no hallarás sosiego ni reposo: no habrá calma
para tu espíritu ni descanso para tus brazos. En-
tonces tu mente se preguntará qué os ha ocurri-
do, cómo habéis llegado a perder el favor de
vuestro Dios; tu corazón, agitado, no podrá so-
portar la ansiedad, no se acostumbrará a convi-
vir con la inquietud y la turbación; tu voluntad,
herida, titubeante, recordará que un día perdió
su determinación, olvidó sus principios, incum-
plió sus compromisos. A todos os consumirá el
miedo, os atormentará la inseguridad, os exte-
nuará la incertidumbre sobre el futuro: por la no-
che no sabréis qué va a ser de vosotros al día si-
guiente, y al llegar la mañana desearéis con
angustia alcanzar la noche próxima. Al fin, de
vosotros, del pueblo de Y ahvé, de la descen-
dencia de Abrahán, numerosa como las estrellas
del cielo, incontable como la arena de las pla-
yas, no quedaréis más que unos pocos, por ha- 161
07 Cuentos.qxd 14/3/06 15:16 Página 162

ber abandonado la alianza, por haber incumpli-


do vuestros compromisos*.
Con estas palabras expuso Moisés a los israe-
litas la alianza que Yahvé, su Dios, había estable-
cido con ellos, la que hizo con sus padres, con
Abrahán, Isaac y Jacob, y con todo el pueblo en
el Horeb, en el monte de Dios. En el desierto,
antes de que el pueblo emprendiera el paso del
Jordán, el profeta de Yahvé quiso insistir en la
importancia de los compromisos adquiridos. Se
esforzó en buscar la palabra adecuada para per-
suadir a sus her manos; quiso que su voz trans-
mitiera la sinceridad que estremece los corazo-
nes, la autenticidad que mueve a la confianza el
ánimo de quienes escuchan, la humildad que for-
talece las convicciones.
Los ojos cansados de Moisés miraban a todos y
no veían a nadie, en tanto que su mente seguía
trabajando, incansable: hoy, a través de mí, Yah-
vé os entrega esta ley y sella su alianza con voso-
tros, jefes de tribu, ancianos y escribas, hombres
y mujeres de Israel, extranjeros que viven en el
campamento. Que ella esté siempre en tu cora-
zón; y cuando no lo esté, cuando te hayas aleja-
do de Dios por haberte entregado a la idolatría,
cuando te encuentres confundido y hayas olvi-
dado quién eres, cuando tus hijos se hallen des-
terrados, dispersos en un país que no es el tuyo;
entonces, vuelve tus ojos a Yahvé, escucha su voz
en el interior de tu corazón, medita sobre los pre-
ceptos de esta ley, ponlos junto a ti, en tu boca

* La larga exposición de Moisés concluye, como lo hacían


los antiguos tratados orientales, con una serie de bendicio-
nes y maldiciones. En este caso se subraya especialmente
el capítulo dedicado a las maldiciones, pintando con trazo
grueso el conjunto de desgracias que aguardan al pueblo
si no respeta sus compromisos (algunas de las cuales están
muy vivas en la memoria de quienes han regresado del des-
162 tierro).
07 Cuentos.qxd 14/3/06 15:16 Página 163

y en tu corazón. Ese día Yahvé se compadecerá


de tu suerte, se regocijará y reunirá de nuevo a
tus hijos: los desterrados regresarán a Israel, los
humillados retornarán a sus casas y a sus cam-
pos, los cautivos volverán a poseer la tierra pro-
metida a sus antepasados. Por la sinceridad de su
corazón, Yahvé los bendecirá de nuevo y los mul-
tiplicará, como en los días en que convirtió en
muchedumbre la descendencia de Abrahán, en
que hizo un pueblo de los hijos de Jacob, y los
hará vivir satisfechos y felices en esta tierra.
Apenas pronunciadas estas últimas palabras,
Moisés levantó la mirada hacia el territorio que
se extendía más allá del Jordán. Por un momento
volvió a su soliloquio inter no, se abandonó a
sus cavilaciones: Yahvé no podía tener otro pro-
pósito que ver a su pueblo prosperar en aque-
lla tierra, alimentarse del fruto de sus cosechas,
de sus ganados y rebaños; Dios se complacerá
viendo a sus hijos multiplicarse y vivir en paz
con sus vecinos, manteniéndose fieles a la alian-
za, pues el cumplimiento de sus mandamientos
es el regocijo de Yahvé. Pero él conoce el ver-
dadero corazón de este pueblo, su debilidad, su
facilidad para olvidar; por ello, Yahvé circunci-
dará tu corazón, te purificará, cortará y sanarás,
podará y brotarás con renovado vigor. Y ama-
rás a tu Dios con todo tu corazón, con todas tus
fuerzas.
Mirando de nuevo a los israelitas que lo escu-
chaban, Moisés dijo que había cumplido ciento
veinte años y que, por voluntad de Yahvé, no
iba a cruzar el Jordán. Después guardó silencio
al tiempo que sentía cómo todas las miradas se
fijaban en él, inquietas, penetrantes, escrutado-
ras, deseando conocer qué sentimientos ocupa-
ban el corazón del anciano profeta.
—¡Josué!, él os guiará –añadió de pronto, y se
puso a buscarlo entre quienes estaban junto a él. 163
07 Cuentos.qxd 14/3/06 15:16 Página 164

No tardó el aludido en sentarse al lado de Moi-


sés. Josué era un hombre fuerte y valeroso, al
que Dios había escogido para entrar, al frente del
pueblo, en la tierra prometida. Nada habrá que
temer: ni Josué deberá tener miedo ni los israe-
litas con él, pues quien realmente marchará a la
cabeza del pueblo será Yahvé, el Dios fiel que
no abandonará a los que lo aman ni los dejará
desamparados ante sus enemigos.
Después, Moisés puso esta ley por escrito y
la confió a los sacerdotes, a los hijos de Leví,
los que llevaban el arca de la alianza de Y ah-
vé, y a todos los ancianos de Israel. Y les man-
dó leerla cada siete años, en el tiempo de la
redención, en la fiesta de las Tiendas. Allí la es-
cucharán hombres, mujeres, niños y el foraste-
ro que vive en Israel, para que aprendan a te-
mer a Yahvé y pongan en práctica todos sus
mandamientos.
Yahvé inspiró a Moisés unos versos para que
no olvidaran las palabras del profeta. Apren-
diéndolos, recitándolos, cantándolos, pasarán de
una generación a otra y recordarán a los israeli-
tas cuáles fueron los compromisos que contraje-
ron con su Dios. Toda aquella asamblea guardó
silencio para escuchar al viejo profeta*:

Que los cielos y la Tierra escuchen mis palabras.


Que mi doctrina se derrame como lluvia,
caiga como rocío mi palabra,
como blanda lluvia sobre la hierba verde,
como aguacero sobre el césped.

* El poema que recita Moisés repite motivos ya conocidos:


Yahvé, y sólo él, ha guiado y cuidado paternalmente de su
pueblo, pero éste lo ha rechazado y se ha entregado a la
idolatría. Por ello, Dios se ha apartado de su lado y les ha
alcanzado la desgracia. Con todo, Yahvé no abandona de-
finitivamente a Israel, y volverá a intervenir para librarlo de
164 sus enemigos.
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Voy a aclamar el nombre de Yahvé;


¡que lo alabe toda la creación!
Él es la roca, su obra se ha consumado,
en sus caminos sólo se halla la justicia.
Es un Dios leal, justo y recto.
Los que él engendró a su imagen se han pervertido,
generación inicua y rebelde.
¿Así le pagas a Yahvé,
pueblo insensato y necio?
¿No es él tu padre, el que te creó,
el que te hizo y te fundó?
Acuérdate de los días pasados,
pregunta a las generaciones:
interroga a tu padre, él te contará;
también tus ancianos te hablarán.
Cuando el Altísimo repartió las naciones,
cuando distribuyó a los hijos de Adán,
escogió a Israel como su pueblo,
reservó a Jacob como posesión suya.
En tierra desierta lo encontró,
en la soledad rugiente de la estepa.
Lo envolvió, lo alimentó, lo cuidó
como a la niña de sus ojos.
Como el águila excita a su nidada,
revoloteando sobre sus polluelos,
así él despliega sus alas sobre Israel,
lleva a Jacob sobre su plumaje.
Sólo Yahvé lo guió a su destino,
ningún dios extranjero lo hizo.
Lo alimentó de los frutos del campo,
le dio a gustar miel y aceite,
cuajada de vacas y leche de ovejas,
con la grasa de corderos;
carneros de raza y machos cabríos,
con la flor de los granos de trigo,
y por bebida la roja sangre de la uva.
Alimentado y saciado Jacob,
rechaza a Dios, al que le dio el ser,
desprecia a la roca, su salvación. 165
07 Cuentos.qxd 14/3/06 15:16 Página 166

Despierta sus celos con dioses extraños


lo irrita con abominaciones,
con sacrificios a dioses desconocidos,
a los que no adoraron nuestros padres.
Yahvé lo ha visto y, en su ira,
ha abandonado a sus hijos e hijas.
Ha dicho: les ocultaré mi rostro,
porque no han sido leales conmigo
quienes han provocado mis celos con lo que no
[es Dios,
quienes me han irritado con sus vanos ídolos;
¡pues yo también voy a darles celos con lo que
[no es pueblo,
con una nación poderosa los irritaré!
Acumularé desgracias sobre ellos:
el hambre los extenuará,
la fiebre y la peste los consumirán;
dientes de fiera mandaré sobre ellos,
veneno de reptiles.
Por fuera la espada sembrará orfandad,
y dentro reinará el espanto.
Morirán a la vez el joven y la doncella,
el niño de pecho y el viejo encanecido.
He dicho: a polvo los reduciría,
borraría su recuerdo entre los vivos,
si no temiera azuzar el furor del enemigo,
dar alas a sus adversarios,
que piensen: «No es Yahvé quien hace esto,
sino la fuerza de nuestro brazo».
Porque escaso es su entendimiento,
limitada su inteligencia.
Si fueran sabios, podrían entenderlo,
sabrían vislumbrar su suerte última.
Pues ¿cómo un solo hombre persigue a mil,
y dos ponen en fuga a un millar
sino porque su roca se los ha vendido,
porque Yahvé se los ha entregado?
Mas no es su roca como la nuestra,
166 no son sus dioses como nuestro Dios:
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de Sodoma es su viña,
de Gomorra sus plantaciones;
sus uvas, venenosas; sus racimos, amargos;
su vino, veneno de serpiente,
mortal ponzoña de áspid.
Pero Israel ¿no está guardado junto a mí,
custodiado entre mis tesoros?
Míos serán el castigo y la venganza,
se acerca el día de su desgracia,
se precipita la ruina que espera.
¡Yahvé va a hacer justicia a su pueblo,
va a compadecerse de sus siervos!
Dirá entonces: ¿dónde están sus dioses,
la roca en que buscaban refugio,
los que comían la grasa de sus sacrificios
y bebían el vino de sus libaciones?
¡Que se levanten y os salven,
que os auxilie vuestra roca!
Ved que no hay otro Dios junto a mí.
Yo doy la muerte y la vida,
la salud y la enfermedad.
Llegará el día en que me vengue de mis adversarios
y dé su merecido a quienes me aborrecen.
Entonces mis saetas se embriagarán de sangre,
y mi espada se saciará de carne:
sangre de muertos y cautivos, 10
Situado
cabezas de enemigos. aproximadamente
¡Cielos, exultad con él, a unos 20
kilómetros del
que lo adoren los hijos de Dios! lugar donde el
¡Exultad, naciones, con su pueblo, río Jordán vierte
que todos los mensajeros de Dios hablen de su sus aguas en el
mar Muerto, el
[fuerza!
monte Nebo se
Porque él vengará la sangre de sus siervos halla en la cima
y purificará el suelo de su pueblo. de la cordillera
del Pisgá, y
alcanza una
Aquel mismo día, Yahvé habló con Moisés y le altura de 835
ordenó subir a lo alto del monte Nebo 10, en el metros
país de Moab, frente a Jericó. Desde allí podría
contemplar Canaán, la tierra fértil que había pro- 167
07 Cuentos.qxd 14/3/06 15:16 Página 168

metido a sus antepasados y que ahora iba a en-


tregar a los israelitas. Y allí, en este mismo lugar,
concluirían sus días. Yahvé, que no había olvida-
do los titubeos de Moisés ante los israelitas en el
desierto, cumplía de esta manera su decisión de
que el profeta no entrara en la tierra prometida,
un país que apenas podría ver de lejos.
En lo alto del monte Nebo, contemplando la
tierra que Yahvé iba a dar a su pueblo, Moisés
pensó que su trabajo estaba concluido. Le habría
gustado pisar aquella tierra fecunda, ponerse de
nuevo al frente del pueblo en su lucha por con-
quistar aquel país, ver esas murallas que llega-
ban hasta el cielo, entrar en sus ciudades, cono-
cer al pueblo poderoso que vivía en ellas… Pero
Yahvé no se lo per mitía: ¡cara le había costado
su desconfianza en el desierto! Su tiempo se ha-
bía acabado.
Mientras sus ojos cansados se detenían moro-
sa, paciente y parsimoniosamente, en lo que se
ofrecía a su mirada, Moisés recordó los días ya
lejanos en que conoció la esclavitud de sus her-
manos en Egipto, cómo sintió que todo su ser se
rebelaba cuando vio a un egipcio golpear a un
hebreo; cómo, sin poder contenerse, se encon-
tró con las manos manchadas de sangre, con-
vertido en un fugitivo del faraón, rechazado por
los suyos y forastero en tierra extraña. ¿Quién iba
a pensar entonces que el Dios de su pueblo, el
Dios de sus antepasados, saldría a su encuentro
precisamente en esa tierra extraña? ¿A quién se
le habría ocurrido imaginar que él, el persegui-
do, el prófugo, sería el escogido por Dios para
liberar a su pueblo de la esclavitud? ¿Cómo iba
a sospechar que a través de él se obrarían los
signos y prodigios que había podido contemplar,
primero en Egipto y después en el desierto? Cier-
tamente, después de tantos años y tantos traba-
168 jos, ahora que sus ojos empezaban a cerrarse
07 Cuentos.qxd 14/3/06 15:16 Página 169

para siempre, Moisés reconocía que aquella elec-


ción divina seguía siendo un misterio.
De su estancia en Madián guardaba un grato
recuerdo. Allí logró poner en orden su vida, de-
dicándose al pastoreo, junto a Seforá, su mujer;
pero Yahvé vino a desbaratar sus propósitos. Ja-
más ha podido borrar aquella zarza de su me-
moria: de pronto se halló apremiado por Dios,
llamado y urgido a cumplir una misión que creía
superior a sus fuerzas, acogido y escuchado por
su pueblo, convertido en profeta de Dios y en-
frentado al faraón. Su boca pronunció las más te-
rribles amenazas contra los egipcios, y su mano
y su cayado las ejecutaron. Nunca supo cómo
pudo soportar el peso de tanta responsabilidad:
él fue el designado por Dios para anunciar al
pueblo la salvación, el fin del cautiverio y el cum-
plimiento de la promesa hecha a Abrahán, Isaac
y Jacob, la de dar a su descendencia una tierra
buena y fértil; él fue el encar gado de poner al
pueblo en marcha, y de conducirlo por el de-
sierto, de escuchar las quejas, soportar las mur-
muraciones, afrontar las rebeliones, despejar las
incertidumbres; también hubo de contener la có-
lera de Yahvé cuando se enrabietaba contra el
pueblo. Entonces pudo conocer realmente cómo
es Dios y cómo es este pueblo: ante Dios reco-
noció que sus her manos eran inconstantes y
poco dóciles, prontos a olvidar sus compromi-
sos; ante sus hermanos reconoció que Yahvé era
un Dios singular, único, celoso pero leal, impla-
cable pero misericordioso, poderoso pero justo.
Este Dios, del que se había fiado desde que lo
escuchó hablar desde la zarza en el Horeb, es el
mismo que lo había sostenido hasta ahora, de
quien procedía la autoridad que le reconocían
los israelitas; el mismo que, no habiendo podi-
do soportar la desconfianza y la vacilación de su
profeta, había decidido que Moisés no pisaría ja- 169
07 Cuentos.qxd 14/3/06 15:16 Página 170

más la tierra prometida, aquélla que un día juró


a Abrahán que sería de su descendencia, la mis-
ma sobre la que durmió Jacob camino de Jarán,
la noche en la que Dios le prometió en sueños
que esa tierra sobre la que estaba acostado sería
suya y de su descendencia. Habían pasado las
generaciones en Israel, pero la confianza en que
Yahvé sería fiel a sus promesas no se había ex-
tinguido.
En el monte Nebo, Yahvé mostró a Moisés la
tierra entera: desde Galaad hasta Dan, todo Nefta-
lí, la tierra de Efraím y de Manasés, toda la tierra
de Judá hasta el mar de occidente, el Negueb, la
vega del valle de Jericó, la ciudad de las palme-
11
El territorio ras, hasta Soar11. Y allí se cerraron definitivamente
mostrado sus ojos. Moisés fue enterrado en el país de
comprende en
realidad toda la Moab, como había dispuesto Yahvé, aunque nadie
tierra hasta hoy ha conocido su tumba. Tenía ciento
prometida: al veinte años cuando murió, y no se había apaga-
este del Jordán,
desde Galaad
do su vigor*.
hasta Dan (al Israel no ha conocido otro profeta como Moi-
norte), sés, a quien Yahvé trataba cara a cara. Después
incluyendo
media tribu de
de él, los israelitas siguieron y obedecieron a Jo-
Manasés; al sué, hijo de Nun, a quien Moisés había impuesto
oeste del río, las manos, llenándolo del espíritu de sabiduría.
Neftalí (al
norte), Judá (al
sur) y, entre
ambos, Efraín y
el resto de
Manasés.

* Las palabras finales subrayan el carácter singular de esta


figura para los israelitas. El amplio discurso precedente, que
cierra definitivamente la etapa del éxodo y prepara la del
asentamiento en Canaán, es a un tiempo un programa po-
lítico y religioso, un testamento personal y una despedida;
pero su eficacia no descansa tanto en su contenido cuanto
en la autoridad personal de quien lo proclama, que ha reu-
nido en su persona la condición de profeta, guía religioso
y jefe político, y cuya jerarquía y ascendencia sobre el pue-
170 blo resultan indiscutibles.
08 Cuentos.qxd 14/3/06 15:16 Página 171

LA TIERRA PROMETIDA

Tras la muerte de Moisés, Yahvé encomendó a


Josué la tarea de guiar al pueblo en su entrada
en la tierra prometida, una responsabilidad a la
que Josué se mostró dispuesto desde el primer
momento. Como hizo en su día con Moisés, Yah-
vé quiso preparar al hebreo para afrontar la mi-
sión que le confiaba: en ningún momento esta-
rá solo, por lo que no deberá tener miedo; el
valor y la fidelidad a la ley serán lo único nece-
sario, la garantía de éxito. El libro de la ley que
Dios había dado a Moisés en el Sinaí será en ade-
lante, para él y para el pueblo, el origen de su
suerte, la causa de sus triunfos, el fundamento
de su prosperidad: deberá tenerlo junto a sí, leer-
lo y meditarlo, día y noche, en toda estación, en
todo tiempo; cumplirá todo lo prescrito en él y
a esas prescripciones ajustará su conducta.
Esta vez la palabra de Yahvé no encontró re-
sistencia alguna; Josué no actuó como Moisés:
no puso reparos ni objeciones, no se excusó ar-
gumentando sus limitaciones verbales, ni pidió
a Dios que enviase a otro en su lugar . En los
años que había pasado junto al profeta difunto, 171
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había conocido la fuerza de la palabra divina, su


llamada apremiante, su poder irresistible. Cono-
cía su misión desde el día en que Y ahvé lo eli-
gió y ordenó a Moisés que le impusiera las ma-
nos en presencia del sacerdote Eleazar.
1
Ahora tenía ante sí dos grandes retos, y nin-
Límites al sur,
norte, este y guno de ellos era sencillo: mantener la fidelidad
oeste, del pueblo a la ley y a la alianza y conquistar la
respectivamente; tierra fértil que Dios había reservado para el pue-
se trata de unas
fronteras muy blo elegido, desde el desierto y el Líbano hasta
amplias, el Éufrates y hasta el mar Grande1. Todo ello sin
territorio más demora: lo inmediato era cruzar el Jordán2. Y Jo-
bien ideal de la
tierra
sué ordenó que el pueblo se preparase para atra-
prometida. vesar el río tres días después. Entre tanto, envió
2
a dos espías a explorar el país de Jericó.
Jordán: nace
en el monte
La ciudad amurallada de Jericó dominaba el
Hermón y curso bajo del Jordán. Para que los israelitas pu-
avanza hacia el dieran adentrarse en la tierra de Canaán necesi-
sur a través del taban conquistar su puerta de entrada, la ciudad
mar de Galilea
hasta de las palmeras. Al llegar a ella, los dos espías
desembocar en hebreos advirtieron la inquietud que había des-
el mar Muerto. pertado la presencia de los israelitas al otro lado
Su curso marca
la frontera con del río, aumentada por las noticias de la suerte
Jordania. Tiene que habían sufrido los reyes amorreos de aque-
una longitud de lla parte del territorio. Sin embargo, lo que pro-
unos 320
kilómetros, un vocaba el temor en la ciudad era el rumor, con-
lecho estrecho y vertido ya en certeza para sus habitantes, de que
de escasa Yahvé combatía al lado de Israel.
profundidad y
un caudal no
A pesar de su entrada furtiva, sus pasos fueron
muy abundante pronto advertidos y el rey de Jericó ordenó ex-
que discurre pulsar a aquellos intrusos. Perseguidos, los espías
con lentitud.
Con todo, dada
hebreos buscaron refugio en casa de Rajab, una
la aridez de la prostituta a la que habían conocido apenas lle-
zona, sus aguas gar a la ciudad; por ella se habían informado de
son vitales para la situación de incertidumbre e inquietud en que
el desarrollo y
abastecimiento vivían desde que los israelitas habían acampado
de la región. al otro lado del Jordán y desde que habían lle-
gado a sus oídos noticias de los prodigios que
172 Yahvé había realizado por su pueblo. Ahora,
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comprendiendo Rajab que la suerte de la ciudad


estaba en manos de aquellos forasteros, de un
pueblo sostenido por la mano de un Dios po-
deroso, no dudó en ofrecer su casa como es-
condite y en confundir con pistas falsas a quie-
nes los perseguían. A cambio, arrancó de sus
huéspedes el compromiso de que su casa y su
familia serían respetadas el día en que los he-
breos tomaran la ciudad. Así lo acordaron: como
en los tiempos de Egipto, como la noche en que
el ángel exterminador mató a los primogénitos
del país pero pasó de largo por las casas de los
israelitas, marcadas con la sangre del cordero
pascual, también ahora la casa de Rajab debería
estar marcada el día en que Josué tomará la ciu-
dad y la entregara al exterminio. La señal de esa
marca sería un cordón de hilo escarlata atado a
la ventana de la vivienda. Ese día toda la familia
de Rajab que se encontrase en la casa será res-
petada; pero no sucedería lo mismo con quienes
se atrevan a abandonarla o si este acuerdo llega
a ser conocido en la ciudad.
Rajab vivía en la misma muralla de Jericó. Des-
colgándose por una ventana los espías abando-
naron la casa y huyeron de la ciudad para ocul-
tarse en la montaña y esperar el regreso de los
perseguidores.
Al tercer día de la partida de los espías, Josué,
conocedor del estado de ánimo que atenazaba
la ciudad, ordenó levantar el campamento y po-
nerse en marcha para atravesar el Jordán. Los sa-
cerdotes, que portaban el arca de la alianza, fue-
ron los encargados de encabezar la comitiva. Al
llegar al río, bastó que sus pies tocaran el agua
en la orilla para que la corriente se detuviera; el
caudal que bajaba hacia el mar de la Sal for mó
un enorme muro mientras que todo el pueblo
cruzaba el cauce seco del Jordán. Quienes lle-
vaban el arca se detuvieron en el centro del río 173
08 Cuentos.qxd 14/3/06 15:16 Página 174

hasta que pasó el último israelita. Después, en


cuanto el arca alcanzó la otra ribera, las aguas
volvieron a ocupar el lecho del río.
Aquella generación nacida en el desierto no
contempló las maravillas que hizo Yahvé en el
mar de las Cañas, cómo secó el mar para que pa-
saran los israelitas y hundió después bajo las
aguas al ejército egipcio. Desde aquel día, reco-
nocieron la autoridad de Moisés en el pueblo;
hoy, al igual que entonces, Yahvé obraba nue-
vos prodigios ante su pueblo: había secado el
Jordán, y Josué, su profeta, engrandecido a los
ojos del pueblo, sería a partir de ahora recono-
3
Adviértanse los cido y respetado como lo fue Moisés3.
paralelismos, ¡Yahvé ha secado el Jordán! La noticia no tar-
subrayados por
el propio texto, dó en extenderse por la región. La conocieron
entre el paso del los cananeos, todos los que vivían camino del
mar de las mar: supieron que los israelitas habían abandona-
Cañas y el paso
del río Jordán, y do el desierto, que estaban a las puertas de Jericó
sus dispuestos para la guerra, y que Yahvé combatiría
consecuencias con ellos. No hicieron falta más explicaciones, so-
para quien
marchaba a la
braron las preguntas: ¿quién mandaba aquel ejér-
cabeza del cito?, ¿cuántos guerreros lo for maban?, ¿de qué
pueblo en cada armas disponían?... La certeza de que Yahvé ve-
momento.
nía al frente de los hebreos fue para ellos el co-
mienzo de su derrota.
4
Guilgal: Israel acampó en Guilgal4, al oriente de Jericó.
antiguo Allí, después de que todos los israelitas varones
santuario
situado entre el se circuncidaran, el pueblo celebró la fiesta de
río Jordán y la Pascua, el decimocuarto día del mes, según las
Jericó, que se prescripciones de Yahvé. Fue la primera cele-
convertirá
después en un bración de la Pascua en la tierra prometida, en
importante los llanos de Jericó, a las puertas de una ciudad
centro político y cerrada y atemorizada. Yahvé, el Dios que los
religioso.
había sacado de Egipto, había cumplido su pa-
labra trayéndolos a esta tierra; atrás quedaban
cuarenta largos años de peregrinación por el de-
sierto: durante ese tiempo el pueblo se había re-
174 belado contra Yahvé, había olvidado sus pro-
08 Cuentos.qxd 14/3/06 15:16 Página 175

mesas y se había fabricado un becerro de oro;


harto de aquel pueblo testarudo e inconstante,
Yahvé juró que ninguno de los que salió de Egip-
to pisaría jamás la tierra que mana leche y miel,
la tierra de la gran promesa. Y así ha sido: todos
los que han sido circuncidados, todos los que
han celebrado la Pascua han nacido en el de-
sierto; ni uno sólo de los que vio los prodigios
de Yahvé en Egipto y en el desierto se encuen-
tra hoy aquí.
Al día siguiente de la celebración de la Pascua
cesó el maná, y los hebreos empezaron a ali-
mentarse de los productos del país.
La ciudad de Jericó estaba sentenciada. Su con-
quista sería la primera de la guerra que Y ahvé
iba a librar al frente de su pueblo por la tierra de
Canaán. Después de Jericó, otras ciudades cae-
rían en manos de los hebreos hasta dominar el
sur del país. Llegaría después el turno del norte;
entonces, ni siquiera la alianza de los reyes cana-
neos de aquella región sería suficiente para im-
pedir que todo el país fuera conquistado por los
israelitas, porque Yahvé combatía a su lado.
A las puertas de Jericó, Yahvé dio instruccio-
nes para preparar la toma de la ciudad: durante
seis días de asedio el arca dará la vuelta a la ciu-
dad, acompañada por los guerreros y precedida
de siete trompetas. Durante esos días el pueblo
marchará en silencio detrás del arca, y sólo se
escuchará el sonido de las trompetas. Pero el sép-
timo día, y después de dar siete vueltas a la ciu-
dad, cuando suenen las trompetas, estallará el
grito de guerra. Ésa será la señal: las murallas se
desplomarán y comenzará el asalto.
La voz de la trompeta acompañó a los habi-
tantes de Jericó aquellos seis días en los que asis-
tieron, inquietos y desconcertados, a la marcha
silenciosa de los israelitas alrededor de la ciudad.
Con el nacimiento de un nuevo día esperaban el 175
08 Cuentos.qxd 14/3/06 15:16 Página 176

comienzo del ataque, pero los hebreos volvían


a su campamento tras completar el recorrido.
El ritual hebreo en torno a Jericó comenzó antes
de lo habitual cuando llegó el séptimo día de ase-
dio. Una y otra vez, hasta siete, los israelitas dieron
la vuelta a la ciudad; un silencio amenazador pre-
sidía la comitiva: ni una palabra salió de sus gar-
gantas, ni una voz se escuchó hasta que resonaron
las trompetas. El sonido del cuer no se confundió
entonces con el grito de guerra, y ante aquel es-
truendo insoportable los muros se abrieron, cedie-
ron sus estructuras, y los hebreos se apoderaron de
la ciudad. Todo lo que encontraron en ella fue en-
tregado al anatema, a la destrucción: los objetos de
plata y oro, de hierro y bronce, quedaron reserva-
dos para Yahvé; el resto, hombres y mujeres de
toda edad y condición, animales de todas clases,
fueron exterminados. Todos a excepción de Rajab,
la ramera, y los miembros de su familia refugiados
en su casa; a todos ellos Josué los puso a salvo fue-
ra de la ciudad. Después, la incendió*.
A pesar de la orden sagrada de consagrar la
ciudad conquistada al anatema, hubo alguien en
Israel que se dejó llevar por la codicia y no re-
nunció a tomar para sí una parte del botín. Nada
se supo de ello hasta que los victoriosos hebreos
5
Ay: localidad fueron derrotados en su intento de apoderarse
que ya en la de la ciudad de Ay5. Ese día fueron puestos en
época de Josué fuga; obligados a huir, quedó en evidencia su de-
se hallaba
derruida, en bilidad y así lo reconoció Josué, postrado ante el
ruinas. arca de Yahvé:

* El relato de la conquista de Jericó combina elementos le-


gendarios y de guerra con otros culturales y litúrgicos. Un
ritual procesional respetado al detalle precede a la acción
de guerra propiamente dicha y la hace posible; el arca, se-
ñal de la presencia de Yahvé, es el arma decisiva para la
rendición de la ciudad. En adelante, la participación del arca
de la alianza será imprescindible en el proceso de conquis-
176 ta de las ciudades cananeas.
08 Cuentos.qxd 14/3/06 15:16 Página 177

—Si te apartas de nosotros, si nos abandonas,


lo sabrán enseguida todos los cananeos; se alia-
rán en contra de Israel y borrarán nuestro nom- 6
El anatema, la
bre de la Tierra. Si ése es tu deseo, Dios nues- condena o
maldición
tro, ¿para qué nos has traído hasta aquí? ¿Para presente en la
qué hemos cruzado el Jordán? ¿Para morir a ma- ley mosaica, es
nos de amorreos y cananeos? un precepto
religioso de la
—Este pueblo ha pecado –respondió Yahvé–, guerra santa
se han quedado con parte de lo destinado al ana- que obliga a la
tema y han traído la maldición sobre todo el cam- destrucción del
botín de la
pamento. Nada tengo que ver con un pueblo ciudad
maldito, que no ha respetado la alianza. No vol- conquistada
verá a ser un pueblo fuerte y temido por sus ene- (salvo los objetos
valiosos, que
migos mientras el anatema per manezca en me- son confiados a
dio de él. Es preciso extirpar el mal, destruir al Dios y
culpable, arrancar de raíz esta infamia: mañana entregados al
la suerte señalará al hombre que ha violado la santuario) y al
exterminio de
alianza de Yahvé, y tú no tendrás compasión de hombres y
él ni de nada de lo suyo6. animales.
A la mañana siguiente, Akán, un hombre de la 7
Babilonia:
tribu de Judá, admitió que en el suelo de su tien- gran ciudad de
da, en la tierra, había escondido un magnífico la Antigüedad,
manto de Babilonia7, junto con un lingote de oro en la
importante ruta
de cincuenta siclos de peso y doscientos siclos 8 comercial que
de plata. Josué no empleó mucho tiempo en re- unía el
criminaciones y reproches al hombre que había Mediterráneo
con el golfo
traído la desgracia a Israel. Acompañado por todo Pérsico; fue
el pueblo, tomó el manto, el lingote y la plata, y ciudad-estado y
empujó fuera del campamento a Akán, a sus hi- capital del
Imperio
jos y a sus animales, junto con todas sus perte- neobabilonio.
nencias. Josué y los israelitas no tuvieron piedad:
Akán fue apedreado, su nombre no se volvió a 8
siclo: moneda
pronunciar, y así se calmó la cólera de Yahvé hebrea de plata
cuyo peso era de
contra su pueblo. media onza,
Tras cumplir la voluntad de Yahvé, Josué em- 14,35 gramos
prendió de nuevo la conquista de A y. Para apo- aproximada-
mente.
derarse de ella dividió sus tropas y envió de no-
che a cinco mil guerreros a ocultarse al otro lado
de la ciudad. A la mañana siguiente se puso al 177
08 Cuentos.qxd 14/3/06 15:16 Página 178

frente del resto del ejército para marchar sobre Ay,


cuyo rey, que había reunido a todas sus fuerzas,
estaba preparado para presentar batalla a Israel.
En cuanto Josué vio venir a las tropas del rey
ordenó a los suyos dar la vuelta y emprender la
retirada. Los cananeos, confiados en su suerte,
recordando que ya habían derrotado una vez a
los israelitas, se lanzaron en persecución de Jo-
sué y se alejaron de la ciudad, en la que no que-
dó un solo hombre para defenderla. Sólo cuando
vieron a su espalda la columna de humo que se
elevaba hacia el cielo comprendieron su error, el
alcance de la tragedia que había caído sobre su
pueblo. Sin tiempo para reaccionar, se hallaron
en medio del ejército de Israel: de un lado, Jo-
9
sué y sus tropas habían dado la vuelta y se diri-
Jerusalén,
Hebrón, Lakis, gían ahora hacia ellos; de otro, los que habían
Eglón: ciudades incendiado la ciudad venían a su encuentro.
amorreas al sur Los israelitas no dejaron superviviente alguno.
de Palestina,
unas más La ciudad incendiada y todos sus habitantes fue-
cercanas al ron entregados al anatema. Esta vez nadie cedió
Jordán a la tentación de guardar para sí algo de lo que
(Jerusalén) y
otras más
debía ser destruido.
próximas al La noticia de la caída y destrucción de Ay fue
Mediterráneo conocida pronto por todos los reyes cananeos a
(Eglón y Lakis).
este lado del Jordán, hacia el mar . Ya no había
10
Gabaón: dudas sobre quién tenían enfrente, de dónde
ciudad al procedía la fuerza de aquel pueblo con el que
noroeste de no habían podido los muros de Jericó. Josué y
Jerusalén, que
ocupa un lugar los suyos representaban una amenaza para to-
destacado en el dos ellos, y así lo entendieron los reyes amorreos
relato bíblico del sur de Palestina, que decidieron aliarse para
por ser el lugar
donde Josué combatir a Israel. Los reyes de Jerusalén, Hebrón,
ordenó al Sol Yarmut, Lakis y Eglón9 unieron sus fuerzas y ata-
que se detuviera caron Gabaón10, la única ciudad que había pac-
para vencer a la
coalición tado la paz con Israel.
amorrea. Hasta el campamento de Guilgal llegaron los ga-
baonitas para pedir ayuda a Josué: ellos solos no
178 tenían fuerza suficiente para soportar el asedio de
08 Cuentos.qxd 14/3/06 15:16 Página 179

los reyes amorreos. Y Josué fue en auxilio de Ga-


baón: partió de noche con sus guerreros y atacó
por sorpresa a los amorreos. Aquel día el Sol se
detuvo en Gabaón y la Luna interrumpió su mar-
cha. Los astros, siguiendo la orden de Josué, no
continuaron su camino hasta que los israelitas de-
rrotaron a sus enemigos. Aquel día Yahvé com-
batió al lado de Israel arrojando grandes piedras
sobre los que escapaban de la espada hebrea.
Tras derrotar en Gabaón a los reyes amorreos,
Josué se apoderó de sus ciudades y entregó a
sus habitantes al anatema. De esta for ma, todo
el sur del país quedó en manos de Israel porque
Yahvé, su Dios, peleaba a su favor. No corrieron
suerte distinta los reyes del norte del país: también
se aliaron contra los israelitas, también sumaron sus
fuerzas reuniendo una muchedumbre innumera-
ble, abundante en carros y caballos, que acampó
junto a Merom, cerca de la ciudad de Jasor 11. Y 11
Merom,
también fueron destruidos por la espada de Jo- Jasor: antiguas
ciudades
sué y el poder de Yahvé. situadas al
Yahvé entregó toda aquella tierra en herencia norte del mar
a los israelitas y al fin, después de la guerra, el de Galilea.
país vivió en paz. Había llegado, pues, el mo-
mento de repartir la tierra, según la suerte de las
tribus: desde el Jordán hasta el mar Josué, junto
con el sacerdote Eleazar, debía repartir la tierra
entre nueve tribus y media tribu de Manasés, en
presencia de sus respectivos cabezas de familia.
La otra media tribu de Manasés, junto con Rubén
y Gad había recibido su parte en el lado oriental
del Jordán. Para la tribu de Leví no hubo tierra;
Yahvé, el Dios de Israel, fue su heredad. Después
del reparto, los israelitas abandonarán definitiva-
mente el campamento y se instalarán cada uno
en la tierra que les haya correspondido*.

* La conquista es presentada idealizadamente en el relato


como una guerra santa, en la que todas las tribus actúan 179
08 Cuentos.qxd 14/3/06 15:16 Página 180

12
En la franja Caleb, al frente de los hijos de Judá, se apresu-
central de ró a recordar a Josué que en el pasado había sido
Palestina, al
norte de enviado por Moisés, desde Cades Bar nea, a ex-
Jerusalén. plorar esta tierra, Canaán, el país que Y ahvé ha-
13 bía reservado para su pueblo. El profeta le pro-
Regiones
transjordanas al metió entonces que la tierra que había pisado sería
norte del mar suya y de sus hijos para siempre. Éste era el mo-
Muerto. mento de pedir el cumplimiento de aquella pro-
14
La tribu de mesa; quien tal cosa pedía se había mantenido
Benjamín ocupó siempre fiel a Yahvé. Josué bendijo a Caleb, le
el área de Jericó entregó la ciudad de Hebrón, y los calebitas ocu-
y Jerusalén,
junto al mar paron el territorio situado en la frontera de Edom.
Muerto. Judá y A la tribu de Efraín le correspondió el territo-
Simeón se rio situado en el lado oriental, desde Jericó has-
instalaron al
sur de Palestina ta Bet Jorón y Guézer en el oeste, con salida al
(la primera mar12. A los hijos de Manasés, el primogénito de
acabará José, les tocó Galaad y Basán13.
absorbiendo a
la segunda).
La suerte asignó a la tribu de Benjamín el te-
Aser, Zabulón e rritorio intermedio entre el de los hijos de Judá
Isacar se y el de los hijos de José. La heredad de los hijos
establecieron al
norte, en la
de Judá era demasiado grande, y una parte de
zona del mar de ella correspondió a la tribu de Simeón. Doce ciu-
Galilea, al igual dades con sus aldeas correspondieron a los hi-
que Neftalí. jos de Zabulón, otras dieciséis con sus aldeas a
15
A la tribu de la tribu de Isacar, y veintidós y sus aldeas a los
Dan le hijos de Aser14.
correspondió el Neftalí recibió diecinueve ciudades con sus al-
territorio
situado al oeste deas. El territorio que tocó a los hijos de Dan no
de Benjamín, estaba aún en poder de los israelitas, por lo que
entre Efraín tuvieron que conquistarlo15.
(por el norte) y
Judá (por el En Silo16, en presencia de Yahvé, a la entrada
sur), pero ni los de la tienda del encuentro, concluyó el reparto

conjuntamente bajo la dirección de Josué. Sin embargo, lo


más probable fue el asentamiento pacífico de los diversos
grupos procedentes de Egipto en zonas desocupadas o me-
diante acuerdos con los habitantes cananeos; los conflictos
que hubo fueron de carácter local. La presentación ideali-
zada de la conquista obedece al deseo de continuar la epo-
180 peya de la salida de Egipto.
08 Cuentos.qxd 14/3/06 15:16 Página 181

amorreos ni los
filisteos les
permitieron
asentarse allí,
por lo que
emigraron
hacia el norte, a
la región
transjordana
situada a la
altura del mar
de Galilea.
16
Uno de los
principales
santuarios de
Israel, donde
estuvo
custodiada el
arca.

Palestina en tiempos del Antiguo Testamento.

del país que realizaron Josué, Eleazar y los jefes


de familia entre las tribus de Israel. Aquel día que-
daron establecidas también las ciudades de asilo,
a las que podría huir el homicida que hubiera ma-
tado a alguien inadvertidamente, y que servirían
de refugio contra el vengador de la sang re hasta
que compareciera ante la comunidad; y fueron
sorteadas las ciudades levíticas, las ciudades con 181
08 Cuentos.qxd 14/3/06 15:16 Página 182

pastos para el ganado en que residirían los levi-


tas, según lo ordenado por Yahvé. Después, las
tribus de Transjordania –los hijos de Rubén, de
Gad y media tribu de Manasés– se despidieron y
regresaron a sus tiendas, al otro lado del Jordán.
Habían cumplido su palabra, habían combatido
junto a sus hermanos en la conquista del país de
Canaán, habían mantenido la fidelidad a Yahvé;
ahora que Dios había traído la paz a su pueblo,
se marchaban llevando consigo la bendición de
Josué y el encargo de guardar la ley que Dios ha-
bía dado a su pueblo a través de Moisés.
Mucho tiempo después del reparto de la tierra,
cuando el pueblo disfrutaba de la paz que Dios
había concedido a Israel, Josué reunió a todas
las tribus en Siquem. A su llamada acudieron to-
dos, jóvenes y viejos, guerreros y sacerdotes,
pero especialmente los veteranos de su ejército,
los que habían luchado con él en Jericó, en Ay,
en Gabaón, en Merom. A todos les recordó que
no habían combatido solos, sino que Yahvé ha-
bía entrado en batalla con ellos; y que la sola
mención de su nombre había bastado para ate-
morizar y derrotar a los cananeos, como sucedió
en Jericó desde el día en que los israelitas cru-
zaron el Jordán.
Ahora sentía el peso de los años. No ocultaba
su falta de fuerzas, la lentitud y torpeza de sus
movimientos, la debilidad que lo invadía y que
anunciaba el cercano final de sus días. Mientras
repasaba en su memoria los acontecimientos del
pasado solía repetir que no le quedaba mucho
tiempo para emprender el camino por el que se
marchaba todo el mundo. La tierra y la paz, sí,
la tierra que contemplaban sus ojos y los ojos de
todos los que lo rodeaban era de Israel. Ésta era
la generación en la que se habían cumplido las
promesas de Yahvé, esta generación había here-
182 dado la tierra prometida y había recibido, ade-
08 Cuentos.qxd 14/3/06 15:16 Página 183

más, el premio de la paz. Israel era ahora un pue-


blo en paz. Sí, Josué tenía derecho a pensar que
su obra había dado fruto, que había cumplido la
misión que Yahvé le confió: la tierra de Canaán
había sido conquistada y sus territorios reparti-
dos entre las tribus, y el pueblo se había mante-
nido fiel a la ley de su Dios. Esto último era lo
que más le había inquietado siempre, la mayor
de sus preocupaciones: conocía a su gente, y nin-
guna otra cosa le habría causado más dolor que
haber sentido el abandono de Yahvé, saber que
Dios se había apartado de su pueblo. De inme-
diato acudió a su memoria la derrota sufrida en
el primer intento de conquistar la ciudad de Ay.
Espigando entre sus recuerdos, Josué evocó a
sus hombres huyendo ver gonzosamente ante
aquellos cananeos: cómo cundió el desánimo en
el pueblo al ver a los suyos volver la espalda ante
sus enemigos; cómo se postró ante Yahvé, aba-
tido, esperando hallar una respuesta y temiendo
el rechazo de Dios, que habría significado el fi-
nal de Israel. Y encontró a Y ahvé colérico, irri-
tado por el sacrilegio de Akán, el insensato que
había traído la desgracia a sus hermanos al guar-
darse una parte del botín en Jericó.
No había vuelto a surgir otro Akán en Israel, pero
el peligro no había desaparecido y nadie podía
aventurar qué sucedería en adelante. Los cananeos
no habían sido completamente exterminados: aún
quedaban algunos pueblos dispersos entre las tri-
bus hebreas, restos de los que habían habitado
aquella tierra antes de la llegada de Israel. Por ello,
José recordó a su pueblo que debían seguir vi-
viendo conforme a la ley de Moisés. Fuera de ella
no habría futuro para Israel. Ahora que vivían en
paz, entrarían en contacto con otros pueblos y otras
gentes que adoraban a otros dioses, descubrirían
otras costumbres, conocerían otras tradiciones; sen-
tirían la atracción de lo desconocido, la curiosidad 183
08 Cuentos.qxd 14/3/06 15:16 Página 184

por lo nuevo, la tentación de probar otras formas


de vida. Pero Israel no deberá dejarse seducir por
estas novedades, no deberá apartarse en ningún
momento de su ley, no se mezclará con otros pue-
blos ni emparentará con sus gentes, no adoptará
sus costumbres ni practicará sus ritos, ni recorda-
rá jamás el nombre de sus dioses.
Sólo Yahvé y la ley que dio a Moisés estarán
en el corazón de los hebreos para siempre. Él es
un Dios fiel, que ha cumplido todas sus prome-
sas y que no abandonará a su pueblo.
Los israelitas, que habían escuchado en silen-
cio al anciano Josué, respondieron a sus palabras
diciendo que no dejarían de servir al Dios que
había sacado a sus padres de Egipto y les había
entregado la tierra en la que vivían expulsando
de ella a los cananeos. Entonces Josué escribió
esta alianza en el libro de la ley, colocó una gran
piedra al pie de una encina en el santuario de Si-
quem y les dijo:
—Esta piedra será testigo de vuestras palabras,
para que jamás reneguéis de vuestro Dios.
Y despidió al pueblo. Josué, siervo de Yahvé,
murió a la edad de ciento diez años, y fue ente-
rrado en la montaña de Efraín. En aquel mismo
lugar fue sepultado Eleazar, el hijo de Aarón.
En Siquem fueron enterrados también los hue-
sos de José, que los israelitas habían traído de
Egipto. Se les dio sepultura en la parcela que
compró Jacob, que ahora formaba parte de la he-
redad de los hijos de José*.

* La etapa de Josué concluye con la gran asamblea de Si-


quem, que reafirma la alianza y el compromiso con la ley,
así como el rechazo a otros dioses. El grupo de Josué, por-
tador de la fe yahvista desde Egipto, la propone a otros gru-
pos u otras tribus (probablemente del norte) que no son de
origen cananeo y que no han estado en Egipto, pero que,
al aceptarla, entran a formar parte del pueblo de Dios, de
184 la mancomunidad de tribus.
09 Cuentos.qxd 14/3/06 15:17 Página 185

VI

¿HACE FALTA UN REY EN ISRAEL?

Las generaciones se fueron sucediendo en Is-


rael. La de Josué y los ancianos que lo siguieron
se mantuvo fiel a Yahvé y vivió según sus pre-
ceptos; sin embargo, cuando ésta desapareció,
surgió otra que apenas sabía quién era Yahvé, 1 Baal y Astarté:
que desconocía sus leyes y que ignoraba todo Baal es el
cuanto Yahvé había hecho por Israel en el pasa- nombre de
diversos dioses
do. Esta generación se mezcló con los pueblos locales de la
del entorno, se contaminó con sus creencias, sir- fertilidad de la
vió a sus dioses, a Baal y Astarté 1, y abandonó tierra. En los
altares solía
al Dios de sus padres. Yahvé sintió ira y rabia de situarse a su lado
su pueblo, se apartó de ellos y los entregó en a Astarté, diosa
manos de sus enemigos, pueblos vecinos que los del amor y la
fecundidad y
oprimieron sin piedad aprovechando la debili- divinidad
dad de los israelitas. suprema
En aquellos tiempos no existía unidad entre las femenina para
los fenicios. El
tribus hebreas y no tenían fuerza para hacer fren- relato bíblico
te a sus enemigos. Muchos habían abrazado des- suele nombrar a
preocupadamente la religión cananea y habían ambos cuando se
refiere a las
olvidado alegremente a Yahvé. Ahora cada uno divinidades
hacía lo que le parecía: adoraban a diversos dio- cananeas.
ses, habían conocido la prostitución sagrada y el
sacrificio de seres humanos. Los idólatras israe- 185
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litas se mezclaron con los hititas, amorreos, pe-


rizitas, jivitas y jebuseos, se casaron con los hi-
jos e hijas de éstos y entregaron sus propias hijas
a los cananeos.
Ante el espectáculo de la prostitución de Israel,
Yahvé les envió a los jueces, jefes del pueblo, a
que lo liberaran de sus enemigos. Pero tampoco
a ellos los escucharon. Despreciaron la alianza y
los mandamientos de Dios, por lo que Yahvé los
entregó en poder de los edomitas, y después fue-
ron sometidos por los moabitas, sojuzgados por
cananeos y madianitas, oprimidos por los am-
2
ammonitas: monitas, aplastados por los filisteos2. Yahvé pro-
habitantes de bó a Israel una y otra vez, y comprobó que se
Ammón,
territorio en obstinaban en abandonar sus preceptos y en
Transjordania, corromperse adorando a dioses extraños. Cuan-
al norte de do la mano de sus enemigos caía sobre ellos
Moab y al sur
de Galaad. Los se lamentaban amargamente, y Yahvé los soco-
filisteos no eran rría enviándoles un juez que les devolvía la li-
un pueblo bertad, pero ésta duraba tanto como la vida del
semítico;
procedentes
libertador. Después volvían a sus prácticas ido-
probablemente látricas, olvidando a Yahvé y adorando a Baal*.
de Creta, se Así sucedió en tiempos de Ehud, un benjami-
instalaron en
Palestina en el
nita zurdo y astuto. Entonces los israelitas, aban-
siglo XII a.C. donados por Yahvé, se hallaban sometidos a los
ocupando una moabitas. Cuando la opresión se hizo insopor-
franja costera table, Israel se acordó de su Dios y Yahvé envió
hacia el sur.
a Ehud contra Moab. Él fue el encargado de lle-
var el tributo en nombre del pueblo al rey moa-
bita. En vez de la espada, Ehud cogió el puñal,

* La desaparición de Josué y su generación deja paso a la


idolatría en Israel, expresada metafóricamente como pros-
titución. Yahvé es sustituido por Baal, el dios del desierto
por el de la fertilidad de la tierra. A partir de ahora, el re-
lato repite un esquema que insiste en las consecuencias de
la idolatría y en la acción salvadora de Dios: irritado con Is-
rael, Yahvé lo entrega en poder de un pueblo del entorno;
tras sufrir la opresión, envía un libertador, un juez, un hé-
186 roe local.
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que ocultó en el muslo derecho, debajo de la


ropa. Cuando hubo presentado el tributo, des-
pidió a sus acompañantes y volvió a la presen-
cia del rey anunciándole que traía un mensaje
reservado para él. Cuando se quedaron solos, el
grueso rey de Moab se levantó pesadamente para
escuchar lo que Ehud tenía que decirle, pero éste
asió el puñal con su mano izquierda y se lo hun-
dió en el vientre. Después, cerró las puertas,
echó el cerrojo y escapó por la ventana.
Mientras los criados del moabita esperaban,
desconcertados, a que se abrieran las puertas,
Ehud se puso a salvo y poco después, al frente
de los israelitas, se lanzó sobre Moab. Aquel día
Israel humilló a los moabitas y el país quedó en
calma durante ochenta años.
Pero a la muerte de Ehud, los israelitas volvie-
ron a apartarse de Yahvé, y quedaron a merced
de Yabín, el rey de Canaán, y de Sísara, el jefe
de su ejército, que los oprimieron duramente du-
rante veinte años.
Fue en aquellos tiempos cuando una mujer, la
profetisa Débora, era juez en Israel, y los israe-
litas acudían a su presencia en busca de justicia.
Fue ella quien encargó al indeciso Barac cumplir
lo ordenado por Yahvé: ponerse al frente de diez
mil hombres de las tribus de Neftalí y Zabulón,
y esperar a Sísara en el torrente Quisón3. Fue ella 3
torrente
quien vio la cobardía reflejada en el rostro de Ba- Quisón: río que
atraviesa la
rac, y aceptó ir al combate junto a él (si fuera llanura de
preciso consultar a Yahvé, éste sólo hablaría a Esdrelón (véase
través de Débora), pero antes le advirtió de lo nota 4 de este
capítulo).
que iba a suceder: Dios iba a entregar al ejérci-
to de Sísara en manos de una mujer.
Cuando las tropas y los carros de Sísara estu-
vieron a su alcance en el torrente, Barac se lan-
zó sobre él, persiguió sus carros y aniquiló su
ejército. Pero Sísara bajó de su carro y huyó a
pie hacia la tienda de Yael, mujer de Jéber, con 187
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quien mantenía buenas relaciones. Yael salió a


su encuentro y lo introdujo en su tienda; el fu-
gitivo le pidió agua, pero ella le dio leche y lo
tapó con un cobertor. Sísara, agotado de can-
sancio, le pidió que vigilara a la entrada de la
tienda y no revelara a nadie su presencia en
aquel lugar, y se durmió. Yael, sin embargo, tomó
el martillo y un clavo de la tienda y se lo hundió
en la sien hasta el suelo; así lo encontró Barac
cuando llegó. De esta for ma se cumplieron las
palabras de la profetisa Débora.
Aquel día Yahvé humilló a Yabín, rey de Ca-
naán, ante los israelitas, y el país quedó tranqui-
lo durante cuarenta años.
Después de Débora los israelitas volvieron a de-
sagradar a Yahvé y cayeron bajo el poder de Ma-
dián durante siete años. Los madianitas devasta-
ron la tierra de Israel: invadieron el país para
saquearlo con sus innumerables camellos y no de-
jaron víveres, ni bueyes, ni ovejas, ni asnos.
Los israelitas se encontraban sumidos en la mi-
seria cuando el ángel de Yahvé se apareció a Ge-
deón, hijo de Joás, que majaba trigo a escondidas
de los madianitas, y lo saludó con estas palabras:
—Yahvé contigo, valiente guerrero.
Gedeón creyó que se burlaban de él cuando
oyó semejante saludo. ¿Dónde está Yahvé? ¿Ha
visto a los israelitas ocultos en las montañas, es-
condidos en las cuevas? ¿Sabe acaso que ahora
no tenemos otro remedio que ocultar el poco ali-
mento que nos queda para sobrevivir? ¿No ha vis-
to en qué estado están los sembrados?
—Perdón, señor mío, si Yahvé está con noso-
tros, ¿por qué nos ocurre todo esto? –repuso Ge-
deón–. Yahvé nos ha abandonado, nos ha en-
tregado en manos de Madián.
Pero el ángel respondió:
—Con tu fuerza salvarás a Israel de la mano de
188 Madián; yo estaré contigo.
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El valiente guerrero, perplejo, no supo qué res-


ponder. Por un momento creyó que la burla no
había terminado: ¿dónde estaba su fuerza, su po-
der?, ¿dónde su valentía? ¿Quiénes for maban su
ejército?
—Señor mío, ¿cómo voy a salvar yo a Israel?
–dijo al fin Gedeón–. Mi clan es el más pobre de
Manasés, y yo el último de la casa de mi padre.
Sin embargo, ante la insistencia del ángel, Ge-
deón fue a preparar una ofrenda; cuando la tra-
jo, la puso sobre una roca y vertió caldo sobre
ella; después, el ángel de Yahvé extendió la pun-
ta del bastón que tenía en la mano y tocó la
ofrenda: entonces salió fuego de la roca y la con-
sumió, y el ángel desapareció de la vista de Ge- 4
llanura de
deón. Por fin comprendió el israelita con quién Yizreel o de
había estado hablando. Aquella misma noche, Esdrelón:
Yahvé ordenó a Gedeón derribar el altar de Baal, ancho valle en
y construir otro al Dios de Israel. la zona central
de Palestina;
El espíritu de Yahvé vino sobre Gedeón, y en- atravesada por
vió mensajeros a Manasés, Aser, Zabulón y Nef- el torrente
talí, que se reunieron con él. Los madianitas y Quisón, alberga
la mayor
los amalecitas unieron sus fuerzas, cruzaron el extensión de
Jordán y acamparon en la llanura de Yizreel4: terreno
eran numerosos como langostas, y sus camellos, cultivable del
país. En el lado
innumerables como la arena de la orilla del mar. oriental se
Pero Gedeón no las tenía todas consigo: cuan- comunica con
do tuvo ante sus ojos aquel poderoso ejército su el Jordán a
través de un
espíritu vaciló y la desconfianza se apoderó de angosto
él. Se dirigió, pues, a Yahvé y le pidió una señal, corredor de
una prueba de que iba a salvar a Israel a través unos 20
kilómetros de
de él. De noche, cuando el rocío empezaba a largo; con la
caer, dejó un vellón en tierra; de madrugada, costa está unida
comprobó que el rocío había caído sólo sobre el mediante cuatro
vellón, y que el suelo a su alrededor había que- pasos
defendidos por
dado seco. De nuevo dejó el vellón en el suelo; otras tantas
por la mañana, comprobó que el vellón había fortalezas.
quedado seco y que el rocío había caído en el
suelo a su alrededor. El desconfiado Gedeón tuvo 189
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al fin las pruebas que su espíritu débil y falto de


fe estaba esperando: ya no había dudas, Y ahvé
daría la victoria a su pueblo.
Ciertamente, Yahvé estaba decidido a salvar a
Israel a través de Gedeón, pero no quería que el
pueblo sacara conclusiones falsas de aquel triun-
fo. Sabía que en cuanto los israelitas vencieran
al ejército de Madián crecería su orgullo y se des-
bordaría su vanidad creyendo que se habían sal-
vado gracias a sus propias fuerzas. Por ello, Yah-
vé redujo el ejército de Gedeón hasta dejarlo en
trescientos hombres.
Gedeón dividió a los trescientos hombres en
tres cuerpos, les dio cuernos y cántaros con an-
torchas dentro, y les dijo:
—Haced lo que yo haga.
Al comienzo de la guardia de medianoche, Ge-
deón y los cien hombres que lo acompañaban
llegaron al extremo del campamento de Madián.
Cuando los centinelas acababan de hacer el rele-
vo, tocaron los cuer nos y rompieron los cánta-
ros que llevaban, y los tres cuerpos del ejército
tocaron los cuernos y rompieron los cántaros. En
la mano izquierda sostenían las antorchas y en
la derecha los cuernos, mientras gritaban:
—¡Por Yahvé y por Gedeón!
El campamento entero se despertó al escuchar
el estrépito de los cuernos y el griterío de los is-
raelitas. Sobresaltados y aturdidos, los madiani-
tas sólo pensaron en emprender la huida, preci-
pitadamente, sin detenerse a calcular el número
y las fuerzas de quienes los rodeaban. Yahvé ha-
bía sembrado la confusión entre ellos y había he-
cho que, en su desconcierto, cada uno alzara la
espada contra su compañero. Entre tanto, mien-
tras los guerreros de Madián se daban a la fuga
o caían abatidos por sus propias espadas, los tres-
cientos israelitas seguían tocando el cuerno. Des-
190 pués, se lanzaron en persecución de los fugiti-
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vos, capturaron a los reyes madianitas y los eje-


cutaron.
Viéndose por fin libres, los israelitas pidieron
a Gedeón que los gober nara como rey, pero él
no quiso:
—Yo no reinaré sobre vosotros, y tampoco lo
hará mi hijo. Sólo Yahvé será vuestro rey –les dijo.
Aunque Gedeón rechazó la propuesta de con-
vertirse en rey, algunos israelitas empezaban a
considerar que sería conveniente para el pueblo
implantar una forma de gobierno bastante ex-
tendida entre los pueblos vecinos. Otros, sin em-
bargo, pensaban que no había motivos para que
Israel adoptara las costumbres de otros pueblos.
Yahvé, y sólo él, era quien realmente debía go-
bernar este pueblo, la nación que él había ele-
gido como propiedad suya entre todas las de la
Tierra. No hacía falta que los israelitas eligieran
a un rey; Yahvé era su rey. En todo caso, si al-
gún día Yahvé quisiera dar un rey a su pueblo,
él mismo se encargaría de designarlo.
Así sucedió mientras vivió Gedeón. No hubo
rey en Israel y el país estuvo tranquilo cuarenta
años. Gedeón tuvo setenta hijos de sus mujeres,
y otro de la concubina que tenía en Siquem, al
que llamó Abimélek.
Después de la muerte de Gedeón, sus setenta hi-
jos asumieron sus funciones, y los israelitas volvie-
ron de nuevo sus ojos hacia Baal y olvidaron a Yah-
vé. Quienes deseaban una monarquía en Israel
vieron en la situación creada tras morir Gedeón la
ocasión propicia para plantear sus reivindicaciones.
Especial interés mostró en ello Abimélek, el sique-
mita. El hijo de la concubina hablaba a menudo
con su familia y con los notables de Siquem, ante
quienes insistía en sus argumentos:
—¿Acaso no sería mejor que gober nara un
hombre sólo, como había ocurrido con su padre,
en vez de que lo hagan setenta? 191
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De paso, aprovechaba para recordarles que él


era de Siquem y que allí se encontraba su fami-
lia. Gracias a su insistencia y su habilidad, Abi-
mélek logró atraerse a los notables de la ciudad,
quienes confiaron en él y le entregaron dinero
procedente del templo de Baal. Con ese dinero,
se rodeó de un ejército de miserables y se diri-
gió a la casa de su padre, donde dio muerte a
sus setenta hermanos. Sólo el más pequeño, Jo-
tam, el hijo menor de Gedeón, logró esconder-
se y salvar la vida. Finalmente, los notables si-
quemitas lo proclamaron rey.
La noticia de que el hijo de la concubina había
sido proclamado rey se extendió pronto por Is-
rael y llegó hasta los oídos de Jotam. Éste, sin
poder contener su indignación, alzó la voz des-
5
monte de la cumbre del monte Garizim5 y dijo:
Garizim:
montaña
cercana a Escuchadme, señores de Siquem,
Siquem, de 880 y que Dios os escuche.
metros de Los árboles se pusieron en camino
altura.
para ungir a uno como su rey.
Dijeron al olivo: «Sé tú nuestro rey».
Les respondió el olivo:
«¿Voy a renunciar a mi aceite
con el que gracias a mí son honrados
los dioses y los hombres,
para ir a vagar por encima de los árboles?».
Los árboles dijeron a la vid:
«Ven tú, reina sobre nosotros».
Les respondió la vid:
«¿Voy a renunciar a mi mosto,
el que alegra a los dioses y a los hombres,
para ir a vagar por encima de los árboles?».
Todos los árboles dijeron a la zarza:
«Ven tú, reina sobre nosotros».
La zarza respondió a los árboles:
«Si con sinceridad venís a ungirme a mí
192 para reinar sobre vosotros,
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llegad y cobijaos a mi sombra.


Y si no es así, brote fuego de la zarza
y devore los cedros del Líbano6. 6
La fábula de
Jotam expresa
abiertamente la
Jotam era consciente de que debía huir, po- corriente de
nerse a salvo donde no pudiera encontrarlo Abi- rechazo a la
mélek, pero antes dejó escapar toda su rabia. No monarquía que
existía en Israel,
encontraba palabras para designar la deslealtad según la cual
de los siquemitas con la casa de su padre, con en el pueblo
quien había arriesgado su vida por ellos enfren- elegido no cabe
otro rey que
tándose a Madián, con el que les había traído la Yahvé. El
paz de la que gozaban. Esos mismos traidores posterior fracaso
devolvían ahora el bien que les había hecho Ge- de Abimélek, a
deón matando a sus hijos y eligiendo como rey quien Yahvé no
ha elegido,
en Siquem al vástago de su esclava. Jotam les reforzará esta
lanzó esta maldición: tesis.
—Si habéis actuado con sinceridad, que lo que
habéis hecho sea para bien; de lo contrario, que sal-
ga fuego de Abimélek y devore a Siquem; que
el fuego de Siquem devore a Abimélek.
Después huyó y se estableció lejos de su her-
mano. Yahvé entonces hizo nacer las desave-
nencias entre Abimélek y los señores de Siquem,
de tal forma que no pasaba un día sin que los
desencuentros y enfrentamientos añadieran más
leña al fuego que había prendido en la ciudad.
Al fin, los notables se rebelaron contra Abimé-
lek: tramaron emboscadas, organizaron saqueos
y soliviantaron a la ciudad contra el rey, hasta
que Abimélek atacó la ciudad, la arrasó, la sem-
bró de sal y se vengó de los instigadores de la
revuelta. Después atacó y tomó T ebés7; en me- 7
Tebés: ciudad
dio de la ciudad había una torre en la que se re- situada al norte
de Siquem.
fugiaron hombres y mujeres, y todos los señores
de la ciudad. Hasta allí llegó Abimélek con inten-
ción de incendiarla, pero, antes de que pudiera
hacerlo, una mujer arrojó sobre él una piedra de
molino que le partió el cráneo. Agonizante, or-
denó a su escudero que lo atravesara con su es- 193
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pada, para que no dijeran de él que lo había ma-


tado una mujer. De esta for ma devolvió Dios a
Abimélek el mal que había hecho a su padre al
matar a sus setenta her manos y así se cumplie-
ron las palabras de Jotam.
Pero los dioses cananeos no desaparecieron de
Israel, y Yahvé no tardó en abandonar de nuevo
a su pueblo. Otra vez sintieron los israelitas el
peso de la opresión, ahora de los ammonitas, y
rogaron a Yahvé que los liberara de aquel casti-
go. Pero Yahvé estaba indignado con su pueblo,
cansado de sus desaires, harto de su obstinación:
¡que os salve Baal!, ¡que Astarté venga en vuestro
auxilio!, ¡invocad a los dioses que habéis esco-
gido! Ellos os auxiliarán en vuestras tribulacio-
nes, escucharán vuestros lamentos y se apiada-
rán de vuestros sufrimientos. ¿Por qué me llamáis
si no aceptáis mis preceptos, si adoráis a otros
dioses, si habéis renunciado a la alianza que
hice con vuestros padres? ¿Qué soy yo para vo-
sotros?
Con el ánimo compungido, los israelitas reco-
nocieron su culpa, retiraron los dioses extranje-
ros y pidieron de nuevo a Y ahvé que no los
abandonara; éste, entonces, no fue capaz de so-
portar el sufrimiento de su pueblo.
El espíritu de Yahvé vino sobre Jefté, un va-
liente guerrero de Galaad, engendrado por una
prostituta y expulsado por sus her manos de la
casa de su padre por su condición de hijo de otra
mujer. Privado de la herencia y obligado a huir,
acabó dedicado al bandidaje en compañía de mi-
serables y desalmados, como hizo Abimélek an-
tes que él. Y precisamente de él se acordaron los
jefes y ancianos de Israel cuando vieron a los
ammonitas acampar en Galaad: éste era el hom-
bre adecuado para ponerse al frente de Israel en
el combate contra sus opresores. Y fueron en su
194 busca.
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Grande fue la sorpresa de Jefté, el desheredado,


cuando vio que quienes lo habían desposeído re-
clamaban ahora su ayuda, quienes lo habían obli-
gado a abandonar la casa de su padre le pedían que
regresara. Jefté aceptó e hizo un voto a Yahvé:
—Si entregas en mi mano a los ammonitas, el
primero que salga de mi casa a mi encuentro
cuando regrese victorioso será para Yahvé y lo
ofreceré en holocausto.
Los ammonitas fueron derrotados por los israe-
litas y Jefté regresó victorioso a su casa. Ni por un
momento pensó que sería su hija, su única hija,
el único descendiente de su casa, quien saldría a
recibirlo tocando una pandereta. Así sucedió, y
las palabras que pronunció ante Yahvé le traspa-
saron el corazón. La gloria se volvió hiel; la vic-
toria, tragedia; la celebración, amargura. Roto de
dolor y de pena, se lamentó del drama que había
caído sobre él. Había sido expulsado por sus her-
manos de la casa de su padre, había sido despo-
seído de los bienes que legítimamente le corres-
pondían, pero ninguna desgracia era comparable
a ésta, ningún sufrimiento se le acercaba.
—¡Hija mía! ¿Cómo iba a pensar que tú serías
la causa de mi desgracia?
—¡Padre mío! –respondió ella–, cumplirás tu
promesa como la ha cumplido Yahvé entregán-
dote a los ammonitas. Pero antes permíteme que
sufra a solas mi virginidad8. 8
La muerte no
Jefté la dejó marchar y a su regreso cumplió el es la única
desgracia para
compromiso que había contraído con Yahvé. La la joven; no
joven no había conocido varón. haber tenido
Durante seis años juzgó Jefté a Israel. Cuando hijos representa
para ella una
murió, otros jueces ocuparon su lugar, y cuando és- verdadera
tos desaparecieron también desapareció Yahvé ignominia, una
del corazón de los israelitas, por lo que decidió deshonra.
olvidarse de ellos y dejarlos a merced de los pue-
blos del mar. De esta forma, los filisteos opri-
mieron a Israel durante cuarenta años. 195
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En aquel tiempo, el ángel de Yahvé se apare-


ció a una mujer estéril, casada con Manóaj, un
hombre de la tribu de Dan, y le dijo:
—Yahvé ha fijado sus ojos en ti. Vas a conce-
bir y darás a luz un hijo; en adelante, pues, no
bebas vino ni bebida fer mentada y no comas
nada impuro. El niño que va a nacer será nazir
de Dios desde el seno, y salvará a Israel de la
mano de los filisteos.
Sorprendida, la mujer no contestó al mensaje-
ro divino y corrió a contar a su marido la visita
del ángel y lo que le había dicho. Manóaj rogó
entonces a Yahvé que lo enviara de nuevo, y
Yahvé lo escuchó.
El ángel de Yahvé se apareció de nuevo a la
mujer mientras se encontraba en el campo, y ella
se apresuró a llamar a su marido; ambos le es-
cucharon decir que cuando naciera, el niño tam-
bién debería abstenerse del vino y las bebidas
fermentadas, así como de comer nada impuro.
Manóaj quiso obsequiarlo con un cabrito, pero
el ángel le dijo:
—Ofréceselo a Yahvé.
Y Manóaj ofreció el cabrito en holocausto a
Yahvé; él y su mujer contemplaron cómo, mien-
tras la llama subía del altar hacia el cielo, el án-
gel de Yahvé subía en la llama, y cayeron rostro
en tierra. Manóaj comprendió que era el envia-
do de Yahvé y dijo a su mujer:
—Seguro que vamos a morir, porque hemos
visto a Dios.
—Si Yahvé hubiese querido matar nos, no ha-
bría aceptado la ofrenda de nuestras manos –le
contestó ella.
9
Timná: La palabra del ángel se cumplió y la mujer dio
localidad filistea
situada al oeste a luz un hijo, al que llamó Sansón. El niño cre-
de Belén. ció, Yahvé lo bendijo y lo llenó de su espíritu.
En Timná9, Sansón puso sus ojos en una filis-
196 tea y quiso convertirla en su esposa. Cuando se
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lo dijo a sus padres, éstos recibieron la noticia


con desagrado. Hubieran deseado que su hijo to-
mara por esposa una mujer de su pueblo, una
israelita, en lugar de una filistea, una hija de los
incircuncisos que oprimían a Israel. Los padres
de Sansón, que no habían olvidado las palabras
del ángel cuando habló del niño que iba a nacer
como el salvador de su pueblo, no comprendían
cómo su hijo podría salvar a Israel casándose con
una filistea. No sabían que detrás de todo aque-
llo estaba Yahvé.
El nazir Sansón, que había crecido fuerte y po-
deroso, se encaminó a Timná para encontrarse
con la mujer que había elegido como esposa.
Pero a quien encontró mientras cruzaba unas vi-
ñas fue a un león que le salió al paso rugiendo.
Entonces el espíritu de Yahvé se apoderó de él
y la fuerza de sus brazos fue suficiente para aca-
bar con la fiera; despedazó al león con sus ma-
nos como si se tratara de un cabrito, aunque no
contó nada de lo ocurrido a sus padres. V isitó
después a la mujer y quedó satisfecho de ella.
Sansón no volvió a ocuparse del león hasta pa-
sado algún tiempo, cuando regresó a Timná para
casarse con la filistea. Entonces quiso ver primero
el cadáver del león, y en su lugar halló un en-
jambre de abejas con miel. Recogió la miel y se
la llevó a sus padres, pero mantuvo en secreto
lo sucedido con el león.
En la ciudad filistea, Sansón celebró un ban-
quete al que acudió su padre y treinta compa-
ñeros suyos, a los que propuso la siguiente adi-
vinanza:

Del que come salió comida,


y del fuerte salió dulzura.

La fiesta que seguía al matrimonio duraba sie-


te días, y ése era precisamente el tiempo del que 197
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disponían los treinta jóvenes para encontrar la


solución del acertijo. Si lo hacían, Sansón les en-
tregaría treinta túnicas y treinta mudas. De lo con-
trario, ellos darían a Sansón las treinta túnicas y
las treinta mudas.
Los días transcurrieron sin que aquella gente
diera con la solución. Por lo que, al tercero, de-
cidieron amenazar a la mujer de Sansón:
—Convence a tu marido para que nos la ex-
plique, o te quemaremos a ti y a la casa de tu
padre.
Viéndose en un aprieto, la filistea puso en jue-
go sus artimañas para sonsacar a su marido:
—Tú me odias y no me amas –le dijo–. Has
propuesto una adivinanza a la gente de mi pue-
blo y no me la has explicado a mí, que soy tu
esposa.
Pero Sansón no se dejó atrapar por semejante
argumento y se justificó diciendo:
—Es verdad, no te la he explicado a ti, pero
tampoco a mi padre ni a mi madre.
Ella, sin embargo, no lo dejó en paz. Insistió
una y otra vez, quejándose de la actitud de su
marido, hasta que el séptimo día, harto de escu-
char los lamentos de su esposa, el vigoroso is-
raelita cedió y le dijo la solución de la adivinan-
za. Ese mismo día, la gente de la ciudad dijo a
Sansón:

¿Qué hay más dulce que la miel,


y qué más fuerte que el león?

Él les respondió:

Si no hubierais arado con mi novilla,


no habríais acertado mi adivinanza.

Una mujer había bastado para engañar al po-


198 deroso israelita, al vigoroso nazir con quien no
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habían podido las fauces del león. La filistea


que había tomado como esposa se las había in-
geniado para poner al descubierto la debilidad
de Sansón. Enfadado con ella y lleno de ira, de-
cidió apartarla de su lado, de modo que ella vol-
vió con su familia y él regresó junto a su padre.
Antes fue a Ascalón, mató a treinta hombres y
entregó sus mudas a quienes habían acertado la
adivinanza10. Mientras, los filisteos seguían opri- 10
Ascalón:
miendo a Israel. antigua ciudad
palestina junto
Cuando se aproximaba el tiempo de la siega al Mediterráneo,
quiso Sansón tener relaciones con su mujer, pero una de las
se encontró con que ella ya no estaba allí. Su pa- cinco que
formaban la
dre se justificó ante el israelita: al ver que la jo- pentápolis o
ven volvía a su casa pensó que su marido no la federación
quería, y en cuanto otro hombre se interesó por filistea (Gaza,
Ascalón y Asdod
ella se la entregó. Ahora sólo quedaba en la casa en la costa; Gat
la hermana menor, y si Sansón lo deseaba sería y Ecrón en el
suya en lugar de la mayor. Pero él no dijo nada interior).
sobre la muchacha, se marchó y la emprendió
con las mieses filisteas: cazó trescientas zorras y
las soltó por los sembrados, de dos en dos, con
una tea encendida en la cola. Gavillas, trigo, vi-
ñas y olivares, todo quedó convertido en cenizas.
Pronto supieron los filisteos que todo aquello
había sido obra del gigantón israelita, enfureci-
do porque su suegro había entregado su mujer
a otro hombre. Venganza por venganza, se dije-
ron, e incendiaron la casa del suegro de Sansón;
no contentos con ello, llevaron su crueldad al
extremo quemando a la mujer de Sansón. Éste
conoció lo ocurrido y juró no descansar hasta
vengarse de sus enemigos. Después se retiró a
una cueva en Judá.
Hasta allí se dirigieron los filisteos para atra-
par a quien se había convertido en su enemigo
declarado. Su presencia alarmó a los habitantes
de Judá, temerosos de sufrir la ira de los incir-
cuncisos. Ahora bien, en cuanto supieron en 199
09 Cuentos.qxd 14/3/06 15:17 Página 200

Judá que los filisteos venían en busca de San-


són, se prestaron a facilitarles el trabajo. Halla-
ron al coloso de Dan en la cueva que usaba
como refugio y allí le reprocharon su hostilidad
hacia los filisteos: ¿quién se creía que era? ¿Aca-
so había olvidado que los israelitas se encon-
traban sometidos por los filisteos? ¿No se daba
cuenta de que con su actitud sólo traería la des-
gracia para el pueblo? ¿Eran ésos sus planes, pro-
longar el sufrimiento de Israel? Sansón, en cam-
bio, no podía aceptar como ciertas aquellas
acusaciones:
—Nada he hecho –se defendió–. Pienso de-
volverles el trato que ellos me han dado. En
cuanto a vosotros, juradme al menos que no me
vais a matar.
Los de Judá insistieron en que no le harían
daño. No pretendían otra cosa que mantenerse a
salvo de la ira de los filisteos, que no habían ve-
nido a atacar a Judá, sino a llevarse a Sansón. En
consecuencia, se limitarían a colaborar con ellos
entregándoles amarrado a su enemigo. Así pues,
lo ataron con cordeles nuevos y lo sacaron de la
gruta.
Según lo pactado, los filisteos dejaron hacer a
los hombres de Judá; cuando vieron a Sansón
salir atado de la gruta fueron a su encuentro con
gritos de triunfo. Pero entonces, el espíritu de
Yahvé invadió al israelita: los cordeles que su-
jetaban sus brazos saltaron como si de hilos de
lino se tratara, y las ligaduras que inmovilizaban
sus manos cayeron deshilachadas. Miró a su al-
rededor y halló una mandíbula de asno con la
que se lanzó contra los filisteos y mató a mil
11
hombres.
Gaza: ciudad
filistea. Véase Lo sucedido acrecentó el odio entre Sansón y
nota anterior. los filisteos, de modo que éstos vigilaban todos
los movimientos del danita. Supieron que, des-
200 pués de los sucesos de Judá, se dirigió a Gaza11,
09 Cuentos.qxd 14/3/06 15:17 Página 201

pero tampoco pudieron prenderlo allí; supieron


también que se había enamorado de una mujer
llamada Dalila.
Los filisteos recordaron que el hercúleo israe-
lita había cedido una vez ante la insistencia y
los requerimientos de una mujer. Ahora otra mu-
jer se cruzaba en el camino de Sansón; no ha-
bría probablemente ocasión mejor para doble-
gar la fuerza y la voluntad de aquel hombre. Y
los que tiranizaban a Israel se dirigieron a aque-
lla mujer y la sobornaron: le ofrecieron dinero,
mucho más del que pudiera necesitar en el res-
to de sus días a cambio de que averiguara de
dónde procedía la fuerza enorme de Sansón, y
de qué manera podrían amarrarlo, sujetarlo, re-
ducirlo.
Ella puso manos a la obra: en la primera oca-
sión que tuvo pidió a Sansón que le explicara de
dónde procedía su fuerza. Él no contestó a esa
pregunta, pero sí dijo que si lo amarraran con
siete cuerdas de arco frescas, sin secar , sería
como un hombre cualquiera. Y Dalila lo creyó;
supuso que aquélla era una información precio-
sa y le faltó tiempo para preparar las cuerdas,
ponerse de acuerdo con los filisteos y apostar al-
gunos hombres en la alcoba. Allí ató al israelita
y gritó:
—Los filisteos contra ti, Sansón.
Pero las cuerdas de arco no soportaron la pre-
sión de sus poderosos brazos: habían sido cui-
dadosamente escogidas, pero ni su frescor ni su
humedad fueron suficientes para reducir a San-
són a la condición de hombre cualquiera. La pre-
ciosa información quedó convertida en burla y
no se descubrió el secreto de la fuerza del is-
raelita.
La broma de Sansón enfadó mucho a Dalila. Le
molestaba haber sido objeto de aquella burla y
haber quedado en evidencia, ante Sansón y ante 201
09 Cuentos.qxd 14/3/06 15:17 Página 202

los filisteos. Pero aunque aquel gigante endemo-


niado la hubiera engañado y se hubiera reído de
ella, debía averiguar el origen de su fuerza. ¡Ha-
bía demasiado en juego como para abandonar al
primer contratiempo!
Y Dalila volvió a la carga, convencida de que
acabaría venciendo la voluntad del danita. De
nuevo insistió en saber de dónde procedía su
fuerza, pero él tampoco contestó; se limitó a ex-
plicarle que no era para tanto y que su fuerza
podía controlarse si le aplicaran cordeles nue-
vos, sin usar; algo tan sencillo, tan fácil, era su-
ficiente para reducirlo a la condición de hombre
vulgar.
La sagaz Dalila no advirtió el engaño en las pa-
labras de Sansón; precipitadamente, se procuró
unos cordeles nuevos y apostó hombres en la al-
coba. Ató al israelita y gritó:
—Los filisteos contra ti, Sansón.
Pero él deshizo las cuerdas nuevas sin esfuer-
zo. Y Dalila quedó en evidencia de nuevo, aun-
que esta vez elevó el tono de sus quejas. Empe-
zaba a estar harta de las burlas y mentiras de
Sansón. Lo que él creía un juego no lo era para
ella; se trataba de una cosa mucho más seria. A
toda costa quería saber el origen de su fuerza ex-
12
trama: traordinaria, ese secreto que guardaba con tan-
conjunto de to celo. Entonces Sansón se llevó las manos al
hilos (en este
caso, las trenzas pelo y lo acarició reiterada, morosamente; al fin
del cabello de dijo:
Sansón) que se —Si tejieras las siete trenzas de mi cabellera
cruzan con los
de la urdimbre con la trama12 y las sujetaras con la clavija del te-
–que están jedor, sería como un hombre cualquiera.
colocados en Mientras Sansón dormía, ella tejió las siete tren-
paralelo en el
telar– para
zas con la trama, las clavó con la clavija y gritó:
formar una —Los filisteos contra ti, Sansón.
tela. Pero él se despertó, arrancó la trama y la cla-
vija, y volvió a quedar oculto el secreto de su
202 fuerza.
09 Cuentos.qxd 14/3/06 15:17 Página 203

Tres veces había intentado Dalila poner en


juego su astucia para averiguar la verdad sobre
Sansón y tres veces había sido burlada por el
hercúleo israelita. Su habilidad para cumplir lo
pactado con los filisteos se encontraba ahora
en entredicho, y temía que éstos acabaran re-
tirándole su confianza. Debía, pues, continuar
asediando aquella fortaleza si no quería faltar
a la palabra dada y perder los grandes benefi-
cios que los filisteos le habían prometido. De
modo que Dalila insistió en sus requerimien-
tos: se lamentó de las burlas y mentiras de San-
són, censuró el desprecio con que la trataba y
aquella incomprensible obstinación en guardar
el secreto de su fuerza, aunque dejó con habi-
lidad un mar gen para el entendimiento. En
efecto, si la razón que lo movía a actuar de
aquella manera tenía un carácter singularmen-
te personal e íntimo, ella entendía que no de-
seara divulgarla; ahora bien, no existía razón
íntima alguna que no pudiese ser compartida
con alguien tan cercano como la mujer que lo
amaba. Si es que realmente se podía llamar
amor a lo que existía entre ellos dos. Dalila em-
pezaba a dudarlo: ¿cuáles eran los sentimien-
tos de Sansón hacia ella? ¿Realmente la quería?
Extraña suerte de amor resultaba ésta en la que
el amante se divertía engañando reiteradamen-
te a su amada, riéndose de ella y dejándola en
evidencia ante otros. No, el corazón de aquel
enigmático israelita guardaba celosamente se-
cretos que no estaba dispuesto a compartir con
ella. Silencio, cerrazón, ocultamiento, obstina-
ción, constituían todo su conocimiento de San-
són, demasiado poco para disipar las dudas que
empezaba a albergar sobre el amor del israeli-
ta, de quien conocía la fuerza, el poder de sus
brazos, pero no sus auténticas intenciones, la
verdad sobre sus sentimientos. Quien decía 203
09 Cuentos.qxd 14/3/06 15:17 Página 204

amarla había resultado ser un desconocido para


ella, un extraño.
Al fin, el extraño cedió, el desconocido se rin-
dió, agobiado por la insistencia de Dalila, can-
sado de escuchar una y otra vez sus ar gumen-
tos, sobrepasado por el despliegue de recursos
que había sembrado la duda sobre sus propios
sentimientos. El gigante danita no quiso oírla
más y abrió de par en par las puertas de su co-
razón:
—La navaja no ha pasado jamás por mi cabe-
za porque soy nazir desde el vientre de mi ma-
dre. Si me rasuraran sería como un hombre cual-
quiera.
Esta vez Dalila supo que Sansón no la enga-
ñaba; ahora sí le había abierto todo su corazón
y había sido completamente sincero. Segura y
confiada, llamó a los filisteos y les dijo que se
presentaran ante ella con el dinero en la mano.
Después durmió a Sansón sobre sus rodillas y un
hombre le cortó las siete trenzas de su cabeza;
entonces gritó:
—Los filisteos contra ti, Sansón.
Cuando el israelita despertó, Yahvé se había
apartado de él. Los filisteos lo prendieron, le sa-
caron los ojos y lo llevaron a Gaza, donde lo ata-
ron con doble cadena de bronce y lo forzaron a
13
muela: dar vueltas a la muela13 de la cárcel.
piedra de En su cautiverio, Sansón tuvo tiempo de vol-
molino que gira
sobre otra fija ver la mirada sobre lo sucedido: sólo él era el
moliendo lo que responsable del penoso estado en que se en-
hay entre contraba. Fiado de una mujer, había faltado a su
ambas.
voto de nazir, revelando el secreto que jamás de-
bió conocer ninguna otra persona. Era evidente
su condición de hombre débil y endeble; la fuer-
za de sus brazos, el vigor de sus músculos, nada
tenían que ver con la fragilidad de sus convic-
ciones, la inconsistencia de sus principios. El da-
204 nita, destinado desde el seno mater no a liberar
09 Cuentos.qxd 14/3/06 15:17 Página 205

a su pueblo de la opresión filistea, el que se ha-


bía burlado tres veces de la mujer que se afana-
ba interesadamente en conocer su secreto, re-
sultó al fin engañado por esa misma mujer. Como
había sucedido otra vez, en Timná, la mujer a la
que sedujo lo engañó como un niño: entonces
reveló ingenuamente la solución del acertijo, y
ahora había descubierto inocentemente el secreto
de su corazón, la razón por la que Yahvé lo ha-
bía escogido.
Los filisteos, satisfechos por la captura de su
gran enemigo, se reunieron para ofrecer un gran
sacrificio a su dios Dagón14 y celebrar una fies- 14
Dagón (o
ta. Trajeron a Sansón para que los divirtiera y Dagán): Dios de
la fertilidad
lo pusieron de pie entre unas columnas. El pelo entre los
del nazir, apenas rapado, había empezado a cre- filisteos, aunque
cer. su culto es
conocido en
La casa donde se celebraba la fiesta se en- todo el Oriente
contraba llena de hombres y mujeres cuando Antiguo,
los filisteos y unos tres mil invitados contem- especialmente
en la región del
plaban los juegos de Sansón. Éste había pedi- Éufrates medio,
do al muchacho que lo conducía que lo situa- Siria y
ra donde tuviera a su alcance las columnas en Palestina.
las que descansaba la casa, para apoyarse en
ellas; cuando las tocó con sus brazos, invocó a
Yahvé:
—Acuérdate de mí, oh Dios; no tengas en cuen-
ta la debilidad de mi espíritu y devuélveme la
fuerza esta vez, para que de un golpe me vengue
de los enemigos de tu pueblo por mis dos ojos.
Palpó entonces las dos columnas centrales so-
bre las que descansaba la casa, acomodó ambos
brazos contra ellas y gritó:
—Muera yo con los filisteos.
Empujó entonces con todas sus fuerzas y la
casa se desplomó sobre los filisteos y sobre toda
la gente allí reunida. Aquel día se vengó Sansón
de los filisteos matando más que los que había
matado en toda su vida. 205
09 Cuentos.qxd 14/3/06 15:17 Página 206

Los hermanos de Sansón vinieron a recogerlo


y lo llevaron al sepulcro de su padre Manóaj.
Había juzgado a Israel por espacio de veinte
años*.

* Estos jueces o héroes locales (en este momento las tribus


carecen de una estructura política y administrativa común),
cuyas funciones se limitan a los ámbitos militar y judicial,
cubren el periodo comprendido entre el asentamiento en
Palestina y el comienzo de la monarquía (siglo XIII-media-
dos del siglo XI a.C.). En esta época los israelitas se seden-
tarizan por completo, dedicándose a la agricultura sin aban-
donar la ganadería; por ello, empezarán a fijarse en el Dios
de las lluvias y la fertilidad, el cananeo Baal, dando origen
a un sincretismo religioso que estallará siglos después en
206 un violento conflicto.
10 Cuentos.qxd 14/3/06 15:17 Página 207

VII

EL HIJO DE JESÉ

Hubo una mujer de Ramá1 que se llamaba Ana 1


Ramá: antigua
localidad
y era estéril. Todos los días se lamentaba de su cercana al mar
estado y lloraba ante Yahvé de la sequedad de de Galilea,
su seno. Su marido, Elcaná, un hombre piadoso, lugar de origen
de José de
que subía cada año al santuario de Silo 2 a ofre- Arimatea, en el
cer sacrificios a Yahvé, era testigo de su sufri- Nuevo
miento y no hallaba modo de consolarla. Elcaná Testamento.
tenía descendencia de su otra mujer, Peninná, 2
Silo: (véase
aunque prefería a Ana. Sabedora de ello, su ri- nota 16).
val aprovechaba la menor ocasión para afrentarla Santuario en que
y acrecentar su dolor. Cada año, en Silo, una re- quedó instalada
el arca durante
cibía raciones del sacrificio para repartir entre su la época anterior
prole, mientras que la otra recogía una mísera ra- a la monarquía,
ción, la ración de la vergüenza, la de la preferi- hasta su
destrucción por
da estéril, cuyo vientre era como tierra seca. los filisteos.
En Silo, con el corazón lacerado, llena de pe- Situado al norte
sadumbre, Ana se presentó ante Yahvé. Allí llo- de Jerusalén,
precedió a esta
ró amargamente; en medio de su desgracia, pro- ciudad como
nunció este solemne compromiso ante Yahvé: gran centro
—¡Oh Dios mío! Contempla la aflicción de tu religioso del
antiguo Israel.
sierva y acuérdate de mí. Si concibo y doy a luz
un varón, lo consagraré a ti todos los días de su
vida y la navaja no pasará por su cabeza. 207
10 Cuentos.qxd 14/3/06 15:17 Página 208

Cuando regresaron a Ramá, Elcaná se unió a


su mujer, Ana, y Yahvé se acordó de ella. Desde
entonces ya no pareció la misma. La preferida
quedó encinta y dio a luz un varón, al que llamó
Samuel. Con él, Yahvé puso fin a su sufrimiento,
se acabaron para ella los días de ver güenza y
oprobio. Cuando la pesadumbre desapareció de
su corazón, Ana alabó a Yahvé, Dios de sabi-
duría, juez justo, que enriquece al humilde y
despoja al soberbio, que levanta del polvo al
desvalido y guía los pasos de los que le son fie-
les.
Ana crió al niño y cuando lo destetó subió al
santuario de Silo, a la casa de Yahvé, y lo entre-
gó al sacerdote Elí:
—Yahvé se acordó de mí –dijo– y me concedió
lo que le había pedido. Ahora yo se lo devuelvo:
este hijo mío servirá a Yahvé toda su vida.
El sacerdote Elí era un hombre anciano. Sus
dos hijos eran también sacerdotes de Yahvé pero,
al contrario que su padre, eran hombres impíos
y corruptos: ni temían a Yahvé ni respetaban las
normas de los sacrificios en el santuario de Silo.
Su conducta escandalosa estaba en boca de todo
el pueblo, pero ellos no escuchaban advertencia
alguna, ni siquiera la de su padre.
Junto a ellos creció Samuel, al lado de quienes
trataban con desprecio las ofrendas que los israe-
litas hacían a Yahvé. Allí supo que Dios no había
olvidado a su madre, Ana; antes bien, la había vi-
sitado y había dado a luz tres hijos y dos hijas. En
Silo, Samuel, entregado al servicio de Yahvé bajo
la orientación y el consejo de Elí, se hizo agrada-
ble a los ojos de Dios y de los hombres.
Una noche, mientras dormía junto al arca, Sa-
muel oyó una voz que lo llamaba. Enseguida se
incorporó y fue a la habitación de Elí.
—Aquí estoy. ¿Qué deseas? –dijo.
208 Pero el anciano se extrañó de verlo allí:
10 Cuentos.qxd 14/3/06 15:17 Página 209

—Yo no te he llamado. Acuéstate –respondió.


Por segunda vez oyó Samuel que lo llamaban,
se levantó y fue a la presencia de Elí, pero el sa-
cerdote no lo había llamado y le mandó que se
acostara.
Todavía escuchó Samuel una vez más la voz
que lo llamaba, y el niño respondió presentán-
dose de nuevo ante Elí.
—Aquí me tienes, ¿por qué me has llamado?
–dijo.
Al fin, el anciano comprendió que era Y ahvé
quien llamaba a Samuel y le explicó cómo debía
contestar a la voz de Dios:
—Cuando te llame responderás: «Habla, Señor,
que tu siervo escucha».
De nuevo llamó Yahvé a Samuel, y el niño res-
pondió a la llamada. Ésta fue la primera ocasión
en que Yahvé se reveló a Samuel, y lo que éste
escuchó no le resultó agradable: el joven profe-
ta debería anunciar a Elí que Dios había dictado
una sentencia condenatoria contra su casa. El sa-
cerdote conocía la conducta sacrílega y corrup-
ta de sus hijos pero no había puesto remedio: su
permisividad había dejado paso a la ofensa a
Dios y al desprecio del lugar sagrado. No había
lugar en Israel para él y los suyos.
Las palabras de Yahvé ardían en la boca de Sa-
muel cuando las pronunció al día siguiente ante
Elí, sin ocultar nada, sin disminuir su severidad,
sin disimular su crudeza. Samuel tuvo que anun-
ciar a su mentor que no había perdón para los
miembros de su familia. Desde entonces supie-
ron todos en Israel que había surgido entre ellos
un nuevo profeta.
Entre tanto, los israelitas habían vuelto a su-
cumbir a manos de los filisteos y los ancianos del
pueblo se preguntaban por qué Yahvé les había
infligido aquel castigo, por qué había hecho huir
a sus guerreros delante de los filisteos. Como no 209
10 Cuentos.qxd 14/3/06 15:17 Página 210

hallaban respuesta a sus interrogantes, decidie-


ron acercarse al santuario de Silo en busca del
arca de la alianza para que estuviera con ellos
en el combate*.
Los hijos de Elí fueron los encargados de acom-
pañar el arca hasta el campamento israelita: la
presencia de Yahvé, el arca sagrada, en manos
de unos corruptos. Todo el pueblo celebró la lle-
gada del arca al campamento, hasta el punto de
poner sobre aviso a los filisteos, alarmados al re-
cordar las hazañas que el Dios de Israel había rea-
lizado en el pasado.
Pero la presencia del arca no garantizaba a los
israelitas el favor de Dios. Yahvé no combatía
ahora al lado de su pueblo como lo hizo en los
tiempos de la conquista del país de Canaán, y
los filisteos los vencieron de nuevo en el campo
3
Afeq: ciudad de batalla de Afeq 3. En aquella jor nada desgra-
situada en la ciada para Israel murieron los hijos de Elí y el
llanura de
Sarón, la franja arca cayó en manos de los filisteos.
central de la Aquel mismo día, un hombre abandonó co-
zona costera de rriendo el campo de batalla y llevó a Silo la no-
Palestina.
ticia; ante el anciano y ciego Elí (tenía noventa
y ocho años y las pupilas inmóviles) el mensa-
jero dijo:
—Israel ha huido ante los filisteos. El ejército
ha sufrido una gran derrota, han muerto tus dos
hijos y hasta el arca de Dios ha sido capturada.
Al escuchar lo sucedido al arca, Elí cayó de su
asiento, hacia atrás, se rompió la nuca y murió.
Antes de morir, el anciano tuvo que escuchar las

* Tras la presentación de Samuel, nazir y profeta de Yahvé,


el arca pasa a ocupar el primer plano de la narración, en el
contexto de la guerra de los israelitas contra los filisteos.
Todo ello, además, sirve de marco adecuado a la instaura-
ción de la monarquía en Israel: la amenaza filistea será una
razón decisiva para que las tribus decidan unirse bajo un
sistema de gobierno semejante al de los pueblos de su en-
210 torno.
10 Cuentos.qxd 14/3/06 15:17 Página 211

noticias desagradables que aguardaba: nada bue-


no esperaba para sus hijos desde que supo, de
labios de Samuel, la sentencia de Yahvé, pero la
pérdida del arca suponía una desgracia para todo
el pueblo y un castigo tremendo para quien du-
rante tantos años había sido el sacerdote del san-
tuario. Nunca le gustó la idea de llevar el arca al
campo de batalla, aunque tampoco se opuso.
Desde que la vio partir, y a sus hijos con ella, no
tuvo un momento de sosiego: intranquilo, su co-
razón temblaba y temía por el arca de Dios, sos-
pechaba que algo tan sagrado podría acabar en
manos sacrílegas. Y así ocurrió: la gloria de Dios
abandonó Israel.
Los filisteos no concedieron tanto valor a su
triunfo sobre los israelitas como a la captura del
arca, pues estaban convencidos de que en ella
radicaba la verdadera fuerza de Israel. Aquel pue-
blo llegado del desierto carecía de la estructura
militar filistea, de sus carros de guerra, descono-
cía la organización de su flota, la fortaleza de sus
guerreros…, pero su Dios, poderoso y temible,
luchaba con ellos. Gracias a él habían vencido a
pueblos más fuertes, habían derribado murallas
que otros ejércitos más poderosos no habían lo-
grado tocar y se habían asentado en esta tierra.
Ahora, sin el arca, Israel se volvía un pueblo irre-
levante, cuyo nombre no despertaría temor en-
tre sus enemigos ni miedo entre los pueblos ve-
cinos.
Un trofeo tan valioso y preciado debía estar
custodiado en lugar seguro y protegido, y los fi-
listeos pensaron que ese lugar era el templo de 4
Asdod: una
Dagón, en Asdod 4, y allí depositaron el arca de de las ciudades
Yahvé. No tuvieron en cuenta, sin embar go, su de la pentápolis
filistea, situada
carácter sagrado ni la trataron con el respeto de- junto al
bido: aquel cofre de acacia manifestaba la pre- Mediterráneo.
sencia de Dios, en medio de su pueblo o en un
pueblo extraño, en el desierto o en el santuario, 211
10 Cuentos.qxd 14/3/06 15:17 Página 212

en la ciudad o en el campo de batalla. Los filis-


teos tampoco reconocieron la santidad del arca
cuando encontraron la estatua de Dagón en tie-
rra, ni cuando la volvieron a hallar en el suelo,
sin cabeza ni manos, después de haberla repuesto
en su lugar. La presencia del objeto sagrado en
aquella ciudad sólo trajo dolor y muerte, des-
gracia y desolación a toda la comarca de Asdod,
por lo que la gente del lugar se reunió para pe-
dir a los jefes filisteos que sacaran cuanto antes
el arca de allí. Nadie dudaba de que en ella se
encontraba el origen de los males que les habían
sobrevenido.
No hubo tregua para aquel pueblo. Los filis-
teos llevaron el arca de una ciudad a otra, pero
con ella fue el terror y la destrucción: estragos,
muertes, tumores, con los que la mano de Yah-
vé golpeó aquel país de forma implacable. El cla-
mor creció en todas las ciudades filisteas, a lo
largo de la costa, pidiendo a gritos a sus gober-
nantes que devolvieran el arca, que la restituye-
5
ran al pueblo y al santuario donde debía estar y
Bet Semes:
ciudad de La de donde nunca debió salir, que no retuvieran
Sefela, franja por más tiempo aquello en el país, que no per-
cuyos valles mitieran la muerte del pueblo, un pueblo que
conducen desde
la llanura maldijo el día en que capturaron el arca en com-
costera, bate, maldijo su suerte y a los guerreros que ven-
ocupada por los cieron en aquella batalla. No hubo, en fin, sa-
filisteos, hacia
la zona
cerdote ni adivino entre los filisteos que no
montañosa aconsejara vivamente apartar del pueblo aquella
interior, donde presencia.
se encontraba Al fin, y después de siete meses, los filisteos
Israel. Se
trataba de una devolvieron el arca. La pusieron en una carreta
zona nueva, tirada por dos vacas que estaban criando
estratégica, y que no habían llevado yugo, junto con algu-
protegida con
ciudades nos objetos de oro como reparación. No hizo fal-
fortificadas. ta guía para la carreta; las vacas emprendieron
el camino de regreso hacia Israel y se detuvie-
212 ron en Bet Semes 5, cuyos habitantes se encon-
10 Cuentos.qxd 14/3/06 15:17 Página 213

traban segando el trigo cuando se vieron sor-


prendidos por la aparición de la carreta con el
arca. En agradecimiento a Yahvé partieron la ma-
dera de la carreta y ofrecieron las vacas en sa-
crificio. La noticia de que el arca había regresa-
do se extendió con rapidez por todo Israel.
Samuel juzgó a Israel todos los días de su vida.
Cuando alcanzó la vejez, sus hijos Joel y Abías
ocuparon su lugar como jueces del pueblo. Pero
sus hijos no siguieron el camino de su padre:
pronto fueron seducidos por el dinero, acepta-
ron sobornos y se apartaron de la justicia. Con-
templando la iniquidad de sus hijos, Samuel no
pudo reprimir el recuerdo de los hijos de Elí y
por un momento pensó con inquietud si no le
estaría reservada a él una suerte parecida a la de
su mentor.
Pero no tuvo tiempo de entretenerse en aque-
llos sombríos pensamientos, pues de nuevo em-
pezaron a alzarse voces en Israel que pedían la
sustitución de los jueces por un rey. Muchos re-
cordaban que en el pasado habían propuesto a
Gedeón que reinara sobre el pueblo, y que Abi-
mélek, sin que nadie se lo propusiera, se había
proclamado rey. Ahora los ancianos de Israel veían
con buenos ojos esta posibilidad y, por ello, sin-
tiéndose respaldados por muchos del pueblo, vi-
sitaron a Samuel en Ramá.
Los ancianos sabían que la petición que iban
a formular no sería del agrado del anciano Sa-
muel, cuyas canas respetaban y veneraban, como
todos en Israel. Empezaron, pues, por plantear-
le los inconvenientes de la situación actual: él, el
profeta de Yahvé, el hombre a quien nadie se
atrevía a discutir en Israel, se había hecho viejo
y ya no podía atender a sus tareas; sus hijos, a
quienes había puesto en su lugar, sí eran discu-
tidos y rechazados por el pueblo, y no parecían
idóneos para juzgar en Israel. Había llegado el 213
10 Cuentos.qxd 14/3/06 15:17 Página 214

momento de cambiar de rumbo, de instaurar en


Israel otra forma de gobierno:
—Danos un rey que nos juzgue –le dijeron al
fin. Y Samuel no escondió un gesto de disgusto.
El profeta no se pronunció sobre aquella peti-
ción, ni siquiera se atrevió a responder negati-
vamente. Prefirió esperar y consultar a Yahvé.
—¿Quieren un rey? ¡Pues lo tendrán! Pero que
sepan qué es un rey y cuáles son sus atribucio-
nes –contestó Yahvé.
Samuel se dispuso a cumplir la voluntad de
Dios, pero en su fuero interno se resistía a acep-
tarla. ¡Un rey en Israel! ¿Por qué aquel afán de
ser gobernados como los demás pueblos, de pa-
recerse a ellos? ¿Acaso es Israel un pueblo como
los demás? ¿Han olvidado los israelitas que Yah-
vé es su único rey? ¿En qué otro pueblo ha he-
cho los signos y prodigios que ha realizado en
Israel desde tiempos antiguos? Éste es el pueblo
de Dios, el que él ha elegido como propiedad
suya entre todos los pueblos de la Tierra, el que
ha cuidado y mimado como a las niñas de sus
ojos, pero también es un pueblo ingrato y des-
leal, que olvida con rapidez el bien que recibe.
Este pueblo quiere ser ahora una nación más, vi-
vir como los profanos, como si nunca hubieran
conocido a Yahvé.
Samuel contó al pueblo lo que Dios le había
dicho y se detuvo en explicar los privilegios y
poderes que tendría un rey sobre ellos:
—Llamará a vuestros hijos a su servicio –les
dijo–, a unos los enviará a la guerra y otros de-
berán trabajar para él en lo que les ordene; vues-
tras hijas también deberán acudir a su llamada y
realizar las tareas que les señale; dispondrá de
vuestros bienes como si fueran suyos; cobrará el
diezmo de vuestros cultivos y cosechas para re-
compensar y satisfacer a sus servidores, y vos-
214 otros mismos no estaréis a salvo de que os con-
10 Cuentos.qxd 14/3/06 15:17 Página 215

vierta en sus esclavos. Cuando llegue ese día –in-


sistió Samuel–, cuando vuestra boca maldiga al
rey, os acordaréis de Yahvé, el Dios justo, pero
él no querrá entonces cuentas con vosotros.
Los israelitas escucharon a Samuel pero no le
hicieron caso. Repitieron que querían un rey como
el resto de los pueblos, un rey que los juzgara y
que marchara al frente de ellos al combate. Oyén-
dolos, el anciano profeta comprendió que nada
podía hacer ya, que era imposible resistirse a quie-
nes mostraban aquella determinación:
—Tendréis vuestro rey –les dijo–. Y los despidió*.
Algunos días después, cuando se disponía a
subir al santuario con intención de comer y ofre-
cer un sacrificio, se fijó Samuel en un apuesto jo-
ven que entraba en la ciudad. Era de la tribu de
6
Benjamín, se llamaba Saúl y se hallaba buscan- La unción con
aceite,
do unas asnas de su padre que se habían extra- reservada para
viado; como su búsqueda había sido infructuo- los sacerdotes, se
sa, venía a la ciudad, acompañado por un criado, aplica también
al rey, como
a pedir la ayuda del profeta de Dios. En cuanto signo de su
lo vio, Samuel recordó que Yahvé lo había pre- carácter
venido: sagrado, de
elegido, ungido
—Ungirás como rey de mi pueblo a un hom- por Yahvé para
bre de la tribu de Benjamín. Él librará a los is- salvar a su
raelitas de los filisteos6. pueblo, rasgos
No había duda: aquél era el elegido por Y ah- que recogerá
después la
vé. Samuel se adelantó a su encuentro y lo invi- figura del
tó a acompañarlo. Después le dijo: mesías.

* Con el santuario del arca destruido y la amenazante pre-


sencia filistea, dos tendencias se enfrentan en Israel: una
reclama la instauración de la monarquía como medio de
unificar las tribus y fortalecerse ante el peligro filisteo, la
otra prefiere que sea Yahvé, único rey, quien se encargue
de escoger a las personas apropiadas en cada momento. La
solución será un modelo de realeza compatible con los de-
rechos de Dios sobre el pueblo, que encontrará su máxima
realización en la figura de David, imagen ideal del rey en
Israel. 215
10 Cuentos.qxd 14/3/06 15:17 Página 216

—No te preocupes por las asnas que andas


buscando.
Ante la perplejidad del joven, Samuel añadió:
—Yo soy el hombre que estás buscando. Acom-
páñame, no temas. Mañana sabrás lo que guar-
da Yahvé en tu corazón.
Aquel día el joven y su criado se sentaron a la
mesa junto a los invitados del anciano profeta, y
aquella noche Saúl se acostó en casa de Samuel.
Al despuntar el alba, ambos salieron a las afue-
ras de la ciudad. Allí, a solas, Samuel derramó el
cuerno de aceite sobre la cabeza de Saúl, lo besó
y le dijo:
—Yahvé te ha ungido como cabeza de su pue-
blo. Tú reinarás en él y lo librarás de sus ene-
migos.
—¿Qué cosas me dices? –balbuceó Saúl–. De-
bes de estar confundido. ¿Quién crees que soy?
Pertenezco a la tribu de Benjamín, la más pe-
queña de todas las tribus de Israel, y mi familia
es la más humilde de todas las de la tribu.
Pero Samuel continuó:
—Las asnas que buscabas han aparecido. T u
padre ya no está preocupado por ellas, sino por
ti. Así pues, emprende el camino de vuelta; te
llenarás del espíritu de Yahvé, te cambiará el co-
razón y sabrás que Dios está contigo. Entonces
vuelve aquí y juntos celebraremos sacrificios de
comunión.
Aquel mismo día Saúl regresó a su casa con-
vertido en otra persona, pero guardó silencio
acerca del reino.
Una vez que había conocido al elegido de Yah-
vé, Samuel reunió al pueblo. Les dijo que se pre-
pararan, que había llegado el momento de de-
signar al rey. Yahvé había sido rechazado como
rey por aquellos que le debían todo, pero aho-
ra no se oponía a que hubiese un monarca en
216 Israel. La suerte recayó en la tribu de Benjamín,
10 Cuentos.qxd 14/3/06 15:17 Página 217

en la familia de Matrí, y en Saúl, hijo de Quis.


Fueron a buscarlo y Samuel lo presentó al pue-
blo. Después, Samuel recordó a todos el fuero
real, las obligaciones del rey y del pueblo, y lo
puso por escrito. El pueblo aclamó al rey aun-
que algunos empezaron a mur murar despre-
ciándolo:
—¿De qué nos va a salvar ése? –decían, y se
preguntaban si ese joven desconocido era el más
adecuado para reinar en Israel.
Saúl fue proclamado rey en Mispá7, y también 7
Mispá:
en Guilgal, donde todo el pueblo ofreció sacri- importante
santuario del
ficios de comunión delante de Yahvé. Después, antiguo Israel,
el anciano Samuel se dirigió al pueblo y le re- junto a Ramá.
cordó los beneficios que tanto ellos como sus
padres habían recibido de Yahvé: cómo envió a
Moisés y Aarón para que los sacaran de Egipto
y los trajeran a esta tierra; cómo, a pesar de que
olvidaron a Yahvé y se entregaron a los Baales
y las Astartés, envió a jueces para que los libe-
raran de los enemigos que los rodeaban. Aho-
ra, siendo Yahvé el rey de Israel, habían pedido
un rey.
—Pues bien –añadió Samuel–, aquí tenéis al
rey. En adelante, si vosotros y vuestro rey teméis
y servís a Yahvé, si escucháis su voz y no os re-
beláis contra él, vuestro Dios no os abandonará.
Pero si os apartáis de él y no escucháis su voz,
la mano de Yahvé se volverá contra vosotros y
contra vuestro rey. Por mi parte, he servido a
Dios y os he escuchado a vosotros, no he desa-
tendido nada de lo que me habéis pedido. He
andado con rectitud entre los israelitas, bien lo
saben Yahvé y su ungido. Ahora yo me retiro.
Os dejo con el ungido de Yahvé, él os guiará y
marchará al frente de vosotros al combate.
Cuando Saúl se asentó como rey sobre Israel
hizo la guerra contra todos sus enemigos: con-
tra Moab, los ammonitas, Edom, y contra los fi- 217
10 Cuentos.qxd 14/3/06 15:17 Página 218

listeos. Venció a todos e hizo grandes proezas,


liberando a Israel tal como había dicho Samuel.
Por entonces decidió Yahvé saldar una vieja
cuenta con los amalecitas, el pueblo que impi-
dió el paso a los israelitas cuando avanzaban ha-
cia Canaán. Por ello, dio instrucciones a Samuel
para que los israelitas destruyeran Amalec y en-
tregaran todo al anatema. Nada de lo que perte-
neciera a aquel pueblo debía quedar con vida.
Samuel transmitió a Saúl la voluntad de Y ahvé,
y el rey se lanzó contra los amalecitas y contra
su rey Agag.
Saúl derrotó y exterminó a los amalecitas, cap-
turó a Agag pero decidió perdonarle la vida. El
rey escuchó también a quienes le proponían que
no matara a todo el ganado de Amalec, que de-
jara con vida lo más escogido, lo más selecto, las
reses cebadas, los mejores corderos. Así lo hizo
Saúl, pensando que aquel ganado podría servir
para sus sacrificios rituales; el resto fue destrui-
do. Pero la conducta del rey no fue del agrado
de Yahvé.
—Me he equivocado –dijo Dios a Samuel–, me
arrepiento de haberme fijado en Saúl para que
reinara en Israel. Es un hombre que no escucha
mis palabras.
La revelación de Yahvé estremeció al anciano,
que se apresuró a ir al encuentro de Saúl. Cuan-
do lo encontró, le preguntó:
—¿Qué son esos balidos y esos mugidos que
oigo?
—Son las mejores reses del ganado amalecita
–respondió Saúl–. Las hemos reservado para ofre-
cer sacrificios a Yahvé. El resto ha sido entrega-
do al anatema.
—Insensato –se lamentó Samuel–, ¿por qué no
has escuchado a Yahvé? ¿Quién te ha aconseja-
do desoír a Yahvé, el que te ha ungido como rey
218 de Israel? ¿Has prestado oídos a los que buscan
10 Cuentos.qxd 14/3/06 15:17 Página 219

tu desgracia? Yahvé te ordenó exterminar a Ama-


lec y entregarlo al anatema, y tú has reservado
parte del botín y has mantenido con vida al rey.
¿Es que no sabes que lo que agrada a Dios es la
obediencia a su palabra, y no los holocaustos y
sacrificios? Él pide obediencia, no sacrificios; do-
cilidad, no la grasa de los car neros. Tú has re-
chazado su palabra y él hoy te rechaza a ti como
rey*.
Saúl intentó justificar su conducta ante Samuel:
insistió en que había obedecido a Yahvé, había
aniquilado a los amalecitas, pero había salvado
del anatema lo mejor del ganado. Aquélla no ha-
bía sido una iniciativa suya, sino del pueblo, y él
tuvo miedo de los israelitas si se negaba a lo que
pedían; por eso prefirió acceder a sus deseos en
vez de cumplir las órdenes de Y ahvé. Ahora re-
conocía su pecado, pedía perdón y suplicaba al
anciano profeta que lo acompañara a adorar a
Dios. Pero Samuel se negó, y como hiciera ade-
mán de irse, Saúl le asió el extremo del manto,
que se desgarró. Entonces dijo el profeta:
—Hoy te ha arrancado Yahvé el reino de Israel
y se lo ha dado a otro mejor que tú.
A pesar de todo, Saúl rogó a Samuel que no lo
deshonrara delante de Israel y fuera con él a ado-
rar a Yahvé. Y Samuel fue con él a adorar a Yah-
vé; después mandó traer a Agag y le dio muer-
te. Cuando partió hacia Ramá, Samuel lloraba por
Saúl, pero Yahvé se había arrepentido de haber-
lo hecho rey de Israel.
—Deja de llorar por quien no lo merece –dijo
Yahvé a Samuel–. Llena tu cuerno de aceite y
vete. Visitarás a Jesé, en Belén, porque he visto

* La tragedia de Saúl consiste en verse rechazado por el mis-


mo que lo ha elegido para ser rey en Israel. Ni Yahvé ni Sa-
muel rechazan la institución monárquica, sino el proceder
de Saúl, lo cual conducirá su reinado al fracaso. 219
10 Cuentos.qxd 14/3/06 15:17 Página 220

entre sus hijos un rey. Para no levantar sospe-


chas, llevarás contigo una becerra para ofrecer
un sacrificio e invitarás a Jesé. En su momento
te indicaré lo que tienes que hacer, y ungirás al
que yo te diga.
La presencia de Samuel en Belén inquietó a los
ancianos de la ciudad, que se apresuraron a co-
nocer los motivos de su visita. El profeta los tran-
quilizó: el único propósito que traía era realizar
un sacrificio a Yahvé, y los invitó a purificarse y
asistir al holocausto. Jesé y sus hijos también fue-
ron invitados. Samuel los vio llegar y mientras
los miraba se preguntaba cuál habría elegido
Yahvé. Se fijó en Eliab, observó su buena pre-
sencia y su gran estatura y se preguntó si éste
habría sido el escogido; su mirada se detuvo des-
pués en Abinadab, y enseguida pasó junto a él
Sammá, y el resto de los hijos de Jesé, hasta sie-
te, jóvenes fuertes y robustos. Samuel se fijaba
una y otra vez en ellos: sin duda se encontraba
en presencia del ungido de Yahvé, pero ¿cuál de
ellos era? Cuanto más los miraba, mayor era su
confusión. Al fin, Dios le dijo:
—No te fijes en su apariencia, ni en su aspec-
to; no prestes atención a su fuerza ni a su habi-
lidad. Mira con los ojos de Dios en el corazón de
los hombres.
Samuel entonces extendió de nuevo la vista so-
bre ellos y dijo:
—A ninguno de éstos ha elegido Yahvé –y pre-
guntó a Jesé si no quedaban más muchachos.
Sorprendido por aquella petición del profeta,
Jesé mandó llamar al más pequeño de sus hijos,
que estaba guardando el rebaño. Entonces apa-
reció ante Samuel un joven rubio, de ojos bellos
y hermosa presencia. Éste era el que Yahvé había
escogido. El profeta tomó el cuerno de aceite y lo
ungió delante de sus hermanos, y a partir de en-
220 tonces el espíritu de Yahvé vino sobre David.
10 Cuentos.qxd 14/3/06 15:17 Página 221

Pero no sólo Yahvé se había fijado en el joven


pastor. El rey Saúl, inquieto desde que el profeta
Samuel le anunciara que Yahvé se había apartado
de él, no hallaba tranquilidad para su espíritu. Su
ánimo se encontraba a menudo perturbado, alte-
rado su temperamento, desequilibrado su carác-
ter. Comenzaron a ser frecuentes en él la agitación
y la inestabilidad, la crisis y el desorden de sus
emociones, hasta el punto de que sus servidores
creyeron necesario buscar a una persona que
transmitiera al rey la tranquilidad que precisaba,
y le ayudara a encontrar el equilibrio del que ca-
recía su espíritu atribulado. Y también ellos pu-
sieron su mirada en el pastor de Belén.
Los servidores de Saúl conocían las cualidades
del hijo de Jesé: además de ser valiente y gallar-
do, era discreto y de conversación agradable; sa-
bía tocar la cítara y, sobre todo, gozaba del fa-
vor de Yahvé. Todo ello convertía a David en la
persona idónea para estar junto al rey, serenar
su espíritu, disipar sus temores, y poner calma y
bienestar cuando la turbación y el desasosiego
asaltaran a Saúl.
De esta forma abandonó David los rebaños de
su padre en Belén y entró al servicio del rey. Y
no tardó en ganarse el afecto y la confianza del
monarca, que lo convirtió en su escudero*.
Un nuevo motivo de preocupación iba a so-
bresaltar el ánimo intranquilo de Saúl: los filis-
teos, considerando que el momento era adecua-
do para atacar a Israel, reunieron sus tropas y
formaron un poderoso ejército. Los israelitas, por

* David es presentado como un pastor desconocido, en con-


traste con sus poderosos y robustos hermanos, poseído por
el espíritu de Dios, el mismo que ha abandonado a Saúl.
Comienza a partir de ahora un proceso de idealización y
encumbramiento de David (que tiene un momento cumbre
en el episodio con Goliat), que acabará haciendo de él el
modelo del rey en Israel por su relación con Dios. 221
10 Cuentos.qxd 14/3/06 15:17 Página 222

su parte, se apresuraron a ordenar a sus guerre-


ros para hacer frente a la amenaza filistea.
Cuando ambos ejércitos estuvieron for mados,
se destacó entre los filisteos un hombre llamado
Goliat. Su aspecto era formidable, imponente: te-
nía la estatura de un gigante, se guar necía con
una pesada coraza de escamas, protegía su ca-
8
grebas: parte beza con un yelmo de bronce y con grebas8 sus
de la armadura piernas. Entre sus hombros llevaba una jabalina
que protege las
piernas, desde y sus hercúleos brazos manejaban sin esfuerzo
las rodillas una enorme lanza, cuyo peso ningún otro hu-
hasta el pie. biera podido soportar.
Precedido de su escudero, el gigante filisteo se
plantó en medio del campo de batalla y desafió
a Israel:
—No hace falta que os pongáis en orden de
batalla. Escoged un hombre y que luche contra
mí: si me mata en la pelea, los filisteos seremos
vuestros esclavos; pero si yo lo mato, seréis es-
clavos nuestros y nos serviréis.
Saúl y todo Israel oyeron el desafío del filisteo,
y se llenaron de miedo.
Los tres hijos mayores del anciano Jesé habían
ido a la guerra con Saúl para hacer frente a la
amenaza filistea, mientras que David, el más pe-
queño, alternaba su presencia en el campamen-
to junto al rey con las visitas a su padre y la ayu-
da en el cuidado del rebaño.
En uno de esos viajes al campamento israelita,
David quiso saber cómo estaban sus hermanos.
Los encontró en el campo de batalla, entre las fi-
las, y la visita no resultó del agrado de los hijos
mayores de Jesé. Mientras hablaba con ellos, el
joven David tuvo ocasión de contemplar la apa-
rición del formidable filisteo, y lo oyó hablar de-
safiando a Israel. El pastor belenita vio entonces
el miedo en el rostro de sus hermanos, el espanto
entre las filas de su pueblo, y a los israelitas huir
222 despavoridos ante aquel imponente guerrero. Na-
10 Cuentos.qxd 14/3/06 15:17 Página 223

die respondió a su reto, ninguno contestó a su


provocación, ni uno sólo escuchó al rey cuando
preguntó si había algún valiente entre los suyos,
un guerrero valeroso en Israel, uno que confia-
ra en su fuerza, venciera la cobardía, se sobre-
pusiera al miedo, uno que aceptara el desafío de
Goliat y se enfrentara a él. El rey rogó a sus ser-
vidores que buscaran a ese hombre, que pre-
guntaran entre las filas, en cada tribu, en cada
pueblo, en cada casa; no habría en Israel rique-
zas suficientes para él, jamás volvería a pagar tri-
butos y suya sería la hija del rey.
Pero David quería que le explicaran lo que ha-
bían visto sus ojos. Recorrió el campamento pre-
guntando quién era aquel filisteo que tanto temor
despertaba, por qué insultaba a su pueblo y na-
die le hacía frente, por qué todos en Israel huían
ante él, ¿es que acaso el suyo era un pueblo de
cobardes, donde no quedaban hombres valien-
tes? Tantas preguntas incomodaron a su her ma-
no Eliab, quien lo reprendió con severidad: el
campo de batalla no era el lugar apropiado para
un niño, y ningún motivo justificaba su presen-
cia allí salvo su atrevimiento, aquella osadía y
aquel descaro suyos que todos en la familia cono-
cían. El pastor imberbe debía volver de inmediato
junto al rebaño en lugar de recorrer el campamento
formulando preguntas impertinentes.
David, sin embargo, no prestó atención a la re-
primenda de su hermano. Se presentó ante el rey
y se ofreció a enfrentarse a Goliat. Pero nadie lo
tomó en serio, nadie creyó sus palabras: ¡pero si
era un niño, y Goliat un hombre experimentado
y acostumbrado a la guerra!, ¡pero si no conocía
el oficio de las armas, sino el de los rebaños!:
¿cómo iban a mandar a un cuidador de reses a
batirse con el energúmeno filisteo?
¡Era un niño! Sí, lo era. Saltaba a la vista que
no tenía los mismos años que Goliat, era evi- 223
10 Cuentos.qxd 14/3/06 15:17 Página 224

dente que no disponía de sus ar mas, ni de su


fuerza, ni de su experiencia; en cambio, tenía a
Yahvé a su favor, al Dios de Israel, algo que mu-
chos en su propio pueblo parecían haber olvi-
dado. ¡Era un pastor! Sí, lo era, ¿quién podía ne-
garlo? Había pasado mucho tiempo dedicado a
cuidar rebaños, pero también entonces tuvo que
proteger a las reses del ataque del león y del oso,
y Yahvé estuvo con él en esos momentos. Fue el
poder de Dios, y no el de sus débiles brazos, el
que abrió las fauces del león y arrancó la presa
de sus mandíbulas, el que sujetó al animal y lo
golpeó hasta matarlo. El Dios que lo había li-
brado del león y del oso sin recibir un zarpazo,
sin un rasguño siquiera, lo libraría ahora de la
acometida del gigante filisteo. No sólo él, tam-
bién Israel saldría indemne de aquella amenaza,
pues Yahvé no dejaría con vida a nadie que hu-
biera insultado y despreciado a su pueblo.
Las palabras de David sorprendieron a quienes
lo escuchaban: semejante forma de hablar no era
propia de alguien tan joven. Sin embargo, el pas-
tor era el único que se había mostrado dispuesto
a enfrentarse a Goliat. Probaron a vestirlo como
un guerrero, pero su aspecto resultó ridículo:
su cabeza bailaba dentro del casco, carecía de
la corpulencia necesaria para ajustarse la cora-
za y de la fuerza indispensable para sostener la
espada. Al fin desechó todo aquello y, en lugar
de las armas y vestidos de guerra, David tomó
sus útiles de pastor: car gó el zurrón con cinco
cantos lisos, preparó la honda, tomó el cayado
y se encaminó hacia donde se encontraba el fi-
listeo.
Goliat no pudo reprimir un gesto extraño, de
sorpresa y desprecio, cuando advirtió la figura
del que venía a luchar contra él. Había espera-
do enfrentarse a un israelita for nido, a un gue-
224 rrero veterano y bien ar mado, pero nunca ima-
10 Cuentos.qxd 14/3/06 15:17 Página 225

ginó un oponente como aquél, un elegante jo-


venzuelo, un apuesto mozalbete que en su vida
habría conocido una batalla, desprovisto de ar-
mas y de protección, que venía a la lucha como
el que sale a apacentar el ganado. El filisteo alzó
la voz y dijo:
—¿Esto es todo lo que tiene Israel para en-
frentarse a mí? ¿No hay otro más gallardo? ¿Aca-
so no tenéis armas que enviáis a uno con palos?
Sea como queráis –dijo al fin.
Y, dirigiéndose a David, añadió:
—Acabemos cuanto antes. Hoy tendrán ali-
mento las aves y las fieras, y pronto.
—No necesito más ar mas que Yahvé, el Dios
de Israel –le replicó David–. Tú te has atrevido
a desafiar a su pueblo y no queda con vida nin-
guno de los que tal cosa hace. T ampoco tú. Yo
mismo empuñaré la espada para cortarte la ca-
beza, y que sirva de alimento a las aves y a las
fieras. Hasta ellas saben mejor que tú y que todo
el ejército filisteo quién es el Dios de Israel y qué
les ocurre a quienes se levantan contra él. Ante
Yahvé de nada valen tu espada, tu lanza y tu ja-
balina, tu yelmo y tu coraza, tu arrogancia y la
de tu pueblo.
Mientras hablaban, se habían ido acercando el
uno al otro. Entonces, en un rápido movimien-
to, David echó mano al zurrón, cogió una de las
piedras que traía, la disparó con la honda, la cla-
vó en la frente de Goliat y el formidable filisteo
se desplomó en tierra. Sin perder tiempo, David
se acercó, desenvainó la espada de Goliat y le
cortó la cabeza. Cuando la alzó a la vista de to-
dos, un estruendo de júbilo mezclado con un gri-
to de guerra se oyó en las filas de los israelitas,
en tanto que los filisteos se resistían a creer lo
que acababan de contemplar: su campeón, el po-
deroso e invencible Goliat, yacía sin vida a los
pies de un joven inexperto que a duras penas 225
10 Cuentos.qxd 14/3/06 15:17 Página 226

David vencedor (Caravaggio, 1607). David, humilde, se presenta ante el rey con la ca-
beza del poderoso y soberbio Goliat.

podía levantar la espada. Goliat había muerto sin


recibir una sola herida, sin entrar en combate;
apenas una honda y una piedra habían bastado
para derrotar al más imponente guerrero que ha-
bía dado el pueblo filisteo. Para él, aquélla había
sido una muerte indigna e ignominiosa. Pero
ahora la muerte amenazaba también a otros mu-
chos: cuando quisieron darse cuenta, los filisteos
huían precipitadamente ante los israelitas.
Desde el momento en que David se presentó
ante Saúl con la cabeza de Goliat, el rey no le
permitió regresar a su oficio de pastor. Tuvo en-
tonces David la ocasión de conocer a Jonatán, el
hijo del rey, y desde aquel momento sus cora-
zones se unieron inseparablemente.
La fama de David se extendió rápidamente en
226 Israel: su nombre estaba en boca del pueblo, unos
10 Cuentos.qxd 14/3/06 15:17 Página 227

a otros se contaban sus hazañas y no tardaron en


circular breves cancioncillas que comparaban sus
gestas con las del rey: Saúl los mató por millares
–cantaban–, pero David por miríadas 9. 9
miríada:
En las ciudades de Israel celebraban el regre- multitud,
cantidad muy
so de sus guerreros. Todo el pueblo salía a su grande.
encuentro danzando y cantando; pero mientras
que con la boca aclamaban al rey Saúl, los ojos
de todos sólo se fijaban en David. Para él eran
todas las miradas, todas las alabanzas, todos los
elogios; para él toda la admiración y el agrade-
cimiento de los israelitas.
La acogida dispensada a David no pasó desa-
percibida para Saúl. El rey comenzó a sentirse
molesto e incómodo al verse relegado en el afec-
to de su pueblo, desplazado a un segundo pla-
no por el hijo de Jesé. V iendo cómo era recibi-
do a la entrada de las ciudades, Saúl llegó a
preguntarse quién era el verdadero rey de Israel,
e imperceptiblemente su apego al joven beleni-
ta fue transformándose en envidia, su afecto se
tornó en desconfianza, su aprecio, en recelo.
Al fin, el rey decidió apartar de su lado a Da-
vid. Pero, aunque Saúl alejó a David de su pre-
sencia, no olvidó que Yahvé también se había
alejado de él y, en cambio, había fijado sus ojos
en David. Este pensamiento lo abrumó y des-
pertó el temor en su corazón: por primera vez,
Saúl tuvo miedo de David.
Desde que su corazón conoció el miedo, Saúl
empezó a tramar la manera de acabar con Da-
vid, de eliminar a quien había empezado a con-
siderar su rival. Supuso que el campo de batalla
era el lugar apropiado, y la guerra contra los fi-
listeos, la excusa perfecta. Por ello, lo puso al
mando de un grupo de mil guerreros y lo envió
con su ejército. Tiempo después, supo el rey que
su hija Mical se había enamorado de David, y la
idea de convertirlo en su yerno no le desagradó; 227
10 Cuentos.qxd 14/3/06 15:17 Página 228

por ello, le hizo llegar el mensaje de que Mical se-


10
Prueba de su ría suya a cambio de cien prepucios de filisteos10.
condición de no David no quiso oponerse a la voluntad del rey.
circuncidados
y, en La mano de los filisteos, como deseaba Saúl, no
consecuencia, hizo daño a David; más bien fue él quien abatió
extraños al a doscientos hombres y entregó al rey los pre-
pueblo elegido.
pucios que pedía. Y Mical pasó a ser su mujer .
Pero ya David se había convertido en una ob-
sesión para Saúl. Fue Jonatán quien lo advirtió,
quien comprendió los verdaderos propósitos de
su padre y quien puso sobre aviso a David: le
explicó que su padre deseaba matarlo por lo que,
sin pérdida de tiempo, debía ocultarse, desapa-
recer. Por su parte, hablaría con el rey y haría lo
posible para cambiar aquellos diabólicos planes.
Saúl escuchó con atención a su hijo. La sor-
presa y el asombro aparecieron en el rostro del
rey cuando Jonatán puso voz a los pensamien-
tos de su padre: ¿cómo había conocido aquel
muchacho los secretos que guardaba en el si-
lencio de su corazón? ¿Cómo había penetrado la
verdad de sus sentimientos hacia David? De
pronto, el rey se sintió confuso y temeroso, des-
cubierto y obligado a confesar lo que ocultaba
en su interior, a declarar lo que nadie hubiera
debido nunca saber. Pero su hijo continuaba ha-
blando; le oyó pronunciar palabras sensatas: re-
cordó los impagables servicios prestados al rey
por el joven David, que había sido el único en
arriesgar su vida para matar al filisteo, y refle-
xionó sobre la sinrazón que suponía atentar con-
tra la vida de aquel inocente, sobre el que no
pesaba acusación alguna. El rey debía cuidarse
de cometer un terrible pecado que Yahvé no de-
jaría sin castigo.
Cuando Jonatán terminó de hablar, su padre
intentó disipar sus inquietudes: no había motivo
alguno para temer por David, ni razón para que al-
228 guien tan valiente abandonara el servicio del rey.
10 Cuentos.qxd 14/3/06 15:17 Página 229

Pero ambos conocían la falsedad de aquellas pa-


labras: a pesar de los servicios prestados por su
yerno, hacía tiempo que Saúl deseaba obsesiva-
mente la muerte de David; Jonatán, por su par-
te, era consciente de que su padre había dicta-
do la sentencia de muerte de su amigo, cuyo
cumplimiento era sólo cuestión de tiempo, de
esperar el momento oportuno. Sí, decididamen-
te, su intercesión había fracasado y David ya no
estaba a salvo. Su padre no actuaba movido por
la razón, había perdido la cordura, olvidado la
sensatez; extraviado, ni siquiera la memoria acu-
día en su auxilio y sólo el despecho guiaba sus
movimientos. Los presagios de Jonatán no tar-
daron en confirmarse: pronto sabría que aquella
misma noche Saúl ordenó vigilar la casa de Da-
vid y matarlo al amanecer, que salvó la vida gra-
cias a Mical, quien lo ayudó a escapar por una
ventana y engañó a los asesinos del rey y al mis-
mo rey declarando que se había visto obligada
a ayudar al fugitivo bajo amenaza de muerte.
David huyó de Saúl, pero antes respondió a la
llamada de Jonatán. En presencia de su cuñado,
tuvo ocasión de desahogarse: nunca había sen-
tido la muerte tan cerca, ni siquiera el día en que
se enfrentó al gigante filisteo; el hijo de Jesé no
lograba entender qué había ocurrido para que el
rey, a quien había servido como al ungido de
Yahvé, quisiera ahora acabar con su vida.
Jonatán escuchó y confortó a David, y trató de
aliviar la angustia de su amigo, aunque de so-
bra conocía las intenciones de su padre, pues
éste ya no se cuidaba de ocultarlas, ni de dis-
frazarlas de buenos propósitos. En las recientes
fiestas del novilunio, Saúl se había fijado en la
ausencia de David, y preguntó por ello a Jona-
tán; cuando escuchó a su hijo disculpar al bele-
nita, montó en cólera declarando abiertamente
sus deseos: 229
10 Cuentos.qxd 14/3/06 15:17 Página 230

—Ni tú ni tu realeza estarán a salvo mientras


el hijo de Jesé siga con vida. Búscalo y tráelo,
porque es reo de muerte.
Los dos amigos se despidieron, pero antes hi-
cieron juramento de que jamás habría hostilidad
alguna entre ellos ni entre sus descendientes. Jo-
natán, por su parte, añadió:
—Algún día vivirás en paz en Israel, cuando
Yahvé haya aniquilado a todos tus enemigos; ese
día acuérdate de mí, y no me cuentes entre ellos.
Después se abrazaron y cada uno se fue por
su lado. Aquel día David emprendió la huida y
buscó refugio en territorio filisteo, donde acabó
convertido en el jefe de una banda.
La fuga de David desencadenó una violenta per-
secución del rey. En su huida, David pidió ayuda
11
Nob: ciudad a Ajimélek, el sacerdote de Nob11. Lo supo Saúl y
al este de ordenó dar muerte a Ajimélek, a la casa de su pa-
Jerusalén,
donde buscaron dre y a todos los sacerdotes de Nob. A todos los
refugio los consideraba unos traidores, unos miserables que
sacerdotes de no habían avisado al rey de la presencia del fugi-
Silo tras la
destrucción del tivo en su casa, unos conspiradores que se habían
santuario. pasado al bando de David, al que habían ayuda-
do facilitándole alimentos y entregándole incluso
la espada de Goliat. Pero la ira del rey no se de-
tuvo en los sacerdotes. Obsesionado, se ensañó
con toda la ciudad: nadie, ni hombres ni anima-
les, escapó a la matanza; tampoco los niños de
pecho se libraron del filo de la espada. Sólo Abia-
tar, el hijo de Ajimélek, logró escapar con vida de
aquella carnicería y buscó refugio junto a David,
a quien contó cómo el rey había convertido la ciu-
dad de Nob en un río de sangre. Y David se sin-
tió responsable de aquellos inocentes.
En adelante, David, fugitivo del rey y jefe de
banda, se dedicó a atacar a los filisteos y a es-
capar de la persecución de Saúl. Si arrebataba
una ciudad a los filisteos, el rey se dirigía a ella
230 creyendo que le sería más fácil apresarlo si con-
10 Cuentos.qxd 14/3/06 15:17 Página 231

taba con la ayuda de sus habitantes, de quienes,


mediante soborno o delación, esperaba recibir
información sobre el escondite de David. Pero
Yahvé, quien guiaba realmente los pasos del pró-
fugo, lo avisó para que se retirara al desierto.
Allí se encontró por última vez con Jonatán. El
hijo de Saúl ya no tenía dudas sobre quién sería
el futuro rey de Israel, una dignidad que no es-
taba reservada a la casa de su padre:
—Tú reinarás sobre Israel, y yo seré tu segun-
do –le dijo.
A pesar de sus fracasos, Saúl no abandonó el
empeño de perseguir y apresar a David. Y a pun-
to estuvo de conseguirlo en una ocasión, pero,
cuando más cerca se hallaba del huido, tuvo que
hacer frente a una nueva incursión filistea en te-
rritorio israelita. Mucho más cerca aún estuvie-
ron ambos otra vez, en los refugios de Engadí,
cerca del mar Muerto. En el fondo de una de
aquellas cuevas se había ocultado David con sus
hombres para descansar cuando entró Saúl para
hacer sus necesidades. El rey había reanudado
la búsqueda de David después de enfrentarse a
los filisteos.
En el silencio de la cueva, muchos pensaron
que había llegado la ocasión propicia para Da-
vid, el momento supremo en que podría desha-
cerse de su mayor enemigo: Yahvé se lo entre-
gaba, estaba solo en la oscuridad de la cueva,
despreocupado, ignorante de lo que había a su
alrededor. Los ojos de todos sus hombres esta- 12
Gesto que
ban fijos en él, expectantes, impacientes, pero el podía
fugitivo no quiso dejarse llevar por quienes lo interpretarse
animaban a levantar la mano contra el rey; ape- como una
nas se atrevió a acercarse sigilosamente, tem- agresión hacia
la persona que
blando de la cabeza a los pies, y a cortarle cui- llevaba el
dadosamente una punta del manto12. manto.
Saúl abandonó la cueva y reanudó la marcha.
David salió después, lo llamó y se postró ante él. 231
10 Cuentos.qxd 14/3/06 15:17 Página 232

—Aquí me tienes –le dijo–. Llevas mucho tiem-


po buscándome, pero hoy comparezco ante ti
sin que nadie me obligue. Tú crees que yo per-
sigo tu desgracia, que soy tu enemigo y deseo
ocupar tu lugar, pero soy yo el que se presenta
ante ti, libremente, movido sólo por mi volun-
tad. Soy yo el que no ha querido tocar un pelo
de tu cabeza cuando has estado en mis manos
hace un momento en la cueva. T u vida ha de-
pendido de mí, pero ¿quién soy yo para dispo-
ner de la vida de mi señor , del ungido de Yah-
vé, del rey de Israel? Apenas he sido capaz, y aun
de ello me avergüenzo, de cortar una punta de
tu manto, ésta que ves en mi mano. Reconoce,
pues, que soy inocente de toda culpa contra ti,
que no hay en mí delito alguno, que respeto tu
vida más de lo que tú respetas la mía, y que, si
soy inocente, es justo que me vea libre de esta
pesadilla, de esta triste condición de fugitivo del
rey a quien sirvo. Que Yahvé juzgue nuestras in-
tenciones y nuestros actos y haga justicia entre
nosotros.
La actitud de David desar mó a Saúl. Confuso,
no tuvo más remedio que reconocer la bondad
y la generosidad del hijo de Jesé. En su descon-
cierto, el rey lloró y se abrazó a David, a quien
debía la vida. Aquel día, Saúl reconoció en Da-
vid al futuro rey de Israel, pero también temió
por su nombre y por su descendencia. David se
apresuró a tranquilizarlo:
—Tu descendencia vivirá en paz y el nombre
de tu casa perdurará en Israel.
Entre tanto, Samuel había muerto en Ramá y
todos en Israel hicieron duelo por él.
David se sintió satisfecho tras su encuentro con
Saúl, pero creyó oportuno mantenerse en terri-
torio filisteo con su gente. El rey, por su parte,
tuvo que hacer frente a una nueva declaración
232 de guerra de los filisteos. Habiendo perdido a su
10 Cuentos.qxd 14/3/06 15:17 Página 233

mujer Mical (a quien Saúl había entregado a otro),


David tomó por esposas a Ajinoam y Abigail. El
rey volvió a sentir miedo cuando tuvo ante sus
ojos el campamento filisteo, pues no olvidaba que
Yahvé se había apartado de él desde hacía tiem-
po. Los temores del rey se confirmaron apenas se
trabó el combate: en el monte Gelboé 13, los is- 13
Gelboé:
raelitas huyeron ante los filisteos; aquel día mu- monte situado
en el lado
rieron tres hijos de Saúl, Jonatán entre ellos, y él oriental de la
mismo fue herido mortalmente por los arqueros llanura de
filisteos. Viéndose herido, dijo el rey a su escu- Esdrelón, al
comienzo del
dero: corredor que
—Saca tu espada y mátame, antes de que lle- conduce hasta
guen esos incircuncisos. el Jordán.
Pero el escudero, lleno de temor, no quiso ha-
cerlo. Saúl entonces tomó su espada y se arrojó
sobre ella. Su escudero también se arrojó sobre
su espada y murió con él.
David esperaba con inquietud noticias del com-
bate entre sus hermanos israelitas y los filisteos
cuando un fugitivo se presentó ante él. Cansado
y polvoriento, traía en las manos la diadema y el
brazalete real. En cuanto vio las insignias del rey,
David comprendió que Saúl había muerto en el
combate. Supo después que también Jonatán ha-
bía muerto aquel día y que su pueblo, derrota-
do, había huido ante los filisteos, por lo que or-
denó hacer duelo y ayuno por todos los que
habían muerto.
Lleno de dolor, David hubo de escuchar el rela-
to del fugitivo: aquel hombre contó que había pre-
senciado el acoso al que los guerreros filisteos so-
metieron a Saúl en el monte Gelboé, cómo había
acudido a la llamada desesperada del rey y escu-
chado de sus labios la petición de que acabara con
su vida, cómo lo hizo, recogió después la diade-
ma y el brazalete, abandonó el campo de batalla
y no se detuvo hasta encontrar a David. Éste, sin
embargo, no pudo resistir lo que había escucha- 233
10 Cuentos.qxd 14/3/06 15:17 Página 234

do; exasperado, decretó que quien se había atre-


vido a levantar su brazo contra el ungido de Yah-
vé no merecía otra recompensa que la muerte.
Tras la muerte de Saúl y Jonatán en las mon-
tañas de Gelboé, los israelitas buscaron a David,
quien, siguiendo el mandato de Y ahvé, había
abandonado el territorio filisteo y se había diri-
gido a Judá, estableciéndose en Hebrón con sus
dos mujeres y con sus hombres. Allí fue ungido
rey de Judá; pero, mientras esto sucedía en Judá,
Abner, el militar que estaba al mando del ejérci-
to real, proclamó rey de todo Israel a Isbaal, hijo
de Saúl. De esta forma estalló la guerra entre Judá
e Israel, entre la casa de David y la de Saúl.
Isbaal dudó de las verdaderas intenciones de
Abner, a quien temía, desde el momento en que
vio cómo se apropiaba de Rispá, una de las con-
cubinas de Saúl. Pero Abner propuso un pacto
a David, y éste aceptó la propuesta a cambio del
regreso de Mical, la hija de Saúl, la mujer que ad-
quirió por cien prepucios de filisteos.
Así fue: Mical volvió junto a David y Abner se
reunió con los ancianos de Israel y con el pro-
pio rey. Declaró entonces que su propósito era
lograr un acuerdo para que todo Israel se reu-
niera en torno a David. Y se fue en paz.
Abner se había marchado de Hebrón cuando
regresó Joab, uno de los guerreros veteranos de
David. En cuanto lo vieron entrar en la ciudad,
le dijeron que Abner había estado allí, y que se
había entrevistado con el rey. Estas noticias alar-
maron mucho a Joab, por lo que se apresuró a
advertir a David:
—No debes confiar en ése; sólo ha venido para
enterarse de tus planes y engañarte después.
Joab odiaba a Abner. Existía entre ambos una
cuenta pendiente pues Abner había dado muerte
a Asahel, hermano de Joab, y éste esperaba el mo-
234 mento propicio para vengarse. Tras la entrevista
10 Cuentos.qxd 14/3/06 15:17 Página 235

entre el rey y su enemigo, creyó que se había pre-


sentado la ocasión de vengar la sangre de Asahel.
Por ello, sin avisar a nadie, envió algunos hombres
a buscar a Abner. Cuando éste regresó a Hebrón,
Joab lo esperó en la misma puerta de la ciudad y
le hizo señas como si quisiera comunicarle algo
en secreto; pero, en cuanto lo tuvo al alcance de
la mano, lo mató sin darle tiempo a defenderse.
El rey tuvo enseguida conocimiento de lo ocu-
rrido. Supo que Joab, movido por la venganza,
había actuado a sus espaldas y lo maldijo, a él
y a toda su casa, pero no le tocó un pelo de la
cabeza:
—Limpio estoy yo, y mi reino, ante Yahvé para
siempre de la sangre de Abner. Que caiga esta
sangre sobre la cabeza de Joab y sobre toda la
casa de su padre. Hoy ha muerto un gran cau-
dillo en Israel. Que Yahvé castigue al culpable
según la maldad que ha cometido.
Sepultaron a Abner en Hebrón, y el rey lloró
junto a su sepulcro, y el pueblo con él. Aquel día
supo todo Israel que el rey no había tenido par-
te en la muerte de Abner, ni en la de Isbaal, pues
una mañana se presentaron ante David dos ben-
jaminitas que se hallaban junto a Isbaal en el mo-
mento en que le anunciaron la muerte de Abner.
Ambos decidieron entonces matar al rey y llevar
su cabeza a David. Y así lo hicieron: aprovecha-
ron la hora de la siesta para asesinarlo mientras
dormía, le cortaron la cabeza y caminaron du-
rante toda la noche hasta llegar a Hebrón. En
presencia del rey mostraron con satisfacción su
trofeo; como si de sicarios se tratara, se enorgu-
llecieron de haber consumado la venganza de
David contra Saúl y su descendencia. Ningún
miembro de la casa de Saúl se cruzaría en ade-
lante en el camino del rey; nada quedaba del an-
tiguo enemigo, del que había buscado con in-
sistencia la muerte de David. 235
10 Cuentos.qxd 14/3/06 15:17 Página 236

De nuevo sintió el rey que se le revolvían las


entrañas, como cuando escuchó al fugitivo re-
latar la muerte de Saúl; aquél se presentó ante
él con las insignias reales y éstos traían la cabe-
za de Isbaal. ¿Acaso esperaban recompensa ta-
les criminales? ¿Quién había ordenado vengarse
de la casa de Saúl? ¿Había ordenado él la muer-
te de Abner? ¿Había enviado sicarios a asesinar
a Isbaal? ¿Por qué pensaban tantos en Israel que
aquellas muertes suponían buenas noticias para
él, y no dudaban en matar para demostrárselo?
A pesar de que no era culpable de aquella san-
gre, tuvo que convencer a todos de su inocen-
cia. Era preciso actuar con rapidez, cortar de in-
mediato una corriente de opinión que se extendía
por su reino según la cual David había em-
prendido el exterminio de la casa de Saúl para
asegurarse el trono. Isbaal era la última víctima,
el último obstáculo, cuya muerte dejaba libre el
camino a David y le permitía reinar sobre todo
Israel.
Sabedor de que no podía per mitir que au-
mentaran las sospechas del pueblo hacia él, Da-
vid ordenó dar muerte de inmediato a los ase-
sinos de Isbaal. No se volvería a pronunciar en
Israel el nombre de aquellos benjaminitas mal-
vados que no habían dudado en matar a un
hombre justo en su propio lecho, a traición. En
consecuencia, los culpables fueron ejecutados
y la cabeza de Isbaal enterrada en la sepultura
de Abner, y los israelitas aprobaron el proceder
del rey.
Muerto Isbaal, todas las tribus de Israel volvie-
ron sus ojos hacia David para que reinara sobre
ellas. Vinieron a buscarlo a Hebrón, se reunie-
ron con él y, en presencia de Yahvé, lo ungieron
como rey sobre todo Israel. Treinta años tenía
David cuando comenzó a reinar, y lo hizo du-
236 rante otros cuarenta: los primeros siete reinó en
10 Cuentos.qxd 14/3/06 15:17 Página 237

Hebrón, sobre Judá; los treinta y tres restantes,


en Jerusalén, sobre Israel y Judá*.
El reconocimiento de todos los israelitas con-
sagró a David como rey, pero alcanzarlo no fue
tarea sencilla. Nadie dudaba de que había teni-
do que producirse una serie de circunstancias
para que llegara a ser rey quien no era descen-
diente del difunto Saúl, entre ellas la muerte de
sus hijos, y muy especialmente la de Isbaal. El
rey tuvo que convencer a quienes pensaban que
aquellas muertes no habían sido accidentales,
sino que obedecían al plan de David para aca-
bar con la casa de Saúl y ocupar el trono. El rey
era inocente de la sangre de Saúl y de sus des-
cendientes: ¿cuándo se había atrevido a atentar
contra el ungido de Yahvé? Pudo hacerlo en En-
gadí, pero apenas se atrevió a cortar el borde del
manto real; ¿acaso intervino en la batalla de Gel-
boé, cuando el rey y su hijo Jonatán perecieron
a manos de los filisteos? ¿No mandó matar al fu-
gitivo que se presentó ante él con las insignias
reales después de haber dado muerte a Saúl? Es
verdad que existía rivalidad entre Saúl y él, pero
había sido el rey quien había visto en David a
un rival, y quien había llegado a considerarlo su
enemigo. Fue Saúl quien se obsesionó con Da-
vid, quien, movido por su locura, le tendió tram-
pas, lo buscó para matarlo y lo persiguió sin des-
canso; y fue su hijo Jonatán el que advirtió el

* La subida de David al trono no se produjo sin controver-


sia (fue rey sin ser descendiente de Saúl, tras la muerte de
éste y de varios de sus hijos), en la que tuvo que defen-
derse de las acusaciones de haber sido un conspirador, de
haber estado en el bando filisteo y de haber participado en
el exterminio de la familia de Saúl. Sin embargo, el texto
bíblico libera a David de toda sospecha y subraya su con-
dición de rey de todo Israel, Israel y Judá, el norte y el sur del
país, unidad no excesivamente fuerte, que se mantendrá
durante su reinado pero que no tardará en romperse. 237
10 Cuentos.qxd 14/3/06 15:17 Página 238

delirio de su padre y el primero en defender la


inocencia de David.
Evocando a su amigo, David lamentó amarga-
mente su muerte en Gelboé; ¡cuánto hubiera
dado por tenerlo ahora a su lado! Al contrario
que su padre, Jonatán jamás vio en él un adver-
sario. A él nunca habría tenido que explicarle
que si ahora era rey no era por haber conspira-
do contra su padre, en quien nunca vio un ene-
migo, sino porque Yahvé lo había decidido así,
escogiéndolo a él para reinar en Israel. A él nun-
ca habría tenido que explicarle que si se pasó a
los filisteos, si anduvo entre los grandes enemi-
gos de Israel, no fue para traicionar a su pueblo,
sino intentando huir de la persecución de Saúl y
salvar la vida.
Yahvé, y sólo Yahvé, era el único responsable
de haber elegido a un pastor humilde y valiente
para reinar en Israel. Y ese pastor no hizo otra
cosa que confiar en Yahvé y dejarse querer por
el pueblo, el mismo que ahora había venido a
buscarlo. ¿Desde cuándo había pretendido ser
rey? Por más que espigaba entre sus recuerdos,
no lograba precisar cuándo empezó a conside-
rar en serio lo que hasta entonces le parecía un
disparate. En todo caso, antes de que él acepta-
ra la realeza, otros lo habían decidido en su lu-
gar: Yahvé lo escogió como su ungido en lugar
de Saúl; éste vio en él al enemigo de su casa, a
pesar de Jonatán; y el pueblo, primero Judá y
después todo Israel, lo ungió como rey.
Siendo consciente de la necesidad de ganarse
a sus nuevos súbditos del norte, David se deci-
14
jebuseos: dió a atacar Jerusalén, la ciudad de los jebuseos14.
véase nota 10 Jerusalén se hallaba situada entre las tribus del
del capítulo II.
sur y las del norte. David la conquistó, la amu-
ralló y la llamó Ciudad de David.
Cuando se hubo establecido en Jerusalén, el
238 rey ordenó que el arca de la alianza, que se en-
10 Cuentos.qxd 14/3/06 15:17 Página 239

contraba en Judá desde que los filisteos la de-


volvieron, fuera trasladada a la Ciudad de David.
Todo el pueblo acompañó al rey, gritando y ha-
ciendo sonar los cuer nos, cantando con cítaras
y arpas, mientras que David danzaba y giraba de-
lante de Yahvé. Así lo vio Mical cuando el arca
entró en Jerusalén y sintió desprecio por el rey.
En cuanto David regresó a su casa, Mical le sa-
lió al encuentro y le reprochó su actitud: cómo
se había comportado en presencia de todo su
pueblo; danzando violentamente, se había des-
cubierto a la vista de todos; bailando como un
poseso, había mostrado un comportamiento in-
digno del rey de Israel. David, sin embar go, no
hizo caso de las protestas de Mical: danzaría ante
Yahvé cuanto quisiera, aunque se cubriera de
oprobio e indignidad, si bien tal vileza sólo ha-
bía existido en el corazón de Mical pero no en
su pueblo ni en aquél que lo había escogido a
él en lugar de Saúl y de toda su casa. Y la hija
de Saúl no volvió a concebir en el resto de sus
días.
Con la llegada de David al trono, Israel vivió
en paz con sus enemigos. Entonces vino la pa-
labra de Dios sobre el profeta Natán: el Dios que
habitaba en una tienda acompañando a su pue-
blo de un lugar a otro, el que se fijó en David y
lo sacó de los pastizales, de entre los rebaños,
para colocarlo al frente de su pueblo; Yahvé, ante
cuyo nombre los enemigos de Israel huían des-
pavoridos, había decidido conceder la paz a su
pueblo en la tierra que le había dado como he-
rencia, y edificar una casa a David, un linaje que
permanecerá cuando sus días hayan terminado,
pues su descendencia consolidará su dinastía en
el trono de Israel para siempre. Si David tenía la
intención de construir una casa a Yahvé, un lu-
gar para el arca, Yahvé deseaba levantar para Da-
vid otra casa, un linaje para el pastor, una dinastía 239
10 Cuentos.qxd 14/3/06 15:17 Página 240

para el menor de los hijos de Jesé, y establecer


una alianza con ese linaje, un pacto con esa di-
nastía. Como el padre con su hijo, Yahvé corre-
15
David creó girá y castigará a David si hace el mal, pero
un verdadero asentará y consolidará su descendencia, y no lo
imperio en la apartará de su lado como apartó a Saúl. David y
región
conquistando sus descendientes estarán llamados a ser ejem-
países vecinos: plo del rey justo que ha de gober nar al pueblo
se apoderó del de Dios*.
norte de
Transjordania David derrotó y humilló a los filisteos, sometió
(Ammón) y del a los moabitas y los obligó a pagar tributo, ven-
sur (Moab y ció a los arameos e impuso a sus gobernadores
Edom), derrotó
a los sirios en Damasco, y otro tanto hizo en Edom15.
(arameos) y Sucedió en la campaña contra los ammonitas.
eliminó el David había enviado a Joab al frente de sus gue-
peligro filisteo
sometiendo a la
rreros y él se había quedado en Jerusalén. Un
pentápolis. Todo atardecer paseaba por la terraza de su casa cuan-
ello fue posible do sus ojos se fijaron en una mujer que se esta-
gracias a que
un ejército
ba bañando; quedó deslumbrado por su belleza
organizado y al punto le asaltó el deseo de poseerla. De in-
profesionalmente mediato, quiso saber quién era, y le informaron
sustituyó a las que se trataba de Betsabé, la mujer de Urías, el
tropas de las
tribus. Será con hitita, el extranjero. David ordenó que la traje-
David cuando ran, se acostó con ella (la joven acababa de pu-
se produzcan rificarse de su regla) y quedó embarazada.
grandes
cambios en la Llamado por el rey, Urías regresó a Jerusalén
estructura de a informar de la marcha de la campaña; después,
Israel; con Saúl David lo envió a su casa, pero Urías no entró en
se mantuvo la
organización ella; prefirió dormir en el umbral de la casa del
tribal. rey, junto a los que montaban la guardia. Al día

* La promesa de la permanencia de la dinastía davídica en


el trono de Israel es el primer eslabón de la esperanza me-
siánica judía y posteriormente cristiana: cuando la monar-
quía desaparezca muchos seguirán esperando la llegada de
un descendiente de David que salve y guíe al pueblo, por-
que las promesas de Dios no han caducado. El paso del
tiempo hará crecer la esperanza y la figura del esperado,
del salvador del pueblo, del mesías y ungido de Dios, prín-
240 cipe de la paz y modelo de justicia.
10 Cuentos.qxd 14/3/06 15:17 Página 241

siguiente, comió en la mesa real y David le hizo


beber hasta emborracharlo, pero tampoco esta
vez fue a acostarse en su casa, sino junto a la
guardia del rey. Viendo que, ni siquiera borra-
cho, Urías iba a su casa, que renunciaba a comer
y beber en su mesa y a acostarse con su mujer ,
David decidió enviarlo de nuevo al campo de
batalla con una carta para Joab. En ella le daba
instrucciones para que situara al hitita en lo más
peligroso del combate y, una vez allí, lo aban-
donara a su suerte para que muriera a manos del
enemigo.
De esta forma murió Urías, junto a otros gue-
rreros de David, en el asedio de Rabbá16, la ciu- 16
Rabbá: o
dad de los ammonitas: un grupo de hombres, entre Rabat-Ammón,
se trata de la
los que se encontraba Urías, se acercó impru- actual Ammán,
dentemente a la muralla; entonces recibieron el en Jordania,
ataque de los que defendían la ciudad y, aunque conocida como
Filadelfia en el
los israelitas les hicieron frente y los obligaron a Nuevo
retroceder, fueron acribillados por los arqueros Testamento.
desde lo alto de la muralla.
Inmediatamente, Joab despachó un mensajero
a Jerusalén a informar de lo sucedido, pero an-
tes lo previno sobre la ira del rey: sabía que Da-
vid montaría en cólera en cuanto conociera la
conducta temeraria de sus hombres, que pre-
guntaría enfurecido por qué se habían expuesto
de aquella manera, acercándose a la ciudad, po-
niéndose al alcance de los tiradores; entonces,
insistió Joab, será el momento de decir al rey que
también ha muerto Urías, el hitita. Cuando Da-
vid escuchó estas últimas palabras, se aplacó su
ira, remitió su irritación, se apaciguó su furor y
pronunció sólo palabras consoladoras. Lamenta-
ba, sí, haber perdido a algunos hombres valien-
tes, pero no había que perder la calma si la suer-
te en el combate había sido esquiva esta vez, si
la espada y las flechas ammonitas habían arras-
trado a la muerte a algunos de sus mejores hom- 241
10 Cuentos.qxd 14/3/06 15:17 Página 242

bres. Porque no habría en todo Ammón flechas


ni espadas suficientes, ni arqueros y guerreros
capaces de doblegar a Israel. David envió al men-
sajero de vuelta con órdenes para Joab de que
no cesara en el asedio de la ciudad, de que in-
sistiera en el ataque y no descansara hasta ven-
cer sus defensas, hasta derribar sus muros, has-
ta conquistarla y destruirla.
Betsabé hizo duelo por su marido. En cuanto
acabó el luto, el rey la requirió y la tomó por mu-
jer. Ella dio a luz un hijo, pero entonces David
recibió la visita de Natán. En presencia del rey,
contó el profeta el siguiente relato:

Había dos hombres en una ciudad,


el uno era rico y el otro era pobre.
El rico tenía ovejas y bueyes

David (Miguel Ángel Buonarroti, 1501-1504). Miguel Ángel convierte


a David en prototipo de la belleza renacentista, modelo de perfec-
242 ta anatomía y de expresión contenida de los sentimientos.
10 Cuentos.qxd 14/3/06 15:17 Página 243

en gran abundancia;
el pobre no tenía más que una corderilla,
sólo una, pequeña, que había comprado.
Él la alimentaba y ella iba creciendo
con él y sus hijos,
comiendo su pan, bebiendo en su copa,
durmiendo en su seno
igual que una hija.
Vino un visitante donde el hombre rico,
y dándole pena tomar su ganado
lanar y vacuno
para dar de comer a aquel hombre
llegado a su casa,
tomó la ovejita del pobre,
y dio de comer al viajero llegado a su casa.

La narración de Natán encendió a David. Alte-


rado, se rebeló contra la injusticia cometida so-
bre el débil y exigió la muerte para aquel hombre
injusto e inmisericorde. Sin embargo, la indigna-
ción real duró poco, apenas el tiempo que tardó
el profeta en comenzar a hablar: ese hombre in-
justo e inmisericorde era él, David, el elegido de
Yahvé, el rey cruel y despiadado que no había
dudado en enviar a Urías a la muerte para que-
darse con su mujer. ¿Qué había sido de la bon-
dad y la generosidad de quien no quiso tocar un
pelo al rey Saúl en la cueva de Engadí? ¿Cuándo
se había agotado su compasión? Ahora el hom-
bre al que Yahvé había protegido librándolo de
las manos de Saúl no había tenido reparos en
despreciar a su Dios haciendo el mal para dar
satisfacción a sus deseos.
Cuando Natán terminó de hablar, la indigna-
ción del rey se había transformado en vergüen-
za, su cólera se había convertido en mansedum-
bre y su gallardía en humillación. Sin argumentos,
descubierta su maldad y puesta de manifiesto su
iniquidad, David sólo pudo reconocer que había 243
10 Cuentos.qxd 14/3/06 15:17 Página 244

pecado gravemente contra Yahvé, y que su arre-


pentimiento no conocía límites. A pesar de ello,
aún tuvo que escuchar la sentencia divina, pro-
nunciada por el profeta: le oyó decir que el do-
lor y la muerte serán en adelante sus compañe-
ros de camino, y que no deberá buscar el mal en
otro sitio que no sea dentro de su propia casa.
Finalmente, el hijo que ha nacido de Betsabé mo-
rirá sin remedio.
El hijo de David y Betsabé cayó gravemente
enfermo y murió al cabo de siete días. Nada pu-
dieron en su favor las súplicas y los ayunos de
su padre. Después, David visitó otra vez a Bet-
sabé y ella concibió y dio a luz un hijo al que
llamó Salomón. Yahvé amó a Salomón. Pero el
drama ya no se apartó de la familia de David. La
tragedia lo acompañó desde el día en que lo
17
Alusión al anunció el profeta Natán17.
drama que El odio se desató entre Amnón, el primogénito
vivirá la familia
de David (con del rey, y su her mano Absalón. Amnón quedó
la muerte de subyugado por la belleza de una joven virgen, su
tres hijos suyos: hermanastra Tamar, hermana de Absalón. Bus-
Amnón,
Absalón y cando el modo de poseerla, escuchó a un amigo
Adonías), suyo que le aconsejó fingirse enfer mo y pedir al
fuente de crisis rey que le enviara a Tamar a prepararle de comer.
políticas y de
dificultades
Cuando ella acercó a la cama de su her mano la
para el futuro comida que había preparado, Amnón la sujetó y
del reino. la obligó a acostarse con él. Ella intentó resistirse
pero su esfuerzo fue en vano, como inútiles re-
sultaron sus lamentos, sus súplicas para que no
cometiera aquella infamia, dejarla deshonrada y
desgraciada en Israel. En su desesperación, la vir-
gen pidió a su her mano que hablara con su pa-
dre, que el rey no se opondría a sus deseos, que
se la entregaría y podría desposarse con ella, pero
que por favor no la forzara, que no la ultrajara,
que no convirtiera su virginidad en oprobio, su
juventud en ignominia, su belleza en afrenta. Pero
244 el deseo de Amnón pudo más que todas aquellas
10 Cuentos.qxd 14/3/06 15:17 Página 245

razones; su lascivia no admitía demoras. Impa-


ciente por satisfacer su voluptuosidad, ebrios sus
sentidos, la forzó a acostarse con él.
Después de saciar su apetito, Amnón sintió
asco de su hermanastra, la aborreció y la despi-
dió. Tampoco esta vez quiso escuchar las súpli-
cas y lamentos de Tamar, permitió que un nuevo
oprobio cayera sobre ella y mandó que expul-
saran de su casa a aquella mujer. Ella, abatida y
deshonrada, desolada y ultrajada, para mostrar
el drama que la acompañaba, cubrió su cabeza
de ceniza, rasgó la túnica de mangas que lleva-
ba (propia de las hijas vír genes del rey) y, gri-
tando mientras caminaba, buscó refugio y con-
suelo en casa de su hermano Absalón.
Un espeso y turbio silencio cubrió la humilla-
ción sufrida por Tamar. El rey la conoció, pero
sofocó su cólera. En su ánimo pesó más el afec-
to que sentía por Amnón y su condición de pri-
mogénito, por lo que se abstuvo de reprender-
lo. Tampoco Absalón dijo una sola palabra a su
hermano; prefirió guardar su odio, esconder su
rabia y esperar el momento oportuno para ven-
garse del primogénito.
La ocasión se presentó dos años después. En
la época del esquileo, Absalón invitó a su casa
al rey y a sus hermanos. El monarca no acudió,
pero sí lo hicieron sus hijos, incluido Amnón. Co-
mieron y bebieron con despreocupación; tan
pronto como el anfitrión consideró que el vino
había hecho su trabajo, dio a sus hombres la se-
ñal convenida para que entraran y acabaran con
el primogénito. Aquel día vengó Absalón la hu-
millación de Tamar y todos sus hermanos huye-
ron de él. También huyó Absalón, huyó de la ira
del rey y se escondió durante tres años.
Hasta David llegaron rumores confusos sobre
lo sucedido en casa de Absalón, aunque pronto
supo que éste había dado muerte a su hijo pri- 245
10 Cuentos.qxd 14/3/06 15:17 Página 246

mogénito. Entonces rasgó sus vestidos, se pos-


tró en tierra y lloró; la aflicción por la pérdida
del primogénito se mezcló en su corazón con el
odio hacia el asesino; pero, por encima de todo,
no pudo reprimir el recuerdo de las palabras
sombrías del profeta Natán, la profecía tenebro-
sa de que no conocería días sin dolor, de que el
sufrimiento no se separaría de él, la espada de
su existencia.
Sólo el tiempo logró consolar al rey de la muer-
te de Amnón. Y también el tiempo, junto con la
astucia de Joab, hicieron posible que David per-
mitiera el regreso de Absalón a Jerusalén. Una mu-
jer viuda se presentó ante el rey: acababa de per-
der a uno de sus dos hijos, muerto por el otro;
ahora la familia le exigía la entrega del asesino
para matarlo, con lo que del nombre de su mari-
do no quedaría rastro en Israel. La afligida viuda
rogó entonces a David que toda la culpa del ho-
micida cayera sobre ella. Y el rey la tranquilizó:
—No caerá en tierra ni un cabello de tu hijo.
Pero en cuanto escuchó estas palabras, la mu-
jer cambió el tono de su voz y aplicó el caso que
acababa de exponer a la situación de los hijos
del rey. Nada devolvería al primogénito al lado
de su padre, y de nada serviría mantener al her-
mano proscrito y apartado. Si el consuelo había
serenado el corazón de David, era el momento
de permitir el regreso de Absalón a Jerusalén.
El rey reconoció en todo aquello la sagacidad
de Joab y permitió el retorno de su hijo, pero no
quiso recibirlo en su casa ni que Absalón entra-
ra en su presencia y contemplara su rostro. Sin
embargo, con el tiempo los recelos del rey se di-
luyeron, recibió a su hijo y lo besó.
En cuanto el vengador de Tamar se vio acep-
tado en la presencia del rey, tan pronto como se
sintió plenamente rehabilitado por su padre, ol-
246 vidadas sus culpas, canceladas sus faltas, se de-
10 Cuentos.qxd 14/3/06 15:17 Página 247

dicó a atraerse la confianza de los israelitas. Era


Absalón un hombre apuesto y audaz, gallardo y
astuto, cuya presencia no pasaba desapercibida.
Moviéndose con discreción y habilidad, se hizo
el encontradizo de los israelitas, gentes del nor-
te que venían a Jerusalén para que el rey les hi-
ciera justicia, de forma que quienes acudían al
tribunal del rey escuchaban antes a Absalón ha-
lagarles el oído, desengañarles de la ecuanimi-
dad de David y proponerse a sí mismo como mo-
delo de hombre justo. Y fueron muchos los que
creyeron en sus palabras y confiaron en sus pro-
mesas.
Tiempo después, el hombre justo obtuvo au-
torización del rey para bajar a Hebrón con la ex-
cusa de cumplir una promesa solemne hecha a
Yahvé mientras se hallaba oculto y apartado del
monarca. Allí, mientras ofrecía sacrificios, envia-
ba mensajeros a todas las tribus en busca de apo-
yos para sus propósitos: organizar una conjura
contra David y proclamarse rey en Hebrón.
Cuando David conoció los verdaderos planes
de su hijo, cómo había logrado reunir partidarios
tanto en el norte como en el sur convenciendo
a muchos hombres para que fueran detrás de él,
decidió abandonar Jerusalén de inmediato. Lo
hizo a pie, camino del desierto situado entre Je-
rusalén y el río Jordán, acompañado de muchos
de sus guerreros y de gente del pueblo; además,
salieron con él los sacerdotes y los levitas lle-
vando el arca de la alianza. Para guardar su casa,
dejó en ella a diez concubinas. Sin embar go,
cuando hubo salido de la ciudad, decidió que el
arca regresara a Jerusalén, junto con los sacer-
dotes y su amigo Jusay.
En Jerusalén, Jusay se presentó ante Absalón,
quien lo recibió sorprendido y quiso saber por
qué había abandonado la compañía de su ami-
go David. Jusay empleó con Absalón una arti- 247
10 Cuentos.qxd 14/3/06 15:17 Página 248

maña semejante a la que con anterioridad había


utilizado el conspirador, y dijo que serviría al hijo
de la misma manera que había servido al padre.
Entre los conjurados se hallaba Ajitófel, un
hombre que había sido fiel a David y a quien Ab-
salón escuchaba como a un oráculo. Dirigién-
dose a él, le pidió consejo sobre lo que conve-
nía hacer. Y el oráculo le contestó: lo primero
que debía hacer el hombre justo era unirse a las
concubinas del rey; será la manera de que todos
vean que no hay reconciliación posible entre Da-
vid y Absalón, sabrán quién es el verdadero su-
cesor y se fortalecerán quienes apoyan a Absa-
lón. Después, habrá llegado el momento de reunir
a los mejores hombres, unos doce mil, y lanzar-
se en persecución de David. El momento apro-
piado para caer sobre él será esta misma noche,
aprovechando su fatiga y su cansancio. La sor-
presa no lo dejará reaccionar, heriremos única-
mente al rey y, en cuanto haya caído, todo el
pueblo regresará a la ciudad y aclamará como
rey al hombre justo.
Las palabras de Ajitófel parecieron a Absalón
sensatas y acertadas, pero, antes de tomar una
decisión, quiso escuchar también a Jusay. Éste,
por su parte, no dudó en contradecir al oráculo,
sembrando la confusión en el ánimo del conspi-
rador: era insensato pensar que gente valiente y
aguerrida, como habían sido siempre David y los
hombres que lo acompañaban, se entregarían
despreocupadamente al descanso, se dejarían
vencer por la fatiga.
—No, a pesar del cansancio, David habrá man-
tenido alerta a sus hombres, vigilante a su pueblo,
y a todos ocultos y preparados para caer sobre quie-
nes se aventuren en su busca. No conviene, pues,
que ninguno de nuestros hombres muera en in-
útiles escaramuzas nocturnas, que sólo consegui-
248 rán extender la confusión y el desánimo entre la
10 Cuentos.qxd 14/3/06 15:17 Página 249

tropa. Más bien debes hacerte fuerte en medio de


todo tu pueblo, de la muchedumbre que te apo-
ya, y avanzar junto con ellos. Cuando alcances a
David, no habrá escapatoria para él ni para sus fie-
les, no habrá escondite en Israel que no lo en-
cuentre alguno de tus hombres.
Las palabras de Jusay convencieron a Absalón
y a sus hombres, a pesar de que el consejo de
Ajitófel era mejor. Pero Yahvé había decidido in-
tervenir a favor de David y frustrar la conjura de
Absalón. El oráculo, derrotado, abandonó a Ab-
salón, se retiró a su casa y se ahorcó.
Jusay, por su parte, en cuanto vio que su con-
sejo se imponía, envió mensajeros a prevenir a
David de que no convenía pasar la noche en las
llanuras del desierto, ni acampar antes de haber
pasado el Jordán.
También Absalón atravesó el Jordán con su
ejército, al encuentro de David. Éste, mientras or-
ganizaba a sus hombres, había repetido a los je-
fes de sus tropas, a los veteranos de su ejército,
que tuvieran consideración con su joven hijo.
Aquel día tocaron a su fin los proyectos de Ab-
salón: sus hombres sucumbieron ante los fieles
de David y él mismo se encontró indefenso ante
el hombre que lo mató. El mulo que montaba se
metió bajo el poblado ramaje de una gran enci-
na y allí quedó atrapada la cabeza del joven hijo,
suspendido, en tanto que la bestia continuaba su
camino. El primer hombre en verlo reconoció de
inmediato al hijo del rey y, recordando las ins-
trucciones de David de proteger la vida de su
hijo, se abstuvo de tocarlo, pero corrió a avisar
a Joab. Sin embargo, éste, en cuanto supo dón-
de había dejado el mulo a Absalón, despreció a
quien lo había tratado con tanto miramiento. Sin
perder tiempo, hirió de muerte al conspirador y
envió después a otros hombres para que lo re-
mataran. 249
10 Cuentos.qxd 14/3/06 15:17 Página 250

David se hallaba a la espera de noticias cuan-


do un centinela le avisó de que un hombre se
acercaba solo, corriendo. Se trataba de uno de
los hijos de Sadoc, el sacerdote.
—Si viene solo nada hay que temer . Traerá
buenas noticias –dijo el rey.
El centinela volvió a avisar de la llegada de otro
hombre corriendo. Era un esclavo etíope envia-
do por Joab:
—También éste trae buenas noticias –añadió el
rey.
El primero, el hijo de Sadoc, saludó al rey, se
postró ante él y bendijo a Yahvé, el Dios justo
que no había permitido que los conspiradores se
salieran con la suya. El ungido podía respirar
tranquilo. Pero no dijo una palabra sobre Absa-
lón, por lo que el rey lo interrogó sobre la suer-
te de su joven hijo:
—Yo vi un gran tumulto, pero no pude averi-
guar qué había sucedido –respondió astutamen-
te dejando al etíope la responsabilidad de pro-
nunciar las palabras que el rey no quería oír.
David volvió a preguntar por su hijo cuando
llegó el segundo mensajero; éste contestó:
—Que les suceda como a ese joven a todos los
enemigos del rey mi señor, y a todos los que de-
seen tu mal.
Entonces el rey se estremeció y rompió a llo-
rar mientras decía:
—Hijo mío, Absalón; hijo mío, hijo mío, Absa-
lón. ¡Ojalá hubiera muerto yo en tu lugar!
La desolación invadió el ánimo del rey y su co-
razón se desgarró con la muerte de Absalón. Ol-
vidó todo el daño que había recibido de su hijo:
borró de su memoria el asesinato de Amnón, el
primogénito de David, y el acto de rebeldía que
había protagonizado conspirando contra su pa-
dre; el rey no quiso recordar que con su actitud
250 Absalón había avivado las diferencias y tensio-
10 Cuentos.qxd 14/3/06 15:17 Página 251

nes entre el sur y el norte, provocando una cri-


sis política que comprometía seriamente el futu-
ro del reino y del trono de David. No, el ungido
de Yahvé, el que jamás levantó la voz ni la mano
contra Saúl, el que sintió remordimientos de ha-
ber cortado la punta de su manto, no se reco-
nocía en aquel hijo suyo, al que no le había tem-
blado la mano para poner un ejército en pie de
guerra contra su padre; y lo habría conseguido,
de no ser porque el propio Yahvé desbarató sus
planes.
El pueblo, que conoció el sufrimiento del rey,
no quiso festejar la victoria. Sólo Joab se encaró
con David y censuró ásperamente su conducta:
si tanto le importaba Absalón, si tan preciosa era
su vida, ¿por qué nos hemos enfrentado a su ejér-
cito? ¿No habría sido mejor haberse puesto en
sus manos, haberle entregado el reino? ¿Para qué
habían combatido los hombres fieles al rey?
Los hombres de Judá se esforzaron en confortar
al rey y lo animaron para que cruzara de nuevo el
Jordán y regresara a Jerusalén. Todo el pueblo de
Judá, y también muchos de Israel, acompañaron
al rey en su vuelta a la Ciudad de David.

251
11 Cuentos.qxd 14/3/06 15:17 Página 252

VIII

EL LARGO CAMINO HACIA


LA TRAGEDIA

La vejez se había apoderado del rey David, que


veía aproximarse lenta e inevitablemente el día en
que habría de reunirse con sus antepasados. A pe-
sar de ello, el anciano rey aún no había designa-
1
Dado que su do a quien le sucedería en el trono, y esa incerti-
sucesión no está dumbre alimentaba las esperanzas y los proyectos
regulada, debe
ser el propio de quienes aspiraban a ocupar su lugar, en espe-
David quien cial sus hijos Adonías, el primogénito, nacido des-
designe a su pués de Absalón, y Salomón. El crecimiento de
sucesor en el
trono. Si primero los rumores a favor del hermano mayor alarmó a
fue Absalón Betsabé, la madre de Salomón, que se decidió a
quien intentó intervenir con rapidez para frenar los movimien-
ocupar el lugar
de su padre,
tos de quien pretendía algo que, según ella y se-
ahora, con David gún el profeta Natán, correspondía a su hijo. Por
ya anciano, se ello, se presentó ante el rey y, postrada ante él,
disputan el
puesto Adonías y
evocó el propósito del anciano de que Salomón
Salomón. Las heredara su trono y le rogó que se diera prisa en
intrigas de Natán dar a conocer su elección. En su preocupación,
y Betsabé serán no le importó recordar a David lo delicado de su
decisivas para
que Salomón sea salud y la cercanía de su muerte; cuando llegara
el elegido. ese día, todo debía estar decidido, para evitar que
ella y su hijo fueran considerados culpables, y sus
252 aspiraciones al trono, propias de usurpadores 1.
11 Cuentos.qxd 14/3/06 15:17 Página 253

Todavía se hallaba Betsabé junto al rey cuan-


do apareció Natán. El profeta se postró ante Da-
vid y desplegó ante él toda su inteligencia. Aban-
donó la estrategia de Betsabé, se abstuvo de
recordar al rey juramento alguno (ni el anciano
había contraído semejante compromiso ni era
oportuno insistir en ello para convertir en rey a
Salomón), y se mostró sorprendido y descon-
certado ante David: ¿acaso el rey había designa-
do ya a su sucesor? ¿Había otorgado el rey su au-
torización para que tengan lugar los sacrificios y
banquetes en los que se aclama a Adonías como
heredero? Si ese proceder del rey resultaba in-
quietante para el profeta, su desazón aumenta-
ba si todo ello resultaba ser incierto; entonces, si
el rey no había escogido aún a su sucesor, si no
había dado su consentimiento a ceremonia al-
guna, ¿quién había hecho creer a muchos que
Adonías era el elegido? ¿Quién, valiéndose de la
ancianidad y la debilidad, había usurpado la vo-
luntad real?
La estrategia de Natán dio resultados inmedia-
tos. De sobra sabía el astuto profeta que David
no había elegido a su sucesor, pero sus palabras
sembraron la agitación y el desasosiego en el áni-
mo del anciano rey, al tiempo que lo previnie-
ron en contra de su hijo Adonías, un joven atre-
vido y precipitado que había ido demasiado lejos
dando por supuesto que la voluntad de su pa-
dre no se cumplía ya en Israel. E instintivamen-
te su corazón se inclinó a favor de Salomón.
Aquel mismo día, David confirmó a Betsabé
que Salomón ocuparía su lugar. Ordenó también
al sacerdote Sadoc y al profeta Natán que un-
gieran a Salomón como rey y lo proclamaran
ante todo el pueblo; después, el nuevo rey po-
dría sentarse en el trono para regir a Israel y Judá.
El joven monarca fue llamado sin demora a la
presencia de su anciano padre. Salomón, que no 253
11 Cuentos.qxd 14/3/06 15:17 Página 254

había tomado represalias contra su her mano


Adonías, escuchó instrucciones y consejos sobre
cómo debía comportarse para preservar a su pue-
blo y a su dinastía, así como sobre la mejor ma-
nera de resolver algunos asuntos que quedarían
pendientes a la muerte de David.
—Mis días se acaban –dijo el anciano a su
hijo–, pero el reino está ya en tus manos. Debe-
rás actuar con valor y con decisión; escucharás
el consejo de Yahvé y actuarás en consecuencia.
No olvidarás que él es el Dios de este pueblo, el
que lo ha guiado durante generaciones, el que
lo ha salvado de sus enemigos. Si tú y tus hijos
escucháis su voz y cumplís sus preceptos, según
están escritos en la ley de Moisés, no tendréis
nada que temer, ni tú ni tu pueblo, y tu dinastía
se consolidará en el trono de Israel.
Cuando ya no me cuente entre los vivos, que
el rey de Israel no olvide los crímenes de Joab,
la sangre inocente que vertió inútilmente y las
sospechas que atrajo sobre mí. Que la bondad
del soberano alcance a quienes me ayudaron
cuando huía de Absalón, pero que no deje im-
pune a quienes sólo tuvieron maldiciones para
2
Término
mí. Emplea tu prudencia y tu discreción para que
hebreo que se ningún malvado quede sin castigo, para que sus
refiere a las canas bajen ensangrentadas al seol2.
profundidades Cuarenta años había reinado David sobre Israel,
de la tierra,
lugar de los siete en Hebrón y treinta y tres en Jerusalén, cuan-
muertos, do fue enterrado en la Ciudad de David*.
desolada El reino de Israel se afianzó sólidamente en las
mansión de la
que no hay manos de Salomón. En cuanto llegó a sus oídos
regreso posible. que su hermano primogénito había solicitado que

* Además de sus méritos políticos y militares, la figura de Da-


vid es relevante en el relato bíblico como modelo de rey en
Israel, que hizo el bien a los ojos de Yahvé. Él será el ejem-
plo que se proponga, el espejo en el que deben mirarse los
254 futuros gobernantes, la vara con la que se mida su justicia.
11 Cuentos.qxd 14/3/06 15:17 Página 255

se le entregara por mujer a Abisag, la joven que


sirvió y cuidó a David en su vejez, sospechó que
Adonías, apoyado por Joab y por el sacerdote
Abiatar, no había renunciado a su propósito de
ocupar el trono de Israel. No otra cosa significa-
ba su deseo de poseer a una de las mujeres del
difunto rey. Por ello, el rey ordenó ejecutar a su
hermano mayor, el que se había atrevido a re-
clamar para sí el trono de Israel por su condición
de primogénito. Ordenó también que Abiatar fue-
ra expulsado del sacerdocio de Yahvé, y su pues-
to ocupado por Sadoc. Tampoco Joab escapó a
la justicia de Salomón. Quiso huir el antiguo jefe
de David, pasado ahora al bando de Adonías,
pero ni siquiera el altar de Yahvé fue lugar se-
guro para él3. 3
El altar solía
En Gabaón, adonde fue el rey a ofrecer sacri- ser sinónimo de
refugio seguro,
ficios y holocaustos, Yahvé se le apareció en sue- para evitar la
ños y le dijo que le pidiera lo que su corazón de- profanación del
seara. Aturdido, el joven Salomón agradeció a lugar sagrado.
En esta ocasión,
Dios que le hubiera permitido sentarse en el tro- los secuaces de
no de David. Sus deseos de suceder a su padre Salomón no se
se habían hecho realidad, pero esa misma reali- detienen en
semejantes
dad le mostraba ahora la dificultad de su tarea, consideraciones.
la complejidad de sus funciones. Había crecido
junto a su madre, y junto a ella había sorteado
dificultades, logrado apoyos para su causa, desba-
ratado los planes de Adonías y, al fin, había al-
canzado su meta. Sin embargo, ahora que debía
regir a un pueblo numeroso, se hallaba solo, des-
asistido, huérfano: ¿cuándo lo habían enseñado
a gobernar? ¿Quién le había instruido sobre la
forma de escrutar el corazón de los hombres?
¿Dónde le habían ayudado a distinguir el bien
del mal? El que estaba llamado a juzgar a su
pueblo pedía a Yahvé prudencia, discernimien-
to y sabiduría. Prudencia para huir de la preci-
pitación que entorpece el buen discernimiento,
discernimiento para reconocer el bien y recha- 255
11 Cuentos.qxd 14/3/06 15:17 Página 256

zar la maldad, sabiduría para juzgar con justicia


y equidad.
¡Un corazón justo! Aquel hombre pedía un co-
razón justo. No pedía bienes ni riquezas, tam-
poco una vida provecta y llena de días; ni si-
quiera verse libre de la enfer medad y el dolor,
o a salvo de sus enemigos. La súplica de Salo-
món agradó a Yahvé, asombrado ante tanta dis-
creción, vencido por tal demostración de sensatez.
Por ello, le concedió un corazón sabio e inteli-
gente, justo y prudente. Y le otorgó igualmente
aquellas otras cosas que Salomón no había pe-
dido, riquezas y gloria, prosperidad, esplendor y
fama. Sus días tampoco serán escasos: si el rey
se conduce en la presencia de Yahvé, guardan-
do sus mandamientos, su existencia será pro-
longada, dilatada.
Salomón despertó, regresó a Jerusalén y ofre-
ció holocaustos y sacrificios ante el arca de la
alianza. Pero pronto le fue preciso poner en prác-
tica los dones con los que había sido distingui-
do por Dios. Sucedió que dos prostitutas acu-
dieron ante el rey para que dirimiera el conflicto
que había surgido entre ellas. El rey las escuchó:
la primera en hablar dijo que ambas convivían
bajo el mismo techo y habían dado a luz un hijo.
—Sin embargo –prosiguió la primera mujer–,
ésta es una descuidada. Una noche, acomodó a
su hijo en su lecho y se durmió sobre él. Cuando
se dio cuenta de que el niño estaba muerto, se le-
vantó y lo cambió por el mío, aprovechando que
una dormía. Quiso engañarme, pero no lo consi-
guió: por la mañana, cuando fui a dar de mamar
a mi hijo encontré a un niño muerto, pero no tar-
dé en darme cuenta de que ése no era mi hijo.
En cuanto terminó de hablar la primera mujer,
la segunda la contradijo y reclamó como hijo
suyo al niño vivo. Con ello, se entabló una en-
256 conada discusión en presencia del rey.
11 Cuentos.qxd 14/3/06 15:17 Página 257

Al fin, Salomón, que había guardado silencio


hasta el momento, levantó la voz, pidió una es-
pada y ordenó que el niño vivo fuera cortado en
dos y que se entregara la mitad a cada una de
las reclamantes.
Por un momento, la sorpresa paralizó a los pre-
sentes y las dos mujeres quedaron mudas, per-
plejas ante la mirada escrutadora del rey. En
cuanto se sobrepusieron, habló la auténtica ma-
dre del niño vivo: el tono de su voz delataba la
sacudida que había sufrido en su interior al es-
cuchar las palabras del rey. Balbuceante, teme- 4
Aunque
Salomón
rosa, desencajada, rogó al monarca que respeta- aparece como
ra la vida del niño y lo entregara a la otra mujer; modelo de
ella renunciaba definitivamente a él y jamás vol- sabiduría en la
vería a reclamarlo. La otra, sin embargo, no dio literatura judía
y musulmana
muestras de conmoción; el dolor no apareció por posterior, e
su rostro: incluso se le
—No habrá niño para nadie –se limitó a decir. atribuye la
autoría del
Pero Salomón sentenció la disputa ordenando Libro de los
que no tocaran al niño y que lo entregaran a la Proverbios en el
mujer balbuceante y llorosa que había mostrado Antiguo
Testamento, lo
su disposición a perderlo con tal de salvarle la cierto es que en
vida. su época (siglo X
La sentencia del rey se conoció con rapidez en a.C.) se
desarrolla en
todos los rincones de Israel e hizo crecer la es- Israel con
tima y el respeto hacia la figura de Salomón, pues notable vigor la
los israelitas reconocieron en él un don divino literatura
sapiencial, una
para hacer justicia. Desde entonces la fama de amplia
su sabiduría, que empequeñecía la de Egipto y meditación
no hallaba con qué compararse en todo Orien- sobre la
existencia que
te, no dejó de extenderse entre todos los pue- integra la
blos vecinos: pronunció parábolas, compuso pro- observación, la
verbios y cánticos, disertó sobre las plantas, los experiencia
cuadrúpedos, las aves, los reptiles y los peces. acumulada de
siglos y la
Tal fue su sapiencia que de todos los pueblos de reflexión
la Tierra venían a oír la sabiduría del rey4. personal.
Pero la mente del hombre sabio albergaba tam-
bién otros proyectos. En el cuarto año de su rei- 257
11 Cuentos.qxd 14/3/06 15:17 Página 258

nado, Salomón emprendió la construcción de la


casa de Yahvé, el gran Templo del Dios de Is-
rael. Para ello, ordenó una leva de treinta mil
hombres en todo el reino y pactó con el rey de
5
Tiro: ciudad Tiro5 la entrega de toda la madera de cedro y ci-
fenicia junto al prés que fuera necesaria a cambio de trigo y oli-
Mediterráneo,
situada en el va molida. Quiso también el rey que grandes pie-
territorio que dras de sillería constituyeran los cimientos del
ocupa Templo.
actualmente el
sur del Líbano. La casa que edificó Salomón a Yahvé tenía se-
senta codos6 de largo, veinte de ancho y veinti-
6
codo: medida cinco de alto. Se trataba de una construcción alar-
cuya referencia
era la distancia
gada, formada por tres estancias sucesivas: el
comprendida Ulam o vestíbulo; el Hekal, la gran sala del cul-
entre el codo y to; y el Debir, la cámara sagrada, el Santo de los
la extremidad
de la mano.
Santos, lugar destinado al arca de la alianza. Una
galería con habitaciones rodeaba el Hekal y el
Debir. En el interior, revistió los muros del Tem-
plo con planchas de cedro; desde el suelo hasta
el techo todo era cedro, no se veía la piedra. El
Debir quedó revestido de oro fino y ante él le-
vantó un altar de cedro, también recubierto de
oro. Finalmente, en los muros y puertas esculpió
7
querubín: ser querubines7, palmeras y capullos abiertos, todo
celeste alado. recubierto de oro.
De condición
semianimal, Siete años tardó Salomón en la construcción
pertenece a una del templo: en el cuarto año de su reinado se pu-
de las nueve sieron los cimientos y en el undécimo estaba
clases de
ángeles
concluida la casa de Yahvé. Terminada su obra,
existentes en la el rey ordenó llevar al templo todo lo que había
tradición judía. consagrado David, su padre, así como otros ob-
jetos de plata, oro y bronce. Sólo quedaba tras-
ladar el arca de la alianza. Para ello, reunió en
Jerusalén a todos los ancianos de Israel. En una
ceremonia solemne, el arca fue llevada por los
sacerdotes y depositada en el Santo de los San-
tos, bajo las alas de los querubines. En su inte-
rior se guardaban las dos tablas de piedra que
258 Moisés recibió en el Horeb.
11 Cuentos.qxd 14/3/06 15:17 Página 259

En cuanto los sacerdotes salieron del Debir, la


nube ocupó el templo, la gloria de Yahvé llenó
la casa.
Observando todo aquello, Salomón se dirigió
a la asamblea de Israel en estos términos:
—He querido construir esta morada a Yahvé
para que habite eternamente.
Después, en presencia de todos, ante el altar
de Dios, extendió las manos al cielo y oró di-
ciendo:
—Yahvé, tú que guardas la alianza y el amor a
quienes caminan en tu presencia, no olvides la
promesa que hiciste a tu siervo David y asegura
la permanencia en el trono de Israel de quienes
cumplen tus preceptos y guardan tus mandatos.
Dios de Israel, atiende a la plegaria de tu siervo:
que tus ojos estén fijos día y noche en esta casa,
morada de tu Nombre. Escucha la plegaria de tu
siervo y de tu pueblo Israel cuando oren en este
lugar, escucha desde los cielos y perdona: cuan-
do un hombre peque contra su prójimo y éste
pronuncie una maldición sobre aquél, escucha y
juzga a tus siervos; cuando tu pueblo Israel cai-
ga ante sus enemigos por haber pecado contra
ti, si se vuelven a ti y alaban tu Nombre en esta
casa, escúchalos y perdona el pecado de tu pue-
blo; cuando los cielos estén cerrados y no llue-
va porque pecaron contra ti, si se convierten de
su pecado y oran en este lugar, escúchalos, per-
dona su pecado y envía la lluvia sobre tu tierra;
cuando haya hambre en el país, peste, parásitos,
langosta o pulgón, en todo castigo y en toda tribu-
lación, si un hombre con dolor y arrepentimien-
to en su corazón eleva su plegaria y extiende sus
manos hacia esta casa, tú, que conoces el cora-
zón de los hombres, escucha desde los cielos y
perdona. No olvides al extranjero en medio de
tu pueblo Israel, el que viene de un país lejano
a orar a esta casa, escúchalo y haz según lo que 259
11 Cuentos.qxd 14/3/06 15:17 Página 260

te pida, para que todos los pueblos de la Tierra


conozcan tu Nombre y te teman como tu pue-
blo Israel. Si tu pueblo va a la guerra contra su
enemigo y suplica a Yahvé, vueltos sus guerre-
ros a la ciudad que has elegido y hacia esta casa
que yo he construido para tu Nombre, escucha
desde los cielos su plegaria y hazles justicia;
cuando pequen contra ti y los entregues al ene-
migo, y sean deportados a tierras extrañas, si se
convierten en su corazón en el país al que ha-
yan sido llevados, si se vuelven a ti y te suplican
vueltos hacia la tierra que tú diste a sus padres
y hacia la ciudad que has elegido y hacia la casa
que he edificado a tu Nombre, escucha y per-
dona a tu pueblo que ha pecado contra ti, y con-
cédeles que hallen compasión entre quienes los
custodian en el lugar de su destierro, porque son
tu pueblo y tu heredad, el que sacaste de Egip-
to, el que separaste para ti como herencia tuya
de entre todos los pueblos de la Tierra. Que tus
ojos, Yahvé, estén abiertos a las súplicas de tu
siervo y de tu pueblo Israel para escuchar todos
sus clamores hacia ti.
Concluidos los sacrificios y la dedicación del
templo a Yahvé, éste se apareció por segunda
vez a Salomón y le dijo:
—He escuchado la súplica que me has dirigi-
do. He santificado esta casa que me has cons-
truido, habitaré en ella y mis ojos y mi corazón
estarán siempre pendientes de ella. En cuanto a
ti, mantén un corazón recto y justo, actúa según
los preceptos y mandatos de la ley de Moisés,
como lo hizo tu padre David, y tu descendencia
se afianzará en el trono de Israel para siempre.
Todo queda en vuestras manos: en las de tu pue-
blo y tus descendientes; si ellos abandonan mis
mandamientos, olvidan mis decretos, y prefieren
servir a otros dioses postrándose ante ellos y ado-
260 rándolos, entonces no tendré nada que ver con
11 Cuentos.qxd 14/3/06 15:17 Página 261

este pueblo ni con esta casa. Arrojaré a Israel


de esta tierra que le he dado y quienes pronun-
8
cien su nombre lo harán como motivo de burla Esión
Gueber: puerto
e irrisión. Abandonaré esta casa consagrada a mi marítimo
Nombre y quienes pasen ante ella sabrán cómo utilizado por
actuó Yahvé con quienes abandonaron a su Dios, Salomón, con
salida al golfo
el que sacó a sus padres de la tierra de Egipto, de Ácaba.
para seguir a otros dioses, postrarse ante ellos y
9
servirlos. Ofir: región
rica en oro
En el plazo de veinte años Salomón no sólo situada en la
edificó la casa de Yahvé, también construyó una costa occidental
casa para el rey. Siete años había tardado en le- de Arabia.
vantar la primera, y empleó otros trece en poner 10
La reina de
en pie la segunda. Su palacio medía cien codos Saba (llamada
de longitud, cincuenta de anchura y treinta de Bilquis en la
tradición
altura. Finalmente, el rey sabio ordenó la cons- islámica) pudo
trucción de una flota junto a Esión Gueber 8, en hacer el viaje,
Edom, para establecer redes comerciales y de su- sobre todo, por
ministro de bienes. Sus naves llegaron a Ofir 9, razones
diplomáticas y
región rica en oro, desde donde comenzaron a comerciales:
recibir cada año envíos que multiplicaron la ri- Salomón
queza del rey. Para estas obras, así como para la controlaba en
Transjordania
edificación de murallas, el rey estableció levas las rutas de las
forzosas, un procedimiento que obligaba a todos caravanas que
los súbditos a trabajar en las construcciones del unían Arabia
con Siria y
rey sin percibir salario. El rey David aplicó este Egipto. El reino
sistema a los prisioneros de guerra, pero Salo- de Saba
món lo extendió a todos los israelitas. (situado en el
actual Yemen)
La fama de Salomón llegó a oídos de la reina llegó a ser uno
de Saba10, un territorio situado al sudoeste de la de los más
península arábiga. Movida por la curiosidad, y poderosos del
sur de Arabia,
por el interés en establecer relaciones comerciales, con colonias
la soberana acudió a Jerusalén con aromas, oro establecidas a lo
y piedras preciosas. Quería examinar la sabiduría largo de las
del rey con enigmas, pero no hubo acertijo, adi- rutas
comerciales que
vinanza ni problema que el rey no resolviese. se dirigían
Conoció entonces toda la sabiduría de Salomón hacia Palestina.
y todo el esplendor de su riqueza: la suntuosi-
dad del palacio que había edificado, la exquisi- 261
11 Cuentos.qxd 14/3/06 15:17 Página 262

tez de los manjares que se servían en su mesa,


el lujo y la elegancia de los ropajes que vestían
sus ministros, y la abundancia de los holocaus-
tos que ofrecía en el templo de Yahvé. Deslum-
brada ante tanto brillo, sorprendida por la gran-
deza de lo que contemplaban sus ojos, la reina
dijo a Salomón:
—Mucho había oído hablar de tu sabiduría y
tu riqueza, pero nada de cuanto me habían con-
tado se acerca a la realidad. Jamás creí que pu-
diera escuchar palabras como las que salen de
tu boca ni conocer prosperidad tan floreciente
como la que me has mostrado. Que Yahvé, tu
Dios, el que te ha asentado en el trono de Israel
y lo ha reservado a tu linaje para siempre, no
aparte sus ojos de ti para que administres el de-
recho e impartas justicia con rectitud.
La reina de Saba regresó a su país dejando a
Salomón gran cantidad de oro, aromas y piedras
preciosas.
La riqueza del rey no dejó de crecer. A ella se
añadían los presentes de todo tipo que dejaban
quienes venían a conocerlo y a escuchar las pa-
11
labras de sabiduría que Yahvé había puesto en
Sidón: puerto
y ciudad de la
su corazón y en sus labios.
antigua Pero no todo fue luz y esplendor en el reina-
Fenicia, junto do de Salomón*. Muchas fueron las mujeres ex-
al Mediterráneo. tranjeras amadas por el sabio: puso sus ojos en
Hoy pertenece al
sudoeste del las moabitas, ammonitas, edomitas, sidonias11 e hi-
Líbano. titas, hasta llenar su palacio de princesas y con-

* Hasta este momento, el texto ha cantado las grandezas de


Salomón: la prosperidad, fruto de la abundante actividad
comercial y del control del tráfico de las caravanas, la cons-
trucción del palacio y el templo, y el desarrollo cultural. Lle-
gan ahora las sombras, apuntadas ya en el relato, tanto en
el proceso de sucesión de David como en el coste social
que supuso la leva para la edificación de las obras reales.
Sin embargo, una de esas sombras destaca especialmente,
262 un pecado sobre el resto: la idolatría.
11 Cuentos.qxd 14/3/06 15:17 Página 263

cubinas. Obnubilado por el amor, ofuscado por


sus sentimientos, su sabio corazón olvidó pron-
to las advertencias de Yahvé, que había preve-
nido a su pueblo de los riesgos de unirse con
pueblos extranjeros. Lo que nadie esperaba en
Israel es que los avisos de Dios fueran a cum-
plirse precisamente en la persona del rey, pro-
digio de sabiduría y conocimiento, modelo de
prudencia, faro de justicia y rectitud de corazón.
Así fue, sin embargo: empujado por el amor, el
rey dejó que aquellas mujeres arrastraran su co-
razón hacia sus dioses. En su ancianidad, el sa-
bio Salomón adoró a Astarté, diosa de los sido-
nios; el prudente sirvió a Moloc, monstruo de los
ammonitas; el justo edificó un altar a Kemós 12, 12
Kemós,
abominación de Moab; el faro se unió a sus mu- Moloc (o
Molek):
jeres para quemar incienso y ofrecer sacrificios a divinidades
estos dioses, y su corazón dejó de pertenecer a cananeas,
Yahvé, el Dios grande y poderoso que se le había adoradas por
los ammonitas y
aparecido dos veces y le había otorgado dones y moabitas. El
riquezas como a ningún otro rey en la Tierra. culto de Moloc
En Israel se levantaron santuarios paganos, que exigía
sacrificios
fueron confiados al cuidado de las mujeres del humanos,
rey y a los que se acercaban muchos comer- ordalías de
ciantes. Un espectáculo que acabó de enfurecer fuego y
automutilaciones.
a Yahvé contra Salomón. Irritado, enojado al con-
templar cómo aquel hombre se había apartado
de él, Yahvé descargó toda su ira contra el vás-
tago de Betsabé: no podía ser que el hijo y he-
redero de David hubiera caído en semejante in-
dignidad. ¿Acaso los años habían deteriorado su
memoria hasta lograr que olvidara los consejos
que recibió de su padre? ¿Cuándo había aconse-
jado David a su hijo que abriera su corazón a los
dioses de pueblos extraños, que les diera culto,
quemara incienso e hiciera sacrificios en su ho-
nor? ¿En qué ocasión le recomendó que edifica-
ra santuarios a esos dioses, precisamente Salo-
món, el que estaba llamado a edificar un gran 263
11 Cuentos.qxd 14/3/06 15:17 Página 264

templo en honor a Yahvé para que habitara en


él para siempre? Antes bien, ¿no había apremia-
do a su hijo para que guardara la alianza y vi-
viera de acuerdo con sus preceptos y mandatos?
Decidido a castigar la actitud de Salomón, Yah-
vé determinó desposeerlo del reino, pero, re-
cordando a David, se abstuvo de hacerlo en vida
de su hijo y aplazó la ejecución de su sentencia
hasta que reinara el hijo de Salomón. En cambio,
fortaleció a sus enemigos.
Los adversarios de Salomón se hicieron fuertes
en Edom y Damasco. Pero también en su ámbi-
to más cercano conoció el rey a sus enemigos:
había confiado en Jeroboam, un efraimita, para
que dirigiera la leva de la casa de José en los tra-
bajos de construcción de un terraplén contra la
colina rocosa en que se asientan el palacio y el
Templo. El efraimita supo, por boca del profeta
Ajías, que Yahvé se había apartado de Salomón,
y que iba a dividir el reino para dar un escar-
miento al linaje de David, al que sólo dejaría una
de las tribus. Ese día, escuchando a Ajías, supo
Jeroboam que Yahvé le entregaría las otras diez
tribus si actuaba con rectitud ante él.
Sabedor del peligro que entrañaba el efraimi-
ta, Salomón intentó matarlo, pero Jeroboam huyó
a Egipto y permaneció allí hasta la muerte del
rey. Cuando ésta se produjo, después de reinar
cuarenta años sobre todo Israel, su hijo Roboam
ocupó su lugar.
En Siquem, donde se habían reunido las tribus
de Israel para proclamar rey a Roboam, el hijo
de Salomón pudo conocer el descontento que
las decisiones de su padre habían producido en
gran parte de la población, especialmente en las
tribus del norte, que siempre se habían conside-
rado peor tratadas por el sabio en relación con
las de Judá. Con todo, estaban dispuestos a pres-
264 tar su apoyo a Roboam, a reconocer al nuevo
11 Cuentos.qxd 14/3/06 15:17 Página 265

rey, pero querían garantías de un trato justo y


digno, de que no les serían impuestos nuevas
cargas y trabajos. El rey los escuchó y los citó
para dentro de tres días, tiempo que dedicó a pe-
dir consejo.
Convocó en primer lugar a los ancianos que
habían prestado servicio a su padre. Éstos le re-
comendaron mantener buenas relaciones con el
pueblo, hacerse cercano y amable; si quería man-
tener el reino unido, como había sucedido en
vida de David y Salomón, no debía enfrentarse
a los israelitas del norte ni reproducir algunos
comportamientos de su padre. Insatisfecho con
lo que acababa de oír, llamó también a un gru-
po de jóvenes, compañeros suyos, gente inex-
perta e inconsciente que había crecido junto a
él. Estos amigos le aconsejaron que no admitie-
ra imposiciones de nadie: él, Roboam, era el rey
y nadie sino él mismo debía establecer las con-
diciones en que iba a ejercer su poder; nadie te-
nía autoridad sobre el rey para decirle cómo tenía
que tratar a su pueblo. ¡Autoridad! Ésa era la pa-
labra. El rey debía mostrar su autoridad y su po-
der, así como su deter minación de no permitir
que esas facultades suyas fuesen puestas en en-
tredicho.
Al tercer día, según lo convenido, el rey reci-
bió al pueblo y habló en tér minos muy pareci-
dos a los que había escuchado a sus amigos:
—Ya sé que mi padre os impuso un pesado
yugo, una dura servidumbre, pero no esperéis
de mí que escuche vuestras quejas ni que alivie
vuestra carga. Si es preciso, la haré aun más pe-
sada.
Las palabras del rey produjeron un efecto ful-
minante entre los israelitas: ¿qué tenemos que
ver nosotros con David y con su casa? ¡A tus tien-
das, Israel! El grito que resonó en Siquem signi-
ficaba la ruptura de Israel, la definitiva división 265
11 Cuentos.qxd 14/3/06 15:17 Página 266

del reino. Las tribus del norte consumaban la se-


paración política y religiosa de la casa de David.
En adelante, Roboam gobernaría sobre los is-
raelitas que vivían en las ciudades del sur, pues
en Judá habían reconocido como rey al hijo de
Salomón, pero no sobre las ciudades del norte.
Ya no habría más levas, se acabaron los recluta-
mientos forzosos para trabajar en las obras del
rey. A Roboam y su séquito no les quedó otra
opción que abandonar apresuradamente Siquem
para no convertirse en blanco de la ira de las tri-
bus del norte*.
Quien se había desplazado a Siquem con la
pretensión de ser reconocido rey sobre todas las
tribus de Israel regresaba sólo como rey de Judá
(tribu que había absorbido a la de Simeón) y con
el reino dividido entre el norte y el sur, entre Is-
rael y Judá. Sin embargo, nada tenía que ver en
todo aquello la inexperiencia del rey, ni su tor-
peza al desoír el consejo sensato de los ancianos
y escuchar el de sus jóvenes amigos. Todo ocu-
rría para que se cumpliera la voluntad de Yahvé,
tal como la había expresado el profeta Ajías. Dios
castigaba en el hijo la culpa del padre: Yahvé
arrebataba la mayor parte del reino al linaje de
David como escarmiento por el pecado cometi-
do por Salomón. De esta manera corregía con ri-
gor la actitud de quien había defraudado la con-
fianza depositada en él y no se había hecho
digno merecedor de los dones y bienes recibi-

* La actitud de Roboam colma el vaso de la paciencia de las


tribus del norte, hartas de los abusos de Salomón. Quienes
sólo pedían ver suavizadas sus condiciones de vida en-
cuentran una respuesta torpe a sus reivindicaciones. El re-
sultado es la definitiva división del reino (931 a.C.), la dé-
bil unión que forjó David y que Salomón condujo hacia la
ruptura. En adelante, el texto alternará las alusiones y refe-
rencias a los reyes del norte (Israel) y del sur (Judá), hasta
266 su desaparición.
11 Cuentos.qxd 14/3/06 15:17 Página 267

dos. Si Salomón escapó al castigo, si no conoció


en vida el doloroso episodio de la división de su
reino, no fue gracias a sus méritos, sino a los de
su padre, cuya memoria pesó en el ánimo de
Yahvé cuando se decidió a reprender a la dinas-
tía de David.
Jeroboam regresó de Egipto, y, tal como había
prometido Yahvé, fue proclamado rey sobre Is-
rael13. De inmediato, se instaló en Siquem y se 13
Sobre el Reino
apresuró a fortificar las ciudades del norte. Ro- Norte, una vez
consumada la
boam, por su parte, se resistía a soportar la nue- división política.
va situación. Obsesionado por recuperar lo que
había perdido, organizó un ejército para enfren-
tarse a Israel. Sin embargo, antes de que estalla-
ra el enfrentamiento entre ambos reinos, Yahvé
intervino para disuadir de sus planes a Roboam.
Un enviado de Dios hizo ver al rey y a las gen-
tes de Judá que nada se arreglaría lanzándose al
combate contra los israelitas del norte; era pre-
ciso dejar actuar a Yahvé. Y así sucedió.
A pesar de la división del reino, los israelitas
del norte continuaban acudiendo a Jerusalén a
ofrecer sacrificios en el templo de Yahvé. El rey
observó este peregrinaje y temió que se convir-
tiera en la excusa que necesitaba su pueblo para
volver a servir al rey de Judá. Por ello, prohibió
al pueblo que volviera a Jerusalén: no habría más
sacrificios en la casa de Yahvé, ni más ofrendas,
a pesar de que estuviera allí el arca de la alian-
za. A cambio, hizo dos becerros de oro y los co-
locó en los santuarios de Betel y Dan. Como no
tenía sacerdotes, los escogió de entre el pueblo
(no de la tribu de Leví), instituyó fiestas y ofre-
ció sacrificios a los becerros*.

* A la ruptura política sigue la religiosa: aunque Jeroboam no


pretendía que el pueblo adorara a otro dios, cambia los sím-
bolos que representan la presencia de Yahvé (en lugar del
arca, los becerros; en lugar del templo de Jerusalén, los an- 267
11 Cuentos.qxd 14/3/06 15:17 Página 268

La actitud de Jeroboam no pasó desapercibida


para Yahvé. En Betel, cuando el rey se hallaba
en pie dispuesto a quemar incienso sobre el al-
tar, una voz se alzó de entre la multitud para
anunciar el derrumbamiento del altar y el verti-
do de la ceniza que había sobre él. Así ocurrió,
pero ni siquiera este aviso logró que Jeroboam
rectificara su mal camino: a todo el que se lo pe-
día lo investía sacerdote de sus santuarios. Con
ello, la casa de Jeroboam cayó en pecado, y ésa
fue la causa de su desaparición en Israel.
Todo comenzó con la enfermedad de Abías,
hijo de Jeroboam. Temeroso de la suerte de su hijo,
el rey envió a su mujer a consultar al anciano
profeta Ajías, el mismo que un día le anunció
que, si actuaba con rectitud, Yahvé le entregaría
las diez tribus que iba a separar de la casa de Da-
vid. Ahora, sin embargo, las palabras de Ajías
fueron muy distintas. La mujer escuchó palabras
de cólera, castigo y exter minio. Cólera porque
Jeroboam había traído a su pueblo la idolatría,
fundiendo imágenes de dioses falsos que no re-
presentaban a Yahvé; castigo porque no queda-
rá con vida ni un varón de la casa de Jeroboam,
y ni siquiera habrá sepultura para ellos; exter-
minio porque su nombre y su casa serán borra-
dos de Israel. Pero también a los israelitas al-
canzará el castigo por el pecado de Jeroboam:
Yahvé los expulsará de esta tierra que dio a sus
antepasados; por los pecados que Jeroboam co-
metió e hizo cometer a Israel, otro pueblo ocu-
pará este país y los deportará al otro lado del río.
Cuando la mujer regresó junto al rey, el niño ha-
bía muerto.

tiguos santuarios de Betel y Dan). Sin embargo, y al margen


de que coincidan con los del dios Baal, el autor bíblico in-
terpreta que Jeroboam abre la puerta a la idolatría, actitud
268 que designa una y otra vez como el pecado de Jeroboam.
11 Cuentos.qxd 14/3/06 15:17 Página 269

Roboam reinó en Judá durante diecisiete años.


Pero también allí llegó la idolatría: construyeron
altos y estelas en las colinas elevadas y bajo los
árboles frondosos, y practicaron todas las abo-
minaciones de los pueblos que Yahvé había ex-
pulsado ante los israelitas.
El pecado de Jeroboam no murió con él, al
igual que la idolatría no desapareció de Judá
cuando se acabaron los días de Roboam. Conti-
nuó con sus sucesores; sólo Asá, en Judá, se atre-
vió a derribar los ídolos.
En Israel se cumplió la palabra de Yahvé: el rey
Basá exterminó a toda la casa de Jeroboam. Pero
en adelante el reino conoció una sucesión de tra-
mas, usurpaciones, conspiraciones y asesinatos.
Las hostilidades se mantuvieron entre Israel y
Judá después de Jeroboam y Roboam. En Judá
los reyes buscaron apoyos y alianzas en el ex- 14
Basá reinó en
tranjero con los que fortalecer su posición ante Israel entre los
años 909-886
el enemigo. Así lo hizo el rey Asá con el rey de a.C.; Asá lo hizo
Aram, en Damasco14. en Judá (911-
El corazón de los reyes había dejado de perte- 870 a.C.). Tales
apoyos nunca
necer a Yahvé. Lejano, prácticamente olvidado, serán
quedaba el ejemplo de David, quien, salvo en lo desinteresados,
sucedido con Urías, se mantuvo fiel a los pre- especialmente
cuando se trata
ceptos divinos. Después, Salomón se dejó sedu- de las grandes
cir por otros dioses, al igual que su hijo Roboam, potencias
y Jeroboam, en Israel, abrió de par en par las mesopotámicas
(Asiria,
puertas a la idolatría. Desde entonces, el culto a Babilonia), que
los falsos dioses se extendía sin cesar . Pero fue serán decisivas
el rey Ajab de Israel el que colmó la paciencia en la
de Yahvé: tras tomar como mujer a Jezabel, hija desaparición de
Israel y Judá.
del rey de Sidón, erigió un santuario y un altar a
Baal, el dios cananeo de la fecundidad, en Sa- 15
Tisbé:
maria, la ciudad que su padre había construido localidad de la
región
en la montaña del mismo nombre. transjordana de
En esos tiempos de idolatría e injusticia, Y ah- Galaad.
vé llamó a Elías, de Tisbé15 de Galaad, un hombre
acostumbrado a la vida en el desierto, familiari- 269
11 Cuentos.qxd 14/3/06 15:17 Página 270

zado con las cuevas de las montañas, con la pre-


cariedad de los refugios y las grietas en los arro-
yos. Su indumentaria se reducía a una faja de piel
ceñida a la cintura y un manto de pelo. Este
hombre, cuyo estilo de vida riguroso y mortifi-
cado significaba en sí mismo una protesta con-
tra el lujo y la corrupción de su tiempo, fue el
elegido por Dios para anunciar a Israel el co-
mienzo del castigo por su apostasía: una gran se-
quía iba a consumir el país durante tres años.
Siguiendo instrucciones de Yahvé, Elías se ocul-
tó junto a un torrente, al este del Jordán. Allí dis-
ponía de agua y los cuervos lo alimentaban. Pero
pronto el torrente se secó, por lo que Yahvé en-
vió al profeta a Sidón, a una aldea llamada Sa-
repta, al cuidado de una viuda que allí vivía. La
mujer tenía un hijo.
Cuando encontró a la viuda, Elías le pidió agua
y un poco de pan, pero la mujer se apresuró a
declarar cuál era la estrechez en que vivían ella
y su hijo, y cómo, a causa del hambre, veían
acercarse el momento de la muerte: apenas un
puñado de harina en la tinaja y un poco de acei-
te en la orza era todo lo que contenía su des-
pensa. El profeta, sin embargo, la tranquilizó:
—No temas. No se acabará la harina en tu ti-
naja ni se agotará el aceite en la orza hasta el día
en que, por voluntad de Yahvé, la lluvia y el ro-
cío caigan de nuevo sobre la superficie de la Tie-
rra. Entra en tu casa, prepara una torta para mí
y tráemela, y luego la harás para ti y para tu hijo.
Aquel día comieron los tres y se cumplió la pa-
labra de Elías: a pesar de la escasez, la tinaja si-
guió conteniendo harina, y aceite la orza.
La veneración que la viuda de Sarepta sentía
por el profeta se convirtió repentinamente en te-
mor, el agradecimiento se tornó espanto cuando
la mujer vio a su hijo caer enfermo y morir. En-
270 tonces, volvió los ojos hacia Elías y lo increpó
11 Cuentos.qxd 14/3/06 15:17 Página 271

con amargura: él era el culpable de aquella des-


gracia, ¿a qué había venido a su casa? Su sola
presencia había bastado para que ella recordara
sus faltas, para que volviesen a la memoria sus
pecados; él había puesto al descubierto su debi-
lidad y atraído el castigo haciendo morir a su hijo.
Desconsolada, presa de un dolor inenarrable,
abrumada por una pena infinita, la mujer deseó
con todas sus fuerzas que aquel hombre aban-
donara de inmediato su casa. Sí, aquel intruso
los había librado de morir de hambre, pero in-
cluso eso era preferible a tener en sus brazos el
cuerpo inerte, exánime, de su hijo.
El profeta, sin embargo, no apartó la mirada de
la mujer. Se compadeció de su abatimiento y su
sufrimiento, soportó su recriminación y, al fin, se
acercó a ella, tomó al niño y lo subió a la habi-
tación que él ocupaba en la casa. Después, lo
acostó en el lecho, se tendió tres veces sobre él
y se dirigió a Yahvé: apeló a su misericordia, evo-
có su justicia y le pidió que insuflara aliento en
aquel cuerpo sin vida. El Dios de Abrahán y de
David, implacable con los inicuos pero compa-
sivo con sus fieles, no podía aumentar ahora el
sufrimiento de la mujer que lo hospedaba ha-
ciendo morir ante sus ojos a su hijo inocente.
Yahvé escuchó la súplica de Elías y devolvió la
vida al niño. El profeta lo tomó de nuevo entre
sus brazos, regresó junto a la madre y se lo en-
tregó. La viuda observó a su hijo y vio que esta-
ba vivo. Levantó entonces los ojos y el hombre
de Dios se encontró frente a un rostro transfigu-
rado, ante una mirada luminosa, de la que había
desaparecido el temor, donde no quedaba rastro
del reproche anterior. Con torpeza, balbucean-
do, la mujer acertó a decir:
—Verdaderamente eres un enviado de Dios.
Ahora estoy segura de que la palabra que Y ah-
vé pone en tus labios se cumple. 271
11 Cuentos.qxd 14/3/06 15:17 Página 272

Entre tanto, la sequía y el hambre causaban es-


tragos en el país, al igual que sucedía con los fal-
sos dioses. Por entonces, Yahvé determinó que
Elías fuera a visitar al rey Ajab, un hombre de ca-
rácter débil e indeciso, cuya voluntad estaba do-
minada por su mujer, Jezabel, la extranjera.
De camino hacia Samaria, Elías encontró a Ab-
días, hombre piadoso y temeroso de Dios, cuyo
corazón atribulado padecía al contemplar la ex-
tensión de la idolatría entre los israelitas. El rey
había cedido a los deseos de Jezabel de implan-
tar en Israel el culto a los falsos dioses y aban-
donar al Dios de Abrahán. Inducido por su es-
posa, había ordenado la ejecución de todos los
profetas de Yahvé. Y así habría sucedido si no
hubiera intervenido el bondadoso Abdías: po-
niendo en riesgo su propia vida, salvó a los que
pudo, los ocultó y alimentó. Y el más buscado
de todos no apareció. Los hombres del rey ras-
trearon el territorio en busca de Elías: inspec-
cionaron las ciudades, entraron en los pueblos y
aldeas, registraron las casas, vigilaron los cami-
nos, pero todo fue en balde. Ni rastro del hom-
bre al que se acusaba de la desgracia que des-
truía lentamente el país: su existencia era una
calamidad para aquella tierra, la ruina de Israel;
sin embargo, nadie lo había visto, ninguno co-
nocía su paradero ni qué orientación seguían sus
pasos.
Ahora, después de tanta búsqueda infructuo-
sa, Abdías no acababa de creer que tenía ante
sus ojos a Elías, el hombre más odiado por Je-
zabel. Además, el profeta le anunciaba su pro-
pósito de visitar al rey.
Y así fue: Elías se presentó ante el rey. Le re-
criminó haber abandonado al Dios de sus ante-
pasados y haberse entregado a la adoración de
Baal. Ésa era la causa de la desgracia que asola-
272 ba el país, pero había llegado el momento de
11 Cuentos.qxd 14/3/06 15:17 Página 273

que todos supieran en Israel quién era el único


y verdadero Dios. Y para que no quedaran du-
das al respecto era preciso que todo Israel se reu-
niera en el monte Carmelo16, donde se darían cita 16
monte
los cuatrocientos cincuenta profetas de Baal, ésos Carmelo: alto
situado al norte
que se sientan todos los días a la mesa de Jeza- de Israel, junto
bel, junto con el profeta de Yahvé. a la costa.
En el monte Carmelo, a la vista de todos, ten-
dría lugar un sacrificio: dos novillos sobre la leña,
sin fuego. Cada cual invocará a su Dios y el que
responda mediante el fuego, ése es el verdade-
ro Dios.
Todos se reunieron según lo acordado en el lu-
gar indicado por Elías. Los profetas de Baal pre-
pararon el novillo y la leña y comenzaron a in-
vocar a su Dios, acompañando con danzas las
invocaciones. Las plegarias dieron comienzo por
la mañana pero continuaban llegado el medio-
día sin haber recibido ninguna respuesta del in-
vocado. Viendo todo aquello, Elías no pudo re-
primir la risa y comenzó a burlarse de los profetas
de Baal. El gran dios debía de estar muy ocupa-
do, pendiente de sus negocios; quizá estuviese
de viaje, quizá descansando. El profeta de Yah-
vé comprendía la inquietud de sus colegas: no
era habitual que su dios se desentendiese de
ellos de aquella manera tan vergonzosa; proba-
blemente no gritaban lo suficiente, no danzaban
lo necesario.
Los profetas de Baal elevaron la intensidad de
sus voces y bailaron salvajemente, con desespe-
ración, hasta entrar en trance; muchos de ellos
hicieron correr su sangre, pero ni así lograron
que su dios se manifestara. Nadie respondió a
sus llamadas, nadie escuchó sus plegarias; entre
tanto, el novillo y la leña continuaban intactos.
Llegó entonces el turno de Elías. Convocó a
todo el pueblo y tomó doce piedras, como doce
eran los hijos de Jacob, y edificó con ellas un al- 273
11 Cuentos.qxd 14/3/06 15:17 Página 274

tar a Yahvé. Cavó una zanja alrededor del altar,


preparó la leña y colocó encima el novillo. Or-
denó después derramar agua sobre la víctima y
la leña: el agua corrió alrededor del altar y llenó
la zanja. Llegada la hora en que se presenta la
ofrenda de la tarde, Elías oró en voz alta:
—Yahvé, Dios de Abrahán, de Isaac y de Jacob,
que todo este pueblo conozca hoy quién es el Dios
verdadero, el único Dios de Israel al que muchos
han abandonado para entregarse a unos profetas
embaucadores y al culto de dioses falsos. Lo su-
cedido hoy prueba lo que digo. Responde, Yahvé,
a mi invocación para que se sepa que sólo tú eres
capaz de transformar el corazón de los hombres,
de volver justo al inicuo, sincero al mentiroso, ge-
neroso al mezquino, temeroso de ti al incrédulo.
Y Yahvé respondió. El fuego devoró la víctima,
consumió la leña y se detuvo en el agua de la
zanja. Al verlo, el pueblo quedó sobrecogido y
reconoció a Yahvé como su verdadero y único
Dios. Elías proclamó entonces el triunfo del Dios
de Abrahán, la victoria de Yahvé; no había sitio
en Israel para dioses extranjeros, para Baal ni
para ninguno de sus profetas, por lo que orde-
nó apresarlos a todos y ejecutarlos sin dilación.
Después, anunció al rey el fin de la sequía:
—Ya se oye el rumor de la lluvia –le dijo.
Las nubes oscurecieron el cielo y descargaron
una lluvia abundante sobre la tierra seca de Israel*.

* Al contrario que Natán, Elías no es un profeta de corte;


distanciado del rey (y enfrentado a él a menudo), su figu-
ra, que recuerda a la de Juan el Bautista en el Nuevo Testa-
mento, es la de un fustigador incansable del culto idolátrico
a Baal en Israel, culto que tiene su origen en el asentamiento
israelita en Palestina (entonces creen más adecuado a su
nueva condición de agricultores encomendarse al dios de
las lluvias y la fecundidad). La violencia de esta lucha en-
tre Baal y Yahvé conocerá otro episodio brutal con la re-
274 volución de Jehú.
11 Cuentos.qxd 14/3/06 15:17 Página 275

Pronto tuvo Jezabel noticias de cuanto había


hecho Elías y de la suerte que habían corrido los
profetas de Baal, a los que ella protegía. Llena
de rabia, juró vengarse del profeta de Yahvé y le
hizo llegar el mensaje de que tendría el mismo
final que los que habían muerto en el monte Car-
melo. Elías se vio obligado a huir para salvar la
vida. Se adentró en el desierto y anduvo cuarenta
días con sus noches hasta llegar al monte Horeb;
a lo largo del viaje, y después de agotadoras jor-
nadas de camino, el profeta se sintió desfallecer
y fue asistido por un ángel, que lo alimentó y le
dio de beber.
Al llegar al monte de Dios, el lugar donde Yah-
vé se había revelado a Moisés y había estableci-
do la alianza con su pueblo, Elías se retiró a una 17
Nótese la
cueva para descansar. Allí lo sorprendió la voz semejanza con
la revelación de
de Yahvé que lo llamaba y le preguntaba qué ha- Dios a Moisés.
cía en aquel lugar. Habló entonces un hombre El monte Horeb
debilitado y cansado, con el ánimo quebrantado pone en
relación a dos
y decaído, tocado por el desaliento: los israelitas figuras claves
se han apartado de los preceptos de tu alianza, del yahvismo:
han levantado altares a los dioses cananeos y Moisés y Elías
se han entregado a la idolatría, han quitado la vida (que volverán a
aparecer, ya en
a tus profetas y ahora buscan arrancarme la mía*. el Nuevo
De pie, fuera de la cueva, Elías esperó el paso Testamento, en
de Yahvé. Tras un violento huracán, la tierra tem- el episodio de la
transfiguración
bló y salió fuego de sus entrañas17. Al fin, el pro- de Jesucristo en
feta reconoció a Dios en el tenue susurro de una el monte Tabor).

* El viaje de Elías al Horeb tiene una enorme significación:


representa el regreso a las fuentes de la fe yahvista en tiem-
pos de idolatría. Cuando los cimientos del yahvismo expe-
rimentan una poderosa sacudida, Elías acude al lugar don-
de Dios acordó la alianza con su pueblo, donde se reveló
a Moisés y le entregó la ley. Cuando baje del monte, como a
Moisés, a Elías no le temblará la mano ante la idolatría: en
su afán de preservar las esencias de su fe, se convertirá en
un verdadero fuego purificador que devorará todo rastro
de culto a los ídolos. 275
11 Cuentos.qxd 14/3/06 15:17 Página 276

brisa. Cubierto el rostro con el manto, escuchó


cómo Yahvé le ordenaba regresar hacia el de-
sierto de Damasco, ungir a Jazael como rey en
18
Aram: Siria, Aram18, a Jehú en Israel, y llamar a Eliseo para
con capital en que continuara su tarea. Yahvé había hablado a
Damasco.
su profeta con la suavidad de la brisa pero su ac-
ción, como el fuego purificador, como vendaval
desatado, sacudirá las conciencias: Jazael ejecu-
tará el castigo, y quien escape de él caerá a ma-
nos de Jehú o de Eliseo. Sólo siete mil quedarán
libres de la pena, los israelitas que no se incli-
naron ante Baal, que no besaron su efigie ni par-
ticiparon en los sacrificios.
De camino hacia Damasco, Elías encontró a Eli-
seo, que tenía la mano en el arado. Pasando a
su lado, le echó encima el manto; Eliseo destru-
yó el yugo, sacrificó los bueyes y alimentó a su
familia con su carne; después, se despidió de sus
padres y siguió a Elías.
La maldad de Jezabel y del rey Ajab no cono-
cía límites. En la llanura de Y izreel, Ajab se ha-
bía encaprichado con una viña situada al lado de
su palacio. Deseando convertirla en un huerto,
se dirigió a su dueño, Nabot, y le pidió que se
la entregara a cambio de dinero o de otra viña
mejor. La respuesta de Nabot desconcertó al rey:
el israelita se negó en redondo a comerciar con
su viña. No podía desprenderse de la herencia
de sus padres, del patrimonio que le habían le-
gado sus antepasados, donde descansaban sus
restos, y le resultaba incomprensible que fuera
precisamente el rey quien le hubiera propuesto
semejante trato.
La negativa de Nabot desagradó y entristeció
al rey, pero no a su mujer. Una vez más, Jezabel
le reprochó su indecisión, su carácter pusiláni-
me y tibio. Tanto apocamiento, semejante falta
de ánimo y de valor eran impropios de un mo-
276 narca. ¿Acaso había olvidado que era él el rey de
11 Cuentos.qxd 14/3/06 15:17 Página 277

Israel? ¿Podía ejercer el poder un espíritu enco-


gido y arrugado, el mando un corazón acobar-
dado?
—¿Quieres la viña de Nabot? Y o te la daré
–concluyó Jezabel.
Y se puso manos a la obra. Como David para
deshacerse de Urías, urdió una trama para aca-
bar con la vida de Nabot. T omando como pre-
texto una desgracia pública, ordenó proclamar
un ayuno y convocar una reunión para averiguar
quién había pecado y había atraído con su con-
ducta aquella calamidad sobre el pueblo. Por car-
ta, dio instrucciones a los ancianos que debían
convocar al pueblo al ayuno para que, llegado
el día de la reunión, colocaran a Nabot en lugar
visible, a la cabeza del pueblo19. 19
Una
Aquel día, dos hombres sin escrúpulos al ser- desgracia
pública
vicio de Jezabel, se levantaron y acusaron al due- justificaba la
ño de la viña de haber pronunciado maldiciones convocatoria de
sobre Dios y sobre el rey. Ellos mismos declara- un acto de
penitencia y
ron haber sido testigos de las palabras de Na- oración para
bot20. Nadie puso en duda el testimonio de aque- aplacar la
llos dos hombres, y ninguno de los ancianos cólera divina y
averiguar quién
quiso conocer la razón que justificaba las órde- la había
nes recibidas de la reina. Y la ley se cumplió: Na- provocado.
bot fue apresado, conducido fuera de la ciudad
20
y apedreado hasta morir. Según la ley
mosaica, eran
En cuanto Jezabel tuvo conocimiento de la necesarios al
muerte de Nabot, dijo al rey: menos dos
—La viña es tuya. Nadie te impide ya que to- testigos para
escuchar una
mes posesión de ella y hagas lo que te convenga. acusación que
Tampoco el rey quiso saber cómo había ven- podía suponer
cido su mujer la resistencia del israelita. No hizo la muerte de un
hombre (véase
preguntas, no pidió explicaciones. Se limitó a capítulo IV,
apoderarse de la viña y empezó a pensar qué página 154).
hortalizas debía cultivar en ella.
Sin embargo, el asesinato de Nabot no pasó
desapercibido para Yahvé. Tal como sucedió con
Urías, Yahvé decidió intervenir para castigar a los 277
11 Cuentos.qxd 14/3/06 15:17 Página 278

culpables. En tiempos de David envió al profeta


Natán y ahora llamó a Elías y le ordenó acudir
de nuevo al encuentro de Ajab.
El profeta encontró al hortelano precisamente
en la viña, dedicado a las humildes tareas que
ocupaban ahora su espíritu. En cuanto lo vio,
Elías lo acusó de asesinato y apropiación de lo
que no era suyo. Jamás nadie había hecho tan-
to mal a su pueblo, por lo que no habría perdón
para él ni para su linaje: los perros que han la-
mido la sangre de Nabot lamerán también la del
rey, la de Jezabel y la de sus hijos; sus restos no
conocerán el descanso de la tumba como su di-
nastía no conocerá descendientes. El mismo Dios
que ha conservado la dinastía de David en Judá
erradicará para siempre de Israel el linaje de Ajab.
Las palabras de Elías dejaron mudo al rey. Su
conciencia herida despertó y, en un acceso de
dignidad, desgarró sus vestidos, ayunó y se vis-
tió de sayal, humillándose ante Yahvé. Dios re-
conoció el gesto de arrepentimiento y decidió
aplazar el castigo hasta el reinado del hijo de
Ajab. Sin embargo, en el curso de una batalla
contra los arameos, el rey de Israel cayó herido
derramando su sangre en el fondo del carro que
lo transportaba. Murió aquella misma tarde.
Lo sucedió su hijo Ocozías, quien siguió el ejem-
plo de sus padres y de Jeroboam. Su reinado ape-
nas duró dos años y murió sin hijos, por lo que ocu-
pó su lugar su hermano Joram. Entre tanto, en Judá
reinaba Josafat, hombre justo que actuó con recti-
tud ante Yahvé, aunque no extirpó por completo
la idolatría, pues el pueblo seguía quemando in-
cienso y ofreciendo sacrificios en los altozanos.
La desaparición de Elías fue tan misteriosa
como su aparición. Hallándose en Guilgal, el pro-
feta quiso ir a Betel, donde a él y a su discípulo
los recibió un grupo de profetas que vivían allí
278 en comunidad. Fueron éstos quienes avisaron a
11 Cuentos.qxd 14/3/06 15:17 Página 279

Eliseo de que la marcha de su maestro era inmi-


nente, si bien Eliseo les ordenó guardar silencio
al respecto:
—Yahvé lo arrebatará de tu presencia –le dije-
ron enigmáticamente.
Apenas llegar a Betel, Elías quiso ponerse en
camino nuevamente. Yahvé le ordenaba marchar
a Jericó. Allí, el grupo de profetas que los reci-
bió volvió a advertir a Eliseo de que Y ahvé re-
clamaba a Elías.
—Lo sé –contestó lacónicamente el discípulo.
Tampoco en Jericó se detuvo Elías. Impulsado
por Yahvé, siguió su marcha hacia el Jordán,
acompañado por Eliseo y los profetas. Al llegar
junto al río, Elías golpeó con su manto las aguas
y éstas se separaron permitiéndoles cruzar sobre
el lecho seco.
Cuando hubieron alcanzado la otra orilla, el
maestro se volvió hacia el discípulo y le confir-
mó que había llegado el momento de la separa-
ción. Eliseo pidió entonces al profeta el mismo
espíritu que Elías, recibir su herencia espiritual.
Por un momento, Elías guardó silencio. No era
aquélla una petición sencilla: no estaba en su
mano designar a quien había de sustituirlo (aun-
que sabía muy bien que Yahvé se había fijado
en Eliseo para que continuara su obra); era Dios,
y sólo él, quien escogía a sus profetas. Ambos
hablaban mientras caminaban hasta que, de
pronto, un carro de fuego separó a los dos hom-
bres y arrebató a Elías. T odo sucedió rápida-
mente pero Eliseo vio marchar a Elías hasta que
desapareció de su vista. Desde aquel día muchos
lo buscaron, pero nadie lo encontró.
Eliseo recogió el manto de Elías y golpeó con
él las aguas del Jordán; éstas se separaron de
nuevo y Eliseo atravesó el terreno seco del río.
Desde entonces, todos supieron que el espíritu
de Elías se hallaba ahora en Eliseo. 279
11 Cuentos.qxd 14/3/06 15:17 Página 280

Así lo entendió la mujer que de inmediato se


dirigió al nuevo profeta pidiendo su ayuda: su
marido, un hombre piadoso, había muerto y aho-
ra, sin recursos –apenas disponía de una orza de
aceite–, se veía obligada a pagar a su acreedor ,
un hombre desalmado que pretendía llevarse a
sus dos hijos como esclavos. Eliseo la tranquili-
zó. Le ordenó que reuniera cuantas vasijas pu-
diera y empezara a verter aceite en ellas; no que-
daría ninguna sin llenar. Y así ocurrió: ella y sus
hijos tuvieron aceite suficiente para llenar todas
las orzas que habían acumulado. La mujer mos-
tró su agradecimiento al profeta, y éste le dijo:
—Vende tu aceite. Podrás pagar a tu acreedor
y te sobrará para vivir tú y tus hijos.
La fama de Eliseo se iba extendiendo y nadie
dudaba de que se trataba de un verdadero hom-
bre de Dios. Lo acompañaba un sirviente llama-
do Guezají. En otra ocasión se hallaba de paso
21
Sunam: por Sunam21 cuando una de las mujeres impor-
localidad tantes de la ciudad insistió en que se quedara a
situada al norte
de Israel, en la comer. Aquella primera invitación se convirtió en
llanura de costumbre, por lo que la mujer decidió acondi-
Esdrelón, muy cionar para él una pequeña habitación en la
cerca de Yizreel.
terraza con todo lo necesario para descansar. Ob-
servando las atenciones y cuidados que le dis-
pensaban, el profeta envió a su sirviente a pre-
guntar a su anfitriona de qué modo podría
corresponder a tanta solicitud; incluso se atrevió
a sugerir que estaría dispuesto a intervenir en su
favor ante las autoridades. Pero la insinuación
desagradó a la sunamita que se apresuró a de-
clarar con orgullo que le bastaba con la protec-
ción de su clan y de su pueblo.
Fue entonces Guezají quien sugirió al profeta el
modo adecuado de compensar a aquella mujer:
—La señora no tiene hijos y la edad de su ma-
rido es avanzada –avisó discretamente el sir-
280 viente.
11 Cuentos.qxd 14/3/06 15:17 Página 281

Entonces Eliseo llamó enseguida a su anfitrio-


na y le anunció que dentro de un año estaría
abrazando a su hijo. Ella esbozó una sonrisa y
respondió que no era tiempo de hacerse ilusio-
nes; pero la palabra del profeta se cumplió. La
sunamita concibió y dio a luz un hijo.
El nacimiento del hijo llenó de gozo el cora-
zón de aquella familia. Pero la misma mujer que
lo llevó en su vientre lo vio morir sobre sus ro-
dillas. Llena de dolor, recordó la incredulidad con
que recibió el anuncio del profeta: siempre pen-
só que el tiempo de las ilusiones había pasado
para ella y que jamás abrazaría a un hijo suyo.
Pero la palabra del profeta fue más poderosa que
su escepticismo, y el anuncio se cumplió.
Con gesto decidido, la sunamita subió con el
niño a la habitación destinada a Eliseo, lo acos-
tó y cerró la puerta. Después, acompañada por
un criado, emprendió sin pérdida de tiempo la
marcha hacia el monte Carmelo. Cuando se en-
contró junto al profeta, se abrazó a sus pies y llo-
ró amargamente:
—He perdido al hijo de mis entrañas, el que
nació por la fuerza de tu palabra, no por la fir-
meza de mi fe. Pero, señor, jamás conocí tanto
dolor, en mi vida soporté tanta angustia. Habría
sido mejor que todo siguiera como antes: nunca
te pedí un hijo, ni te pedí nada; sólo te rogué que
no me hicieras vivir de ilusiones. Ahora he deja-
do al niño acostado en tu lecho y he acudido a
tu presencia: tu palabra me lo trajo una vez, a
pesar de mi incredulidad, y sólo tu palabra po-
drá devolvérmelo, y en ella confío.
Urgido por la madre del niño, Eliseo se puso
en camino, acompañado por la mujer y precedi-
do por Guezají, a quien confió su bastón para que
lo colocara sobre el rostro del niño. Cuando el
profeta llegó a la casa lo recibió su sirviente y le
anunció que el niño no había despertado. Eliseo 281
11 Cuentos.qxd 14/3/06 15:17 Página 282

entonces subió solo a la habitación, suplicó a Yah-


vé y se tendió sobre el niño: su boca sobre la boca
de él, sus ojos sobre los del niño, sus manos so-
bre las suyas. Siete veces repitió el hombre de
Dios aquel gesto, hasta que sintió que la sangre
de la criatura corría de nuevo por sus venas. La
vida ponía en movimiento los miembros inertes y
aumentaba la temperatura del cuerpo; al fin, el
muchacho estornudó y abrió los ojos. Como Elías
en Sarepta, Eliseo entregó al niño a su madre. Al
igual que aquella viuda, la sunamita no tenía du-
das de que la palabra del profeta se cumpliría. Se
postró a sus pies y salió con su hijo.
La palabra de Yahvé pronunciada por Eliseo se
cumplía. En otra ocasión, queriendo dar de co-
mer a cien hombres, le trajeron apenas veinte pa-
nes de cebada y un poco de grano. Aquellos ali-
mentos parecían escasos, pero no lo estimó así
el profeta: insistió en que fueran repartidos en-
tre la gente. Comieron todos y aún sobró.
El nombre del profeta de Samaria llegó tam-
bién a oídos del rey de Aram. Uno de sus hom-
bres más apreciados, Naamán, el jefe del ejérci-
to, estaba enfermo de lepra. Fue precisamente
una joven israelita, capturada por los arameos,
la que avisó de que sólo aquel samaritano podría
curar al poderoso general de su dolencia.
Un espléndido carro tirado por formidables ca-
ballos transportó al sirio hasta la casa de Eliseo.
Nadie lo esperaba en la entrada, ningún israelita
se detuvo a contemplar el soberbio carruaje que
delataba el poder y la riqueza de su dueño; tam-
poco el profeta salió a recibirlo, ni a invocar a su
Dios. En lugar de todo eso, apareció un sirvien-
te con la orden de que se lavara siete veces en el
río Jordán; después, quedaría limpio de la lepra.
Cuando escuchó aquellas palabras, la decep-
ción que embargaba al sirio se convirtió en irri-
282 tación: había sido tratado de manera poco ho-
11 Cuentos.qxd 14/3/06 15:17 Página 283

norable, indigna de su condición y del puesto


que ocupaba; el famoso profeta israelita ni si-
quiera se había dignado salir a recibirlo, acer-
carse a verlo, observar su enfermedad, tocar sus
llagas, frotar sus úlceras. Su situación, su enfer-
medad no habían merecido el interés de aquel
hombre de Dios, sólo su indiferencia más abso-
luta. Y ahora, en el colmo de la burla, le pres-
cribía siete baños en el Jordán. ¿Acaso no había
ríos en Damasco en los que bañarse, aguas en
Siria donde sumergirse, que para quedar curado
era necesario cubrirse con el agua del Jordán?
Enfurecido, el general sirio dio la orden a su
séquito de emprender inmediatamente el cami-
no de regreso. Fue necesario que sus servidores
emplearan toda su capacidad de persuasión para
convencerlo de que no dejara pasar aquella opor-
tunidad. Al fin, casi a regañadientes, aceptó su-
mergirse siete veces en las aguas del Jordán.
Cuando salió, su cuerpo estaba limpio, libre de
úlceras, a salvo de la lepra.
Naamán era otra persona cuando se presentó
ante Eliseo. Curado de la lepra y de su altivez re-
conoció que no había en toda la Tierra otro Dios
como el de Israel, el único al que daría culto en
adelante, a pesar de que tuviese que postrarse
en el templo de Rimmón 22 en compañía de su 22
Rimmón:
rey. Quiso también Naamán recompensar a Eli- divinidad
principal siria,
seo, ofrecerle presentes, pero éste no aceptó re- a la que se
galo alguno y lo despidió en paz. daba culto en
El desprendimiento de Eliseo excitó la avaricia Damasco bajo
el nombre de
de su sirviente. La riqueza del sirio no había pa- Hadad, dios de
sado desapercibida para Guezají, quien había ob- la tempestad.
servado la abundancia de sus bienes y la largueza
con la que estaba dispuesto a obsequiar a su se-
ñor. Cuando observó el desapego del profeta, su
desasimiento de los bienes, creyó llegado el mo-
mento de tomar para sí lo que aquél rechazaba.
Y partió tras el sirio. 283
11 Cuentos.qxd 14/3/06 15:17 Página 284

Mediante engaños, Guezají obtuvo de Naamán


dos talentos de plata y dos vestidos de fiesta, que
guardó cuidadosamente en su casa. Cuando es-
tuvo de vuelta, Eliseo quiso saber dónde había
estado. Como su sirviente no tuviera respuesta,
el profeta se decidió a castigar su codicia: ávido
de riquezas, le reprochó haber tomado el dine-
ro del sirio; para él la plata y cuanto pudiera ad-
quirir con ella, pero también sería para él y para
su descendencia la lepra de Naamán. Las llagas
habían aparecido en el cuerpo de Guezají cuan-
do se retiró de la presencia de Eliseo.
Joram, hijo de Ajab y Jezabel, reinaba en Israel
cuando Eliseo envió a un joven a ungir como rey
a Jehú. La unción se produjo de forma discreta,
en Ramot de Galaad, sin que el propio ungido
lo esperara. El enviado de Eliseo sorprendió a
Jehú reunido con otros mandos del ejército, lo
llevó a otra habitación, derramó aceite sobre su
cabeza declarándolo rey de Israel y huyó del lu-
gar. Desconcertado todavía, Jehú volvió junto a
sus acompañantes y les contó lo que le había su-
cedido; de inmediato, éstos lo reconocieron y
aclamaron como rey.
Desde aquel día, Jehú conspiró contra Joram.
Sabedor de que el rey había abandonado Ramot
23
Ramot de de Galaad 23, donde había sido herido defen-
Galaad: diendo la ciudad del ataque de los arameos, y se
localidad
transjordana en había retirado a Yizreel para recuperarse, deci-
la región dió dirigirse allí. También Ocozías, rey de Judá,
montañosa de había venido a visitar al enfermo.
Galaad, a
medio camino Joram y Ocozías se encontraban en la ciudad
entre los ríos cuando un centinela avisó de la llegada de un
Yabboq y numeroso grupo de gente. El rey, inquieto por
Yarmuk.
los rumores sobre lo sucedido en Galaad, orde-
nó que un jinete fuera a averiguar si los recién
llegados traían propósitos pacíficos, pero el men-
sajero no regresó. Un segundo emisario fue en-
284 viado a preguntar si eran de paz las intenciones
11 Cuentos.qxd 14/3/06 15:17 Página 285

de aquellos forasteros, pero tampoco éste volvió


junto al rey. Al fin, el centinela reconoció entre
los que se acercaban la figura de Jehú; por su
modo enloquecido de conducir el carro lo iden-
tificó. Entonces Joram se alarmó; agitado, orde-
nó que prepararan su carro, y tanto él como Oco-
zías salieron al encuentro de Jehú.
Cuando se hallaron frente a frente, rey ante rey,
Joram preguntó a Jehú si eran de paz los moti-
vos de su inesperada visita.
—¿Puede haber paz en esta tierra mientras con-
tinúan las perversiones de la gran ramera, tu ma-
dre Jezabel?
Por un momento, Joram quedó petrificado, in-
capaz de reaccionar ante el desafío que acababa
de escuchar. En su torpeza, no alcanzó a imagi-
nar que estuviera en marcha una conspiración
para acabar con él. Al fin, se dio la vuelta y huyó
a toda prisa gritando que había sido traicionado.
Pero era demasiado tarde: el arco se tensaba en
las manos de Jehú. La flecha se hundió en su
corazón y el rey se derrumbó, mientras el ca-
rro continuó su marcha, ahora sin rumbo. Tam-
bién Ocozías emprendió la huida, pero no tuvo
mejor suerte que Joram; herido, se refugió en
Meguiddó24, donde murió. Su cadáver fue lleva- 24
Meguiddó:
do a Jerusalén y enterrado allí; los restos de Jo- una de las
fortalezas
ram, sin embargo, no bajaron a la tumba: Jehú situadas en la
ordenó arrojarlos al campo de Nabot en Yizreel. zona occidental
Cuando Jehú entraba en la ciudad, una voz lo de la llanura de
Esdrelón, en la
llamó desde lo alto. Era Jezabel, altiva y arro- zona
gante, asomada a una ventana; conocedora de la montañosa del
muerte de su hijo, saludaba amablemente al ase- Carmelo,
encargadas de
sino, al nuevo señor de Israel. Alzando con fuer- defender el
za la voz, Jehú preguntó quién custodiaba a acceso desde la
aquella mujer, e inmediatamente asomaron la ca- costa al interior.
beza varios eunucos, a los que ordenó arrojarla
al exterior. Así concluyó sus días la mujer que
quiso imponer la idolatría en Israel; los muros de 285
11 Cuentos.qxd 14/3/06 15:17 Página 286

la ciudad quedaron manchados con su sangre.


Cuando quisieron darle sepultura, apenas halla-
25
De esta ron restos que enterrar25.
manera, se Tras la muerte de Jezabel, Jehú, decidido a
cumple la
maldición que cumplir las palabras que Yahvé pronunció con-
Elías pronunció tra la casa de Ajab por medio del profeta Elías,
sobre Ajab y su ordenó el exterminio de toda su descendencia:
familia tras el
asesinato de fueron degollados los hijos de Ajab y todos los
Nabot. miembros de su casa; parientes, familiares, sa-
cerdotes, ninguno quedó con vida. La purga al-
canzó también a los her manos de Ocozías que
vivían en Samaria.
Para concluir su obra, Jehú convocó en el tem-
plo de Baal a sus fieles, profetas y sacerdotes, para
un gran sacrificio. La reunión, una sagrada tram-
pa, fue anunciada en todos los rincones de Israel,
y ni uno sólo de los llamados faltó a la cita. El
templo rebosaba de devotos de Baal mientras Jehú
extremaba las precauciones exhortando a los pre-
sentes a que estuvieran atentos y vigilantes para
evitar que entre ellos se hubieran deslizado algu-
nos seguidores de Yahvé, gente indeseable que
nada tenía que hacer allí. Y procedió al sacrificio.
Concluida la ceremonia, y a una señal de Jehú,
un tropel de hombres armados irrumpió en el tem-
plo y masacró a los que se encontraban allí con-
gregados. A la matanza siguió la destrucción de
la estela y el altar y la demolición del templo. De
esta manera, Jehú arrancó de Israel el culto ido-
látrico a Baal. Yahvé reconoció su obra, pero tam-
poco él estuvo libre del pecado de Jeroboam. Su-
frió el ataque de los arameos y se vio obligado a
pagar tributo a Salmanasar III de Asiria. Cuando
murió, ocupó su lugar en Samaria su hijo Joacaz*.

* El autor bíblico no pronuncia un juicio claramente positi-


vo sobre la figura de Jehú: por un lado, aprueba el violen-
to exterminio de la familia de Ajab, el asesinato de Ocozías
286 y la matanza de los fieles de Baal; por otro, lamenta que
11 Cuentos.qxd 14/3/06 15:17 Página 287

Como una maldición, el pecado de Jeroboam


sobrevivía a los reyes de Israel: ni Joacaz ni su
hijo Joás se vieron libres de él. Puesto que todo
seguía igual, Yahvé entregó a los israelitas en ma-
nos de Jazael, el rey de Aram. Los sirios ocupa-
ron las fronteras de Israel en Transjordania y opri-
mieron al pueblo26. 26
Los sirios se
Fue Eliseo, mortalmente enfer mo ya, quien anexionaron la
región
anunció al rey Joás que Y ahvé había visto la transjordana de
opresión a que los sirios habían sometido a Is- Galaad.
rael durante el reinado de Joacaz y se había apia-
dado de su pueblo. A la muerte de Jazael, él y
su hijo Jeroboam II vencerían a los arameos y re-
cuperarían para Israel todas las ciudades que se
hallaban bajo dominio sirio. Aquélla fue la últi-
ma intervención de Eliseo antes de su muerte27. 27
La fuerza de
En Judá, la muerte del rey Ocozías fue apro- los arameos se
encontraba ya
vechada por su madre, Atalía, para usurpar el tro- muy
no y asesinar a toda la familia real. Sólo escapó disminuida al
a la muerte un niño, Joás, hijo del rey, a quien tener que
defenderse de
las acometidas
de los asirios.
Israel aprovechó
entonces para
recuperar el
territorio
perdido en
época de
Joacaz.

Relieve del Obelisco negro de Salmanasar III de Kalkhu (Nimrud).


El rey Jehú de Israel se prosterna ante Salmanasar III de Asiria.

continúen los becerros de oro en los santuarios (el pecado


de Jeroboam). Ni siquiera el cruel Jehú, cuyos métodos re-
probarán los profetas, ha erradicado por completo la ido-
latría en Israel. En conclusión: el mal permanece enquista-
do en el cuerpo social israelita y lo conducirá a una muerte
inevitable, a la destrucción. 287
11 Cuentos.qxd 14/3/06 15:17 Página 288

28
Es el pueblo una nodriza ocultó durante seis años en el tem-
de Judá, el plo de Yahvé. Transcurrido ese tiempo, la usur-
pueblo de la
tierra, guiado padora fue depuesta y asesinada, y destruido el
por el sumo templo de Baal en Judá 28. Joás ocupó el trono,
sacerdote, quien fue un rey justo y sirvió a Y ahvé, como sus su-
eleva a Joás al
trono y realiza cesores: Amasías, Ozías y Jotam. A la muerte de
una revolución Jotam, ocupó su lugar su hijo Ajaz.
yahvista similar Los reyes de Israel siguieron haciendo el mal
a la de Jehú en
el norte. a los ojos de Yahvé. Reinaba Menajem cuando
los asirios, pueblo belicoso y cruel, irrumpieron
29
Teglatfalasar en el país. Teglatfalasar III29, que había reorga-
III: general y
rey de Asiria nizado el imperio, avanzó hacia el oeste en bus-
entre los años ca de tributos con los que sostener su ejército.
745-727 a.C., Consciente de la fuerza de aquella potencia y
que aparece en
otros textos
del poder militar de su ejército (la infantería dis-
como ponía de arcos, flechas y lanzas, al igual que la
Tiglatpileser III, caballería; sus carros de guerra transportaban un
nombre que arquero y un soldado con escudo, además del
abandonó tras
su coronación. conductor; para el asalto disponían de grandes
Comenzó a torres portátiles movidas con ruedas, en cuyo in-
gobernar terior se ocultaban los arqueros), Menajem se
después de un
golpe de Estado, puso a disposición del imperio: mil talentos de
reorganizó el plata bastaron para contentar al asirio. Los is-
imperio y la raelitas no ignoraban el castigo terrible que los
administración,
y creó un asirios infligían a los pueblos que sometían: el
ejército exterminio, los saqueos, la destrucción de las
profesional tierras de cultivo, las incursiones para tomar re-
asalariado cuyo
elevado coste lo presalias y las deportaciones en masa eran prác-
empujó a ticas habituales de los soberanos de Asur30 para
realizar mantener su dominio. Así sucedió a la muerte
campañas entre
los pueblos
de Menajem: Pecaj, que había accedido al trono
cercanos para tras asesinar al hijo de Menajem, quiso organizar
someterlos e una coalición contra Asiria. A esa alianza se sumó
imponerles
tributos.
Rasón, el rey de Siria, pero no Ajaz, el rey de
Judá.
30
Asur: Cuando Ajaz, rey abominable que llegó a en-
primera capital tregar a su hijo al fuego (según las horrendas cos-
tumbres que Yahvé había arrancado de su pue-
288 blo), se vio atacado por la alianza antiasiria, envió
11 Cuentos.qxd 14/3/06 15:17 Página 289

mensajeros con presentes (oro y plata proce- de Asiria,


situada en la
dentes del templo de Yahvé y del tesoro real) cuenca del río
para el rey Teglatfalasar III, de quien el rey de Tigris. Mantuvo
Judá se declaraba siervo al tiempo que le pedía su influencia
ayuda contra sus enemigos. Aquel día en que incluso cuando
dejó de ser
Ajaz obtuvo la protección del Imperio asirio, co- capital a favor
menzó a fraguarse la desgracia de su reino. T e- de Nínive.
glatfalasar III conquistó Damasco y mató al rey
Rasón; después, se adentró en el territorio de Is-
rael, se apoderó de muchas ciudades –Galaad,
Galilea y todo Neftalí– y deportó a muchos is-
raelitas a Asiria. Jerusalén quedó a salvo.
Tras la deportación, el reino de Israel quedó
reducido a la mínima expresión. Con esos restos
se encontró Oseas, el sucesor de Pecaj, quien no
tuvo otra opción que someterse al rey asirio Sal-
manasar V 31, hijo de Teglatfalasar III, y pagarle 31
Salmanasar
tributo. Sin embar go, Oseas volvió los ojos a V: heredó de su
padre un
Egipto, donde crecía la inquietud ante el avance imperio en
asirio; temiendo que pudieran alcanzar sus fron- calma, pero, en
teras, no dudaban en apoyar cualquier intento de su breve
reinado, tuvo
rebelión contra el imperio. De esa forma, Oseas que hacer frente
se rebeló contra Asiria dejando de pagar el tri- a varios intentos
buto anual. de
independencia;
La respuesta de Salmanasar V fue inmediata: murió
detuvo y encarceló a Oseas y puso cerco a Sa- precisamente en
maria. Tres años duró el asedio. La ciudad cayó uno de ellos,
en el año 722 a.C., y con ella desapareció para durante el
asedio y
siempre el reino de Israel. Miles de israelitas fue- destrucción de
ron deportados a Asiria, a cientos de kilómetros Samaria, éxito
de su tierra, en el extremo nororiental de la Me- que se atribuyó
su sucesor,
dia luna fértil, donde su identidad se mezcló con Sargón II.
la gente del lugar.
Lo inevitable sucedió para el reino de Israel.
Yahvé lo había anunciado desde que los israeli-
tas se obstinaron en abandonarlo: renunciaron
al Dios que hizo de ellos un pueblo, al que los
sacó de Egipto a pesar del faraón y los trajo a la
tierra que les había prometido, y eligieron dar 289
11 Cuentos.qxd 14/3/06 15:17 Página 290

culto a otros dioses. Esa ruptura, ese cisma reli-


gioso fue el gran pecado de Israel, el que se en-
contraba en el origen de su desgracia.
Quienes se asentaron en Canaán empezaron a
desconfiar de Yahvé, el Dios guerrero que había
eliminado a sus enemigos, y a fijarse en los dio-
ses cananeos, en especial en Baal. Sus intereses
y preocupaciones habían cambiado: ya no se en-
tregaban al combate ni preparaban sus ar mas
para la batalla; ahora, dedicados a la agricultura,
se encomendaban al dios de la fecundidad; con
sus cultos a Baal esperaban buenas estaciones,
las lluvias y el sol que hicieran crecer las semi-
llas y proporcionaran buenas cosechas.
Muchos israelitas no tardaron en adoptar como
propias las costumbres de los pueblos cananeos,
aquéllos que Yahvé había derrotado para que
ellos ocuparan su lugar: las estelas aparecieron
en las colinas elevadas de Israel, en las que se
quemaba incienso a Baal; se extendieron las
prácticas de adivinos y augures, se hicieron ído-
los fundidos y no dudaron en entregar al fuego
a sus hijos. Yahvé no pudo soportar tanta abo-
minación y les envió advertencias a través de sus
profetas, pero los israelitas no los escucharon:
despreciaron los mandamientos de Dios y la
alianza que estableció con sus padres. Yahvé en-
tonces decidió apartarse de ellos y los entregó
en manos de los asirios. Sólo quedó la tribu de
Judá, en el sur.
La muerte de Ajaz elevó al trono de Judá a su
hijo Ezequías, un rey justo y recto ante Y ahvé.
Ezequías se propuso centralizar el culto en el
templo de Jerusalén y combatir decididamente
la idolatría que se conservaba en Judá: eliminó
altos, derribó estelas y destruyó ídolos. Incluso
se rebeló contra Asiria. Para ello, aguardó el mo-
mento propicio, que se presentó al producirse la
290 sucesión en el trono asirio: murió Sargón II, he-
11 Cuentos.qxd 14/3/06 15:17 Página 291

redero de Salmanasar V, y ocupó su lugar su hijo


Senaquerib32. 32
Senaquerib:
El nuevo rey trasladó la capital del imperio a hijo y sucesor de
Sargón II, tuvo
Nínive, en detrimento de Babilonia, donde los que sofocar
disturbios habituales cuando se producía una su- importantes
cesión lo tuvieron ocupado algún tiempo. Sólo rebeliones tras
la muerte de su
cuando pacificó Babilonia pudo Senaquerib ha- padre. Sus
cer frente al desafío de Ezequías. Entonces en- principales
vió un ejército sobre Canaán, se apoderó de las problemas
fueron Egipto
ciudades fortificadas de Judá, excepto Jerusalén, (que no llegó a
y obligó a Ezequías a pagar tributo. conquistar a
Senaquerib envió después a Jerusalén un fuer- causa de una
epidemia de
te destacamento, cuyo jefe, hablando en la len- peste entre sus
gua de Judá, en el hebreo hablado en Jerusalén33, tropas) y
intentó persuadir al pueblo de que lo más con- Babilonia (que
veniente para ellos era servir al rey de Asiria. Se pretendía
separarse del
esforzó en socavar la confianza que los judíos te- imperio).
nían en su rey: ¿qué se podía esperar de Ezequías
33
sino engaños y mentiras? ¡Judíos locos e insen- La lengua que
hablaban y
satos! ¿Cómo habían podido creer en sus pala- entendían los
bras? ¿De qué manera pensaban escapar de las judíos era el
tropas asirias? ¿Habían olvidado lo ocurrido en hebreo.
Posteriormente,
Samaria, cuando los israelitas fueron deportados sobre todo a
sin que su Dios hiciera nada por ellos? Éste era partir del exilio,
el momento de abandonar a Ezequías, de olvidar se impondrá el
arameo, no sólo
a Yahvé y pactar con Asiria; en adelante, sólo de en Palestina,
ellos podrían esperar grano y agua, aceite y miel. sino como
El pueblo escuchó en silencio aquellas pala- idioma
internacional
bras y esperó una respuesta del rey. Pero Eze- del Próximo
quías estaba preso de la misma angustia que ate- Oriente.
nazaba al pueblo, por lo que envió emisarios a
consultar al profeta Isaías. Mientras llegaba la res-
puesta, él se dirigió al Templo de Yahvé para
orar. En presencia de Dios, Ezequías recordó la
soberbia de los asirios, el desprecio y la cruel-
dad con que trataban a los pueblos que some-
tían por el poder de su ejército. A aquel imperio,
que no se había detenido ante nada, jamás le ha-
bía temblado el brazo para destruir los dioses de 291
11 Cuentos.qxd 14/3/06 15:17 Página 292

los pueblos vencidos, incendiar sus efigies, de-


rribar sus estatuas. Pero olvidaban que sólo des-
truían ídolos, las figurillas de madera o de pie-
dra que las manos humanas habían esculpido.
Sin embargo, no habían eliminado al Dios vivo,
el mismo al que ahora, arrogantes y orgullosos,
se atrevían a insultar.
Ezequías rogó a Yahvé que, en esta hora, no
abandonara a sus fieles, al resto que quedaba del
pueblo elegido tras la deportación de los israe-
litas. Sólo él podía salvar a Judá, proteger la Ciu-
dad de David y el Templo; sólo en su mano es-
taba detener al asirio y castigar su atrevimiento.
Aún se hallaba el rey en el templo cuando re-
gresaron los emisarios que había enviado a con-
34
Algún motivo sultar al profeta Isaías. Traían palabras tranquili-
impulsa a
Senaquerib a zadoras: Dios no abandonará a su pueblo y los
regresar asirios no entrarán en Jerusalén; al contrario, de-
precipitadamente berán tomar el camino de regreso hacia su tie-
a Babilonia:
probablemente rra. Aquella noche, el ángel de Yahvé causó una
las noticias gran mortandad entre las tropas asirias. Como si
sobre nuevas la peste se hubiera extendido de manera fulmi-
intrigas y
rebeliones. nante, el campamento amaneció sembrado de
Antes asegura el cadáveres. Senaquerib volvió apresuradamente
pago del tributo, a Nínive, donde murió asesinado34.
como harán
puntualmente
Sin embargo, no todas las palabras que Isaías
Manasés y transmitió a Ezequías fueron tranquilizadoras. El
Amón, sucesores mismo profeta que anunció al rey que los asirios
de Ezequías.
no entrarían en Jerusalén, predijo el saqueo de
35
La la ciudad, la ruina y la deportación del pueblo y
decadencia la nobleza. Sucedió a propósito de una visita del
asiria anuncia rey de Babilonia (que había logrado independi-
su próximo
final, y en zarse de Asiria 35), en la que Ezequías le mostró
Babilonia con orgullo los tesoros de su casa. Cuando se
buscan aliados hubo marchado el visitante, las palabras inquie-
para acelerar la
definitiva caída tantes que tuvo que escuchar borraron la satis-
del imperio. facción de su rostro: ese tesoro que hoy se en-
cuentra en Jerusalén se hallará un día en Babilonia;
292 allí no sólo estarán las riquezas reales, sino tam-
11 Cuentos.qxd 14/3/06 15:17 Página 293

bién los hijos de Judá, que servirán como eunu-


cos en el palacio del rey.
Yahvé salvó a Jerusalén (la Ciudad de David
era prácticamente lo único que quedaba de Judá)
de la destrucción, pero la amenaza de Senaque-
rib fue apenas un aviso, un anticipo de lo que
estaba por venir, cuya importancia no advirtieron
los sucesores de Ezequías, Manasés y Amón. Con
ellos regresó la idolatría y la sumisión absoluta
a Asiria: se reedificaron los altares a Baal, se prac-
ticaron de nuevo los presagios y los augurios, y
llegaron los adivinos y los nigromantes. Yahvé
vio el regreso del mal y la abominación a Judá
y, lleno de ira, renegó de su heredad; el pecado
de Judá no era menor que el pecado de Israel,
el que lo condujo a la destrucción y a la depor-
tación. Este resto del pueblo elegido, esta pe-
queña parte en la que confió y a la que salvó del
asedio de Senaquerib, le había vuelto de nuevo
la espalda. Pero esta vez ya no habría salvación
para ellos: Yahvé se disponía a expulsar a los ju-
díos de su presencia como hizo con los israeli-
tas; pronto serán presa fácil para sus enemigos
y entonces Dios ya no estará a su lado para pro-
tegerlos.
Una conjura acabó con la vida de Amón, hijo
de Manasés. Entonces, los judíos proclamaron rey
a Josías, un niño de ocho años. El nuevo rey re-
tomó el camino de David, restauró el culto a Yah-
vé y acometió la renovación del templo, un edi-
ficio muy deteriorado y necesitado de reparación.
Sucedió precisamente durante las obras en el
templo. Se realizaban los trabajos de reparación
cuando se encontró el libro de la ley. Tan pron-
to como lo tuvo ante sus ojos, el sumo sacerdo-
te no tuvo dudas de que se había hallado un ver-
dadero tesoro, cuya pista se había perdido hacía
mucho tiempo. Aquél era el libro de la alianza,
el Deuteronomio, donde se contenía la ley de 293
11 Cuentos.qxd 14/3/06 15:17 Página 294

Moisés; probablemente quien lo hubiese tenido


en sus manos con anterioridad, alguna mente
precavida, había decidido ocultarlo durante la
época ominosa de Manasés y Amón, pensado
que de esa manera quedaría a salvo*.
El sumo sacerdote entregó el libro al rey, y éste
ordenó a su secretario que lo leyera en voz alta.
Josías escuchó y conoció los preceptos de la ley
mosaica, los mandatos de Yahvé y las normas del
culto. Escuchó y advirtió lo alejado que se en-
contraba su pueblo de cumplir la alianza que
Yahvé había acordado con Moisés; escuchó y re-
cordó que muchos de sus antepasados jamás ha-
bían prestado atención ni vivido conforme a las
palabras escritas en este libro; Josías escuchó y
comprendió que sin Yahvé la desgracia no tar-
daría en caer sobre Judá.
Conmocionado, el rey ordenó consultar a una
profetisa que había en Jerusalén. Ella confir mó
que Yahvé había dictado sentencia sobre Judá.
Ya era tarde: se acercaba inexorablemente el
tiempo del castigo y la tribulación, del dolor y el
sufrimiento para quienes habían vuelto la espal-
da a la alianza; ninguna fuerza ni poder huma-
no podrían apartar el espanto de aquella tierra.
Una palabra añadió aún la profetisa: el dolor del
rey no había pasado desapercibido para Yahvé,
por lo que el mal que asolará el reino no llega-
rá antes de su muerte.
Las palabras de la profetisa, que confir maban
lo que había anunciado Isaías a Ezequías, au-

* El Deuteronomio, el quinto libro del Antiguo Testamento


en un estadio inicial de su composición, es el texto clave
que, sobre los fundamentos del yahvismo tradicional, ins-
pira no sólo la reforma de Josías, sino también todo el pro-
grama posexílico de reconstrucción de la identidad judía y
su expresión literaria en el viejo testamento. Esta perspec-
tiva es clave para comprender adecuadamente el desarro-
294 llo del relato veterotestamentario.
11 Cuentos.qxd 14/3/06 15:17 Página 295

mentaron la conmoción del rey. Decidido a ac-


tuar sin perder tiempo, confiando en influir sobre
Yahvé para que revocara su decisión, convocó a
todo el pueblo en el templo de Dios. Allí, en
compañía de los ancianos, sacerdotes y profetas,
se dio lectura al libro de la alianza y todos se
comprometieron a guardar sus mandamientos y
a vivir según sus preceptos. Después, puso en
marcha una profunda reforma religiosa, que co-
menzó con la destrucción de todo lo que recor-
dara los cultos idolátricos en Judá y continuó con
la unificación del culto en Jerusalén. De esa for-
ma fueron destruidos todos los objetos usados
en el culto a Baal en tiempos de Manasés y
Amón, fueron suprimidos los sacerdotes paga-
nos y derribados los altos, santuarios donde se
quemaba el incienso, y las casas de los dedica-
dos a la prostitución; expulsados los nigroman-
tes y adivinos; profanado el lugar donde los hi-
jos eran sacrificados por el fuego en honor de
Moloc; derribados los altares dedicados a Astar-
té, Kemós y Moloc, eliminados los ídolos y des-
truidas las estelas. Sólo quedó un santuario en
todo el reino: el Templo de Jerusalén. Allí orde-
nó el rey celebrar la fiesta de la Pascua en ho-
nor a Yahvé, de acuerdo con las prescripciones
contenidas en el libro de la alianza.
La progresiva decadencia de Asiria per mitió a
Josías devolver la independencia a Judá. Incluso
extendió su dominio sobre parte del antiguo Rei-
no Norte, donde implantó la refor ma religiosa
que había realizado en Judá.
Yahvé apreció la rectitud de Josías, la fuerza y
el valor con que expulsó de Judá la idolatría y
restauró la alianza y la ley de Moisés. Sin em-
bargo, el rey no consiguió revocar la sentencia
divina. Dios no modificó su decisión de apartar
de su presencia a Judá, como había hecho con
Israel. 295
11 Cuentos.qxd 14/3/06 15:17 Página 296

Josías murió en Meguiddo, a manos del faraón


Necao I, que había subido a encontrarse con el
36
rey de Asiria junto al río Éufrates. Fue sepultado
El faraón
Necao I acudió
en Jerusalén y el pueblo proclamó rey a su hijo
en ayuda del Joacaz. Sin embargo, Necao, que desconfiaba
agonizante de Joacaz, lo sustituyó por su her mano mayor,
Imperio asirio, Joaquín, e impuso tributo al reino36.
apoyo que no
interesaba a Entre tanto, el Imperio asirio había desapare-
Josías, que cido, dejando paso al Imperio neobabilonio o
esperaba caldeo. Tras su victoria sobre los egipcios en Kar-
obtener ventajas
de la caída kemis37, el Imperio caldeo pasó a dominar la Me-
asiria. Por ello, dia luna fértil, que incluía Siria y toda Palestina.
quiso cortar el Nabucodonosor, el rey de Babilonia, sometió du-
paso a los
egipcios en rante tres años a Joaquín (el rey de Judá se ha-
Meguido, pero bía negado a pagarle tributo y había buscado
sucumbió en el apoyo en Egipto). Su sucesor, su hijo Joaquín,
intento.
Tampoco los
apenas estuvo tres meses en el trono; Nabuco-
egipcios llegaron donosor asedió Jerusalén y rindió la ciudad. El
a tiempo de rey Joaquín se rindió y fue apresado.
sostener a los
asirios, cuyo
A partir de entonces, comenzó a cumplirse cuan-
imperio pasó a to anunció el profeta Isaías al rey Ezequías: Na-
manos de Media bucodonosor se apoderó de todos los tesoros del
y Caldea. Templo y de la casa del rey, y deportó a los jefes
37
Karkemis: y notables, a los herreros y cerrajeros, a todos los
fortaleza junto hombres de valor y a los aptos para la guerra; tam-
al río Éufrates, bién el rey, su madre, los eunucos y las mujeres
en la Alta
Mesopotamia, del rey fueron desterrados a Babilonia. Dejó en
donde el rey Jerusalén a la gente pobre del país y puso como
caldeo rey a Sedecías, tío del depuesto rey Joaquín.
Nabucodonosor
derrotó a los Años después, también Sedecías se rebeló con-
egipcios tra el rey de Babilonia y Nabucodonosor volvió
dirigidos por a asediar Jerusalén. No tuvo piedad del rey, a
Necao en el año
605 a.C; quien trató como a un traidor; ordenó a sus tro-
convirtiéndose pas saquear la ciudad, incendiar el Templo de
Babilonia en la Yahvé y la casa del rey, además de otras. Las mu-
gran potencia
dominadora de
rallas fueron demolidas y las gentes del pueblo
la región. que aún quedaban deportadas a Babilonia.
La deportación, una práctica empleada antes
296 por los asirios, fue adoptada también por los cal-
11 Cuentos.qxd 14/3/06 15:17 Página 297

deos. Para los judíos, tan duro y traumático como


el destierro fue el incendio y destrucción del
Templo de Yahvé, prueba irrefutable de la vio-
lación del lugar sagrado. ¿Dónde darían ahora
culto a Yahvé? ¿Qué sería de sus tradiciones y sus
creencias lejos del templo y de la Ciudad de Da-
vid? Los judíos habían recorrido un lar go cami-
no hacia su tragedia, hasta la catástrofe. Muchas
voces –los profetas sobre todo– los alertaron del
peligro, les hicieron advertencias que ni los re-
yes ni el pueblo quisieron escuchar. Entre los
desterrados prendió pronto la conciencia de que
su situación era el castigo de Yahvé por los pe-
cados de sus padres. Abandonado por Dios,
arrancado de la tierra prometida, destruidos el
Templo y la ciudad santa, perdida su indepen-
dencia, cautivo en tierra extranjera, el pueblo ju-
dío, el pueblo elegido, el pueblo de la alianza,
estaba condenado a asumir las consecuencias de
una larga historia de pecado y de olvido de Dios,
de rebeliones e idolatría, de maldades y abomi-
naciones, de crímenes e injusticias. Ahora, ni si-
quiera quedaba para ellos la esperanza del re-
torno, la confianza en que Dios se apiadara de
su pueblo y les devolviera un día la libertad.

297
12 Cuentos.qxd 14/3/06 15:18 Página 298

IX

LA RESTAURACIÓN JUDÍA

1
Ciro II: En el año 539 a. C., Ciro 1, rey de Persia, con-
conocido como
el Grande, rey
quistó Babilonia. Inspirado por Yahvé, ordenó di-
persa que fundir por todo su reino un edicto en el que ma-
dominó un nifestaba haber recibido de Dios todos los reinos
extenso imperio y
practicó una
de la Tierra, y también el encargo de que le edi-
política ficara una casa en Jerusalén; en consecuencia, to-
diplomática y dos aquellos que pertenecieran al pueblo de Yah-
tolerante con los vé deberían regresar para cumplir este encar go.
pueblos que
sometía, Se encontraba Ciro en su primer año de reinado
permitiéndoles cuando permitió la vuelta de los deportados a su
practicar sus tierra; también les permitió llevar consigo los ob-
costumbres y
tradiciones jetos de oro y plata que Nabucodonosor había
religiosas. traído después de saquear el templo.
En el año 538 a. C. los deportados emprendie-
ron el camino de regreso. Atrás quedaban los lar-
gos decenios en el exilio en los que la esperan-
za se había ido abriendo camino a medida que
llegaban noticias de las victorias de Ciro y del re-
troceso de los caldeos. Algunas cosas habían
cambiado durante el exilio babilónico: los israe-
litas habían aprendido que el templo de Jerusa-
lén, ahora arrasado, no era el único lugar en que
298 se encontraba Yahvé, a quien podían adorar en
12 Cuentos.qxd 14/3/06 15:18 Página 299

cualquier lugar; habían aprendido a reunirse para


leer y estudiar los textos escritos que tenían, con-
servar su tradición y renovar el culto lejos del
templo. Estas reuniones fueron el germen de las
sinagogas posteriores.
En Babilonia, los judíos adoptaron diversas cos-
tumbres mesopotámicas: descansar el sábado, di-
vidir el tiempo en periodos de siete días asocia-
dos a los siete cuerpos celestes que conocían, y
adoptar el arameo, la lengua de los sirios que
ellos mismos, desterrados también, habían ex-
tendido en el Imperio asirio, en detrimento del
hebreo, su lengua mater na. También allí los ju-
díos quedaron deslumbrados por la belleza de
los mitos caldeos: la creación, el diluvio, la torre
de Babel, y no dudaron en aceptarlos e incor-
porarlos, con modificaciones, a su propia tradi-
ción.
Nabucodonosor permitió a los deportados se-
guir profesando su religión y éstos, guiados por
los sacerdotes –y especialmente por el profeta
Ezequiel–, fueron alimentando la esperanza de
que Dios volvería a tender la mano a su pueblo.
Ellos estaban sufriendo el justo castigo por sus
pecados –Yahvé los había entregado en manos
de los caldeos–, pero la cólera divina no será
eterna. Llegará el día del perdón y la misericor-
dia de Dios, Yahvé les permitirá regresar a la tie-
rra prometida y pondrá en el trono a un des-
cendiente de David, un nuevo ungido, un mesías
que reedificará el reino de Judá. El mismo pro-
feta Elías, arrebatado al cielo, volverá para un-
girlo. Así, los que regresaron del exilio trajeron
una tradición religiosa renovada, el judaísmo*.

* Durante el exilio surge la figura de un profeta, de nom-


bre desconocido, cuyos textos se han integrado al final de
los de Isaías. Conocido como el segundo Isaías, su palabra
impulsa una fe monoteísta (Yahvé, además de Dios de Is- 299
12 Cuentos.qxd 14/3/06 15:18 Página 300

Apenas llegar, comenzaron los trabajos de re-


construcción del altar para ofrecer en él los ho-
locaustos y sacrificios que prescribe la ley de Moi-
sés. T rabajaron con rapidez y con inquietud,
temiendo no ser bien vistos por los pueblos que
habían ocupado la tierra abandonada por los de-
2
idumeos: portados (ammonitas, moabitas, idumeos 2, filis-
nombre con el teos, samaritanos –las gentes con las que Sargón II
que se conoce
en la Historia a repobló Israel cuando desterró a los israelitas–).
los edomitas. Al segundo año del regreso empezaron las
obras del templo de Yahvé. Entre los que obser-
vaban los trabajos, quedaban aún ancianos que
habían conocido el templo anterior y que ahora
no podían contener su emoción.
Sin embargo, pronto surgieron tensiones: los sa-
maritanos quisieron participar en la construcción
del templo, pero los judíos no lo permitieron. Los
samaritanos enviaron cartas a los reyes persas,
3
Jerjes: rey de tanto en época de Jerjes como de Artajerjes3, ad-
Persia entre virtiéndoles de que los judíos que habían vuelto
los años
486-465 a.C.; del destierro pensaban reconstruir la ciudad y ya
murió habían cimentado las murallas. El paso siguien-
asesinado por el te a la reconstrucción será dejar de pagar im-
capitán de su
guardia y le puestos, con lo cual habrá surgido en Jerusalén,
sustituyó su hijo vieja ciudad rebelde, un nuevo enemigo del im-
Artajerjes, que perio.
reinó entre
los años
La denuncia de los samaritanos, temerosos de
465-425 a.C. asistir al resurgimiento del viejo poder judío, puso
sobre aviso a Artajerjes, quien dio la orden de in-
vestigar lo sucedido en el pasado en Jerusalén.
En cuanto supo que aquella ciudad había sido
foco de rebeliones e insurrecciones, decretó la

rael, es el único dios; todos los demás son ídolos de piedra


y madera); el destierro no se debe al poder de dioses ba-
bilonios (Marduk), sino a la voluntad de Yahvé de entre-
garlos a los caldeos para castigar el pecado de su pueblo.
El mismo Yahvé devolverá a su pueblo arrepentido lo que
un día le arrebató, gracias a un salvador, un mesías, un un-
300 gido, que, según el segundo Isaías, no es otro que Ciro.
12 Cuentos.qxd 14/3/06 15:18 Página 301

inmediata paralización de cualquier trabajo de


reconstrucción que se estuviese realizando.
Las obras del templo estuvieron detenidas has-
ta el segundo año del reinado de Darío4. Enton- 4
Darío II: hijo
ces Zorobabel y Josué, animados por los profe- ilegítimo de
Artajerjes I, fue
tas Ageo y Zacarías, se decidieron a reanudar las sátrapa
obras. Enterado de ello, el sátrapa de T ranseu- (gobernador de
fratina5 quiso saber quiénes habían comenzado una provincia
de la antigua
de nuevo las obras y si estaban conveniente- Persia) y rey
mente autorizados. Preguntó a los ancianos de entre los años
Israel, quienes le explicaron que reconstruían una 423-404 a.C.
casa que había estado edificada durante muchos 5
Transeufratina:
años, obra de un gran rey. Fue el Dios de Israel provincia del
el que, enfadado con su pueblo, lo entregó en imperio persa
comprendida
manos de Nabucodonosor, el rey de Babilonia. desde el río
Pero ahora habían recibido autorización de Ciro Éufrates hasta
no sólo para reedificar la casa sino también para la frontera con
que les fueran devueltos los tesoros que el rey Egipto, regida
por un sátrapa
caldeo se llevó consigo. o gobernador.
Al tener conocimiento de esta información, el
rey Darío dispuso que se investigara en los ar-
chivos de Babilonia si era cierto que el rey Ciro
había autorizado esta reconstrucción. En Ecbá-
tana6 se halló un memorándum que contenía las 6
Ecbátana:
disposiciones dictadas por Ciro sobre la casa de capital del
antiguo reino
Dios en Jerusalén, ordenando la reedificación del de Media, el
santuario a cuenta de la casa del rey y la restitu- país de los
ción de todos los utensilios de oro y plata lleva- medos, en el
nordeste del
dos a Babilonia. Por tanto, Darío promulgó un actual Irán. Se
decreto en el que daba instrucciones a las auto- aliaron con los
ridades de Transeufratina para que no entorpe- caldeos para
derrocar al
cieran la reanudación de las obras, pagando de Imperio asirio.
los fondos reales al sátrapa de Judá y a los an- Posteriormente
cianos judíos, con puntualidad y exactitud, los se integraron
gastos de la reconstrucción así como lo necesa- con los persas
hasta formar
rio para que se ofrezcan los holocaustos al Dios con ellos un
del cielo y se ruegue por la vida del rey y de sus único pueblo.
hijos. Quien no cumpliera lo dispuesto en este
edicto sería azotado atado a una viga de su casa, 301
12 Cuentos.qxd 14/3/06 15:18 Página 302

y ésta reducida a escombros; y el pueblo cuyo


rey trate de destruir el santuario de Jerusalén, que
sea castigado, destruido por el Dios que ha es-
cogido aquella casa como morada de su nombre.
La casa de Yahvé fue terminada el sexto año
del reinado del rey Darío, en medio del júbilo
de los israelitas, de los sacerdotes, levitas y del
resto de deportados. El día catorce del primer
mes celebraron la Pascua. Comieron la Pascua
los israelitas que habían vuelto del destierro y
todos los que, habiéndose purificado, se habían
unido a ellos para acercarse a Yahvé, Dios de
Israel.
Durante el reinado de Artajerjes llegó a Jeru-
7
Con Esdras se salén Esdras, sacerdote, escriba7 y experto en la
inaugura la ley de Moisés, de la que era un gran estudioso.
figura del
escriba en En efecto, el recién llegado se había entregado
Israel, el a conocer, aplicar y enseñar los preceptos y man-
intérprete de la datos de la ley. Este texto era todo su afán, el
ley, el que la
conoce, la lee y motivo de sus desvelos, la razón de su existen-
la explica al cia; por ello, Yahvé lo miraba con bondad. El es-
pueblo. La criba llegaba ahora a Jerusalén como enviado del
actividad de los
escribas será
rey Artajerjes para inspeccionar el cumplimiento
intensa después de la ley de Yahvé en Judá y Jerusalén, así como
del destierro y se para llevar la plata y el oro procedentes de la
extenderá hasta
el Nuevo
ofrenda real y de las ofrendas voluntarias del
Testamento. pueblo recogidas en Babilonia para el templo de
Dios en Jerusalén. El rey había dictado instruc-
ciones a los tesoreros para que fueran satisfechas
con exactitud y puntualidad todas las peticiones
del enviado real, así como para que no se co-
brara impuesto alguno, de contribución o peaje,
a ninguno de los servidores de la casa de Dios.
Esdras recibió el encargo, finalmente, de nom-
brar escribas y jueces, de entre los conocedores
de la ley de su Dios, para administrar justicia en
toda Transeufratina. A ellos corresponderá ense-
ñar la ley de Dios y la ley de Artajerjes a quie-
302 nes las desconozcan y aplicar con rigor la justi-
12 Cuentos.qxd 14/3/06 15:18 Página 303

cia a quienes las incumplan, castigándolos seve-


ramente8. 8
Los reyes
El rey permitió a los israelitas que lo quisieran persas
sostuvieron las
regresar a Jerusalén con Esdras. Todos los que prácticas
se reunieron con él ayunaron antes de partir para religiosas de los
alcanzar la protección divina durante el viaje, y pueblos
sometidos,
los sacerdotes se encargaron de custodiar la pla- viendo en ello
ta, el oro y los utensilios destinados a la casa de también un
Yahvé. Durante el camino, Yahvé los protegió de procedimiento
de vigilancia y
enemigos y salteadores. Llegados a Jerusalén, los control de esas
decretos reales fueron entregados a los sátrapas comunidades.
y a las autoridades de Transeufratina. Eso explica, por
ejemplo, la
Un nuevo problema iba a ocupar pronto la asimilación de
atención del inspector de Artajerjes: los judíos re- la ley mosaica
patriados y sus hijos habían emparentado con las al rango de ley
gentes del lugar, casándose con mujeres cana- estatal, al
mismo nivel que
neas, ammonitas y moabitas, pueblos que conti- la ley de
nuaban practicando sus viejas costumbres, sus Artajerjes.
despreciables tradiciones. La certeza de lo que
estaba sucediendo sacudió el espíritu del escri-
ba; turbado, confundido, decepcionado, no se
explicaba cómo el pueblo santo de Yahvé había
podido mezclarse con los pueblos paganos; ver-
daderamente, Yahvé había escogido a un pue-
blo irreflexivo, inconsciente, voluble. ¿No habían
aprendido del duro castigo de la deportación?
¿Habían olvidado ya los pecados de sus padres,
que colmaron la paciencia divina? ¿Tan impru-
dentes eran para recaer en los mismos errores
apenas poner pie en su tierra? ¿Cuánto tardarían
en aceptar las costumbres de sus mujeres, en
adorar otra vez a los ídolos? No cabía duda: los
israelitas eran un pueblo terco y rebelde, inca-
paz de aprender de las correcciones, por dolo-
rosas que fueran.
Ese mismo día, Esdras mostró su desolación a
la vista de todos. Compungido y aver gonzado,
se dirigió a Yahvé en presencia del pueblo y re-
conoció una vez más los pecados cometidos por 303
12 Cuentos.qxd 14/3/06 15:18 Página 304

los israelitas, por sus reyes y sacerdotes; recor-


dó el castigo que habían sufrido en numerosas
ocasiones, al ser sometidos por pueblos pode-
rosos y haber sufrido saqueos, incendios y, al fin,
la deportación y el cautiverio. Ahora, sin embargo,
se hallaban de nuevo en su tierra, pues Y ahvé
no había permitido que el pueblo elegido desa-
pareciera por completo; al contrario, conservó
un resto y atrajo sobre los desterrados el favor
de los reyes persas. Ellos les habían per mitido
edificar de nuevo el templo de nuestro Dios. Pero
este pueblo ha correspondido olvidando de nue-
vo tus mandamientos, mezclándose con gente
impura e idólatra, dejándose contaminar por las
prácticas abominables que aún perduran en los
pueblos que habitan esta región. ¿Hasta cuándo,
Dios nuestro, durará tu paciencia? ¿Seremos con-
sumidos por tu cólera como el fuego devora la
leña? ¿Hay salvación para este pueblo?
Las lágrimas del escriba y el contenido de su
oración congregaron a muchos a su alrededor,
que se sintieron sobrecogidos cuando Esdras pre-
guntó a Yahvé si había esperanza para el pue-
blo. Unas voces temblorosas empezaron a ele-
varse para reconocer que habían vuelto a pecar
casándose con las mujeres del país; esas mismas
voces afirmaron que era preciso conducirse se-
gún la ley, pues sólo así habría salvación para Is-
rael. Separémonos de todas las mujeres extran-
jeras y de los hijos que hemos tenido con ellas,
concluyeron.
Esdras escuchó y aprobó todo aquello. Des-
pués hizo jurar a los presentes que actuarían se-
gún sus palabras. Cuando se retiró, el escriba no
lograba apartar de su pensamiento la actitud re-
belde de los deportados.
Todos fueron convocados en Jerusalén, en el
plazo de tres días, para cumplir lo acordado.
304 Quienes no vinieran serían inmediatamente ex-
12 Cuentos.qxd 14/3/06 15:18 Página 305

cluidos de la asamblea y desposeídos de sus bie-


nes. El escriba les recordó sus compromisos y
determinó que fuesen los cabezas de familia los
encargados de identificar a todos los que se ha-
bían casado con mujeres extranjeras. Los que fue-
ron hallados culpables se comprometieron bajo
juramento a despedirlas y a ofrecer por su pe-
cado un sacrificio de reparación.
Esdras no estuvo solo en el esfuerzo de recons-
trucción de Jerusalén. Nehemías, judío que servía
como copero del rey Artajerjes, tuvo conocimien-
to a través de su hermano del estado de deterioro
y abandono en que se encontraba la muralla de la
Ciudad de David. Después de la reedificación del
templo, la reparación de la muralla había sido la
gran preocupación de los repatriados, y pronto se
pusieron manos a la obra; sin embar go, los rece-
los de los pueblos que habitaban en el país, y es-
pecialmente la abierta oposición de los samarita-
nos, logró de las autoridades imperiales persas la
paralización inmediata de aquellos trabajos. Jeru-
salén, sin embargo, estaba en ruinas: sus puertas,
devoradas por el fuego; sus muros, abiertos por
múltiples brechas cuando no derruidos. La deso-
lación reinaba en la Ciudad de David.
El copero obtuvo autorización del rey para mar-
char a Judá y dedicarse a la reconstrucción de la
muralla, pues Artajerjes, en una decisión que no
agradó a los samaritanos, per mitió la reanuda-
ción de las obras. Nehemías llegó a Jerusalén sin
darse a conocer. Durante tres días se dedicó a
conocer personalmente el estado en que se en-
contraban los muros: lo que vio confirmó al de-
talle la información que había recibido.
Después de su inspección, el copero reunió a
los sacerdotes, los notables y los funcionarios y
les expuso la necesidad urgente de reconstruir
las murallas. Nada impedía ya acometer aquella
tarea inaplazable: era imprescindible para la de- 305
12 Cuentos.qxd 14/3/06 15:18 Página 306

fensa de la ciudad; disponía de la autorización y


de los permisos del rey, y, sobre todo, era deseo
de Yahvé, que había inclinado la voluntad real a
favor de los israelitas.
Las palabras de Nehemías lograron su objetivo,
y muchos voluntarios se pusieron a su disposi-
ción para comenzar los trabajos de reconstruc-
ción: los sacerdotes –incluido el sumo sacerdo-
te–, los orfebres, los comerciantes, los jefes de
distrito, los levitas. Todos aportaron generosa-
mente su esfuerzo en una obra que, a medida
que avanzaba, acrecentaba el malestar de am-
monitas y samaritanos. Éstos, viendo que no po-
dían recurrir a la autoridad del rey, se decidie-
ron a poner en práctica otros métodos para
detener las obras, y comenzaron las burlas, in-
sultos y desprecios; los samaritanos se reían de la
calidad de la reparación: ¿qué se podía esperar de
un muro construido de escombros y piedras que-
madas?; o se mofaban de la rapidez con que tra-
bajaban los judíos: ¿querían ser los más rápidos
en levantar una muralla, acabar antes que nadie?
Sin embargo, la estrategia no dio resultado y, gra-
cias al trabajo de los voluntarios, pronto los mu-
ros estaban terminados hasta media altura.
El avance en los trabajos exasperó aún más los
ánimos de ammonitas y samaritanos. Acordaron
entonces dar un paso más: atacar Jerusalén. Pero
Dios no abandonó a sus fieles; el pueblo invocó
a Yahvé y montó guardia día y noche. Nehemías
los colocó por familias, provistos de espadas, lan-
zas y arcos, apostados detrás de la muralla y en
las zonas descubiertas. Viendo el temor en sus
rostros, los arengó diciendo:
—No los temáis; acordaos de que Y ahvé está
a vuestro lado. Luchad por vuestras familias y
vuestros bienes.
Cuando los enemigos supieron que los judíos
306 estaban preparados esperándolos, y que Dios ha-
12 Cuentos.qxd 14/3/06 15:18 Página 307

bía desbaratado sus planes, se retiraron. Pero


aquella amenaza logró alterar notablemente los
planes de trabajo: continuaron las obras de res-
tauración de la muralla, mas ahora sólo trabaja-
ba la mitad de hombres que antes; el resto, pro-
visto de armas, se dedicaba a la vigilancia y la
defensa. Incluso quienes trabajaban lo hacían con
la espada ceñida a la cintura y el oído atento,
pues en cualquier momento podía sonar el cuer-
no, la señal de alar ma que avisaba de la inmi-
nencia del peligro; entonces habría que correr ,
reunirse en el lugar donde hubiera sonado el
cuerno y aprestarse a la lucha, sabiendo que Yah-
vé combatiría a su lado.
Ammonitas y samaritanos intentaron aún una
última intriga: hicieron correr el rumor de que la
reconstrucción de la muralla ocultaba los prepa-
rativos de una sublevación contra los persas, que
convertiría a Nehemías en rey de Judá; si tales
noticias llegaban a oídos de Artajerjes, las con-
secuencias podrían ser muy duras para los ju-
díos. Sin embargo, el copero se mantuvo firme:
entendió que semejante estrategia pretendía in -
fundir miedo a los judíos para que abandonaran
su trabajo; por ello, animó a los suyos a no ha-
cer caso de los rumores y a poner el máximo em-
peño en acabar la obra comenzada.
Al fin, la muralla quedó terminada. Quienes la
vieron, todas las naciones y los enemigos de Is-
rael, reconocieron que era obra del mismo Dios.
Después se fijaron las puertas y se colocaron
guardias en ellas, hombres fieles y temerosos de
Dios.
De esta manera, en tiempos de Esdras y de Ne-
9
hemías, que fue gober nador de Judá durante Coincide con
los meses de
doce años, quedaron reconstruidos el templo y septiembre y
la muralla de Jerusalén. Cuando llegó el séptimo octubre.
mes9, fiesta con la que se celebraba el año nue-
vo, todo el pueblo se reunió en el templo. Allí 307
12 Cuentos.qxd 14/3/06 15:18 Página 308

leyó Esdras el libro de la ley de Moisés; de pie


sobre un estrado de madera, lo leyó desde el alba
hasta el mediodía aclarando el sentido de sus pa-
labras para que todos comprendieran la lectura.
Después Nehemías, el gober nador, y Esdras, el
escriba, junto a los levitas, dijeron al pueblo:
—Éste es un día santo, en honor de Yahvé. No
estéis tristes, porque él es vuestra fortaleza. Co-
med, bebed y celebrad esta fiesta; que a nadie
le falte su ración, porque es el día consagrado a
nuestro Señor.
Al día siguiente se reunieron de nuevo los ca-
bezas de familia con los sacerdotes, los levitas y
Esdras para leer y comprender las palabras de la
ley. Allí encontraron escrito que Yahvé había or-
denado que los israelitas habitaran en cabañas
durante la fiesta del séptimo mes. Entonces se
pronunciaron pregones para que el pueblo tra-
jera ramas de olivo, pino o palmera para cons-
truir las cabañas. El pueblo respondió a la lla-
mada y surgieron cabañas en las terrazas, patios
y plazas. Toda la asamblea que había regresado
del cautiverio levantó las cabañas y habitó en
ellas, según las palabras del libro de la ley, que
Esdras leyó diariamente durante siete días.
El vigesimocuarto día de aquel mismo mes, los
israelitas ayunaron, se vistieron de sayal y cu-
brieron su cabeza de polvo. Se apartaron de los
extranjeros, confesaron sus pecados y se postra-
ron ante Yahvé su Dios. Después entonaron un
salmo penitencial al Dios que se fijó en Abrahán
e hizo una alianza con él; el que no cerró los ojos
ante el sufrimiento de los hebreos en Egipto y
los sacó de la esclavitud con brazo poderoso:
mientras su pueblo cruzaba el mar pisando un
terreno seco, hundía a sus perseguidores en el
abismo; el que guió a los suyos por el desierto,
alumbrándoles el camino, y en el Sinaí les dio a
308 conocer sus leyes a través de su siervo Moisés;
12 Cuentos.qxd 14/3/06 15:18 Página 309

el que alimentó a su pueblo con el maná e hizo


brotar agua de la roca para saciar su sed; el que
puso en sus manos la tierra que había prometi-
do a sus padres.
Este Dios, clemente y misericordioso, no de-
samparó a los que había elegido cuando éstos
desoyeron sus mandatos y quisieron volver a la
servidumbre de Egipto; no los rechazó cuando
construyeron un becerro de metal fundido y lo
adoraron como a su Dios; no dejó de guiarlos,
ni de alimentarlos, ni de sostenerlos. Al contra-
rio, el pueblo se multiplicó como las estrellas del
cielo, y los hijos entraron a poseer la tierra pro-
metida a sus padres, y tomaron el país porque
Yahvé, Dios guerrero y poderoso, puso en sus
manos a los pueblos que allí vivían: conquistaron
ciudades, ocuparon una tierra fértil, entraron en
casas abastecidas de bienes, dispusieron de cis-
ternas, viñas, olivares y árboles frutales, y comie-
ron y bebieron hasta saciarse, deleitándose en los
innumerables bienes que acababan de recibir.
Pero pronto se volvieron indóciles y rebeldes.
Su corazón se llenó de soberbia, despreciaron
los preceptos de Yahvé, apartaron de sí tu ley, no
prestaron oídos a tus profetas que les exhortaban
a convertirse a ti. Llevaron al límite tu paciencia y
los entregaste en manos de sus enemigos. Some-
tidos, oprimidos, suplicaban tu misericordia y tú
los escuchabas. Fueron muchas las veces en que
tu bondad acudió en su ayuda: los salvaste y les
mostraste de nuevo el camino de tu ley, pero, en
cuanto se veían libres, volvían a olvidarte.
Durante muchos años fuiste muy paciente con
un pueblo orgulloso y pecador, testarudo y des-
agradecido, que no quiso escuchar a tus profe-
tas ni prestar oído a tus advertencias. Y los en-
tregaste en manos de pueblos poderosos: los
obligaste a ver el saqueo y la destrucción del
Templo, a asistir a la ruina de Jerusalén, a sufrir 309
12 Cuentos.qxd 14/3/06 15:18 Página 310

la deportación, la pérdida de la tierra que un día


entregaste a sus padres, y el cautiverio.
Mas por tu inmensa ternura no desaparecieron.
Has mantenido tu alianza y nos has traído de
nuevo a esta tierra. Tú has sido justo y fiel, y no-
sotros malvados; nuestros padres, nuestros reyes,
no guardaron tus mandamientos ni te sirvieron
a pesar de que disfrutaron de los bienes que tú
les diste, y habitaron en la tierra fértil que les en-
tregaste. Ahora, pues, Señor, Dios nuestro, míra-
nos hoy a nosotros: no somos mejores que nues-
tros padres. En la tierra que les diste para gozar
de sus frutos también nos hallamos sumidos en
la servidumbre; a ella nos han traído nuestros pe-
cados mientras otros disfrutan de nuestros bie-
nes. No nos abandones en nuestra angustia.
Concluido el salmo, todos los israelitas, los je-
fes, levitas y sacerdotes, todo el pueblo, quienes
se habían separado de las gentes del país para
seguir la ley de Yahvé, sus mujeres y sus hijos e
hijas, se comprometieron a caminar en la ley de
Dios, dada a través de Moisés, y a guardar y prac-
ticar todos sus mandamientos y leyes.
Aquel día los israelitas se comprometieron so-
lemnemente ante Dios a no dar en el futuro a
sus hijas a los habitantes del país, ni a tomar a
las hijas de éstos; a no comprar mercancía algu-
na a las gentes del país en sábado ni en día sa-
grado; a dar descanso a la tierra en el año sépti-
mo y a condonar todas las deudas; a entregar un
tercio de siclo anual para el servicio del templo
de Yahvé y a presentar cada año a Dios las pri-
micias de la tierra y de los frutos de los árboles,
así como a los primogénitos de los hijos y del
ganado, según lo establecido en la ley. Lo mejor
de las moliendas, del vino y el aceite, y de los
árboles frutales será para los sacerdotes, y el diez-
mo de los productos de la tierra para los levitas,
310 que entregarán a su vez la décima parte de lo
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que reciban al tesoro de la casa de Dios. Final-


mente, todos, sacerdotes, levitas y pueblo, se
comprometieron a no abandonar jamás el tem-
plo de Yahvé.
Los jefes del pueblo se establecieron en Jeru-
salén, mientras que el resto de los israelitas se
repartió por las ciudades de Judá, junto con sa-
cerdotes y levitas, cada uno en su heredad. Para
guardar las ofrendas, las primicias y los diezmos,
se dispusieron almacenes, a cuyo frente fueron
colocados los encargados de recoger en todo el
país la porción que la ley destina a los sacerdo-
tes y levitas.
El trigesimosegundo año del reinado de Arta-
jerjes, Nehemías abandonó Jerusalén para visitar
al rey de Babilonia. Cuando regresó, pasado cier-
to tiempo, tuvo conocimiento de algunos hechos
desagradables que habían sucedido en su au-
sencia: una estancia espaciosa de la casa de Yah-
vé, destinada a depósito de oblaciones, incien-
so, utensilios del templo y diezmos del vino, trigo
y aceite, había sido cedida a Tobías, el ammoni-
ta, pariente del encargado de los aposentos; las
raciones correspondientes a los levitas habían de-
jado de entregarse, por lo que éstos habían aban-
donado su puesto y regresado cada cual a su lu-
gar; en Judá algunos ya no respetaban el sábado:
pisaban los lagares, acarreaban vino, higos y otras
mercancías para venderlas en Jerusalén en sába-
do; los tirios traían también pescado y otras mer-
cancías para venderlas a los judíos el sábado. Ne-
hemías observó, incluso, que algunos judíos
habían emparentado con mujeres asdoditas, moa-
bitas o ammonitas, y que sus hijos apenas ha-
blaban ya la lengua hebrea.
Aquellos desórdenes encolerizaron al gober-
nador y decidió adoptar medidas inmediatas para
corregirlos: Tobías fue expulsado de la estancia
que ocupaba en la casa de Dios, el lugar fue pu- 311
12 Cuentos.qxd 14/3/06 15:18 Página 312

rificado y se volvió a utilizar como almacén y de-


pósito del templo; los levitas fueron restableci-
dos en sus puestos, y se recogió de nuevo el
diezmo del trigo, el vino y el aceite. Nehemías
reprendió severamente a los notables de Judá
por permitir todo aquello y por haber profana-
do el sábado, y ordenó que, en adelante, las
puertas de la ciudad fueran cerradas la víspera
del sábado y no volvieran a abrirse hasta pasa-
do éste. Ninguna carga ni mercancía entraría en
la ciudad en sábado.
Los que se habían casado con mujeres del país
fueron reprendidos, azotados algunos de ellos,
y todos advertidos en nombre de Dios para que
no volvieran a pecar uniéndose a mujeres ex-
tranjeras, como hizo Salomón:
—¿Acaso os vais a rebelar contra nuestro Dios?
–les dijo Nehemías.
Después de haber purificado Israel de todo lo
extranjero, el gobernador terminó su misión dic-
tando un reglamento que establecía las funcio-
nes de sacerdotes y levitas en el culto. Yahvé no
olvidó el desvelo con que se había entregado a
su servicio*.

* Las reformas de Esdras y Nehemías durante la época de


dominio persa se centran en los siguientes ámbitos: la res-
tauración del templo y las murallas, la aplicación de medi-
das sociales (decreto de remisión de deudas) y la reforma
religiosa, llevada a cabo por Esdras (restablecimiento del
culto, enseñanza de la ley, abolición de los matrimonios
mixtos, observancia del sábado y la circuncisión). Esta ve-
neración de la ley forma parte de la mentalidad que en-
cuentran y combaten Jesús de Nazaret y Pablo de Tarso en
312 el Nuevo Testamento.
13 Cuentos.qxd 14/3/06 15:18 Página 313

LA GUERRA SANTA CONTRA


EL HELENISMO

Alejandro de Macedonia1, hijo de Filipo, hom- 1 Alejandro


bre cultivado y sensible, apuesto y vanidoso, ad- Magno (356-323
a.C.): rey de
mirado por sus soldados y temido por sus ene- Macedonia entre
migos, sometió Grecia y decidió emprender la los años 336-323
conquista de Asia, en especial del Imperio persa. a.C., tras el
asesinato de su
2
Unos años después, derrotó a Darío , rey de per- padre, Filipo;
sas y medos, y entró en Babilonia colmado de gran
honores. En esa misma ciudad lo visitó la muer- conquistador y
estratega, dominó
te a la edad de treinta y tres años. Su poder se y destruyó al
extendió hasta los confines del mundo. T uvo a poderoso Imperio
su disposición un ejército muy poderoso: fieros persa. A su
muerte el poder
guerreros en formación compacta formaban sus sobre su inmenso
temidas falanges, auxiliadas por una poderosa ca- imperio
ballería a cuyo frente marchaba el propio Ale- (Alejandro se
consideraba rey
jandro como el primero y más audaz de sus com- de griegos y
batientes. Su inteligencia militar y esta poderosa persas) pasó a
maquinaria de guerra le permitieron someter a manos de sus
pueblos, tierras y reyes, y recibir tributo de ellos. generales (los
diádocos), que
A su paso, la Tierra enmudeció y el corazón del no tardaron en
rey de griegos y persas se llenó de soberbia; hen- enfrentarse por la
chido de orgullo, quiso ser tratado como un dios. herencia
macedonio.
del

Cuando el divino Alejandro sintió cercana su


muerte, reunió a los nobles que lo habían acom- 313
13 Cuentos.qxd 14/3/06 15:18 Página 314

2
Darío III: rey pañado desde su juventud y repartió su reino en-
de Persia entre tre ellos. Alejandro reinó durante doce años. A
los años 336-
330 a.C., fue su muerte, quienes heredaron su poder y sus
derrotado por descendientes extendieron los males sobre la Tie-
Alejandro rra, en especial el helenismo.
Magno en las
batallas de Issos Tras la muerte de Alejandro, Judea quedó bajo
(333 a.C.) y el dominio de los tolomeos 3. Los judíos habita-
Gaugamela ban en Judá, al sur, mientras que al norte, en el
(331 a.C.), en
cuya huida antiguo Israel, vivían los samaritanos; éstos prac-
murió ticaban la primitiva religión israelita, al mar gen
asesinado. del judaísmo, surgido tras la deportación. Ambos
3
tolomeos: pueblos se odiaban y despreciaban mutuamente.
dinastía que Las viejas costumbres idolátricas, provenientes
gobernó Egipto de los cultos cananeos, habían desaparecido, pero
tras la muerte de
Alejandro
su lugar empezaba a ocuparlo otra mucho más
Magno, fundada poderosa: la cultura helenística. El helenismo se
por Tolomeo, extendía por el mundo entero en un proceso im-
general a quien
el macedonio
parable que se aceleró en Judea con la llegada
había nombrado de los seléucidas4 al poder, en especial con la su-
gobernador de bida al trono de Asia de Antíoco Epífanes5, hom-
Egipto. Esta bre ambicioso cuyo primer proyecto fue reinar
dinastía se
enfrentó con la también en Egipto. Organizó para ello un pode-
de los seléucidas, roso ejército y se lanzó a la batalla contra T olo-
que gobernaban meo, el rey de Egipto, que emprendió la huida.
Siria, por el
dominio del Tras ocupar Egipto, Antíoco se dirigió a Israel.
Mediterráneo La ambición del arrogante Antíoco no conocía
oriental y de freno. Nada le impidió poner los pies en la ciudad
Palestina.
santa, despreciar su santuario y apropiarse del te-
4
seléucidas: soro y de todos los objetos de valor que encontró.
dinastía Orgulloso hasta la desmesura, despojó el templo
comenzada por
Seleuco que
y derramó mucha sangre antes de regresar a su tie-
reinó en Oriente rra. Aquella nueva humillación llenó al pueblo de
Próximo desde dolor: los jefes y los ancianos lloraron por el sa-
la muerte de
Alejandro hasta
queo del templo, languideció el rostro de mujeres
el siglo I a.C. y doncellas y toda la descendencia de Jacob, es-
tremecida, se sintió avergonzada, ultrajada*.

* Alejandro Magno conquista Palestina después de su vic-


314 toria contra los persas en la batalla de Isos, preámbulo de
13 Cuentos.qxd 14/3/06 15:18 Página 315

Pero las desdichas de los judíos no habían con- 5


Antíoco IV
cluido. Dos años después, Antíoco envió un ejér- Epífanes: rey
de Siria entre
cito sobre Judá al mando de Apolonio. Con ha- los años 175-
bilidad y buenas palabras embaucó al pueblo y 164 a.C., se
después se ensañó con él sin piedad: saqueó la enfrentó y
derrotó a los
ciudad, incendió las casas, arrasó la muralla y tolomeos. Es
mató a muchos israelitas; se adueñó del ganado conocido en el
e hizo cautivos a mujeres y niños. Sobre aque- relato bíblico
por su intento
llas ruinas se construyó la ciudadela, protegida de prohibir el
por torres y una gran muralla, y en ella se esta- judaísmo e
bleció una raza de rebeldes pecadores, provistos implantar el
culto a los
de armas y víveres, que guardaban el botín acu- dioses griegos.
mulado tras el saqueo de Jerusalén. Aquélla fue
6
una presencia extraña y peligrosa para el san- La ciudadela,
levantada al sur
tuario, que provocó la huida de los habitantes del templo, era
de la ciudad6. una colonia
Todo había empeorado en Judea desde la formada por
paganos
muerte del rey Seleuco IV 7 y la subida al trono helenizantes y
de Antíoco. La ciudad santa vivió en paz bajo el judíos que
sumo sacerdocio de Onías, hombre justo y pia- habían
renegado de sus
doso, y el santuario fue honrado con donacio- tradiciones; se
nes espléndidas que contribuyeron a acrecentar trataba de una
la riqueza del templo de forma extraordinaria. El verdadera polis
dotada de
propio Seleuco se hacía cargo de los gastos que constitución
ocasionaban los sacrificios. propia.
El aumento de las riquezas del templo atrajo el
7
interés del rey por disponer de ellas para sus pro- Seleuco IV:
rey de Siria
pios fines. Simón, el administrador del templo, en- entre los años
frentado a Onías, fue quien puso en conocimien- 187-175 a.C. Al
to de Seleuco IV la existencia de aquel tesoro, principio
continuó la
proporcionándole de esta manera una solución a política
las necesidades económicas que sufría entonces. conciliadora de

su gran campaña contra el Imperio persa. Su interés en do-


minar la región consistía en prevenir los ataques que pu-
dieran venir desde el sur o desde el Mediterráneo. Gracias
a esta conquista, a su muerte, tolomeos y seléucidas se dis-
putarán el territorio palestino, provocando, tras la imposi-
ción del helenismo por Antíoco IV, la rebelión macabea,
bajo cuyo punto de vista están narrados estos hechos. 315
13 Cuentos.qxd 14/3/06 15:18 Página 316

su padre, De inmediato, el rey decretó la transferencia del di-


Antíoco II, que
procuró ganarse
nero guardado en el templo al tesoro real, y de-
la lealtad de signó para ello a Heliodoro, uno de sus servidores.
todos los judíos, En Jerusalén, Onías confirmó a Heliodoro la
pero esa actitud existencia del tesoro, pero le advirtió del carác-
se rompió
cuando ter inviolable del templo: bajo ningún concepto
pretendió el enviado del rey estaba autorizado a profanar
apoderarse, sin la santidad del lugar, ni siquiera a realizar un in-
éxito, de los
fondos del ventario de los bienes allí custodiados, muchos
templo de de los cuales correspondían a depósitos de viu-
Jerusalén. das y huérfanos.
Los planes de Heliodoro no llegaron a reali-
zarse, pero todo cambió cuando subió al trono
Antíoco. Jasón, hermano de Onías y abierto par-
tidario del helenismo si ello contribuía a su en-
8
Cada ciudad riquecimiento, usurpó el cargo de sumo sacer-
griega tenía un dote. Había llegado a un acuerdo con el rey: a
gimnasio, cambio de dinero (el tesoro del templo estaba
donde se
realizaban ahora a su disposición), obtenía el poder y la dig-
ejercicios nidad sacerdotal, además de la autorización para
orientados a fundar en Jerusalén un gimnasio. De esa forma,
mantener la
condición el impío Jasón contribuyó como nadie al avance
física, para la de las costumbres griegas en Judea: el gimnasio,
preparación construido junto al templo de Yahvé, se convir-
militar y la de
los atletas. Los
tió en el nuevo centro de educación de la ju-
ejercicios físicos, ventud; incluso los sacerdotes, deslumbrados por
que se el brillo de las modas recién implantadas, des-
realizaban con
el cuerpo
cuidaron los sacrificios y abandonaron el servi-
desnudo, cio del templo para entregarse con afición a los
formaban parte ejercicios de la palestra. En poco tiempo, los ju-
de la educación díos vieron cómo una persona íntegra, el sumo
de los niños,
bajo el principio sacerdote Onías, era depuesta, cómo el templo
de que era expoliado y, sobre todo, cómo los jóvenes
contribuían se ejercitaban desnudos en el gimnasio. Muchos
decisivamente a
la unidad de de ellos, avergonzados de su circuncisión, hacían
mente y cuerpo. lo posible por ocultarla o al menos disimularla,
colocándose prepucios postizos8.
Sin embargo, el usurpador, el propagandista
316 del helenismo no previó que sufriría en su per-
13 Cuentos.qxd 14/3/06 15:18 Página 317

sona el mismo abuso que él había cometido con


Onías. Llevaba tres años como sumo sacerdote
cuando envió a Menelao, her mano de Simón,
ante el rey como portador del tributo anual. El
astuto Menelao no desperdició la ocasión: ne-
goció con Antíoco y logró que lo nombrara sumo
sacerdote a cambio de una cantidad de dinero
más elevada que la convenida con Jasón. Cuan-
do Menelao regresó, Jasón tuvo que huir preci-
pitadamente. Con todo ello, la dignidad sacerdo-
tal se había cubierto de oprobio: lo que distinguía
a quienes ahora ocupaban el cargo era la cruel-
dad y el desprecio de la ley.
El espectáculo de la degradación y el envileci-
miento en el que había caído la dignidad sacerdo-
tal movió a Onías a denunciar públicamente a Ja-
són y a Menelao: puso al descubierto sus intereses,
sus ansias irrefrenables de poder, su ambición, su 9
Dafne:
afán incontenible de riquezas. Fue un gesto valien- antigua ciudad
cercana a
te pero le costó la vida: Menelao sobor nó al go- Antioquia,
bernador Andrónico y éste, obrando con astucia, enclavada
valiéndose de promesas falsas, de engaños y jura- actualmente en
Turquía.
mentos fingidos, logró convencer a Onías de que
abandonara su refugio en Dafne 9, junto a Antio- 10
Antioquia:
quia10, y lo mató. Aquel brutal asesinato levantó la ciudad fundada
por Seleuco I en
ira de muchos hombres justos, tanto judíos como el 301 a.C. y
griegos, que no dudaron en elevar sus quejas al rey. capital de la
Lo sucedido conmovió al rey, que siempre ha- dinastía
seléucida de
bía encontrado en Onías a un hombre justo y Siria. Situada
prudente. Castigó a Andrónico ejecutándolo en actualmente en
el mismo lugar en que Onías había sido asesi- la zona
meridional de
nado y abrió un proceso contra el malvado Me- Turquía, junto
nelao. A pesar de verse acosado, el sumo sacer- al Mediterráneo,
dote no tardó en encontrar el mejor modo de llegó a ser un
defenderse: el soborno. Se dirigió a Tolomeo, importante
centro cristiano
hombre muy cercano al rey, y le prometió una fuera de
importante cantidad de dinero para que influye- Palestina.
ra en la voluntad de Antíoco. De esta manera re-
sultó absuelto Menelao, un hombre cruel y de- 317
13 Cuentos.qxd 14/3/06 15:18 Página 318

salmado, que logró mantenerse en el poder gra-


cias a la avaricia insaciable de unos gobernantes
inicuos, atentos siempre a la preservación de sus
intereses por encima de la justicia, al cuidado y
al crecimiento de sus bienes antes que al dere-
cho, a evitar menoscabo alguno a su ambición
en vez de a la rectitud.
Tampoco estaba colmada la ambición de Jasón:
tenía una cuenta pendiente con Menelao, de cu-
yas manos deseaba arrancar el sumo sacerdocio.
Aprovechando que circulaba el rumor infundado
de que el rey había muerto, atacó Jerusalén, la
tomó y se entregó a la matanza de sus compa-
triotas, desatando en la ciudad un estado de gue-
rra civil. Sin embargo, la crueldad no le otorgó el
poder. De nuevo tuvo que huir, odiado y con-
vertido en impío, enemigo y verdugo de sus com-
patriotas. El usurpador murió camino de Lacede-
11
Lacedemonia: monia11 en busca de protección, alejado de su
Esparta, ciudad tierra y sin un lugar en la sepultura de sus padres.
de la antigua
Grecia.
Cuando se enteró de todo, Antíoco interpretó
que Judea pretendía separarse de su reino. En-
rabietado, regresó de Egipto, se apoderó de la
ciudad y ordenó a sus tropas castigar de modo
ejemplar a la población. Muchos miles de israe-
litas, de todas las edades, murieron en aquel fe-
roz escarmiento y otros tantos fueron reducidos
a la esclavitud. Con todo, la violencia de la re-
presión no dejó satisfecho al rey; guiado por la
ira y acompañado de Menelao, respirando odio
hacia los judíos, profanó el templo y se llevó las
ofrendas depositadas allí. Con el botín obtenido
del saqueo del templo, el arrogante Antíoco se
marchó a Antioquia. Tiempo después, envió a
Apolonio al mando de un ejército que invadió
Jerusalén y mató a muchos.
En su afán de procurar la unidad del imperio,
Antíoco determinó que todo su pueblo practica-
318 ra una única forma de vida, profesara la misma
13 Cuentos.qxd 14/3/06 15:18 Página 319

religión, asimilara una idéntica cultura, el hele-


nismo. Para ello, promulgó un edicto que obli-
gaba a sus súbditos a abandonar sus tradiciones
particulares y las costumbres propias de cada re-
gión, para adoptar las formas de vida helenistas.
El decreto de Antíoco suponía el fin de la li-
bertad religiosa de la que habían disfrutado los
judíos desde la vuelta del destierro. Ahora, el rey
imponía prácticas religiosas propias de los gen-
tiles, no del pueblo leal a Yahvé; en consecuen-
cia, mantener la fidelidad a la tradición propia,
a la ley de Moisés, se convertía, de hecho, en un
acto de rebeldía que acarrearía inevitablemente
el sufrimiento y la persecución.
Muchos gentiles acataron la orden real, y tam-
bién muchos israelitas: adoptaron costumbres que
les resultaban extrañas, renunciaron al culto a
Yahvé y suspendieron los sacrificios en el tem-
plo, que se contaminó con la dedicación a Zeus
Olímpico12 y se convirtió en escenario de los de- 12
Zeus
sórdenes y las orgías de los paganos, dando rien- Olímpico:
señor y dios del
da suelta a todo aquello que estaba prohibido por cielo, y padre de
la ley; dejaron de guardar el sábado y profana- los dioses
ron el santuario, levantaron altares y templos a olímpicos en la
mitología
los nuevos dioses paganos donde inmolaron ani- griega. Uno de
males impuros, y abandonaron la práctica de la sus principales
circuncisión. Por todas partes se extendió la im- templos estaba
en Olimpia,
piedad; la ley de Moisés quedó derogada, aboli- donde cada
da, proscrita. La muerte esperaba a quien no res- cuatro años se
petara la disposición real y pretendiera continuar celebraban los
viviendo conforme a sus antiguas costumbres. juegos olímpicos
en su honor.
Para asegurarse de que el edicto se aplicaba en
todo el país, el rey ordenó que se ofrecieran sa-
crificios en todas las ciudades de Judá, y enco-
mendó a un grupo de funcionarios el trabajo de
vigilar el cumplimiento exacto de sus órdenes y
castigar a quienes no las obedecieran.
Una persecución atroz se desencadenó con-
tra los judíos: los nuevos opresores arrojaban 319
13 Cuentos.qxd 14/3/06 15:18 Página 320

al fuego todos los rollos de la ley que encon-


traban, y ejecutaban tanto a sus poseedores
como a quienes hallaban viviendo según las tra-
diciones de sus antepasados. No hubo piedad
para las mujeres que circuncidaban a sus hijos,
ni compasión hacia éstos: madres, hijos, fami-
liares y quienes habían practicado el rito sa-
grado eran igualmente asesinados. Inenarrable
fue el sufrimiento y el arrojo de quienes se man-
tuvieron leales a la alianza de Yahvé con sus
padres; de quienes se resistieron a abandonar
la ley, la tradición en la que habían sido edu-
cados desde sus primeros años de vida y a la
que guardaban fidelidad; de quienes prefirie-
ron la muerte a contaminarse con la impureza
y la indignidad.
Muchos israelitas dieron ejemplo de valor y he-
roísmo hasta el martirio. Un hombre anciano y
venerable, el escriba Eleazar, forzado a comer
carne de cerdo en los sacrificios ordenados por
el rey, escupió todo lo que había entrado en su
boca y afirmó con valentía que prefería el supli-
cio y la muerte antes que participar en banque-
tes contrarios a sus costumbres y comer alimen-
tos prohibidos por la ley. Sus verdugos, a quienes
conocía desde hacía tiempo y con los que man-
tenía una antigua amistad, le propusieron que
aparentara comer la carne del sacrificio, aunque
en realidad tomara otra preparada por él y per-
mitida por la ley. De esta forma quedarían a sal-
vo el mandato real y la prescripción legal, y él
podría salvar su vida. Pero el anciano escriba
mantuvo la dignidad, conservó la coherencia y
el respeto a la ley que habían guiado sus pasos
desde la niñez: sus canas no tenían apego algu-
no a los escasos días que le quedaban de vida,
y no sería propio de ellas actuar con fingimien-
to, realizar un simulacro que indujera a los jó-
320 venes a pensar que el anciano Eleazar, al final
13 Cuentos.qxd 14/3/06 15:18 Página 321

de sus días, temeroso del suplicio y de la muer-


te, había abrazado el paganismo despreciando
aquello en lo que creyó toda su vida. No, su con-
ciencia no podría soportar semejante deshonor
ni su nombre tal vergüenza; aunque la simula-
ción que le ofrecían lo salvara por ahora del tor-
mento, jamás podría escapar al juicio del Cielo y
a su sentencia inapelable.
—Es hora de morir con valor por la ley y de
dejar un ejemplo de nobleza a los jóvenes –sen-
tenció.
Y se entregó con decisión al suplicio del apa-
leamiento. Su martirio, locura y disparate para
sus verdugos, ejemplo de virtud y valor para el
pueblo, dejó una profunda huella en la mayoría
de la nación. La integridad y la valentía de este
venerable doctor de la ley, el coraje y la rectitud
de un hombre respetado y de conducta intacha-
ble conmovieron a los judíos y trajeron a la me-
moria de muchos de ellos el nombre del sumo
sacerdote Onías.
El suplicio de Eleazar fue sólo el principio de
las tribulaciones que aguardaban al pueblo. Mu-
chos judíos piadosos veían en ellas la mano de
Dios que deseaba corregir y educar a su pueblo.
Yahvé actúa así con los que ha elegido: nunca
les retira la misericordia ni los abandona, pero
los educa y corrige con la persecución y la des-
gracia.
Siete hermanos fueron apresados junto a su
madre, azotados y obligados por el rey a comer
carne de cerdo. Uno de ellos manifestó que pre-
ferían la muerte a violar los preceptos de la ley.
Aquella respuesta enfureció al rey, que ordenó
un castigo despiadado para el niño: en presen-
cia de su madre y hermanos, le cortaron la len-
gua, le amputaron las extremidades y le arran-
caron el cuero cabelludo; los restos agonizantes
fueron tostados en una sartén al rojo. Mientras, 321
13 Cuentos.qxd 14/3/06 15:18 Página 322

la madre y los hermanos se animaban a morir


confiando en la misericordia divina*.
El segundo también se negó a comer y fue tor-
turado sin compasión. Antes de morir, aún tuvo
fuerzas para dirigirse al rey: no le había dado
tiempo a vivir muchos años, pero sí los sufi-
cientes para saber a quién debía temer realmen-
te y qué leyes observar, las leyes sagradas del
Cielo, donde resucitaremos a una vida eterna.
El tercero también fue con decisión a la muer-
te. Su resolución, el valor con que afrontó el su-
plicio, la falta de temor desconcertaron a sus ver-
dugos y sorprendieron al rey.
De igual modo fue torturado el cuarto. Cuan-
do se acercaba a su tránsito, declaró al rey que
moría con la esperanza de ser resucitado por
Dios; lo que no sucederá contigo –añadió.
El quinto, en medio de los tormentos, advirtió
al rey de que el Dios de los judíos no había aban-
donado a su pueblo; antes de que acabaran sus
días sufriría el castigo del Cielo. El sexto también
murió recordando al rey que su desafío a la ley
divina no quedaría impune.
Entre tanto, la madre sufría con inigualable en-
tereza y la esperanza puesta en lo alto el tránsi-
to de sus hijos. Uno tras otro, los animaba y con-
fortaba, exhortándolos a confiar en la misericordia
de Dios, el mismo que un día los trajo a la vida
y que la devolverá con creces a quienes ahora la
entregan por mantenerse fieles a la ley.

* El texto subraya el carácter heroico y ejemplar de quienes


prefieren aceptar el suplicio y la muerte antes que renunciar
a sus convicciones. Por ello, adquiere especial relevancia en
estas páginas la presentación que el narrador hace de los pro-
tagonistas, adoptando incluso su punto de vista, para expo-
ner los motivos por los que no se someten a la imposición
del helenismo. Uno de estos motivos, pronunciado por al-
gunos de los siete hermanos martirizados, será una de las pri-
322 meras referencias a la fe en la resurrección de los cuerpos.
13 Cuentos.qxd 14/3/06 15:18 Página 323

Al más pequeño, aún con vida, Antíoco trata-


ba de convencerlo con promesas y juramentos
para que rechazara las costumbres judías. Como
el niño no le hiciera caso, llamó a la madre y le
insistió varias veces para que hablara a su hijo y
lo persuadiera para salvar la vida. Ella, al fin,
aceptó dirigirse a su hijo. Pero de su boca no sa-
lió palabra alguna que invitara al adolescente a
escapar de la muerte; antes bien, desafiando al
tirano, rogó a su hijo que tuviera piedad de ella
y se acordara de quien lo llevó nueve meses en
el seno; que no olvidara quién lo amamantó y lo
crió, quién lo educó y lo alimentó.
–Acuérdate de mí y, por el amor que te tengo,
no temas a este verdugo, ni temas a la muerte;
acéptala con el valor y la dignidad que han mos-
trado tus hermanos, y todos volveremos a en-
contrarnos junto al Dios misericordioso.
Después de escuchar a su madre, el muchacho
se encaró con el rey y le dijo que estaba decidi-
do a observar la ley de Moisés, y nada le haría
cambiar de parecer. Con una madurez impropia
de su edad, añadió que ahora recibían el casti-
go del Cielo pero que Dios pronto volverá a es-
tar al lado de su pueblo, al que corrige y re-
prende como un padre a su hijo.
—Aunque perdamos la vida, no hemos perdi-
do la esperanza –añadió.
Tanta valentía acabó de desquiciar a Antíoco, que
descargó toda su crueldad en el menor de los her-
manos. Tras su muerte, sufrió el martirio la madre.
Las palabras del hermano más pequeño se cum-
plieron: la cólera del Todopoderoso pronto se
volvió misericordia. El espectáculo de las impie-
dades y atrocidades que asolaban Judea, la pro-
fanación del templo, la sangre inocente derra-
mada, movió el corazón de muchos hombres
justos. Uno de ellos, el sacerdote Matatías, padre
de cinco hijos, afligido ante la ruina moral en que 323
13 Cuentos.qxd 14/3/06 15:18 Página 324

había caído su pueblo, viendo derrotadas sus con-


vicciones, neutralizadas la conciencia y la digni-
dad de muchos que habían asistido impertérritos
al despojo del templo y a la corrupción del sumo
sacerdocio, creyó llegado el momento de pasar a
la acción. No tenía sentido seguir viviendo para
contemplar impasible cómo toda su vida, su ley
y sus costumbres quedaban reducidas a escom-
bros, para asistir al triunfo de la apostasía.
Llenos de dolor, Matatías y sus hijos abando-
naron Jerusalén, la ciudad santa convertida aho-
ra en ciudad pagana, lugar de oprobio, capital
13
Modín: de la vergüenza, y se establecieron en Modín 13.
pequeña aldea Hasta allí llegaron los funcionarios del rey, en-
situada a unos
5 kilómetros al cargados de vigilar el cumplimiento de los sacrifi-
norte de cios ordenados en cada ciudad, rito al que fueron
Jerusalén, en convocados todos los habitantes del lugar, in-
una zona
montañosa al cluidos Matatías y sus hijos. Llegado el momento,
sudoeste de los representantes del rey invitaron al anciano
Samaria. sacerdote, por su condición de persona conoci-
da y respetada, a que diera ejemplo cumpliendo
el primero la orden real. Así lo habían hecho
otros muchos notables en Judá y en Jerusalén,
en un gesto de colaboración que el rey sabía
apreciar y recompensar en su justa medida. An-
tíoco deseaba contar entre sus amigos con diri-
gentes judíos eminentes, hombres honrados y va-
liosos, entre los que se encontraba sin duda
Matatías. Pero éste rechazó de inmediato seme-
jante ofrecimiento: despreciando las promesas y
haciendo oídos sordos a la adulación, declaró en
alta voz, para que lo oyeran bien todos los pre-
sentes, que ni él, ni sus hijos ni su familia, deja-