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La pauperizacin de TransMilenio

Lo habamos advertido en este espacio: TransMilenio (TM) est capturado por las
ventas ambulantes, la presencia de indigentes, limosneros y vendedores de toda
suerte de baratijas. Pero tambin de ladrones, acosadores y pasajeros que no tienen
reparo en subir con sus grandes cargas, que obstaculizan la movilidad de los
pasajeros. Y nada ha pasado.
O tal vez s. Ya existe un censo de este fenmeno que rodea al sistema de
transporte masivo de los bogotanos: 119 vendedores ambulantes, 236 habitantes de la
calle, 70 msicos ... Y todo ello, aunque suene odioso decirlo, termina por
fomentar la inseguridad, como lo reconoce la misma empresa. Los pasajeros ya tienen
suficiente con soportar la incomodidad de los buses llenos, la imprudencia de los
colados y la doble tarjeta para acceder al servicio, para que tambin tengan que
ser sometidos a este tipo de situaciones.
Quienes hacen uso de buses y estaciones para conseguir algunas monedas, vender por
igual golosinas que libros de meditacin, el sistema TM ofrece abundante clientela,
buses biarticulados en los que pueden permanecer buen tiempo y pasajeros dispuestos
a perpetuar tales prcticas. Pero an ms: no sienten que exista autoridad que les
impida ejercer su labor, con lo que se confirma el axioma segn el cual como TM es
de todos termina siendo de nadie, y cualquiera se siente con derecho a repetir
conductas que eran concebibles en el viejo modelo de buses obsoletos, donde el que
menos importa es el pasajero.
Pero en TransMilenio las cosas son distintas. El sistema s les cuesta a los
ciudadanos. Y cuesta mucho ms desde que la Administracin aplica subsidios de
forma indiscriminada. Y cuesta sostener las estaciones. Y mantener los buses. Y
mantener la malla vial.
No es admisible que las autoridades no hayan encontrado coto para esta situacin.
Los usuarios merecen el respeto y la comodidad que les prometieron cuando arranc
su operacin. La Polica anuncia la publicacin de carteles con las imgenes de los
ladrones que ms acceden al sistema. Eso ya es un paso. Ahora falta que los
pasajeros no fomenten la informalidad, que termina generando miedo a la hora de
abordar un articulado.