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UNIVERSIDAD TECNOLÓGICA DE PEREIRA

DEPARTAMENTO DE HUMANIDADES E IDIOMAS


UNIVIRTUAL – CURSO DE CONSTITUCIÓN POLÍTICA
Guillermo Aníbal Gärtner Tobón
Profesor Asociado - UTP

LECTURAS VARIAS PARA PROVOCAR Y ACOMPAÑAR REFLEXIONES


ACERCA DEL ESTADO Y LA CONSTITUCIÓN POLÍTICA EN EL ESTADO
SOCIAL DE DERECHO REFERIDAS AL FENÓMENO HUMANO.

El propósito de este documento es acompañar un ejercicio académico de motivar al


estudio de la Constitución Política.

Para ello iniciamos indicando y recreando unos conceptos como los que aquí
reproducimos de Albert Einstein y de Mijaíl Bakunin, el primero como referente para
pensar reflexivamente acerca de la naturaleza humana dado el supuesto que entender y
comprender la esencia del ser humano es fundamental para entender los derechos de
cuya realización y protección debe ocuparse esa realidad social, política, denominada
ESTADO.

Independiente de las concepciones del mundo que tenga quien haga este ejercicio
encontrará una oportunidad de recrear su propia concepción y comprender la
complejidad del tema constitucional desde la relación SER HUMANO – ESTADO –
CONSTITUCIÓN.

Provocado como es de esperar quede quien haga las primeras lecturas, reflexione sobre
ellas y participe en lo posible en la discusión de las mismas, puede ahora de manera
“prevenida”, crítica, acercarse a las comprensiones que del ser humano, del Estado y de
la Constitución están expresadas de manera directa o no, explicita o tácitamente, en los
contenidos del escrito acerca del sentido de la carta de derechos que acompañó el
proyecto de acto reformatorio de la constitución política de Colombia como fue
presentado en febrero de 1991 por la Presidencia de la República.
1. PARA INICIAR EL EJERCICIO EXITANDO LAS NEURONAS 

LECTURA 1.

Texto de Einstein

El hombre es, a la vez, un ser solitario y un ser social. Como ser solitario, procura
proteger su propia existencia y la de los que estén más cercanos a él, para satisfacer sus
deseos personales, y para desarrollar sus capacidades naturales. Como ser social, intenta
ganar el reconocimiento y el afecto de sus compañeros humanos, para compartir sus
placeres, para confortarlos en sus dolores, y para mejorar sus condiciones de vida.
Solamente la existencia de éstos diferentes, y frecuentemente contradictorios objetivos
por el carácter especial del hombre, y su combinación específica determina el grado con
el cual un individuo puede alcanzar un equilibrio interno y puede contribuir al bienestar
de la sociedad. Es muy posible que la fuerza relativa de estas dos pulsiones esté, en lo
fundamental, fijada hereditariamente. Pero la personalidad que finalmente emerge está
determinada en gran parte por el ambiente en el cual un hombre se encuentra durante su
desarrollo, por la estructura de la sociedad en la que crece, por la tradición de esa
sociedad, y por su valoración de los tipos particulares de comportamiento. El concepto
abstracto "sociedad" significa para el ser humano individual la suma total de sus
relaciones directas e indirectas con sus contemporáneos y con todas las personas de
generaciones anteriores. El individuo puede pensar, sentirse, esforzarse, y trabajar por si
mismo; pero él depende tanto de la sociedad -en su existencia física, intelectual, y
emocional- que es imposible concebirlo, o entenderlo, fuera del marco de la sociedad.
Es la "sociedad" la que provee al hombre de alimento, hogar, herramientas de trabajo,
lenguaje, formas de pensamiento, y la mayoría del contenido de su pensamiento; su vida
es posible por el trabajo y las realizaciones de los muchos millones en el pasado y en el
presente que se ocultan detrás de la pequeña palabra "sociedad".

Es evidente, por lo tanto, que la dependencia del individuo de la sociedad es un hecho


que no puede ser suprimido -- exactamente como en el caso de las hormigas y de las
abejas. Sin embargo, mientras que la vida de las hormigas y de las abejas está fijada con
rigidez en el más pequeño detalle, los instintos hereditarios, el patrón social y las
correlaciones de los seres humanos son muy susceptibles de cambio. La memoria, la
capacidad de hacer combinaciones, el regalo de la comunicación oral ha hecho posible
progresos entre los seres humanos que son dictados por necesidades biológicas. Tales
progresos se manifiestan en tradiciones, instituciones, y organizaciones; en la literatura;
en las realizaciones científicas e ingenieriles; en las obras de arte. Esto explica que, en
cierto sentido, el hombre puede influir en su vida y que puede jugar un papel en este
proceso el pensamiento consciente y los deseos.

El hombre adquiere en el nacimiento, de forma hereditaria, una constitución biológica


que debemos considerar fija e inalterable, incluyendo los impulsos naturales que son
característicos de la especie humana. Además, durante su vida, adquiere una
constitución cultural que adopta de la sociedad con la comunicación y a través de
muchas otras clases de influencia. Es esta constitución cultural la que, con el paso del
tiempo, puede cambiar y la que determina en un grado muy importante la relación entre
el individuo y la sociedad como la antropología moderna nos ha enseñado, con la
investigación comparativa de las llamadas culturas primitivas, que el comportamiento
social de seres humanos puede diferenciar grandemente, dependiendo de patrones
culturales que prevalecen y de los tipos de organización que predominan en la sociedad.
Es en esto en lo que los que se están esforzando en mejorar la suerte del hombre pueden
basar sus esperanzas: los seres humanos no están condenados, por su constitución
biológica, a aniquilarse o a estar a la merced de un destino cruel, infligido por ellos
mismos.

En Monthly Review, Nueva York, mayo de 1949.

LECTURA 2.

UN TEXTO DE BAKUNIN
Está en la naturaleza del Estado el presentarse tanto con relación a sí mismo como
frente a sus súbditos, como el objeto absoluto. Servir a su prosperidad, a su grandeza, a
su poder, esa es la virtud suprema del patriotismo. El Estado no reconoce otra, todo lo
que le sirve es bueno, todo lo que es contrario a sus intereses es declarado criminal; tal
es la moral de los Estados.

Es por eso que la moral política ha sido en todo tiempo, no sólo extraña, sino
absolutamente contraria a la moral humana. Esa contradicción es una consecuencia
inevitable de su principio: no siendo el Estado más que una parte, se coloca y se impone
como el todo; ignora el derecho de todo lo que, no siendo él mismo, se encuentra fuera
de él, y cuando puede, sin peligro, lo viola. El Estado es la negación de la humanidad.

¿Hay un derecho humano y una moral humana absolutos? En el tiempo que corre y
viendo todo lo que pasa y se hace en Europa hoy , está uno forzado a plantearse esta
cuestión. Primeramente; ¿existe lo absoluto, y no es todo relativo en este mundo?
Respecto de la moral y del derecho: lo que se llamaba ayer derecho ya no lo es hoy, y lo
que parece moral en China puede no ser considerado tal en Europa. Desde este punto de
vista cada país, cada época no deberían ser juzgados más que desde el punto de vista de
las opiniones contemporáneas y locales, y entonces no habría ni derecho humano
universal ni moral humana absoluta.

De este modo, después de haber soñado lo uno y lo otro, después de haber sido
metafísicos o cristianos, vueltos hoy positivistas, deberíamos renunciar a ese sueño
magnífico para volver a caer en las estrecheces morales de la antigüedad, que ignoran el
nombre mismo de la humanidad, hasta el punto de que todos los dioses no fueron más
que dioses exclusivamente nacionales y accesibles sólo a los cultos privilegiados.

Pero hoy que el cielo se ha vuelto un desierto y que todos los dioses, incluso
naturalmente, el Jehová de los judíos, se hallan destronados, hoy sería eso poco todavía:
volveríamos a caer en el materialismo craso y brutal de Bismarck, de Thiers y de
Federico II, de acuerdo a los cuales dios está siempre de parte de los grandes
batallones, como dijo excelentemente este último; el único objeto digno de culto, el
principio de toda moral, de todo derecho, sería la fuerza; esa es la verdadera religión del
Estado.

La Revolución por Decretos está Condenada al Fracaso. Frente a las ideas de los
comunistas autoritarios -ideas falaces, en mi opinión- de que la Revolución Social
puede ser decretada y organizada por medio de una dictadura o de una Asamblea
Constituyente, nuestros amigos, los socialistas parisinos, sostienen que la revolución
sólo puede ser emprendida y llevada a su pleno desarrollo a través de la acción masiva
continua y espontánea de grupos y asociaciones populares.

Nuestros amigos parisinos tienen mil veces razón. Porque, en realidad, no hay cerebro,
por muy genial que sea, o -si hablamos de la dictadura colectiva de algunos centenares
de individualidades supremamente dotadas no hay combinación de intelectos capaz de
abarcar toda la infinita multiplicidad y diversidad de intereses, aspiraciones, deseos y
necesidades reales que Constituyen en su totalidad la voluntad colectiva del pueblo; no
existe intelecto capaz de proyectar una organización social que pueda satisfacer a todos
y cada uno.
Tal organización será siempre un lecho de Procusto en el que la violencia, más o menos
sancionada por el Estado forzaría a la desdichada sociedad. Pero este es un viejo sistema
de organización, basado sobre la fuerza, que la Revolución Social suprimirá para dar
plena libertad a las masas, los grupos, Comunas, asociaciones e individualidades,
destruyendo de una vez por todas la causa histórica de toda violencia: la misma
existencia del Estado cuya caída supondrá la destrucción de todas las iniquidades del
derecho jurídico y de todas las falsedades de los diversos cultos -derechos y cultos que
han sido siempre, los canonizadores complacientes, tanto en el terreno ideal como en el
real, de toda la violencia representada, garantizada y autorizada por el Estado.
Es evidente que sólo cuando el Estado haya dejado de existir, la humanidad obtendrá su
libertad, y que sólo entonces encontrarán su auténtica satisfacción los verdaderos
intereses de la sociedad, de todos los grupos, de todas las organizaciones locales y, en
consecuencia, de todos los individuos que forman tales organizaciones.

La Libre Organización Seguirá a la Abolición del Estado. La abolición del Estado y


de la Iglesia debe ser la condición primera e indispensable para la emancipación
efectiva de la sociedad. Sólo después la sociedad podrá y deberá empezar su propia
reorganización que, sin embargo, no debe efectuarse de arriba abajo, ni de acuerdo con
algún plan ideal proyectado por unos pocos sabios o filósofos, ni mediante decretos
promulgados por algún poder dictatorial, o incluso por una Asamblea Nacional u
elegida por sufragio universal. Tal sistema, como ya se ha dicho, llevaría
inevitablemente a la formación de una aristocracia gubernamental, es decir, a una clase
de personas que nada tiene en común con las masas del pueblo; y esta clase volvería con
toda certeza a explotar y someter a las masas bajo el pretexto del bienestar común o de
la salvación del Estado.

La Libertad debe ir de la Mano con la Igualdad. Soy un partidario convencido de la


igualdad económica y social porque sé que, sin esta igualdad, la libertad, la justicia, la
dignidad humana, la moral y el bienestar de los individuos, como también la
prosperidad de las naciones, no son sino otras tantas falsedades. Pero como soy al
mismo tiempo un partidario de la libertad, primera condición de la humanidad, creo que
la igualdad debería establecerse en el mundo por la organización espontánea del trabajo
y la propiedad colectiva, por la libre organización de las asociaciones de productores en
comunas y la libre federación de las comunas -pero de ningún modo mediante la acción
suprema y tutelar dcl Estado.

Escrito: s.f., construido de extractos de diversos artículos. Publicación:: G.P.


Maximoff (ed.), "The Political Philosophy of Bakunin". The Free Press, NY © 1953
(derechos no renovados). Edición eletrónica: Anarchist Archives; Marxists Internet
Archive, 1999.
2. ATERRIZANDO EN COLOMBIA Y EXAMINANDO LOS
SUPUESTOS DE LA CONSTITUCIÓN DE 1991

LECTURA 3.

CARTA DE DERECHOS Y DEBERES


El Sentido de una Carta de Derechos

El segundo título de la Constitución según la reforma propuesta, correspondería a la


Carta de Derechos. En las democracias de la posguerra, las normas constitucionales que
garantizan Los derechos se han colocado antes de aquellas dedicadas a la distribución
de poderes con el fin de resaltar que el Estado existe para servir al ciudadano, para
protegerlo y además para promover las condiciones que permitan, a todos, desarrollarse
libremente.

La ubicación de la Carta de Derechos representa entonces un cambio en la concepción


del Estado. En el documento denominado “Reflexiones para una Nueva Constitución”
se describió el significado que tiene para nuestra democracia la consagración expresa de
los principales derechos y la creación de mecanismos eficaces para asegurar su
protección. A continuación se recogen dichas reflexiones.

“El problema más grave que tiene Colombia en lo concerniente a su vida civilizada es la
constante violación de los derechos humanos y el papel determinante que dicha
violación tiene en la proliferación de la violencia. Por eso, la Carta de Derechos merece
atención prioritaria.
“Además, cuando en la construcción de las instituciones democráticas de Europa del
este se considera que lo esencial es reconocer las libertades básicas de los miembros de
una comunidad política, cuando en Gran Bretaña y en otros países el gran debate
constitucional gira en torno a la adopción de una Carta de Derechos, cuando el tema de
los derechos humanos es uno de los principales de la agenda internacional, Colombia
debe abordarlo con toda la trascendencia que tiene en la transformación de nuestra
democracia.

“La Constitución de 1886 fue tímida en la consagración de derechos. La reforma de


1936 avanzo en este campo e hizo formulaciones que eran audaces para su tiempo, pero
que con el transcurso de los años y la aparición de nuevas realidades su contenido se fué
quedando corto, razón por la cual hoy puede afirmarse que la Constitución vigente es
precaria en la definición de derechos civiles y políticos, en la tutela de derechos sociales
y económicos, en el reconocimiento de derechos colectivos y en el establecimiento de
los mecanismos necesarios para proteger efectivamente los derechos fundamentales de
los individuos.

“Cuando hablamos de derechos, estamos hablando también de poder. Hay quienes


sostienen que la principal razón para adoptar una Carta de Derechos es que no hay
mejor manera de fortalecer los poderes del ciudadano frente al Estado. Las atribuciones
estatales en la era moderna se han vuelto más grandes y penetran en todos los rincones
de la vida cotidiana por consiguiente, los individuos se sienten desamparados a merced
de la buena voluntad y del justo criterio de las autoridades o, en ocasiones, de su
arbitrariedad. Eso no es conveniente ni para la estabilidad de las instituciones ni para el
desarrollo autónomo y digno de las personas. Por esta razón, frente al abuso, hay que
contraponer la justicia. Es la aplicación de una justicia eficiente la llamada a combatir el
desafuero.

“Obviamente, definir en un texto constitucional Los derechos de los colombianos no


asegura su efectiva protección. Pero es el primer paso ineludible que hará que los
colombianos empiecen a apropiarse de esa Constitución que hoy ven lejana e
ininteligible. Igualmente, será necesario un completo desarrollo legislativo, tanto en la
precisión, amplitud e implicaciones de la formulación sustancial de los derechos, como
en lo tocante a los mecanismos necesarios para que ellos tengan vigencia práctica.

“También es muy útil para alcanzar la reconciliación de todos los colombianos. Como
dice uno de los considerandos del Decreto 1926, “diversas fuerzas sociales, incluidas
aquellas que se encuentran marginadas o que desarrollan actividades contestatarias en
ocasiones por fuera de la ley, contribuyendo a la anarquización generalizada de la vida
política del país, tendrán en la convocación de la Asamblea Constitucional y en el
proceso de reforma para la adopción de nuevos derechos y de mecanismos eficaces para
asegurar su protección, una oportunidad de ingresar a la vida democrática institucional,
Lo cual es necesario para alcanzar la convivencia pacífica de todos los colombianos”.
También los grupos alzados en armas y ven en la posibilidad de consagrar nuevos
derechos una oportunidad histórica y por esta razón esta parte de la reforma es esencial
para alcanzar la paz. La gente no se sublevará para defender sus derechos cuando sepa
que están en la Carta. Los recursos para protegerlos deslegitiman el alzamiento, aislan a
los sublevados. Y a se han quedado sin argumentos. Después de la consagración de una
Carta de Derechos eficaz, sus acciones serán aún más irracionales.
“En la génesis de la violencia se encuentra la violación de los derechos fundamentales,
En la historia de la sublevación en nuestro país, no es insólito encontrar grupos que se
rebelan contra las instituciones, no porque los oriente un propósito de lucha contra el
Estado sino, al contrario, porque éste no ha sido capaz de garantizar sus derechos. Se
ignora la consagración de derechos en la Carta, ya que no existen mecanismos eficaces
para lograr su vigencia. El día que esta situación se supere, cuando la Carta de Derechos
sea una realidad, estarán abiertos los caminos de la paz. Aún sin la presencia de los
grupos armados en el seno de la Asamblea, ésta podrá cumplir su papel pacificador, ya
que su objetivo se dirige a la génesis de la sublevación y dejará sin piso a los violentos
para enfrentarse al Estado.

“Enumerar y definir expresamente los derechos es además indispensable para que los
mecanismos y organismos diseñados para tutelarlos tengan una base sólida y para que
los colombianos sepan claramente cuáles son sus derechos y puedan así exigir su
cumplimiento.

“En el caso de que se adoptaran nuevos derechos civiles y políticos directamente


exigibles por un individuo ante una autoridad judicial, como sucede en otros países
latinoamericanos y en democracias europeas, se daría un gran paso en la limitación del
ejercicio del poder arbitrario. Se estarán fijando Límites sustanciales a la autoridad, que
aún obrando dentro de su órbita de competencia y con buena intención no puede
desconocer. A los jueces corresponde principalmente proteger los derechos amenazados
o violados, y por lo tanto, una Carta de Derechos, tomada en serio, implica un aumento
muy considerable de las responsabilidades del poder judicial. Por esta razón, la posible
creación de una Corte Constitucional y la adopción de nuevos recursos judiciales debe
ser analizada dentro de esta nueva perspectiva.

“La Carta de Derechos también es un elemento esencial de lo que se ha denominado el


Estatuto de la oposición. En la medida en que el individuo está protegido efectivamente
de eventuales arbitrariedades o excesos y en que los derechos de las minorías sean
garantizados constitucionalmente, el espacio para controversia franca, la crítica abierta,
la confrontación de ideas, estará plenamente despejado.

“Por otra parte, Si todavía hay un largo camino por recorrer en cuanto a la protección de
éstos y otros derechos tradicionalmente asociados con la democracia, es aún más largo
el que debe ser transitado para lograr la vigencia efectiva de los derechos sociales y
colectivos.

“Es cierto que en 1936, se dió un significativo paso en este sentido. Sin embargo, las
garantías sociales entonces consagradas no han tenido la eficacia esperada. Y los
colombianos así lo saben cuando en las encuestas le dan gran importancia a los derechos
relacionados con asuntos laborales y a otros que reflejan anhelos de justicia social.

“Se dirá que la Constitución no puede prometer vivienda, salud, educación, comida
trabajo y seguridad social a todos los colombianos. Pero es que ese no es el objetivo.
Incluso sería perjudicial para la misma Constitución crear derechos imposibles de
cumplir. De lo que se trata es de afrontar el hecho de que la real libertad no puede
existir sin seguridad económica e independencia. La superación de las principales
necesidades socioeconómicas de los colombianos debe convertirse en un propósito
nacional que comprometa no sólo al Estado sino también a los particulares. Para que así
sea, la reforma constitucional aprobada por la Asamblea, donde estará representada toda
la Nación, debe tener la posibilidad de reconocer formalmente dichas necesidades.

“Además, hay bienes sociales fundamentales que no pueden estar circulando para
compraventa en el mercado. Cada sociedad debe decir cuáles son ellos y buscan una
forma de evitar que sólo quienes tienen poder y dinero puedan disfrutar de esos bienes
sociales. La salud mínima para sobrevivir y compartir una existencia digna con los
demás, por ejemplo, no debe ser un privilegio sino un derecho de todos. que el Estado y
los particulares deben respetar.

“Estos derechos socioeconómicos y colectivos serian objetivos comunes que el


Legislador deberá promover. Con base en ellos, muchas controversias que hoy son
vistas simplemente como el enfrentamiento entre intereses se tomarían en debates sobre
la forma en que las políticas estatales, al distribuir recursos y beneficiar a ciertos grupos,
están respetando valores constitucionalmente protegidos y que, todos reconocemos,
tienen la mayor importancia.

“Finalmente, una Carta de Derechos, acompañada de mecanismos para garantizar su


cumplimiento tanto por el Estado como por centros privados de poder, podría contribuir
significativamente a la creación de una cultura cívica de tolerancia pero también de
identificación y defensa activa de los principios esenciales de la convivencia
democrática. Como se dijo al instalar la Comisión Preparatoria sobre Derechos
Humanos:

“Ser ciudadano es algo que se aprende. En Colombia hemos formado expertos en


diferentes especialidades pero nos hemos olvidado del hombre común que debe ser
estimulado a asumir activamente su condición de ciudadano. No es un problema de
civismo sino de cultura, en el sentido democrático del término. No se trata de que cada
colombiano sea constitucionalista sino de que en todos viva un sentimiento de
compromiso con los principios fundamentales de la democracia que nos impulse a ser
guardianes siempre alerta de la libertad, la justicia y la igualdad”.

Transcrito por GAG del texto publicado por la Presidencia de la República en febrero de
1991.

Santa Rosa de Cabal, agosto 2 de 2010