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Masa (cesar vallejo)

Al fin de la batalla,
y muerto el combatiente, vino hacia l un hombre
y le dijo: No mueras, te amo tanto!
Pero el cadver ay! sigui muriendo.

Se le acercaron dos y repitironle:


No nos dejes! Valor! Vuelve a la vida!
Pero el cadver ay! sigui muriendo.

Acudieron a l veinte, cien, mil, quinientos mil,


clamando Tanto amor y no poder nada contra la muerte!
Pero el cadver ay! sigui muriendo.

Le rodearon millones de individuos,


con un ruego comn: Qudate hermano!
Pero el cadver ay! sigui muriendo.

Entonces todos los hombres de la tierra


le rodearon; les vio el cadver triste, emocionado;
incorporse lentamente,
abraz al primer hombre; echse a andar..
El pan nuestro (vallejo )
Se bebe el desayuno... Hmeda tierra
de cementerio huele a sangre amada.
Ciudad de invierno... La mordaz cruzada
de una carreta que arrastrar parece
una emocin de ayuno encadenada!

Se quisiera tocar todas las puertas,


y preguntar por no s quin; y luego
ver a los pobres, y, llorando quedos,
dar pedacitos de pan fresco a todos.
Y saquear a los ricos sus viedos
con las dos manos santas
que a un golpe de luz
volaron desclavadas de la Cruz!

Pestaa matinal, no os levantis!


El pan nuestro de cada da dnoslo,
Seor...!

Todos mis huesos son ajenos;


yo talvez los rob!
Yo vine a darme lo que acaso estuvo
asignado para otro;
y pienso que, si no hubiera nacido,
otro pobre tomara este caf!
Yo soy un mal ladrn... A dnde ir!

Y en esta hora fra, en que la tierra


trasciende a polvo humano y es tan triste,
quisiera yo tocar todas las puertas,
y suplicar a no s quin, perdn,
y hacerle pedacitos de pan fresco
aqu, en el horno de mi corazn...!