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LA PERSONA FRENTE A LA TENTACIÓN

INTRODUCCIÓN
El avance o retroceso de la fe y de la comunión de la persona con Dios,
tiene mucho que ver con la tentación. Si la persona es tentada y cede a ella,
su relación con Dios se verá seriamente afectada. Es necesario conocer qué
es y cómo se presenta, a fin de aprender a vencerla. Pues, la tentación es
una realidad que se hará constantemente presente en la vida de la persona.

I. ¿Qué es la tentación?
La tentación es una incitación, invitación, o provocación a que la persona
cometa o practique algo en contra de la voluntad divina. La tentación lleva a
la persona a desobedecer a Dios y a su palabra, si la persona finalmente cae
o cede a ella. Es también una incitación a desobedecer los mandamientos y
los propósitos de Dios para nuestra vida, y para toda la humanidad.

II. ¿De dónde procede la tentación?


La tentación no procede de Dios. Pues, Dios no tienta a nadie, ni Él es
tentado por el mal (Stg.1:13). La invitación al mal o a pecar proviene de las
siguientes fuentes:
(1) Proviene del diablo. En el huerto de Edén el diablo utilizó la duda
para que la tentación llevara a la mujer y al hombre a pecar. Les
hizo creer que si desobedecían a Dios “no moriréis” (Gen.3:4). Esto
hizo dudar a Adán y a Eva de que Dios les hubiera dicho la verdad y
pecaron. Para sembrar una duda, el diablo utiliza también la
mentira y promesas que nunca cumple. A Adán y Eva les dijo que si
comían del árbol prohibido “seréis como Dios, sabiendo el bien y el
mal” (v.5).
(2) Proviene de nuestras propias concupiscencias o deseos de la carne.
Ante la invitación al mal que el diablo hace a la persona, esta cede
por sus propias debilidades, deseos y concupiscencias de su carne.
Por ejemplo: el hambre tienta la robo; el sexo al adulterio y a la
fornicación; el enojo a los gritos, golpes, insultos y crimen; los
malos pensamientos insistentes a las malas acciones (Stg 1:13-15).
(3) Los “amigos” y las “amigas” también pueden incitarnos al mal en
muchos casos, o desanimarnos para que no hagamos la voluntad de
Dios para nuestros vidas.
(4) La tentación puede provenir también del ambiente donde vivimos.
Donde hay mucha vida sexual pública e ilegítima, la persona se
siente atraída a actuar igual a los demás. Donde se usa el engaño,
la mentira y el fraude, la persona se siente arrastrada a actuar de
igual manera.

III. El propósito de la tentación.


Somos tentados cuando sentimos ganas de contar un chisme, aunque
creamos que nos sirve de excusa decir que lo que contamos es verdad.
Asimismo, somos tentados cuando deseamos obtener un puesto de
importancia por vanidad, o por el deseo de tener poder y aprovecharnos del
puesto para obtener beneficios, u oprimir a la gente.
Así, pues, en todos estos casos y en todos los demás, la tentación es
utilizada por el diablo con la finalidad desviarnos del camino que nos lleva a
vivir de acuerdo con la voluntad de Dios y su palabra. Tal y como se pudo
observar en el caso de Adán y Eva, la tentación tiene como fin, llevar a la
persona a pecar, romper la comunión del hombre con Dios e imposibilitar al
ser humano para vivir a imagen de Dios. De esta manera la tentación es la
herramienta del diablo que se aprovecha de las debilidades y
concupiscencias del ser humano para desviarlo del camino que lo lleva a la fe
y a una vida a la imagen de Dios. La tentación lleva al lugar equivocado: a la
muerte eterna, a la separación eterna de Dios.

VI. La actitud correcta frente la tentación.


No es correcto exponerse voluntariamente a situaciones de pecado o
incitación al mal. El alcohólico, por ejemplo, no debe frecuentar bares o
amigos borrachos; aunque no piense beber, pues, tan sólo la simple
presencia en tales lugares, o con tales amigos, lo expondrá a la debilidad de
beber nuevamente. La persona que busca sitios y espectáculos sexuales, se
verá tentado y caerá ineludiblemente en la tentación, debido a la insistente
exposición a tal situación. El pecado empieza siendo un coqueteo de la
persona con la maldad, para luego ceder a la tentación, cometer el pecado y,
luego, el pecado da a luz la muerte (Stg.1:12-15).
La manera correcta de enfrentar la tentación es resistirla en oración y
alejarse del sitio o las personas que la provocan (Ef.6:12-18; 1 Ped.5:8-9;
Lc.22.$0,46; Mt.24:37-51). Es necesario también buscar la compañía y el
auxilio espiritual de quienes siguen el camino de Dios. Asimismo, es
importante mantenerse ocupado en lo bueno. Ya que “en cuerpo desocupado
hace oficina satanás”.. La vagancia, la pereza, la falta de dedicarse
activamente al servicio es puerta abierta para la tentación y el pecado (2
Tim.3:14-17; 2 Ped.1:3-10). Un escudo muy poderoso contra la tentación es
la fe (Ef.6:16). Confiar en la palabra y las promesas divinas. Ya que la
tentación buscará hacernos dudar de las promesas de Dios (Gn.3:1-5).

CONCLUSIÓN
Si tu cedes a la tentación, caerás en pecado, y el pecado te
llevará al lugar equivocado para ti: la muerte, la separación
eterna de Dios y de la vida abundante.
Si aprendes a vencer la tentación a través de la oración, de la
confianza en la palabra y promesas de Dios y, si aprendes a huir
de amigos y sitios que te someten a tentación pecaminosa,
podrás vencer el pecado, crecer en tu relación íntima con Dios y
madurar a imagen de Cristo. Esto tiene promesa de vida eterna
en Cristo Jesús (Ro.6:23).