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Capítulo 16 Violencia y maltrato

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maltratada consultando con un asesor no crítico. Otras inter- venciones se analizan en el apartado «Asistencia de enferme- ría» de este capítulo.

Maltrato infantil

El maltrato infantil puede adoptar la forma de maltrato físi- co, maltrato emocional, abuso sexual o abandono físico, emo- cional y médico en una persona menor de 18 años de edad. Los niños que son testigos de violencia familiar también son víctimas.

Casi un millón de niños estadounidenses son víctimas de maltrato infantil cada año. Las últimas estadísticas des- glosan las proporciones de niños maltratados como se deta- lla a continuación (Anbarghalami, Yang, Van Sell y Miller- Anderson, 2007):

El 62,4% sufre abandono El 17,5% sufre maltrato físico

El 9,7% sufre abuso sexual El 7% sufre maltrato emocional o psicológico El 2,1% sufre abandono médico

El maltrato fisico de los niños puede adoptar la forma de castigo corporal grave. La figura 16-6 ■ muestra un niño al que se castigó azotándole con un cordón eléctrico.

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Figura 16-6. Niño con marcas producidas tras golpearle con un cordón eléctrico. A veces el tipo de maltrato se puede determinar por las características de las heridas en la víctima. Fuente: Robert A.

Felter, M.D.

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Figura 16-7. Quemaduras por escaldadura en los pies de un niño

pequeño. Fuente: Ray Also n, PhD,MD,FACEP,FAAEM.

Este castigo con frecuencia se asocia a no saber qué se puede esperar razonablemente de los niños en diferentes fases del desarrollo. Por ejemplo, se puede castigar a un niño de 1 año de edad por llorar, o a un lactante por ensuciar los pañales. El traumatismo craneal (a veces por sacudir al niño) es la principal causa de muerte y discapacidad en lactantes y niños que sufren maltrato. Las lesiones intencionadas de los niños también pueden adoptar la forma de golpes, sacu- didas, cortes, quemaduras, atragantamiento, tirar del cabe- llo u otras lesiones.

Los profesionales de enfermería deben plantearse la posi- bilidad de que haya maltrato cuando las lesiones de un niño no sean compatibles con las explicaciones que se dan. El niño pequeño que es traído al servicio de urgencias con quemadu- ras por escaldadura en los pies debe llevar al profesional sani- tario a sospechar si los cuidadores refieren que el niño acci- dentalmente encendió el agua caliente cuando estaba en la bañera a la vez que el niño grita diciendo «cazuela caliente» (fig. 16-7 ■). La conducta del niño puede ser retraída, excesivamente agresiva o puede mostrar retraso en alcanzar las tareas del desarrollo. El niño maltratado puede tener múltiples lesiones en diversas fases de curación. El niño puede tener un antecedente de múltiples visitas al servicio de urgencias o de visitas a diversos profesionales sanitarios. El progenitor maltratador puede hablar por el niño y puede no querer dejar al niño solo con el profesional de enfermería por miedo a que el niño diga lo que ha ocurrido. En maltrato emocional incluye agresión verbal, como despreciar al niño, culparle, gritarle e insultarle. Puede haber conflicto constante y caos en el hogar. Los padres pueden no darle afecto y protección, posiblemente porque desconocen cómo dárselos. El maltrato emocional con frecuencia acom- paña a otras formas de maltrato o abandono. Los padres que maltratan a sus hijos pueden ser emocionalmente inmaduros. Pueden carecer de habilidades para satisfacer sus propias

  • 338 Unidad IV Temas especiales en enfermería de salud mental

necesidades emocionales, y mucho menos las necesidades de sus hijos. El maltrato emocional se puede manifestar en muchas formas en el niño: retraimiento, ira, dificultades de aprendizaje, hábitos nerviosos, como chuparse el dedo o mor- derse las uñas, o trastornos de conducta que podrían verse en conductas antisociales o destructivas (Mulryan, Cathers y Fagin, 2000). El abuso sexual incluye actos sexuales (caricias, penetración peniana, inserción de dedos u otros objetos, masturbación, expo- sición de los genitales del agresor, contacto oral y orogenital, exposición de la víctima a pornografía) realizados por un adul- to, para la gratificación del adulto, con un niño menor de 18 años. Otro tipo de abuso sexual es la explotación, que supo- ne la utilización de un niño para producir pornografía. La mayoría de los niños sometidos a abuso sexual conocen a su maltratador; un progenitor o un cuidador están implicados aproximadamente en la mitad de los casos (Mulryan y cols.,

2000).

La mayoría de los casos de abuso sexual infantil no se detectan. Esto se debe en parte a la reserva familiar. Se influ- ye cuidadosamente en las víctimas para que no hablen. El agresor puede amenazar a la víctima con la muerte, golpes o la pérdida de su amor si lo dice. Puede decirle que si se lo dice a alguien le hará lo mismo a su hermana. El hecho de que el maltrato infantil sea mucho más frecuente de lo que saben los profesionales sanitarios y las fuerzas del orden se debe en parte a la negación por los profesionales debido al tabú del incesto. El incesto padre-hija es la forma más fre- cuente del abuso sexual infantil descrita. Los hermanos tam- bién pueden ser los agresores del incesto. Si se sospecha un diagnóstico de abuso sexual, también se debe considerar como posibles agresores a los hermanos. Cuando los datos son ambiguos, los profesionales sanitarios pueden no querer pensar en el problema. Otro motivo del diagnóstico insufi- ciente del maltrato infantil es que si se notifica y el niño no ha sido sometido a maltrato, la familia y el niño pueden sufrir mucho por el estigma de esta acusación y el proceso legal implicado. Los profesionales sanitarios pueden tener miedo a exponerse a esto. El niño superviviente de abuso sexual que no ha hablado a nadie del abuso puede ser llevado a un profesional sanitario con síntomas inespecíficos, como trastornos del sueño, dolor abdominal, enuresis (orinarse en la cama), encopresis (incon- tinencia fecal) o fobias (Anbarghalami y cols., 2007). El niño puede tener los siguientes síntomas y signos: enfermedad de transmisión sexual, hemorragia o molestia vaginal o rectal, gestación, infección urinaria recurrente, exhibicionismo sexual, conocimiento prematuro de la conducta sexual, retrai- miento social, autoestima baja, disminución del rendimiento escolar, insomnio y conducta agresiva. La mayoría de los casos de abuso sexual se descubren cuando inicialmente habla alguien del abuso (Anbarghalami y cols., 2007). El abandono es el hecho de no satisfacer las necesidades físicas, emocionales, médicas o del desarrollo de un niño.

A veces el abandono se debe a falta de conocimiento y de recursos, o a problemas personales del progenitor o de otro cuidador, como inmadurez, problemas de salud mental o abuso de sustancias (Mulryan y cols., 2000). El abandono médico se podría deber a creencias y ritos o culturales. A veces el maltrato es intencional. El abandono incluye el abandono de un niño, la supervisión inadecuada, la ausen- cia de suministro de asistencia sanitaria, la ausencia de solicitud de tratamiento oportuno de lesiones o enferme- dades, un tratamiento emocional de maltrato, no enviar a un niño a la escuela o poner en riesgo la seguridad del niño. El abandono es el tipo más frecuente de maltrato infantil.

No es sólo la agresión física activa la que produce proble- mas potencialmente mortales. El abandono también puede ser destructivo para los niños a lo largo del tiempo, incluso más que el maltrato físico. Tanto el maltrato como el aban- dono aumentan la probabilidad de algunos trastornos men- tales y problemas como depresión, trastorno de estrés pos- traumático (TEPT), otros trastornos de ansiedad, dificultad para confiar en los demás, abuso de sustancias y conducta antisocial. La posibilidad de delincuencia en el futuro y cri- minalidad en la vida adulta aumentan en un 29% de niños que sobreviven a la violencia familiar (Widom y Maxfield,

2001).

PREVENCIÓN DEL MALTRATO INFANTIL

¿Es realmente útil enseñar al público conductas preventivas que fomenten su salud? La respuesta es «¡Sí!» Las muertes en accidentes de tráfico relacionados con el alcohol han dismi- nuido como consecuencia de varias campañas nacionales para concienciar al público. ¿I-la visto los anuncios «Designated Driver» (Conductor designado) o «Mothers Against Drunk Driving» (Madres contra la conducción bajo los efectos del alcohol) en la televisión o en revistas? Sus campañas ponen una cara humana a la tragedia de los accidentes de tráfico relacionados con alcohol. Estos programas educativos salvan vidas. Las manifestaciones para romper el ciclo de la violencia están ahí para educar al público sobre los peligros de que un niño maltratado crezca hasta ser un padre maltratador (fig. 16-8 2). Los programas para la prevención del maltrato infantil se basan en los puntos fuertes de la familia. Las estrategias incluyen educación de los padres, visitas domiciliarias y grupos de apoyo para los padres. Los programas de preven- ción ayudan a los padres a desarrollar habilidades de crianza de los hijos, comprender la disciplina adecuada para cada edad, comprender los beneficios de la disciplina no violenta y aprender a satisfacer las necesidades emocionales, físicas y del desarrollo de los niños. Los programas de prevención también pueden ayudar a los padres a aprender a identificar sus propias necesidades de apoyo y descanso. El cuadro 16-4 ■ aporta consejos sobre cómo ser un padre afectuoso.

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CUADRO 16-4

 

Consejos para ser un progenitor afectuoso

Reciba asesoramiento. Acuda a una clase para padres.

Todos podemos dar pasos para mejorar nuestra relación con nuestros hijos. Pruebe estos:

Ayude a sus hijos a sentirse amados y seguros.

Asegúrese de que saben que les ama, aun cuando cometan

 

errores.

a Anímeles. III Alabe sus virtudes.

Pase tiempo con sus hijos haciendo cosas que les gusten

Solicite ayuda si la necesita:

Hable con alguien (amigo, vecino, familiar, clero, profesor,

profesional de enfermería, médico, asesor).

Sea un modelo de rol para la resolución de problemas sin violencia, sin ira y sin insultos. Adopte un abordaje de resolución

de problemas con su pareja y sus hijos. Sepa lo que sus niños son capaces de hacer a diferentes edades para que sus expectativas sean razonables.

Haga una pausa. Busque una niñera. Si no se puede permitir una, túrnese con otro progenitor: se puede turnar cuidando

a los suyos y después él cuida a los de usted.

Capítulo 16 Violencia y maltrato 339 CUADRO 16-4 Consejos para ser un progenitor afectuoso Reciba asesoramiento.

Figura 16-8. Mujeres manifestándose en una protesta, intentando romper el ciclo de la violencia doméstica. Fuente: AP Wide World Photos.

Maltrato de ancianos

El maltrato de ancianos es el maltrato o el abandono de un anciano. Se puede producir en el domicilio o en un centro de cuidados crónicos. Puede ser perpetrado por un familiar o por otro cuidador. Al igual que ocurre con los niños, el maltrato pue- de adoptar diferentes formas, y el anciano puede estar sometido a más de un tipo (Gray-Vickrey, 2004). El maltrato puede ser físi- co o emocional; puede ser abandono o maltrato económico o explotación material (Gray-Vickrey, 2004). Los casos de abuso de ancianos por sus cónyuges se superponen a los problemas de mal- trato de pareja. Se estima que entre uno y dos millones de esta- dounidenses mayores de 65 años han sido sometidos a alguna forma de maltrato por alguien de quien dependían para sus cui- dados (Nacional Center of Elder Abuse, 2005). Las últimas esta-

Abandono: 57,6% (abandono por los cuidadores 20,4%, abandono por uno mismo 37,2%) Maltrato emocional/psicológico/verbal: 14,8% Maltrato económico o explotación material: 14,7% Maltrato físico: 10,7%

Abuso sexual: 1% Otro: 1,2%

El maltrato de ancianos puede incluir la aplicación de fuerza física que produce lesiones, ausencia de satisfacción de las nece- sidades físicas básicas de alimento y agua, quitar las gafas o los audífonos, confinamiento, dejar a la persona sola durante perío- dos prolongados, aplicación de sujeciones, acoso sexual o uso erróneo de sustancias (utilizar de forma errónea los fármacos prescritos u obligar a la víctima a tomar sedantes o alcohol). Puede incluir negar al anciano su tratamiento médico, ignorar las necesidades emocionales de la víctima o maltratar de forma activa a la persona emocionalmente con amenazas, humillación o insultos. También supone el uso inadecuado de la propiedad y los recursos del anciano, robarle cosas del hogar para venderlas, engañar al anciano para que firme cheques de la seguridad social o '<tomar prestado» dinero que nunca se devolverá. Es importante que los profesionales de enfermería reconoz- can qué ancianos tienen mayor probabilidad de ser maltrata- dos. Se ha demostrado que la mayor parte de los maltratos se produce en mujeres mayores de 80 años que necesitan ayuda parcial o total con las actividades de la vida diaria tipo (Gray- Vickrey, 2004). Con frecuencia el agresor es un familiar con el que vive el anciano. Los hijos adultos son los maltratadores más frecuentes (Nacional Center of Elder Abuse, 2006). Los maltratadores pueden tener pocos recursos para prestar asisten- cia al anciano, se pueden sentir superados y pueden tener habi- lidades de afrontamiento inadecuadas. Esto es especialmente cierto si el anciano tiene una discapacidad física o emocional por accidente cerebrovascular, parálisis, enfermedad de Par- kinson o Alzheimer, o tiene abuso de sustancias, especialmen-

dísticas de las agencias Adult Protective Services muestran el siguiente desglose (Nacional Center of Elder Abuse, 2006):