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Dormía con el enemigo: perpetua para

la ex mujer del veterano de guerra por el


brutal crimen
30 octubre, 2017

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Héctor Jesús Barraza (52) identificó y combatió al enemigo en la guerra de


Malvinas cuando tenía 18 años. No lo supo ver después y durmió con ella
durante un largo tiempo, hasta que lo asesinó.
El Tribunal Oral Criminal (TOC) 2 de Quilmes dio a conocer su veredicto en el
juicio que se le siguió a una mujer, a su actual pareja y a otro joven por el
crimen del ex esposo de la primera, un ex combatiente de Malvinas que fue
golpeado y prendido fuego vivo en el partido bonaerense de Florencio Varela.
La lectura del veredicto tuvo lugar en los tribunales de Hipólito Yrigoyen 475,
de Quilmes, donde los jueces Pablo Pereyra, Ariel González Elicabe y Félix
Roumieu recibieron condenar a cadena perpetua por el homicidio agravado con
el concurso premeditado de dos o más personas en carácter de coautores a
Estela del Valle Figueroa (46); su pareja, Javier Ponce Luque (28), en tanto que
Néstor “Sal Fina” Jara (26) recibió una pena de 10 años ser cómplice del
homicidio.
La principal hipótesis del crimen es que la ex pareja de Barraza quería quedarse
con dinero de su pensión de ex combatiente.
El cuerpo de Barraza fue hallado el 19 de enero de 2014 dentro del baúl de un
auto Renault Sandero incinerado, en un predio sembrado de soja ubicado en
517 y La Trilla, en la localidad de Ingeniero Allan, en Florencio Varela, en el sur
del conurbano bonaerense.
La autopsia reveló que Barraza tenía un fuerte golpe en el cráneo efectuado con
un objeto contundente y signos de haber respirado humo negro, por lo que
para los peritos se desvaneció cuando lo encerraron en el baúl que prendieron
fuego y allí murió asfixiado.
Las primeras averiguaciones de los pesquisas se orientaron hacia la ex esposa
del ex combatiente, Del Valle Figueroa, de quien estaba separado hacía seis
años, aunque se frecuentaban y aparentemente mantenían una buena relación.
Como la pareja no tuvo hijos, la mujer era la única heredera ya que nunca
habían gestionado el divorcio, en tanto las peleas comenzaron cuando ella
descubrió que él había cobrado 100.000 pesos de su pensión como ex
combatiente y le reclamaba una parte.
Las autoridades decidieron intervenir las líneas telefónicas de los acusados a
raíz de la ansiedad que la ex esposa demostró por obtener el dinero y un robo a
la casa de Manuel, el hermano de Héctor, en el que finalmente se llevaron el
dinero que le había dejado la víctima en custodia.
Tras obtener el dato de que Barraza había sido visto el día anterior con la actual
pareja de Figueroa, el imputado Ponce Luque, las pesquisas se profundizaron
respecto de la pareja acusada.
Finalmente, tras ocho meses de escuchas, la Policía reunió pruebas suficientes
que para el fiscal demostrara que Figueroa, Ponce Luque y “Sal Fina” Jara
planificaron y ejecutaron el homicidio.
Según informaron las fuentes, los investigadores dieron por acreditado que el
día del hecho Figueroa y Ponce Luque engañaron a Barraza y lo convencieron
de ir hacia el campo de Ingeniero Allan donde Jara trabajaba como casero.
Allí lo hicieron beber gran cantidad de bebidas alcohólicas y, una vez que
estuvo ebrio, lo golpearon hasta desmayarlo, lo metieron en el baúl de su
propio auto y lo prendieron fuego.
Con todos los elementos recolectados en su contra, la Justicia libró la orden de
detener a los presuntos involucrados y de allanar sus domicilios, lo cual se
concretó a fines de agosto de 2014.
Además de los arrestos, fueron secuestradas una escopeta con cartuchos de
distintos calibres y una maceta rota con manchas de sangre, que fueron
peritadas para determinar si correspondían con el ADN de Barraza.
Los detectives establecieron que el móvil del crimen fue la intención de
apoderarse de esa suma de dinero que el veterano de guerra ahorró a lo largo
de los años con la pensión que recibía como ex combatiente de Malvinas.

Infobae

Una noche de enero de 2014, dos hombres que pasaban por un


campo de soja en Florencio Varela se encontraron con un auto
prendido fuego. Extraño para un paisaje bucólico. Tanto, que llamaron
a la Policía. Los agentes descubrieron que en el baúl había un cuerpo
humano que había sido calcinado algunas horas antes. Tiempo
después, supieron que ese cuerpo era el de un veterano de Malvinas.
La investigación derivó en la detención, siete meses después, de la
ex esposa del hombre, junto a su actual compañero y el cuñado de
éste. Este lunes, casi cuatro años más tarde, la pareja fue condena a
prisión perpetua, culpable del homicidio.

Los jueces Pablo Pereyra, Ariel González Elicabe y Félix Roumieu, del
Tribunal Oral Criminal 2 de Quilmes, dieron el veredicto por el crimen
del ex combatiente Héctor Jesús Barraza (52). Estela del Valle
Figueroa (46) y su pareja, Javier Ponce Luque (28), recibieron la pena
máxima. En el mismo fallo, también condenaron al tercer
imputado, Néstor "Sal Fina" Jara (26), a la pena de 10 años, ya que lo
consideraron "partícipe secundario" del hecho.

"Estamos muy conformes. Se hizo justicia. Era lo que


esperábamos", dijo a la prensa Rosa, hermana del ex soldado
asesinado, y agregó: "Le arrancaron la vida a una persona
excelente, que ayudaba a todo el mundo".

Los ahora condenados habían golpeado salvajemente y le prendieron


fuego a Barraza con la idea de quedarse con el dinero de la pensión
de ex combatiente que recibía la víctima. Lo metieron vivo en el
Renault Sandero hallado en el campo, en la localidad de Ingeniero
Allan, y el ex combatiente finalmente, según la autopsia, murió
asfixiado por el humo.

"Del Valle Figueroa tenía la ambición grabada en la frente y quería


quedarse con todo lo de mi hermano. Ella le pedía y mi hermano,
sin bien no tenían hijos, le pasaba una manutención mensual",
contó Rosa.

La semana pasada, el fiscal de juicio Sebastián Videla había pedido


prisión perpetua para Del Valle Figueroa, Ponce Luque y también a
Jara por el delito de "homicidio agravado con el concurso premeditado
de dos o más personas en carácter de coautores". Pero desistió de
acusar a la hermana de Ponce Luque y pareja de Jara, Marcela (22),
quien por falta de pruebas fue absuelta.

Cuando fue asesinado, Barraza llevaba separado de su mujer siete


años, aunque aún se frecuentaban y aparentemente mantenían una
buena relación. La pareja no tuvo hijos, y la mujer era la única
heredera, ya que nunca habían gestionado el divorcio. Según se supo
en el juicio, las peleas entre ambos comenzaron cuando ella descubrió
que él había cobrado 100.000 pesos de su pensión como ex
combatiente y le reclamaba una parte.

Los investigadores intervinieron las líneas telefónicas de los acusados


a raíz de la ansiedad que la ex esposa demostró por obtener el dinero
y por un robo en la casa de Manuel, el hermano de Héctor, gracias al
cual finalmente se llevaron el dinero reclamado, que le había dejado la
víctima en custodia.

Según los investigadores, Del Valle Figueroa y Ponce Luque


engañaron a Barraza y lo convencieron de ir hacia el campo de
Ingeniero Allan donde Jara trabajaba como casero. Allí lo indujeron a
beber gran cantidad de bebidas alcohólicas y, una vez que estuvo
borracho, lo golpearon hasta desmayarlo, lo metieron en el baúl de su
propio auto y le prendieron fuego, con la intención de apoderarse del
dinero que Barraza había ahorrado durante años con la pensión que
recibía como ex combatiente de Malvinas. La jugada, evidentemente,
les salió mal.

El engaño fue digno de un drama televisivo. Estela del Valle Figueroa


(46) planeó cada paso del plan para matar a su ex marido. Usó la ilusión
de Hector Jesús Barraza (52) para simular una reconciliación y
ejecutarlo. Hoy la condenaron a perpetua por el homicidio.
Cuando el Tribunal Oral N°2 de Quilmes leyó la sentencia corrió algo de
alivio entre la familia del ex combatiente de Malvinas, asesinado en
enero de 2014. Su ex mujer fue condenada a la máxima pena
por “homicidio agravado con el concurso premeditado de dos o más
personas en carácter de coautores".
La misma suerte corrió Javier Ponce Luque (28), su cómplice y nueva
pareja. Juntos idearon el paso a paso macabro para secuestrar a Héctor,
llevarlo a un campo alejado donde trabajaba Néstor “Sal Fina” Jara (26),
golpearlo, encerrarlo en el baúl de su auto y prenderlo fuego hasta
carbonizarlo.
“La condena es muy cercana a lo que la fiscalía entendía que se podía
probar. La participación secundaria de Jara era una de las posibilidades,
porque fue quien facilitó el acceso al lugar donde cometieron el crimen”,
analizó Sebastián Videla, el fiscal del juicio, sobre los diez años de pena
que dieron a Jara. Y aclaró: “Lo más importante, lo que más
coincidencias tenía con la prueba, fue todo el armado de Figueroa
para planear el homicidio. Ella era la que conocía del dinero de la
víctima, la que simuló la reconciliación ante todo el mundo, e incluso
se lo hizo creer a él. Su nuevo novio, Ponce Luque, entendemos que fue
el autor material del hecho, pero en complicidad y coautoría con ella”.
Para la familia de Barraza la condena “traerá un poco de paz”. Ellos,
como la Justicia, creen la mujer planeó el homicidio para quedarse con el
dinero de una pensión que Héctor recibió por haber sido ex combatiente
en Malvinas: 100 mil pesos era el botín.

Para la familia de la víctima, el fallo trae "algo de paz".

Héctor y Estela estuvieron casados 15 años, hasta 2007, cuando se


separaron. Su vínculo quedó limitado a peleas por dinero, una
manutención y la ilusión por una reconciliación, pero nunca se
divorciaron legalmente. “Como mi hermano tenía tanto amor hacia ella,
siempre hizo lo que le decía. Nosotros sabíamos de la supuesta
reconciliación y nos pusimos contentos por él, porque siempre quiso
volver con ella. Varios meses estuvieron visitándose y esas cosas, pero
no vivían juntos. Tres o cuatro días antes de que lo mataran, ella se
quedó a dormir con él”, recordó Rosa Barraza, la hermana de la víctima.
Sobre la sentencia, la mujer agregó: “Es lo que esperábamos. Mi
hermano y mi madre, que también falleció en medio de este dolor, van a
poder descansar en paz. Tras la condena, Figueroa se burlaba de
nosotros, se reía, nos hacía caras. Eso nos llenó de impotencia, pero al
menos nos quedamos tranquilos porque van a pagar por lo que hicieron.
Nos hubiera gustado perpetua para los tres, pero estamos conformes”.
El 16 de enero de 2014 vieron a Héctor Barraza por última vez. Su auto
apareció calcinado tres días después en calle 517 y La Trilla, en el centro
agrícola de El Pato, en Berazategui, al sureste del GBA. Era el campo de
plantación de soja en el que trabajaba Néstor “Sal Fina” Jara, ex cuñado
de Ponce Luque.
Allí, según pudieron reconstruir los investigadores, golpearon a Héctor
en la cabeza y lo dejaron inconsciente. Estaba vivo cuando lo encerraron
en el baúl de su Renault Sandero y lo prendieron fuego. Murió por
asfixia y de su cuerpo sólo quedaron cenizas: tardaron 23 días en
identificarlo y entregar los restos a la familia.
"El 8 de febrero enterramos a mi cuñado y el 10 ella estaba en la
asociación de veteranos y en la escuela donde él trabajaba reclamando el
sueldo y la pensión. Usurpó la casa que él tenía en Florencio
Varela sin pedir la llave, ni avisar a nadie de la familia: rompió los
candados y se metió. Ahí empezamos a sospechar de ella, pero recién en
agosto de 2014 la detuvieron", recordó Claudia, cuñada de la víctima.
Los tres tuvieron los teléfonos intervenidos y cayeron después de varias
conversaciones en las que hablaron del crimen.
Al juicio llegó una cuarta imputada, la hermana de Javier Ponce Luque,
llamada Daiana. Según el testimonio de la familia, ella estuvo al menos
dos noches durmiendo en la casa de Héctor, haciéndose pasar por la
pareja de Javier Ponce Luque, para generar el engaño que derivó en el
homicidio. Toda esa trama no pudo ser probada, por lo que fue absuelta
y recuperó la libertad.
"Lo único que nos genera dudas es lo de Daiana. Cuando la liberaron,
nos vino a decir que ella no había tenido nada que ver. Pero después de
que la absolvió el tribunal se burló, nos hizo gestos. Si no tuvo nada que
ver ¿qué hizo ahí esos días?", cuestionó Micaela Barraza, sobrina de la
víctima.