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HISTORIA
^MVNDO
A n ig v o

m EL PUEBLO ETRUSCO
,
Esta historia obra de un equipo de cuarenta profesores de va­
f im m ,
rias universidades españolas pretende ofrecer el último estado
,
de las investigaciones y, a la vez ser accesible a lectores de di­
HISTORIA versos niveles culturales. Una cuidada selección de textos de au­
, ,
tores antiguos mapas, ilustraciones cuadros cronológicos y
orientaciones bibliográficas hacen que cada libro se presente con
°^MVNDO ,
un doble valor de modo que puede funcionar como un capítulo
del conjunto más amplio en el que está inserto o bien como una
ANTÎGVO monografía. Cada texto ha sido redactado por. el especialista del
tema, lo que asegura la calidad científica del proyecto.

25. J. F ernández N ieto, La guerra 44. C . G onzález R o m án , L a R e­


del Peloponeso. pública Tardía: cesarianos y
1. A. C aballos-J. M . S errano, 26. J. F ernández N ieto, Grecia en pompeyanos.
Sum er y A kka d . la primera m itad del s. IV. 45. J. M. R oldán, Instituciones po­
2. J. U rru ela , Egipto: Epoca Ti- 27. D . P lácido, L a civilización líticas de la República romana.
nita e Imperio Antiguo. griega en la época clásica. 46. S. M ontero, L a religión roma­
3. C . G . W ag n er, Babilonia. 28. J. F ernández N ieto , V. A lon­ na antigua.
4. J. U rru ela , Egipto durante el so, Las condiciones de las polis 47. J. M angas, Augusto.
Imperio Medio. en el s. IV y su reflejo en los 48. J. M angas, F. J. Lom as, Los
5. P. Sáez, Los hititas. pensadores griegos. Julio-Claudios y la crisis del 68.
6. F. Presedo, Egipto durante el 29. J. F ernández N ieto , E l m un­ 49. F. J. Lom as, Los Flavios.
Imperio N uevo. do griego y F Hipa de Mace­ 50. G. C hic, La dinastía de los
7. J. A lvar, Los Pueblos del M ar donia. Antoninos.
y otros movim ientos de pueblos 30. M . A . R a b a n a l, A lejandro 51. U . Espinosa, Los Severos.
a fines del I I milenio. Magno y sus sucesores. 52. J. F ernández U biña, El Im pe­
8. C . G . W agner, Asiría y su 31. A. L ozano, Las monarquías rio Romano bajo la anarquía
imperio. helenísticas. I: El Egipto de los militar.
9. C . G . W agner, Los fenicios. Lágidas. 53. J. M uñiz Coello, Las finanzas
10. J. M . B lázquez, Los hebreos. 32. A. L ozano, Las monarquías públicas del estado romano du­
11. F. Presedo, Egipto: Tercer Pe- helenísticas. II: Los Seleúcidas. rante el A lto Imperio.
nodo Interm edio y Epoca Sal­ 33. A. L ozano, Asia M enor he­ 54. J. M. B lázquez, Agricultura y
ta. lenística. minería romanas durante el
12. F. Presedo, J. M. S erran o , La 34. M . A. R abanal, Las monar­ A lto Imperio.
religión egipcia. quías helenísticas. III: Grecia y 55. J. M. B lázquez, Artesanado y
13. J. A lv ar, Los persas. Macedonia. comercio durante el A lto I m ­
35. A. P iñero, L a civilización he­ perio.
lenística. 56. J. M angas-R . C id, E l paganis­
mo durante el A lto Imperio.
14. J. C . Berm ejo, E l m undo del ROMA 57. J. M. S antero, F. G aseó, El
Egeo en el I I milenio. cristianismo primitivo.
15. A. L ozano, L a Edad Oscura. 36. J. M artín ez-P in n a, El pueblo
58. G . B ravo, Diocleciano y las re­
16. J. C . Berm ejo, E l m ito griego etrusco.
form as administrativas del I m ­
y sus interpretaciones. 37. J. M artín ez-P in n a, L a Rom a perio.
primitiva.
17. A. L ozan o , La colonización 59. F. Bajo, Constantino y sus su­
38. S. M ontero, J. M artín ez-P in ­
gnegtf. cesores. La conversión del I m ­
na, El dualismo patricio-ple­
18. J. J. Sayas, Las ciudades de Jo- perio.
beyo.
nia y el Peloponeso en el perío­ 60. R . Sanz, E l paganismo tardío
39. S. M o n te ro , J. M artínez-P in-
do arcaico. n a, La conquista de Italia y la y Juliano el Apóstata.
19. R . López M elero, E l estado es­ igualdad de los órdenes. 61. R. Teja, La época de los Va-
partano hasta la época clásica. 40. G. Fatás, E l período de las pri- lentinianos y de Teodosio.
20 . R . López M elero, L a fo rm a- meras guerras púnicas. 62. D. Pérez Sánchez, Evolución
ción de la democracia atenien­ 41. F. M arco, La expansión de del Imperio Rom ano de O rien­
se, I. El estado aristocrático. R om a por el Mediterráneo. De te hasta Justiniano.
21 . R . López M elero, La fo rm a­ fines de la segunda guerra Pú­ 63. G . B ravo, E l colonato bajoim-
ción de la democracia atenien­ nica a los Gracos. perial.
se, II. D e Solón a Clístenes. 42. J. F. R odríguez N eila, Los 64. G. B ravo, Revueltas internas y
22. D . Plácido, C ultura y religión Gracos y el comienzo de las penetradones bárbaras en el
en la Grecia arcaica. guerras civiles. Imperio i
23. M . Picazo, Griegos y persas en 43. M .a L. Sánchez León, R evuel­ 65. A. Jim énez de G arnica, La
el Egeo. tas de esclavos en la crisis de la desintegración del Imperio R o­
24 . D . Plácido, L a Pentecontecia. República. mano de Occidente.
WmWum
HISTORIA
^MVNDO
A ntîgvo

ROMA
Director de la obra:
Julio Mangas Manjarrés
(Catedrático de Historia Antigua
de la Universidad Complutense
de Madrid)

Diseño y maqueta:
Pedro Arjona

«No está permitida la


reproducción total o parcial de
este libro, ni su tratamiento
informático, ni la transmisión de
ninguna forma o por cualquier
medio, ya sea electrónico,
mecánico, por fotocopia, por
registro u otros métodos, sin el
permiso previo y por escrito de
ios titulares del Copyright.»

© Ediciones Akal, S.A., 1989


Los Berrocales del Jarama
Apdo. 400 - Torrejón de Ardoz
Madrid - España
Tels. 656 56 11 - 656 49 11
Depósito Legal: M. 38.563-89
ISBN: 84-7600 274-2 (Ob.ra completa)
ISBN: 84-7600-484-2 (Tomo X,XXVI)
Impreso en GREFOL, S.A.
Pol. II - La Fuensanta
Móstoles (Madrid)
Printed in Spain
EL PUEBLO ETRUSCO
Jorge Martínez-Pinna
Indice

Págs.

I. Introducción ...................................................................................................... 7

II. La cuestión de los orígenes delpueblo e tr u s c o .......................................... 10


Las tesis de los historiadores modernos .................................................... 11

III. La prehistoria de Etruria ............................................................................... 15


1) La Edad del Bronce ................................................................................. 15
2) La transición del bronce al hierro ....................................................... 17
3) La Cultura Villanoviana ......................................................................... 19

IV. El periodo orientalizante................................................................................ 23

V. Las ciudades e tru s c a s ...................................................................................... 28


,1) Etruria meridional .................................................................................... 30
2) Etruria septentrional ................................................................................ 34
3) Etruria interna ............................................................................................ 36

VI. Líneas de historia etrusca ............................................................................... 38


1) La «expansión» etrusca ........................................................................... 38
a) Los etruscos en C am pania ............................................................... 40
b) Etruscos en la llanura padana ........................................................ 42
c) La llamada talasocracia etrusca ...................................................... 43
2) El período a r c a i c o ..................................................................................... 45
3) La decadencia de E t r u r i a ........................................................................ 51

VIL Aspectos de la civilización etrusca .............................................................. 58


1) Instituciones políticas .............................................................................. 58
2) Estructura social ........................................................................................ 60
3) Vida económica ......................................................................................... 64

C ronología................................................................................................................... 69

Bibliografía.............................................................................................. .................... 70
El pueblo etrusco 7

1. Introducción

El pueblo etrusco era aquél que en la se limitó exclusivamente a esta fun­


antigüedad habitaba la Etruria histó­ ción de receptor y a continuación trans­
rica, es decir aquella región de la pe­ misor de nuevos elementos cultura­
nínsula Itálica com prendida entre los les, sino que también y en mayor grado
ríos Tiber y Arno y el m ar Tirreno. era portador de una cultura propia,
Este pueblo interpretó un papel histó­ cuyas características no dejaron de
rico de reconocida im portancia, ya sorprender en m uchos casos a griegos
que fue la primera nación itálica que y a romanos. De esta m anera fue sur­
materializó notables logros cultura­ giendo poco a poco la den om inada
les, como el fenómeno de la u rb a n i­ «cuestión etrusca», proporcio nan do
zación y la utilización de la escritura, a este pueblo una aureola de misterio
siendo por ello también la primera en que, alim entada por la imaginación
ab a n d o n a r la penum bra de los tiem­ de los hum anistas del Renacimiento
pos pro- y protohistóricos y entrar en y de los eruditos de la «etruscheria»
la historia. Todos estos avances fue­ de la Ilustración, todavía vive muy
ron en gran medida fruto de la bene­ arraigada en la m entalidad p o p u la re
ficiosa influencia de los griegos, ins­ incluso en algunos am bientes cultos.
talados firmemente desde mediados Aunque esta idea no responda ni m u ­
del siglo VIII a.C. en el sur de la pe­ cho menos a la realidad, ciertamente
nínsula: pero luego los etruscos se en­ hay que reconocer que razones no le
cargaron a su vez de extenderlos por faltan, siendo la causa fundamental
otras regiones, beneficiando con su el hecho de que el investigador no
estímulo a otros pueblos itálicos: Roma pueda aún ofrecer un cuadro comple-
fue sin duda alguna el alum no más
aventajado del magisterio etrusco. Diferentes modelos de alfabetos etruscos
Sin embargo el pueblo etrusco no (según M. C ristofani).

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8 A ka l Historia d el M undo Antiguo

to y e x h a u stiv o de la civiliz ació n mos despreciar el gran valor histórico


etrusca. que contienen tales documentos, sino
La razón de esta última situación más bien por el contrario apreciarlos
hay que buscarla en las característi­ en su justa medida, con la esperanza
cas de la docum entación disponible. de que los hallazgos que co ntinu a­
A partir del año 700 a.C. ap rox im a d a­ m ente se producen pued an p rop or­
m e n te , los e tru s c o s c o n s i g u e n el cionar nueva luz que permita avan­
conocimiento de la escritura, siendo zar sobre bases más seguras.
precisamente los calcidios de Cumas, La mayor calam idad para el etrus-
prim eros colonos griegos de Italia, cólogo es quizás la pérdida práctica­
quienes les proporcionaron el alfabe­ mente completa de la literatura etrus­
to modelo, el cual fue adaptado a las ca. Al contrario de los autores griegos
necesidades fonéticas etruscas, s u r­ y latinos, cuya obra sobrevivió por es­
giendo diversos tipos según las regio­ tar escritas en lenguas conocidas, la
nes. Por ello las inscripciones etrus­ literatura etrusca dejó de tener interés
cas se leen sin apenas dificultades, cuando esta civilización tocó a su fin,
puesto que la escritura utilizada en en el momento en que la lengua etrus­
definitiva es griega. Sin embargo, la ca cayó en desuso y era conocida tan
lengua, es prácticamente desconoci­ sólo por algunos eruditos. N o o b stan­
da, ya que no es indoeuropea y tam ­ te, u na parte m ínim a de la tradición
poco está em parentada con ninguna literaria etrusca consiguió zafarse del
otra de la antigüedad, de m anera que olvido, aunque siempre en forma muy
el único método válido para intentar fragmentaria, a través de la obra de
profundizar en el conocimiento de la escritores latinos y griegos que tuvie­
lengua etrusca se limita y agota en sus ron acceso a la m isma gracias sobre
p r o p io s testim o n io s. A d e m á s este todo a los esfuerzos de traducción lle­
hecho se com plica por las propias vados a cabo en el siglo I a.C., que
particularidades de las inscripciones permitieron verter al latín im portan­
etruscas a nuestra disposición, pues tes tratados etruscos, fu n d a m e n ta l­
aunq ue no son escasas en número, su mente de carácter religioso.
contenido es extraordinariamente par­ Así pues, perdida la producción li­
co y monótono, ya que salvo co nta­ teraria e imposible de utilizar en toda
das excepciones, se limitan a las áreas su am plitud la docum entación epi­
funeraria y votiva, con un lenguaje gráfica, restan como fuentes principa­
circunscrito a fórmulas repetidas y les para el estudio de la civilización
con un repertorio lexical ciertamente etrusca los restos arqueológicos y los
escaso, sin apenas posibilidades para testimonios que sobre este pueblo nos
penetrar en la estructura interna de la dejaron los autores griegos y latinos.
lengua. C om o dice el gran etruscólo- Pero estas fuentes tam poco están al
go M. Pallottino, «bajo estas co ndi­ margen de una situación problem áti­
ciones debemos confesar que aunque ca. Las fuentes literarias pueden cata­
existiese la posibilidad técnica de tra­ logarse en dos grupos: por u n lado te­
ducir íntegramente, palabra por p ala­ nemos los m encionados restos de la
bra, todos los textos disponibles, la propia literatura etrusca, y por otro,
consistencia del léxico etrusco y m u ­ aquellas noticias sobre los etruscos
chos aspectos de la misma estructura que incluían en sus obras los escrito­
de la lengua p erm a n e c e ría n igual­ res clásicos cuando la situación lo re­
mente desconocidos». Sin embargo, a quería. U no y otro son sin embargo
pesar de la exigüidad de las aporta­ extraordinariamente parciales, ya que
ciones de la epigrafía etrusca, de que el prim ero queda prácticam ente rele­
nos dificulte el acceso a importantes gado al ámbito de la religión, m ien­
aspectos de esta civilización, no debe­ tras que el segundo o bien se limita
El pueblo etrusco 9

a menciones marginales a propósito c i ó n q u e o f r e c e la a r q u e o l o g í a ,


de algún episodio de la historia de de m anera que los resultados obteni­
Roma, o bien viene a ser una inter­ dos no llegan a ser finalmente tan
pretación rom ana en la cual no están satisfactorios com o en principio se
ausentes ciertos prejuicios tendencio­ preveían.
sos sobre unos hechos etruscos cuyo En resumen, puede decirse, que en
significado se desconocía. el momento presente los estudios etrus-
La arqueología aparece por tanto cológicos se caracterizan todavía por
como la fuente fundamental para el su extraordinaria movilidad. Cierta­
etruscólogo. La arqueología etrusca mente se h a n conseguido ya resulta­
es excepcionalmente rica y nos pro­ dos que casi pueden considerarse como
porciona no sólo el testimonio m udo definitivos, desterrando conceptos y
de la cultura material, sino que ade­ opiniones erróneas y encauzando por
más haciendo las preguntas idóneas buen camino el estudio sobre im por­
a tales testigos, nos introduce asimis­ tantes aspectos de la historia etrusca.
mo en el entram ado social, económ i­ Sin embargo, esto no debe hacernos
co e ideológico del cual fueron pro ­ olvidar las enormes lagunas que to­
ducto. No obstante hay que estar atento d avía existen en n u e stro s c o n o c i­
a las dificultades y limitaciones que mientos, lagunas que en numerosas
tam bién presenta este tipo de docu­ ocasiones afectan a pun to s fu n d a ­
m entación, pues sin la posibilidad de mentales de esta civilización, por ejem­
contraste con cualquier otro testimo­ plo las instituciones políticas de sus
nio, la arqueología tom ada por sí sola ciudades o la estructura social, según
puede ser maestra de errores. En la tendremos ocasión de ver más ade­
actualidad se asiste en mi opinión lante, problemas para los cuales toda­
a u n optim ism o excesivo sobre las vía no se ha encontrado u n plantea­
enorm es posibilidades de in fo rm a­ miento totalmente acertado.

Escena de caza. (TurnDa de la Caza y la


Pesca. T arquinia)
10 A ka l Historia del M undo Antiguo

II. La cuestión de los orígenes del


pueblo etrusco

Precisamente uno de los problemas bre de tirrenos derivado del de su


que más ha llam ado la atención so­ conductor. Por su parte, Helánico de
bre los etruscos ha sido el de sus orí­ Lesbos (en Dionisio, 1.28.3) dice que
genes, quizás la manifestación más los tirrenos eran pelasgos, misterioso
sobresaliente de esa aureola de miste­ pueblo del Egeo, quienes tras mucho
rio que rodea, ya desde la Antigüe­ vagar, llegaron a Italia y «coloniza­
dad, todo aquello relacionado con ron el país llam ado ahora Tirrenia».
este pueblo. A unque está ya en gran Finalm ente Antíclides (en Estrabón,
medida superada, veamos no obstan­ V.2.4) asegura que los pelasgos, des­
te brevemente los diferentes plan tea­ pués de colonizar Lemnos e Imbros,
mientos que ha tenido esta cuestión. dos islas del Egeo, se unieron a la ex­
El origen del pueblo etrusco, al igual pedición de Tirreno hacia Italia. Pero
que el de otros m uchos de la Antigüe­ además de encuadrarse en este con­
dad, fue definido por vez prim era por texto a nivel general com o nación,
los griegos, quienes siempre atribuían tam bién algunas ciudades etruscas en
la fundación de una ciudad a un h é­ p articular elevaban su origen a un
roe y el origen de un pueblo a una mi­ ambiente similar, y así Caere se decía
gración conducida por un mítico guía fundada por los pelasgos y Cortona
o archegétes, existiendo al respecto una tenía en Dárdano su héroe fundador.
vastísima literatura de la cual se hizo C om o puede observarse, el origen
eco el historiador griego Polibio en el oriental de los etruscos era un lugar
siglo II a.C. (Polibio, IX.2.1.). Los etrus­ com ún en la literatura antigua, hasta
cos no escaparon a esta generaliza­ tal punto que el poeta Virgilio, de a n ­
ción y su origen fue situado en el tepasados etruscos, utiliza indistinta­
Egeo: según Heródoto (1.94), hab ién ­ m ente los térm inos lidio y etrusco
dose declarado una grave y larguísi­ para designar al mismo pueblo. La
ma carestía en Lidia, se decidió que única excepción a esta regla general
parte de la población ab a n d o n aría la la encontram os en Dionisio de H a li­
región y conducida por Tirreno, hijo carnaso, historiador de época de A u­
del rey lidio Atis, iría en busca de una gusto, quien tras discutir las opinio­
nueva patria; al cabo del tiempo lle­ nes anteriores, concluye afirm ando la
garon a establecerse en Italia, donde autoctonía del pueblo etrusco, ya que
fundaron ciudades y adoptaron el nom ­ ni su lengua ni sus costumbres en­
El pueblo etrusco 11

cuentran paralelos entre los lidios y en los terrenos arqueológico y epigrá­


pelasgos, y que su nom bre no es el de fico. Sobre esta cuestión se han e n u n ­
tirreno sino rasenna, como ellos mis­ ciado numerosas teorías, que pueden
mos se d en o m inab an (Dionisio, 1.25- sintetizarse en tres sistemas fu n d a­
30). A Dionisio hay que considerarle mentales que hacen hincapié respec­
entonces como el creador de ia «cues­ tivamente en la procedencia oriental,
tión etrusca». en un origen septentrional y final­
mente en la autoctonía.
La teoría que defiende un origen
Las tesis de los oriental de los etruscos es sin duda la
historiadores m odernos que ha sido aceptada más universal­
mente. Los partidarios de la misma
En época m oderna el problem a ha (A. Piganiol, R. Bloch) centran sus ar­
resurgido primero a partir de los d a­ gumentos fundam entalm ente en los
tos de la tradición antigua, y a conti­ siguientes puntos: coincidencia entre
nuación replanteándose sobre nuevas las noticias literarias y la cultura
bases gracias a los avances logrados de espíritu oricntalizante que inundó

Origen de los Etruscos A ntíclides asegura que [los pelasgos] fun­


d a ron los prim e ro s e sta b le cim ie n to s de
En el reinado de Atis, hijo de Manes, se ex­ Lem nos e Im bros y que incluso algunos de
perim entó en toda Lidia una gran carestía, ellos habían pa rticip ado junto a Tirseno,
que soportaron durante algún tiem po con hijo de Atis, en la e xp ed ició n a Italia.
m uch o esfuerzo; pero viendo que no cesa­
ba la calam idad, buscaron rem edios y des­ (Antíclides, en Estrabón, V.2.4)
cub rie ro n varios entretenim ientos: en ton­
ces se inventaron, los dados, las tabas, la
pelota y todos los otros juegos m enos el Durante su reinado los pelasgos fueron ex­
ajedrez, pues la invención de este últim o pulsados de su país por los griegos, y ha­
no se la apropian los lidios. Com o estos biendo dejado sus barcos en el río Spina,
ju eg os los inventaron para entretener el en el golfo Jónico, tom aron Crotona’, una
ham bre, pasaban un día entero jugando, a ciudad del interior; a partir de aquí, co lo n i­
fin de no pensar en com er, y al día sig u ie n ­ zaron el territorio llam ado ahora Tirrenia.
te se alim entaban, viviendo de esta m anera
hasta d ie cio ch o años. Pero com o el mal no (Helánico de Lesbos, en Dionisio, 1.28.3)
cedía, sino que se agravaba más y más, el
rey determ inó dividir en dos partes a todo «Por todo ello, creo que los pelasgos son
el pueblo y echar suertes para saber cuál un pueblo diferente de los tirrenos. Tam­
de ellas se quedaría en el país y cuál sal­ po co creo que los tirrenos fuesen una c o ­
dría fuera. El m ism o se puso al frente de lonia de los lidios, pues no hablan la m is­
los que se quedaban y no m bró jefe de los ma lengua y no puede alegarse que con­
que debían em igrar a su hijo, que llevaba serven algunas otras características de su
el nom bre de Tirseno. Estos últim os baja­ m etrópoli. No adoran a los m ism os dioses
ron a Esmirna, construyeron allí sus naves que los lidios y no poseen sim ilares leyes o
y e m b arca ndo en ellas sus alhajas y m ue­ instituciones, sino que en m uchos asp ec­
bles transportables, navegaron en busca tos difieren más de los lidios que de los pe­
de sustento y m orada, hasta que pasando lasgos. Finalm ente, es m uy pro b a b le que
por varios países llegaron al de los um - aquellos estén cerca de la verdad cuando
bros, d o n d e fundaron sus ciu da des en las declaran que este pueb lo no em igró de
cuales habitaron después. Allí los lidios ninguna parte, com o que era indígena en
ab an do naro n su antiguo nom bre y to m a ­ el país, pues es un pueblo m uy antiguo
ron otro derivado del que tenía su c o n d u c ­ que no co in cid e con ningún otro ni en su
tor, llamándose en consecuencia tirsenos. lengua ni en sus costum bres».

H eródoto, 1.94 Dionisio, I, 30, 1-2


12 Aka! Historia d el M undo Antiguo

Etruria entre los siglos VIII y VI a.C.; de los Alpes. Esta teoría ya no tiene
algunos aspectos de la civilización su origen en la antigüedad, al contra­
etrusca, sobre todo en el cam po de la rio de las otras dos, sino que es un
religión (revelación, prácticas adivi­ producto de las elucubraciones erudi­
natorias), sólo pueden explicarse abo­ tas del siglo XIX y justo es decir que
gando por un origen oriental; relacio­ pocos seguidores tuvo en su m o m e n ­
nes lingüísticas y onomásticas entre to y todavía menos en la actualidad.
el etrusco y algunas lenguas del ám bi­ Esta teoría busca tam bién un punto
to egeo-anatólico, especialmente con de partida en la tradición literaria y
la inscripción hallada en la isla de cree encontrarlo en u na aislada frase
Lemnos y escrita en lengua pre-griega; de Tito Livio (V.33.11), cuand o éste
finalmente, la identificación de los dice que los «pueblos alpinos, y en
tirrenos o tyrsenoi con los Trs.w, uno particular los retos, tienen el mismo
de los llamados «Pueblos del mar» origen [que los etruscos]». A partir de
m encionados en las inscripciones de aquí, los partidarios de esta opinión
K arnak que conm em o rab an la vic­ acuden a los testimonios de otras dis­
to ria egip cia s o b re estos p u e b lo s ciplinas para encontrar apoyos que
inVasores. avalen su teoría, y así en el cam po ar­
En segundo lugar está la teoría de­ queológico defienden la llam ada «re­
nominada septentrional, es decir aque­ construcción pigoriniana» de la pre­
lla que propugna una entrada de los historia de Italia, propuesta por L.
etruscos en Italia por el norte, a través Pigorini y según la cual la cultura

Escena de banquete. (Tum ba de Triclinio.


Tarquinia).
El pueblo etrusco 13

Reconstrucción del interior de una casa.


(Tum ba de los escudos. Cerveteri)

villanoviana, es decir aquélla que pre­ opinión (E. Meyer, U. Antonielli, G.


viamente al orientalizante se desarro­ Devoto) los etruscos representan una
lló en Etruria, deriva de las terrama- reliquia de los tiempos prehistóricos
ras, cultura de la edad del bronce del neolítico; su lengua es considera­
establecida en el valle del Po y que da como la expresión de un estrato
tiene sus antecedentes en los palafitos lingüístico anterior al indoeuropeo y
de los lagos alpinos y en definitiva en afín por tanto a las lenguas del Egeo
la Europa central. En cuanto a las prehelénico y de Asia M enor (estrato
pruebas epigráficas y lingüísticas, abo­ tirrénico, definido por F. Ribezzo);
gan por la pertenencia de los etruscos desde el punto de vista arqueológico,
al grupo étnico-lingüístico d e n o m i­ h ab ría que identificarles al estrato
nado reto-tirrénico (P. Kretschmer), más antiguo inhum ante, al cual se su­
demostrado por las propias inscrip­ perpuso el estrato itálico, indoeuro­
ciones etruscas y por las encontradas peo, incinerante. La nación etrusca
en Retia, nom bre antiguo de la región nace finalmente al reafirmarse los ele­
alpina, concluyendo en que el n o m ­ mentos originarios bajo los impulsos
bre de esta región y del pueblo que la culturales procedentes de Oriente.
habitaba, retí, no son sino una deriva­ Todas estas teorías intentan expli­
ción de rasenna. car satisfactoriamente el conjunto de
F inalm ente la última teoría a con­ los datos disponibles, bien sean de la
siderar, la de la autoctonía, se dife­ tradición, epigráficos o arqueológi­
rencia de las anteriores en que no cos. Sin embargo, ninguna de ellas es
plantea el problema en términos de perfecta y sus conclusiones pecan de
migración. Para los defensores de esta parcialidad, dejando m uchos puntos
14

sin explicación y aten tan do contra máticamente les confería el ser des­
hechos confirmados por varias vías. cendientes de un pueblo oriental de
Así la teoría oriental carece de cual­ cultura elevada, h o n o r reservado a
quier fundam ento arqueológico, pues los latinos y a la propia Roma, y para
la cultura orientalizante no es patri­ ello nada mejor que hacerles autócto­
monio exclusivo de Etruria y ni si­ nos de Italia. En cuanto a los argu­
quiera de Italia, ya que con tem porá­ mentos epigráficos y arqueológicos,
neam ente se desarrolla tam bién en nada hay más falso no solamente en
Grecia y en general en todo el M edi­ el método empleado, sino también y
terráneo, sin que ello implique nece­ más evidente en los hechos constata­
sariamente una invasión generaliza­ dos. pues entre otras cosas los itálicos
da procedente de Oriente. Asimismo son inhumantes, no incinerantes como
los datos de la tradición son eno rm e­ se pretende.
mente artificiales, respondiendo a pre­ En la actualidad el problem a no se
s u p u e s to s id e o ló g ic o s m ás q ue a plantea en términos de invasión sino
hechos reales. Por otra parte la identi­ sobre todo de formación, según las
ficación de los tyrsenoi con los Trs.w propuestas avanzadas ya hace tiempo
de las inscripciones jeroglíficas egip­ por M. Pallottino y F. Altheim y acep­
cias es sum am ente dudosa, por no de­ tadas hoy día por la m ayor parte de
cir imposible, como ocurre en general los etruscólogos: «El concepto anti­
con los otros étnicos m encionados en guo y m oderno de migración y de in­
dichas inscripciones, salvo los Jqjxvs.xv vasión debe replantearse en términos
y los Prst.w, identificados respectiva­ más próximos a la realidad histórica:
mente a aqueos y filisteos. Tan sólo no es correcto h ablar de "llegada” de
las relaciones lingüísticas y o n o m á s ­ los etruscos, ya que los etruscos como
ticas con la inscripción de Lemnos y pueblo son un producto de vicisitu­
con am bientes lingüísticos de Asia des históricas desarrolladas en nues­
M enor parecen ser un argumento de tra península», dice el especialista ita­
cierto peso, au nqu e todavía existen liano M. Torelli. En efecto, los datos a
grandes dificultades de interpretación. nuestra disposición indican una con ­
La teoría septentrional es la más tinuidad muy clara entre la edad del
débil, pues ni la arq ueo log ía, que bronce y la sucesiva del hierro, sin
en ningún m omento prueba una pre­ ninguna interrupción brusca que pue­
sión del norte hacia el sur, ni la epi­ da denunciar la entrada masiva de un
grafía proporcionan argumentos se­ nuevo pueblo en Italia en las postri­
guros. C iertam ente la presencia de merías del segundo milenio, fecha en
elementos etruscos en la región alpi­ la cual se situaría la llegada de los li-
na es un hecho constatado, pero no se dios según el relato de Heródoto y la
refiere a la época de los orígenes sino de los Trs.w/tyrsenoi, y m ucho más di­
a momentos muy posteriores, cuando fícil. por no decir imposible, sería co­
como consecuencia de las invasiones locar tal invasión en el siglo VIII a.C..
celtas de finales del siglo V a.C , gru­ coincidiendo con los comienzos de la
pos de etruscos establecidos en el va­ cultura orientalizante. La nación etrus­
lle del Po huyeron hacia las m o n ta­ ca nació y se formó en el territorio de
ñas del norte. F inalm ente la opinión la propia Etruria, y aunque no puede
que defiende la autoctonía de los etrus­ rechazarse a priori la inclusión e in­
cos tampoco está exenta de dificulta­ fluencia de elementos alógenos, in d u ­
des, com enzando por el propio texto dablem ente hiende sus raíces en las
de Dionisio de Halicarnaso: en efec­ culturas de la prehistoria italiana, y
to, según ha puesto en relieve D. Musti, es aquí por donde debemos com en­
Dionisio pretendía privar a los etrus­ zar nuestro recorrido por la historia
cos del «título de nobleza» que auto­ etrusca.
El pueblo etrusco 15

III. La prehistoria de Etruria

pastoril. Sin embargo, esto no implica


1) La Edad del Bronce necesariamente un ab a n d o n o de la
La mayor parte del segundo milenio economía agararia, cuya importancia
a.C. asiste al desarrollo en Italia de la queda de manifiesto tras el descubri­
edad del bronce. Prácticamente toda miento de C.E. Ostenberg de un po-
la península Itálica aparece unificada blamiento apenínico en Luni sul Mig-
bajo la im pronta de la cultura apení- none, caracterizado po r su relativa
nica, así denom inada por su m an i­ gran extensión, su carácter perm a­
fiesta relación geográfica con la cade­ nente y la dedicación prcvalentemcn-
na montañosa que de norte a sur atra­ te agrícola de sus habitantes.
viesa la península. La cultura apení- En resumen, la cultura apenínica
nica viene a corresponder grosso modo se caracteriza por una economía mix­
con la denom inada cultura de las te- ta en la cual la agricultura desempe­
rramaras, facies de la Edad del Bronce ña su ya tradicional papel de fuente
característica de la región com pren­ esencial para la alimentación, pero
dida entre el río Po y los Alpes. acom pañada de un desarrollo nunca
Según las ya clásicas investigacio­ visto de las actividades pastoriles, bien
nes de S. Puglisi, la uniform idad cul­ sea en forma transhum ante (ganade­
tural impuesta por el apenínico deri­ rías ovina y caprina) o bien estable
va de la preferente vocación pastoril (ganadería porcina). La vida econó­
de sus gentes, quienes practicando las mica se com plem enta con las activi­
costum bres propias de la tran shu - dades artesanales, especialm ente la
mancia, recorrían constantemente la cerámica, puesto que la metalurgia
dorsal de los Apeninos buscando las no alcanzará cierta im portancia has­
áreas más a propósito para el pasto ta la fase final de la Edad del Bronce.
de sus rebaños: la situación de m u ­ La cerámica es hecha a m ano, de im­
chos establecimientos h u m a n o s en pasto oscuro y decorada generalm en­
zonas elevadas, el carácter estacional te con motivos geométricos; muchas
de algunos de ellos, así como deter­ de las formas utilizadas derivan de la
m inados objetos de su cultura m ate­ anterior tradición calcolítica, sobre
rial, especialmente las célebres «le­ todo de la cultura de Rinaldone.
cheras» (recipientes para hervir la leche Un elemento de gran importancia
con vistas a la inmediata elaboración histórica relativo a esta época es el
del queso), son elementos que confir­ hallazgo de objetos micénicos en di­
man la especial dedicación de los ape- versos lugares de Italia, datados sobre
nínicos a u na actividad económica todo entre los siglos XIV y XII a.C.
16 AkaI Historia del M undo Antiguo

Esta primera presencia griega en las Eolias, Cerdefta y Etruria. En esta úl­
costas italianas responde a las mis­ tima región h an aparecido restos ce­
mas causas que en el siglo VIII h a rá n , rámicos y metálicos de fabricación
repetir la experiencia: la búsqueda y micénica en las localidades de Luni
aprovisionamiento de aquellas m ate­ sul Mignone, San Giovenale, Monte
rias primas, especialmente metales, Rovello y Contigliano, situadas las
totalmente necesarias para la econo­ tres primeras en íntima vinculación
mía de los desarrollados palacios mi- con los montes de la Tolfa, un a de las
cénicos. Sin embargo, no puede h a­ principales áreas metalíferas de Etru­
blarse de u na auténtica colonización, ria, lo que no deja lugar a dudas so­
pues en la mayor parte de los lugares bre cuál era el motivo de la presencia
donde se ha encontrado cerámica mi- micénica.
cénica los fragmentos son tan escasos Todos estos hallazgos de restos ar­
en número, que tan sólo permiten su­ queológicos micénicos han sido pues­
poner una frecuencia que obedece a tos en relación con aquellas leyendas
motivos comerciales. El único centro que tom ando como protagonistas a
donde los hallazgos inducen a pensar héroes griegos de la era troyana, si­
en un auténtico establecimiento mi- tuab an sus andanzas en Italia, y en
cénico se sitúa en la proxim idad de definitiva tam bién con lo ya visto so­
Tarento, en Scoglio del Tonno, que bre el origen del pueblo etrusco. El
desempeñaría una función de víncu­ tema es ciertamente espinoso y no p a ­
lo entre Grecia y aquellos puntos con­ rece que por el m om ento puedan es­
cretos de Italia en los que se centraba tab lecerse eq u iv ale n cias seguras
el interés micénico, a saber las islas entre am bos datos, para concluir fi­

λ, . .·
' .1

Interior de la tumba de la Cam pana.


(C erveteri)
El pueblo etrusco 17

nalmente en la aceptación de la pre­ facies culturales, una de tradición ape-


sencia de gentes egeas en Italia por es­ nínica, que por ello recibe el nombre
tas fechas. Sea lo que fuere, lo cierto de cultura subapenínica, y otra más
es que el testimonio arqueológico mues­ novedosa den om inada protovillano-
tra muy claram ente «caracteres de viana. Nuevos elementos culturales
identidad y de desarrollo interno que llegados de Europa central y del área
convierten en secundaria la im por­ del Egeo invaden la península Itálica,
tancia de tales presuntas llegadas res­ sobre todo objetos metalúrgicos, a u n ­
pecto a aquélla de factores endógenos que la principal innovación la consti­
de transformación» (M. Torelli). tuye sin duda el cambio en el rito de
en terram ien to con la introducción
de la incineración, apareciendo así
2) La transición del bronce amplias necrópolis similares a los cam­
al hierro pos de urnas de la Europa danubiana.
Todos estos elementos son identifica­
Esa sustancial unidad cultural carac­ dos por una corriente de la investiga­
terizada por el apenínico comienza a ción m oderna a la entrada en Italia
romperse a partir del siglo XII a.C., de los prim eros pueblos in d o e u ro ­
cuando se inicia el llam ado Bronce peos, pero la reconstrucción del mapa
Final, período de transición entre la lingüístico de la prehistoria italiana
plena Edad del Bronce y la Edad del resulta por el m om ento sum am ente
Hierro. Surgen entonces dos nuevas difícil.

Vista parcial de la necrópolis de Cerveteri.


T úm ulo de la Tum ba G rande
18 Aka! Historia del M undo Antiguo

En Etruria se docum enta entonces te en la agricultura cerealística y en el


el protovillanoviano (siglos X1I-X a.C.), pastoreo, consiguiendo un nivel rela­
así llam ado por ser el antecesor de la tivamente avanzado en el desarrollo
cultura característica de esta región, de las actividades de subsistencia. El
el villanoviano. Las transformaciones intercam bio de productos alim enti­
que entonces experimenta Etruria son cios es prácticamente im pensable y
mayores que en el resto de la p e n ín ­ tan sólo podría darse un elemental
sula, iniciando así un despegue que tipo de colaboración en algunas prác­
hará de la región toscana la más de­ ticas muy concretas, como la transhu-
sarrollada de Italia. La distribución mancia. En cuanto al artesanado, la
de la población se presenta bastante m ayor parte de las actividades relati­
densa, con especial concentración en vas al mismo son de carácter dom es­
algunas zonas, como los montes de la tico: la cerámica es hecha a m ano y
Tolfa y el valle del Fiora. Los p ob la­ no existen todavía formas generaliza­
dos ocupan norm alm ente una altura das. U na actividad que requiere espe­
o pequeña meseta en la confluencia cialización es la metalurgia, basada
de dos cursos de agua, favoreciendo en los yacimientos metalíferos locales
de esta m anera las condiciones de­ y que experimenta en esta época un
fensivas; no obstante tam bién se d an auge notable. Testimonio de ello lo
otras situaciones en zonas de llanura encontramos en las tumbas y en áreas
o a orillas de los lagos o del mar, va­ de habitación, pero donde alcanza su
riedad que se explica en función de manifestación más palpable es en los
los diferentes recursos naturales, m a­ denom inados ripostigli. depósitos de
nifestando así la capacidad para dis­ objetos metálicos, situados fuera del
frutarlos en todos sus tipos. Los pobla­ hábitat y relacionados con la activi­
dos están constituidos por cabañas de dad de los artesanos metalúrgicos. En
tam año variable, dispuestas sin n in ­ un principio la producción de objetos
guna sistematización previa. Las ex­ m e tá lic o s no está v i n c u l a d a a la
cavaciones h an puesto al descubierto dem an d a de las com unidades locales,
junto a las cabañas destinadas a h a ­ sino a la movilidad de los artesanos,
bitación. otras más pequeñas dedica­ auténticos protagonistas de la circu­
das a diferentes usos (hornos, a lm a­ lación de objetos y de nociones técni­
cenes) y en algunos lugares, com o cas y tipológicas. En el siglo X se pro­
Luni y Monte Rovcllo. grandes cons­ duce u n a tra n s f o rm a c ió n de gran
trucciones probables restos de una im portancia en el cam po de la m eta­
organización jerárquica. Sin em b ar­ lurgia: la producción aum enta y al
go, las condiciones de la estructura mismo tiempo se desarrollan los ca­
social son mal conocidas, dada la po­ racteres tipológicos locales; la rela­
breza de los datos disponibles. A tra­ ción entre el artesano y la com unidad
vés de la información proporcionada cambia, perdiendo el primero su in­
por las necrópolis, se puede observar dependencia e integrándose en la co­
que la sociedad se articulaba en las m unidad, la cual pasa a controlar la
relaciones de parentela, sin apenas producción del metal. Esto último en­
distinción de riqueza, y tan sólo en cuentra su expresión en el desarrollo
los momentos finales del período (si­ de una producción de objetos de presti­
glo X a.C.) pueden apreciarse algunos gio y de lujo, destinados a subrayar
indicios de diferenciación social, pero las funciones sociales más im portan­
siempre dentro de una estructura so­ tes; también en el incremento de uten­
cial bastante simple. silios especializados, que invaden otras
Sobre la vida económica ya esta­ áreas económicas y la actividad gue­
mos mejor informados. La economía rrera; finalmente otra manifestación
prim aria estaba basada esencialm en­ de lo mismo la encontram os en la
El puebio etrusco 19
aparición de un comercio a larga dis­ limitarse la siguiente topografía his­
tancia, lo que implica una organiza­ tórica: Etruria meridional, que com ­
da intervención de la comunidad. prende la región cosiera meridional y
En conclusión, el protovillanovia- el bajo curso del Tiber, ab arcando los
no puede definirse como un período territorios de las futuras ciudades de
de rápida transformación hacia for­ Veyes. Caere, Tarquinia y Vulci; los
mas sociales y políticas más com ple­ factores de desarrollo de esta área se
jas. C om o características fu nd am en­ centran por una parte en la explota­
tales hay que destacar el crecimiento ción de los yacimientos metalíferos y
demográfico, la m ejora en el nivel por otra en las posibilidades de aper­
tecnológico de la producción m eta­ tura hacia el exterior, como se dem os­
lúrgica, el inicio de las formas de di­ trará a propósito de la presencia grie­
ferenciación social y el surgimiento ga en Italia a partir del siglo VIII a.C. A
de intercambios a larga distancia. Todo continuación, hacia el norte, se en­
ello trae consigo finalmente im por­ cuentra la Etruria septentrional, re­
tantes novedades en las condiciones gión situada entre los ríos Albegna y
del establecimiento hum ano, con el Arno y el m ar Tirreno, teniendo como
ab a n d o n o al final del período de las centros principales Rusellae, Vetulo­
pequeñas aldeas y la concentración nia, Populonia y Volterra; en esta re­
de la población en el lugar donde gión se encontraban los principales
posteriormente surgirán las ciudades. recursos metalíferos de Etruria, situa­
dos en los montes Amiata y Metallife-
re y en la isla de Elba. C om o última
3) La Cultura Villanoviana región dentro del propio territorio etrus­
co tenemos la Etruria interna, defini­
Entre los siglos X y IX a.C. se asiste a da por los valles del Tiber y del Chia-
la definitiva ruptura de la unidad cul­ na y por los centros de Arezzo, Perugia,
tural del bronce, emergiendo diversas Chiusi y Volsinii; privada de recursos
culturas locales que prefiguran muy minerales y alejada de la costa, esta
p ró x im am en te la posterior rep arti­ región se vio abocada a una vida más
ción étnica de la Italia histórica. Cada dedicada a la agricultura, presentan­
región de la península Itálica aparece do por ello cierto retraso respecto a
así caracterizada por una facies cultu­ las anteriores áreas.
ral propia, siendo la villanoviana aqué­ Sin embargo, la Cultura Villanovia­
lla centrada en el territorio donde luego na no se limitó al territorio de la E tru­
se desarrollará la cultura etrusca, sin ria histórica, sino que dan do mues­
que esto quiera significar una identi­ tras de su gran vitalidad, en el siglo
ficación entre cultura y ethnos. sino IX a.C. inicia lo que se ha dado en lla­
tan sólo afirmar que el área geográfi­ mar un proceso colonizador, que extien­
ca do n d e se estableció el d om inio de esta facies cultural a otras regiones
etrusco ya estaba perfectamente defi­ de Italia en las que previamente no se
nida y unificada culturalmente en el había producido el fenómeno proto-
siglo IX a.C. villanoviano. Esta expansión adquie­
Aun dentro de la sustancial h om o­ re especial importancia en dos direc­
geneidad cultural que caracteriza al ciones, una hacia el norte (Emilia) y
villanoviano, metodológicamente cabe otra hacia el sur (C am pania, distin­
distinguir diversas áreas en razón so­ guiéndose los núcleos de C apu a y Sa­
bre todo a las diferentes posibilidades lernitano), regiones en las que con
de explotación de los recursos n atu­ posterioridad se asistirá igualmente
rales. lo cual no dejó de influir en úl­ al desarrollo de la Cultura Etrusca.
tima instancia en las características A dem ás tam bién puede observarse
de la cultura material. Así, puede de­ presencia villanoviana en otros p u n ­
20 A kal Historia d el M undo Antiguo

tos de Italia, como en Fermo (M ar­ rio, pero sin grandes diferencias entre
che) y en Sala Consilina (Lucania), los ajuares: los vasos son más a b u n ­
que a diferencia de los anteriores no dantes y aparecen objetos con una es­
tendrán continuidad, desapareciendo pecial carga ideológica; la diferencia­
en el siglo VIII bajo la presión de las ción sexual se hace más m arcada,
culturas indígenas circundantes. enfatizando la función guerrera en
Los lugares donde se establece el los enterramientos masculinos y los
poblam iento hum an o siguen los mis­ adornos personales en los femeninos.
mos criterios que durante el protovi- El siglo VIII se inaugura con un pro­
llanoviano, es decir, lugares elevados fundo cambio que irá ya en continuo
entre dos cursos de agua. La zona de avance: la figura del guerrero asume
habitación se articula a partir de pe­ una relevancia excepcional, enc o n ­
queños grupos de cabañas, distribui­ trándose una manifestación grandio­
dos en razón a la producción p rim a ­ sa en la tum ba tarquiniense del Gue-
ria, mientras que las necrópolis quedan rriero\ las tumbas femeninas siguen
al margen, relegadas a colinas escasa­ un desarrollo paralelo, algunas con
mente productivas. Las tum bas son gran manifestación de riqueza, hecho
siempre de incineración, limitándose que viene a materializarse con la a p a ­
tipológicam ente a la de pozo y de rición de la cerámica geométrica, pri­
fosa; en el norte aparecen unas pri­ mero de fabricación griega y luego
meras sepulturas de cámara que an u n ­ tam bién de imitación local.
cian los grandes túmulos característi­ Todos estos datos vienen a infor­
cos del período sucesivo, lo que hace m arnos de un hecho de gran im por­
suponer la existencia de una fuerte tancia que comienza a manifestarse
jerarquía social en el interior de la en los inicios del siglo VIII: el naci­
comunidad. miento de la aristocracia. En efecto,
Es precisamente a través de la in ­ la docum entación arqueológica nos
formación proporcionada por las ne­ enseña que en este siglo se rompe de­
crópolis como podemos acercarnos a finitivamente la ho m og eneidad so­
la com prensión de la estructura so­ cial de los poblados villanovianos, tí­
cial de las aldeas villanovianas y de m idam ente puesta en entredicho en
su evolución durante los siglos IX y las postrimerías del siglo X a.C. El es­
VIII a.C. Durante la primera mitad tudio de la necrópolis de Quattro Fon-
del siglo IX los ajuares funerarios son tanili en Veyes, muestra cómo a co­
escasos y en general uniformes; los mienzos del siglo VIII algunas tumbas
vasos son los exclusivos del ritual fu­ se destacan por encima de las demás
nerario, es decir el osario, n o rm a l­ en cuanto a la riqueza depositada en
mente de forma bicónica cubierto con ellas, ofreciendo mayor cantidad de
una escudilla, apareciendo en ocasio­ objetos y siempre de mejor calidad,
nes la urna-cabaña característica de entre los cuales se observa la presen­
la Etruria meridional; la única distin­ cia de productos de importación egeos
ción apreciable es indicativa del sexo y orientales, contrastando con la m a­
del· difunto, y así en las deposiciones yoría de las deposiciones funerarias,
masculinas la cubierta del osario puede cuyos ajuares parecen contin uar la
tom ar la forma de yelmo y aparecen tradición del siglo IX. La diferencia­
algunos objetos característicos como ción social no se manifiesta en térmi­
la navaja de afeitar, mientras que las nos polarizados ricos-pobres, sino que
femeninas se distinguen por la pre­ se presenta como una realidad estra­
sencia del huso de hilar y tipos espe­ tificada, en la cual existe u na articu­
ciales de fíbula. La segunda mitad de lación de los niveles de riqueza y en
este mismo siglo IX asiste a una cierta consecuencia una compleja situación
complejidad en el pan o ram a funera­ social. Este fenómeno obedece a va­
El pueblo etrusco 21

rias causas. Por una parte está la co n­ ticas pasan a manos de especialistas,
cen tración de los excedentes de la com o ocurre con la cerám ica, que
producción agraria en unas pocas m a­ gracias a la influencia griega, mejora
nos, culm inando así un largo proceso su nivel técnico y am plía su oferta
iniciado en el protovillanoviano de con la imitación de modelos helénicos.
privatización de la tierra y en el cual Un aspecto de enorme interés para
unas cuantas familias tienden a acu­ la historia de Etruria en el siglo VIII
m ular gran parte de la misma, sin que se centra en las relaciones con el exte­
esto signifique la desaparición de pe­ rior, determinantes a su vez para su
queños y medianos campesinos. Tam­ propio desarrollo interno. En todo
bién hay que considerar un notable este proceso juega un papel funda­
incremento demográfico a lo largo de mental la presencia de los griegos,
todo el siglo VIII, debido no sólo al que lanzados al redescubrimiento del
propio crecimiento natural de la po­ Tirreno y en su afán de búsqueda de
blación, sino tam bién a la llegada de metales, llegan de nuevo a las costas
nuevas gentes que presumiblemente se de Etruria renovando así unas rela­
colocaron en una situación de subor­ ciones que se h abían visto interrum ­
din ació n económ ica y social. Todo pidas tras el hundim iento del m undo
ello se acom paña de un movimiento micénico. Los contactos greco-villano-
dirigido hacia una progresiva divi­ vianos afectaron sobre todo al área
sión y especialización en el trabajo, c am pan a y a la Etruria meridional,
en virtud de la cual no solamente la que a su vez sirvió de intermediario
metalurgia, sino asimismo activida­ para el resto de Etruria. En un primer
des consideradas hasta ahora dom és­ momento, coincidiendo con la fase

Escena de banquete. (Tum ba de los


Leopardos. Tarquinia)
22 Akal Historia del M undo Antiguo

precolonial griega, el contacto es in ­ grandes áreas productoras de metales


termitente y escasos los restos deja­ de esta parte del Mediterráneo. F inal­
dos; pero a partir de la fundación de mente se detectan asimismo en tum ­
Pithekoussai hacia 770 y sobre todo bas etruscas objetos suntuarios de pro­
de la de C um as a m ediados del siglo ducción oriental, que aunque en gran
VIII a.C., las relaciones se intensifica­ medida pueden haber sido transpor­
ron notablemente, estableciéndose con­ tados por el intermediario griego, no
tactos regulares y continuos entre los hay que desechar una intervención
griegos asentados en el sur de la pe­ directa de navegantes fenicios, intere­
nínsula y los centros villanovianos, sados muy directamente por Cerdeña
con un resultado extraordinariam en­ y cuya presencia en Etruria vendría
te beneficioso para estos últimos, ya igualmente determ inada por los m e­
que el impacto griego actuó de verda­ tales, como lo muestra la presencia de
dero catalizador en el desarrollo de cerám ica fenicia en Populonia. La
Etruria. Hay que tener en cuenta que presencia de objetos orientales indica
entre las dos áreas no solamente cir­ u n a vez más la capacidad de d e m a n ­
culaban productos, bien fuese como da de los estratos superiores de la
materias primas o ya m anu factu ra­ sociedad y anuncia la explosión de
das, sino también técnicas producti­ la cultura orientalizante iniciada en
vas e incluso personas. Así, se puede los años finales de este mismo siglo
situar en la segunda mitad del siglo VIII a.C.
VIII la introducción en Etruria de la En resumen, la última etapa del pe­
viticultura y entre las técnicas artesa- ríodo villanoviano significa un ca m ­
nales, mejoras en el trabajo de los bio muy profundo en la fisionomía
metales y en la producción cerámica, de la cultura etrusca. A partir de estos
como el torno del alfarero y la técnica momentos puede afirmarse que el pue­
de depuración de arcilla. Los vasos blo etru sco está ya p e rfe c ta m e n te
griegos llegan fácilmente a Etruria, definido, aunque abierto a nuevas ex­
pasando en su mayoría a engrosar el periencias que llegarán con el orien­
patrim onio de la aristocracia nacien­ talizante y que enriquecerán notable­
te; a continuación estos vasos son imi­ mente su patrim onio cultural. Por un
tados por artesanos locales, quienes lado, en el contexto interior, se com ­
además intentan adap tar a las nuevas prueba el carácter proto-urbano de
tendencias la tradición cerámica a n ­ los centros etruscos, con una concen­
terior, proceso en el que tam poco es­ tración de la población en aquellos
tán ausentes ceramistas griegos, esta­ puntos donde inm ediatam ente surgi­
blecidos en algunos centros etruscos rán las ciudades; asimismo se obser­
y especializados sobre todo en la pro­ va el nacimiento de la aristocracia y
ducción de grandes vasos para la cul­ una compleja estratificación social,
tura del vino recién introducida. y finalmente una estructura política
Además de los contactos en el m un­ lo suficientemente organizada como
do griego, pueden detectarse también para hacer frente al reto comercial
intercambios en el interior del propio impuesto por los griegos. En segundo
am biente villanoviano y con otras re­ lugar hay que destacar la entrada de
giones de la península. Especial inte­ Etruria en las grandes corrientes del
rés tienen las relaciones con Cerdeña, tráfico internacional y con ello la ap a­
m antenidas fu n d a m e n talm e n te por rición de las primeras manifestacio­
la Ftruria septentrional y el área de nes de la llamada «piratería» tirréni-
Vulci, que no revisten un mero carác­ ca, es decir el deseo por parte de los
ter comercial sino también un inter­ etruscos de hacer valer sus intereses
cambio de personas, indicando así la en una zona en la cual compiten to­
gran proximidad de intereses de las dos das las fuerzas del Mediterráneo.
El pueblo etrusco 23

IV. El período orientalizante

C on el nom bre de orientalizante se asimismo orientalizante, pues Grecia


entiende el arte y la cultura de las re­ atraviesa en estos momentos por idén­
giones mediterráneas caracterizadas tica fase cultural. El destino funda­
por una amplia apertura a las expe­ mental de tales importaciones se cen­
riencias figurativas del Oriente Próxi­ tra igualmente en las aristocracias diri­
mo. El fenómeno no es homogéneo gentes. Finalm ente hay que conside­
ni contem poráneo en todo el Medite­ rar la com ponente septentrional, pro ­
rráneo. siendo aceptado primero en cedente de la Europa continental, y
Grecia, dadas sus estrechísimas rela­ en la cual el área de Bologna juega
ciones con las culturas orientales, de una importante función interm edia­
donde pasó a continuación a Italia. ria. Aquí nos encontram os de nuevo
En esta última la región etrusca, y a la aristocracia como principal desti­
más concretamente el área meridio­ nata ria de los productos llegados por
nal marítima, donde los contactos con esta vía, sítulas de bronce y ám b ar
los griegos eran más intensos, fue la esencialmente.
prim era en recibir el nuevo espíritu y C o m o puede observarse el papel
donde arraigó con mayor fuerza, cons­ interpretado por la aristocracia en esta
tituyendo la característica esencial del renovación cultural es fundamental.
período com prendido entre las déca­ F.l fasto del orientalizante. la alta ca­
das finales del siglo VIII y las inicia­ lidad de los productos de im porta­
les del VI a.C. ción y el exotismo de los mismos se
Durante este período se sucede en adaptaron perfectamente al estilo de
Etruria una acumulación de produc­ vida y a la ideología de esa aristocra­
tos extranjeros, procedentes de tres cia surgida en el villanoviano. Pero la
corrientes fundamentales. En primer actitud de esta última no se reduce
lugar, de origen oriental aparecen en exclusivamente a recibir tales objetos.
Etruria objetos de fabricación egip­ ; sino que adem ás adoptó con faci­
cia, asiría, urartia, fenicia y chipriota, lidad la carga ideológica que porta­
que aunque no muy abundantes son ban, así como otros muchos elemen­
por lo general de materiales preciosos tos del más variado signo. Entre todos
y de muy buena calidad, por lo que se ellos se puede destacar como caracte­
concentran exclusivamente en pocas rístico de la clase superior por ejem­
tum bas con ajuares ricos. Una segun­ plo el banquete, institución propia de
da corriente parte de la cuenca del la aristocracia griega cantada por H o­
Egeo. transportando productos pro­ mero y que ahora fue adaptada en
cedentes sobre todo de Corinto. del idénticos am bientes etruscos, como
Atica y de la Jonia, y con una carga un elemento más de su estilo de vida
24 A ka l Historia d el M undo Antiguo

característico y de distinción ante los aristocracia encuentra en esta nueva


otros estratos de la sociedad: es sinto­ arquitectura un marco más apropia­
mático al respecto el hecho de que do para una perfecta realización de
gran parte de los vasos griegos que su estilo de vida característico, alcan­
aparecen en las tum bas formen parte zando su manifestación culm inante
del ritual del sympósion, introducien­ con la co n stru c ció n de los « p a l a ­
do así en Etruria formas cerámicas cios». Son grandes edificaciones co­
desconocidas en la tradición villano­ nocidas recientemente gracias a las
viana. También hay que destacar en excavaciones llevadas a cabo en Ac-
el mismo sentido la introducción de la quarossa, próxima a Viterbo, y en Mur­
escritura, conocimiento llegado entre ió, cerca de Siena (sobre este último
el bagaje griego transmitido a Etruria, complejo no está muy claro su carác­
como ya se ha dicho; la utilización ter palatino); am bas datan de la se­
de este im portante vehículo ideolo- gunda mitad del siglo Vil a.C. y con­
gico queda en un principio reserva­ sisten en una estructura construida
do a la clase aristocrática, que lo con ­ en torno a un patio central, con a m ­
sidera como un bien de prestigio, no bientes destinados a los más diversos
extendiéndose su uso a otros grupos usos, entre ellos el del banquete, y de­
sociales hasta el siglo VI: en efecto, corados con motivos que exaltan e
las inscripciones etruscas del siglo idealizan el m un do aristocrático: son
VII son en su mayoría de posesión y a la vez centros políticos, religiosos,
de donación y están inscritas sobre residenciales y económicos. La co n­
objetos suntuarios, esto es destinados ciencia del noble como hom bre supe­
a circular exclusivamente entre los rior se manifiesta tam bién en el m u n ­
nobles, quienes dan muestra del con­ do funerario, que con la llegada del
trol que ejercen sobre el conocim ien­ orientalizante realza todos sus ele­
to de la escritura depositando en sus mentos. A partir de finales del siglo
tum bas los instrumentos característi­ VIII a.C. la tum ba de cám ara se co n­
cos de esta técnica. Como último ejem­ vierte en el sepulcro típico de la aris­
plo del indiscutible protagonismo de tocracia etrusca, a b a n d o n a n d o defi­
la aristocracia en el período orientali­ nitivamente las tum bas de fosa y de
zante, hay que considerar la intro­ pozo que quedan relegadas a las cla­
ducción del cultivo del olivo en Etru­ ses inferiores. La cám ara funeraria
ria, que al igual que había ocurrido suele situarse dentro de un túmulo
durante el villanoviano con la vid, su construido a propósito, aun que en al­
primera utilización y disfrute es asi­ gunas regiones la cám ara se cava en
mismo m onopolio de la aristocracia. la roca; el túmulo tiene sus orígenes
La clase noble es en gran medida en el villanoviano, pero con la monu-
tam b ién protagonista del profundo m entalidad que alcanza en estos m o­
cam bio que experimenta el aspecto mentos viene a reflejar de u n a m a n e ­
externo de los poblam ientos. Entre ra clara el papel destacado del noble
las novedades aportadas por el orien­ y de su familia en la escala social.
talizante se encuentran las transfor­ Este hecho se increm enta con otras
maciones en la arquitectura, tanto en manifestaciones dentro asimismo del
la doméstica como en la funeraria. La círculo funerario, como la riqueza y
primera se define en la sustitución de com plejidad del ajuar que acom paña
la antigua cab añ a del villanoviano al difunto en la otra vida, la ostenta­
por la edificación con cimientos de ción en los rituales funerarios (b a n ­
piedra, paredes de ladrilló crudo y cu­ quete, juegos, danzas, etc.) y en defi­
bierta de tejas, completándose en oca­ nitiva con el propio nacim iento del
siones con decoraciones arquitectóni­ arte figurativo m onum ental (pintura,
cas confeccionadas en terracota. La escultura), cuyas primeras manifesta-
El pueblo etrusco 25

ciones aparecen ligadas a las tumbas cio, es decir en nombre transmisible a


aristocráticas. todos los miembros de esa familia. La
Estos nuevos escenarios donde se utilización de la fórmula onomástica
desarrolla el ambiente de la aristocra­ bimembre, es decir praenomen y no­
cia —el «palacio» y el sepulcro— son men (nom bre individual y nom bre
indicativos asimismo de la organiza­ familiar o gentilicio), comienza a ates­
ción interna de la clase superior. Uno tiguarse en la epigrafía con los mis­
y otro reflejan la existencia de una es­ mos orígenes de la escritura, pero es
tructura parental, basada en la fami­ bastante escasa duran te la primera
lia y en el esquema superior de la mitad del siglo VII, para hacerse lue­
gens, que se perpetua a través del tiem­ go más frecuente. La invención de
po mediante la utilización del gentili­ este sistema onomástico prueba pues
cio. A este respecto, los recientes estu­ el deseo de determ inadas familias de
dios onomásticos llevados a cabo sobre distinguirse del resto de la población,
las inscripciones arcaicas muestran que sigue m anteniendo un nombre
resultados que, aunque lejos todavía único, mediante su vinculación a un
de satisfacer todas las posturas ad o p ­ antepasado con el cual le unen lazos
tadas por los investigadores, aportan de sangre, dando así prueba m an i­
datos muy valiosos sobre la organiza­ fiesta de su estirpe y de la antigüedad
ción de la aristocracia. Al contrario de su linaje. Estas familias aristocrá­
de lo que sucedía en Grecia, en que el ticas no sólo se com ponían de m iem ­
patroním ico variaba de generación bros consanguíneos, sino que además
en generación en la sucesión familiar, también formaban parte otros grupos
en los ambientes itálicos el uso de hu m an os pero sometidos a u na situa­
este elemento se convirtió en gentili­ ción de dependencia: son los siervos.

Escena de músicos. (Tum ba de


los Leopardos. Tarquinia)
26 Aka! Historia del M undo Antiguo

personajes caracterizados por una re­ nuevas técnicas y perfeccionaron las


lación de semi-esclavitud y que cons­ existentes, llevadas por ellos mismos
tituyen un elemento com plem entario en el período anterior. Las modas y
a la imagen de aristocracia ociosa estilos impuestos por los maestros ex­
que nos transmiten los literatos grie­ tranjeros alteran notablemente el p a ­
gos y romanos. noram a de la cultura material etrus­
La realidad social del orientalizan­ ca, ya que m arcan la pauta de la pro­
te etrusco no se reduce a la bipolari- ducción fabricando objetos de presti­
dad aristocracia-servidumbre, sino que gio que son absorbidos rápidamente
como consecuencia de la gran explo­ por las aristocracias locales. Las nue­
sión económica, la estructura social vas obras son imitadas por los pro­
se complica extraordinariamente. La pios artesanos etruscos, quienes no se
presencia de artesanos extranjeros, limitan a este simple papel de copis­
que ya se había hecho sentir en el a n ­ tas, sino que son capaces de desarro­
terior período villanoviano, es en es­ llar sim ultáneam ente una auténtica
tos m om enos masiva, sobre todo a producción propia, el bucchero, que
partir del año 625 a.C., configurando aunq ue adapta tipos y motivos deco­
de m anera decisiva el p an o ram a ar­ rativos extraños, surge de talleres lo­
tístico etrusco de la primera mitad del cales llegando a convertirse en una
siglo VI. Nuevamente la presencia de cerámica fina de mesa. La especiali­
elementos de origen griego es mayori- zación en el trabajo y la diversifica­
taria, pudiéndose conocer incluso el ción y perfeccionamiento de los m e­
nom bre de algunos por las firmas que dios de producción conducen a una
estam paban en sus obras. A este res­ mejor consideración social del arte­
pecto es interesante recordar la leyen­ sano, no solamente referida a los ex­
da del c o r in t i o D e m a r a t o , q u ie n tranjeros protagonistas del cambio,
debiendo a b a n d o n a r su patria por sino que también afecta a los propios
problemas políticos, se estableció en artesanos locales, algunos de los cu a­
la ciudad etrusca de Tarquinia llevan­ les firman sus obras, siguiendo el ejem­
do consigo a un nutrido grupo de ar­ plo de griegos y fenicios, y se integran
tesanos (Plinio, Ναι. Ilist., XXXV. 16; en el nuevo ambiente surgido con el
152). Este relato ha dado nom bre a la orientalizante.
llam ada «fase dem aratca» del arte La presencia de extranjeros se a m ­
etrusco, coincidente con los m om en ­ plía con otros elementos no necesa­
tos cruciales del comercio corintio a riamente dedicados a la artesanía. Hace
partir de mediados del siglo VII: efec­ un mom ento hacía referencia a la le­
tivamente en los años finales de este yenda sobre el griego Demarato, no­
siglo los centros etruscos más desa­ ble personaje corintio que se estable­
rrollados se pueblan de talleres que ció en la ciudad etrusca de Tarquinia
elaboran cerámica según los criterios integrándose perfectamente en su es­
griegos, produciendo objetos en estilo tructura social. Este episodio se repite
denominado etrusco-corinlio muy con­ a continuación en el caso del propio
siderados social mente. El catálogo de hijo de Demarato, llam ado Lucumo,
artesanos extranjeros se enriquece con quien igualmente aban d o n a su patria
la probable presencia de algunos de y se dirige a Roma, donde tras c a m ­
origen d anu biano en el área de Bo­ biar su nom bre etrusco por el latino
logna y la más que posible de orienta­ de Lucio Tarquinio, llegó a ser rey de
les, sobre todo fenicios. la ciudad. Estas dos tradiciones, en ­
La instalación en Etrufia de estos garzadas por los autores antiguos en
artesanos extranjeros fue de gran im­ un mismo relato, nunca llam aron la
portancia para el desarrollo económ i­ atención de los investigadores hasta
co de la región, pues introdu jeron que fueron relacionadas con nuevos
El pueblo etrusco 27

dalos epigráficos. Siempre sobre objetos clase aristocrática. Se puede suponer


de prestigio, se han encontrado en di­ con cierto grado de certeza, y la ya
versos lugares de Etruria (Tarquinia, m encionada presencia de artesanos
Caere. Vulci) inscripciones en las que parece confirmarlo, que la riqueza
se m encionan a individuos de origen generada por determ inados centros
extranjero que han etrusquizado su etruscos debió haber actuado como
nombre, como los griegos Hipucrates polo de atracción sobre el excedente
y Telicles y los latinos P hapen as y demográfico de otras regiones de Ita­
Hustileia, d en u ncian do con ello su lia e incluso de aquellas partes de
origen noble y su integración en las Etruria menos desarrolladas; pero las
sociedades aristocráticas de estas ciu­ formas de integración de estos secto­
dades etruscas. El hecho tiene una res menos favorecidos no fueron sin
gran significación, pues como se ha duda alguna tan simples como la de
dem ostrado a partir de estos datos (C. los nobles, no estando exenta cual­
Ampolo), existía una movilidad so­ quier forma de dependencia. De to­
cial. prevalentemente horizontal, en das maneras, dos conclusiones pare­
virtud de la cual elementos distingui­ cen surgir con cierta claridad: por
dos procedentes de otras regiones eran una parte, la solidaridad existente en ­
adm itidos en condiciones de igual­ tre las clases dirigentes de las diferen­
dad por las aristocracias receptoras, tes comunidades, etruscas y extranje­
pasan do a participar como uno más ras; y en segundo lugar, el crecimiento
de los beneficios de su nueva patria. dem ográfico que exp erim entan los
Sin embargo, la importancia del fe­ centros etruscos más desarrollados y
nóm eno tan sólo podemos percibirla que caracterizará la conform ación de
muy superficialmente, pues los datos uno de los aspectos más importantes
de que se disponen son escasos y prác­ del orientalizante: el nacimiento de
ticamente sólo hacen referencia a la los núcleos urbanos.

Palacio de Acquarossa
28 A kal Historia del M undo Antiguo

V. Las ciudades etruscas

Los antiguos griegos y rom anos te­ tinuación seguían las operaciones de
nían una idea muy precisa de la u rb a ­ la limitatio, durante las cuales el fun­
nística etrusca, según la cual la fu n­ dador, con un vestido ritual, iba abrien­
dación y organización de la ciudad do un surco mediante un arado de
obedecía a unos rígidos imperativos bronce arrastrado por un toro y una
religiosos. Tal planteamiento contie­ vaca, m arcando así el contorno de las
ne un fondo verídico, pues los etrus­ murallas, y levantaba el arado para
cos se preocuparon de estas cuestio­ señalar la ubicación de las puertas; el
nes y elaboraron al respecto unas no r­ resto de las calles se trazaban a cordel
mas que incluyeron en su literatura paralelas al kardo y el decumanus, di­
sagrada. Según dice Festo, los libri ri­ bujando un sistema ortogonal.
tuales etruscos comprendían, entre otras N aturalm ente ninguna ciudad de
cosas, «las prescripciones relativas a la Etruria propiam ente dicha nació
la fundación de las ciudades, la c o n ­ m ediante la aplicación sistemática de
sagración de los altares y de los tem ­ esta preceptiva, ya que no deben su
plos, la inviolabilidad de las m u ra ­ origen al acto voluntario de un fun­
llas, las leyes relativas a las puertas» dador, sino que son el resultado de
(358 L). En su conjunto, tales precep­ un largo proceso evolutivo que h ien­
tos constituían el denom inado etrusco de sus raíces en el protovillanoviano:
ritu y se creía que la misma Roma h a ­ ni las condiciones geográficas ni las
bía sido fundada según esta n orm ati­ históricas perm itían una fundación
va, y aunque esto no responde a la de estas características. Los p rin ci­
verdad, sí lo es por el contrario el que pios urbanísticos etruscos tienen un
posteriormente Rom a hiciera suyos origen relativamente reciente, en n in ­
tales principios aplicándolos a sus gún m om ento anterior a m ediados
fundaciones coloniales. He aquí una del siglo VT, y surgieron como conse­
síntesis de este ritual de fundación: cuencia de un esfuerzo de racionali­
después de haber consultado a la d i­ zación tendente a conseguir una pla­
vinidad sobre la conveniencia del acto nificación ideal del m u ndo terreno,
a realizar, un sacerdote orientaba la reflejo del cosmos divino, y aunque se
futura ciudad delim itando los puntos ha propuesto u na influencia griega,
cardinales, con lo cuaj trazaba las la concepción última de tales princi­
dos vías principales, el kardo y el de­ pios reposa sobre la m entalidad que
cumanus, orientados de norte a sur y del m u n do poseía el pueblo etrusco.
de este a oeste respectivamente; a con­ Las ciudades se forman en Etruria
El pueblo etrusco 29

a partir de los antiguos núcleos villa- cia del factor externo no se puede de­
novianos. Lógicamente no todos en­ ja r de percibir.
tre estos últimos alcanzarán el esta­ Los lugares donde surgen las ciu­
do urbano, sino que la oposición entre dades suelen ser una especie de pe­
aquéllos con mayores posibilidades queñas mesetas, limitadas por cursos
económicas y otros más em pobreci­ de agua que con el paso del tiempo
dos va m arginando poco a poco a los hab ían excavado unos barrancos que
que no pu ed e n m antenerse. C o m o servían de protección a los poblados.
co nsecuencia de ello unos cuantos Aquéllos situados en las proxim ida­
centros emergen sobre los restantes des del m ar no se asom an sin em bar­
asum iendo un evidente carácter de go directam ente a sus orillas, sino
superioridad demográfica y económ i­ que haciendo b uena la teoría platóni­
ca sobre áreas territoriales bastante ca, se m antenían a la suficiente dis­
amplias, y en este proceso la influen­ tancia del m ar para no sufrir sus peli-

Quinto Florentino
• Fiesole

Cortona
R. Cecina ^
'P^
Murió ? %
* ■£
títe re L TraS‘m e n °

Populonia . Peru9 ia
• Chiusi
Vetulónia
M. Armata
Rusellae
R· Pablia
I. DE ELBA
.o Orvieto (Volsinii) _ ^

<^·
“r « Sovana ·
^ · Marsillana L. di Bolsena ^

Tuscania
Vulci · *
* Norchla Falerii
e
T . . eBlera
Tarquinia* . ·.
Gravisca· Luni ^ 1 ^
^°^ a L. di Bracciano Capena
VA
Pyrgi Veyes
• ^
Roma

LACIO

Etruria
30 AkaI Historia del M undo Antiguo

gros, pero al mismo tiempo lo suficien­ tros etruscos, a unq ue sin entrar en
temente cerca para aprovecharse de una descripción p o rm en o riz ad a de
sus ventajas. La razón de esta cons­ las mismas, limitándonos tan sólo a
tante —tan sólo Populonia era coste­ algunos aspectos concretos como la
ra— se encuentra en u na mejor ex­ situación, el territorio y los recursos
plotación de los recursos naturales y económicos. Para ello vamos a seguir
ya desde el villanoviano los núcleos un orden geográfico, distinguiendo
de población más desarrollados pre­ entre las tres áreas fundamentales que
ferían un a situación interior. Estas ya veíamos al h ablar del villanovia­
mesetas no estaban ocupadas por un no, a saber Etruria meridional, Etru­
único poblamiento, sino que sim ultá­ ria septentrional y Etruria interna,
neamente existían diversas aldeas que au nq ue conscientes de que tal divi­
aú n co m partiendo u na c o m u n id a d sión no supone una total conjunción
de intereses, m antenían cierta auto­ de factores geográficos, históricos, eco­
nom ía entre ellas, dirigidas cada una nómicos y culturales.
por sus respectivas aristocracias. Sin
embargo no todas las aldeas tenían la
misma vitalidad, de m anera que las 1) Etruria meridional
más potentes van im poniendo poco a Esta sección está compuesta por los
poco su im pronta atrayendo hacia sí territorios históricos de Caere, Tar­
el conjunto de la energía dispersa. En quinia, Vu Ici y Veyes, a los que habría
conclusión, el origen de la ciudad en que añ adir otras dos áreas de transi­
Etruria es sinecístico y nuclear al mis­ ción entre la Etruria meridional y la
mo tiempo, sinecístico, porque resul­ septentrional e interna, el ctger Ccile-
ta de u na unión entre diferentes po- tranus y el Viterbese respectivamente,
blamientos, y nuclear porque el m o­ m ás u n a tercera, la región falisco-
vimiento viene im pulsado por algu­ capenate, que no siendo propiam ente
nos de ellos. etrusca gravitaba sin embargo de una
La urbanización no se produjo si­ m anera total hacia Veyes, que a la lar­
m ultáneam ente en toda Etruria, ni ga casi consiguió etrusquizarla por
tam p oco es un fenóm eno puntual. completo.
Respecto a esto último es interesante Veyes (lat. Veii) marca con su terri­
observar cómo la definición última torio el límite meridional de la Etru-
del aspecto urbanístico de una ciu­ ria histórica. La ciudad se situaba so­
dad no se produjo de golpe, sino que bre un altoplano lim itado por dos
en m uchos casos la fijación del perí­ cursos de agua, constituyendo el m a ­
metro u rb a n o no se consigue sino yor núcleo etrusco en extensión (190
hasta el siglo V a.C., cuan do la ciudad lia). Durante el villanoviano el n ú ­
era tal doscientos años antes. El fenó­ cleo veyense era de los más desarro­
meno de la urbanización alcanzó pri­ llados de Etruria, iniciando un proce­
mero a la Etruria meridional, que gra­ so de urbanización a finales del siglo
cias a su mayor desarrollo económico VIII que culminó en el siguiente. El
logró este estado a m ediados del si­ territorio de Veyes estaba limitado por
glo VII: por el contrario la Etruria in­ los ríos Tiber y Arrone y un sector
terna presenta cierto retraso, no crean­ costero determ inado por la desem bo­
do sus ciudades sino hasta un siglo cadura de estos dos ríos; hacia el no r­
más tarde. En general puede afirmar­ te limitaba con el área falisco-capenate,
se que en las postrimerías del siglo VI sobre la cual Veyes nunca llegó a ejer­
en todo el territorio de la Etruria his­ cer un poder político efectivo, pero
tórica la ciudad se había ya constituido. siempre la mantuvo bajo un estrecho
A continuación vamos a ver cuáles control económico y cultural. Veyes
eran las ciudades y principales cen­ alcanzó un mom ento culm inante en
El pueblo etrusco 31

la segunda mitad del siglo VIII, cu a n ­ pos, agrícolas, artesanales y m inera­


do ju n to con Tarquinia, determ inó les, basados estos últimos en el d om i­
con su influencia el aspecto cultural nio de los montes de la Tolfa, siempre
del Lacio. Pero a partir del ascenso de motivo de disputa con su vecina Tar­
Caere, su estrella comenzó a eclipsar­ quinia. Durante la última fase villa-
se, decadencia que se vio acelerada noviana Caere se situaba en una p o ­
por los conflictos que mantuvo con sición secundaria, frente a la mayor
Roma, cuyos territorios eran colin­ potencia de Veyes y Tarquinia. Pero
dantes, y que serían la causa de su con el Orientalizantc la ciudad des­
destrucción a comienzos del siglo IV pertó rebasando a sus vecinas, como
a.C. M arg inad a de los yacimientos lo prueba la enorme riqueza ac u m u ­
mineros, Veyes basó su desarrollo eco­ lada por la aristocracia ceretana, el
nómico en el comercio, especialmen­ dinam ism o de su industria y las estre­
te el de la sal (las salinas de la desem ­ chas relaciones que m antenía con p o ­
bocadura del Tiber fueron causa de tencias extranjeras, como Roma, Car-
enfrentam iento con Roma), y en la tago y el mundo griego: a este respecto
explotación agraria, muy desarrolla­ es interesante señalar que Caere era
da en territorio veyense, como lo de­ la única ciudad «bárbara» junto con
muestra la gran cantidad de canales Spina que poseía un tesoro en el céle­
que fueron la admiración de griegos y bre santuario panhelénico de Delfos
romanos. Por todo ello, la aristocra­ (Estrabón, V.2.3).
cia de Veyes no muestra esa riqueza Inmediatamente a continuación del
que aparece en su vecina Caere y se territorio ceretano se encontraba el de
encontraba mucho más ruralizada. Tarquinia (Tarchuna en etrusco, Tar­
Caere es la más meridional de las quinii para los romanos). Esta ciudad
ciudades marítimas. Caere es el n o m ­ se situaba en un contexto geográfico
bre rom ano de la ciudad, llam ada por similar al de los anteriores, form án­
los etruscos Cisra y Agylla por los grie­ dose a partir de tendencias sinecísti-
gos, y corresponde a la localidad m o­ cas entre diversos poblam ientos que
derna de Cerveteri. Se eleva sobre una ocupaban el lugar. D urante el perío­
colina, en la confluencia de dos arro­ do villanoviano Tarquinia se consti­
yos, que la separaban de sus princi­ tuyó como el principal centro tirréni-
pales necrópolis. Los primeros signos co: los productos minerales de la Tolfa
de ocupación se elevan al siglo IX entraban en los circuitos mediterrá­
a.C., iniciando una fase de continuo neos a través de Tarquinia, al tiempo
crecimiento que llevará a la configu­ que servía de intermediario en las ru­
ración urbana a mediados del siglo tas hacia el interior. Este predominio
VTI. El territorio ceretano no era muy se manifestó en ciertas reivindicacio­
extenso, pero sí floreciente, ab a rca n ­ nes históricas c ideológicas p erp e­
do la región com prendida entre el río tuadas en sus tradiciones. Así, Tarqui­
Arrone, el lago Bracciano y los m o n ­ nia era considerada como la metrópoli
tes de la Tolfa. La ciudad no se e n ­ de la nación etrusca y su héroe epóni-
contraba directamente en el mar, sino mo, Tarchon, decía ser hijo de Tirre­
un tanto retirada hacia el interior, no y colonizador de parte de Etruria;
pero las relaciones marítimas las m an­ otra tradición hacía del profeta Tages
tenía a través de tres puertos: Alsium. el fundador de Tarquinia, revelando
Punicum y l\rg i. Este último era el doctrinas que fueron el fundam ento
más importante, y tam bién el mejor de la religión etrusca. Sin embargo, y
conocido por nosotros, a un que no el al igual que sucedió con Veyes, el
más próximo a Caere, con la que le rum bo de Tarquinia varió con el en­
unía una calzada muy transitada. Los cum bram iento de Caere, que al apo ­
recursos de esta ciudad eran de tres ti­ derarse de la Tolfa le privó de una im ­
32 Aka! Historia d el M undo Antiguo

portante fuente de riqueza. A finales lizante. El siglo VI asiste a un repen­


del siglo V. a.C. Tarquinia recuperará tino y extraordinario auge de la ciu­
parte de la hegemonía perdida. A u n ­ dad, que se convierte en uno de los
que con u na manifiesta vocación m a ­ grandes polos del desarrollo etrusco
rítima, esta ciudad tam poco se encon ­ gracias a una vida económica muy
traba al borde del mar, sino un tanto diversificada, como lo muestra la im ­
retirada, disponiendo en Gravisca de portante industria del bronce y la pre­
un puerto. Ésta última localidad fue sencia de enormes cantidades de ce­
muy activa a lo largo del siglo VI, d e ­ rámica griega, prueba evidente de su
tectándose u na im portante presencia intensa actividad comercial. El terri­
griega que dio notable im pulso al co­ torio de Vulci limitaba con el de Tar­
mercio tarquiniense, hasta que la cri­ q uinia en el río Arrone y trató de
sis comercial etrusca del siglo V redu­ extenderse hacia el norte y hacia el
jo a m ínim os su actividad. interior, utilizando sobre todo el valle
Vu Ici (etr. Velch-) es otro de los gran­ del Fiora como vía de penetración: la
des centros etruscos arcaicos. Situada arqueología y los testimonios litera­
sobre una pequeña meseta a orillas rios testimonian esta expansión de la
del río Fiora, se encuentra asimismo influencia vulcense por el interior de
en u n a posición m arítim a pero u n Etruria durante el siglo VI.
poco alejada del mar, disponiendo de La región situada entre el bajo Ti­
u n puerto, Regisvillae, situado cerca ber y los montes Cimini y Sabatini,
de la desem bocadura del Fiora. Vulci pese a encontrarse dentro de los lími­
era u n im portante centro villanovia­ tes naturales de Etruria, estaba pob la­
no, pero se eclipsó durante el orienta­ da por gente de etnia y lengua latinas,

Reconstrucción del interior de una casa.


(Tum ba de la A lcoba. C erveteri)
El pueblo etrusco 33

Personaje de la Tumba de los Leopardos.


(Tarquinia)
34 A ka l Historia del M undo Antiguo

pero cultural y políticamente etrus- m arítim as, existiendo tan sólo n ú ­


quizadas. Era la región falisco-capenate, cleos de carácter m ediano y pequeño
así denom inada por las dos principa­ dom inados por aristocracias rurales.
les ciudades que comprendía, Falerii Por lodo ello la zona siempre fue lu­
y Capena. Esta última está más al sur gar de enfrentamiento más o menos
y tuvo una historia bastante oscura, abierto entre las potencias que la cir­
basculando siempre hacia su vecina c u n d a b a n (Tarquinia, Vulci, Caere,
etrusca Veyes; en su territorio se e n ­ Veyes y Volsinii), que intentaban ex­
contraba el santuario de Feronia (el tender hacia allí su área de influencia
lucus Feroniae), im portante lugar de e incluso de completo dom inio políti­
encuentro de comerciantes etruscos, co por su excepcional im portancia
faliscos, sabinos y latinos. Falerii era estratégica.
la ciudad más importante de toda la Hacia el norte, entre Vulci y la Etru­
región y hundía sus orígenes en la ria septentrional se encuentra el lla­
etapa final del protovillanoviano; a m ado ager Caíetranus, definido por el
partir de mediados del siglo VI a.C. la valle del Albegna y el alto curso del
ciudad comienza a despuntar, alcan ­ Fiora. Sus centros principales esta­
zando sus momentos más prósperos ban en Marsiliana, Saturnia, Sovana,
en el siglo IV. Otros centros destaca­ Poggio Buco y Castro, con un desa­
dos de la región eran Narce, que al­ rrollo económico vinculado sobre todo
canzó cierta im portancia en el siglo a la agricultura, gozando la parte más
VII, y Nepi y Sutri, ciudades cuyo o ri­ interior de ciertas ventajas comercia­
gen falisco no está claro pero que en les y algunas zonas concretas con po ­
todo caso fueron fuertemente ctrus- sibilidades minerales. La zona tuvo
quizadas. A pesar de su originario ca­ gran im portancia entre los siglos VII
rácter latino, todas estas ciudades com­ y VI a.C., hasta que la m ayor potencia
batieron siempre al lado de Veyes en de Vulci consiguió imponer su influen­
las guerras que esta última mantuvo cia, en ocasiones no sin conflicto.
con Roma; la victoria de esta sobre
Veyes propició la caída inm ediata de 2) Etruria septentrional
C apena, Nepi y Sutri. Falerii conser­
vó su independencia hasta su des­ Esta región com prende los territorios
trucción por parte de los rom anos en de Rusellae, Vetulonia, Populonia y
el año 241 a.C. Volterra. No obstante en ella hay que
La zona del Viterbese recibe tam ­ situar tam bién toda la zona d o m in a ­
bién el nom bre de región de las tum ­ da por el río Arno. auténtica frontera
bas rupestres, por la peculiar estruc­ del m undo etrusco hacia el norte; pero
tura de sus necrópolis, excavadas en su sección oriental, aquella d o m in a ­
la roca. Tiene sus principales centros da en la actualidad por Florencia,
en Viterbo, Blera, N o rc h ia, Castel donde se concentraban las rutas para
d ’Asso y Tuscania. Sus fuentes de ri­ pasar a la zona de Bologna y al valle
queza se centraban en la agricultura, del Po, la presencia etrusca se hizo
con un complemento en las explota­ sentir desde sus comienzos, rebasan­
ciones metalíficas; la zona era asi­ do el límite del río Arno.
mismo importante en las relaciones Al norte de la desem bocadura del
comerciales, pues era paso obligado río Albegna se encontraba en la anti­
en las comunicaciones entre la Etru­ güedad una laguna marítima, el lacus
ria meridional y la interna, así como Prilius, ocupado en la actualidad por
en aquéllas que u n ían el norte con el el área de Grosseto y limitado por los
sur de Etruria. En la región nunca lle­ ríos O m brone y Bruna, cuyos aportes
gó a cuajar un centro urb an o de la aluviales determ inaron precisamente
im portancia de las grandes ciudades la desecación del lago. Este estaba
El pueblo etrusco 35

do m in ado por dos ciudades, Vetulo­ su topografía no era muy diferente en


nia al norte y Rusellae al sur. Vetulo­ sí misma a la del resto de las ciudades
nia (etr. Vatluna) ofrece restos de épo­ etruscas. pues se encontraba sobre un
ca villanoviana y alcanzó en el siglo prom ontorio de no fácil acceso, con
VIT y primera mitad del VI un nota­ el puerto a los pies del mismo. P opu­
ble desarrollo, como lo muestra la ri­ lonia fue sin duda el gran centro de la
queza de sus tumbas orientalizantes; metalurgia etrusca, d o m in a n d o los
su principal factor de desarrollo se grandes yacimientos de la Catena Me­
centraba en la explotación de las m i­ tallifera y de la isla de Elba, situada
nas del Massetano. A partir de me­ frente a la ciudad. Testimonio de esta
diados del siglo VI la ciudad parece actividad son los restos del barrio in­
que entró en una fase de regresión dustrial y la gran cantidad de esco­
económica, siendo en todo superada rias, todavía reutilizadas en épocas
por su vecina Rusellae, que se convir­ recientes. En un principio Populonia
tió en la auténtica protagonista de la se dedicó a la industria del cobre y
región al concentrar en su seno la del bronce, pero a partir del siglo VI
mayor paite de los recursos existentes. la siderurgia, basada en la explota­
Populonia (etr. P. pimía, lat. Fufluna) ción de las ricas minas de Elba, se
era la única ciudad etrusca situada convirtió en la actividad más produc­
directamente en el mar; sin embargo tiva. haciendo posible que la ciudad

Necrópolis

Acrópolis·:?
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Cementerio galo
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‘.i

Necrópolis 4
r· ZS.S.
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·'■'·V- \
2 00 m

P lanta de M a rza b o tto .


(Según G.A. M ansuelli)
36 Aka! Historia del M undo Antiguo

conservara su prosperidad cuando la existen algunas dificultades para su


Etruria meridional experimentaba cier­ localización. La escuela etruscológica
ta depresión económica. francesa (Bloch, Hus) prefiere en ge­
El mayor centro urb an o de la E tru­ neral situarla en las proximidades de
ria nord-occidental fue Volterra (etr. la m oderna Bolsena, junto al lago de
Velathri, lat. Volaterrae), situado en el este nombre, en base a las excavacio­
interior, en la confluencia de los va­ nes realizadas por franceses en esta
lles de Cecina y del Era, sobre un m a ­ área y que han dem ostrado la conti­
cizo abrupto. Volterra eleva su origen nuidad de poblam iento desde el villa­
al siglo IX, pero durante m ucho tiem­ noviano. Por su parte, los investiga­
po fue un centro de caracter menor, dores italianos —y los hechos parecen
no alcanzó su verdadero desarrollo darles la razón— se inclinan más fa­
u rba n o hasta el siglo IV a.C., cuand o vorablemente por Orvieto, al este de
a su tradicional actividad agrícola unió Bolseno, tam bién con restos villano-
la explotación de yacimientos metalí­ vianos y con una secuencia arqueoló­
feros y de canteras de piedra, con una gica muy en consonancia con los d a ­
vocación artesanal bastante señ a la­ tos conocidos por la tradición. La lo­
da. Parece que fue'entonces cuand o calización de Bolsena correspondería
se sitúa la gran expansión de Volterra a Volsinii M o v í, fundación ro m an a tras
hacia el m ar y el valle del Arno, lle­ la destrucción de Volsinii Veteres en el
gando a alcanzar el Fiesolano. Esta siglo III a.C., fecha en que precisa­
últim a región, con Artim ino, Sesto mente se detiene la información ar­
Florentino y Fiesole (etr. Visul-) p are­ queológica en Orvieto. Esta última se
ce haber sido durante el orientalizan­ encuentra situada en una colina abrup­
te dom inio de grandes familias, con ta, con un único acceso natural, cerca
base esencialmente agraria y cuya ri­ de la confluencia de los ríos C hian a y
queza puede todavía contemplarse en Paglia. Su principal recurso lo consti­
las grandes tumbas de cúpula encon ­ tuían la agricultura, pero también hay
tradas en la zona. que tener presente su posición en el
contexto comercial de Etruria, lo que
3) Etruria interna explica su interés por el control de la
región de las tum bas rupestres en el
Para su mejor estudio, este sector p o ­ conflicto con las ciudades m eridiona­
demos dividirlo en dos áreas princi­ les. Volsinii jugó un papel de cierta
pales: por una parte, aquélla c o m ­ im portancia en la historia de Etruria,
prendida por los territorios históricos puesto que fue la última ciudad etrus­
de Chiusi y de Volsinii, y por otra la ca que resistió la conquista romana;
constituida por Perugia, C orto na y por otra parte, se supone que era en
Arezzo. La primera es más antigua, su territorio donde se encontraba el
participa activamente en la historia Fanum Voltumnae, santuario sede de
de la Etruria arcaica y se relaciona la confederación nacional etrusca.
con otras regiones de Etruria. Por el La ciudad de Chiusi, llam ada por
contrario, la segunda, definida por los etruscos Clevsi y Camars y por los
el curso superior del Tiber, es zona latinos Clusium, se alzaba sobre una
fronteriza, más alejada de los grandes altura limitada por los ríos C hiana y
centros difusores de civilización de la Astrone. La región reunía pocas co n ­
costa y por ello con un ritmo de desa­ diciones para el crecimiento urbano,
rrollo mucho más lento, no incorpo­ pero sí para una gran expansión sub­
rá n d o se sino h a s ta fecha rela tiv a­ urbana, favorecida por una excelen­
mente tardía en los avatares históricos te tierra de labor que condicionó la
del conjunto de Etruria. vocación económica de sus h ab ita n ­
En cuanto a Volsinii (etr. Velzna), tes. Por ello Chiusi era una ciudad
El pueblo etrusco 37

bastante pequeña y su territorio al­ ción haciendo siempre referencia al


bergaba grandes y numerosos centros m undo mítico y heroico griego. Esta
agrícolas. La situación de Chiusi c on ­ ciudad, llamada por los etruscos Cur-
taba con una gran ventaja, como el tun, se levantaba sobre una elevada
control del Val di Chiana, la principal colina d om inan do el Val di Chiana;
arteria de la Etruria interna. Esto fa­ la arqueología muestra que la zona
voreció el desarrollo de otras activi­ fue ocupada desde el siglo VII, pero
dades económicas, como el comercio hasta el siglo V la ciudad no llegó a
y el artesanado, y propició el desarro­ ser definida, quizás por influencia de
llo de la ciudad, la cual aunque a tra­ Chiusi. En cuanto a Arezzo, la Arre­
vés del intermediario costero, recibió tium de los romanos, se encontraba
asimismo la influencia y los produc­ más al norte de Cortona, instalada en
tos griegos. Chiusi alcanzó su apogeo una altura donde el Valle del C hiana
a finales del siglo VI y en el siglo V se unía al del Arno. Al igual que Cor-
a.C., interviniendo en los asuntos m e­ tona, Arezzo basaba su desarrollo en
ridionales (recordados por la tradi­ las explotaciones agrícolas, y su si­
ción de Porsenna) y en la coloniza­ tuación geográfica le proporcionaba
ción del valle del Po. además ciertas ventajas comerciales
La región más oriental e interna de en el tránsito hacia Fiesole y la Italia
Etruria, limitada por los altos valles septentrional. Finalm ente Perugia se
del C h ian a y del Tiber y por el lago presenta como la ciudad más im por­
Trasimeno, puede considerarse como tante de este conjunto; situada sobre
la más atrasada. Aquí la arqueología una altura, ocupa una posición de
protohistórica y arcaica es más pobre fuerza frente a los umbros, que po­
respecto a los otros centros de la Etru­ blaban la otra orilla del Tiber. La ar­
ria interna y la urbanización llegó en queología muestra la existencia, a tra­
fecha relativamente tardía, en todo vés de las tumbas, de poderosas familias
caso nunca antes de las postrimerías que controlaban los recursos de la re­
del siglo VI a.C. Pero si la arqueolo­ gión. Durante el siglo IV a.C. Perugia
gía es pobre, ya no puede decirse lo se convierte en el principal centro del
mismo respecto a sus tradiciones, so­ norte del Tiber, pero al igual que las
bre todo referente a Cortona, que p o ­ otras, no juega un papel histórico de
seía varias leyendas sobre su fund a­ importancia hasta la época romana.

Populonia. Tum ba de Cista


38 A ka l Historia del M undo Antiguo

VI. Líneas de historia etrusca

Los etruscos era un pueblo muy fata­ blo etrusco; pero las dificultades son
lista. Tenía una conciencia muy desa­ prácticamente insuperables, ya que se
rrollada sobre el destino y su ineluc­ parte de un hecho en sí mismo inse­
table determinación sobre la vida del guro. como son los signos mostrados
hombre, tomado tanto individual como por la divinidad, dato extraordinaria­
colectivamente. Por ello sabían que mente manipulable a efectos políticos.
su historia, su propia vida como p u e­ Sin embargo, a pesar de todos estos
blo, tenía un comienzo y un final, que inconvenientes, el hecho en sí p erm a­
todo estaba previsto y que nada podía nece con toda su validez, esto es el
intentarse para variar el curso de los sentido extraordinariamente fatalista
acon te cim ie n to s. Los etruscos p o ­ que los etruscos tenían de su propia
seían una cosmogonía según la cual historia, de que había tenido un co­
el m undo habría de du ra r doce mil mienzo, que ellos situaban en torno
años, de los cuales los seis últimos al año 1000 a.C., y que necesariam en­
milenios correspondían a la historia te tenía que tener una muerte, que
del hombre; Etruria disponía de una vendría a coincidir con el siglo I d.C.
parcela de este tiempo, en concreto En las páginas anteriores hemos teni­
diez siglos (saecula). al término de los do ocasión de ver el nacimiento y los
cuales se produciría la desaparición primeros pasos de la historia etrusca.
de este pueblo. Un escritor rom ano Vamos a entrar ahora en el camino
del siglo III d.C., Censorino, nos dice que nos conducirá a su final.
qué era el saeculum, ya que no se tra­
taba de un período de cien años, sino 1) La «expansión» etrusca
de «la más larga duración de la vida
h u m an a delimitada por el nacim ien­ C uando los escritores antiguos, tanto
to y la muerte» (Censorino, De die na­ griegos como latinos, h ab lab a n sobre
tali, 17.2). definición tom ada de los los etruscos, constituía un lugar co­
propios libros rituales etruscos. Estos mún en sus obras decir que este p ue­
últimos in form ab an adem ás de los blo había dom inado en Italia con a n ­
signos enviados por la divinidad que terioridad a la conquista romana, prác­
m arcaban el final de un saeculum y el ticamente desde la época de la guerra
comienzo del siguiente. A partir de de Troya, y que su poderío se extendía
todos estos datos se ha intentado re­ desde los Alpes hasta la punta meri­
construir un cuadro cronológico, ex­ dional de la península Itálica. Estas
presión del tiempo histórico del pue­ afirmaciones generales se precisan con
El pueblo etrusco 39
mayor fuerza a propósito de dos re­ núcleos extra-etruscos en diversas
giones concretas de Italia, la C a m p a ­ regiones de Italia; algunos sucum bie­
nia en el sur y la llanura del Po en el ron ante la presión de las culturas cir­
norte, para las cuales todos los auto­ cundantes, pero otros —el de C a m p a ­
res antiguos invocan siempre un ori­ nia y el de Em ilia— continuaron con
gen etrusco. Así, respecto a la llanura un desarrollo paralelo al de Etruria
padana, una tradición atribuía a Tar­ integrándose en una misma dinám i­
chon, héroe epónim o de Tarquinia, la ca cultural. Las necesidades agrícolas
fundación de las doce ciudades que y posteriormente también las comercia­
com pon ían la clásica dodecápolis de les sirvieron de motor en este proceso.
esta región, mientras que otros h a ­ Antes de com enzar con la exposi­
cían de Aucnus, hijo del rey Aulestes ción de las diferentes directrices de
de Perugia, el fundador de Bologna y expansión etrusca. conviene detener­
de M antua; algo similar encontramos se m om entáneam ente en el caso del
para los orígenes de C am pania, cuyas Lacio, ya que sobre todo para aque­
principales ciudades p retendían te­ llos partidarios de una conquista mi­
ner asimismo un antepasado etrusco. litar de C am pan ia por parte de los
Los nuevos datos arqueológicos y etruscos, como paso previo e impres­
epigráficos, fundam entalm ente estos cindible se admite que el Lacio, Roma
últimos, vienen a corroborar en sus incluida, fue asimismo objeto de do­
grandes líneas el testimonio de la tra­ minio por parte etrusca. N ada más le­
dición, confirm an do una extensión jos de la realidad, pues no se puede
de la cultura etrusca en esas dos re­ confundir influencia cultural con con­
giones m encionadas, hasta tal punto quista militar. Etruria era una de las
que es com pletam ente lícito h ablar regiones de Italia más desarrolladas
de una Etruria padana y de otra c a m ­ ya desde época villanoviana y su enor­
pana. con unas características cultu­ me dinam ism o no dejó de influir a
rales y políticas en nada diferentes a los pueblos vecinos: lo hemos visto
las de la Etruria propiam ente dicha. en el caso del área falisco-capenate,
El problema se plantea a la hora de geográficamente inserta en el m undo
determ inar cómo se llevó a cabo esta etrusco; igualmente se puede hacer
« etrusq uizació n», si m ediante una extensible a los pueblos umbros si­
conquista militar o por el contrario a tuados inm ediatam ente al otro lado
través de un proceso colonizador. Pa­ del Tiber, como fehacientemente lo
rece que la primera causa hay que ex­ demuestran la arqueología y la epi­
cluirla. pues es de todo punto im pen ­ grafía. El caso del Lacio se sitúa en la
sable u na colaboración de todas las misma dinámica aunq ue ciertamente
ciudades etruscas, caracterizadas tra­ con una fuerza superior por la proxi­
dicionalmente por su desunión, para midad geográfica a los principales fo­
acometer una empresa de esta enver­ cos de irradiación cultural etrusca de
gadura, la cual es además imposible la región m eridional. C o m o h ab rá
de cum plir por cualquiera de las ciu­ ocasión de ver en el lugar correspon­
dades individualmente con sus pro­ diente, la cultura protohistórica lacial
pios recursos. La colonización se pre­ bascula fundam entalm ente hacia los
senta en la actualidad como el medio ambientes culturales de la Etruria me­
más idóneo para la explicación de ridional, pero conservando siempre
este fenómeno. Anteriormente hemos una independencia manifiesta. El La­
visto cómo en época villanoviana los cio fue deudor de Etruria por muchos
portadores de esta cultura dem ostra­ elementos que contribuyeron decisi­
ron su dinam ism o y vitalidad reba­ vamente en su desarrollo, pero existe
sando los límites geográficos del pro- una prueba decisiva de la indepen­
tovillanoviano e instalan do nuevos dencia latina: al contrario de lo que
40 A ka l Historia d el M undo Antiguo

sucedió en C am p an ia y en la llanura cola, con unas relaciones con los grie­


padana, donde la lengua etrusca se gos intensas al principio pero luego
convirtió en la «oficial», en el Lacio discontinuas e incluso bélicas; por el
nunca se habló el etrusco, y au nq ue contrario, Pontecagnano, vecina al mar.
la epigrafía docum enta la presencia presenta una vocación más comercial
de d e s tac ad o s in d iv id u o s etruscos y un fuerte contacto con el m undo
—uno de ellos, L. Tarquinio, llegó in ­ griego.
cluso a ser rey de R o m a—, ello se ex­ En segundo lugar, Estrabó n nos
plica por la movilidad social caracte­ habla tam bién de la constitución de
rística de la koiné etrusco-latina según una dodecápolis, creada a imagen y
hemos visto en un capítulo anterior, semejanza de la que existía en la pro­
sin necesidad de acudir a la co nq uis­ pia Etruria. Esta tradición correspon­
ta militar, cuya historicidad nunca ha de al m om ento de mayor intensidad
sido probada. de la presencia etrusca en C am pania,
que viene ac om pañada de im po rtan ­
tes aportaciones para el desarrollo de
a) Los etruscos en Campania la región, y que puede fecharse a p a r­
tir del siglo VI a.C. Es entonces c u a n ­
Según la tradición antigua, transm iti­ do comienzan a documentarse las ins­
da esencialmente por Estrabón (V.4.3), cripciones etruscas en número creciente.
C am p an ia estaba en un principio h a ­ Primero en los núcleos costeros y a fi­
bitada por pueblos oscos, quienes fue­ nales de siglo en los interiores; las di­
ron expulsados por los cum ano s y és­ ferencias epigráficas entre u na y otra
tos a su vez por los etruscos; todos zona son indicativas en las diversas
ellos deseaban establecerse allí por la áreas '«colonizadoras», pues la escri­
fertilidad de la tierra; a continuación tura costera es afín al modelo vulcente-
los etruscos fundaron doce ciudades tarquiniense, mientras que la interior
y situaron su capital en C apua, pero se aproxima al veyense-ceretano. Si­
com o consecuencia de su estilo de m ultáneam ente se produce la u rb a n i­
vida relajado y sensual, debieron ce­ zación, más precoz en la zona costera
der la región a los samnitas. En unas que en la interna: la definición u rb a­
cuantas frases, Estrabón nos p ro por­ na de Pompeya se cum ple a m edia­
ciona un excelente resumen de la his­ dos del siglo VI, mientras que en C a ­
toria de C am pan ia. El prim er dato pua no ocurre lo propio sino hasta
hace referencia al mosaico étnico-lin- finales del mismo siglo.
giiístico de la región, hecho que se ve Siguiendo con el texto de Estrabón
confirmado por la historia y por la m encionado, este autor nos pro por­
epigrafía: en efecto, las primeras ins­ ciona también noticias sobre la vida
cripciones conocidas ind ican gente económica y social, incidiendo en la
que hablaban dialectos itálicos, mien­ riqueza agrícola de la llanura c a m p a ­
tras que la presencia griega viene d e­ na y en la tryphé de sus pobladores,
term inada desde mediados del siglo indicando con ello la existencia de
VIII por la fundación calcidia de C u ­ una clase oligárquica, que basaba su
mas. Incluso los centros etruscos no poder en el dom inio de la tierra y
ofrecen todos las m ismas característi­ cuya existencia se confirma por otras '
cas. fuentes. Pero la agricultura no consti­
Si tom am os como ejemplo los dos tuía la única fuente de riqueza de los
m ás im p o rta n te s , C a p u a y P onte- etruscos campanos. Tanto en C apua
cagnano, las diferencias son m a n i­ com o en Pontecagnano destacaban
fiestas: situada en el interior, en el talleres artesanales muy diversifica­
centro de la llanura cam pana, C ap ua dos (decoraciones arquitectónicas, ce­
adquiere el carácter de entidad agrí­ rámica, metalurgia), en los cuales no
El pueblo etrusco 41

sólo se seguían las pautas m arcadas C a m p a n ia adq u irie ro n u n carácter


p o r Etruria, sino que su producción especialmente tenso en la oposición
se enriquecía gracias a la influencia m antenida entre C ap ua y Cumas: h a ­
directa de los griegos. E n último lugar cia 525 a.C. los etruscos intentaron
destacan las actividades comerciales, apoderarse violentamente de Cumas,
de gran importancia en los núcleos pero fueron rechazados; esto no im ­
situados en la costa, en estrecha rela­ pidió sin em bargo que pocos años
ción con la llam ada «talasocracia» después la aristocracia cu m ana, te­
etrusca. Pero tam bién existía un co­ niendo que a b a n d o n a r su ciudad tras
mercio terrestre, y no de m enor im ­ el acceso al poder del tirano Arstode-
portancia, que se servía de unas rutas mo, fuese acogida en C ap ua y apoya­
que a través del Lacio unían Etruria da por la propia nobleza etrusca para
con C am pania, las futuras vías ro m a­ restituirle el poder. Las ciudades cos­
nas Appia y Latina; por otra parte, teras vieron trastocadas un poco más
existían tam bién fuertes vínculos con tarde sus relaciones con los griegos
las ciudades griegas asom adas al gol­ por motivos más internacionales, como
fo de Tarento, especialmente con Sí- luego veremos, c u lm in a n d o con la
baris, con las cuales enlazaban a tra­ derrota de la escuadra etrusca ante
vés de rutas interiores. C um as por el tirano H ierón de Sira­
Las relaciones greco-etruscas en cusa en el año 474 a.C.; como resulta-

, Capua

• Atella
• Nola
• Acerra
• Cumas

Μ · Vesuvio
• Pompeya

PITHEKOUSSAI • Salerno
• Vico Equense
• Pontecagnano

Etruria Cam pana


42 Akal Historia d el M undo Antiguo

Los Etruscos en Campania Bologna —precisamente en Villano-


va, prim er centro conocido y que dio
nom bre a esta cultura— un im por­
«Según otros, C am pania fue prim ero h a bi­ tante núcleo villanoviano que en el
tada por o p ico s y ausonios, pasando e n ­
siglo VII a.C. comienza a recibir el in­
seguida a manos del pueb lo oseo de los
sidicinos, quienes a su vez fueron e xp u lsa ­
flujo orientalizante de la Etruria sep­
dos por los cum anos y estos últim os por tentrional. Inscripciones del último
los tirrenos: la fertilidad de esta tierra e x c i­ tercio de este siglo denuncian la pre­
taba la co d icia de los con qu istad ores. Los sencia de elementos etruscos, que a
tirrenos fun daro n do ce ciu da des y dieron a partir de esos momentos se increm en­
su capital el nom bre de Capua. Pero el lujo tarán notablemente. A mediados del
les hizo caer pronto en la m olicie y al igual siglo VI la llanura del Po se convierte
que tuvieron que retirarse de la llanura del en objeto de un gran movimiento co­
Po, tuvieron que ceder en C am pania ante
lonizador que tiene su fuente en la
los sam nitas, quienes a co n tinu ació n fu e ­
ron expulsados por los romanos».
Etruria central, destacando al respec­
to el papel interpretado por Volsinii
Estrabón V,4,3 (c.242) y Chiusi.
La colonización etrusca alcanza un
m om ento culm inante en las postri­
do del desastre, los centros etruscos merías del siglo VI a.C. con la intro­
costeros de C am p ania sufrieron una ducción de la civilización urbana. Por
notable depresión económica, que se una parte, los pequeños núcleos villa-
complicó con la nueva fundación grie­ novianos del área de Bologna fueron
ga de Ñapóles. unificados, naciendo el gran centro
HI fin de la Etruria c a m p a n a tiene urb ano de Felsina. El resto de las ciu­
lugar term inando el siglo V. cuan do dades sç crearon de la nada, sobre
en el año 423 a.C. gentes proceden­ suelo sin poblam iento anterior, y en
tes de S am n io c o n q u is ta n C a p u a , consecuencia sin imposición históri­
corriendo la misma suerte su enem i­ ca alguna que determ inara su con ­
ga C um as dos años más tarde. La cepción. Por ello la urbanización com­
nueva cultura que se desarrolla en porta en estos casos un esquema muy
C a m p a n ia es la osea, pero fuerte­ avanzado de planificación, surgiendo
m ente in flu id a p o r la griega y la entonces esa estructura urbanística
etrusca. sobre todo por la primera. que veíamos con anterioridad y que
Tan sólo en P ontecagnano pueden im pone a las ciudades una planta or­
apreciarse la pervivenda de elem en­ togonal característica: así puede o b ­
tos etruscos vinculados a las activi­ servarse en las ya conocidas de M ar­
dades «piráticas» que todavía m a n ­ zabotto y Spina y en el hallazgo más
tenía este pueblo en el Tirreno en el reciente de Bagnolo San Vito.
siglo IV a.C. Poco a poco la llanura p ad a n a se
va configurando como un territorio
b) Etruscos en la llanura padana perfectamente organizado, aunque pro­
bablemente el dom inio etrusco no al­
La otra región de la península objeto cance los límites que le atribuía la
de colonización etrusca fue la llanura tradición, la cual situaba aquí tam ­
padana, y al igual que sucede con la bién una dodecápolis como la ca m ­
C am p ania tam bién aquí las razones pana y la propia etrusca. El aprove­
agrícolas y comerciales fueron deter­ cham iento económico se centra por
minantes en el proceso de etrusquiza- una parte en la explotación agrícola,
ción. Las relaciones entre Etruria y el para la cual la llanura padana reunía
norte se elevan a la época villanovia- excelentes condiciones, y por otra en
na, d o cu m entá ndo se en el área de las actividades comerciales. Estas úl­
El pueblo etrusco 43

timas se definen en un intenso tráfico nuncian los motivos decorativos de


que, procedente de Etruria, desem bo­ las célebres estelas funerarias felsi-
caba a través del valle del Reno en la neas, mientras que Spina. privada del
llanura, para dirigirse a continuación contacto con la fértil llanura, no le
hacia el Adriático, con la correspon­ queda sino dedicarse a actividades
diente corriente inversa. Las huellas piráticas.
de este comercio pueden detectarse
en las ciudades que jalonaban la ruta: c) La llamada talasocracia
Marzabotto, situada a orillas del Reno, etrusca
eje fundam ental de las com unicacio­ En este mismo capítulo sobre la ex­
nes con Etruria, ofrece gran cantidad pansión etrusca debemos incluir el
de cerámica griega y u na próspera in­ a p artado relativo a la talasocracia,
dustria metalúrgica; Felsina, la actual esto es el dom inio etrusco sobre el
Bologna, recibe en el siglo V a.C. más m ar Tirreno y las relaciones con las
vasos áticos que las ciudades de la otras potencias m arítim as de Occi­
Etruria m eridional; Spina, fundada dente, a saber griegos y cartagineses.
en el delta del Po, rival de la más anti­ Todo esto se encuentra lógicamente
gua colonia griega de Haugria, posi­ en estrecha vinculación con el comer­
blemente constituye en el siglo V el cio y con la den om inada «piratería»
principal centro comercial etrusco de tirrénica. Sin embargo, vamos a pres­
intercambio con los griegos, sobre todo cindir de los aspectos puram ente eco­
con Atenas. nómicos, que veremos más am plia­
Todo este sistema fue am enazado e mente en el capítulo correspondiente,
inm ediatam ente destruido por la in­ y centrarnos en aquellos temas más
vasión de los pueblos celtas en los de carácter político.
años finales del siglo V a.C.: la des­ El origen de la actividad m arinera
trucción de Bagnolo en estos m o m e n ­ etrusca se eleva, como ya hemos visto,
tos y el ab a ndo no de M arzabotto a a los momentos finales del villano­
m ediados del siglo IV son síntomas viano, cuando la región costera se in­
evidentes de la decadencia de la Etru­ tegra definitivamente en las corrien­
ria padana. Tan sólo Felsina parece tes del tráfico internacional. A lo largo
mantenerse, aunque en constante lu­ del orientalizante esta función va de­
cha con las tribus celtas, como lo de- sarrollá nd ose con el p ro pio incre-

Batalla de Alalia sus hijos y mujeres, con todos los utensi­


lios que las naves podían llevar, dejaron
D espués de su llegada [los focenses], vi­ Q uirnos y navegaron hacia Rhegion.
vieron cin co años en com pañía de los an ti­ Los prisioneros focenses que los carta­
guos colon os y edificaron allí sus tem plos. gineses y más todavía los tirrenos hicieron
Pero com o no dejaban en paz a sus ve ci­ en las naves destruidas, fueron sacados
nos, a quienes despojaban de lo que te­ a tie rra y m u e rto s a p e d ra d a s . C o m o
nían, unidos de com ún acuerdo, los ca rta ­ con secu en cia de ello, los agillenses sufrie­
gineses y los tirrenos les hicieron la guerra, ron una gran calam idad, pues todos los
arm a nd o cada una de las dos naciones ganados y hasta los hom bres m ism os que
sesenta naves. H abiendo tripu la do y a rm a­ pasaban por el cam p o d o n d e los focenses
do tam bién sesenta naves, los focenses les habían sido lapidados, qued ab an m ancos,
salieron al encuentro en el m ar de C erde- tullidos o apopléticos. Para expiar aquella
ña. Se pro d u jo un com bate y se de cla ró la culpa, enviaron a consultar a Delfos y la
victoria a favor de los focenses; pero fue Pitia les ordenó que celebrasen, com o to­
una victoria, según dicen, cadm ea, por ha­ davía lo practican, unas m agníficas exe­
ber p e rdido cuarenta naves y haber q u e ­ quias en ho n o r de los m uertos, juegos
da do inútiles las otras veinte, cuyo s esp o­ gim násticos y carreras de caballos.
lones se torcieron con el choque. Después
de la batalla volvieron a Alalia y tom an do a H eródoto, 1,166-167
44 A k a l Historia del M undo Antiguo

mentó comercial, de m anera que a fi­ gar el episodio no tuvo pro bab lem en­
nales del siglo VII a.C. y comienzos te un alcance internacional, pues no
del siguiente, justo cuando se p ro d u ­ afectó a las relaciones entre los etrus­
ce el nacimiento de los empória etrus­ cos y otras ciudades griegas de Occi­
cos, la talasocracia tirrénica es un dente. La consecuencia fundamental
hecho constatado. Sin embargo, este fue sin duda la consolidación del do­
dom inio etrusco del m ar Tirreno no minio marítimo etrusco en esta parte
significó un claro contraste con los del Tirreno, completado con el esta­
intereses griegos, sino que por el con­ blecimiento en Alalia de u na colonia
trario se establece un equilibrio entre etrusca a finales del siglo VI, basada
las diversas fuerzas que ni siquiera la en la riqueza agrícola y en las explo­
prim era presencia fócense pudo alte­ taciones mineras y que m antuvo un
rar. En efecto, en las postrimerías del desarrollo continuo hasta la conquis­
siglo VII los griegos de Focea com ien­ ta romana. Otro punto interesante del
zan a frecuentar las aguas del M edi­ relato herodoteo es la alianza etrusco-
terráneo occidental, cu lm in and o cartaginesa, a la cual también se re­
acción con la fundación de Massalia, fiere Aristóteles (Pol., 1280a) al h ablar
la actual Marsella, en las bocas del de un tratado entre estas dos nacio­
Ródano; a continuación los focenses nes destinado a facilitar los intercam ­
van creando u n rosario de estableci­ bios comerciales, pero con una cláu­
mientos en la costa del golfo de León sula de carácter defensivo ante todos
y con ello interfieren tradicionales ru­ aquellos que atenten contra sus inte­
tas comerciales etruscas, pero sin crear reses mutuos. N aturalm ente este h e­
una situación conflictiva. cho no puede dejarse de poner en re­
El equilibrio se rompió a mediados lación con otro tratado, ahora entre
del siglo VI, cuando se presentan los Rom a y Cartago, fechado por Polibio
fugitivos focenses, a continuación de en el año 509 a.C. (Polibio, 111.22),
la conquista de su ciudad por los per­ toda vez que R om a m antenía estre­
sas, y fundan en la fachada tirrena de chísimos vínculos con Caere. F inal­
Córcega la colonia de Alalia hacia el mente en el puerto de esta última ciu­
año 545 a.C. Según el relato que nos dad, en Pyrgi, el hallazgo de unas
ha transmitido Heródoto (1.165-167), lám inas de oro escritas en etrusco y
los focenses de Alalia se dedicaron en púnico ilustran la m isma situa­
sistemáticamente a la piratería, am e­ ción, pues aunque se refieran a un he­
nazando las rutas comerciales de etrus­ cho religioso, en nin gún m om ento
cos y cartagineses, lo que provocó la pueden ocultar la existencia de un
alianza de estos últimos, culm inando e n te n d im ie n to p olítico en los c o ­
el episodio con la batalla del m a r Sar­ mienzos del siglo V a.C. entre Caere y
do, la victoria de la coalición y el Cartago.
ab a nd on o de Córcega po r los focen­ La talasocracia etrusca en el Tirre­
ses, quienes se retiraron hacia el sur no desaparece en la primera m itad de
de la península Itálica fundando el este siglo V. Primero choca con los pi­
nuevo em plazam iento de Elea/Velia. ratas griegos de origen cnidio y rodio
Este acontecimiento merece algunos instalados sólidam ente en las islas
comentarios de cierta importancia his­ Lípari, pero es sobre todo la apari­
tórica. En prim er lugar hay que tener ción del nuevo poder siracusano la
presente que no se trata de una alian ­ causa de la decadencia marítima etrus­
za entre dos bloques: la participación ca. Los años iniciales del siglo V asis­
etrusca parece limitarse a algunas ciu­ ten en Sicilia a unos momentos de
dades, a cuyo frente se destaca Caere, conflictos entre las ciudades griegas,
la más beneficiada luego con la colo­ emergiendo con gran fuerza la poten­
nización de Córcega. En segundo lu­ cia de Siracusa que acabará im po ­
El pueblo etrusco 45

niendo sus condiciones. En el año relaciones marítimas del Tirreno, sin


480 Siracusa vence en Him era a los apenas fuerzas para oponerse a la
cartaginenses, que dejarán de ser un creciente am bición siracusana, como
peligro para sus intereses durante lar­ se demostrará a mediados del siglo V
gas décadas, y poco años más tarde, a.C. en el m om ento en que Alalia y
en el 474, hace lo propio con una es­ Elba se convierten en objetivos de los
cuadra etrusca ante las costas de C u ­ ataques de Siracusa.
mas. De todos estos acontecimientos
tenemos tam bién noticias por parte
etrusca que nos hablan de empresas
2) El período arcaico
coronadas por el éxito: así el elogium Al igual que sucedía en Grecia, Etru­
de Velthur S purinna m enciona una ria no llegó nunca a constituirse en
expedición militar a Sicilia, destina­ un Estado, y aunque la totalidad del
da probablem ente a defender los in ­ pueblo etrusco tenía clara conciencia
tereses etruscos en esta región, y una de su pertenencia a una misma raza y
ofrenda depositada en el santuario de portador de una misma cultura, as­
Delfos certifica u na victoria conse­ pectos que se m aterializaron en algu­
guida seguramente sobre los piratas nas instituciones nacionales, el parti­
liparenses, cuyas islas hab ría n sido cularismo y la desunión política fueron
ocupadas temporalmente por los etrus­ durante la m ayor parte de su historia
cos. Esto no obstante, a partir de la p a u t a f u n d a m e n t a l de c o m p o r t a ­
derrota de Cumas, los etruscos pasan miento. Las ciudades etruscas asu­
a ser una potencia secundaria en las men desde el m om ento de su consti-

, Mantua
• Bagnolo
lAdria

• Spina

• Felsina MAR ADRIATICO


*Marzabotto

Etruria Padana
46 Akal Historia d el M undo Antiguo

Elogia Tarquiniensia de Velthur y rarias, contamos con la prueba prác­


Aulus Spurinna (s e g ú n M . T e re lii, ticamente irrefutable de la do cum en­
c o n c o r r e c c io n e s ) tación epigráfica, que nos m uestra
a través de algunas inscripciones la
1 V [e lth ]u r S p u rfinn a]
existencia de un magistrado titulado
[L]artis f(ilius)
pr(aetor) f(bis); ¡n] magistrátu Ale[r¡ae]
zilath mechl rasnal, esto es magistrado
e xe rc[i]tu m habuit, alte[rum in] supremo de la nación etrusca, título
5 S iciliam duxit; prim us o[m n iu m ] que posteriormente, cuando Etruria
Eturscorum mare cu fm legione] se integró por conquista en la estruc­
tr a ie [c it;---------] tura territorial rom ana, aparece bajo
a u r e fa ---------] la forma praetor Etruriae (X V populo­
rum). au nque ya privado de cualquier
1 Aulus S [p u ]rin n a Veflth] ur fis f(ilius)] connotación política.
pr(aetor) III; O rgoln[iu ]m Veithurne f— ] Debido a la carencia de fuentes, los
e n sif—-]
problemas que plantea la confedera­
Caeritum regem imperio expuflit (?) — ] XI
ción etrusca son muy importantes y
Γ--1
[A ]rre tium bello servili [— ] en la actualidad se discute largam en­
5 [ — ]tinis nom vem o p fid a — ] te sobre aspectos fundamentales, como
su origen, com posición, facultades,
etc. Parece que desde fecha muy anti­
gua, el Fanum Voltumnae era un lugar
tución como tales una total indepen­ de culto de carácter panetrusco, cuali­
dencia entre ellas, es decir que son dad que compartía con otros centros
Ciudades-Estado similares en todo a religiosos de gran im portancia cuyo
las contem poráneas poleis griegas, y ámbito rebasaba am pliam ente el es­
esta definición se hace tam bién ex­ trecho marco local, como el llamado
tensible a las nuevas fundaciones sur­ Ara della Regina en Tarquinia, el san­
gidas en el proceso colonizador de tuario de Menerva en el Portonaccio
C am pania y de la llanura padana. de Veyes y el ya m encionado lucus Fe­
Sin embargo, la tradición latina y roniae en el territorio capenate. Todos
griega habla con cierta frecuencia de estos santuarios se encontraban siem ­
una especie de confederación de doce pre fuera de las ciudades, indicando
ciudades etruscas {duodecim populi, así que en ellos no se practicaban cul­
dódeka-póleis) la cual tenía su sede en tos cívicos, y situados en puntos estra­
el Fanum Voltumnae, santuario dedi­ tégicos de las grandes vías com ercia­
cado al dios Vertumno, deus Etruriae les, siendo por ello tam bién lugares
princeps como le deno m in aba Varrón apropiados para la instalación de mer­
{De lingua latina, V.46), y situado en el cados y en general para la confluen­
territorio de Volsinii. Allí se reunían cia de gentes procedentes de todas las
los representantes de las diferentes regiones. C uán d o y cómo el Fanum
ciudades, y en medio de juegos y otras Voltumnae dio ese salto cualitativo am ­
celebraciones religiosas de carácter pliando sus originarias funciones re­
panetrusco, se elegía a un rey o m a ­ ligiosas y comerciales al cam po polí­
gistrado para que dirigiera los asu n ­ tico, es algo que ninguna fuente precisa. ·
tos comunes: cada ciudad participan­ La opinión dom inante en la actuali­
te entregaba al elegido un lictor, sím­ dad, surgida a partir de la exposición
bolo del poder, significando con ello de F. Altheim, sitúa la constitución de
que reconocían la m ayor autoridad la confederación etrusca en la segun­
de este magistrado federal. Desde lue­ da mitad del siglo VI a.C., cuando
go la historicidad de esta institución coincidiendo con m om entos de in­
nacional es innegable, puesto que ade­ tensas relaciones con la región griega
más del testimonio de las fuentes lite­ de Jonia, se copió el modelo del pa-
El pueblo etrusco 47

nion ion, federación de doce ciudades porcionados por la arqueología y la


jonias creada para defenderse de la epigrafía.
am enaza persa. Sin embargo, los pri­ Como acabo de mencionar, la Etru­
meros testimonios válidos al respecto ria del siglo VI a.C. asiste al desarro­
se elevan a una fecha relativamente llo de las ciudades-Estado, sistema
reciente (finales del siglo V-siglo IV que todavía se encuentra en vías de
a.C.), au nqu e ciertamente es probable formación, por lo cual el cuadro his­
que la confederación existiera con tórico se presenta extraordinariam en­
anterioridad. Sea como fuere, lo cierto te complejo. A comienzos del siglo VI
es que la historia de Etruria durante los grandes centros de la Etruria me­
el período arcaico está m arcada por ridional representan el polo más de­
la ausencia de una política conjunta sarrollado de todo el territorio etrus­
y en definitiva por el enfrentamiento co, con una estructura totalmente ur­
entre las diversas ciudades, hechos bana; esta situación podem os exten­
todos que en su caso no pudieron ser derla a los importantes núcleos de la
impedidos por la confederación, ya Etruria septentrional costera y asi­
que fue el resultado de los intereses mismo a Volsinii, cuya necrópolis de­
particulares de las distintas ciudades, nuncia su urbanización; po r el con­
que participaron a título individual. trario, las regiones internas presentan
De todas maneras, si la confedera­ todavía un p ano ram a más ruralizado
ción etrusca no existía, o si se reducía aunque no uniforme, pues Chiusi y
simplemente a una asociación de ca­ Volterra estaban m ás desarrolladas
rácter religioso, lo que parece más que los centros de los altos cursos del
probable, en algunos momentos nos C h ian a y del Tiber. Ahora bien, la to­
encontram os con alianzas entre di­ tal definición del esquema urb ano de
versas ciudades concluidas p ara la Etruria no se com prende solamente a
consecución de algún fin determ ina­ través de las transformaciones inter­
do, que una vez cum plido se disolvía, nas, dentro de los propios límites de
como por ejemplo la alianza que o b ­ las ciudades, sino que requiere nece­
servamos en las pinturas de la tum ba sariamente un elemento territorial, esto
François de Vulci y probablemente tam­ es el soporte económico, social y polí­
bién u na que menciona Dionisio (III, tico de esa estructura urbana. Es pre­
51.4) y que reunía a cinco ciudades cisamente en este contexto, en la bús­
del norte. queda de una definición del aspecto
Los datos de que disponemos para territorial por parte de las ciudades,
el estudio de la evolución histórica de en relación siempre con los recursos
Etruria en este período son cierta­ naturales, como podemos situar gran
mente parcos, pero en todo caso co n­ parte de los escasos datos que posee­
firm an so bradam ente la im presión mos sobre la historia de Etruria en el
señalada. Por un lado tenemos las re­ siglo VI a.C.
laciones de Etruria con el mundo grie­ En los comienzos del siglo VI no
go y el cartaginés, reílejadas en ese puede hablarse todavía de auténticos
aspecto de la talasocracia que acaba­ movimientos de expansión, de carác­
mos de ver, y en cierto modo también ter militar, por parte de las principa­
englobadas en el contexto más gene­ les ciudades sobre los territorios veci­
ral de la expansión etrusca por Italia. nos. La documentación disponible tan
Sobre la propia historia de Etruria sólo permite h ablar de intensas rela­
disponemos como fuentes de infor­ ciones culturales, en las cuales los nú­
mación algunas tradiciones naciona­ cleos más desarrollados interpretan
les etruscas, lo que dicen los autores el papel de dador, invadiendo con sus
c l á s i c o s a p r o p ó s i t o de R o m a y productos y estilos esas otras áreas
en último lugar algunos datos pro ­ más atrasadas que actúan como re­
48 Aka! Historia del M undo Antiguo

ceptor. Tales relaciones culturales pue­ tervención de Roma. En los frescos se


den interpretarse también desde una representa un enfrentam iento entre
perspectiva política, pues se tiene la u n a alianz a constituida p o r varias
impresión que las pequeñas aristo­ ciudades (Volsinii, Sovana, Roma y
cracias locales entran en un sistema probablem ente Blera) y Vulci, ciudad
de alianzas, basadas seguramente en que en esos momentos se incorpora a
lazos matrimoniales, con las grandes la dinám ica de los grandes Estados
familias de las ciudades. Así ocurre etruscos y a cuyo frente aparecen los
por ejemplo con Veyes y el territorio herm anos Vibenna y un personaje,
vecino de los faliscos, en concreto llam ad o M astarn a (M acstrna), que
con Narce, donde la existencia de un luego reinará en Rom a con el n o m ­
control veyense está asegurada a tra­ bre de Servio Tulio. M ucho se ha es­
vés de las inscripciones etruscas so­ crito sobre este episodio y las postu­
bre objetos de prestigio do nad os a ras entre los investigadores están muy
aristócratas locales; algo similar ocu­ encontradas, pero los principales as­
rre entre Caere y la región interna del pectos em an an por sí mismos: la cau­
Biedano (Blera. S. Giuliano), relación sa del conflicto se centra en el d o m i­
atestiguada sobre todo por el material nio de la Etruria meridional interna,
encontrado en las tum bas y la propia im portantísim a área desde el punto
arquitectura de estas últimas, referido de vista comercial, y por ello luchan
todo ello al ambiente cultural cereta- una ciudad costera (Vulci), otra del
no; igualmente podemos detectar fe­ alto Fiora (Sovana), u na tercera de la
nóm enos similares en la expansión región de las tum bas rupestres (Ble­
de Vulci por los valles del Fiora y del ra), la cuarta (Volsinii) de la Etruria
Albegna, la de Tarquinia hacia la re­ interna y finalmente Roma, situada a
gión de las tumbas rupestres y la de orillas del Tiber y punto de confluen­
Orvieto hacia el lago Bolsena. cia de transitadas vías comerciales.
En m uchas ocasiones, la extensión Sobre el resultado final de la contien­
del área de iníluencia no se llevó a da muy poco puede aventurarse, pero
cabo sin contrastes, como en el caso a través de la arqueología y de la tra­
entre Rosellae y Vetulonia, llegándo­ dición rom ana puede suponerse que
se incluso a una verdadera actuación Vulci consiguió parte de sus propósi­
violenta, traducida en la d ocum en ta­ tos al extender su influencia por los
ción arqueológica por la existencia de altos valles del Albegna y del Fiora,
estratos de destrucción en im p ortan­ así como por la zona en torno al lago
tes localidades. Así el com plejo de de Bolsena; además logró situar en el
Murió fue arrasado en la segunda m i­ trono de Roma a un rey aliado. Por su
tad del siglo VI a.C. y probablem ente parte, las otras ciudades m eridiona­
la responsabilidaad de tal aconteci­ les, Tarquinia y Caere, mantuvieron
miento haya que atribuirla a Chiusi; sus posiciones dom inantes en la re­
po r la m ism a época sufre idéntica gión de las tum bas rupestres.
suerte el palacio de Acquarossa, vícti­ D urante el prim er cuarto del siglo
ma quizás de las ambiciones de Vol­ V a.C. el proceso de delimitación te­
sinii. U na tradición etrusca, conocida rritorial de las ciudades prácticam en­
por las pinturas de la tum ba François te se ha cum plido en su totalidad: las
de Vulci y por una inscripción del más poderosas h a n afirmado su do­
em perador rom ano Claudio, estudio­ minio sobre amplias áreas, mientras
so de la etruscología, nos informa so­ que las más débiles se h an visto rele­
bre uno de estos conflictos en que se gadas a un segundo plano; por otra
vio envuelta gran parte de Etruria en parte, aquéllos centros m edianos y
la primera mitad del siglo VI, exten­ pequeños, florecientes en la primera
diéndose además al Lacio con la in­ mitad del siglo VI, se ven ahora redu­
El pueblo etrusco 49

cidos a la m ínim a expresión e incluso des. La m onarquía, forma habitual


algunos de ellos desaparecen por com­ de gobierno, fue sustituida por un sis­
pleto. A lo ya dicho sobre las metró­ tema «republicano», según el cual el
polis meridionales, hay que a ñ a d ir lugar que antes ocupaba el rey lo es
ahora la expansión y afianzam iento ahora por un magistrado elegido y no
de Rusellae en la zona com prendida vitalicio. Sin embargo, cuándo y cómo
entre Vulci y Populonia, no sólo en el se produjo esta transform ación políti­
área costera, con claro detrimento de ca son cuestiones que esían todavía
Vetulonia, sino también hacia el inte­ muy lejos de resolverse. El prim er tes­
rior. Por su parte, Chiusi se levanta a timonio de gobierno «republicano»
finales del siglo VI como una de las lo encontramos en las láminas de Pyrgi
grandes potencias etruscas, hecho re­ ya m encionadas y datadas a com ien­
cordado por la legendaria expedición zos del siglo V a.C.: en ellas aparece
de su rey Porsenna contra Roma, mues­ como protagonista del acto religioso
tra de los intereses de esta ciudad en a que se refieren un tal Thefaries Ve-
los asuntos meridionales. lianas, calificado como zilath de la
Según la opinión dom inante en la ciudad en el texto etrusco, pero en el
actualidad, todo este proceso fue acom­ p único com o M L K , es decir rey, y
pañado de ciertas tensiones sociales y además la inscripción se fecha en el
políticas en el interior de las ciuda­ tercer año de su gobierno, mientras

Sarcófago de Laris Pu lenas. (Tarquinia)


A k a l Historia del M undo Antiguo
50
Láminas de Pyrgi. Texto etrusco (L á m i­ que el zilath clásico era de carácter
nas A y B) y tradu cció n del texto pú nico anual. La mención de esta magistra­
según S. Moscati. tura en la epigrafía ya no vuelve a
aparecer hasta la segunda mitad del
A siglo V (un único caso en Felsina) y
con asiduidad hasta el pleno siglo IV.
1 ita tm ia icac he
Por el contrario, respecto a Veyes las
ram asva vatiekhe
unialastres Hernia
fuentes literarias latinas m encionan
sa m ekh thuta thefa siempre a un rey al frente de la ciu­
5 riei velianas sal dad hasta su conquista por Roma a
cluvenias turu comienzos del siglo IV a.C.
ce m unistas thuvas La transición habría estado m arca­
tam eresca ilacve da, según algunos autores modernos,
tulerase nac ci avi por la aparición de unos líderes po­
10 I khurvar tesiam eit
pulares similares a los tiranos griegos
ale ilacve alsase
de la edad arcaica, ejemplos de los
nac atranes zilac
al seleitala acnasv
cuales serían ese Thefaries Velianas y
ers itanim heram tam bién los Vibenna representados
15 ve avil eniaca pul en la tumba François de Vulci. Tales ti­
um khva ranos se apoyarían en las nuevas cla­
ses sociales surgidas con el desarrollo
económico del siglo VI, dedicadas es­
pecialmente a actividades artesanales
B y mercantiles, y cuyo auge doblegó el
orgullo de las poderosas aristocracias
1 nac thefarie vel gentilicias del período orientalizante.
iiunas tham uce Desde el punto de vista arqueológico
eleva etanal se puede confirmar el crecimiento de
masan tiur esta «plebe» a través del material en­
5 unías áelace v contrado en los principales puertos
acal tmial a
de Etruria, como Pyrgi, Gravisca y
vilkhval am uc
e pulum kh
Spina: allí se docum enta una gran
a snuiaph concentración de artesanos y com er­
ciantes cuya vinculación a la co m u ni­
dad ya no se establece m ediante su
A la señora Astarté. Este es el lugar sag ra­ subordinación a las grandes familias,
d o que ha con stru id o y que ha do n a d o como sucedía en el orientalizante, sino
Thefarie Velianas, que reina sobre Caere, a través de la divinidad, representada
en el mes del sacrificio al sol, com o d o n a ­ por cultos de carácter «em pórico»
ción al tem plo. Y lo ha con stru id o porque
(Afrodita, Hera, etc.), con elementos
Astarté se lo ha pedido, en el año tercero
de su reinado, en el mes de Kerer, en el
aportados por los navegantes extran­
día del enterram iento de la divinida d. Y los jeros, y que se levantan como garan ­
años de la estatua de la diosa en su tem ­ tía de la libertad de las nuevas clases
plo sean tantos años com o estas estrellas. (M. Torcíli). La nueva situación crea­
da tendría un reflejo inmediato en la
aparición de una tendencia isonómi-
ca en la vida política de la ciudad,
traducida en el marco arqueológico
en la disminución de las grandes tum­
bas de túmulo, expresión del dom inio
de la aristocracia, y su sustitución por
otras que obedecen a modelos más
El pueblo etrusco 51

«standard» y con una sensible reduc­ nes, ni tampoco afecta por igual y en
ción en el ajuar funerario. el mismo m omento a todas las ciuda­
Sin embargo, la exacta interpreta­ des. Los grandes centros de la Etruria
ción de estos datos se hace s u m am en ­ meridional fueron los más afectados
te difícil, pues chocan con el testimo­ por la crisis mientras que en el inte­
nio u n ánim e de la tradición literaria, rior ésta se presentó más tarde; por el
que siempre se refiere a la estructura contrario, las regiones «colonizadas»
social etrusca en términos de bipola- continuaron su desarrollo, sobre todo
ridad, es decir m arcada por una clase la llanura p adana. y en C am p an ia si
aristocrática dominante, los principes, la zona costera se vio seriamente afec­
opuesta a otra sometida, sin mención tada. la situación era m ucho menos
de unas clases medias que serían pre­ crítica en el área interna. En conjunto
cisamente el soporte de la tendencia se observa una gran restricción de la
isonómica. Por otra parte, las clases dem anda, tanto privada como públi­
medias reflejadas en el material ar­ ca, com probándose esta última en el
queológico que acabam os de ver p a ­ cese de la actividad edilicia en las
recen estar recluidas en determinados construcciones religiosas.
puntos, aquéllos calificados como em­ Las causas de esta crisis se han vin­
porio por su vocación mercantil y ar­ culado siempre a una situación desfa­
tesanal, resultando muy difícil preci­ vorable en el contexto internacional.
sar los términos en que se produce su El desastre del año 474 tuvo repercu­
integración social y política. Por el siones calamitosas para el comercio
momento parece más apropiado m an­ etrusco en el Tirreno, ya que dejó la
tener una postura prudente y no avan­ puerta abierta a las ambiciones de la
zar interpretaciones que puedan ser gran potencia griega de Occidente, Si­
un tanto aventuradas. Sea como fue­ racusa, libre asimismo de la rivalidad
re. lo cierto parece que las tendencias cartaginesa tras su victoria de Him era
isonómicas no tuvieron gran repercu­ en el 480. La presencia de Siracusa en
sión en la historia inm ediatam ente el bajo y medio Tirreno es intensa
posterior, pues durante el siglo V Etru- y aunque las ciudades de la Etruria
ria atraviesa una crisis que perjudicó septentrional m antienen todavía cier­
en mayor medida a las clases medias, ta firmeza, no son capaces de hacer
favoreciendo la aparición de esos sis­ frente a las incursiones siracusanas
temas oligárquicos tan característicos con destino a Alalia y a Elba. Todo
de las ciudades etruscas. ello provoca que las ciudades etrus­
cas no puedan defender su comercio
3) La decadencia de Etruria y que los productos de procedencia
griega no lleguen con la frecuencia
Los años que siguen a la derrota n a­ del siglo anterior. Esta situación afec­
val etrusca frente a C um as en el 474 tó más profundam ente a aquellas ciu­
vienen señalados por la crisis. En ge­ dades con m ayor vocación marítima,
neral. la documentación arqueológi­ como Vulci, Tarquinia, Caere e inclu­
ca es ahora mucho más pobre, con­ so la latina Roma, cuyas importacio­
trastando enormemente con la riqueza nes de cerámica ática decrecen consi­
que nos ofrece el siglo VI: se produce derablemente; sin embargo, Populonia,
una dism inución en el nivel de vida, gracias a su intensa actividad m eta­
las importaciones de cerámica ática lúrgica, conserva todavía cierta pros­
decaen vertiginosamente, la produc­ peridad.
ción local no alcanza las cotas de ca­ En las ciudades de la Etruria p a d a ­
lidad anteriores, se construyen menos na la situación es muy diferente, pues
templos, etc. Sin embargo, el fenóme­ su comercio marítimo no dependía
no no es general en todas las regio­ del Tirreno sino del Adriático. Tras la
52 A ka l Historia del M undo Antiguo

total sujeción de Jonia por parte de vés de los textos latinos como mejor
los persas, Atenas, victoriosa en las puede apreciarse al fenómeno: Roma
Guerras Médicas, hereda los intereses y el Lacio se enfrentaron en el siglo V
en Occidente de los griegos orienta­ a volscos y ecuos quienes se h abían
les, intentando extender su área de asentado en tierras de los latinos y
influencia por esta parte del M edite­ am en a zab a n su propia existencia. El
rráneo. Aquí chocó con Siracusa, pero pueblo etrusco no fue ajeno a este pe­
salvó este inconveniente cen tran do ligro, pues una de estas invasiones, la
gran parte de su interés en la ruta del de los samnitas, terminó con su pre­
Adriático, cuyo punto final, Spina, se sencia en C am pania, al tiempo que
convirtió en lugar de encuentro entre los umbros, cuyo territorio se exten­
etruscos y atenienses. La cerám ica día al otro lado del Tiber, presiona­
ática, magnífico instrumento de eva­ ban sobre la Etruria interna.
luación económica, confirma las m e­ Las dos mayores am enazas proce­
jores perspectivas de la Etruria p a d a ­ den del norte y del sur, representadas
na: en efecto, el empórion de Spina se respectivamente por las tribus celtas y
revela ahora como la localidad etrus­ por Roma. Según la tradición (Livio,
ca que mayor cantidad de cerámica V. 33-35) la presencia de los celtas en
ática recibe, y esta situación se extien­ Italia se eleva al año 600, fecha en
de a ciudades como Felsina y M arza- consonancia con una inscripción de
botto, favoreciendo incluso a aq u e­ Volsinii que m enciona a un tal Kata­
llas regiones de la propia Etruria que rinas, nom bre etrusquizado del celta
m an tien en contactos más estrechos Catacus. Sin embargo, hasta el último
con el valle del Po, como Chiusi y tercio del siglo V ésta no com enzó a
Volsinii, que ven de esta m anera re­ asum ir forma de auténtica invasión,
trasar durante algunos años la crisis que a comienzos del siglo IV ha va­
que ya afectaba al Tirreno. riado notablemente el aspecto del va­
Además el pueblo etrusco, en este lle del Po. Los centros menores prác­
mismo siglo V, comienza a ser am e­ ticamente desaparecen y los de mayor
n az ado por otros peligros externos im portancia, com o Felsina, M arza-
que a la larga serán decisivos para su botto y Spina se resienten notable­
desaparición como nación indepen­ mente de la presión celta, repercu­
diente. El interior de la Península itá­ tiendo en la propia Etruria que igual­
lica se encuentra entonces en un esta­ mente se siente am enazad a por este
do de efervescencia. La noticia, pro ­ peligro: la tradición a propósito de la
cedente de un autor griego y conser­ am bición de los celtas sobre Chiusi y
vada en Dionisio de H alicarnaso (VII la inm ediata expedición sobre Roma
3), sobre un ataque conducido contra confirmaron este temor. Los etruscos
C um as por un ejército de etruscos, perdieron el dom inio de la llanura
daunios y umbros en el año 524, mues­ padana. pero su cultura siguió en cierta
tra perfectamente la nueva situación manera todavía viva en la región, como
que se está creando en Italia. Los pue­ puede observarse en la pervivenda de
blos del interior de la península, ago­ las tradiciones etruscas en fechas muy
b ia d o s p o r el rá p id o c re c im ie n to posteriores y en la existencia del gru­
demográfico y ante unos recursos n a ­ po reto-etrusco, surgido a partir de la
turales no muy abundantes, com ien­ huida de elementos etruscos hacia los
zan a moverse violentamente hacia valles alpinos.
las llanuras costeras, más ricas y de­ En la región m ás m eridio nal de
sarrolladas. Las fuentes'griegas h an Etruria el siglo V a.C. está definido
conservado el recuerdo de la presión por la serie de guerras que enfrenta­
que tuvieron que soportar algunas de ron a Roma y a Veyes. Esta debe con­
sus ciudades; pero es sobre todo a tra­ siderarse en sus comienzos como una
El pueblo etrusco 53

prolongación de los conflictos entre las relaciones comerciales; la tercera


ciudades propios de la edad arcaica, (406-396) termina con la conquista de
nun ca como oposición entre dos cul­ Veyes por parte de Roma, que com ­
turas o naciones: Rom a nunca contó pletó su acción con la toma de Cape-
en este caso con el apoyo de las ciu­ ña, Sutri y Nepi. Este acontecimiento
dades latinas, con las cuales le unía tuvo una importancia capital, no sólo
una alianza defensiva desde el año p ara Etruria sino tam b ién y sobre
493 {foedus Cassianum), ni Veyes por todo para Roma. Para Etruria signifi­
su parte con el de otras ciudades etrus- có la primera pérdida de parte de su
cas, recibiendo tan sólo la ayuda de territorio nacional, iniciando así el
faliscos y capenates, pueblos asimis­ largo cam ino hacia su total desapari­
mo interesados en impedir el control ción: no en vano la tradición hacía
de Rom a sobre el valle inferior del T i­ coincidir la conquista de Veyes con la
ber. En un principio las causas de la de Melpum, primera ciudad perdida
guerra se refieren como siempre al por los etruscos ante la invasión celta.
dom inio de las rutas comerciales que Por su parte, Rom a inició así su era
tenían en el Tiber su eje fundamental, expansiva que habría de conducirla
pero luego fueron com plicándose con al dom inio de Italia, y al mismo tiem­
la inclusión de nuevos elementos (pre­ po le permitió mediante la coloniza­
sión sab in a, a p ro v isio n am ien to de ción del territorio veyense d a r so­
Roma, necesidades territoriales de esta lución a sus acuciantes problem as
última, etc.) que cam biaron el signifi­ sociales.
cado del hecho bélico. La guerra tuvo La situación interna de las ciuda­
tres fases: la primera (485-474) se cie­ des etruscas durante este período vie­
rra con la victoria veyense; la segun­ ne m arcada por la disolución de la
da (438-425), con la conquista ro m a­ estructura económico-social arcaica.
na de Fidenae, punto estratégico en Al mismo tiempo, causa y consecucn-

Vista parcial de la necrópolis de Orvieto


54 Aka! Historia d el M undo Antiguo

cia de la crisis, la oligarquía se instau­ por parte de los atenienses en el año


ra de una m anera generalizada en 413 a.C., episodio de los más señala­
Etruria, rompiendo las tendencias iso- dos de toda la Guerra del Peloponeso.
nómicas que tímidam ente afloraron La expedición iba dirigida contra la
en el siglo VI. Los datos disponibles gran ciudad doria de Occidente, Sira­
son ciertamente escasos, pues a la po­ cusa, y los atenienses trataron de atraer
breza de la arqueología ya m en cio na­ hacia su lado a todos aquellos a los
da hay que añadir la dism inución de que el imperialismo siracusano había
la epigrafía y la parquedad de los tes­ atacado. Los etruscos disponían ah o ­
timonios literarios, pero en su con­ ra de u na buena oportunidad para
junto vienen a indicar que nos e ncon­ hum illar a su tradicional enemiga y
tramos ante un dom inio completo de recuperar el terreno perdido; sin em ­
los principes. Estos últimos pasan a bargo, tan sólo fueron capaces de parti­
acum ular en sus manos casi toda la cipar militarmente con tres pentecón-
riqueza, sin darle u na salida para que teras (Tucídides, VI. 103), contribución
a su vez se constituya en fuente de ridicula que descubre no sólo la evi­
prosperidad. Característica de todas dente decadencia de su marina, sino
las oligarquías radicales, esta tend en­ sobre todo la limitada base social de
cia hacia la tesaurización de la aristo­ sus ciudades marítimas. En efecto, al
cracia etrusca se convierte en respon­ contrario de lo que contem po rán ea­
sable de la gran contracción de la m ente sucede en Roma, d on d e las
demanda, tanto pública como privada. clases medias tratan con su dinam is­
La regresión económica afectó muy mo de encontrar la estabilidad y el
negativamente a las clases con una progreso en su lucha frente a las ten­
vocación más «urbana». Donde me­ dencias oligárquicas, estas últimas se
jo r se aprecia el fenómeno es en las asientan firmemente en Etruria, im ­
grandes ciudades de la Etruria meri­ poniendo un inmovilismo y estanca­
dional (Caere, Tarquinia, Vulci), cu­ miento que los cambios del siglo IV
yos emporio se encuentran ahora bajo no lograrán alterar con profundidad.
mínim os de actividad: sus templos, El siglo IV a.C. se abre en una Etru­
fundados y frecuentados por com er­ ria prácticamente reducida a su terri­
ciantes griegos, asum en un fuerte ca­ torio histórico y con la presencia fír­
rácter local ante la ausencia del ele­ me de Roma en el lugar de la etrusca
mento helénico. Todo ello se acompaña Veyes. Sin embargo, las expectativas
de una sensible decadencia de la pro­ son ahora mejores, sobre todo d u ra n ­
ducción artística, pues si todavía en el te la segunda mitad del siglo, aleján­
segundo cuarto del siglo V a.C. se ob ­ dose el fantasma de la crisis anterior.
servan algunas experiencias figurati­ Esta nueva situación tiene un reflejo
vas. a partir del 450 ap rox im a d am en­ inm ediato en el crecimiento dem o ­
te en estas ciudades se asiste a una gráfico y en la consiguiente coloniza­
casi total carencia de novedades ex­ ción de amplios territorios internos
presivas (M. Cristofani). Por el con­ aband onad os en el siglo V; asimismo
trario, en la Etruria interna, en Veyes, el artesanado y el comercio experi­
Falerii, Volsinii y Chiusi, las activida­ m entan cierto auge, repercutiendo in­
des a rte san ales c o n tin u a r o n flore­ mediatamente en un renacimiento de
cientes, asim ilando perfectamente la las clases medias y en la reaparición
influencia del clasicismo griego, lo de la piratería tirrénica. No obstante,
cual retrasó y a m o rtig u ó lo s efectos todo ello no significa en ningún m o­
de la crisis. mento un retorno a las condiciones
La decadencia de las clases medias del siglo VI. sino tan sólo una mejora
se percibe en toda su nitidez con oca­ aunq ue sensible de la situación ante­
sión de la célebre expedición a Sicilia rior, sin que se pueda modificar sus­
El pueblo etrusco

tan cia lm en te la im p ron ta m arcada guerra que Roma sostuvo contra un


por la crisis. nutrido grupo de ciudades etruscas
La ciudad de Tarquinia asume en dirigidas por Tarquinia: el conflicto
estos momentos una cierta hegemo­ terminó con una tregua de cuarenta
nía en Etruria. Su am plio territorio se años y el m antenim iento de las posi­
puebla de auténticas colonias sobre ciones respectivas. El intento de Tar­
localidades de gran im portancia en quinia y de Falerii, principales res­
época arcaica, pero decaídas comple­ p o n s a b le s de la g u e rra p o r p arte
tamente en el siglo V (Norchia, Blera, etrusca, de expulsar a Roma del terri­
Tuscania, etc.); el antiguo puerto de torio veyense resultó totalmente vano,
Gravisca adquiere de nuevo cierta im­ y aunque la tregua se respetó escru­
portancia, sobre todo de cara a las re­ pulosamente, cuando en el 311 se rea­
laciones con Córcega. De los tres ejem­ nudó el conflicto el ascenso de Roma
plos conocidos que mencionan al zilath fue ya prácticamente imparable.
mechl rasnaL dos proceden precisa­ Algún episodio de la guerra del 358,
m ente de Tarquinia, lo que parece com o la inm olación de trescientos
confirmar el papel preponderante que prisioneros rom ano s en el foro de
desem peña esta ciudad a mediados Tarquinia, revela la fuerte im p lan ta­
del siglo IV. Por el contrario, Caere se ción oligárquica, pese a las transfor­
presenta como un caso excepcional maciones que entonces experimentan
en el p a n o ram a de la Etruria meri­ las ciudades. En efecto, estas últimas
dional. Por una parte, renuncia a una p a sa n en esos m om entos a definir
obra sistemática de colonización in ­ perfectamente su territorio, se cons­
terna, con lo cual su territorio resulta truyen oppidci y casteüa para proteger­
pequeño respecto al de sus contem ­ lo y se lleva a cabo una intensa colo­
poráneas, perjuicio que compensa con nización interna totalmente controlada
el desarrollo de las actividades mer­ por la metrópoli e identificada con
cantiles y artesanales: la revitaliza- ella. Gracias a la más abun d a n te do­
ción del puerto de Pyrgi queda de­ cum entación epigráfica, símbolo de
mostrada por el nuevo ataque siracu- una mejor situación económica, po­
sano del que fue objeto en el año 383 demos conocer ahora algunos aspec­
a.C., esta vez conducido por el tirano tos de las constituciones republicanas
Dionisio el Viejo. Pero por otra parte, etruscas, con un magistrado supremo
Caere se distingue tam bién por las re­ {zilath) y otras magistraturas m en o­
laciones que m antiene con Roma: la res. Este desarrollo de la ciudad ope­
tradicional amistad romano-ceretana ra sobre la estructura social que asis­
es sancionada en el año 386 con el te, como antes mencionaba, a un rena­
hospitium publicum entre Caere y Roma, cimiento de las clases medias, inclui­
confirmado mediante la concesión a das quizás las rurales si suponemos,
la prim era del estatuto de civitas sine au nqu e no existen pruebas directas,
suffragio. esto es la ciudadanía sin de­ que la reocupación del territorio llevó
recho a voto. consigo una extensión de la pequeña
Excepto Caere, todas las ciudades y m ediana propiedad. Sin embargo,
etruscas se dieron cuenta de que Roma las características de la producción
constituía ya una seria am enaza para indican que tales clases no eran cier­
su existencia. En la segunda mitad tamente poderosas: salvo algunos ejem­
del siglo IV, las pinturas de la tum ba plos de gran calidad que sirvieron
François de Vulci reflejan la p ro p a ­ para la exportación, los nuevos talle­
ganda anti-rom ana que se extendía res se dirigen preferentemente hacia
por Etruria. Pocos años antes, entre el el consum o interno, lo cual no deja
358 y el 351 a.C., la situación había al­ de señalar los límites de la produc­
canzado un mom ento crítico con la ción y de los mecanismos com ercia­
56 A ka l Historia d el M undo Antiguo

les, cuyas posibilidades van vincula­ narea, se produjeron conflictos inter­


das a la situación política. Así uno de nos calificados con el término de be­
los motivos de la alianza entre Rom a llum servile, claro indicio de que las
y Caere habría que buscarlo en el in­ posturas se habían radicalizado en el
terés de esta ciudad etrusca por ser­ interior de las ciudades y de que las
virse, para su desarrollo económico, clases medias no pudieron alcanzar
de la mayor potencia política alcan­ la paridad jurídica, av anzando por el
zada por Roma. contrario en el cam ino de la subordi­
El dom inio de la aristocracia prác­ nación. La rebelión a rm a d a era el
ticamente lo invade todo, aunque su único recurso que les quedaba para
ideología se transforma adaptándose conseguir sus reivindicaciones, y en
más al ideal ciudadano. Los tradicio­ estos acontecim ientos no estaba al
nales temas que antañ o ilustraban el m argen la m ano de Roma, la cual
m un do funerario y que hacían refe­ fomentaba las discordias internas para
rencia a elementos característicos del facilitar su proceso continuo de con ­
estilo de vida aristocrático (banquete, quista.
juegos, caza, etc.), son sustituidos ahora En el 311 a.C., el mismo año que
por otros más propios del ambiente expiraba la tregua firmada en el 351
ciudadano, en los cuales el difunto es entre Tarquinia y Roma, las hostilida­
dignificado mediante su papel como des se reanudaron. Pero en esta oca­
magistrado y protagonista de los des­ sión la situación había variado nota­
tinos de su patria. La aristocracia se blemente, pues mientras Etruria lan­
identifica a los grandes posesores de guidecía víctima de su propio inmo-
tierras, sobre todo en aquellas regio­ vilismo, Roma se había convertido en
nes de la Etruria interna donde su po­ dueña del Lacio e iniciado una verti­
der apenas había sido contestado y ginosa expansión hacia el sur. Esta
además con mejores condiciones n a­ última y definitiva etapa del enfrenta­
turales para el desarrollo agrícola; pero miento etrusco-romano se mezcla con
tam bién podemos observar el mismo las llamadas Guerras Samnitas, que
fenómeno en la Etruria meridional, com enzaron siendo un conflicto en­
donde los centros renacidos con la tre Rom a y la fuerte confederación
colonización aparecen dom inados por samnitas, para acabar envolviendo a
grandes familias que además se inte­ toda Italia. La guerra comienza en el
gran perfectamente en la estructura 311 con un intento fracasado de Tar­
cívica. Finalm ente se detecta una cla­ quinia y sus aliadas por expulsar a
ra tendencia a la endogamia, indica­ los rom anos de Sutri; la victoria de
tiva del deseo de la aristocracia de R om a en el 308, además de las duras
erigirse como casta cerrada: la epigra­ condiciones que impuso a Tarquinia,
fía demuestra cómo se va creando, no le permitió penetrar en la Etruria in­
sólo a nivel local sino tam bién regio­ terna, donde se había desplazado el
nal, u na tupida red de relaciones p a ­ epicentro del p o der etrusco. A co ­
rentales que revela la matriz oligár­ m ienzos del siglo III se firma una
quica de la clase dominante. alianza entre todos los pueblos de
Las relaciones sociales fueron en­ Italia am enazados por Roma, esto és
rareciéndose en los años finales del etruscos, samnitas, um bros y galos,
siglo IV y en los iniciales del III a.C., pero Rom a se im pone de nuevo ven­
coincidiendo precisamente con aque­ ciendo a sus enemigos en Sentinum
llos momentos en que la am enaza de en el año 295 a.C.
R om a era más intensa que nunca. La Los etruscos sufren directam ente
tradición relata que en el año 302 en las consecuencias de la derrota y a
Arezzo, en el 265 en Volsinii y en fe­ partir del 294 sus ciudades com ien­
cha desconocida en la enigmática Oi- zan una tras otra a entrar en la órbita
El pueblo etrusco 57

Pequeño carro. (Orvieto)

de Roma. En el 294 Rusellae se con­ mía interna (administración local, len­


vierte en la primera ciudad etrusca gua, cultura, religión, etc.), pero les
conquistada por Roma desde la ocu­ exigía determ inadas prestaciones de
pación de Veyes; Volsinii, Perugia y carácter financiero y militar, según el
Arezzo entran en la alianza romana; esquem a de integración que Rom a
en el 293 le toca el turno a los faliscos. aplicó en general al resto de la Penín­
Una última reacción etrusca, que con­ sula Itálica. La ciudad vencedora ase­
taba con el apoyo de los galos, fue guró su dom inio mediante otros ins­
ahogada por Roma en la batalla de trumentos, destacando la construcción
Vadimón (283 a.C.), sellando definiti­ de u na densa red de calzadas, que
vamente la suerte de Etruria. Roma permitían la rapidez en las com u n i­
no se detuvo aquí, sino que terminó caciones, y sobre todo el estableci­
su obra asestando un duro golpe al miento en territorios conquistados de
centro político y religioso de m u ndo colonias de ciudadanos. La historia
etrusco, Volsinii, ciudad que fue sa­ de Etruria se confunde ya con la de
queada, destruida y desplazada (año Roma, participando en el proceso de
265 a.C.). expansión del m u n d o ro m an o por
A partir de estos momentos, Etru­ todo el Mediterráneo, pero siempre
ria desaparece prácticam ente de la en una situación de subordinación.
geografía política y de la historia de Esta relación cam bia en el año 90
Italia. La región fue incorporada al a.C. cuando, como consecuencia de
sistema romano, pero no globalmente la llam ada guerra social, Rom a co n ­
como u n territorio sometido, sino m e­ cede el derecho de ciudadanía a los
diante tratados establecidos indivi­ pueblos itálicos, etruscos incluidos,
dualm ente con cada una de las c iuda­ con lo cual estos últimos p asan a ser
des etruscas. Rom a les permitía, en ciudadanos romanos, inco rporánd o­
virtud de los mismos, conservar parte se definitivamente al cuerpo jurídico
de sus territorios y u na cierta auto no­ y político impuesto por Roma.
58 A k a l Historia d e l M u n d o Antiguo

VII. Aspectos de la civilización etrusca

institución del sistema republicano,


1) Instituciones políticas sino que al igual que sucedió en Ate­
Este es quizás uno de los elementos nas con el arconte basileus y en Roma
de la civilización etrusca que peor co­ con el rex sacrificulus. tam bién en las
nocemos, puesto que apenas existen ciudades etruscas se mantuvo, a u n ­
fuentes directas. Por esta razón siem­ que desprovisto de su contenido polí­
pre se siguen los modelos griego y ro­ tico y relegado exclusivamente a fun­
m ano para intentar colm ar mediante ciones religiosas.
un método comparativo, por lo de­ Sobre el carácter de la m onarquía
más no siempre fiable, las lagunas de etrusca es muy poco lo que se sabe.
la d o cu m enta ción disponible. Pero Por el paralelo romano, se puede su­
pese a todas las dificultades, pode­ poner que el rey era la m áxim a auto­
mos ensayar un cuadro general de la ridad de la ciudad, jefe del ejército y
vida institucional etrusca, au n que sin supremo representante de la religión
entrar en cuestiones de detalle cuyas pública; Macrobio (Saturnalia, 1.15.13)
conclusiones serían por otra parte bas­ nos lo representa adm inistrando ju s­
tante inseguras. ticia en determ inados días del año.
Las ciudades etruscas fueron go­ Sin embargo, su poder no debía ser
bernadas en un primer m om ento por absoluto, pues aunq ue carezcamos de
un régimen m onárquico. Las tradi­ inform ación sobre la existencia en
ciones más antiguas, cuando hacen época arcaica de u na institución si­
referencia a los tiempos heroicos, m en­ m ilar al Senado rom ano, la arqueolo­
cionan a personajes míticos con el tí­ gía proporciona indicios suficientes
tulo real, como Aulestes de Perugia, sobre una potente aristocracia que de
Mecencio de Caere y Morrio de Ve- hecho controlaría la acción del rey,
yes; pero tam bién se conoce el n o m ­ quien no sería sino el elemento más
bre de algunos reyes históricos, como destacado de la clase dominante. Igual­
Porsenna de Chiusi, Orgolnio de Cae­ mente se desconoce si la m onarquía
re y Tolumnio de Veyes. En etrusco el era electiva o hereditaria. También a
rey era llamado lauchme o ¡uchume, través del intermediario rom ano sa­
que pasó al latín bajo la forma lucu- bemos cuáles eran las insignias del
mo (lucumones, qui sunt reges in lin­ poder, introducidas en Roma desde
gua Tuscorum, dice el gramático Ser­ Etruria: la corona de oro, el trono de
vio, A d Aenida, 11.178). Probablemente marfil, el cetro coronado po r el águi­
el título real no desapareció con la la, la tunica palmata y la toga picta
El pueblo etrusco 59

Insignias del poder manos, y como estos últimos d aban


también nom bre al año. En ocasio­
«Habiendo recibido esta respuesta, los em ­ nes este título va acom pañado de un
bajadores partieron y a los pocos días re­
término que parece indicar u na espe­
gresaron trayendo no sólo m eras palabras,
sino tam bién los sím bolos del poder que
cialización en la función (ziloth eterou
utilizan para adornar a sus propios reyes. o eteraias, ziloth parchís) o tam bién la
Estos eran una corona de oro, un trono de presidencia de un colegio particular
marfil, un cetro con un águila situada en su de magistrados (ziloth marunuchva).
cabeza, una túnica de pú rpu ra decorada U n magistrado de gran im portancia y
con oro y un vestido recam ado de p ú rp u ­ que no se sitúa con facilidad en el
ra co m o el que utilizan los reyes de Lidia y cu adro institucional era el purth o
Persia, excepto que no era de form a rec­ purthne, relacionado con el título grie­
tangular sino semicircular. Este tipo de vesti­
do es llam ado toga por los rom anos y té-
go prÿtanis y que algunos equiparan
benna por los griegos». al rom ano dictator. C om o magistra­
Dionisio, III, 6,11 dos menores se encontraban los camthi,
asimilados a los ediles romanos, con
(Dionisio, III.61.1); finalmente el rey funciones de administración urbana
era acom p añ ado por un lictor con las y que al igual que el ziloth en ocasio­
fasces y el hacha. Algunos de estos nes se especifica su función (camthi
atributos se encuadran en la esfera de eterou). Mención aparte merece el maru,
lo divino, por lo que podía pensarse con evidentes connotaciones religio­
en una cierta intervención de la divi­ sas por su relación con el título sacer­
nidad en el mom ento de la entroniza­ dotal cepen y con algunas cofradías
ción. El poder supremo del rey era religiosas (marunuch pachanati). En
designado con el término truno, simi­ general para ser magistrado no se de­
lar según se decía a la orché griega y bía exigir condición de edad, pues al­
al imperium romano. guno fue ziloth siendo m uy joven,
Al igual que sucedió en las poleis y tam poco había prohibiciones para
griegas y en Roma, las ciudades etrus- ejercer en varias ocasiones la misma
cas sustituyeron el antiguo régimen magistratura.
m onárquico por otro republicano oli­ A u n que desconozcam os cuál era
gárquico. Con anterioridad hemos vis­ su título no existe la m enor duda de
to las dificultades en responder satis­ que las repúblicas etruscas disponían
fa c to ria m e n te a las cu e stio n e s de de una asamblea de tipo senatorial en
cuándo y cómo se produjo esta trans­ la cual estaban presentes los repre­
formación, pero cuando la epigrafía sentantes de las grandes familias: es
com ienza de nuevo a ser abundante esa institución a través de la cual se
en el siglo IV, el sistema parece ya canalizaba el poder de la aristocracia,
perfectamente definido. El cambio con­
siste fundam entalm ente en la sustitu­ Cursus honorum de un noble tarqui-
ción de un rey único y vitalicio por niense del siglo IV a.C.
unos magistrados electivos, colegia­
...[I]arisal . crespe thankhvilus . pum pnal .
dos y temporales. Las inscripciones
clan . zilath [m ekhl] rasnas . m arunukh
de los grandes personajes nos infor­ [ce p e ]n . zile thufi . tenthas . m arunukh .
m an sobre los títulos de las nuevas pakhanati . ril LXXIII.
magistraturas y en alguna medida so­ TLE? 137
bre su jerarquía, pero respecto a los
poderes y funciones de las mismas ya ...Crespe, hijo de Laris y de Tanaquil Pum -
no es igual. pli, praetor de los pueblos etruscos, maru
La magistratura suprem a era d e­ cepen (sace rdo cio p ú b lico ), ejerció una
sem peñada por una pareja de ziloth, vez (?) com o zilath, maru de la cofradía
correspondientes a los cónsules ro­ de Baco, [m urió ] a la edad de 63 [años].
60 A kal Historia del M undo Antiguo

de los príncipes como colectivamente denamiento político se basa en la pre­


se denom inaban, auténtico órgano de misa fundamental de que gobierna la
control y de continuidad política. So­ ley, no el gobernante, y que esa ley
bre sus competencias nada preciso se em an a directam ente de la c o m u n i­
sabe pero como máxim o exponente dad, del cuerpo cívico: éste no es el
del sistema oligárquico, sus funciones caso de las ciudades etruscas.
debían invadir todas las esferas de lo Protagonistas indiscutidos de la vida
público. Un dato interesante y que social y política eran los nobles, lla­
reafirma el carácter extrem adam ente mados muy gráficamente principes por
oligárquico de las ciudades etruscas la historiografía latina. Estos m ono ­
es la ausencia de una asamblea p o p u ­ polizan el poder público mediante la
lar, de m anera que las funciones fun­ ocu pación de las m agistraturas, de
damentales de legislar y de elegir que los sacerdocios y de las asambleas se­
en Roma cum plían los comicios, por natoriales que gobernaban las ciuda­
exclusión debemos pensar que en Etru­ des: la vida política es prácticamente
ria eran propias de la asam blea de los exclusiva de este grupo. El dominio
príncipes. político es una consecuencia del do­
minio económico, ya que los nobles
2) Estructura social controlan la m ayor parte de los bie­
nes de producción, entre estos últi­
Los autores antiguos nos ofrecen una mos destaca sobre todo la tierra, que
imagen de la sociedad etrusca carac­ al igual que en Grecia y en Roma, de­
terizada por la oposición entre un n ú ­ bía tener un alto valor social. Los n o ­
mero reducido de nobles, poseedores bles etruscos no agotaban sus recur­
de todas las riquezas, y una masa de sos económicos en la explotación agra­
sometidos relegados fuera del siste­ ria, sino que para consolidar la anti­
ma. Esta radicalización tradicional gua riqueza adq uirida m ediante la
no parece responder con total exacti­ tierra, se dedicaban a otras activida­
tud a los datos que proporciona la des como el comercio, al menos d u ­
epigrafía y la arqueología, que en su rante la época arcaica cuando uno de
conjunto m uestran una situación so­ los aspectos de la llam ada «piratería
cial bastante estratificada, con la exis­ tirrénica» se identificaba al comercio
tencia de unos grupos interm edios aristocrático del tipo griego pexis, di­
entre los príncipes y los servi. Sin em ­ ferente del llam ado emporte caracte­
bargo el problema no lo es tanto res­ rístico de los grupos mercantiles pro ­
pecto a los niveles económicos como fesionales, aunque no debe rechazarse
sobre todo a las condiciones de inte­ a priori una intervención de los n o ­
gración social y política de esas clases bles en este último. También hemos
medias, y aquí es donde la tradición de pensar que las explotaciones m e­
puede tener su parte de razón. Com o talúrgicas eran controladas por esta
acabam os de ver, la ausencia de las misma clase, pues así lo eran en época
constituciones republicanas etruscas protohistórica y debió continuar sién­
de u na asamblea popular no deja lu ­ dolo en los tiempos posteriores.
gar a dudas sobre la falta de partici­ Toda esta riqueza era disfrutada de
pación política de las clases medias, y acuerdo a un estilo de vida caracterís­
en definitiva de la carencia de una tico. La nobleza etrusca se nos pre­
auténtica paridad jurídica entre las senta notablemente dirigida hacia el
clases. Desde este punto de vista sí consum o de productos de lujo, practi­
puede hablarse de dos .sectores co n ­ cando una vida ociosa que queda per­
trapuestos, uno que gobierna y otro fectamente reflejada en la imagen del
que es gobernado. Tanto en la polis oboesus Etruscus. Así es como aparece
griega como en la civitas latina, el o r­ continuam ente retratada en las fuen­
El pueblo etrusco 61

tes literarias, en particular las griegas, Las representaciones artísticas y la


que con frecuencia hab lan de la try- epigrafía confirm an la considerada
phé de la aristocracia etrusca. Este situación de la mujer, posesora de
término no solamente hace referencia u na capacidad jurídica idéntica a la
al lujo y la molicie, sino que al mismo del hombre: mientras que la mujer
tiempo incide en que la base econó­ rom ana sólo poseía un nombre, el de
mica de esta oligarquía se encuentra la familia (Claudia, Cornelia, etc.), la
en la explotación de la m ano de obra etrusca tenía nom bre y gentilicio, es
dependiente, recalcando de esta m a­ decir propia identidad, y no estaba
nera esa dualidad social que según totalmente sometida in manu mariti,
los antiguos caracterizaba a la socie­ pues podía poseer bienes, esclavos,
dad etrusca. etc., lo cual ha hecho pensar en la
Pero entre todas las particularida­ existencia de un matriarcado etrusco.
des de la aristocracia etrusca, un ele­ La razón a esta situación hay que
mento era el que más llamaba la aten­ buscarla en el carácter oligárquico de
ción a sus vecinos, sobre todo a los la aristocracia etrusca, sometida como
griegos: el privilegiado status de que cualquier otra oligarquía a la am e n a ­
gozaba la mujer. Efectivamente, los za de la oligantropía, esto es la esca­
antiguos se escandalizaban de la vida sez de hombres, por lo cual para con­
licenciosa que practicaba la m ujer servar en su seno el m ayor medio de
etrusca, la cual asistía a los espectá­ producción, la tierra, tenía que conce­
culos y participaba en los banquetes der a la mujer un status elevado y una
junto a los hombes, algo que en G re­ capacidad jurídica ciertamente privi­
cia estaba limitado a las cortesanas. legiada (D. Musti, M. Torelli).

Vista parcial de la necrópolis de Cerveteri


62 Akal Historia del M undo Antiguo

La existencia de clases medias en a continuación veremos, es algo que


las ciudades etruscas es algo que no por el m om ento no puede precisarse
se puede negar, pero chocam os con con seguridad.
grandes dificultades p ara encontrar E n Etruria tuvieron un notable de­
una definición jurídica, ya que al con­ sarrollo las diferentes formas de de­
trario de los principes, que constituían pendencia social, relación que unía a
un ordo, un cuerpo homogéneo y de­ los principes con un sector im portante
terminado, las clases medias se carac­ de la población que las fuentes litera­
terizan por su heterogeneidad, estan­ rias, tanto griegas como latinas, califi­
do constituidas por el conjunto de c an siem pre con térm inos vagos y
todos aquellos individuos que siendo generales, como servi, plebs, penéstai,
libres no gozan de los privilegios de oikétai, therápontes, etc. Con ellos pare­
los principes, definición en la que hay ce indicarse una situación de semi-
que tener presente la relatividad del servidumbre bastante extendida por
término «libre» en el m un do etrusco. los países del Mediterráneo, especial­
Por otra parte, el material a rq u e o ­ mente en sociedades oligárquicas, y
lógico y epigráfico nos enseña que que viene a caracterizarse por estar
existían diferentes situaciones segün com prendida entre la propia esclavi­
las regiones de Etruria, más desarro­ tud y la libertad. Estos «siervos» etrus­
llada y socialmente abierta la m eri­ cos se asemejan más a los ilotas de
dional, más cerrada y conservadora Esparta o a los penéstai de Tesalia que
la interna. a los clientes romanos, pues estos úl­
La dedicación económica de estas timos, pese a encontrarse fuertemente
clases se centraba en actividades so­ vinculados a sus patronos, jurídica­
bre todo de carácter urbano, como la mente eran personas libres, que h a ­
artesan ía y el com ercio, p r o b a b le ­ b ían aceptad o v o lu n tariam en te tal
mente en m enor m edida tam bién la relación.
agricultura, sobre todo en las ciuda­ La existencia e im portancia de las
des meridionales. Aquí no se en c u en­ clases dependientes etruscas se e n ­
tra una homogeneidad en el nivel eco­ marca perfectamente en la ideología
nómico, sino más bien una situación oligárquica definida por la tryphé, como
bastante estratificada, hallándose en ya hem os visto, es decir que se pre­
la cúspide un grupo de familias que senta como un elemento esencial del
al alcanzar cierto grado de riqueza estilo de vida practicado por la aristo­
eran admitidas en la categoría supe­ cracia etrusca. Las representaciones
rior de los principes. Sin embargo, las figuradas y los textos literarios confir­
posibilidades de prom oción social de m an esta relación fundam ental de la
estas gentes eran bastante escasas y la sociedad etrusca. En un célebre pasa­
mayoría vivía en una situación cierta­ je de su obra, el historidador griego
mente marginal. En el relato de Zo- Diodoro Siculo (V. 40.1) dice que los
naras (8.7) que nos proporciona sobre etruscos idearon el atrio de las casas
los acontecim ientos de Volsinii del con el fin de separar la parte de servi­
año 265 a.C., encontram os reflejadas cio de la de los señores para proteger a
las aspiraciones de las clases medias estos últimos del ruido causado por la
p ara lograr su perfecta integración gran m uchedum bre de los servidores.
social y política: participación en el Efectivamente, a través de las pintu­
gobierno de la ciudad, acceso a la ras de las grandes tum bas y del testi­
asam blea senatorial y m atrim onios monio de los autores clásicos podemos
con las familias aristocráticas. Hasta apreciar la gran variedad de servidores
qué punto eran personas totalmente gran m uchedum bre de los servidores
libres o por el contrario sometidas a domésticos que jun to a artistas, atle­
cualquier tipo de dependencia, com o tas, bailarines conform aban ese fas-
El pueblo etrusco 63

Revuelta de Volsinii del año 265 a.C. hacia la indolencia, abandonaron los asun­
tos de la ciudad a los siervos y en la m ayo­
S iendo cónsules Q uinto Fabio y Emilio, se ría de las ocasiones dejaban a éstos la d i­
org an izó una e x p e d ició n a Volsinii para rección de la guerra. Hasta tal punto se
asegurar la libertad de sus ciu da dan os, fortalecieron, que los siervos ganaron p o ­
con los cuales estaban ligados por un p a c­ der y ánim o y creyeron que tenían derecho
to. Eran éstos los más antiguos de los etrus­ a la libertad, lo que finalm ente obtuvieron
cos, habían con seg uid o poder y levantado gracias a sus propios esfuerzos. Más a d e ­
una fuerte ciu da dela y tenían un buen g o ­ lante, ellos m ism os se aco stum bra ron a
bierno. Sin em bargo, en una ocasión, es­ casarse con sus dueñas, a suce de r a sus
tando en guerra con los rom anos, resistie­ dueños, a ser adm itidos en el senado, a
ron durante m ucho tiem po, pero una vez desem peñar las m agistraturas y a con ser­
que fueron vencidos, se dejaron arrastrar var toda la autoridad. ...
(Zonaras, 8.7)

tuoso mundo de la casa señorial etrus­ convirtió en un liberto. Respecto a los


ca. Otros siervos nos los encontramos, etera, la situación es bastante más os­
en situación más dramática, cultivan­ cura y las opiniones modernas van
do los cam pos de los aristócratas y desde considerarles siervos hasta ilus­
llevando u na vida bastante mísera; tres, pasando por extranjeros. Sin em ­
ademas, se veían obligados al servicio bargo parece que se les deba incluir
militar a las órdenes de sus respecti­ en una categoría de dependientes, pues
vos principes. En definitiva eran como siempre se es etera de alguien, pero
siervos de la gleba, vinculados a la unos dependientes privilegiados con
tierra, con la obligación de prestar implicaciones extra-familiares, a ju z ­
todo tipo de servicios a sus señores y gar por la existencia de unos magis­
con escasas posibilidades de mejorar trados encargados de sus asuntos (zi-
su situación, pues aunque tenían re­ lath y camthi eterau). Por último, de
conocido el derecho a la propiedad, los lautn eteri sólo puede decirse que
la posesión de los bienes de p roduc­ eran lautni, pero que gozaban de cier­
ción estaba ac aparad a por la clase tos derechos de los etera.
dirigente. Esta rígida estructura social, con
La epigrafía nos muestra los n o m ­ pocas posibilidades de ascenso para
bres que designaban diferentes situa­ las clases más desfavorecidas, provo­
ciones de dependencia: son los lautni, có a partir de finales del siglo IV a.C.,
los lautn eteri y los etera, aunque sus cu ando la situación en Etruria era
características prácticamente se nos crítica, la aparición del m ercenariado
escapan por completo. El término laut­ como una vía de escape para todos
ni deriva de lautn, que corresponde a aquellos que vivían en condiciones
la fam ilia romana, por lo cual lautni deplorables. La presencia de merce­
se identificaría a fam iliaris, término narios etruscos está atestiguada en los
que designaba en principio al con­ ejércitos griegos y cartagineses que
junto de los siervos de una casa; en la por aquellos años com batían en Sici­
mayoría de las inscripciones los laut­ lia: m onedas que portan la leyenda
ni llevan un sólo nombre, lo que pare­ TY P P H (Tyrrhneoi) son m udos testi­
ce indicar u n estado servil y en algu­ gos del salario que recibían estos mer­
nos casos son identificados a libertos, cenarios por sus servicios. En el siglo
esto es a esclavos m anum itidos, lo III siguió produciéndose el mismo fe­
que ha llevado a pensar en una evolu­ nóm eno y u na inscripción de Tarqui­
ción de la situación (H. Rix), de m a ­ nia nos descubre a un liberto, o hijo
nera que en un principio el lautni era de liberto, que com batió en C apua
un esclavo y que posteriormente, por como mercenario del ejercito de A n í­
la influencia del derecho romano, se bal durante la Segunda Guerra Púnica.
64 Akal Historia d el M undo Antiguo

3) Vida económ ica en contraban «su justificación en el


orden geométrico, sustitutivo del caos
La base económica del pueblo etrus­ originario, querido por la divinidad»
co. como en general la de casi todos (M. Cristofani). En efecto, los etrus­
los pueblos del m undo antiguo, se en­ cos eran maestros en la limitatio, en la
contraba en la explotación agraria, ordenación y limitación de los c a m ­
actividad que ocupaba la mayor parte pos, señalados mediante mojones que
de los brazos y donde descansaba en indicaban los diferentes derechos de
última instancia la principal fuente propiedad y su garantía avalada por
de riqueza de la aristocracia. Además îa divinidad. La técnica hidráulica re­
la agricultura etrusca reposaba en ex­ posaba asimismo en el saber sacerdo­
celentes condiciones naturales, como tal, existiendo unos especialistas lla­
lo muestran las continuas referencias mados arquilices, especie de rabdo-
literarias a la fertilidad del suelo, pri­ mantes, cuya dedicación se centraba
vilegio que los etruscos supieron in­ en la búsqueda del agua subterránea
crem entar con la adopción de técni­ y su inm ediata afioración.
cas de explotación adecu ad a s: los El cultivo fundamental era sin duda
etruscos destacaron entre otros pue­ alguna el cereal, muy celebrado por
blos de la antigüedad por sus desa­ los textos latinos. En Etruria el trigo
rrollados conocimientos agrícolas, sien­ se cultivaba de m anera extensiva, re­
do poseedores de un importante bagaje sultando siempre un excedente que se
científico sobre la cuestión que poste­ exportaba a las regiones vecinas, fun­
riormente, com o sucedió con otros dam entalm ente al Lacio; en el siglo V
muchos elementos más de su cultura, a.C. el trigo etrusco alivió en nu m ero­
fueron adoptados por los agricultores sas ocasiones el ham bre de la plebe
romanos. De las pocas obras litera­ romana. En la lista de las contribu­
rias etruscas que conocemos a través ciones de guerra que en el año 205
de escasos fragmentos, una de ellas es a.C. exigió Escipion a Etruria descu­
precisamente un tratado de agricultu­ brimos cuáles eran las principales zo­
ra, cuyo autor, Saserna, vivió a finales nas trigueras, s itu a d a s p re fe re n te ­
del siglo II a.C. Los principales agró­ mente en la Etruria interna (Chiusi,
nomos latinos, como Varrón, Colu- Perugia, Arezzo), lo cual es confirm a­
mela y Plinio, citan frecuentemente do por otros testimonios. Al lado del
la obra de Saserna, no escatimando cereal nos encontram os con los culti­
ningún elogio hacia su autor. Tam ­ vos arbustivos, fundam entalm ente la
bién la arqueología nos proporciona vid. La producción vinícola adquirió
preciosas indicaciones sobre la desa­ mayor renombre en la Etruria meri­
rrollada vida agrícola etrusca, no sólo dional. siendo sus vinos muy aprecia­
a través de representaciones figura­ dos en Grecia; por el contrario, el oli­
das y del hallazgo de diferentes he­ vo no tuvo una similar extensión, pues
rramientas. sino sobre todo por el com­ el aceite era un producto exclusiva­
plejo sistema hidráulico que encon­ mente dedicado a la clase aristocráti­
tramos en algunas regiones, den o tan ­ ca, que lo utilizaba para ungüentos
do la existencia de excelentes cultivos aromáticos; sin embargo, y pese a lo
de regadío que contribuyeron a agran­ limitado de su producción, no se co n ­
dar la idea de la Etruria felix, de la fe­ sumía todo en Etruria, sino que parte
racidad de los campos etruscos. Todo se exportaba al igual que sucedía con
este conjunto de conocimientos pro ­ el vino, como lo muestra el hallazgo
ceden por una parte «de una práctica de contenedores (ánforas vinarias y
centenaria, pero por otra y no en me­ ungüéntanos) en contextos arqueoló­
nor medida de un saber elaborado gicos fuera de Etruria. Finalm ente a
por los estamentos sacerdotales que través de las noticias literarias y gra­
El pueblo etrusco 65

d a s a las investigaciones paleobotá- ban en la Etruria septentrional, con­


nicas. conocemos otras m uchas espe­ cretamente en la Catena Metallifera,
cies cultivables que. si bien no alcanzan con sus ramificaciaones del Masseta-
la im portancia económica y social de no, Campigliese y la isla de Elba, por
las anteriores, demuestran la comple­ una parte, y el alto valle del río Ceci­
jidad y riqueza de la agricultura ctrus- na, por otra; más hacia el sur destaca­
ca, completada con una eficaz activi­ ban asimismo las minas de los m o n ­
dad ganadera y otra cinegética, ele­ tes Amiata y en último lugar las de
mento este último que evoca de nue­ los montes de la Tolfa, no tan ricas
vo el ambiente oligárquico de la so­ como las de Etruria septentrional pero
ciedad etrusca. sí las primeras en ser conocidas y dis­
Com o ya hemos visto con anterio­ frutadas por gentes del Egeo. Todos
ridad. los enormes recursos metalífe­ estos yacimientos eran excepcional­
ros de Etruria hicieron que esta re­ mente ricos en hierro y en cobre, en­
gión entrara precozmente en la historia. contrándose también plomo, plata y
Efectivamente Etruria se configura alum bre y en m enor medida estaño
como una de las principales áreas m i­ y antimonio.
neras del Mediterráneo, com partien­ La extracción del hierro fue prece­
do con algunas zonas de la Península dida por la del cobre, metal que alea­
Ibérica la fama de El Dorado de la do con el estaño o con otros de infe­
antigüedad. Los yacimientos metalí­ rior calidad proporciona el bronce,
feros más importantes se encontra­ producto considerado básico para la

Pintura de una pared de la Tumba


de los Augures. (Tarquinia)
66 Aka! Historia del M undo Antiguo

eco nom ía de los países m ed iterrá­ por la arqueología, singularmente la


neos hasta la explosión del hierro en cerámica y la vinculada a la construc­
el siglo VII a.C. Las excavaciones ar­ ción. Ambas se encontraban muy de­
queológicas h a n puesto al descubier­ term inadas por la influencia griega,
to en diferentes áreas las técnicas de no sólo en cuanto a la introducción y
extracción de los minerales, m ostran­ adaptación de nuevas técnicas, sino
do la existencia de explotaciones a tam bién en los estilos y modelos, im ­
cielo abierto, de pozos y de galerías, puestos por los propios artesanos grie­
así como hornos donde se separaba gos establecidos en Etruria desde el
el metal de la escoria. La industria del villanoviano. En general se asiste a
hierro fue la que dio más fama a Etru­ una producción de nivel medio que
ria, y sobre todo a la ciudad de P opu­ fabrica objetos «standard» en peque­
lonia, que gracias a su dom inio sobre ños talleres dirigidos por un maestro
la isla de Elba y los macizos del inte­ cuyo nombre, en casos excepcionales,
rior, se convirtió en el principal cen­ puede aparecer como m arca de fábri­
tro siderúrgico de la antigüedad. El ca. Junto a ésta se encuentra también
mineral se extraía principalm ente en una producción de gran calidad, cali­
la isla de Elba y en un prim er m o ­ ficada ya como artística, que rebasa
m ento era tratado allí mismo; sin em ­ am pliam ente el marco regional y de­
bargo, a partir de comienzos del siglo dicada fundam entalm ente a la o rn a ­
VI a.C., el mineral se transportaba ya m entación arquitectónica, com o la
en bruto a la propia Populonia, d o n ­ célebre escuela coroplástica afincada
de se levantó extramuros y junto al en Veyes y vinculada al artista Vulca.
puerto un barrio industrial p ara la U n a últim a e im po rtan te c o n se­
elaboración del metal, siendo testigo cuencia de la riqueza m ineraria de
m udo de esta actividad, que pervivió Etruria fue la inserción de esta región
hasta comienzos de la era cristiana, en las grandes corrientes del tráfico
la enorme cantidad de escorias toda­ internacional en el Mediterráneo, y
vía explotadas a comienzos del siglo en definitiva en el notable impulso
actual. que desde finales del villanoviano se
Esta enorme riqueza metalífera de ejerció sobre el comercio etrusco. D u ­
Etruria sirvió de base a una próspera rante el período orientalizante y so­
industria de m anufacturas m etalúrgi­ bre todo en el arcaico, la marina etrusca
cas, constantemente enriquecida por recorría el M editerráneo occidental
la introducción de nuevas tecnologías com pitiendo con griegos y púnicos,
llevadas por los artesanos griegos. En hasta llegar a alcanzar en la segunda
un principio Etruria pagaba sus im ­ m itad del siglo VI un auténtico dom i­
portaciones con el metal en bruto, nio sobre el m ar Tirreno, sin que ello
pero pronto unió a sus exportaciones supusiera la eliminación definitiva de
sus propios productos m anufactura­ sus competidores: las alianzas con
dos, m uchos de los cuales eran muy otras potencias y las actividades béli­
apreciados en ambiente griego, como cas de los etruscos en el m ar son cla­
los célebres bronces tirrénicos. El de­ ras m anifestaciones de la voluntad
sarrollo de la industria metalúrgica del poder político por hacer valer sus
no sólo se benefició a sí misma, sino intereses comerciales. En el desarro­
que invadió otras áreas económicas llo de esta actividad de nuevo inter­
tran sform án dolas e im p u lsa n d o su preta un importante papel la influen­
propio desarrollo con la mejora del cia griega, como lo muestra el avance
utillaje. conseguido en las técnicas de cons­
Respecto a otras actividades artesa- trucción naval, que igualaron en cali­
nales tan sólo pueden seguirse aqué­ dad a los barcos etruscos con los grie­
llas cuyos productos son recuperables I gos, dando salida a una gran vocación
El pueblo etrusco 67

m arinera que encuentra su expresión sentido transversal, a través de los


más perfecta en el temor que infun­ cuales se alcanzaba el interior desde
día la llam ada piratería tirrénica. la costa, bien en sentido longitudinal.
Las principales rutas del tráfico co­ En este último caso, el eje fu n dam en ­
mercial etrusco se localizan en el m ar tal de las comunicaciones estaba cons­
Tirreno, espacio no sólo abierto a ru­ tituido por el río Tiber y po r algunos
tas de cabotaje que sirven un circuito de sus afluentes, que p on ían en rápi­
nacional, sino también a itinerarios da relación am plísim as zonas de la
de larga distancia. En el Tirreno sep­ Etruria interna, así como del país de
tentrional y en los golfos de Génova y los um bros y de los sabinos, con el
León la presencia comercial etrusca mar. Precisamente R om a se benefi­
está firmemente atestiguada desde co­ ciaba de este comercio asegurándose,
mienzos del siglo VI a.C., fu n d a m e n ­ por medio del transporte fluvial, el
talmente a través de centros de redis­ grano procedente del interior de Etru­
tribución de productos que incluso ria en épocas de carestía.
suponían un establecimiento perm a­ Los productos objeto de comercio
nente de com erciantes etruscos. El eran para los etruscos en un prinepio
estaño era el principal producto que tan sólo aquéllos procedentes de la
buscaban los etruscos en estas costas, explotación de sus recursos naturales,
donde rendía la ruta interna que pro­ es decir los metales y los excedentes
cedente de Bretaña y Cornualles, uti­ de su p ro d u c ció n agrícola, fu n d a ­
lizaba el valle del R odano para llegar m entalm ente el cereal y el vino. A
al Mediterráneo: el hallazgo de una ello se añadió en un segundo m o­
tum ba principesca en Vix con la pre­ mento, cuando la tecnología etrusca
sencia de productos etruscos es el m e­ se colocó a la altura de las más desa­
jo r exponente de este tráfico. El co­ rrolladas del M editerráneo, produc­
mercio en el sur del Tirreno aparece tos manufacturados salidos de sus pro­
más articulado, pues en esa zona la pios talleres, como los metalúrgicos
presencia griega era m ucho más d e n ­ (bronces) y cerámicos (bucchero). A
sa. Con vistas al comercio con la Mag­ cam bio los etruscos recibían sobre
na Grecia y con Sicilia, los etruscos todo bienes de prestigio, de fabrica­
disponían en sus centros de C a m p a ­ ción griega y oriental, como cerám i­
nia de una excelente base de opera­ ca, m anufacturas metálicas, marfiles,
ciones, facilitando por una parte las vino, perfumes, etc., au nqu e también
relaciones con las colonias griegas se encuentran, y no en escasa canti­
del golfo de Tarento a través de rutas dad, objetos de un nivel medio con
internas, y por otra con las ciudades una mayor accesibilidad en los mer­
de Sicilia, mediante una ruta m aríti­ cados locales.
ma que tenía en Metauros su princi­ Todos estos productos accedían a
pal escala intermedia: la distribución Etruria a través de unos puntos co n ­
de las ánforas vinarias etruscas por el cretos, de puertos marítimos que, como
Tirreno ilustran claramente la expan­ ya hemos visto en varias ocasiones,
sión del comercio etrusco. E n último asum en en su funcionam iento el m o­
lugar hay que mencionar la nata adriá- delo de los empóña griegos. Tales pu n­
tica, que partía de Spina y Adria, más tos no estaban situados en los centros
tardía en su aparición pero de gran urbanos, sino alejados de ellos unos
im portancia cuand o el área tirrena kilómetros, de m anera que gozaban
entró en crisis a partir del año 475 de un estatuto privilegiado que ga­
aproximadamente. rantizaba la libertad y actividad de
Por lo que respecta al comercio in ­ sus residentes, consentido por la au­
terno, éste se articula sobre todo a toridad política a cambio de asegu­
partir de los valles fluviales, bien en rarse la redistribución de los produc-
68 AkaI Historia del M undo Antiguo

tos por cl interior del país. El carácter turación, ya que a través suyo se in­
de centro internacional viene confir­ trodujeron no sólo objetos com ercia­
m ado por el am biente religioso, cons­ bles, sino tam bién un co n jun to de
truyéndose templos dedicados a divi­ nuevos elementos que determ inaron
nidades «empóricas» con característi­ en gran medida el posterior desarro­
cas similares a las de otros m uchos llo económico, social e ideológico de
centros com erciales del M ed iterrá­ las ciudades etruscas. Así en el siglo
neo, divinidades que por otra parte VII. coincidiendo con la mayor inten­
garantizaban en última instancia la sidad del comercio corintio, se intro­
libre existencia y la dedicación de sus ducen nuevas tecnologías concreta­
pobladores. Pyrgi. Gravisca y Regisvi- das en la leyenda de Demarato y en
11a en el Tirreno y Adria y Spina en el los préstamos lingüísticos dóricos; en
Adriático fueron destacados empórici el siglo siguiente, con el comercio greco-
en los siglos VI y V a.C., fiel reflejo de oriental, se pueden descubrir diferen­
la internacionalidad de tales puntos y tes influencias en los estratos aristo­
del im portante papel del comercio cráticos, que asum en un estilo de vida
etrusco: ejemplo característico y sin­ similar al de sus homólogos de Asia
gular lo constituye sin d ud a aquél Menor; en el m u ndo religioso, con la
Sostratos de Egina, calificado por H e­ in troducción de nuevas prácticas e
rodoto como comerciante de in m e n ­ iconografías, y en la vida económica
sas riquezas y que dedicó en el s a n ­ y social, con el nuevo asentamiento
tuario de Gravisca un ancla al dios de especialistas griegos —consecuencia
Apolo. esta vez de la diáspora producida tras
Pero además de esta actividad co­ la conquista persa de la costa oriental
mercial, tales puertos añaden a sus del Egeo—, se completa el riquísimo
funciones una importantísima de acul- m undo de la helenización de Etruria.

Elementos decorativos de un templo


etrusco. (Museo de Villa Giulia. Roma)
El pueblo etrusco 69

Cronología

1800 C u ltu ra a p e n ín ic a .

1200 C u ltu ra p ro to v illa n o v ia n a .

900 C u ltu ra v illan o v ia n a.

770 P ith e k o u ssa i.

750 C u m as.

730 C u ltu ra o rie n ta liz a n te .

700 P rim e ra s in sc rip c io n e s etruscas.

616 T a rq u in io P risco , rey de R o m a.

600 E x p a n sió n e tru sc a en C a m p a n ia .

580 V ib e n n a y M a sta rn a .

550 E x p a n sió n etru sc a en el valle del Po.

545 B atalla de A lalia.

509 E x p e d ició n de P o rs e n n a c o n tra R o m a.

500 T h e fa rie V elianas d irig en te de C aere.

485-474 P rim e ra g u e rra ro m an o -v ey en se.

474 B atalla de C u m a s.
A kal Historia del M undo Antiguo

454 E x p e d ic ió n sira c u sa n a c o n tra F.truria.

438-425 S eg u n d a g u e rra ro m an o -v ey en se.

423 C o n q u ista de C a p u a p o r los sa m n ita s.

406-396 Tercera g u e rra ro m an o -v e y e n se. C o n q u ista de Veyes.

386 H ospitium p ublicum a C aere.

383 A ta q u e de D io n is io c o n tra Pyrgi.

358-351 G u e rra ro m a n o -ta rq u in ie n se .

295 V ictoria ro m a n a en S e n tin u m .

294 C o n q u ista de R u sellae.

283 V ictoria ro m a n a en el lago V adim ón.

265 C o n q u ista de V olsinii.


El pueblo etrusco 71

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