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Ernst Ludwig Kirchner

Aschaffenburg, 1880-Frauenkirch, 1938


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Fundador y principal impulsor del grupo expresionista alemán Die Brücke (El Puente), Ernst
Ludwig Kirchner comenzó a pintar de forma autodidacta al tiempo que estudiaba arquitectura
en la Technische Hochschule de Dresde, en la que obtuvo el diploma en 1905. En 1904 se
trasladó temporalmente a Múnich, donde trabajó en el estudio de Wilhelm Debschitz y
Hermann Obrist y conoció el grabado en madera a través de la obra de Durero. En junio de
1905, de nuevo en Dresde, participó —junto a Fritz Bleyl, Erich Heckel y Karl Schmidt-
Rottluff— en la creación del grupo Die Brücke, de ideas revolucionarias y una intensa actividad
en común. Su interés por el arte primitivo, que contemplaba en el Museo Etnográfico de
Dresde, se vio reflejado tanto en su obra como en los muebles y murales que fabricó para el
estudio que compartía con Heckel en una antigua carnicería del barrio obrero de
Friedrichstadt. En octubre de 1911 se trasladó a Berlín, donde pintó sus obras más
significativas y comenzó a tener un cierto éxito que le llevó a ser seleccionado para el Armory
Show, exposición de arte europeo contemporáneo celebrada en Nueva York en 1913. Fruto de
sus contactos con los componentes del grupo expresionista de Múnich, los miembros de Die
Brücke fueron incluidos en la exposición de Der Blaue Reiter (El Jinete Azul) de 1912.

Su movilización en la Primera Guerra Mundial le causó un fuerte deterioro en su salud física y


mental, que terminó con su inhabilitación en 1915 y su consiguiente traslado a Davos, donde
vivió aislado el resto de su vida. En las montañas de Suiza comenzó de nuevo a pintar y a
escribir crítica de arte bajo el seudónimo de Louis de Marsalle. Tras la llegada al poder de los
nazis en Alemania y la confiscación y destrucción de sus obras, Kirchner sufrió una recaída de
su estado depresivo y se suicidó en junio de 1938.

Su obra mantuvo siempre la simplificación formal expresionista y el uso arbitrario del color.
Como los demás pintores de Die Brücke, evolucionó desde un primer momento de influencia
de Van Gogh a un estilo más sintético y bidimensional, de pinceladas gruesas, y una mayor
autonomía del color. Su temática estuvo en un principio dedicada al paisaje, con o sin figuras,
y al desnudo, y más tarde se centró en el ajetreo de las calles berlinesas de las que, entre
1912 y 1914, pintó unas memorables escenas. En Suiza volvió la pintura de paisaje de un
creciente misticismo.

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