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Estado de la cuestión

1. La socialdemocracia latinoamericana en el siglo XXI

1.1 La Nueva Izquierda Latinoamericana

1.1.1 El consenso de Washington: un prólogo necesario

La nueva izquierda latinoamericana (NIL, en adelante) se caracteriza por la intención de


corregir los males del capitalismo, un rol protagónico del Estado en la construcción de
sociedades más igualitarias y la ampliación de derechos sociales (Garavito et. al, 2005;
Lanzaro, 2007; Levitsky y Roberts, 2013; Panizza, 2006; Laclau, 2006; Petkoff, 2005;
Sandbrook, 2014). Mediante estudios referidos al LP, el sistema de partidos, el modelo
económico y la política exterior (teniendo como eje el vínculo que se establece con
Estados Unidos), se trazaron dos vías dentro de la NIL: populismo (izquierda) y
socialdemocracia (centroizquierda) (Linch, 2007; Alcántara Saez, 2008; Lanzaro, 2008;
Panizza, 2006). Sandbrook (2014) profundiza aún más y desagrega estas dos
subcategorías en socialdemocracia moderada, socialdemocracia radical, populismo
clásico y populismo de izquierda. Forman parte de los gobiernos populistas: Evo
Morales (Bolivia), Rafael Correa (Ecuador), Hugo Chávez y Nicolás Maduro
(Venezuela) y Néstor Kirchner y Cristina Fernández (Argentina). Éstos han sido
descriptos como movimientos políticos precedidos por un líder carismático y
personalista que construye un sujeto discursivo, el pueblo, como destinatario; emplea un
retórica dual, pueblo-oligarquía, para ordenar el mapa político interno, y patria-imperio,
para su política exterior; se comunica con la sociedad sin la mediación de los medios de
comunicación tradicionales, a los que considera como actores políticos, voceros de los
intereses de las clases dominantes; y, a raíz de esta decodificación, los líderes populistas
crean un marco jurídico para regular el contenido de los medios de comunicación, y así,
junto a la entrega de licencias y publicidad oficial por parte del Estado, reconfigurar el
sistema de medios (Laclau, 2005; Mazzoleni, 2003; Lanzaro, 2007; Panizza, 2009;
Sandbrook, 2014; Vincent, 2014). Esta relación tensa con el periodismo ha sido
denominada “modelo de confrontación hegemónica” (Gómez Germano, 2011) o
“modelo de comunicación controlada” (Vincent, 2014).
En cambio, sobre los presidentes socialdemócratas –Ricardo Lagos y Michelle Bachelet
(Chile), Tabaré Vázquez y José Mujica (Uruguay) y Lula da Silva y Rousseff (Brasil)–
la teoría es escasa (Lanzaro, 2008; Sandbrook, 2014; Garretón, Panizza, 2006). Para
esta línea teórica, los socialdemócratas despliegan un discurso pragmático,
institucionalista y dirigido al votante medio. En vez de apelar a la retórica dicotómica,
para generar programas de redistribución social, intentan negociar y contar con la
aquiescencia de las elites (Sandbrook, 2014). Gómez Germano (2011) afirma que estos
presidentes, en cuestión de regulación jurídica, no tuvieron políticas públicas
articuladas, coherentes ni explícitas en materia de comunicación y medios. Gamucio
(2011) define a este modelo de convivencia pacífica con los medios de comunicación
tradicionales como “una no política de medios”. Este enfoque entiende que los
presidentes se vinculan con la sociedad, exclusivamente, a través de la prensa privada
(Gómez Germano, 2011).
Teniendo en cuenta el diagnóstico que ofrece la producción teórica sobre el modelo de
comunicación política que desarrollan los presidentes socialdemócratas de la NIL
(discurso pragmático e institucionalista, ausencia de narrativas dicotómicas y una “no
política de medios”), que se diferencia sustancialmente del modelo populista (discurso
dicotómico, confrontación con el periodismo y crítica a las instituciones republicanas),
el presente proyecto pretende realizar tres aportes a las ciencias sociales. Por un lado,
elaborar un constructo teórico que sintetice el modelo de comunicación política que
despliegan los presidentes populistas y socialdemócratas de la NIL para ejercer su
liderazgo. Esta herramienta analítica sería el liderazgo comunicacional presidencial
(LCP). Posteriormente, comprobar si el LCP es –o no– sustancialmente diferente entre
populistas y socialdemócratas, y así precisar si existe –o no– un vínculo directo entre
ideología y LCP. Y, en último lugar, ampliar, enriquecer y complejizar el debate
académico sobre LP en Latinoamérica mediante dimensiones analíticas pertenecientes a
la CP.

La Nueva Izquierda Latinoamericana (NIL, a partir de ahora) se caracteriza por la


intención de corregir los males del capitalismo y la construcción de sociedades
más igualitarias, mediante la solidaridad y la política participativa (Garavito et. al,
2005). Los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández (Argentina), Evo
Morales (Bolivia), Lula y Dilma Rousseff (Brasil), Ricardo Lagos y Michelle Bachelet
(Chile), Rafael Correa (Ecuador), Tabaré Vázquez y José Mujica (Uruguay) y Hugo
Chávez y Nicolás Maduro (Venezuela), se han distinguido –según el caso, en mayor
o menor medida– del liberalismo social y otras corrientes ideológicas, como el
neoliberalismo, por su acento en la organización colectiva de los grupos
marginalizados y la insistencia de la acción política colectiva para alcanzar metas
distributivas (Panizza, 2006; Lanzaro, 2008; Sandbrook, 2014; Levitsky y Roberts,
2013).
A su vez, diversos autores han trazado dos subcategorías dentro de la NIL:
populismo y socialdemocracia (Riorda y Farré, 2012; Crespo et. al, 2011; Lanzaro,
2008; Sandbrook, 2014; Panizza, 2006; Levitsky y Roberts, 2013; Laclau, 2006).
Una abundante literatura ha estudiado los relatos políticos de los gobiernos
populistas: Evo Morales, en Bolivia, Rafael Correa, en Ecuador, y, Hugo Chávez, en
Venezuela; Néstor Kirchner y Cristina Fernández, en Argentina, estarían a medio
camino entre ambas subcategorías. A estos líderes populistas los han caracterizado
como movimientos políticos precedidos por un líder carismático y personalista
que construyen un relato político sustentando en un sujeto discursivo, el pueblo,
como prodestinatario; emplean un retórica dual: pueblo-oligarquía, para ordenar
el mapa político interno, y patria-imperio, para llevar adelante su política exterior;
recurren a hechos y personajes históricos vinculados a los procesos de
independencia latinoamericana del siglo XIX; despliegan una estética de tinte
nacionalista y latinoamericanista; y sus exposiciones tienen una carga emocional
elevada, relegando a un lugar secundario las argumentaciones racionales (Riorda y
Farré, 2012; Sandbrook, 2014; Lanzaro, 2008; Ollier, 2014; Mazzoleni et. al,2003;;
Laclau, 2005; Panizza, 2009; Barros, 2009).
En cambio, sobre los presidentes socialdemócratas latinoamericanos del siglo XXI
la teoría es escasa. Contados investigadores (Sandbrook, 2014; Lanzaro, 2008) han
estudiado, de forma escueta dicha área temática. Para esta delgada línea teórica,
los líderes socialdemócratas despliegan un discurso pragmático, institucionalista y
dirigido al votante medio. En vez de apelar a la retórica dicotómica, para generar
programas de redistribución social, intentan negociar y contar con la aquiescencia
de las elites.
Teniendo en cuenta la laguna teórica que hay en la literatura sobre los relatos
políticos que enarbolan los presidentes socialdemócratas para legitimarse política
y socialmente, el presente proyecto pretende realizar tres aportes a las ciencias
políticas. Por un lado, elaborar un constructo teórico que sintetice el relato político
que desarrolla la socialdemocracia latinoamericana. Estudio inédito hasta la fecha.
Posteriormente, comprobar si dicho relato político es sustancialmente diferente al
de los presidentes populistas, lo que podría –o no– sugerir una
reconceptualización de dichas subcategorías de la NIL. Y, por último, relevar si los
relatos políticos de la socialdemocracia latinoamericana en el siglo XXI son
sustancialmente diferentes a los de la socialdemocracia latinoamericana en el siglo
XX.

2. Apuntes: agregar a qué es la nueva izquierda

2.1 Las transformaciones han tenido lugar respetando la formalidad de la


democracia representativa liberal –pluripartidismo, garantías al sufragio activo y
pasivo (de elección y de ser elegido), libertad de expresión, respeto a los
resultados– pero, además, han venido acompañadas de formas de democracia
directa que, igualmente, han ampliado la base social de apoyo a la democra- cia.
Por un lado, se ha desactivado la justi cación imperial de los golpes de estado
contra estos países –aunque se ha seguido intentando– y, por otro, se ha hecho de
una parte importante de la población el sujeto de defensa activa del proceso de
cambio.

2.2 Los cambios han venido en forma de “ola”, construyéndose sinergias


políticas esenciales para la subsistencia de los países defensores del socialismo
del siglo xxi (algo que chávez entendió desde un principio y le llevó a usar el
mayor músculo económico de Venezuela para apoyar a los países de la zona que
tenían necesidades nancieras y que, en otra situación, hubieran caído rehenes del
fmi o del Banco Mundial, con sus sempiternas exigencias de ajuste y privilegio a
las elites).

2.3 Por último, todos los gobiernos de cambio en américa Latina han venido con
una nueva identidad nacional y popular. La reconstrucción de la dignidad
nacional fue, de nuevo, otra posibilidad de ampliar la base social, permitiendo un
nacionalismo optimista (frente al creciente nacionalismo pesimista euro- peo)
que caminó sin problema hacia las nuevas formas de integración regional: