You are on page 1of 2

Seminario de Problemas de filosofía política y del Derecho.

Reflexión en torno a la filosofía política

En sus textos, José Rubio y Peter Laslett parten de una premisa que bien puede catalogarse como
pesimista, a saber: la filosofía política ha muerto. Lejos de tan categórica sentencia, lo que ambos
autores pretenden argumentar es que, hoy en día, la tarea de la filosofía política no tiene cabida,
dado que ha sido asumida por otros enfoques, como la sociología, la ciencia política, entre otros. Es
decir, que ante el auge del positivismo, de su afán por la objetividad y la precisión, la filosofía política
no puede aportar nada.

Pero, ¿es cierto tal clamor? Al hacer un análisis somero del problema, podemos encontrar que,
efectivamente, su afirmación es válida, pero no en su totalidad. Si bien es cierto que la tradición
filosófico-política ha sufrido una ruptura, esto no es suficiente para declarar su muerte. Tal como
afirma Laslett, la filosofía política fue obligada a retirarse, aunque quienes la forzaron a este destino
no tenían en mente su extinción, sino su reestructuración acorde con sus nuevos lineamientos,
como los de la filosofía analítica. Su objetivo era el de abordar la política desde la perspectiva
analítica. Sumado a ello, la aparición de la sociología y las ciencias políticas, como ciencias en sentido
pleno, que se apropiaron del objeto de la filosofía política. Sin embargo, a pesar de que su labor fue
asumida por tales ciencias, se ha llegado al punto en que estas aceptan que no pueden llevar a cabo
sin la ayuda que brinda la filosofía política. Es cierto: ella perdió la hegemonía que mantenía sobre
tal labor. Empero, esta pérdida no es una sentencia de muerte. Es, quizá, un llamado hecho a todas
las ciencias y disciplinas, que versa sobre la necesidad de trabajar conjuntamente en pos de alcanzar
respuestas más sólidas a los problemas políticos que afronta la sociedad, sin que una se imponga o
subsuma a otra. Porque, como bien señala Rubio, aún hoy por hoy, en este momento en el que la
democracia se abandera como régimen global, siguen surgiendo interrogantes que deben ser
resueltos. En un momento en el que las diferencias son la piedra angular de la democracia, con
mayor razón debe la filosofía política aportar sus reflexiones. En este sentido, se hace necesaria. Por
ejemplo, aceptamos que vivimos en un sistema democrático. Sin embargo, ¿sabemos qué es la
democracia? ¿Podemos argumentar el porqué de los valores que ella encierra? ¿Por qué la
democracia es el modelo que aceptamos y no otro? Aquí es donde viene a desempeñar un papel
importante la filosofía política: en la discusión de estas y otras preguntas. Cierto: no tendrán una
solución definitiva y satisfactoria para todos, un punto final que las clausure y las condene a un
ostracismo de la reflexión.

En suma, la filosofía política no ha muerto. Su estado actual involucra que ella se piense y se repiense
en un escenario cada vez más complejo, pese a que, en apariencia, con el culmen del cientificismo,
cada ciencia pretenda trabajar aisladamente. La época actual propone un reto interesante: pensarse
sin solipsismos, pensarse en relación con aquellos saberes que han optado por erigirse en la ilusión
de ser una ínsula. Quiérase o no, la filosofía siempre estará allí, en la medida en que necesiten
reevaluarse y analizar sus conceptos fundamentales. Cada sociedad, cada época, traen consigo
problemas, dudas, que necesitan resolverse. Allí es donde entra la filosofía a aportar con su
reflexión, porque la filosofía política, y en general la filosofía, es un fénix que siempre resurge
cuando más se le cree muerta.