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DE ANTIOQUIA
número 161 número 283
julio-diciembre enero-marzo
1965 2006

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número 215 número 271
enero-marzo enero-marzo
1989 2003

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Contenido 319
enero - marzo 2015
Portada
Jugando ajedrez (1951)

Sobre la guerra
24 Estanislao Zuleta
Otelo o de los celos
26 Estanislao Zuleta
Edipo como drama del pensador
34 Estanislao Zuleta
Construir la vida, conquistar
44 la aceptación de la muerte
Alejandro López Carmona

4 Minúsculas 53
El Estado en el pensamiento político
de Estanislao Zuleta
Pablo Andrés Malpica León

En predios de la quimera 56 Habitar filosóficamente el mundo


Diana M. Suárez A. y Santiago Gutiérrez

Especial 61
La democracia como un horizonte
superior de posibilidades
Estanislao Zuleta • 80 años Isabel Salazar
Teoría del sujeto y democracia
18 Solo una voz 66 Daniela Cardona, Elizabeth Giraldo
Carlos Vásquez y Vincent Restrepo
Mi padre, retrato a contraluz Recordando a Estanislao Zuleta
20 José Zuleta Ortiz
71 Boris De Greiff

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El sombrero de Beuys
Plástica
105 Tras los rayos de la estrella
Sol Astrid Giraldo

Bienales de Arte Coltejer, también una


109 convergencia entre arte y tecnología
Isabel Restrepo Acevedo

Fragmentos a su imán
Arquitectura
116 Un valle plantado de edificios
Luis Fernando González

La mirada de Ulises
Cine
125 Centenario de El nacimiento de una nación
Juan Carlos González A.

Reseñas
Cuento Humor a la carta
130 Emma Lucía Ardila
Ouija
77 Octavio Escobar Giraldo El tríptico de Pablo Montoya
134 Sergio Pérez

Ensayo La casa en el barrio


136 Emma Lucía Ardila
83 Viajeros colombianos
Felipe Restrepo David
Cuando llueve en Ítaca
Peregrinación del origen
Aguas de negra piel

El nuevo estado de la nación


91 Lina María Aguirre Jaramillo

Aguirre, Abad y nosotros


97 Eduardo Escobar

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minúsculas
ISSN: 0120-2367

Fundador:
Alfonso Mora Naranjo
Rector:
Alberto Uribe Correa
Vicerrector general:
John Jairo Arboleda
Secretario general:
Luquegi Gil Neira Amor mortal
Director:
Elkin Restrepo
Ignacio Piedrahíta
Asistente de dirección:

C
Janeth Posada Franco asi nada queda del muro
Diseñadora:
Luisa Santa que separó a Berlín en
Auxiliar administrativa: dos mitades durante
Diego Fernando Castañeda Vergara
Corrector:
veintiocho años. En el último
Diego García Sierra aniversario de su caída tuvie-
Comité editorial: ron que recordarlo marcando
Jairo Alarcón, Carlos Arturo Fernández,
Patricia Nieto, Juan Carlos Orrego, su traza con globos luminosos.
César Ospina, Margarita Gaviria, Estos fueron liberados al mismo
Luz María Restrepo, Alonso tiempo y la barrera se esfumó en
Sepúlveda, Nora Eugenia Restrepo,
Carlos Vásquez. el frío aire de la noche del nueve
de noviembre. Pero quedan
Impresión: Imprenta Universidad
de Antioquia, Medellín, Colombia todavía unos pocos tramos en
Correspondencia y suscripciones: pie, de los cuales el más largo es
Departamento de Publicaciones, la llamada East Side Gallery. La
Universidad de Antioquia
Bloque 28, oficina 233, “galería del lado oriental” mide
Ciudad Universitaria un kilómetro y trescientos me-
Calle 67 N.o 53-108
Apartado 1226, Medellín, Colombia tros, y se extiende sobre la ribera
Tel.: (574) 219 50 10, 219 50 14 del río Spree desde el puente
Fax: (574) 219 50 12 Oberbaum hacia el norocciden-
revistaudea@udea.edu.co
te. Toma el nombre de “galería”
Página web: porque tras la caída del muro,
www.udea.edu.co/revistaudea
Versión digital
en 1989, se le propuso para que
www.latam-studies.com sirviera como un largo lienzo
http://oceanodigital.oceano.com/ sobre el que decenas de artistas
Publicación indexada en: MLA,
Ulrich’s, Clase pintarían sus obras al aire libre.
Canje: Sistema de Bibliotecas, La iniciativa nació de la reunifi-
Universidad de Antioquia cación entre las dos asociaciones
Bloque 8, Ciudad Universitaria
E-mail: canjeydonacionbiblioteca@ de artistas más importantes del
udea.edu.co este y el oeste de la ciudad.
Licencia del Ministerio de Gobierno
N.o 00238 Y se le llama “del lado orien-
tal” porque este tramo de pa-
La Revista Universidad de red no era propiamente el que
Antioquia no se hace responsable
de los conceptos y opiniones se veía desde Berlín occidental
emitidos en los artículos, los cuales y que el mundo conocía como
son responsabilidad exclusiva de
los autores.
4
el Muro, sino que era parte de sus obras en un espacio de un es la modernización de la ciu-
lo que se llamaba el hinterland- poco más de diez metros de dad. En 2006 se acordó mover
mauer, es decir, la parte inte- muro cada uno. Una vez termi- cuarenta metros de muro hacia
rior de la franja de la muerte. El nados, algunos de estos mura- la punta occidental para cons-
Muro de Berlín era en reali- les le dieron la vuelta al mundo. truir un escenario de concier-
dad una zona protegida por dos Entre ellos quizá el más fa- tos, como una excepción que fue
muros, y los habitantes del este moso sea el del artista ruso de alguna manera tolerada por
veían únicamente el hinterland- Dmitri Vrubel, que reproduce los berlineses. Sin embargo, este
mauer. Mirado desde esa parte el beso que se dieron el dirigen- kilómetro largo de tierra en la
de la ciudad, detrás del hinter- te soviético Leonidas Braznev ribera del Spree se ha ido con-
landmauer estaba una zona de y el gobernante máximo de virtiendo en uno de los lugares
arena con cercas electrificadas, la República Democrática más cotizados de la ciudad y por
obstáculos antitanques, perros Alemana Erick Honecker. La lo tanto de los más apetecidos
bravos, un tendido de punzones pintura lleva escrito un texto en por las constructoras. Y aunque
de hierro ―llamado por los occi- ruso traducido al alemán: “Dios cueste creerlo, a Berlín le es di-
dentales el “césped de Stalin”― y, mío, ayúdame a sobrevivir a fícil negarse a sus ofertas mi-
finalmente, sí, el Muro, a cu- este amor mortal”. Se dice que llonarias debido a la bancarrota
yos pies murieron muchos de aunque el beso se atenía a las que padece. La oposición de los
los que arriesgaron su vida para costumbres socialistas, el muy ciudadanos a la urbanización de
cruzarlo, baleados por los solda- alemán Honecker se sobreactuó la ribera del Spree se ha hecho
dos del este. en esta muestra exagerada de sentir, pero en el 2013 se perdió
Alguien que haya visitado cariño político. la primera batalla, cuando una
Berlín se preguntará en qué par- Con los años los murales se empresa de construcción logró
te estaba el Muro principal, si fueron deteriorando, no solo retirar veintitrés metros de muro
detrás de la East Side Gallery porque estaban al sol y al agua para el acceso a su nuevo edificio
hay escasos treinta metros antes lo cual era obvio y se espera- de apartamentos de lujo, ubica-
de llegar a las aguas del Spree. ba, sino porque el hinterland- do entre el muro y el río.
Esto se explica porque en esa mauer estaba hecho del material Aunque este edificio es por
zona el río remplazaba al Muro. más barato posible. Más que la ahora el único, es muy probable
Es decir, allí no había Muro con pintura al fresco en sí misma, lo que en diez o veinte años toda
mayúscula sino el hinterland- que se dañó fue el soporte, sin esta ribera del Spree, hoy casi
mauer solamente, de modo que considerar los grafitis espontá- del todo baldía, esté completa-
los berlineses orientales no pu- neos que muchos pintaron sobre mente urbanizada con este tipo
dieran acceder al río y cruzarlo las mismas obras, pues la gen- de construcciones. Por lo que
para escapar al lado occiden- te siempre ha podido acercarse a pudiera pasar, un famoso museo
tal de la ciudad. Aun cuando la ellas sin ningún tipo de obstácu- de Londres ofreció comprar el
East Side Gallery no sea par- lo. De ahí que en el año 2009 se muro, pero es difícil que la ciu-
te del Muro original, esta se ha decidiera restaurar el muro y lla- dad renuncie a este monumen-
convertido en un ícono de la mar de nuevo a los artistas para to único que visitan más de tres
antigua división y sus pinturas que repintaran sus obras. De los millones de turistas al año. Lo
en un símbolo de la libertad de artistas originales, algunos es- más seguro es que en un futu-
expresión, pues en tiempos de la taban muertos y otros se rehu- ro cercano coexistan los edifi-
RDA era imposible que alguno saron a hacerlo, pero la mayoría cios con el viejo hinterlandmauer,
de sus ciudadanos se atreviera a volvió con sus brochas al lugar como símbolo ya no solo de la
rayar siquiera en esa pared que en el que habían pintado veinte infame historia reciente del país,
debía permanecer intocada, por años atrás. sino también de la pujanza de
orden de las autoridades. Superado el problema del una ciudad que está llamada a
Se invitó pues, en 1990, a deterioro, la verdadera amena- ser la capital de Europa.
105 artistas para que hicieran za de esta galería a cielo abierto agromena@gmail.com

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DE ANTIOQUIA
y “lo que está mal”. Pero el lo que en el amor parece peli-
hecho mismo de que imagine- groso y hostil a una bipolaridad
mos que “el mal” puede existir primordial inherente a la esencia
de forma absoluta, con total del amor mismo”.1
independencia de circunstancias El que Freud mencione al
e interpretaciones, lleva a una amor como punto de fricción
curiosa deducción: quizás el para la aceptación del impul-
impulso más característico de la so de muerte no es casual. Él
naturaleza humana no consiste creía que raramente —“o quizá
en nada más que en negar y nunca”, dice— alguno de los
rechazar siempre una parte de impulsos funciona de forma in-
nuestra propia naturaleza. Y dependiente, pues lo frecuente
eso es tan absurdo como pensar es que se amalgamen. Por tanto
que una moneda puede seguir la identificación total del amor
Entre dos impulsos
siendo una moneda si le falta y el sexo consentido con Eros,
Andrés García Londoño uno de sus lados. o de la guerra y la violación con
Podemos encontrar una Tanatos, resulta por completo

E
n nuestra interminable muestra de lo anterior en los inexacta si se piensa con detalle.
necesidad de simplificar que fueron quizá los más po- ¿Qué pasaría con un amor que
el mundo para que nos lémicos conceptos de Freud: la fuera solo Eros? Lo más proba-
perturbe lo menos posible, los pulsión de vida y la pulsión de ble es que al final los amantes
humanos hemos creado cons- muerte, impulsos asociados más morirían de hambre, pegados
tantemente dicotomías sobre tarde a los dioses griegos Eros como dos siameses, pues sin un
nuestra naturaleza, constru- y Tanatos. El primero nos lle- impulso que llevase a la disolu-
yendo sociedades sobre las va a proteger la vida y a cons- ción de lo unitario, que permi-
creencias que surgen de esa truir unidades cada vez mayores, tiera que la organicidad de esa
oposición. Pero esa aceptación y el otro a la desintegración, a pareja “muera” por momentos,
no es fija, ni en el tiempo ni en querer que la vida regrese a un los amantes no podrían separar-
el espacio. Una época negará estado inorgánico, a la quie- se luego del acto sexual, no se-
lo que la anterior exaltaba, una tud de la nada. Es decir, Tanatos rían capaces de disolver la unión
sociedad practicará lo que su se encarga de desintegrar esas y recuperar su identidad. Así,
vecina, en este relativamen- mismas unidades que Eros for- gracias a Tanatos pueden sepa-
te pequeño planeta llamado ma. Luego de que Freud ha- rarse temporalmente y gracias
Tierra, abominará. Y así, blara de ellos, la existencia del a Eros volverse a unir al termi-
oscilantes como un metróno- primero fue fácilmente acepta- nar el día. Pero un mundo sin
mo, pero mucho menos preci- da. Después de todo, Eros es un Tanatos no solo sería un mundo
sos, pasamos de la exaltación impulso que nos lleva a querer donde sería imposible tener más
del espíritu a la adoración del preservar la vida y nos conduce de una pareja sexual en la vida,
cuerpo, de las preocupaciones a unirnos en parejas y en comu- sino que también sería un mun-
por lo temporal a la obsesión nidades, así como a proteger- do sin heroísmo: si solo tuviéra-
con lo eterno, del idealismo nos. Más dificultades tuvo Freud mos un impulso que nos llevara
al pragmatismo, ad infinitum. para lograr que se aceptara la a preservar la vida, ¿qué fuer-
Aun así, existe una constante, y existencia del segundo. No en za sobre la Tierra sería capaz
es que solemos plantear tanto vano, en El malestar en la cultura de hacernos entrar en un edifi-
el ataque a la creencia opuesta (1930) dijo: “La aceptación del cio en llamas para rescatar a un
como la defensa de la creencia instinto de muerte o de destruc- niño en peligro? Porque, si bien
que sí aceptamos a partir de la ción ha despertado resistencia Eros puede impulsar al resca-
más maniquea de las divisiones: aun en círculos analíticos; sé que te de ese niño, es Tanatos el que
aquella entre “lo que está bien” muchos prefieren atribuir todo permite que se realice, pues ya

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desde antes de entrar al edificio los ataques a otras naciones en alguien muy modesto, o muy in-
una parte del héroe ha aceptado el amor a la propia nación? ¿Y seguro, pues ha dejado que Eros
—e incluso deseado inconscien- la represión sobre los opositores se lleve todos los créditos por las
temente— la posibilidad de su internos no se defiende a par- cosas agradables de la vida y ha
propia muerte. tir de representarlos como una asumido toda la responsabilidad
Y esto funciona también en amenaza para la unidad y la su- por las desagradables, dejan-
el sentido opuesto. En el sadis- pervivencia de la comunidad? do que los excesos del impul-
mo, dice Freud, hay una “amal- Incluso los excesos más grandes so de vida permanezcan tras un
gama particularmente sólida del nazismo tuvieron un com- velo, lo que resulta muy conve-
entre el impulso amoroso y el ponente erótico, lo que facili- niente para quienes prefieren
instinto de destrucción”, pues ta entender por qué tanta gente ver el mundo en blanco y negro,
allí el impulso de muerte “des- cayó bajo su influjo y se prestó olvidándose de todos los otros
vía a su manera y conveniencia a ser su cómplice, pues los nazis colores. En su discreción, bien
el fin erótico”. A ello podemos invocaron ante el pueblo alemán recuerda el impulso de muerte
añadir que, como Eros no bus- el amor a la patria para que sus al dios del que toma su nom-
ca sólo la unidad con los otros, horrendos crímenes contra las bre, pues en la mitología griega
sino también la propia unidad, poblaciones minoritarias fueran Tanatos es el dios de la muer-
las divisiones facilistas se com- aceptados como “cura necesaria” te no violenta, por enfermedad
plican cuando ambas exigencias para fortalecer a la nación. o vejez, y se parece a su her-
de unidad entran en conflicto. De hecho, si uno hace una mano gemelo Hipnos, dios del
Como dice Freud, el impulso de analogía y piensa en el aparato sueño, en que ambos se acercan
muerte es puesto con frecuencia psíquico —inconsciente, pre- lentamente y en silencio a los
al servicio de Eros para que un consciente y consciente— como hombres y mujeres, para luego
ser destruya “algo exterior, ani- un motor electromagnético, po- tocarlos suavemente, acaricián-
mado o inanimado, en lugar de dría considerar a Eros y Tanatos dolos, hasta que estos se duer-
destruirse a sí mismo”. Un caso como los imanes que mueven la men o mueren. Así, los dos hijos
paradigmático es el de los abu- dínamo del motor. Así, si nues- de la diosa Nix y el dios Erebos
sadores sexuales que fueron víc- tros pensamientos, emociones y (la Noche y la Oscuridad) nos
timas de abuso, a su vez, cuando acciones son el resultado final de seducen en lugar de forzarnos,
eran niños. Con sus crímenes ese aparato, los impulsos son la para que cerremos los ojos y en-
ellos recrean su propia expe- energía que permite encender- tremos momentáneamente al
riencia infantil, pero desde una lo y mantenerlo funcionando. lado oscuro de la existencia, sin
posición de control, lo que les Y como una dínamo no pue- el cual el exceso de luz de una
permite temporalmente recupe- de moverse con un solo imán, la permanente vigilia se volve-
rar esa noción de unidad interna carencia de Tanatos llevaría, pa- ría del todo insoportable y nos
que su traumática experiencia en radójicamente, a la inmovilidad arrastraría, de forma inevitable, a
la niñez rompió. Así que aun- y destrucción que ese mismo la locura.
que sus acciones sean el culmen impulso busca. Por otra parte,
de lo destructivo y criminal, sin él tendríamos mucha menos agarlon@hotmail.com
puede argumentarse que la de- fantasía y creatividad, pues no
manda de unidad personal de la tendríamos que sublimar nues- Notas
1
Todas las citas son tomadas de El
que surgen proviene, en última tro lado menos aceptado. Dado malestar en la cultura (Uruguay: Consejo
instancia, de Eros. Igualmente que, además de todo lo ante- de Formación en Educación, s.f., pp. 47
y 48. En línea: http://www.dfpd.edu.uy/
en las guerras resulta evidente rior, Tanatos también intervie- ifd/rocha/m_apoyo/2/sig_freud_el_males-
el impulso tanático, pero si uno ne en el amor y el sexo para que tar_cult.pdf ).
decide no quedarse en lo obvio, estos puedan vivirse de una for-
se vuelve forzoso admitir que ma que nos permita sobrevivir,
también está presente lo eróti- si este impulso fuera una perso-
co. ¿No se suelen justificar acaso na habría que catalogarla como

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DE ANTIOQUIA
natación, música, fútbol y artes sin ninguna mejora evolutiva
plásticas luego de la jornada es- sustancial, se debían ajustar a
colar; y las mismas carreras los la máquina inventada. Producir
sábados y los domingos con el más en el menor tiempo posi-
loable propósito de formar hijos ble está bien pensado para las
casi perfectos y exitosos. Padres máquinas, que si se estropean se
agobiados detrás de sus criatu- botan, pero tal concepto se tras-
ras sin zafarse de sus propias y ladó automáticamente a los in-
crecientes metas de trabajo asig- dividuos de músculos y huesos
nadas por asfixiantes jefes y em- inalterados desde hace muchos
presas. Y si queda un respiro, siglos. Frente a la impetuosidad
bienvenido sea el ocio, pero, se que puede imprimir un motor,
Desacelerar
advierte, creativo. El ocio puro los humanos son siempre unos
Luis Fernando Mejía ya no se acepta, tal como lo de- minusválidos.
fine en su diccionario María Los atletas más veloces, y

L
a quietud y el movimien- Moliner: “situación de la per- más entrenados y profesionales,
to son dos conceptos que sona que disfruta de su tiempo difícilmente recorren los cien
se necesitan. El uno se libre”, sin más. Ahora, en todos metros planos en once segun-
explica por el otro; son igual de los momentos hay que produ- dos y, a veces, uno que otro su-
relevantes. Sin embargo, esta cir, crear o, si no, se recibirá una pera este tiempo, pero a medida
es pura teoría ya vieja. En la buena carga de culpa, y florecerá que se aumenta la distancia a
práctica reciente, el movimien- otra alma en pena o aburrida. transitar la velocidad disminu-
to constante, la celeridad y la Los pies se quedan cortos ye significativamente, y cuando
competencia han esclavizado la para alcanzar los atareados reco- avanza la edad del deportista los
calma, el sosiego y se ha des- rridos. No se entiende que el bí- tiempos tienden a medirse en
prestigiado la inacción o la len- pedo humano no es una gacela, minutos y horas.
titud, sin importar que Esopo, ni un mico, ni un pájaro. Es un Pero los atletas de oficio son
en el 600 a.C., haya puesto a mamífero pesado sin alas que si- una inmensa minoría, el resto
ganar a la tortuga frente a la gue usando el mismo paracaídas de la humanidad dispone de dos
liebre en una larga prueba. de siempre cuando sueña con piernas que difícilmente se le-
Se hunde a fondo el acelera- volar, y que cuando se le ocurre vantan del piso y que terminan
dor del tiempo, con los más va- correr termina exhausto y suda- arrastrándose más temprano que
riados pretextos y burocráticos do, lo que no se presenta con los tarde. Por supuesto, quedan las
objetivos estratégicos, a costa animales rápidos. manos que, al usarlas para andar,
de incomodar brutalmente a los Se olvida que el ejemplar no generan nada distinto a un
seres humanos. humano, en su proceso de ges- gracioso y cansado gatear.
Ni los hombres ni las muje- tación, vivió nueve meses muy El bípedo humano no es,
res nacieron para correr, si acaso quieto y tranquilo en el vientre pues, veloz. Las máquinas con
para caminar. Pero resulta que de su madre y cuando nace no motor se pueden seguir desa-
ahora no alcanzan las razona- sale veloz para ninguna parte; rrollando para producir muchos
bles 24 horas del día para hacer por el contrario, hay que cargar- y mejores bienes y servicios,
todas las tareas y “vueltas” que se lo y ayudarlo por largo tiem- siempre y cuando no deformen
les imponen a las pobres perso- po hasta que se atreve a gatear o atrofien a la persona impo-
nas aunque no estén en edad de torpemente. niéndole su vertiginoso ritmo.
laborar. Parece que desde que se di- Cuando las máquinas aumenten
Niños envueltos o corriendo señó el motor, imprimiendo la producción de cosas tangibles
en la madrugada para la guarde- velocidad a todos los procesos e intangibles, que lo hagan sin
ría, adultos con infantes apre- productivos, se fue imponien- comprometer los ciclos natura-
surados para lograr clases de do la idea de que las personas, les de los seres humanos, ya sean

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trabajadores o consumidores. hasta Francia en busca de un
Una máquina, por sofisticada reencuentro. La excusa para lle-
que sea, no se puede impo- varse a su hermano mayor de
ner a la esencia de la conducta vuelta a Italia es organizar la he-
humana. rencia tras la muerte de su pa-
Sin pausa, el ser humano dre, quien por cierto ha viajado
queda sin posibilidades de pen- con Giovanni, o por lo menos lo
sar en su propia esencia, en su ha hecho lo que resta de él: una
singularidad; sin oportunidades urna con sus cenizas.
de salirse de la homogenización La novela gráfica será en-
del rebaño e imponerse un paso tonces una especie de roadcomic
conforme a su propio cuerpo, (si es que el término se puede
sentimientos y sueños. Con el usar), una historieta de carrete-
sosiego, el cuerpo aprenderá qué Un viaje del corazón ra en donde los dos hermanos,
lo hace saludable, los sentimien- Álvaro Vélez con la compañía de las cenizas
tos se clarificarán genuinamen- de su padre y un perro, que lue-
te aunque parezcan extraños y go recogerán en el camino, vivi-

L
los sueños se definirán como a historia comienza rán una suerte de situaciones en
alcanzables o utópicos, aunque con algo de oscuridad donde el misterio de la huida de
estos últimos sirvan solamente y misterio: unas viñetas Fabio, de la Italia de su infan-
para fantasear antes de lograr un iniciales que parecen el recuer- cia y adolescencia, se irá aclaran-
buen dormir. do de algo, de un algo vago, do. Las diferencias del hermano
La naturaleza entrega bue- olvidado; después nos vamos mayor con su padre, por su sim-
nos ejemplos de las bondades de directamente a un ring de boxeo patía con los camisas negras fas-
la quietud. Basta con ver un ár- en donde los pugilistas parecen cistas, la traición al sindicalismo
bol que logra su altura, sus frutos enfrentarse por minucias, como y la orientación de izquierda del
y su belleza sin moverse de un siempre parece que sucede en difunto padre, y los golpes que
punto. Basta observar el sosiego la mayoría de los combates de recibe Fabio de su progenitor,
de las reses en un potrero con- boxeo. Estamos en el inicio de cuando el hijo le cuenta sobre
centradas en comer, descansar y Come prima, una novela gráfica su decisión de formar parte de
dormir aunque estén presentes de Lionel Papagalli, quien usa el las filas del Duce, configurarán
los toros. Naturalmente, los pá- seudónimo de Alfred (dibujante parte del cuadro del pasado que
jaros merecen toda la admiración nacido en Francia en 1976), y apenas comienza a resolverse
por la rapidez y altura de su vue- desde esas primeras páginas ya para sus protagonistas.
lo maravilloso, pero no se olvi- muestra una contundencia, una El Simca 500, en el que van
de que, aunque no reconocen un cadencia y el buen manejo de la desde Francia hasta Italia, se
motor, están dotados de alas. narración y el dibujo en cómic. convertirá en el escenario de
Come prima (que tradu- muchos de sus desencuentros
luis.mejia@udea.edu.co ce “Como antes”, pero ha sido en la carretera, pero también el
editado en español con el título pequeño automóvil y su recorri-
original. Ediciones Salamandra, do servirán para que los lectores
Barcelona, 2014) es la histo- disfrutemos de los paisajes be-
ria de dos hermanos, Fabio y llamente dibujados por Alfred:
Giovanni, quienes empren- el paso de ciclistas por la ca-
den un viaje desde Francia has- rretera, la parada en la orilla de
ta Italia. Fabio, un boxeador un lago, el cruce del ferrocarril,
de medio pelo, dejó su hogar, la estadía y el paso por algunos
en Italia, desde adolescente, y pueblos, posadas y bares al lado
Giovanni ha decidido viajar de la zigzagueante carretera, los

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DE ANTIOQUIA
árboles, los campos cultivados, historia, en todos los sentidos,
las nubes, los colores de cada muy bien lograda, no en vano
ambiente y ruta por la que van Come prima fue premiada en
los hermanos aparecen a los ojos 2014 como la mejor obra en el
del lector como otro personaje. Festival Internacional de Cómic
Alfred también nos va contando de Angulema (Francia), que es
algo de ese pasado que distancia quizá el festival más importante
a los hermanos con las conver- de historietas en el mundo.
saciones entre ambos, en donde Fabio parece tener una úl-
vamos atando cabos, pero tam- tima oportunidad para recon-
bién con la irrupción cada tanto ciliarse con su pasado; quizá lo
de secuencias de viñetas que nos logre porque al llegar a Italia ya
muestran cuadros de ese pasado, es muy diferente al Fabio que
de la infancia de Giovanni, de la partió de Francia. En parte,
adolescencia, de la aparente re- de eso se trata el viaje, porque, Lenguas
beldía y de la huida de Fabio. como sabemos, no solo se trata
Cada uno de los herma- de cambiar de un sitio a otro. Paloma Pérez Sastre

L
nos tiene algo que callar, o in- Esa es la sensación que se tiene a pasada noche de brujas,
cluso que ocultar, pero poco a cuando se lee la última viñe- asomados a la ventana
poco todo nos será develado. ta y se cierra el libro de Come del segundo piso, ob-
Viajamos con Fabio y Giovanni prima: no solo ha sido un via- servábamos la llegada de un
por su pasado y, obviamente, por je de Francia a Italia, también animado grupo de jóvenes a
su presente. La relación, ha sido sobre todo un viaje del la fiesta de disfraces de la casa
que en un principio era muy ten- corazón. de al lado. Después de detallar
sa, terminará suavizándose con cada uno de los variados y co-
el correr de las horas, con la con- truchafrita@gmail.com loridos ropajes, advertimos que
versación entre dos hermanos los muchachos venían hablando
que, al fin y al cabo, se quieren en inglés. Comentábamos este
de verdad. La llegada nos depa- hecho con extrañeza, cuando
rará una última sorpresa, la posi- Alicia, mi nieta de tres años y
bilidad de Fabio de reconciliarse medio, explicó: “Disfrazaron
definitivamente con su pasado. la lengua”. La perplejidad es
En Come prima parece que la reacción que acompaña esas
su autor ha puesto toda la car- salidas geniales de los niños.
ne en el asador: un dibujo en- Encierran una sabiduría pro-
trañable, que hace del viaje de www.udea.edu.co/ veniente de una región pura y
carretera de los dos hermanos misteriosa; una verdad insólita e
un disfrute para el lector; unos
revistaudea iluminadora, ajena a la informa-
colores que aumentan las sen- ción y la experiencia.
saciones de los que estamos le- /revistaudea La Biblia le atribuye a la so-
yendo; una narración íntima, berbia del hombre el origen de
serena, pero también dinámi- las lenguas. Después del diluvio,
ca, fuerte y contundente que @revistaudea los hombres, convencidos del
muestra las profundas emocio- poder de la asociación, preten-
nes que embargan a sus perso- dían alcanzar el cielo constru-
najes, y un manejo del lenguaje yendo una torre. Entonces Dios
de la historieta que nos hace ver les confundió la lengua y tuvie-
y pensar el pasado y el presen- ron que abandonar el proyecto
te de Fabio y Giovanni. Es una y desperdigarse por el mundo.

10 Ir a contenido >>
Duro castigo, cándida solución el que se nos escapa el sentido.
(propia de los que creen poder Las palabras tienen una esta-
controlarlo todo), pues diver- ca incrustada en su puro cen-
sificar los idiomas no significó tro. Nada nos faltaba hasta que
la abolición del lenguaje mis- vinieron el significado y el sig-
mo, el don de la comunicación. nificante a dividirnos: la cosa
Eso habría equivalido a extirpar misma y su vestido, o su piel.
el alma, la misma esencia de la Pero también es verdad que de
especie. ese tajo surge la fuente de la me-
Encontré en un blog un mito táfora y la posibilidad misma de
banta, en el que coinciden el ori- intuir la metáfora. Disfrazar la
gen del lenguaje y el origen de lengua es vestir el espíritu de co-
los males. En un principio los lor, juego y poesía. Hablar una
humanos no necesitaban el len- lengua es investirse de su espí- Las revistas culturales
guaje porque eran transparentes ritu. Tengo una amiga alemana
y podían verse sus mutuos pas- que dice que cuando habla en Luis Fernando Afanador
hka (que significa alma y mente español es otra: abierta, espon-


A
a la vez). Bastaba mirarse para tánea, alegre, expresiva; muy ctualidad de las
compartir pensamientos, sen- distinta a la alemana que tiende revistas literarias en
timientos, gustos, necesidades. a la melancolía. Tal vez por eso Colombia”: así se
Esto dejaba por fuera la posi- eligió estudiar filología hispá- titulaba una mesa redonda en la
bilidad del secreto y, por tanto, nica en Madrid y trabajar en la que participé en noviembre de
excluida la desconfianza. Pero, DW Latinoamérica. 2014 en la Biblioteca Nacional,
como consecuencia de terribles Vestimos y desvestimos la en representación de la Revista
sucesos protagonizados por una existencia incluso cuando dor- Universidad de Antioquia. El
pareja de jóvenes,1 aparecieron mimos. Las lenguas nos dividen evento hacía parte de un home-
los chuub-baká, los cuatro pe- y nos incomunican, pero tam- naje a la revista Mito y contó
cados que originaron el dolor bién cantan, acarician, saborean, con la participación de los
humano: el odio, la crueldad, la sienten, humedecen, curan, mi- directores de El Malpensante,
traición y la venganza. Invadidos man e inventan. Y quizás sean Número, Arcadia y El Aleph. Por
por la desconfianza, el miedo y las lenguas de los poetas y las de razones que ya no importan,
el sufrimiento, los humanos no los niños las más llamadas a ali- esa noche hablamos más de
podían soportar la presencia de viar la herida original; quizás sea Mito, hablamos de otras cosas,
otro, y tuvieron que esconder- esa su paciente y necesaria mi- pero no tocamos el tema para el
se y desperdigarse por el mun- sión de todos los días: tejer vesti- cual habíamos sido convocados.
do. El dios se compadeció y les dos sublimes y nuevos. Esos que Alguien dirá, no sin razón, que
concedió la capacidad de ocultar no ocultan la desnudez del va- fue algo sintomático: no es muy
su pashka. Entonces, no siendo cío, sino que la visten para salir a claro el panorama de las revistas
ya transparentes, el dios creó el la calle. Quizás sea esta la única literarias hacia el futuro. De he-
lenguaje para que pudieran vol- manera de cumplir el sueño de cho, una de las allí presentes, la
ver a trabajar y vivir en comu- Babel de alcanzar el cielo. revista Número, cerró hace unos
nidad. Pero llegaron la mentira, años por razones económicas
la hipocresía, la impostura, la palomaperez@une.net.co y El Malpensante ha enviado
Profesora de la Universidad de
adulación. recientemente un SOS a la
Antioquia
Los mitos explican el ori- comunidad cultural. Arcadia, a
gen de aquello que hace posible pesar de pertenecer a un empo-
la diversidad de las lenguas; esa Notas rio de revistas, mes a mes debe
1
http://poetaquejugovideojue-
pérdida irreparable de un sig- gos.wordpress.com/2011/10/25/ ganarse su permanencia en una
no único y total, ese corte por elorigendellenguaje/ dura batalla comercial. No es el

Ir a contenido >> revista UNIVERSIDAD 11


DE ANTIOQUIA
jardín de rosas que la gente se Sin duda, la revista Mito es época, no hay que menospre-
imagina. El Aleph, como Puesto un referente de las revistas cul- ciar la influencia de “la inmensa
de combate, inacabables, inter- turales en Colombia. Es fá- minoría”. Con su tiraje de 2.000
mitentes y marginales, deben cil ver ahora cuál fue su aporte: ejemplares, pudo influir positi-
su sobrevivencia a la quijotesca dio a conocer lo más significa- vamente en la élite dirigente y
personalidad de sus directo- tivo del quehacer cultural en pudo haber contribuido a la caí-
res. La Revista Universidad de Colombia y el mundo, aunque da de la dictadura. Aunque eso
Antioquia, por su carácter ins- en esa época (1955-1962), el es historia y por lo tanto con-
titucional, tiene un presupuesto mundo se circunscribía a algu- jetura; lo que me interesa es ate-
asegurado mientras dure la nos países latinoamericanos y rrizar en el presente para mirar
educación pública, tan golpeada europeos. Sin embargo, más que el futuro de las revistas cultura-
en los últimos años y todavía su intención de ampliar el hori- les, conforme lo dijimos.
con más duros golpes por venir. zonte intelectual en un país pa- ¿Puede subsistir hoy en día
Porque me interesa el tema y rroquial, me parece que el gran en Colombia una revista que
porque hay ciertos asuntos que legado de Mito fue su interés pretenda ser crítica de la socie-
no hay que dejar entre el tinte- por pensar críticamente la so- dad? Aún más: ¿las hay? ¿Se
ro, quisiera dedicarle esta mi- ciedad colombiana. “Convertir necesitan las revistas impresas
núscula a lo que quise y no pude una tierra amorfa y pestilente en la era del internet? Esas son
decir en aquella ocasión. en una patria”, proclamaba su las preguntas que se me que-
fundador, Jorge Gaitán Durán. daron en el tintero y trataré de
Mito fue novedosa no tanto por responder sin la valiosa ayuda
traducir a Bataille, Sartre o el de los directores de las revistas
Marqués de Sade (la Revista mencionadas.
Universidad de Antioquia pu- Al tratar de responder la
blicó textos de André Breton y primera pregunta es inevita-
René Char, en 1944), sino por ble pensar en la revista Número,
esos desgarradores testimonios que alentó desde sus páginas
campesinos de la violencia y la —y desde sus foros— grandes
barbarie colombiana. debates nacionales. En mayor
Tendemos a idealizar el pa- o en menor medida, las revis-
sado. ¿Tuvo Mito en su mo- tas mencionadas han continua-
mento la resonancia que hoy do el legado de Mito de pensar
le atribuimos? La dictadura la realidad colombiana. No son
de Rojas cerró El Tiempo y El más light las revistas de ahora
Espectador pero no tuvo nece- o lo son en la medida en que la
sidad de cerrar la revista Mito sociedad se ha vuelto más light.
y mucho menos de incendiarla. Ya la cultura no tiene el presti-
El 2 de febrero murió Este hecho me recuerda el tex- gio que tenía antes y los medios
en Lausana, Suiza, to que leyó J. M. Coetzee en la masivos han logrado su come-
la novelista y ensayista Universidad Central de Bogotá tido de igualarla con el entre-
Helena Araújo, admirada a propósito de la censura. tenimiento. En ese proceso, la
amiga y colaboradora Palabras más, palabras menos: cultura, como actitud crítica, ha
de nuestra Revista. él no fue censurado durante el sido la gran damnificada. Pero
apartheid de Sudáfrica porque el no hay que ser apocalíptico o
régimen consideró su literatura integrado, nos enseñó Umberto
“muy intelectual” y por lo tanto Eco. También ha habido cosas
no consideró necesario hacerlo. positivas, hechos de resistencia:
Sin embargo, como proclamaba las revistas culturales, buscando
una emisora cultural de aquella —y conquistando— un público

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más amplio, utilizaron un len- impreso. Así lo ratifican no solo
guaje menos erudito, más perio- los lectores sino los anunciantes:
dístico, sin caer necesariamente se paga más por la publicidad
en la banalidad. E hicieron for- en el medio impreso. Se pide un
matos más ágiles y atractivos, artículo específico a una perso-
en los que el elemento visual na específica, se revisa, se paga.
dejó de ser secundario. Hay que Cualquiera escribe en la red, no
decirlo: el diseño de la revis- cualquiera escribe en una revista
ta Mito no solo era muy pobre impresa. ¿Pero cómo seguir fi-
sino una vil copia de la revista nanciando ese rigor? El modelo
de Sartre, Les Temps Modernes. económico del mecenazgo, de
No todo tiempo pasado fue Mito, ha sido el de la revista El
mejor. Detrás de Mito hay tam- Malpensante y, por más esfuer- Pequeño homenaje
bién el mito —tercermundista, zos que haya hecho, no ha con- al jabón
inevitablemente— del intelec- seguido cambiarlo. Los mecenas Eufrasio Guzmán Mesa
tual culto y pudiente que puede de Número se cansaron más rá-
viajar a la gran metrópoli pido que los de El Malpensante.

E
—París, en ese momento— El modelo comercial de Arcadia n esto de conversar con
y traer la cultura, traducirla. limita la extensión de los artícu- los amigos hay cosas
Ahora en Colombia ya no solo los y lo ata a la coyuntura, que que me ponen a pensar;
viaja la élite, también las cla- no es necesariamente un impe- en esta ocasión fue la alegría
ses medias y bajas, y hay cada dimento. El modelo institucio- de mi nuera mayor, Eulalia
vez más personas que leen en nal de la Revista Universidad de del Silencio, cuando recordó
otros idiomas. La novedad, el Antioquia —tan generosa en sus que es delicioso desprenderse,
esnobismo de tener primero el espacios y todavía tan hospitala- por agotamiento de la materia,
conocimiento, dejó de ser un ria del ensayo literario, la crítica de un jabón de mala calidad.
valor, así como perdió fuerza la de cine, el cuento, la poesía— Y pensé en el jabón con sus
noción de “metrópoli cultural”. tiene su talón de Aquiles en la historias y sus tareas, desde
Y en la era de Internet, procla- distribución. El panorama es el humilde y sedoso jabón de
mar el privilegio del acceso a la oscuro, prometedor y sobre todo tierra hasta los más sofisticados
información resulta ridículo. En impredecible, ¿pero qué activi- productos de la cosmética, el
ese nuevo contexto global, te- dad no lo es en los tiempos del arte de maquillar y ayudarse con
ner un criterio editorial —la in- capitalismo salvaje? todo, usando extractos de las
formación organizada—, como afanadorluis@outlook.com semillas más escasas y las frutas
lo tenía Mito, como lo tenían exóticas, las cremas animales
las viejas revistas, sigue vigen- y vegetales, savias, un arroyo
te y sigue siendo un elemen- de destilación selvática, lo más
to que marca la diferencia. Se extraño para algo tan cotidiano.
dice que Mito era Jorge Gaitán Para saber, en últimas, que un
Durán y por eso se acabó cuan- jaboncito en la cárcel, hoy por
do él murió. Las buenas revis- hoy, es un tesoro, y que nuestros
tas culturales siguen asociadas antepasados habitantes de estas
al carisma y a la personalidad tierras antes de Colón hace
de sus directores. Se leen en la cinco siglos ya lo sacaban de la
web pero derivan su prestigio fruta del árbol de chumbimbo.
del hecho de ser primero im- Y eso es cosa elegante; como
presas. Al igual que los libros y corresponde a los aportes de
los periódicos: en la era digi- América a la cultura universal,
tal todavía se le rinde culto a lo le dimos el tomate, el aguacate

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DE ANTIOQUIA
y el aceite de chumbimbo, y también el palillo mondadien- depositados con cuidado en
por si las moscas del hambre, tes. Son historias que se hunden cantidades de grasa, la trasfor-
le dimos papa. Entre otras en el comienzo de la especie. Su man en algo que ayuda a sacar
cosas, el jabón de chumbimbo origen, si lo comparamos con el la grasa indeseable y disolverla
es tan delicado como aquel que fuego, es tan lejano como la ce- con el agua, y protege así los te-
obtenía Cleopatra, la reina de niza y los huesos calcinados; se jidos delicados de la vida. El pri-
Egipto, de la leche de camellas lo vio nacer al jabón de los re- mer triunfo de la química se dio
o burras con la cual gustaba siduos más humildes, la grasa de manera azarosa. Me encan-
bañarse al modo de inmersión. que no disuelve en agua, el acei- ta la química y cómo nos mues-
Y en esto de sumergirse para el te emulsionado y revuelto con la tra que generalmente dos más
aseo, también las gentes de estas misma ceniza o la cal. Siempre el dos no son cuatro; por ejemplo,
tierras americanas les dieron a noble jabón nace de la reacción dos partes de oxígeno con una
los navegantes recién llegados química de una grasa con un ele- de carbón, y tenemos agua que
ejemplo diario de hacerlo por lo mento alcalino. Y no es grasa, no sirve para respirar, ni para
menos tres veces en el agua. No que la queremos lejos de nues- prender fogata, pero nos lava los
digo que el jabón es producto tro cuerpo, ni es dañino el jabón cuerpos y hasta la conciencia.
americano, es la higiene la sal para la piel como los productos
de la cultura humana. alcalinos. La soda cáustica y la tirtamo@hotmail.com
El jabón tiene su histo- cal disuelven casi todos los teji-
ria, igual que la aguja y el hilo y dos vivos, pero, paradójicamente,

Si “... todo en el mundo existe para desembocar a Cyril Connolly? ¿Cruce de caminos, bitácora,
en un libro”, según divaga Stéphane Mallarmé lavadero de pareceres, mesa de examen y de
en “El libro, instrumento espiritual”, ¿qué decir planchado, restirador y mesa de convivencia,
de una revista? The Tatler era un locutorio, Arca de Noé, antología en movimiento,
The Edinburgh Review, donde se expresaron vértigo de los cristales y de los espejos,
los románticos ingleses, ya se parecía más a bosque o selva? Si todo en el mundo existe
un salón hecho para cruzar conversaciones para desembocar en un libro, ¿qué decir de
misceláneas. “... menos que una religión y una revista?, ¿de una revista universitaria?
más que una secta”, caracterizó Octavio Paz a En una revista como la Revista Universidad
Sur... Pero ¿qué es una revista? ¿Una máquina de Antioquia se inventa “el virgen y vivaz y
de guerra, una máquina de captura o una bello presente”, para frasear a Mallarmé. Esa
máquina deseante (Deleuze)? ¿Es una fiesta o invención es prenda de su vuelo pasado y
una asamblea? ¿Un mirador y un observatorio, porvenir dentro y fuera de los claustros.
un síntoma multánime, un calendario, una
“botella oscura” o un “Horizonte”, para citar Adolfo Castañón

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DE ANTIOQUIA
en predios de
la quimera
Estanislao
Zuleta
80 años
1935-2015
Agradecimientos a
José Zuleta Ortiz, alejandro López y
Corporación Estanislao Zuleta
E
l timbre de una voz, los ademanes, el ritmo, la
respiración. Esos rasgos se concentran y se ofre-
Carlos
cen cuando alguien habla a otro. Si ese gesto
Vásquez
lleva además sabiduría puede decirse que se forma a
partir de ahí una personalidad, una persona entera y lo
que dice, lo que da, lo que comparte.
La palabra presente no se compara con nada. Ella
es presencia, acto, acontecimiento. Si el que habla es
además un lector, entrega otras voces, esas que duer-
men en los libros que ama. Con su voz les da impulso,
las pone en movimiento. Activa un pensamiento, unas
vivencias tan singulares que uno no termina de agrade-
cer a esa voz, rebosante de ecos.
Se trata de una voz que traza su pensamiento en el
aire. Deposita las palabras en esa misteriosa abertura,
para que se vayan y fluyan y viajen. Todo allí se vuel-
ve oídos. El silencio se llena de grietas y entonces las
palabras navegan, buscan, se incrustan en escuchas y
dejos. El misterio de las voces es uno de los regalos más
preciosos. Escuchar es una fiesta de almas.
Se comprende, no sin nostalgia, que haya seres que
al descubrir su inteligencia acústica renuncien casi a es-
cribir. Hablando realizan el encuentro con la verdad, su
verdad, la voz es lo más extraño, como la verdad irrum-
pe, salta sobre nosotros. Entonces entrega sin ninguna
restricción su intenso tesoro.

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Estanislao Zuleta

Seres así, Estanislao Zuleta es en y obras. Sin ser nunca arrogante esa luz
nuestro mundo un ejemplo cabal, son dejaba presentir a los más grandes. Los
conversadores, oidores, receptores, trans- pensadores y escritores, los pensamientos
misores. Creen que la cadena fraterna que y escrituras. Que llevados por una respira-
se forma con los sonidos puede llegar a ser ción austera y paciente, palpitaban entre los
indestructible. oyentes durante horas.
Pensando en él me inclino a creer que Uno iba luego a los libros. Se jun-
la voz es el signo de nuestra inmortalidad. taba con ellos en la paciencia infinita de
Una voz nunca se olvida. Envejecemos, nos las manos. Y uno viajaba solo. La voz de
aquietamos, pero lo que una vez escucha- Estanislao Zuleta no se interponía, ella era
mos de veras no se pierde nunca, es como la también paciente y retraída. Estaba allí no
caparazón de nuestro ser que nos aparta de para imponerse sino para acompañar, ofre-
la caducidad y la muerte. cía de pronto un matiz, abría una puerta
Estanislao Zuleta fue un conversador porque cada lectura viajaba sola. No creo
infatigable. Parecía no agotarse nunca, su que pensase en ser un maestro. Sabía que el
voz lo provocaba, el silencio era para él su valor de leer era el de descubrir la soledad y
casa. Entraba en el silencio que los otros le entrar en ella.
regalaban. Su paso no era allí victorioso o Creo que Estanislao Zuleta sabía que
envanecido. Firme más bien pero a la vez la soledad es la madre del espíritu. Cuando
vacilante. Sus reflexiones daban vueltas, se hablaba ante muchos estaba solo, el silencio
iban familiarizando con el silencio paciente. era el manto de esa soledad, ante los otros
Y empezaba a brotar, como una sustancia parecía no tener ya miedo. Ese miedo tre-
desnuda, la originalidad, el aporte, el salto mendo que da pensar, que es como entrar
de la certeza a la duda. dos veces en la soledad.
Lo que venía entonces era la sensación Como si nos dijera: estoy aquí, este es
de que no iba a terminar nunca. Uno se sen- mi lugar y estoy inmensamente separado
tía embrujado, ese silencio se podía tocar, las de ustedes. No sé quién soy, no les conozco.
palabras del silencio levitaban ante la mira- Presiento que hay un hilo, tendido entre us-
da. Esos sonidos parecían venir de muy lejos tedes y yo, ese hilo se extiende tenso sobre un
pero no se sentían fatigados. Eran entona- abismo. Doy mi primer paso ante ustedes, en
ciones frescas, su signo era la sencillez de la medio de este vacío, en lo más peligroso de
dificultad. Palabras justas para pensamien- él nos encontraremos. Ni ustedes ni yo sa-
tos abiertos, modulaciones riesgosas para bemos cuánto riesgo lleva consigo una vida.
ideas provisionales. Como si una pregunta, Encontrarse en la mitad, aplazar la
una sola, se extendiera como una nube pro- caída, maravillarse ante la voz que escucha
digiosa y diera a ver la luz que estaba al otro y la palabra que no dice nada. Conversar al
lado, nunca estrepitosa o cegadora. fin para aplazar, si no vencer, la estupidez
Una especie de luz de caverna. Nada de la muerte.
inclemente o quemante. Una luz benigna,
una media luz de conciencia. Esa luz que Carlos Vásquez (Colombia)
Poeta, ensayista, traductor y profesor universitario. Ha
permite dar unos pasos, y vagar y volver. publicado, entre otros, los libros de poesía Anónimos
Una luz enternecida y amorosa. En esa luz (1990), Agua tu sed (2001), Hilos de voz (2004), Aunque
se entraba y se hallaban allí frases y párrafos no te siga (2008), Días (2011) y Pequeña luz (2014).

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DE ANTIOQUIA
La voz

T
José omaba el libro con sus grandes ma-
Zuleta nos y buscaba parsimonioso la pá-
Ortiz gina. Su voz era clara, sin acentos
regionales, de un registro bajo sin llegar a ser
grave, un tanto solemne aunque salpicada de
vivacidad, como si los fogonazos de alegría que
le producía la lectura y las secretas emociones
consecuentes le dieran ese entusiasmo conta-
gioso, en ocasiones festivo. Su dicción precisa
respetaba la música de las palabras, lo que daba
pulcritud fónica a sus oraciones. Al escucharlo
sentíamos tranquilidad, había algo armónico y
cierto en su voz. Sus palabras parecían buscar que
nos conmoviéramos como él, seducían, invitaban
a la comprensión y al gozo del texto que nos leía.
Sabía que la literatura es música, y elegía muy bien
lo que nos ofrecía. Sin atropellar el texto, su voz se
dejaba ir por los ritmos y las pausas, alargaba un poco
los silencios, respiraba, contenía su entusiasmo para
que la lectura no se contaminara, y así construía una
1967: Con Yolanda González y José Zuleta, experiencia grata, casi siempre inolvidable.
por la Séptima en Bogotá.

20
Estanislao Zuleta

En la cordialidad o en la discordia, su sentíamos que una bondad repentina se apo-


voz era la herramienta para mantener los deraba de él, y todo su rostro se hacía mejor.
hilos tensos, para dar a sus palabras el re- En ocasiones, mientras leía o conversa-
gistro de mayor eficacia y pertinencia. Tal ba, se conmovía y la luz habitual de sus ojos
vez la naturalidad, la espontánea forma de se encendía, visitada por un repentino brillo
sus énfasis y el brillo de su entusiasmo al líquido que disimulaba retirándose un mo-
querer hacer de otros sus pasiones, creaban mento o simplemente bajando la persiana
los colores, la música de su voz. entreabierta de sus párpados.
A veces también cantaba, lo hacía en Nos contaba lo que había visto en un
el prolongadísimo baño matinal; cantaba viaje lejano a Europa. Mientras recordaba
fragmentos de canciones, trocaba sus letras, sus ojos parecían retraerse y buscar cosas,
interrumpía la canción y la recuperaba se- detalles de algo visto para contárnoslo. Se
gún su capricho o su jabonosa circunstan- quedaba por largos momentos abstraído,
cia; entre los sonidos del agua y el ajetreo levantaba un poco la cabeza, los ojos apun-
y los jadeos del baño escuchábamos: En la tando hacia un distante horizonte, hasta
doliente sombra de mi cuarto al esperar/ sus que algo lograba satisfacerlo, como si hu-
pasos que quizás no volverán, (Silencio) / a biese atrapado un recuerdo perdido, y en-
veces me parece que ella detiene su andar / sin tonces regresaba y seguía narrando.
atreverse luego a entrar…
Otras veces, en lo más alto de la fiesta, Las manos
abrazado a sus amigos, cantaba. Nosotros Blancas, pulcras, teñidas suavemente por
despertábamos y reconocíamos su voz entre el rojo de la sangre. Cuando daba la mano
un coro de voces desconocidas; entonces sa- lo hacía con firmeza, de manera completa
líamos sigilosos de nuestras camas para es- y afectuosa. Recuerdo que tenía el vicio de
piar aquella alegría inaudita; veíamos a otro enrollar papelitos y hacer bolitas de papel.
padre: uno alborozado que poseído por una Lo hacía sin darse cuenta, mientras pensaba:
extraña felicidad cantaba con una voz más tomaba el papelito entre su índice derecho y
poderosa de lo habitual: Y alegre, también su su pulgar y de manera lenta iba armando la
yegua va, al presentir, que su cantar, es todo un bolita con las yemas de sus dedos, al final las
himno de alegría, y en eso le sorprende la luz lanzaba de un papirotazo hacia la papelera
del día, y llegan al mercado de la ciudad... o hacia cualquier parte. Era una manera de
Una vez lo oí cantar mientras veía llo- ayudarse a pensar, de redondear las ideas.
ver, parecía celebrar la lluvia. No alcancé a En cada uña tenía una medialuna, lo
saber qué cantaba, era un murmullo inaudi- que las hacía ver un poco decoradas; cuando
ble, algo que cantaba para sí, para su íntima, le preguntamos por qué las tenía nos dijo:
momentánea felicidad. “es por mis ancestros insomnes: son la hue-
lla de sus noches en vela a la luz de la luna”.
Los ojos Luego de estas ocurrencias reía para anun-
Eran grandes sus ojos, de un tono marrón ciarnos que era una invención suya; en esas
claro, la luz parecía venir de adentro de ellos. ocasiones se le sentía sereno, confortado: se
Los párpados adormilados les conferían volvían infantiles sus modos, su manera de
cierto aspecto de ensoñación, de ingenuidad sorprenderse con su propia ocurrencia.
tímida. Cuando miraba había curiosidad, Cuando conversaba gesticulaba con las
bondad y algo de rigor, de firme serenidad. manos como dirigiendo la orquesta de sus
Podía reír con ellos a pesar de las gafas que palabras. Las movía hacia afuera, las des-
los enmarcaban y que los hacían parecer plegaba si lo que decía abarcaba muchos
aún más grandes. Cuando se las quitaba ámbitos o las contraía cuando trataba de

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DE ANTIOQUIA
Estanislao Zuleta

ser preciso. En las enumeraciones abría sus ocasiones alardeaba demostrando su vaste-
dedos y luego los replegaba uno a uno hasta dad. Cuentan sus amigos que desde la ado-
completar la cuenta. Sus ademanes le ayu- lescencia se reunían en el Centro Literario
daban a hacer comprensible lo que decía, de Porfirio Barba Jacob a recitar poemas, y que
tal modo que las manos parecían bailar la en esas tenidas ocurrían “desafíos” en los
música de sus pensamientos. cuales decían poemas y textos de memo-
Se dejó la barba después de los treinta ria; era una especie de duelo en el que casi
años. Al comienzo era despoblada y oscura, siempre Estanislao salía vencedor. Mucho
como la de un muchacho que quiere pare- más tarde en sus clases los alumnos se que-
cerse al Che. En su caso se la dejó porque daban perplejos al observar cómo citaba y
quería ser tomado en serio. Con los años, refería los textos que complementaban su
tal vez de tanto acariciarla mientras leía, se exposición sin recurrir a los libros: sacán-
fue poblando, su semblante se hizo serio, dolos de la gran despensa de su memoria.
después se salpicó de canas que no tenía En una época de nuestra infancia qui-
su cabello. Su rostro se alargó y se disfrazó so que conociéramos a los poetas franceses
de sabiduría. Cuando iba a “motilarse” se la que a él le gustaban, entonces se aprendía
hacía arreglar muy rala y al llegar a casa nos el poema en francés y nos lo decía para que
sorprendía que regresara mucho más joven oyéramos su música, luego lo traducía y nos
de lo que se había marchado. invitaba a que lo aprendiéramos; entonces
Ahora, al recordar sus manos me pre- proponía un juego: él decía el primer ver-
gunto: ¿cuántas páginas habrá pasado su so del poema que había traducido: Dolor
índice derecho? mío ten calma y tu angustia serena / noso-
El acto de encender un cigarrillo era tros continuábamos: ¿No ansiabas ver la
ejecutado por etapas: abría la cajetilla y, sin tarde?, mírala ya desciende / él seguía: Una
mirar, tanteaba el pequeño cilindro; lo to- atmósfera oscura por la ciudad se extien de/
maba y se quedaba pensando muy lejos de nosotros: trayendo a unos espíritus la paz a
allí; al regresar de su ensoñación, ya en este otros la pena / él: mientras la muchedumbre
mundo, martillaba tres veces el filtro sobre que el placer enajena y azota cual verdugo sin
la mesa o el libro o lo que fuera, luego po- compasión / pretende cazar remordimientos
saba el cigarrillo sobre sus labios, y parecía cuando el festín se enciende/ nosotros: Ven
irse otra vez por las nubes, luego buscaba el dolor por aquí, dame tu mano buena y huya-
encendedor, lo accionaba, miraba la llama mos lejos / mira cómo los muertos años huyen
y la acercaba; aspiraba con toda la fuerza con viejos trajes por el balcón celeste / él: cómo
de sus pulmones, el humo aparecía mucho brotan del mar los desengaños / cómo el sol bajo
tiempo después, en varias lentas expiracio- un arco se muere en lontananza / nosotros:
nes azules; daba la impresión de que aque- y cual un gran sudario que viene desde el este
llo era algo paralelo a una búsqueda de su / oye amor oye cómo la dulce noche avanza
intelecto, actos que completaban la acción (“Recogimiento” de Charles Baudelaire, tra-
invisible de su imaginación y nos permitían ducción de Estanislao Zuleta).
rastrear el ritmo de sus ideas. Un día le pregunté por qué tanta me-
Al recordar sus manos me pregunto: moria; entonces me dijo: “Porque soy lento,
¿cuántas veces también tuvo entre su pul- a más velocidad menos memoria”, sonrió y
gar derecho, el índice y el corazón la copa? luego de una pausa continuó: “Eso es solo
Y sí: esa mano que le dio de beber, cuántos parte del asunto, la verdad es que la memo-
placeres, y cuánto dolor nos dio su mano. ria no es un don; es una manera de relacio-
narse con lo que a uno le interesa: es la in-
La memoria tensidad con la que se conecta lo que se vive
Era inmensa la despensa de su memo- con lo que se piensa, con lo que se siente,
ria. La ejercitaba, jugaba con ella y en con lo que se quiere, con lo que se sabe, con

22 Ir a contenido >>
Estanislao Zuleta

lo que se lee y con lo que se desea hacer. Así no tiene razón de ser. Entonces me voy para
es difícil olvidar”. que no me maten por decir lo que pienso.
Y sabes qué pienso…”, allí volvió a hacer
Tres recuerdos una pausa y mientras expiraba el humo de
I su cigarrillo dijo: “Que los derechos hu-
Estábamos en la casa, escuché que habla- manos más importantes son los que menos
ba en voz baja como si se secreteara con practicamos: el derecho a ser escuchado, el
alguien. Me acerqué curioso, pues sabía derecho a cambiar, pero el mayor, el más
que estábamos solos, o al menos eso creía; importante de los derechos humanos, es el
lo sorprendí hablándole a los libros para- derecho a ser diferente”.
do frente a un anaquel de la biblioteca. Le
pregunté, desconcertado, que qué hacía. Él III
respondió: “le estoy dando una gran noticia Un año antes de su muerte estuvo un par
a Baudelaire”, “¿Qué noticia?”, pregunté. de meses en mi casa; había regresado a Cali
“Que la traducción de la obra de Poe que luego de su refugio y aún no tenía en don-
ha hecho Cortázar al español es magnífi- de vivir. Cuando encontró un apartamento
ca; ya sabes, fue Baudelaire quien tradujo a cerca de la universidad, me anunció que se
Poe al francés. He puesto la traducción de iba y nos fuimos a tomar unas cervezas. Al
Cortázar al lado de los libros de Baudelaire regreso, en el asiento trasero del taxi, dijo:
y de Poe para que sean amigos”. “no sé cómo darte las gracias por soportar-
me todos estos días en tu casa, solo voy a
II decirte un poema de alguien que aprecio
Era sensible y por sensible frágil, con fre- mucho y que espero exprese lo que siento y
cuencia se ensombrecía ante lo que sentía lo que te quiero decir”. Entonces se acercó
era: “la catástrofe ética y estética del mundo como para decirme un secreto y de su voz
moderno”. Recuerdo que una vez le escuché encendida escuché: Cuando cuento las horas
decir muy afectado: “para quien no sea cíni- que el reloj enumera / Y veo el bravo día caer en
co cada vez será más difícil vivir”. noche ingrata; / Cuando veo la violeta perder
Un día llamó por teléfono y me pidió la primavera / Y rizos de azabache blanqueados
que fuera a visitarlo, lo encontré triste, “ca- de plata / Cuando pierden los árboles las hojas
riacontecido” como decía él. Me llevó a su amarillas / Que del calor guardaron al rebaño
alcoba y en un tono clandestino dijo: “me en su ruta / Y el verdor del verano ya anudado
han amenazado”, se quedó unos instantes en gavillas, / Es llevado en su féretro con blanca
suspendido en ese silencio que le ayudaba a barba hirsuta; / Por tu belleza entonces me in-
ordenar las palabras antes de pronunciarlas; terrogo y me digo / Que en las ruinas del tiempo
luego continuó: “siempre pensé que podrían también tú te irás yendo; / Que dulzura y belle-
amenazarme; he defendido los derechos za han de marchar contigo / Y morir a medida
humanos, he sido un hombre de ideas y he que otros vayan creciendo; / Que nadie contra
vivido con ellas y a pesar de ellas, defendién- el tiempo puede impedir tu olvido / Salvo un
dolas; a los que somos así en este país nos hijo que luche cuando tú te hayas ido (Soneto
amenazan y nos matan”. En ese momento el Número 12 de Shakespeare).
humo del cigarrillo lo envolvió y por un ins-
tante su rostro se esfumó, luego, y al tiempo José Zuleta Ortiz (Colombia)
que retomaba el hilo, disipada la nube azul, Ha publicado, entre otros, los siguientes libros: Las alas
continuó: “Pensé que era una amenaza de del súbdito (2002, Premio Nacional de Poesía), La línea de
menta (2005), La sonrisa trocada (2008), Las manos de la
las que han recibido tantos defensores de
noche (2009), Todos somos amigos de lo ajeno (2010, Premio
derechos, pero no: la amenaza proviene de Nacional Ministerio de Cultura, cuentos), Esperando tus
milicianos del ELN porque en una confe- ojos (2011), La mirada del huésped (2013) y La espiral del
rencia afirmé que la guerrilla es anacrónica y alambique (2014). Vive en Cali desde 1969.

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DE ANTIOQUIA
1.
P
ienso que lo más urgente cuando 2. Es verdad que, para ello, la supera-
se trata de combatir la guerra es ción de las “contradicciones antinómicas”
Estanislao
no hacerse ilusiones sobre el ca- entre las clases y de las relaciones de domi-
Zuleta
rácter y la posibilidad de ese combate. Sobre nación entre las naciones, es un paso muy
todo, no oponerle a la guerra, como han importante. Pero no es suficiente y es muy
hecho hasta entonces todas las tendencias peligroso creer que es suficiente. Porque en-
pacifistas, un reino del amor y la abundan- tonces se tratará inevitablemente de reducir
cia, de la igualdad y la homogeneidad, una todas las diferencias, las oposiciones y las
entropía social. En realidad, la idealización confrontaciones a una sola diferencia, una
del conjunto social, a nombre de Dios, de la sola oposición y una sola confrontación;
razón o de cualquier cosa, conduce siempre es tratar de negar los conflictos internos
al terror y, como decía Dostoievski, su fór- y reducirlos a un conflicto externo; con el
mula completa es “Liberté, egalité, fraterni- enemigo, con el otro absoluto: la otra clase,
té... de la mort”. Para combatir la guerra con la otra religión, la otra nación; pero este es
una posibilidad remota pero real de éxito, el mecanismo más íntimo de la guerra y el
es necesario comenzar por reconocer que más eficaz, puesto que es el que genera la
el conflicto y la hostilidad son fenómenos felicidad de la guerra.
tan constitutivos del vínculo social, como 3. Los diversos tipos de pacifismo ha-
la interdependencia misma, y que la noción blan abundantemente de los dolores, las
de una sociedad armónica es una contra- desgracias y las tragedias de la guerra —y
dicción en los términos. La erradicación de eso está muy bien, aunque nadie lo igno-
los conflictos y su disolución en una cáli- ra—; pero suelen callar sobre ese otro as-
da convivencia no es una meta alcanzable, pecto tan inconfesable y tan decisivo, que
ni deseable; ni en la vida personal —en el es la felicidad de la guerra. Porque si se
amor y la amistad—, ni en la vida colectiva. quiere evitarle al hombre el destino de la
Es preciso, por el contrario, construir un es- guerra hay que empezar por confesar, se-
pacio social y legal en el cual los conflictos rena y severamente, la verdad: la guerra es
puedan manifestarse y desarrollarse, sin que fiesta. Fiesta de la comunidad al fin unida
la oposición al otro conduzca a la supresión con el más entrañable de los vínculos, del
del otro, matándolo, reduciéndolo a la im- individuo al fin disuelto en ella y liberado
potencia o silenciándolo. de su soledad, de su particularidad y de sus

24 Ir a contenido >>
Estanislao Zuleta

intereses; capaz de darlo todo,


hasta su vida. Fiesta de poderse
aprobar sin sombras y sin dudas frente
al perverso enemigo, de creer tontamente
tener la razón y de creer más tontamente
aún que podemos dar testimonio de la ver- mostrándoles,
dad con nuestra sangre. Si esto no se tiene como decía Hegel,
en cuenta, la mayor parte de las guerras la figura del amo absoluto: la
parecen extravagantemente irracionales, muerte. Los ponen a elegir entre
porque todo el mundo conoce de antemano solidaridad y derrota. Es triste, sin duda,
la desproporción existente entre el valor de la muerte de los muchachos argentinos y el
lo que se persigue y el valor de lo que se dolor de sus deudos y la de los muchachos
está dispuesto a sacrificar. Cuando Hamlet ingleses y el de los suyos; pero es tal vez
se reprocha su indecisión en una empre- más triste ver la alegría momentánea del
sa aparentemente clara como la que tenía pueblo argentino unido detrás de Galtieri
ante sí, comenta: “Mientras para vergüenza y la del pueblo inglés unido detrás de
mía, veo la destrucción inmediata de vein- Margaret Thatcher.
te mil hombres que, por un capricho, por 5. Si alguien me objetara que el reco-
una estéril gloria van al sepulcro como a sus nocimiento previo de los conflictos y las
lechos, combatiendo por una causa que la diferencias, de su inevitabilidad y su conve-
multitud es incapaz de comprender, por un niencia, arriesgaría a paralizar en nosotros la
terreno que no es suficiente sepultura para decisión y el entusiasmo en la lucha por una
tantos cadáveres”. ¿Quién ignora que este sociedad más justa, organizada y racional, yo
es frecuentemente el caso? Hay que decir le replicaría que para mí una sociedad mejor
que las grandes palabras solemnes: el honor, es una sociedad capaz de tener mejores con-
la patria, los principios, sirven casi siempre flictos. De reconocerlos y de contenerlos.
para racionalizar el deseo de entregarse a De vivir, no a pesar de ellos, sino productiva
esa borrachera colectiva. e inteligentemente en ellos. Que solo un
4. Los gobiernos saben esto, y, para pueblo escéptico sobre la fiesta de la guerra,
negar la disensión y las dificultades in- maduro para el conflicto, es un pueblo ma-
ternas, imponen a sus súbditos la unidad, duro para la paz.

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DE ANTIOQUIA
Estanislao
Zuleta

Conferencia dictada en Cali en 1976


Transcripción: David Morales y Víctor Peña

L
a tragedia de Otelo, el moro de
Venecia, fue publicada en una
edición in quarto, en el año 1622,
después de la muerte de Shakespeare. La
nota preliminar, de autor desconocido,
nos dice tan solo que la pieza había sido
representada en varias ocasiones, por los
actores de Su Majestad, en los teatros
Globe y Blackfriar; ni en ella ni en otra
fuente se dice cuándo se estrenó. Malon,
testigo fidedigno, tenía en mano los docu-
mentos en que se leen las fechas de fiestas y
funciones teatrales en la corte. Estos papeles
ya no existen, pero no hay motivo para dudar de
su autenticidad, porque los datos sacados de ellos
no están en contradicción con otros hechos histó-
ricamente confirmados. Según ellos, el “Otelo” habría
sido representado en Whitehall, en el año 1604, y nada
hay que sugiera suponer que haya sido escrito después de ese
año, o mucho antes de él.

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Estanislao Zuleta

La fuente de Shakespeare es una narración de Giraldo Cinthio, en la


colección Heatommiti, impresa primero en 1565 en Sicilia, luego reimpresa
en Venecia. Existe una versión francesa de ella, de 1584; no hay vestigios de
otra al inglés. El único nombre mencionado en el cuento es Desdémona; en
lo demás, se habla del moro que, como la novela misma, lleva el nombre de
Moro de Venecia, del alférez y del capitán.

No se encuentra en aquella narración la primera parte del argumento


shakespeareano, el secuestro. Desdémona es lisa y llanamente la esposa del
moro con quien, es cierto, se casó contra la voluntad de sus padres, y alguna
vez, casados ya los dos, el moro tiene que emprender un viaje a Chipre, a
donde la mujer lo acompaña. El alférez se enamora de Desdémona y cree
que ella, a su vez, ama al capitán. Sin que mediase intriga alguna —puesto
que la novela no conoce ni a Rodrigo ni a Brabancio—, el capitán es des-
pedido por el moro por haber herido a un soldado. La esposa se esfuerza
por reconciliarlos; y el alférez se aprovecha de la situación para suscitar la
desconfianza del moro y luego, con ayuda de su hijita, demostrar la infide-
lidad de Desdémona, mediante la prueba del pañuelo. El alférez se encarga
de dar muerte al capitán en determinado momento, cuando este salga de
casa de una mujer de la vida. Luego el moro y el alférez proceden a ahogar
a Desdémona con una bolsa llena de arena; logrado esto, procuran que se
derrumbe el techo de la habitación, de modo que no se les descubre como
asesinos. Más tarde, no importa cuándo, se enemistan los dos por motivos
no del todo ajenos a la nostalgia con que el moro se acuerda de la desapare-
cida. El alférez denuncia al moro sin descubrirse a sí mismo; arrestan, y sólo
torturan al moro que, constante, no confiesa. Así es como lo condenan a
destierro vitalicio; pero los parientes de Desdémona lo asesinan. Más tarde
aún, y a causa de otro asunto distinto, se le apresa al alférez, que muere en el
tormento. Sólo entonces su esposa revela todo lo sucedido. “Así vengó Dios
la inocencia de Desdémona”.

Lo señalado por ese cuento es, pues, que dos cómplices perpetran un
asesinato, con tanta habilidad que nadie piensa en un asesinato sino en un
accidente; sin embargo, ambos encuentran el merecido castigo; uno porque
se han enemistado; el otro por continuar cometiendo crímenes. Es, pues,
un argumento típicamente de novela corta, en que casi nada importan los
caracteres de los personajes y muy poco sus relaciones mutuas, mientras lo
que interesa es la serie de sus aventuras.1

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DE ANTIOQUIA
Estanislao Zuleta

De la vida de Shakespeare no se sabe casi lenguaje, del inconsciente, del mecanismo íntimo
nada; en el mejor de los casos, son conjeturas de tantas vidas, queda sin respuesta ante la pre-
que poco ayudan a la comprensión de su vida. gunta de quién era él.
Es un fenómeno curioso que se haya discutido Los datos que se conocen son particularmen-
durante tanto tiempo sobre la personalidad de te insuficientes: partida de nacimiento, partida de
Shakespeare. Muchos autores se han negado a defunción, y lo demás es netamente comercial:
ver en el personaje que la historia nos presenta negocios, compras, ventas; es decir, son datos
a Shakespeare como el verdadero autor de di- casi nulos: problemas de una herencia, un ma-
chas obras, sino que han buscado a otros, han trimonio, un hijo que probablemente se llamaba
acreditado diversas leyendas buscando a un tal Hamnet, que murió por la época de Hamlet —es
William Shakespeare. Freud no creía en el autor el único dato que relaciona un personaje con su
de dichas obras. Son lacónicos los informes sobre vida—.
su vida; dan más bien la impresión de que se tra- Entremos, pues, a exponerlo por sus obras
ta de un desplazamiento de la vida histórica de y empecemos por Otelo. Los personajes de
Shakespeare a una inquietud muy diferente, y es Shakespeare han entrado en la historia, y esto no
la inquietud que presenta la pregunta: ¿Quién es nos extraña por la frecuencia con que nos topa-
Shakespeare? ¿En qué rasgo de carácter, en qué mos con ellos. Es decir, han entrado en la historia
tipología lo podemos ubicar? y hacen parte de la vida real.
No hay que preocuparse por cómo se lla- Sobre el estilo de Shakespeare se podría de-
maba, ni qué biografía le podemos adjudicar, cir que es un estilo extraordinariamente eficaz:
sino quién es, en el sentido de a qué personaje ya sea para construir un charlatán, un personaje
de sus obras corresponde. Si nos preguntamos a la vez lacónico, de pocas palabras, sentencio-
eso con relación a otras obras es distinto: si nos so y justo como Polonio, o un loco o una dama
preguntamos quién es Tolstoi podemos ha- enamorada, o un rabioso o un resentido, es muy
blar de alguien reconocible dentro de su misma eficaz. Podría decirse que con su estilo pasa lo
obra; o si hablamos de Dostoievski, podemos mismo que con su vida: es un misterio. De sus
encontrar a alguien parecido a Raskolnikov o a poemas, se dice que por sí solos lo hubieran he-
Iván Karamazov. Pero si nos preguntamos por cho pasar a la historia como a uno de los más
Shakespeare no tenemos nada que decir, todos grandes poetas de la humanidad. Desde el punto
sus personajes están presentados desde adentro de vista de su posición en la historia de la lite-
y desde afuera, todos hablan un lenguaje según ratura, igualmente hay muy poco que decir, solo
su problemática. Entonces, no podríamos distin- puede decirse que cuando alguien va a elogiar a
guir a Shakespeare por sus personajes. ¿A quién un escritor suele decir que lo encuentra cercano a
se parece?: ¿A Yago? ¿A Otelo? ¿A Hamlet? ¿A Shakespeare. Por ejemplo, es el elogio que Freud
Ricardo III? Entonces, la pregunta ¿de dónde hace a Dostoievski.
surge el drama en William Shakespeare? se que- Sobre la relación de Shakespeare con la épo-
da sin respuesta de manera muy inquietante; y esa ca, se puede consultar un estudio que se llama
inquietud se ha desplazado en búsquedas históri- Shakespeare, nuestro contemporáneo. La primera
cas sobre quién o quiénes escribieron esos libros. escena de Otelo nos presenta inicialmente dos
Naturalmente, ningún encuentro histórico res- resentidos: Rodrigo y Yago. Ambos se sienten
pondería a la inquietud que allí está desplazada heridos y desbancados por Otelo y exponen aquí
por la investigación biográfica, porque el misterio su resentimiento; Rodrigo porque Otelo se casa
quedaría intacto, cualquiera que fuera la respuesta con la mujer que él ama, Yago porque Otelo le
histórica o un descubrimiento que nos mostrara niega el puesto a que aspira. Sus intenciones
su vida. El verdadero asunto es la inquietud que son desde el comienzo explícitas y directamente
deja la obra sobre el autor como drama humano. tercas, y lo primero que aparece en escena es el
El hombre que se logra apersonar de la vida, del drama del resentimiento:

28 Ir a contenido >>
Estanislao Zuleta

Yago. ¡Oh! Estad tranquilo, señor. Le sirvo Kafka decía de un personaje de El castillo:
para tomar sobre él mi desquite. No todos “Hay que reconocer que es extraordinariamente
podemos ser amos, ni todos los amos es- hábil, eso precisamente forma parte de su tonte-
tar fielmente servidos. Encontraréis más de ría” [cita de memoria]. Algo así ocurre con Yago,
uno de esos bribones, obediente y de rodillas hay que reconocer que es un tipo extraordinaria-
flexibles, que, prendado de su obsequiosa es- mente hábil, no que sea capaz de poner en cues-
clavitud, emplea su tiempo muy a la manera tión las metas que busca ni tampoco encontrarles
del burro de su amo, por el forraje no más, y fundamento, pero sí, a partir de ello, encontrar
cuando envejece queda cesante. ¡Azotadme a todo lo favorable y desfavorable. Es una meta que
esos honrados lacayos! Hay otros que, obser- no será puesta en cuestión nunca.
vando escrupulosamente las formas y visajes En la primera escena se presenta otra figura
de la obediencia y ataviando la fisonomía del que será muy importante para la interpretación
respeto, guardan sus corazones a su servicio, del drama: Brabancio, el padre de Desdémona.
no dan a sus señores sino la apariencia de su Los elementos con que contamos en esta prime-
celo, los utilizan para sus negocios, y cuando ra escena son los siguientes: en primer lugar, la
han forrado sus vestidos, se rinden homena- interpretación del matrimonio de Desdémona
je a sí propios. Estos camaradas tienen cierta como una infidelidad a Brabancio, al padre, lo
inteligencia, y a semejante categoría confieso cual Yago descubre, y dice:
pertenecer. Porque, señor, tan verdad como
Yago. ¡Voto a Dios, señor! ¡Os han robado!
sois Rodrigo, que, a ser yo el moro, no quisiera
Por pudor, poneos vuestro vestido. Vuestro
ser Yago. Al servirlo, soy yo quien me sirvo. El
corazón está roto. Habéis perdido la mitad
cielo me es testigo; no tengo al moro ni respe-
del alma. En el momento en que hablo, en
to ni obediencia; pero se lo aparento así para
este instante, ahora mismo, un viejo morueco
llegar a mis fines particulares. Porque cuando
negro está topetando a vuestra oveja blanca.
mis actos exteriores dejan percibir las inclina-
¡Levantaos, levantaos!… ¡Despertad al son de
ciones nativas y la verdadera figura de mi co-
la campana a todos los ciudadanos que ron-
razón bajo sus demostraciones de deferencia,
can; o si no, el diablo va a hacer de vos un
poco tiempo transcurrirá sin que lleve mi co-
abuelo! ¡Alzad, os digo! (pp. 1466-1467)
razón sobre mi manga, para darlo a picotear a
las cornejas. ¡No soy lo que parezco! (p. 1466)2 El diablo es la primera interpretación de la
negritud de Otelo. Toda la primera escena va a
Yago expresa directamente la condición de acentuar esa interpretación, y nos va a dar otros
resentido y, de paso, algunas de sus características: rasgos de Otelo. Esos rasgos son fuertemente
la cierta inteligencia habilidosa, una gran capaci- distanciadores en muchos sentidos: la proceden-
dad de interpretar circunstancias diferentemente cia es una distancia, es un moro, es un extranjero,
interpretables, una inteligencia que no pone nunca procede de una civilización extraña, es negro;
en cuestión al propio Yago ni a sus fines, sino que opera con artes mágicas; es un aventurero, es un
solo busca determinadas posibilidades para actuar vagabundo, es un extranjero en el sentido de un
de acuerdo con un fin, que no pretende ni entender no inscrito. Yago acentúa todos los elementos que
ni explicar, ni poner en cuestión una especie muy pueden despertar los celos del padre, los primeros
cierta de habilidad. También una pasión encarna- celos que se presentan en la obra.
da, alguien radicalmente incapaz de preguntarse
Brabancio. ¿Quién eres tú, infame pagano?
sobre la validez de sus propios fines, que le parecen
Yago. Soy uno que viene a deciros que vuestra
absolutos, y también alguien incapaz de configurar
hija y el moro están haciendo ahora la bestia
otra alianza que no sea negativa, como la que le
de dos espaldas.
propone a Rodrigo —su único fundamento es su
Brabancio. ¡Eres un villano!
odio contra Otelo—, una común oposición.
Yago. Y vos sois… un senador.

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DE ANTIOQUIA
Estanislao Zuleta

Brabancio. Tú me responderás de esto. Te luego, va a quedar en peligro su amor. No olvide-


conozco, Rodrigo. mos que todo está en peligro, y que el enemigo,
Rodrigo. Señor, responderé de todo lo que el resentido Yago, es el que nos lo presenta así en
queráis. Pero, por favor, decidme si es con esta primera escena.
vuestro beneplácito y vuestro muy prudente Yago. Adiós, pues debo dejaros. No me pa-
consentimiento (como en parte lo juzgo) que rece conveniente, ni conforme con el puesto
vuestra bella hija, a las tantas de esta noche, que ocupo, ser llamado en justicia (como
en que las horas se deslizan inertes, sin escol- sucederá si me quedo) a deponer contra el
ta mejor ni peor que la de un pillo al servicio moro. Porque, a la verdad, aunque esta aven-
del público, de un gondolero, ha ido a entre- tura le cree algunos obstáculos, sé que el
garse a los abrazos groseros de un moro las- Estado no puede, sin riesgos, privarse de sus
civo…; si conocéis el hecho y si lo autorizáis, servicios. Son tan grandes las razones que han
entonces hemos cometido con vos un ultraje movido a la República a confiarle las guerras
temerario e insolente; pero si no estáis infor- de Chipre (en curso a la hora presente), que
mado de ello, mi educación me dice que nos no hallarían, ni aun al precio de sus almas,
habéis reprendido sin razón. No creáis que otro de su talla para dirigir sus asuntos. Por
haya perdido yo el sentimiento de toda bue- consiguiente aunque le odio como a las penas
na crianza hasta el punto de querer jugar y del infierno, las necesidades de mi vida actual
bromear con vuestra reverencia. Vuestra hija, me obligan, no obstante, a izar el pabellón y
os lo digo de nuevo (si no le habéis otorgado la insignia del afecto, simple insignia, verda-
este permiso), se ha hecho culpable de una deramente. Si queréis halarle con seguridad,
gran falta, sacrificando su deber, su belleza, conducid hacia el Sagitario a los que se levan-
su ingenio y su fortuna a un extranjero, va- ten para ir en su busca, que allí estaré con él.
gabundo y nómada, sin patria y sin hogar. Y con esto, adiós. (p. 1468)
Comprobadlo vos mismo inmediatamente.
Si está en su habitación o en vuestra casa, en- Así se nos presentan los primeros elementos
tregadme a la justicia del Estado por haberos del drama: dos resentidos, un padre celoso y un
engañado de esta manera. (p. 1467) hombre solitario, extranjero, como pocos, con
relación al cual se habla siempre de brujería, de
Este extranjero tiene la particularidad de que infierno, de diablo, y que solo debe su posición
se ha hecho necesario, resulta poderoso porque a los éxitos permanentes. Ya podemos suponer
ha sabido hacerse necesario; no es un hombre muchas consecuencias. Este hombre debe vivir
integrado a una comunidad, a una patria, a una en ascuas, no puede reposar sobre la base de lo
familia que se le pueda conocer; es un hombre adquirido, tiene que reconquistarlo continua-
que tiene que hacerse admitir a fuerza de la haza- mente. Veamos cómo interpreta Brabancio la
ña, solo por eso se le tolera; su situación depende pérdida de su hija:
continuamente de sus actos y no de sus orígenes,
Dux. Valeroso Otelo, es menester que os em-
desde una tradición de la inscripción a una serie
pleemos inmediatamente contra el otomano,
de generaciones; depende solo de sus actos. En
nuestro común enemigo. (A Brabancio) No os
cualquier momento puede huirle el suelo de los
veía. Sed bien venido, noble signior; necesi-
pies, cualquier batalla perdida y es todo lo per-
tamos de vuestro consejo y de vuestra ayuda
dido: la patria, sus amigos, las posibilidades. Se
esta noche.
puede hundir en cualquier momento. Hombre
Brabancio. Y yo de los vuestros. Que vuestra
inquieto que no ha fundado su casa sobre una su-
virtuosa Gracia me perdone. No son mis fun-
cesión, sobre una tradición, una pertenencia, sino
ciones, no todo lo que he oído de los asuntos
solo por sus actos; por su coraje, por sus hazañas,
de Estado, lo que me ha levantado del lecho;
y él tiene que jugárselo todo a golpe de dados;
ni el interés público tiene influencia en mí.
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Estanislao Zuleta

Porque mi dolor particular es de una natura- os haré llanamente y sin ambages el relato
leza tan desbordante, tan impetuosa y pare- de la historia entera de mi amor. Os diré qué
cida a las aguas de una esclusa, que engulle y drogas, qué encantos, qué conjuros, qué má-
sumerge las demás penas, y él queda siempre gico poder (pues de tales procedimientos se
igual. (p. 1471) me acusa) he empleado para seducir a su hija.
(p. 1472)
Dice Brabancio que por eso no puede preocu-
parse, en esos momentos, de los asuntos del Estado. En esta presentación inicial hay que subrayar
algunos pasajes: Otelo nos dice que está dedicado
Dux. Pues ¿qué os ocurre?
a la guerra desde la infancia, y nos asegura —lo
Brabancio. ¡Mi hija! ¡Oh mi hija!
que, por otra parte, el texto no va a corroborar, ni
Dux y Senadores. ¿Muerta?
mucho menos— que es un hombre rudo en sus
Brabancio. ¡Sí, para mí! Ha sido seducida,
palabras y poco bendecido en el dulce lenguaje
me la han robado y pervertido con sortilegios
de la paz. Sin embargo, enseguida nos vamos a
y medicinas compradas a charlatanes, pues
enterar de que fueron los relatos de sus hazañas
la Naturaleza, no siendo ella imbécil, ciega y
lo que enamoró a Desdémona. Es necesario tener
coja de sentido, no podría haberse engañado
en cuenta, y no olvidar esa presentación inicial
tan descabelladamente sin el auxilio de la
de sí mismo. Lo que más se subraya en ella es
brujería.
esa imagen de hombre vagabundo, extranjero y
Dux. Sea quien fuere el que por este odioso
sin patria; y todo este vasto universo ha vivido
procedimiento ha privado así a vuestra hija de
casi siempre en las tiendas del guerrero. Otelo
sí propia y a vos de ella, sufrirá la aplicación
cuenta la forma como se produjo su relación con
del sangriento libro de la ley interpretado por
Desdémona.
vos mismo, como os convenga en su texto más
implacable; sí, lo será, aunque vuestra acusa- Otelo. Era su padre muy amigo mío y con
ción recayera en nuestro propio hijo. (p. 1471) frecuencia me invitaba, y siempre me pedía la
historia de mi vida, año tras año, las batallas
Son múltiples los elementos de demonismo
y sitios, y las suertes que yo hubiera corrido.
y brujería que se adjudican inicialmente a Otelo.
Toda se la conté, desde los días de mi infancia
Otelo se presenta a sí mismo, en la escena tercera
hasta aquel preciso instante en que él me im-
del primer acto, respondiendo a la acusación de
pusiera su relato.
haber seducido con brujerías a Desdémona:
Y así le hablé de azares desastrosos, del paté-
Otelo. Muy poderosos, graves y reverendos tico andar en mar y tierra; de cómo me libré
señores, mis muy nobles y muy amados due- por un cabello de una muerte inminente; de
ños: es por demás cierto que me he llevado qué modo logró apresarme el enemigo altivo
a la hija de este anciano; es cierto que me para venderme como esclavo luego, y de mi
casé con ella; la verdadera cabeza y frente de redención y proceder en la total historia de
mi crimen tiene esta extensión, no más. Soy mis viajes.
rudo en mis palabras, y poco bendecido con Y si la ocasión de hablar se presentaba de
el dulce lenguaje de la paz, pues desde que vastas cavernas y desiertos vanos, hoscas can-
estos brazos tuvieron el desarrollo de los siete teras, rocas y montañas cuyas cimas tocaban
años, salvo durante las nueve postreras lunas, a los cielos, así lo hacía; y de los caníbales
han hallado siempre sus más caros ejercicios que se comen los unos a los otros, pues que
en los campos cubiertos de tiendas. Y fuera son antropófagos, y de hombres que tienen la
de lo que concierne a las acciones guerreras y cabeza bajo el hombro. Desdémona parecía
a los combates, apenas puedo hablar de este singularmente interesada por estas historias,
vasto Universo. Por consiguiente, poco embe- pero las ocupaciones de la casa le obligaban
lleceré mi causa hablando de mí mismo. No sin cesar a levantarse; las despachaba siempre
obstante, con vuestra graciosa autorización, con la mayor diligencia posible, luego volvía

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DE ANTIOQUIA
Estanislao Zuleta

y devoraba mis discursos con un oído ávido. Desdémona. Mi noble padre, observo aquí
Habiéndolo yo observado elegí un día una una obediencia dividida. A voz os estoy unida
hora oportuna y hallé fácilmente el medio por darme la vida y educarme; y mi vida y mi
de arrancarle del fondo de su corazón la sú- educación me enseñan cómo respetaros. Sois
plica de hacerle por entero el relato de mis el señor de mi obediencia, en cuanto soy hasta
viajes, de que había oído algunos fragmen- ahora vuestra hija. Pero aquí está mi marido,
tos, pero sin la debida atención. Yo accedí, y y tanta obediencia como mi madre os con-
muchas veces le robé sus lágrimas al relatarle cedió, prefiriéndoos a su padre, me atrevo a
los penosos golpes que soportó mi juventud. decir que puedo considerar debida a mi señor
Acabada que fue mi historia, diome por mis el Moro. (p. 1473)
penas un mundo de suspiros. Afirmó que
era, en verdad, extraño, muy extraño; que era Muy interesante observar que, después de
enternecedor, inmensamente; que hubiera que Desdémona recalca la oposición y la prefe-
preferido no escucharlo, aunque ansiara que rencia, su matrimonio (de Desdémona) es conce-
el cielo, para ella, hiciera un hombre así; me bido como un duelo para Brabancio. Es notable
dio las gracias y me rogó que si un amigo mío el diálogo entre Dux y Brabancio, en el que aquel
sintiera amor por ella, le enseñase a contarle trata de inducirlo a hacer el trabajo del duelo y
mi historia, pues con eso bastaría a dejarla Brabancio se niega.
enamorada.
Ante esta insinuación, hablé. Me amaba por Dux. Permitidme hablar por vos mismo, y
los muchos peligros que corriera; la amé yo establecer una sentencia que podrá ayudar a
por tenerles compasión. estos enamorados como un apoyo o escalón.
Esta es la brujería que he usado; sea ella testi- Cuando ya no hay remedio, el mal se acaba al
go, pues que llega. (pp. 1472-1473) llegar lo peor que se esperaba.
Llorar una desgracia que ha pasado es llamar
otra nueva a nuestro lado. Cuando la fortuna
Por los mismos fenómenos por los que lo acu-
se lleva lo que no se puede preservar, la pa-
san sus enemigos —extranjero, aventurero, hasta
ciencia se burla de su herida.
esclavo, dice él—, son los méritos por los cuales
El que sonríe cuando le han robado, roba algo
lo ama Desdémona. Él no ha hecho más brujería
al ladrón; el que desperdicia un dolor inútil se
que contar su vida, y su vida forma un contraste
roba a sí mismo. (pp. 1473-1474)
enorme con la de todos los patricios que preten-
den a Desdémona. Ese contraste es subrayado Extraordinaria fórmula, pero resulta ineficaz.
por dos campos: por el de los opositores y el de En este caso, el hombre robado que sonríe roba
los partidarios. Nadie está interesado en negarlo, alguna cosa al ladrón, si no se identifica con el
y ellos, los opositores, lo toman por un ladrón que propietario; la respuesta de Brabancio no hace
ha cedido algo para lo cual carece de títulos, de más que agravar la situación de Otelo. Él es pre-
derechos, de relaciones, lo toman por un recién cisamente incapaz del trabajo del duelo tal como
llegado. Es precisamente por esas cualidades o se le sugiere; que robe alguna cosa al ladrón, ha-
defectos, como se mire, que ha conquistado a blando de la amenaza de la flota turca a Chipre.
Desdémona; y si el padre se siente celoso, debe
Brabancio. Así, dejemos que los turcos nos
serlo también porque Desdémona no ha elegido
arrebaten Chipre y no lo perderemos mien-
ningún sustituto de él: él es un patricio, un se-
tras sepamos sonreír. Bien soporta ese conse-
nador, él sí es un hombre inscrito. Lo demás, la
jo el que no toma nada más que el generoso
oposición entre el padre de Desdémona y Otelo,
consuelo que percibe en él. Pero tiene que
como dos fuentes de autoridad, es subrayado por
soportar a la vez el consejo y la pena quien
la misma Desdémona, quien le responde al padre
para pagar la pena tiene que pedir un présta-
cuando este le exige obediencia:
mo a la pobre paciencia. Estos consejos son
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Estanislao Zuleta

No hay que preocuparse por cómo se llamaba, ni qué biografía le podemos


adjudicar, sino quién es, en el sentido de a qué personaje de sus obras
corresponde. […] si nos preguntamos por Shakespeare no tenemos nada
que decir, todos sus personajes están presentados desde adentro y desde
afuera, todos hablan un lenguaje según su problemática.

equívocos, para endulzar o para echar hiel, Cassio es demasiado familiar con su mujer.
con fuerza para ambos lados. Pero las pala- Cassio tiene una persona y unas maneras
bras son palabras: jamás he oído decir que agradables para infundir sospechas; está he-
se penetrara a través del oído en un corazón cho como para hacer traidoras a las mujeres.
herido. Humildemente os ruego que paséis a El Moro es de una naturaleza franca y libre,
los asuntos de Estado. (p. 1474) que juzga honradas a las gentes a poco que
lo parezca, y se dejará guiar por la nariz tan
El padre se niega a hacer el duelo; insiste fácilmente como los asnos... ¡Ya está! ¡Helo
en formularse como un engañado, incluso llega aquí engendrado! ¡El infierno y la noche de-
más lejos, a amenazar de que ese engaño se re- ben sacar esta monstruosa concepción a la luz
petirá y a concebirlo directamente como del tipo del mundo! (p. 1477)
de una infidelidad, puesto que la infidelidad de
Desdémona, que comienza ya a anunciar en me- Así se nos presenta el plan de Yago y otro
dio de su ira, no es para él más que la repetición matiz de la personalidad de Otelo. “Es una natu-
de la infidelidad que con él tuvo, y le dice a Otelo: raleza franca y libre que juzga honrada a la gente
por poco que lo parezca”. En cierto modo, todos
Brabancio. Moro, guárdala bien, porque enga-
los elementos del drama están ya dados, el ma-
ñó a su padre y puede engañarte a ti. (p. 1475)
trimonio de Desdémona interrumpe la serie de
Estos son los primeros elementos de juicio las generaciones; el padre no se puede reconocer
que Shakespeare hace y presenta en el acto pri- en Otelo, solo puede concebirlo como un engaño.
mero. Sobre esa base, Yago forma su plan; él mis- Mantiene la relación con Desdémona como una
mo lo expone así hablando de Otelo: relación exclusiva, lo cual se señala en textos an-
teriores. El agrado que tiene el padre, en un texto
Yago. Marchaos. ¡Adiós! Poned bastante di-
anterior, por el hecho de que Desdémona haya
nero en vuestra bolsa. Así hago siempre de un
desechado muchos pretendientes y las dos figuras
imbécil mi bolsa. Porque profanaría la expe-
de Rodrigo y Yago. Rodrigo amenaza enseguida
riencia que he adquirido si gastara mi tiempo
con su suicidio hasta que Yago lo convence de
con un idiota semejante, a no ser para mi pro-
que mejor intente otra cosa; pero la desesperación
vecho y diversión. Odio al Moro; y se dice por
fundamental de Yago es menos visible inmedia-
ahí que ha hecho mi oficio entre mis sábanas.
tamente. Yago no amenaza con ningún suicidio,
No sé si es cierto; pero yo, por una simple
le parece la idea más torpe y más ridícula, pero no
sospecha de esa especie, obraré como si fuera
es un individuo menos desesperado. Sobre esos
segura. Tiene una buena opinión de mí; tanto
elementos se va a constituir el drama.
mejor, para que mis maquinaciones surtan
efecto en él. Cassio es un hombre arrogante...
Veamos un poco... Para conseguir su puesto y Notas
darle libre vuelo a mi venganza por una doble 1
Landauer, Gustavo. Shakespeare. Versión castellana por
bellaquería... ¿Cómo? ¿Cómo?... Veamos... El Guillermo Thiele. Buenos Aires: Americalee, pp. 247-248.
medio consiste en engañar después de algún 2
Todas las citas de la obra son tomadas de las Obras completas
tiempo los oídos de Otelo, susurrándole que de Shakespeare, novena edición, Madrid: Aguilar, 1949.

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DE ANTIOQUIA
C
uando los griegos iban al teatro a ver Edipo de Sófocles, se
Estanislao presentaba la trilogía entera: Edipo Rey, Edipo en Colono y
Zuleta Antígona; iban a ver la interpretación, una ejecución artísti-
ca de un tema conocido; es decir, el núcleo del mito de Edipo era
un dato común. El verdadero problema de los griegos era ver qué
hacía Sóflocles con eso, cómo era su interpretación; de manera
que, ejecución artística, interpretación, capacidad de encontrar
el núcleo emocional y exploración de la verdad en un tema, era
más o menos lo mismo. Todos tenían en común cierto núcleo
mitológico con algunas variaciones. Edipo ha sido el hijo de
Layo en todas sus variaciones; Layo recibe un oráculo por di-
versas razones, a veces por haber hecho determinadas cues-
tiones contra un amigo, con el hijo de un amigo, en fin. En
todo caso, Layo recibe siempre un oráculo que anuncia la
peligrosidad del hijo que va a nacer. Hay un intento de su-
presión de Edipo por parte de Layo; el mito más conocido
que retoma Sófocles consiste en la exposición: colgarlo
de los pies (Edipo quiere decir pie hinchado), echarlo al
monte, mandarlo a matar. En otras versiones aparece la
famosa canastica de Moisés y tantos otros que echan
al río, que recoge alguien y vuelve por alguna razón
a la corte. Esas figuras se llaman mitemas, es decir,
unidades míticas que son típicas: en este caso, el niño
expulsado, asesinado, sacrificado, porque el padre se
siente amenazado por él. En el caso de Edipo puede
variar la forma pero siempre la narración se inicia
por ese mitema.

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Estanislao Zuleta

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DE ANTIOQUIA
Estanislao Zuleta

En toda Grecia se sabe que Edipo es el Cuando los griegos van a ver a Edipo,
gran drama del incesto, y los griegos conti- conocen la narración, todos saben que hay
nuamente lo citan. Por ejemplo, para burlar- incesto con la madre, todos conocen la his-
se de La República de Platón, Aristófanes, toria de los hijos y su ruptura, de las dos hi-
que anda burlándose de todo el mundo, jas y sus diferencias. Prácticamente los grie-
dice: “entonces será el reino de la comuni- gos tienen todos esos elementos y esto es
dad de las mujeres (que es lo que en realidad muy importante como posición ante el arte,
propone Platón) y todos seremos Edipos”. porque cuando van a ver a Ifigenia, también
El mismo Platón habla de Edipo curiosa- conocen la historia; lo mismo sucede cuan-
mente bastante bien: “La universalidad de do van a ver Prometeo de Esquilo, conocen
la prohibición del incesto es lo que hace la historia, es decir, ellos no se van a infor-
que el incesto nos parezca tan terrible, por- mar ni a que los diviertan con un cuento
que todos los pueblos (lo ve Platón en Las nuevo por medio del suspenso: ¿qué irá a
Leyes) tienen diversas prohibiciones; unos pasar aquí? ¿Cómo terminará esta historia del
prohíben lo que otros permiten, pero todos señor Edipo? Todos saben cómo va a termi-
prohíben el incesto”. Los antropólogos de nar. Es muy importante esa posición frente
hoy se preguntan una y otra vez por qué. El al arte donde no está de por medio el sus-
Edipo es, pues, un tema típico de la cultura penso, en el sentido más grosero, por ejem-
griega y se encuentra citado por el uno, por plo, del relato policiaco: ¿quién va a ser el
el otro, por contemporáneos de Sófocles asesino aquí? ¿Qué es lo que va a pasar aquí?
como Aristófanes y Platón o por posteriores El arte griego no contiene eso, lo esencial
y por anteriores. Los griegos, cuya unidad es la ejecución, que es al mismo tiempo una
era lingüística y cultural, estaban dispersos exploración del sentido; en el arte moderno,
en islas, en ciudades muy lejanas, unas por en cierta forma, Thomas Mann ha vuelto a
ejemplo, en Sicilia (Agrigento), las otras en eso con José y sus hermanos, que es una obra
lo que hoy es Líbano (Mileto) y las otras gigantesca, probablemente de lo más gran-
en lo que hoy es Grecia; tenían una gran de que se haya hecho en el siglo xx y que
unidad cultural. Todos ellos leían y sabían tiene de nuevo esa característica antigua: no
a Homero de memoria; la Hélade era en hay nada que el lector no sepa como acon-
gran parte una unidad cultural. Esto para tecimiento; es el mismo relato de la Biblia
ellos era muy importante porque su disper- que todo el mundo conoce por la historia
sión era muy grande y aunque esas ciudades sagrada o por la lectura de El Génesis. En
podían entrar en guerras y conflictos entre el siglo xix y en el siglo xx, fuera de Thomas
sí, cuando se presentaba un peligro externo Mann, está muy perdido ese tipo de posi-
producía una y otra vez la famosa unidad ción ante el arte.
de la Hélade; la Grecia entera, contra los Todos saben lo que nosotros sabemos,
persas varias veces, por ejemplo: la unidad todos saben que Edipo se va a casar con
cultural tiene tanta importancia sobre todo Yocasta, que va a acabar con la Esfinge,
porque la unidad política no está dada, es etc. Hay posteriormente algunos mitos
decir, que no hay una autoridad política muy raros; los mitemas son complejos.
central que diga esto es griego, o esto no es Hay versiones de Edipo en que este se casa
griego. Cuando hay batallas se produce una con la Esfinge. Esto nos permite entrar de
unidad político-militar pero es muy débil lado por ahora en una interpretación freu-
y es elegida. Por ejemplo, en la guerra de diana. La Esfinge y Yocasta son como lo
Troya es Agamenón el jefe del ejército grie- contrario: la esposa que sirve de premio y
go, pero es elegido y continuamente está en la fiera devoradora y amenazadora, pero lo
peligro de pelea con Aquiles y puesto en contrario que es la escisión de lo mismo,
cuestión. No es pues un imperio en el sen- mejor dicho, la escisión de la mujer en dos
tido persa o egipcio. figuras: la figura que amenaza y la figura

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Estanislao Zuleta

deseable, lo cual es un mitema típico. La (no solamente la Esfinge en la forma como


Esfinge es una figura muy antigua de Sófocles presenta el tema), propone enig-
mujer peligrosa. Todo esto es muy anti- mas, ella misma es un enigma. Es un ser
guo porque los mitemas se enlazan unos andrógino, no en el sentido de que sea de
con otros y se hunden en el fondo de la los dos sexos, sino que es una madre fálica,
historia; la Esfinge de que nos hablan los que es una manera muy particular de ser
griegos podría remitirse a milenios atrás, a de los dos sexos, primordial por lo tanto.
las Esfinges egipcias; ya había egipcios mil Generalmente es una figura devoradora, es
años atrás, luchando por liberar la religión decir, aparece como león, tiene senos, es el
de los mitos de las Esfinges, Aménhotep enigma que reúne los terrores, a lo que po-
IV, por ejemplo, produciendo una religión dríamos llamar en psicoanálisis el objeto
purificada de la mitología. primordial. Vamos a ver, pues, por donde
Todo esto es muy antiguo, pero los va a tomar Sófocles la cosa. El encuentro,
griegos ya tienen su versión, ellos están el parricidio, el encuentro en el camino, el
buscando qué van a hacer con este mate- niño echado o expuesto, son mitemas que,
rial que es expresión de una cultura común, si se sacan aparte unos y otros, son clásicos
en este caso representada por Sófocles. y casi que se encuentran en todos los mi-
Entonces no hay sorpresa en los hechos y tos. El Edipo en la figura griega tiene su
sin embargo logran, como pocas veces se ha trayectoria clásica y es un mito conocido.
logrado en la historia, una comunicación El problema aquí, como se ha dicho antes,
artística extraordinaria, vecina al éxtasis en es qué va a hacer Sófocles con ese material.
el teatro griego. Los hechos, pues, son estos: Lo primero es que va a subrayar algunos
se sabe también que Edipo va a descubrir aspectos del mito; por ejemplo, su Edipo
que ha matado a su padre, se sabe también es un investigador, es un descifrador de
que el destino consiste precisamente en enigmas. Sófocles centra el drama alrede-
ese extraño mecanismo que se presenta en dor del problema de la investigación: cómo
Edipo como tal vez en ninguna otra parte: liberó a Grecia de la Esfinge por un acto
que se cumpla algo de lo que se trataba de heroico que no era tan heroico: descifrar el
huir. Así, por ejemplo, Layo trata de huir- enigma de la Esfinge. Luego toda la fuer-
le al oráculo sacando al niño; Edipo sale a za que desata el drama es la voluntad de
buscar porque oye decir que él no es hijo Edipo de descubrir el misterio: ¿quién es
de los que creía que eran sus padres, trata el culpable?, ¿dónde encontrar la huella de
de mantenerse alejado de donde estén ellos la oscura culpa? Centra pues el tema en un
para no ir a cumplir un oráculo, y las mismas problema que ha sido ya visto por muchos
medidas que se toman para evitar algo son pensadores. El Edipo, pues, está comenta-
los medios que conducen a la realización de do por todo el mundo; está comentado por
eso. Esa contrafinalidad que termina una Platón, Aristóteles, Hölderlin, Nietzsche,
y otra vez realizando lo que se trataba de Schopenhauer, Goethe y hasta el siglo xx
evitar era la figura más pura que los griegos por muchos otros: psicoanalistas, antro-
habían producido de la imagen del destino. pólogos; Lévi-Strauss, por ejemplo, tiene
En la versión más clásica del mito de un texto sobre el Edipo. De estos prácti-
Edipo se mantiene una separación absolu- camente no hay ninguno que no subraye a
ta entre la Esfinge y Yocasta. Yocasta es la su modo el tema del que estoy hablando.
madre esposa y la Esfinge es el monstruo Parte del drama lo vamos a centrar enton-
devorador que amenaza, pone en cuestión ces en cómo Sófocles nos hace ver a través
e interroga; la Esfinge propone enigmas del Edipo el drama del pensamiento y el
y el que logre descifrarlos la vence. En el drama del pensador. Muy frecuentemente
pensamiento de los griegos, y ya antes, ese es el punto que los grandes investiga-
en el mismo pensamiento de los egipcios dores destacan.

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DE ANTIOQUIA
Estanislao
Estanislao
Zuleta
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Voy a citar un texto corto en el que hay una la sinceridad y a la probidad en la investiga-
interpretación del Edipo como drama del pen- ción que usted me atribuye, no surge de la
sador, drama del filósofo, drama del pensamien- reflexión, es algo espontáneo.
to humano y, en ese sentido, como algo que nos
compromete a todos, que encuentra la manera Me interesa ese momento de la carta de
de, a través de una figura particular —esa es una Schopenhauer a Goethe en que plantean el dra-
característica del gran arte—, de un destino par- ma de Edipo como el drama de todo pensador;
ticular y concreto, expresar y explorar un drama todos llevamos en nosotros esa discusión de
universal. Veamos pues cómo Sófocles explora el Edipo y Yocasta: ¿ir más allá o no? Veamos pues
tema del pensamiento humano y el drama en que la discusión de Edipo y Yocasta:
consiste pensar. Schopenhauer escribe una carta a
Edipo: Mujer, ¿sabes si ese hombre que en-
Goethe, respondiéndole a otra en la que Goethe
viamos a buscar es el mismo a quien éste se
le decía que estimaba su obra por lo que tiene de
refiere?
sincera. Schopenhauer responde así:
Yocasta: ¿De quién habla ése? No hagas caso
Toda obra proviene de una buena idea que de nada y has por olvidarte de esta charla
conduce al placer de la concepción; sin em- inútil.
bargo, la realización, el nacimiento, por lo Edipo: No puede ser que yo con tales indicios
menos en mi caso, no se produce sin dolor, no aclare mi origen.
pues entonces me trato como un juez inexo- Yocasta: (Con voz angustiada) Déjate de eso,
rable que frente a un prisionero extendido por los dioses, si algo te interesas por tu vida
sobre el potro lo obliga a responder hasta que que bastante estoy sufriendo yo.
no queda nada por preguntar. Me parece que Edipo: No tengas miedo que tú, aunque yo
casi todos los errores y las locuras inefables de resultara esclavo, hijo de mujer esclava, nacida
que están llenas las doctrinas y las filosofías se de otra esclava, no aparecerás menoscabada
originan en ausencia de esta probidad. en tu honor.
Si la verdad no ha sido descubierta no Yocasta: Sin embargo, créeme, te lo suplico,
es porque no se haya buscado, sino a causa no prosigas eso.
de la voluntad de descubrir en su lugar una Edipo: No puedo obedecerte hasta que no
concepción predeterminada o, por lo menos, sepa esto con toda claridad.
de no chocar contra la idea querida. Con este Yocasta: Pues porque pienso en el bien tuyo,
fin ha sido necesario emplear subterfugios te doy el mejor consejo.
oponiéndose a todo y al propio pensador; es Edipo: Esos consejos tan buenos son precisa-
el coraje de ir hasta el fondo de los proble- mente los que hace tiempo me están moles-
mas lo que caracteriza al filósofo. Debe ser tando (le vuelve la espalda).
como el Edipo de Sófocles, el cual, ansioso Yocasta: ¡Ah, malaventurado! ¡Ojalá nunca
por conocer su terrible destino, prosigue de sepas quién eres!
una manera infatigable su búsqueda aunque
El diálogo sigue en el mismo tono y final-
adivine que la respuesta solo le reserva horror
mente el coro pregunta a Edipo por qué está tan
y espanto. Pero la mayoría de nosotros lleva
desesperada Yocasta y si no van a estallar grandes
en su corazón a Yocasta que suplica a Edipo
males, y Edipo contesta:
por el amor de los dioses no indagar más.
Consentimos; por eso la filosofía está Que estallen si es menester que yo quiero
donde está, del mismo modo que Odín en conocer mi origen aunque éste sea de lo más
la puerta del infierno interroga sin cesar a la humilde. Ella naturalmente como mujer que
vieja pitonisa en su tumba, sin tener en cuen- es tiene orgullo y se avergüenza de mi oscuro
ta sus reticencias, sus negativas y sus súplicas nacimiento, pero yo que me considero hijo
de ser dejada en paz, el filósofo debe inte- de la fortuna que me ha colmado de dones,
rrogarse a sí mismo sin piedad, este coraje no me veré nunca deshonrado. De tal madre
de filósofo, sin embargo, que corresponde a nací y los meses que empezaron al nacer yo
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Estanislao
Estanislao
Zuleta
Zuleta

son los que determinaron mi grandeza y mi Ahí está la afirmación del pensamiento: “sin
abatimiento. Y siendo tal mi origen no pue- oráculos, sin dioses, sin aves, como tú; sólo con
de resultar que yo sea otro, hasta el punto de el pensamiento”. Hijo del pensamiento, ¿víctima
querer ignorar de quién procedo. del pensamiento? Vamos a verlo. Proclama que
no necesita ayuda de dioses, se lo dice a Tiresias
En este último parlamento de Edipo se co- el adivino. Eso también tiene algo de mitema
mienza a ver el otro gran problema que explíci- griego: Tiresias es ciego, y entre los griegos hay
tamente nos da Sófocles: la contraposición entre una relación entre ciego y vidente; por ejemplo,
Edipo y Yocasta, la decisión de saber aunque Homero también es ciego y el que ve más allá de
cueste lo que cueste y el consejo de que es más lo inmediato, de las apariencias, muy frecuente-
prudente cerrar los ojos, no indagar demasiado mente se representa como ciego. Por otra parte,
si algo se estima por la vida. Ese es el drama que Tiresias tiene historias bastante más picantes en
Schopenhauer ve como universal de todo pensa- su pasado que lo hacen ser vidente. Por ejemplo,
dor, ese es el drama al que se refiere Nietzsche entre los griegos es el único que ha tenido la per-
también. El problema de la grandeza de un pen- turbadora experiencia de haber sido durante un
sador (dice Nietzsche), es un problema de coraje, buen tiempo hombre y otro buen tiempo mujer, y
no de habilidad ni de erudición. ¿Qué tanta ver- por lo tanto está en situación de comparar cómo
dad puede resistir un espíritu sin romperse? Eso viven los hombres y las mujeres, por ejemplo, la
es lo que determina su dimensión. Y esa tónica experiencia de las relaciones sexuales y muchas
es la tónica permanente del comentario al Edipo. otras experiencias. Tiresias tiene pues sus parti-
Tenemos ahora otro momento. Edipo se au- cularidades tal como conviene a la configuración
tonomiza y dice: mi historia comienza con el mes de un adivino con toda la mentalidad griega, pero
en que yo nací, es decir, no dependo de nadie. Ese el desafío de Edipo es muy comprometedor.
otro tipo de parricidio, un parricidio intelectual. Esto ocurre en el momento en que Grecia
“Yo no soy lo que soy, rey de Tebas, por haber sido acaba de producir la filosofía y la ciencia, en la
hijo de ningún rey de Tebas, sino porque vencí a la época de Pericles, del cual Sófocles era amigo
Esfinge, porque descifré, porque conocí, por mis personal, como también lo era Sócrates. Esta ver-
obras”. Ahí comienza el tono del hombre autono- sión, pues, va a llevar el mito y el drama hacia el
mizado que no quiere depender de nadie, que no drama del pensamiento; Sófocles es muy claro y
se siente inscrito en una tradición. Vamos a ver la muy profundo, tan profundo que todos los pen-
fuerza con que Edipo va a afirmar eso. Cuando la sadores, desde los que lo vieron inmediatamente
pelea con Tiresias, que sugiere que Edipo es el cul- hasta los actuales del siglo xx, se han sentido en
pable de lo que está ocurriendo, Edipo se enfurece cierto modo llamados a dar su versión. El enigma
porque cree que hay un complot de Creonte con del Edipo es una manera de explorar el drama
Tiresias para sacarlo del poder y tomarlo Creonte, del pensamiento, lo que el pensamiento tiene de
que es el hermano de Yocasta. Edipo responde: manía, autoafirmación loca, independencia abso-
luta, peligro de conducir hasta la pérdida de todo
Porque vamos a ver, dime, ¿en qué ocasión
fundamento.
has demostrado tú ser verdadero adivino?
Hay otra cosa, y es que comienza a verse un
¿Cómo, si lo eres, cuando la Esfinge propo-
juego que será muy interesante seguir en el texto:
nía aquí sus enigmas en verso, no indicaste
la relación entre omnipotencia y culpa. El tema
a los ciudadanos ningún medio de salvación?
de la omnipotencia lo tomamos pues de los textos
Y la verdad que el enigma no era para que
que acabamos de leer. Podría leer otros, pero ahí
lo interpretara el primer advenedizo, sino que
lo encontrarán; les dejo la divertida labor de que
se necesitaba de la adivinación; adivinación
saquen ustedes los grandes temas; por ejemplo,
que tú no supiste dar ni los augurios, ni por
la omnipotencia de Edipo, o su aceptación de la
la revelación de ningún dios, sino que yo, el
culpa y los textos en que Edipo rechaza la cul-
ignorante Edipo, apenas llegué hice callar al
pa y cómo se contradicen directamente los dos
monstruo valiéndome solamente de los recur-
tipos de textos. Esta es una cosa alegre de hacer
sos de mi ingenio, sin hacer caso de las aves.

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DE ANTIOQUIA
Estanislao Zuleta

Me interesa ese momento de la carta


de Schopenhauer a Goethe en que
plantean el drama de Edipo como el
drama de todo pensador; todos llevamos
en nosotros esa discusión de Edipo y
Yocasta: ¿ir más allá o no?
1951: Con Margarita, su madre, el día de la boda de su hermana Nena

y mejora nuestra lectura. La omnipoten- platónico, porque sus primeras obras fueron
cia implica un tipo de supresión del padre; diálogos platónicos), se va a lanzar al ataque
omnipotencia y parricidio vienen necesaria contra la teoría de las ideas y a liberarse de
e inmediatamente vinculados. En cierto la estructura del platonismo como idea del
modo, no hay un pensador que de alguna conocimiento, inmediatamente dice algo
manera no sea un parricida; el tema del por el estilo: “Amo a Platón más que a nin-
parricidio penetra profundamente el tema gún hombre sobre la tierra pero amo más a
del pensador, esto es muy claro en Grecia, la verdad que a Platón, porque Platón me
pero esto es así siempre. Los griegos tenían enseñó eso, que había que amar más a la
ciertas cosas bastante claras, en primer lu- verdad que a nadie y no se puede seguirlo
gar, porque ellos mismos eran pensadores. sin estar contra él”. Y comenzó esa manera
El tema del parricidio viene explícitamente de atacar a Platón reconociendo que es el
en los filósofos griegos, en El sofista, por padre, es decir, esa tónica de parricidio está
ejemplo; y nada menos en el momento en en todo gran pensamiento. Esto lo encuen-
que va a producir la más alta imagen de la tra uno en la antigüedad y lo encuentra en
dialéctica antigua, el fundamento dialéctico la modernidad.
de toda lógica posible que se da en El sofista, Nietzsche escribió unos textos bellísi-
Platón dice de pronto: “En este momento mos: Schopenhauer como educador, Richard
voy a cometer un parricidio porque voy a Wagner en Bayreuth, exaltadísimo de
irme en contra de la doctrina de Parménides todo lo que les debió a ellos; pero no se-
y Parménides es mi padre, él me enseñó a ría Nietzsche sin un choque con ellos; sin
pensar”. Ese es el momento fundamental embargo, el gran elogio que encuentra para
del ataque a la sofística de la fundación de hacerle a Schopenhauer es que ese sí que
la lógica; la primera vez que se establece era un maestro de verdad, era un maestro
realmente la dialéctica como lógica en toda el cual uno siempre sentía que le estaba di-
la historia de la filosofía es además en ese ciendo sé hombre, no me sigas, síguete a ti
momento. mismo. Pero Humano, demasiado humano es
Lo mismo pasa con Aristóteles cuando precisamente la ruptura de Schopenhauer
él se va a liberar de la estructura del plato- y Wagner. Ese problema del parricidio que
nismo, de la teoría de las ideas, no de todo Sófocles acentúa tan firmemente por el
Platón, desde luego, pues el que se libera lado del drama del pensador es el que está
de la lógica se libera a disparatar. Cuando incluido en el drama del pensador, Sófocles
Aristóteles, que fue platónico (no sola- simplemente acentúa con su sensibilidad
mente discípulo personal sino gran escritor de artista, con su posición de griego de la

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Estanislao Zuleta

gran época de la filosofía, de la Grecia de estaban hasta mejor hechos los manuales
Pericles, lo que de todas maneras la temáti- de brujería que ingenuamente encontraban
ca contiene; explora y nos permite explorar, algunas cosas.
ese es un gran artista. Uno ve muy frecuentemente la osci-
El tema omnipotencia-autonomiza- lación del pensador que tan pronto tiene
ción lo encuentra Kant en la Crítica de la la idea de que él transformó el mundo y
razón pura, lo encuentra Descartes en El cambió el enfoque de la historia, tan pron-
discurso del método; hay algo en la sola figura to parece como si no hubiera hecho prác-
de pensar que tiene un acento de parrici- ticamente nada. Uno encuentra una carta
dio: pensar por sí mismo, poder dar cuenta de Marx, por ejemplo, en que dice: “Toda
de lo que uno piensa, eso conduce a cierta esa doctrina de lucha de clases no es cosa
autonomización. La imagen de culpa no mía, ya Guizot y otros historiadores habían
procede solamente de la idea del parricidio encontrado eso; la teoría de la plusvalía y
inconsciente, o muy frecuente, como les toda la teoría económica del valor está
estoy mostrando con citas, consciente. La prácticamente en los economistas ingleses,
gran realización intelectual suena siempre a sobre todo Ricardo...”, y sigue y encuentra
parricidio y contiene una transgresión, por que él no ha hecho nada y al final dice: “Lo
eso es una realización. En el campo incons- que sí es mío es la teoría de la dictadura del
ciente, es típico de los grandes pensadores, proletariado”. Claro que cuando uno lee el
en cualquier momento de su desarrollo, el texto de la historia crítica, él sabe pues que
sentimiento de culpa, y se ve por la manera la teoría del valor en el sentido de él no está
tan extraña como tratan su propia obra o en ninguna parte, pero se le va de las ma-
sus propios descubrimientos. Por ejemplo, nos continuamente, como a Galileo, como
comienzan a pretender que son discípu- a Newton que se imagina que una manzana
los de alguien, que todo lo recibieron de lo iluminó. La producción artística y la pro-
alguien y si se ve qué era lo que decía el ducción científica tienen una relación muy
alguien, se nota que no tiene mayor cosa. directa con una teoría de la transgresión,
Más frecuentemente aún pretenden que entre otras cosas porque algunos creen tor-
lo deben al azar, que lo que pasó fue que pemente que la inversa no es cierta, no es
una manzana se le cayó en la cabeza y en- una proposición reversible, como se dice en
tonces descubrió la ley de gravedad; qué lógica; quiero decir que no toda transgre-
cosa más ridícula, eso es pura culpa. O el sión es una sublimación o, para decirlo más
señor Galileo pretende que estaba en una vulgarmente, si bien la producción de algo
iglesia y una lámpara que se movía y que nuevo es la transgresión de algo, no toda
no podía ser el viento por el peso de la transgresión es producción de algo nuevo.
lámpara, entonces claro, lo que se movía No es suficiente pues embarrarla para crear,
era el centro de la Tierra; pero para mirar pero sí, todo crear es una embarrada. Hay
una lámpara así, se necesita ser Galileo. un libro donde se hacen algunos estudios
Esa tendencia a minimizar la propia obra, sobre eso que se llama Psicoanálisis de la
a hacerla aparecer como un aporte, es típi- actividad creadora, de Greenacre. En el li-
ca. Freud intentó mucho hacer aparecer su bro de Rosolato, Ensayos sobre lo simbólico,
obra como un aporte, hasta que tuvo que encuentran ustedes varios estudios sobre la
confesarse que no era un aporte; incluso en sublimación y su relación con la transgre-
la Interpretación de los sueños le empacó un sión. Sublimación se llama a dos cosas en
capítulo inmenso: “La literatura científica psicoanálisis: producción artística y pro-
sobre los sueños”, se puso a buscar todo lo ducción científica.
que se hubiera escrito sobre los sueños: dis- Hay muchos artistas que también han
parates; y precisamente lo más disparatado sido conscientes de la transgresión, incluso
era lo científico porque negaba el sentido; del parricidio, como Proust, de que su nueva

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DE ANTIOQUIA
Estanislao Zuleta

estética es la abolición de aquella estética sobre todo de la escuela lacaniana, que han
que lo formó. En un artista generalmente hecho muy buenos trabajos sobre la culpa,
se produce la configuración de lo que los generalmente llaman la culpa persecutoria,
psicoanalistas, a partir de Freud, han deno- porque el tipo desarrolla una forma de cul-
minado un padre ideal, es decir, un susti- pabilidad que lo persigue. León Grinberg
tuto del padre real que no es tampoco una tiene un libro sobre el tema, que se llama
imagen fantasmal del padre omnipotente Culpa y depresión. Este tipo de problema
imaginario, sino un padre ideal, que no es comienza a producir una autoacusación
lo mismo que idealizado, sino un individuo creciente y va remitiendo la culpa a todo.
que desempeña funciones, que necesita el Así como para el paranoico todo es indicio
juego de las hostilidades, las simpatías y las de que lo están persiguiendo, este por todas
identificaciones que no puede desempeñar partes donde vea algo que va mal encuentra
el padre real. Con relación a esa figura de alguna manera de sentirse siquiera remota-
un padre ideal, se va estableciendo el pro- mente culpable, aunque sea por la omisión,
blema de la transgresión y del parricidio, como dicen los católicos, por no haber he-
que en cierto modo una gran obra lo exalta cho lo que se pudo haber hecho para que no
y lo deja abolido. estuviera ocurriendo.
La omnipotencia y la culpa tienen una Entonces Freud anota que, si de tantas
relación muy íntima; en el pensamiento cosas que están ocurriendo en el mundo y
psicoanalítico se ve esto una y otra vez. que van mal (y hay que confesar que hay
En los estudios sobre la culpa, ya Freud lo muchas que van mal), uno es culpable,
mostró muy detalladamente. Hay algunas entonces es porque tiene un poder muy
estructuras y problemas psíquicos en los terrible; culpa también quiere decir causa:
cuales la culpa desempeña un papel mayor, yo soy el culpable, yo soy el causante. Pero
especialmente la depresión, y cuando la si yo soy el causante de semejante trama
depresión es psicótica como la melancolía, de acontecimientos dispersos, poseo una
o en muchas formas modernas frecuen- omnipotencia extraordinaria, solo así seré
tísimas de depresión, la culpa se vuelve el culpable. En un cuadro algo menor, us-
consciente. Curiosamente, en la depresión tedes pueden ver que en las relaciones, por
neurótica, mucho menos grave, la culpa es ejemplo, con las figuras primordiales, con
inconsciente: el tipo se siente deprimido los padres o sus sustitutos, los sentimientos
pero no se siente culpable; lo grave es cuan- de culpa van en el sentido de que los sufri-
do se hace consciente porque generalmente mientos del otro proceden de mí, de algo
cuando falla la represión es porque esta es- que yo hice o dejé de hacer. En cambio lo
tructura psicótica está al borde de aparecer. que yo hice o dejé de hacer procede tam-
En las depresiones más graves, incluso en bién de mí, no procede de lo que otros hi-
las más peligrosas en el sentido de que ge- cieron conmigo a su turno. Entonces yo soy
neran muy frecuentemente el suicidio, la el origen, en otras palabras, la causa, tanto
culpa tiende a ser consciente, y en las de- de lo que a mí me ocurrió, que es por cul-
presiones neuróticas es muy frecuente que pa mía, como de lo que le está ocurriendo
no sea consciente. Freud (hablo de él por a otro; ahí está la omnipotencia. En lugar
facilidad y porque es más accesible, aunque de pasarse como efecto y causa de muchas
hay estudios posteriores mucho mejores), cosas al mismo tiempo, como todo el mun-
en su estudio “Duelo y melancolía”, últi- do y entremezclado mitad víctima, mitad
mo capítulo de la Metapsicología, se dio cómplice, empieza a polarizarse como solo
cuenta de que había una alianza particular actor causante de lo que a él le ocurre y de
entre culpa y omnipotencia, porque muy lo que le ocurre a otros.
frecuentemente se desarrolla lo que se lla- Ese mismo que produce la figura de
ma “la culpa delirante”, que algunos otros, la manía, el hombre que se considera sin

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Estanislao Zuleta

adversidad, con unas capacidades plenas, hay muchas contradicciones, ya que en unos
es el mismo que produce la figura de culpa textos declara que es culpable y en otros de-
persecutoria y por eso la estructura psicótica clara que no es culpable y así es; se podría
tiene ese nombre: psicosis maníaco-depresi- hacer una selección de estos textos. Verán,
va, porque da las dos figuras, generalmente eso sí, que en Edipo en Colono casi en todos
en forma cíclica, la una y luego la otra: de no es culpable y que llega un momento en
sentirse el ser más estupendo y lleno de ini- que no solo no es culpable sino que es vícti-
ciativas que existe sobre la tierra, proyectos ma: “cuando maté a Layo yo no sabía quién
que ve prácticamente realizados, enemigos era ese señor ni qué estaba haciendo; cuan-
que solamente le producen risa, ni siquie- do me casé con Yocasta no sabía que fuera
ra rabia, pasa a la otra, a sentirse el ser más mi mamá”, pero cuando ellos colgaron al
miserable que pisa sobre la tierra, infame, hijo y lo echaron al monte a que se muriera,
indigno y que los otros solamente miran sin sabían que era el hijo; ¿quién es el culpable
que les produzca asco porque no saben quién aquí? Edipo pasa de la culpa al juego culpa
es. La culpa y la omnipotencia, pues, tienen y negación de la culpa, y luego a la acusación
un vínculo esencial, no una relación causal; y va respondiendo al destino a medida que
no digo que la omnipotencia produzca culpa avanza Edipo en Colono.
y la culpa produzca una reacción de omnipo- Otro problema que se nos presenta
tencia. El proceso maníaco se desencadena es cómo vincular la gran temática que nos
así, de lo uno a lo otro. Hay muchos otros saca Sófocles en su ejecución de un mito,
procesos menores de depresión, por ejemplo, la temática del drama del pensamiento, su
y exaltación, con drogas o con alcohol, que vínculo con la omnipotencia, con la culpa,
vuelven a producir una nueva depresión y con la autonomización, con la negación de
entonces se necesita una nueva exaltación la tradición, porque cualquier pensamiento
que vuelve a producir una sensación de in- que tenga algo de creador es negación de
dependencia, luego otra depresión, etc. Hay una tradición aunque sea válida hasta en-
procesos menores, procesos químicos con tonces solo para uno. Su vínculo con otro
diversas drogas, procesos mayores y el gran- gran tema, el tema del deseo, en el senti-
de: la psicosis maníaco-depresiva, en la que do del complejo de Edipo, es decir, de la
el tipo vuela como un águila solitaria y en identidad sexual, del deseo, de la prohibi-
seguida se siente con asco de sí mismo, con ción primordial del incesto. El problema
vergüenza de mirarse a un espejo. es que todo esto está reunido en una sola
Hemos visto la cosa un poco polariza- temática, hablo primero de la temática del
da, lo que solemos denominar patológico, es pensamiento, pero este está reunido con el
decir, cuando se da lo uno o lo otro, pero problema del deseo.
generalmente ambas cosas están allí; nos in-
teresa mostrarlo así porque se ve más claro
el vínculo de la culpa y la omnipotencia. Por Notas
El presente texto es la transcripción de una clase dic-
lo tanto, no se extrañen de que un drama del tada por Estanislao Zuleta en 1983 y hace parte de un
pensamiento, como es Edipo, sea al mismo curso sobre teatro grecolatino. La transcripción se en-
tiempo un drama sobre omnipotencia, au- cuentra en el archivo personal de Zuleta, que reposa en
tonomización y parricidio; “no necesité aves, la Biblioteca Central de la Universidad de Antioquia.
Para esta edición fue digitado por Lorena Aguirre, vo-
no necesité oráculos, pensando derroté el luntaria de la Corporación Cultural Estanislao Zuleta.
monstruo, no vengo de ningún padre ni de ***
ningún rey, soy heredero de mi obra”. Otra Estanislao Zuleta acostumbraba en sus clases y confe-
indicación para una de las primeras lecturas rencias citar largos pasajes de memoria, por eso no se
cuenta con las referencias exactas de los textos desde los
del Edipo es que estemos ante un drama de cuales trae a los autores, personajes o diálogos que con
la culpa y de la culpa muy curiosa y comple- fluidez usa a lo largo de su exposición. Es este un rasgo
tamente tratada. Alguno podría decir que de la obra del pensador antioqueño.

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DE ANTIOQUIA
Perspectiva filosófica de la literatura en Estanislao Zuleta

Sólo mediante el arte podemos salir de nosotros mismos, saber


Alejandro lo que ve otro de ese universo que no es el mismo que el nuestro,
López y cuyos paisajes nos serían tan desconocidos como los que pueda
Carmona haber en la Luna. Gracias al arte, en vez de ver un solo mundo,
el nuestro, lo vemos multiplicarse, y tenemos a nuestra disposición
tantos mundos como artistas originales hay, unos mundos más
diferentes unos de otros que los que giran en el infinito.

Proust, 2001:244

H
acer del amor al pensamiento un elemento
constitutivo de una vida que se asombra y se
cuestiona ante el mundo es una invitación
que encontramos en la obra de Estanislao Zuleta; en
ella filosofar la vida, es decir, buscar direcciones plenas
de sentido, tejer destinos fundamentados del mejor
modo posible en aras de una mejor existencia tanto
individual como colectiva, lo podemos tomar como
respuesta a ese postulado ético que le era tan caro
a Zuleta y que reza que una vida puede hacerse
de muchos modos posibles pero no de cual-
quier manera y que vale la pena arriesgarse
por lograr la mejor. Es en este filosofar, en
esta búsqueda de destino, que nos perca-
tamos de una cosa: si la vida no tiene
una dirección, es porque no tiene un
sentido preestablecido, ni único; en
otras palabras, que, en tanto su-
jetos modernos, no venimos al
mundo ya hechos y para algo
determinado, que la única

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alternativa que tenemos es construir la vida particular la literatura para mostrarnos que
como un obrar que se conjuga en reflexivo no es así, que el mundo ante todo, si esta-
y en la cotidianidad, es decir, en la labor del mos abiertos a la existencia, es un mundo de
día a día, y, según el orden de posibilidades posibles aún por realizar; pero, como rasgo
que logremos poner en práctica, vamos la- de su condición trágica, la vida también se
brando nuestro ser. De este modo estamos encarga de mostrarnos que siempre son más
lanzados a la responsabilidad que implica los posibles que los realizados efectivamen-
hacer la propia vida y conquistar los me- te. Desde la relación con el arte y la litera-
jores resultados que nuestras capacidades tura, que son asumidos de manera filosófica,
nos deparen, tarea que es necesario asumir Zuleta reivindica la autonomía de los sujetos
con la alta seriedad que una misión única e como un valor en el camino de construir la
irrepetible significa. propia vida, pues la elección del camino de
En este sentido, hacer la vida es elegir la existencia compromete al individuo y lo
unos caminos y descartar otros, y en esta obliga a ser responsable de su decisión. De
elección nos jugamos los sentidos que po- este modo, podemos afirmar que la invita-
damos alcanzar y que no serán otros que ción de nuestro intelectual va cobrando una
los que nuestro decidir abra o cierre; como forma que podemos enunciar como hacer de
toda decisión importante —y esa pasión la vida una obra de arte, esto es, hacer de la
de vivir que animaba a Zuleta muestra lo propia vida algo bello, significativo y profundo;
importante que para él era— conlleva tam- dicho de otra manera, es hacer la mejor vida
bién el riesgo de equivocarse. Sin embargo, posible, lo que no significa otra cosa que po-
preferimos en muchas ocasiones negarnos nerse a la altura de las posibilidades a las que
a tales elecciones, recurriendo a consejeros nos sea dado acceder y en este camino pro-
o manuales que nos indiquen cómo vivir o, curar dejar en los otros el recuerdo de una
en el peor de los casos, dando por sentado vida honorable. En la perspectiva de Zuleta,
que las cosas son como son y que el rumbo el arte y la literatura nos permiten acceder a
está ya asignado. Pero la literatura, forma esos mundos posibles, en tanto los artistas
de la creación artística que es central en la los recrean y nosotros, al reconocerlos, abri-
labor intelectual de Estanislao Zuleta, cobra mos horizontes para transformar el mundo
en esta perspectiva un significado especial: propio. Sin embargo, en la misma dinámica
cuando creemos que el mundo está cons- trágica de la vida, la posibilidad de construir
truido tal como debe ser, aparece el arte y en la propia vida no puede tomarse como una

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DE ANTIOQUIA
Estanislao Zuleta

promesa de redención, puesto que no hay producirá, pero que sin embargo es algo ex-
garantía de que, una vez hechas las elec- terno y ocasional” (1992: 73). Posicionados
ciones, el hombre se abra a lo mejor, pues, en este lugar, teniendo la muerte como algo
dentro de las vías que caben, están también externo, como algo que prácticamente no
las que conducen a los peores mundos. tiene que ver con nosotros, es imposible
Por estos motivos, y a través del uso hablar de un saber de la muerte que posi-
que le da a la literatura para explorar la vida bilite pensarla. De alguna manera, cuando
cotidiana y no solo como un encuentro para asumimos esta forma, que más que de saber
el placer, Zuleta nos propone una ética que es de negación de la muerte, lo que hace-
hace de la existencia una estética; es decir, mos es expulsar de nuestra vida cualquier
propende por hacer de la vida una obra de mínima referencia que insinúe nuestra fi-
arte; sin embargo, un constante filosofar que nitud, es decir, apareciéndosenos la muerte
examine y diagnostique nuestro presente es como un “eso” que no tiene que ver con no-
una condición que se mantiene a lo largo de sotros; la muerte en abstracto puede seguir
sus reflexiones en torno a las obras literarias. ahí, sin que aceptemos la propia. Somos
incapaces, como le aconteció a Iván Ilich,
El hombre ante la muerte de posicionarnos en el lugar de Cayo en el
Un ser que sabe que va a morir: esta defini- famoso silogismo aprendido en su clase de
ción de lo que es el hombre es considerada lógica: “Cayo es un hombre; los hombres
por Estanislao Zuleta como pertinente y son mortales; luego Cayo es mortal”. Para
precisa, pues le ayuda a filosofar lo que es la el personaje de Tolstoi es perfectamente
criatura humana y lo remite a un problema comprensible que Cayo muriera; era un
esencial: su temporalidad (Zuleta, 1992: hombre, luego era mortal. Pero él, proyec-
60). Si el hombre sabe que vive es porque tando siempre su muerte sobre el afuera,
sabe que muere, es decir, reconoce que está sobre sus propiedades, sobre algo ajeno y
vivo porque tiene conciencia de la finitud no como lo más propio e íntimo, no po-
en la que está inscrito y que esencialmen- día saberse mortal. El problema de Iván
te lo habita. Puesta en esta perspectiva su Ilich, nos dice Zuleta, es haber considerado
situación, al hombre no le queda más re- siempre la muerte desde un punto de vista
medio, si es que efectivamente desea hacer abstracto, como ajena, exterior, final y sin
una existencia significativa —una de las in- relación con el presente, en una falsa opo-
vitaciones que Zuleta hacía—, que pensar sición vida-muerte, creyendo que una cosa
la muerte; es decir, hacer de ese saber que es la vida y otra completamente distinta la
tiene de ella un punto de apoyo para llevar muerte, suponiendo libre a la vida de la fi-
a cabo la vida en toda la extensión y hon- nitud, por lo que ¿para qué preocuparnos
dura que le quepa a bien desarrollar a cada de algo que no tiene que ver con nosotros?
uno. Pero hacer efectivo ese saber no es algo (119-121). Por consiguiente, cuando de al-
que podamos dar por sentado. Es posible gún modo se nos insinúa la singularidad de
que conscientemente nos demos cuenta de nuestra muerte, la vivimos como algo ajeno.
que en algún momento la parca llegará sin Pero esta posición que niega la muerte se
que esto signifique que le demos un lugar, opone a esa otra concepción que será fun-
porque podemos estar parapetados en una damental para comprender el análisis que
concepción de ella —de la que Zuleta nos adelantará Estanislao Zuleta y que, tomada
advierte en su trabajo sobre Tolstoi—, por de Heidegger, considera que “la muerte es
la cual “la muerte ha sido concebida como esencial e interior a la vida: morimos con-
un acontecimiento exterior y posterior a tinuamente cuando mueren todos los po-
la vida, como algo que inevitablemente se sibles que ya no podemos efectuar” (120).

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Estanislao Zuleta

Este camino de la muerte es un camino que tenemos que inscribirnos y asumir su ló-
que la integra y se la apropia, generando la gica y en ella desenvolver la existencia. Pero
posibilidad de una aceptación tanto de ella si interesante, en el sentido que Heidegger
como de una conciencia de la vida, según le da y al que Zuleta recurre, es “el ser ins-
la ineludible dialéctica que a este respecto crito en aquellas condiciones de las que, en
determina al ser humano. efecto, depende su sentido” (Zuleta, 1999,
El tema de la muerte en esta perspectiva citando a Heidegger, ¿Qué significa pensar?),
no tiene nada de depresivo, ni en Zuleta ni se configura la paradoja de que en nuestro
en los pensadores en los que se fundamenta tiempo sea el acontecimiento ruidoso y la
para abordar este problema.1 Es más bien alharaca cotidiana, es decir, aquello de lo que
la concepción opuesta la que debilita la no depende nuestro ser en un sentido, lo que
vida asumida de espaldas a la muerte, pues, hoy se invoca como lo interesante. De esta
para repetirlo, aceptar la muerte es lo que manera, hacer una vida significativa apunta
le confiere a la vida su propia significación, más bien a una labor singular, o sea, la que
de donde se deduce que no darle lugar a la a cada uno le compete, labor que pasa por
muerte, lo único que produce es una pérdida la posibilidad de detenerse en eso aparente-
de valor de la vida. En este horizonte que mente anodino y que logra conmover pro-
estamos trazando, es importante advertir fundamente nuestro ser. Como dice Zuleta
que la significación de una vida no la dan citando a Freud: “es la muerte precisamente
los grandes eventos mediáticos, ni las gran- la que hace que cada flor y cada fenómeno
des y supuestas “hazañas que conmueven los efímero de la vida tengan valor y sentido. Lo
cimientos del mundo” y menos aún muchas eterno no sólo sería de un valor inexistente
de las artificialmente construidas gestas con- sino que el aburrimiento que produciría no
temporáneas que son presentadas como los es pensable para el ser humano, cualquiera
ideales a los que hay que llegar. Es decir, ha- que fuera la beatitud prometida”.2
cer una vida significativa no es algo que ten-
ga que ver con el anhelo de figurar o alcanzar
la fama, valores promovidos por la sociedad
contemporánea que hace del espectáculo y Un ser que sabe que va a morir:
del entretenimiento formas propicias para
el olvido de sí. Dicho de otra manera, en esta definición de lo que es el hombre
algunas formas de la cultura actual reina la
“avidez de novedades” (Zuleta, 1999, citando es considerada por Estanislao Zuleta como
a Ser y tiempo de Heidegger), esa caracterís- pertinente y precisa, pues le ayuda a
tica que Heidegger definió como una de las
caídas en la inautenticidad, en la que fenó- filosofar lo que es la criatura humana y lo
menos como la moda y el consumo consti-
tuyen expresiones suyas; del mismo modo, la remite a un problema esencial:
alta velocidad de innovación que ha alcan-
zado el desarrollo tecnológico incrementa su temporalidad.
la presencia de esta característica, lanzando
siempre a una vida de vértigo, prisionera de
lo inmediato y fugaz e incapaz de detenerse
en lo fundamental. Sin embargo, este no es El saber sobre la muerte es, pues, un
solo un asunto formal de la vida, pues expre- saber esencial que se inscribe en la forma
sa un conjunto de valores, que es el que se misma de hacer la vida, ya que introduce
promueve como aquello “interesante”, en el un límite que muestra que el futuro no

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DE ANTIOQUIA
Estanislao Zuleta

estará indefinidamente abierto y en algún El ideal negativo de la felicidad:


momento se cerrará, lo que determina que una forma de oponerse a la
cada elección cobre especial significación, estructura de posibilidades
pues al realizarla se descartan otras vías En la perspectiva que nos presenta
posibles para hacer la vida. En otras pala- Estanislao Zuleta, la vida cobra sentido en
bras, en cada elección lo que se presenta es tanto sabemos de la muerte, es decir, en tan-
una pequeña muerte, pues, digámoslo así, to le demos un lugar efectivo en la forma
los caminos descartados eran caminos a de vivir nuestra temporalidad, que no es
otros mundos de los que ya jamás se po- otra que la de enfrentarnos a las elecciones
drá dar cuenta. Cuando le damos su lugar que implica ser seres para la posibilidad. Si
a la muerte en nuestro ser (Zuleta, 1999), no consideramos este aspecto, si no tene-
las decisiones que asumimos están signadas mos en cuenta que ante lo que estamos es
por la de todo verdadero decidir, esto es, ante un ser que está siempre en proyecto y
por un elegir que opta por una vía clausu- en esa medida cargado de anhelos, deseos,
rando otras, mientras que si vivimos como carencias y temores, caeremos en esa forma
si tuviéramos todo el tiempo por delante, de rechazo al hombre como estructura de
como si pudiéramos ensayar una y otra vez, posibilidades que es el ideal negativo de la
sin importarnos las consecuencias del error, felicidad. Si afirmamos que la aceptación de
pues “tenemos todas las oportunidades para la muerte se conquista, es porque tendemos
corregir”, lo que se arriesga es despilfarrar a denegarla y no es per se que la hacemos
la existencia. Así pues, cada elección cons- parte de la existencia. Si esta aceptación es
tituye una pequeña muerte, ya que cada una conquistable, implica que es perdible y que
de ellas elimina para siempre posibles de tras alcanzar una forma de la existencia ten-
nuestro ser, elección-eliminación en la que, demos a darla por eterna. Hay algo que está
finalmente, se juega el sentido de la existen- implícito en todo proceso de conquista: si
cia de cada cual. emprendemos una lucha por alcanzar un
A este respecto, Zuleta afirma: “toda objetivo, es porque este representa algo que
vida está hecha, si es una vida realizada, de no tenemos y deseamos. De esta manera, el
muchas muertes. En cambio, si es una vida hombre, en tanto ser deseante, se reconoce
protegida contra la muerte, no se podría como un ser en falta, y los ideales de algún
distinguir de la muerte misma” (1992: 74). modo son expresión de ella.3 A diferencia del
Aparente paradoja: la vida solo se realiza en animal, que es lo que es, el hombre siempre
tanto demos lugar a la muerte, de lo contra- anhela ser otra cosa. En este sentido, el ideal
rio, protegernos de ella, guardar un supues- negativo de la felicidad constituye el anhelo
to yo fijo en una identidad, preservarlo de de lograr unas condiciones particulares de
todo cambio que en esta medida significa la existencia. Este nos remite a un tiempo
destrucción, es negar la vida, porque “ser originario (en sentido mítico pero que acos-
algo es morir, si uno decide ser algo, exclu- tumbramos elevar al rango de verdad) en el
ye muchas otras posibilidades” (Zuleta, s.f., que todo era armonía, paz y tranquilidad,
Dostoievski: f. 39). En este sentido, una for- “paraíso” del que no debimos salir para caer
ma de conquistar la aceptación de la muerte en este valle de lágrimas que es la vida. De
es reconocernos en ella, es decir, integrar la ahí que Zuleta nos advierta sobre los perver-
muerte, dado que somos una estructura de sos efectos de este tipo de idealización y por
posibilidades y que esto nos impone asumir eso en el Elogio de la dificultad muestra que
que toda elección de nuestro yo conlleva la esta forma de la aspiración no es algo aleja-
eliminación de otros tantos posibles yoes do de la cotidianidad sino que, expresada de
que hubieran podido advenir. múltiples maneras, encauza lo que somos en

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Estanislao Zuleta

el día a día. Pero, finalmente, estos paraísos concepción de la vida en la que valoramos
a lo que están invitando es a una vida en la el proceso, el momento de la lucha, el es-
que ya no hay nada por qué luchar, donde fuerzo y el combate, lo que estamos ha-
todo estaría dado y la “serenidad” al fin se- ciendo es la justificación de la vida por ella
ría lograda, una vida sin nada deseable y, por misma, sin necesidad de recurrir a razones
tanto, emblema mismo de la aburrición, el trascendentales. En este proceso se afirma
nihilismo y la decadencia (Zuleta, 2006: 98). la vida con todo lo que ella trae consigo, lo
No obstante, esta forma de idealizar permite que implica hacerse la pregunta ¿quién soy
vivir de espaldas a la muerte, pues mantiene yo? Pregunta que nos convoca a detenernos,
la ilusión de que algún día habrán de llegar a reflexionar. Lógicamente, un interrogante
el mundo y la vida verdaderos. de este tenor acarrea la angustia en tanto
Transitar el camino de la felicidad, lo que está siendo cuestionado es la propia
bajo la orientación de su ideal negativo, identidad. Mantener presente esta pregun-
conduce a una concepción dogmática de ta es una forma de alcanzar la aceptación
la vida, pues todas las respuestas estarían de la muerte, pues en el proceso de buscar
dadas y la duda y los cuestionamientos no respuestas delineamos nuestro ser por opo-
tendrían lugar en aquel paraíso por venir, sición a otras modalidades de este que ya
paraíso de donde la muerte estará expulsa- nunca serán realizadas.
da, pues la fórmula es: paraíso igual vida sin
muerte, lo que, mientras llega, anticipamos La concepción trágica del hombre
mediante el expediente de no querer saber y su vínculo con el arte
de ella. Parodiando a Hamlet, podríamos Dijimos al iniciar que la vida no nos está
decir “saber o no saber de la muerte, esa es dada de antemano y se impone que cada
la cuestión”, que diferencia hacer la vida de uno se haga cargo de su propia construc-
una manera honda, significativa y con sen- ción. Eso visto de otra manera significa que
tido, a una que simplemente se deslice en ninguna potencia exterior ha dictado una
el tiempo sin mayores angustias, pero tam- sentencia e impuesto una dirección para
bién carente de realizaciones. En esta vía que pudiéramos desenvolver tranquilamen-
es importante considerar que una manera te nuestra existencia. Se deduce de esto que,
de oponerse a esa forma de no saber de en principio, nos encontramos en el vacío, y
la muerte que constituye el ideal negativo solo por nuestra propia capacidad de desear,
de la felicidad, está dada por la valoración decidir y actuar vamos dotándola de sen-
positiva del conflicto, es decir, concebir la tido. Sin embargo, la ausencia de razones
vida como proceso, como lucha en el tiem- trascendentales nos lanza a otra situación
po, hacer del conflicto un elemento central que Zuleta va a abordar para mostrarnos
de la existencia y propender siempre por la condición trágica a la que es arrojado
cualificarlo. Es una valoración del conflicto el hombre. Cuando se presentan dos po-
que no incita a este, sino que reconoce que tencias humanamente justificadas que no
es constitutivo de los seres humanos y que pueden lograr una síntesis y nos vemos
el verdadero problema radica en construir obligados a elegir entre alguna de las dos,
espacios, tanto sociales como personales, nos encontramos ante una situación trágica
en los que los conflictos pueden manifes- (s.f. Kafka…: 4); por ejemplo, la oposición
tarse y desarrollarse “sin que la oposición entre unos principios de conciencia y unos
al otro conduzca a la supresión del otro” valores de la sociedad, pero bajo el recono-
(Zuleta, 2003: 29). cimiento de que ambos son válidos. Así,
Ahora bien, desde esta valoración po- por ejemplo, se produce la tragedia cuando
sitiva del conflicto, que se articula a una acatar la ley es ir en contra de lo que dicta

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DE ANTIOQUIA
Estanislao Zuleta

En la perspectiva que nos presenta Estanislao Zuleta, la vida cobra sentido en tanto
sabemos de la muerte, es decir, en tanto le demos un lugar efectivo en la forma de
vivir nuestra temporalidad, que no es otra que la de enfrentarnos a las elecciones que
implica ser seres para la posibilidad.

la conciencia; y al obedecer lo que dice la constituyendo de esta manera un espacio


conciencia se traiciona lo que la ley ordena. para la construcción del sentido de posibili-
Aunque nuestro origen sea dogmático dades, condición indispensable en la batalla
(Zuleta: 1997: 18), pues ante el desamparo contra el dogmatismo.
fundamental en el que nos encontramos al De igual forma, el vínculo entre la fi-
nacer dependemos de seres absolutos que losofía y la literatura es directo en Zuleta,
incluso llegamos a considerar como dioses por ejemplo, cuando ve muy cercanos a
porque de ellos vienen la ley, la lengua, las Cervantes y a Descartes, y es el antidog-
normas, todo aquello que en principio nos matismo el punto en el que los relaciona.
constituye y ordena, es posible alcanzar una De ahí que igualmente diga: “Cervantes
posición trágica frente a la vida, siendo esta es para mí una escuela del pensamiento”
por lo menos un intento de superar ese (Bastidas Urresty, 1990: 99), sentencia que
origen dogmático, es decir, ese estado de orientó toda su experiencia con la literatura.
referentes absolutos que, sin dejar lugar a Así, podemos afirmar, parodiando sus pala-
duda, nos dicen qué hacer. Ahora, cuando la bras, a la vez asignándoselas como un valor,
decisión no plantea ninguna duda, cuando que para Zuleta la literatura es una escuela
se sabe lo que se tiene que hacer por dura del pensamiento. Reconocernos como una
que sea la acción que se tenga que tomar, estructura de posibilidades significa vivir
cuando hay un criterio absoluto, no hay contando con nuestros límites en la tarea
tragedia y quedamos tristemente eximidos de dotarnos de sentido, pero, por otro lado,
de decidir y, en consecuencia, por fuera de también significa abrir una puerta para asu-
todo juego de opciones trágico. En esta lí- mir la concepción trágica de la existencia;
nea, vale la pena señalar que la lucha contra es decir, no solo reconocer muchos caminos
el dogmatismo muestra el vínculo claro que posibles, sino entender que varios de ellos
hay entre la concepción trágica del hombre pueden ser al mismo tiempo esenciales, vá-
y el arte. Al respecto, cobra validez lo que lidos y sin embargo opuestos. Ahora bien,
nos recuerda Luis Antonio Restrepo, al se- igual que para posicionarnos ante la muerte
ñalar que la lucha contra el dogmatismo es y conquistar la aceptación de ella tenemos
una de las mayores enseñanzas de Zuleta, que enfrentar una fuerte lucha, para asumir
pues no solo lo enfrentó apoyándose en la concepción trágica de la existencia, la ba-
Platón, Marx, Nietzsche o Freud, sino que talla no es menor. Para hacerse al sentido
lo hizo desde el arte y la literatura. Sus tra- trágico de la existencia, el ideal negativo
bajos sobre las grandes obras literarias no se convierte en un obstáculo a vencer, y el
obedecen a la forma de crítica tradicional arte y la literatura, en tanto nos permiten
de este género, sino a mostrar que “ellas construir espacios que le den lugar a un
—las grandes obras— y el arte en general entusiasmo significativo (uso esta expresión
nos ayudan a comprender nuestra situación para contraponerla a la de entusiasmo va-
aquí y ahora”,4 y de este modo configuran cío que propone Zuleta y que define como
un campo en el que el lector se interroga un entusiasmo por una causa a la que no se
por lo que es y por lo que puede llegar a ser, le puede aportar nada y en su realización

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Estanislao Zuleta

tampoco le aporta nada al sujeto que se ha sentido trágico de su existencia; ahora bien,
entusiasmado con ella), constituyen aportes el sentido trágico de la existencia lo vemos
para derrotar ese ideal. En esta línea, arte aparecer también en la imagen del artista,
y literatura se convierten en entusiasmos esta vez ligado a su capacidad de soportar
significativos porque proporcionan un es- los nuevos mundos que él, en la insaciable
pacio en el cual morar, preguntar, detenerse persecución de sentido que realiza a través
y pensar se tornan interesantes, pues le dan de la exploración que su arte le implica, al-
lugar a problemas cuyo sentido nos con- canza a construir.
cierne de manera fundamental.
No se trata de que Zuleta niegue la
posibilidad de la felicidad o como una as-
piración legítima del ser humano. Por el Alejandro López Carmona (Colombia)
Miembro fundador y director ejecutivo de la
contrario, llega a afirmar que se hace nece- Corporación Cultural ESTANISLAO ZULETA.
sario realizar una vida en la que la felicidad Economista de la Universidad Nacional, con maestría
esté presente, pero él supera esa concepción en Historia de las ciencias y los saberes. 
que plantea que la felicidad está al final,
reconociendo más bien que está dada en
la lucha por una vida significativa.5 En el Referencias
Bastidas Urresty, Edgar (1990). Meditaciones,
arte, la afirmación misma de la vida pasa Medellín: Testimonio.
por la afirmación de esta en toda su di- Proust, Marcel (2001). En busca del tiempo perdido, t.
mensión trágica; ¿quién más libre que un VII. El tiempo recobrado. Madrid: Alianza Editorial.
artista, capaz de identificarse con su arte, de Zuleta, Estanislao (s.f.). Dostoievski, Documento sin
editar, Universidad de Antioquia, Archivos personales.
amarlo en todas las formas que le propone ——— (s.f.). Kafka, consideraciones breves sobre la lec-
y de respetarlo hasta transgredir la tradi- tura, Universidad de Antioquia, Archivos personales.
ción que lo formó para atreverse a explorar ——— (1992). La propiedad, el matrimonio y la muerte
nuevos mundos? De ahí que digamos que en Tolstoi. Cali: Ediciones Prensa Colombiana.
——— (1997). Elogio de la dificultad y otros ensayos.
el arte es terreno en el que la concepción Cali: Fundación Estanislao Zuleta.
trágica de la vida cobra toda su expresión. ——— (1999). A la memoria de Martín Heidegger,
A propósito de esta vivencia trágica que el Revista Facultad de Ciencias Humanas, Universidad
arte depara, vale la pena que escuchemos lo Nacional de Colombia, Medellín, N.° 2, pp. 245-264.
——— (2003), Colombia: violencia, democracia y de-
que al respecto dice Zuleta de la sociedad rechos humanos, 3.a ed., Medellín: Hombre Nuevo
griega y su relación de producción artística: Editores, Fundación Estanislao Zuleta.
“la tragedia griega es la existencia griega, la ——— (2006), Comentarios a Así hablaba Zaratustra,
falta de un Corán, de una Biblia, de un tes- Medellín: Hombre Nuevo Editores.
tamento, de un Rig-Veda. Su religión está
expuesta por los poetas y cualquiera puede Notas
hacer una versión, de cualquier mito, pero 1
Solo hemos mencionado a Tolstoi o Heidegger, pero
no por una casta sacerdotal; por los poetas, en sus reflexiones sobre Platón, Nietzsche y Freud
también encontramos elementos que aportan de ma-
por Hesíodo, por Homero. Eso hace que el nera decidida a este tema.
hombre sea trágico y sea consciente de su 2
Cfr. Sigmund Freud, en ese bello ensayo titulado “Lo
tragedia” (Bastidas Urresty, 1990: 99). De perecedero”.
esta manera, una relación cercana con los
3
Zuleta define el ideal como aquello que, aunque no
es realizable totalmente, constituye un horizonte para
poetas, y con los artistas en general, nos la acción y un referente para las decisiones que toma-
permite afirmar la vida y valorarla posi- mos cuando vamos construyendo la vida. Cfr. Arte y
tivamente sin desconocer sus inevitables filosofía, p. 50.
4
Cfr. Zuleta, Estanislao. Arte y filosofía, Hombre
desgarramientos. El valor del pensador
Nuevo Editores, Medellín, 2007, p. 11.
está relacionado con la capacidad que ten- 5
Cfr. Zuleta, Estanislao. Ciencias Naturales y Ciencias
ga de soportar la verdad, radicando aquí el Sociales, Editorial FICA, Bogotá: 2003, p. 62.

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DE ANTIOQUIA
52
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Estanislao Zuleta

1980
: Rec
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usa en
Cali
L
a política ocupa un lugar fundamental dentro del pensa-
Pablo
Andrés
miento de Estanislao Zuleta. Este es un terreno en el que
Malpica su reflexión en general encuentra una síntesis. Podría decir-
León se, sin que sea un descubrimiento, que en la política los diferentes
caminos por los cuales discurrió el trabajo intelectual de Zuleta
encuentran un destino o un punto de confluencia. El concepto de
racionalidad, las condiciones del pensamiento, el carácter edifican-
te del conflicto y la dificultad, las simultáneas tendencias humanas
a la sociabilidad y al aislamiento, entre otros temas, son construc-
ciones que Zuleta desarrolla en ámbitos tan diversos como los de
la estética, la ética o la lógica, pero que se convierten en piezas
fundamentales de sus ideas políticas.
Dos conceptos nos dan luces sobre lo que Zuleta entiende por
política: el de intereses y el de fuerza. La política es, según él, el es-
cenario donde encuentran curso e interactúan los diversos intereses
que la vida humana entraña, lo cual necesariamente conducirá a
la construcción y elevación de exigencias y demandas; en un nivel
más desarrollado, a la elaboración de programas. Pero con esto no
basta para hallarse en el terreno político, pues es necesario que tales
intereses encuentren respaldo en una fuerza que los pueda reivindi-
car frente a otros paralelos o contrapuestos. Como el mismo Zuleta
sostiene, una demanda o un programa no prevalecen solamente
demostrando su veracidad o pertinencia sobre otros, sino que esto
depende de los mecanismos de presión de los que se disponga para
hacerlos valer. La hegemonía estadounidense —en declive— no se
sostiene porque la humanidad esté convencida de la pertinencia de
tal cosa; sin lugar a dudas sus aviones, sus marines y sus bombas
atómicas algún poder disuasivo tienen.
Creo que no es excesivamente especulativo pensar que Zuleta
estaría de acuerdo con la inversión foucaultiana de la máxima de
Clausewitz, según la cual “la política es la continuación de la guerra
por otros medios”. Sin embargo, el centro de la reflexión política
de Zuleta radica en el intento de definir los rasgos característicos

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DE ANTIOQUIA
Estanislao Zuleta

de una democracia, es decir, la manera su parte en la burocracia y al cierre de toda


como un régimen democrático configura- posibilidad a fuerzas políticas alternativas
ría formas específicas de hacer política, los que amenazaran su hegemonía.
presupuestos que tendría que contemplar Zuleta ve pues en el derecho una vía
la defensa de los propios intereses, las limi- de escape al ejercicio indiscriminado de la
taciones que tendrían las acciones para obs- violencia. La legalidad se presenta enton-
truir, denegar o reducir los intereses ajenos, ces en dos direcciones: hacia adentro, como
los mecanismos de presión permitidos, etc. configuradora y límite del poder del Estado,
Con esto en mente, Zuleta elabora una se- y hacia afuera, como canalizadora de con-
rie de conceptos, tales como el de pluralis- flictos y marco de solución no violenta. Pero
mo, el de conflicto, el de derechos humanos, ahí no finaliza el asunto. Zuleta sabe que la
entre otros, dentro de los cuales es nuestra legalidad es algo carente de contenido que
prioridad desarrollar el de Estado, sin que se puede oponer al puro ejercicio de facto de
para ello sea posible desconocer los demás. la fuerza, pero que por sí misma no es útil
a la formación de un Estado democrático.
Por otra parte, el Estado tendría como deber Estados totalitarios ha habido que en sen-
matizar los poderes de los particulares tido formal y estricto no son ilegales. Para
suplir este vacío teórico introduce Estanislao
que por diversas razones pueden convertirse Zuleta la noción de derechos humanos,
en dominadores de la mayoría; como un mínimo que cualquier forma de
ello le demandaría tener una gran independencia legalidad democrática debe reconocer. Los
derechos humanos son garantías mínimas
frente a los grupos de presión constituidos, que a la vez se tienen contra el Estado y de
por ejemplo, en virtud de la riqueza. las cuales este mismo es garante. Son, para
usar la terminología de Zuleta, una forma
En primer lugar, Estanislao sostiene de poder otorgada a cada persona que sirve
que un Estado democrático es aquel capaz de límite a la acción del Estado, que de otro
de desarrollar y mantener en vigor un orden modo carecería de toda contención. En otros
legal a través del cual sea posible darle curso términos, la legalidad devendría legítima por
pacífico y civilizado al conjunto de conflictos la vía de asegurar a cada individuo una in-
que la vida en sociedad implica siempre. Esta tangibilidad fundamentada en su condición
idea, aparentemente abstracta, es elaborada de ser humano.
teniendo presente el Estado colombiano, Por otra parte, el Estado tendría como
que en el tiempo de Zuleta, y aún hoy, care- deber matizar los poderes de los particula-
cía de capacidad de abarcar todo el territorio res que por diversas razones pueden con-
nacional, se encontraba cooptado por inte- vertirse en dominadores de la mayoría; ello
reses particulares y cuyo poder era disputado le demandaría tener una gran independen-
por fuerzas incapaces de vencerlo pero tam- cia frente a los grupos de presión constitui-
bién imposibles de ser vencidas, lo cual las dos, por ejemplo, en virtud de la riqueza.
entrababa en un conflicto armado sin salida Del mismo modo, un Estado democrático
política y al mismo tiempo sin conclusión a auténtico debería no impedir, e incluso
la vista por la vía militar. A su vez, el espec- promover, la potenciación de los que por
tro político se encontraba dominado por un sus condiciones de subordinación y vulne-
ordenamiento jurídico rígido y conservador rabilidad carecen de todo poder. Ello, por
cuya expresión máxima era la inmodificable supuesto, no implica que Zuleta atribuya
constitución de 1886, y, además, por unas únicamente al Estado el deber de generar
organizaciones partidistas desideologizadas, las condiciones para la organización y de-
sin intereses diferentes al mantenimiento de sarrollo de las capacidades colectivas de los

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Estanislao Zuleta

sectores populares, imprescindibles para su latinoamericano— en los últimos años de


conversión en sujetos políticos; es más, un su vida y en las décadas posteriores a su fa-
Estado democrático, según Zuleta, supone llecimiento. Mucho menos a prever el des-
también una sociedad civil altamente poli- calabro del que son hoy víctima los Estados
tizada, organizada, autónoma y crítica. europeos a manos del poder financiero glo-
A este respecto, sostiene Zuleta: bal que pretende asfixiar a las otrora prós-
peras repúblicas de Grecia, Italia, España,
Defender la democracia es luchar en
Portugal e Irlanda en pos de una deuda
permanencia por la ampliación de los
impagable e ilegítima. Es una cuestión im-
poderes ideológicos, culturales, eco-
perativa averiguar qué se mantendría en
nómicos y políticos del pueblo; por su
pie y qué habría que ajustar de los plantea-
capacidad organizativa, de decisión y
mientos de Estanislao en este escenario, en
de intervención. (Zuleta, 2003: 26)
el que, en nuestro país, del Estado queda
Se trataría entonces de un Estado que, incólume solamente su aparato represivo y
al permitir el curso civilizado de los conflic- militar, en el que la salud, la educación, el
tos garantizando una legalidad respetuosa desarrollo económico, el medio ambiente,
de los derechos humanos, no denegaría entre otros muchos aspectos, no son objetos
de manera tajante los intereses de ningún de su interés; en este mundo en el que “ex”
sector específico, salvo aquellos que por su banqueros asumen sin pudor alguno el go-
carácter violento y deseoso de eliminar físi- bierno de los países europeos en bancarro-
camente al contrincante cierren la posibili- ta, en el que el decadente imperio amenaza
dad al conflicto pacífico. De esto se deriva con iniciar nuevas guerras.
que el Estado pensado por Zuleta vendría a Así mismo, resulta imprescindible
ser un “campo de combate” en el que múlti- repensar las ideas políticas de Estanislao
ples formas de ver el desarrollo social deben Zuleta a la luz de los planteamientos he-
encontrar expresión y en el que triunfarán chos por movimientos sociales como el
aquellas que logren imponerse a partir del zapatista mexicano, que hacen énfasis, más
despliegue de las formas legítimas de acción que en el fortalecimiento del Estado, en la
democrática, tales como la organización, la construcción de poderes desde abajo.
movilización, la generación de una opinión Acometer estas y otras tareas pendien-
pública favorable, la protesta, etc. tes, referentes a la actualización del pensa-
Un aspecto final por resaltar del pensa- miento de Zuleta, es la mejor forma de ser
miento de Zuleta sobre el Estado democráti- legatarios de las ideas de un maestro que
co es la necesidad de que este sea, en la mayor admiró como pocos a excelsos representan-
medida posible, descentralizado. Si Zuleta tes del pensar sin renunciar a esa suprema
veía con gran optimismo la elección de alcal- expresión de la libertad que es la crítica.
des por votación popular —establecida desde
1988— era porque consideraba esto como
una oportunidad para que la democracia fue-
ra cada vez más cercana a la vida concreta y Pablo Andrés Malpica León (Colombia)
Abogado, residente en la ciudad de Tunja, participante
específica de los ciudadanos; como él mismo de diferentes procesos de formación de la Corporación
lo dice, una cátedra in vivo de política. Cultural Estanislao Zuleta y miembro de esta organi-
zación. Actualmente adelanta procesos culturales, de
El declive del Estado lectura y formación en Boyacá.
y su coyuntura
Referencias
Zuleta no alcanzó a conocer a fondo el Zuleta, Estanislao (2003). Colombia: violencia, demo-
dramático desmantelamiento que sufriría cracia y derechos humanos. Medellín: Hombre Nuevo
el Estado colombiano —y en general el Editores.

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DE ANTIOQUIA
¡
C
ontar con el pensamiento para hacer la
Diana M.
vida! Es esta una afirmación que aloja
Suárez y
Santiago y expresa una relación entre el pensar
Gutiérrez y el vivir que reconocemos como una actitud
filosófica: reflexionar sobre lo que se vive, que
el pensar afecte la vida, y a la cual puede lle-
garse cuando se realiza un acercamiento a la
obra de Zuleta, o al menos a una parte de ella,
con inquietudes sobre asuntos como el ser, la
existencia, el tiempo, el sentido de la vida, lo
que somos, el conocer, el pensar, entre otros.
Cuestiones que hacen el conjunto, diverso
y amplio, de motivaciones para emprender
exploraciones que competen a la filosofía.
Pero ¿qué es la filosofía y cómo está ella
presente en la obra de este pensador?;
¿cuál es el entendimiento que de ella
tiene?; ¿cuáles son los atributos de una
actitud filosófica como la mencionada?
La filosofía en la obra de Zuleta se
encuentra muy vinculada a la reflexión
sobre la vida que vivimos, a la produc-
ción de conocimiento sobre ella; se
refiere a una postura vital. Como un
eco de sus palabras oiríamos resonar:

56
La filosofía surge cuando la gente encuentra que tiene carencias. Es uno
de los más grandes encuentros que se pueden hacer en la historia: el en-
cuentro de que hay algunas cosas que uno no sabe. Es un encuentro tardío
[...] hay una forma más terrible de ignorancia que cualquier otra y consiste
en creer que se sabe lo que no se sabe: mientras menos se sabe, más se cree
que se sabe.

Saber de algo, entonces, nos pone frente a una diferenciación que se


encuentra en Estanislao: aquella en la cual nos propone el conocimiento
como el aprendizaje de un saber y el pensamiento como las elaboraciones
propias vinculadas a preguntas que surjan desde lo más propio de sí; el
pensamiento, pues, como actividad y producción de saber a la vez, ejercicio
simultáneo de reflexión, interpretación y conocimiento; una gran aventura
en la cual se mantienen abiertas inquietudes sobre el cómo pensamos, lo
que significa pensar, por qué pensamos como pensamos, quién actúa el
pensamiento.
Proponer la filosofía, de la mano de Zuleta, como la aventura del pen-
sar, la actividad del pensamiento, recoge un entendimiento de ella como
inclinación, movimiento del ser que lo pone, en su experiencia vital, frente
a lo desconocido y enigmático del pensar por sí mismo, del saber de sí, del
hacerse a su propio sentido de vida (o en plural), a sus propias concepciones
e ideas, a sus argumentos. Habitar filosóficamente1 el mundo tiene que ver
con correr riesgos, estar frente a grandes peligros, ponerse en situaciones
incómodas y de alta inseguridad, transitar por lo desconocido, como ocurre
cuando nos da por preguntarnos por la muerte, las relaciones amorosas, la
realidad social. También ella, la aventura, exige saber repentizar, poder re-
accionar ante la imposibilidad, crear nuevas alternativas ante el obstáculo,
saberse preparar antes de partir hacia ella, empacar algunas facultades im-
prescindibles cuando se trata del pensar: imaginación, creación, juicio, dis-
tinción, comprensión, reflexión, abstracción, contemplación, enunciación.
La aventura aquí significa la búsqueda y la creación de caminos propios.
Para ella se requieren unas disposiciones particulares: soportar la angustia de
estar perdido, no claudicar porque no se tenga claridad, avanzar no obstante
la inseguridad de no saber hacia dónde se va, sin olvidar por supuesto las
conquistas, las satisfacciones y los nuevos lugares que pueden ser posibles
cuando se aprende a amar la dificultad que todo ello supone, cuando se in-
terroga la vida que llevamos, tanto la personal como la colectiva. Un ejemplo
de ello es ganar la conciencia de la muerte y la valoración de la vida a que nos
lleva el reconocer la finitud suya. Nada hay seguro en una aventura, tampoco
en la del pensar; no está garantizada ella como vivencia: se piensa como se
sueña, esto nos advierte Zuleta cuando reconoce e interroga las preocupacio-
nes por encontrar el método para pensar bien; no hay método para ello, no
hay predeterminaciones o ejercicios de la voluntad para soñar o para pensar,
ellos advienen a uno, acontecen.

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DE ANTIOQUIA
Estanislao Zuleta

Hemos reconocido, entonces, el pensa- Ese el lugar que Estanislao supo darle a
miento como un asunto central en Zuleta; la filosofía: el que la sitúa en las vías de la acti-
esa fue su gran búsqueda. Él fue siempre vidad del pensamiento que cada quien pueda
un ser muy angustiado, y, en coherencia con poner en marcha en el transcurrir cotidiano
lo que nos propone, fue capaz de hacerse de su existencia, y no el lugar de “una espe-
cargo de esa angustia y, con inteligencia y cialización inocua en ideas generales”, como
creatividad, de atreverse a enunciar “cómos” lo propone en el mismo pasaje referenciado.
posibles para el pensamiento en la existen-
cia de cada quien, en tanto dedicó su vida El pensar
al pensamiento como objeto de reflexión. ¡El ser humano no se inclina al pensamiento!
Que la inquietud, la complejidad y la fini- Que el pensamiento tenga lugar en nuestra
tud sean posibles en nuestras formas de re- vida constituye una dificultad; hay obstácu-
lacionarnos con el otro y con el mundo, que los que provienen de nosotros mismos y del
se estimule la capacidad de luchar, que sea contexto en que vivimos para que este pue-
realizable y necesario trabajar arduamente da darse. Un entendimiento así se encuentra
para hacer efectivas nuestras posibilidades, en las reflexiones de Zuleta, y es afirmación
que lo que nos demanda esfuerzo y dedica- que suscita por lo menos dos preguntas in-
ción tenga lugar, que encaremos el trabajo mediatas: ¿por qué no se inclina el ser hu-
que supone una lucha contra sí mismo, son mano al pensamiento?; ¿de dónde nos viene
algunos de los llamados que Zuleta alienta, esa NO inclinación al pensamiento?
provocándonos preguntarle: ¿quién quiere Yo, tú, él, ella, ellos, nosotros, somos
atormentarse?, ¿quién quiere desacomo- efecto de las identificaciones que han mar-
darse?, ¿quién quiere sentirse angustiado y cado nuestra vida: queremos parecernos a
permanecer en la duda? alguien, lo admiramos, nos revestimos con
Allí donde se logra con valentía en- formas, ideas, valoraciones, que configuran
frentar la dificultad de pensar por sí mismo, nuestra identidad y que provienen de otro.
se asume una actitud filosófica, se sabe de Zuleta entiende por dogma una convicción
la finitud, de la muerte, del dolor de verse (ideas, representaciones, sentidos) con la
rompiendo con ideas y seres que habían que el sujeto se identifica, y en esa medida
ocupado lugares esenciales en la existencia, podemos afirmar que en un sentido funda-
se reconoce que no hay garantía de felici- mental todos somos dogmáticos por princi-
dad ni de tranquilidad: pio: creemos estar seguros de lo que somos,
saber de eso que somos. Por tal motivo,
Creo que la filosofía siempre que es-
cuando nuestras convicciones son interro-
tuvo viva fue algo más que docencia
gadas, consciente o inconscientemente, se
y recuento de ideas. Fue vigilancia
suscita la angustia: las firmezas con que
crítica, territorio del debate, impulso
contábamos son impactadas, nos encontra-
a la fecundidad del pensamiento. En
mos ante la desnudez de las afirmaciones,
nuestra sociedad el pensamiento está
no sabemos qué vendrá, la identidad queda
amenazado tanto por formas de adap-
en suspenso. ¿Quién gusta de dudar de sí,
tación que se promueven, como por las
de afirmar que no sabe lo que es, de acep-
formas de desadaptación que se pro-
tar que no tiene idea de lo que quiere? La
ducen. Si la filosofía quiere llegar a ser
inclinación entonces es a permanecer res-
importante, si no se conforma con un
guardados en las ideas de sí que tenemos, a
humilde sitio en la división social del
evadir las incertidumbres, a protegernos de
trabajo, como especialización inocua
la acción desgarradora del pensamiento que
en ideas generales, tiene que saberse
interroga, que instaura dudas, que espanta
combatida y afirmarse combatiente.
certidumbres. Este proceso se da tanto en
(Zuleta, 2007: 37)
el ámbito individual como en el colectivo y

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Estanislao Zuleta

opera tanto en lo que somos como sujetos se trata— de una nueva afirmación, de una
como en lo que somos como sociedad. propuesta, del crear. Con lo que resulta que
Las identificaciones de que nos reves- el ejercicio del pensamiento se desarrolla en
timos y que constituyen nuestra identidad tensión, en él se dan movimientos opuestos,
nos comunizan: los integrantes de una por ejemplo, de liberación o renuncia (en
sociedad, de un conjunto, de una familia, tanto significa ruptura de lazos y de moldes)
compartimos creencias, ideas y valores que y de constricción o sometimiento (acceder a
recibimos y en los cuales fuimos educados un orden distinto, inscribirse en un sistema
como forma de ingresar en esa comunidad de valores distinto, elaborar nuevas repre-
a la cual pertenecemos. En ese interrogar sentaciones). Si decimos tensión es porque
que tiene que ver con la actividad del pen- necesariamente tienen que estar presentes
samiento se ponen en cuestión aspectos de ambas, la liberación con la tribulación que
la existencia en los que se cree, se duda de comprende ese aventurarse y la creación
sí y del otro, lo cual exige o deriva en una que es de nuevo afirmación, nacimiento a lo
toma de distancia frente a aquellas convic- desconocido, promesa de felicidad.
ciones compartidas con las cuales hemos El pensamiento propone destruir para
hecho la vida: formulaciones del estilo en que nazca algo nuevo, reconociendo que a
mi casa creemos que…, o nosotros los paisas so- la conquista la precede la angustia, siendo
mos…, o en Colombia nos gusta que… resul- posible que luego tenga lugar la satisfacción
tan amenazadas, inútiles, desajustadas. Así de la creación merced a los hallazgos. Qué
entonces, serán inevitables los sentimientos se hace con lo hallado y cómo se significa
de soledad y de culpa que nos asaltarán, eso, será el paso obligado de lo dramático
pues nos hacemos extraños, diferentes a la del pensar: que dé lugar a la movilización
comunidad que integramos y que nos ho- que consiste en hacer algo con ello, la auto-
mogeniza; se trata de una experiencia que nomía del pensante y la promesa de nuevos
significa una ruptura, que hace sufrir, que sentidos para el ser y, por qué no, para otros.
causa dolor, que implica renuncia. Razones
estas para preferir sostenerse en las mismas El pensador y el pensamiento
convicciones, para negarse a atentar contra ¡Aquel que actúa el pensamiento es el pensa-
lo que se es, contra la comunidad. dor! Ante la dificultad que tenemos para
decir qué es el pensamiento, y dado que
Hay dos operaciones del pensamiento:
no contamos con una definición explícita
la tendencia a romper con un sistema,
de Zuleta del orden “el pensamiento es”,
un código, que generaba sus evidencias
podemos afirmar, más bien, que “el pen-
y otorgaba seguridad. Crítica, alegría
samiento tiene que ver con”. Entonces, re-
de ver desaparecer lo obligatorio, que
cogiendo de lo antedicho, el pensamiento
se ha vuelto inútil y de ver surgir lo que
tiene que ver con: interrogar, dudar, tomar
se revela necesario. […] dolor de perder
distancia, atentar contra la identidad, dife-
las complicidades anteriores y angustia
renciarse, vaciarse de certezas, suspender
de no saber hacia dónde conduce el
los juicios, romper para crear, concentrarse
proceso. Y la otra tendencia, que trata
en un asunto, explorar, detenerse, hacer algo
de construir una nueva coherencia, una
con lo que se descubre, lograr una ejecución
constricción y normatividad más elás-
singular con lo indagado, producir un co-
tica y comprensiva. (Zuleta, 2007: 37)
nocimiento propio de lo que se es.
De esta afirmación de Zuleta podemos El pensador explora y permite explo-
desprender una forma de la felicidad: la del rar; actúa la significación: es intérprete
pensamiento como liberación, como ruptu- del mundo y de la realidad, es creador de
ra. El ¡no! a algo, a un convencimiento que se sentidos; tiene un compromiso vital con lo
tenía, va acompañado —si del pensamiento que busca, que es la verdad; es transgresor:

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DE ANTIOQUIA
Estanislao Zuleta

amenaza una estabilidad poniéndola en in- mismo como transformación del ser porque
terrogación a la vez que introduciendo sen- abre el camino para transformar la socie-
tidos nuevos. Todo lo anterior le exige a ese dad; así se recupera para una comunidad
que con el pensamiento actúa, asumir ese el pensador no de cosas inéditas, pero sí el
deseo de saber hasta las últimas consecuen- pensador de ideas auténticas, conquistadas,
cias, así como el compromiso de sentimien- ideas creadoras de sí: ese que todos estamos
tos, emociones y también del intelecto para llamados a ser y en posibilidad de ser.
hacer la búsqueda con lo que es. Así es la La actividad del pensamiento transita
exploración que acomete, reconociéndose entonces como asunto transversal en la obra
siempre como parte de una sociedad. de Zuleta, en la palabra que de él podemos
El pensador piensa con lo que es y se conocer a través de los textos que recogen la
pregunta por el qué hacer con la produc- exposición oral de sus reflexiones. Esa acti-
ción de saber que realiza en la búsqueda, vidad del pensamiento de la cual Estanislao
hasta dónde llegar con ese saber, qué efec- hace problema, o problematiza, o que he-
tos producirá en su sociedad. Serán el co- mos problematizado nosotros de la mano
raje y la valentía, y no tanto una postura de él, se abre a tres dimensiones: 1. el pensar;
del intelecto, las herramientas con las que 2. el pensador; 3. la obra del pensador (el pen-
el pensador cuente a la hora de enfrentarse samiento, si se quiere, concretado), las cua-
a estos movimientos que le son constituti- les fueron ofrecidas de forma muy sintética
vos. No hay método para el pensador que en estas líneas, que esperamos aporten al
pueda ser transferido a otros. En este sen- recoger, interpretar, hacer con, actualizar la
tido, hay pensadores que son posibilidad obra de este singular y auténtico pensador
de exploración para otros, esos seres que colombiano.
se constituyen en referentes imprescindi-
bles para acompañar el andar existencial de Diana M. Suárez (Colombia)
otros, para asomarse al mundo y sus cosas. Miembro activa de CorpoZuleta, coordinadora de la
Pero también nos propone Zuleta el “ser Línea de Filosofía que hace parte del grupo de estudio
pensador” como una forma de estar en el “Estanislao Zuleta como referente intelectual: estudio
crítico y creativo de su obra”.
mundo, “ser pensador” como una posibili-
dad para cualquier ser humano; unos crean Santiago Gutiérrez (Colombia)
y permiten explorar, otros exploran y crean Miembro fundador y miembro activo de CorpoZuleta,
para sí sentidos: ¿el pensamiento nuevo conductor de clubes de lectura y tertulias literarias.
Integrante de la Línea de Filosofía, del grupo de es-
será trascendente para uno o para el mun- tudio “Estanislao Zuleta como referente intelectual:
do? Pregunta cuya respuesta ofrece el rasgo estudio crítico y creativo de su obra”.
diferenciador entre ambas formas de actuar
el pensamiento.
Referencias
El pensador piensa por sí mismo, no Zuleta, Estanislao (2007). “Tribulación y felicidad del
delega en nadie más ese trabajo; es ese el ca- pensamiento”. En: Elogio de la dificultad y otros ensa-
mino que recorre para producir algo nuevo, yos. 10ª ed., Medellín: FEZ.
sea desde el arte o desde la ciencia, sea que Notas
transforme el mundo o que se transforme 1
Un decir de nosotros, integrantes de la Línea de
a sí mismo. El pensamiento como vivencia Filosofía del grupo de estudio “Estanislao Zuleta
como referente intelectual: estudio crítico y creativo de
del sujeto tiene que ver con un “yo lo ela- su obra”, que parte del trabajo que hemos adelantado
boré”, “yo lo conquisté”, y a partir de ello se a lo largo de dos años de encontrarnos para leer juntos
hace posible la transformación de sí, de sus textos de este pensador, para conversar sobre lo leído
ideas y convicciones, por la introducción y para rumiar sus propuestas con las preguntas pro-
pias de cada uno y del grupo de estudio: Isabel Salazar,
de un sentido nuevo para el ser pensante, Lucero Soto, Lorena Aguirre, Alba Zuleta, Julie
así no se trate de un sentido inédito para el Arteaga, Diana Suárez, Santiago Gutiérrez, Alejandro
mundo. Es muy importante el pensar por sí López y Fernando Ríos.

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Estanislao Zuleta

El concepto de democracia en la obra de Estanislao Zuleta

H
ace aproximadamente tres décadas, buena parte del mun-
do occidental veía venir con beneplácito transformaciones
Isabel
que en el ámbito de la vida política fueron prontamen-
Salazar
te interpretadas y anunciadas como una posibilidad de apertura,
de expansión y de consolidación de la democracia. Colombia en
esa oportunidad no representó una excepción, ya que desde cierta
perspectiva —y pese a que no hubo cambio de régimen político,
dado que el existente no había conocido, desde su constitución en
1886, el embate de una dictadura o de un gobierno totalitario—,
acontecimientos como la elección popular de alcaldes en 1988 y
la Asamblea Nacional Constituyente que gestó la Constitución
de 1991, condujeron a reformas en nuestro ordenamiento que, sin
desconocer las particularidades del contexto en el que se realizaban,
eran a su vez parte de un espíritu de celebración de la diversidad
que se respiraba a escala continental y mundial.

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DE ANTIOQUIA
Estanislao Zuleta

Ahora bien, traer hasta el presente este contamos para experiencias concretas de
momento particular de nuestra historia ejercicio del poder, horizonte en el que los
común halla su razón de ser, precisamente, ciudadanos pueden tener una participación
en el movimiento actual de una diversidad efectiva en la conducción y en el control de
que nos impele, con todo y nuestros espí- asuntos que les conciernen, y en la elección
ritus abatidos por su presencia, a volver a y sustitución de los gobiernos que ejercen el
encarar la pregunta por los ejercicios de poder por un tiempo limitado y por delega-
poder democráticos que hemos sabido ción, estamos ante un esfuerzo de síntesis y
concretar, más allá de contar con una carta de condensación de una serie de problemas
de navegación política que desde hace poco cuyo tratamiento, siendo consecuentes con
más de tres lustros exalta su existencia. En la posición de nuestro pensador, no preten-
otras palabras, lo que se pretende a través demos obviar.
de las siguientes líneas es invitar a asumir El primero de estos problemas con-
la responsabilidad que conlleva el indagar cierne a la idea de la democracia como un
de manera crítica por las consideraciones horizonte superior de posibilidades, y, en
y posiciones que hemos adoptado ante la general, a todo aquello que Zuleta consi-
democracia. Para ello, nos ocuparemos de dera como las más altas posibilidades de
algunas de las elaboraciones que al respecto realización en nuestra existencia en las dos
ofrece Estanislao Zuleta, cuya obra toma- dimensiones que siempre estarán presen-
mos como referente para nuestros plantea- tes en sus análisis: la personal y la colec-
mientos y para la creación de algunas de las tiva. Hablar de un horizonte superior de
convicciones que animan estas páginas. posibilidades para la sociedad y para los
Una precisión antes de entrar en ma- individuos que la conforman no implica,
teria. El conjunto de textos que han sido en ninguna de las elaboraciones de Zuleta,
compilados bajo el título Colombia: violen- una idealización fija; valga decir, no encon-
cia, democracia y derechos humanos, pese a no tramos una cristalización o totalización del
constituir una edición revisada con mayor ideal, hasta el punto de llegar a perder de
articulación y potencia, evitando las repeti- vista la complejidad que nos es constitutiva.
ciones y dando organicidad al corpus inclui- Todo lo contrario, lo que encontramos en
do, hoy nos posibilita saber que la pregunta la labor intelectual de nuestro pensador es
por la democracia en un intelectual del cuño una referencia temprana al conflicto, a la
de Zuleta no constituyó de ninguna manera hostilidad, a la oposición, como rasgos con
una respuesta a una urgencia o a una moda, los que también se debe contar al momento
sino que, en su lugar, es la coyuntura la que de pensar las relaciones humanas, rasgos
le permite retomar ideas, discursos y pensa- que no pocas veces pasamos por alto, sobre
dores que le eran caros en su labor de trans- todo al comenzar una empresa comparti-
misión de la conceptualización que había da o al pensar en otros mundos o futuros
alcanzado sobre ella. posibles para nuestra sociedad; paraísos de
Voy a considerar de entrada una defi- cucaña a los que quizás Zuleta respondió
nición de democracia que nos sirva de refe- con fuerza pero no con escepticismo, tal vez
rencia para la discusión que me propongo. como una manera de sacudirnos de senti-
Como toda definición, esta resulta de un dos comunes que se nos van enquistando,
trabajo de delimitación de los problemas y como lo son la armonía, la pacificación y la
de la economía de sentido que implica en bondad absolutas.
la obra de Zuleta dicho término; es decir, En consonancia con lo anterior, en-
al hablar de la democracia como el hori- contramos la recurrente alusión a la noción
zonte superior de posibilidades con el que de insociable sociabilidad, recuperada por

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Estanislao Zuleta

Hablar de un horizonte superior de


Zuleta de algunos escritos de Kant, como
otra de las maneras sintéticas y efectivas de posibilidades para la sociedad y para los
bordear el problema de cómo comprender
nuestras relaciones personales y sociales individuos que la conforman no implica,
como relaciones en las que se conjugan
la interdependencia y la oposición. Esta
en ninguna de las elaboraciones de
noción, al ser articulada al problema del Zuleta, una idealización fija; […] Todo
reconocimiento de la democracia como
un horizonte superior de posibilidad, nos lo contrario, lo que encontramos en la
brinda la oportunidad de entender que en
la historia se han dado formas logradas de labor intelectual de nuestro pensador es
existencia individual y colectiva que nos
muestran, por ejemplo, que la supresión del una referencia temprana al conflicto, a la
otro, matándolo, reduciéndolo a la impo-
tencia o silenciándolo, no se presenta como hostilidad, a la oposición, como rasgos
algo inexorable. La de Zuleta es, antes que
nada, una invitación a reconocer nuestros
con los que también se debe contar al
conflictos en lugar de ocultarlos; un reco- momento de pensar las relaciones humanas.
nocer que no es lo mismo que hacer un in-
ventario de defectos y debilidades, propias
y de los demás, o un balance que encuentre, de leyes, decretos, normas y demás orde-
en la enumeración o en la designación de namientos jurídicos —o por los principios
las prácticas y de las actitudes que denotan y las fórmulas de los que hablará Zuleta al
una ausencia de la democracia en nuestro pensar en el legado de Kant—, sino precisa-
país, una aparente justificación para seguir mente por el juego político que pueda con-
igual, sino un reconocer que se eleva al nivel cedérsele a quienes se acogen a él, incluso
de una pregunta para ser encarada cada vez si algunos de ellos plantean diferencias que
con autenticidad: ¿cómo vivir productiva e en algún momento pueden llegar a cons-
inteligentemente en y con los conflictos? tituirse en transformaciones de ese marco
Volviendo a la definición que hemos que los acoge. Tal cuestión, por supuesto,
adoptado como punto de partida, tenemos no solo puede ser pensada en el marco de
que la democracia puede ser pensada como las relaciones entre sociedad civil y Estado,
un horizonte superior de posibilidades con sino que nos deja ante varios interrogantes:
el cual contamos para experiencias con- ¿en qué niveles es posible y deseable que el
cretas de ejercicio de poder. Con ello nos ejercicio del poder ocurra en estos térmi-
aproximamos a un problema central en las nos?; ¿es posible una sociedad democrática
reflexiones sobre la democracia, que pue- en algunas de sus instituciones o necesaria-
de ser reformulado a partir del siguiente mente deben ser democráticas todas ellas,
planteamiento: ¿cómo construir y asegurar para hablar de democracia en una sociedad?
la vigencia y vitalidad de un marco legal Ahora bien, considero que puede evi-
que permita llevar a cabo confrontaciones tarnos confusiones el tener en cuenta que
políticas, cambios en la forma de ejercer el la participación efectiva en la democracia
poder, luchas por alcanzar la hegemonía en se da respecto a la conducción y el control
una sociedad, sin que estas deriven necesa- de asuntos que nos conciernen en tanto
riamente en confrontaciones violentas? miembros de una sociedad, bien sea en
Sabemos que la vigencia de un marco representación de una comunidad, de una
legal no está determinada por la creación organización o de un colectivo. Y que ello

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Estanislao Zuleta

implica la capacidad de imaginarnos y de Zuleta sobre la participación democrática


identificarnos con otros en el seno de una en el ámbito de la ciudadanía, de las ins-
sociedad; valga decir, de llegar a reconocer tituciones y de las organizaciones sociales.
que hay algo que nos es común y que rea- Ahora bien, lo que nos proponemos
lizar empresas comunes nos es posible. Y con la recuperación de la concepción posi-
aquí resulta insoslayable decir que no son tiva de la democracia delineada por Zuleta
pocas las advertencias y los aleccionamien- es asociar al conocimiento y al análisis de
tos de los que hemos tenido conocimiento las condiciones problemáticas en su desa-
antes de haber siquiera soñado con hacer rrollo, lo que él denomina una mentalidad
parte de algo que trascienda núcleos como amplia o una experiencia de la universali-
la familia o el círculo íntimo de amigos. dad. Ambos términos aluden al problema
Paradójicamente, los términos influen- de cómo concretar una cultura crítica y
cias, influjos y enajenación hacen parte de abierta a la comprensión de otras; es decir,
un vocabulario que en nuestra sociedad cómo concretar una cultura en la que el
asociamos de manera más estrecha con lo elemento de la multiplicidad, de la plura-
colectivo, para satanizarlo, que con la ma- lidad, se pueda afirmar como una riqueza
sificación que de uno en uno potenciamos. irremplazable de iniciativas, de pensamientos,
Ciertamente, los vínculos estrechos que de convicciones y de visiones de mundo. Y aquí
pueden devenir de una construcción com- creo que Zuleta encuentra una manera muy
partida han de contar con la identificación, bella de expresar que aquello de lo que ha-
e incluso, con algo de suerte, con la marca bla no se da en virtud de la tolerancia que
profunda que alguno de ellos nos deje; pero exige lo múltiple, y que en lugar de pensar
esto no significa necesariamente, que a cada en la democracia como la mejor manera
relacionamiento estemos enfrentando la di- de sobrellevar un mal, deberíamos estar a
lución de nuestra voluntad o la renuncia a la altura de poder decir que es un derecho,
nuestra capacidad de juzgar y pensar. individual y colectivo, como persona o partido
En síntesis, ante aquello que nos es co- o tendencia de cualquier tipo, a ser debatido,
mún debemos resistirnos a planteamientos criticado y contradicho, porque es el único am-
esencialistas que nos arrojen a la ilusoria biente en que puede superarse, profundizarse y
identificación de ser uno y lo mismo con transformar su pensamiento, corregir o confir-
quienes compartimos ideas, valores, ideales mar su acción.
y luchas, poniendo en juego el reconoci- Colombia es un país que requiere pen-
miento de la existencia de identificaciones sar las condiciones que han debilitado y
conscientes e inconscientes que son preci- truncado los procesos y las iniciativas de-
samente las que nos movilizan, y sin obviar mocráticas. Para ello es necesario no perder
la necesidad de que en su momento puedan de vista que es perentorio derivar el dolor
ser susceptibles de ser debatidas y critica- que puede producir el terror que atraviesa
das; un reto bastante difícil, sin duda, sobre a nuestro país y con él a nuestras biogra-
todo si consideramos también que nuestra fías, dolor que cotidianamente se refleja en
tendencia al dogmatismo y la no poco fre- la mirada de ciudadanos que aún no sos-
cuente adopción de posiciones unánimes pechan que lo pueden ser, hacia una com-
encuentra, además de la precariedad de am- prensión y quizás un convencimiento de
bientes para el debate y la crítica, otras con- que otras formas de insociable sociabilidad
diciones como la vulnerabilidad humana, la han sido y son posibles. Hará falta conocer
fragilidad de su integridad, la variabilidad la historia de la violencia en nuestro país,
de su identidad. Tres problemas que resul- pero también será importante comprender
tan transversales en el análisis que realiza que es necesario visibilizar y hacer pública

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la memoria de experiencias que comenza-
ron y que a pesar de que se truncaron de-
jaron huella. Al terror como algo que está
actuando sobre todos los colombianos a
corto, mediano y largo plazo, debe antepo-
nerse la memoria de quienes han luchado
en nuestro país por concretar derechos ci-
viles, políticos y sociales para todos. Una
memoria que primero contemple cuáles y
cómo fueron los trabajos de los dirigentes
sociales y de las comunidades de base invo-
lucrados en estos procesos, y que también
considere cómo han surgido estas dirigen-
cias y la existencia de las comunidades que
las trascienden en el tiempo.
Sin embargo, tendríamos que com-
prender si las trascienden o no, dónde han
quedado estas militancias, reconstruir su
memoria a partir del recuerdo de quienes
1966: Elevando cometas con sus hijos, Silvia, Fernando y José
participaron en ellas, preguntándonos y
recibiendo los testimonios de lo que ha sig-
nificado la pérdida de liderazgos, pero tam- los puede acompañar; no hay nada que los
bién pensando si algo de estas experiencias cubra o repare, por eso es necesario com-
puede recuperarse como cultura de asocia- prender que allí no puede o no debe haber
ción, de participación y de construcción un total olvido. Pero la victimización y la
colectiva. También tendríamos que contar lástima son de otro talante, contienen una
con una mirada sobre la población en su dosis de cobardía moral que nos afecta a
conjunto, aquella que se hizo, de manera todos. La apertura política y democrática
indiscriminada, potencialmente sospecho- también tendrá que pensar en esto, pues
sa, aquella en la cual las relaciones entre los ambas —victimización y lástima— se evi-
miembros de una comunidad se enrarecen y dencian como fuentes que alimentan per-
comienza a predominar la desconfianza de manentemente esos controles que parecen
unos sobre otros. Y finalmente, deberíamos ir de adentro hacia fuera para minar la
contemplar el desplazamiento de los secto- libertad, la propia y la de los demás. Que
res rurales a los urbanos, con el desarraigo el mundo nos duela, ¡no basta! Que nos
y descomposición de las relaciones sociales indigne, tampoco. Se necesita algo distinto
que ello conlleva, así como la consecuente que nos permita ver, pensar y sentir en qué
debilidad y vulnerabilidad de estas masas medida el sufrimiento del otro me con-
de individuos, cuyos lazos con el mundo se cierne y se une con el mío; se necesita de
hacen frágiles, y tratando de comprender una voluntad de saber que permita que del
que la debilidad moral que hoy exhibimos semejante pueda nacer otra forma diferen-
tampoco es constitutiva de los colombia- te del no todo que, por lo demás, siempre
nos, sino que ha tenido precisamente cau- somos frente al Otro.
sas históricas y sociales.
Al tipo de discontinuidades que la vio- Isabel Salazar (Colombia)
lencia deja cuando se presenta, a los miedos Miembro fundadora de la Corporación Cultural
que marca en las entrañas del cuerpo, no se Estanislao Zuleta. Maestra por convicción y vocación.

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DE ANTIOQUIA
1988: Con Bernardo Correa, en Villa de Leyva

Debemos reconocer que en el ser humano existen profundas


tendencias arcaicas contra la democracia y, si queremos defenderla
realmente, comencemos por reconocer una de sus mayores
dificultades: nuestros orígenes no fueron democráticos.
Estanislao Zuleta

L
a actualidad de un pensador, su resonancia en el
Daniela Cardona, hoy, no es una esencia que repose inalterada por
Elizabeth Giraldo los años en cualquier producción intelectual y
y Vincent Restrepo artística; por el contrario, y como respuesta al ejercicio
del pensamiento, traer a un pensador al presente es una
tarea, un trabajo, una labor que requiere dedicación y
estudio por parte de quien la realiza. Repetir las pala-
bras de otros sin conexión alguna con el pensamiento
propio o los fenómenos contemporáneos es abandonar
mucho de la soberanía intelectual a los seguramente
brillantes aportes de esos otros, pero tales aportes, sin
pasar por los filtros de la experiencia y las posturas
propias, serán siempre objetos extraños artificialmente
adosados a nuestro discurso. Ahora, que uno llegue a
ser un buen actualizador del pensamiento significa que
uno es a su vez un pensador, y eso, decididamente, es
algo que está mediado por la dificultad. Sin embargo,
no hay que temer ni sentirse ajeno a esa labor del inte-
lectual, por el contrario, esta solo se podrá lograr a par-
tir de las pequeñas pero significativas aventuras por los

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bosquejos de las primeras sendas que marcarán saber es suficiente para entender el mundo que se
luego el rumbo de las ideas. Se trata, contando presenta ante nuestros ojos.
con los esfuerzos, de sabernos merecedores de las Si bien una mirada sobre la interpretación
realizaciones del pensamiento y al mismo tiempo que realiza Zuleta del psicoanálisis, especialmen-
posibles hacedores de ellas. te el freudiano, podría centrarse en una revisión
Quien se acerca a un texto o conferencia de especializada de este saber, pues Zuleta realiza
Estanislao Zuleta y emprende una atenta lectura una apropiación y una explicación amplia de
o escucha, podrá darse cuenta de un asunto: su conceptos, búsquedas y estructuras teóricas, para
pensamiento es la construcción de una estructura los propósitos de este texto es más apropiado se-
epistémica cimentada en diversos saberes, como ñalar, desde nuestra propia interpretación, de qué
el marxismo, la filosofía, el arte, la antropología manera sus estudios sobre el psicoanálisis nos
estructural, la lingüística, el psicoanálisis. Y si bien pueden brindar elementos para pensar la demo-
Zuleta nos presenta estos saberes en sus diferentes cracia, partiendo de una noción central: contar
planteamientos teóricos, hay que agregar que la con que al ser humano no solo lo definen sus
reunión de todas estas potencias explicativas no actos conscientes, sino que en él también opera
está hecha a la manera de ese erudito que pone una instancia inaccesible que no puede controlar
un saber encima de otro como si apilara libros. voluntariamente, el inconsciente.
Por el contrario, la riqueza del pensamiento de Es así como pretendemos tomar a Zuleta
Estanislao está en su capacidad de poner en diálo- para tejer unas primeras líneas de trabajo que nos
go a todos estos saberes, tendiendo puentes entre permitan pensar la democracia como el escenario
ellos que los actualizan y que complejizan la mira- en el que la pluralidad, como confrontación polí-
da frente a las problemáticas humanas. Son estas tica, es posible, desde la perspectiva y los aportes
problemáticas —sociales, económicas, históricas, que el psicoanálisis nos puede dar. Señalamos
políticas, subjetivas— el objeto privilegiado para con esta orientación tres dimensiones que según
el análisis, de por sí complejo, sin que sea posi- nuestras lecturas1 son un importante avance para
ble acudir a un solo saber con la arrogancia o la abordar el problema que aquí traemos: la prime-
ingenuidad de quien piensa que únicamente ese ra, una teoría del sujeto del inconsciente que nos

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DE ANTIOQUIA
Estanislao Zuleta

lleva a considerar la singularidad y la rareza pautar su vida, el psicoanálisis permite reco-


de cada quien; la segunda, un entendimien- nocer que el lenguaje y el inconsciente son a
to de las instituciones y las formaciones co- la vez posibilitadores y limitantes del sujeto,
lectivas humanas que nos invita a pensarlas que este está anclado a lo que se configuró
frente a la latencia permanente de erigirse de modo inapelable en él sin darse cuenta
como garantías totalizadoras de la verdad; siquiera y que ello le depara formas de con-
y, por último, considerando las dos anterio- ducta, del deseo, afinidades y angustias cons-
res, el llamado a la responsabilidad que tan- titutivas que pueden derivar en la terrible
to individual como colectivamente estamos situación de no lograr la realización de una
invitados a asumir hacia otras formas de la vida propia y auténtica o no hacer con esta
existencia en democracia. algo con sentido para sí, con y para los otros.
La primera de ellas tiene que ver con La segunda dimensión que acá traemos
la concepción de lo humano que introdu- es un salto al problema de las instituciones
ce el saber psicoanalítico; una revolución y al conflicto inherente a las agrupacio-
teórica que se deslinda de las tradiciones nes humanas. En el estudio realizado por
religiosas, filosóficas y científicas de épocas Zuleta sobre el psicoanálisis, muestra que
pasadas y actuales. Decir que el ser humano los seres humanos le tememos a la libertad,
no se define tanto por sus actos voluntarios en tanto ella nos arroja a una exigencia: pen-
y conscientes, sino que está determinado sar por nosotros mismos. Somos propensos
más por una estructura psíquica, histórica a eludir la responsabilidad de elaborar una
y dinámica, que le es en gran medida in- historia propia, de concretar una vida que
accesible, hace que se esté hablando desde consulte con nuestro deseo, de pautar una
una complejidad tal que cualquier genera- existencia única e irrepetible. Por el contra-
lización, moralización o penalización de los rio, tendemos a buscar ídolos, amos, seres
actos humanos son insuficientes, erradas e que nos indiquen con seguridad el camino
incluso inhumanas a la hora de tratarlos. La a seguir, de forma que podamos “evitarnos”
presencia de un sujeto del inconsciente en encarar la angustia de pensar, de ser crea-
la obra de Zuleta será fundamental para sus dores de un destino propio. Eliminamos la
postulados y problematizaciones, para una angustia que nos depara el sabernos libres
concepción de las formaciones políticas, cuando establecemos una relación mesiáni-
para una propuesta de otra sociedad de- ca con los demás, en la que nos despojamos
mocrática que cuente y tenga como funda- de nuestra autonomía y enunciamos que
mento la historia singular que cada hombre “el otro ha de hacerse cargo y ha de decidir
y cada mujer es. nuestro camino”. Y es menester decir que
La noción de sujeto del inconsciente, ese “otro” no solamente está encarnado en
que contrasta con el sujeto abstracto y libre la figura del caudillo, sino también en toda
del cristianismo y del liberalismo, implica en institución que enarbola la bandera de la
primera instancia el reconocimiento de la verdad inapelable, de la revelación sagrada,
singularidad de cada quien. Cada individuo de la fórmula de vida incuestionable.
en sí representa una historicidad muy espe- No es un juzgamiento moralizante el
cífica, un acto complejo en el que se con- que se trae a colación, es la descripción de
densa una serie de factores que hace de cada un fenómeno psíquico que tiene que ver
existencia una muy particular y única forma con nuestras más profundas y arcaicas ten-
de estar en el mundo. Quizás, al igual que dencias de volver al otro (religión, familia,
Marx muestra que las condiciones materia- ejército, partido) una proyección inapelable
les y espirituales y la forma de distribución de la autoridad y la ley que nos constituye,
de las riquezas de una época están íntima- que hace parte imprescindible de nuestro
mente ligadas a la amplitud del espectro de ingreso al mundo, al mundo del lengua-
posibilidades que las personas tienen para je, al mundo de la cultura. Es, si estamos

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Estanislao Zuleta

dispuestos a encararlo, un combate arduo aquellas llamadas por el psicoanálisis, como


este de luchar por otras conductas que con- primordiales. Que se entiendan nuestras
trarresten la nociva tendencia a depositar la acciones desde esta última mirada, nos lleva
garantía del sentido de la vida y la verdad, a entender la relación íntima que hay entre
bajo el régimen de la autoridad, en lo esta- la sociedad y el ser humano, la incidencia
blecido, y que se acoge sin mediar cualquier mutua que allí se establece.
crítica o diálogo posible. Sin embargo, el ser Esta manera de ver las cosas hace de la
humano cuenta con una herramienta vital, lucha por una sociedad más justa y demo-
el pensamiento, que no es en sí una garantía, crática, una lucha que tiene que ingresar al
pero sí la esperanza de poder conquistar un terreno de la cultura misma, pues es esta el
lugar singular en el mundo de los otros. Las caldo de cultivo de las subjetividades, con lo
jerarquías aplastantes y el acomodamiento cual, si fuéramos a poner un ejemplo, en el
sumiso a ellas es un fenómeno común, pasa- caso del crimen, dicho combate no consisti-
do y presente de los grupos humanos, pero ría en la eliminación de la persona criminal,
también es característico de lo humano su creyendo que con eso se ha eliminado el
condición histórica, es decir, el hecho de que problema, sino en mejorar las condiciones
es resultado de las decisiones y actos que los de la cultura en las que su existencia se ha
mismos seres humanos han emprendido, lo desplegado, evitando en otro el desborde de
que nos pone ante la posibilidad, no así la su pulsión tanática. Fácil e irresponsable es
certeza, de poder intervenir en ellos. combatir las acciones reprobables de los se-
Es el llamado a un estado atento del res humanos eliminándolos o exiliándolos
pensamiento, en este caso particular sobre del vínculo social, difícil es darnos a la hu-
nuestra conducta gregaria, para la conso- mana tarea de reconocer las causas de esas
lidación de una democracia en la que la acciones y, por tanto, acometer una labor,
postura propia, su puesta en lo público y la cultural podría decirse, que las entienda y
aceptación del otro sean rasgos constantes y busque trabajar en ellas en pos de transfor-
característicos de ella. marlas y de transformar las vidas que con
La última y tercera dimensión habla ellas se hacen.
de la responsabilidad individual y colecti- Hacernos cargo de nuestra vida y des-
va que debemos asumir y afrontar cuando plegarla en el juego de posibilidades e impo-
de conformar unos vínculos democráticos sibilidades que la ha signado puede ser, si se
se trata. Saber que el ser humano no está busca comprender el porqué de sus formas,
gobernado solo por su conciencia, sino que no solo encarar una lucha individual, sino,
en él está viva y operando esa otra instan- de igual manera, social, cultural y política, ya
cia suya que es el inconsciente, nos pone de que en tal despliegue vital necesariamente
cara a la difícil tarea de posicionarnos ante tenemos que vérnoslas con la reflexión crí-
el otro, reconociéndolo como producto de tica sobre los discursos, las instituciones, las
una compleja trama vincular e intersub- ideologías que han convergido en el camino
jetiva, reconocimiento que impide la fácil de nuestra existencia y le han puesto escollos
postura de leer sus acciones desde una mo- o le han posibilitado apertura. Tal reflexión
ralización erigida, quizás, sobre las unilate- no es fácil, dado que acarrea el dolor de te-
rales perspectivas religiosa o liberal. Desde ner que batallar contra nosotros mismos,
estas perspectivas, las acciones de cualquier pues, como lo dice el mismo Estanislao,
ser humano son solo adjudicables a él, en- “nuestra manera de ver y concebir el mundo
tendiéndolo como causa única de sí mismo, es un rasgo esencial de nuestra identidad, de
como hijo de sí mismo, dejando a un lado, ahí lo difícil y angustiante que es aceptar su
por tanto, el camino explicativo que pu- refutación”; no obstante, en este complica-
dieran aportar, precisamente, las relaciones do camino, vinculado al de otros, estamos
establecidas en su devenir histórico, desde posibilitando la construcción de un terreno

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DE ANTIOQUIA
Estanislao Zuleta

común a partir del cual se dé un encuentro dicho, en nuestra relación con las institucio-
en el que tengan cabida los valores del re- nes y las figuras de autoridad—, la democra-
conocimiento, la diferencia y el pensar por cia es un combate que puede fracasar, que
cuenta propia, esto es, que se dé un encuen- puede abandonarse para derivar en los bra-
tro vital en el que lo expresado pueda ser zos seguros de aquel que nos alivie de tener
escuchado, reflexionado y debatido, con lo que entrar en conflictos, de tener que expre-
cual, en últimas, se le estaría dando lugar a sar un pensar propio y, en consecuencia, abrir
una mejor subjetivación de todos. la posibilidad de morir en esa exposición de
Lo dicho importa a la hora de pensar lo que somos al sabernos refutados.
en una sociedad democrática, a la hora de Y modestia, porque la democracia, al
propender por una democracia radical, pues darle lugar a la pluralidad, nos recuerda que
si ella se considera un escenario político nadie encierra una respuesta única y abso-
para el encuentro de visiones y posturas di- luta, que la verdad, una vez más como dice
ferentes, tenemos que esto no es posible si Zuleta, no es la que yo propongo sino la que
no se reconoce que las voces allí expuestas resulta del debate y del conflicto, un debate
son voces históricas, atravesadas por dra- y un conflicto a los que hay que entrar con la
mas y búsquedas, por ideales y valoraciones, humildad del que escucha y reconoce que en
por inhibiciones y potencialidades. Todo lo algo puede aportarle el otro, aunque corra la
cual recuerda esas adjetivaciones que de la dramática, y, por qué no, alegre experiencia
democracia hace Zuleta: que ella es angus- de tener que abandonar lo que antes creía.
tia, que es frágil y es modestia. La democracia, en su angustia, su fra-
Angustia, porque la democracia, en gilidad y su modestia, nos invita a dejarnos
tanto es un encuentro conflictivo y racional afectar en el encuentro con los otros, en la
de miradas sobre el mundo y la humani- escucha de aquello que tengan por decir, nos
dad, exige que expresemos de manera ar- invita a dejar el camino abierto para los cam-
gumentada lo que pensamos, entendiendo bios que sean necesarios, a encarar la respon-
que no es posible la imposición de nuestras sabilidad del destino humano desde la loable
consideraciones, sino, por el contrario, la tarea de darles lugar, en la confrontación y la
demostración de estas, exigencia esta úl- reflexión, a las diferentes posturas sobre cuál
tima que señala al otro como igual, como ha de ser el destino de todos, destino que será
capaz de seguir reflexivamente lo enuncia- mejor o peor según la capacidad que tenga-
do por alguien y tomar posición frente a lo mos de hacer algo, precisamente, con esas
dicho. Empero, ¿tenemos visiones sobre el diferencias y divergencias, con la reflexión
mundo construidas a partir de la reflexión? sobre qué mundo es mejor para el despliegue
¿Nos han importado el mundo y los otros al digno de la vida de cada ser humano.
momento de encarar la labor de tener una
palabra sobre aquel y estos? Ir hacia la cons-
trucción de un pensamiento propio que nos Daniela Cardona, Elizabeth Giraldo y Vincent Restrepo
(Colombia)
ayude a la realización de una mejor vida y a
la construcción de un mejor destino social ***
no es nada fácil; somos seres propensos al Texto escrito a seis manos por Daniela Cardona,
Elizabeth Giraldo y Vincent Restrepo; los tres
dogma, al anhelo de reeditar, otra vez en pa- son miembros activos de la Corporación Cultural
labras de Zuleta, esa palabra inobjetable que Estanislao Zuleta y participantes del grupo de estudio
acerca del mundo venía de nuestra madre y crítico de la obra de Estanislao Zuleta en su subgrupo
de psicoanálisis.
nuestro padre, o de aquellos que hayan esta-
do en el tiempo inicial de nuestra vida. Notas
Frágil, porque en tanto siempre está
1
La aproximación a textos como “Psicoanálisis y crimi-
nología” , “El pensamiento psicoanalítico”, “Psicología de
latente en nosotros la reedición de ese dog- las masas y análisis del yo” y “Moisés y la religión mono-
ma inicial —que es posible, como ya hemos teísta” nos ha permitido concretar la reflexión presente.

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Transcripción de Sandra Escobar

C
onocí a Estanislao en la época en que cayó
Boris de Rojas Pinilla, en el año 57, pero en realidad es
Greiff una amistad que viene de más atrás; cuando
le conté a mi papá que conocía a Estanislao Zuleta
Velásquez, me dijo: “el papá de él era muy amigo mío,
nosotros fuimos compañeros en Medellín en mi ju-
ventud, cuando los Panidas”, y entonces recordé que
una de las obras de Fernando González se llama
Cartas a Estanislao y que está inspirada en la amistad
de Fernando González con Estanislao Zuleta Ferrer.
Él falleció en el accidente en que murió Gardel en ju-
nio de 1935; así que Estanislao no conoció a su padre
porque nació ese mismo año en febrero.

Boris de Greiff y Fernando González Restrepo


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DE ANTIOQUIA
Estanislao Zuleta

Recuerdo que hablamos de su viaje a los ajedrecistas compartían ese ambiente


Europa, que para él fue una experiencia ex- de bohemia y de intelectuales de entonces.
traordinaria, creo que a Rumania, al festival Los amigos de Estanislao en esas tertulias
mundial de la juventud; tenía Estanislao eran Mario Arrubla, que también jugaba
apenas veintidós años, pero fue algo muy ajedrez, los médicos Augusto Corredor y
importante para su formación intelectual, José Yunis, que habían sido compañeros,
porque es sabido que Estanislao era auto- y Óscar Espinosa, un médico siquiatra; en
didacta; aprendió por ejemplo el idioma fin, éramos todos más o menos de una mis-
francés en su casa con Fernando Isaza, ma generación, aunque Estanislao era cinco
otro amigo de Fernando González y del años menor que yo, pero en ese entonces las
papá de Estanislao. Después Estanislao diferencias de edad no se notaban mucho.
se retiró del Partido Comunista por el Nosotros compartíamos con él tertu-
sectarismo de ese partido, y editó una re- lias en torno al ajedrez, en torno a la mú-
vista con Mario Arrubla, Estrategia, y se sica, y a veces en torno a algunas cosas de
dedicaron a divulgar la obra de Sartre y la literatura. Después mi padre se vinculó a
otros pensadores franceses en pleno sa- esas tertulias, especialmente a los famosos
rampión de la izquierda. Vino después la almuerzos que hacía Estanislao en su casa,
Revolución Cubana. Yo seguí viendo mu- que según decía mi papá eran “los mejo-
cho a Estanislao, especialmente porque res frijoles que se comían en Bogotá” y los
había dos cosas que nos gustaban mucho mejores chicharrones que hacía el mismo
a los dos, que eran el ajedrez y la música; Estanislao. De manera que él no solo era
desde luego que yo gozaba mucho con las brillante en la literatura y en la filosofía,
charlas de Estanislao sobre literatura, so- sino también en la cocina.
bre filosofía, sobre marxismo, pero más que Cuando le conté a mi padre que co-
todo coincidíamos en esas dos pasiones. Él nocía a Estanislao, me dijo: “yo quiero co-
siempre quiso mucho el ajedrez, no como nocer a ese muchacho porque yo fui muy
ajedrecista practicante, a él le gustaba mu- amigo de su padre”, y entonces en ese mo-
cho la belleza del ajedrez, ver las partidas mento, en el año 58, es cuando hay tam-
de los grandes maestros, seguir los gran- bién una fiebre por el ajedrez en Bogotá y
des torneos, estudiar los problemas com- en toda Colombia, los famosos torneos de
puestos que tiene el ajedrez, que son muy Ecopetrol y El Tiempo a los que Estanislao
bellos, y el ajedrez lo acompañó hasta los asiste (en las fotos de la época, se puede ver
últimos días de su vida. a Estanislao sentado en primera fila obser-
Por aquella época había mucha tertulia vando los partidos y disfrutándolos).
de ajedrez en los cafés de intelectuales. Es El ambiente intelectual y el ajedrez
famoso el Café Automático en la avenida eran una tradición que venía de Europa.
Jiménez con carrera sexta, cuyo segundo Los más famosos cafés de Francia y Austria
piso era un club de ajedrez; había quince eran jugaderos de ajedrez, y los intelectua-
mesas de ajedrez y en el primer piso se les iban allá, a cafés que todavía hasta hace
reunían los intelectuales más importantes poco existían, como el café de la Régence en
de entonces, que también jugaban ajedrez. París a donde se cuenta que iba Napoleón
Yo recuerdo que allá iba Eduardo Zalamea y que iba Robespierre, allá iban los mejo-
Borda, cuando era muy joven, y un cro- res ajedrecistas también de esa época. En
nista de El Espectador: Gabriel García realidad, el ajedrez fue un pasatiempo para
Márquez, que desde entonces quiso mucho Zuleta, como fue un pasatiempo para mi
el ajedrez, de manera que en este ambien- tío Otto de Greiff, un estudioso de la músi-
te muchos intelectuales jugaban ajedrez y ca y de la literatura.

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Estanislao Zuleta

Recuerdo nítidamente la interpretación de Estanislao de ese poema


[“Recogimiento”], con esa claridad, con ese sentido del humor extraordinario
que tenía, es algo inolvidable. De manera que Estanislao era un gran conocedor,
sobre todo de la poesía francesa, idioma que dominaba y que,
repito, lo aprendió él solito.
A Estanislao le fascinaba la música entrañable de Estanislao, que ya murió, el
clásica, compartía mucho en esas veladas médico Jaime Marín Vélez, íbamos a jugar
en la casa de él con mi papá, donde se ha- un torneo en Ecuador y pernoctamos allá.
blaba mucho de música. Precisamente una Estanislao, como era su costumbre, dada su
de las últimas veces que vimos a Estanislao generosidad, nos alojó a todos en su casa,
con otro amigo nuestro del ajedrez, don nos hizo una comida sensacional, nos em-
Luis Holguín, fue en la época de Belisario borrachó y nos despachó al día siguiente en
Betancur, cuando Belisario le dio un traba- la flota para que siguiéramos hacia Ecuador.
jo a Estanislao, creo que en una misión de Estanislao conocía mucho de poesía;
paz, y nos encontramos acá mismo y nos yo recuerdo, por ejemplo, una anécdo-
dijo: “mañana hay un concierto de Blanca ta, quizá la charla más inolvidable que le
Uribe en el Colón, vamos, yo los invito”, y recuerdo a Estanislao es una charla sobre
allá estuvimos con Estanislao con sus hijas Baudelaire y sobre los poemas de Las flo-
menores, disfrutando. Él admiraba mucho res del mal, especialmente uno que se llama
a Blanquita Uribe y después fuimos a salu- “Recogimiento”, recuerdo nítidamente la
darla y ella gozó mucho porque el papá de interpretación de Estanislao de ese poema,
Blanquita Uribe, un gran músico también, con esa claridad, con ese sentido del humor
era un gran ajedrecista, el maestro Gabriel extraordinario que tenía, es algo inolvida-
Uribe; de manera que también había una ble. De manera que Estanislao era un gran
relación de Estanislao con la música, siem- conocedor, sobre todo de la poesía france-
pre en su casa encontraba uno música clá- sa, idioma que dominaba y que, repito, lo
sica de altísima calidad y tanto él como sus aprendió él solito.
esposas y sus hijos siempre amaron la mú- Ahora recuerdo una cosa muy hermosa:
sica clásica. en el año 1971 era gobernador de Antioquia
Recuerdo que cuando íbamos a comer Diego Calle Restrepo, un inolvidable ami-
los famosos frijoles a su casa, uno de los hi- go, famoso por sus coplas del “Elogio del
jos menores de Estanislao, Pepe, que ahora aguardiente”, un bohemio de tiempo com-
es el que ha asumido la tarea de rescatar la pleto que era pariente del famoso Nito
obra de su padre, se la pasaba mamándole Restrepo: Antonio José Restrepo; cuando
gallo a mi papá y leyéndole cosas; tal vez Diego Calle fue gobernador de Antioquia
es la única persona que he visto en mi vida (él admiraba mucho y quería mucho a mi
que mi padre le aguantaba todo, era a ese papá), le dijo: “maestro, yo quiero invitarlo a
muchachito irreverente, irrespetuoso, creo que vuelva usted al Alto de Otramina, don-
que tenía siete u ocho años, y mi padre era de estuvo trabajando en 1926”, y entonces
feliz con él. organizamos un paseo, paseo al cual fue in-
Cuando Zuleta se fue a Cali, lo visita- vitado todo el grupo de amigos de mi papá y
mos en el año 69 con el campeón de ajedrez amigos de los hijos de él, amigos nuestros, y
de entonces: Carlos Cuartas, con el maes- estaba naturalmente Estanislao Zuleta con
tro Luis Augusto Sánchez, con un amigo su segunda esposa, Yolanda, y estaban sus

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DE ANTIOQUIA
Estanislao Zuleta

hijos Pepe, Nano, Silvia  y Ucha; estaba tam-


bién el médico Augusto Corredor, amigo de
toda la vida de mi papá y de Estanislao Zuleta.
Hicimos el paseo al Alto de Otramina, y fue
una cosa inolvidable, tenemos unas fotos muy
bellas de ese paseo; recuerdo que cuando llega-
mos, en la tienda del Alto de Otramina había
un retablo en el que decía: “Poema de León
de Greiff sobre el Alto de Otramina”, no está
completo pero está lo mejor. Entonces mi papá
se dirigió al gobernador de Antioquia, Diego
Calle, y le dijo: “es que el original tampoco está
completo, le falta la última copla que dice: “En
el Alto de Otramina, colorado como ají, me
encontré con Diego Calle tan borracho como
yo, por culpa de tantos tragos que él bebió y
que yo bebí”.
En ese paseo estuvo Estanislao también
y en ese paseo hay una anécdota un poco
subida de tono, pero muy simpática: cuando
llegamos a Titiribí, muertos de hambre, el
alcalde del pueblo, a pesar de que venía el go-
bernador de Antioquía, no fue capaz de tener
un sancocho, y entonces Estanislao le dijo al
gobernador: “Qué raro, ¿no?, este alcalde es
bueno para matar liberales, pero no es capaz
de matar una gallina”.
Lo que más recuerdo de Estanislao es al ser
humano. Un ser humano extraordinariamente
generoso, generoso en todos los sentidos de la
palabra, en sus conocimientos, generoso con
los amigos necesitados. Estanislao nunca tuvo
un peso pero lo poco que tuvo siempre estaba
a disposición de sus amigos, ese es el recuerdo
que tengo yo de Estanislao, es decir, un ser hu-
mano excepcional, independientemente de sus
méritos intelectuales.

Boris de Greiff (Colombia)


(1930-2011). Maestro de ajedrez  y escritor, nacido
en Medellín. Hijo del poeta colombiano León de Greiff.

***
Esta entrevista fue realizada en video en enero del año
2000 al maestro internacional de ajedrez Boris de Greiff,
en el club Los Maestros de Bogotá, con motivo de la pro-
ducción de un documental sobre Estanislao Zuleta, reali-
zado por Antonio Dorado.

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Cuento

Ouija
Ilustración Tobías Divad Nauj

A
driana cerró la comunicación con “t xtrano”
y doble “t amo”, seguidos de un corazón pal-
Octavio
pitante. No le gustaba que Camilo fuera solo
Escobar
Giraldo
al estreno del último Batman; en realidad sospechaba
que iría acompañado. Su mente reprodujo los zapa-
tos rojos, de tacón alto, de una de sus compañeras de
Bacteriología, siempre dispuesta a aceptar cualquier in-
vitación, y a Camilo aferrando su cintura, los dos muy
sonrientes, subiendo por las escaleras eléctricas rumbo
a los cinemas. También los imaginó, después de la pelí-
cula, buscando conos de helado por el centro comercial.
Maldijo en voz baja y se apuró por los corredores
del hospital rumbo a la puerta que daba al Parque del
Río. Se despidió del vigilante y se quitó la bata blanca.
Mientras recorría el malecón de Los Pescadores sin
mirar las aguas ni a los pájaros que hacían escala en
los troncos flotantes, decidió que en su siguiente com-
pensatorio se citaría con sus amigas en Amnesia, su
discoteca preferida, y bailaría y se emborracharía hasta
que la tuvieran que recoger del piso. Agobiada por el
sol, pasó frente a la alcaldía, sus columnas y balcones
medio ocultos por las copas de los árboles del parque de
Bolívar, y tres cuadras después alcanzó su destino. La
casa de Esperanza de Ramírez tenía seis habitaciones;
ella y su hija ocupaban dos, las otras estaban alquiladas.
Adriana empujó el portón entreabierto. El sonido
que produjeron sus tenis sobre la baldosa ajedrezada
atrajo a Maní, una perra producto de algún cruce de
pastor alemán.

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DE ANTIOQUIA
—¿Y esa cara, doña Esperanza? —Rechazó las muestras de cariño del
animal.
—Problemas que no faltan. —La mujer levantó la cabeza entrecana y en-
derezó el cuerpo, hasta ese momento recargado sobre el vidrio que cubría la
mesa redonda para seis u ocho personas, según la demanda de comida casera
de sus comensales—. ¿Qué tal el día?
—Bien.
—Qué bueno, pero se le olvidó almorzar.
—Comí frutas al frente del hospital. ¿Ya no queda nada?
La mujer se levantó sonriendo:
—Le guardé un poquito de todo. ¿Le sirvo?
—Sí, muchas gracias, ¿pero sabe qué?, solo la sopa. Quiero hacer la siesta
temprano y sin reflujo —Puso la mano izquierda, regordeta y llena de anillos,
sobre su barriga.
—No hay problema —sonrió Esperanza de Ramírez, feliz de complacer-
la—. Es una especie de ajiaquito. Ya mismo se lo caliento. ¡Fuera, Maní! —Se
quitó una chancla y amenazó a la perra, que corrió hasta el patio de hierba
corta y amarillenta, donde se quedó con el drama concentrado en la mirada—.
¿Quiere que le prenda el ventilador?
—Sí, por favor.
La mujer accionó el control y entró a la cocina. Adriana aventó la bata blan-
ca sobre una silla y se sentó. Reacomodó la cabellera corta y oscura, abrillantada
por mechones rubios. Necesitaba un champú que le limpiara mejor el cuero ca-
belludo y camisas nuevas. Sacó el teléfono móvil del bolsillo trasero del bluyín y
marcó, pero su madre no contestó. Aguardó unos segundos y volvió a llamar, con
idéntico resultado. Le envió un mensaje: “1 de ts dbres s star siempre dispnible
para tu qrida hija. Call me”. Dejó el aparato al alcance de su mano derecha.
—Aquí está la sopita. —Esperanza de Ramírez sostenía el plato con las
dos manos. Lo acomodó sobre el individual de plástico—. ¿Qué va a tomar?
Tengo jugo de maracuyá.
Adriana aspiró el aroma de la papa cocida:
—Quiero agua, mucha.
—Claro que sí.
Poco después la mujer puso sobre la mesa una jarra de agua con hielo y
dos vasos.
—Es de la filtrada. —Se quedó de pie—. ¿La acompaño?
—Por favor. —Tomó una cuchara de la caja plástica donde permanecían
los cubiertos de latón—. ¿Tiene pan?
Esperanza de Ramírez corrió a la cocina y volvió con tres rebanadas de
pan tajado sobre un plato.
—Está deliciosa —sonrió Adriana, mientras mezclaba la crema de leche
con el líquido espeso, ligeramente verdoso—. Y me encantan las alcaparras.
—Me alegro que le guste. La niña que contraté la semana pasada me ha
salido muy buena cocinera.
—Qué bueno.
—Sí. Desde antes de la muerte de Ignacio, que Dios lo tenga en su glo-
ria, no conseguía una muchacha tan juiciosa. Es bogotana —agregó como si
fuera un defecto—. Dios quiera que no se me aburra; siempre empiezan muy

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animadas y a las pocas semanas... —concluyó la frase con un gesto—. ¿Mucho
trabajo hoy?
Adriana tragó un trozo de pollo antes de contestar:
—Mucho. Vamos a ver si esta noche me dejan dormir tranquila.
—Ojalá. Yo a veces no sé ni para qué la despiertan.
—Para que el médico de urgencias no se sienta tan solo, digo yo.
—Debe ser —sonrió Esperanza de Ramírez y el rostro se le llenó de
arrugas.
—¿Y a usted cómo le fue hoy? —Apuró casi medio vaso de agua.
—Bien, doctora. Por la mañana salí a comprar unos cortes para hacerle
unas faldas a Carolina. Tiene que ir bien presentada al trabajo, a ver si por fin
la nombran.
—Pero ya pasó el período de prueba.
—Sí, lo pasó hace tiempo, y sin problemas, pero como los políticos son
tan caprichosos y yo votos no tengo sino dos: el de Carolina y el mío. De todos
modos, el alcalde me prometió que le ayudaba. Necesitamos esa tranquilidad.
—Se santiguó con movimientos breves. Desde la calle llegó el rumor de los
árboles agitados por el viento—. ¿Quiere ver las telas que compré?
—Sí, claro.
Esperanza de Ramírez se levantó rumbo a su habitación. De vuelta, exten-
dió sobre la mesa cuatro piezas de algodón de colores pastel.
—¿Qué le parecen?
—Muy bonitas. Carolina va a quedar muy bien vestida.
—¿Cierto que sí? Y son fresquitas. —Palpó los bordes para comprobar
su grosor y se sirvió un vaso de agua—. En el almacén me encontré con doña
Berta, la señora del frente, y me contó una cosa rara, que después me di cuenta
de que fue tema de todos los almuerzos. Doctora: perdóneme la pregunta,
pero ¿es verdad que hoy hospitalizaron a unos muchachos porque necesitan
un exorcismo?
Adriana reflexionó unos segundos:
—Sí, es cierto —respondió sin levantar los ojos del plato.
—¿Y de verdad están poseídos por el demonio?
—Yo no lo creo. Claro que no soy sacerdote. —Elevó los hombros con
expresión desenvuelta.
—Pues eso es lo que está comentando todo el mundo. ¿Usted vio a los
muchachos?
—Sí; les tomé unos exámenes que ya se enviaron a la capital, para buscar
drogas y tóxicos. Uno de los tres es casi un niño. Se quejaron mucho de los
chuzones.
—¿Y qué les pasó?
—Nada. Se pusieron a tomar aguardiente y a jugar con una tabla ouija, y
dicen que los espíritus los poseyeron.
—¿Una de esas tablas que tienen el sí y el no?
—Una de esas: el alfabeto, el sí y el no, el “hola” y el “adiós”. —Movió la
cuchara como si dibujara.
—¿Y de dónde la sacaron?
—No se sabe. La mamá de uno de ellos la llevó al hospital y el director la
guardó bajo llave.

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DE ANTIOQUIA
—¿Y qué espíritus los poseyeron?
Adriana sonrió:
—Yo no creo que los hayan poseído ningunos espíritus, doña Esperanza.
Esa tabla es un juego. A mi hermano le prestaron una y la usaba para asustar a
mis amigas y poder abrazarlas. —Recordó la escena en la sala de su casa—. Lo
de esos muchachos se debe al aguardiente, quizá a algo más.
—¿Y habían bebido mucho?
—No tanto. El director también tiene la garrafa. —Apartó el plato, en el
que quedaba una pequeña porción de ajiaco.
—Pues la gente está muy alborotada —dijo Esperanza de Ramírez con el
rostro preocupado—. Dicen que los poseyó el espíritu de Jairo Betancur.
—Eso es lo que juró uno de ellos —admitió Adriana.
—¿Uno no más?
—Uno no más —confirmó y reactivó la pantalla del teléfono móvil.
—¿Y usted lo oyó hablar como Jairo?
—No. Cuando yo los vi ya los tenían muy calmados. —Adriana apo-
yó el mentón en la palma de la mano derecha—. ¿Usted conoció al tal Jairo
Betancur?
—Sí, claro. Él creció a dos cuadras de aquí. Yo conozco mucho a su mamá,
doña Mariana.
—¿Y era tan malo como dicen?
—Yo no sé qué decirle. —Reordenó las telas y las apartó—. A mí siempre
me pareció un buen muchacho. Organizaba fiestas para todo el mundo, en el
parque, con grupos vallenatos de los que salen en televisión, y le consiguió tra-
bajo a mucha gente. Él sí tenía sus cosas, ni modo de negarlo; a veces acosaba
a las muchachas, por ejemplo, y les ahuyentaba los pretendientes, pero de resto
casi todo lo que hacía era en beneficio del pueblo.
—¿Como qué?
—Como sacar a los de la guerrilla. La guerrilla mantenía aterrorizada a la
gente, exigía plata a los comerciantes, se llevaba a los muchachos para el monte,
se robaba el ganado. También mataron muchos policías. Son unos desgracia-
dos. —Volvió la cabeza hacia Maní, que casi de inmediato dejó de ladrarle a
su sombra.
—Pero dicen que Jairo no solo sacó a los de la guerrilla —anotó Adriana.
—También hizo que se fuera una familia que vendía droga —admitió y
bajó la cabeza. Casi de inmediato recuperó la apostura—. Usted es de la ciudad.
Para usted es muy difícil entender cómo funcionan las cosas en un pueblo como
este. Hace como dos años yo tenía un contrato con un tipo que venía a vender
electrodomésticos aquí, y de buenas a primeras me salió con la novedad de que
no me iba a pagar ni la habitación ni la comida. Hablé con el juez y no me so-
lucionó nada, no más me hizo firmar papeles y sacarle un montón de fotocopias
a la cédula. Jairo me arregló ese problema de un día para otro —afirmó—. Y
tenemos alcalde por él, aunque no sirva para nada. Antes los alcaldes se tenían
que volar para que no los mataran.
—Hoy estuvo mucho rato en el hospital.
—¿Quién?
—El alcalde. ­—Adriana siempre lo veía en uno de los bancos del parque,
atendiendo los reclamos de los pocos que todavía le creían. Desgarbado y de

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—Yo no creo que los hayan poseído ningunos espíritus, doña Esperanza.
Esa tabla es un juego. A mi hermano le prestaron una y la usaba para asustar
a mis amigas y poder abrazarlas. —Recordó la escena en la sala de su casa—.
Lo de esos muchachos se debe al aguardiente, quizá a algo más.

risa fácil, apenas llegaba a los treinta años. Se cubría con sombreros de ala
ancha y siempre vestía camisas bordadas, de colores claros.
—Debe tener miedo de que digan algo que lo comprometa; él y Jairo eran
muy amigos.
—Según los del hospital, Jairo y los suyos mataron a mucha gente.
—Sí —frunció la boca Esperanza de Ramírez—, eso también es cierto,
pero no es como dicen en los periódicos, no señora. A los periodistas les gusta
mucho exagerar la sangre. Eso no fue así, y la mayoría de los que mataron se
merecían el castigo, Dios los perdone. —Se persignó.
Adriana reacomodó el cuerpo en la silla.
—Pues uno de esos muchachos dice que lo poseyó el espíritu de Jairo
Betancur.
—Es muy fácil saber si es verdad o no. Jairo tartamudeaba en algunas
palabras, no en todas. ¿Cómo habla el muchacho?
—Normal. Despacio. Estaba intoxicado.
—El padre Ríos lo conocía muy bien. Cuando vaya a hacerles el exorcismo
se va a dar cuenta si es Jairo o no.
—No creo que el director permita lo del exorcismo.
—Yo creo que sí. Es lo mejor —enfatizó.
—¿Cómo murió?
—Lo mató uno de sus hombres, por defender a una muchacha que le
gustaba a los dos. La hija de un pescador, una morena muy bonita. Si no la
hubieran matado, sería reina de belleza.
—¿También la mataron? —La estaba imaginando alta y con cintura muy
estrecha, zapatos rojos.
—Claro. Y al que la defendió.
Adriana pensó unos segundos antes de volver a hablar:
—A mediodía fue una mujer al hospital, a pedir que la dejaran entrevistar-
se con los muchachos. Una señora bien vestida, muy digna.
—María Clara Díaz —asintió Esperanza de Ramírez—. Pobre María
Clara, ha sufrido mucho. A sus dos muchachos los mató Jairo por un lío de tie-
rras o de ganado, ya no me acuerdo bien, y no se sabe qué hizo con los cuerpos.
—¿Nadie lo sabe? —Adriana envidió por un momento las chanclas li-
vianas de color rojo apagado de la mujer, que los pies desnudos apartaban y
recogían cada tanto.
—Nadie no. Saber, saber, alguien lo debe saber, pero Jairo ordenó que no
lo dijeran.
—Pero Jairo Betancur murió.

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DE ANTIOQUIA
—Pero sus decisiones se respetan —dijo muy seria—. Esa es mi esperanza
con el nombramiento de Carolina —admitió sin vergüenza—. María Clara
ha llorado mucho, con toda la razón. Pobrecita. ¿Y al fin pudo hablar con los
muchachos?
—No. Estuvo mucho rato en la oficina del director del hospital y después
le tocó irse.
—Es una buena mujer. Ojalá le dieran alguna respuesta. Lleva años yendo
hasta donde sea, rogando y rogando que alguien responda a sus preguntas.
Todos hemos rezado por sus hijos.
—¿Y tiene marido?
—No. También se lo mataron. Pobrecita.
—¿Jairo Betancur?
—Yo no creo; eso fue hace mucho tiempo.
—Aquí matan a mucha gente.
—A veces. Pero muy pocos se convierten en fantasmas. Por fortuna
—anotó Esperanza de Ramírez con una sonrisa—. Es bueno que exorcicen a
esos muchachos. Mucha gente extraña a Jairo pero nadie quiere que esté por
ahí, ordenando cosas o hablando desde ultratumba.
—Y que quemen la tabla —agregó Adriana, en tono burlón. Una gota de
sudor alcanzó su lengua.
—Siempre es mejor. Esta noche rezo el rosario por la salvación del alma
de esos muchachos. —Se santiguó—. Uno es hijo de Estela Rodríguez, la que
vende tamales en el puesto del parque.
Adriana asintió. Desde la calle llegaba el estruendo de una motocicleta
que pasaba.
—Creo que me voy a acostar un rato. —Fingió un bostezo y recogió el
teléfono móvil.
—Me parece bien, doctora. ¿Esa bata es para lavar?
—Sí, por favor. —Se la extendió.
—Mañana se la tengo lista. Vaya descanse.
Adriana caminó hasta su habitación con Maní escoltándola. Encendió
la luz y cerró la puerta con cuidado. Se miró en el espejo de mano: “Ojeras”,
maldijo, y nada que bajaba de peso. El ventilador tardó unos segundos en ganar
velocidad. Se quitó los tenis e insistió en marcar el número de su madre; de
nuevo la trasfirieron al buzón de voz. Camilo debía estar todavía en su reunión
de ventas. Le redactó un mensaje en tono indignado que finalmente no en-
vió. “Sí” o “no” apareció en la pantalla. Confirmó que lo borraba con el índice
derecho empinadísimo. Lo llamaría; quería sentirle la voz y que él sintiera la
suya, sus emociones. Le insistiría en que esperara para ver Batman el fin de
semana siguiente, los dos juntos. También quería helado; helado de vainilla
con galletas.

Octavio Escobar Giraldo (Colombia)


Escritor manizaleño, Premio Nacional de Literatura del Ministerio de Cultura y de la Universidad
de Antioquia. Su más reciente novela, Después y antes de Dios (Pre-Textos, 2014), ganó el 45 Premio
Internacional de Novela Corta “Ciudad de Barbastro”. Es profesor de la Universidad de Caldas.

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Ensayo

Para Viviana Restrepo Osorio

Cuando llueve
en Ítaca
Luis Durango Echavarría (1935-¿?)
Memoria del Amazonas

L
uis Durango Echavarría parece ser el autor de
Felipe una sola obra: único testamento de su paso por el
Restrepo mundo. En Memoria del Amazonas no hay mucha
David información sobre su vida, a excepción de lo que vive y
cuenta en ese instante que constituyó su errancia por un
río de fábula, casi mítico para un hombre de montaña
como él, y, es de suponerse, como toda su familia.
Sabemos que hizo su viaje en 1965 y que para
entonces tenía treinta años (que cumplió a bordo de
uno de los navíos que conoció), que era de Santafé de
Antioquia y que allí se ganaba la vida como abogado,
que tenía dos hijos que recordó cuando le tiró unas
monedas a un grupo de niños indígenas que movían
sus manos como pájaros mientras los dos más grandes
remaban, que tenía una esposa a quien no sabemos si
amaba, que pudo llegar a ser algo más que un aboga-
do: escritor quizás (como tantos en su época), que se
enamoró del Amazonas en las láminas y relatos que
encontró en la biblioteca municipal, y que durante más
de quince años preparó un viaje que duró un mes.
Todo empezó en la víspera, que fue como un inter-
minable esperar entre su adolescencia y su adultez. (La
víspera de cada viaje es una hermosa parte que siempre

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recordamos con gratitud, como el silencio el lugar exacto del pulso. Imagino el tre-
que precede a la tormenta; es lo que dice mendo equilibrio digestivo de Simbad o de
Borges en su más confesional libro, Atlas, Robinson, con ese cuerpo siempre prepara-
que también es un relato de muchos viajes do para recibir que, como el dar, es un duro
al final de su vida, o como le gustaba decir: aprendizaje. En todo caso, firme o no, Luis
del final de la existencia de su cuerpo). Por Durango Echavarría siguió su camino.
ello, al momento de la partida, un hombre Nada de extraordinario le ocurrió hasta
como él jamás dudaría, y mucho menos en Leticia. Los días fueron llegando con una
la decisión de lo que deja y lleva: el equipaje. pasmosa facilidad que más parecía una
Cada detalle, cada movimiento, fue indeseada y monótona buena suerte, que
amorosa y obsesivamente pensado, pla- a veces se convierte en uno de los temi-
neado en una dolorosa paciencia; la su- bles enemigos del viajero: tedio de quietas
puesta improvisación de cada viajero nace, cotidianidades.
en realidad, de una meditada preparación. Las páginas que narran esa travesía
Qué libro llevar: las obras completas de son una lista de buses que se toman has-
Shakespeare en la edición de Aguilar; ta Florencia, Caquetá, donde el narrador
cuántas camisas: las de algodón de colores aborda una avioneta que atraviesa el primer
claros, seis no más; cuántos zapatos: solo un océano que presencia en su vida: inmenso
par y unas sandalias; un cuaderno de hojas mundo verde cubierto por estrías de aguas
amarillas y lápices; un sombrero; y cualquier amarillas.
otra cosa que cupiera en su morral. En él, A los cuatro días tomó su primer barco
ese empacar fue un ritual y así lo narra, o, en un puerto cercano a Leticia, de jurisdic-
mejor, así lo testimonia en ese estilo suyo ción brasilera. Era pequeño, escasamente
tan cercano al informe. cabían cincuenta pasajeros, ya que el espa-
El miedo se le revolvió en el estómago cio era en gran parte para la carga. A la lar-
cuando dejó su pueblo, y no tuvo más opción ga, nada pudo ser más ventajoso: el acceso a
que entrar en cuanto baño iba encontrando la cubierta fue permitido día y noche; aun-
o aguantarse en silencio. Poquísimas veces que él apreciara sobre todo la luz porque,
se había distanciado de su hogar; cuando otra vez como el viajero de la Alcarria, le
mucho, había visitado pueblos vecinos. Ni gustaba pensar que el mundo se entregaba
el mar conocía, solo había contemplado un mejor y más completamente en la mañana.
gran río en su vida, el Cauca, y siempre tuvo Las noches durante las cuales perma-
miedo de bañarse en él y de que su pode- neció en la cubierta fueron completamente
rosa corriente lo arrastrara, como había su- solas y calientes como las que más. Era im-
cedido años antes con un familiar cercano. posible encender cualquier lámpara, pues
Sin embargo, se empeñaba en repetirse con cualquiera sabe, incluso alguien tan poco
alegría la misma filosofía de un libro que diestro en proezas como él, lo que significa
admiraba, Viaje a la Alcarria, y cuyo autor una luz en medio de la oscura selva, y más
era entonces poco conocido, Camilo José en la amazónica, en la que todo parece tri-
Cela: en el andar, todo lo que surja es lo plicarse en tamaño.
mejor que puede acontecer. Los días pasan con calma y Luis co-
A propósito, en esos mismos años menta prudentemente, como con pena de
decía Mariana Picón Salas que un viajero ser descubierto, que no consigue acostum-
debe ser de estómago firme. Y quizás tenga brarse a la dieta de pescado y camarón,
razón: de allí podría surgir nuestra resisten- ni menos a la farinha, aunque el hambre
cia, y más aún, podría estar el termómetro sepa ser acomedida, dice. En su narra-
de las emociones. La apertura de visión, ción hay constantes referencias a viajeros,
en realidad, sería la del estómago. Si esa Marco Polo y Herodoto, pero poco a poco
fuese la pieza clave, entonces tendríamos se va desprendiendo de ellos para dejarse

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impresionar por sus compañeros, parlan-
chines y juguetones, aun conociendo solo
lo básico del portugués.
Por esos días: “En el Amazonas llueve
cada madrugada. ¿En Ítaca también llove-
ría?”. Cada hombre encuentra una justifica-
ción a su vida, y él descubrió que ese río que
tanto anheló conocer era como un sueño en
el que llovía siempre al amanecer. Ese ruti- La Revista de la Universidad de Antioquia
nario hecho fue la esencia de su viaje. Y lo es una alquimia muy singular pues, cada
encontró como quien busca sin desear: se le
tres meses, presenta el material académico
anunció de repente, al abrir los ojos.
La narración se detiene cuando llega e investigativo de los catedráticos de la
a Belem do Pará un mes después de haber universidad, de la ciencia a la historia, de
dejado su pueblo entre las ya lejanas mon- las matemáticas a la ingeniería. Todo ello
tañas de Antioquia. No sé si regresó o se
quedó para siempre en esa hermosa ciudad está enmarcado en un diseño creativo,
brasilera, hecha de antiguos ladrillos y de con énfasis en el arte y la fotografía y
iglesias de piedra, o si continuó su viaje ha- con una apertura intelectual de múltiples
cia otros lugares. No hay cómo averiguarlo.
columnistas que nos orientan sobre el cine
En Memoria del Amazonas no hay mo-
mentos gloriosos. Todo es sencillo y mo- y la música, los últimos libros y las más
derado como su escritura, como su viajero. recientes exposiciones. Pero están, además,
La vitalidad que atraviesa ese relato es pru- conmemoraciones y aniversarios donde se
dente, y no pretende llegar más allá de sus
propios pasos. rescatan figuras y se renuevan lecturas, sea
Con ese final de puntos suspensivos Nicolás Gómez Dávila, sea Octavio Paz, o
podríamos imaginar que ni siquiera fue se busca que otras literaturas vecinas (el
él quien publicó su libro sino uno de sus
caso de Brasil o Ecuador) nos presenten
hijos años después de su muerte. Un hijo
que apenas seleccionó algunas partes del sus propuestas y nos amplíen el horizonte.
cuaderno de hojas amarillas, pues las otras, Esto, sin olvidar nunca traducciones,
al ser escritas a lápiz, fueron diluyéndose en
crónicas viajeras, la preocupación por el
el tiempo en una perfecta labor de edición.
En el que parece ser el último párrafo patrimonio cultural antioqueño y el toque
del libro, Luis Durango Echavarría escribe original explorando la ciencia ficción, la
con cierta solemnidad un consejo (que en novela negra, la novela gráfica o todo el
realidad pudieron haber sido palabras del
hijo que publicó su libro, o una paráfrasis de espectro de la creación contemporánea
uno de los autores que tanto leyó para tomar con entrevistas de primer nivel y voces
las fuerzas y lanzarse al viaje): uno siempre soslayadas que reclaman nuestra atención.
sabe lo que deja, lo que pierde, por eso cada
Cada tres meses, la vida se renueva y la
partida es dolorosa pues lo cercano se aleja;
sin embargo, por más que nos esforcemos cultura se enriquece con esta propuesta
no podemos predecir lo que ganaremos, lo imaginativa y original que es siempre la
que recibiremos. Al final, es bueno llevar en Revista de la Universidad de Antioquia. 
el corazón el pensamiento de que, cuando
algo concluye, algo comienza.
Juan Gustavo Cobo Borda
revista UNIVERSIDAD 85
DE ANTIOQUIA
Peregrinación
del origen
Manuel Zapata Olivella (1920-2004)
Pasión vagabunda

M
anuel dio una de sus últimas entrevistas para
televisión en un patio de hortensias y de ro-
sas en flor: él está en el centro, envuelto en
una ruana café, su cabello está casi blanco y ha pasado
de los ochenta años con una tremenda historia tras de
sí. Y a pesar del tiempo hay algo que conserva con la
misma fuerza, un gesto que resplandece volviéndolo
a iluminar: la carcajada que le cubre el rostro, y que
parece que lo levantara de su silla cuando estalla como
un carnaval.
La entrevista transcurre en tono sereno y más bien
solemne, sus pausas no son para descansar o para dis-
tanciarse sino para pensar, lo que en su caso es puro
recuerdo. La memoria lo traicionará en detalles pero
no en lo esencial. Ese Manuel es el mismo que una
vez entregaría su humanidad entera a su creación y a
su trabajo.
Entre el brevísimo recorrido que hace de su vida,
un detalle es precioso: “Mi mamá me dijo que cuando
me parió, lo primero que vi no fue la luz sino el agua.
Esa noche caía un aguacero de aquellos que no se ol-
vidan”. Y no agrega nada más; después de otro silencio,
habla de su padre severo y de su hermana Delia, deci-
siva en su trayectoria, y habla y habla de los otros como
quien atraviesa puentes sobre ríos.
No es que el agua sea el eje de su narrativa, drama-
turgia o ensayística; aparece sí, pero no con la intensidad
que representa, por ejemplo, la tierra para Rulfo o la

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biblioteca para Borges. Es que esa sensación Panait Istrati eran sus héroes, y con ellos
de agua sonora haciéndose sentir en esas go- creía que la literatura, mientras más denun-
tas que caen como infinitos ejércitos son el ciara los crímenes sociales y contara la vida
espíritu que tanto animó su obra. Torrente de los desposeídos y desamparados, más
de lo incontenible, fuerza que se abre cami- se acercaría a su destino. Y quiso emular-
no en los lugares más insospechados, y cuya los en cuanto pudo, sobre todo en lo que
vida es ese movimiento de sentirse siempre tenían de aventureros y sobrevivientes. Así,
libre, desatada, inundándolo todo. sintiéndose discípulo fiel, suspende la uni-
En esa imagen del nacimiento hay una versidad y, tan rápido como puede, se lanza
clave de comprensión, no tanto literaria a los Llanos colombianos tras las huellas de
como humana. El viajero que Manuel fue su otro maestro: Arturo Cova.
es esa lluvia que cae, y que ese remoto 17 de El plan era atravesar la selva hasta el
marzo de 1920 quiso tragarse su casa. Él es río Amazonas y seguir el río llevado solo
esa agua que se riega entera mientras inten- por el fluir de esa herida que siempre san-
ta andar casi con desesperación. Andar ha- gra. Pero la muerte, la locura y la violen-
cia su mar: peregrinar a su origen. O, lo que cia le cierran el camino. La vorágine y sus
sería lo mismo, regresar. Pasión vagabunda sombras le advierten de la inevitable caída
fue su primer libro de viaje y en el que dejó en esas tinieblas. Y regresa. Ese es el inicio
como testamento para los suyos la que con- de Pasión vagabunda. Lo que viene después
sideraba su mayor virtud: vagabundear. Ir es una ruta inesperada que lo llevará por
por los caminos consigo mismo llevado por Buenaventura y Chocó hasta Panamá.
el ímpetu de su cuerpo torrentoso. Viajero Ya en la lejanía comienza el despojo
de piel mulata, color de aguas caudalosas y del pasado. Y Manuel, o el personaje que
barrosas, como de tierras antiguas. él hace de sí mismo, se entrega al absoluto
El viaje es la historia de su errancia por presente: no hay un mirar hacia el frente: el
Centroamérica durante dos años, hasta su tiempo es cada paso. Solo lleva su nombre
llegada a Estados Unidos, donde comen- que, como él mismo, también se transforma.
zaría otro viaje, en que el vagabundo, el London es el otro héroe invocado, uno
poeta, los escasos conocidos, los muchos al que la orfandad y la miseria lo agobiaron
anónimos y las interminables travesías por muy temprano, y apenas adolescente viaja
Norteamérica son las historias de los que en vagones de tren comiendo con premura
serían su segundo libro, He visto la noche, y escasez con su única familia: los que están
y su primer drama, Hotel de vagabundos. de paso y cuyas huellas las cubre la arena;
Años después aparecería China 6 a.m., uno al que la fama y el éxito también le lle-
relato de su visita política a Asia junto a garon rápido aunque con dolor y amargu-
una comisión de escritores e intelectuales ra; uno al que la lucha por la sobrevivencia
colombianos; con él estaba otro viajero im- jamás lo abandonó, solo pasó de la calle al
penitente que también habría de relatar su papel, de la arena a la palabra.
experiencia en un bellísimo diario de viaje, Durante un año, 1943, Manuel es
Jorge Gaitán Durán. otro London. Resiste como puede, y con
Manuel tenía veintidós años y era es- engañadora suerte atraviesa Costa Rica,
tudiante de medicina en Bogotá. Gorki y Nicaragua, El Salvador y Honduras; cuando

Ir a contenido >> revista UNIVERSIDAD 87


DE ANTIOQUIA
llega a Guatemala, lo arrasan el hambre y la bata blanca y lo lleva a trabajar en clínicas
mendicidad, y se pone a prueba su volun- siquiátricas y sanatorios. Y entre uno y otro
tad y aguante como cuando uno cree que la trabajo pasa un año hasta que la ansiedad
cuerda interior está a punto de reventar de de los pies apremia y ese presente de sus
tanto templarla. pasos lo acosa como cazador a su presa.
Ese llevar al límite la propia condición Entre buses y trenes, huidas y largas
es la de esos viajeros que lo apuestan todo en esperas, logra llegar a Estados Unidos, a
un solo gesto: el riesgo. No hay otra forma Harlem, ese barrio renaciente donde fecun-
de movimiento. Existen el miedo y el pavor dan el jazz y la poesía de Langston Hughes,
pero justo en el mismo lugar, en el centro y donde cobrará forma definitiva ese otro
del pecho, donde hierven la alegría y la exci- origen suyo, intuición que lo había impul-
tación. Es como si fueran dos viajes en uno, sado sin saberlo: lo afro, lo mítico negro que
vividos por dos cuerpos que son uno solo. le ofrendará el fuego de sus raíces africanas
Manuel se denomina vagabundo, no y que tanto se esmerará en reavivar en la
como quien da vueltas en círculo o está obra que vendrá después y de la que Changó,
perdido en laberintos sino como el que se el gran putas será su mayor elaboración.
aleja de lo ya conocido. Él no se nombra Al final, lo que a uno le queda de Pasión
nómada, pues este lleva su hogar y su des- vagabunda, en cada experiencia de esos lar-
tino en los pies sin jamás detenerse porque gos e intensos meses, es que Manuel no dejó
tampoco existe principio ni fin: se nace y Colombia solo porque quería llenarse de
se muere nómada. Manuel, en cambio, ha mundo así no más, y ampliar sus horizon-
dejado su casa, el primer nacimiento de tes, como se suele decir del que siempre se
la lluvia, porque ahora hay algo más, y es va. Sí, él quería llenarse, pero de sí mismo, o
quizás otro despertar en la palabra de un de ese que era él y aún no conocía. Manuel
origen que comienza a tener su propia voz, fue tras su propia humanidad queriéndola
aunque él aún no lo sepa con exactitud. descubrir dentro de sí y a través de los otros.
Después de muchos meses logra salir En todo caso, quería vivir lo que una
de Guatemala gracias a una pelea de boxeo persona vive en este mundo, en la única
de la que sale recogiendo sus propios hue- realidad que se nos ha entregado: sufrió y
sos. Su contrincante había sido nada más aguantó hambre como cualquiera y se las-
que un bravísimo indígena campeón cen- timó y se alegró como cualquiera; calló y
troamericano. Con el dinero de la derrota despreció; toleró e insultó; se extravió mil
entra en México como ilegal, que era su veces y muy pocas se encontró; y sus deseos
condición regular. de cuerpos y sus anhelos de arte fueron los
Allí encuentra la generosidad de mu- de un hombre tan común, o tan especial,
chas manos amigas. El escultor Rodrigo como él.
Arenas Betancourt le ofrece un techo; Jorge Por eso cuando llegó a Estados Unidos,
Zalamea, entonces embajador en México, le más que estar preparado como artista e in-
propone regresar a Colombia en avión, pro- telectual para iniciar una labor y una obra, el
puesta que sin duda rechaza; el novelista y que había llegado era un hombre que había
periodista Martín Luis Guzmán lo contra- aprendido a ser un ser humano dispuesto a
ta para su periódico; y el famoso cantante y encontrar su lugar en ese mundo que había
médico, Alfonso Ortiz Tirado, lo viste de comenzado a conocer tan bien.

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Aguas de
negra piel
Eduardo Cote Lamus (1928-1964)
Diario del Alto San Juan y del Atrato

E
n la corta travesía de Eduardo Cote Lamus por
los ríos San Juan y Atrato como representante a
la Cámara en 1958 hay una imagen que resue-
na como golpe de taladro, y que él mismo se encargó
de retratarla en su intensidad: en una noche de lluvia
parece ver cómo el Atrato se pone de pie estirando sus
aguas de negra piel.
Él es un poeta y eso no puede olvidarse (aunque
a esa fecha aún no haya publicado la que será su obra
maestra, Estoraques); se deja impresionar porque confía
en las emociones, y les entrega la voz de sus palabras
sugerentes que él mismo teje en cuidadas notas de
viaje, a veces breves y sentenciosas como aforismos, a
veces sinuosas y misteriosas como versos que demoran
en entregarse. No hay premura ni ansiedad, su propia
respiración se acoge a la cadencia del remo que obedece
como un ciego a su lazarillo. Uno de sus dones, al me-
nos como viajero poético, fue la levedad que habitaba
su expresión y su mirar. Cada palabra parecía tener un
contorno delineado y transparente.
Nunca se sintió como parte del paisaje por más fa-
miliar que le pareciese. Fue un extraño durante esos días
en el Chocó que registraba sin alarmas ni estridencias;
hacía del viaje una sucesión de imágenes que ni él mis-
mo recordaría como realidades alguna vez tangibles sino
como sombrías y volátiles fantasías. En esas tierras y en
esas aguas, en esas selvas y en esos cielos, Cote Lamus
viajó con su pluma. Una pluma que fue su cuerpo.
Recorrió gran parte del río San Juan y casi todo el
Atrato hasta Turbo, en el golfo de Urabá, entre el 12
y 18 de septiembre. No es por su condición política u
oficial que lleva su diario de ríos, sino por esa conciencia
de quien acepta, como un pacto que ni el tiempo violará,
que será leído en todo aquello que piensa y siente. Ese
otro hombre que escribió para informar fue uno que

Ir a contenido >> revista UNIVERSIDAD 89


DE ANTIOQUIA
rápidamente se agotó pues a ese no le pertenecía En ese tono bajo y en el volumen que nada
la creación; fue el otro, el poeta y diarista, quien quiere perturbar, y que esconden cierta melanco-
entró en esas aguas silenciosas e inagotables. lía del fracaso, hay algo más que atrae poderosa-
Me lo imagino montado en esas lanchas mente: la miedosa timidez de un hombre que ni
por parajes húmedos y sofocantes, con su bigote se atreve a perturbar el propio camino que tran-
perfecto, erguido bajo su sombrero de ala ancha sita, por eso, sin importar que viaje acompañado,
y con su figura de aventurero aseado; tomando en realidad lo sentimos siempre solo.
siempre notas, es decir, escuchando con esmero y Es el color de la expresión lo que hace singu-
paciencia, acogiendo generosamente las voces de lar su diario. Aun a cincuenta años de haber sido
la selva y de los hombres, de la noche y del agua, vivido, y de las cosas haber cambiado (o al menos
de la lluvia y de la arena. eso aseguran las historias oficiales), en esa tierra
No creo que callara para escucharse a sí mis- de verdes que no son de todos los colores, siem-
mo y alejarse, pues su escritura siempre está na- pre tenues y cansados, la voz de Eduardo Cote
rrando el afuera en esa delicada concisión tan suya. Lamus todavía está allí viajando.
Allí hay pura entrega, como quien lo da todo. No Un poeta que tanto cantó a la muerte y a la
es que él se mimetizara o desapareciera, es que con fugacidad, en aquella ocasión en el Chocó, donde
su palabra podía llegar a fluir con el río siendo otro la tierra y las aguas tienen esa quietud del deceso
río. Escuchar el viento siendo otro viento. Ser todo y la sensación de lo que nunca regresará; allí, don-
ello porque de alguna manera, antes del viaje, ya de la melancolía camina entre las selvas y donde
los llevaba adentro aunque fuera como una lejana los míticos dolores alimentan a los ríos, en una
intuición. Para ese viajero, la navegación por los tierra de hombres con una sed de mundo ya pas-
ríos de la selva fue una meditación en la escritura. mada, el poeta vio la vida y la celebró.
Pero ese afuera narrado también se transforma Y la vio porque sintió la fuerza y la alegría, en
en su interioridad. Esa levedad en su palabra, como el encanto de las comidas y de las fiestas, y cono-
si su pluma volara por esos ríos antes que navegar- ció las sonrisas de dientes blancos en esos rostros
los: otra manera de penetrar en lo hondo; la pro- negros y mansos. Aun en sus soledades habitadas
fundidad no solo es una virtud de los mares y de la por sí mismo, en los matices tristes de su palabra
tierra. Elevarse, sin duda, puede ser una forma de y en las imágenes tan fantásticas como reales, el
hundirse en los propios abismos en busca de voz. poeta que viajaba puso primero a la vida.
Sabemos que esos ríos que nombra existen en El San Juan, el Atrato y el golfo de Urabá, y
aquella realidad política y social, y que cada una de cada afluente por pequeño que fuera, le revelaron
sus descripciones son apenas mínimos cuadros de que el vigor de lo que palpita, de lo que resiste e
la miseria de un pueblo que solo con sus maneras impulsa, está en las honduras, y que allí la vida
ha podido sobrevivir en el olvido y el abandono. se mueve imparable; honduras que raramente
Todo ello es real, así como las visitas a las veredas muestran sus grandezas, a no ser a aquellos que
en la selva y a los caseríos que sobreviven a un saben dónde mirar, es decir, escuchar.
lado de los ríos, o dentro de ellos, siempre espe- Hay un instante conmovedor del viaje en que
rando que las caprichosas aguas ofrenden mucha él le cuenta a su amada, en una breve carta, que
o poca comida; al igual que el analfabetismo, la cree saber cómo nace la música de esas aguas: en
violencia, la decadencia, la inclemencia y las difi- la lluvia que fluye en el fondo denso y que pronto
cultades ante una naturaleza siempre indomable e habrá de ascender para volverse una “soledad so-
impredecible. Es real como somos reales nosotros. nora”, que ya no es tiempo sino brillante suspen-
Pero tal como los vio Cote Lamus, esos ríos sión. Y en fragmentos luminosos de ese diario de
solo le pertenecen a él; y lo que nos enseña son esas ríos, él mismo pudo atraparla en su palabra como
sombras que se levantan del mismo río y se echan quien tiene luciérnagas entre las manos.
a correr selva adentro como espantadas ante la im-
prudencia de las ondas del remo en esas noches es- Felipe Restrepo David (Colombia)
Ensayista. Estudió Filosofia en la Universidad de Antioquia y
pesas. En su viaje poético es la belleza lo que se in- una maestría en Literatura en la Universidad de Sao Paulo. En
voca, aquella que deslumbra por su magnificencia. 2008 publicó Conversaciones desde el escritorio.

90 Ir a contenido >>
El nuevo estado
de la nación
G
eorge Washington aparece de pie, vestido elegantemente pero
Lina María de civil, sin uniforme, sin túnicas reales. Sobre la mesa una
Aguirre pluma y un tintero, y su mano extendida en su función
Jaramillo de guía para la joven república. Es el retrato que hizo Gilbert
Stuart en 1796 del héroe de la batalla independentista y
primer presidente de Estados Unidos de América. En
su época se hicieron muchas pinturas y esculturas del
general pero este es el retrato de Washington que recoge
las ideas fundacionales del país: la esperanza, el poder
no heredado sino obtenido por consenso, el líder elegi-
do popularmente, la vocación democrática. Han pasado
casi 220 años de aquel momento y en Estados Unidos
bien vale la pena preguntarse qué ha sido de aquel
“progreso hacia la felicidad política” que
Washington asemejaba a un “cami-
no por tierra virgen”, en
una carta a la historia-
dora inglesa Catharine
Macaulay Graham.

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DE ANTIOQUIA
Un fragmento de dicha carta (fechada el 9 y colectivo; y aquella que rastrea a los individuos
de enero de 1790) está inscrito en la parte su- que han dado forma a la cultura del país, un gru-
perior de la pared en donde se exhibe la pintu- po diverso de literatos, empresarios, visionarios,
ra, en la sala dedicada a la colección America’s científicos, villanos, rebeldes, luchadores, gente
Presidents de la National Portrait Gallery en del cine y del entretenimiento, deportistas y, por
Washington DC, el distrito capital de Estados supuesto, mandatarios.
Unidos. Es la imagen que “mejor representa lo Todo esto entrelazado con la creación privada
que Washington significó para nosotros cuando y la vida pública: “en donde las artes nos mantie-
éramos una nueva nación y lo que continúa sig- nen en compañía de gente notable”, como pro-
nificando para nosotros en el siglo xxi […] Es la pone la institución, que además tiene un activo
pintura que está en igualdad de importancia con calendario de exposiciones temporales con temas
[los] documentos sagrados”, dice la ficha cura- tanto alrededor de su colección como otros ligados
torial, concluyendo con la admonición de que es a nuevas formas de expresión artística mediante
“el Washington que sostiene nuestro propósito instalaciones, fotografía, video, materiales web y
nacional [y el que] cada generación de estado- obra en exteriores. Si se ingresa por la entrada de
unidenses necesita redescubrir”. la calle G, por ejemplo, se encuentra afuera una
En realidad, toda la galería es relevante para escultura de un vaquero a caballo y con pistola al
revisar tal propósito por parte de nacionales y aire (no es un monumento a ningún presidente).
extranjeros. La National Gallery se encuentra Si se usa la entrada principal, por la calle F, en
unida al American Art Museum en una misma el ala este, se encuentra con la sección American
institución que hace parte de la reconocida red Origins. El embrión del país que se forma entre
de museos y centros culturales Smithsonian. Así influencias europeas, ímpetus nativos, apremios
que una visita comprende un amplio recorrido económicos, riquezas propias y, por supuesto, ba-
por “las historias” de Estados Unidos: aquella que tallas. La muestra es exhaustiva en personajes y
cuentan las artes visuales de los últimos 300 años eventos catalizadores que dan sentido a esos orí-
en el país, durante los cuales el trabajo de muchos genes y a lo que ha seguido hasta hoy en el vasto
autores ofrece una ventana de estudio a la “expe- territorio estadounidense: desfilan los generales
riencia de Estados Unidos” como tema individual Lee y Grant (también expresidente); emergen las
mujeres, como Eleanor Roosevelt, quien trans-
formó su rol de primera dama y anfitriona de la
Casa Blanca por el de activista de causas sociales,
o Harriet Beecher Stowe, autora de La cabaña del
tío Tom, considerada una obra seminal en la toma
de conciencia en contra de la esclavitud; el ge-
nial Samuel Clemens —Mark Twain—, recrean-
do la vida estadounidense río abajo y arriba del
Mississippi, a veces en tono grave, otras cómico,
y siempre con una punta afilada para chuzar el
ego patrio en sus pretensiones de superioridad y
arbitrio moral.

Pocahontas
Anónimo. Después de 1616
Retrato de la princesa indígena que se convirtió en una
heroína al salvar la vida, según se cree, del colono inglés
John Smith. El retrato fue hecho en Inglaterra, a donde
viajó Pocahontas después de convertirse al cristianismo y
contraer matrimonio con el inglés John Rolfe.
Cortesía National Portrait Gallery - Smithsonian Institution

92 Ir a contenido >>
También está la tripulación del Apollo 11,
un grupo titulado “Hombres del progreso”, y un
despliegue de quienes han materializado notables
desarrollos tecnológicos, como Thomas Watson,
“un soberbio vendedor con instintos empren-
dedores”, fundador de IBM. Una imagen de
Pocahontas, la princesa indígena y heroína, llama
la atención sobre los distintos tipos de interrela-
ciones entre la población indígena y los colonos
británicos, en un retrato hecho en Londres, de
autor desconocido y, como es de esperarse, no
disneyficado.
Al seguir el recorrido hasta el tercer piso, las
paredes pasan a ser ocupadas por hombres y mu-
jeres notables del siglo xx, y de los experimentos
con la electricidad se pasa a los de la computa-
ción. Bill Gates, el fundador de Microsoft, ya
tiene allí su lugar. Un salón está dedicado a la
“lucha por la justicia”, con Martin L. King a la
cabeza. En otros espacios se examina el papel de
la naturaleza como inspiración artística y como
símbolo de novedad y riqueza del país, e iconos
como Bruce Springsteen y Katharine Hepburn
conforman una apreciación acerca del peso de
la cultura pop en esa “América” que también
es producto de indiscriminada diseminación
internacional.
De vuelta a la sala de los presidentes, Bill
Clinton aparece decididamente colorido y pos-
moderno. En un documental, Ronald Reagan
pronuncia su famosa línea en Berlín en 1987:
“¡Señor Gorbachov, derribe este Muro!”. No le- George Washington
Gilbert Stuart - 1796
jos de Washington está Lincoln. Precisamente,
el edificio que desde 1968 ocupan la galería y el Conocido como el “retrato Lansdowne”, se convirtió
museo fue el lugar de su baile inaugural como 16º en la imagen más significativa y difundida de George
Washington, el general que lideró la independencia de los
presidente en marzo de 1865. Estados Unidos y su primer presidente. Es también la pintu-
Este es uno de los primeros edificios públi- ra que muestra lo mejor del arte del renombrado pintor. En
la composición son importantes las alegorías a la fundación
cos construidos en la ciudad y, a juicio del escritor de la joven nación, al gobierno democrático —no monár-
Walt Whitman, “el más noble de Washington”. quico— al nuevo tiempo de esperanza con el arcoíris del
Con pórticos levantados siguiendo el modelo del fondo que, en la ficha de la primera presentación pública
del retrato en 1798, indicaba que las
Partenón en Atenas, es ciertamente un escenario “tormentas han amainado”.
apropiado para indagar en la narrativa de Estados Cortesía National Portrait Gallery - Smithsonian Institution
Unidos como nación. No solamente como una
sucesión de eventos y protagonistas sino también
como una pregunta constante acerca de su idea
y representación de aquellos valores que define
como pilares de su sociedad, una en la cual la
libertad de expresión, la tierra de oportunida-
des, el sentido de unión desde todos los puntos

Ir a contenido >> revista UNIVERSIDAD 93


DE ANTIOQUIA
cardinales y el orgullo nacional se funden en un entrada de los Estados Unidos a la guerra,
abultado imaginario en el cual son también co- regresó al final. Los Estados Unidos y los
nocidas las exageraciones de grandeza. Aliados ganaron pero no fue, como Wilson
Las ideas sobre la nación y el carácter esta- había proclamado, la “guerra para terminar to-
dounidense resuenan en textos expuestos como das las guerras”. Su esperanza de una paz du-
este, sobre los tiempos convulsos del siglo xix: radera, protegiendo la soberanía de todas las
naciones en lugar de castigar las vencidas y su
Antes de la Guerra Civil, los Estados Unidos
visión de la Liga de las Naciones no sobrevivió
se convirtió en un amplio laboratorio de
a las realidades de la política internacional.
experimentación acerca de cómo obtener
una sociedad justa a través de reforma indi-
Los estadounidenses abandonaron el idealis-
vidual y social. Inspirados por una religión
mo […] Muchos, entonces, volcaron su atención
que predicaba la salvación mediante las bue-
a los asuntos más mundanos de hacer dinero,
nas obras, los estadounidenses descubrieron
consumir bienes producidos masivamente y su-
todo tipo de formas —desde resurgimientos
mergirse ellos mismos en la cultura popular.
religiosos hasta la reforma de la abstinen-
Aquí se sitúa el arte a partir de la mitad del
cia— para darle un propósito moral a sus
siglo xx y la revigorización creativa con temas
vidas. Gradualmente, estos movimientos re-
humanísticos y políticos:
formistas se fusionaron sobre el tema del es-
clavismo. En el norte, conceptos cambiantes Con un telón de fondo post-II Guerra
acerca de los derechos individuales hicieron Mundial, del resurgimiento cultural en la
que muchos más rechazaran la idea de que música, el teatro y el cine, así como con la
una sociedad democrática podía permitir la paranoia de la guerra fría y un creciente ac-
esclavitud. Contratacando, los líderes sure- tivismo en relación con los derechos civiles,
ños argumentaron que el gobierno federal no la Guerra de Vietnam, el feminismo y otros
podía estar por encima de los derechos indi- movimientos, artistas de la mitad del siglo xx
viduales en los estados […] Hacia mediados desafiaron el estereotipo de una vida estado-
de la década de 1850, la situación estaba tan unidense homogénea […] Muy conscientes
incendiada que no fue posible un acuerdo y de su desdén por la tradición, estos artistas
la nación pasó a enfrentar una cuestión que escogieron explorar la imaginería figurativa
había evitado por largo tiempo. deliberadamente […] sus obras explotaron
los temas y estéticas de su generación.
Este otro texto introduce la transición al si-
glo xx y el cambio de agenda nacional: Por último, F. Roosevelt, en una alocución ra-
dial del 7 de abril de 1932, señala: “Estos tiempos
La creencia estadounidense en reforma [y]
tristes hacen un llamado a… planes… que cons-
progreso […] recibió un duro golpe con el
truyan desde abajo hacia arriba y no desde arriba
estallido de la guerra en Europa en 1914.
hacia abajo, que pongan nuestra fe una vez más
Muchos habían tomado como artículo de fe
en el hombre olvidado en la base de la pirámide
el que las naciones no tendrían más que recu-
económica”. Estas palabras resuenan en 2015,
rrir a la guerra para resolver sus diferencias,
cuando en Washington, como en otras grandes
aunque Alemania había sido percibida como
ciudades estadounidenses, miles de personas (un
una amenaza […] Wilson se aferró al princi-
promedio de 610.040 diarias) pueblan las calles
pio de la neutralidad estadounidense, pero fue
sin techo ni rumbo fijos. Homeless en los parade-
obligado a proteger los intereses marítimos y
ros de autobuses, en las bancas de los parques, en
comerciales [del país] a medida que fue avan-
las orillas de las fuentes, bajo el alero de alguna
zando la guerra, cuando estos fueron interfe-
tienda lujosa, o tirados en los andenes. A veces
ridos por Alemania y Gran Bretaña […]
cargando maletas viejas, a veces con carritos de
La desilusión que acompañó el comien-
supermercado, escarbando entre los contenedores
zo de la I Guerra Mundial, reemplazado con
de basura, y otras pidiendo dinero con voluntad
el entusiasmo e idealismo que acompañó la
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de retribución, como un joven veterano de Iraq estadounidense. Un vistazo a titulares de octubre y
en el sector suburbano de Georgetown. Algunos noviembre de 2014 da la idea del panorama:
están visiblemente pasados de alcohol y drogas, “El control del Senado, el legado de Obama,
otros van simplemente moviéndose de un lado a están en la cuerda”.
otro con una expresión que parece cargar todos “Por qué el electorado de este año es tan fa-
los tiempos tristes del país. vorable a los republicanos”.
¿En dónde ha quedado el experimento de “Los viajes de una enfermera provocan una
la sociedad justa? Según el movimiento Occupy, reacción en cadena de precaución […] escuelas
engullido por los bancos y grandes corporaciones en dos estados se cierran […] las tiendas se que-
que representan el 1% en la cima de la pirámi- dan sin líquidos antibacteriales”.
de. Hasta hace unos años, la repetida frase de “Una epidemia de ansiedad y miedo golpea a
Clinton, “The economy, stupid”, era la respuesta a los estadounidenses en medio del brote de ébola”.
cualquier programa político: la economía va bien “Los republicanos están atrapados en el
y la población se predispone mejor ante el gobier- pasado”.
no. Pero ahora, incluso con índices de empleo y “Los demócratas no tienen ideas”.
producción más positivos en términos generales, “Dispersando fantasías libertarias”.
un cierto aire de descontento permea muchos “¿En qué se equivocó Obama?”.
rincones de la nación, como ha podido compro- “El poder de odiar a Obama”.
bar el ocupante principal de la casa insigne en el “Adolescente de 16 años arrestado con bom-
número 1600 Pennsylvania Avenue, el presidente bas, pistola, planeaba matar en su escuela, dice la
Barack Obama, el 4 de noviembre de 2014. policía”.
Ese día se llevaron a cabo las elecciones le- “La prohibición de viaje por ébola es popular
gislativas y Obama, quien había dicho que eran políticamente. Pero no se está practicando”.
también sus políticas las que estaban a examen, “La cruda diferencia entre lo que comen los
recibió con su partido una fuerte paliza. Los de- niños pobres y los ricos”.
mócratas no tienen hoy el control de ninguna “Hay un estado en el cual los miembros de
de las dos cámaras y han perdido gobernaciones un sindicato están realmente votando por los
incluso en estados “suyos”, como Maryland o republicanos”.
Massachussets. El diario The Washington Post, uno “Cómo negocia con el mundo un Estados
de los más antiguos del país (rescatado de la casi Unidos polarizado”.
segura quiebra por Jeff Bezos, el dueño de la enor- “Inusual ruptura en el decoro de Washington
me tienda virtual Amazon), es una de las fuentes hace ver las relaciones agrias con Obama”.
indiscutibles de cualquier intento de leer la política “¿Un Obama impávido?”.

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DE ANTIOQUIA
males graves, incluyendo el de espionaje de comu-
nicaciones privadas de ciudadanos.
Ni siquiera el relevo de tantas sillas de con-
gresistas puede decirse que anime particularmente
alguna corriente idealista. Washington conserva la
forma de diamante del trazado original que deja
ver perfectamente las líneas concatenantes entre
el poder legislativo y el ejecutivo. Por un lado, el
imponente capitolio está en obras y quizá la repa-
ración necesaria no es solo exterior. Por otro lado,
más allá de la larga avenida, el National Mall, en la
Casa Blanca, el despacho presidencial recibe cien-
tos de cartas de niños. Precisamente la librería de
la National Gallery tiene la compilación editada
de esas cartas. Algunas son genuinamente diverti-
das: “Señor Presidente, ¿podría hacer usted una ley
para que el chocolate sea considerado una verdura
en este país?” y otras obligan hoy a una lectura que
necesariamente inquieta: “Sr Presidente, cuando
Abraham Lincoln
Alexander Gardner, 1865
usted dice que va a cambiar algo, estoy seguro de
que así va a ser”; “Sr Presidente, y sobre todo, ¡no
Una de las imágenes más significativas del presidente y la más guerras!”.
última fotografía que quedó antes de su asesinato. Como su antecesor del siglo xviii, Barack
La grieta que quedó en el negativo de vidrio usado por Obama inició un camino en busca de la “felici-
Gardner se ha interpretado como una señal del destino
que le esperaba a Lincoln.
dad política” y casi la prometió, pero no debe ser
Cortesía National Portrait Gallery - Smithsonian Institution fácil para el departamento encargado responderle
a aquellos jóvenes corresponsales que tal felicidad
no existe realmente, ni siquiera cuando la mayoría
del país vota convencido de que “sí se puede”.
“Obama está asustando a las mujeres”.
“Obama, el presidente paria”.
Miedos generalizados, menores de edad con Lina María Aguirre Jaramillo (Colombia)
Doctora en literatura y periodista. Investiga sobre temas rela-
armas, las relaciones internacionales, la creciente cionados con la literatura inglesa, la narrativa de viajes, ciencia
intensidad de la división azul (demócrata)-roja y la relación internet-sociedad. Es docente y escribe para dis-
(republicana) del mapa estadounidense, la cues- tintos medios en Colombia y España.
tión de un presidente que el pasado 20 de enero de Fuentes de referencia
2015, cuando cumplió seis años de haber tomado Adler Bill Sr y Adler Bill Jr. Kids’ Letters to President Obama.
posesión en una ceremonia sin precedentes, no Nueva York: Ballantine Books. 2009
podría haber repetido su discurso inaugural, ple- Fortier, Alison. A History Lover’s Guide to Washington, D.C.
Charleston: The History Press. 2014
tórico de esperanza afirmativa del lema “Yes, We Panetta, Leon - Newton, Jim. Worthy Fights - A Memoir.
Can”: sus índices de aprobación están en una fran- Nueva York: Penguin. 2014
ja de 38-42%, antiguos colaboradores, como Leon Voss, Frederick S. Portraits of the Presidents: The National
Panetta (exsecretario de Defensa y exdirector de Portrait Gallery. Nueva York: Rizzoli. 2012
Registros Movimiento Occupy Wall Street. www.occupyto-
la CIA), lo han criticado abiertamente, y en una gether.com
de las mejores vitrinas del pensamiento progresista Registros National Alliance to End Homelessness. Noviembre
del país, la cartelera del café Freedom of Speech en 2014.
Registros Gallup - Presidential Approval Ratings. Noviembre
la universidad de Berkeley en California, referen-
2014.
cia clave del Movimiento Libertad de Expresión, The Washington Post. Ediciones impresas y digitales.
Obama es señalado como culpable de muchos Octubre-noviembre 2014.

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Aguirre, Abad
y nosotros
U
n amigo me hizo llegar por el correo
electrónico un artículo de Héctor Abad,
Eduardo publicado en la revista El Malpensante,
Escobar sobre el supuesto sacrilegio de los nadaístas de
Medellín durante una misa solemne oficiada con
obispo a bordo, y coros y banderas, para clausurar
la Gran Misión, un circo de predicadores domi-
nicos, franciscanos y carmelitas, de todas partes,
catalanes y belgas, que recorría el mundo bajo
la dirección empresarial de un jesuita español,
Enrique Huelin. Huelin hacía honor al apellido.
Expelía un tufo de ajos y unos husmos de animal
grande que se experimentaban como una ofensa
a una cuadra de distancia. Lo conocí bien. Y des-
pués voy a contar por qué, si me acuerdo. Ahora
quiero decir que la nota de Abad está plagada
de imprecisiones, a veces casi mentiras, y a veces
mentiras flagrantes. No lo culpo. Está claro des-
de el principio que reproduce una historia que le
contó Alberto Aguirre, levemente teñida con esa

Ir a contenido >> revista UNIVERSIDAD 97


DE ANTIOQUIA
bilis que a veces echaba a borbotones sobre el in- una hoja de papel carbón para que no despertara
terlocutor cuando hablaba de los nadaístas. Creo la codicia de los carteros. En honor de Gonzalo
que Alberto nos detestaba a los nadaístas por debo decir que siempre habló de Aguirre con ca-
celos. Porque no soportaba que Gonzalo Arango riño, y hasta con dulzura. En un perfil que le hizo
frecuentara más amigos que él mismo y los de su para la revista Cromos dice, enigmática, amoro-
capilla. Lo quería como a un novio. Se querían samente: Alberto vive en mí como una historia
como dos novios que devinieron desavenidos. sin pasado. Y dice que tiene un corazón de oro. Y
Alberto con frecuencia declaraba, en pri- recuerda que una vez, habiéndolo encontrado in-
vado, el afecto que sentía por Gonzalo. Aunque quieto, desasosegado, Alberto, que tal vez estaba
en público solía ser cruel con su antiguo ena- leyendo a Freud, decidió que necesitaba mojar la
morado platónico y protegido, por ese afán suyo cola —el eufemismo de moda para el coito— y
de parecer implacable, integérrimo como un le dio unos pesos para que alquilara una putica
Robespierre. Entonces lo llamaba renegado, ven- en Guayaquil. Pero Gonzalo también hace en ese
dido, oportunista, inauténtico. Menos por mala perfil de Cromos, con un tono de reivindicación
fe que por necesidad de parecer fiero para ocultar de sí mismo y de vindicta con el otro, el mejor
la timidez, quién sabe, o la inseguridad. Yo fui el retrato de Aguirre que conozco. Es, dice, auto-
mejor amigo de Gonzalo, y el más cercano; éra- ritario, dominante. Nació para ser jefe. Dice. Y
mos vecinos, en la última etapa de su vida. Y sé dice que es terco, dogmático y apasionado en sus
la clase de persona que fue. Tierna, generosa y ideas. Nunca cede a las razones contrarias. Dice.
leal. Y Alberto también sabía que no era el alma Liquida las discusiones con un silencio indiferen-
envilecida que le gustaba servir entre escoceses. te, o con una risita nazi que oculta sobándose su
Aunque lo ocultara por fingimiento, para aparen- bigote prusiano. Dice. Con eso los dos quedan
tar que era el hombre de acero, el incorruptible. honrados. Y quedan explicadas las razones que
Una vez en uno de esos almuerzos que a veces separaron a Gonzalo de su hermano mayor, el que
ofrecía Marianne Ponsford a sus colaboradores trabajaba para que él pudiera ser nadaísta. Como
en las instalaciones de la revista Cromos, Aguirre dijo allí mismo. Lo que me cuesta perdonarle a
declaró: Fernando González y Gonzalo Arango Aguirre es su insistencia en la tontería de que los
son mis sombras tutelares. Yo le reclamé en serio nadaístas fuimos los sacristanes de Gonzalo. No,
y en broma su lejanía conmigo cuando compar- no éramos sus sacristanes. Éramos sus amigos. Y
tíamos el mismo orgullo de haber contado con él, Gonzalo, siempre se envaneció diciendo que
esos dos amigos singulares, apasionados, inteli- el nadaísmo más que una capilla literaria era un
gentes y esenciales. Y se hizo el pendejo. círculo de amistad, y que la amistad fue lo úni-
Es posible que Gonzalo hubiera aprendido co valioso que dejó. También le gustaba decir
de Alberto el desprendimiento que lo caracterizó. a Aguirre que los nadaístas, incluido su amado
Alberto le ayudó a vivir en sus años de mayores Gonzalo, habíamos parado en bufones de la bur-
pobrezas, cuando dejó el derecho por una incli- guesía. Como si fuera un gran pecado ser bufón,
nación invencible a torcerlo todo, según le gusta- como si los bufones no fueran tan necesarios para
ba repetir, para dedicarse a la literatura, y escribir el mundo y la vida como los libreros y los edi-
esa noveleta que llamó Después del hombre y que tores. Es que Aguirre se tomaba demasiado en
Aguirre guardó para eterna memoria. Y para eter- serio. Gonzalo tenía un humor endemoniado,
na vergüenza. Qué cosa tan mala. Vargasvilismo demoledor, porque había sufrido más. Y no lo
del más barato. Naturalismo del peor. Aguirre le avergonzaban sus limitaciones.
daba trabajo, Aguirre le cobraba los honorarios Hace tiempos le escribí unas pocas palabras
de miseria que le pagaban en el periódico de la a Héctor Abad a propósito de Aguirre, el tirano,
parroquia o le prestaba dinero cuando se demora- cuya fama asegura que fue el primero en desafiar
ban. Y así era Gonzalo con sus amigos. Con mu- el poder del rey de España en América, si no fue
cha frecuencia sus cartas venían acompañadas con Francisco Roldán el precursor de los eternos al-
un billetico recién tostado, nuevo, escondido en zados según leí en el padre Las Casas. Yo quería

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Darío Lemos, Jotamario Arbeláez, Eduardo Zalamea Borda, Eduardo Escobar y Juan Manuel Roca

compartir una sospecha con Héctor. La sospecha


de que Aguirre, el tirano, no había sido un mons- En honor de Gonzalo debo decir que
truo moral, un corrompido ni un ateo sin hígados
sino un santo extremo, el mártir paradigmático
siempre habló de Aguirre con cariño,
de alguna secta cátara o maniquea, basada en la y hasta con dulzura. En un perfil que
confianza en la Gracia antes que en las gracias de
la fe, entregado a la compasión divina. Aguirre, el le hizo para la revista Cromos dice,
tirano, tenía bien delimitados los reinos del Cielo
y de la Tierra. El Cielo para quien Dios quiera, y enigmática, amorosamente: Alberto vive
la Tierra para el que más pueda, era su profesión
de fe. Y su figura y su pensamiento quizás tengan en mí como una historia sin pasado.
algo que decirnos sobre la historia religiosa del
Nuevo Mundo. Pues bien, yo una vez comparé brujo de Otraparte implica también el batallar
con el Tirano Aguirre a nuestro amigo Aguirre, contra uno mismo, para superarse a uno mismo.
porque también fui su amigo, y lo conocí desde la Algo que los más malhumorados y cascarrabias
pubertad cuando comencé a buscar a los nadaís- de sus discípulos suelen pasar por alto.
tas harto de mi inocencia y él se estrenaba como Dejo la mala impresión de que detesté a
librero. Más tarde lo vi de fotógrafo y director de Alberto. Pero no. Lo quiero mucho, lo quise
cineclubes, de editor de libros y revistas de cine y mucho y lo respeté tanto que nunca me robé un
de comentarista deportivo. El pobre Alberto no solo libro de su librería, que los traía bien esco-
dio pie con bola. Por inconstancia o por memez. gidos, ni siquiera cuando fuimos los campeones
Gonzalo dice que por desprendimiento y por es- del escape bibliómano con dariolemos y Jaime
píritu aventurero y porque lo aburrían los laure- Espinel, apodado Barquillo, el terror de los li-
les. Concedámoslo: como columnista de prensa, breros de la Bella Villa. Y creo que él también
el último oficio que ejerció, obtuvo cierto ascen- me quiso a su modo ríspido pues a pesar de la
diente con sus osadías, ostentando un desdén lejanía que guardaba conmigo incluso me ayudó,
olímpico por todas las cosas, comenzando por los por intercesión de Gonzalo Arango, a financiar
nadaístas, claro, y acabando con el mondongo y el un libro de poemas, Cuac, que publiqué con una
tedio de los domingos. El desdén fue en Alberto viñeta de Álvaro Barrios en la carátula, un angeli-
una forma de la candidez, una manera de refren- to peinado a la Marta Traba, en bikini y sacando
dar una ilusión de superioridad que quizás disfra- la lengua. Lo imprimí en la editorial Gamma de
zaba el sentimiento de nimiedad: esas cosas de la don Gustavo Lalinde, un tipógrafo exquisito que
economía de la psiquis funcionan así. Le gustaba tenía una tortuga de mascota, el pintor de sábado
justificarse con el lema de Fernando González de de la familia de Fernando Botero, músico barro-
vivir a la enemiga. Pero el vivir a la enemiga del co, católico, fabricante de lasañas y cultivador de

Ir a contenido >> revista UNIVERSIDAD 99


DE ANTIOQUIA
rosas negras, la misma editorial donde Aguirre hoy abre El Guanábano y donde entonces vivía la
había publicado las últimas obras de Fernando novia de dariolemos. Y yo lo saludaba. Y él levan-
González y no sé si a León de Greiff. A propósi- taba un dedo índice y tres pelos del bigote miel.
to, De Greiff no podía oír el nombre de Aguirre Alberto era un solitario. Le gustaba la sole-
sin que se pusiera a gruñir y a despotricar contra dad, yo creo. Como a todos los que preferimos
esa edición plagada de gazapos que Aguirre le gastarnos entre libros. Poco paraba en la libre-
hizo a sus obras completas, que además eran ape- ría. Aurita trabajaba por él. Pero hablemos de los
nas sus obras provisionales. Pero los gazapos no secretos, que los secretos hablados pesan menos.
importan. Los gazapos son una pequeña y hasta Una vez nos vimos involucrados en un juicio por
simpática desgracia a veces en las vidas de quie- rapto y estupro que inició en mi contra una seño-
nes nos dedicamos a estos menesteres de la lite- ra para cobrarme los besos de su sobrina. Alberto
ratura como escribidores o editores. Hace años me hizo una trampa, recuerdo. Yo me quería casar
hago un censo de gazapos en la literatura, desde con la muchacha. Y él me hizo firmar algo que
ese reloj de campanario que dobla en una obra llamó el desistimiento. Yo le dije que no firma-
de Shakespeare ambientada en la Roma imperial ría si no podía leer antes de qué iba el asunto. Y
y el perro de don Quijote en Cervantes que el él que déjese de pendejadas, que firme hombre
autor olvidó en la primera página y el burro que y que no joda para que lo dejen libre y me lle-
Ginés de Pasamonte robó a Sancho Panza, y que nó de miedos y amenazas y que me iba a podrir
reaparece entre las piernas del inefable escudero, en la cárcel, etc. Yo tenía 17 años. Y cedí. Y así
más tarde, inesperadamente. Reseñé unos pocos acabé renunciando a mis pretensiones de casarme
a modo de adelanto en mi libro Prosa incompleta con la nínfula a cambio del perdón de la tía y
que publicó Villegas en Bogotá hace años. Pero lo del levantamiento de la denuncia. Alberto fingió
que quiero decir es que me sentí muy feliz cuan- ayudarme. Después entendí que trabajaba para la
do Aguirre, el día de la salida de Cuac, le dedicó a contraparte, para salvar a mi gacela de mí, el lobo,
mi esperpento la vitrina de su librería cuando aún pues la tía de la niña, una señora pequeña con un
quedaba en Maracaibo frente al antiguo teatro gran lunar en la comisura izquierda de su peque-
Ópera. Todo un homenaje. Quedé tan agradeci- ña boca, además era socia del almacén de discos
do que no se me ocurrió la mezquindad de pensar contiguo a su librería Aguirre.
que solo estaba haciendo lo posible por salvar su El otro pormenor judicial en que nos vimos
plata, pues yo me había comprometido a pagarle envueltos es el motivo de esta prosa. Así somos.
en ejemplares. Dudo ahora que haya salvado la Por poco se me olvida y termino contando una
inversión. Nunca hablamos de eso después. Un historia de amor. Que además he contado otras
amigo es aquel con quien no tenemos nego- veces. No con ínfulas de donjuán sino para des-
cios sino secretos, definió bellamente Fernando cribir con un verbigracia aquellos tiempos infeli-
González. Y Alberto y yo más allá de ese negocio ces cuando el amor era pecado, y delito a la vez,
malo para los dos guardamos sobre todo hondos y los muchachos debíamos perder la virginidad
secretos entre nosotros, aunque no nos saludára- en los prostíbulos, y las muchachas la noche de
mos de abrazo, aunque en mi timidez adolescente bodas con un joven escogido en un concilio de
yo apenas sonreía cuando visitaba su estableci- tías con bigote como Alberto. Pero sigo con el
miento, y aunque él apenas encrespaba el bigote sacrilegio, el hipotético sacrilegio de los nadaístas
nietzscheano que usó largo tiempo cuando yo de Medellín en la Basílica Metropolitana. Esa
me le acercaba tratando de romper el hielo. Me ancha matrona de ladrillo que parece que estuvie-
parece verlo bajándose de su Volkswagen verde ra abierta allí pariendo las miserias de Medellín,
oliva con su cámara para fotografiar un aspecto regándolas hacia la calle Junín. Hoy atestada de
de Medellín. Lo veo dando vueltas solitarias en leprosos, rateros, falsos epilépticos, putas niñas,
esas tardes azules y calientes de los años sesenta, vendedores de marihuana mangobiche y de man-
en mangas de camisa, el saco en bandolera, por go biche y de paletas, de tragadores de cuchillos
los lados de la plazuela de los Periodistas donde de la cacharrería Mundial, de hombres que se

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meten clavos de cinco pulgadas por las narices y Gonzalo, pero no porque fuera un cobarde sino
se revuelcan en lechos de vidrios molidos sin que porque estaba viviendo en Bogotá. Y hasta marcó
les pase nada, de vagos y vagos. No siempre fue distancia con nosotros en una carta a los periódi-
así. Esos años, cuando Aguirre compró la libre- cos. En cambio estuvieron allí Alberto Escobar,
ría Horizonte que dirigía un primo de Gonzalo, ortopoeta, y Antonio Restrepo, el marxista, y Luis
Federico Ospina Arias, el cojo, un editor de li- Darío González y Diego León Giraldo. Alberto
bros de pornografía sin colofón (de su mano leí afirma que dariolemos huyó a Bogotá, pero ese
las Memorias de Fanny Hill), y de folletos de poe- fue Diego León, que estudiaba sociología en
mas que revestían con una capa de benevolencia la Universidad Nacional con el padre Camilo
lo otro. Esos años, cuando Junín no era peatonal Torres. Lemos y yo nos escondimos en la casa de
y el Astor quedaba junto al Club Unión y por la mi exconfesor del seminario, el padre Bernardo
avenida La Playa no bajaban buses, y perfumaban Betancur, que vivía en Niquitao cuando Niquitao
las orquídeas, Medellín era mucho más amable y también era otra cosa. El padre Betancur esta-
el parque de Bolívar, rodeado de casonas de estilo ba aquejado por la demencia senil. A veces lo
europeo, apenas comenzaba a ser invadido por el veíamos repartiendo monedas de cinco centavos
comercio. Una pequeña venta de perros calientes, entre los transeúntes de Junín o bendiciendo los
una farmacia al lado del teatro Lido, donde pre- semáforos como sagrarios de hostias luminosas.
sentaban las películas de Sarita Montiel y tocaba Pobre. Cuando le preguntó a Darío por sus he-
el grupo de música antigua de Lalinde, el editor, y ridas, este le dijo que habían sido causadas por
Álvaro Villa, un santo varón que mataron mucho una zurra de sus hermanos y el padre Betancur
más tarde cuando todo empezó a descomponer- le creyó y lo compadeció. Cuando su hermana
se (la mujer de Álvaro tocaba en el conjunto las vino con la noticia del evento del sacrilegio que
flautas de madera). Nosotros, los nadaístas, ape- tuvo resonancias internacionales, claro, al padre
nas fuimos un síntoma de lo que estaba a punto Betancur le pareció imposible que nosotros estu-
de pasar en esa ciudad eternamente primaveral, la viéramos involucrados en semejante barbaridad,
católica tacita de plata, en castigo por sus pasio- con las caras de hambrientos que teníamos. El
nes predominantes, el culto del trabajo y el amor padre Betancur se preocupaba por nuestro aire de
al dinero. O esa fama tiene, aunque los nadaístas desnutridos. Casi nos mata de la indigestión su
salimos distintos al resto de sus hijos. Es posible caridad. Inés, le decía a su hermana, sírveles un
que a eso se debieran nuestra desazón y nuestra chocolatico que están muy flacos. Inés, tráeles de
rabia. A la conciencia desgraciada de haber sido ese dulce de papaya que hiciste ayer para que en-
paridos inútiles, contemplativos, mancados para gorden. Inés, ofréceles un vaso de jugo de uchuvas
las cosas prácticas en una ciudad activa y prag- que es bueno para la visión. Inés, que bizcochue-
mática. Pero hablemos más bien del incidente del los, Inés que pandeyucas, Inés, que pandequesos,
sacrilegio que Aguirre tergiversa, según quedó Inés, esa sopita. Yo ya no puedo comer más, doña
expresado en el artículo de Héctor Abad en El Inés, decía yo, y Darío repetía entre regüeldos que
Malpensante. Héctor lo disculpa diciendo que la nos dejaran digerir y que ya le estaba doliendo la
memoria es extraña y que a todos nos hace tram- tripa. Pero la hermana del cura estaba empeñada
pas. Pero se sabe que las trampas de la memoria en salvarnos de la avitaminosis y la anemia. E iba
muchas veces son arreglos interesados que ha- y venía entre la cocina y la sala y el jergón donde
cemos nosotros mismos para satisfacer nuestras el cura le ponía compresas de agua tibia con mag-
emociones o poner a salvo los terrores de nues- nesio a los hematomas de Darío que estaba hecho
tros prejuicios. un nazareno después del castigo de la feligresía la
Alberto era un hombre raro. Sus asevera- noche del sacrilegio, que además no fue sacrilegio
ciones están falseadas con detalles incomprensi- sino un sacrilegio de la perversión puritana.
bles muchas veces. Por ejemplo, Cachifo, como Habría que traer diez testigos para confron-
llamábamos al novelista Humberto Navarro, no tar las versiones de los hechos. Dice Héctor Abad
participó en la comedia de equivocaciones. Ni en defensa de Aguirre. Pero no hace falta. Alberto

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DE ANTIOQUIA
Lo veo dando vueltas solitarias en esas tardes azules y calientes de los años
sesenta, en mangas de camisa, el saco en bandolera, por los lados de la
plazuela de los Periodistas donde hoy abre El Guanábano [..]. Y yo lo saludaba.
Y él levantaba un dedo índice y tres pelos del bigote miel.
no asistió a esa misa. Yo sí. Y por eso sé que no es comulgar fue una ocurrencia de última hora que
cierto que fuera una misa para señores solos, como dejó a los coristas con los crespos hechos y las
dice Aguirre. Entre otras cosas porque me parece bocas abiertas sobre el kirie. La cosa tal y como
que las misas para señores solos habían pasado de fue, tal como sucedió, está narrada en el prólogo
moda, es decir, las que se hacían los jueves santos a las cartas de los nadaístas que yo recogí para
en los pueblos de Antioquia. Y de hecho, lo juro Colcultura y la Universidad de Antioquia, con el
por el olor del padre Huelin, las que comenzaron patrocinio de la Gobernación de Antioquia, bajo
el escándalo fueron las mamás de nuestros ami- el título Gonzalo Arango, correspondencia violada.
gos de la cocacolería, de nuestros excompañeros Hay varias ediciones. Es un libro glorioso. Una
de los colegios de los que habíamos desertado, lección de historia patria. Y bien vale una elación
que no pudieron entendernos en el comulgatorio. más que oportuna. Aguirre nos había reprochado
Imposible para mí olvidar la mirada de conster- a los nadaístas que no publicábamos, creía incluso
nación de la mamá de José y Samuel Vásquez, el que no escribíamos. Pero cuando el libro vio la
teatrero, un niño entonces, cuando caminé hacia luz me llenó de improperios en su columna de
el altar. Esas miradas no se olvidan. Y tampoco es El Mundo, porque consideró que los patrocina-
cierto que entráramos en la basílica trastabillando dores eran los representantes de la cultura oficial
de la borrachera. Había sido una noche sana com- y que eso significaba que habíamos entregado las
parada con las que usábamos, rociada con unas banderas de nuestra rebeldía para caer en brazos
pocas cervezas y sin marihuana. Alberto dice que del establecimiento, muy sartreano él. Tan sar-
en el Metropol se fumaba marihuana. Herbert, el treano, que creía en consecuencia que el deber
abuelo de Aura Cristina Geithner, era tolerante de un escritor era oponerse al poder, olvidando
con nosotros pero jamás hubiera permitido la que el escritor está inscrito en el poder, etc., que
marihuana en su lugar. Ni que nos acostáramos la escritura es una forma del poder, y que el in-
con sus meseras, unas señoras de lo más decentes telectual no tiene por qué entregarse siempre a
todas, todas entradas en años y en kilos. Esas son los improperios, a rabiar, que también puede ser
ganas de joder de Alberto, de hacerse el erudito un razonable cronista o un escritor de odas afir-
en disturbios. Nadie se acostaba con Amantina ni mativas y, sobre todo, esclarecer esos momentos
se acostaba con la mona Ofelia. Y para fumar ma- oscuros que según Lezama merecen ser conver-
rihuana entonces teníamos que escondernos en sados. Aguirre decía que los nadaístas mentíamos
alguna mangada de las afueras, en el Bosque de la y deformábamos sin parar. No es verdad. Si acaso
Independencia, hoy Jardín Botánico, o en la casa convertíamos los acontecimientos en literatura.
de algún amigo de extramuros. Porque en aque- Poetizábamos la realidad. Me acuerdo de una
llos tiempos incomprensivos una chicharra podía estupidez que dijo refiriéndose a otro incidente
mandarte a la colonia penal de Acacías una tem- en la breve y brillante lista del terrorismo na-
porada larga. La marihuana era cosa del diablo. daísta del comienzo, el del sabotaje al Congreso
En principio fuimos a la misa por razones de Escritores Católicos que se reunió en el
estéticas, para escuchar los coros del seminario. Paraninfo de la Universidad de Antioquia y que
Luis Darío González, el primo predilecto de nosotros asperjamos con yodoformo y asafétida,
Jorge Orlando Melo, hizo la insinuación. Por y atacamos en un manifiesto donde dijimos que
qué no vamos a oír los coros del seminario en la el diablo tenía caja de dientes y que santa Teresa
misa de gallo. Y a todos nos pareció bien. Lo de era una monja lesbiana y san Juan de la Cruz un

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hermafrodita. Sabíamos cómo causar urticaria ni quitarle sin demeritarla. Me parece una ton-
entre los intelectuales de misal y camándula y nos tería inventarse otra vida como si la que vivimos
divertía ver cómo se rascaban. Pues bien, Alberto fuera insuficiente para despertar interés. Ah. Pero
dijo que Gonzalo Arango había mentido sus re- prometí que hablaría más de Enrique Huelin.
cuerdos de su estadía en La Ladera, esas profusas Yo no sé si, como dice Alberto, Huelin incitaba
memorias de un presidiario nadaísta que publicó al inspector para que condenara ejemplarmente a
Ediciones Autores Antioqueños, porque solo ha- los demás. Yo era menor de edad y vivía en la calle.
bía estado un corto tiempo preso. En ese sentido Y Huelin se compadeció de mí cuando lo supo, es
podría haber desdeñado el Ulises de Joyce, que se decir, que no tenía casa para vivir, y me dio trabajo
demora medio millar de páginas para contarnos en la oficina de la Gran Misión escribiendo las
un día de junio en la vida de un pobre hombre sin cartas que le servían para promocionar su circo de
más atributos que sus cuernos, o a los objetalistas predicadores con las estadísticas de los borrachos
franceses, capaces de emplear una novela descri- redimidos y los abarraganados salvados para las
biendo cómo un ojo analiza un muro carcomido coyundas del matrimonio y los niños bautizados.
por la humedad. O yo qué sé. Gonzalo fue capaz Y cuando ya se iba de Medellín me ofreció un
de estirar el chicle, como hacen los buenos es- cupo en cualquier colegio europeo de jesuitas, el
critores cuando quieren, sumando impresiones, que escojas, me dijo, poniendo sobre la mesa un
recuerdos, antecedentes, etc. Además, necesitaba reguero de prospectos de institutos ignacianos en
pagar el arriendo. Las Memorias de un presidia- Estrasburgo, París y Madrid, para que terminara
rio nadaísta son divertidísimas además, y tiernas el bachillerato. Alberto lo pinta más inclemente
hasta más no poder. Nadie hizo una descripción y lo tacha de franquista: no es seguro. Durante
más bella de su padre en la literatura colombia- Franco, por lo que sé, imperaban los del Opus
na como la de Gonzalo en sus Memorias de un Dei, que suelen disputar el poder con los jesuitas.
presidiario nadaísta; ni siquiera Abad, ni siquiera Pero en fin, yo estaba demasiado enamorado de
Alberto Aguirre. Ni pintó este triste país de bu- la muchacha aquella con quien Alberto no dejó
rócratas con colores tan vívidos y con una capa- que me casara por el bendito desistimiento para
cidad para el humor negro semejante, un humor ponerme a pensar en acabar mi bachillerato en
salvaje y crítico pero sin amargura. Europa. Y me quedé en Medellín viendo con ella
Aguirre para descalificarnos solía decir que películas de Sarita Montiel en el teatro Lido. Una
Fernando González nos había repudiado y nos ha- última cosa. De la fotografía que ilustra el artícu-
bía sacado, como dicen ahora, del llavero. Tuvimos lo de Abad, en El Malpensante, dicen los edito-
dificultades con Fernando González. Como suele res que es de los nadaístas en su primera época.
suceder entre amigos que se quieren. Y las tuvimos Tampoco es verdad. La fotografía la tomaron en
entre nosotros y acabamos queriéndonos siempre El Café de los Poetas, yo también tengo mi almita
más cuando las superamos. La última, hermosa paisa, que fundé en los setenta en Bogotá frente a
carta de Fernando González a Gonzalo Arango, las Torres del Parque. Y me quebré, claro. Porque
encabezada “Gonzalo del alma mía”, y que puede los nadaístas me llenaron de vales impagables.
consultarse en los archivos de Otraparte, da fe de Gonzalo ya había muerto. Y el nadaísmo se había
otra cosa. Y las relaciones que seguimos mante- acabado hace rato. Gracias a Dios.
niendo con doña Margarita y sus hijos después
de la muerte del viejo, prueban lo contrario. Me
Eduardo Escobar (Colombia)
parece una estupidez jurar que cuento la ver- Nació en Envigado y fue uno de los integrantes del núcleo
dad y nada más que la verdad. Pero eso aprendí fundador del movimiento nadaísta. Ha publicado libros de
de Fernando González y de Gonzalo Arango, a poemas, cuentos, ensayos, y es colaborador habitual en las re-
decir la verdad. Aunque tenga que desmentir a vistas Soho, Credencial y Cromos, y en algunos periódicos na-
cionales, como El Colombiano de Medellín, El País de Cali y
mis amigos (relativos) Alberto Aguirre y Héctor El Tiempo de Bogotá. Su columna en El Tiempo ganó hace
Abad. Después de todo, la verdad, o la realidad, es años el Premio Simón Bolívar. En 2013 publicó Cuando nada
tan atractiva y tan rica que no vale la pena añadirle concuerda, una serie de ensayos sobre la literatura del siglo xx.

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DE ANTIOQUIA
El sombrero
de Beuys

104 Ir a contenido >>


Plástica

Tras los rayos


de la estrella

L
a Casa de la Memoria de Medellín ha sido
Sol construida como un monumento a lo que he-
Astrid mos perdido: los cuerpos inmolados, vejados,
Giraldo desaparecidos de nuestros conflictos. Y a finales de
2014, entre sus jardines de nombres de ausentes, asis-
timos allí a una liturgia profunda: la obra Verónica de
José Alejandro Restrepo. Esta casa de presentes que
claman por quienes ya no están se convirtió en un es-
pacio más que apropiado para las preguntas sobre la
identidad, el registro, el recuerdo y el mito que esta
Verónica, ya no de sangre sino de frames, le hace a la
historia, a los medios, al poder.
Cuando el espectador entra, encuentra un recin-
to despojado. El único punto de luz es una proyección
de video al fondo, de donde emerge una imagen que
nos hemos cansado de ver en las primeras planas de
los periódicos: la de los familiares de los desaparecidos
reclamando su presencia con la única huella que que-
dó de ellos: la fotografía de sus rostros. Esta imagen se
ha constituido ya como un icono, con unos elementos
mínimos, significativos y codificados. Su lectura es in-
mediata y reconocible. Restrepo, empero, la saca de su
circulación habitual, para llevarla a un espacio expo-
sitivo, donde gracias a esta migración de la imagen se
posibilitan otras lecturas.

Ir a contenido >> revista UNIVERSIDAD 105


DE ANTIOQUIA
El tratamiento en blanco y negro re- su paso sobre la tierra. Los cadáveres desapa-
afirma sus elementos esenciales, y su insta- recen, nunca se entierran, la duda sobre su
lación en este espacio austero, acompañada muerte, o incluso sobre su existencia, corroe
de música sacra, logra aislarla para reflexio- el presente. El tren macabro cargado con los
nar sobre lo que la histeria y redundancia muertos de las bananeras que surca Macondo
periodísticas han silenciado. Con esta edi- sin que nadie lo vea es el gran fantasma que
ción y este emplazamiento, Restrepo nos atormenta las noches de Colombia.
propone concentrarnos en ella, en su natu- Es que cuando un cuerpo desaparece,
raleza, en sus elementos, en su estructura. también lo hace su inscripción en un sis-
Una foto de la prensa vuelta icono. Un ges- tema familiar, social, civil. Ya no es un ca-
to mítico raptado de la historia del arte para dáver con nombre, con historia, con rostro,
hablar de nuestras convulsiones políticas. sino un amasijo de carne deshumanizado.
La pregunta de Restrepo replica una Y esta precisamente es la circunstancia que
de primer orden que se hacen artistas ha originado aquel lúgubre desfile de per-
contemporáneos como Beuys y Boltanski, sonas que reclaman con una foto colgada al
quienes se han asomado a los abismos de pecho, por todos los caminos del país, el de-
las barbaries bélicas de nuestros tiempos recho a la identidad y a la memoria de sus
con cuestionamientos similares: “¿Cómo seres queridos, más que muertos, borrados
mostrar lo que no está, la desaparición, el de la faz de la tierra.
olvido mismo, la ausencia? ¿Cómo expo- El relato en este punto empieza a to-
ner la negación? ¿Cómo materializar la mar tintes bíblicos y míticos. Después de
memoria? Pues si la imagen implica siem- siglos de cristianismo, el cuerpo ausente
pre una afirmación de la presencia, ¿cómo que obsesiona a los colombianos ya no
podría existir una imagen de la muerte, de es solo el de Cristo, sino el sacrificado en
la pérdida, de lo que no está?” (Bernárdez nuestras guerras. Ese cuerpo que desapa-
Sanchís, 2005: 77-117). rece en las fauces de la violencia, que no
En Colombia hay una necesidad abso- se puede enterrar, ese cuerpo perdido que
luta individual y colectiva de hacer los due- impide que los duelos se lleven a cabo. Ese
los de nuestros muertos. Pero un duelo solo cuerpo cuya falta no deja descansar a los
es posible bajo la condición de tener un vivos. Ese cuerpo al que se le ha negado el
cadáver, como lo ha observado Elsa Blair derecho a la memoria.
(2005). Y en nuestras guerras, ellos por lo La Verónica, el sudario de Cristo en
general no están. Han desaparecido. Lo que Turín, despejaba para los creyentes los in-
los deudos tienen entre las manos no es un terrogantes que nunca respondieron los
puñado de huesos, ni siquiera un montón evangelios: ¿Había dejado Cristo pruebas
de cenizas. Nada. No hay allí nada. ¿Cómo de su presencia sobre la tierra? ¿Había hue-
tramitar entonces la ausencia? llas corporales de su vida entre nosotros?
Es en este sentido que los cuerpos de Aquella imagen desleída, esa Vera Icon, esa
nuestro conflicto, además de “ser matados”, verdadera imagen, era la respuesta (Gélis,
han sido “rematados y contramatados”, 2005). En nuestros tiempos, las fotografías
como se argumenta en el ya clásico estudio de los seres desaparecidos parecen ser las
sobre la violencia colombiana realizado por particulares verónicas de los deudos de hoy.
la antropóloga María Victoria Uribe (1996). Y esta es, precisamente, la lúcida conexión
En muchos casos, los victimarios no se han que hace en esta obra Restrepo.
contentado con aniquilar el cuerpo biológico Toda ella podría leerse desde la pers-
de las víctimas, sino que se han empeñado pectiva que de la fotografía analógica tie-
en borrar cualquier elemento que recuerde ne Barthes, quien piensa que su principal

106 Ir a contenido >>


La Verónica de José Alejandro Restrepo

Mientras la pintura puede fingir la realidad, crear cosas que el pintor


nunca ha visto con sus ojos, una fotografía es una prueba irrefutable de
que un objeto, un cuerpo, se ha puesto alguna vez frente a un objetivo.

característica es la capacidad que tiene de demostrarnos que “una cosa ha sido”


(Barthes, 1989). Mientras la pintura puede fingir la realidad, crear cosas que
el pintor nunca ha visto con sus ojos, una fotografía es una prueba irrefutable
de que un objeto, un cuerpo, se ha puesto alguna vez frente a un objetivo. Es
decir, las emanaciones de un cuerpo han impresionado y alterado, físicamente,
un papel fotográfico sensible que es el que ahora se puede mirar. Aunque
ese cuerpo ausente en el momento en que observamos su imagen sea ya solo
algo diferido, alguna vez estuvo presente, como lo testifica irrefutablemente su
foto. Alguien alguna vez vio el referente en carne y hueso.
La fotografía entonces, siguiendo a Barthes, sería “la impresión de los ra-
yos luminosos emitidos por un objeto”. Así, de un cuerpo real habrían salido
unas radiaciones que son las que impresionan a quien después de los tiempos
observa la foto. Después de este argumento, Barthes acuña una frase plena de
una poesía contundente: “La foto del desaparecido viene a impresionarme al
igual que los rayos diferidos de una estrella”. Por ello, el efecto que produce en
quien la ve no es la restitución de lo abolido (por el tiempo, por la distancia);
es decir, no se trata de un fetiche que compensa simbólicamente una ausen-
cia, sino el testimonio de que “lo que veo ha sido”. Una prueba irrefutable de
existencia. En este sentido, la fotografía tendría algo de resurrección: “¿No
podemos de ella decir lo mismo que los bizantinos decían del santo sudario,
que no estaba hecha por la mano del hombre?”. Así, tanto sudario como foto
serían entonces “certificado de presencia”.

Ir a contenido >> revista UNIVERSIDAD 107


DE ANTIOQUIA
La Verónica de José Alejandro Restrepo ha hecho una actualización
de La Dolorosa portando el santo sudario en sus manos.
Colisión de mundos, de ideologías, de mitologías.
Imágenes que hablan y se conectan con otras a través de los tiempos.

Es esta simple y demoledora evidencia


la única que portan hoy las madres del con- Sol Astrid Giraldo (Colombia)
Filóloga con especialización en Lenguas clásicas de
flicto para demostrar que sus hijos matados la Universidad Nacional y Magíster en Historia del
(cuando los asesinaron) y rematados (cuan- Arte de la Universidad de Antioquia. Ha participado
do se abolió toda su materialidad corporal) en proyectos editoriales y curatoriales del Museo de
alguna vez habitaron la tierra que ahora se Antioquia, el Museo de Arte Moderno y el Centro de
Artes de la Universidad EAFIT. Colaboradora de re-
les niega física y simbólicamente. La foto vistas nacionales y latinoamericanas. Autora de libros
entonces es su único capital, su único argu- y catálogos de arte
mento, su única prueba. También, su gran
acusación. Con ella van por los campos de Referencias
Barthes, Roland (1989). La cámara lúcida. Barcelona:
Colombia, con el reclamo que sin sensi- Paidós.
blería, pero sí con todo respeto, ha captado Bernárdez Sanchís, Carmen (2005).“Transformaciones
Restrepo. en los medios plásticos y representación de las vio-
Juan José Hoyos escribió alguna vez: lencias en los últimos años del siglo xx”, en: Bozal,
Valeriano (ed.). Imágenes de la violencia en el arte con-
“Cuando visitó nuestro país el escritor temporáneo. Madrid: A. Machado Libros, La Balsa
José Saramago dijo una frase que jamás de la Medusa.
voy a olvidar: ‘Colombia debe vomitar a Blair, Elsa (2005). Muertes violentas. La teatraliza-
sus muertos’. Creo que tiene toda la razón. ción del exceso. Medellín: Editorial Universidad de
Antioquia.
Pero pienso que Colombia también tiene Gélis, Jacques (2005). “El cuerpo, la Iglesia y lo sa-
que enterrarlos” (2008: 2). A falta de cadá- grado”, en: Corbin, Alain; Courtine, Jean-Jacques;
ver, buenas son estas fotos para realizar al- Vigarello, Georges. Historia del cuerpo. I - Del
rededor de ellas los duelos postergados que Renacimiento a la Ilustración. Madrid: Taurus.
Hoyos, Juan José (2008). “Hijos de la tormenta”, El
permitirán seguir adelante.1 Colombiano, 8 de marzo, p. 2.
La Verónica de José Alejandro Restrepo Uribe, María Victoria (1996). Matar, rematar y contra-
ha hecho una actualización de La Dolorosa matar. Bogotá: Cinep.
portando el santo sudario en sus manos.
Notas
Colisión de mundos, de ideologías, de mi- 1
Esta es la idea central del “Laboratorio de narrativa
tologías. Imágenes que hablan y se conectan mediante la fotografía”, dirigido por la reportera gráfi-
con otras a través de los tiempos. Efectos ca Natalia Botero, en el que participaron familiares de
víctimas de desaparición forzada, quienes rememora-
subversivos y políticos del montaje, diría
ron a sus ausentes: padres, hijos, hermanos y esposos,
Didi-Huberman. Los rayos en diferido de por medio de la creación de un álbum fotográfico, bajo
una estrella que ya no está: emanaciones su propia estética y narrativa, en el que plasmaron sus
que hoy reverberan en la piel oscura de la rostros, huellas e historias. De este trabajo colectivo
surgió la exposición Des-Apariciones, que complemen-
Casa de las Memorias, una Casa-Antígona, taba de muchas y profundas maneras, en una sala con-
una Casa-Verónica de una ciudad que ha tigua a la Casa de la Memoria, la instalación de José
dejado a muchos sin enterrar. Alejandro Restrepo.

108 Ir a contenido >>


Bienales de Arte Coltejer
También una convergencia
entre arte y tecnología
A
finales de los años sesenta, y muy particularmente
Isabel durante los setenta, la ciudad de Medellín fue tes-
Restrepo tigo de una serie de exposiciones artísticas bastante
Acevedo novedosas, que sirvieron de referencia fundamental para el
desarrollo posterior de propuestas artísticas locales, que se
insertaron, con gran fuerza y pertinencia, en las dinámicas
de exploración estética establecidas por el arte contempo-
ráneo global. Me refiero a las Bienales de Arte Coltejer,
Medellín, las cuales lograron reunir obras de artistas nacio-
nales e internacionales, que daban cuenta de indagaciones y
rupturas disciplinares al interior del arte. Estas rupturas han
sido entendidas por algunos críticos y teóricos como una
suerte de derramamiento formal, es decir, como una serie de
disoluciones de los límites convencionales de medios como
la pintura, la escultura y el grabado —límites determinados
bajo las consideraciones del arte moderno—. En este senti-
do, las bienales, especialmente las de 1970 y 1972, sirvieron
de puerta de entrada a exploraciones artísticas desarrolladas
bajo otros medios, como instalaciones, arte óptico y cinético,
video, arte tecnológico y computarizado, entre otros.

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Como elementos comunes de gran parte de las de Stan van der Beek, Otto Piene y Aldo
las obras de dichas bienales, se encuentran el ca- Tambellini—. Finalmente, cabe resaltar la pre-
rácter híbrido de los medios seleccionados, y la sencia de dibujos, esquemas y diagramas que se
expresión de nuevas dinámicas en su producción alimentan del lenguaje proyectual de las ciencias
y recepción. Es importante señalar también que y la ingeniería. En muchos casos las obras de la
muchas de las obras allí expuestas implicaban la exposición mostraban una integración de la tec-
integración del espectador o de los dispositivos nología con el arte, sobrepasando su utilización
tecnológicos como elementos activos en su con- como herramienta e incluyéndola como elemento
formación. De esta forma se rompía con la fijeza formal o medio de expresión. En otros, las obras
de la obra acabada y se introducía el aspecto pro- insinuaban búsquedas que más tarde serían po-
cesual, en virtud de lo cual la obra deviene expe- tenciadas por la utilización de nuevas tecnologías.
riencia interactiva. En este sentido las experiencias La experiencia de primera mano frente a las
se convertían en enunciados formales de nuevas obras seleccionadas en Ghosts in the machine, su-
dinámicas artísticas, en las cuales el acto creativo mada a la indagación sobre las Bienales de Arte
del artista se abría a la emergencia de acciones Coltejer, Medellín (1970 y 1972), me permitió
creativas compartidas con los espectadores o con descubrir grandes similitudes entre ambos even-
los dispositivos o medios. Esta apertura es de vital tos, sobre todo en lo referente a las experimen-
importancia para el análisis y comprensión de las taciones artísticas y tecnológicas. De las bienales
prácticas digitales y tecnológicas posteriores. puede decirse que han servido de referente en
El interés particular del presente texto es el desarrollo y reflexión sobre el arte contempo-
mostrar que muchas de las características que ráneo en Medellín, y para la experimentación e
asumimos como propias de las prácticas artísticas inclusión de la tecnología en el arte. En ellas el
digitales y tecnológicas actuales estaban ya pre- público asistente tuvo contacto con obras de arte
sentes en algunas exploraciones artísticas desde la óptico y cinético —Luis Tomasello, Jesús Rafael
segunda mitad del siglo xx, y Medellín pudo pre- Soto y Rogelio Polesello—; instalaciones —Julio
senciarlas en el marco de las bienales. Con esto Le Parc, Carlos Colombino, Ruben Gerchman,
propongo que la reflexión sobre la convergencia entre otros—; obras mecánicas, lumínicas o tec-
entre arte y tecnología, y particularmente sobre nológicas —Gyorgy Kepes, Lygia Clark, Feliza
las prácticas artísticas digitales actuales, conlleva Bursztyn, etc.—; propuestas de arte computari-
una serie de relaciones históricas, que no solo res- zado —Charles Csuri, William Allan Fetter—,
ponden a desarrollos tecnológicos sino también a así como con las obras de la exposición Arte y
exploraciones estéticas desarrolladas por el arte. cibernética, incluida como un módulo expositivo
Pero ¿de dónde viene este planteamiento? paralelo a la bienal de 1970. Finalmente, hay que
Para responder esta inquietud, me gustaría hablar señalar las producciones de videoarte realizadas
de la exposición que visité en el año 2012 en el por Les Levine y Earl Reibak.
New Museum, de Nueva York, titulada Ghosts in Llama la atención que las obras que pueden
the machine (Fantasmas en la máquina). Allí se ser ubicadas en la convergencia entre arte y tec-
hizo explícito el interés por facilitar un espacio nología enfatizaban la participación activa del
de exposición y reflexión histórica sobre la con- espectador o de los dispositivos. Eran obras diná-
vergencia entre arte, tecnología y cultura. La va- micas y procesuales que posibilitaban múltiples
riedad de medios de las obras que constituían la configuraciones, y que sirven de antecedente para
muestra incluía el arte óptico y cinético —Jesús entender la emergencia de acciones creativas en
Rafael Soto, Victor Vasarely, Julian Stanczak, los espacios de interacción digitales y tecnológi-
Julio Le Parc, entre otros—; películas y dibujos cos actuales.
computarizados —Lillian F. Schwartz, David A pesar de que las bienales constituyeron un
R. Garrison, George Nees, Sylvia Roubaud, espacio introductorio en la ciudad, con gran in-
etc.—; dispositivos tecnológicos —instalaciones fluencia y resonancia en los desarrollos posteriores
y, muy particularmente, videoinstalaciones, como del arte local, su importancia como antecedente

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fundamental para el análisis de la convergencia
entre arte y tecnología en nuestro medio no ha
sido abordada. Esta situación ha generado que las
bienales se conviertan en una especie de antesala Imagen 1. Luis Tomasello,
silenciosa, aspecto que no les quita su relevancia. Atmosphère cromoplastique, 1970
Al contrario, este aspecto justifica la necesidad II Bienal de Arte Coltejer
Medellín, 1970
de iniciar estudios serios que permitan medir su Fotografía: León Ruiz
importancia, no solo como activadoras de expe- Cortesía: Biblioteca Pública
rimentaciones artísticas innovadoras en nuestro Piloto de Medellín

medio, sino también como acontecimientos esen-


ciales para el análisis histórico sobre la convergen-
cia entre arte y tecnología.
Entonces, con el presente análisis planteo
algunas características que encuentro comunes
entre algunas de las obras de estas bienales y las
prácticas culturales desarrolladas actualmente a
través de la integración tecnológica. En parti-
cular, propongo un puente analítico que conec-
te prácticas artísticas que, aunque distanciadas
temporalmente, se relacionan en el tipo de in-
quietudes generadas sobre la relación entre arte
y tecnología. Para construir esta conexión esta- case 18:
choque[0].loadObj(“PANTALLA1/ESCENA18/bus.
blezco los siguientes paralelos iniciales: png”,”PANTALLA1/ESCENA18/mask_bus.png”,

cvPoint(460,200),&escenario1);
1. Variabilidad en la percepción
de la obra y modularidad formal choque[1].loadObj(“PANTALLA1/ESCENA18/moto.
png”,”PANTALLA1/ESCENA18/mask_moto.png”,
Si bien es cierto que el arte digital contemporáneo,
cvPoint(0,200),&escenario1);
en general, ha detonado la explosión de un sinnú-
mero de propuestas que implican el movimiento video1.loadVideo(“PANTALLA1/ESCENA18/choque.avi”);

del espectador como agente activo, es posible ad-


//chroma fondo video, persona + interactividad choque
vertir este tipo de inclusión en obras provenientes if(scene.frame1!=NULL){
del arte óptico. En el marco de la bienal de 1970, scene.persons.SearchPerson(image);
for(int i=0; i<scene.persons.numPersons; i++){
por ejemplo, los asistentes a la exposición pudie- scene.persons.objPerson[i].move();
scene.persons.objPerson[i].realDisplacement();
ron visualizar de forma activa y lúdica explora- scene.persons.objPerson[i].drawObj(scene.
ciones ópticas bidimensionales, dotadas de un frame1);

gran dinamismo, que expresaban una especie de interact.personVSobjs(&scene.persons.
objPerson[i],scene.choque,image,2);
búsqueda de espacialidad de las unidades discre-
tas constitutivas, permitiendo múltiples lecturas, scene.persons.objPerson[i].releaseObj();

dadas por la relación entre el movimiento corpo- }


scene.persons.deletPersons();
ral del espectador en el espacio y la composición scene.choque[0].drawObj(scene.frame1);
modular de dichas obras. Por ejemplo Atmosphère scene.choque[1].drawObj(scene.frame1);
interact.objsVSobjs(scene.choque,scene.frame1,2);
cromoplastique, del artista Luis Tomasello, dejaba cvShowImage(“w6”,scene.frame1);
entrever una invitación a la experiencia corporal

}
break;
del espectador, aspecto que también constituye
un elemento fundamental en muchos de los espa-
cios de interacción digital propuestos por el arte Imagen 2. Ejemplo de la modularidad del código de programación
digital de la propuesta interactiva Entránsito. Grupos de investiga-
actualmente (ver Imagen 1). Por otro lado, en la ción Hipertrópico y Gepar, Universidad de Antioquia, 2007-2011.
condición modular de este tipo de obras ópticas Imágenes cortesía del Grupo de Investigación Hipertrópico

Ir a contenido >> revista UNIVERSIDAD 111


DE ANTIOQUIA
Imagen 3. Rogelio Polesello, Dioxazine, obra en lámina de acrílico
II Bienal de Arte Coltejer, Medellín, 1970
Fotografía: León Ruiz
Cortesía: Biblioteca Pública Piloto de Medellín Imagen 4. Arriba (izquierda): Lina Crespo, Inmersión, 2004; arriba
(derecha): Mauricio Velásquez, Skins, 2010; abajo (izquierda):
Isabel Restrepo, Atandocabos, 2010; abajo (derecha): Jorge
Ocampo, El olor de la piel es como el olor del papel, 2013.
Imágenes cortesía de los artistas

se advierte un proceso formal que antecede las ló- gracias a la utilización de sistemas de monitoreo
gicas de programación requeridas por las prácti- remoto digitales, ha sido trabajado por artistas
cas artísticas digitales (ver Imagen 2). de Medellín como Lina Crespo, Jorge Ocampo,
Isabel Restrepo y Mauricio Velásquez (Ver
2. El espectador en la obra Imagen 4).
Uno de los efectos más atractivos de las prácti-
cas digitales contemporáneas tiene que ver con 3. La interacción del espectador
la forma como posibilitan la creación de espacios en la (re)configuración de la obra
de interacción que no solo incluyen al espectador La posibilidad de brindar al espectador un po-
activamente, sino que generan en él un sentido tencial activo en la (re)configuración de la obra
de presencia en la pantalla. Esta posibilidad de es un aspecto que ha estado presente en distintos
integración tiene antecedentes importantes en medios del arte contemporáneo. En este tipo de
exploraciones como las realizadas en el marco de exploraciones se proponen espacios de interac-
la bienal de 1970 por el artista Rogelio Polesello, ción que remplazan el rol contemplativo de la
quien, al utilizar pantallas y lentes acrílicos como recepción por uno más protagónico y, de cierta
elementos intermediarios entre el espectador y la forma, más creativo. Desde esta perspectiva, sur-
obra, implicaba al espectador a través de su re- gen otras denominaciones para el receptor, como
flejo. La obra Dioxazine estaba constituida por interactor, participante, actuante, navegador, entre
tres pinturas y tres paneles especulares, que no otros. Ejemplos de este tipo de propuestas tuvie-
solo permitían ver las pinturas a través de ellos ron presencia en nuestra ciudad en el marco de las
—dinamizando de esta forma la experiencia per- bienales. Por ejemplo, la artista Lygia Clark pre-
ceptiva—, sino que también generaban un juego sentó, en la II Bienal de Arte Coltejer, en 1970,
de reflejos del espectador, que de cierta forma lo una obra interactiva denominada Bichos, en la que,
convertían en parte de la obra (ver Imagen 3). como señala la artista, no existía pasividad entre el
En el ámbito de los espacios de interacción espectador y el bicho. Los bichos eran unas figu-
digital actuales, este sentido de integración y ras realizadas en placas metálicas que podían te-
presencia del espectador en la pantalla, posible ner múltiples configuraciones, como resultado de

112 Ir a contenido >>


Imagen 6. Arriba: imágenes de las opciones visuales facilitadoras
de la interacción. Abajo: ejemplo del contenido generado a partir
de la selección de una de las opciones gráficas. Julián Bedoya,
Terror nocturo. Galería virtual Hipertrópico, 2007. Exposición
alterna al 12.° Salón Regional de Artistas.
Imágenes cortesía de la artista

visualización de los elementos, a partir de la se-


lección y activación de distintos objetos gráficos
que invitan a la interacción (ver Imagen 6).

Imagen 5. Diferentes configuraciones de los bichos. Lygia 4. La autonomía de los dispositivos


Clark, Bichos, II Bienal de Arte Coltejer, Medellín, 1970.
Fotografía: León Ruiz Llama la atención que en 1972 la artista colom-
Cortesía: Biblioteca Pública Piloto de Medellín biana Feliza Bursztyn introduce un dispositivo
mecánico en la obra Construcción en movimiento,
presentada en Medellín en el marco de la bienal.
la manipulación del espectador y de la estructura En esta obra se le adjudica al dispositivo tecno-
base del bicho; de este modo se integraban el ges- lógico cierta vitalidad, dado que la pieza escultó-
to del espectador y el del bicho (ver Imagen 5). rica está dotada de un movimiento constante y
Esta posibilidad interactiva ha sido desarro- autónomo, generado por un dispositivo eléctri-
llada con tal fuerza en el ámbito de la producción co escondido debajo de una manta. La obra de
digital, que el término ha sido asimilado como si Bursztyn introduce posibilidades de interacción
fuese una característica propia de su medio, y se con la tecnología, mediante la generación o mo-
ha convertido en una de las formas de exploración dificación de contenidos artísticos (ver Imagen 7).
estética entre artistas, colectivos y grupos de in- Un uso posterior de los dispositivos tecno-
vestigación. Su fuerza ha implicado que se piense lógicos que parecen integrarse autónomamente
en su adición a los currículos de formación de en el proceso creativo, aparece en las experimen-
artistas en las universidades. Obras como Terror taciones tituladas Naturalezas móviles, realizadas
nocturno, de Julián Bedoya, implican al especta- por el artista Yosman Botero en el año 2009. La
dor activamente en la construcción narrativa y la reapropiación que el artista hace de un dispositivo

Ir a contenido >> revista UNIVERSIDAD 113


DE ANTIOQUIA
Imagen 8. Yosman Botero, N.° 2, de la serie Naturalezas móviles,
2009. Dibujo con hilo y reloj de cuerda. Dimensiones variables.
Imagen cortesía del artista

de reloj de cuerda en la obra número 2 de la serie


da cuenta de cierta autonomía del dispositivo, no
solo por su movimiento sino también por la forma
como este se convierte en el agente activo que pro-
picia el desdibujamiento del elemento gráfico (una
silla), esbozado con un hilo rojo (ver Imagen 8).

5. El uso de los computadores


Imagen 7. Feliza Bursztyn, Obra en construcción. Tercera Bienal de
Arte Coltejer, Medellín, 1972.
como herramienta para la creación
Fotografía: Gabriel Carvajal Pérez audiovisual
Cortesía: Biblioteca Pública Piloto de Medellín El protagonismo de dispositivos tecnológicos
para la generación de contenidos artísticos tiene
otra posibilidad de análisis cuando se piensa en la
utilización de computadores, aspecto que en las
artes se conoce con denominaciones emergentes
como “arte digital” o “nuevos medios”. A pesar de
Uno de los efectos más atractivos que este tipo de experimentaciones comienzan a
de las prácticas digitales darse en nuestra ciudad en la última década del
siglo xx, y adquieren mayor auge en los últimos
contemporáneas tiene que ver con años, la ciudad tuvo una referencia inicial de este
la forma como posibilitan tipo de exploraciones en las bienales, mediante
el trabajo de artistas como Charles Csuri y de la
la creación de espacios de exposición Arte y cibernética, ambos en el marco
interacción que no solo incluyen de la bienal de 1970. Asimismo, en la bienal de
1972 se expuso la obra de uno de los pioneros de
al espectador activamente, sino lo que en su momento se llamó “gráficas com-
que generan en él un sentido de putarizadas”. Me refiero al artista estadounidense
William Allan Fetter, cuya obra Animación hu-
presencia en la pantalla. mana por computador consistía en la impresión
de una serie de gráficos modulares, en los cuales

114 Ir a contenido >>


Imagen 9. William Allan Fetter, Animación humana por computa-
dor. Tercera Bienal de Arte Coltejer, Medellín, 1972.
Fotografía: Gabriel Carvajal Pérez Imagen 10. Lindy María Márquez, Nieve blanca, 2011
Cortesía: Biblioteca Pública Piloto de Medellín Imagen cortesía de la artista

parecían acoplarse en un mismo plano los foto- las bienales como acontecimientos seminales para
gramas requeridos para un segmento de la ani- la inclusión de la tecnología en el arte. Aunque el
mación de un cuerpo (ver Imagen 9). objetivo explícito de estas exposiciones no fue el
En las bienales, los ejemplos de gráficos de contribuir a la construcción de una perspectiva
computarizados requerían el trabajo colaborati- histórica sobre la integración entre arte, tecnolo-
vo entre artistas e ingenieros. Más tarde, con los gía y sociedad —como fue el caso de la exposición
avances en computación se popularizaron una se- Ghosts in the machine—, sí abonaron el terreno
rie de programas para la creación y manipulación para desarrollos posteriores, pues brindaron ele-
de imágenes digitales, que le daban autonomía al mentos y referencias importantes en la apertura
artista en la utilización del computador. Como hacia una producción artística más experimental
resultado de esto emergen varios artistas que uti- e interdisciplinar. Por tanto, es posible decir que
lizan el computador para realizar procesos audio- en las Bienales de Arte Coltejer, Medellín, encon-
visuales bastante diversos. La artista Lindy María tramos no solo las primeras referencias de asuntos
Márquez, por ejemplo, genera narrativas autobio- que muchos han denominado como nuevos me-
gráficas en formatos diversos, que integran múl- dios en el arte actual, sino también ejemplos de
tiples estrategias gráficas provenientes de medios exploración en los que emergen cuestionamientos
como la fotografía, la pintura, el collage, el dibujo, similares a muchas de las exploraciones artísticas
etc., aspecto que se evidencia en la imagen gráfica y culturales actuales, respecto a esa convergencia
Nieve blanca, realizada en 2011 (ver Imagen 10). entre arte y tecnología. Este análisis apenas co-
Con los paralelos y anotaciones expuestos mienza en nuestro medio, y son muchas las re-
anteriormente, espero contribuir a la construcción flexiones por desarrollar.
de un análisis sobre la convergencia entre arte y
tecnología en nuestro medio, a partir de la rela- Isabel Restrepo Acevedo (Colombia)
Profesora asociada de la Facultad de Artes de la Universidad
ción entre dos momentos históricos. A pesar de de Antioquia. Líder del grupo de investigación Hipertrópico:
la distancia temporal entre los procesos digitales y convergencia entre arte y tecnología, de la misma institución.
tecnológicos en el arte local actual y las obras tec- Es candidata a doctora en Artes de la Facultad de Artes de la
nológicas expuestas en las bienales, es fundamen- Universidad de Antioquia, magíster en Multimedia de San
Diego State University, USA, (MFA in Arts), y maestra en
tal señalar las resonancias, influencias y paralelos Artes Plásticas de la Universidad Nacional de Colombia, sede
entre las obras desarrolladas en ambos momentos. Medellín. En sus investigaciones y propuestas artísticas se
De esta forma deseo subrayar la importancia de articulan cuestionamientos artísticos, tecnológicos y sociales.

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DE ANTIOQUIA
Fragmentos
a su imán

Un valle plantado
de edificios Fotografías del autor

116 Ir a contenido >>


Arquitectura

A
l sur de Suramericana y al norte de Norteamérica el paisa-
Luis je artificial sigue arrasando con el paisaje natural del valle
Fernando de Aburrá. Suramericana es una urbanización cerca del
González Ancón Sur que tiene varios años de desarrollo, mientras que su
contraparte, en las montañas del noroccidente, cercanas al área ur-
bana del municipio de Bello, es de años más recientes. Pero, igual,
los edificios no se detienen allí, siguen más al sur y todavía más al
norte, de aquel que fuera un idílico territorio, descrito por los via-
jeros cuando lo contemplaban en toda su longitud desde los altos
de las montañas orientales, especialmente desde Santa Elena. Uno
de ellos fue el sueco Carl August Gosselman, quien en 1826 dejó
constancia de la visión impresionante que tuvo al contemplar el
valle desde aquel alto, al punto de embargarlo una “emoción de
belleza inenarrable”, considerarlo un verdadero paraíso y “uno de
los escenarios más bellos que pudiera descansar la vista humana”;
para, a renglón seguido, describirlo:

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DE ANTIOQUIA
Desde ambos costados del mirador se
La exuberancia no es vegetal sino ar-
extendían las montañas, bosques, pare-
tificial. Edificaciones que hacen malabares
des rocosas y abismos que formaban un
para quedar plantados en las laderas, ya
semicírculo en intenso contraste con la
de manera precaria en los barrios pobres
uniformidad de la cordillera lejana, que
o con presuntas calidades técnicas en los
a medida que avanzaba tomaba tonos
barrios ricos. La malla urbana se compac-
de claridad mayor. La vista empezaba
ta y se expande, en un doble movimiento
a descender por las pendientes y sem-
que implica más edificios en lo que ya está
brados que alcanzaban tonos de verde
estructurado y, a la vez, la incorporación de
claro hasta llegar a los pies de las casas,
suelos rurales para los nuevos edificios, en
alamedas y plantaciones que rodean el
una continuidad que va desde el municipio
valle como un anfiteatro que reposa
de Caldas al sur del valle hasta el municipio
con sonrisa infantil en medio de este
de Copacabana al norte, y pronto segui-
jardín ideal.
rá hasta Girardota, y en unos pocos años
Como si tuviéramos en las manos
hasta Barbosa, la frontera norte del valle de
un mapa, se ven los prados, arroyos,
Aburrá. En total, serán diez áreas urbanas
alamedas, cuestas, bosques, campos
las que estarán contenidas en una sola, en
de cultivo, plantaciones, casas de cam-
el que fuera el escenario idílico para des-
po y chozas, mezclándose en forma
cansar la vista humana, y hoy escenario de
tan exuberante que los ojos no saben
las afugias del 50% de toda la población del
dónde detenerse y avanzan siguiendo
departamento de Antioquia.
el recorrido del río Nechí [Aburrá o
En la actualidad, de manera gene-
Medellín] que, cual una cinta de plata,
ralizada, caemos en la trampa de hablar
descansa a un lado de Medellín, encla-
del valle de Aburrá como una sola área
vado con sus casas rojas y blancas en el
urbana: la de Medellín. Tomamos la par-
centro del paraje.1
te por el todo. Es cierto que en términos
En poco menos de doscientos años de históricos la villa de Medellín fue una sola
la visita y descripción del sueco Gosselman, entidad administrativa cuando se creó ofi-
la paleta de verdes se ha reducido conside- cialmente en 1675; dependiente de Aná
rablemente y avanza inexorable la paleta de —el núcleo central y administrativo—,
ocres y grises. El anfiteatro cortado por la estaban los parajes, sitios o pueblos de
cinta de plata no es ya el jardín ideal de ala- valle arriba o valle abajo: Ancón, Tasajera,
medas, plantaciones, sembrados y bosques, Fontidueño, Otrabanda, Hatoviejo, La
con casas de ensueño, de campo o chozas Culata, Guayabal, San Lorenzo o Itagüí,
idealizadas en la visión romántica; ahora algunos de los cuales serían los núcleos po-
es un río mortecino, que se trata de revivir blacionales de los actuales municipios que
artificialmente, el que cruza un valle den- comenzaron a desagregarse desde 1757,
so, con sus casas de techos rojos, terrazas cuando se creó el partido de San Juan de
grises y edificios y más edificios que suben la Tasajera —hoy Copacabana—, hasta el
y suben por las laderas de tierra rojizas y año de 1967, cuando se creó el municipio
paredes rocosas. La naturaleza, tornada en de Sabaneta; en ese lapso de 210 años se
el concepto de los espacios verdes o metá- crearon los nueve municipios, por tanto
foras de la misma, es apenas un indicador autónomos, aunque sus incipientes estruc-
de metros cuadrados por habitante, detrás turas urbanas antecedieron los actos de
de lo cual se siguen talando los árboles, las figuras político-administrativas. Pese
rebanando las colinas, desapareciendo los a todo, el centro, antiguamente Aná, hoy
cultivos o las fuentes hídricas naturales, Medellín, siguió siendo el epicentro fun-
cuando no convertidas en parques geomé- cional, geométrico y simbólico de todo el
tricos lineales. valle, desde el momento en que fue villa

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hasta hoy que se configura en un entorno
metropolitano.
Las distancias existentes entre los dis-
tintos poblados del valle y su centro deter-
minaron el desarrollo y consolidación de
las incipientes estructuras urbanas alternas.
Se configuraron, como todos los pueblos, a
partir de una plaza presidida por una capilla
o un templo, al principio elemental, y poste-
riormente monumental como para destacar-
se en el paisaje. Ese hecho definió un desa-
rrollo con cierto endogenismo, debido a las
características históricas particulares y aun
de índole etnocultural, pocas veces valoradas
y estudiadas, como las adscripciones a ritua-
lidades religiosas particulares que hoy siguen
siendo determinantes. Ese sabor pueblerino
se mantuvo hasta hace pocos decenios en
marcos de plazas, en mercados y en elemen-
tos de sociabilidad, y en la relaciones de los
centros poblados con sus ruralidades, entre municipios como La Estrella, el cual era
otros aspectos fundamentales. Pero, con la considerado para 1930 como el “centro de
llegada de las fábricas, los procesos de in- veraneo más importante del país”. Esa pro-
dustrialización del valle desde principios del longación de la mancha urbana mediante
siglo xx y las consiguientes presiones demo- las casas de campo aceleró las rutas de la
gráficas y de urbanización determinaron el urbanización, como en la actualidad ocurre
inicio de los cambios en las pautas culturales en la parte norte del valle de Aburrá, entre
y de aquellos elementos de sociabilidad y ri- Copacabana y Barbosa.
tualidad pueblerina. No en vano el inicio de La dinámica y funcionalidad del siste-
la industrialización fue en Hatoviejo, es de- ma urbano del valle de Aburrá ya era un
cir, en Bello, y en Itagüí, buscando las fuentes fenómeno reconocido en la década de los
hídricas de la García al norte y de la Doña cuarenta, cuando las mismas autoridades
María al sur del valle, pero no propiamente municipales señalaron la importancia de
en Medellín. Así, las fábricas y sus obreros unir esfuerzos para solucionar problemas
y sus barrios obreros fueron fundamentales que eran evidentes, mientras que otras per-
para la introducción de cambios en las ar- sonas interesadas plantearon la realización
quitecturas tradicionales, lo mismo que en la de un plano regional. Estos aspectos fueron
música y, en general, los hábitos culturales recogidos en el diagnóstico y la formulación
y sociales de aquellos pueblos tradicionales. del Plan Piloto, adelantado con la direc-
Una incipiente modernidad o, como diría ción de los urbanistas José Luis Sert y Paul
Renato Ortiz, una nueva tradición moderna. Lester Wiener, entre 1948 y 1951, cuando
Otro tanto se puede decir de la ocu- se aprobó, quienes, a pesar de ser contra-
pación de la parte sur del valle que, desde tados para plantear una formulación para
finales del siglo xix, y especialmente en las Medellín, lo reconocieron como un hecho
primeras décadas del siglo xx, fue el lugar de escala metropolitana. Los planos, aná-
predilecto para que las elites ubicaran sus lisis y propuestas se definieron como Área
casas de campo, sus quintas de recreo y, pos- Metropolitana. Desde entonces también
teriormente, sus primeras residencias. No viene la tradición de hablar de Medellín
solo era el sector de El Poblado sino también como un todo urbano del valle.

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DE ANTIOQUIA
La observación de aquel Plan Piloto de Medellín”. De ahí que la jornada de un
sobre las dinámicas urbanas del valle era día que hiciera el sueco Gosselman en 1826
clara: “Las poblaciones del valle están per- entre las plazas de Medellín y Hatoviejo
diendo sus viejos caracteres. Fueron una (Bello) hoy se hace en apenas veinte mi-
vez sitio de quietud, pero la industria se nutos. Toda la infraestructura construida ha
ha inmiscuido en las áreas residenciales llevado a que en los últimos veinte años el
y las grandes carreteras pasan a través de fenómeno de urbanización y densificación
ellas, cruzando frecuentemente las cuadras en altura se expanda de Medellín hacia los
principales, destruyendo los viejos parques demás municipios del valle. Los edificios
y cambiando su carácter”;2 no obstante, su —primero los llamados de renta y luego
arquitectura seguía siendo casi al 100% de de propiedad horizontal, los comerciales y
un piso, con muy pocas excepciones. bancarios— se concentraron en Medellín;
El inusitado crecimiento demográfico pero ahora los nuevos edificios de aparta-
posterior y la expansión urbana tanto de mentos, de construcción tradicional o de
Medellín como de los municipios aledaños muros vaciados, se construyen en cualquier
entre las décadas de los cincuenta y los se- parte del valle, a un ritmo cada vez más cre-
tenta, trajeron como resultado la conurba- ciente y acelerado, de tal manera que cada
ción, esto es, la continuidad de estructuras confín del mismo está amenazado en el fu-
urbanas que una vez estuvieron lejanas. turo próximo, pese a los planes de ordena-
Fenómeno que fue incentivado desde la miento territorial o, tal vez mejor, gracias a
construcción del corredor multimodal del ellos mismos y su laxitud normativa.
río, eje de toda la movilidad del valle desde Sin duda este es el fenómeno urbano
la década de los cincuenta; y se acentuó a contemporáneo por excelencia. Ya no se
partir de 1995, con la inauguración del Tren trata únicamente de la disolución de los lí-
Metropolitano del valle de Aburrá que, mites urbanos. De no saber dónde termina
pese a su carácter y condición metropolita- un área urbana y dónde comienza la otra.
na, terminó por conocerse como el “Metro Eso es irrelevante en tanto la competencia
está en proveer suelo urbano, densificarlo
al máximo y hacerlo más rentable tanto
para las políticas fiscales municipales como
para las rentas inmobiliarias, sin medir las
consecuencias ambientales, de sostenibili-
dad o de movilidad urbana, entre muchas
consecuencias negativas que traen apareja-
das estas intervenciones poco afortunadas
en su mayoría. Pero a los dineros legales se
les sumaron los ilegales para usufructuar las
rentas del suelo urbano; hace unos años los
dineros del narcotráfico entraron de mane-
ra discreta o encubierta a la actividad edifi-
cadora, pero en los últimos años de manera
abierta se construyen sus propias torres,
generalmente de vivienda de interés social,
aprovechando las laxitudes normativas para
legalizar dineros y generar rentas; hoy se
ven descaradamente en el paisaje, desde el
mismo centro a los barrios de Medellín, y
de este a los municipios del norte y del sur
del valle de Aburrá.

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El inusitado crecimiento demográfico posterior y la expansión urbana tanto
de Medellín como de los municipios aledaños entre las décadas de los
cincuenta y los setenta, trajeron como resultado la conurbación, esto es,
la continuidad de estructuras urbanas que una vez estuvieron lejanas.

Dada la autonomía administrativa mu- que inverosímiles e inquietantes son im-


nicipal, cada uno de los diez municipios del plantados sin un urbanismo destacado que
valle de Aburrá tiene su propia política de se articule y aporte a la futura ciudad me-
ordenamiento territorial, haciendo más o tropolitana y, por el contrario, multiplicarán
menos caso a las llamadas directrices me- los problemas hasta el absurdo.
tropolitanas, emanadas precisamente por Ni que decir de Sabaneta al sur, don-
el Área Metropolitana. Autonomía que ha de incluso ciertos desarrollos urbanísticos
servido para que aquellos municipios recep- implicaron una dramática transformación
tores de vivienda obrera en un tiempo, o de paisajística de suelos rurales de veredas
vivienda social o, en últimas, vivienda para como La Doctora, Las Lomitas o María
pobres, dejaran de serlo para transformar Auxiliadora, cuya modelación topográfica
su oferta habitacional hacia otros grupos implicó grandes movimientos de tierra, con
socioeconómicos, como ha sido el fenóme- afectación a los ecosistemas, para implantar
no urbano de Bello, cada vez más centrado allí torres de apartamentos que no tenían
en los estratos medios y altos. Parapetados garantizada el agua de consumo y cuyos
en argumentaciones que son sofismas, el primeros habitantes fueron víctimas de los
gremio de los constructores ha encontrado problemas derivados de la equivocada in-
una gran disculpa para seguir creciendo en tervención constructiva e inmobiliaria.
altura, densificando, generando déficits en Y así se viene repitiendo, de sur a norte
infraestructuras, espacios públicos, zonas y de oriente a occidente del valle, una in-
verdes, etc., trasladando sus problemáticas tensa actividad edificadora que crea otro
derivadas al ámbito público. Consideraron paisaje, cada vez más artificioso y verti-
que las exigencias de Medellín son exce- cal, más problemático y de consecuencias
sivas en términos normativos, por lo cual impredecibles en términos ambientales,
pasaron sus inversiones una calle más al de movilidad e, incluso, de convivencia y
norte o al sur del límite urbano, donde las seguridad.
laxitudes normativas les han permitido Como dice el ecólogo brasileño
construir más pisos, en menos áreas y sin Antonio Nobre sobre los responsables de
muchas concesiones, de ahí que se pasaron la destrucción de la Amazonía, algo similar
de los 17 pisos de Medellín a los 32 pisos se podría decir sobre las razones de la des-
de Bello, con pocos o mínimos espacios trucción cada vez más acelerada del valle de
públicos y verdes, y los mismos accesos Aburrá: “el principal problema es ‘la igno-
viales; por ejemplo, un proyecto en cons- rancia arrogante’ de muchos empresarios
trucción, en un lote estrecho triangular y y políticos. Una ignorancia impenetrable,
esquinero, sobre calles aledañas estrechas y que no acepta evidencias”;3 obviamente hay
una avenida, de tres torres, tendrá más de una distancia enorme entre la Amazonía y
setecientos apartamentos. A este proyecto su impacto en el clima mundial y el valle de
se le pueden sumar otros, incluso cercanos, Aburrá como hecho ecológico y ambiental

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DE ANTIOQUIA
predominando. Un área urbana metropo-
litana en medio de un valle con una con-
figuración geomorfológica como la que
tenemos, con tal número de vehículos mo-
viéndose para conectar habitantes lejanos
de sus trabajos, dispara constantemente las
alertas y los indicadores de salud, como lo
demuestran los incrementos de las enfer-
medades cardiorrespiratorias producto, en
gran medida, de la quema de combustible
fósil. Ya no se trata de invocar el agota-
miento del suelo urbano para seguir ex-
pandiendo las fronteras y plantar edificios,
con el único beneficio de la multiplicación
de las rentas de los inversionistas privados;
hay una realidad incuestionable de crisis
local y regional, pero eso no impide señalar que demanda respuestas específicas, crea-
que la “ignorancia arrogante” predomina tivas y conjuntas de orden metropolitano.
para no entender que se ha llegado a una Las autonomías y argucias municipalistas,
saturación, que la expansión hacia las zo- hoy más centradas en empresas políticas
nas de producción agrícola o de protección que en realidades urbanísticas y sociocul-
ambiental es equívoca, y la conservación turales cada vez más extinguidas, se agotan
de estas áreas es más importante que la para dar paso a aquello que Jacques Aprile-
denominada producción de suelo urbano, Gniset hacia 1975 denominó el “gran
algo reclamado de manera permanente por Medellín” y bautizó la “ciudad Aburrá”, es
quienes han hecho de las rentas del suelo decir, una ciudad metropolitana, como el
su gran negocio en detrimento del benefi- río que, también, es el Aburrá.
cio colectivo, las formas de vida y la calidad Pero ¿cuál será la ciudad que verá el
habitacional. viajero del futuro? ¿Se extasiará con el pai-
Expandir las fronteras urbanas y plan- saje?, acaso, ¿un equilibrado paisaje entre
tar más edificios en ellas es uno de los ma- lo artificial y lo naturalizado? O seguirá
yores suicidios programados. Cada nuevo siendo una constante del presente: un valle
apartamento al sur o al norte del valle es plantado de edificios desagregados, anár-
el incentivo para usar un nuevo automóvil quicos, insípidos, vacuos y poco creativos
como mínimo. Es lo que los especialistas que solo sirven a los intereses económicos
llaman “tráfico inducido”. El prestigio del de los urbanizadores privados y del capital
apartamento y del carro —o los carros— inmobiliario, tanto legal como ilegal.
satura el espacio metropolitano cada vez
con el incremento paulatino del número de
vehículos privados, que para el 2013 era de Luis Fernando González
48.889 por cien mil habitantes, solo para Profesor asociado adscrito a la Escuela del Hábitat, de
Medellín, con lo que llegamos al inmovi- la Facultad de Arquitectura, Universidad Nacional de
Colombia sede Medellín.
lismo en tiempos de la llamada “moderni-
dad cinética”. Notas
Pero no se trata solamente de satu- 1
Carl August Gosselman (1981). Viaje por Colombia
ración e inmovilidad. Es también la gran 1825-1826. Bogotá: Publicaciones del Banco de la
República - Archivo de la Economía Nacional, p. 213.
contaminación producto del aumento del 2
Pórtico, Medellín, núm. 7, septiembre de 1950, p. 31.
parque automotor, bajo la absurda idea del 3
El Espectador, núm. 36.547, Bogotá, 10 de agosto de
prestigio social que culturalmente sigue 2014, p. 31.

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La mirada
de Ulises

Centenario de
El nacimiento de una nación
El tormentoso amanecer de un arte

Cumple cien años de su estreno la primera obra


Juan
Carlos maestra del cine norteamericano, un filme que desde
González
A. su estreno, y aún un siglo después, suscita amores
y odios por partes iguales.

En El nacimiento de una nación hay imágenes que es imposible olvidar


una vez que se han visto, como ciertas de las páginas más grandes
y más simples de la música o de la poesía.
James Agee

Es difícil de encontrar una obra de arte popular del siglo xx


que haya pasado por completo de convencer y conmover a su audiencia
original, a ahora defraudar al público en todo nivel ético,
emocional y quizá aún artístico.
Scott Simon


N
os sepultaremos en California trabajando duramente por
espacio de cinco años y realizaremos la película más gran-
diosa que se haya visto. Haremos un millón de dólares y nos
retiraremos” (Ramírez, 1972: 39), le dijo David W. Griffith al camaró-
grafo Gottlieb Wilhelm “Billy” Bitzer para convencerlo de abandonar
la compañía Biograph a finales de 1913 y acompañarlo en sus nuevos
proyectos independientes. Habían trabajado juntos desde 1908 cuando
Griffith se vinculó a la American Mutoscope and Biograph Company
como escritor y actor. Estando allá empezó una carrera como director
en la que Bitzer lo acompañó en todos sus filmes para esa empresa,
excepto en ocho de ellos. Griffith, que había nacido el 22 de enero de

Ir a contenido >> revista UNIVERSIDAD 125


DE ANTIOQUIA
1875 en una granja al norte de Kentucky, era hijo y se van depurando los elementos de un lenguaje.
de un oficial del ejército confederado que luchó Cómo un mismo argumento se repite una y mu-
en la Guerra de Secesión. Aunque la derrota del chas veces mientras se van ajustando las técnicas
bando sureño dejó a la familia en la ruina, David narrativas elegidas para él” (Álvarez, 1990b).
siempre conservó ínfulas aristócratas. Aficionado Las dificultades que Griffith tuvo en la
a las bellas artes, se inclinó por la actuación, algo Biograph tienen que ver con la miopía de la em-
que su familia desaprobaba. También cultivó la presa, que insistía en obligarlo a hacer filmes de
dramaturgia, la poesía y el ensayo. Es tratando de solo un rollo de extensión o de presentar como
vender algunas de sus obras originales y de sus seriados los de mayor extensión; en no darle
adaptaciones como Griffith llega al cine, prime- crédito respectivo ni a él ni a sus actores, ni en
ro tocando las puertas de la Edison Company y ofrecerle la posibilidad de hacerlo accionista o
posteriormente las de la Biograph, donde llegará de brindarle participación en las ganancias de la
a realizar alrededor de cuatrocientos cincuenta empresa. Además, la Biograph quería embarcar-
cortometrajes, a razón de dos por semana. se en la producción y distribución de dramas tea-
Refiriéndose a la labor encomendada a trales filmados, como la película francesa Queen
Griffith, el crítico de cine Luis Alberto Álvarez Elizabeth, protagonizada por la gran diva Sarah
comentaba que “dirigir, por entonces, era una Bernhardt, y ahí el estilo visual de Griffith no
cosa muy simple y con muy pocas pretensiones tenía cabida. Su insistencia en hacer filmes más
artísticas. Se trataba de supervisar una acción bas- largos de lo habitual, con elementos de decora-
tante primitiva filmada en largos planos desde la dos muy elaborados y con presupuestos dema-
misma perspectiva y bastaba saber gritar ‘acción’ siado altos, hizo que se retirara de la Biograph
y, más tarde, ‘corten’” (1990c). A los directores se en 1913, luego de rodar su cinta más ambiciosa
les instruía para seguir aplicadamente una especie hasta el momento, Judith of Bethulia. Ese mismo
de manual de estilo bastante rígido —heredado año firmó un contrato con Harry Aitken, pro-
de las convenciones teatrales— que nadie parecía pietario de las compañías Reliance-Majestic y
atreverse a criticar y mucho menos a alterar. Lo Mutual. Con él se fueron muchos de los acto-
que hizo Griffith fue empezar a experimentar con res y técnicos que trabajaban para la Biograph,
las posibilidades del cine como un nuevo medio incluyendo al renuente Bitzer. Ahí filmó cuatro
digno de desarrollar de manera independiente. películas, una de las cuales es una magnífica
No es que Griffith fuera un innovador. adaptación de Poe, La conciencia vengadora (The
Muchos de los avances técnicos y desarrollos Avenging Conscience).
cinematográficos que se le atribuyen ya habían Griffith quiere emular las grandes produc-
sido utilizados previamente de manera intuitiva ciones europeas de largometraje que habían lle-
o aleatoria por otros, pero fue él quien supo re- gado a Estados Unidos, como Dante´s Inferno,
unirlos, consolidarlos y darles un uso consciente. Quo Vadis y Cabiria, y le propone a los hermanos
El close-up, el fade out, el tracking shot, la toma Aitken financiar un proyecto basado en dos no-
panorámica, el montaje paralelo de dos escenas velas del clérigo bautista Thomas Dixon, llamadas
separadas espacialmente, las elipsis temporales, la The Clansman y The Leopard’s Spots. Es muy pro-
acción fuera de campo, los flashbacks, el enmas- bable que The Clansman haya llegado a sus manos
caramiento de la imagen para llamar la atención a través de Frank Woods, un guionista que había
sobre un detalle, el cambio de la posición de la estado involucrado en una adaptación de esa obra
cámara varias veces en una misma escena, la ilu- a cargo de la Kinemacolor Company, que expe-
minación como creadora de atmósferas, el control rimentaba con el rodaje a color. Sin embargo, el
gestual de los actores… con todo esto Griffith fue proyecto fue abandonado. Woods aparentemente
conformando una nueva gramática. “No todas le mostró a Griffith una versión del guion que
las películas de uno y dos rollos realizadas por había escrito y le sugirió hacer una nueva versión
Griffith en este periodo son obras maestras y ni del libro de Dixon. Para el imaginario sureño de
siquiera lo son la mayoría de ellas. Pero es fasci- Griffith estos libros constituían la fuente perfecta
nante ver cómo en una y en otra van apareciendo de la película a gran escala que quería emprender.

126 Ir a contenido >>


A través de los hermanos Harry y Roy
Aitken, se aseguró los derechos de adaptación de
ambos libros, pero la junta directiva de la Majestic
no aprobó la financiación del futuro filme. Los
Aitken formaron junto a Griffith una sociedad
aparte —la Epoch Producing Co.— para poder
respaldar el proyecto y lograron reunir los cua-
renta mil dólares que el director calculaba que el
largometraje iba a costar.
Para dar vida a la que iba a conocerse como
El nacimiento de una nación (The Birth of a Nation),
Griffith echa mano a la experiencia acumulada en
sus doce años como actor y sus seis años como
director. Para la Biograph había dirigido incluso
once cortometrajes que tenían a la Guerra Civil
como tema, así que no era ajeno a un evento tan
dramático como este. Aunque no se conserva un
guion escrito de El nacimiento de una nación, al
parecer Griffith y Woods trabajaron juntos en caballos. Se requirieron 37 mil metros de tela
la adaptación de la novela y le sumaron material para los vestuarios. El solo costo de las escenas de
de una versión teatral que se había hecho de The batalla fue de cuarenta mil dólares. El presupues-
Clansman. Sin embargo, parece que ese guion se to final superó los 110.000 dólares.
desechó una vez sirvió al propósito de establecer En una entrevista realizada en 1915 a
unas líneas dramáticas generales y a partir de ahí Griffith se le preguntó por qué su película tenía
se empezó a improvisar, a construir el relato día ese título, y él respondió:
a día. Hubo además una extensa documentación
Porque así es. La guerra civil fue hace cin-
histórica previa al rodaje. Refiriéndose a las dos
cuenta años. Pero la verdadera nación existe
novelas de Dixon, Luis Alberto Álvarez escribe
únicamente desde hace quince o veinte años,
que “Griffith no hizo una transcripción exacta de
porque no puede existir unión sin simpatía ni
este material, ya que su idea era más ambiciosa,
sentimientos mutuos. A pesar de que la base
presentar una concepción épica de la Guerra de
de la obra es la novela de Thomas Dixon, The
Secesión, de la derrota del Sur y del surgimiento
Clansman, no llegamos a ella sino hasta la
de una nueva unión americana y sus consecuen-
mitad de la película. El mismo Dixon fue lo
cias […]. Si en algunos de sus cortos Biograph
suficientemente inteligente como para reco-
había mostrado la guerra desde la perspectiva
nocer que en la novela hablaba solamente de
del Norte, en El nacimiento de una nación quiso
un pequeño aspecto del conflicto: la guerra
hacerlo desde la del Sur derrotado y con una
racial. Pero nosotros hemos retrocedido hasta
mentalidad que, sin que él lo creyera así, era par-
el origen mismo de la guerra civil: hemos mos-
cializada, feudal, sin duda alguna racista” (1990a).
trado el incendio de Atlanta y el asesinato de
Tras seis semanas de ensayos con los actores
Lincoln y en todo ello colaboraron con noso-
(entre ellos la gran Lillian Gish), se dio inicio al
tros muchos veteranos de la guerra. De acuerdo
rodaje el 4 de julio de 1914 y terminó en octubre
con una autoridad, El nacimiento de una nación
de ese año. El montaje abarcó otros tres meses
comenzó con los Ku Klux Klans y nosotros
adicionales. Las cifras de la cinta son impresio-
hemos mostrado eso. (Slide, 2012: 21)
nantes: se filmaron más de 100.000 pies de ne-
gativo y el corte final fue de 12.500 pies de filme Sin embargo, cuando la cinta se estrenó en
que contienen 5.000 escenas diferentes y 1.375 Los Ángeles el 8 de febrero de 1915 en el Clune’s
tomas individuales. 18.000 personas trabajaron Auditorium, se llamaba The Clansman. Cuando
como extras en la película y se alquilaron 3.000 se estrenó en Nueva York al mes siguiente ya su

Ir a contenido >> revista UNIVERSIDAD 127


DE ANTIOQUIA
El filme fue un acontecimiento mediático y cinematográfico sin precedentes en el
cine. Con una duración superior a las tres horas, El nacimiento de una nación no
oculta sus ambiciones. Se trata de un enorme fresco histórico, político y social, que
ampulosamente reproduce facsímiles históricos a la manera de tableaux vivants,
mezclados con eventos de ficción subjetiva y peligrosamente sesgados.

nombre era El nacimiento de una nación. En esa Aunque El nacimiento de una nación nunca
ciudad estuvo en cartelera durante once meses, deja que olvidemos que el origen de esta guerra
pese a que en los teatros se cobraba la entrada a la radica en dos posiciones enfrentadas respecto a
exorbitante suma de dos dólares. “No se dispone la esclavitud, la segunda parte del filme se centra
de cifras de las ganancias exactas de la película, en el periodo de “la reconstrucción” en la posgue-
pero todas las investigaciones indican que El na- rra inmediata y más exactamente en Piedmont,
cimiento de una nación fue, de lejos, el éxito finan- Carolina del Sur, donde residen los Cameron,
ciero más grande de la época muda” (Koszarski, que perdieron dos hijos en la guerra, otro quedó
1994: 320). herido y el resto de su familia está empobreci-
El filme fue un acontecimiento mediático y do y a merced de los inescrupulosos banqueros
cinematográfico sin precedentes en el cine. Con y negociantes del norte (los Carpet baggers) que
una duración superior a las tres horas, El naci- se aprovechan de los antiguos esclavos, utilizán-
miento de una nación no oculta sus ambiciones. dolos para adquirir poder en esos estados. Esta
Se trata de un enorme fresco histórico, político y parte produce una bochornosa perplejidad, pues
social, que ampulosamente reproduce facsímiles Griffith no tiene recato alguno a la hora de mos-
históricos a la manera de tableaux vivants, mez- trarnos a la raza negra como compuesta por seres
clados con eventos de ficción subjetiva y peli- caóticos y malintencionados, de bárbaras cos-
grosamente sesgados. La historia de dos familias tumbres y que abusan de la igualdad de la que
amigas, una en el Norte (los Stoneman) y una en ahora disfrutan para humillar y arrinconar a las
el Sur (los Cameron), terminará en el enfrenta- familias blancas. Cabe anotar que ninguno de los
miento involuntario entre ambas, cuando cada papeles principales fue interpretado por auténti-
una asuma su lugar en bandos opuestos durante cas personas de raza negra, sino por blancos con
la Guerra de Secesión. Esta primera parte de la la piel pintada de negro.
película, que se centra en el lado humano de un El retrato parcializado que hace tiene como
conflicto fratricida, es la más rica en matices y la único propósito la justificación de la aparición y
más digna de admirar. Sorprende la modernidad los actos del Ku Klux Klan, que acá se constituye
de las técnicas visuales utilizadas acá para recrear en caballería heroica y vengadora que busca pre-
de manera tan verosímil no solo las batallas entre servar, mediante el linchamiento y el asesinato, la
los bandos, sino también las escenas familiares, integridad personal y colectiva de la raza blanca.
dotadas de singular complejidad espacial al mo- De su lado tienen la justicia divina. Pese al lla-
mento de describir los entornos que habitan. Al mativo éxito que tuvo el filme, que fue aplaudido
darle rostro y contexto a cada lado rival, la cinta incluso por el presidente Woodrow Wilson, du-
humaniza de manera magnífica un conflicto que rante su misma temporada de estreno se genera-
al momento del estreno del filme cumplía cin- ron protestas por parte de la NAACP (National
cuenta años de haber concluido y que todavía era Association for the Advancement of Colored
una herida en la historia de Estados Unidos. Una People), que lograron que Griffith suprimiera un
herida que tuvo héroes y víctimas en cada lado. par de escenas explícitas de violencia, así como

128 Ir a contenido >>


No hay dudas respecto a que El nacimiento
de una nación es un punto culminante en la cons-
trucción de un lenguaje narrativo propio del cine.
De acuerdo con Lewis Jacobs en su libro de 1939,
The Rise of the American Film, esta cinta “impul-
só el cine hacia un nuevo nivel artístico […] esta
película fue tan rica y profunda en organización
que en los años siguientes influyó directa e indi-
rectamente a cineastas en todas partes y mucho
del progreso fílmico subsiguiente debe su inspi-
ración a este logro magistral” ( Jacobs, 1939: 175).
Lo complejo es admirar, por un lado, todo lo que
este filme aportó en innovaciones técnicas y en
desarrollo audiovisual, mientras vemos con tris-
teza y desilusión cómo, al mismo tiempo, provee
un mensaje inmoral racista.
Era sin duda el tormentoso amanecer de un
arte, que entre aplausos de aprobación y chiflidos
de disgusto marcaba la senda de la representación
histórica, el subjetivismo y la manipulación de los
sentimientos y las ideas del público.

una declaración en la que afirmaba que la solu- Juan Carlos González A. (Colombia)
Médico especialista en microbiología clínica. Profesor titu-
ción a los problemas del país era deportar a todos lar de la Facultad de Medicina de la Universidad Pontificia
los afroamericanos a África. Además, se hicieron Bolivariana. Columnista editorial de cine del periódico
piquetes alrededor de los teatros y hubo mucho El Tiempo, crítico de cine de las revistas Arcadia y Revista
activismo mediático quejándose del retrato que Universidad de Antioquia, y del suplemento Generación. Actual
editor de la revista Kinetoscopio. Autor de los libros François
la película hacía. En estados como Ohio y Kansas Truffaut: una vida hecha cine (Panamericana, 2005), Elogio de
su exhibición fue prohibida. lo imperfecto, el cine de Billy Wilder (Universidad de Antioquia,
Griffith estaba sorprendido por la reacción 2008), Grandes del cine (Universidad de Antioquia, 2011) e
de estos sectores ante una posición, como la suya, Imágenes escritas, obras maestras del cine (EAFIT, 2014).
que él consideraba válida y apegada a la verdad
histórica. Según él y su película, los esclavos vi- Referencias
vían una existencia apacible en las plantaciones Ramírez, Gabriel (1990). El cine de Griffith. México: Ediciones
de algodón del sur, pero una vez emancipados Era.
tomaron dos caminos: el de la fidelidad a sus Álvarez, Luis Alberto (1990a). “Arte, historia y política”. El
Colombiano, 30 de septiembre de 1990, p. 16C.
antiguos propietarios o el del desenfreno moral ——— (1990b). “El período ‘Biograph’ y el nuevo lenguaje”.
que los hacía proclives a atacar mujeres blancas, al El Colombiano, 23 de septiembre de 1990, p. 14A.
desprecio contra todo lo establecido y a llenar de ——— (1990c). “Ser testigos del comienzo de la melodía”. El
oprobio a los nobles sureños. En 1916, Griffith Colombiano, 16 de septiembre de 1990, p. 13C.
Slide, Anthony, ed. (2012). David Griffith Interviews. Jackson:
publicó un panfleto llamado The Rise and Fall of University Press of Mississippi. El artículo que se cita es
Free Speech in America, en el que se queja de la tomado de New York American, “D. W. Griffith Producer of
intolerancia de sus contradictores e invoca para World’s Biggest Picture”.
el cine la libertad de expresión que garantiza la Koszarski Richard (1994). An Evening’s Entertainment: The
Age of the Silent Feature Picture, 1915-1928. Berkeley:
Constitución. Su siguiente filme, Intolerancia University of California Press.
(Intolerance, 1916), fue una respuesta a aquellos Jacobs, Lewis (1939). The Rise of the American Film: A Critical
que lo atacaron por este largometraje. History. New York: Harcourt Brace.

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DE ANTIOQUIA
Entramos al libro motivados por esta imagen in-
cógnita, y al trasponer el umbral nos encontramos con
Humor a la carta un espacio vasto y generoso: su primer cuento, “Muy
señor mío”. Digno comienzo que cumple a cabalidad
con la promesa de la portada, porque es uno de sus
mejores relatos.
Sin ningún preámbulo, inicia con una carta cuyo
encabezado es igual al del título: “Muy señor mío”,
sugerente por demás, pues habla de una retórica en
desuso; del género epistolar, también por desgracia ca-
duco; y anuncia un juego, teñido de humor, que se irá
desarrollando a lo largo de la trama del cuento: el de
la seducción.
La palabra “señor” marca distancia, es convencio-
nal; pero el adverbio resalta el señorío y el posesivo
rompe la distancia; se cumple así cabalmente la in-
tención del apelativo, porque el lector, curioso, quiere
adentrarse en la intimidad de la misiva y en las vidas
del remitente y del destinatario. Y en efecto, de carta
La salida está cerrada en carta, se va entretejiendo una trama que atrapa con
Janeth Posada seductoras palabras.
Sílaba Al principio, el lector imagina a un destinatario
Medellín, 2014 mayor, debido quizás al apelativo, pero a medida que
75 p. las cartas avanzan, y con ayuda del narrador omnis-
ciente, descubre que en realidad se trata de un mucha-

E
l nuevo libro de cuentos de Janeth Posada, La cho sin mucha preparación, con más sentido práctico
salida está cerrada, invita desde el inicio. En que reflexivo, víctima del enamoramiento de una mujer
la portada, sobre un fondo blanco, aparece la de la que apenas conoce su nombre.
imagen de una escultura de la italiana Paola Grizi, In Santiago, ocupado en atender a la clientela, en su
Oltre (Además) cuya textura sugiere la piedra. Una mayoría femenina, entre frutas y verduras, se asombra
mujer asoma por el marco, casi piedra ella también, primero, y luego, paulatinamente, se va transformando,
con su rostro color de arcilla. En vano intenta ocultar, va aprendiendo a ver el mundo con otra perspectiva,
tras el ocre terroso de la piel, la belleza de los rasgos más intangible, sugestiva, erótica y llena de incógnitas:
y la sensualidad de la boca. Invita por misteriosa, “Su vida no estaba para ofensas. Trabajaba duro y no
porque se rehúsa a mostrar lo que hay dentro del se metía con nadie. No era su culpa no ser un hom-
espacio en donde habita y apenas si se asoma, curiosa, bre de academia. Su única debilidad, pensaba, eran las
para otear algo que la inquieta afuera. Y no mira de muchachas del barrio, que ahora convidaba con menos
frente, sino sesgada, como si conociera bien el objetivo frecuencia que antes, enredado como estaba en los líos
de su búsqueda. de las cartas y del diccionario” (Posada, 2014: 20).
¿Está presa? La escultura suscita la pregunta. El En este juego los protagonistas se vuelven fieles a
título del libro apuntala la imagen: La salida está cerra- su nombre, son “agonistas”. Padecen y hacen padecer a
da. La mujer, más que miedo, parece expresar cautela. merced de los mensajes, los cuales envuelven en sus re-
No puede aseverarse qué sucede, ni el nombre de la des a Santiago, un vendedor ajeno a los intríngulis que
escultura lo aclara, porque es igualmente ambiguo y suponen los matices de los significados, las sugerencias,
porque el marco, que aparentemente la aprisiona, fue las contradicciones y, en suma, las trampas del lenguaje:
alguna vez flor u hojas. Aún perviven grabadas con de- No era un buen tiempo para las cartas. Escribirlas era asunto de
licadeza las nervaduras, aunque han perdido la tersura melancólicos de poco oficio. Recibirlas, una alta posibilidad de
burla o amenaza. Por esto, el hombre de las legumbres tomó el
y se hallan detenidas en la piedra, como si también
sobre con desconfianza y lo guardó en el bolsillo del delantal.
quisieran escapar de la eternidad que las sujeta. […] El hombre asumió una pose desinteresada, pero, apenas tuvo

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Reseñas
tiempo de ir al baño, sacó el papel y lo desdobló para leerlo. Su Al final, el dictado del amor impone justicia y ambos
cara jugaba entre la complacencia y la extrañeza, ganando la
pierden la cabeza. De esto da cuenta una carta sin enca-
primera al llegar al final de la misiva. (9)
bezado que ella le dirige: “Ah, ya no sabría cómo llamarlo.
Y también a Margarita, que en su esfuerzo por Todos los nombres en los que pienso se quedan cortos
seducir al hombre queda sujeta entre sus artimañas. para expresar eso que me ha dejado en la piel” (26).
Acude primero al misterio y va dando algunas pistas Sin duda, el cuento es bien original. No solo re-
sobre su identidad, pero nunca tan completas como cobra el olvidado ritual de las cartas, cuya hechura
para dejar saber quién es ella, ni al lector, ni al ob- supone un largo proceso, muy lejano a la inmediatez
jeto de su amor. Debemos entonces someternos a sus de los actuales correos electrónicos, sino que de paso
rigores, y acuciados por la curiosidad, entrar en el jue- le da al tiempo un nuevo significado, lleno de encan-
go hasta que llegue el momento en que los personajes to y expectación para los amantes. Hace mucho que
destapen la baraja y muestren cada uno quiénes son. las nuevas tecnologías dejaron en el olvido la mane-
Este interrogante crea tensión en el relato; el lector ra en que se elaboraban las cartas, en donde, además
queda atrapado en la búsqueda de las pistas y trata del borrador para evitar tachones y enmendaduras, se
de adelantarse al protagonista en su descubrimiento: debía elegir la palabra precisa, el saludo y la despedi-
“la curiosidad lo movía como si navegara sobre un mar da adecuadas, eludir en el contenido lo prosaico y lo
embravecido. Además, las cartas le gustaban. No era un innecesario, sugerir entre las líneas para que hablara
hombre culto, pero tampoco un salvaje, e intuía que la el silencio, cuidar la caligrafía y, como si no bastara,
dulzura de esas palabras y el cuidado de la caligrafía no envolver el contenido en un sobre que hiciera juego
podían provenir de una mala fuente” (13). con el papel de la misiva, elegido con cuidado, pues
La dama, a quien no le falta ingenio, usa cuanto era una impronta más del carácter y la intención del
recurso tiene a mano. Complacidos, reconocemos sus remitente. Y luego, luego venía la espera. Para ambos
usos, bien sea como conquistadores o como objetos de mediaba un lapso eterno mientras quien la recibía asi-
seducción. Los matices del cortejo se despliegan: milaba el efecto tan largamente premeditado, y decidía
si contestar o no.
- El halago: “Margarita, que desde la distancia goza En lo referente a los personajes, la elección es muy
con la fuerza de su pecho” (10). atinada. El uno es romántico, Margarita; ella es quien
- La provocación: “Me vestí con esmero para usted, inicia la correspondencia. El otro es práctico, Santiago;
me apliqué mi perfume más fino; incluso, llevé vendedor de frutas y verduras. Este contraste crea si-
puestos los calzoncitos más hermosos que ten- tuaciones inesperadas y risibles que saltan a cada paso,
go…” (14). rompen el tono exaltado y dan lugar a lo prosaico:
- El arrepentimiento: “Margarita, que espera algún “Después de mucho revolver el cajón de las naranjas
día resarcir esta pequeña desventura” (12). decidió que sí iría, pero se haría mudo y solo lanzaría el
- La desilusión: “Algo desencantada” (14). zarpazo para bajarle los calzones, nuevos o viejos” (15).
- La añoranza: “Con dolor de su ausencia” (15). A todo lo largo del relato se dan este tipo de si-
- El silencio: envía dos cartas en blanco. tuaciones: las reacciones inesperadas y caprichosas de
- La distancia, el enojo: “Recibí su carta y debo de- Margarita desconciertan al muchacho; los juegos de
cirle que está usted bastante loco. Además, no tie- lenguaje y las disyuntivas de los personajes tiñen los
ne estilo. Y no entiendo muy bien a qué viene eso avatares de la historia de un humor refrescante. Por
de los calzoncitos. No lo conozco y, si he de serle ejemplo, cuando Santiago llega a la casa de Margarita,
sincera, no me interesa conocerlo” (18). y para su sorpresa le abre un hombre que le pregunta a
- El fingimiento: “Me dijo mi marido que usted vino quién busca, él contesta: “A Mar…tín” y luego, cuan-
a disculparse. Acepto sus disculpas y espero que do ya en la calle rumia su desconcierto, se le ocurre:
esta escena no vuelva a repetirse” (19). “pensó que quizá no era su marido, o que quizá era él
- La burla: “Todo lo que tiene es cuerpo de grandu- la Margarita que le escribía. Se asustó ante la idea y se
lón sin cerebro” (20). prometió que no volvería a leer ningún garabato que
- El sometimiento: “Mi verdugo” (21). llegara en sobre gris” (12).
- La suave superioridad: “Mi dulce aprendiz de las También el lenguaje tiene giros originales, tan-
palabras” (24). to para crear metáforas de la realidad, mediante los

Ir a contenido >> revista UNIVERSIDAD 131


DE ANTIOQUIA
oficios cotidianos, como para poetizarla. Los ejemplos La elección de la víctima en “Dedo meñique” es re-
abundan: “Dio la vuelta y salió despacio, acariciando frescante. En el medio machista que nos rodea, y tal vez
una hilera de manzanas [la tentación]. El vendedor se por esto mismo, es raro que no sea ella la que adolece,
quedó inmóvil, la carta en la derecha y una cebolla la que no puede, la atacada, la maltratada. Contrario a lo
en la izquierda [el dolor de la renuncia]. No era un usual, y aunque el punto de vista de la narración muestra
tonto, pensó, simplemente amaba a su mujer.” (28); la perspectiva de ambos, aquí el sometido es el marido:
“Después de mucho revolver el cajón de las naranjas “Y él se fue, como un adolescente que se escapa de su
decidió que sí iría” (15); “Se pasó la semana cavilando casa para ir a descubrir el mundo. No obstante, la llamó
entre bultos de papa” (21); “Antes de quitar la dura al llegar, y a mañana y noche durante los días siguientes.
cáscara [de las granadillas] recorrí con ellas mi piel Sentía del otro lado la voz tenue de Mili, de dolor fal-
[…] Leí su carta y lo imaginé en cada pepita” (24); samente guardado, pero se hacía el desentendido” (33).
“Santiago pensó en gritarle que se ocupara de ella y Y lo mismo sucede con “La ley de Josefina”, en
dejara a los demás en paz, pero lo detuvieron sus ojos, donde la víctima es el personaje masculino, aunque el
lucecitas moribundas” (20). final sorprende positivamente al lector y lo deja con un
“Dedo meñique” es también un buen cuento. sabor agridulce, debatiéndose entre la complicidad y la
Breve, bien llevado, maneja el tema con ironía. Ese censura. La autora se adentra en los sentimientos hu-
matiz del humor inteligente aparece en todo el libro. manos y en sus contradicciones, y muestra con hechos,
Los personajes, una pareja cuyo matrimonio lleva va- sin escandalizarse, la crueldad, el egoísmo, las traicio-
rios años de vida en común, son felices a su manera: nes, los afectos que se debaten entre el amor y el odio,
“Contrario a lo que todo el mundo pensaba, eran una o mejor, que son odio y amor juntos, ni más faltaba:
pareja feliz. Él se había ajustado a los gustos de Mili Han pasado dos horas o más pero mi luz sigue encendida. Oigo
casi sin esfuerzo y, a cambio, ella lo cuidaba como su dos leves golpes en la puerta y abro. Eres tú. Cierras. Debajo de
la levantadora no hay nada. Me tomas la mano y la llevas hacia
tesoro más preciado” (29).
tus pechos. Tu cuerpo sigue siendo hermoso, pienso, mientras
Aunque el tópico es usual, se diferencia del común me dices que es increíble cómo pasa el tiempo. La bata se des-
en la forma como muestra las sutilezas de la vida en liza hacia el piso. Dos nuevos golpes se escuchan en la puerta
pareja, la manipulación mediante la culpa y la forma […] Me levanto y abro. Es tu hija menor. Eres tú. Debajo de la
levantadora no hay nada. Mi mano acaricia sus senos y luego su
como se posponen los conflictos en aras de una buena vientre. No quiero hacerte daño, me digo, pero la verdad es que
convivencia. Preferible evitarlos, no importa que en el no puedo evitar el disfrute de saber que observas desde detrás de
camino se comprometan la libertad; los viejos ideales, la puerta. (45-46)

que van quedando en la trastienda; o incluso, hasta Esos sentimientos ocultos, tan ocultos y encon-
lo más banal, la diversión con los amigos. El lector ve trados que ni siquiera quien los experimenta es capaz
retratada la realidad allí y sonríe condescendiente. Bien de confesárselos, es el tema central de “Los viudos flo-
sea por experiencia propia, o por la ajena, reconoce ese recen”. Desde el título, cuya deliciosa ironía promete y
empeño a ultranza de las parejas por ser dichosas aun a cumple lo que el relato ofrece, nuevamente se muestran
costa de sí mismos. Insisten en ello porque no pueden los dilemas de la relación de pareja, y de la homose-
o no quieren admitir el error, porque necesitan respon- xualidad. Una manifestación del amor, tan válida como
der al paradigma de que “se casaron y vivieron felices cualquier otra, pero difícil de asumir en una sociedad
para siempre”. Y si algo falla, se inculpan en lugar de como la nuestra. Es grato encontrar el manejo respetuo-
admitir lo más lógico, que a la hora de elegir pareja, se so del tema y la forma en que se adentra en la angustia
equivocaron. La línea es tan delgada entre lo uno y lo y en las contradicciones que sufre el protagonista. Los
otro, que es difícil discernir la verdad. indicios se suceden como líneas finas, las palabras re-
Precisamente, el título alude a la manipulación curren a toda la delicadeza de que son capaces y van
mediante la culpa, ese instrumento prodigioso ense- llevando al lector al necesario desenlace:
ñado por la religión católica y tan útil a la hora de - “[…] con la tristeza reposada de una noche” (47).
doblegar voluntades y someter al otro: “En medio del - “después de mucho hacer el amor, comprendieron
dolor, Mili sintió la más grande de las dichas. Sabía que que la gracia de su relación estaba en otra cosa” (47).
no harían falta palabras. La presencia del dedo ausente - “para Lucy era señal de ese dolor que tantas veces
bastaría, por los siglos de los siglos, para que el camino había percibido en él y en cuyas razones un día
jamás volviera a torcerse” (34). decidió no indagar más” (48).

132 Ir a contenido >>


- “Después de unas dos horas, marido y mujer se fue- perfilando a lo largo de todo el texto: con rasgos preci-
ron camino a casa con sus dolores respectivos” (48). sos, las historias delinean las situaciones, los pequeños
- “Ella se sentía tranquila, aun en medio del ago- gestos cotidianos, las disyuntivas y los sentimientos de
tamiento, aun viendo la angustia en el rostro de los personajes. Y si bien no todos los cuentos de este li-
Samuel, mientras una vieja idea que albergaba sin bro se resuelven felizmente, hecho el inventario, puede
resentimiento empezaba a volverse nítida en su afirmarse sin dudar que vale la pena leerlo. Es siempre
cabeza” (49). motivo de alegría descubrir a una escritora que sabe
El libro cierra con el cuento que dio lugar a su tí- de las sutilezas del lenguaje y recurre al humor para
tulo: “La salida está cerrada”. Como la mayoría, también expresar los más hondos y cotidianos sentimientos de
se centra en el tema de las relaciones de pareja, sus los hombres; a fin de cuentas, es de estos asuntos que
cercanías y desencuentros. Va y viene en el tiempo, os- se ocupa la literatura.
cila entre el presente que ocupa a la protagonista y su
pasado: “La noche pasa lenta. La música ya no suena. Emma Lucía Ardila (Colombia)
Mi espalda descansa sobre el pecho de mi tristeza más
triste. Lo que empezó como un encuentro lleno de pa-
labras e historias se ha ido convirtiendo en un silencio
plagado de memoria” (75).
Mientras los personajes dialogan, entre las frases se
abre el silencio. La narradora en primera persona apro-
vecha estas pequeñas grietas para contarnos su vida,
sus motivaciones, sus dudas. Este contraste ilustra muy
bien el camino que media entre la intención y el acto.
Es como si nos situara entre ambos, en lo difícil e irre-
soluto que puede volverse hasta el más mínimo gesto:
“Cree que es seductor. Y lo es, pero no por mérito propio
sino porque tengo gustos raros. No tiene tanta panza,
debo aceptarlo. Se me acerca y la noche del beso de hace
veinticuatro años irrumpe en la habitación. Me alejo,
como entonces, pero no por miedo, sino por simple ca-
pricho, para hacerle creer que no lo quiero besar” (74).
Todo es inútil, cualquier explicación se queda cor-
ta para aclarar las motivaciones, por eso, al final, el
personaje concluye: “El aeropuerto está un poco más
despejado. Vuelvo a pensar en esos remotos parajes
de África, pero termino por registrarme con destino a
Medellín. Qué caso tiene, si por más vueltas que dé,
siempre llegaré al mismo punto” (75).
El tema del viaje ilustra el recorrido por la vida.
Los intentos de huida o de cambio, y en suma, la defi-
nición de la ruta que ha de tomar el destino personal se
sintetiza muy bien en esta historia en donde, contrario
a lo que anuncia el título, el regreso no es un cierre
sino una apertura. El personaje llega a la conclusión
mejor: inútil correr por todas partes cuando de lo que
se trata es de arriesgarse a una travesía íntima y per-
sonal para enfrentar los demonios, porque, al fin de
cuentas, ellos viajan con uno.
La mención de este último tema y la forma de tra-
tarlo es importante porque ilustra el estilo que se va

Ir a contenido >> revista UNIVERSIDAD 133


DE ANTIOQUIA
pocos que alcanzan a huir, entre ellos Le Moyne, dejan
todas sus pertenencias a la custodia católica invasora.
El tríptico de Pablo Montoya Se trata de una experiencia de viaje que marcaría la
vida de un personaje que ha despertado interés en la
historia del arte solo hasta bien entrado el siglo xx, y
cuyas ilustraciones sobre el Nuevo Mundo, reelaboradas
mientras se dedicaba a dibujar flores y plantas para
aristócratas ingleses, contribuirían a construir el
imaginario conocido como la leyenda negra y blanca de
la colonización española.
Con este libro, Montoya reafirma su gusto por la
ficción histórica. Desde La sed del ojo (Eafit, 2004), el
motivo histórico ha sido el móvil de sus novelas. Su pri-
mera novela se enmarca en el contexto de la Francia del
Segundo Imperio en los inicios de la fotografía erótica;
Lejos de Roma (Alfaguara, 2007; Sílaba, 2014), por su
parte, aborda el exilio de Ovidio en la ciudad egipcia
de Tamos; Los derrotados (Sílaba, 2012) reflexiona so-
Tríptico de la infamia bre la vida de Francisco José de Caldas y los dilemas
Pablo Montoya entre ciencia y política; Adiós a los próceres (Random
Random House House, 2010) hace eco de la historia oculta de criollos
Bogotá, 2014 elevados a próceres, creando la atmósfera de una dia-
300 p. triba dieciochesca a la manera de Voltaire. Sus libros
mezclan detalles históricos, producto de investigaciones

J
acques Le Moyne es el primero de los tres rigurosas, con licencias creativas que se permite el autor
artistas retratados en el más reciente libro de al indagar por la sensibilidad que caracteriza a los per-
Pablo Montoya, Tríptico de la infamia. Le Moyne sonajes, más que por las circunstancias precisas que lo
acompaña la expedición francesa de Jean Ribault y René rodean. Sobre Jacques Le Moyne, por ejemplo, existen
Laudonniére en su fracasado intento por colonizar lo que muy pocos detalles históricos confiables sobre su vida
hoy conocemos como La Florida, sur de Estados Unidos. personal, lo cual no es impedimento para narrar la vida
Es muy probable que el motivo de su viaje haya sido su de un hombre seducido por las extrañas pinturas en el
trabajo como cartógrafo en la corte de Carlos IX en vez cuerpo de los indígenas, que recuerda la voz de su sabio
de su oficio de ilustrador. Sus ilustraciones son, en todo maestro cartógrafo, observa con reservas la administra-
caso, una de las primeras representaciones occidentales ción de Laudonniére, y tiene un amorío fugaz con una
de los habitantes americanos antes de la llegada de los mucama de la expedición. Sin embargo, la ficción en
europeos. Los ropajes, la arquitectura y las actitudes de las novelas de Montoya no tiene la función de hacer
los indígenas dibujados por Le Moyne denotan rastros más atractivo el acontecimiento o de destacar los rasgos
de civilización, así como rituales y sistemas sociales “humanos” del héroe histórico. Al interrogar el detalle
de enigmática complejidad. Sus trazos insinúan una histórico mediante la ficción, el autor pretende mejor
relación más amistosa entre colonizadores y residentes, rastrear lo oculto, cuestionar la historia oficial, poner
que deja en evidencia la riqueza del encuentro entre en sospecha la interpretación recurrente y hacer cruces
culturas, en un momento en el cual se discutía incluso con el presente para encontrar continuidades. Este libro
si los de aquí podían considerarse humanos. Bajo el podría clasificarse dentro de la denominada novela his-
liderazgo de Pedro Menéndez de Áviles, nombrado tórica, de la cual el escritor es un reconocido investiga-
por Felipe II capitán general de la flota de Indias, los dor universitario (Novela histórica en Colombia: entre la
corsarios españoles invaden Puerto Caroline y asesinan pompa y el fracaso, Editorial Universidad de Antioquia,
cerca de 300 habitantes de la ciudad regentada por 2009), pero no en el sentido de servirse del pasado como
Laudonniére —en su mayoría protestantes franceses un recurso para la invención, sino en su interés por pro-
que emigraron en busca de un nuevo paraíso—. Los blematizar al relato histórico y descubrir, mediante su

134 Ir a contenido >>


ejercicio narrativo, la matriz de fenómenos del presente, como dispositivo para la imaginación, tanto la pintura
sin sacrificar con ello su intención de una aproximación como la fotografía, es uno de sus temas recurrentes: está
sensible al pasado, propia del trabajo literario. en el centro de su primera novela, ronda las imágenes
El artista al cual dedica la segunda parte de la no- evocadas en Lejos de Roma, y se desarrolla en su co-
vela es Françoise Dobois. La única obra conservada de lección de postales de pinturas en prosa poética en su
Dobois es Le Massacre de la Saint-Barthélemy donde el libro Trazos (Editorial Universidad de Antioquia, 2008).
pintor retrata la matanza cometida por los católicos con- A través de las palabras en sus perfiles no solo describe
tra sus conciudadanos protestantes en París en medio de hechos y acciones sino, sobre todo, dibuja sensaciones
las guerras de religión del siglo xvi. Allí puede verse a y da trazos de las actitudes y pensamientos. Frente a
Catalina de Médicis, madre de Carlos IX y probable auto- los relatos de Montoya estamos como frente a una obra
ra intelectual de la violenta empresa, inspeccionando los pictórica; por supuesto, si la metáfora es válida, estamos
muertos a las puertas del Louvre. Se alude al asesinato frente a una pintura contemporánea. No es el fresco cos-
del mariscal Gaspar de Coligni, defenestrado; Coligni era tumbrista o la representación épica de una escena. La
líder del partido de los hugonotes, con quienes pocos técnica de mosaico, familiar en sus relatos, es aplicada
días antes se había llegado a una paz transitoria. Un para brindar diferentes facetas del personaje y abordar
extraño animal enjaulado se encuentra en la parte supe- sus diferentes dimensiones. Vemos transitar entonces la
rior derecha del cuadro. La mujer desnuda, debajo de dos tercera persona en el primer capítulo, a la manera ha-
hombres colgados, deja ver al parecer un hijo que sale bitual de la novela histórica, a la primera persona en
de su vientre. Se adivina la angustia en las mujeres y este segundo; también aparece el narrador protagonis-
hombres arrodillados implorando piedad a hombres con ta, quien mira de afuera con una intelección propia del
lanzas en las manos, quienes parecen sordos a los rue- narrador omnisciente, y el narrador indeciso y vacilante
gos. Un promedio de 100 personajes en el horror de una preso de lo inmediato. El mismo escritor se ficcionaliza
escena entre 155 cm de largo y 94 cm de ancho. Narrado al mencionar sus vicisitudes en la investigación de la no-
en su mayoría en primera persona, en este capítulo se vela. La textura de la obra la da precisamente ese juego
percibe la voz de un artista ya maduro que se negaba a de perspectivas, además de la inclinación hacia el estilo
considerar como tema de su pintura la coyuntura actual poético en la descripción de las escenas, en el cual se
o servirse de la pintura como materia de denuncia, aun- prefiere insinuaciones a definiciones concretas.
que se le muestra conocedor del trabajo de Le Moyne, e Theodor de Bry es el último de los tres artistas
intrigado por los acontecimientos ocurridos a sus her- narrados en la obra. De Bry es conocido por las edi-
manos protestantes al otro lado del Atlántico. Muertos ciones de la serie los Grandes viajes, en la que publi-
su hijo y esposa, en el exilio, y con el patrocinio de un ca relatos sobre viajeros europeos en las nuevas tierras
banquero protestante de Lyon, pinta una representación americanas. Sus libros se destacan por la tipografía, por
para conmemorar la masacre. El narrador habla entonces la calidad de sus grabados e ilustraciones, lo cual revela
de su afición a los gatos y de la sensibilidad particular una particular perfección en las nuevas técnicas de im-
que le despiertan. De su amor por Ysabeu, quien muere presión, y por su popularidad, al convertirse en una de
en la trágica escena junto a su hijo. Del París que con- las principales fuentes de la leyenda negra y blanca de
densa el mundo y luego se ve desfigurado. la conquista española. Sus ilustraciones de la traducción
A la manera de la clásica novela histórica, el autor del libro de Bartolomé de las Casas Brevísima relación de
recrea una personalidad y revive un momento a partir de la destrucción de las Indias, publicada en latín, inglés,
la indagación de una obra pictórica; ve en los intersticios francés y alemán en Frankfort, su principal centro de
de un cuadro y reconstruye la manera de representar al impresión después de haber pasado una temporada en
imaginar lo que no está dicho, lo que está apenas suge- Lieja, su lugar natal, y en Londres, donde al parecer
rido por las figuras y el detalle. Como lo hiciera Víctor aprendió algunas técnicas, pusieron en evidencia el tra-
Hugo con la catedral de París, Montoya habla del contex- tamiento cruel de los conquistadores y su codiciosa con-
to europeo durante el periodo de la conquista española dición con los indígenas condenados al martirio de sus
a partir de la reconstrucción de una pintura, único testi- hostiles visitantes. El encuentro con Jacques Le Moyne
monio de una personalidad y de la barbarie de una épo- en Inglaterra pareció ser definitivo para despertar su
ca. Esta relación entre imagen y texto ha sido otra de las interés por las injusticias cometidas en un nuevo mun-
constantes del trabajo literario de Montoya. La imagen do, que le provocaba misterios y ensoñaciones como a

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DE ANTIOQUIA
muchos de sus contemporáneos. El enigma rodeaba a
este personaje interesado por temas ocultos y esotéri-
cos, que publica las obras de Hans Staden, en las que La casa en el barrio
cuenta sus penurias al ser apresado por una tribu indí-
gena, o realiza veintitrés grabados sobre las acuarelas de
John Wayne, cuya luz deja ver a los indígenas como si
estuvieran en “un respetable parlamento de las islas bri-
tánicas”. Sus dos hijos continúan una tradición que he-
reda de su abuelo pero que perfecciona en un recorrido
por talleres de la época. Los libros editados por De Bry
fueron usados por ingleses y franceses para justificar su
plan colonizador y la rivalidad con los españoles en las
guerras de ultramar de los siglos xvi y xvii.
Fiel a sus técnicas narrativas, Montoya nos brinda
en algo más de 300 páginas, dividida en tres relatos con
sus diferencias y particularidades técnicas, una obra eru-
dita y madura que reflexiona sobre el otro imaginario de
la conquista en la Europa renacentista del siglo xvi. Lleno
de guiños al lector curioso y erudito, que no obstaculiza
el tránsito a quienes desean sumergirse en una historia
entretenida, esta obra es ante todo una meditación sobre
la memoria, sobre la imposibilidad de olvidar, de dejar la La casa en el barrio
barbarie atrás. El tema que articula a sus pintores es el Emperatriz Muñoz P.
enunciado en su título: la infamia. Un retrato de la infa- Universidad de Antioquia
mia que de manera irónica pero no menos cruel fue usado Medellín, 2013
para cometer otras infamias. Los tres, además, rodearon 198 p.
a la infamia y estuvieron cerca. La infamia no se puede

E
borrar, tampoco se puede decir que jamás existió, o que sta primera novela de la autora, cercana a las
simplemente la podemos dejar en suspenso. Frente a la doscientas páginas, recrea la vida de una familia
tragedia, lo único que nos queda es resignificarla; de allí en un barrio pobre de Medellín, entre la década
el papel del artista, del escritor. Así pues, medita sobre de los setenta y los ochenta, cuando la ciudad todavía
la tragedia y sobre la condición humana cuando se con- no enfrentaba las violencias que hoy padece y aún era
vierte en algo innombrable. Como en sus demás trabajos, posible una convivencia tranquila con los vecinos sin
se destaca la claridad junto a la riqueza de la expresión. necesidad de refugiarse en unidades cerradas. Y aunque
El escritor configura un tejido que deja oír la voz de una estas problemáticas sociales se tocan de soslayo, pues
literatura de autor que ha ganado una reputación im- de ellas solo se hace una breve mención en la novela,
portante en las letras del país. En este trabajo, Montoya el telón de fondo sí está presente en todo momento:
confirma su obsesión por la técnica de la novela histórica la vida del barrio, la pobreza de sus protagonistas, el
y explora de nuevo sus ricas posibilidades: “Creo que todo origen campesino de los padres con sus costumbres
intento de reproducir lo pasado está de antemano conde- profundamente arraigadas en las creencias religiosas y
nado al fracaso porque solo nos encargamos de plasmar en una ética que representa el valor por excelencia, el
vestigios, de iluminar sombras, de armar pedazos de vi- bien más preciado, a pesar de las carencias económicas:
das y muertes que ya fueron y cuya esencia es inasible. El tiempo de Efraín y Estella era ese en el que solo el valor impor-
La belleza, y siempre he ido tras ella, así sea terrible y taba. Valor para demostrar que se podía, con poco, hacer mucho;
para eso estaba la intención, el deseo, y se disponía del esfuerzo
asquerosa, así sea nefasta y condenable, así sea desmora-
físico como garantía para ser útil en la vida. […] El resto lo apor-
lizadora y desvergonzada, no es más que un conjunto de taba la educación en la casa, la verdadera, como decía Efraín, en
fragmentos dispersos en telas, en letras, en piedras, en la que el respeto, los buenos modales, la dignidad y el proceder
sonidos que tratamos de configurar en vano” (278). cristiano elevaban al hombre por encima de sus limitaciones ma-
teriales (Muñoz, 2013: 8).
Sergio Pérez (Colombia)

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Toda la historia transcurre en solo una semana. Su entender la importancia que tiene la vivienda —que ya
estructura es circular, empieza un sábado y retorna a no habitan porque recibieron una herencia inesperada
ese mismo día para cerrarla. Sin embargo, las continuas y lograron un ascenso social y económico importan-
analepsis, que van centrando la mirada en cada uno de te—. Por eso, para no olvidar el origen, para saber lo
los personajes —la mayoría de ellos femeninos—, per- que los antecedió, está el testimonio del padre.
miten al final de la novela tener una historia completa La historia va tomando forma a través de las pala-
de la vida de “los Restrepo”. bras de Efraín. Sus escritos inician cuando tiene lugar
La temática gira siempre en torno a la importancia el desfalco que pone en entredicho el nombre de la fa-
de la casa familiar. Alrededor de este tópico, y de la milia y la crisis económica provocada por su alcoholis-
intención de legarla, se aglutinan y suceden todos los mo. Leila, la menor de las hermanas, es quien lee estos
acontecimientos. No solo se trata, por supuesto, de la recuerdos en contra del deseo del resto:
posesión material de un bien, sino del valor simbólico
Y a Leila estas notas de Efraín le parecieron hermosas. Casi me
que significa tenerlo. En este sentido, el lugar donde se pongo a llorar, le dijo a Estella cuando terminó de leerlas. Pero
habita pasa a ser una extensión del cuerpo para cada Leila las leyó primero sola, escondida en un rincón de la casa y
uno de los miembros del clan, pivote en el que giran sin hacer muchos comentarios porque ninguna de sus hermanas,
ni Estella, querían saber lo que decían. Eso duele mucho, mija,
sus recuerdos, dudas y decisiones. De ahí su título La le decía Estella, los malos momentos hay que dejarlos atrás. (10)
casa en el barrio y la pregunta que atraviesa todo el
libro: ¿qué hacer con ella?, ¿qué significa su legado? Al Gracias a estas notas la novela logra transmitir la
final, la respuesta es clara: “La casita estaba llena de emoción y el enorme significado que constituyó la con-
significado, pero para ellas no era más que un símbolo secución de la casa. Y dan cuenta, además, de la lucha
que se consumía, rodeada de edificios que la hacían ver que supone alcanzar este sueño para la mayoría de la
más pequeña y sentir más fría. Sí, era un vestido viejo gente en una sociedad como la nuestra:
que había agotado su brillo” (150). El domingo revisamos el periódico, como todos los domingos des-
Para cumplir su propósito, la novela recurre, en de que llené esa solicitud. Era un aviso grande, lleno de núme-
primer lugar, a una introducción cuyo tono bíblico es ros chiquitos. Mirábamos a quién le habían asignado casa y ahí
estaba mi número de cédula. El que la vio fue Rubén. Ganamos,
llamativo, porque alude a una pareja primigenia cuya papá, ganamos, dijo. Y como yo no creía, me lo señaló. Estella
tarea consiste en poblar la tierra: “En el principio fue- se puso a llorar y me abrazó. Yo también la abracé. Ahora sí nos
ron Efraín y Estella” (7). Esta impresión se confirma en vamos, me dijo. Solo queda esperar a que la empresa sí me preste
la plata. (179)
la forma como empieza el segundo párrafo, que además
alude al Éxodo antes de la fundación: Otro recurso importante, que ya se mencionó, es el
de la analepsis. En general, toda la novela oscila entre
Multiplicados en su descendencia, Efraín y Estella caminaron por
las calles y parques de Medellín. Habitaron los espacios de otros,
el presente y el pasado, pero se hace más notorio en el
menudeando, de sus escasos ingresos, los arriendos de media do- momento de la visita a la antigua casa. Este retorno,
cena de casas: primero fue en el barrio La América, después en que no es más que un viaje de reconocimiento, sirve
Manrique, más adelante en Castilla, en El Obrero, en San Javier y,
como preludio a la definitiva, la que fuera llamada años más tarde
para que finalmente todos entiendan el valor simbólico
la casa del morro, el retorno vergonzoso a sus hogares paternos del lugar: no solo fue la oportunidad de vivir juntos,
en el barrio La Floresta, cada uno por su lado, separado Efraín de tener un refugio permanente y seguro, sino que es,
de Estella y de sus cinco hijos, quienes por un tiempo vivieron,
arrimados, en casas ajenas. (7)
sobre todo, identidad, unión, reconocimiento y memo-
ria. En suma, “riqueza”. Poseer este bien les evita la
Otro recurso narrativo importante son los apuntes desintegración del núcleo familiar y les da la certeza de
del padre, Efraín, quizás el único personaje masculino que, al fin, hay posibilidades de progreso económico.
con algún relieve, porque Rubén, el hijo hombre, apa- Durante el trayecto en taxi primero, y en bus
rece solo por ratos y en general solo para apuntalar las después, y a través de la mirada y los comentarios de
decisiones ya tomadas por las mujeres. Estas notas se los hermanos, aparece la ciudad en retrospectiva, el
intercalan antes del inicio de algunos capítulos, y aun- barrio, los vecinos y la vida de cada uno de ellos, los
que su orden es más bien aleatorio, cumplen una fun- hijos de Efraín y Estella. Sus historias, sus amores, sus
ción muy importante dentro de la novela: constituyen miedos, la enfermedad y la muerte. Como ya se ano-
un punto de vista distinto al del clan femenino y es la tó, la novela es circular, por eso el retorno es doble-
voz del pasado, la que ayuda a recuperar la historia y a mente simbólico, tanto desde la forma como desde los

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DE ANTIOQUIA
acontecimientos. Cuando se traza el círculo, cuando —hija natural de Julia—, es la rebelde; tiene actitu-
vuelven al viejo barrio en donde está la casa del mo- des de adolescente, es crítica y lucha por diferenciarse
rro, en realidad están recuperando el pasado para saber del clan; Rubén es el mutismo, una especie de satélite
cómo enfrentar el presente. que acompaña a las hermanas en las decisiones im-
De ahí, posiblemente, la intención de la autora, portantes, pero que vive aparte, aunque siempre es
cuando en la introducción inicia con el tono bíblico: “En solidario con la familia:
el principio fueron Efraín y Estella. Y de ellos nacieron:
El jueves, las hermanas Restrepo tiritaban de frío, aunque estu-
Rubén, Amelia, Julia, Sara y por último Leila. Más allá, vieran muy juntas en la cama. Amelia y Leila ocupaban la parte
con el tiempo, nacieron los nietos: Luisa, hija de Julia, de arriba, Julia y Sara la parte de abajo; todas recogidas como
y después de ella los mellizos, hijos de Rubén, que más ovillos de lana. Aunque cada una tenía su cobija, parecían estar
arropadas con el mismo recuerdo. […] Las hermanas Restrepo
parecían solo los hijos de Ana, su esposa” (7). Porque, tenían frío. El hielo se había apoderado de sus huesos, de esos
así como un pueblo se funda en una tierra largamente que no se ven, que sostienen el esqueleto del espíritu, dijo Leila.
buscada, de la misma manera, después del éxodo, esta El frío les quedó, según ella, de la visita que hicieron a la casa del
morro el día anterior. (141-142)
familia funda su vida y su identidad en la casa.
Dentro del clan sobresalen las hermanas, quienes, La trama no es intensa, la sostienen la pregunta
a pesar de sus pequeñas diferencias, están unidas de de qué harán finalmente con la casa del morro y las
manera incondicional, actúan en bloque y se apoyan pequeñas historias de los personajes. Cuando deciden
unas a otras para sobrevivir. En el pasado, aparecen en dársela a Luisa, dudan. No saben cómo va a reaccionar.
compañía de la madre, que poco se diferencia de ellas, La verdadera hondura se logra cuando ocurre el reco-
a no ser por sus consejos y por la relación con el padre nocimiento grupal de la historia familiar, que confluye
y con la hermana, Greta, de quien se deja manipular. con la nota final de Efraín, cuando logra conseguir, al
Este personaje, que al final se diluye, tiene importancia fin, la casa. Este acontecimiento permite la transforma-
porque gracias a sus contactos el padre logra colocarse ción de los personajes:
y, con su herencia, la familia logra el ascenso social y
El objetivo de Leila al llevarlas se había cumplido: las Restrepo re-
económico. Esta tía es generosa, su apoyo es incon- conocieron, sin divulgarlo, que aquella casita no existía más que
dicional, pero también es causa de molestia para los en sus recuerdos, en la nostalgia de los años en que ellas la habi-
hijos por sus constantes críticas e intromisiones en los taron. Ahora solo quedaba lo que en verdad era: un espacio para
ser ocupado, para llenarse con otros sonidos, otros pasos, otras
asuntos familiares: vivencias… Pero, ¿sería Luisa la indicada para hacerlo? (150)

Un castigo —decía Amelia—; ella lo castigó por el error y le daba


miedo que, al ayudarle, él volviera a hacer cosas mal hechas.
Un ciclo de vida se cierra y otro se abre. Luisa es la
Pero, ¿y eso qué tenía que ver con ella?, preguntó Leila. Culpa, nueva generación. Es ella quien recibe el legado y debe,
afirmó Estella, ya sin asombro. Eso de la culpa de Greta lo sabía a su vez, decidir qué hacer con él. Finalmente, ella se
muy bien, otras veces lo había discutido con ella: No cargués con
eso, Greta, no es tu culpa; fui yo quien lo aceptó. (158)
integra al clan, deja de luchar por diferenciarse y se
funde en la argamasa que, ladrillo a ladrillo, conforma
Ella es el personaje más ambiguo de todos, y con La Casa. La vida recomienza en Luisa, como una prome-
más potencial, si su presencia hubiera tenido más re- sa, apuntalada por las tías:
lieve en la novela, porque el protagonismo se lo roban
Le dijeron que no era lo mismo, que la casa en ellas había cumpli-
las hermanas. Difícil diferenciarlas, viven juntas, se do su tiempo, que solo la vivirían en sus recuerdos, pero que ella,
mueven casi al unísono, piensan como si se tratara Luisa, podría hacer lo que quisiera.
de un solo cuerpo y de una sola mente, con diferen- —¿Y qué es lo que querés? —le preguntó Andrés.
Luisa se levantó de su rincón y abrió la puerta de la entrada
tes matices, es cierto, pero muy estereotipadas. Igual […] Se paró en la calle y miró desde afuera la casa:
pasa con Rubén. Cada uno es solo un rasgo con el —Esta es la casa de Efraín y Estella, de mi mamá, de mis tías
que responde frente a todas las situaciones de for- y de Rubén, y… —se quedó callada un instante, para al fin de-
cir—: También es mía. ¿Ves?, si la vendiera podría ser la casa de
ma previsible: Amelia es la que sabe de negocios y otro con su familia, pero dejaría de ser la nuestra.
está empeñada en logros económicos; Julia prefiere Y repitió “nuestra” como si hubiera descubierto una palabra,
la casa y se ocupa de los quehaceres diarios; Sara es como si se hubiera descubierto en ella:
—Nuestra, nuestra… —y entonces regresó al lado de Andrés
profundamente religiosa, tímida, introvertida; Leila
y lo abrazó—. Soy del clan, una Restrepo como ellas, llevo sus
es la líder, la que soluciona, se entromete, pregunta, apellidos como si fuera una hermana más […] (195-196)
convoca y dice lo que el resto calla; Luisa, la sobrina

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En realidad, la casa es aquí el personaje central.
A la manera de un pueblo, en donde el conjunto de
los habitantes y de sus miradas conforman una unidad
llena de fuerza y de sentido, “el clan Restrepo” la con-
vierte en protagonista. Allí es donde habita la familia,
allí se encierran los recuerdos, las vivencias y la carga
simbólica que posee. No es un objeto inamovible, es un
ente que se transforma por la manera como es percibi-
do y por las emociones contradictorias que despierta
y que a su vez transforma a los personajes y les dicta
el derrotero de sus vidas. La casa no es la casa, es una
totalidad: es el legado, es memoria ancestral.

Emma Lucía Ardila (Colombia)

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2014
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