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La cara nefasta de Nietzsche

No es cosa difícil hoy ensalzar a Nietzsche. Observamos por doquier, en el mundo académico e
intelectual, un resurgimiento de esta figura. En efecto, Nietzsche está de moda. Todo aquel aspirante a
filósofo que no hable de Nietzsche -y/o Heidegger- es hoy un "anticuado filosófico", un "anacrónico", etc.
La situación se presenta como si de pronto abundaran los famosos "espíritus libres" a los cuales estaba
dirigida su obra, aquellos "lectores predeterminados"; con lo cual surge una especie de aire de secta, de
"elegidos" nietzscheanos.

A la tendencia a dejarse llevar por esta realidad (de la moda nietzscheana) se suma otro factor; uno más
relacionado con las características propias de la obra de Nietzsche. Sucede que los escritos de éste, con
singular maestría, logran algo muy difícil y que ha sido típico de los clásicos de la Historia de la Filosofía: la
coherencia entre la forma y el contenido. Nietzsche habla de Voluntad de Poder con Voluntad de Poder;
del espíritu dionisiaco, con espíritu dionisiaco. O sea, lo que dice en sus obras está en completa
concordancia con la manera en que lo dice, o viceversa. Inmerso en esa coherencia, la fuerza y la pasión de
los escritos de Nietzsche embriagan al lector; actúan (estos escritos) como corriente rápida, río feroz que
arrastra al lector, lo imbuye. En la embriaguez es común fundirse con el objeto de embriaguez, adherirse a
él. Y de lo que se está adherido, fundido es difícil distanciarse, simplemente se mira desde su punto de vista.
No es de sorprender, pues, que esta embriagada adhesión sea totalmente acrítica.

Por si fuera poco, Nietzsche es presentado como el héroe filosófico, como el mártir olvidado y maltratado
por la tradición marxista, y tal vez como la alternativa a esa tradición. Esto le da también, a los
contemporáneos seguidores de Nietzsche, un toque de misioneros, una apariencia de cruzados. ¡Toda una
secta: los libertadores del individuo, del corazón humano! Esta visión romántica no puede hacer otra cosa
más que sublimar e idealizar a Nietzsche, opacando y enmascarando todos sus defectos, simplemente no
viéndolos, exacerbando e hipertrofiando todos sus méritos.

Se necesita, pues, una contrapartida, una resistencia a todo esto, y eso es lo que me propongo aquí. Por
supuesto, Nietzsche no es el súmmum de la filosofía, algo así como el remate perfecto de ella. Podemos
apreciar un lado nefasto en su filosofía, algunos defectos que, dicho sea de paso, no son nada casuales1.

Nietzsche no es, a pesar de toda apariencia2, un pensador aislado que desde la cima de una montaña
apartada rechaza su época. Él es, después de todo, una expresión más de su época, una reacción en el plano
filosófico a esa época. Ahora bien, también Marx es una reacción filosófica a su época, a su circunstancia; y
la misma precisamente a la que reacciona Nietzsche: el afianzamiento del capitalismo en Alemania. Pero
estas dos reacciones ante la misma situación son diametralmente diferentes, por no decir opuestas.
Menciono esto porque otra forma de manifestarse la "moda nietzscheana" consiste en conciliar a Nietzsche
con Marx. Hablo, desde luego, del espíritu legado por la curiosa idea de "los maestros de la sospecha"
sugerida por Paul Ricoeur3. Tal conciliación es, si bien no imposible, al menos bien difícil y cargada de

1
Para la mejor comprensión de esto, sugiero la lectura del libro de George Lukacs La Crisis de la Filosofía Burguesa.
Allí, Lukacs, demuestra como los rasgos distintivos de esta filosofía (irracionalismo, individualismo, elitismo, etc.) son
resultado de la estructura de la objetividad correspondiente a ese período histórico, que atañe a lo que él denominó
“segunda etapa de la crisis de la filosofía burguesa”.
2
"[para entender sus escritos, dice Nietzsche:] Hay que estar acostumbrado a vivir en las montañas y ver a nuestros pies
la miserable locuacidad política y el egoísmo de los pueblos que la época desarrolla. Hay que hacerse indiferente...".
Esto es en el prólogo de El Anticristo (que aparecerá referenciado más adelante).
3
Tal idea es hoy motivación para muchas investigaciones y esfuerzos teóricos, como muestra de ello está el proyecto de
tesis de mi querido colega Gabriel Torres Beregovenko. Dicho sea de paso que el propio Ricoeur no hizo mucho por
conciliar a Freud, Nietzche y Marx, sólo destacó un punto común entre sus respectivas formas de hacer teoría: el
dificultades. El problema fundamental, principal obstáculo en esta conciliación, es la cuestión del Sujeto. Y
no es tampoco casual que sea precisamente la cuestión del Sujeto el fundamento y origen del lado nefasto de
Nietzsche que aquí quiero iluminar.

Sin embargo, antes de comenzar a tratar esa cuestión, es importante precisar de qué "Sujeto" estoy
hablando. Pues éste es un término que se las trae: Sujeto... Puede bien pensarse que estoy hablando del
famoso "sujeto cognoscente"4; pero no es así. A Nietzsche en realidad le no le importa el sujeto
cognoscente, cuando habla de él sólo lo hace para negarlo o bien como rodeo para caer en el sujeto de
poder5. Y a ese sujeto es precisamente al que me refiero: al sujeto que controla, que domina y produce la
realidad; el sujeto que mueve la historia, es decir, el Sujeto -con mayúscula-. En Marx el Sujeto vigente es el
Capital y el Sujeto de la revolución es el proletariado, en el Medio Evo era Dios, en la modernidad el Sujeto
por excelencia es la Razón; en Nietzsche el Sujeto se presenta, en un primer momento, con el concepto
"Voluntad de Poder".

¿Qué es en el fondo la Voluntad de Poder? Diría el propio Nietzsche que es instinto de crecimiento, de
imposición, "la valentía brutal en lo espiritual", la predilección por el acumulamiento de la fuerza
fisiológica, de carácter y de espíritu, etc. Sin embargo, me atrevo a afirmar que es una traspasación, al plano
humano, de los conceptos de selección natural y selección sexual de Darwin. Muchos se oponen a esta idea
e intentan salvar a Nietzsche del biologismo y naturalismo social; pero si tomamos en consideración el
asunto sin dejarnos embriagar de lleno por ese espíritu dionisiaco que suele poseer a sus seguidores, y lo
analizamos más a la distancia, fríamente, desde lo apolíneo, vemos que no es una proposición tan
descabellada. En efecto, la idea darwiniana de la imposición del más fuerte en la lucha por la existencia y en
la lucha por la descendencia (lucha por el coito), la idea de la prevalencia de los individuos más fuertes y
aptos (vale decir "virtuosos en el sentido renacentista") en esa lucha que abarca todo el plano biológico6;
puede perfectamente ser el origen y el antecedente teórico real de la Voluntad de Poder. Lo nuevo y
diferente que tiene esta idea en Nietzsche son los productos consecuentes de su aplicación al campo
humano, aplicación que se traduce en elitismo. Esto es, efectivamente, darwinismo social. Ante estas
acusaciones el propio Nietzsche no se ayuda mucho:

"La ordenación de las castas, la ley suprema y dominante es sólo la sanción


de una ordenación natural, de una ley natural de primer orden, sobre la cual
no tiene poder ningún arbitrio, ninguna idea moderna. En toda sociedad sana
se distinguen entre sí, condicionándose recíprocamente, tres tipos, que
fisiológicamente tienen una gravitación distinta, cada uno de los cuales tiene
su propia higiene, un campo de trabajo propio, una cualidad propia de

desenmascaramiento de la conciencia, la idea de la desconfianza en la conciencia manifiesta, la posibilidad de una falsa


conciencia. Pero al hacer esto esbozó, quiéralo o no, un camino de conciliación, o más bien de simbiosis, entre estas
tres teorías; camino que muchos quieren recorrer.
4
Es cierto que Nietzsche habló de este sujeto, y habló negativamente. Él rechazaba este concepto por ser, en primer
lugar, una herencia del espiritismo, una versión filosófica del concepto de alma y, en segundo lugar, por ser un
concepto racionalista. Ante el sujeto cognoscente típico del racionalismo, Nietzsche antepone el "sujeto artísticamente
creador"; uno que desde el plano artístico e intuitivo-metafórico accediera al codiciado mundo nouménico o por lo
menos "lo inventara". (Esto debe profundizarse en Sobre verdad y mentira en sentido extramoral.) El "yo" de
Nietzsche no es por lo demás una entelequia insustancial -residuo espiritista en la filosofía- sino que es una "pequeña
razón" que sirve al cuerpo individual: el "sí mismo" y su "gran razón"; por tanto el yo es en última instancia el cuerpo
humano individual. (Esto debe estudiarse en Así habló Zaratustra, y en especial en el capítulo titulado “De los
despreciadores del cuerpo”).
5
El ejemplo clásico de este rodeo es el capítulo titulado “De la superación de sí mismo”, en Así habló Zaratustra.
6
"En todos los lugares donde encontré seres vivos encontré voluntad de poder"- Nietzsche, Federico. Así habló
Zaratustra. Descargado de: http://www.librodot.com (en formato pdf). p69
sentimientos de la perfección y de la maestría. La Naturaleza [¡!] y no Manú
es la que separa a los hombres que dominan por su entendimiento, por la
fuerza de los músculos o del carácter, de aquellos que no se distinguen por
ninguna de estas cosas, de los mediocres; estos últimos constituyen el mayor
número, los otros son la flor de la sociedad."7

Que Nietzsche haya derivado la Voluntad de Poder de la lucha por la existencia (marcada por la selección
natural y sexual) manifiesta –gracias a Darwin- en el campo de la biología, es cosa que se revela sin mucha
dificultad de sus propios escritos. En el Zaratustra, por ejemplo, dice refiriéndose a la Voluntad de Poder:
“Y este misterio me [lo] ha confiado la vida misma”8.La propia idea de que la Voluntad de Poder no es
mera Voluntad de Vivir9, puede ser perfectamente el resultado de una interpretación correcta de los
conceptos de selección natural y selección sexual: el que no se trate de una simple conservación
(preservación) de la vida, sino una reafirmación y un acrecimiento de la vida, debido a la prevalencia de los
individuos más fuertes y aptos (virtuosos) sobre los débiles, es la esencia misma de la evolución darwiniana.
Por lo demás, la Voluntad de Poder es un instinto10 presente en todo ser viviente, es un impulso vital a
seguir esta tendencia de acrecentar la vida, la existencia, por acumular fuerzas. Los defensores de Nietzsche,
frecuentemente ponen como contraargumento a todo esto que la Voluntad de Poder no sólo se refiere a la
fuerza fisiológica, sino también que incumbe al plano espiritual. Esto es verdad, pero yo –como obstinado
insufrible al fin- no me canso de destacar el lugar primario que el propio Nietzsche le da a lo fisiológico.
Incluso cuando trata la decadencia en un ideal o una moral de debilidad, de rebaño; Nietzsche, la ata
siempre a la decadencia fisiológica:

“Donde en cualquier forma declina la voluntad de poderío, se da siempre a


la vez una regresión fisiológica, una decadencia. La divinidad de la decadencia,
mutilada de sus virtudes y de sus instintos viriles, es ahora necesariamente el
Dios de los degenerados fisiológicamente, de los débiles.”11

Es verdad que en el hombre tenemos un elemento nuevo, la conciencia. Pero la conciencia sólo le interesa a
Nietzsche en tanto le siga el juego (como guía o como “moral de señor”) o se le oponga (como freno o
como “moral de rebaño”) a la Voluntad de Poder. Así, por ejemplo, la compasión es una manifestación de
falsa conciencia (propia de la moral de rebaño) que va en contra de la evolución humana, una evolución por
selección del más fuerte: “La compasión dificulta en gran medida la ley de la evolución [¡!], que es la ley de
la selección”12, dice el propio Nietzsche. Otro tanto podría decirse sobre el humanísimo intelecto:
“El intelecto, como medio de conservación del individuo, desarrolla sus
fuerzas principales fingiendo, puesto que éste es el medio, merced al cual
sobreviven los individuos débiles y poco robustos, como aquellos a quienes les
ha sido negado servirse, en la lucha por la existencia[¡!], de cuernos, o de la
afilada dentadura del animal de rapiña.”13

7
Nietzsche, Federico. El Anticristo. Descargado de: http://www.librodot.com (en formato pdf). p54
8
Nietzsche, Federico. Así habló Zaratustra. Descargado de: http://www.librodot.com (en formato pdf). P69
9
Este es precisamente uno de los puntos de ruptura más conocidos entre Nietzsche y Schopenhauer, que le da la
diferencia específica al concepto de Voluntad de Poder. Un pasaje clásico donde se aprecia esta ruptura nos es dado en
el Zaratustra:
“Sólo donde hay vida hay también voluntad: pero no voluntad de vida, sino […] ¡voluntad de poder!
Muchas cosas tiene el viviente en más alto aprecio que la vida misma…” (texto ya referenciado, página 69)
10
“Yo he visto su más fuerte instinto, la voluntad de poder, yo he visto a los griegos temblar ante la violencia
indomable de ese instinto…”(Nietzsche, Federico. El crepúsculo de los ídolos. Descargado de:
http://www.librodot.com (en formato doc). P16);
11
Nietzsche, Federico. El Anticristo. Descargado de: http://www.librodot.com (en formato pdf). P13
12
Ibídem. p5 (¡El que no se percate de la evidente carga darwiniana de esta cita está ciego, ciego!)
13
Nietzsche, Federico. Sobre verdad y mentira en sentido extramoral. Descargado de: http://www.librodot.com (en
formato doc). P2
La conciencia, el intelecto, el carácter, lo espiritual, la creatividad artística, en fin, todos los elementos
subjetivos y propiamente humanos, en la filosofía de Nietzsche, son percibidos en última instancia desde el
punto de vista de la Voluntad de Poder: en tanto que la fomenten, son buenos; en tanto que la entorpezcan,
son malos. Así de simple.

Por otro lado, la acusación de darwinismo social, no se refuta alegando que Nietzsche incluye otros
elementos además de la fuerza fisiológica en su Voluntad de Poder. Nada de eso. El darwinismo social14
simplemente se traduce aquí en elitismo legitimado en las leyes de la evolución biológica, sólo que
traspasadas, ajustadas, aplicadas al plano humano. Por eso, la élite, aquellos individuos superiores se
imponen no sólo por "la fuerza de sus músculos" -a pesar de que ya he demostrado el papel principal de lo
fisiológico en la teoría nietzscheana-, sino también por su carácter, por su intelecto, por su espíritu, o por lo
que sea: lo importante es imponerse a la masa. Esta imposición es legítima, según Nietzsche, porque tiene su
fundamento la "Naturaleza"15 misma.

De aquí Nietzsche llega, sin ningún problema, al individualismo moral; pues el que cada cual encuentre
"su propio imperativo categórico" es cosa que se fundamenta en "las más profundas leyes de la conservación
y del crecimiento" (las leyes de la evolución). El derecho es un privilegio que se gana cada cual mediante la
imposición, el poder, el dominio. Se sigue de esto, como es lógico, que el acto moral ya no se refiera a un
"yo debo", sino a un "yo quiero"16; y el querer no se fundamenta en la razón, sino en el poder. Esto es un
resultado inevitable de todo elitismo moral: el que impone por fuerza su voluntad no tiene que justificar esa
voluntad. Este individuo que se impone, simplemente, domina al resto de la humanidad, no debe
explicaciones a nadie.

Pero, dicho todo esto, se hace obvio que en realidad, al final de la jornada, el Sujeto en Nietzsche no es la
fuerza impersonal de la Voluntad de Poder, sino los individuos poderosos donde se encarna precisamente
esa voluntad: aquella clase de "aristócratas", como él mismo la llama.

Ahora se entiende aún más el porqué de que el Sujeto en Nietzsche no pueda ser una colectividad, sino un
lobo solitario. La masa, la plebe, la clase de los mediocres, la chandala17 es necesaria para la existencia de ese
lobo solitario, ¿sobre quién se impondría si no? La masa es el campo de ensayo en el que algunas
posibilidades, por ley natural y con la ayuda u obstáculo de la conciencia, podrían llegar a triunfar y
diferenciarse de ella, separarse de ella, imponiéndose a ella. El aristócrata -y más aún el famoso
superhombre- es pues un individuo, y un individuo en el más exacto sentido de la palabra: un ser aislado y
diferente del resto. El elitismo se traduce, a su vez, en anti-democratismo. La democracia es para Nietzsche
la madre de todos los males, esto es, de toda decadencia. Es el carácter de democracia es lo que más disgusta
a Nietzsche del cristianismo: "No se puede mirar con bastante desprecio la doctrina según la cual cada uno
de nosotros, en calidad de alma inmortal, tiene igual categoría que los demás."18 Es también el carácter de
democracia lo que disgusta a Nietzsche del socialismo:

"¿A quiénes odio yo más entre la plebe moderna? A la plebe socialista, a los
apóstoles de los Tschandala que minan en el obrero el instinto, el goce, el
sentimiento de contentarse con su propia existencia pequeña, que le hacen

14
Es bueno siempre recordar que esta nefasta tendencia (el darwinismo social) se la debemos a cualquiera menos a
Darwin. En Darwin leemos cosas como ésta, cuando se refería a Carlyle: "sus opiniones sobre la esclavitud eran
repugnantes. Para él la fuerza era el derecho." (Darwin, Charles Robert. Autobiografía. Alianza Editorial, S.A. Madrid,
1993. p60)
15
Véase la cita número 7.
16
Esto debe profundizarse en Así habló Zaratustra, en el capítulo titulado “De las tres transformaciones”.
17
La más baja de las castas hindúes, aquella que designa a los inferiores que no deben ni tocarse.
18
Nietzsche, Federico. El Anticristo. Descargado de: http://www.librodot.com (en formato pdf). p37
envidioso, que le enseñan la venganza [...] El anarquista y el cristiano tienen
un mismo origen."19

De todo esto al fascismo no hay más que un pasito apretado de hormiga.

Es toda una tendencia, en la vigente "moda nietzscheana" de la que hablaba al principio, salvar a
Nietzsche de tal acusación. Y esto dice mucho, como se verá más adelante. Pero si hay una filosofía digna
del fascismo es precisamente la de Nietzsche. El fascismo no es más que la realización histórica más
consecuente con las ideas nietzscheanas que haya existido hasta la fecha. Es verdad que todo lo que los
ideólogos nazis tomaron de Nietzsche pasó por un proceso de vulgarización. Pero, ante esta objeción, digo
lo mismo que Lukacs: el fascismo es, a pesar de toda su vulgaridad, el verdadero continuador práctico e
ideológico de las ideas de Nietzsche.20 El fascismo -con su ideología- es una “caricatura” (por su vulgaridad)
de esta filosofía; sólo que fue una real y sangrienta caricatura que –como dice Lukacs– duró demasiados
años. Sin embargo, como caricatura al fin y al cabo, es un exaltamiento de los rasgos más distintivos de su
original. Tomemos, por ejemplo, al concepto de superhombre. ¿Quién se ha parecido más al superhombre
que Hitler? ¿Quién demostró más Voluntad de Poder que ese hombrecito de gracioso bigote?

No se engañen. Si alguna vez existió al menos un superhombre en el sentido estrictamente nietzscheano,


ése fue Hitler. ¿Quién fue Hitler? Un hombre singular, distinto, que enfrentó a su fatum, que impuso su
voluntad pasando por la lucha, por golpes de estado, cárcel, atentados terroristas, conspiraciones y guerras;
que se enfrentó a la fuente de decadencia más grande de su tiempo: el comunismo; que “ayudó a perecer” a
los “débiles y fracasados” (los judíos); que prefirió la muerte por suicidio ante mantener la vida por unos
meses más de indecoro y vergüenza: o sea, que impuso su Voluntad de Poder a su Voluntad de Vivir, que
tuvo “amor fati”. Su pensamiento por demás no distaba mucho del de Nietzsche. Leamos:

"Una ideología que, rechazando el principio democrático de la masa, se


empeñe en consagrar este mundo a favor de los mejores pueblos, es decir a
favor del hombre superior, está lógicamente obligada a reconocer también el
precepto aristocrático de la selección dentro de cada nación, garantizando así
el gobierno y la máxima influencia de los más capacitados en sus respectivos
pueblos. Esta concepción se funda en la idea de la personalidad y no en la
mayoría.

[...]

No es la masa quien inventa, ni es la mayoría la que organiza o piensa;


siempre es el individuo, es la personalidad, la que por doquier se revela.

[...]

La selección de aquellas cabezas se opera ante todo en virtud de la misma dura


lucha por la vida."21

¿No se parece ésta a la voz de Nietzsche? ¿No sigue el razonamiento de Hitler –anteriormente citado- el
mismo camino esencial del razonamiento de Nietzsche? ¿Dónde está la diferencia radical, cualitativa entre
uno y el otro? La única razón por la que Nietzsche no fue fascista consiste en que no vivió lo suficiente, o

19
Ibídem. p56
20
Véase Lukacs, George. La Crisis de la Filosofía Burguesa. Descargado de: http://www.elaleph.com (en formato pdf).
En sus páginas finales.
21
Hitler, Adolfo. Mi lucha. Descargado de: http://www.librodot.com (en formato pdf). pp 120-121
bien, que nació antes de tiempo. El hecho del apoyo de Heidegger al fascismo, es un ejemplo aleccionador; y
esto a causa precisamente del lado más nietzscheano de Heidegger.

Todo elitismo tiende al fascismo, o bien, a la extrema derecha. Compárese, si se quiere, la idea de
Nietzsche sobre la compasión, como manifestación cristiana de la democracia, que “tanto en calidad de
multiplicador de la miseria, cuanto en calidad de conservador de todos los miserables…”22 es generadora de
decadencia, con la idea anti-sindicalista al estilo de la conservadorísima Margaret Tatcher -aquella verdadera
“dama de hierro”- que iba más o menos así: “ayudar a los pobres genera más pobreza”.

Está claro, Nietzsche tiene una cara nefasta.

Una cosa más antes de terminar: el lector espabilado se dará cuenta de que este escrito parte de premisas
que no explica. Está presupuesto aquí, por ejemplo, que el biologismo, el darwinismo social, el elitismo, el
anti-democratismo, el individualismo moral y el fascismo son tendencias, por lo menos, “nefastas”. La
legitimación de estas premisas es algo que, por cuestiones de espacio y tiempo, no puedo realizar aquí. Sin
embargo, nótese algo muy revelador: el que la mayoría de los seguidores contemporáneos de Nietzsche lo
defiendan ante estas acusaciones -de darwinista social y de fascista, especialmente- e intenten salvarlo y
diferenciarlo de las mismas, es cosa que indica que ellos también parten de mis propias premisas, sólo que
más o menos de manera inconsciente. El hacer conscientes estas premisas y fundamentarlas sería un menester
digno de esfuerzos futuros.

Rogney Piedra Arencibia

22
Nietzsche, Federico. El Anticristo. Descargado de: http://www.librodot.com (en formato pdf). p6