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EL CICLO DEL AZUFRE EN EL MAR Y EL CLIMA GLOBAL.

La biogeoquímica en los océanos presenta un sorprendente contraste con el de la

tierra. El entorno es espacialmente heterogéneo, en distancias cortas hay grandes variaciones

en las características del suelo, incluyendo el potencial redox y ciclos de nutrientes. En

contraste, el océano se encuentra relativamente bien mezclado. Gran parte de las plantas de

larga vida dominan la producción primaria en la tierra, al contrario de pequeños y efímero

fitoplancton en el océano.

El azufre se lo conoce como un elemento básico que compone a diversas biomoléculas

importantes, a nivel de organismos. En la naturaleza, en cuanto a su circulación, este elemento

resulta más compleja que la del nitrógeno, debido a que puede presentarse en una variedad

mayor de estados de oxidación (desde -2 hasta +6) y a que algunas de sus transformaciones se

producen a velocidades y en cantidades apreciables tanto por actividad biológica como por

procesos químicos. (Borderías & Roda, 2011)

En la biosfera, los sulfatos resultan imprescindibles para la síntesis de ciertas

moléculas orgánicas. Solo las plantas, bacterias y hongos son capaces de incorporarlos

directamente en forma de SO42- para reducirlo en primer lugar a SO32- y posteriormente a H2S,

utilizable en síntesis vegetal. De esta forma pueden ser transferidos a los demás niveles

tróficos.

La excreción y la muerte de los organismos biológicos llevan el azufre desde el

material vivo de vuelta al suelo y al fondo de las lagunas, los lagos y los mares, donde las

bacterias lo liberan de los cadáveres en forma de sulfito (SO32-) o sulfato de hidrógeno.

En la corteza terrestre, el S es muy abundante puesto a que se encuentra en sedimentos

y rocas, principalmente en forma de sulfuros (FeS2, Pirita) y de sulfatos de calcio (CaSO4 x

2H2O, yeso) y magnesio, aunque la mayor cantidad de este elemento se encuentra en los
océanos, aproximadamente 950 ppm, en forma de sulfatos inorgánicos y de dimetilsulfuro

(DMS, CH3SCH3)

Tabla 1. Estados de oxidación de compuestos de azufre en la biosfera. (Castillo

Rodríguez, 2005)

Numero de
Compuesto
oxidación

S orgánico R – SH -2

Sulfuro H2S -2

Azufre elemental S0 0

Tiosulfato S2O32- +2 (en promedio)

Dióxido de
SO2 +4
azufre

Sulfito SO32- +4

Sulfato SO42- +6

En la profundidad de los océanos y lugares pantanosos en ausencia de O2 (medio

anaeróbico), el sulfato se reduce a H2S mediante la acción de bacterias sulfatorreductoras,

siendo responsables del olor a azufre y de la coloración negra, por formación y acumulación

de sulfuros de hierro, de muchos ambientes acuáticos. Durante el proceso se libera oxígeno,

que es aprovechado por otros organismos para la respiración. El H2S así formado puede

seguir dos caminos: uno ascendente, hasta alcanzar lugares oxigenados donde se oxida de
nuevo a SO42- mediante un proceso foto o quimiosintético, en función de la presencia o

ausencia de luz, y otro descendente, en el que combinándose con hierro precipita en forma de

pirita (FeS2)

En la atmosfera, el H2S se oxida formando ácido sulfúrico (H2SO4), que actúa como

núcleo de condensación, favoreciendo las lluvias, que devuelven el azufre al mar o al

continente, con que el ciclo se sierra.

Los volcanes de forma natural, las industrias y la quema de combustibles fósiles

incrementan en la atmosfera la cantidad de SO2, y, por tanto, la de H2SO4, originando el

problema de la lluvia ácida.

La lluvia acida

La alteración de los ciclos biogeoquímicos por parte del hombre también incide en la

calidad del agua de lluvia. La combustión excesiva de petróleo, carbón y gas natural y en

menor medida los incendios liberan a la atmósfera grandes cantidades de dióxido de azufre

(SO2), dióxido de nitrógeno (NO2) y ácido sulfhídrico (H2S). En la atmósfera, estos

compuestos reaccionan y forman ácido sulfúrico (H2SO4) y ácido nítrico (HNO3). (Valverde,

Meave del Castillo, Carabias, & Cano-Santana, 2005)

La presencia de estos ácidos en la atmósfera reduce el pH del agua de lluvia,

llevándolo de sus valores normales que fluctúan entre 5.0 y 5.5, a valores entre 3.5 y 4.5, los

que corresponden a una mayor acidez.

Este fenómeno es particularmente grave en las áreas afectadas por los vientos que

atraviesan zonas industriales donde se quemas combustibles fósiles.

Cuando llueve, los ácidos contenidos en la atmósfera se precipitan al suelo. Sin

embargo, estos pueden caer sin necesidad de que llueva; a este fenómeno se le conoce como
precipitación seca. La precipitación de ácidos afecta seriamente el funcionamiento de los

ecosistemas terrestres y acuáticos. Por ejemplo, la lluvia acida interfiere en el metabolismo

del calcio en los crustáceos, pues reduce su capacidad para recalcificar su exoesqueleto

durante las mudas. (Monge-Nájera, Gomez, & Rivas, 2002)


BIBLIOGRAFÍA

Borderías, M. d., & Roda, E. M. (2011). Medio Ambiente Urbano. Madrir: UNIVERSIDAD

NACIONAL DE EDUCACIÓN A DISTANCIA. Recuperado el 04 de Agosto de

2016, de https://goo.gl/7iqu0t

Castillo Rodríguez, F. (2005). Biotecnología Ambiental. Madrid: EDITORIAL TÉBAR, S.L.

Recuperado el 01 de Agosto de 2016, de https://goo.gl/Je1awm

Monge-Nájera, J., Gomez, P., & Rivas, M. (2002). Biología General (Primera ed.). San José,

Costa Rica.: EUNED. Recuperado el 02 de Agosto de 2016, de https://goo.gl/c9W4EB

Valverde, T., Meave del Castillo, J., Carabias, L., & Cano-Santana, Z. (2005). Ecología y

medio ambiente (Primera ed.). México: Pearson Educación. Recuperado el 03 de

Agosto de 2016, de https://goo.gl/b2rvI5