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CURSO 2009-2010

ISABEL CASTAÑEDA JIMÉNEZ


ÍNDICE
Presentación ............................................................................................................... Pág. 2

PRIMERA PARTE
22 de febrero de 2001 ................................................................................................ Pág. 3
23 de febrero de 2001 ................................................................................................ Pág. 3
24 de febrero de 2001 ................................................................................................ Pág. 4
25 de febrero de 2001 ................................................................................................ Pág. 4
27 de febrero de 2001 ................................................................................................ Pág. 4
4 de marzo de 2001 .................................................................................................... Pág. 5
12 de marzo de 2001 .................................................................................................. Pág. 5
21 de marzo de 2001 .................................................................................................. Pág. 5
9 de octubre de 2002 .................................................................................................. Pág. 6
13 de octubre de 2002 ................................................................................................ Pág. 6

SEGUNDA PARTE
1. La hora del balance ................................................................................................ Pág. 7
2. Los ojos de la cara, los ojos del alma ..................................................................... Pág. 7
3. Diario de la frivolidad .............................................................................................. Pág. 7
4. Escribo para no estar sola ...................................................................................... Pág. 8
5. Perfil de mujer con éxito ......................................................................................... Pág. 8
6. Sigue saliendo el sol ............................................................................................... Pág. 8
7. A ritmo lento ............................................................................................................ Pág. 8
8. Confesiones a medianoche .................................................................................... Pág. 9
9. El tiempo suspendido ............................................................................................. Pág. 10
10. Melodía de otoño .................................................................................................. Pág. 10
11. El manto de Penélope .......................................................................................... Pág. 10
12. La soledad que enriquece .................................................................................... Pág. 11
13. La luz de la noche ................................................................................................. Pág. 11
14. Dolor de madre ..................................................................................................... Pág. 11
15. El lenguaje de los hechos ..................................................................................... Pág. 12
16. La terapia de escribir ............................................................................................ Pág. 12
17. Una mujer en el escaparate ................................................................................. Pág. 13

TERCERA PARTE
1. Despertar ................................................................................................................ Pág. 14
2. Danzar .................................................................................................................... Pág. 14
3. Sentir ...................................................................................................................... Pág. 14
4. Soy capaz ............................................................................................................... Pág. 15
5. ¿Qué necesito ahora? ............................................................................................ Pág. 15
6. Las dos caras de la luna ......................................................................................... Pág. 15
7. Desde mi ventana ................................................................................................... Pág. 16
8. Corazón de pájaro .................................................................................................. Pág. 16
9. La mirada de un niño .............................................................................................. Pág. 17
10. Pequeñeces .......................................................................................................... Pág. 17
11. Hoja de otoño ....................................................................................................... Pág. 18
12. Las piezas del puzzle se siguen colocando ......................................................... Pág. 18
13. Hago lo que debo ................................................................................................. Pág. 19
14. ¿Cuál es mi misión?, ¿Cómo liberar mi energía contenida? .............................. Pág. 19
15. Estar viva .............................................................................................................. Pág. 20
16. Más allá del horizonte ........................................................................................... Pág. 20
17. Una extraña calma ............................................................................................... Pág. 20
18. Epílogo .................................................................................................................. Pág. 21

Apéndice de frases sacadas de mi trabajo.................................................................. Pág. 21


PRESENTACIÓN

Desde el momento en que José María Doria hizo mención a que teníamos que presentar una tesis
sobre un tema que nos motivara especialmente, en mi mente apareció como un fogonazo la frase “La
escritura como catarsis”; y, a partir de este momento, la idea comenzó a bullir en mi cabeza para ver de qué
manera le podía dar forma. Fui consciente desde el principio de que ésta me la dictó mi subconsciente,
porque llevo doce años almacenando una serie de relatos de los que, sin yo saberlo, me valía para poder
superar todo el dolor, el desamparo, la soledad, la incomprensión y el desajuste que se había producido en
mi vida.
Todo partió de una separación traumática, en la que me encontré sola y, durante un período muy
largo sin ningún apoyo.
En el refugio de la soledad, me aferré al papel y en él fui volcando un mundo de sentimientos y
sensaciones que, si no hubieran tenido esta válvula de escape, habrían terminado ahogándome.
Cuando escribía no lo hacía con afán literario, simplemente volcaba lo que pensaba y sentía en ese
momento en el papel, que se había convertido en mi confidente.
Mi mano se movía a la velocidad del hilo argumental de mi mente, por lo que mi letra se volvió legible
sólo por mí; pero la forma no me importaba, sólo el fondo.
Poco antes de empezar el curso en Kaizen, cuando consideré que la catarsis de la escritura había
terminado, me encontré con que en todos esos papeles estaba mi yo más auténtico a la vez que el más
atormentado y me planteé qué hacer con todo aquello. Pensé quemarlo, pero había una resistencia en mí a
hacerlo y se me ocurrió, simplemente, recogerlo en dos carpetas; en la primera puse: “Relatos sobre la
travesía del túnel buscando la luz” y en la segunda: “Relatos sobre el encuentro con la luz”. Lo guardé y, de
vez en cuando, me asaltaba la inquietud de qué destino tendría esa documentación tan personal el día que
yo no estuviera y siempre algo me decía que ya encontraría la respuesta.
Ahora comprendo qué destino aguardaba a algunos de mis humildes relatos: intentar animar a otras
personas a utilizar este recurso para superar sus malos momentos.
Sé que hay infinidad de novelas, películas, biografías, etc. que han servido a su autor para tal fin; pero
mi interés no está en ofrecer algo bien elaborado, sino muy sincero, muy sentido, muy sencillo y lleno de
amor a quien pueda servirle.
Se verá que lo que digo es así porque el orden de los relatos coincide cronológicamente con cada
momento de mí evolución y eso se percibe. Al principio cuento con torpeza lo que no sabía cómo darle
forma, porque lo que sentía me desbordaba y las palabras que yo necesitaba parecía que estaban todavía
por inventar; después, fui intercalando alguna cosa que se salía de la línea argumental que había motivado
mi deseo de escribir y el tema podía ser “la caída de una hoja”, “la mirada de un niño”, “lo que veía por mi
ventana”; es decir, otras pinceladas de la vida que estaban fuera de mi dolor, pero que también me servían
de consuelo.
No he vuelto a releerlo y no sé que sensaciones viviré cuando vaya seleccionando lo que pondré en
este trabajo; pero creo que esto también forma parte de mi crecimiento personal.
He tenido que vencer mi resistencia a ofrecerme tan desnuda, cuando soy tan celosa de mi intimidad
y ajena al exhibicionismo; pero no puedo dejar de escuchar a mi corazón.
Espero que quien lo lea lo haga desde el suyo y sepa aprovechar lo que le pueda ayudar en sus
propios descubrimientos.
Que mi travesía del túnel ilumine a otras almas.

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Selección de relatos

PRIMERA PARTE

22 de febrero de 2001

Hoy he sentido la necesidad de escribir. No sé porqué, simplemente es un impulso motivado por una
extraña sensación de renacimiento, de calma interior, de encontrarme cómoda conmigo misma.
Por primera vez en cuatro años, mi alma no grita, sino que susurra; fluyen los sentimientos
acumulados que son millonarios; pero, aunque desordenados, no salen a borbotones haciéndome daño.
Estoy sorprendida. ¿Qué ha pasado? No encuentro explicación. He pasado un desierto, he escalado una
montaña, me he ahogado en un extraño y enorme océano y, de repente, parece que una pequeña nube me
envuelve, aislándome de todo lo que me ha hecho daño. Es un milagro. Si volviera a leer las hojas que en
otro momento he escrito, seguramente me sorprendería ver reflejado en ellas tanto dolor como he
soportado. Por suerte las he roto.
Hago balance de mi vida y, si me encontrara en otro estado de ánimo, estaría resentida, amargada,
asustada. Pensaría que la vida no merece la pena, que nadie es capaz de hacer anda por nadie sin esperar
nada a cambio. Es lo que mucha gente opina; pero yo no quiero aceptar esta idea.
¿Qué tengo? Si pienso en términos materiales, debo admitir que no demasiado.
Estoy sola. Ni mis hijos me quieren, ¡qué pena, que poco o nada me conocen!
Vivo en un piso alquilado, mi cuenta corriente, en este momento, asciende a 150.000 pesetas y, sin
embargo, creo que esto no es demasiado importante. En los tiempos que corren, cuando hay tanta gente
que no tiene empleo, que sufre todo tipo de carencias ante la indiferencia del mundo, no tengo derecho a
quejarme, no me falta un sueldo a fin de mes.
Por otra parte, creo que soy inmensamente rica en sentimientos. No puedo explicarlos todos, siento
que me llenan, que están dentro de mí inundándome toda ¡Amo! ¡Qué palabra tan hermosa! Aunque sé que
utilizarla puede resultar cursi. Ahora se usa más el término querer; pero yo no quiero, porque eso implica
posesión. Amo porque, a través del amor, me doy por entero. Me siento mucho más feliz dando que
recibiendo. Amo la vida con todas sus contradicciones, con todas sus amarguras. Amo al ser humano, con
todas sus debilidades; no concibo ninguna ideología ni política ni religiosa que anteponga ningún fin
pasando por encima de este.
Lo dejo aquí, está bien por hoy.

23 de febrero de 2001

¡Cómo duele la soledad!


He representado mi papel durante todo el día. Perfecto, me ha salido perfecto. Ante los chicos la
profesora con carácter, a ratos amable, a ratos autoritaria. Con los compañeros comunicativa y desenvuelta.
Cariñosa y complaciente con mis amigas. En el fondo del corazón tristeza y melancolía.
Se acercan los carnavales, no hay problema, no necesito disfraz, ni careta; forman parte de mi
durante todo el año.
Unos días de vacaciones. ¿Cómo sobrellevarlos, Dios mío, sin ningún proyecto, sin tener nada que
me ilusione?
Hoy ha variado el viento, la subida de ayer me ha durado poco. Tengo que remontar vuelo otra vez.
Mi vida parece un tiovivo que gira y gira, a la vez que sube y baja. Siento vértigo.
Silencio en el piso, solamente se oye el tic tac del reloj y los coches que pasan por la calle. La vida
está fuera. Sin embargo, en mi cabeza no cesa la conversación conmigo misma. No quiero compadecerme,
no quiero ser débil, me exijo superación, tengo que apartar esta losa que me oprime el corazón, un corazón
que necesita amor desesperadamente.
Es durísimo tener un alma sensible, duele mucho. ¡Qué jugadas hace la naturaleza o el destino, no
sé! ¿Por qué soy una persona que cifra la felicidad en sentir intensamente? Mis ojos necesitan mirar con

-3-
amor y que me miren de igual manera; mis labios necesitan besos y yo corresponderlos; mis manos
necesitan acariciar y mi cuerpo sentir caricias.
Jamás he podido dar rienda suelta a mi verdadero yo; soy apasionada en el mejor sentido de la
palabra; pero mi mala suerte me puso al lado a la persona equivocada y he tenido que contener el torrente
que siento dentro.
He vegetado, me he deslizado por la existencia actuando hacia fuera y escondiendo cada vez más, en
lo más profundo mi verdadera personalidad. Es muy cansado vivir así. No puede un pura sangre
permanecer encerrado en un establo. Necesita correr, sentir el viento en la cara, fundirse con la naturaleza
en una galopada sin límites, casi sin pisar el suelo. Desgraciadamente, he sido como un caballo percherón,
hecho para la carga, una carga cada vez más pesada, más dura de soportar.
Me he quitado las bridas, voy a pelo; pero me siguen sujetando correas invisibles que, me siguen
frenando ¿podré romperlas alguna vez por completo?
“E S P E R A N Z A”
Esta palabra es a lo único que puedo aferrarme ahora. ¡Dios mío, no permitas que la pierda!

24 de febrero de 2001

Un día más que ha trascurrido sin pena ni gloria. Por la mañana las tareas propias de la casa y que no
merece la pena detallar por repetitivas y aburridas; pero las he cumplido porque me gusta el orden y la
higiene. Por la tarde he salido a tomar café con dos amigas y aquí si que haré mención a un detalle: me he
sorprendido en el espejo con una expresión de altivez y seriedad que me han hecho pensar en que debo
causar la impresión de que soy orgullosa y dura. ¡Qué lejos de la realidad! Todo es fachada. Lo que parece
orgullo, no es sino una coraza para enmascarar que sufro y la altivez lo que esconde es una sensibilidad
que me da miedo que salga a flote, para que no me lastimen más.
Creo que soy persona de distancias cortas. Cuando alguien se aproxima a mí con gesto amistoso, me
parece que mi cara cambia. Noto que mis ojos miran con calor y mis labios sonríen instintivamente y sin
proponérmelo.
A pesar de que me han hecho muchísimo daño, afortunadamente, no han conseguido que pierda la
espontaneidad en el trato con los demás. Cuando hablo con las personas que quiero o aprecio, me sale el
alma en las palabras. Sigo siendo sincera, porque aborrezco la mentira y, cuando no puedo serlo, prefiero el
silencio.

25 de febrero de 2001

Me siento relajada. No puedo quejarme de cómo ha transcurrido este día. Sin haber pasado nada
extraordinario, se puede decir que he disfrutado de pequeñas cosas, que es a lo que yo aspiro.
He paseado sola, como acostumbro y me ha encantado sentir el sol en la cara, observar el cielo azul
intenso con alguna nubecilla y olvidarme de los coches que pasaban por la carretera y de las pocas
personas que, al ser domingo, he podido cruzarme. Me gusta caminar y sentirme ágil; creo que mi salud es
buena. Cabeza y cuerpo parecen estar hoy en armonía.
Después, he ido a misa por acompañar a una amiga no porque sea practicante; creo en Dios, pero mi
forma de sentirlo no necesita de ningún espacio en especial. Siento respeto por los lugares de cualquier
culto y hasta puedo encontrarme a gusto en algunos momentos, porque son espacios de recogimiento y el
alma necesita paz.
Lo que más me ha sorprendido de esta tarde es una anécdota que me ha demostrado que poseo un
gran sentido del humor y de la ironía. No viene al caso contarla, pero me ha hecho mucho bien. Es otra de
mis facetas que he tenido que disimular, porque la persona que compartía mi vida era incapaz de
comprenderla.
Y como no hay que perder la capacidad de asombro, la guinda la ha puesto una mujer al decirme que
soy una persona con una gran capacidad de atracción y que cuando miro, no se de que manera, engancho.
Me lo tomo a risa y como prueba de afecto; porque creo que no sé mirar más que de una manera:
directamente a los ojos.

27 febrero de 2001

Estoy asustada. Hoy me han llegado unos recibos para pagar y, aunque llevo una vida muy austera,
las cantidades me han dejado pasmada. Tengo que tirar aún más de la cuerda y sacudirme la sensación de
pellizco que me han dejado en el estómago.

-4-
Esta tarde me la he pasado en casa de una amiga jugando al parchís y no puedo evitar sentir una
sensación de vacío. Me parece estar viviendo una vida postiza y que todo tiene un sentido de transitoriedad.
No es esto lo que yo necesito, ni quiero. Me angustia pensar que es lo que me espera indefinidamente.
En mi estado anterior he sufrido lo indecible; no es justo que la vida me ofrezca a cambio, ahora, sólo
esto.
Desde que empecé a escribir, cuando hago el recuento del día, me parece que el tiempo que dedico a
hacerlo es el más auténtico. Aquí puedo volcar mis verdaderos sentimientos. Es triste tener como confidente
y compañero a un trozo de papel.
Debe de ser maravilloso encontrar en otra persona comprensión y complicidad verdaderas. Desnudar
tu alma con la confianza de ser entendida y sin miedo a ser mal interpretada. Nunca he tenido la suerte de
vivir esta sensación.

4 de marzo de 2001

Sigue lloviendo. El tiempo no contribuye para mejorar el estado de ánimo. Ya pasará.


Me he levantado a las once y he dormido tres horas de siesta. Sólo he salido para ir a comer a casa
de mis padres y esta tarde un rato a casa de una amiga. Estoy durmiendo una barbaridad; será que mi
organismo lo pide después de tantas noches de insomnio como he pasado este verano.
Me gusta estar en la cama despierta. No es por vagancia, es que aquí es donde mejor reflexiono. El
cuerpo descansa, pero la mente no para. Ha sido así como mejor he puesto las cosas en su sitio. El puzzle
ha ido encajando y ahora tengo una visión más clara de las mismas. Me he dado cuenta de que no hay que
tener prisa para solucionar problemas o conseguir lo que se quiere; todo requiere su tiempo. Es un tópico
decir que la vida es una representación teatral, pero es así. No nos podemos saltar ningún acto. Todo tiene
su planteamiento, su nudo y su desenlace. Cada escena lleva a la siguiente y, si te saltas alguna, se pierde
el hilo de la trama. Ahora estoy en la segunda parte, en el desarrollo de los acontecimientos. Ya sabemos
que el final es siempre el mismo: la muerte; no tengo prisa en llegar, aunque no la tema. Mientras tanto hay
que vivir y a mi no me faltan las ganas, a pesar de todo. Tengo la esperanza de que la vida me guarde
algún grano de felicidad. ¿Será pronto o tardará? Como siempre, la solución mañana.

12 de marzo de 2001

Me encuentro agotada. Esté sola o acompañada no sé hacer las cosas a medias. Quiero cumplir en
mi trabajo, que la casa donde vivo esté limpia y que mi aspecto sea siempre presentable. Me exijo quizás
demasiado; pero no puedo ser de otra manera.
Como ya he dicho en otra ocasión, he recuperado el autoestima, estoy más segura de mí misma y sé
muy bien lo que quiero. Tengo las ideas claras y mi norte, contando siempre con lo inesperado, me lo marco
yo. Mis gustos están definidos y no me dejo influir ni por nadie, ni por los vaivenes de las tendencias de
turno.
Los valores que sostienen mis creencias son pocos, pero sólidos: Dios, el respeto por el ser humano,
ser responsable y consecuente y amar con entrega y sin egoísmos. Ser buena persona o por lo menos
intentarlo, con todas las limitaciones que la naturaleza humana tropieza.
Lo esencial es crecer por dentro, enriquecerse cada vez más a base de superación y entrega. Tener
una vida interior rica. Los pensamientos son lo más auténtico que puede tener una persona porque la forma
de actuar será juzgada siempre según el punto de vista de la persona que observa. No puedes hacer las
cosas deseando que todo el mundo las interprete como tú quisieras. Tienes que obrar como crees que
debes hacerlo y nada más.
Hoy me ha salido la vena reflexiva. Otra cara más del poliedro que es la personalidad del ser humano.

21 de marzo de 2001

Necesito descansar de mente y de cuerpo. Tengo abiertos varios frentes y debo acudir a todos con
eficacia. Me siento como si me estuviera examinando de varias materias y tuviera que ser juzgada con
severidad.
Nadie en el instituto se puede imaginar, dada mi actuación, que tengo por delante un problema muy
difícil de resolver. Mis compañeros varones se quejan de que están cansados con las clases y las
evaluaciones. Creo que los hombres son más débiles. Si a esta actividad le tuvieran que añadir resolver la
intendencia, la casa y un asunto como el que he mencionado antes, estarían hechos harina. Y encima hay
que tener buen aspecto; si no es así, todo lo demás lo valoran poco. No es que me importe, me trae al

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fresco; lo que hago es por convencimiento personal. Soy yo misma la que me exijo, ya que nadie me pide
cuentas; pero pienso que la personalidad de cada uno se refleja en el lugar donde vive y en cómo cuida su
persona.
A pesar de todo, cada vez tengo más seguridad y actúo con aplomo; estoy aprendiendo a valorarme.
Veo muy claro mis defectos, pero también creo que poseo algunas virtudes valiosas: soy honrada conmigo
misma y con los demás y trato de no hacer daño. Es importante para mí ser buena persona; no que los
demás lo crean, sino que lo crea yo misma. Y cuando digo buena persona, admitiendo también que es tarea
difícil y que cometeré mil errores. Es humano.
Siento que lo poco o mucho bueno que poseo, no lo pueda compartir con una persona. Me creo mujer
capaz de hacer feliz a un hombre; pero parece ser que ese no es mi destino.

9 de octubre de 2002

Ya he salido del juicio para el divorcio; estoy esperando la sentencia; la única cosa que me queda por
saber es la cuantía de la pensión que deberé pasar a mis hijos. Me siento liberada; pero al mismo tiempo he
entrado en una especie de desesperanza. No me gusta estar sola, hasta aquí mi meta más cercana ha sido
liberarme; una vez que lo he conseguido pienso que el resto de mi vida consistirá en una especie de lucha
por sobrellevar la existencia lo mejor que pueda y sepa. No sé que va a ser de mí; me gusta sentirme libre,
pero necesito amar y ser correspondida. Sé lo que es querer; pero no he vivido la experiencia de saber lo
que es que la otra parte sienta lo mismo por mi. No puedo encerrarme en este sentimiento, la vida sigue y
no puedo pararme; he de seguir haciendo cosas pero nada me llena. Me parece que lo que hago son
sucedáneos; no consigo llenar el vacío tan enorme que siento.
No me apetece salir a pasear porque está lloviendo mucho y dentro del piso me ahogo. Me meto en
otro invierno y ya serán tres en esta situación. Vuelvo la vista atrás y lo que he dejado ha sido espantoso,
pero lo que tengo por delante me asusta.
Estoy cansada de luchar en solitario; es muy duro no tener con quien compartir la existencia.
Aparentemente, para los demás, lo llevo bien; pero, como siempre, una cosa es lo que se ve y otra lo que
verdaderamente siento yo. No sé como podré remontar otra vez. No hago más que superar pruebas muy
duras, no hay tregua, a una difícil le sucede otra y otra y no veo una meta con aliciente.

13 de octubre de 2002

Creo que vivimos dos vidas paralelas: una la de los actos que realizamos, otra la de nuestros
pensamientos; ¿cuál es más real? Me parece que la más auténtica es la segunda, porque es la más íntima.
Los demás ven sólo la primera y es a la que encuentran sentido, pero la vida interior es la verdadera,
porque en ella no hay disimulos ni convenciones; el hilo de nuestros pensamientos, de nuestros
sentimientos, de nuestras emociones no obedece a nada establecido de antemano, ni a ningún horario; no
hay orden, todo puede ocurrir en un momento, amalgamado y sin concierto. Son instantes que no tienen
noción de tiempo; pueden durar indefinidamente, no hay un principio ni un fin. Se pierde el sentido incluso
del lugar donde te encuentras; es como si flotaras, como si te salieras de ti. Esta impresión la he sentido
más de una vez cuando camino, parece que mi cuerpo es el que se mueve, ando; pero mi yo más íntimo
está fuera de él.
Mejor es callar. Mi mundo interior es sólo mío, únicamente yo puedo entenderme a mí misma hasta
donde mi cerebro alcanza y, cuando no puedo ir más allá, conformarme con sentir, aunque sea de forma
inexplicable.

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SEGUNDA PARTE

1. La hora del balance

Cada noche, al final del día, llega el encuentro con uno mismo. En este momento no valen los
disimulos ni las interpretaciones; surgen en toda su crudeza las verdades descarnadas. Se ha cerrado el
ciclo, del día a la noche, de la esperanza de lo que comienza cada mañana con sus expectativas a las
decepciones de lo que se termina, sin que se hayan cumplido nuestros más fervientes anhelos.
Es en este momento cuando debemos tomarnos el pulso del valor, la determinación, la fuerza de
voluntad para cargarnos nuevamente las pilas y decirnos una vez más: “Mañana saldrá el sol”. Nos iremos a
la cama dispuestos a inventarnos un nuevo día, pensando que estrenaremos una vez más ilusiones,
esperanzas, experiencias, encuentros, afectos renovados, quizás otros nuevos. Disfrutaremos nuevos
colores, nuevas sensaciones; también, como no, surgirán nuevos afanes, nuevos dolores, nuevas
decepciones. Todo será bienvenido porque todo forma parte del devenir de la existencia. Con este bagaje
nos vestiremos con un nuevo traje que se irá adaptando como una nueva piel a nuestro cuerpo,
perfilándolo, puliéndolo con todas sus cicatrices, con las imperfecciones y el deterioro propio del paso del
tiempo. Dentro de él, nuestra alma, el motor que lo mueve, nuestro SER auténtico, se irá amoldando a sus
formas y se irá haciendo cada vez más fuerte, más verdadero, más auténtico.
Necesitamos renovarnos cada noche, para ser nuevos cada día. Los mismos, pero distintos, con
alguna experiencia más, con alguna ilusión naufragada. No importa, de alguna parte surgirá un pequeño
soplo que hará que la vela de nuestro barco se despliegue y tome el rumbo que en ese momento convenga.
El viaje de la vida es un misterio y por eso hay que hacerlo con los sentidos abiertos, para ir
percibiendo cada instante por nimio que parezca. Hay que abrir el alma para que penetren en ella todos los
vientos que azoten la embarcación de nuestra vida. Cada día distinta; ahí radica la perfección; pequeños
ciclos “amanecer, anochecer”; repetidos no se sabe cuantas veces; para dejar de hacerlo no se sabe en qué
momento y este no saber es lo que hace la vida más interesante.

2. Los ojos de la cara, los ojos del alma.

Todos cuidamos nuestra vista que, según pasa el tiempo, se va deteriorando; para suplir sus
deficiencias nos vamos adaptando lentes. Nos preocupa ir perdiendo la visión que nos muestra nuestro
entorno.
Sin embargo, no somos conscientes de que puede existir una ceguera mayor ante las cosas que no
tienen una apariencia tangible. No nos preocupamos de ver esa otra realidad que no se percibe por el
mundo de los sentidos. Esa que para mí es la verdadera vida: sentimientos, emociones; estos son los
motores que mueven lo que para la mayoría es la realidad. Todos los hechos de nuestra historia personal y
colectiva se desarrollan porque los humanos nos movemos por nuestras pasiones y estas determinan los
acontecimientos. Detrás de grandes sucesos, aparentemente fortuitos, podemos encontrar a alguien que,
dejándose llevar por un deseo, desencadena como por efecto dominó, una serie de hechos donde se ven
involucradas personas ajenas totalmente a quien los ha motivado. Por esto, no podemos echar en saco roto
ningún suceso por pequeño e insignificante que nos parezca. Nada ocurre sin sentido; todo tiene
explicación en el argumento de nuestra vida. Todo tiene su lógica, aunque de momento no lo veamos. Lo
único que hay que hacer es esperar que se vaya componiendo el puzzle; al final cada pieza encaja en su
sitio y entonces comprenderemos… aunque ya sea tarde.

3. Diario de la frivolidad.

Hoy ha tocado cambiar de registro. Mientras en días pasados los temas se han referido
exclusivamente a estados del alma, a sensaciones, emociones y sentimientos; en esta jornada lo que he
vivido se ha referido casi en exclusiva a temas mundanos.
Me ha apetecido comprarme ropa y zapatos y lo he hecho con agrado. Me he sentido bien en mi vena
femenina. Me he dejado llevar por una dosis de coquetería, no excesiva, pero la justa para sacar partido de
mi lado físico. Es agradable ver que me mantengo en forma y que parece ser que resulto atractiva.
También estas sensaciones las he buscado yo sola. Me gusta hacer estas cosas a mi aire; sin
opiniones ajenas. Cada cual tiene su estilo y el mío ahora busca la sencillez, la comodidad y la armonía en
el conjunto.

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Estas cosas son agradables si se les da solo la importancia que tienen y en dosis pequeñas y si no se
convierten en la razón de la vida. Es bueno poder disfrutar también de los pequeños placeres.
Hoy es de esos días que me encuentro bien por dentro y por fuera. Estoy tranquila y serena y me
siento sana y vigorosa con agilidad física y mental. Veo las cosas con claridad y mi cuerpo se mantiene con
buen ritmo.
Doy gracias una vez más por este regalo.

4. Escribo para no estar sola.

Tarde típicamente otoñal, lluviosa, ventosa y anocheciendo a las cinco; mi ánimo en consonancia;
pero, como no puedo permitirme el lujo de venirme abajo, empiezo mi proceso mental de autoayuda.
Lo típico es plantearme lo que tengo: buena salud, buena forma física y equilibrio mental, mente
despierta, muy activa, energía y vitalidad a muy buen nivel; la autoestima en su justa medida y
reconocimiento social. Lo que no tengo es amor de pareja, ni de hijos. Si sumamos lo positivo por un lado y
lo negativo por otro, sale ganando lo primero; así que no tengo más remedio que animarme y no perder ni la
esperanza ni el humor. Si estoy sola es porque quiero porque oportunidades no me faltan; pero yo lo que
quiero es enriquecer mi vida, no machacarla con algún elemento discordante. Los hombres que me rodean
dan poca talla; necesito una persona que sea cabal, valiente, con hombría, pero, al mismo tiempo, capaz de
demostrar ternura y amor. Creo que lo que pido es casi un milagro; no porque no puedan existir hombres
así, sino porque parece que estoy gafada en este asunto. Según lo que me dicen, méritos no me faltan y
esto se evidencia cuando alguno me mira. Tengo capacidad, creo yo, para atraer; pero cunado llega la hora
de las decisiones, o ellos se quedan cortos porque les asusto, o yo espero lo que no pueden darme. Así que
para mediocridades, mejor estoy así. Siempre me quedará París.

5. Perfil de mujer con éxito.

Tiene que ser generosa en las medidas; pero comedida en seso y excesiva en sexo. Dispuesta para
ser manejada y entregada a la noble causa de enaltecer a un hombre. Tiene que saber que la relación
durará lo que el hombre tarde en encontrar otra que le renueve la ilusión, que consiste en que su pareja
piense que está como un tarzán. Las mujeres que piensan y, además, se atreven a expresar y defender sus
ideas, son peligrosas. La combinación ideal será: guapa y simple. Si la encuentran atractiva pero inteligente,
pasan de largo, mirándola como a un pastel, pero expuesto en un escaparate al que no tienen acceso.
La cobardía les hace comerse un dulce adulterado, que no les satisface. Así se pasan la vida teniendo
lo que no quieren y queriendo lo que no tienen. El resultado es que siempre en una cama suele haber tres:
él, ella y la fantasía.

6. Sigue saliendo el sol.

Continuamos disfrutando de suaves días otoñales. Me encanta pasear y sentir el sol tenue y el viento
en mi cara; mientras observo los árboles, el cielo y dejo volar mis pensamientos. Mi alma se ensancha, se
llena de paz y creo que he aprendido la lección del dejarse llevar.
Me relaciono armónicamente con el entorno; se establece una comunicación fluida con los demás. La
calle se convierte para mí, no en un lugar de paso, si no en el lugar donde tengo la oportunidad de recibir
afectos.
No me pasa nada extraordinario; aunque a mí me parece extraordinario, simplemente, el hecho de
vivir.
No puedo asegurar nada; sin embargo, siento que soy amada. No tengo en que basar esta sensación;
pero está ahí, aferrada a mi alma y me hace sentir bien. Confío.

7. A ritmo lento.

Desde ayer me duele una muela, aunque hoy me ha dado un respiro y apenas la noto.
Agradezco recuperar el ritmo habitual que está siendo tranquilo, casi monótono, acompañado de una
lluvia fina que hace el ambiente melancólico.
Cuando el organismo sufre una alteración, nos damos cuenta de lo importante que es la salud y,
entonces, los demás problemas se minimizan. Dicen que, si no hay salud, de poco valen el dinero y el amor.

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Lo cierto es que, quitando este asunto de la muela, mi salud es buena, mi economía, ahora, está saneada;
lo que me falta es lo de siempre: el amor de pareja. No se puede tener todo.
También me estoy dando cuenta de que me estoy acomodando a la soledad; que se está ajustando a
mí como una segunda piel. Soy persona con una gran capacidad de adaptación, porque soy consciente de
que no hay nada que pueda permanecer inalterable. La vida es un continuo cambio, aunque la mayoría de
las personas la viven como una rutina. No me apego a las cosas, me parece absurdo esclavizarse de los
objetos. Aunque me creo que voy contra corriente, porque la finalidad de la sociedad se ha convertido en
una carrera por ver si podemos comprar cada vez más cosas.
Las vidas están hipotecadas; las personas cada vez están más esclavizadas de sus propias
necesidades; el poseer se ha convertido en el fin último de la existencia.
El contraste entre el primer y el tercer mundo es brutal; es insultante contemplar que lo que nosotros
desechamos, sería suficiente para que cambiara la vida de quienes no tienen nada.
Me conmueve ver cómo, a pesar de las enormes carencias, estas personas son capaces de sonreír
abiertamente y me llama la atención ver a personas que tienen todo lo material imaginable, con la sonrisa
helada y la mirada atormentada.
La superabundancia ha generado una sociedad alienada, insatisfecha, angustiada y esclavizada por
tantas apetencias, que ha perdido de vista el valor de la propia vida. Se buscan satisfacciones que la ponen
en peligro o deterioran la salud.
No se valora la honradez, el esfuerzo, la satisfacción de lo bien hecho. Lo que interesa es lo que tiene
un resultado inmediato y fácil; lo que genera un beneficio superior con el mínimo esfuerzo.
La amistad no se cotiza; lo que se lleva es relacionarse con muchas personas sin profundizar y
mezclarse con la masa y despersonalizarse.
La cultura se ha convertido en un barniz superficial, que sirve para integrarse en la sociedad de
consumo.
Los temas de conversación tienen como protagonista el dinero y lo que tenga que ver con él. De
acuerdo que el dinero es necesario para vivir con dignidad, hay que darle su justo valor; pero no puede ser
un valor en sí mismo.
Viendo todo esto, estoy intentando marcarme mi propio ritmo, acomodándolo a mi persona y a mis
circunstancias. Valoro, por encima de lo que la sociedad te incita a valorar, la paz interior, la alegría de vivir
y la relación con otras personas.
Con esta forma de pensar, se corre el peligro de sentirse más sola; pero hay que correr este riesgo,
no se puede vivir intentando hacer y, sobre todo, pensar lo que se considera políticamente correcto.
Quiero estar a gusto conmigo misma; cuidar mi cuerpo y cultivar mi alma; porque, si lo hago así,
estaré más preparada para poder ayudar a otras personas.
No quiero aturdirme haciendo cosas que me despersonalicen, que me impidan ser consciente del
fondo de las mismas.
Espero seguir con paso firme el camino de la vida, dándome cuenta de lo que me voy encontrando en
ella.
Mi vida es mía, única e irrepetible y no quiero desperdiciarla.

8. Confesiones a media noche.

Si tuviera que buscar una palabra que resumiera mi estado de ánimo en este momento sería,
serenidad.
Estoy en mi rincón preferido, sentada en mi sillón, bajo la pantalla y con las cortinas preservando mi
intimidad. El ambiente es cálido y acogedor; tal como yo pretendía cuando monté el piso.
Me siento cómoda, mientras me envuelve el silencio, solo alterado, de vez en cuando, por el sonido
de algún coche que pasa.
Si corriera la cortina, vería los árboles húmedos de lluvia, meciéndose suavemente con el viento.
He conseguido la vivienda apropiada a mis necesidades, es mi torre de marfil donde me refugio del
mundo. Esta habitación alberga mis sueños; en ella se ha producido todo el proceso de mis pensamientos.
El silencio arropa mi intimidad y en ella mi alma descansa. Me siento una mujer con valores que no
necesitan airearse. Me muevo por el mundo con discreción; no tengo ningún deseo de llamar la atención,
pero no por timidez, sino porque así me siento más cómoda.
No hago nada extraordinario, porque no necesito cosas especiales; no busco nada, simplemente,
estoy abierta a lo que la vida me vaya ofreciendo.
Me gusta bucear dentro de mí y tratar, a través de las palabras, de sacar al exterior la amalgama de
sensaciones y sentimientos que bullen en mi interior. Creo que mi apariencia no da la imagen de lo que se

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cuece dentro de mí. No me importa porque no tengo ningún interés en demostrar nada. Quien me aprecie,
algo bueno sabrá encontrar en mí.

9. El tiempo suspendido.

Son las 11:30 de la noche y hay una quietud y una tranquilidad que me envuelven por completo. Mi
cuarto de estar permanece en silencio. Si miro por la ventana, sólo se ven los árboles quietos sin moverse
ni una hoja. Es como si todo estuviera detenido en un instante aparentemente inalterable. Es la infinitud del
momento. Así parece que está también mi alma. Nada la altera; me invade una calma total de emociones,
no hay dolor, no hay deseos; los recuerdos son neutros. Todo queda suspendido, la vida cotidiana se
paraliza y es imposible pensar, en este momento, que todo vuelva a seguir su ritmo. Me invade la calma de
la sabiduría de la vida. Confío en ella; sé que su curso irá por donde corresponda. Vivo este instante de
parálisis aparente, consciente de que es transitorio; porque ningún instante es igual a otro.
Estoy metida de lleno en el trabajo de vivir y, aunque ahora ha quedado todo como una foto fija, sé
que la vida está tejiendo sus hilos inexorablemente; sólo que sus efectos irán llegando a mi conocimiento
cuando sea preciso.
Solo espero que el viento que mueve la embarcación de mi vida sea una brisa suave que me dé paz.

10. Melodía de otoño.

La música del día de hoy tiene un ritmo suave. La lluvia repite su sonido monocorde, acompasado;
sus notas, lo mismo que las gotas que la producen, van cayendo sobre mí y me riegan de melancolía dulce;
atemperan el dolor de la soledad. El sentimiento se hace acorde con la estación y produce un llanto interior
contenido que dulcifica el alma.
Evolucionan las hojas en un vals que muere en el suelo, formando un manto que produce otro tipo de
música cuando lo pisamos.
Sinfonía de colores en los árboles que llena de arco-iris nuestro corazón. Estallido de tonalidades
cambiantes cada día, que nos van indicando el proceso que la naturaleza sufre, preparándose para otro tipo
de acordes.
El silencio es necesario para escuchar el sonido de la naturaleza, donde está la verdadera vida, para
escuchar nuestro ritmo interior. Naturaleza y alma, las dos se acompasan, aúnan sus notas y surge la pieza
musical, lista para que una batuta sabia dirija la orquesta de nuestro SER. Si esta modesta orquesta
personal suena bien, se expande y se fusiona con la Orquesta Universal, y esta música armónica y bella
sirve para que la danza sea acompasada y todos bailemos al mismo son.
Despierto de este sueño y entro otra vez en un mundo de disfunciones, ruidos estridentes,
discrepancias irreconciliables, dolores innecesarios, miserias materiales y espirituales, luchas, muertes
injustas, hambre, que no somos capaces de erradicar. A pesar de todo esto, debemos tener la esperanza
en una Orquesta Universal que, quizá algún día, produzca la melodía perfecta.
Mientras esto llega, no debemos dejar de tratar que la orquesta modesta que somos cada uno de
nosotros suene de la mejor manera, aunque no sea la perfecta; por eso, seguiremos ensayando y afinando
con tesón nuestros instrumentos. De vez en cuando desafinaremos, pero volveremos a repetir las veces
que hagan falta, todos los días de nuestra vida y nuestra alegría será ver que cada vez desafinamos un
poco menos; aunque, ni siquiera al final, hayamos escuchado toda la melodía.
Lo importante será haber ido perfeccionando, sin llegar a la perfección, porque somos humanos y eso
no está a nuestro alcance; pero será nuestra música, será nuestro yo más auténtico y esto es maravilloso.

11. El manto de Penélope.

Estoy tejiendo el mando de mi vida. Tengo todo lo necesario: la tela, los hilos, las agujas; la ilusión, la
determinación, la voluntad, el arte, el gusto para mezclar los colores y el dibujo que quiero plasmar en él.
Sin embargo, cuando llega la noche y miro lo que he ido bordando durante el día, soy consciente de que lo
que he elaborado es apenas un esbozo que, seguramente, no encajará con lo que mañana tendré que
bordar. La noche me hace repasar cada puntada; parece que están bien dadas; pero, al día siguiente, tengo
que empezar de nuevo, porque se quedan en una pobre expresión del dibujo que tengo en la cabeza. Es
necesario deshacer y dejar la tela limpia y volver a empezar. Ahora parece que sí, que va saliendo mejor;
pero, a medida que avanza, me doy cuenta que el dibujo se ha ido complicando y perfeccionando y no
tengo más remedio que volver a deshacer porque debo añadir nuevos elementos.

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El manto parece más bello con cada nueva reforma; pero nunca acaba de plasmar la idea que en mi
cabeza se va gestando. El dibujo añade nuevos elementos; la combinación de los colores cada vez es más
perfecta; pero todo esto vuelve a quedarse pequeño al día siguiente. Necesito partir otra vez de cero para
dar paso a otras ideas nuevas.
El manto es maravilloso y no puedo desperdiciarlo; en él tiene que reflejarse toda la belleza de la vida.
Tengo que intentarlo a base de tesón, paciencia y amor; no importa si me lleva una vida.

12. La soledad que enriquece.

Que la soledad es dura, es un hecho incuestionable. Es tremendamente dura. La noche, sobretodo,


es todo un ejercicio de valor. El silencio te envuelve; solo escuchas tus propios pensamientos.
Miras por la ventana y ves luces en otras ventanas. A través de ellas intuyes otras vidas, quizás en
compañía y, en momentos bajos, envidias el amor que pueda haber en las vidas ajenas.
La realidad te hace ver que no es precisamente el amor el que impera; que otras pasiones son las
protagonistas. Los egoísmos, los intereses, la rutina y el aburrimiento se instalan en la mayoría de los
hogares.
Las relaciones humanas generan tensiones. Hay luchas soterradas tremendas que, en algunos casos,
pueden llevar a la destrucción de las personas. Hay un desgaste de fuerzas que producen desequilibrios
emocionales y grandes crispaciones. Basta con observar las caras de las personas; hay en ellas muchas
tensiones contenidas, que llenan algunos rostros de amargura. Caras prematuramente envejecidas, ojos
tristes, bocas de rictus amargo. Si tratas a algunas de estas personas, ves comportamientos bruscos, falta
de amabilidad, violencia verbal, cuando no física.
Cuando eres consciente de esta realidad, cuando aprendes a estar en paz contigo misma, empiezas a
valorar la soledad provechosa y enriquecedora para tu crecimiento personal. Empiezas a saber escuchar y
escucharte. Sales del aturdimiento que produce el ruido exterior y empieza el aprendizaje verdadero de la
vida. Valoras otras cosas y poco a poco la paz se instala en tu alma. Es un sentimiento dulce, sosegado;
ves más, percibes más, intuyes más, sientes más y amas más. Todo se hace más intenso; pero, a la vez,
más tranquilo. Observas a los demás y los ves como a través de una moviola; se mueven, hablan y
gesticulan de una manera desaforada, como si les hubieran dado cuerda y, como muñecos, corrieran de un
lado a otro hacia no se sabe a donde.
Hay que aprender a llenar una misma la soledad. Si esta es fructífera y enriquecedora, nos ayudará a
comprender un poco mejor los misterios de la vida y a aceptar nuestras limitaciones con naturalidad.

13. La luz de la noche.

Cuando se apaga el día y todo se sosiega; cuando se acaba el frenesí de los afanes diarios y los
cuerpos cansados de tanto trasiego se preparan para dormir, hay un momento mágico que a algunos les
parece un tiempo muerto que hay que llenar con imágenes de la televisión y que para otros es el momento
de la verdad. Cada uno nos quitamos la careta y nos encontramos con la verdad pura y descarnada; nos
vemos desnudos, nos contemplamos tal como somos y sentimos el desasosiego de la insatisfacción, de las
ilusiones rotas, de los fracasos clamorosos. Si estamos entrenados para mirarnos por dentro, quizás
seamos capaces de vislumbrar alguna pequeña luz que nos hace pensar que no todo ha sido malo; que
siempre hay en el día que se ha ido algún hecho que nos demuestra que, a pesar de todo, la vida tiene
momentos hermosos, que no tienen por qué ser los más llamativos; quizás, algo que en principio nos
parece insignificante, puede esconder algo maravilloso. Hay que aprender a ver la luz pequeña para que la
luz de nuestro interior vaya siendo cada vez más intensa. Esta será la luz que nos ilumine el camino y nos
hará el trayecto más placentero.

14. Dolor de madre.

Estoy triste. ¡Cuánto me desprecian mis hijos!


Anoche me encontré con mi hijo; cuando me vio, dio media vuelta como un resorte y desapareció.
Hoy me he cruzado con mi hija a menos de un metro de distancia y su cara era la viva expresión del enfado.
Al rato, la volví a ver con su padre y la expresión de él era como de ironía, como diciéndome: “Ahí vas sola y
yo estoy con mi hija”. Quiere hacerme daño a través de los hijos.

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No se sabe hasta que punto somos capaces de soportar lo que la vida nos va deparando. Todos los
días tengo que hacer un esfuerzo mental para asumir mi situación y aceptar lo que se va presentando; pero
es muy duro.
En este proceso no tengo ayuda; el apoyo lo debo buscar en mí misma.
Tengo el alma dolorida y no puedo dejarlo ver. La gente comprende el dolor físico producido por algún
tipo de enfermedad; pero los dolores del alma no son comprensibles para casi nadie.
Con mis amigas no hablo de estas cosas; por eso necesito aislarme de vez en cuando. No me
encuentro con ánimos para seguir una conversación de las cosas que pasan fuera, cuando mi verdadera
vida está en las cosas que pasan dentro.
Si mi vida es larga, como la de la mayoría de las mujeres de mi familia, me quedan muchos años de
estar sola. No quiero ni pensarlo. Necesito compartir, querer y que me quieran.
Mi enfermedad es de desamor y me duele en lo más profundo de mi alma.
¡Dios mío, pon el amor en mi camino!

15. El lenguaje de los hechos.

Cuando no te puedes defender ante los que te injurian, ni responder a un comportamiento que te hiere
porque no te dan ocasión para hacerlo, no te queda más opción que responder con autenticidad.
He llegado a esta conclusión y la he puesto en práctica; sin estridencias, sin forzar situaciones,
simplemente, siendo como soy.
Cada mañana, cuando me despierto, me lleno de energía positiva; hago un esquema de las cosas
que tengo que hacer y con el mejor ánimo salgo a la calle para ponerlas en práctica. Mi mejor aliado es la
sonrisa. Voy con el corazón abierto y sin esfuerzo me relaciono con las personas que me voy encontrando.
Estos contactos me refuerzan y las cosas parece que se van desarrollando suavemente; como si los hechos
se sucedieran unos a otros de forma natural, respondiendo a un guión previo. Es como si una mano me
fuera guiando cuando voy a favor de la corriente de la vida. Si intento forzar el curso pierdo tranquilidad y
sosiego y me lleno de angustia hasta que vuelvo a recobrar el camino. Entonces me veo a mí misma como
una isla y a las personas protagonistas de mis agravios como barcos a la deriva. Cuanto más serena estoy
yo, más crispados están ellos. Plantean estrategias y su comportamiento obedece a las mismas; yo me
limito a intentar hacer las cosas sin hacer daño a los demás y, si puedo, hacer bien. Si tengo dudas,
consulto a mi conciencia y, si no tratas de engañarte a ti misma, esta te indica lo correcto.
He aprendido que el tiempo es el mejor aliado, que él te va dando las respuestas y va colocando las
cosas en su sitio. Por eso, en momentos de tribulación, de dolor o de angustia, lo primero que intento es
serenarme, recobrar la paz interior y después sigo haciendo las cosas con sencillez. A partir de este
momento, mi comunicación con los demás es más fluida y me van llegando las respuestas que necesito.
Esta es la mejor manera de defenderme de los agravios, siendo o intentado ser una buena persona;
valorándome y valorando a los demás, desterrando los rencores. La forma de recorrer el camino de la vida
es el mejor aval; no necesitas demostrar nada; los hechos hablaran por ti.

16. La terapia de escribir.

Después de pasar toda mi vida buscando respuestas en los libros que me permitieran conocer un
poco más el alma humana; después de tratar de comprender a las personas a través de la observación;
ahora he descubierto que volcar mi alma en el papel me hace mucho bien. Escribo para mí misma, para
vaciar el saco que tenía completamente lleno, con la sensación de que me estaba ahogando todo lo
acumulado.
Escribo mientras pienso, o pienso mientras escribo, no sé.
No hay guión, todo pasa de la cabeza al papel sin transición. Tengo que acompasar la velocidad de la
escritura a la del pensamiento; por lo que no puedo cuidar la letra. No busco la perfección de la forma, sino
el reflejo de lo que siento.
Es como si hubiera quitado un tapón y se hubieran ido por el desagüe el dolor, la angustia y la
incertidumbre. Aparentemente, la situación no ha variado en lo sustancial; sin embargo, creo que todo es
completamente distinto en el fondo.
Para apreciar este cambio, previamente, he tenido que aprender a percibir más con los cinco sentidos
y añadir alguno más, que se ha desarrollado conforme he ido evolucionando.
La noche ya no es para mí una enemiga que me angustia; es una aliada; hay una complicidad entre
nosotras; acompasamos nuestros ritmos, nos acomodamos y somos como dos viejas amigas que se
cuentan sus cosas.
De la oscuridad nace la luz.

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17. Una mujer en el escaparate.

Sale de casa por las mañanas, decidida, con paso ágil, la figura erguida. Su aspecto es cuidado,
pulcro y armonioso, sencillo y agradable.
Cuando camina, no pasa inadvertida; las personas que se cruzan en su camino la miran; los hombres
valorando su figura, las mujeres con un punto de curiosidad envidiosa. Ella se da cuenta, pero no por esto
se siente orgullosa; sabe que la reacción es humana y lo acepta con naturalidad.
Se siente bien porque el día comienza y está llena de curiosidad por lo que vaya a ir desarrollándose;
por lo que pueda tener de imprevisible. Acaba de estrenarlo y en su corazón hay esperanza. Va, viene,
saluda a quienes conoce con palabras amables y una sonrisa abierta y amplia; se para brevemente para
intercambiar algunas frases cariñosas y atentas. Manifiesta afabilidad y la gente la trata con afecto. Irradia
alegría interior que derrama con generosidad a su alrededor. Desprende energía y, quienes la ven, pueden
pensar que su vida es agradable; que ha conseguido superar los problemas que han sido evidentes para
quienes saben de su trayectoria.
La mañana es testigo de su trasiego; va por las calles y es vista por gente que la conoce y que ella no
ve, porque muchas pasan en coche.
Su imagen responde al prototipo de mujer resuelta, libre e independiente; para unos envidiable, para
otros solitaria y sin amores cercanos. Como mínimo, sentirán curiosidad y la observan en sus evoluciones
rutinarias, para ver si éstas se rompen por algún cambio que anuncie alguna novedad. Quizás resulte
extraño que una mujer que atrae, arrastre una soledad que a la mayoría le daría miedo. Lo cierto es que,
quiera ella o no, despierta interés y, por donde va, no pasa inadvertida.
Llegado el medio día, la mujer vuelve a su casa y su paso ya no es tan ligero; un peso imaginario cae
sobre su espalda. La representación matinal acaba cuando cierra la puerta tras de si. Desaparece de
escena y es desde este momento cuando la mujer deja el escaparate para pasar a la trastienda, donde
queda como un maniquí roto y desnudo.
A partir de este momento, comienza la lucha interior y en solitario. Hay que armarse de valor, de
fortaleza y de creatividad, para ir desgranando las horas lejos de los ojos ajenos y de los intereses y afanes
de los que, por la mañana, se han cruzado en su camino.
Todo este tiempo es el que dedicará a ir construyendo el entramado que sustentará la actuación de la
mañana siguiente. Pieza a pieza irá levantando otro muro de esperanza, que servirá para ir tejiendo nuevos
sueños que den motivación a los afanes diarios. Dará consuelo a su corazón por los sueños perdidos de
ese día; lamerá la herida abierta, aunque invisible a los ojos de la gente; coserá los pedazos de
decepciones y, todo este trabajo, le llevará el resto del día.
Aquí no hay testigos, no hay admiración; simplemente, ha desaparecido y ha dejado de existir para el
mundo. Metida en la celdilla de un panal, se convierte en un insecto más de la colmena.
Para la gente, la única realidad que ve es la actuación de la mañana; el periodo que va desde que se
abre la puerta y sale, hasta que vuelve y la cierra. El resto, que es la más auténtica, no tiene testigos. Esta
es la realidad de la lucha interior por no dejarse hundir en la miseria de la soledad, del desamparo y el
desamor; de los sueños rotos, del vacío que hay que llenar con pequeñas dosis de esperanza que forman
un conjunto suficiente en el que sustentar el día siguiente. Aquí se fraguan los cimientos de la persona que
contemplan cada mañana los demás.
Su vida puede compararse a una bailarina de ballet; en el escenario evoluciona de una forma grácil y,
aparentemente, sin esfuerzo, como si fuera consustancial a ella; pero lo que hay detrás es una vida de
esfuerzo, de disciplina y sacrificio, de ensayos repetidos y aburridos, de heridas en los pies y caídas
peligrosas. Lo que el público ve y le conmueve es el resultado final del esfuerzo; el resto queda guardado en
el alma férrea de ese cuerpo aparentemente frágil.
¿Tendrá sentido todo esto?

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TERCERA PARTE

1. Despertar.

Miro dentro de mí
Siento, percibo, amo
Comprendo mi entorno
Me identifico con las personas
Me hablan, me llegan, me emocionan
Intuyo sentimientos
Veo el lado amable de la vida
Comprendo el dolor
Disculpo errores
Aprendo de los sinsabores
Estoy aquí, porque es mi sitio
No estaré mañana y no importa
Volveré al lugar del que he venido
Y todo seguirá haciendo su historia

2. Danzar.

El viento sopla
La hoja inicia su baile
Se desprende al fin
Cae suavemente
Un poco a la derecha
Otro poco a la izquierda
Ligero ascenso
Vuelta a descender
Describe una espiral
Se mantiene
Llega a su destino
Se posa
Final de trayecto
Como la vida

3. Sentir.

Me escucho
Mi voz interior es suave
No hay estridencias
No exige respuestas urgentes
Ni larga conversación
Ni siquiera palabras
Me encuentro en el silencio
Solo siento
Música armónica
Ritmo de amor

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4. Soy capaz

Miro, observo
Contemplo la vida
Se abre como una flor
Aspiro su perfume
Lo hago mío
Buceo en mí
Saco mi alma
Uno experiencia y sentimiento
Y escribo

5. ¿Qué necesito ahora?

Nada que entre por los sentidos porque estos están abiertos y percibo la grandeza de la Naturaleza;
lo demás es secundario. No me interesa la actividad mutante de edificios que aparecen y desaparecen,
coches que circulan a ninguna parte. Actividad de hormiguero en el que las personas acarrean más de lo
necesario, como si tuvieran que estar constantemente preparadas para una catástrofe inminente.
No necesito tener más, porque lo que poseo es suficiente para vivir con dignidad.
Mi afán ahora es ahondar en mi SER, conocerme hasta donde me sea posible y, a través de este
conocimiento, intentar comprender el por qué estoy aquí. Creo que mi vida tiene un sentido que, por ahora,
se me escapa.
Hasta este momento lo que estoy descubriendo es que voy dejando alguna huella y yo no era
consciente. Me refiero al plano profesional por manifestaciones de antiguos alumnos. En otros aspectos, no
sé; percibo afecto en las personas que trato; pero todavía no alcanzo a comprender que espera la Vida de
mí; yo no espero más que vivirla, saboreando las pequeñas cosas del día a día. No deseo nada
extraordinario; porque para mí es extraordinario vivir en paz conmigo y mi entorno.
Me gustaría que, cuando ya no esté, algunas personas guardaran algún recuerdo de mí; cosas
modestas: una sonrisa, una frase, alguna enseñanza, un sentimiento, un afecto.
Mi mayor tesoro ahora son mis amigos, mis amores, mis sentimientos y mi relación armónica con el
entorno.
Me falta la relación de pareja; pero ¿de verdad la necesito?
Si la tuviera ganaría una compañía, vida sexual, alguien con quien compartir; pero perdería intimidad,
libertad, espacio vital para mi crecimiento personal e independencia y comenzarían de nuevo las exigencias,
las renuncias, los tiras y aflojas, el tirar de la cuerda para ver por donde se rompe, la pugna por el poder, las
desilusiones con cuentagotas o a borbotones, los reproches y el descubrir otra vez que no es eso lo que
esperaba.
¿Merece la pena?
No puedo saberlo si no lo experimento otra vez.
La vida es sabia. Ella sabrá por qué no me la da y, si me la diera, ella es la que sabe lo que pasaría.
Yo solo soy una humilde pieza del rompecabezas; veremos dónde corresponde colocarme. Estoy
tranquila y me dejo llevar con paciencia. Lo que sea ya sonará.

6. Las dos caras de la luna.

Redonda, brillante, misteriosa, inspiradora de poetas, contemplada por amantes, causante de las
mareas, protagonista de nuestras noches.
Siempre la misma y siempre diferente, unas veces perdiendo la redondez hasta convertirse en una
daga; otras veces la daga va creciendo hasta adquirir la plenitud. Siempre inquietante, influyendo en las
personas más sensibles hasta el punto de hacerlas capaces de las acciones más horribles.
Leyendas, historias, cuentos donde ella es reina y señora. Mezcla apasionada y apasionante de raza
gitana, muerte y tragedia; lorquiana hasta la médula.
Esta es la cara que se ve; la que nos inspira, la que nos embelesa, la que alumbra nuestro insomnio.
Nos atrae, nos hace soñar; es engañosa en la distancia, inalcanzable desde nuestra pequeñez;
científicamente un logro inaugurado y con perspectivas de poder habitarla.
Por ahora, caprichosa por femenina, coqueta y juguetona; se muestra, se luce, se desliza, se oculta;
juega con el amante que la contempla, se deja querer, pero siempre distante, altiva, señora consciente de
su poder de seducción y sin rendirse nunca a ningún enamorado.

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Su misterio se hace mayor en su cara oculta. Es insondable; la intuimos, pero se guarda para sí
misma. Ningún ojo puede verla; guarda celosamente sus secretos; tiene una vida oculta, que conecta con lo
más inconfesable de nuestra alma.
Así me siento yo. Ofrezco mi imagen en plenitud. A veces me escondo, otras me dejo intuir. Soy
consciente de ser observada, deseada y me dejo querer con coquetería manteniendo la distancia. No me
dejo alcanzar, porque nadie se ha preocupado de comprender mi otra cara, la cara oculta. Allí está lo mejor
de mí, la mujer sensible, sensual, apasionada, creativa, torbellino de sentimientos y emociones, capaz de
amar hasta el delirio y obligada a mantener estos secretos.
¡Amantes torpes que sólo veis el brillo plateado y no percibís el diamante de la cara oculta!
¿Quién será el poeta que hará versos con sus dedos en mi cuerpo y arrancará suspiros en mi alma?
Ojala llegue, aunque sea en el ocaso, en ese momento fugaz en que este a punto de extinguirme.

7. Desde mi ventana.

Busco la paz en mi rincón favorito; mi sillón, mi pantalla, mis libros de uso a la derecha y el ojo abierto
de la ventana que me da una panorámica amplia del exterior.
Aquí tengo periodos de recogimiento, de encuentros conmigo misma, de análisis pormenorizados, de
búsqueda de soluciones. Este lugar es testigo mudo de mi mundo de sensaciones, de mis momentos bajos
y de mis alegrías contenidas.
A ratos interrumpo mis cavilaciones o la lectura y se me ofrece el espectáculo de la vida. La acción no
deja de ser un ir y venir de personajes; pero este tránsito me sirve para acabar conociendo a algunas de las
personas que repiten día a día unos comportamientos que me hacen imaginar alguna faceta de su
existencia.
En este trasiego veo la alegría inconsciente de la gente joven, el corretear inquieto de los niños, el
paso sosegado de las personas mayores, a veces, personas con algún tipo de minusvalía, que sirven de
estudio sobre el discurrir de la vida en todas sus etapas y las limitaciones que le ha impuesto a algunos.
Son visiones fugaces, de conjunto; pero, a fuerza de repetirse, algunas figuras acaban por salir del
grupo y adquieren protagonismo especial.
Tengo que citar a tres: una señora, acompañada de un perro, que vacía una bolsa de migas de pan
en el jardín y se marcha rápidamente. Al momento una bandada de pájaros bajan a dar cuenta del alimento
como si tuvieran cita previa; un hombre canoso con cuatro o cinco perros y, algunas veces, un gato, que se
pasea solitario a partir de medianoche y una tercera persona, un hombre joven, que sube y baja
acompañado de un gran perro negro y que dan una imagen un tanto fúnebre.
Veo a los tres unidos por un rasgo común: la soledad. Sin embargo, creo que hay una diferencia. La
señora cuida de los pájaros en un momento del día y lo hace con paso firme y seguro, casi diría que con
determinación; hay vitalidad en sus gestos, entusiasmo; está inmersa en la vida. En cambio, los personajes
masculinos son huidizos, buscan la noche y la hora en que no hay gente y dan la impresión de
ensimismamiento, de estar encerrados en un círculo pequeño en el que no tienen cabida más que ellos y
sus animales.
A los tres les une el amor por estos; al menos, en el caso de los hombres a los de compañía. Hay más
cerrazón en ellos y más apertura en la mujer que hace extensible el afecto a los que vuelan.
Veo dos actitudes ante la vida; la una abierta, más positiva; la otra cerrada y pesimista. Las dos las
contemplo con curiosidad amable y comprensiva y con el respeto que merece todo ser humano.
Los tres representan sentimientos y emociones que son comunes al género humano y que cada uno
canaliza como puede.
Si ellos levantaran la vista, también podrían sacar alguna impresión de mi imagen detrás de la
ventana.
De la observación sana se aprende y nos ayuda a reconocernos y a sentirnos hermanados.
No hay nada extraño, todo es normal y natural en este viaje de la vida.

8. Corazón de pájaro.

Me gusta observar a los pájaros cuando evolucionan por el cielo. Los pequeños y no tan pequeños se
mueven en bandadas como obedeciendo una orden que hace que su vuelo no sea caótico y choquen unos
con otros. Los grandes lo hacen en solitario; majestuosos y serenos, paseándose como si el cielo fuera
suyo.

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Me gustaría, como ellos, poder tener una perspectiva desde arriba, porque el mundo se vería de otra
manera, más plena, más auténtica y más humilde. Dejaríamos de ver la vida de manera tan reducida, tan
compartimentada, tan limitada.
El horizonte permite mirar a lo lejos y adivinar que, más allá, hay más y dejaríamos de mirarnos al
ombligo.
Me gustan los pájaros porque están presentes, sin imponerse; pasan casi inadvertidos; pero nos
anuncian con su presencia y con su canto la evolución de las estaciones. Nos alegran y nos han servido de
inspiración para fabricar artilugios que nos permiten volar. Representan el ansia de libertad, de conocer
otros mundos, de despegue de la tierra.
Esto es lo que mi corazón siente.

9. La mirada de un niño.

Cuando los años y la vida cambian nuestra forma de asomarnos al mundo, nuestros ojos son los
espejos de nuestra alma. A través de ellos afloran todos los sentimientos y emociones y transmiten el
estado de nuestro interior.
Los hay inexpresivos, vacíos, sin brillo, perdidos en no se sabe qué mundos. Son los ojos de mentes
extraviadas, que pasean su mirada sin posarse en nada concreto, porque el mundo no les dice nada.
Expresan la huida de la consciencia y están vacíos de vitalidad.
Los hay huidizos y desconfiados, porque parece que tienen miedo de que descubramos sus
intenciones. Estos ocultan un alma sin grandeza que se cierra a la comunicación.
Los hay inquisitivos como jueces que juzgan antes de preguntar. Esta mirada es fija, inquietante,
molesta; dispuesta a pocas concesiones.
Como contrapunto, también hay ojos comprensivos, acariciantes, alegres, que irradian vida y nos
gratifican y compensan de otras miradas.
Todas estas formas de mirar, son adquiridas, son el resultado de nuestra evolución personal. Hemos
ido aprendiendo de la vida y esta ha ido conformando nuestra forma de mirar y de ver lo que nos rodea.
Estas ventanas abiertas al exterior son la conexión que tenemos para reconocernos; solo se cierran
con el sueño de forma temporal y, definitivamente, cuando la vida se termina y, todo lo que le da sentido,
que es nuestra alma, ya no puede asomarse por ellas.
Siento que no hay nada más limpio, más cristalino, más puro y más emotivo que la mirada inocente,
sorprendida, curiosa y directa de un niño. Para ellos todo es hermoso, todo es digno de observación, todo
es un espectáculo lleno de luces, de colores, de movimiento. No hay nada bueno ni malo, no hay nada
prohibido. Miran por el placer de mirar y disfrutan haciéndolo. Después crecerán y aprenderán otras
maneras de ver.
Por eso me emocionan los ojos de un niño; en ellos veo la bondad de la vida, que no sabemos
percibir en toda su grandeza cuando hemos perdido la inocencia.

10. Pequeñeces.

Cuando te paras a observar la naturaleza, consciente del milagro que se renueva con cada estación;
cuando a partir de esta, intentas ir más allá y piensas lo que es nuestro mundo con relación al Universo, te
sobrecoge la inmensidad y el misterio que lo envuelve. Hay muchas investigaciones, muchas preguntas que
tienen respuestas; pero a cada explicación le surgen otros muchos interrogantes y, entonces, somos
conscientes de nuestra pequeñez. Somos como minúsculas partículas de un todo maravilloso que se
controla a sí mismo; surgido de un aparente caos perfectamente equilibrado en “sus leyes”, en perpetuo
movimiento.
Si tomamos consciencia de esta inmensidad, es imposible formar parte satisfecha y acomodaticia de
la pequeñísima parcela que nos ha tocado a cada uno para vivir. Estamos condenados a hacerlo en una
especie de pecera, evolucionando en la misma dirección y obligados a compartir espacio, intereses,
miserias y proyectos limitados.
Este pequeño cosmos está condenado a mirarse el ombligo y a creerse que es el mejor de los
mundos posibles. Sus habitantes se convierten en guardianes de sus usos y costumbres y mantienen una
mirada vigilante para estar al tanto de que todos cumplen las normas que cada uno cree que son las
correctas.
De vez en cuando, surge algún pez en esta pequeña pecera, que se empeña en nadar en dirección
contraria y sobresalta a la comunidad que, primero suavemente y, después, en un murmullo creciente, afea
la conducta del que se atreve a saltárselas.

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Salen entonces las miserias, las intransigencias y las incomprensiones capaces de aniquilar al osado.
Nadar contra corriente en difícil y más hacerlo con elegancia, sin perder el norte y sabiendo el
itinerario a seguir.
Para comprender esto, solo hace falta observar lo que ocurra a nuestro alrededor; después ampliar la
visión a través de los medios de comunicación y veremos que la aldea global se ha convertido en una
especie de mercado, donde todo tiene un precio que no se corresponde con su valor.
La vida, que es lo más hermoso, no vale nada en muchos sitios y lo que se cotiza es la mediocridad,
la falta de escrúpulos, el engaño, la mentira, la ley del más fuerte y el enriquecimiento rápido, saltándose las
más elementales normas de respeto al medio ambiente y el equilibrio natural.
El mundo parece una grillera lleno de ruido, locura, desquiciamiento, empeñado en devorarse a sí
mismo y condenado, al paso que va, a ser pasto de la codicia, los bajos instintos, la ambición y las ideas
descabelladas. Hay una especie de locura colectiva, donde todos gritan, se insultan, se agraden y estén en
posesión de “su verdad” y, en nombre de esta, matan y se ufanan diciendo que Dios está de su parte.
A la vista de esto, dan ganas de decir: “Que paren el mundo que yo me bajo”.
Afortunadamente, en medio de este desquiciamiento y, si sabemos mirar, encontraremos pequeñas
cosas que, a los que no hemos perdido la esperanza, nos hace ver que la vida es mucho más que las
miserias que parece que mueven el mundo que nos ha tocado vivir.
Hay bondad, solidaridad, Amor, inquietudes por hacer un mundo mejor, creencias pacificadoras,
búsqueda de espiritualidad, belleza, creatividad, respeto a las diferencias, comprensión hacia lo que no se
entiende, curiosidad por lo desconocido, y admiración hacia la Grandeza Universal.
Para que estas ideas se extiendan las personas tenemos que empezar primero por intentar
comprendernos, respetarnos, y amarnos a nosotros mismos como individualidades maravillosas e
irrepetibles y, después, por extensión, lo haremos con el resto del género humano. De este respeto vendrá
un cuidado mayor por el mundo que nos acoge y un deseo de salvarlo equilibrando el reparto de
potencialidades y bienes. Es un sueño, pero es necesario.

11. Hoja de otoño.

Así me siento yo, unida al árbol de la vida, en compañía de otras muchas hojas que van cayendo,
cada una a su ritmo de forma solitaria e independiente. Mi punto de unión con él es muy frágil, bastaría un
suave viento para desprenderme y formar parte de un manto que cubre el suelo para abonarlo,
contribuyendo al ciclo siempre renovado de la naturaleza.
Hay momentos en los que la soledad me abruma y esta tarde es uno de ellos.
Tengo muchas personas que me aprecian; pero no hay nadie de forma incondicional y con un amor
que me haga ver que formo parte importante de sus vidas.
Soy una pincelada suave y fugaz en quienes se relacionan conmigo; pero perfectamente prescindible
en sus existencias.
A excepción de mi madre, nadie me necesita y lo que más me angustia es pensar que pueda ser así
hasta que desaparezca.
Una vez más, necesito sacar toda mi fuerza interior para darle sentido a lo que hago. Renuevo mis
esperanzas y me esfuerzo por ir elaborando el día a día.
He conocido a una mujer coreana a la que voy para que me haga acupuntura y ha surgido una
corriente de simpatía muy positiva.
Me aferro a estas cosas para demostrarme a mí misma que la vida fluye, que es interesante y que
cada acontecimiento tiene su por qué, aunque no lo veamos en el momento.
No se a dónde me llevarán los hechos ocurridos hasta ahora, ni sé con qué intención; el tiempo me irá
diciendo cuál es el siguiente paso y éste me llevará al siguiente y así hasta no sé dónde, ni cuando.
Me armo nuevamente de paciencia y saco del fondo de mi alma la esperanza.
Mañana se desvelará un paso más y se aclarará alguna pregunta que hoy me hago.
Por ahora, sólo el silencio me responde.

12. Las piezas del puzzle se siguen colocando.

Cada día tengo una mayor percepción de que, desde que me levanto hasta que me acuesto, los
acontecimientos se van desarrollando obedeciendo a un guión previo.
Los pasos que doy, los encuentros que voy teniendo, las conversaciones, todo está engarzado y,
aunque en aparente desorden, habrá un momento en que se irán organizando y cobrarán sentido.

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De esta manera voy llevando el hilo de las personas que me interesan. No investigo, no busco
información y, sin embargo, puedo ir siguiendo sus evoluciones en solitario o en relación conmigo o con
otras personas.
Es increíble cómo se despierta la inteligencia emocional, cuando aprendes a mirar dentro de ti y
pones en funcionamiento las potencialidades de tu yo interior.
Cuanto más buceas intentando conocerte, más fácil te resulta comprender las actitudes y los
comportamientos ajenos. Pero, a la vez, te das cuenta de que todos vamos viviendo dos vidas paralelas.
Actuamos, nos desenvolvemos en lo que percibimos como una realidad evidente; pero el hilo argumental de
nuestra vida interior va elaborando otra trama que, si saliera a la luz, seguramente nos quedaríamos cuanto
menos sorprendidos, atemorizados, sobrecogidos.
Nadie somos lo que aparentamos. Lo peor y lo mejor de cada uno es lo que llevamos más escondido.
Ni siquiera somos lineales en la maldad y en la bondad; incluso nos desconocemos a la hora de imponer
una sobre otra, hasta que nos sorprende en el instante de tener que aplicarlas.
Lo imprevisible de la vida se impone sobre el orden establecido, sobre el empeño que ponemos en
llevar las riendas de nuestra vida.
A pesar de esto, es necesario tener un proyecto vital; pero asentándolo en unos pocos pilares sólidos
que permitan ir adaptando la edificación de nuestra vida.
Tenemos que ser como el junco, flexibles pero firmes y bien aferrados. Mecidos por los vientos, pero
cuando se calman, volvemos a nuestra posición. Así entiendo la aventura de vivir.

13. Hago lo que debo.

Mantengo una relación armónica conmigo misma. Cuando tengo que tomar una decisión, me hago la
pregunta de qué debo hacer y, en vez de buscar una solución rápida, me doy un tiempo, salgo a caminar y,
durante el paseo, reflexiono con calma, dejo que las ideas se vayan aclarando, procuro que la serenidad
vaya aquietando la quietud que me ha podido generar el problema y voy sintiendo cómo evoluciona mi
estado emocional. Me empieza a invadir la paz y tranquilidad y, en un momento, experimento una especie
de lucidez que me muestra lo que andaba buscando.
Cuando llego a casa, la decisión está tomada y la pongo en práctica sin ninguna duda, con
determinación y sin volver a rumiar la cuestión.
Yo soy mi mejor consejera y, desde que lo hago así, mi fortaleza y la fe en mi misma son mi mayor
ayuda.
Lo digo, no desde la soberbia, sino desde la confianza de que algo superior me guía. No es una
actitud pasiva; soy consciente de que el trabajo lo tengo que hacer yo; de que cada día requiere un nuevo
esfuerzo; que la vida se hace en un continuo hacer y deshacer; que es un caminar y en este caminar está el
vivir.
Si concibes la existencia como la búsqueda de estabilidad intentando aferrar las cosas, tienes la
angustia y la infelicidad aseguradas. Si aceptas que puedes ganar y que puedes perder y encuentras
equilibrio emocional en medio de la inseguridad, la paz se instalará en tu alma y sabrás apreciar mejor el
regalo que supone despertarse cada día.
Para llegar a pensar así, he tenido que reflexionar mucho intentando en todo momento aprender algo.
Este estudio ha sido la mejor carrera que he podido iniciar; no le temo al examen final, si voy
aprobando los parciales.

14. ¿Cuál es mi misión?, ¿Cómo liberar mi energía contenida?, ¿Cómo abrir los brazos?

Son tres interrogantes que parecen clave para encauzar mi vida. No sé de qué manera me pueden
llegar las respuestas. Intuyo que lo primero que tengo que hacer es buscar la estabilidad emocional,
equilibrarme, tranquilizarme, buscar la serenidad y, a partir de mantener la paz interior, estar alerta a lo que
vaya ocurriendo para interpretar los mensajes. Tengo que estar abierta a la vida con generosidad y sin
miedo, sirviendo de canal para que la energía fluya y me mantenga en conexión con el cosmos.
Como inicio no se me ocurre, por ahora, más que procurar cuidar mi salud física y mental, llevando
una vida sana y fomentando una actitud optimista y positiva en lo que haga y procurando una relación
armónica con mi entorno.
La luz se ha encendido; lo que debo hacer es seguirla en la dirección que me vaya indicando.

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15. Estar viva.

Vivir es implicarse en el juego de la vida; perder los miedos y aceptar el sufrimiento como parte
ineludible de ella.
Se puede sufrir y emerger de nuevo más purificada, más fuerte, más sabia y, cuando se ha superado
el dolor, disfrutar de los momentos de descanso.
La vida no es lineal, se desliza en suaves meandros o en cascadas torrenciales. Es necesario ser
conscientes de este discurrir incierto, aceptándolo y amándolo.
Se aprende viviendo cada día una lección, siempre distinta y siempre enriquecedora. Lo único que se
necesita es mantener alerta todos los sentidos y tener el corazón abierto, dispuesto a acoger todo lo que se
cruza en tu camino. La gente, los seres animados o inanimados, todo es susceptible de entrar en ti.
Entonces se establece una corriente de comunicación que no puede detenerse. Eres un receptáculo donde
no hay puertas ni ventanas; todo puede entrar y salir a través de ti. Eres amor, sale de ti y vuelve a ti. Es un
sentimiento dulce, suave e incondicional.
El mundo se vuelve más hospitalario y todo el ruido que llega a través de los medios de
comunicación, todo el griterío de las gentes airadas y sin paz, parece que se desvanece.
Esto no quiere decir que no se sea consciente del mal que aqueja al mundo. Es, simplemente, que
eres capaz de ver el lado más oculto, menos evidente de la bondad que, a pesar de todo, puede
encontrarse en el alma de algunos seres humanos.
Si das amor, recibes amor; quizá no sea de alguna o algunas personas de las que tú esperas; pero
siempre, habrá alguien que te hará el regalo de su reconocimiento. Yo así lo siento y mi agradecimiento por
este regalo es inmenso.
Espero que mi capacidad de dar amor se expanda más allá de mis límites y se funda con otros
amores que den un impulso positivo a este mundo convulso y, aparentemente, injusto en el que vivimos.
Sólo a través del amor tendrá sentido la existencia que es el regalo intransferible y maravilloso que
cada ser humano hemos recibido.

16. Más allá del horizonte.

Mi visión de las cosas se ha ampliado. Cada vez hay más claridad en lo que percibo. Mi mundo de
sensaciones se ha multiplicado y, allí donde los demás sólo ven cosas, yo percibo el entramado de fondo
que conexionan los hechos que conforman los acontecimientos.
He conectado mi mundo interior con lo que me rodea y el resultado es darme cuenta de que el sentido
de la vida es mucho más sencillo de lo que nos empeñamos en buscar. El problema es pensar que somos
nosotros quienes provocamos los hechos, cuando estos son el resultado del encadenamiento de
coincidencias eslabonadas, que conforman la cadena de la vida.
Cuando observo la vida de las personas, me doy cuenta que la mayoría se empeña en una lucha
desesperada por llevar las riendas por el camino equivocado. Se ha perdido la conexión con la esencia de
la existencia. Se tiene miedo a trascender más allá de lo rutinario y cotidiano y se trata de llenar el vacío
interior con actividades frenéticas que nos agotan y nos dejan vacíos, dando lugar a la insatisfacción y la
infelicidad.
Cada día subo un peldaño más de la evolución de mi pensamiento; pero, sobre todo, cada uno de
estos peldaños me sirve para aumentar mi conexión de amor hacia todo lo que me rodea.
Percibo a la naturaleza y a las personas como parte de mí y, a la vez, cada vez se afirma más mi
individualidad en todo su valor.
En mi hay el convencimiento de que siento de esta manera porque me he rendido al fluir de la vida.
No ofrezco resistencia a su curso, sino que me dejo conducir, aunque colaborando con mi esfuerzo en su
desarrollo. El curso de mi vida va por donde tiene que ir.

17. Una extraña calma.

Estoy viviendo una tarde de sábado que no recuerdo que pueda parecerse a ninguna otra.
Aparentemente, es una más de las muchísimas que he vivido en soledad; pero, a diferencia de las
anteriores, no ha habido ni un momento de angustia.
Todas mis amigas han tenido otros compromisos y, aunque he visto de una manera lúcida que las
personas que tengo alrededor tienen sus intereses alejados de los míos, esta evidencia, no me ha
producido, ni el dolor, ni la angustia, ni el desasosiego que antes.

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He percibido, sin planteármelo siquiera, que hay la suficiente vida en mi interior como para superar la
falta de compañía.
No siento ninguna urgencia, solo la sensación de que estoy instalada en la vida como corresponde en
este momento y que quizás sea necesario este intervalo para lo que tenga que venir.
Es poco lo que escribo hoy pero no necesito manifestar más que un único estado: paz.

18. Epílogo.

Aprendo a buen ritmo y creo que fluyo suavemente. No intento nadar contra corriente, me dejo llevar
sin ofrecer resistencia; consciente plenamente de que, al fin, he comprendido que la “verdad” está en la
sencillez de las cosas.
Nos empeñamos en buscar explicaciones complicadas, sesudas y de altura intelectual; cuando, el
hecho de vivir, es por sí mismo el libro que nos da la clave de todo.
El misterio está en sentirte uno con la naturaleza, sabiendo que eres parte de ella y que a ella
volvemos cuando ya no estamos aquí.
Ahora no me siento sola, porque se que soy una pieza pequeñísima, pero única. Valoro mi
individualidad al entender lo maravilloso que es ser irrepetible y comprendo la responsabilidad que supone
administrar bien este tesoro. Se que tengo el deber de cuidarme, de valorarme y de amarme, porque formo
parte de una cadena, de la que he recibido y a la que debo dar. Nada de lo que yo haga me afectará a mí
sola. Mis acciones, mis sentimientos, mis emociones, mis palabras y mi amor se enlazarán con las vidas de
otras personas. Es un engranaje, aparentemente caótico, pero perfecto.
Venimos de una gran explosión y seguimos en un movimiento constante, aunque nuestra apreciación
es que todo está bien asentado y en equilibrio.
Creemos que lo que vemos es la realidad y, basándonos en esta idea, intentamos organizar nuestra
vida desde un punto de vista práctico, poniéndonos metas materiales, creyendo que la seguridad que
vamos consiguiendo en el plano económico, profesional y social, nos dará algo parecido a la felicidad y nos
sorprendemos cuando vamos alcanzando logros que nos complican la vida y dejamos en el camino
ilusiones, esperanzas, salud, afectos y el vacío se apodera de nosotros.
He aprendido, también, que los conocimientos valen de poco, si no ayudan a ir consiguiendo la
sabiduría. No vale acumular datos, sino ir elaborando tu conocimiento personal para conseguir tu propio
criterio sobre las cosas.
Todo lo veo como un gran escenario del que salen y entran personajes que representan papeles sin
consistencia y, a veces, hasta absurdos. No estoy en esta línea en absoluto. Soy sociable, pero
manteniendo mis criterios y actuando en consecuencia. Necesito mi tiempo de soledad y reflexión para
afianzar el equilibrio emocional. Amo en el más amplio sentido de la palabra y mi interior está en calma.
He adquirido la habilidad suficiente para ir alejando de mi vida a las personas que no me dejan crecer
o que me hacen daño, aunque intento hacerlo sin enfrentamientos, con suavidad, pero con firmeza.
No he perdido la capacidad de asombro y tengo una gran necesidad de aprender.
Estoy abierta a todo lo que vaya viniendo y preparada para afrontar lo negativo y disfrutar de los
regalos que vaya recibiendo de la vida. Deseo apurarla entera y cuando llegue el momento, dejarla con el
menor ruido posible.

Apéndice de frases sacadas de mi trabajo “Educación de las emociones en 40 días”.

- Mi mejor guía, escuchar mi corazón.


- El amor guía mi vida.
- La vida es generosa conmigo.
- Oídos atentos, corazón tolerante.
- Ojos amorosos, cuadro maravilloso.
- Boca sonriente, palabras amables.
- Hay que saber ver con los ojos del alma.
- De la observación viene la luz.
- La manera de ver conforma la vida.
- He nacido para despertar y tener un crecimiento personal.
- He nacido para despertar y ser consciente.
- He nacido para forjarme y salir victoriosa.
- Primero observar, segundo escuchar, tercero reflexionar; en cuarto lugar a veces callar, a veces
hablar; pero siempre con amor.

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- Yo soy el otro.
- Tú y yo somos el mismo.
- Todos somos todo.
- Ni llanto ni risas son duraderos.
- En la oscuridad y la luz está el juego de la vida.
- La desgracia y la fortuna no tienen tiempo establecido.
- Mi vida es el resultado de mis pensamientos.
- Mi mundo es el que yo elaboro con mi forma de pensar.
- Lo que es dentro, es fuera.
- Lo que digo es lo que siento.
- Que las palabras y los actos no estén atados por las creencias intransigentes.
- Ni número uno, ni número dos; siempre uno más uno.
- Uno al lado de otro, nunca uno sobre otro.
- De la discusión sana nace la luz.
- Para saber mirar hay que abrir el corazón.
- El primer ojo está en tu pecho.
- Si abres el corazón, de tu boca saldrá la sabiduría.
- El dinero no es la razón de mi vida; pero me ayuda a tener una vida razonable.
- Ni el saco vació, ni el saco lleno, siempre equilibrado.
- Con dinero tengo acceso a los bienes que alimentan mi cuerpo y mi espíritu.
- Yo llevo las riendas del caballo de mis pasiones.
- Mis decisiones me forjan.
- Con cada decisión el respeto por mí misma aumenta.
- Mis ofensores han sido a su vez ofendidos.
- La persona herida actúa cegada por su propio dolor.
- Hay que cortar la cadena evolutiva de ofensas con el perdón.
- Lo que veo no es lo que es.
- Una mirada limpia devuelve una imagen limpia.
- Mi forma de mirar configura mi forma de vivir.
- La imaginación no tiene techo.
- El acto de crear empieza con la capacidad de imaginar.
- La imaginación es el primer peldaño del éxito.
- No vale solo un barniz, primero hay que lijar la pared.
- Si te limpias por dentro el brillo aflora.
- El verdadero cambio es el que te hace más feliz y mejor persona.
- Los desencuentros vienen de no saber interpretar la polaridad.
- Cada sexo debe desarrollar los aspectos del contrario.
- El crecimiento lleva a la integración de la polaridad.
- Pon en duda lo que ves con los ojos de la cara y presta más atención a lo que ves con los ojos del
corazón.
- Desconfía de las personas que siempre están seguras de lo que ven.
- Admite que tus ojos te pueden engañar.
- Busca el momento de silencio necesario para descansar tu mente.
- Ni a derecha ni a izquierda, en el centro.
- Muchos errores vienen de no encontrar la justa medida.
- Todo lo desmedido es motivo para una vida a la deriva.
- La mirada limpia y el juicio sano.
- No hay que mirar solo la primera capa, hay que profundizar.
- De la observación amorosa nace la luz.
- Soy según mis pensamientos.
- Mis pensamientos estimulan mi creatividad.
- El paraíso se consigue cuando lo quieres para ti y los demás.
- Para conseguir el cielo hay que bajar primero a los infiernos.
- En el egoísmo está el infierno, en el altruismo el cielo.
- Las falsas expectativas llevan al fracaso.
- No escatimes la oportunidad de hacerte feliz siendo generoso.
- La crítica viene del vacío de la propia vida.
- Hay que quitar el tapón al estancamiento y la vida discurrirá con mayor alegría.
- El estancamiento es muerte, la evolución es vida.
- Un pensamiento nuevo trae una vida nueva.

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- Una vida vivida con intensidad es una vida interesante y fructífera.
- Vivir sin miedo es vivir.
- Una vida consciente tiene el regalo de la plenitud.
- El amor es el motor de una vida con sentido.
- La salida y la llegada están firmadas de antemano, pero el camino lo elaboras tú.
- La persona que no ama está muerta.
- El amor empieza en ti e irradia a los demás.
- No hay nada ni nadie que esté fuera del círculo del amor.
- En todo corazón, por duro que sea, puede encenderse la llama del amor.
- Las piedras en el camino te obligan a pisar con más atención.
- En los vericuetos del camino están las enseñanzas.
- Las desgracias de hoy pueden ser el origen de los premios del mañana.
- Las experiencias son el abono de la sabiduría.
- El viaje se inicia para tener nuevas experiencias y para llegar a un sitio diferente.
- La vida es movimiento, aprendizaje y objetivos para llegar a la meta.
- El mundo será como tú lo pienses.
- Los demás son un reflejo de ti.
- Un pensamiento obsesivo puede destruir una vida.
- Quien mal piensa, mal acaba.
- Yo soy el artífice de mi vida.
- Un primer paso consciente lleva al final del camino elegido.
- La energía creadora es el motor del progreso.

EPÍLOGO DEL EPÍLOGO


He recibido una lección más después de haber enviado mi tesis y ha sido mi entrañable, comprensivo
y competente tutor José María Llamas quien me ha hecho caer en la cuenta de que faltan los
agradecimientos.
Pensaba que en el trabajo no había que incluir nada que se saliera del guión y había dejado esta
parte más personal para la exposición oral.
He aprendido, en esta ocasión, que las gracias hay que darlas siempre, que no se deben aplazar
porque pueden llegar a destiempo.
Rectifico con amor y humildad y hago un círculo de gratitud para todas las personas que, de manera
mágica, oportuna y maravillosa, camináis conmigo contribuyendo en mi crecimiento.
La escuela en general y todos y cada uno en particular, José María Doria, José María Llamas,
Patricia, Raúl, Elena, los ponentes que han intervenido y mis compañeros, sois el coro de ángeles que me
habéis ayudado a elevarme en un tramo muy importante de mi caminar y habéis puesto los sólidos
cimientos para que, cuando tenga que continuar sola, lo haga con la confianza de que he partido de un
buen puerto y el viaje será enriquecedor, amoroso y creativo.
Estaréis siempre en mi corazón formando parte del momento más significativo de mi despertar y me
acompañaréis hasta que volvamos a estar juntos en La Unidad.

¡GRACIAS!

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