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En todos sus periodos el arte griego muestra aspectos básicos por los

cuales resulta fácil de reconocerlo. Influenciado en su inicio y desarrollo por


el arte de las civilizaciones dóricas, micénicas y orientales, los maestros y
escuelas del arte griego aportan sus propias innovaciones creando el canon de
belleza y armonía representativo del arte clásico que aún continúa vigente en
Occidente.
Las ideas de grandes filósofos de la Antigua Grecia, en su afán por
entender la naturaleza, tienen una gran importancia al determinar cuál debe
ser la función del arte. Según Aristóteles el fin esencial del arte ha de ser la
imitación de la naturaleza, por tanto, el arte griego se centra en el estudio y
representación de la naturaleza circundante. Sin embargo, esta representación
de la naturaleza no es una copia naturalista y fidedigna, sino una estética
idílica que aspira a representar la belleza y perfección ideal propuesta por
Platón. Para alcanzar la belleza y perfección idílica del mundo de las ideas se
acude al análisis racional de la naturaleza: son claves el uso de la proporción
y el equilibrio de los elementos para los cuáles se emplean los conocimientos
matemáticos de la época. Hablando de medidas y proporciones, una
concepción humanista del mundo sitúa al hombre en su centro y lo propone
como medida ideal. El estudio del cuerpo humano favorece el desarrollo del
estudio detallado de su anatomía siendo ésta ampliamente representada.
Además, la religión en la Antigua Grecia motiva la creación de arte y
artesanía para el culto de sus dioses (antropomorfos y humanizados), siendo
su mitología uno de los temas principales del arte junto a la representación
de atletas y batallas.
Finalmente, el ansia de perfección motiva la superación artística
haciendo evolucionar el arte griego desde sus estereotipos geométricos
hieráticos al dominio técnico que acabará permitiendo representar el
movimiento o deleitarse con las emociones dramáticas.