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Arminianismo y calvinismo: ¿cuál es

la diferencia?

Jacobo Arminio

Por siglos, los cristianos evangélicos y protestantes hemos estado divididos en dos
grandes grupos en lo que respecta a las doctrinas de salvación. Aunque rtodos
coincidimos en que la salvación es únicamente a través de la fe en Jesucristo
como único y suficiente Salvador, existen unas diferencias inmportantes. Esto
proviene de las luchas teológicas que surgieron entre los diversios grupos
cristianos en Europa tras la Reforma Protestante. De un lado están aquellos que
siguen la posición calvinista o reformada; y los que siguen el sistema teológico
de Jacobo Arminio, llamado también arminianismo. Nuestra iglesia entiende que
la posición reformada es la que más expresa con fidelidad las doctrinas bíblicas
sobre la elección, el llamamiento del Espíritu Santo y la seguridad de la salvación.
A continuación tenemos una tabla comparativa que nos muestra las diferencias
entre ambos sistemas.

Sistema Arminiano
1. Libre albedrío o habilidad humana

Aunque la naturaleza humana fue seriamente afectada por la caída, el ser humano
no ha quedado en un estado de total incapacidad espiritual. Dios le brinda a todo
pecador la capacidad de creer y arrepentirse, pero lo hace de tal manera que no
interfiere con su libertad individual. Cada pecador posee libre albedrío y su
destino eterno dependerá de cómo lo utilice. La libertad del hombre consiste en
su capacidad para escoger el bien sobre el mal en materia espiritual; su voluntad
no es esclava de su naturaleza pecaminosa. Todo pecador tiene el poder de
cooperar con el Espíritu de Dios y ser regenerado, o resistir la gracia de Dios y
perecer. El perdido necesita la ayuda del Espíritu Santo, pero no tiene que ser
regenerado por el Espíritu de Dios antes de que pueda creer ya que la fe es
producto del hombre y precede al nuevo nacimiento. La fe es el regalo del hombre
a Dios y su contribución para ser salvo.

2. Elección condicional
El acto de Dios de escoger a ciertos individuos desde antes de la fundación del
mundo se basa en su preconocimiento de que iban a responder a su llamado. Dios
eligió a aquellos que sabía de antemano que libremente aceptarían el evangelio.
La elección, por lo tanto, fue determinada por la decisión del hombre,
previamente conocida por Dios. La fe salvadora no es dada al pecador por
voluntad de Dios, sino que surge de la sola voluntad del hombre. Dios escogió a
aquellos que por su libre albedrío escogieron a Cristo. Por ende, la causa final de
la salvación es la decisión del pecador por Cristo, y no la decisión de Dios hacia el
pecador.

3. Redención o sacrificio Universal

La obra redentora de Cristo hace posible la salvación de toda la raza humana,


pero no garantiza la salvación de nadie. Si bien Cristo murió por toda la
humanidad, solamente aquellos que creen en él serán salvos. Su muerte hizo
posible el perdón divino a todos los pecadores, con la condición de que crean en
él. La expiación de Cristo se hace efectiva únicamente si el ser humano decide
aceptarlo.

4. El Espíritu Santo puede ser resistido

El Espíritu Santo llama internamente a todos los que son llamados mediante la
invitación del evangelio. Hace todo lo posible para que el pecador sea salvo, pero
ya que el ser humano tiene libre albedrío, el hombre puede resistir el llamamiento
del Espíritu. El Espíritu Santo no puede regenerar al pecador hasta que éste
decida creer (fe). Por consiguiente, el libre albedrío del hombre limita al Espíritu
en la aplicación de la obra salvadora de Cristo. El Espíritu sólo puede atraer a
Cristo a quienes le permiten obrar en su interior. Hasta que el pecador no
responda, el Espíritu no puede vivificarle. La gracia de Dios, por ende, no es
invencible y puede ser efectivamente resistida por el individuo.

5. Caer de la Gracia

Aquellos que creen y son salvos pueden perder su salvación si fallan en mantener
su fe. Ya que la fe es resultado de la voluntad libre del individuo, este puede
dejar de creer y perder su posición de redimido.

Juan Calvino
Sistema Reformado o Calvinista
1. Depravación total

Debido a la caída, el ser humano no tiene la capacidad de creer en el evangelio. El


pecador está muerto, ciego y sordo a las cosas de Dios, y su corazón es engañoso y
perverso. Su voluntad no es libre sino esclava de su naturaleza caída, por lo tanto
no puede elegir el bien sobre el mal en el plano espiritual. Como resultado de
ello, es necesario mucho más que la ayuda del Espíritu Santo para conducir al
pecador a Cristo; se necesita la regeneración. Por medio de ella, el Espíritu Santo
vivifica al pecador y le da una nueva naturaleza. La fe no es lo que el hombre
contribuye para su salvación, sino que es parte del don de Dios de la salvación – es
el regalo de Dios al pecador, no el regalo del pecador a Dios.

2. Elección incondicional

La elección de Dios de ciertos individuos desde antes de la fundación del mundo,


para salvación depende solamente de su voluntad soberana. Su elección no se basa
en ninguna respuesta prevista, ya sea la fe o el arrepentimiento. Al contrario, Dios
otorga fe y arrepentimiento en aquellos a quienes él ha elegido. Estos actos son el
resultado, no la causa de la elección de Dios. Por ende, la elección no está
determinada ni condicionada por ninguna cualidad ni virtud que Dios haya visto de
antemano en el individuo. Aquellos a quienes Dios soberanamente ha escogido,
vendrán voluntariamente a Cristo por medio del poder del Espíritu Santo. Por lo
tanto la causa de la salvación es la voluntad de Dios hacia el pecador, y no la
voluntad del pecador hacia Dios.

3. Expiación limitada o redención particular

La obra expiatoria de Cristo fue ofrecida para salvar a los escogidos, y


efectivamente asegura la salvación de ellos. Su muerte fue el pago efectivo por
los pecados de los escogidos. Además de pagar por los pecados de su pueblo, la
expiación de Cristo provee todo lo necesario para la salvación incluyendo el don
de la fe salvadora. El regalo de la fe es infaliblemente aplicado por el Espíritu a
todos por quienes Cristo murió, garantizando así su salvación.

4. Gracia irresistible o llamamiento eficaz

Además del llamado universal al arrepentimiento, dado a todos los que oyen el
evangelio, el Espíritu Santo opera un llamamiento interno especial sobre los
elegidos, el cual les conducirá efectivamente a la salvación. El llamamiento
externo puede ser y a menudo es resistido, pero el llamamiento interno, que
opera solamente en los elegidos, no puede ser resistido y conduce infaliblemente
a los pecadores a Cristo. El Espíritu Santo, por medio de la regeneración, hace que
el pecador elegido coopere, crea, se arrepienta y acuda libre y voluntariamente a
Cristo. La gracia de Dios, por ende, es invencible y jamás falla en hacer que los
escogidos sean salvos.

5. Perseverancia de los santos o seguridad de la salvación


Aquellos que han sido escogidos por Dios, redimidos por Cristo y que han recibido
el don de la fe salvadora por medio del Espíritu Santo, serán salvos eternamente.
Son guardados en la fe por el poder del Todopoderoso quien les preservará hasta
el fin.