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CLA•DE•MA

SOCIOLOGÍA
TRABAJO,
TOMÁS IBAÑEZ Contra la dominación CONSUMISMO Y
Variaciones sobre la salvaje exigencia
de libertad que brota del relativismo
y de las consonancias entre
NUEVOS POBRES
Castoriadis, Foucault, Rorty y Serres

TOMÁS IBAÑEZ Municiones para disidentes


Realidad-Verdad-Política

Zygmunt Bauman
Lolc WACQUANT (coord.) El misterio del ministerio
Pierre Bourdieu y la política
democrática

IRENE VASILACHIS DE GIALDINO Pobres, pobreza, identidad


y representaciones sociales

JoN ELSTER Ulises desatado

GEORGE SIMMEL Cuestiones fundamentales


de sociologin

EDGARD MORIN Introducción a una política


del hombre

BRUNO LATOUR La esperanza de Pandora

JEAN-PIERRE DUPUY El pánico

MANUEL GIL ANTÓN Conocimiento científico


y acción social

DAVID BLOOR Conocimiento e imaginario social

DOMINIQUE MÉDA El trabajo


Un valor en peligro de extinción

JEAN·PIERRE DUPUY El sacr�ficio y la envidia

JoN ELSTER Justicia local

HEODOR W. ADORNO Introducción a la sociología


Título del original en inglés: Work, consumerism and the new poor
Publicado por Open University Press, Buckingham
© Zygmunt Bauman, 1998
Esta edición se publica de acuerdo con Open Univesity Press, Buckingham

Traducción: Victoria de los Ángeles Boschiroli


Indice
Revisión estilística: Fernando Córdova

Ilustración de cubierta: Juan Santana


AGRADECIMIENTOS .. . . . . ..... . . . ..... . . .. . . . . . ........•.. ................•... . . . . . .
9

INTRODUCCIÓN . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . · · · · ·• · · · . .
. ....... . .•.. . . .. ..•. ....... .. 11
-

Primera edición: enero d �::-


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arcelona
3,1 Barcelona
Primera Parte
Primera reimpresión: ene
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Segunda reimpresión: octubre
Tercera reimpresión: febrero � Barcelona
Barcelona
l. Significado del trabajo: presentación de la
ética del trabajo . .. . .. .. . . ... .... .. . .. .. . ... . . ... . . .. . . .. . . . .. .... . . .. .. .. 17
Cómo se logró que la gente trabajara ...... ............ ....... .. 20
Derechos reservados para todas las ediciones en castellano
'"frabaje o muera" ...... .. . ...... ...... ... . ...... ... .... .......... .. . . .... .. 26
Producir a los productores .. ... .. .. .. .. ....... .... . . . .. . . ... . . .. . . .. . . . 33
© Editorial Gedisa, S.A. De "mejor" a "más"......................................................... 37
Avenida Tibidabo,12 3°
08022 Barcelona, España 2. De la ética del trabajo a la estética del consumo 43
Tel. 93 253 09 04 Cómo se genera un consumidor..................................... 48
Fax 93 253 09 05 El trabajo juzgado desde la estética .............................. 53
gedisa@gedisa.com La vocación como privilegio ........................................... 5 7
www.gedisa.com
Ser pobre en una sociedad de consumo......................... 62
ISBN: 978-84-7432-750-2
Depósito legal:B-2305-2008
Segunda Parte
Impreso por:Sagrafic S.L.
Plaza Urquinaona, 14 7°3° 3. Ascenso y caída del Estado benefactor................. 73
Entre la inclusión y la exclusión ................................... 76
Impreso en España El Estado benefactor, sin trabajo ....... . ......... . ................ 8 1
Printed in Spain ¿La mayoría satisfecha?.............................................. ... 8 7
El éxito que provocó el fin.............................................. 93
Queda prohibida la reproducción total o parcial por cualquier medio de
impresión, en forma idéntica, extractada o modificada, de esta versión en
castellano o en cualquier otro idioma.

7
4

La ética del trabajo


y los nuevos pobres

A comienzos del siglo xrx, quienes iniciaron la prédica de la


ética del trabajo sabían muy bien de qué estaban hablando.
Por aquellos años, el trabajo era la única fuente de riqueza;
producir más, y aumentar la mano de obra en el proceso de pro­
ducción, significaban prácticamente lo mismo. Los empresa­
rios deseosos de producir aumentaban sin cesar; crecía,
también, el número de miserables que se resistían a trabajar
en las condiciones impuestas por esos empresarios. Y la ética
del trabajo aparecía, entonces, como la fórmula para que am­
bos grupos coincidieran. El trabajo era el camino que, al mis­
mo tiempo, podía crear la riqueza de las naciones y acabar con
la pobreza de los individuos.
A fines del siglo xx, la ética del trabajo vuelve a ocupar el
primer plano en el debate público, tanto en el diagnóstico de
los males sociales como en su curación. Su importancia es deci­
siva en los programas de asistencia para reinserción en nue­
vos trabajos [welfare-to-work], inaugurados en los Estados
Unidos y que desde su iniciación (y a pesar de sus dudosos
resultados) fueron vistos con envidia por un creciente número
de políticos en otros países ricos, entre ellos Gran Bretaña. Como
señalan Handler y Pointer al referirse a los WIN [sigla de los
programas de reinserción laboral estadounidenses que a su vez,
como palabra, significa triunfar]:

Desde los comienzos, y a lo largo de su complicada historia, la re­


tórica que justificaba los WIN tuvo escasa relación con su impacto

99
l

real. La experiencia indica que el programa obtuvo tristes resulta­ Wall Street] (en forma coincidente, las acciones de Dow Jones
dos ... Las políticas de asistencia laboral subsisten en sus diversas subieron 70 puntos en un día)-2 En el gigantesco consorcioAT&T
formas a pesar de una abrumadora comprobación: no lograron re­
el valor de sus acciones aumentó de golpe el día en que su�
ducir en cifras apreciables la cantidad de personas dependientes
directivos an_unc� aron el recorte de 40.000 puestos de trabajo.3
de los programas sociales, ni devolver a los pobres su autosufi­ .
ciencia. Por lo tanto, las causas de su mantenimiento no pueden
Y esta expenencm se repite, prácticamente a diario, en todas
ser sus efectos beneficiosos para los pobres, sino su evidente utili­
la Bolsas de Valores del mundo.
dad para quienes no lo son. 1
A medida que la idea de "reinserción laboral" se torna nebu­
losa, ingenua y falsa, más claramente se manifiesta la profun­
La resistencia, real o aparente, a apoyar los servicios sociales da transformación que se viene produciendo en lo que hasta
destinados a que los pobres se incorporen al esfuerzo productivo ahora se entiendía por "prosperidad", así como por "buenas" o
no detiene en modo alguno el crecimiento de la productividad. "mala�·: t�ndencias en la vida económica. En un serio y profun­
Las corporaciones ya no necesitan más trabajador�s para au­ do anahsis sob�e el estado actual de las grandes corporaciones
europeas (publicado en el International Herald Tribune del1 7
. �9 7 con el título de "European Companies
mentar sus ganancias, y, si llegan a necesitarlos, los encuentran
de ?oviembre de 1
fácilmente en otras partes y en mejores condiciones que en su
Gam from the Pam [Las empresas europeas se benefician con
país, aunque esto contribuya a aumentar la pobreza en los paí­
las ?ificultades], y cuyo sintomático copete afirmaba "Cost­
ses tradicionalmente considerados ricos. De acuerdo con el últi­
cuttmg has l�d to profits, if not jobs" [El recorte de costos pro­
mo Informe sobre Desarrollo Humano de las Naciones Unidas, �uce ganancia�, ?o �uestos de trabajo], Tom Buerkle festeja el
1
1 .300 millones de seres humanos viven, en todo el mundo, con desarrollo positivo de la economía europea:
alrededor de un dólar diario. Frente a esta perspectiva, hasta
.los100 millones de personas que están bajo la línea de pobreza �
La perspect va, que ha mejorado notablemente, indica que Euro­
en los países ricos de Occidente, donde nació la ética del trabajo, pa Inc. empieza a cosechar los frutos de la dolorosa reestructura­
tienen mucho que perder todavía. ción vivida en los últimos años. Siguiendo los métodos señalados
En el mundo de las grandes corporaciones, el progreso es �
po ·las compañías norteamericanas en la década de 1980, y en su
ante todo "reducción de personal", y el avance tecnológico equi­ afan d� lograr mayores ganancias, numerosas firmas europeas se
vale a reemplazar seres humanos por software electrónico. La .
deshicieron de mano de obra, cerraron o liquidaron negocios no
medida de lo engañosa que suena la condena a los beneficia­ esenciales y racionalizaron su gestión.
rios de los nuevos programas sociales -a quienes se acusa de
no querer trabajar, de que bien podrían ganarse la vida si aban­ Por cierto que las ganancias crecen a pasos acelerados -lo
donaran sus hábitos de dependencia-la da el modo en que las que provoca la alegría de los accionistas y merece la entusiasta
Bolsas de Valores, esos involuntarios pero muy sinceros porta­ aprobación de los expertos- a pesar de los "efectos secunda­
voces de las corporaciones, reaccionan ante cada fluctuación rios", pretendidamente menos importantes, del nuevo éxito
en las cifras de empleo. No sólo no manifiestan signo alguno de económico. "Es poco probable que esta vigorosa y saludable
ansiedad, menos aún de pánico, cuando crece el nivel de des­ reorganización de las corporaciones reduzca el desempleo en
empleo; reaccionan, sí, y lo hacen con entusiasmo, frente a la un futuro próximo", admite Buerkle. En efecto, sólo en los últi­
noticia de que la proporción de trabajadores ocupados proba­ mos seis años, la fuerza de trabajo ocupada por la industria se
blemente no aumentará. La noticia de que entre junio y julio redujo en un 1 7 , 9% en Gran Bretaña, un 1 7, 6 en Alemania y
de1996 disminuyó el número de nuevos puestos de trabajo en un13 ,4 en Francia. En los Estados Unidos, donde el "desarro­
los Estados Unidos y se elevó, por lo tanto, el porcentaje de llo positivo" comenzó aproximadamente una década antes ' la
personas sin empleo, apareció bajo el título de "Employment mano de obra industrial se redujo en "sólo" un 6,1%. Pero esto
Data Cheer Wall Street" LLas cifras sobre empleo alegran a sólo pudo ser así porque, ya con anterioridad, se habían efec­
tuado reducciones a casi lo esencial. ..
100 101
No es de extrañar, por eso, que en las encuestas sobre pre­ Como sugieren Ferge y Miller,4 la moderna propaganda en
ocupaciones y temores de los europeos conte�poráneos figure favor de la ética del trabajo sirve para "separar a los pobres que
en un indiscutido primer plano -como reahdad o como ame­ merecen atención de los que no la merecen, culpando a estos
naza- la falta de trabajo. Según una de esas encuestas (realiza­ últimos y, de ese modo, justificando la indiferencia de la socie­
da por MORI), el85% de los finlandeses, el 78% de los franceses dad hacia ellos". En consecuencia, lleva a "aceptar la pobreza
y los suecos, el 73% de los alemanes y el 72% de los españoles como un flagelo inevitable originado en defectos personales; de
consideran a la desocupación como el problema más importan­ allí sigue, inevitablemente, la insensibilidad hacia los pobres y
te de su país. Recordemos que para ingresar a la unión mone­ necesitados". O en otras palabras: aunque ya no prometa redu­
taria europea se establecieron criterios que debían asegurar cir la pobreza, la ética del trabajo puede contribuir todavía a la
una "economía saludable"; entre esos criterios, sin embargo, reconciliación de la sociedad, que al fin acepta la eterna presen­
no se encontraba una reducción en el nivel de desempleo. En cia de los pobres y puede vivir con relativa calma, en paz consigo
verdad, los desesperados intentos por conseguir un nivel de misma, ante el espectáculo de la miseria.
"salud económica" aceptable se consideran el principal obstácu­
lo para elevar los niveles de empleo a través de la creación de
puestos de trabajo. El descubrimiento de la "clase marginada"
En otras épocas, la apología del trabajo como el más eleva­
do de los deberes -condición ineludible para una vida hones­ El término "clase obrera" corresponde a la mitología de una
ta, garantía de la ley y el orden y solución al flagelo de la sociedad en la cual las tareas y funciones de los ricos y los po­
pobreza- coincidía con las necesidades de la industria, que bres se encuentran repartidas: son diferentes pero complemen­
buscaba el aumento de la mano de obra para incrementar su tarias. La expresión "clase obrera" evoca la imagen de una clase
producción. Pero la industria de hoy, racionalizada, reducida, de personas que desempeña un papel determinado en la socie­
con mayores capitales y un conocimiento más profundo de su dad, que hace una contribución útil al conjunto de ella y, por lo
negocio, considera que el aumento de la mano de obra limita
tanto, espera una retribución.
la productividad. En abierto desafío a las ay er indiscutibles Eltérmino "clase baja", por su parte, reconoce la movilidad
teorías del valor -enunciadas por Adam Smith, David Ricar­ de una sociedad donde la gente está en continuo movimiento,
do y Karl Marx-, el exceso de personal es visto como una
donde cada posición es momentánea y, en principio, está sujeta
maldición, y cualquier intento racionalizador (esto es, cual­
a cambios. Hablar de "clase baja" es evocar a personas arroja­
quier búsqueda de mayores ganancias en relación con el capi­
das al nivel más bajo de una escala pero que todavía pueden
tal invertido) se dirige, en primer lugar, hacia nuevos recortes
subir y, de ese modo, abandonar su transitoria situación de
en el número de empleados. El "crecimiento económico" y el
inferioridad.
aumento del empleo se encuentran, por lo tanto, enfrentados;
En cambio, la expresión "clase marginada" o "subclas·e "
la medida del progreso tecnológico es, ahora, el constante re­
[underclass] corresponde ya a una sociedad que ha dejado de 0
emplazo y -si es posible- la supresión lisa y llana de la mano
de obra. En·estas circunstancias, los mandatos e incentivos·de ser integral, que renunció a incluir a todos sus integrantes y
la ética del trabajo suenan cada vez más huecos. Ya no reflejan ahora es más pequeña que la suma de sus partes. La "clase
las "necesidades de la industria", y difícilmente se los pueda marginada" es una categoría de personas que está por debajo
pr-esentar·eomo·elcamino paralograr la·"riqueza de la nación". de las clases, fuera de toda jerarquía, sin oportunidad ni siquie-
Su supervivencia, o mejor su reciente resurrección en el discur­ ra necesidad de ser readmitida en la sociedad organizada. Es
so político, sólo puede explicarse por algunas nuevas funcio­ gente sin una función, que ya no realiza contribuciones útiles
nes que de la ética del trabajo se esperan en nuestra sociedad para la vida de los demás y, en principio, no tiene esperanza
posindustrial. de redención.

102 103
He aquí un inventario de la clase marginal, según la des­ La inutilidad y el peligro pertenecen a la gran familia de
cripción de Herbert J. Gans:5 conceptos que W. B. Gallie denomina '�esencialmente refutables".
Cuando se los toma como criterios de clasificación, permiten
En función de su comportamiento social, se denomina gente pobre incluir a los demonios más siniestros que acosan a una socie­
a quienes abandonan la escuela y no trabajan; si son mujeres, a dad carcomida por las dudas, que pone en tela de juicio cual­
las que tienen hijos sin el beneficio del matrim�nio y de?ende� de
quier utilidad y siente temores dispersos, sin objeto fijo, que
la asistencia social. Dentro de esta clase margumda asi defimda,
están también los sin techo [homeless], los mendigos y pordiose­
flotan en el ambiente. Un mundo basado en esos conceptos nos
!
ros, los pobres adictos al alcohol y las drogas6 y los �r minale.s ca­
proporciona un campo infinitamente vasto para los "pánicos
, morales". Con muy poco esfuerzo, la clasificación puede

. \--.,
llejeros. Como el término es flexible, se suele adscnbir tambien a
esta clase a los pobres que viven en complejos habitacionales �ub­ ampliarse para incluir en ella nuevas amenazas y permitir que
vencionados por el Estado, a los inmigrantes ilegales y a los mwm- algunos terrores descartados se orienten a un nuevo blanco,
bros de pandillas juveniles. La misma flexibilidad de l� defi�ición que será tranquilizante por el solo hecho de ser concreto.
se presta .a que el término se use como rótulo para estlgmatizar a Esta es, probablemente, una utilidad -tremendamente im­
() .
todos los pobres, independientemente de su comportamiento con­ portante- que la inutilidad de la clase marginada le ofrece a
creto en la sociedad. esta sociedad, en la que ningún oficio o profesión está seguro
de su propia utilidad a largo plazo. En esta sociedad convulsio­
Se trata, por lo visto, de un grupo sumamente heterogéneo Y nada por demasiadas ansiedades, e incapaz de saber con algún
extremadamente diverso. ¿Por qué resulta razonable ponerlos grado de certeza qué hay que temer, la peligrosidad de la clase
a todos en una misma bolsa? ¿Qué tienen en común la madres marginada ayuda a encontrar un camino para aplicar aquellas
solteras con los .alcohólicos, o los inmigrantes ilegales con los ansiedades.
desertores escolares? Quizás esto no sea del todo accidental: el descubrimiento de
Hay un rasgo que todos comparten: los demás no encuen­ la clase marginada se produjo cuando la Guerra Fría ya se es­
tran razón para que existan; posiblemente imaginen que esta­ taba estancando, cuando perdía rápidamente su capacidad de
rían mejor si ellos no existieran. Se arroja a la gente a la aterrorizar: Poco después, el debate sobre la marginación pasó
marginalidad porque se la considera definitivamente inútil, a primer plano y se instaló en el centro de la atención pública
algo sin lo cual todos los demás viviríamos sin problemas. Los cuando el "Imperio Demoníaco" se había derrumbado. El peli­
marginales afean un paisaje que, sin ellos, sería hermoso; son gro, ahora, no amenaza desde afuera; no es, tampoco, el "afue­
mala hierba, desagradable y hambrienta, que no agrega nad� ra internalizado": no son puntos de apoyo, o cabeceras de puente,
a la armoniosa belleza del jardín pero priva a las plantas culti­ la quinta columna establecida por enemigos exteriores. Las
vadas del alimento que merecen. Todos nos beneficiaríamos si amenazas de revolución, impulsadas y preparadas desde el ex­
desaparecieran. terior, han dejado de ser reales y ya no resultan creíbles. Y
Y puesto que son todos inútiles, los peligros que acarrean nada queda a la vista que sea lo bastante poderoso como para
dominan la percepción que de ellos se tiene. Esos peligros son reemplazar a la amenaza de la conspiración soviético-comu­
tan variados como ellos. Van desde la violencia abierta, el ase­ nista. Los actos de terrorismo político -ocasionales, dispersos
sinato y el robo que acechan en cada calle oscura, hasta 1� m?­ y a menudo sin objeto- provocan de cuando en cuando algu­
lestia y la vergüenza que produce el panorama de la m1sena nos temores sobre la seguridad personal; pero son demasiado
humana al perturbar nuestra conciencia. Sin olvidar, por su­ esporádicos e inconexos como para convertirse en una preocu­
puesto, "la carga que significan para los recursos comunes".7 Y pación seria sobre la integridad del orden social. Al no tener
allí donde se sospecha un peligro, no tarda en aparecer el te­ otro lugar donde echar raíces, el peligro se ve obligado a residir
mor: la "clase marginada" está formada, esencialmente, por dentro de la sociedad, a crecer en suelo local. Casi nos vemos
personas que se destacan, ante todo, por ser temidas. inclinados a pensar que, si no hubiera una clase marginada,
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sería necesario inventarla . En rigor, ha sido inventada en el ginada, en el sentido que Myrdal le dio a la expresión, resulta­
Q momento op o r tuno . ban las víctimas de la exclusión. Su nuevo estatus no era, en
Desde luego: esto no significa que no haya mendigos, drogadic­ modo alguno, una automarginación voluntaria; la exclusión era
tos o madres solteras, el tipo de gente "miserable" o "repugnante" producto de la lógica económica, sobre la cual esos condenados
a la que habitualmente se señala cuando quiere demostrarse la no poqían ejercer control alguno.
existencia de una clase marginada. Lo que sí quiere decir es que El concepto de clase marginada llegó al gran público mucho
la presencia de esa gente para nada demuestra la existencia de más tarde -el29 de agosto de19 7 7 -, a través de una nota de
una auténtica clase marginada. Ponerlos a todos en una única tapa de la revista Time. Y apareció con una significación muy
categoría es una decisión clasificatoria; no la consecuencia ne­ diferente: "un amplio sector de la población, más intratable,
cesaria de los hechos. Fundirlos en una única entidad, acusar­ más marginado de la sociedad y mucho más hostil de lo que
los a todos, en forma coTectíVa;deser absoTutamente inútiles y cualquiera hubiera podido imaginar. Son los intocables: la nue­
constituir un peligro para la sociedad, constituye un ejercicio va clase marginada estadounidense". A semejante definición
de elección de valores y una evaluación, no una descripción so­ seguía una larga lista: delincuentes juveniles, desertores esco­
ciológica. Y, por encima de todo, si bienTa-Tdea· de clase mar­ lares, drogadictos, madres dependientes de la asistencia so­
ginaaase basa en el supuesto de que la sociedad (esto es, la cial, ladronzuelos, pirómanos, criminales violentos, madres
totalidad que contiene en su interior todo lo que le permite exis­ solteras, rufianes, traficantes de drogas, pordioseros; nombres
tir, desarrollarse y sobrevivir) puede ser más pequeña que la suma que definen todos los explícitos temores de la gente decente y
de sus partes, la clase marginada así definida es mayor que la todas las cargas que se ocultan en el fondo de su conciencia.
suma de sus partes: el acto de integrar en una clase a todos "Intratables", "marginados de la sociedad", "hostiles": y, como
esos sectores marginales les agrega una nueva cualidad que resultado de todo esto, intocables. Ya no tenía sentido tenderles
ninguno de aquellos sectores posee por sí mismo. "Madre solte­ una mano: esa mano habría quedado suspendida en el vacío.
ra" y "mujer marginada", por ejemplo, no son la misma cosa. Estas personas ya no tenían cura; y no la tenían porque ha­
Es preciso forzar los hechos (o pensar muy poco) para transfor­ bían elegido una vida enferma.
mar a una en otra. Intocables significaba, también, estar fuera del alcance de
la ética del trabajo. Las advertencias, las seducciones, las ape­
laciones a la conciencia no podían atravesar el muro de aisla­
La marginación de la ética del trabajo miento voluntario con respecto a todo lo que tenía valor para la
gente común. No se trataba sólo de un rechazo al trabajo, o
. La expresión "clase marginada" [underclass] fue utilizada la elección de una vida ociosa y parasitaria; era una hostilidad
por primera vez por Gunnar Myrdal, en 1963 , para señalar abierta a todo lo que representaba la ética del trabajo.
los peligros de la desindustrialización que -de acuerdo con los Cuando, en 198 1 y 1982 , Ken Auletta emprendió una serie
temores de este autor- llevaría, probablemente, a que gran­ de exploraciones al mundo de la "marginalidad" -sobre las
des sectores de la población quedaran desempleados y sin posi­ que escribió en la revista The New Yorker y que luego editó un
bilidad alguna de reubicarse en el mercado de trabajo. Tal cosa libro muy leído y de gran influencia-, lo hizo impulsado, se­
sucedería, no por deficiencias o defectos morales de esos secto­ gún él mismo admite, por la ansiedad que percibía en la mayo­
res, sino lisa y llanamente por la falta de oportunidades de ría de sus conciudadanos:
empleo para quienes lo necesitaran y buscaran. Y no sería la
consecuencia, tampoco, del fracaso de la ética del trabajo en su Me pregunté: ¿Quién es toda esta gente que está detrás de las
abultadas estadísticas del crimen, la asistencia social y las drogas
intento por estimular a la población; sería la derrota de la so­
-y del evidente aumento en los comportamientos antisociales, que
ciedad en general para garantizar a todos una vida acorde con
además aflige a la mayor parte de las ciudades estadounidenses? .. .
los preceptos de aquella ética. Los integrantes de la clase mar-
106 107
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Pronto supe que, entre q�ienes estudian la pobreza, hay amplio sentado caso alguno que examinar, ni delito que castigar, ni
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consenso sobre la ex1s enc1a e una clase marginada (tanto negra negligencia alguna que reparar.
. .
como bl�nca) d1stl�gmble fácilmente; que esta clase, por lo gene­
A la retórica le siguen las prácticas, de las que surge la con­
ral, se swnte exclmda de la sociedad, rechaza los valores común­
mente ace�tados, y sufre deficiencias de comportamiento, además
firmación retrospectiva y de donde se extraen las pruebas que
de las de mgresos. No es sólo que tiendan a ser pobres; para la
podrían haber faltado la primera vez que la argumentación se
mayona _ de los norteamericanos, su conducta resulta aberrante.s utilizó. Cuanto más amplias y difundidas sean esas prácticas,
más evidentes resultarán las sugerencias que las originaron y
Obsérves� �l vocabulario, la construcción, la retórica del dis­ menor la posibilidad de que se identifique el subterfugio
curso que ongma y sostiene la idea de clase marginada. El texto retórico; menos aún, que sea objetado. La mayor parte del
de A�letta e� quizás el mejor lugar para estudiar la idea, porque material anecdótico de Auletta proviene del Centro para la
-a diferencia de la mayor parte de sus menos escrupulosos su­ Capacitación de Aptitudes de Wildcat, una institución funda­
ce�?res- este autor no se dedica a "demoler a la clase margina­ da con la noble intención de rehabilitar y devolver a la socie­
_ dad a los miembros de la clase marginada. ¿Quiénes podían
da ; _P?r el contrano, se aparta un poco para mantener la
_
obJebVIdad Y m�nifestarl�, y se compadece de los héroes negati­ ingresar en el Centro? Cuatro requisitos otorgaban iguales de­
_
vos de su histona en la misma medida en que los condena. rechos para recibir la capacitación correspondiente. El candi­
?bsér�ese �ue las "abultadas" estadísticas del crimen,9 la dato debía ser un reciente ex convicto, un ex adicto en
asistencia social y las drogas aparecen mencionadas en una tratamiento de recuperación, una mujer beneficiaria de los ser­
sola emisión de voz, colocadas a un mismo nivel . En conse­ vicios sociales sin niños menores de 6 años, o un joven d� entre
cue�cia, _ no hacen falta argume 1 7 y 20 años que hubiera abandonado sus estudios. Se�quien
ntos, y menos aún pruebas, para
expl:car por qué fueron encontradas en los mismos barrios y fuere el que haya establecido esas reglas, tiene que h�ber·de­
. terminado de antemano que esos cuatro "tipos" -tan clara­
clasificadas como muestras de un mismo comportamiento
"�ntisocial". No hace falta demostrar, en forma explícita, que mente distinguibles para un ojo no entrenado- sufren la misma
. clase de problema o, mejor dicho, presentan el mismo proble­
VIVIr del tráfico de drogas y depender de la asistencia social
s?n hechos igualmente antisociales, calamidades de un mismo ma y por lo tanto necesitan la misma clase de tratamiento. Sin
tipo. La s�gerencia implíci�a en esa dirección (que, sin duda, embargo, lo que comenzó como una decisión de quien estable­
a�ombrana a mas _ de uno si se la explicitara) ció las reglas de admisión pasó a ser una realidad para los alúm­
se logró con una
simple estratagema de sintaxis. nos del Centro de Wildcat: permanecían juntos durante largo
Obsérvese, también, que la clase marginada rechaza los va­ tiempo, estaban sometidos a un mismo régimen y recibían ins­
lor�s establecidos; sólo se siente excluida. Esta clase es la parte trucción diaria sobre su destino común. Y, durante su
activa Y g� neradora de las acciones, la que tiene la iniciativa internación, el Centro les suministraba la inserción social ne­
en la c ? nfhctiva relación de dos bandos enfrentados, donde "la cesaria y por la que razonablemente podían trabajar. Una vez
mayona de los nortea�ericanos" es el antagonista. Y es justa­ más, la palabra se había hecho carné. 10
mente el comportamiento de estos marginados -y sólo de Auletta se esfuerza por recordarles a sus lectores que la
ellos- el que resulta sometido a examen crítico y es declarado marginalidad no es una simple cuestión de pobreza; al menos,
aberr�nt�. Por el contrario, son "la mayoría de los norteameri­ que no puede ser explicada sólo por ella. Señala que de los 25 a
ca�os qmenes, con todo derecho, presiden el juicio; pero lo que 29 millones de estadounidenses que, oficialmente, se encuen­
se Juzga son las acciones de la otra parte. Si no hubiera sido tran por debajo de la línea de pobreza, se calcula que sólo "unos
por sus actos antisociales, no se la habría llevado ante la justi­ 9 millones no se asimilan"11 y "viven fuera de los límites co­
_ Lo más importante,
cia. múnmente aceptados por la sociedad", apartados como están
sin embargo, es que tampoco habría
hecho falta que la corte sesionara, puesto que no se habría pre- "por su comportamiento 'descarriado' o antisocial"P Queda
implícito que la eliminación de la pobreza, si de· algún modo
108 109
fuera posible, no terminaría con el fenómeno de la marginalidad. policía, más cárceles, castigos cada vez más severos y
Si es posible ser pobre y, a pesar de ello, "vivir dentro de los atemorizantes parecen ser los medios más concretos para re­
límites aceptados", entonces deben ser otros los factores por parar el error.
los que una persona termina en la clase marginada. Se pensó Hay otro efecto que tal vez tenga consecuencias más profun­
que esos factores podían ser falencias psicológicas y de com­ das: la anormalidad del fenómeno de la marginalidad "norma­
portamiento, quizás intensificadas en situaciones de pobreza liza" el'problema de la pobreza. A la clase marginada se la sitúa
pero no determinadas por ella. fuera de las fronteras aceptadas de la sociedad; pero esta cla­
De acuerdo con esta idea, el descenso a la clase marginada es se, recordemos, es sólo una fracción de los "oficialmente po­
una elección, decididamente intencional o debida a una actitud bres". La clase marginada representa un problema tan grande
de rebeldía. Es una elección, incluso cuando una persona cae en y urgente que, precisamente por ello, la inmensa mayoría de la
la �arginalidad sólo porque no hace, o no puede hacer, lo nece­ población que vive en la pobreza no es un problema que requie­
sano para escapar de la pobreza. En un país de gente que elige ra urgente solución. Ante el panorama -a todas luces desagra­
_
hbremente es fácil concluir, sin pensarlo dos veces, que -al no dable y repulsivo- de la marginalidad, los "simplemente
hacer lo necesario- se está eligiendo otra cosa; en este caso, un pobres" se destacan como gente decente que pasa por un perío­
"comportamiento antisocial". Sumergirse en la clase marginada do de mala suerte y que, a diferencia de los marginados, elegi­
es, también, un ejercicio de la libertad. En una sociedad de con­ rá lo correcto y encontrará por fin el camino a tomar para volver
sumidores libres, no está permitido poner freno a la propia li­ dentro de los límites aceptados por la sociedad. Del mismo modo
be�ad; muchos dirían que tampoco es permisible no restringir que .caer en la marginalidad y permanecer en ella es una elec­
la hbertad de quienes usan su libertad para limitar la libertad ción, también lo es el salir de la pobreza; en este caso, claro
. de otros, acosándolos, molestándolos, amenazándolos arruinan­ está, se trata de la elección correcta. La idea de elegir la

do �u diversión, r�presentando una carga para su c nciencia y marginalidad sugiere, tácitamente, que otra elección lograría
haciendo que su VIda sea desagradable de cualquier otro modo lo contrario, salvando a los pobres de su degradación social.
posible. En la sociedad de consumo, una regla central y muy poco
Separar el "problema de la marginalidad" del "tema de la objetada -precisamente por no estar escrita- es que la liber­
pobreza" es matar varios pájaros de un tiro. El efecto más ob­ tad de elección requiere capacidad: tanto habilidad y como de­
vio -en una sociedad famosa por su afición a litigar- es ne­ cisión para usar el poder de elegir. Esta libertad no implica
garles a quienes se considera miembros de la clase marginada que todas las elecciones sean correctas: las hay buenas y ma­
el derecho de "reclamar por daños y perjuicios", presimtándose las, mejores y peores. El tipo de elección que se realice demos­
como víctimas del mal funcionamiento de la sociedad. En cual­ trará si se cuenta o no con aquella capacidad. La clase
quier litigio que se abra por esta causa, se desplazará el peso marginada es la suma de muchas elecciones individuales erró­
dé la prueba, lisa y llanamente, sobre los mismos marginados: neas: su existencia demuestra la "falta de capacidad para ele­
son ellos quienes deben dar el primer paso y probar su volun­ gir" de las personas que la integran.
tad y �ecisión de ser buenos. Se haga lo que se haga, primero En su ensayo -que tuvo gran influencia- sobre los oríge­
deb_;ran ha�erlo los m�rginados (aunque, desde luego, no fal­ nes de la pobreza actual,13 Lawrence C. Mead señala a esa in­
taran conseJeros profesiOnales que, espontáneamente, les brin­ capacidad como la principal causa de que la pobreza subsista
darán asesoramiento sobre qué es exactamente lo que deben en medio de la riqueza, y del rotundo fracaso de las sucesivas
hacer). Si nada ocurriera, y el fantasma de la marginación se políticas estatales concebidas para eliminarla. Los pobres ca­
negara a desaparecer, la explicación sería simple: también que­ recen, lisa y llanamente, de la capacidad de apreciar las venta­
daría claro quién es el culpable. Si el resto de la sociedad tiene jas de una vida de trabajo; se equivocan en su escala de valores,
algo que reprocharse, es sólo el no haber sido lo bastante firme poniendo al "no trabajo" por encima del trabajo. Por esa inca­
como para restringir la torcida elección de los marginados. Más pacidad, dice Mead, la prédica de la ética del trabajo cae en
110 111
oídos sordos y no logra influencia alguna sobre las elecciones caz. Pero si pensamos que la ineficacia se debe a que sus man­
de los pobres: datos no fueron escuchados ni obedecidos, esta imposibilidad
para escuchar y obedecer sólo puede explicarse por un defecto
L� pregunta es si los necesitados pueden ser responsables de sí .
moral o una intención criminal.
mismos y, sobre todo, si tienen la capacidad suficiente para reo-ir
b. Repitámoslo: en su origen, la ética del trabajo fue el medio
su propia VI. 'da... 14 Sea cual fuere la causa externa que se invoque,
más efectivo para llenar las fábricas, hambrientas de mano de
·

.
queda un misteriO en el corazón del "no trabajo": la pasividad de
los muy pobres, que dejan pasar las oportunidades que se les pre­ obra. Ahora, cuando esa mano de obra pasó a ser un obstáculo
sentan... Para explicar el "no trabajo", tengo que recurrir a la psi­ para aumentar la productividad, aquella ética todavía puede
cologi, � o a la cultu�a: en su may oría, los adultos muy pobres pare­ cumplir un papel. Esta vez sirve para lavar las manos y la
cen evitar el trabaJo, no por su situación económica sino por sus
'
conciencia de quienes permanecen dentro de los límites acep­
creencias... 15 A falta de barreras prohibitivas para el empleo la tados de la sociedad: para eximirlos de la culpa por haber arro­
cuestión de la personalidad de los pobres surge como la clave p ra � jado a la desocupación permanente a un gran número de sus
comprender y superar la pobreza. La psicología es la última fron­ conciudadanos. Las manos y la conciencia limpia se alcanzan,
tera en la búsqueda de las causas que expliquen el escaso esfuerzo al mismo tiempo, condenando moralmente a los pobres y ab-
para el trabajo... ¿Por qué los pobres no aprovechan [las oportuni­ solviendo a los demás.
d�des] co� la misma frecuencia que la cultura supone que lo ha­
ran? ¿Qwenes son, exactamente?16 En el centro de la cultura de la
pobreza se encuentra la incapacidad para controlar la propia vida:
lo que los psicólogos denominan ineficacia.17 Ser pobre es un delito

Las oportunidades están ahí; ¿no somos todos nosotros acaso El ensayo de Mead contra los pobres que "eligieron" no tra­

la prueba palpable de que así son las cosas? Pero las op� rtuni bajar termina con un enfático llamamiento: "Una política so­
dades deben ser reconocidas como lo que son, y aprovechadas, cial debe resistirse a la pobreza pasiva con justicia y con firmeza
Y para ello hace falta tener capacidad: algo de inteligencia, al­ -en gran medida, tal como Occidente contuvo al comunismo­
hasta que la cordura se imponga y el sistema combatido se
�na voluntad y cierto esfuerzo en el momento oportuno. Ob­
VIamente, a los pobres les faltan las tres cosas. Pensándolo bien derrumbe por su propio peso".18 La metáfora elegida resulta
� impecable. Uno de los primeros servicios que la clase margina­
la incapacidad de los pobres es una buena noticia: nosotro
somos re�ponsables porque les ofrecemos esas oportunidades; da brinda a la opulenta sociedad actual es la posibilidad de
ellos son Irresponsables por rechazarlas. Así como los médicos absorber los temores que ya no apuntan hacia un temible ene­
s� dan p�r vencidos, contra su voluntad, cuando sus pacientes migo externo. La clase marginada es el enemigo en casa, que
Sistemabcamente se rehúsan a cooperar con el tratamiento ocupa el lugar de la amenaza externa como el fármaco que res­
� tablecerá la cordura colectiva; válvula de seguridad para ali­
nosotros, a�te la re:r:uencia a trabajar manifestada por los po
bres, debenam?s deJar de esforzarnos por seguir proporcionán­ viar las tensiones originadas en la inseguridad industrial.
doles oportumdades laborales. Todo tiene un límite. Las La clase marginada es particularmente apta para cumplir
e�señanzas de la ética del trabajo son válidas para el que esté ese papel. Mead no deja de repetirlo: lo que empuja a los norte­
.
dispuesto a escucharlas; y hay oportunidades de trabajo a la americanos decentes y "normales" a integrar un frente umdo
espera de quien las quiera aprovechar. Lo demás queda en contra los desertores escolares, los criminales y los parásitos
manos de los mismos pobres. No tienen derecho a exigir más de 1� asistencia social, es la horrible incoherencia que perciben
de nosotros. en todos ellos: los marginados ofenden los más preciados valo­
Si la pobreza sigue existiendo, y aumenta en medio de la res de la mayoría al mismo tiempo que se aferran a ellos, y
creciente riqueza, es porque la ética del trabajo resultó inefi- pretenden disfrutar los mismos placeres de que gozan quienes

112 113
se los ganaron trabajando. Dicho de otro modo: los estadouni­ de los principios según los cuales vivía o aspiraba a vivir el
den�es normales guarda� rencor a los marginados, porque los orden actual.
suenas Y el �odelo de VIda de estos últimos son asombrosa­ La idea que la sociedad se forma de sí misma ha cambiado
mente parecidos a los suyos. Y, sin embargo, esta semejanza desde entonces; en consecuencia, el fantasma amenazante (el
no puede ser consid . orden social con un signo negativo) tomó una nueva forma. El
erada una incoh erenc ia. Como Peter
Townsend apuntó, la lógica de la sociedad de consumo es for­ aumentÓ de la criminalidad registrado en los últimos años (un
.n:ar a sus pobres como consumidores frustrados: "El estilo de proceso, observemos, producido en forma paralela a la dismi­
VIda de los cons�mi�ores es cada vez más inalcanzable para nución de afiliados a los partidos comunistas y otros grupos
los se�tores �e baJos mgresos, históricamente definidos por una extremos, promotores de un "orden diferente") no es resultado
cap�cidad fiJ� de compra que les permite asegurar su subsis­ del mal funcionamiento o la negligencia de la sociedad, sino un
tencia o cubnr sus necesidades básicas". 19 Y, sin embargo la producto propio de la sociedad de consumo; es su resultado ló­
.
s?c�edad �e consumo educa a sus miembros, precisamente, p�ra gico y (si bien no lo es legalmente) también legítimo. Más aún:
VIVIr esa I�capacidad de acceder a los estilos de vida ideales se trata de su producto necesario e ineludible. Porque cuanto
como la mas dolorosa de sus privaciones. más elevada sea la demanda de consumo (es decir, cuanto más
Cada tipo de orden �ocial produce los fantasmas que lo ame­ eficaz sea la seducción del mercado), más segura y próspera
naz�n. Pero cada sociedad genera esas visiones a su propia será la sociedad de consumo. Pero simultáneamente crecerá y
medid�: a la medid? ?el tipo de orden que lucha por alcanzar. se ahondará la brecha entre quienes desean y pueden satisfa­
En conJunto, esas VISIOnes tienden a ser fiel reflejo de la socie­ cer sus deseos (los que han sido seducidos y actúan en conse­
dad que las genera; cuando son amenazantes, sobre todo sue­ cuencia), y quienes también han sido seducidos per?; sin
len �er autorre�ratos de la mi ma sociedad pero precedid�s por embargo, no pueden actuar del mismo modo. La seduccwn de
un signo negativo. D1cho . � . mercado resulta así, al mismo tiempo, el gran igualador y el
en termmos psicoanalíticos: las ame­
.
nazas son proyecciOnes de la ambivalencia interna de la socie­ gran separador de la sociedad. El estímulo �1 co:r�.sumo, p�r�
dad con respecto a susyropios modos y medios, con respecto a resultar eficaz, debe transmitirse en todas direcciOnes y diri­
�a forma en que la socied ad vive y se perpetúa. Una sociedad girse, indiscriminadamente, a todo el que esté dispuesto a es­
msegura d� su supervivencia desarrolla la mentalidad de una cucharlo. Pero es más la gente que puede escuchar que la que
.
fortaleza sitiad a: Y �os enemigos dispuestos a asaltar sus mu­ puede responder al mensaje seductor. Y a quienes no pueden
ros son sus propw s . demonios internos": los temores reprimi­ responder se los somete diariamente al deslumbrante especta­ _
do� que flo�an e el �mbiente, que impregnan su vida diaria culo de los que sí pueden. El consumo sin restricciones -se les
y
su ,normalidad,?y, sm embargo, deben ser aplastados y extir­ dice- es signo de éxito, es la carretera que conduce a la fama y
pados d� la �ida cotidiana para ser transformados en un cuer­ el aplauso de los demás. También se aprende que poseer y con­
.
po extr�no, SI se qwere sumir ciertos objetos, y llevar determinado estilo de vida, es
que la sociedad perdure. Esos fantasmas
se �onvierten en enemigos tangibles a los que es preciso com­ condición necesaria para la felicidad; tal vez, hasta para la dig­
bati;r u?-a Y otra ez, a los que siempre se esperará vencer. nidad humana.

Siguiendo la lmea de esta regla universal, el peligro que Si el consumo es la medida de una vida de éxitos, de la felici­
acechaba�� Estado moder o, constructor de un orden y obsesio­ dad y hasta de la dignidad humanas, entonces han caído las
?
nad? por el, e:a la revolución. Los enemigos eran los revolucio­ barreras que contenían los deseos de los hombres. Probable­
nanos o. meJor, los reformistas exaltados, descabellados y mente, ninguna adquisición nueva llegue a satisfacernos como
. en otros tiempos prometía hacerlo el "mantenernos en un buen
extremista�, las fuerzas subversivas que intentaban sustituir
e� orden existente -administrado por el Estado- para cam­ nivel": ya no hay nivel en el que mantenerse ahora. La l�n�a de
biarlo por otro, administrado por otro Estado: establecer un llegada se aleja a medida que el corredor avanza; los obJetivos,
nuevo orden, un contra-orden que revertiría todos y cada uno cuando uno intenta alcanzarlos, se sitúan siempre un paso o
114 115
dos más adelante. Continuamente caen los récords; ya no pa­ un delito individual. Las "clases peligrosas" son consideradas
rece� tener fin los deseos de los hombres. Deslumbrada y con­ clases criminales, y las cárceles pasan a desempe.ñar l.as �un­
fundida, la gente observa que en las empresas recientemente ciones que antes les cabía a las ya casi desaparecidas mstitu­
privatizadas, y de este modo "liberadas" -empresas que se ciones del Estado benefactor. Y, a medida que se reducen las
recuerdan como instituciones públicas austeras, donde siem­ prestaciones de asistencia social, lo más probab le es que
pre faltaba el dinero-, los actuales directivos cobran sueldos las cárcéles tengan que seguir desempeñando ese papel, cada
Il_lillonarios, mientras que quienes fueron despedidos de fun­ vez con mayor intensidad. . . .
Ciones directivas son indemnizados, también con sumas millo­ La creciente multiplicación de comportamientos delictivos
narias, por su trabajo chapucero y descuidado. De todos lados, no es un obstáculo en el camino hacia una sociedad consumista
po� t�d?s los medios, llega recio y claro el mensaje: ya no hay desarrollada y que no deja resquicios. Por el contrario: ,es su
prmcipws, salvo el de quedarse con la mayor cantidad posible; prerrequisito y acompañamiento natural. l;' e�to es as1, hay
Y� no hay reglas, salvo el nuevo imperativo categórico: "Juega que admitirlo, por numerosas razones. La prmcipal .de ellas es,
bien tus propias cartas". quizás, el hecho de que quienes quedan fuera del JUego -l?s
.
Pero �o h �y jueg� d � cartas donde todas las manos sean pa­
_ obJetivo es ganar, quienes dan con una mala consumidores frustrados, cuyos recursos no alcanzan a sa�I�­
reJas. SI el umco facer sus deseos y, por lo tanto, tienen pocas o ninguna posibi­
racha se ven tentados a probar cualquier recurso. Desde el lidad de ganar si cumplen las reglas oficiales- encarnan los
punto de vista de los dueños del casino, algunos recursos -los "demonios internos" que son específicos de la sociedad de con­
que ellos mismos permiten o dejan circular- son moneda le­ sumo. Su marginación (que llega al delito), la severidad de sus
gal; todo lo que caiga fuera de su control está prohibido. Pero sufrimientos y la crueldad del destino a que se los.condena son
la línea divisoria entre lo justo y lo que no lo es no se ve igual -hablando metafóricamente- el modo de exorcizar esos �e­
?esde la perspectiva de los jugadores, en especial de los que monios internos y quemar su efigie. Las fr�nteras de� de�Ito
mtentan J�gar. Más aún, de los que aspiran a hacerlo y no pue­ cumplen la función de las llamadas �er:am�entas samtar�a�:
d �n, o no tienen acceso a los recursos permitidos. Pueden recu­ cloacas a las que se arrojan los efluviOS mevüables, pero toxi­
rr�r, entonces, a cualquier recurso, sea legal o no, o abandonar cas, de la seducción consumista, para que la gente qu� perma­
e� Juego. P :ro. la seducción del mercado ha convertido en impo­ nece en el juego no tenga que preocuparse por su propiO estado
Sible esta ultima opción. de salud. Si este es el estímulo principal que explica el a�ge de
Desarmar, degradar y suprimir a los jugadores frustrados la "indus tria de la prisió n"20 -tal como la denomma el
es, en un_a sociedad de consumidores regida por el mercado,
. criminólogo noruego Nils Christie-, entonces la esperanza de
part � mdispensable de la integración-a-través-de-la-seducción. que en una sociedad desregulada Y_ privatizada el proceso se
Los Jugadores impotentes e indolentes deben ser excluidos. Son haga más lento es, al menos, pequena; y es mucho menos pro-
productos de desecho del juego, que hay que descartar a toda bable que se lo pueda detener o re:ertir. ,
costa Y pedir su cesación de pagos. Pero hay otra razón por la No hay lugar donde esta relación se haya puest.o .m�� d�
.
que el Juego deberá seguir produciendo esos desechos: a quie­ manifiesto que en los Estados Unidos, donde el dommw Ilimi­
nes permanecen junto al verde tapete se les debe mostrar el tado del mercado de consumo -durante los años del "val� todo",
horre;n�o panorama de la alternativa (la única posible, se les en la era Reagan-Bush- llegó más lejos que e.n cualqmer otro
repetira), para que sigan soportando las penurias y tensiones país. Los años de desregulación y des�antela:r:nento de las pr�s­
de vivir en el juego. taciones asistenciales fueron, tamb1en, los anos.�n que crec�e­
Co�siderada la naturaleza del juego actual, la miseria de los ron la criminalidad, la fuerza policial y la poblacwn car�elar�a.
exclmdos -que en otro tiempo fue considerada una desgracia Fue preciso, también -para responder a lo� temores e. mqme­
P rovocada colec�ivamente y que, por lo tanto, debía ser solu­
. tudes los nervios y la inseguridad, el enOJO y la funa. de la
ciOnada por medws colectivos- sólo puede ser redefinida como mayo�ía silenciosa (o no tan silenciosa) de los consumidores
1 16 1 17
los últimos adelantos técnicos,
cámara de ejecución dotada de
honorables-, reservarles una suerte cada vez más sangrienta s a muerte que puede albergar
Y cruel a los declarados criminales. Cuanta más fuerza toma­ con un pabellón para condenado de 1994 , un total de � .802
zos
hasta 120 convictos. A comien
ban los "demonios internos", más insaciable era el deseo de
ban su eje cuc ión en las cárceles estado�md� n­
personas espera o
ca�tigar _el delito, de tener una justicia de mano dura. Bill rteamericanos y 33 hab1an s1d
ses. De ellas,1 .1 02 eran afrono .
Clmton, mtegrante del ala progresista del Partido Demócrata eran todavía menores de edad
(�os llamados liberals en los Estados Unidos) ganó la presiden­ condenadas a muerte cuando _
s presos que esperan ser eJecu­
La abrumadora mayoría de eso e
el � �on la promesa de multiplicar las filas policiales y construir onerse, del inmenso y c�ecient
PriSIOnes nue_vas Y más seguras. Algunos observadores (entre tados provienen, puede sup la soc 1ed d de
los rechazados por �
ellos, Peter Lmebaugh, de la Universidad de Toledo Ohio au­ reservorio al que van a parar , el esp ect _ lo de la eJ�Cu­
acu
ugh
tor de '!he Lond? n Han_ged [El ahorcado de Londre�]) pie�san consumo. Como sugiere Lineba zar
por los políticos para ate�ron
ción es "utilizado con cinismo e
que Clmton debiO_ su trmnfo a la muy publicitada ejecución de . Al reclamar ese terronsm d_ o
u? hombre retardado, Ricky Ray Rector, a quien permitió en­ a la creciente clase marginada" estadounidense trata de h-
osa
VIar a la silla eléctrica cuando era gobernador de Arkansas. la justicia, la mayoría silenci
ter ror es internos. ,
Do� anos_ después, los adversarios del nuevo presidente, perte­ brarse de sus propios ien tos qu e las clases mas
"lo s sen tim
Según Herbert Gans, de
n�cientes a l?s sectores de extrema derecha del Partido Repu­ los pobres [son una] mezcla
blicano, se Impusieron en forma aplastante en elecciones afortunadas albergan hacia
es probable que el mi e �o � el
ea
parlamentarias al c ?nvencer al electorado de que Clinton no miedo, enojo y condena; pero tim ien tos
.21 Esta mix�ura d� _sen
_ he ho lo uficiente para combatir la criminalidad y que componente más importante" los
hab1a <; � dor del púbhco, utilizable por
vale como elemento moviliza ra­
ellos har�a� mas. La segunda elección de Clinton se ganó en e so y verdaderament� �ter
una campa�a en que los candidatos rivalizaron en prometer, políticos, sólo si el miedo e� int � de los pobres a 1� etica del
encia
dor. La tan publicitada resist tal
c�d� uno mas que el otro, una fuerza policial fuerte y una polí­ ha zo a participar del trabaJo duro
tica �mplacable con los que "ofenden los valores de la sociedad trabajo, así como su rec ra rov oca r el
_ orable, bastan pa �
como lo hace la mayoría hon . s
co. Pero, cuand? �
al miSfl!O tiempo que se aferran a ellos", y apuestan a la vida la 1de a d � _lo
consUffilsta sm _ contribuir a la reproducción de la sociedad de con­ enojo y la condena del públi nte s not c1a s sob re cri mi­
ala �rm �
pobres inactivos se agregan pob la­
sumo. tra v1da y propiedad de la
nalidad en alza y violencia con la
En 1972, cuando el Estado benefactor atravesaba su mejor a lugar al temor: no ob�decer
ción honorable, la condeja dej e-
momento Y poco antes de que comenzara su caída, la Corte
ca del tra bajo se con vie rte en un acto que aterronza, ad
SupreJ?a de _ lo� Estado Unidos -reflejando el ánimo del públi­ éti
denable.
co- diCtammo q�e la pena de muerte era arbitraria y capri­ más de ser moralmente con tema de �olIt1c
, a soc1al para
.
.

, dej a de ser _
chosa Y; como tal, madecuada para servir la causa de la justicia. La pob reza, en ton ces res
ticia penal y cnmmal. Los pob
�<;spue� de muchos fallos, en1988 , la Corte permitió la ejecu­ convertirse en asunto de jus
la sociedad �e consum o, der rot a­
ya no son los marginados de
son los enemigos �eclarados
_
CIOn de Jovenes de 16 años de edad; en 1 989, la de retrasados de la
dos en la competencia feroz; , se­
mentales Y finalmente, en 1 992 , en el vergonzoso caso de ima línea, muy fácil de cruzar fi­
�errera contra Collins, dictaminó que el acusado podría ser sociedad. Sólo una delgadís
planes de asisten cia �e los tra
para a los beneficiarios de los _ de los
I�ocente per� estaba en condiciones de ser ejecutado si los jui­ y asesinos. Qm ? viVen e es
ciOs h�bm _ Sido real�zados en debida forma y se ajustaban a la cantes de drogas, ladrones ien to de las ba�­
!': po de reclutam
ConstituciO�. La reciente Ley del Crimen, aprobada por el Se­ beneficios sociales son el cam ampliar las reservas que ah-
s es
na�o Y la <; amara de Representantes, extiende el número de das criminales: financiarlo
delitos pasibles de pena de muerte a 5 7 o, según algunas inter­ mentarán el delito.
.
pre�aciOr:es: 70. Con mucha publicidad y gran alharaca, en la
pemtenciana federal de Terre Haute, Indiana, se construyó una 119
118
Expulsión del universo de las obligaciones morales la ética del trabajo); pero el esfuerzo respondió también a la
sensibilidad del público, preocupado, conmovido y avergonza­
Vincular la pobreza con la criminalidad tiene otro efecto: do por la miseria de los sin trabajo. Frente a la insaciable sed
ayuda a desterrar a los pobres del mundo de las obligaciones de mano de obra que vivía la naciente industria en expansión,
morales. las inq�ietudes morales encontraron una salida legítima y rea­
La esencia de toda moral es el impulso a sentirse responsa­ lista en el evangelio del trabajo. Era una coincidencia histórica
ble por el bienestar de los débiles, infortunados y sufrientes; la entre los intereses del capital y los sentimientos morales de la
pobreza convertida en delito tiende a anular ese impulso y es sociedad.
el mejor argumento en su contra. Al convertirse en criminales Pero la situación ha cambiado. El mensaje de la ética del
-reales o posibles-, los pobres dejan de ser un problema ético trabajo -aunque, en apariencia al menos, continúe vigente­
y nos liberan de aquella responsabilidad. Ya no hay obligación entró en una nueva relación con la moral pública. En vez de
de defenderlos contra la crueldad de su destino; nos encontra­ brindar una salida a los sentimientos morales, se transformó
mos, en cambio, ante el imperativo de defender el derecho y la en un poderoso instrumento de la versión que, a fines del siglo
vida de las personas decentes contra los ataques que se están xx, adopta la "adiaforización", el proceso por el cual los actos
tramando en callejones, guetos y zonas marginales. moralmente repugnantes pueden ser liberados de condena.
Lo dijimos más arriba: si en la sociedad actual los pobres sin "Adiaforizar" una acción es declararla moralmente neutra;
trabajo ya no son el "ejército de reserva de mano de obra", des­ o, más bien, someterla a pruebas según criterios no morales, al
de el punto de vista de la economía no tiene sentido mantener­ mismo tiempo que se la exime de toda evaluación moral. En la
los por si llega a surgir la necesidad de convocarlos como actualidad, el llamado de la ética del trabajo sirve para probar
productores. Pero esto no significa que asegurarles condicio­ el derecho a recibir la simpatía y la solidaridad del resto de la
nes dignas de existencia carezca de sentido moral. Es posible sociedad. Se piensa que la mayoría de las personas a quienes
qu� su bienestar no resulte importante en la lucha por la produc­ este llamado se dirija no pasarán la prueba; una vez rechaza­
tiVIdad y la rentabilidad, pero sigue siendo importante, todavía, das, se podrá suponer sin remordimiento que ellas mismos se
para los sentimientos de responsabilidad moral que debemos a situaron, por propia elección, al margen de toda obligación
todos los seres humanos, así como para la autoestima de la moral. La sociedad puede, entonces, liberarse de responsabili­
comunidad misma. Gans abre su libro con una cita de Thomas dades hacia esa gente sin sentirse culpable por faltar a sus
Paine: deberes. Lo cual no es un logro menor, si se tiene en cuenta la
presencia universal de los impulsos morales, así como la es­
Cuando en algún país del mundo pueda decirse Mis pobres son pontánea sensibilidad ante la miseria, el dolor y las humilla­
felices y no hay entre ellos ignorancia ni dolores; las cárceles están ciones del prójimo.
libres de presos y mis calles de mendigos; los ancianos no sufren
Pero no es posible reprimir por completo el impulso moral;
nec�sidad, los impuestos no resultan opresivos... , cuando puedan
en consecuencia, la expulsión del mundo de toda obligación
decirse estas cosas, sólo entonces un país podrá jactarse de su cons­
titución y su gobierno.
moral nunca puede ser completa. Aunque se silencie a las con­
ciencias con el continuo bombardeo de informaciones sobre la
En las primeras etapas de la historia moderna, la ética del depravación moral y las inclinaciones delictivas de los pobres
trabaJo_ tenía la clara ventaja de unir los intereses económicos sin trabajo, los empecinados residuos del impulso moral en­
a las preocupaciones éticas, como estas expresadas por T homas cuentran, de tanto en tanto, su vía de escape. Esa salida la
Paine. Es posible que llevar a los pobres a las fábricas haya proporcionan, por ejemplo, las periódicas "ferias de caridad",
servido los intereses de industriales y comerciantes (incluso reuniones concurridas pero de corta vida, donde se manifies­
que estos intereses hayan reforzado la propaganda en favor de tan los sentimientos morales contenidos, desencadenadas en
esas ocasiones ante el espectáculo de sufrimientos dolorosos y
120 121
miserias devastadoras. Pero -como toda feria y todo carna­ piejos aspectos de la pobreza: "horribl.es con�icion� s de vi�� y
val- también esas reuniones cumplen la función de vías de de vivienda, enfermedades, analfabetismo, vwlencm, fam1has
escape, eternizando los horrores de la rutina cotidiana. Esas disueltas, debilitamiento de los vínculos sociales, ausencia de
ferias de caridad permiten, en definitiva, que la indiferencia futuro y de productividad". Son dolores que no se. pueden .su­
resulte más soportable; fortalecen, en última instancia, las con­ primir con leche en polvo y galletas de alt� contemdo protei�o.
vicciones que justifican el destierro de los pobres de nuestra Kapusci:ó.ski recuerda que, en sus recorndos. por los barnos
sociedad. negros y las aldeas de Africa, se cruz::ba con nm ?s que �e men­
Como explicó recientemente Ryszard Kapusciríski, uno de digaban "no pan, agua, chocolate o Juguetes; smo bohgrafos,
los más formidables cronistas de la vida contemporánea, ese porque no tenían con qué escribir en la es�uela". .
efecto se logra mediante tres recursos interconectados, pues­ Agreguemos algo más: se tiene mucho cmdado en evitar cual­
tos en práctica por los medios de comunicación que organizan quier asociación entre las horrendas. imágenes de hai?brunas
estas "ferias de caridad". 22 -que tienen gran éxito en los medws- y . la tragedia de los
En primer lugar, paralelamente a la noticia de una hambruna pobres acusados de violar la ética del trabaJ O. Se �uestra a la
persistente o de otra ola de refugiados que pierden sus hoga­ gente con su hambre; pero, por más que el t�levi?ente se es­
o
res, se recuerda a las audiencias que esas mismas tierras leja­ fuerce no verá ni una herramienta de trabaJo, m un terren
nas -allí donde esa gente "que se ve por televisión" está cultiv�ble, ni una cabeza de ganado en la imagen. Como � i
.no
muriendo de hambre o de enfermedades- son el lugar de naci­ hubiera conexión alguna entre las promesas huecas de la ebca
s,
miento de nuevos e implacables empresarios que desde allí se del trabajo en un mundo que ya no necesita más trabajadore
lanzaron a conquistar el mundo: los "tigres asiáticos". No im­ y los dolor�s de estas personas, mostradas como vía de �scape
porta que esos "tigres" sean menos del 1% de la población sólo para impulsos morales contenidos. La ética del _t�abaJO sale
ex­
de Asia. El dato prueba lo que necesita ser probado: la miseria ilesa, lista para ser usada nuevamente como el labgo q�e
de los hambrientos sin techo es resultado de su propia elec­ pulsará a nuestros pobres -los que tenem os en el barno cer­
ción. Claro que tienen alternativas; pero -por su falta de vo­ cano, aquí a la vuelta de la esquina- del refugio que, vanamente,
luntad y decisión- no las toman. El mensaje subyacente es buscan en el Estado benefactor.
que los pobres son los culpables de su destino. Podrían haber En tercer lugar, los espectáculos de desastres, tal como son
elegido, como los "tigres", una vida de trabajo duro y de empeci­ presentados por los medios, sirven de fundamento, y refuerzan
nado ahorro. de un modo diferente, el constante retroceso moral de_ la. gente
En segundo lugar, se redacta y edita la noticia de modo que común . Además de servir como descarga a los sentimientos
el problema de la pobreza y las privaciones quede reducido a la morales acumulados, el efecto a largo plazo es que:
falta de alimentos. La estrategia tiene dos efectos: se minimi­
cinturón s �nita­
za la escala real de la pobreza (hay 800 millones de personas La parte desarrollada del planeta se rodea con un
a un nuevo Muro de Berlm, de
que sufren de desnutrición crónica; pero algo así como 4.000 rio de falta de compromiso y levant
ación que nos llega de "allá afue­
millones, unos dos tercios de la población mundial, viven en la alcances mundiales; toda la inform
a, asesin atos, droga s, saque os, enferme­
p�breza). La tarea de ayudar se limita, entonces, a encontrar ra" son imágenes de guerr
a!�mentos para los que sufren hambre. Pero, señala Kapus­ refugi ados hamb re: algo que nos amenaza
dades contagiosas, y
. seriamente...
cmski, plantear así el problema de la pobreza (como en una
nota de The Economist, que analiza el hambre bajo el título
"How to Feed the World" [Cómo alimentar al mundo]) "degra­ Rara vez' a media voz y desvinculada de las escenas de gue­
da terriblemente, y casi niega el derecho de vivir en una hu­ rras civiles y masacres, nos llega información s? bre los arma­
manidad plena a quienes, supuestamente, se quiere ayudar". mentos utilizados; es menos frecuente, todavia, que se nos
La ecuación "pobreza = hambre" oculta otros numerosos y com- recuerde lo que sabemos pero preferíamos no oír: esas armas

122 123
que transforman tierras lejanas en campos de muerte salieron f, rmado en una mala palabra. Se acusa al Estado benefactor
de nuestras fábricas, celosas de sus libros de pedidos y orgullo­ ; e fomentarla, de elevarla al nivel de una cultura que se
sas de su eficacia comercial, alma de nuestra preciada prosperi­ auto erpetúa: y este es el argumento supremo par� desma� t�­
dad. Violentas imágenes de la autodestrucción de esos pueblos lar e e Estado. La responsabilidad moral es �a pnmera VIC I­
� \
se instalan en nuestra conciencia: son síntesis de "calles maldi­ ma en esta guerra santa contra la dependencia, puesto ��e a
tas" y "zonas prohibidas", representación magnificada de terri­ dependencia . de1 "Otro" es sólo el reflejo. de la respon sabilidad
. , I? mor
torios dominados por pandillas asesinas, un mundo ajeno, ro ia el punto de partida de cualqm er relaciO - �1 y e1
subhumano, fuera de toda ética y de cualquier salvación. Los � �
u e�to en que se basa toda acción moral. Al mismo tiempo
intentos por rescatar a ese mundo de su propia brutalidad sólo �u denigra la dependencia de los pobres como un �e�ado, la
pueden producir efectos momentáneos; a la larga, terminarán �tica del trabaj o, en su versión actual , ofrece un alivio a los
en fracaso. Cualquier salvavidas que se arroje será manipulado, escrúpulos morales de los ricos.
inexorablemente, para ser transformado en nuevas trampas.
Entonces hace su ingreso la probada y confiable herramienta
de la adiaforización : el cálculo sobrio y racional de costos y efec­ Notas
tos. El dinero que se invierta en ese tipo de gente será siempre e Y. Hasenfeld ( 1991), The Moral Construction ofPoverty.
1 . J . F. Handler
.
dinero malgastado. Y hay un lujo que no nos podemos dar, como e 9 196-197 . Según los autores , en el marco de WIN se
todos coincidirán, y es el de malgastar nuestro dinero. Ni las Lo�?res: Sa� i �.fi ��o: 2 7 millones de evaluaciones, pero sólo se inscribie-
víctimas de la hambruna como sujetos éticos, ni la posición que ��� 1:;���� a�pirantess.. s:�!��� sp��:;d:���:s�r;ó�::ese� ��a
g� t �;�;::�
adoptemos hacia ellos representan un problema moral. La mo­ tres meses por 1o meno de 199 6 . .
ralidad es sólo para las ferias de caridad, esos momentos de pie­ 2 International Herald Tribune, 3-4 de agostoMonde D�ploma t�que, se p-
.
dad y compasión, explosivos e instantáneos pero de corta vida.
3: C . Julien (1996), "Vers le choc social", Le
tie b ·
Cuando se trata de nuestra responsabilidad colectiva (la de no­ �. �� Ferge y S.M. Miller (comps. ), Dynamics of Deprivation. Aldershot:
sotros, los países ricos) por la miseria crónica de los pobres del Go;e�:j·. sg���1 �i995 Th e War gainst the Poor: The Underclass and
planeta, aparece el cálculo económico y las reglas del libre mer­ . ), r � o
e
cado, la eficiencia y la productividad reemplazan a los precep­
�· ��%�:e���;· �a�s��l�� ���:;t i�! ��: ·:� =�n pobres pu�den beber et
An p

tos morales. Donde habla la economía, que la ética calle. sus casas; � ve�es, in�lusol :nl� t��b aJ· �· Es a losmoralmente pobres a qmenes se sue e
Salvo que se trate, desde luego, de la ética del trabajo, la encontrar tira os en a ca l . · e s ' 1 les . También endudosos
l s actos
esto se
de los
curo­
única variante que toleran las reglas económicas. Esta ética ricos resulta n, con frecuen cra, totalme nte ega .
no se opone a que la economía priorice la rentabilidad y la efi­ ple la 'regla de oro': los dueños del oro son qmenes ponen 1 as r eglas" ([bid '
pp. 4) form;�;e
7 No importa que los gastos federales y locales en lass �eis�io�tas
cacia comercial; por el contrario, son su complemento necesa­
rio y siempre bien recibido. Para los países ricos del mundo, y asistencia social sumaran no menos de 40.000 millone ares n 2
sobre todo para los sectores acaudalados de las sociedades ri­ 1o cual es sólo el 5 %
1 Fría' 10.000 millones de dólares menos que ePIeríod�
del presupu esto anual de Defensa durante e �
cas, la ética del trabaj o tiene una sola cara. Explica los deberes postenor . a la Guerra costo
de quienes luchan contra las dificultades de la supervivencia; anual de las deducciones imposit ivas por h'rpot ecas, y sólo una sexta parte de
. ón de impuest os a 1os neos . No
.
nada dice sobre los deberes de quienes lograron escapar de la � os subsi dios a las corp � l�a�:�Zan�es de armas sean tan dependien�es del
1 deducci
rmpo�ta, tampoco , que ��� .
mera supervivencia y pasaron a tener preocupaciones más
importantes y elevadas. En especial, niega que los primeros
Pentagono como } as muJ eres pobres lo son de la asistencia social" (lb�d, pp.
82-84). k ·. Random House p. xiii.
dependan de los segundos y libera a estos, por lo tanto, de toda 8 K. Auletta (1982), The Underclass . Nueva y¡orgeneral mente e�- �l act 1
9.. E n los Estados Unidos, el lenguaj e usado
responsabi lidad hacia aquellos.
En la actualidad, la ética del trabaj o es esencial para des­ debate sobre e� �eno, �eno d: 1 a m arginación coincide en gran me a co:fa
1

retórica inflexrble, sm obstacu l os, d e Edward Banfield : "El individuo de da­


acreditar la idea de "dependencia" . La dependencia se ha trans-
124 125
se baja vive al día . . . El impulso gobierna su comportamiento, o porque no
puede autodisciplinarse para sacrificar la satisfacción presente a la futura, o
porque carece de sentido de futuro. Es, en consecuencia, totalmente imprevi­
sor; para él no tiene valor lo que no pueda consumir de inmediato. Su gusto
por la 'acción' está por encima de todo" (E. Banfield ( 1968), The Unheauenly
City: The Nature and Future of our Urban Crisis. Boston: Little Brown, pp.
34-5). Nótese que la diatriba de Banfield contra la "clase marginada" suena
como una descripción muy acertada del "consumidor ideal" en una sociedad
de consumo. En este análisis, como en muchos otros, la "clase marginada" es
el basural donde se arrojan los demonios que acosan al alma atormentada
del consumidor.
10. La investigación de campo llevó a Auletta tan cerca de los objetos de
tratamiento estandarizado que no pudo d ejar de observar lo defectuosos que
r e s u l t a n , en términos e mpíri c o s , l o s rótulos y l a s c l a s i ficaciones
generalizadoras. Hacia el final del libro (K. Auletta, op. cit.), que presenta
una larga historia de la unificación de la clase marginada a partir de la
TERCERA PARTE
acción del Estado, el autor afirma: "La gran lección que aprendí de mi traba­
jo periodístico entre pobres y marginados es que las generalizaciones -¡casi
calcomanías para el auto!- conspiran contra toda comprensión. Resulta
peligrosísimo generalizar acerca de la 'clase baja' . . . o de las 'víctimas'. . . o
sobre la 'virtual eliminación' de la pobreza. O decir que el gobierno es 'el
problema'. Desde una altura de nueve mil metros, todo y todos parecen hor­
migas" (p. 3 1 7). Como es de esperar, nadie atendió estas advertencias. Para
el comentario periodístico, así como en la opinión pública y los supuestos
análisis de los políticos, el estudio de Auletta sólo sirvió para reforzar la idea
global que ya se tenía sobre la clase marginada.
1 1 . K. Auletta, op. cit . , p. xvi.
12. !bid, p. 28.
13. L. M . Mead ( 1992), The New Politics ofPouerty: The Nonworking Poor
in A merica. Nueva York: Basic Books.
14. !bid, p. x.
15. !bid, p. 12.
16. !bid, p. 133.
17. !bid, p. 145.
18. !bid, p. 261.
19. P. Townsend ( 1 993), Pouerty in Europe, en Z. Ferge y S. M. Miller
(comps.), Dynamics ofDepriuation. Aldershot: Gower, p. 73.
20. N. Christie ( 1993), Crime Control as Industry. Londres: Routledge.
2 1 . H. J. Gans, op. cit., p. 75.
22. R. KapusciÍlski ( 1997), Lapidarium JI!. Varsovia: Czytelnik, pp. 146 ss.

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