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LA GRACIA Y SV EFICACIA

En esta tercera parte trataremos de la gracia, sobre todo de la gracia actual eficaz, por la cual se
realizan en el tiempo los efectos de la predestinación: vocación, justificación, méritos. Estudiaremos,
principalmente, las relaciones de la gracia eficaz con la gracia suficiente ofrecida y hasta dada a
todos, y veremos que la distinción de estas dos gracias se funda, según Santo Tomás, sobre la
distinción de la voluntad divina consecuente (que se relaciona con el bien por realizar infaliblemente
hic et nunc) y la voluntad antecedente (que recae sobre el bien considerado absolutamente y no en
tales o cuales circunstancias determinadas). (Cf. Ia , q. 19, a. 6, ad Ittm.) Por la voluntad antecedente,
Dios quiere salvar a todos los hombres (porque es bueno que todo hombre se salve); por la voluntad
consecuente, quiere eficazmente salvar a los elegidos, hic et nunc ( x ). Para proceder con orden, en
esta tercera parte trataremos primero de la gracia eficaz y de la gracia suficiente según la Escritura y
las declaraciones de la Iglesia, y después, de la moción divina en general y de la premoción, tal como
lo han concebido Santo Tomás y los tomistas.

LA GRACIA EFICAZ Y LA GRACIA SUFICIENTE


SEGÚN LA ESCRITURA Y LAS DECLARACIONES DE LA IGLESIA POSICIÓN DEL PROBLEMA
Es cierto, según la Revelación contenida en la Escritura y la Tradición, que buen número de
gracias actuales dispensadas por Dios no producen el efecto (por lo menos todo el efecto) al cual
están ordenadas, mientras que otras lo producen. Las primeras son llamadas suficientes y puramente
suficientes, dan el poder (próximo o lejano) de bien obrar, sin llevar eficazmente a la acción misma;
el hombre resiste a su atractivo. Las otras é son llamadas eficaces, faciunt ut faciamus, hacen que
obremos, que produzcamos el acto salutífero. De aquí ha nacido la pregunta: ¿cuál es el principio de
estas dos clases de gracias? En otros términos: la gracia llamada eficaz, ¿lo es por sí misma,
intrínsecamente, porque Dios quiere eficazmente que lo sea, o lo es sólo de manera extrínseca, por -
nuestro consentimiento previsto por Dios? Esta cuestión ha sido muy agitada en ocasión de los
errores de los primeros protestantes y de los jansenistas. Para esa época el término suficiente recibió
un significado tecu c o determinado, por oposición a eficaz ( x ).
La importancia del problema aparece por la oposición misma de las herejías contrarias y por la
de las doctrinas admitidas por los teólogos católicos. Puede decirse que, para los pelagianos, la gracia
actual (por ejemplo, la predicación del Evangelio) se hace eficaz por nuestro buen consentimiento, e
ineficaz por la mala voluntad del hombre. Para los primeros protestantes y los jansenistas, hay dos
gracias actuales interiores: una es eficaz por sí misma, la otra ineficaz y hasta ni es verdaderamente
suficiente. Para los tomistas, hay dos gracias actuales interiores, una es eficaz por sí misma, ab
intrínseco (hace que obremos bien), la otra es ineficaz, pero verdaderamente suficiente (proporciona
el poder obrar bien, de una manera próxima o remota) ( 2 ). Para los molinistas, la gracia actual
suficiente es, o eficaz ab extrínseco, por nuestro consentimiento previsto por Dios por la ciencia
media; o ineficaz y puramente suficiente ( 3 ).
LAS DECLARACIONES DE LA IGLESIA
La Iglesia ha declarado contra el jansenismo que hay dos gracias verdadera y puramente
suficientes: verdaderamente suficientes, puesto que dan el poder real de obrar bien; y puramente
suficientes, puesto que, por culpa de nuestra voluntad, no producen su efecto, o al menos todo el
efecto al cual están ordenadas. Esta enseñanza de la Iglesia aparece sobre todo por la condenación,
como herética, de la primera proposición de Jansenio (Denzinger, 1902): Aliqua Dei prcecepta
hominibus justis volentibus et conantibus, secundum prcesantes quas habent vires, sunt impossibilia:
deest quoque Mis gratia qud possibilia sunt (*). Quesnel y el seudosinodo de Pistoya fueron también
condenados por haber negado la gracia verdaderamente suficiente (cf, Denzinger, n. 1359 y ss. y
1521). La segunda proposición de Jansenio está muy próxima a la primera: Interiori gratice in statu
natura lapsa nunquam resistitur ( 5 ); lo que equivale a volver a decir que no hay otra gracia actual
interior que la eficaz. Después de la condenación de las cinco proposiciones de Jansenio, el Gran
Arnauld (6 ) admitió una pequeña gracia que da el poder de obrar en general', sin realmente dar ese
poder hic et nunc. Los teólogos católicos mostraron que esta pequeña gracia del Gran Arnauld no
salvaguarda la doctrina tradicional, puesto que es necesario que el cumplimiento de los preceptos
sea realmente posible, no sólo en general, sino también hic et nunc, en particular ( 7 ). La Iglesia, por
otra parte, enseña que hay una gracia actual eficaz y que ella no violenta la libertad.
El primer punto surge de la condenación del pelagianismo y semipelagianismo, que no negaban,
propiamente, que la gracia da poder obrar, sino que negaban que dé querer y obrar. Contra ellos, el
Segundo Concilio de Orange, canon 99 (Denzinger, 182), define: Quoties baña agimus, Deus in nobis
atque nobiscum, ut operemur, operatur ( 8 ). Hay, pues, una gracia que es effectrix operatianis ( 9 ),
aunque no excluye nuestra cooperación, sino que la requiere y la suscita. En cuanto al segundo
punto, es decir, que la gracia eficaz no violenta nuestra libertad, está nítidamente afirmado por el
Concilio de Trento, sess. 6, canon 49 (Denzinger, 814). (Ver también Denzinger, 797, 1094.) Es lo que
afirma la tradición, según la cual el acto meritorio procede a la vez de la libertad humana y de la
gracia eficaz. Según esta enseñanza, la gracia suficiente nos deja sin excusa delante de Dios después
del pecado, y la gracia eficaz no nos permite que nos gloriemos en nosotros mismos, cuando hemos
obrado bien.
¿CUÁL ES EL FUNDAMENTO ESCRITURARIO DE LA DISTINCIÓN DE LA GRACIA SUFICIENTE Y DE LA
GRACIA EFICAZ?
La Escritura habla a menudo de la gracia que no produce su efecto, como consecuencia de la
resistencia del hombre. Se lee en los Proverbios (I, 24): "Yo llamo y vosotros resistís; en Isaías (LXV,
2): "Tendí mis manos todos los días a un pueblo rebelde, que marcha por una mala vía, según el
agrado de sus pensamientos." En San Mateo (XXIII, 37) dice Jesús: "Jerusalén, Jerusalén, que matas a
los profetas y que lapidas a los que te son enviados, ¡cuántas veces he querido yo congregar a tus
hijos, como una gallina reúne a sus polluelos bajo sus alas, y tú no lo has querido!"
En los Hechos de los Apóstoles (VII,. 51) San Esteban, primer mártir, dice a los judíos antes de
morir: "¡Hombres de dura cerviz y de corazón y oído incircuncisos! vosotros resistís siempre al
Espíritu Santo." San Pablo (II Cor., VI, 1) escribe: "Os exhortamos a hacer de modo que no hayáis
recibido la gracia de Dios en vano." Todas estas palabras muestran que hay gracias verdaderamente
suficientes, pero que quedan estériles a consecuencia de nuestra resistencia. Deriva también esta
doctrina de lo que se dice en la IXitn. (11,4): "Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen
al conocimiento de la verdad. . . pues Jesús se dio, El mismo, en rescate para todos." Es decir, quiere
hacer realmente posible a todos el cumplimiento de sus preceptos. Además, afirma la Escritura, a
menudo, la existencia de la gracia eficaz que produce su efecto, el acto salutífero. Es particularmente
claro en los textos escriturarios citados por el Segundo Concilio de Orange contra los semipelagianos,
Ezequiel (XXXVI, 26-27): "Y os daré un corazón nuevo, y pondré en vosotros un nuevo espíritu, y
quitaré de vuestro cuerpo el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Y pondré el Espíritu
mío en medio de vosotros, y haré que guardéis mis preceptos, y observéis mis leyes, y las
practiquéis." San Pablo escribe a los Filipenses (II, 13) : "Es Dios quien opera én vosotros el querer y
el obrar según su beneplácito"; y Jesús ha dicho (Juan, X, 27) : "Mis ovejas no perecerán jamás, nadie
las arrebatará de mi mano." De donde se originan estas palabras del Segundo Concilio de Orange
(Denz. 182): Quoties bona agimus, Deus in nobis atque nobiscum ut operemur, operatur. Más
adelante citaremos (10) otros textos escriturarios semejantes: Ester (XIII, 9; XIV, 13). ( 10) C. VII, n. 3.
280 LA GRACIA Y SU EFICACIA Proverbios (XXI, 1): "El corazón del rey es un curso de agua en la mano
de Jehová, El lo inclina hacia donde quiere." El Eclesiástico (XXXIII, 13, 14): "Como el barro está en
manos del alfarero para hacer y disponer de él, y pende de su arbitrio el emplearlo en lo que quiera,
así el hombre está en las manos de su Hacedor." (Ecli., XXXIII, 24- 27, etc.) Se desprende, según la
manera como se expresa la Escritura, que la gracia eficaz, de que habla, es eficaz por sí misma,
puesto que Dios quiere que lo sea y no solamente por aquello de que ha previsto que nosotros la
aceptaríamos sin resistencia. Se comprende, por lo tanto, que, para Santo Tomás y su escuela, la
distinción de la gracia eficaz y de la gracia suficiente tenga su fundamento supremo en la distinción
de la voluntad divina consecuente (que recae sobre el bien por realizar infaliblemente hic et nunc) y
de la voluntad antecedente (que recae sobre el bien tomado absolutamente y no en tales
circunstancias determinadas, por ejemplo, sobre la salvación de todos los hombres, en tanto es
bueno que todo hombre sea salvado) ( u ) . De esta voluntad antecedente o salvífica universal
derivan las gracias suficientes, que hacen realmente posible el cumplimiento de los preceptos, sin
hacerlos, sin embargo, cumplir efectivamente. De la voluntad divina consecuente, relativa a nuestros
actos salutíferos, deriva, por el contrario, el cumplimiento efectivo del deber. Esta doctrina aparece
por lo tanto fundada en la Sagrada Escritura, y también la admitida por todos los tomistas de que la
gracia actual que es de suyo eficaz con relación a un acto imperfecto, como la atrición, es
verdaderamente suficiente con relación a un acto más perfecto, como es la contrición. De donde la
cuestión que se plantea es la de saber si la gracia llamada eficaz es verdaderamente eficaz por sí
misa, intrínsecamente, o sólo de manera extrínseca, por nuestro consentimiento previsto por Dios.
En otras palabras: ¿cómo concebir la moción divina que inclina a nuestra voluntad al acto salutífero y
se lo hace cumplir? Con esta cuestión se relaciona, evidentemente, la referente a las relaciones de la
gracia suficiente y de la gracia eficaz. ¿La gracia eficaz es ofrecida en la suficiente, dada a todos,
como el fruto es ofrecido en la flor? Todos los tomistas están de acuerdo en que, si el hombre no
resistiese a la gracia suficiente, recibiría la gracia eficaz para el cumplimiento del deber. Pero aquí
reaparece el misterio en el sentido de que resistir a la gracia suficiente es un mal que no puede
provenir sino de nosotros, mientras que no resistir a la gracia suficiente es un bien, que no puede
provenir únicamente de nosotros, sino que debe derivar de Dios, fuente de todo bien. ¿Cómo,
entonces, concebir la moción divina, sus diversos modos y su eficacia?