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C iu d a d V a g a

Edición·Nº 16 // mayo·agosto·2017

ISSN 1909 7581


:::: Redacción
Edición N.º 16 Abrahán Gutiérrez N.
Mayo — Agosto 2017 Alejandra Gálvez
Una publicación de la Alexandra García
Escuela de Comunicación Social, Álvaro Coral
Facultad de Artes Integradas. Angélica Bohórquez
Universidad del Valle — Cali, Colombia Daniel Zaya
••• Diana Marcela Ríos
Ciudad Vaga Edward Valencia
Viaje por la ciudad difusa Estefanía Giraldo
ciudadvaga.univalle.edu.co Fabián Eraso
Apartado Aéreo 25360 • Cali, Colombia Jennifer Córdoba
Telefax: (57+2) 321 2456 y 330 9695 Jhoan Manuel Henao
ciudadvaga@univalle.edu.co Jhonatan Galeano
Joan David Zúñiga
Édgar Varela Barrios José Gregorio Pérez
Rector de la Universidad del Valle Juan Rueda
José Hleap Borrero Julián David Palacios
Decano de la Facultad de Artes Integradas Kelly Sánchez
Ramiro Arbeláez Laura Patricia Flórez
Director de la Escuela de Comunicación Social Lina Marcela Isaza
Lorena Ceballos
Director :::: Manuela Riveros
Kevin Alexis García Néstor David Velásquez
kevin.alexis.garcia@correounivalle.edu.co « Nicole Tatiana Bravo
Asistencia Editorial :::: Santiago Blandón
Kelly Sánchez Sarah Sánchez
Nicole Tatiana Bravo Sofía Chazatar

Comité Editorial :::: :::: Edición Gráfica


Patricia Alzate Alexandra García
Jorge Caicedo alexa_07204@hotmail.com
Julián González
Hernán Toro :::: Participación especial en fotografía
Daniel Arteaga
Diseño gráfico y diagramación :::: Lina Lasso
velové • www.velove.com.co
Paulo Ledesma Gómez
Álvaro Valencia
Maria Mercedes Sinisterra
Colaboración Especial ::::
Famberlin Taba Jaramillo
Karen Flórez
Mar Aguirre
C iu d a d V a g a

///////////////////////N.º16
C i u d a d Va g a , E d i c i ó n N º 1 6 • ////////////

P. 8

Pistas para narrar la memoria


:::: Por:
• Kevin García •

+++++ Dossier i +++++ Dossier ii

P. 26 P. 104

Cartas de amor desde un El precio del saber


campamento guerrillero :::: Por:
:::: Por: • Alejandra Gálvez • Daniel Zaya •
• ccccccc • • Edward Valencia • Jennifer Córdoba •
• Manuela Riveros • Jhonatan Galeano •
P. ccc
P. 112
Camino entre rejas
:::: Por: No borders
• ccccccc • :::: Por:
• Juan Rueda González • Sarah Sánchez •
P. ccc • Diana Ríos • Sofía Chazatar Hernández •
• Estefanía Giraldo Muñoz • Fabián Eraso •
Marcha Patriótica:
¿Se repite la historia? P. 126
:::: Por:
• ccccccc • En el parlante se
conoce al cantante
P. ccc :::: Por:
• Kelly Sánchez •
La piel de un niño
que se hizo sicario P. 136
:::: Por:
• Alexandra García Manzano • Te llamarías Helena
:::: Por:
P. ccc • Angélica María Bohórquez •

Las mujeres de La Mesa, P. 146


vivíamos un infierno
:::: Por: Vivir sin agua
• Jose Gregorio Pérez • :::: Por:
• Abrahán Gutiérrez N. •
P. ccc • Lorena Ceballos •

Heridas
:::: Por:
• Nicole Tatiana Bravo G. •

P. ccc

Gorgona,
la melancolía del delito
:::: Por:
• Lina Marcela Isaza López •
Edición·Nº 16 // mayo·agosto·2017

//////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////ed123ciii00**0N

cONTENiDØ ///////
/// REPORTAJE
INTERNACIONAL /// FOTOREPORTAJES
P. 158 P. 10

Maus Jaripeo
:::: Por: :::: Por:
• Maus • • Lina Lasso •

P. 94

Sereia
:::: Por:
• Alexandra García •

P. 180

La magia de la cultura
en su fiesta
:::: Por:
• Daniel Arteaga •
C o l ab o r a d o r e s

CO— LABO
3 14

1 9

4 15

2 10

1. Abrahán Gutiérrez N.

2. Alejandra Galvez 5 16

3. Alexandra Córdoba

4. Alexandra García

5. Álvaro Coral
11
6. Angélica Bohórquez

7. Christian Leal

8. Daniel Arteaga 6 17

9. Daniel Zaya

10. Diana Ríos

11. Edward Valencia


12
12. Estefanía Giraldo

13. Fabián Erazo

14. Hernán Toro 7 18

15. Jhoan Henao

16. Jhonatan Galeano

17. Joan David Zúñiga 13

18. Juan Rueda

19. Julián González


8 19
Edición·Nº 16 // mayo·agosto·2017

DØ— RES.
22 33

20 28

23 34

21 29

20. Julián Palacios

21. Kelly Sánchez 24 35

22. Kevin García

23. Laura Flórez

24. Lina Isaza


30
25. Lina Lasso B.

26. Lorena Ceballos

27. Manuela Riveros 25 36

28. Néstor David

29. Nicole Bravo

30. Santiago Blandón


31
31. Sarah Sánchez

32. Sofía Chatazar

33. Paulo Ledesma Gómez 26 37

34. Álvaro Valencia

35. Maria Sinisterra

36. Famberlin Taba 32

37. Karen Flórez

38. Mar Aguirre


27 38
C iu d a d V a g a

PISTAS
PARA NARRAR
:::: Kevin García
Director

Uno de los escritores que más valoró el lugar de la nuestro presente que un día busca las condiciones para
memoria para una vida y una sociedad fue García Márquez. hacerse las preguntas e indagar los temas que en otras
Solía decir que “La vida no es la que uno vivió, sino la épocas por fuerzas e intereses hicieron parte del olvido.
que recuerda y cómo la recuerda para contarla”. Al acto
mismo de vivir anteponía el recuerdo de lo vivido. Construimos una imagen del pasado para afectar
acontecimientos del presente y del futuro, porque la
La memoria es una forma organizada de conciencia que se memoria permite ligar lo que fuimos con lo que que
relaciona directamente con los hechos del pasado, no es el seremos. Por esto, es lamentable que mediante un decreto
pasado mismo. La memoria es plástica, flexible, fluctuante. el gobierno haya modificado la estructura del Centro
Cuando construimos un recuerdo es el presente que se da Nacional de Memoria Histórica para incluir en su Consejo
a sí mismo un pasado. La memoria no es una copia exacta Directivo un delegado del Ministerio de Defensa. Incluir
de lo ocurrido y modifica con cada experiencia su propio a uno de los actores del conflicto en la organización
objeto de recuerdo. que construye la memoria del conflicto mismo, pone en
entredicho la imagen que en adelante construirá esta
Su construcción es un acto subjetivo. Lo que llamamos organización del pasado de nuestro de país.
pasado es una forma organizada de la conciencia de
Edición·Nº 16 // mayo·agosto·2017

LA MEMORiA //////////////
¿De qué forma alterará la incursión de un funcionario del Para Pierre Nora “La memoria de las sociedades modernas
Ministerio de Defensa el sentido de nuestro pasado? Aún no es una memoria registradora, que delega en el archivo la
lo sabemos, pero de entrada pondrá en cuestión la autonomía preocupación de recordar por ella y multiplica los signos
para indagar con imparcialidad las razones de nuestra de los que se despoja, como la serpiente lo hace con su
atrocidad. ¿Será este delegado una instancia de decisión para piel muerta”. Para trascender la conmemoración como
los hechos claves de nuestra violencia o modificará la agenda espectáculo y atender el sentido del acto de recordar, un
y el campo de visión de lo ocurrido? ¿Cómo serán recordados grupo de periodistas y editores escribimos “Pistas para
en adelante los instantes decisivos? No lo sabemos pero narrar la memoria”, un libro que busca compartir claves,
es casi seguro que afectará la instauración del relato del contextos y metodologías para indagar en el pasado y
Conflicto en las generaciones futuras. narrar nuestra historia. Todo su contenido está disponible
en internet, en la página de la organización Consejo de
Hoy somos el futuro de nuestros tiempos pasados. Frente a Redacción. Su lectura puede sugerir horizontes para que
las amenazas que se ciernen sobre la memoria institucional, la memoria de lo ocurrido en este país más que una voz
estamos llamados a dinamizar la narración del pasado, a institucional sea un relato coral, una creación colectiva.
instalar las memorias individuales en la memoria colectiva.

La memoria de las sociedades modernas es una memoria


registradora, que delega en el archivo la preocupación
de recordar por ella y multiplica los signos de los que se
despoja, como la serpiente lo hace con su piel muerta

Material disponible en:


http://consejoderedaccion.org/webs/pistasnarrarmemoria
Fo to r e p o r t a j e : J a ri pe o

~
J
Edición·Nº 16 // mayo·agosto·2017

~ARiP~eo
:::: Por:
• Lina Lasso •
S
anta Ana del Valle es un municipio localizado en los Valles Centrales del

estado de Oaxaca en México. Durante las fiestas patronales se lleva a cabo

el desfile tradicional conocido como la Calenda, ferias culinarias y artesanales

y el jaripeo. El jaripeo es una monta de toros que se practica en el centro y sur

del país, y consiste en montar al animal hasta apaciguarlo. Antes de salir al ruedo

al toro se le amarran los testículos para que sus movimientos sean más bruscos.

Los pobladores de Santa Ana participan activamente como jurados, jinetes o

espectadores. Es una actividad a la que asisten todos los miembros de las familias.
Fo to r e p o r t a j e : J a ri pe o
Edición·Nº 16 // marzo·2017
Edición·Nº 16 // marzo·2017
Fo to r e p o r t a j e : J a ri pe o
Edición·Nº 16 // marzo·2017

~
Fo to r e p o r t a j e : J a ri pe o
C a r t a s d e a m ø r d e s de un camp4me nt o gue rri ll3r o

:::: Por:
• Santiago Blandon •

LOS NÁUFRAGOS LAS ESCRIBEN PARA


DESPEDIRSE Y LOS ARTISTAS PARA
DESAHOGARSE. LIUDMILA QUINCOSE, UNA
POETA CUBANA, LAS ESCRIBE POR ENCARGO.
¿QUÉ ESCRIBEN LOS GUERRILLEROS FARIANOS
EN SUS CARTAS DE AMOR?

De las palabras no se vuelve

La palabra favorita de Ismael es amor.

Sería una respuesta predecible si no fuera porque Ismael pertenece al Frente


Urbano Manuel Cepeda y, antes del cese al fuego, estaba encargado de instalar
explosivos en puntos estratégicos de Buenaventura. Sería una respuesta prede-
cible si no fuera porque, durante ocho años, Ismael enfrentó -y sobrevivió- a
uno de los ejércitos más grandes de América Latina. En los labios de Ismael,
una respuesta común puede resultar insólita:

-La palabra más significativa para mí es amor -dice Ismael y reconoce que se
le pegan las palabras- porque amor encierra todo. Digamos que uno aquí ama a
todos. Créame que cuando alguien muere uno lo siente, porque uno ya siente
amor por esa persona, uno ya no lo ve como un cualquiera sino que aquí todos
somos como miembros de una sola familia.

Antes de conversar con Ismael, fotografié a tres guerrilleras jugando fútbol, a


una pareja de guerrilleros estudiando lecciones de ortografía, a un guerrillero
con un gatito montado en el hombro, a ocho guerrilleros escuchando historias
alrededor de una fogata. Pero la respuesta de Ismael me sigue pareciendo insó-
lita, quizá porque durante muchos años los colombianos nos acostumbramos
a pensar que los guerrilleros eran inhumanos. Y a muy poca gente se le ocurrió
preguntarse si era posible; si era cierto que, por pertenecer a una de las guerri-
llas más grandes del mundo, estaban impedidos para reír, llorar, cantar, bailar,
entristecerse y dar respuestas como las que dice Ismael. O enamorarse.

O escribir cartas de amor.


Edición·Nº 16 // mayo·agosto·2017
C a r t a s d e a m ø r d e s de un camp4me nt o gue rri ll3r o

El lado oscuro del corazón

Los guerrilleros de las FARC me compartieron 27 cartas


escritas en hojas de cuaderno, con una caligrafía escolar
y lapiceros de distintos colores. Casi todas son breves,
son emotivas, son infantiles y huelen a humedad, quizá
porque acompañaron a sus autores a través de la selva y
también sobrevivieron al calor, la lluvia, la oscuridad, la
infinitud verde de la montaña.

Ese día fue de alegría y tristeza para mí –escribió Yese-


nia, del Frente Franco Benavides, refiriéndose al día en
que el comandante en jefe de las FARC y el presidente
de Colombia firmaron el “fin del conflicto”- Al mirar a mi
alrededor y saber que tú no estabas y que jamás podría
volver a ver esos lindos ojos, me dieron ganas de salir
corriendo, gritar, buscarte y tenerte por última vez entre
mis brazos.

Deisy, Adriana, Laura o Camila. Son algunos de los nom-


bres que encuentro entre las cartas de los guerrilleros. Las
mujeres prefieren escribirles a sus comandantes en La Ha-
bana, amigos o familiares, pero también son románticas:
Clara –cuatro años en la insurgencia- se aprendió un poe-
ma de Benedetti para recitárselo a Santiago, el publicista Algunos guerrilleros no saben leer ni
chileno que ingresó hace varios años a las FARC. Y Vicky –
tan antigua como Clara- escribió un poema titulado “Amor
escribir, pero se las arreglan para expresar
guerrillero”, donde le habla a un compañero de distancia, su amor a través de dibujos, manillas o
de tristeza y del anhelo por verlo pronto. Algunos guerri-
lleros no saben leer ni escribir, pero se las arreglan para
pequeños adornos de madera.
expresar su amor a través de dibujos, manillas o pequeños
adornos de madera.

(…) los amores en la guerrilla son más intensos –escribió


Victoria Sandino, una de las líderes más importantes de Sin embargo, en un contexto de guerra
las FARC, en un artículo que publicó la página web de la -donde hombres y mujeres no se sepa-
organización- Somos camaradas y sobre esa base hemos ran de su fusil- hasta el amor se puede
aprendido a tejer fuertes lazos de amistad, sostenida tornar sangriento. Nelson -28 años en
en profundos afectos, surgidos de la admiración que las FARC- me cuenta que ha visto morir
sentimos por muchas y muchos de nuestros compañeros. a más de diez guerrilleros, literalmente,
Somos la combinación de todas las formas de amar. por amor. Y me describe los tres casos
más recordados: cuando una guerrillera
se enteró de que su novio había pedido
traslado a otro campamento, para sepa-
rarse de ella, lo abrazó con una granada
escondida entre los senos: “Desapare-
cieron de la cintura para arriba”. Otra
guerrillera, cegada por una infidelidad,
le disparó a su pareja mientras dormía y
luego se suicidó. Los encontraron muer-
tos y casi abrazados en la cama. El tercer
caso estuvo a punto de desencadenar
una masacre cuando el antiguo novio
de una guerrillera no soportó verla con
otro hombre, tomó su fusil y empezó a
disparar indiscriminadamente en mitad
del campamento. Por una coincidencia
milagrosa, las balas no alcanzaron a
nadie. Pero el guerrillero se suicidó.
Edición·Nº 16 // mayo·agosto·2017

De todas maneras, con el


avance de la reconciliación,
algunas normas se
han abolido: desde que
anularon la prohibición
del embarazo, en menos de
once meses, las parejas de
las FARC han concebido
300 bebés.

Según Nelson, la mayoría está muy lejos de resolver su Cuatro años después, el 26 de septiembre del 2016, el
despecho con un asesinato o un suicido, pero hay otras heredero de Manuel Marulanda, Timoleón Jiménez, y el
medidas extremas: solicitar la baja, pedir traslado o presidente de la república, Juan Manuel Santos, firmaron
desertar, son algunas de las más comunes. De ahí que en unos acuerdos que implicaban, entre otras cosas, el desar-
la guerrilla existan normas involucradas con el amor. Las me de las FARC. Pero el proceso –que duraría seis meses y
relaciones sentimentales con civiles están prohibidas, contaría con el respaldo de la comunidad internacional-
cada año les realizan exámenes para descartar enfermeda- no podía iniciar hasta que se refrendaran los acuerdos.
des de transmisión sexual y para convivir con una pareja
deben solicitar el permiso del comandante. El 2 de octubre salieron a votar trece millones de colom-
bianos y, contra todo pronóstico, el NO obtuvo una venta-
De todas maneras, con el avance de la reconciliación, ja de 50 mil votos. Un resultado tan catastrófico que al día
algunas normas se han abolido: desde que anularon la siguiente la moneda colombiana cayó 2,6%, sin mencio-
prohibición del embarazo, en menos de once meses, las nar las repercusiones políticas.
parejas de las FARC han concebido 300 bebés.
Sin embargo, los guerrilleros expresaron su voluntad de
52 años de guerra continuar con el proceso de “reincorporación a la vida
civil”, el cese de hostilidades se prolongó hasta el 31 de
Durante cuarenta y cuatro años fue el principal enemigo diciembre y Juan Manuel Santos recibió –cuando todos lo
del ejército colombiano. Cuando murió –de muerte na- daban por descartado- el premio Nobel de Paz.
tural- era el guerrillero más viejo del mundo y uno de los
más legendarios. Sin duda, la historia de Tiro Fijo resume Ese mismo día, Timoleón Jiménez escribió en su cuenta
la historia de las FARC. Pero sabemos poco de él. de Twitter un mensaje donde felicitó al presidente Santos
y declaró que el único premio –al que aspiran los guerri-
Sabemos que era un campesino como cualquier otro hasta lleros- es la paz de Colombia.
que los conservadores lo desterraron y entonces se con-
virtió en guerrillero liberal. Sabemos –gracias a un texto La lluvia no da tregua
de Eduardo Galeano- que se llamaba Pedro Antonio Marín
hasta que heredó el nombre de un compañero muerto y Inunda los techos de las caletas, las cocinas, los baños y
entonces empezó a llamarse Manuel Marulanda. Sabemos el aula; inunda los caminos anegados de barro, inunda
que fue guerrillero liberal hasta que los políticos liberales la cancha de fútbol que los guerrilleros construyeron a
se aliaron con los conservadores y entonces fundó una escasos metros de la entrada y los árboles que camuflan el
guerrilla comunista. Sabemos que esa guerrilla se llama campamento. Las zanjas no evitaron que el barro ensucie
Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia y que el el piso de madera y ahora intentan limpiarlo con una es-
ejército colombiano no consiguió derrotarla tras 52 años coba, pero la lluvia no cede: golpea con fuerza los techos
de confrontación. Sabemos que el conflicto armado dejó de plástico, se mezcla con la tierra de la selva y su ruido
ocho millones de víctimas –entre desplazados, secuestra- monótono ahoga las carcajadas del loro. También, por
dos y muertos- y que las dos partes enfrentadas se sen- momentos, impide mi conversación con Alberto, guerri-
taron a dialogar en noviembre del 2012, después de otros llero del Frente Jaime Pardo Leal.
intentos fallidos, para “detener el baño de sangre”.
C a r t a s d e a m ø r d e s de un camp4me nt o gue rri ll3r o

Entonces se acerca más. Quiere contarme con claridad


este episodio de su historia.

Camino al trabajo, con otro campesino, se encontró al


ejército. Sintió miedo. En 1988 todavía no era guerrillero
pero vivía en el Urabá, una región donde la gente inocente
desparecía cada vez con más frecuencia. El teniente del
ejército no tardó mucho en justificar la desconfianza de
Alberto: al comprobar que pertenecía a la Unión Patrió-
tica –un partido político de izquierda- ordenó torturarlo
para obtener información sobre la guerrilla. Los soldados
le apuntaron con sus fusiles, lo golpearon, lo asfixiaron.
Pero Alberto no sabía nada.

Cuando, después de desnudarlo, el teniente dio la orden


“Te pido, madre, que no te preocupes de que lo mataran –pero no con el fusil, sino con el ma-
chete- y sintió el primer machetazo en el hombro y la san-
tanto por mí porque ahora la intensidad
gre corrió por su cuerpo desnudo, Alberto pensó más que
de la guerra ya bajó: se ha llegado a otro nunca en su madre. Pensó que nunca la volvería a ver, pero
sobre todo que ella lo buscaría incansable, inútilmente.
acuerdo con el gobierno de no agresión. A
esto le llamamos: Cese al fuego bilateral Quizá –un segundo antes de morir- nosotros también
pensemos en la persona que amamos.
y definitivo, porque estamos a punto de
firmar la paz”. Pero Alberto no murió. Los soldados lo creyeron muer-
to, lo enterraron poco profundo y huyó cuando no había
nadie; buscó ayuda, se recuperó en un hospital, se escapó
del hospital, compartió tres meses con su madre y luego
ingresó a las FARC: “Antes de que me mataran”. Seis años
después, en 1994, supo que su madre había desparecido.

-Era una viejita rezandera y la desaparecieron –recuerda


Alberto, con el ojo derecho apagado por una cicatriz- En
ese momento, mi mamá era la persona que yo más quería.
Yo era un hijo muy querido por la viejita. Ella me consen-
tía mucho, porque yo era el hijo menor. Me daba mucho
pesar no volver a ver a la vieja.

La historia de Alberto me recordó


que muchos guerrilleros también les
escriben cartas a sus familias. Y en
ellas hablan de la paz con esperanza,
casi podría decirse que con ilusión.
Me quedé pensando, sobre todo, en
la carta que Antonio, un guerrillero
del Frente 30, le escribió a su madre:
“Te pido, madre, que no te preocupes
tanto por mí porque ahora la intensi-
dad de la guerra ya bajó: se ha llegado
a otro acuerdo con el gobierno de no
agresión. A esto le llamamos: Cese
al fuego bilateral y definitivo, porque
estamos a punto de firmar la paz”.
Edición·Nº 16 // mayo·agosto·2017

La tristeza irreparable

Ismael -8 años en las FARC- asegura


que, con las palabras de la jerga gue-
rrillera, se podría escribir un dic-
cionario. En seguida indica algunos
ejemplos: cuando quieren mencionar
el lugar donde duermen, los guerrille-
ros dicen caleta; de ahí se desprende
la palabra caletear, que se refiere a las
relaciones íntimas. El acto de robarle
la pareja a un compañero se llama
parrillar y quien lo ejecuta, parrillero.
El guerrillero hambriento se conoce
como mochado y el que repite almuer-
zo, como repelador. Y la lista es larga: rancha, chonto, polvo de
burro, blanqueado. Con su mera existencia,
“Socio y socia es que son socios sen-
timentalmente –explica Ismael, con estas palabras describen la cotidianidad
la mirada fija en sus manos-. Porque
de los guerrilleros. Y, sin embargo, los
aquí no se puede decir esposa, aquí
el matrimonio no existe, existen los guerrilleros son reacios a mencionarlas en
socios de caleta”.
sus cartas: relacionan la jerga guerrillera
Y la lista es larga: rancha, chonto, polvo con una informalidad que, para ellos,
de burro, blanqueado. Con su mera
existencia, estas palabras describen
no debe quedar registrada en algo tan
la cotidianidad de los guerrilleros. importante.
Y, sin embargo, los guerrilleros son
reacios a mencionarlas en sus cartas:
relacionan la jerga guerrillera con
una informalidad que, para ellos, no
debe quedar registrada en algo tan
importante.

Nuestra Diana Isabel, maravillosa y


sabia, me escribe cartas tan lindas
que reflejan tu belleza espiritual –le
escribió Nelson a la madre de su hija,
que murió hace once años en un
operativo del ejército-. En todos sus
gestos, sonrisas, palabras, escritos,
estás reflejada, mi adorada Deisy.

Muchos guerrilleros han perdido a sus parejas en bombardeos, combates o em-


boscadas. Pero transcurre el tiempo y algunos no dejan de escribirles. Hace cin-
co o seis años, Irene -11 años en las FARC- vio por última vez a su primer novio:
lo vio acercarse decidido a través del campamento, lo vio entregarle una carta
sin pronunciar palabra y lo vio desaparecer, con una comisión de las FARC, en
los senderos invisibles de la montaña. No lo vio morir, días más tarde, con las
costillas rotas en un accidente. Tardó varios años en reunir el coraje para leer
una carta que ya no podría contestar. Sigue siendo el amor de su vida.

No existen palabras –ni en la jerga guerrilla ni en ninguna otra jerga- para des-
cribir la tristeza irreparable de ciertas pérdidas.
C a r t a s d e a m ø r d e s de un camp4me nt o gue rri ll3r o

Es difícil concebir a un artista sin cartas de amor. Y las


cartas de ciertos artistas valen su peso en oro. El año
pasado, un coleccionista neoyorkino pagó 137 mil dólares
por las cartas que Frida Kahlo le escribió a Josep Bartolí,
su amante español. Sólo eran 25. Ciertamente costaron
mucho más que su peso en oro.

Las cartas son nobles sus cartas a Nora Barnacle están más cerca de la suciedad
erótica que del amor romántico:
Escribieron cartas de amor Edgar Allan Poe y Lord Byron,
Ernest Hemingway y Martha Gellhorn, Frida Kahlo y Diego Te habrán impresionado las cosas sucias que te escribo.
Rivera, Juan Carlos Onetti e Idea Vilariño, Jean Paul Sartre Quizás pienses que mi amor es una cosa sucia. Lo es,
y Simone de Beauvoir, Harper Lee y Truman Capote. Es querida, en algunos momentos. Te sueño a veces en posi-
difícil concebir a un artista sin cartas de amor. Y las cartas ciones obscenas. Imagino cosas muy sucias.
de ciertos artistas valen su peso en oro. El año pasado, un
coleccionista neoyorkino pagó 137 mil dólares por las car- Las otras cartas, la mayoría, me parecen demasiado
tas que Frida Kahlo le escribió a Josep Bartolí, su amante prudentes. Pero siempre habrán vistosas excepciones:
español. Sólo eran 25. Ciertamente costaron mucho más la carta en que Frida Kahlo insulta a Diego Rivera por sus
que su peso en oro. frecuentes infidelidades. La carta en que Simone de Beau-
voir le explica al escritor Nelson Algren, su amante, por
Los medios también saben sacarle jugo a las cartas de qué nunca dejará a Sartre –ni a París- para vivir con él en
personajes famosos. El Diario de Mendoza titula “Ama- Estados Unidos. O la carta que Antoine de Saint-Exupéry
da mía”. El Cosmopolitan, “Cartas de amor de grandes le dirige, pocos días antes de morir, a un amor imposible:
personajes”. Arcadia, “10 famosas cartas de amor”. BBC, “No hay más Principito, hoy día ni jamás. El Principito
“Cartas que han hecho historia”. Clarín, “Las 10 cartas más está muerto o se volvió totalmente escéptico. Un Principi-
sorprendentes de la historia”. En casi todos los artículos to escéptico no es más un Principito. Estoy resentido con
mencionan escritores como Ernest Hemingway, Gustave usted por estropearlo”.
Flaubert y Franz Kafka. En casi ninguno mencionan al
genio de la literatura irlandesa, James Joyce, quizá porque El escritor argentino Ignacio Uranga dijo que para sobre-
vivir había que aferrarse a las palabras como a un salva-
vidas. Quizá por eso se han escrito tantas cartas desde los
campamentos guerrilleros y desde cualquier campo de
batalla: la BBC publicó cuatro de las doscientas treinta mil
cartas que dejaron los soldados caídos durante la primera
guerra mundial. Y la nobel de literatura, Svetlana Aleksié-
Edición·Nº 16 // mayo·agosto·2017

vich, cuenta que los soldados soviéticos, durante la guerra cartas de amor a cualquier hora. Cartas de negocios y car-
de Afganistán, escondían dos copias de una misma carta, tas de suicidas de 8.30 a.m. a 3.00 p.m.”- y desde entonces
una en la pierna derecha y la otra en el pecho, porque no ha parado de recibir encargos, incluso desde el extran-
no sabían qué parte del cuerpo les dejarían las bombas jero. Esto significa que las cartas son nobles, pero también
enemigas. son universales.

Los libros son pretensiosos: se escriben con la esperan- Los guerrilleros las escribían durante las pausas de la gue-
za de perdurar, más allá de la muerte, en la memoria de rra. Cuando el secretariado las prohibió -porque podían
múltiples generaciones. Las cartas son nobles: se escriben facilitarle información al enemigo- los más desesperados
con la esperanza de perdurar, más allá de la muerte, en la las escribían a escondidas o con la secreta complicidad de
memoria de una única persona: la persona que amamos. sus mandos. Yo encontré 27 cartas de amor en un campa-
En octubre del 2015, el reportero sueco Aylan Kurdi en- mento de las FARC. Casi todas escritas a mano, probable-
contró una carta en el Mar Egeo, protegida por una bolsa mente con las mismas manos que empuñaron un fusil.
hermética, escrita en árabe iraquí y firmada dulcemente Y en muchas cartas, como Nelson, hablan de la paz con
por Hamody (diminutivo de Mohamed). Todo indica que el esperanza. Casi podría decirse que con ilusión.
remitente, antes de morir en las aguas del mediterráneo,
quiso salvar su última carta de amor: El tiempo va de prisa, hace 11 años que tú partiste y nues-
tra beba ignoraba en qué mundo vivíamos, eran tiempos
Rosa es maravillosa cuando ríe, cuando me hace sentir duros, la guerra rondaba en todo el país como aligerando
celos, cuando se arregla el cabello, cuando me da un el viaje de la muerte. Mi amada Deisy, te comunico que
beso. Para aquella a quien le entrego mi secreto y por todo indica que la guerra va a terminar, por ahora es la
quien muero. Éste es un beso mío. Del humilde y amoro- noticia del año y nuestras familias están muy felices.
so Hamody.

Los náufragos las escriben para despedirse y los artistas


para desahogarse. Liudmila Quincose, una poeta cubana,
escribe cartas por encargo. Hace quince años colgó un car-
tel en la puerta de su casa -“Escribanía Dollz. Se escriben
Edición·Nº 16 // mayo·agosto·2017

A
LA PRISIÓN ATRAPA AL INDIVIDUO ERRANTE Octavio Becerra, como a los 349
reclusos, debían cobrarle cada mes
Y OLVIDA SUS DERECHOS FUNDAMENTALES cincuenta mil pesos para dormir en
el patio 1A de la cárcel Villahermo-
BAJO LA SEVERIDAD DE LA LEY. NO REPARA EN sa. Caía la madrugada del tres de
febrero de 2010 y sus compañeros
DESCOMPONERLE AL SABER QUE EL PODER LE permanecían acostados sobre el frío
concreto de las celdas, insomnes,
ASISTE. CUSTODIA Y DESHUMANIZA, CASTIGA imaginando sin angustia la próxima visita de los reclusos
jefes, “Los Pluma”, encargados de recaudar el dinero en
Y REPRIME, OCULTA Y ASECHA. EN LUGAR todos los patios de la cárcel. Y mientras Becerra intentaba
acomodarse a mitad del corredor para leer los salmos de su
DE CONSTRUIR PROCESOS DE REPARACIÓN, biblia recién adquirida, alias “Ramplón” –el fornido Pluma
de tez caucásica- irrumpió furioso en el lugar.
LAS VIDAS RECLUIDAS SE APAGAN EN LA
—En el baño, hombre, déjeme dormir en el baño hasta la
OSCURIDAD DE LAS PRISIONES COLOMBIANAS. visita del domingo—, insistió Octavio.

La cárcel había alcanzado un sobrecupo de 172% en el se-


:::: POR: gundo mes del 2010 y sus instalaciones seguían en un dete-
• Álvaro Coral • rioro constante. Grietas, humedad, fango y agua estancada
ponían en alto riesgo a los reclusos. En todos los patios sólo
cabía un grupo de 1.350, pero cuando Becerra recobró su
libertad en 2012, el número de reos ascendía a 5.040.

—La paliza que me dio el Pluma “Ramplón” no me causó


tanto dolor como lo hizo la inflamación en la parte baja
de la cara—, me dirá en un rato, sentado, con expresiones
que intercambiará cada segundo.

***

Es viernes 14 de marzo de 2015 por la tarde. Octavio me


espera con su esposa, Andrea, en el barrio El Poblado,
Distrito de Aguablanca. Por teléfono percibo con claridad
un extraño siseo que despide su voz; sus sílabas se tornan
difusas y sus palabras a medio pronunciar me llevan a
imaginar su mandíbula inferior, fracturada la noche en
que “Ramplón” le propinó varios golpes con sus botas
punta de acero. Se le dificulta ingerir alimentos sólidos.
Tampoco puede sonreír.

Caprecom –entidad del régimen subsidiado a la que


quedó suscrito cuando entró a la cárcel- le negó en varias
ocasiones la cirugía correctiva que necesitó con urgencia
tras el ataque de “Ramplón”. Ahora Octavio es un hombre
reflexivo que recuerda sus andanzas de la adolescencia y
los días en que portaba un arma. Mientras dispone sobre
la mesa varios documentos del proceso jurídico que inició
en contra de la cárcel, narra sus días de calle y la depre-
sión que le causó su reclusión.

-A los catorce años empecé a recorrer el Distrito de Agua-


blanca de arriba pa´ bajo. La primera arma la recibí a los
dieciséis, en una fiesta, cuando inicié andanzas con los
Cam1n0 3ntre rej4s

“Patirrucios”, la banda, mi familia. ¿Sabe? En ellos encon- del conflicto. La bala perdida pertene-
tré paz y protección. Porque mi mamá, ¡ja!, nunca supe cía al arma de Octavio.
nada de ella después que abandonó la casa cuando tenía
cinco años. La calle, mi refugio, ayudó a curar mi soledad. —Uno es muy de malas. Varios tes-
tigos y estudiantes me reconocieron
Sus años de adolescencia los pasó en el barrio Comune- cuando maté a la niña sin querer.
ros, un territorio marcado por las fronteras invisibles y la Pero, qué va, pensé escapar lejos y
lucha por el micro-tráfico. Los “Patirrucios”, conformados olvidarlo todo. Lo único que me daba
entonces por más de 40 jóvenes, controlaban la distribu- tristeza era dejar a mi abuela tirada. Y
ción de droga y a inicios del 2000 empezaron a consoli- la niña, qué dolor, yo no podía quedar
darse como una de las bandas más grandes del Distrito de tranquilo…
Aguablanca. Hasta Octavio se convirtió en un pandillero
cuando percibió en ellos el calor de hogar que en su infan- Mientras Becerra intentaba conciliar
cia no había recibido. el sueño la noche del siete de julio del
2001, un grupo de agentes policiales
-A mí me iniciaron con una prueba para ganarme la con- irrumpió en la casa de Octavio. Sin
fianza de los Patirrucios. Tenía que cobrar un impuesto a alternativa alguna, decidió escapar
la carnicería “La perla verde”. Las instrucciones del viejo por el tejado de su casa. Confundido y
“Araña” fueron “cobrá, me llamás y traes los 20.000 pesos; alarmado, trató de saltar a la casa ve-
de lo contrario, saqueas la caja”. Con 14 años logré encarar cina, pero en un rápido movimiento
al dueño del local y sacarle la plata. Menos mal logré la los agentes lo detuvieron. Pruebas a
vuelta con éxito, porque, bendito Dios…Qué hubiera pasa- su favor no existían, y sin recursos de
do si obtenía un “no” de respuesta. apelación, fue encontrado culpable
de la muerte de la niña. Los días de
Un año después de su iniciación, su tarea principal calle habían terminado y la libertad
consistía en caminar el barrio y reportar —y si era el caso, de Octavio se extinguía en sus manos.
disparar— a los distribuidores “no autorizados”. Así le
tocó el día en que observó a un hombre vender droga a las Octavio Becerra vivió dos constantes
afueras de un colegio, sin permiso alguno, desconociendo en la cárcel Villahermosa: la depre-
que aquél era el lugar de mayores ganancias para la banda. sión y la soledad, aunque permaneció
En medio de una batalla de fuego cruzado entre Octavio y rodeado por miles de internos que
el distribuidor aparecido, Aurora Tristancho, niña de diez se hacinaban hasta en los pasillos
años que caminaba desprevenida, cayó muerta en la calle más estrechos del patio 1A. El 30 de
enero de 2010, la biblia de 82.000

FOLIO
Edición·Nº 16 // mayo·agosto·2017

Becerra pensó que los 3.200 pesos que le sobraron después


—Si no tenías suficiente dinero para de comprar la biblia sólo le alcanzaban para dos noches
en el patio. Y bajo los efectos de una creciente ansiedad,
alquilar una celda, ellos te ofrecían sugirió a “Ramplón” que podía pasar cuatro noches a 800
alquilar una parte. Y si no podías acceder pesos en seis baldosas, quieto y sin salirse de los límites
para no perjudicar el espacio de sus compañeros. Sin ad-
a esta opción, dormir en los pasillos era la vertir que “Ramplón” era un hombre difícil e irritable que
solución más económica: te cobraban por no recibía cuotas mínimas, Becerra dibujó una expresión
amable en su rostro y le ofreció los pocos pesos que tenía.
número de baldosas que ocupabas— La paliza se prolongó por quince minutos.

La cárcel retratada

A inicios de enero de 2010, un mes antes de la riña, Octa-


pesos que le había comprado a los Plumas encargados vio aparece con su abuela en una fotografía tomada desde
de vender insumos básicos, le sirvió como un espacio de un pequeño celular. Un par de sonrisas poco pronuncia-
íntima libertad. Por ese gasto, sin embargo, descompletó das –fingidas- dejan entrever la nostalgia de sus expresio-
el dinero para la mensualidad de su dormitorio de piso. nes. “Esa no era la realidad”, me dirá Andrea con una jarra
Y sumergido en la desesperanza, empezó a orar. Fue por de limonada en la mano.
esta decisión que el tres de febrero los bolsillos de Octavio
yacieron vacíos, retorcidos; después vino una sucesión Tras ellos, la fachada de la cárcel parece bañada por un
de golpes que no se mitigó ni con la sangre que empezaba verde opaco. La fila de ventanales cubiertos con barrotes,
a derramarse por el piso. Los gritos de Becerra parecían da a la cárcel una apariencia rupestre. Sin embargo, los 58
resonar por todos los pisos de la cárcel Villahermosa. Las años de antigüedad de estas instalaciones parecen decir
alarmas del patio 1A se prendieron a toda marcha. lo contrario. En las celdas del patio 1A, varios pantalones
recién lavados cumplen la función de cortinas. Al fondo
En la cárcel, los guardas no se entrometían en las labores las camas grises sobresalen llenas: no compartirlas era un
de los reclusos jefes porque el hacinamiento resultaba
incontrolable. La única opción era dejar en cada patio un
grupo de “Plumas” que imponía reglas y organizaba los
presos. Productos como colchonetas, cobijas, jabones,
espejos, láminas para afeitar y demás utensilios también
eran ofrecidos en venta por estos hombres.

—Si no tenías suficiente dinero para alquilar una celda,


ellos te ofrecían alquilar una parte. Y si no podías acce-
der a esta opción, dormir en los pasillos era la solución
más económica: te cobraban por número de baldosas que
ocupabas— dirá Octavio con la mirada clavada en el piso
de su sala.

FOLIO
Cam1n0 3ntre rej4s

privilegio que alcanzaba el millón y


medio. Pero algunos presos se aliaban Siete años después de su
con los jefes de patio para quedarse en
accidente, Octavio se encuentra
ellas; otros llegaban a negocios como
la venta de droga a sus compañeros tranquilo en el barrio El Poblado,
de la “Playa del Muerto”, el patio para
un lugar donde los altos índices
adictos e indigentes. Hombres como
Octavio, solo podían alquilar unas de desempleo se traducen en
cuantas baldosas del patio.
“galladas” de jóvenes que se
En la parte derecha de la fotografía, refugian en esquinas.
una fila de reclusos dobla el patio 1A.
Algunos sostienen los cubiertos con
la boca, otros parecen jugar con los
recipientes mientras llega la porción —Este barrio lo conocí a los doce, cuando me solté de mi
de comida. Después de la toma, Octa- abuela. La necesidad de mundo que a uno le agarra a esa
vio se despidió de su abuela. edad no se puede controlar. Pero, qué va, caminando es
que se aprende. Porque anduve con la banda pesada del
Fue la última sonrisa para él. barrio de mi infancia. De arriba pa`bajo con los “Patirru-
cios”. Y sí, tenía que cuidar sus espaldas, porque ellos cui-
Al momento de salir de la cárcel daban la mía. Ah, hombre, cuando entré a Villahermosa la
Villahermosa -en marzo de 2012- Oc- única que velaba por mí era mi abuela.
tavio presentaba una fiebre de 40
grados y un trauma en su maxilar Los once años y medio que permaneció recluido han deja-
inferior. La sección de sanidad de la do en Octavio un compendio de reflexiones.
cárcel y Caprecom nunca le prestaron
un servicio óptimo. —La cárcel está hecha para degenerar a las personas. Allá
te miran mal si respiras muy fuerte sobre el hombro de tu
Una calle en compañero de patio. Por eso, poco antes de la riña de 2010,
retrospectiva yo permanecí leyendo mi biblia para tener un escape.

Siete años después de su accidente, La mirada de Octavio apunta al piso enlosado. Inclinado
Octavio se encuentra tranquilo en el sobre su asiento, junta las manos para tocarse la frente.
barrio El Poblado, un lugar donde los
altos índices de desempleo se traducen —Me llovían golpes de todo lado. Hasta intenté cubrirme
en “galladas” de jóvenes que se refugian con el cartón sobre el que dormía, pero a “Ramplón” le
en esquinas. En cada calle observo su fastidió mi ofrecimiento de pagarle el sitio de descanso
pasado: pequeños de doce años se pier- sólo por dos noches.
den como las balas que disparan; otros
poseen habilidades para maniobrar El mediodía del 14 de marzo del 2015 llega con 3l grados.
cuchillos frente a su grupo de amigos. Un sol opaco se filtra en diagonal por la ventana de la
casa, pasa a las paredes y roba destellos al cuadro del Sa-
La residencia de Octavio queda grado Corazón que yace tras Octavio.
bajo un palo de mango, a mitad de
una cuadra sin pavimentar. Y en el —A mí me llevaron unos compañeros a la sección de sani-
antejardín conformado por matas dad, inconsciente, después del zapatazo que me pegaron.
de sábila y pimentón, Andrea, joven Desperté sobre una camilla con la lengua adormilada. No
caucásica de 25 años, me deja pasar podía hablar. Cuando vi mi ropa ensangrentada, intenté
con una sonrisa. ponerme de pie, pero el médico me detuvo. “Su caso hay

Sentado en la sala, tras la imagen del


Sagrado Corazón, Octavio viste un
camuflado azul y una gorra blanca que
apenas me deja observar la hinchazón
de su mandíbula. Ahora tiene 36 años y
su rostro presenta una deformación que
le hace inclinar su cabeza a la derecha.
Edición·Nº 16 // mayo·agosto·2017

A mí me daba miedo sufrir una infección,


o que en las noches, alguien, dormido, me
pateara. Porque en el pasillo del 1A sólo
cabían 52 personas; pero nosotros éramos
70, apretados como latas de sardina,
tirados en el piso.

que remitirlo al hospital de su área de residencia”, me de la mandíbula se me había formado una masa que ter-
dijo. Entonces me dio una orden de operación para enviar minó descuadrando mi mordida. Sentía un aprieto en la
a la sección en la que estaba y así autorizar el procedi- garganta… Por las noches, con ayuda de un guarda que se
miento quirúrgico. compadecía al verme lagrimear del dolor, salía al estan-
que del patio 1A a humedecer una camiseta vieja que ya
El maxilar inferior es el hueso encargado de la mordida. no usaba. Mientras alzaba mi vista al cielo, me la aplicaba
Cuando “Ramplón” pateó con fuerza a Octavio, causó una con cuidado en el rostro.
fractura que a su vez laceró los tejidos blandos.
La noche en que llegó la contestación del derecho de peti-
—Con antinflamatorios no era suficiente. La hinchazón ción, Octavio se había dormido en posición fetal, rodeado
era terrible y el médico sólo me practicaba limpieza con por unos setenta reos que también descansaban en el
unas cuantas gasas que quedaban. Un día fingí un des- pabellón 1A.
mayo en el consultorio, porque me ardía la quijada y me
empecé a desesperar. Si no lo hacía, la ayuda del médico “Se envió su caso a cirujano reconstructor en Hospital Carlos
para remitir el derecho de petición a las administrativas Holmes Trujillo. Espere asignación de la cita”.
de la cárcel no hubiese existido. A la mañana siguiente,
con ayuda de un Pluma y el médico de turno, logré enviar La carta que me muestra en la sala tiene fecha de 22 de
un derecho de petición. marzo de 2010. Con la firma de la dirección de la cárcel y
la secretaría de Caprecom, respectivamente, fue obligado
Cuando Octavio llevaba seis años privado de la libertad, la a esperar por tiempo indefinido. La sección de sanidad
Ley 1122 de 2007 había reglamentado el servicio de salud debía notificarle el día de la cita.
para la población reclusa. Miles de presos quedaron vincu-
lados al Sistema General de Seguridad Social en Salud en los Octavio acomoda el almohadón sobre el que está sentado,
establecimientos penitenciarios a cargo del INPEC, como la toma limonada y cambia su postura.
cárcel Villahermosa. La ley dictaminaba que personas sin
afiliación a ninguno de los regímenes -como Octavio-, y sin —Conseguí con los Plumas un ungüento frío para los
ningún tipo de seguridad en salud, debían ser afiliadas al dolores de los músculos faciales. Porque el área de sani-
subsidiado a través de un auxilio total de una EPS nacional. dad sólo tenía medicamentos genéricos que ni siquiera
No obstante, sólo después del 3 de febrero del 2010 Capre- cubría a pacientes más graves. A mí me daba miedo sufrir
com empezó a atender a Octavio de manera recurrente en el una infección, o que en las noches, alguien, dormido, me
área de sanidad de la cárcel Villahermosa. pateara. Porque en el pasillo del 1A sólo cabían 52 perso-
nas; pero nosotros éramos 70, apretados como latas de
—Cada semana las curaciones del doctor, aunque me sardina, tirados en el piso. Algunos se la pasaban sentados
daban moral, me servían de momento. En la parte inferior contra la pared, con la cabeza entre las piernas o sobre las
Cam1n0 3ntre rej4s

hacerle comprender que era otra víctima del abuso de los


reclusos jefes que custodiaban los patios. Fui consciente
del dolor que le causé, pero si ella no buscaba un abogado
público desde afuera, quedaba a merced de la negligen-
cia del hueco de Villahermosa y la falta de atención. A
decir verdad, el médico se compadecía más por mi estado
anímico que por la salud de mi rostro. Me suministró los
rodillas. En las noches más calurosas, medicamentos básicos como Tramadol, Acetaminofén y
el patio era una cámara de vapor y el Aspirina. Pero me aconsejó solicitar una petición de tute-
humo no salía de las paredes sino de los la. Yo le rogué no sé cuántas veces que me ayudara con ese
cuerpos. En esas ocasiones me tocaba proceso… sólo me indicó el procedimiento básico. De su
meterme rollitos de papel higiénico a labor de médico nunca se salía.
la nariz, porque la mezcla de humedad,
orines, mugre y heces llenaba todo el Con ayuda de la abuela de Octavio y las recomendaciones
patio. Imagínese, ¿cómo iba a proteger del médico, la solicitud de tutela fue presentada ante el Juz-
mi cara inflamada? gado Penal Municipal de Cali el 16 de septiembre del 2010.

En otra foto de álbum, la abuela de Octavio busca en la carpeta negra la contestación de la tutela.
Octavio luce radiante. Alza una regadera —Con decirme que mi caso no era urgente me dieron la
en sus brazos y sonríe con un aire de espalda. Era la infamia más grande. Ni el sometimiento
amabilidad. de “Los Pluma” me cabreó tanto. Me informaban que sin
observaciones prequirúrgicas, la cirugía no podía reali-
—Aquí habrá tenido unos 34 años, zarse y que, por tanto, no tenía pruebas suficientes. Me
casi mi edad. Ella fue la única familia negaron la tutela en la cara. Y lo peor es que me recomen-
que conocí en realidad; su cuidado daban seguir un “tratamiento” en el área de sanidad de la
valió el doble…Mi padre es un des- cárcel mientras el hospital estudiaba mi caso y asignaba la
conocido y mi madre se fue con un cita. Cuando lo único que me prestaron fue un servicio de
hombre cuando era un desdentado primeros auxilios a través de un médico que me atendía
niñito. Desde que empecé a buscar como a un paciente con rasguños.
problemas en la calle, mi abuela me
seguía viendo como su pequeño. Era Andrea trae otra jarra de limonada y la pone sobre la mesa.
el carisma en pasta. Pero se me murió Octavio se levanta y abre las ventanas de par en par. El
un año antes de salir de la cárcel. ventilador se ha dañado. El aire entra cálido y se pierde
entre los pocos enseres de la sala. La indignación sobreco-
La mirada de Octavio se torna vidrio- ge a Octavio.
sa. Seca el sudor que venía bajando
por su frente y aprieta el entrecejo. La cena está lista.

—Traté de calmarla cuando me vio —En casa de mi abuela, la mazamorra y los fríjoles no
el abultamiento en la parte baja de faltaban. Acá, en cambio, nos figura comer licuados y ge-
la cara. Duré como media hora en latina. —Octavio sólo puede ingerir comidas blandas.
Edición·Nº 16 // mayo·agosto·2017

En 2012 se cumplió su pena. La riña le respuesta al Derecho de Petición y la tutela, intentamos


dejó secuelas como la falta de sen- interponer una demanda. Porque no es posible que se
sibilidad en la lengua, deformación pase por encima de la salud de una persona. La cárcel Vi-
en la mordida, cicatrices atróficas y llahermosa le violó el derecho a la salud y a defenderse.
el extraño siseo en su pronunciación
que recuerda el chasquido de los Mientras Andrea se expresa moviendo la carpeta negra en
murciélagos hacinados en las cuevas: la que guarda los documentos, Octavio queda en silencio y
un recuerdo de su paso por Villaher- con un gran sorbete termina su plato de sopa.
mosa. El proceso jurídico iniciado en
favor de tutelar su derecho a la salud, —El defensor del pueblo nos dijo que el Tribunal Superior
quedó abierto y sangrando. Tal vez de Justica de Cali nos debía responder. Mientras sucede, el
cuando conoció a Andrea una tarde médico de cabecera del Hospital Carlos Holmes Trujillo lo
en que buscaba una residencia por los sigue revisando. Allá le recomendaron evitar el sol fuerte,
barrios del Distrito de Aguablanca, se el licor y las drogas.
volvió inmune al dolor.
Su inflamación empeora y las escasas condiciones del
Después de traerle el licuado a Octavio, Hospital Carlos Holmes convierten sus días en una celda
Andrea se sienta a la mesa. mental. Se siente impotente.

—Él llegó muy enfermo a El Poblado. Octavio sale de la mesa en silencio. Se queda de pie en
Tocó la puerta por un aviso sobre el la puerta de su casa y observa las sombras cambiar de
arrendamiento de un cuarto. Tenía posición. Un grupo de chicos descalzos corre tras un
una fiebre por el cielo cuando entró. balón que cae a diez metros delante de la casa. La arena se
Yo lo senté en la sala y le pregunté si levanta y cubre el horizonte.
tenía Sisbén. Me contó que necesita-
ba una cirugía que la cárcel le había - ¿Adónde vas? - pregunta Andrea a Octavio.
negado. Pero con sus documentos
de identificación, una copia de la -A comprar marihuana.
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Marcha
Patriótica ¿Se repite la historia?

:::: Equipo de investigación:


• Joan David Zuñiga • Laura Patricia Florez • Jhoan Manuel Henao
• Julián David Palacios • Nestor David Velasquez •

UN PANFLETO CON MAYÚSCULA SOSTENIDA


FIRMADO POR LAS “AUTODEFENSAS
GAITANISTAS DE COLOMBIA” DECLARABA
EN MAYO DEL AÑO PASADO COMO OBJETIVO
MILITAR A JOSÉ ALEJANDRO NIÑO, MARCELA
URREA Y DARNELLY RODRÍGUEZ, TRES
MIEMBROS DEL MOVIMIENTO MARCHA
PATRIÓTICA EN CALI. NO ERAN LOS PRIMEROS
NI LOS ÚNICOS AMENAZADOS Y EN DECENAS
DE CASOS LAS AMENAZAS SE CUMPLIERON.
A SEIS AÑOS DE LA FUNDACIÓN DE MARCHA,
SUS INTEGRANTES TEMEN QUE SE REPITA EL
EXTERMINIO DE LA UNIÓN PATRIÓTICA.
Edición·Nº 16 // mayo·agosto·2017

—Tomé la decisión de irme porque el papel llegó a mi casa, comprometiendo la


seguridad de mi familia.

Fue un viernes en la mañana cuando José Alejandro Niño encontró en el piso


de su sala una nota en la que era sentenciado a muerte, junto a quince perso-
nas más, todas integrantes de movimientos sociales o políticos. Una sema-
na antes, mientras sacaba unas copias en la Universidad del Valle, notó que
alguien lo seguía. Alejandro de 26 años es integrante de la Red de Derechos
Francisco Isaías Cifuentes, espacio en el que ayuda a denunciar diferentes
tipos de abuso.

—Los abusos de autoridad son los más fuertes, pero también hay otros proce-
sos de denuncia de restitución de tierras, que se hacen en el sur del Valle y en
el Cauca —comenta Alejandro desde un país tropical, vía Skype.

El año pasado, el gobierno colombiano refrendó los acuerdos de paz alcanza-


dos con las FARC-EP, con el fin de encontrar una salida negociada al conflicto
que azota al país desde hace más de 50 años.  

También en el 2016, en agosto, se cumplieron 30 años del


asesinato de Leonardo Posada, ex integrante de la Unión
Patriótica y representante a la cámara por Santander. Su
homicidio, en 1986, marcó el inicio del extermino de la
UP, en el que más de tres mil miembros y simpatizantes
de la organización fueron víctimas. El genocidio obligó a
este movimiento a extinguirse jurídicamente en el 2002,
tras no lograr representación en el congreso; pero en el
2013, luego de reconocer el exterminio del que fue blanco,
el Consejo de Estado le devolvió la personería jurídica.

A pesar de las cifras de bajas de Unión Patriótica, son mu-


chos los sobrevivientes que aún defienden sus ideales y
que, sin embargo, continúan siendo víctimas de ataques.
Es el caso de Imelda Daza, quien el 6 de mayo de 2016,
estuvo presente en un atentado contra dirigentes de dife-
rentes movimientos políticos. La transgresión ocurrió en
las instalaciones del Sindicato Único de Trabajadores de
la Industria de los Materiales de Construcción (Sutimac)
en Cartagena, mientras se llevaba a cabo una reunión
organizada por el Partido Comunista Colombiano (PCC).
Un hombre armado, de tez morena, ingresó  y disparó
repetidas veces. La respuesta de los escoltas fue inmediata
y nadie resultó herido, no obstante el agresor huyó en una
moto. El senador Iván Cepeda interpretó el atentado como
la continuación de una campaña que se ha intensificado y
que trae acciones criminales contra destacados dirigentes
la Marcha Patriótica, la Unión Patriótica y quienes traba-
jan por la paz del país
.
El movimiento político Marcha Patriótica, fundado en
2012, viene denunciando ser víctima de un modelo de
exterminio similar al de la UP. Este movimiento está
conformado por 1800 organizaciones sociales de todos
M 4 r c h a P a t r 1 ó t i c4. S 3 re pi 7e la h15t ori a

los rincones del país, campesinos, indígenas, afrodescen-


dientes, estudiantes, colectivos de mujeres, población
LGTBI, defensores de derechos humanos y sindicalistas.
Presentan como base de sus actividadades la búsqueda de
la paz, con reestructuración del sistema político, social
y económico, y han tenido una participación activa en el
proceso de paz como voceros de los sectores más abando-
nados del país.

Sus reclamos similares a los de la guerrilla sobre proble-


mas claves del país, llevó a que medios de comunicación,
políticos y altos mandos militares señalaran a Marcha
Patriótica de tener vínculos con las FARC. Y la acusación
terminó por convertirse en una sentencia mortal.

Debido a que las denuncias presentadas habían sido, en


su mayoría, silenciadas, más de cien mujeres de Marcha
Patriótica realizaron una vigilia en la iglesia San Francis-
co de Bogotá, en marzo de 2016. Desde las entradas del
templo un camino de rosas guió el paso de las marchistas
que, usando un velo blanco sobre su cabeza, repartieron
folletos con información sobre los asesinatos de sus com-
pañeros, y abogaron por la liberación de sus 300 prisio-
neros políticos. Este evento puso los hechos en la agenda
pública.

José Alejandro Niño también es miembro del Grupo


Estudiantil y Profesional de Univalle (GEPU), vinculado
a Marcha Patriótica. Por los días en que la amenaza llegó
a su casa, cursaba séptimo semestre de psicología en la

Universidad del Valle; siempre había vivido en Cali, pero


esa amenaza le cambió la vida. Desde el extranjero y con
un poco más de calma, relata cómo el temor lo invadió.

—Pasaron 13 días entre el tiempo que recibí la amenaza y


mi salida del país, vivía paniquiado; no salía de mi casa.

Recuerda que el Día de la Madre salió a la casa de una tía y


hubo una balacera cerca.

—Yo pensaba: ¿es por mí, no es por mí? Me van a dejar ti-
Según datos de Marcha Patriótica en los rado y a mi mamá le va a tocar recogerme. A la final no era
conmigo el asunto, pero ese miedo siempre está latente y
últimos cinco años -hasta enero 18 de 2017-
cualquier cosa lo dispara.
han sido asesinados 129 de sus miembros.
Dejar a su familia, aplazar sus estudios, aprender otro
En promedio, un muerto cada 18 días
idioma e incluso rebuscarse la vida haciendo manteni-
-sin contar amenazados y víctimas de miento de computadores, son algunos de los cambios que
ha hecho para proteger su vida. Al golpe emocional se le
atentados-.
suma el económico, ya que Niño y su familia han asumi-
do la totalidad de los gastos; salvo por el hospedaje que
le brinda un amigo. No ha querido solicitar la figura de
exilio pues considera que puede ser contraproducente ya
que esa medida genera estigmatización.
Edición·Nº 16 // mayo·agosto·2017

Según datos de Marcha Patriótica en los últimos cinco denuncia y se nos asignó un esquema de emergencia: un
años -hasta enero 18 de 2017- han sido asesinados 129 de carro manejado por un ex agente del Departamento Admi-
sus miembros. En promedio, un muerto cada 18 días -sin nistrativo de Seguridad (DAS) -entidad estatal clausurada
contar amenazados y víctimas de atentados-. 129 hombres por múltiples escándalos de seguimientos ilegales-.
y mujeres, que creían en una Colombia mejor, que defen-
dían sus ideales y que en su lucha por la justicia cayeron a Como Alejandro y Marcela se encuentran muchos militan-
manos de aquellos que ven inoportuna su convicción. La tes de Marcha Patriótica y de otras agrupaciones que, debi-
cifra continúa en aumento y el Gobierno se niega a acep- do a su postura política, han visto reducidos sus derechos
tar la conexión de los asesinatos. y su libertad.

Claudia Marcela Urrea Ballesteros, líder estudiantil de la Sobre el tema varios funcionarios de la Defensoría del
Universidad del Valle y Ex vocera departamental de Mar- Pueblo, Regional Valle, declararon no contar con la autori-
cha Patriótica también ha recibido panfletos en su contra zación para pronunciarse al respecto; sin embargo, fuera
en reiteradas ocasiones. Según ella, lo más preocupante de registro uno de ellos precisó que este tipo de casos se
son las deficientes medidas adoptadas por el Estado para llevan de forma independiente a la colectividad a la que
su protección. pertenezcan las víctimas. Esta institución recibe la copia
de la denuncia en la Fiscalía y toma los datos, luego los re-
Sentada en su oficina en un edificio de la Universidad del mite a la policía y a la Unidad Nacional de Protección. Esta
Valle, Marcela recuerda detalles de varias amenazas que última entidad después realiza la clasificación de riesgo y
ha sufrido. En el 2014, cuando organizaba con sus compa- finalmente determina acciones.
ñeros el cuarto congreso de la Federación de Estudiantes
Universitarios (FEU), fue amenazada por grupos autode- Marcela, con sonrisa irónica, cuenta que su caso fue clasi-
nominados antisubversivos. ficado como riesgo extraordinario por la Unidad Nacional
de Protección, y que desde el 2015, le asignaron un celular
—La constante es señalarlo a uno de insurgente, obvia- con minutos, un chaleco antibalas y un auxilio de trans-
mente en otros términos de ‘guerrillero hijueputa’ y eso; porte que esta entidad no le consigna.
en ese momento La Red de Derechos Humanos puso la
M 4 r c h a P a t r 1 ó t i c4. S 3 re pi 7e la h15t ori a

—Hasta que el Estado no demuestre que es real la amenaza


paramilitar no se dará un cambio en las políticas de
oposición. El genocidio de la UP se repetirá con nosotros.

—Se supone que uno debe contratar un carro, yo hablé


con un señor e hice todos esos trámites, pero si no pagan
pues el señor no me va a transportar, así de sencillo.
Marcela también relata que en la entrevista hecha por la
Sijín le preguntaron por qué la amenazaron.

—Yo no sé, en este país no lo deberían amenazar a uno. El


hecho que sea dirigente estudiantil no es una razón para
que me amenacen.

Aunque los casos de asesinatos, persecuciones y ame-


nazas no han sido esclarecidos, miembros de Marcha
Patriótica dicen saber de qué grupo vienen. En un comu-
nicado del 6 de mayo de 2016, el movimiento dice que
han expresado en varias ocasiones su preocupación por
la vigencia del paramilitarismo en diferentes regiones del
país, insisten en que las estructuras paramilitares nunca
se han desarticulado ni son solo crimen organizado, como
les llama el Gobierno.
Edición·Nº 16 // mayo·agosto·2017

Frente a los posibles causantes de las amenazas, en el


2016 el Gobierno cambió la denominación de las Bacrim
(Bandas Criminales) por Grupos Armados Organizados
(GAO) y Grupos Delictivos Organizados (GDO). El último
informe del Instituto de Estudios para el Desarrollo y la
Paz, INDEPAZ, señala la presencia narcoparamilitar en
351 municipios de 31 departamentos. Además muestra el
crecimiento de estos grupos en las zonas que antes eran
dominadas por las Farc.

Sin embargo, para Darnelly Rodríguez, Directora de La


Red de Derechos Humanos del Suroccidente Colombiano
Francisco Isaías Cifuentes, no se puede asegurar que todos
los asesinatos sean de grupos paramilitares.

—Muchos de ellos son cometidos por parte de la fuerza


pública.  En el Paro agrario del 2013, iba a las mesas con
todas las instituciones oficiales. Saliendo de dicha reu-
nión intentaron tirarnos de la moto, hasta un integrante
de la Sijín me agredió físicamente.

Según cifras de la oficina de prensa de Marcha Patriótica –


hasta 2016-, del total de homicidios, 42 fueron cometidos
por la fuerza pública, y 13 ya tienen procesos penales.

Manuel Laureano Torres, diputado por el Partido de la U


en la Asamblea Departamental del Valle y creador de la
Comisión de paz de este ente, cree que los casos de asesi-
natos podrían también tener otras explicaciones.

—Es muy discutible porque uno siempre hace cábalas


y presunciones. Es posible que esos casos, tengan que
ver con agentes del Estado, pero muchos tienen que ver
con problemas personales. No obstante, hay que acudir
a las rutas propias que establece el Estado para definir si
alguien es una víctima. También están los organismos
internacionales como la Corte Interamericana, por ejem-
plo, que finalmente es la que se encarga de determinar si
hubo, o no, violación de derechos en el caso de un grupo
en especial. En este caso, el de Marcha Patriótica, a quien
yo considero que se le han dado muchas garantías.
M 4 r c h a P a t r 1 ó t i c4. S 3 re pi 7e la h15t ori a

El diputado piensa que las condiciones son diferentes a


las del genocidio de la UP, pues para él, el momento en
que vivimos y los grupos son muy distintos.

Pero James Larrea, vocero de Marcha Patriótica, ve muy


posible que el genocidio de la UP se repita.

—Podría pasar. Piedad Córdoba advertía hace unos meses


que, si el Estado Colombiano no se compromete a cambiar
ese pensamiento del enemigo interno -que es la doctrina
de seguridad nacional, que se impone como estrategia
de control social y militar después de los años 50 y 60-, Como Alejandro y Marcela se
vamos a seguir viendo en la política el uso de la fuerza
encuentran muchos militantes
oficial para el control de eso que no es normal.
de Marcha Patriótica y de otras
James cree que el Estado contó con una estrategia de co-
municación pobre, sobre lo que se acordó en La Habana,
agrupaciones que, debido a su
algo que era crucial en el momento que se buscó refrendar postura política, han visto reducidos
lo pactado mediante el plebiscito.
sus derechos y su libertad.
—Si las partes no han hecho un trabajo de pedagogía con
la gente del común, que le permita entender a la gente Marcha Patriótica ha adelantado procesos de pedagogía
de a pie la importancia de acuerdos, como los que se han popular para la paz, programa que, según Marcela Urrea,
hecho hasta ahora, pues la gente no va salir a respaldar el ha permitido mitigar el estigma que pesa sobre las organi-
proceso, porque van a tener en la cabeza lo que nos dicen zaciones de izquierda.
todo el día los medios comunicación.
Darnelly Rodríguez no sólo teme por su vida, sino la de su
pequeña hija de quien, por razones de seguridad, prefiere
no hablar demasiado. La UNP le ha aumentado las medi-
das de protección porque ha sido amenazada de nuevo.
Ahora la acompaña un escolta a donde vaya. A pesar de
todo, se muestra enérgica y no baja la mirada.

—La convicción nos mantiene aquí, nos da fuerza para


luchar y la moral no baja, antes aumenta. Al saber que ma-
taron algún integrante, las ganas de hacer valer la justicia
nos mantiene en pie.
Edición·Nº 16 // mayo·agosto·2017

—Pasaron 13 días entre el tiempo que recibí la amenaza y


mi salida del país, vivía paniquiado; no salía de mi casa.

Alejandro Niño, espera regresar a Colombia, terminar sus


estudios, continuar con sus ideales y al igual que Marcela
Urrea aportar en la construcción de un mejor país. Sin
embargo, coincide con el escepticismo de Darnelly sobre
su seguridad

—Hasta que el Estado no demuestre que es real la ame-


naza paramilitar no se dará un cambio en las políticas de
oposición. El genocidio de la UP se repetirá con nosotros.
Los más afectados son los campesinos que no tienen
cómo huir al momento de afrontar estas amenazas. Los
números seguirán en aumento si no existe una interven-
ción. Desde el trabajo de Derechos Humanos nos entera-
mos de todos los casos de asesinato y es muy duro, pone
triste a todas las organizaciones. Nunca he perdido mi
moral, la rabia y la impotencia hace que tenga más ganas
de luchar por la justicia.
L a p i 3 l d e u n n i ñ o que s 3 hi z o s i car1o

D
aniel tiene dieciocho años, sus ojos revelan la dureza con
la que ha vivido a su escasa mayoría de edad. Tiene la ex-
presión de quien ha visto esta ciudad desde lo más oscuro
y peligroso y deja ver, con su apariencia y corporalidad,
que no es un joven cualquiera.

Mientras caminábamos Daniel hurgaba en sus bolsillos


con insistencia, al cabo de unos metros logró sacar una
cajetilla de cigarrillos Marlboro bastante aplastada y un
encendedor que dejaba salir una llama que cubría casi
por completo su rostro. Nos detuvimos frente a un portón
azul enorme que de inmediato nos trajo recuerdos a
ambos, era nuestro antiguo colegio. A Daniel lo conocí
cuando estaba en noveno y él recién estaba en séptimo.
No duró más de cuatro meses estudiando, pero como vivía
en el barrio, pasaba a saludar casi todos los días a la hora
de la salida.
Edición·Nº 16 // mayo·agosto·2017

:::: Por
• Alexandra García Manzano •
L a p i 3 l d e u n n i ñ o que s 3 hi z o s i car1o

Al lado del gran portón azul había


una puerta bastante más pequeña del
mismo color, Daniel tocó y salió un
vigilante que consiguió reconocerme,
entramos después de tantos años de
nuevo a ese lugar. Era sábado, el cole-
gio estaba desértico, solo para ambos.
Caminamos hasta donde se “poncha-
ba con sus socios”, aún se acordaba,
habían pasado más de cinco años
desde la última vez que Daniel estuvo
ahí, pero tenía la memoria intacta.
El lugar era bajo el puente que co-
municaba las tres torres principales
del colegio, era algo oscuro y olía a
cemento. Ambos nos recostamos en
una columna que atravesaba el espa-
cio y dejamos de vernos la cara; cada
uno a su lado de la columna observa- Daniel preguntó si me acordaba quién nos había presenta-
ba el sitio. do y claro, recordaba de manera muy precisa ese instante.
Justo en la dirección en la que estaba mi mirada daba el
lugar donde nos habíamos conocido. Recorrí lentamente
con los ojos todo el espacio, el asfalto alumbraba a causa
del sol, al lado izquierdo las oficinas de tesorería, coor-
dinación y rectoría parecían cobrar vida en mi memoria,
casi podía ver ese pasillo lleno de estudiantes. Había mu-
cho azul, como siempre. Cuando finalicé el recorrido, mis
ojos llegaron a la maya que daba contra un parqueadero
que nada tenía que ver con el colegio. Ahí, un viejo amigo,
nuevo en ese entonces, me presentó a Daniel. Bicho era su
apodo, ni siquiera estudiaba en el colegio, era de los que
a la salida iban a saludar gente. Ese día, yo estaba con mis
amigas sentada cerca a la maya y Daniel estaba recosta-
do a ella como esperando a alguien. Bicho se acercó a la
maya a hablar con Daniel y, cuando me vio, me pidió que
me acercara. Me lo presentó diciendo que era nuevo, que
escuchaba buena música y que el sábado se iba a perforar
la lengua con nosotros.

-Aquí empezamos,
moviendo droga,
trayendo droga… yo
estaba re chinga,
parce, mucho cólico.
(Se ríe mientras se levanta del lugar).
Edición·Nº 16 // mayo·agosto·2017

Yo me levanté con él y comenzamos


a caminar por el colegio. Daniel
hablaba mucho, señalaba constante-
mente espacios y contaba anécdotas,
yo, mientras tanto, intentaba asimilar
lo que minutos atrás me había dicho.
Nunca supe de nadie que moviera
drogas en el colegio, mucho menos
de él. Yo tenía quince años en ese mo-
mento, Daniel trece y esas son cosas
que habitualmente no se le pasan por
la cabeza a alguien tan chico. Me dijo
que me relajara que eso pasa en todas
partes, que mirara nada más en lo
que él había terminado.

Él se salió del colegio porque no le


gustaba estudiar, y me contó cómo
después de retirarse siguió movien-
do drogas entre los estudiantes. A
la hora del descanso se acercaba a la
maya que daba al parqueadero, lejos
de las oficinas por donde lo conocí y
cerca al basurero que pegaba contra
el colegio, en cuestión de segundos
entregaba la mercancía a un par de
alumnos, uno de décimo grado y otro
de once. Ellos se encargaban de ven-
derla. Yo quise caminar hasta ahí y él
me siguió, me tomó algo de ventaja
así que pude ver bien cómo cami-
naba. Daniel siempre ha sido flaco
y alto, pero nunca más algo que yo.
Ese día llevaba un pantalón azul que
le quedaba escurrido, unas zapati-
llas grandes de color negro y un saco
del mismo color que ocultaba sus
tatuajes. En la cabeza tenía una gorra
del mismo tono del pantalón, pero
llena de taches. Caminaba gracioso,
con el tronco inclinado hacia delante,
los brazos pegados al cuerpo mientras
movía sus dedos con insistencia y las
piernas muy juntas.
L a p i 3 l d e u n n i ñ o que s 3 hi z o s i car1o

Llegamos a la maya, que ahora es


doble precisamente para evitar que
agentes externos tengan contacto con
los estudiantes por ahí. La doble maya
queda a un metro de la original, de la
que Daniel conoció y violó cientos de
veces. Un metro alejada de la reali-
dad. Daniel se agarró con fuerza de
la estructura de metal y se rió, luego
metió la nariz entre uno de los orifi-
cios y se quedó en silencio mirando
hacia afuera. Parecía recordar con
nostalgia ese lugar.

Apestaba a basura, varias palomas


sobrevolaban el área y el sol de me-
diodía nos empezaba a cocinar. Le
pregunté si tenía hambre y me dijo
que sí, que fuéramos donde su “cucha”
que allá nos daban almuerzo. La casa
de “la cucha” era la misma casa en la
que vivía Daniel en la época en que lo
conocí, en esa casa vivían él, la mamá,
el padrastro y la hermana. Recuerdo
que Daniel nunca se la llevó bien con
su padrastro, peleaban todo el tiempo,
muchas veces llegaban a los puños y
se amenazaban de muerte.

Subimos las escaleras muy despacio,


del colegio a la torre el sol nos había
quitado la energía, con la voz entre
cortada por la agitación decidimos
guardar silencio. Eran cuatro pisos
interminables. Éste es un barrio
laberíntico si se quiere, hay torres y
más torres por todas partes, algunas A mucha gente le
verdes, otras amarillas y otras rojas,
como la de la mamá de Daniel. Es un da miedo el barrio,
barrio comercial donde, a la hora que
sea, se encuentra algo de comer. pero es gente exter-
na, yo, que viví varios
años allá jamás pasé
ningún susto, aun-
que Daniel me dice
que sí pasan cosas,
pero que quedan
“bajo cuerda”.
Edición·Nº 16 // mayo·agosto·2017

Mientras subía por las escaleras me sostenía de la baran-


da y me iban quedando pedazos de pintura negra en la
mano, el sol diario estaba por desaparecer completamen-
te la pintura. La yema de mis dedos alcanzaba a tocar la
pared rugosa y me distraía del cansancio, Daniel se iba fu-
mando otro cigarrillo como si tuviera pulmones suficien-
tes para hacer las dos cosas. Cuando por fin llegamos, yo
me recosté sobre el balcón mientras él buscaba las llaves,
noté que en la torre de en frente había cobijas y toallas
colgadas sobre el balcón y quise tomar una foto. Cuando
Daniel me vio me dijo en voz baja

“Pilas,
fotos no,
no me
vas a
calentar”.
Disparé tres
veces sobre
la torre de en
frente y guar-
dé la cámara.
Entramos al apartamento, no había nadie, según Daniel
todos estaban en la casa de la mamá de su padrastro pero
segurísimo habían dejado almuerzo. Yo me senté en un
sofá en L que había en la sala mientras me recuperaba de
la asoleada; él entró a la cocina a destapar ollas.
L a p i 3 l d e u n n i ñ o que s 3 hi z o s i car1o

-Sisa, la cucha dejó al-


muerzo, son lentejas
con carne, ¿usted si
come de esto peluche?
- jajaja obvio
-Le respondí con tono de burla.

Se sienta en el comedor y saca de un


canguro una bolsita transparente
llena de marihuana, se pone a trillar
y comienza a contarme qué fue su
vida todo este tiempo de no vernos.
Habían pasado ya tres años en los que
Facebook era el único medio por el
que hablábamos y, el último año, de
no saber nada de él.

Daniel tenía una novia a sus catorce


años y, como vivía peleando con su
padrastro, decidió irse de la casa para
vivir en la de ella. No tardó mucho en
dejarla embarazada y fue ahí cuando
comenzó a trabajar de manera más Daniel comenzó a cambiar mucho
seria con la droga. Recuerdo la casa desde que se mudó a la casa de Lina,
de Lina, yo hacía mi pre icfes a unas su cuerpo se llenó de tatuajes, se dejó
cuantas cuadras de ahí y casi todos crecer el cabello y las palabras con las
los sábados pasaba a visitarlos. El que se expresaba ya no eran las del
bebé era hermoso, la versión bonita niño de colegio que había conocido
del papá. años atrás. La relación con su novia
comenzó a marchar mal porque él
vivía en la calle fumando, robando y
vendiendo vicio, hasta que finalmen-
te Lina lo echó y se fue a vivir con su
abuela al barrio de su infancia, Mon-
tebello. El barrio de la guerra, como
le dice él.
Edición·Nº 16 // mayo·agosto·2017

-Uy gonorrea calor el de


esta casa –, Dice mien-
tras se quita el saco ne-
gro que lleva puesto.
- Horrible marica.
- Trillá ahí yo voy a servir
que estoy que me parto.
En el centro de su pecho tiene tatuado el escudo del América, en un hombro
una calavera con dos pistolas y en el otro el escudo de la selección Colombia,
en medio de ellos dos palabras que no logro descifrar. En su costilla izquierda
tiene una mata de marihuana, en la derecha la cara de un perro bull terrier,
en el estómago el nombre de sus papás, en el cuello unos labios rojos, en los
brazos tiene a homero, un diamante y otros dibujos, pero en la mano tiene el
más importante, el nombre de su hijo, Oliver.

Daniel trae el almuerzo a la mesa y a matar gente por encargo. Le paga-


comienza a comer rápidamente con ban entre cuatro y cinco millones
una mano y con la otra, sigue trillan- por “positivo”. Alcanzó a hacer seis
do. Acaba de almorzar primero que yo positivos en seis meses.
y arma el porro, lo prende y me sigue
contando lo que ha vivido los últimos Daniel se movía en Sucre, El Obrero
siete meses. Apenas llegó al barrio y otras partes del centro, compraba y
Montebello hizo contacto con unos vendía droga y armas. Para él trabaja-
amigos de la infancia y comenzó a ban niños de diez, once y doce años;
vender droga con ellos para poder niños de barrios pobres sin esperanza
sostenerse y mandarle plata a Oliver. de nada. Niños que con un revolver
Vendían ahí mismo en el barrio, se la treintaiocho tienen cinco, siete chu-
pasaban en una cancha que era tradi- los en una noche, cuenta de manera
cionalmente de hinchas del Cali y se expresiva subiendo la voz. Demuestra
enrumbaban los fines de semana con mucho respeto por los más chicos,
lo producido en la semana. A Daniel asegura que son los más peligros. Los
el jefe de la oficina para la que traba- de la sangre más fría. También habla
jaba le preguntó si quería ganar más de las mujeres, dice que son pocas,
plata y ahí fue cuando comenzó pero las que hay son unas locas.
L a p i 3 l d e u n n i ñ o que s 3 hi z o s i car1o

Daniel nunca ahorró nada de lo que


ganó por matar, extorsionar y vender
droga. Él dice que plata fácil, plata
maldita y que por eso desaparecía rá-
pido. A Montebello llegó otra oficina
a hacer la guerra, a querer apoderarse
del barrio, del negocio de la extorsión
a los comerciantes y de la distribu-
ción de droga. Cuenta que fueron días
difíciles, que nadie dormía, nadie co-
mía, se metía perico todo el día para
estar atento, se sentaba con el fierro
listo para disparar. Le tocó olvidarse
de la familia, de su novia actual y de
sus amigos. Su vida se convirtió en
cuatro paredes, vivía a la espera de
que lo fueran a buscar.

-Al principio nos dábamos roces en


la moto y si se veía algún desconoci-
do se le preguntaba quién era, si era
un extraño simplemente se mataba…
Luego ya nos tocó encerrarnos porque
esa gente se calentó y a nosotros nos
cogieron a unos socios que ahora están
presos… Nosotros les matamos a varios
y ellos también.

Daniel dejó de ver a su hijo desde


que llegó a Montebello, pero cuando
podía llamaba a preguntar por él;
cuando estalló la guerra tuvo que
desaparecerse para protegerlo, nadie
sabía dónde estaba, solo su novia ac-
tual, una chica del barrio que conoció
tan solo días después de mudarse
para allá. A todos los amenazaron
con matarles a la mujer y los hijos,
por fortuna, nadie de la oficina rival
sabía que Daniel tenía un hijo y eso
fue lo que lo motivó a marcharse
cuanto antes de ese mundo. Pasaron
días rondando en su cabeza la idea de
irse, pero solo se decidió un martes a
las seis de la tarde cuando un amigo
llamó a avisarle que ya iban por él.
Edición·Nº 16 // mayo·agosto·2017

Empacó maletas y fue a dar a Palmira, pero en Palmira no pasaba nada, me


dice riéndose. Tan solo una semana después volvió a Cali, a la casa donde nos
encontrábamos en ese momento, había estado encerrado un mes, apenas ha-
cía tres días que había vuelto a salir a la calle. Se cortó las trenzas que nacían
en su nuca y terminaban en la mitad de su espalda, ahora se pone sacos sin
importar el calor para que nadie lo vaya a reconocer por los tatuajes, usa gorra
siempre y se viste diferente a como lo hacía en el barrio. Fuma compulsiva-
mente cigarrillo y, ahora que ha vuelto a salir, compra marihuana también.

A Oliver aún no lo ve, dice que pre- Daniel arma otro porro. Me dice que
fiere que las cosas se calmen para no necesita dormir, que fuma y fuma
ponerlo en peligro. Tiene un celular para ver si le da sueño, pero que no
con minutos que sólo gasta en él y, lo logra. Me pone una mano en el
claro, en su novia, que como Daniel cuello y me hace saltar, estaba helada.
dice, ella estuvo más en las malas Dice que se duerme quince minutos
que en las buenas. y se despierta con pesadillas de que
lo van a matar, que es casi igual que
Daniel se levanta de la mesa, se pone cuando estaba encerrado en la oficina
el saco y me dice que lo acompañe escondiéndose. Sueña con los que
al parque, que no quiere estar más ha matado y con los que lo quieren
encerrado. Llevo los platos a la co- matar, sueña que lo persiguen, nunca
cina, él limpia la mesa de los restos sueña algo bonito.
de marihuana y salgo al balcón de
la torre. Bajamos los cuatro pisos A este parque traía a mi hijo antes
calmadamente aunque él mueve de meterme en tanta vuelta, me dice,
sus dedos con insistencia igual que y besa su mano, la misma con la que
cuando lo vi caminar en el colegio. apretó el gatillo muchas veces atrás
Esta vez Daniel lleva el canguro con y donde tiene tatuado el nombre
la marihuana en su cintura. Llegamos de su hijo. Le pregunto si no le da
al parque, no muy lejos de la casa miedo que por ese tatuaje, que es el
de su mamá, y nos sentamos en una único que no se cubre, lo reconozca
banca de cemento pintada de blanco. alguien y lo maten; Daniel fuma un
El parque está solo, hay unas cuantas poco más de marihuana, traga el
bancas más y todas están vacías, es humo y me responde:
un espacio realmente silencioso.

Por él es por el
único que doy la
vida, ni por mí
doy la vida.
Desaloja el humo de sus pulmones
y lo bota en dirección al cielo.
L a s m u j e r e s e n l a me s a v i v i amos e n un i nf i 3rn o

:::: Por:
• José Gregorio Pérez •
*
Edición·Nº 16 // mayo·agosto·2017

“PERO CUALQUIERA QUE


CONOZCA A LAS VIEJAS
MADRES ABANDONADAS A SU
SUERTE Y A LOS HIJOS SIN
PADRES, NADIE CREE LO
QUE DICEN”.
(ESTROFA DE POEMA
ANÓNIMO ENCONTRADO EN
AUSCHWITZ).
L a s m u j e r e s e n l a me s a v i v i amos e n un i nf i 3rn o

M irian
Rojas*
caminaba segura con unas sandalias doradas por el co-
rredor de la cafetería. Su vaporosa blusa amarilla y jeans
se meneaban al compás de sus caderas. Con un bolso pe-
queño se sentó diagonal a una mesa donde yo estaba. Sus
ojos miraban a la puerta con curiosidad como si estuviera
esperando a alguien. Tenía la intuición de que era ella. De
facciones finas, ojos color miel y piel trigueña, se inclinó
para recoger un papel que había caído de sus manos.

La joven de 32 años es una de las 489.687 mujeres que han


sufrido acoso, persecución, desplazamiento y prostitu-
ción forzada en zonas de conflicto armado, y una de las 94
mil que han sido violadas en once departamentos del país,
según un informe de la ONG Oxfam Internacional.

Habíamos convenido, a través de una amiga, que nos


encontraríamos a las 10 de la mañana cerca de la terminal
de motos, donde se traslada a la gente de Valledupar al
corregimiento de La Mesa.

Me levanté de la silla y me dirigí a la mesa donde estaba


sentada.

– Hola Mirian, ¿cómo está?

– ¿Usted es la persona que habló con Yorlei*? Pensé que no


iba a venir e a iba perder el viaje.

– Aquí estoy. ¿Quiere tomar algo?

– Un jugo, por favor.

El mesero trajo un jugo a la mesa. Mirian tomó el vaso


entre sus dedos y bebió un sorbo.

Conocí a Yorleidi cuando contacté a su padre para que me


alquilara una habitación en una de las fincas de La Mesa.
Le pregunté si conocía alguna amiga o conocida que hu-
biera sido objeto de abuso sexual por parte de los hombres
de David Hernández Rojas, alias ‘39’, jefe paramilitar que se
tomó el corregimiento.*
Edición·Nº 16 // mayo·agosto·2017

–Yo conozco a una pelada que se llama Mirian. Vive cerca del
corregimiento, no sé si quiera hablar. Ella tenía 17 años cuan-
do le ocurrió eso. Yo apenas tenía 15 y estábamos en el colegio.
Ella quedó marcada entre las peladas del pueblo, aunque hubo
otras, solo que guardan lo que saben por pena y no dicen nada,
porque aquí después de la desmovilización hubo gente que
decía que a las muchachas les gustaba subir a los campamen-
tos de los ‘paras’ por plata.
L a s m u j e r e s e n l a me s a v i v i amos e n un i nf i 3rn o

– ¿Y tú crees que fue así?


– Sobre lo que usted quiera contar de su experiencia du-
Yorleidi voltea su mirada y meneando la cabeza dice fuerte: rante la época en que los ‘paras’ estuvieron allá.
¬– Yo puedo hablar, pero aquí no. ¿Por qué no hablamos
– No. Las obligaron. A las peladas las amenazaban que si en un sitio más tranquilo?
no accedían a subir bajaban a matarlas o les mataban algún
familiar. Cuando los papás iban a reclamarle a alias ‘39’ o a – Vamos al parque cerca del río Guatapurí.
alias ‘38’, o a algunos de los jefes –porque sus hombres acosa-
ban a las muchachas– les decían que debían llevar pruebas y Tomamos un taxi. Mirian s luce más relajada.
si no se comprobaban las acusaciones, la pasarían muy mal”.
– Mire la Sierra Nevada, —me señala por la ventana del
Saludé a Miriam, quien me extendió su mano. vehículo.

– Yorlei me comentó que usted quería saber sobre lo que Por el vidrio se ve la imponencia de los picos de las
nos ocurrió a varias de nosotras cuando estuvieron los montañas de la Sierra del Valle de Upar, tan trajinadas por
‘paras’ en La Mesa. la violencia que ha azotado a la población del Cesar, en
municipios, veredas y corregimientos.
Un cierto nerviosismo se apodera de la joven, que empie-
za a jugar con el pitillo y no deja de mirar hacia la puerta. El recorrido dura quince minutos. Llegamos al parque que
rodea al ancestral río, donde por estas fechas muchas fa-
– ¿Sobre qué vamos a hablar? ¿Esto para quién es o qué? milias se van a bañar y hacen paseo de olla. Nos sentamos
en una banca.

*
Mirian me mira fijamente con cuidado. En su rostro se
nota la lucha que ha tenido que librar para quitarse una Le hago una broma para distensionarla y su sonrisa revela
estigma que ronda a las jóvenes de región. Sobre todo para unos dientes blancos perfectamente alineados que ilumi-
desvirtuar los comentarios de los adultos, convencidos nan su rostro.
de que las muchachas se les ofrecieron a los paras para
cocinarles y lavarles la ropa. – Yo no pude estudiar. Esa violencia frenó muchos pro-
Edición·Nº 16 // mayo·agosto·2017

yectos de la gente. Llegué hasta grado 11 de bachillerato, eso fue en el 2000.


Además, uno carga con un estigma, que se vuelve vergüenza, y más adelante le
digo porqué.

Mira hacia el horizonte donde se ven las montañas despejadas, sus ojos se
humedecen y se lleva las manos al rostro tratando de detener las lágrimas. Para
ella, los recuerdos del abuso son como sombras que la acompañan y por años
ha tratado de sobreponerse a eso que llama su pesadilla.

– Es una forma de desahogarme, porque por mucho tiempo lo he callado. Solo


lo saben mi familia y dos amigas. Con mi mamá llegamos a un acuerdo para no
decirle nada a mi papá, porque yo sabía que iría a reclamarle a ‘39’, y este lo po-
día matar. Ni tampoco a mis dos hermanos mayores. Por varios años me sentí
sucia y llegué a pensar que no valía nada como mujer. Me encerraba en mi casa
y dejé de ir al colegio cuando supe que estaba embarazada. Cuando veía a los
‘paras’ pasar por mi casa me daba miedo, porque creía que me iban a sacar a la
fuerza para llevarme al monte. Como cuando sacaban a la gente de las casas y
se los llevaban, acusándolos de guerrilleros.

Bebe agua de la botella que compramos en la tienda.

– He luchado por superar lo que me pasó porque físicamente quedé muy mal.
Estropeada, llena de moretones. Todavía tengo la sensación de su peso enci-
ma de mí, con armas y proveedores que apretaban mi estómago, mientras me
obligaba a moverme. Me golpeó el rostro tratando de evitar que lo alejara con
mis brazos. Fue inútil, era muy fuerte. Aun así lo arañé en el rostro y traté de
patearlo con mis pies. Lo que hizo no se lo deseo a ninguna mujer, porque eso
te marca para toda la vida y te vuelve prevenida con los hombres. Los dolores
en el estómago pasaron, pero los que quedaron en el alma no se van a borrar
nunca. La violación envenenó mi cuerpo. No olvido su rostro, jadeando y
sonriendo como si hubiera sido un juego. Eso golpeó mi vida por mucho tiem-
po. Siempre que iba a salir tenía susto de volvérmelo a encontrar. Por eso es
injusto que ahora digan que muchas muchachas eran las mozas de esos tipos,
sin saber qué pasó y tenerlos que ver todos los días. Restablecer el nombre de
uno es tan difícil.

– ¿Usted supo quién fue?


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– Con el tiempo supe quién fue. Se


llamaba Arturo Fuentes Hernán-
dez, alias Piter,
estuvo en
La Mesa cuando llegó alias ‘39’ con
su gente y, en 2002, comandó un
grupo urbano del frente Juan An-
drés Álvarez en La Jagua de Ibirico.
Cuando lo veía pasar por mi casa o
el colegio él se reía, yo lo miraba y
escupía en el suelo. Sentía asco.
L a s m u j e r e s e n l a me s a v i v i amos e n un i nf i 3rn o

– ¿Cómo fue
que Piter dio
con usted?
– Estábamos en el colegio. Recuerdo que permanecía en el retén a la entrada
del pueblo y me había echado el ojo. Cuando pasábamos por allí él estaba con
un compañero, controlando a la gente que iba a entrar en el pueblo. Una vez
me vio y le dijo a uno que montaba motocicleta que lo reemplazara. Yo iba con
otra compañera de camino a casa. ‘Piter’ empezó a echar piropos, que de las
dos la que le gustaba era yo. Nos decía que nos podía acompañar hasta la casa
cuando saliéramos del colegio, para no que no nos pasara nada. Como no le
hacíamos caso, él siguió molestando hasta que se quedaba en la carretera y se
devolvía al retén. Mi amiga llegó a decirme que ese tipo le daba miedo.
Edición·Nº 16 // mayo·agosto·2017

Durante varios días, la escena se repitió. ‘Piter’ aparecía en el retén durante el


turno que desde las 12 del mediodía se extendía hasta las 6 de la tarde, cuando
la gente ya estaba en casa y la orden era no salir. Las dos colegialas salían de
estudiar a la una de la tarde y el paramilitar dejaba a otro encargado del retén
para seguirlas.

Mirian toma aliento. Dura


en silencio un momento
antes continuar su relato.
– A los 17 años no tenía novio. Mi papá era muy celoso conmigo; no dejaba
que nadie se me arrimara. Había un muchacho en el pueblo que se llamaba
John Fredy y me molestaba. Me escribía poemas en hojas de cuaderno con
corazones y me invitaba los domingos a pasear por el corregimiento. Nosotros
salíamos del colegio de estudiar y él me mandaba razones con una compañera,
que si me podía acompañar. Yo le mandaba a decir que sí. Un día salimos con
mi compañera y con él. Cogimos carretera destapada. El ‘para’ nos vio y se vino
detrás. John Fredy me cogía la mano, mientras mi compañera se hacía la que
no veía nada. Hablábamos de las tareas y me decía palabras bonitas. Ese día
‘Piter’ se interpuso entre John Fredy y yo. Le dijo que le fuera a avisar al papá
que lo esperaban en la cancha de fútbol para censarlo. “Pero rápido pelado,
le gritó. Que se vea”. A John Fredy no le gustó, se despidió de nosotras, y salió
corriendo.

Cada día, John Fredy se quedaba cerca al colegio donde Mirian salía con la
compañera del colegio para acompañarla hasta su casa por la polvorienta ca-
rretera. ‘Piter’ empezó a conocerlo y se dio cuenta de que John Fredy y Mirian
empezaron a salir.

– “Al ‘para’ no le gustó ni cinco que John nos esperara. Me contó que un día le
dijo que no se molestara en ir hasta el colegio por mí, que él nos cuidaba y que
se ahorrara ir hasta allá. Mi amiga me decía que el tipo empezó a obsesionarse
conmigo y era peligroso. Igual le pasó a otras muchachas del colegio, varios
paras empezaron a molestarlas y a acosarlas cuando salían de estudiar, a la
una de la tarde”.
L a s m u j e r e s e n l a me s a v i v i amos e n un i nf i 3rn o

La
violaciÓn
Edición·Nº 16 // mayo·agosto·2017

– Eso fue un domingo. Fue por la tarde. Yo había quedado


con John de encontrarnos muy cerca de La Mesa, por la vía
que lleva a El Mamón para salir a pasear. Aproveché que
mi papá y mis hermanos habían ido al Valle, al mercado,
para vender mango y plátano que producían en la finca.
Le dije a mi mamá que me iba a encontrar con Viviana*,
una compañera del salón para hacer una tarea. Nos en-
contramos con John Fredy y salimos a caminar tomados
de la mano. Él era muy cariñoso conmigo. Siempre tenía
un poema escrito en una hoja para leerlo. Cuando nos
sentamos en el prado vimos acercarse a cuatro tipos de
esos, entre ellos ‘Piter’ y nos dijo: “Vean a los dos torto-
litos, como están de cariñosos”. Los tres tipos cogieron
a la fuerza a John Fredy; él trató de soltarse, pero los tres
hombres eran muy fuertes y se lo llevaron. Quedé sola con
‘Piter’ y este empezó a tratar de abrazarme y besarme en
la cara a la fuerza. Yo me paré y traté de alejarlo con todas
mis fuerzas, pero no pude. Él se abalanzó sobre mí, trató
de quitarme la blusa y yo no dejaba. Entonces, comenzó a
desabotonarme el jean y me lo bajó hasta las rodillas, fue
cuando le cogí la cara y lo arañé. Me arrancó los cucos y
empezó a violarme mientras buscaba mi boca para darme
besos y a decirme groserías, que yo estaba muy buena, que
sólo era para él, que me olvidara de John Fredy, que él no
era hombre para mí, hasta que decidí quedarme quieta, no
forcejear más. El ‘para’ me gritó que por qué no me movía
si me estaba haciendo ‘rico’; yo volteé la cara y con una
mano alcancé a separarlo de mí. Al rato sonaron tres dis-
paros; yo grité porque sabía que los que se llevaron a John
Fredy lo habían matado. ‘Piter’ empezó a decirme:

“Te voy a quitar las ganas de ese


noviecito de una vez por todas”,
y se reía. Luego me golpeó en la
cara y me dijo que yo era solo para
él, que quien se metiera conmigo
le iba a pasar lo mismo que a
John Fredy”.
Mirian vuelve a tomar agua y me hace un gesto con la
mano para que espere.
L a s m u j e r e s e n l a me s a v i v i amos e n un i nf i 3rn o

– Me puse a llorar
yme dolía
todo el
Él se levantó y empezó a arreglarse el pan-
talón camuflado que tenía en los tobillos, hasta se le cayó
la pistola. Los tres tipos que se llevaron a John Fredy lle-

cuerpo.
garon al sitio donde yo estaba. “La pasó bien, no, jefe, —le
dijeron— con está sardinita” y se reían. ‘Piter’ les preguntó
dónde dejaron el cuerpo y le respondieron que más abajo,
“por una cañada”. Yo me incorporé y me subí el pantalón.
Sentía asco. Los tipos se reían y decían que “eso me pasaba
por andar con noviecito del pueblo”. El cabello y la ropa
quedaron impregnados con hierba seca y chamizos; los
paracos se alejaron de allí y ‘Piter’ me gritó que si contaba
algo mataba a mi papá y a mis hermanos por guerrilleros.
Yo sentía que me estaba ahogando y empecé a caminar.
Me senté en un tronco y lloraba escandalosamente, mal-
decía a ‘Piter’, me sentía sucia, siempre tengo en mi cabeza
esos momentos. Salí a buscar el cuerpo de John Fredy y lo
encontré bien abajo, estaba boca arriba y tenía dos tiros
en el pecho y uno en la frente. Su camisa estaba empapada
de sangre, me devolví para pedir auxilio. Salí a la carre-
tera y me encontré con un señor que pasaba a caballo. Le
dije que abajo en la cañada había un muchacho muerto y
que la familia vivía cerca de la vuelta, donde hoy está la
estación de Policía. El señor dijo que le avisaba a la familia
cuando pasara por allí, me preguntó que cómo sabía, yo le
dije que había escuchado varios tiros por la cañada. Yo no
quería dejarlo solo. Esperé cerca de allí hasta que llegara
alguien de su familia.

Mirian esperó por casi media hora sentada al borde la Él me amenazó que si decía algo yo
carretera. El papá de John Fredy bajó al sitio con el hermano también me moría, porque en este pue-
mayor, lo reconoció y se puso a llorar. Mandó a traer una blo las mujeres sobraban. No les diga
mula y como pudo lo cargó para llevárselo. Adolorida nada, ¿sí?, que sea entre las dos. Los
regresó a su casa. Cuando llegó, el instinto de su mamá le matan si usted les cuenta sobre esto.
avisó que había pasado algo y le preguntó si estaba bien.
Tenía ganas de vomitar y fue al baño. Después se dirigió Su madre aceptó el acuerdo. Lo que
a su cuarto. Su mamá la siguió y le preguntó si le había quedó en el aire fue qué iban a hacer si
pasado algo. ella quedaba embarazada.
– Mirian, mija, dígame ¿qué le pasó? Cuénteme. Usted
tiene algo. Mirian siguió asistiendo al colegio.
Después de la violación, su compor-
En medio del llanto le dijo que un paramilitar la había tamiento cambió. Casi no comía ni
violado, pero no le dio muchas explicaciones. Solo que dormía. Vivía atemorizada de volver
cuando se dirigía a la casa de su compañera Viviana, los a encontrar a ‘Piter’ en el retén. Para
‘paras’ la subieron a una camioneta y se la llevaron monte sentirse segura le dijo a uno de sus
arriba. La mamá le preguntó si lo conocía, ella le dijo que hermanos que la esperara fuera del
lo había visto cerca del colegio y que la seguía cuando colegio y la acompañara hasta la casa.
caminaba de regreso a la casa. Le contó a su amiga lo que había
pasado y esta le dijo que a una vecina,
– Mamita, no le vaya a decir nada a mi papá, porque lo ma- que se llamaba Paola*, también la
tan y matan a mis dos hermanos, se lo ruego por favor. había violado otro paramilitar, que
Edición·Nº 16 // mayo·agosto·2017

era mando medio, y le decían el Indio. Este llegó a su casa


con dos paramilitares más y la sacó a la fuerza. A pesar
de que su papá se opuso, la subió a una camioneta y se la
llevó para un campamento.

*
Un día sintió náuseas y salió del salón para ir al baño,
tenía ganas de vomitar. La situación se repitió durante va-
rios días y su amiga le dijo que estaba embarazada. Sintió
miedo, sobre todo pensando en la reacción de su papá y
sus hermanos. * * * * * * * * * * * * * * * * *

– Piter no volvió al retén. Lo habían sacado del pueblo


y lo pusieron en otro cerca de una finca que había en El
Mamón y hoy se conoce como La Casona. Allí alias ‘39’ ha-
bía sacado corriendo a los dueños y todo el mundo subía
desde Valledupar para pagarle vacuna. ‘Piter’ me mantenía
vigilada, quería saber qué hacía, con quién hablaba, si
tenía novio. Un día puso a dos tipos a seguirme en moto
porque bajé hasta la entrada donde había una tienda,
frente al colegio. Los tipos esperaron que yo saliera con un
mercado y después me siguieron hasta que entré a la casa.
Él se creía mi dueño.
L a s m u j e r e s e n l a me s a v i v i amos e n un i nf i 3rn o

El
embarazo – Eso fue terrible. Mi mamá compró uno de esos test de embarazo que venden
en las farmacias y examinó la orina. Tenía tres semanas. Yo le conté que me
daban mareos y náuseas y me advirtió que debía hacer algo. ¿Que si quería
tenerlo? Para mis amigas debí haber tomado una pastilla para no quedar em-
barazada, pero quise tener al niño. Me tuve que retirar del colegio, ya estaba
terminando bachillerato. Mi mamá me envió a donde una tía en Pueblo Bello
cuando empezó a crecer la barriga, con todas las historias posibles, a pesar de
la oposición de mi papá. Eso fue un drama. La gente empezó a decirle a él que
yo me había metido con un paramilitar, que este me había dejado preñada y
por eso había salido corriendo de allá. Cargué con el estigma de que yo, como
otras muchachas, nos habíamos convertido en las ‘mozas’ de los hombres de ‘39’.

– ¿Y en Pueblo Bello, qué hizo?

– Mi tía me cuidó. Al principio no de buena gana, me aconsejó un día que


abortara, que no podía tener un hijo de esos hombres, que tenía que sacárme-
lo. Me dijo que conocía a una comadrona que me podía dar un remedio y lo
expulsaba rápido, pero yo no quise. Me habló de la violencia desatada allá por
los tipos y las matanzas que hubo. Los desplazamientos y la persecución de
líderes y campesinos cuando mandaba alias ‘38’.

– ¿Cómo está su hijo ahora?


– Bien. Se llama Miguel y tiene 15 años. Yo lo amo. Los primeros días de nacido,
cuando lo veía en la cama, yo no hacía sino llorar y me preguntaba por qué me
había pasado eso, pero él no tiene la culpa de lo ocurrido. Yo le he dicho que él
y el papá son dos personas distintas. Lo quiero mucho, vivo para él. Está en el
colegio en Valledupar y quiero que estudie para que sea alguien. Que estudie y
vaya a la universidad.

Verlo me ayuda a lidiar con mi carga, como llamo a la violación. He trabajado


en un salón de belleza. Vivo en arriendo y ahora trabajo en una tienda de ropa;
todo lo que gano es para él. Después de todo esto, mi papá no quiso volverme a ha-
blar porque se sentía traicionado, todo porque yo no quería que le pasara algo.”
Edición·Nº 16 // mayo·agosto·2017

El
estigma
– Unas amigas, aunque no tienen niños, quedaron emba- a ver dónde estaban Táchira y Maracaibo para explicarle
razadas de los paracos y nunca dijeron qué hicieron con al niño el sitio donde estaba su papá. Tocaba echarle un
el bebé o si abortaron. Algunas todavía viven en el pueblo cuento para poder responder las preguntas que hacía.
y cuando nos vemos prefieren callar sobre lo que ocurrió.
Quizás ver a mi niño les recuerda que iban a ser madres – ¿Qué ha sido lo más difícil para usted?
adolescentes como yo.
– Lidiar con mi familia. Sobre todo la de mi papá, para que
En La Mesa hubo mucha cobardía. Las familias sabían que no lo miren a uno feo. Algunas de las muchachas violadas
sus hijas eran el trofeo de los hombres de alias ‘39’, pero se han salido para Valledupar a trabajar como aseadoras,
hacían las que no sabían nada. Por miedo, y después por como empleadas de servicio doméstico o como meseras
vergüenza. No querían que les dijeran que su hija era la de restaurantes. Allá nadie lo mira a uno mal ni lo seña-
moza de tal o cual paramilitar. lan. Uno ya entiende lo que pasó y el niño es una muestra
de eso, pero él no tiene la culpa, por eso no aborté. Toca
Para algunos, especialmente los viejos de hoy, no había seguir viviendo y salir adelante. Todas las noches cuando
muchacha de allá sana. Todas subieron a los campamen- lo acuesto le doy gracias a Dios por dármelo.
tos a prostituirse, a lavarles los uniformes. Éramos sus
cocineras, sus lavanderas y sus objetos sexuales, cuando En La Mesa no se sabe el número exacto de las mujeres
en realidad muchas mujeres eran sus esclavas. Sin em- abusadas durante los siete años que duró el sometimiento
bargo, algunas de ellas venían de Valledupar, las traían al de sus pobladores, por parte del frente Mártires del Valle
corregimiento o las contrataban en el Valle, y a ellos les de Upar de las AUC. Como Mirian, muchas jóvenes quisie-
quedaba fácil decir que eran de La Mesa. Quedamos con ran tener acompañamiento y entrar a uno de los progra-
dos estigmas: frente al pueblo, como las ‘amigas’ de los mas de Reparación de la Unidad de Víctimas del gobierno,
violadores, y frente a los paras como sus mozas. Para la pero tienen miedo.
gente del pueblo era fácil señalarnos como ‘las fáciles’ y
para ellos como sus ‘objetos’. Y no éramos ni lo uno ni lo
otro, cuando en realidad nos secuestraban para violarnos
y humillarnos. Otras se iban con ellos por miedo a que las
– Es que si visibi-
mataran o desaparecieran a sus papás o hermanos. No te-
níamos salida: ni para la gente de allá ni para los parami-
lizamos lo que nos
litares. Las mujeres de La Mesa vivíamos en un infierno. A
las que nos atrevimos a tener los niños, a no abortar, nos
ocurrió tenemos
tocó decirles que sus papás se fueron de viaje por trabajo
a Venezuela. Eso lo hice yo. Un día fui a un café Internet vergüenza que nos
señalen como las
‘putas’ de los paras.
H3ridas
/////////////
Edición·Nº 16 // mayo·agosto·2017

EL DÍA QUE ARTURO SEPÚLVEDA FUE


ASESINADO, LA VIDA DE SUS SIETE
HERMANOS SE EMPAÑÓ DE UN LUTO QUE, 23
AÑOS DESPUÉS, SIGUEN CARGANDO. PERDER
:::: Por:
A QUIEN ERA EL EJEMPLO EN LA FAMILIA, HA • Nicole Tatiana Bravo García •

GENERADO UNA MARCA DE DOLOR QUE CADA


UNO ASUMIÓ A SU MANERA ¿QUÉ PUEDE
PASAR EN UNA FAMILIA CUANDO UN SER
E s 2 de junio de 1994. Arturo Sepúlveda da la vuelta
a la manzana para llegar al parqueadero que está a
media cuadra, tal vez cree que lo siguen. Acaba de
salir de su oficina ubicada en la calle Sarmiento, cerca del
centro de Tuluá, en el centro del Valle; pero debe regresar,
parece que ha olvidado algo. Nunca lo sabremos. Con su
QUERIDO MUERE DE FORMA VIOLENTA? blazer y sus zapatos de material, el hombre de 69 años
cruza la calle y se dirige al parqueadero, de nuevo. Está a
pocos metros de su carro cuando se acerca una moto. Hay
disparos. Nadie recordará cuántos. Arturo cae al pavi-
mento. Dicen, quienes vieron la escena, que desde el piso,
herido, le dirigió una sonrisa burlona a su asesino. La
moto arranca, pero a media cuadra regresa. Un tiro, uno
solo perfora el cráneo de Arturo en la cien.
H3ridas

Nidia está planchando en la casa de


Villacolombia, al nororiente de Cali,
donde vive con sus tres hijos y su es-
poso. Su rostro, como todos los días,
está cubierto de maquillaje; su pelo
corto, crespo y castaño claro aún está
bien arreglado después de horas de
trabajo. Extiende sus manos pálidas
y regordetas, con la marca de los
anillos que usa todos los días, sobre
la ropa de su familia. Entre las ocho y
las nueve de la noche suena el teléfo-
no; Víctor, su cuñado, la llama desde
Tuluá. Camino al trabajo, hace unos Es la primera de los siete hermanos en
minutos, pasó por la calle Sarmiento: darse cuenta. Los minutos se hacen
eternos y cuando el teléfono suena
-Hirieron a Arturo. otra vez, el tiempo y una vida se fun-
den en gritos. Fueron heridas mortales
-¡No!, ¿cómo así?, mire bien, ¡mire a para Arturo y lo serían para la familia.
ver cómo está!
***

Eran ocho hermanos, tres Sepúlveda y


cinco Muriel, sólo el primer apellido
los diferenciaba. Rosa Toro y Vicente
Muriel se encargaron de construir un
hogar donde primara la hermandad.
Crecieron bajo el mismo techo, con los
mismos privilegios y carencias. Vicen-
te era el papá de todos, no se valían de
apellidos. Sin embargo, siempre tu-
vieron viva la memoria de Luis Ángel
Sepúlveda, el primer esposo de Rosa
que falleció cuando un árbol cayó y le
rompió el cráneo.

Arturo era la referencia y el centro


de la casa. Nunca lo pidió, pero las
decisiones siempre pasaron por él;
si se trataba de un negocio, Vicente
lo discutía con su hijo y hacía caso
a las recomendaciones. El mayor de
los hermanos era un hombre que no
pronunciaba palabra de más sino era
necesario. En las pocas conversacio-
nes que entablaba, solía hablar del
progreso o la educación. Su mayor
satisfacción era estudiar.

Aún grandes y con familias confor-


madas, Arturo ayudó a sus herma-
nos cuando lo necesitaron. Les dio
empleo a sus sobrinos, los apoyó en
el estudio y motivó y financió los
negocios. A Olga; de pelo ondulado,
con rastros de algún tinte claro entre
las canas y con un escaso labial pá-
lido cuando decidía maquillarse; le
ayudó con el sustento económico de
su hogar, cada mes le daba una cuota
y le colaboraba con el mercado.
Edición·Nº 16 // mayo·agosto·2017

Las casas en Tuluá le permitían a Arturo estar cerca a Nidia, por su parte, era la “Tata” de su hermano, como él
sus hermanos y convidar a los de Cali a que lo visitaran, le decía. Cuando Arturo pasaba días sin hablar y a veces
incluso compró una finca en Yotoco para estar cerca a sin comer, su hermana lo seguía por horas intentando que
Noel. A veces con su ruana café iba donde su hermano probara bocado, ambos sabían que ella no iba a desistir y
o lo invitaba a su casa y se sentaban en la noche a beber. él no iba a negarle el plato de comida. Nidia era la única
Si tomaban Whiskey, lo hacían sin hielo como acostum- capaz de sacarlo del silencio y el ayuno al que nunca supo
braban; si era cerveza, Noel se la pasaba al clima como por qué recurría. Como si fuera parte de un trato, Arturo
sabía que le gustaba a su hermano; y si era aguardiente, le dejaba un poquito de comida a su Tata, no importaba
por ley, lo servían en un vaso. si ella estaba o no, o si él comía por fuera o en casa, ella
siempre iba a encontrar su porción en la cocina.

***
H3ridas

Todos los días, Arturo vestía un blazer


donde cargaba chupetas de Colombi-
na que comía a diario y le regalaba a
sus sobrinos. La chaqueta solía col-
gar de su hombro izquierdo cuando
hacía calor, así aprovechaba para
cubrir el brazo delgado que no podía
usar. Un día, en su juventud, mien-
tras manejaba con la mano derecha y
extendía sobre la ventana del con-
ductor la izquierda, un camión pasó
tan cerca de él que su brazo se enredó
sacándolo del carro y arrastrándolo
varios metros. Estuvo a punto de que
le amputaran su extremidad, pero
por motivos médicos que la familia
no recuerda, los doctores desistieron.
Arturo tuvo que aprender a vivir con
dolores que le provocaba la incapaci-
dad de mover su brazo.

Cinco años antes de morir, la familia Seis meses antes de ser asesinado fue
organizó una velada sorpresa para èl la última vez que la familia completa
en Yotoco. Comida, trago, cantantes, estuvo reunida, fueron casi 100 perso-
palabras y placas conmemorativas nas a visitar al tío que estaba en Tuluá.
fueron el resultado del único home- No lo planearon, todos coincidieron.
naje en vida que ha hecho la familia. Algunos, después de 23 años, lo ven
Sólo a Frederman le fue imposible como una despedida a uno de los
viajar por un retraso del vuelo; desde integrantes del Colegio de Abogados
Bucaramanga lo llamaba llorando y de Tuluá, al profesor de latín y derecho
disculpándose por no haber asistido. romano de la Unidad Central del Valle
Ese día, los hermanos le dedicaron del Cauca (UCEVA), su jefe de investi-
una canción a Arturo que se convir- gación, el abogado reconocido y pres-
tió en su himno y que los seis le can- tante del pueblo, el amigo, el padre, el
taron en coro: “Tú eres mi hermano esposo, el tío y el hermano.
del alma, realmente el amigo…”. El
único recuerdo negativo que tienen ***
de él es su muerte.
En la carrera 33 con calle 25, la Fune-
raria Sercofun, en el barrio Alvernia
de Tuluá, no da abasto. Esta maña-
na, las personas no han parado de
llegar desde que la muerte de Arturo
retumbó en el pueblo. Cinco buses
esperan parqueados al costado de la
calle. Tuluá está militarizada. Cuatro
calles alrededor de la funeraria están
cerradas por la cantidad de asisten-
tes al velorio. Una calle de honor se
abre para darle paso a los familiares
que van llegando.
Edición·Nº 16 // mayo·agosto·2017

Cinco hermanos de Arturo Sepúlveda


están desde la noche anterior acom-
pañando el féretro. Melba Muriel tiene
53 años y no supera el metro sesenta
de estatura, viajó desde Cali cuando su
hijo Álvaro colgó el teléfono luego de
hablar con Nidia y, sentada en el co-
medor, recibió la noticia de la muerte
de su hermano. Está frente al ataúd
y lleva horas llorando. Álida Muriel
a sus 47 años, se acomoda las gafas
al lado del cuerpo sin vida de Arturo.
Está desconsolada.

horas sentado en un muro frente a la


funeraria con una botella de aguar-
diente en la mano; llora y abraza a las
personas cuando se acercan a darle
el sentido pésame. Guillermo Muriel
tiene el rostro desencajado pero es el
más sereno de todos. Tiene 49 años y,
Nidia Muriel de 45 años, no puede a decir verdad, tenía miedo de asistir
contener las lágrimas, en una esquina al funeral, no sabía si los sicarios
de la sala de velación se deja golpear volverían a asesinar a la familia.
por los recuerdos. Noel Sepúlveda
celebraba su cumpleaños 60 en Olga Sepúlveda no llegó al velorio. En
su casa en Buga cuando recibió la la noche del dos de junio, sus hijos,
noticia, desde ese momento dejó de enterados de la muerte de su tío,
hablar. Así pasará los próximos dos pensaron la forma más delicada para
años. No ha entrado al velorio, lleva comunicárselo; pero el sobrino de
Nidia, Gustavo, no lo tenía presente y
al llegar a la casa de Olga y verla, soltó
la noticia sin el más mínimo cuidado.
La mujer de 67 años no lloró, no gritó,
no habló. Iba de un lado a otro ar-
rastrando los pies por la casa. Estaba
desmadejada. Fueron al hospital de
urgencias y debatiéndose con el dolor
del asesinato de Arturo, los hijos de
Olga tuvieron que enfrentar el diag-
nóstico: embolia cerebral. Al parecer,
la noticia había generado un aumento
en la frecuencia cardiaca y, por ende,
del flujo sanguíneo. Esto permitió
que la grasa acumulada en una arteria
fuera arrastrada hasta el cerebro. Los
daños eran irreversibles.

***
H3ridas

Es medio día y el cuerpo de Arturo


sigue en la segunda sala al lado de-
recho del pasillo de la funeraria. El
espacio se está quedando pequeño
para las decenas de coronas de
flores que dan su sentido pésame.
Sobre el ataúd de madera reposa un
ramo de orquídeas moradas que na- de Arturo a quien educó como una hija, ha transforma-
die sabe quién envió. Las estudian- do su cara blanca en un rostro pálido de ojos hinchados
tes de las hijas de Olga han acom- con la nariz y la boca roja. A sus doce años ya ha perdi-
pañado a la familia de su profesora do a manos de otros a las dos figuras paternas que ha
en el velorio y, durante la mañana, tenido – y tendrá- en su vida. Los asistentes al velorio,
se han turnado para hacer calle de conocidos o no de Arturo, empiezan a llorar cuando
honor frente a éste. Jhoana, la nieta escuchan los lamentos de Jhoana.

Falta que Frederman llegue para despedirse de su her-


mano, pero se le ha dificultado conseguir transporte de
Bucaramanga a Tuluá. Las personas están desesperadas;
estudiantes, profesores, amigos, vecinos y algunos fami-
liares quieren despedirlo para no alargar el sufrimiento.
A las tres de la tarde deciden trasladar el féretro a la igle-
sia de Los Salesianos para hacer la debida misa. Aunque
Frederman no llegaba, ya habían pasado más de 12 horas
velando a Arturo, no podían esperarlo más.

Cargaron el ataúd y a mitad de la calle atestada de perso-


nas se escucharon algunos gritos: “Llegó el hermano, llegó
Frederman”. El desfile hacia la iglesia se detuvo, abrieron
paso y un hombre bajo de 51 años reveló un rostro rojo y
demacrado. Pidió ver a su hermano y la tapa de madera que
estaba a la altura del rostro se levantó. El cuerpo sin vida
de Arturo dolía en cada rincón. El rostro pálido, hinchado y
con la oreja y el cuello raspado dejó en silencio a la muche-
dumbre. Frederman se tiró sobre el ataúd y no dejó de llorar
hasta que sus mismos hermanos lo retiraron del féretro.

***

Quince días antes de morir, Arturo visitó la funeraria


Sercofun en el barrio Alvernia de Tuluá. Escogió un ataúd
de madera, el ramo de orquídeas moradas que reposaría
sobre éste, compró el pedazo de tierra al lado del sepulcro
de sus padres en el Cementerio Los Olivos, pagó los buses
y decidió que la misa fuera en la iglesia Los Salesianos.
Antes, había revisado sus propiedades y le solicitó a sus
hermanos que lo que él hubiera puesto a nombre de ellos
le fuera escriturado de nuevo. En los días previos organi-
zó su oficina con minucia y dejó cada documento en la
carpeta, el sobre o el cajón adecuado.
Edición·Nº 16 // mayo·agosto·2017

Algunos dicen que ya sabía, que lo habían amenazado o


Quince días antes de morir, Arturo visitó sólo sospechaba. Quizás esperaba lo que su familia afirma
que le dijeron, lo que le advirtió un joven a Arturo antes
la funeraria Sercofun en el barrio Alvernia de que aceptara llevar el caso: era el quinto abogado que
de Tuluá. Escogió un ataúd de madera, el decidía entablar un proceso judicial contra Henry Loaiza
Ceballos, alias ‘El Alacrán’, capo del Cartel de Cali, los cua-
ramo de orquídeas moradas que reposaría tro anteriores habían sido asesinados. Arturo no hablaba
sobre éste, compró el pedazo de tierra al de sus negocios, así que no hay mucha claridad al respec-
to, unos dicen que era un hijo que reclamaba la paterni-
lado del sepulcro de sus padres. dad y el pago de los 18 años por los que Henry, el séptimo
hombre en la cúpula del narcotráfico en el Valle en esa
época, no respondió; a otros no les queda muy claro. Los
Sepúlveda/Muriel están seguros que intentaron comprar a
su hermano para que desistiera, pues su reputación apun-
taba a que ganaría el caso y también a que no aceptaría un
soborno. Tal vez, creen ellos, fue su negativa a negociar la
que lo acercó a la muerte. El caso no se resolvió y la duda
de si fue alias ‘El Alacrán’ sigue en pie, aunque la familia
tiene su propia versión.

***

Hace días estoy esquivando esta llamada. Dejo el lápiz


sobre la libreta y la escucho. Ahora recuerdo por qué no
quería llamar a mi tía Nidia, no sabía explicarle lo que
pretendía hacer con esta historia sin que fuera a herirla a
ella o a mi familia. ¿Cómo pedirle a una persona que hable
del asesinato de su hermano? No creí que después de más
de dos décadas fuera igual de difícil hablar de mi tío Artu-
ro, temo preguntarle sobre su muerte. Su voz se quiebra,
no entiendo lo que dice, pero lo siento. Me quedo muda,
tengo ganas de llorar, no quiero provocar este dolor.

Había escuchado historias sobre el hermano Sepúlveda


que fue ejemplo en la familia, pero hace unos años supe
el supuesto de que el narcotráfico y la violencia habían
sido los culpables de su fallecimiento. La primera vez
que intenté preguntarle a mi abuela Melba sobre la
muerte de Arturo, fue cuando supe que el retrato que
tenía en la mesa del televisor no era de su padre sino de
su hermano. Se quedó callada cuando, al mirar la foto, le
pregunté de qué había muerto. Volteé a verla y supe que
había hablado de más, tenía los ojos vidriosos y la mira-
da clavada en las agujas de tejer.
H3ridas

Entre susurros y a grandes rasgos, No es la tristeza lo que quiero retratar, ni la huella de una
mi madre me contó sobre mi tío bala en un cuerpo, ni el frío mortal que entra por una
Arturo, si tocábamos el tema de- herida, ni la sangre en la tierra; son los rastros de la vio-
lante de mi abuela Melba, se iba de lencia en quienes sufren la partida. En las noticias abunda
donde estuviera. Empecé a llamar la muerte por armas y venganza, un pequeño resumen
a los hermanos de Arturo, a sus so- de quien mató a quién y cómo; a veces, la opinión de un
brinos. Algunos decían “no fui muy familiar… y todo parece quedar ahí, siguiente noticia,
cercano a él”, “no tengo muchos siguiente programa y en ocasiones un “qué pesar”. Pero el
recuerdos”, pero terminaban llo- dolor se queda, se aloja. Alguien, sin derecho alguno, arre-
rando. Cuando decidí escribir esta bató esa vida y dejó a una familia viviendo de ausencias.
historia mi abuela me dijo:

-¿Por qué no escribe de cosas alegres,


cosas bonitas?, ¿para qué quiere
hablar de algo tan triste?

Después de estar en Trujillo y salir huyendo de la vio-


No es la tristeza lo que quiero lencia bipartidista, los padres y sus ocho hijos vieron en
Tuluá un lugar seguro. Pero las décadas de tranquilidad
retratar, ni la huella de una bala de la familia en el corazón del Valle se vieron alteradas
en un cuerpo, ni el frío mortal en los años 90. El departamento era hogar del cartel de
Cali, dirigido por los hermanos Rodríguez Orejuela, que se
que entra por una herida, ni la enfrentaba con el Cartel de Medellín de Pablo Escobar. Los
sangre en la tierra; son los rastros hermanos aspiraban internacionalizar su negocio, lo que
convirtió al Valle en una red de distribución jerárquica
de la violencia en quienes sufren con responsabilidades en el negocio de las drogas.
la partida.
Los pequeños subcarteles en el norte del Valle ascendie-
ron al estar relacionados con una etapa del proceso de
narcotráfico dirigido, en especial, por Iván Urdinola y
Henry Loaiza. La mafia alcanzó una estructura fija que
permitía comunicarse con el corredor estratégico del
centro, Buga y Tuluá, del pacífico por el acceso al puer-
to y en Cali y Palmira por la oportunidad que les daba el
aeropuerto.

Tal vez la familia pensaba que era suficiente con no ser ac-
tores directos del narcotráfico para no verse involucrados,
pero todos pagamos los platos rotos cuando la violencia y
el narcotráfico permea la cotidianidad de los que nos cree-
mos alejados de esa realidad. Ningún Sepúlveda ni Muriel
llegó a imaginar un final así para Arturo. Parecía que con
estudiar y actuar lo mejor posible cualquiera puede vivir
tranquilo. Pero la violencia le gana a las buenas intencio-
nes. Aquí, hacer el bien o intentar hacerlo, sale caro.
Edición·Nº 16 // mayo·agosto·2017

Siempre me pregunté por qué no contaban la historia de


mi tío, luego supe que era su manera de llevar el dolor. En
un punto llegué a pensar que escondían algo, y sí… escon-
dían su dolor. Entre menos se hablara, menos recuerdos y
menos dolores. Hablar fue para mi familia unas catarsis.
No se trata sólo de las cifras que aumentan, se trata de que
mi tío está ahí, no sé si al principio o al final, no sé qué
número le pertenece, pero está. Y en ese número no está
él sólo, ni él ni los demás. Detrás de cada cifra están las
familias sufriendo, aguantando el llanto, callándose por
años o llorando los días.

***

Siempre me pregunté por Aunque las sobrinas de Arturo, las hijas de Olga por las
que veló, viven en Tuluá, ni ella ni sus hermanos que
qué no contaban la historia están en Cali, Bogotá y Dagua, lo han visitado en los últi-
de mi tío, luego supe que era mos años. La maleza ha cubierto la lápida y ni siquiera su
nombre se alcanza a leer. En vida, Arturo pasaba horas en
su manera de llevar el dolor. el Cementerio los Olivos, se sentaba frente a la banca del
sepulcro de sus padres y empezaba a reír:

-¡Cómo se ve de linda al lado de sus dos maridos! –


decía al ver la lápida de su madre, Rosa Toro, entre la de
su padre, Luis Ángel Sepúlveda, al lado derecho, y la de su
padrastro, Vicente Muriel, al lado izquierdo, en un mismo
pedazo de tierra.

Han pasado 23 años desde el asesinato y hablar del herma-


no o el tío mayor, hace que el corazón se encoja, las pala-
bras se atasquen y las lágrimas sean inevitables. Pero ya
nadie se sienta en la banca frente a las cuatro lápidas que
reposan en Los Olivos. De Arturo quedan los recuerdos, el
retrato que cada hermano guarda en su casa, el llanto que
produce recordar el asesinato de quién, según la familia,
no mereció morir así y el deseo insatisfecho de que fuera
la vejez la que se lo llevara cuando se estuviera meciendo
en su silla con la ruana café y un vaso con aguardiente.
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ax4xncolí a de l De l1t o

¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬

“VOY A CONTARTE MI SECRETO A SOLAS,


LE DIJE UNA VEZ AL MAR Y CON SENTIDA
VOZ, LE CONTÉ EL DESASTRE DE MI VIDA,
Y AL CONOCER MI AMARGA DESVENTURA –
HOMBRE- EXCLAMÓ CON DOLOROSO ACENTO:
SOY GRANDE PERO MÁS ES TU TORMENTO,
SOY HONDO PERO MÁS ES TU AMARGURA”.
POEMA DE UN PRESO. PRISIÓN GORGONA.
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2001
177

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G o r g ó n a,
la
¬
melan ¬

colí¬
a del delito ¬
::::Por:
• Lina Marcela Isaza-López •
¬ —A los
muros se
los come la
s e lv a
–le dije al
Capi mientras las botas
pantaneras se hundían
entre las hojas.

—No sólo la
selva, l o s
lamen¬- Al pasar la reja me detengo a mirar
al cielo. Tiene la forma de las hojas

t o s también que dejan pasar algunos rayos de


sol. Todo es verde: verde claro, verde
–me contestó mientras oscuro, verde grisáceo. Verde claro
son las hojas que se sobreponen a los
se adentraba por uno de años y el desgaste; verde oscuro es
los pasillos largos que la lama que crece sobre los muros, o
en los antiguos azulejos completa-
conducen a la antigua mente blancos de algunas paredes; y
enfermería. verde grisáceo son los muros que se
mezclan entre la selva, las hojas y el
moho. Paredes que guardan memoria,
paredes que hoy muestran la ruina
del delito, el dolor de la soledad, el
amargo sabor del exilio.

Somos 12 personas, todos biólogos.


Hace un par de años la isla fue atacada
por las FARC y desde entonces sólo
se permiten estadías para investiga-
dores, ésta vez nos quedaremos en
Playa Palmeras, una playa alejada del
funcionamiento administrativo del
parque y donde sólo se encuentran
dos guardaparques monitoreando el
nacimiento de las tortugas marinas.
Nos quedaremos ahí 7 días, mues-
treando el ecosistema rocoso del
costado occidental de la isla. Viajamos
más de 12 horas para llegar hasta
acá. Entre la salida de Cali, el reco-
rrido por la vía al mar, y la llegada a
Buenaventura hay alrededor de cinco
horas, todo depende del tráfico en la
vía. Pasamos por Dagua y hacemos
la obligada parada a desayunar en la
Fonda Paisa, uno de esos restaurantes
propios de la orilla de la carretera, de
tejas rojas y un asador en el centro del
restaurante; arepas de choclo, calenta-
do de fríjoles, pericos y chorizos llegan
a la mesa, café con leche, aguapanela
y claros de maíz.
¬

¬
Llegamos a Buenaventura después 60% de las actividades portuarias del país pero más del 80% de su población
de pasar por los Tubos, un famoso es pobre, según cifras del Dane; sin lugar a duda, esta desigualdad es el motor
balneario a la orilla del río Dagua, los de la violencia: grupos armados heredados del paramilitarismo, comúnmente
desvíos para Sabaletas y San Cipriano, llamadas Bacrim, las rutas del narcotráfico en la región y la ubicación geoes-
pueblitos pequeños donde se puede tratégica del puerto son detonantes claves del conflicto, que busca manejar los
disfrutar del húmedo pacífico bañado negocios rentables de las armas, las drogas y la siembra de cultivos ilícitos.
por ríos y abrazado por calor. El tráfi-
co se torna pesado, las motos esqui- Hay dos muelles además del turístico. De ahí zarpan barcos de carga y barcos
van carros, busetas y volquetas; los medianos que acondicionan para transportar víveres, encargos y personas.
pitos ya no dejan dormir y el bochor- Son barcos de tablas viejas con nombres peculiares: Discovery, Karen Vanessa
no, ese característico calor mezclado I, Karen Vanessa II, Amazonas... Por lo regular viajan con torres de canastas de
con humedad, nos dan la bienvenida cerveza en la proa que llegarán a varios pueblos del sur de la costa pacífica. La
al puerto más importante del Pacífico mayor parte se queda en Guapi y Tumaco, y de ahí se distribuyen a varios luga-
Colombiano, que de pacífico no tiene res del Cauca como Sanquianga, Negritos, Timbiquí y Bocas de Satinga.
tanto, Buenaventura es una de las ¬

—Sus
¬

ciudades más peligrosas del país. La ¬

desigualdad socieconómica es com- ¬

nombres y
¬
pletamente notoria: manejan más del ¬

apellidos,
¬

niña
¬

¬
–dice la señora al otro
¬ lado del vidrio, encerra-
da en una caja de tablas
¬

¬
de madera de las que
¬

¬
transportan en los bar-
¬ cos de carga, transporte
¬

¬ y turismo, porque acá,


bultos y personas somos
¬

¬
tratados casi por igual.
¬

¬
G ø r g ó n a l a m e l a 4 ncolí a de l De l1t o

Acá soy 6 billetes de cincuenta mil y un número que en-


contraré pintado en un camarote. A los lugareños les co-
bran menos; eso sí, no les dan camarote, sólo les prestan
unas colchonetas que extienden por los pasillos a la hora
de dormir. Recostarse en esas camas suena como el chilli-
do de varios murciélagos, y las sábanas se ven desteñidas
de tanto uso. Caminamos por el muelle con nuestras ma-
letas enormes, un par de cajas donde guardamos equipos
y unas canecas con más equipos, las organizamos en la
popa y los pasillos laterales del barco. Las maletas van con
nosotros en el camarote y ocupan casi la mitad del cuarto,
que no es muy grande, sólo caben dos personas paradas y
las maletas que llevamos. Tal vez tiene 1,80 entre la puerta
y la pared, exactamente la longitud de cada cama del
camarote.

La proa no solamente tiene canastas apiladas de cerve-


za. En la bodega, bajo esas mismas canastas de cerveza,
llevan víveres para distribuir a lo largo de la costa: atún,
pasta, tomates, plátanos, arroz, papas, y un sinnúmero
de alimentos que no se pueden conseguir en las costas
son llevados desde el interior. Huevos, gallinas, carne,
cilantro, cebolla, enriquecen el panorama con cacareos
y un peculiar olor de mercado itinerante. En diciembre,
uno que otro aparato excéntrico tiene cabida entre cajas
de frutas y bultos: televisores pantalla plana, equipos de
sonido y motos son transportados en el barco junto a lo
demás.

La prisión en la que se convirtió la Isla Gorgona, el 8 de


octubre de 1960, albergó los más crueles delincuentes de
Colombia por 24 años, y fue clausurada por el presidente
Belisario Betancourt el 25 de junio de 1984. Era un lugar
perfecto para confinar a los condenados. Está ubicada a
35 km al oeste de la costa; sus aguas nada pacíficas, “el
mar picado”, los tiburones y las serpientes hacían de esta
isla un lugar casi imposible del cual fugarse. La isla fue
descubierta en 1524 por Diego Almagro, quien la nombró
como San Felipe, pero Francisco Pizarro, en 1527, al ver la
cantidad de serpientes, la asoció con las Gorgonas de la
mitología griega -que llevaban serpientes en la cabeza-,
así que su nombre cambió. ¬
¬

¬
Edición·Nº 16 // mayo·agosto·2017

En sus inicios, la isla sirvió de estación de abastecimien-


to para las naves que se movían entre Panamá y Perú. El
libertador, Simón Bolívar, en 1820, le dio las islas Gorgona
y Gorgonilla (un islote pequeño en el suroeste de la isla), a
Federico D'Croz, un sargento mayor de la Legión Británica
como reconocimiento por su lucha. D’Croz estableció una
finca que posteriormente, a finales del siglo XIX, sus he-
rederos le vendieron al comerciante de oro Ramón Payán.
Ahí, los Payán constituyeron una próspera hacienda, hasta
que Alberto Lleras Camargo, presidente de Colombia en
1960, apropió las islas al Estado y la convirtió en la prisión
de máxima seguridad.
La brisa salada del mar se mueve con el vaivén del barco,

—¿Cuánto
la sal se siente en la piel, entre los vellitos de los brazos,
en la cara y en los labios. El barco enciende sus motores
y después de la acostumbrada revisión de la policía, se
puede salir de Buenaventura con dirección al sur, pasando
del Valle del Cauca al departamento del Cauca.
A eso de las 11 o 12 de la noche, los pasillos se atiborran de
caminamos?
cuerpos por entre los que hay que saltar, de un lado y del —Como dos horas…
otro, para no pisar un pie, una mano, o incluso un bebé. —me contesta el Capi.
Al amanecer, llega la lancha de Parques Nacionales
Naturales, con dos funcionarios del parque. Agarramos
las maletas, hacemos una cadena para pasarlas hasta el
primer piso y, ya todo abajo, se pone en la lancha. En diez
— ¿Y esto Es?
minutos, después de casi 12 horas en mar abierto, estamos
en tierra.
— Sí, ya
llegamos.

esto es.
¿fea no?
—Son muros, nada más.
G ø r g ó n a l a m e l a 4 ncolí a de l De l1t o

El suelo está húmedo, como todo en la costa Pacífica. El Mientras nos adentramos por los pasillos de la cárcel,
agua es abrumadora, la humedad entra por los poros y se pequeños cuadros van recreando la historia. En la entrada
pega en las costillas, en los intestinos, en los huesos. El de la enfermería el recuadro, de cemento y letras grises,
aire caliente y húmedo entra por la nariz y por la boca, y cuenta las “crueles curas” a los que debían ser someti-
se revuelve con la sensación de desahucie, dolor, pena y dos los internos de la cárcel. “¿Tratamientos imposibles?
abandono que genera el lugar. El monte se devora el tiem- El doctor Bernardo Ocejo practicó cirugías de cabeza y
po, los recuerdos, la memoria. amputaciones mayores con segueta y cuchillo como único
material quirúrgico”.
Bien lo dice la primera placa en la entrada de la prisión:
“Oh, vosotros, los que entráis. Dejad toda esperanza”. Des- Pasamos por pasillos y pasillos. Muros de ladrillos, repe-
de que cruzamos la reja que marca el inicio de la Alcatraz llados con cemento gris, están dispuestos, formando casi
colombiana, el ambiente se torna oscuro; homicidas y un laberinto de lamentos; algunos con pequeñas entradas
violadores, en su mayoría, eran recluidos en la isla. Desde de luz, otros completamente oscuros. Las enredaderas se
que cruzaban esa misma reja perdían su identificación trepan por las paredes, parecen brazos que se extienden
personal y prácticamente el nombre. Se les asignaban desde la tierra para alcanzar el cielo, brazos que salen des-
códigos para ser identificados dentro de la cárcel, y eran de el purgatorio queriendo alcanzar las nubes.
sometidos a constantes abusos por parte de las autorida-
des, e incluso, de los mismos reclusos. Debían convivir Sus hojas grandes y verdes recubren el suelo, los mosaicos
con la selva, las serpientes y los mosquitos transmisores de los baños, la panadería y el comedor. Una pequeña reja
de enfermedades, que acababan, de cierta manera, el su- separaba al cocinero del resto de la prisión; cuentan que
plicio de la soledad. muchos fueron apuñalados por no conceder indulgencias
a los prisioneros; los presos tomaban venganza, algunas
Desde la entrada el lugar es abrumador. Los pasos se tor- veces con los guardas de seguridad como cómplices. Ali-
nan pesados, la selva murmurante. Los últimos rayos del mentaba más de 1500 personas, entre reclusos y funcio-
día entran por los espacios que dejan las hojas y las ramas. narios, con fríjoles, arroz y papa todos los días, cada día,
El suelo y las paredes mohosas asienten el tiempo que hasta el último del funcionamiento de la prisión.
anda a paso lento. La salida de la isla es igual que la entrada. Las maletas y
Edición·Nº 16 // mayo·agosto·2017

¬
— sí,
acá la
hume-
dad es
brava,
acaba
con todo.
los equipos se montan a la lancha, a eso de las 5 o 6 de la
tarde, y se espera hasta que el barco llame por radio teléfo- Se lo lleva todo -.
no a la Isla. No se puede escoger el barco, ni mucho menos
los camarotes. Los barcos tienen asignados días de zarpe
y tardan prácticamente tres días en ir y volver al puerto
de Buenaventura: el día que zarpan, un día completo de
navegación (según el último lugar que visitan), y el día de
regreso. Descargan las bodegas, y las personas abordan
lanchas, o canoas, que los llevan hasta sus destinos. Para
los lugareños, los viajes en barco no tienen mayor trajín;
viejos y chicos conviven con el mar, se arrullan con el
sonido de la ola al romper en la playa, con el barco, con la
lancha, con el mangle y las canoas.

Dentro de la prisión se traficaba no sólo con armas, que en


su tiempo eran objetos corta punzantes hechos de ma-
dera, también con prostitutas llevadas por los directores
y funcionarios de la cárcel. Estas mujeres prestaban el
servicio dentro de la prisión a todos que tuviesen cómo
pagar, incluso con artesanías talladas por ellos mismos.
Las enfermedades de transmisión sexual pululaban tanto
como los mosquitos; rondaban de cuarto en cuarto, de en-
fermo a enfermo, de sangre a sangre, así lo muestran las
placas informativas de la enfermería dentro de la isla.
—Los charcos se quedan ahí durante mucho tiempo
G ø r g ó n a l a m e l a 4 ncolí a de l De l1t o

Ya no hay techo, el sol se refleja en los espejos de agua


que quedan entre los pasillos. Las algas crecen, el moho
también, y así todo se va deteriorando, hasta que el moho
ya no es moho sino árbol, hasta que el alga no es alga sino
bejuco.

Dicen que la cárcel se basó en un diseño nazi. Los calabo-


zos de castigo eran pequeñas celdas con una cama y una
letrina. Las paredes de los baños fueron recortadas pues
se asesinaban dentro de las letrinas; los guardas, desde el
techo, vigilaban todo lo que ocurría en los cuartos, los ba-
ños, los pasillos, el comedor y los patios de lavandería. El
botellón, era quizá el castigo más terrible: los presos eran
enterrados casi que vivos, en un cilindro de más de dos
metros de altura en la selva, tan estrecho que no los deja-
ba ni sentarse, completamente desnudos, al sol y al agua;
ahí recibían la comida que muchas veces caía y se mez-
claba con sus propios desechos, tapando el único sifón,
ahogándolos en un batido de lluvia, mierda y llanto. Así
lo narran los funcionarios del parque, profesores que en
su tiempo de estudiantes conocieron la prisión y algunos
recuadros que vemos mientras hacemos el recorrido.
Hubo sólo tres fugas exitosas: Eduardo Muñetón Tama-
yo, acusado de ser guerrillero, fue capturado borracho,

después de dos años de libertad, alardeando de su escapa-


toria, y fue devuelto a la prisión; Daniel Camargo Barbosa,
«el sádico colombiano», logró escapar aprovechando la
fiesta de la Virgen de las Mercedes; había construido una
pequeña balsa con troncos, amarras de bejucos y lianas,
pero fue recapturado tres años después. Felipe Santiago
Arroyo logró escapar de la policía, de la Gorgona, sobre
unos balzos amarrados, era un ladrón alegre, fantoche y
confesó más 34 asesinatos, vestía de negro y le llamaban
“El Diablo”.

—Ya le dimos la vuelta, ya no hay nada más que ver. La


foto en los calabozos quedó muy chévere.
—¿Nos vamos o qué? – le pregunté. Caminamos de regre-
so al Poblado para esperar el barco.

Por lo menos queda verde, vivo, pero se pierde el rastro de


lo que fuimos, y de lo que no debemos volver a ser; como
dicen los abuelos: pueblo que no conoce su historia está
condenado a repetirla. Suena el radio y avisan la llegada.
Agarramos las maletas, las cargamos en la lancha y parti-
mos al encuentro con el barco. La noche está estrellada,
y en el mar, tranquilo, se ven peces saltar atraídos por las
luces del barco, de nuestras linternas y de la luna. De vez
en cuando nos despide una tortuga sacando su caparazón
del agua. El viaje será tranquilo.

En la isla, los presos pagaban con la vida sus crímenes. La


selva se traga la cárcel como la muerte se tragó a cientos
de hombres mientras la cárcel existió. Algunos presos se
mataron entre ellos, otros se hicieron morder de serpien-
tes para terminar el sufrimiento, algunos murieron en el
intento de huir del exilio. El abandono y la desesperanza
carcomieron la vida de quienes aquí entraron, de quienes
aquí existieron, de quienes aquí respiraron. Más de mil
almas sufrieron el destierro y el olvido en una tierra de
belleza absoluta, de un mar de colores, de una selva exu-
berante. Más de mil almas vieron caer sus días como hojas
secas que se van asfixiando minuto a minuto con sólo tres
testigos de su dolor:
Edición·Nº 16 // mayo·agosto·2017

la luna, el sol y el mar.


Fo to e n s a y o : S e r e ira

:::: Por:
• Alexandra García •

S e muestran de la cintura para arriba con un aspecto

virginal y una voz hipnótica que arrastra a los nave-

gantes hasta las profundidades del mar. No las mires

directo a los ojos, no escuches su canto con atención, no

dejes que la marea te lleve con ellas porque no regre-

sarás. Coleccionan las almas de aquellos desprevenidos

que naufragan en sus aguas. Nos contaba el abuelo a los

primos cuando apenas éramos unos niños.


Edición·Nº 16 // mayo·agosto·2017
Fo to e n s a y o
Edición·Nº 16 // marzo·2017
Fo to e n s a y o : S e r e ira
Edición·Nº 16 // mayo·agosto·2017
Fo to e n s a y o : S e r e ira
Edición·Nº 16 // mayo·agosto·2017
Fo to e n s a y o : S e r e ira
Edición·Nº 16 // mayo·agosto·2017
El p r e c i ø d 3 l $ a b e r

El precio del

La educación superior
en Colombia
:::: Equipo de investigación:
• Alejandra Gálvez • Daniel Zaya • Edward Valencia • Jennifer Córdoba •
Manuela Riveros • Jhonatan Galeano

LA EDUCACIÓN SUPERIOR PRIVADA ES UN NEGOCIO QUE


PROSPERA A COSTA DEL DESFINANCIAMIENTO DE LA
UNIVERSIDAD PÚBLICA Y EL CRECIMIENTO DE LOS CRÉDITOS
EDUCATIVOS. HOY, PAGAR LAS COSTOSAS MATRÍCULAS DE LAS
INSTITUCIONES PRIVADAS ES SÓLO UNO DE LOS OBSTÁCULOS
QUE LOS ESTUDIANTES DEBEN ENFRENTAR AL INCORPORARSE
EN LAS LÓGICAS DEL MERCADO EDUCATIVO.
Edición·Nº 16 // mayo·agosto·2017

C uando Nathaly entró a la Universidad Autónoma de


Cali, tenía 17 años y una estatura superior al prome-
dio, pero eso no impedía que su rostro la hiciera parecer
una niña. Su cabello rizado caía sobre los hombros y a
cada rato era posible distinguir su fina dentadura, sonreía
casi todo el tiempo. Estaba dispuesta a hacer de la univer-
sidad la mejor experiencia de su vida. Pero al cabo de seis
meses, los líos económicos comenzaron a eclipsar sus
expectativas.

Milena Martínez, su madre, inició su proceso de pensión


después de trabajar 35 años como enfermera. Los gastos
del hogar quedaron a merced del padre, Francisco García,
un hombre sencillo y de expresión severa que trabaja
suministrando repuestos a las máquinas de los ingenios.
De repente, un salario mínimo debía dividirse entre los
cuatro recibos mensuales que llegaban a la puerta: servi-
cios públicos, internet y televisión, y dos sobres que les
recordaban las deudas que habían adquirido para pagar
la universidad. Contra todo pronóstico, el dinero debía
alcanzar para el mercado y los gastos cotidianos. “¿Cómo
pueden vivir así?”, preguntó la trabajadora social de la
universidad durante la visita domiciliaria. No sabía que
los García no iban a cine ni comían fuera de casa desde
hace mucho tiempo, que ya no salían los fines de semana
y que ahorraban hasta lo más mínimo. Sólo privándose
de tantos gustos superaron el colapso de la economía
familiar. La crisis inició en el 2014, cuando Milena, afa-
nada por el futuro de su hija, decidió pedir un préstamo
para pagar la matrícula universitaria.
El p r e c i ø d 3 l $ a b e r

A causa de la pobre cobertura de las


universidades públicas, muchos jóvenes se
quedan por fuera y deben acudir a algunas
de las instituciones privadas, las cuales
representan el 72% de la oferta de educación
superior en el país.

Una grieta de cinco metros divide en dos partes la fachada


de la Escuela de Artes Plásticas de la Universidad Nacional
en Bogotá. El segundo piso ya no se sostiene: con su peso
ha retorcido las ventanas del primero, por lo que Martha
Combariza, directora del programa de Artes Plásticas, ha or-
denado su desalojo. Los estudiantes se niegan a abandonar
el resquebrajado edificio, declarado bien de interés cultural
de la Nación. Ignacio Mantilla, rector de la Universidad,
ha dicho que para restaurar la planta física del campus se
necesitarían unos 2 billones de pesos. El presupuesto total
del 2015 para la institución rondó los 1,5 billones.
El Estado aumenta los recursos para las universidades
públicas de acuerdo al alza anual en el Índice de Precios
al Consumidor (IPC), así lo plantea la Ley 30 de 1992. Este
ritmo de crecimiento financiero impediría la ampliación
de la cobertura, ya que el dinero aportado por la Nación
pierde valor adquisitivo frente a los nuevos gastos de las
universidades. Sin embargo, las matrículas en dichas
instituciones aumentaron al punto de generar, según el
Sistema Universitario Estatal (SUE), un déficit de 11,15
billones de pesos hasta 2012, es decir, más de seis veces el
presupuesto aprobado para Cali ese mismo año.

Este desfase entre cobertura y presupuesto en las universi-


dades públicas es tan grave que la Universidad Nacional en
Bogotá, con el fin de conservar la calidad académica de sus
más de 40 mil estudiantes, ha tenido que desentenderse
de la mala salud de su infraestructura. Tiene 21 edificios en
riesgo de alta vulnerabilidad y cuatro en amenaza de ruina:
la torre de Enfermería, la Escuela de Cine y Televisión, el
estadio Alfonso López Pumarejo y la Escuela de Artes Plásti-
cas. En la Universidad del Valle, por ejemplo, la congestión
en el restaurante universitario es cada vez mayor, hay filas
multitudinarias para subir a los tres comedores que ya no
dan abasto, y el edificio principal de la Facultad de Artes
integradas está construido a medias. Cada vez hay más
estudiantes matriculados en las universidades públicas
con menos recursos por cada uno. El Director del Centro
de Investigaciones para el Desarrollo (CID), Jorge Armando
Rodríguez, en su artículo sobre la reforma de la educación
superior, publicado por Razón Pública, estima que en el
2023 el Estado habrá reducido sus aportes presupuestales
de 2,5 millones a 1,9 por estudiante.
Edición·Nº 16 // mayo·agosto·2017

Debido a la progresiva desfinanciación, las universidades


públicas están obligadas a conseguir recursos propios. El
autosostenimiento, que era una característica propia del
sistema privado, es ahora una tarea administrativa funda-
mental para las IES estatales. No siempre fue así. Según el
informe del SUE “Desfinanciamiento de la educación su-
perior en Colombia” (2012), hasta 1993 la Nación aportaba
casi el 80% de la base presupuestal universitaria. Incluso
el Decreto 80 de 1980, por el cual se organizaba la educa-
ción superior antes de la Ley 30, prohibía que se crearan
instituciones oficiales cuya financiación no estuviera
plenamente asegurada por el Estado.

En contraste, para el 2010 los aportes de la Nación apenas


representaban el 48% del presupuesto de las universidades.
Para completar los recursos adicionales las universidades
acuden a estrategias que en ocasiones terminan socavando
su misión pública. Por ejemplo, priorizar la contratación de
docentes por horas cátedra, antes que una contratación de
tiempo completo afecta y dificulta los procesos de inves-
tigación. También el alza en las matrículas es una medida
que acaba con todo anhelo de gratuidad en la educación. La
prestación de servicios y los programas de extensión son
otras alternativas de autosostenimiento que vienen imple-
mentando las universidades públicas.
Por otra parte, en las universidades privadas hay miles de
estudiantes con situaciones económicas complejas. A causa
de la pobre cobertura de las públicas, muchos jóvenes se
quedan por fuera y deben acudir a algunas privadas, las cua-
les representan el 72% de la oferta de educación superior en
el país. En este caso, el estudiante podría asumir matrículas
que superan hasta los 23 salarios mínimos.
El p r e c i ø d 3 l $ a b e r

Así le sucedió a Nathaly. Su madre tuvo que pedir un


préstamo en el fondo de empleados de su empresa para
cubrir los cerca de seis millones de la matrícula inicial.
Aunque era una deuda llevadera, no alcanzaron a saldar-
la antes de que llegara la matrícula siguiente. La hora de
la cena se llenó de inquietudes, las conversaciones se
convirtieron en detallados análisis de economía fami-
liar. La conclusión era la misma: con tan pocos ingresos
era absurdo pedir otro préstamo. Sin embargo, Milena
insistió en la agotadora tarea de buscar créditos educati-
vos por todo el país. Su hija permanecería en la universi- Endeudarse para estudiar, estudiar
dad costara lo que costara. para trabajar, trabajar para pagar

De banco en banco encontraron uno que les ofrecía inte-


reses razonables y un tiempo amplio de pago. Enviaron Estar en un edificio del Icetex es como estar en un banco:
los papeles y esperaron ansiosos. “No hay crédito a fa- hay que entrar, pedir turno, sentarse y esperar en silen-
vor”, respondió la entidad bancaria, al parecer estuvieron cio a que algún empleado lo atienda y le hable acerca de
de acuerdo en lo impensable que era asumir un crédito créditos, intereses y codeudores. La sede del Icetex en
con un salario mínimo de respaldo. Era la primera vez Cali está ubicada sobre la carrera 100, justo enfrente de la
que Nathaly veía a su madre preocupada por dinero. Universidad del Valle. Tiene unas paredes de vidrio oscuro
Para Milena, descansar después de pensionarse era una que permiten ver el interior: el mismo ajetreo discreto
idea absurda, al contrario, deseaba conseguir un empleo de un banco, solo que todos los clientes son estudiantes
adicional con tal de pagar el estudio de su hija por sus que poco saben de finanzas. En ocasiones, la sala está tan
propios medios. Cerca al cierre de matrículas en la uni- llena que los estudiantes deben hacer fila afuera. La ma-
versidad, sólo quedaron las opciones que evitaron desde yoría de las veces, este es apenas el comienzo de una vida
siempre: el Icetex y la tarjeta de crédito. financiera tortuosa y desgastante.

Nathaly llegó allí sin mucha fe. Junto con sus padres,
La sede del Icetex en Cali está ubicada evaluó los riesgos de realizar el préstamo. No quería que
le sucediera lo mismo que a una de sus primas, quien ter-
sobre la carrera 100, justo enfrente de la
minó de pagar el crédito ocho años después de graduarse.
Universidad del Valle. Tiene unas paredes A pesar de la explicación del asesor, nunca les quedó claro
a cuánto ascendería la deuda con los intereses y mucho
de vidrio oscuro que permiten ver el
menos cuánto tardarían en pagarla. Abandonaron el lugar
interior: el mismo ajetreo discreto de esperando que la vida no los pusiera allí de nuevo, allí
donde tantos han aceptado el peor de los contratos.
un banco, solo que todos los clientes son
estudiantes que poco saben de finanzas.. Sin embargo, para muchos no sucede igual. El crecimien-
to y la presencia continua del Icetex desde su fundación
en 1950 se debe, entre otras razones, a que los estudian-
tes de las universidades en Colombia son mayoritaria-
mente de las clases populares. Según el “Informe Nacio-
nal de Educación Superior”, hasta junio de 2015, el 80%
pertenece a núcleos familiares con ingresos iguales o
inferiores a tres salarios mínimos. No tienen otra opción
que endeudarse para estudiar.
Edición·Nº 16 // mayo·agosto·2017

La mitad de su cuota mensual de $350 mil


pesos termina en aporte a los intereses. “El
sueño de la maestría se quedó allí, es un
capítulo cerrado, y lo único que me queda
de ese sueño es la deuda”.

A diferencia de Nathaly, Paola Muñoz no alcanzó a vis-


lumbrar las consecuencias de un crédito con el Icetex.
Esta aspirante a maestría de rostro pálido, labios gruesos
y cabello negro, creía en las buenas intenciones que pre-
gonaba la entidad: brindar oportunidades económicas y
apoyar el futuro de los jóvenes. La ansiedad no le permitió
leer con cautela las cláusulas del documento y en una ac-
titud casi ingenua solicitó el préstamo. Primer desembol-
so: $15 millones de pesos para vivir en España durante el
primer año de maestría. Paola partió convencida de que, al
volver, sería una abogada con especialización en derecho
ambiental.

A pesar de los cálculos, el costo de vida en Europa supe-


ró por mucho su presupuesto. En cuatro meses, gastó
por completo el primer desembolso. Intentó conseguir
empleo, pero una de las condiciones de la maestría era
mantener intacta su condición de estudiante. No hubo
más opción que regresar a Colombia, sin el título y con
una deuda de $15 millones. Hasta el momento, ha pagado
$14 y aún debe $9. La mitad de su cuota mensual de $350
mil pesos termina en aporte a los intereses. “El sueño de
la maestría se quedó allí, es un capítulo cerrado, y lo único
que me queda de ese sueño es la deuda”, admite Paola con
resignación, cuatro años después de solicitar el crédito.
El p r e c i ø d 3 l $ a b e r

El Icetex será muy importante en los próximos años: el


Acuerdo por lo Superior 2034 plantea que la mayoría de
los estudiantes accedan a la educación superior mediante
créditos. En 2015, las utilidades netas de la entidad fueron
de 223 mil millones, más de la inversión presupuestada
para el Ministerio de Cultura el mismo año. Actualmente,
hay más de 400 mil deudores del Icetex. “Este es el apoyo
que desde el gobierno se le da a la educación superior de
los menos favorecidos: generarles intereses que se miden
en millones de pesos, por permitirles acceder a la edu-
cación superior que en últimas debería ser totalmente
gratuita”, dice Darío Arena, representante estudiantil al
Consejo Superior de la Universidad de Caldas.

No fue posible obtener una declaración de funcionarios


del Icetex acerca de las tasas de interés y las “deudas
impagables”. Los directivos de la sede en Cali se negaron
a dar información; según ellos, el único funcionario au-
torizado para hablar ante los medios de comunicación es
Andrés Eduardo Vásquez, presidente de la entidad.

Sin posibilidades de un préstamo bancario, Nathaly y su


madre acudieron a la tarjeta de crédito. Conscientes de que
los intereses arruinarían sus bolsillos, el ahorro se convir-
tió en el centro de sus vidas. Cuando llegaban los recibos de
cobro, la casa se llenaba de tensión y discusiones. Nathaly,
en busca de alternativas, optó por un empleo adicional y
se inscribió como aspirante al programa Pilos, un servicio
de créditos de la universidad que consiste en trabajar en
horarios extra clase a cambio de la mitad de la matrícula.
Quedar seleccionado depende de las notas académicas del
estudiante y de las conclusiones de la visita domiciliaria.

La trabajadora social que visitó a la familia García analizó


los recibos de la casa e hizo los cálculos: los gastos supe-
raban los ingresos por más de medio millón de pesos. La
mujer no dejaba de preguntarles cómo se mantenían a flote
con una situación económica tan complicada. Días después
de la visita domiciliaria, Nathaly recibió un correo que la
certificaba como “pilo”. Hasta la fecha, reparte su tiempo
entre el trabajo y el estudio. Como la suya, millones de
familias han atravesado serias dificultades financieras al
involucrarse en las lógicas del mercado educativo.
Edición·Nº 16 // mayo·agosto·2017

Los estudiantes de las universidades


en Colombia son mayoritariamente de
las clases populares. Según el “Informe
Nacional de Educación Superior”, hasta
junio de 2015, el 80% proviene de núcleos
familiares con ingresos iguales o inferiores
a tres salarios mínimos. No tienen otra
opción sino endeudarse para estudiar.

Colombia prefiere fortalecer los recursos para préstamos En su artículo “¿Ser Pilo Paga? No nos confundamos”, Ro-
antes que encaminarse hacia una educación superior berto Behar, estadístico y doctor en Ciencias Matemáticas
con cobertura plena y gratuita. Esto se debe, en parte, al de la Universidad del Valle, se pregunta si los más pobres de
seguimiento ciego de las recomendaciones hechas por la verdad consiguen el puntaje exigido por el programa, sien-
Organización para la Cooperación y el Desarrollo Econó- do ellos los que reciben la educación básica y media de peor
mico (OCDE) y el Banco Mundial. En el documento Eva- calidad. Según él, el Gobierno situó el punto de corte en 310
luaciones de las Políticas Nacionales - Educación Superior porque es lo que puede cubrir el presupuesto. Es decir, ¿qué
en Colombia (2012), estos organismos le recomiendan sucedería si se duplica la cantidad de estudiantes que cum-
al país, entre otras cosas, el aumento de recursos para plen los requisitos para aplicar al programa?, Behar afirma
préstamos estudiantiles como el primer paso para mejorar que subirían la línea de corte a 345. En efecto, en la tercera
el sistema de financiamiento, y la asignación de presu- versión, lanzada el 21 de octubre de 2016, Juan Manuel San-
puesto basada en resultados, es decir, la competencia por tos anunció que el puntaje mínimo para los preselecciona-
incentivos financieros. dos sería de 342. Behar se pasó por tres puntos.

La respuesta de Colombia a dichas sugerencias se ha ma- Los problemas en el sistema de educación superior no se
terializado en el fortalecimiento del Icetex, considerada deben únicamente a la falta de voluntad política, en reali-
una de las mejores instituciones de préstamos educativos dad, existen motivos económicos de fondo. El artículo 67
a nivel mundial, y en la implementación de Ser Pilo Paga, de la Constitución establece educación gratuita sólo hasta
un programa de créditos-beca para quienes obtengan los la secundaria. Esta falta de compromiso con el acceso a la
mejores puntajes en las Pruebas Saber 11, el cual otorga universidad es también falta de compromiso con la inves-
beneficios personales a los estudiantes, pero afecta el tigación y la ciencia.
sistema de educación superior público. Según el Observa-
torio de la Universidad Colombiana, hasta la segunda ver- En un país que camina hacia una mayor demanda de ope-
sión de Ser Pilo Paga, las universidades privadas recibie- radores, es decir, de personas con conocimientos útiles
ron el 98,4% de los recursos del programa, mientras que a para la vida laboral, la formación universitaria no es una
las públicas tan sólo les correspondió el 1,6%. Esto indica prioridad. Así lo demuestra el Acuerdo por lo Superior
una clara desviación de los recursos estatales. Dinero 2034, donde el escenario ideal planteado por el Consejo
público en manos de privados. Nacional de Educación Superior es aquel en el que la for-
mación universitaria deje de representar el 65% de las ma-
trículas en pregrado, como sucedió hasta 2015, para que
sea la educación técnica y tecnológica la que ocupe ese
porcentaje en el 2034. Es evidente que la educación supe-
rior es un negocio muy rentable, en especial para el Icetex,
los bancos y las instituciones privadas. Que lo digan Paola
y Nathaly, quienes vivieron un caos económico y emocio-
nal a causa de las deudas y las altas tasas de interés.
D o ss i e r x x : n ø b o r d3rs

*No
bor-
⁄⁄⁄⁄ders
::::Equipo de trabajo:
• Juan Rueda González
• Sarah Sánchez
• Diana Ríos
• Sofía Chazatar Hernández
• Estefanía Giraldo Muñoz
• Fabián Eraso
Edición·Nº 16 // mayo·agosto·2017

SOBRE LA COSTA DEL MAR CARIBE COLOMBIANO SE


ENCUENTRA TURBO, UN MUNICIPIO CON TEMPERATURAS QUE
OSCILAN ENTRE LOS 22 Y 35 GRADOS CENTÍGRADOS, A POCOS
KILÓMETROS DE LA FRONTERA CON PANAMÁ. DESDE EL 9 DE
MAYO, HASTA FINALES DEL 2016 SUS HABITANTES ACOGIERON
A CIENTOS DE CUBANOS QUE LLEGARON PERSIGUIENDO UN
SUEÑO. LA META: ESTADOS UNIDOS. EL OBSTÁCULO: UN
FRONTERA CON PANAMÁ MILITARIZADA POR EL GOBIERNO
VECINO PARA IMPEDIR EL PASO.

Hombres cubanos juegan domino para pasar el tiempo dentro de la bodega.


D o ss i e r x x : n ø b o r d3rs

y
Yadira y Odeiky atravesaron la selva amazónica del Brasil, antes de llegar a Colombia.

Al caminar por una larga vía, con más “Hemos hecho un recorrido muy
huecos que pavimento, se llega al ba- grande… hubo momentos difíciles”
rrio Obrero. Las casitas están amonto- recordaba Odeiky cuando hablaba
nadas. Al fondo de la calle se avista el de su travesía hasta Turbo. El primer
mar oscuro, una bahía, las balsas que suelo extranjero que pisaron fue
descargan madera y el cruce a una Guyana. Caminaron por dos días. A
última calle embarrada por comple- su alrededor sólo veían selva, sentían
adira es una cubana corpulenta to. Al final de esta, ropas coloridas la humedad y los acosaban insectos.
con un rostro de almendra, sobre colgaban de improvisadas cuerdas. Así atravesaron hasta Brasil.Vivieron
su piel se mezclan el color rojizo Sobre baldes o troncos se sentaban hacinados en una bodega que un
dejado por el sol y su tez clara natu- los cubanos. Jugaban dominó, con- comerciante de Turbo puso a disposi-
ral; un vestido largo se ajustaba a su versaban, escuchaban música. Todos ción de más de 200 migrantes, en su
imponente figura y su panza redonda se ocupaban para matar el tiempo. mayoría cubanos.
revelaba seis meses de embarazo. Su
esposo Odeiky es delgado, moreno, Colombia es el principal centro de conexión migratoria entre Sur y Centro
su camiseta colgaba de sus hombros, América. Turbo debido a su cercanía con Panamá ha sido un punto de paso
como si aún estuviera en un gancho. obligado para migrantes de varios países. Pero la situación no es reciente,
Compartían en su expresión cier- Emélides Muñoz, secretario de gobierno, aseguró que “el tema de migrantes
ta pesadez, sus rostros reflejaban es histórico en el municipio”.
intranquilidad. Salieron de Cuba el 2
de noviembre del 2015 con el propó-
sito de llegar a los Estados Unidos. En A principios de junio, había más de cuatrocientos
junio de 2016 se encontraban varados
migrantes hacinados en una bodega de 240 metros
en una bodega de Turbo junto a cien-
tos de cubanos más. cuadrados.

Hileras de colchonetas copaban los pocos espacios por los que se podía apenas
caminar. Había además cuerdas con ropa extendida y maletas de viaje. Pero
esta espera de los migrantes también se repetía en otras zonas del continente;
según el gobierno ecuatoriano, en su territorio había alrededor de 5.000 cuba-
nos esperando continuar.
Edición·Nº 16 // mayo·agosto·2017

En Brasil, Yadira y Odeiky pensaron que no llegarían lejos. ra y de la misma manera planeaban llegar a su destino si
“Estuve cinco días ensuciando solo sangre” recordaba no lograban acceder a un puente aéreo (un acuerdo entre
Odeiky. Gracias a la caridad de indígenas brasileños logró dos gobiernos que facilita el paso de los migrantes en
recuperarse. Ahí permanecieron casi ocho meses, reu- avión desde el país en que se encuentran represados hacia
niendo dinero. el país que los recibe).

La migración irregular va acompañada de un negocio En 2014 se detectó que el 45% de las víctimas de tráfico
lucrativo e ilegal, el tráfico de personas. Algunos mi- humano, en Colombia, fueron de nacionalidad cubana. En
grantes pagan por ser trasladados, corriendo el riesgo de el paso por Brasil a Yadira y Odeiky les arrebataron todo;
convertirse en víctimas de “coyotes”, delincuentes que se es una escena que evitan mencionar.
dedican al tráfico de personas. A menudo, a los migran-
tes les quitan su dinero y sus pertenencias, después los En la última década, hasta finales del 2016, el flujo migra-
abandonan en medio de la selva. Son golpeados, violados torio a través de Colombia se había disparado. En el 2012
e incluso entregados para la trata de personas. el entonces presidente estadounidense Barack Obama
anunció sus intenciones de reestablecer las relaciones
Hay quienes prefieren no arriesgarse. Kelys Alvarez, una con Cuba. Fue evidente que eso podría significar la desa-
morena de labios gruesos y ojos grandes, viajó con sus dos parición de los beneficios que cobijaban a los cubanos en
hijos y su madre. “No me sometí a los peligros de la selva, Estados Unidos. Ante esa posibilidad, el éxodo cubano se
estaba viajando con dos niños pequeños” relataba Kelys. multiplicó. Mientras en el 2006 se detectaron 43 migran-
Intentaron establecerse en Ecuador, allí les negaron la tes irregulares en Colombia, en el 2012 fueron 700 y en el
visa profesional. Su segunda opción era probar suerte en 2015 se llegó a 8.855. Sin embargo, otro gran número de
EEUU. Para llegar a Turbo cruzaron dos países por carrete- migrantes no fueron detectados por las autoridades.

Los espacios que los cubanos compartían en la bodega, eran bastante limitados.
D o ss i e r x x : n ø b o r d3rs

Mientras la frontera con Panamá funcionaba de manera


regular, los migrantes sólo pasaban por Turbo para seguir
hacia Capurganá o Sapzurro, su última parada en Colombia.

Al aumentar los migrantes irregulares, aumentaron las


actividades delictivas a su alrededor. Emélides Muñoz ma-
nifestó que su mayor preocupación es la seguridad “Los
migrantes son personas vulnerables con la esperanza de
llegar a EE.UU. Fáciles de convencer por quienes ofrecen
llevarlos a Panamá, Costa Rica o EEUU. Ahí está el peligro,
mientras ellos tengan la esperanza, habrá quien les provea
el servicio”.

Hasta Turbo, Yadira y Odeiky habían atravesado Guyana, manera ilegal por más de un año. Siguió hasta Colombia,
Brasil, Ecuador, Perú y Colombia. No lo creían fácil, pero vivió y trabajó en Medellín. “Cuando me enteré de que el
no lo imaginaban tan difícil. Yadira pensaba que nunca cuello de botella se había formado acá en Turbo, decidí
tendría hijos. Es diabética y ha sufrido tres abortos invo- venirme. Unirme a estos cubanos”. Como ella, cientos de
luntarios. “No podía tener bebés, diosito me lo mandó en migrantes llegaron a Turbo, conociendo la situación de
el camino”, recordaba mientras acariciaba su panza. En precariedad y hacinamiento que estaban viviendo sus
Brasil supo que estaba embarazada, de inmediato fue in- compatriotas, con la esperanza de que el gobierno de Co-
ternada en un hospital. Con Odeky planeaban que el bebé lombia abriera un puente aéreo hacia México.
fuera ciudadano americano, por eso continuaron el viaje.
El grupo de migrantes amontonados en la bodega creció
con los días. Los más recientes llegaban satisfechos por
el avance. Los más antiguos los recibían con aplausos y
Hasta Ecuador caminaron por el Amazonas abrazos. Aunque no se conocían, se comprendían.
y enfrentaron la selva con las maletas al
hombro. No tuvieron comida por tres días.
Durante la crisis Emélides Muñoz,
secretario de gobierno de Turbo, dijo que
Los pies de Yadira se hinchaban. “Vivimos una experien- el número de ocupantes de ese albergue
cia dolorosa, triste. Decirle al grupo: avancen, sigan, no
provisional había aumentado hasta las mil
podemos seguir así”, relataba Odeiky.
cien personas y que habían ocupado hasta
Hacinamientos similares al sufrido en Turbo, se vivieron
patios de casas vecinas.
en Nicaragua, Costa Rica y Panamá. Los tres países termi-
naron por cerrar sus fronteras y negociar puentes aéreos
con México para agilizar el tránsito de los cubanos.
“No sólo con golpes se maltrata, aquí nos están maltratan-
El gobierno panameño cerró la frontera con Colombia el 9 do” afirmaba Odeiky. Los mosquitos, el calor que cientos
de mayo de 2016 para evitar una nueva oleada de inmi- de cuerpos intensificaban y la humedad, fueron algunas
grantes. Su presidente, Juan Carlos Varela, aseguraba que condiciones de la bodega que ponían en riesgo la salud
el país no se encontraba en condiciones de afrontar el de estas personas. En la parte trasera, a metros del lugar
flujo migratorio. La frontera fue militarizada ante los ojos en que por semanas prepararon sus alimentos, se pueden
de cientos de migrantes. Otros, como Yadira y Odeiky, se ver y oler, tan oscuras como espesas, las aguas residuales
enteraron al llegar a Turbo. estancadas. Un paraíso para la proliferación de mosquitos
y roedores.
Aylin Gari Cruz, una fotógrafa de 28 años, salió de Cuba el
31 de agosto del 2014. Pensaba radicarse en Ecuador. La alimentación, el hospedaje y los enseres de los migran-
No logró conseguir la visa profesional y permaneció de tes fueron asumidos por los habitantes de Turbo, sin ayu-
da del gobierno. “La mayoría de nuestros habitantes son
víctimas de conflicto armado interno, y entienden qué
es vivir en situación de vulnerabilidad”, cuenta Emélides
Muñoz.

A pesar de que los migrantes recibieron una mínima


atención médica, un suministro de agua al día a través de
Aguas Urabá, y comunicación constante con el secretario
de gobierno de Turbo, las condiciones en que estuvieron
fueron una violación a sus derechos. En el “principio de
coherencia” del CONPES 3603, documento expedido por
el gobierno colombiano que regula todas sus políticas mi-
Edición·Nº 16 // mayo·agosto·2017

gratorias, se establece que el gobierno dición, la recibieron de nuevo. Aseguraba que mientras
debe asumir el cubrimiento de las estuvo internada nunca recibió alimentos y tampoco se
necesidades básicas de los migrantes le permitió ver a su esposo. Decidió pedir el alta volunta-
y tratarlos de manera digna y justa. ria. Al hacerlo, tomaba total responsabilidad sobre lo que
pudiera ocurrir con su salud y la de su bebé. Más adelante
“Hicimos cartas, firmamos todos los fue atendida en el albergue por el equipo interdisciplina-
cubanos para que llegaran al canci- rio del Hospital Francisco Valderrama.
ller, o al presidente. Sin embargo, las
cartas se quedaron guardadas”; sin Kellys Álvarez, llegó al albergue con su madre y sus dos hi-
embargo, Emélides Muñoz aseguraba jos que se encontraban enfermos. El mayor tenía bronqui-
que no había diligenciado la carta tis. En Turbo lo atendieron, le recetaron antibióticos y otras
debido a que no estaba seguro de que medicinas. A Samuel, el bebé, se le empezaron a ver puntos
fuese escrita por los cubanos, ya que rojizos sobre toda la piel. Lloraba, no se calmaba por la co-
se la entregó alguien del pueblo. mezón. Era sarpullido producido por el cambio brusco de
temperatura sumado al calor excesivo de la bodega.
Cuando Yadira y Odeiky llegaron a
Turbo ella alcanzaba los 40° de fiebre. Los migrantes se pasaban los días en la puerta o en la
Fue ingresada al hospital de urgencia, zona trasera, temían salir y ser capturados por oficiales
pero su ingreso fue tan veloz como su de Migración Colombia. Temían ser deportados, perder
expulsión. Yadira no tenía documen- el dinero que habían invertido y el tiempo y esfuerzo de
tos ni dinero. Consideraba que por la travesía. Debían reducirse a la estrechez de la bodega.
eso le habían negado la atención. Días “Yo lo llamo un secuestro. Aquí dicen que los cubanos no
después, a causa de su delicada con- podemos salir a la calle”, denunciaba Odeiky.

Jornada de salud, en la imagen se encuentra Kelys Alvarez quién baja con sus hijos y su madre.
D o ss i e r x x : n ø b o r d3rs

Contaban los cubanos que dentro de


sus gastos había cierta cantidad para
los sobornos. Muchos de ellos co-
mentaban que, en Colombia, al igual
que en otros países de Sudamérica
como Ecuador, Brasil y Perú, fueron
extorsionados por policías.

Cuando un migrante irregular es de-


tectado por Migración Colombia debe
ser llevado a las oficinas para iniciar
un proceso. El Estado colombiano
debe evaluar las razones de la migra- Los migrantes aseguraron que un par
ción, las condiciones bajo las que se de ellos salieron a comprar un pañal
realizó y los riesgos que esa persona o una bolsa de leche y no regresaron.
asumiría de regresar a su país de ori- Luego se enteraron de que habían
gen. Al final, determina si el migrante sido deportados. Sospechaban que
debe ser aceptado como refugiado en Migración Colombia omitió el debi-
Colombia o repatriado. do proceso.

Los cubanos que se vararon en Turbo, Antes del 9 de mayo, fecha del cierre
en su mayoría, ingresaron al país de la frontera con Panamá los mi-
sin reportarse con las autoridades. grantes salían a través de ella, sin
Los que se reportaron, al ingresar necesidad de comprobar que fuera
recibieron un documento de libre su lugar de entrada al país. A diario
circulación con una fecha de ven- se veían migrantes por las playas de
cimiento que suele ser de diez días. Capurganá y Sapzurro. Anthony Cor-
Para la mayoría estos documentos ya tés explicaba que eso sucedía porque
habían caducado. Migración Colombia no verificaba la
salida del migrante al que le entrega
Se dice que los cubanos tenían libre un “documento de deportación”.
movimiento en Turbo. Anthony
Cortés, integrante de la veeduría Algunos de los cubanos que no tenían
ciudadana del municipio, comentaba smartphone ni internet, no hablaron
: “si un oficial de migración detiene con sus familias en meses. “El único
a un migrante en la calle, lo lleva al teléfono que existe en Turbo para
departamento de migración y le da un llamadas internacionales, supues-
documento de deportación”, después tamente, está al lado de la oficina
no hay acompañamiento o verifica- de migración” manifestaba Odeiky
ción de su salida. recordando a sus hijas de 12 y 15 años
que dejó en Cuba y de las que no sabía
nada desde dos meses atrás. El inter-
net que algunos habitantes de Turbo
podían facilitarle era inútil porque en
Cuba la conexión es difícil y costosa.

Mientras el salario mínimo ronda en-


tre los 18 y 25 dólares mensuales, una
hora de conexión a internet cuesta
cerca de 2 dólares.

Utilizando todo el dinero de dos meses de trabajo, un


cubano podría conectarse por un día.
Edición·Nº 16 // mayo·agosto·2017

Odelky realiza una video llamada para comunicarse con un familiar en Miami.

También hay 35 puntos de conexión en su país. “En Cuba el salario es muy Las relaciones diplomáticas entre
toda la isla, ahí se cobran 7 centavos por bajo, no tenemos posibilidad de aho- Cuba y Estados Unidos han sido con-
la hora. La gente se amontona. La cone- rrar” comentaba Juana Lina Torres, la flictivas desde la revolución cubana
xión es lenta y se cae con frecuencia. madre de Kellys. Ella vendió su casa de 1959, cuando el gobierno de Cuba
y todo lo que tenía en Cuba para reu- expropió las compañías y propieda-
Las presiones económicas son uno nirse con su hija en Ecuador. Desde des que pertenecían a estadouniden-
de los principales motivos de una el 2011 que se levantó la prohibición ses. Un año después Estados Unidos
emigración. Los cubanos se sienten de compraventa de casas en Cuba, levantó un bloqueo comercial contra
obstaculizados para progresar. Aun los precios y el mercado inmobiliario la isla.
siendo profesionales ven que sus crecieron de forma acelerada.
aspiraciones no son realizables en
D o ss i e r x x : n ø b o r d3rs

Ignacio Leal, nos narra su travesía hasta el municipio de Turbo.

Don Ignacio Leal, un hombre de piel Antes de irse, los migrantes compartieron sus números de
clara y 56 años a cuestas, a quien lo WhatsApp y crearon un grupo para mantener el contacto
identifican sus cejas y bigote espesos, entre los que se quedaban y los que partían. Al grupo lo
comentaba: “Los cubanos tenemos llamaron “No Borders”. Lo escribieron en inglés porque es
una ventaja sobre los demás, el pue- el idioma que para ellos simboliza la libertad, el idioma
blo norteamericano nos espera con del país al que sueñan llegar y pertenecer.
los brazos abiertos”.
Algunos migrantes escribieron desde Panamá y Costa
Desde 1966 todo cubano que llegue Rica. En los mensajes, quienes pasaron mencionaban
a Estados Unidos sin importar cómo que es el trayecto más difícil que han hecho, debido a las
puede estar en ese país bajo palabra; piedras, montañas y ríos que debieron atravesar. Uno de
recibe un seguro social y un permiso los migrantes relataba que caminaron por casi siete días
de trabajo que puede tardar varios en medio de la selva, durmiendo en cualquier lugar y con
meses. Los migrantes esperan a que escasa comida. En el chat les recomendaron a los cubanos
pase un año y un día para ser benefi- que no tomaran esa ruta, porque tenían niños y personas
ciados por la “Ley de Ajuste Cubano”, mayores que no la resistirían. Una historia sobresale en
y solicitar su residencia permanente. los mensajes: dice que seis personas murieron ahogadas
intentando cruzar un río, entre ellos un niño de dos años;
iba con su padre, ambos fueron arrastrados por la corriente.

II “Muchos han llegado a su sueño americano, pero muchos


han tenido que pagar el sueño con su propia vida. Eso es
lo que estos cubanos que estamos en Colombia no quere-
La semana que siguió a la militari- mos hacer”, comentaba Aylin Gari Cruz.
zación de la frontera en las calles de
Turbo dormían cubanos, nepalís, Los cubanos varados en Turbo, aseguraban que su dere-
migrantes de países africanos y hai- cho a salir libremente de cualquier país, establecido en el
tianos. Al cabo de unos días quedaron pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, estaba
los cubanos y un par de otras nacio- siendo vulnerado al no poder salir por la frontera con Pa-
nalidades. El resto decidió aventurar- namá. Sin embargo, la misma ley asegura que ese derecho
se en la selva del Darién, tomaron la puede “ser objeto de restricciones cuando se hallen pre-
alternativa que ofrecían los “coyotes”. vistas en la ley, sean necesarias para proteger la seguridad
nacional, el orden público…”.
Edición·Nº 16 // mayo·agosto·2017

El efecto dominó en el cierre de las fronteras de Nicaragua, Costa Rica y Pana-


má fue ocasionado debido a que el flujo migratorio les representa un problema
de orden público y seguridad social. Estos países tenían el derecho de cerrar
sus fronteras. A pesar de ello, las demás fronteras de Colombia seguían abier-
tas; así el derecho de los migrantes a salir del país estaba garantizado.

Las condiciones de hacinamiento en las que se encontraban los cubanos en


Turbo, las dificultades para rendir la comida que los ciudadanos les donaban
y el agua que les brindaba el municipio, estaban llegando a su límite. Era una
situación que no podía sostenerse por mucho más tiempo. La garantía de con-
diciones mínimas de vida digna para estos eran cada vez más vulneradas. Por
eso el gobierno colombiano en cabeza del presidente Juan Manuel Santos y la
canciller María Ángela Holguín amenazaron con realizar una deportación ma-
siva de los migrantes si no definían su situación migratoria. Algunos cubanos
se acogieron a la deportación que hizo el gobierno el 10 de agosto de 2016, sin
embargo, muchos otros siguieron la ruta hacia Estados Unidos con un salvo-
conducto que el gobierno les otorgó para salir del país.

Un fantasma llamado libertad

Para el 10 de agosto de 2016, por primera vez en cuatro En inmensas caravanas, cientos de
meses, el albergue estaba prácticamente vacío. Los más cubanos que usaron el salvoconducto
de 1.000 cubanos que estaban hacinados, salieron agrade- para avanzar en la ruta hacia Estados
ciendo a los turbeños que les auxiliaron. Unidos se amontonaban en peque-
ñas lanchas para llegar a Capurganá,
Muchos migrantes decidieron regresar a los países que primer destino a mar abierto que los
pisaron antes de estancarse en Turbo, como Ecuador y enrutaría en la selva sin naufragar.
Venezuela; algunos recién llegados que se hospedaban en
hoteles cerca al muelle fueron deportados a Cuba; Y otros Ignacio Leal y veinte cubanos más,
cientos decidieron emprender la ruta por la selva, desco- contrataron a un coyote que les cobró
nocida por sus ojos, pero retratada y contada por el chat 200 dólares para emprender la travesía
de No Borders. por la selva del Darién. El 11 de agosto
a las ocho de la noche, partieron hacia
la selva espesa. Caminaron durante
cinco días hasta llegar a Panamá.

De habitar el espacio, la comunidad de Turbo ha tejido relaciones con los migrantes.


D o ss i e r x x : n ø b o r d3rs

Continuaron su camino por la Loma de la muerte, una


pendiente tan inclinada que al tratar de atravesarla puede
arrastrar a cualquiera hasta el fondo del abismo.

Les tomó cinco horas subir la montaña. En el trayecto se Finalmente, en septiembre de 2016
encontraron con muchos cadáveres, especialmente africa- Ignacio llegó a Puerto Laredo donde
nos que tenían entre sus pertenencias pasaportes, biblias lo acogió la “Ley de pies secos, pies
y fotos familiares. mojados”. Después de hacer la respec-
tiva documentación tomó un avión
En el séptimo día de su travesía, a las cinco de la mañana, con destino a Miami para reencon-
Ignacio con los pies en llagas y deshidratado, descendió trarse con su familia.
la loma. Su condición hizo que no fuera al ritmo de sus
compañeros y se quedara solo. Después de cuatro horas Actualmente, Ignacio se encuentra
de camino, se encontró con un indígena a quien le pagó a la espera de su licencia de trabajo.
80 dólares para que lo llevara en caballo a Bajo Chiquito, Después de un año y un día de su lle-
el primer caserío embera en territorio panameño. Los gada a los Estados Unidos podrá pe-
indígenas de la aldea lo bañaron, le curaron los pies, le dir la residencia permanente. Como
regalaron ropa, comida y dinero para continuar el viaje. él, Yadira, Odeiki y Kelys lograron
cruzar la frontera en el 2016. Yadira
En la frontera con Panamá cogió un bus hacia Costa Rica. tuvo a su bebé en Panamá, en este
En ese país estuvo una semana en un hotel, allí se hizo momento vive en Houston, así como
amigo del dueño del lugar quien lo ayudó a salir por Gol- Kelys y su familia.
fito en medio de un retén por parte de las autoridades de
migración. En Los Chiles se encontró con más cubanos. El giro
En ese lugar contrataron a un coyote que los ayudó a atra-
vesar Nicaragua. Alquilaron burros y caballos para pasar El 17 de diciembre de 2014 el pre-
ríos, montañas y carreteras. sidente Raúl Castro y el entonces
presidente Barack Obama anunciaron
Cuando llegaron a Managua rentaron un taxi para que la decisión de restablecer relaciones
los llevara a la frontera con Honduras; sin embargo, el diplomáticas entre ambos países. El
coyote los dejó a catorce metros de la guardia fronteriza. 20 de julio de 2015, la reapertura de
Estuvieron cuatro días presos, los devolvieron a Managua la Embajada de Cuba en Washington
y después a La Cruz. En ese lugar estuvieron una semana, marcó el inicio oficial de una nueva
allí les dieron una ruta a través de la playa, dónde tenían etapa diplomática. En enero de 2017
que subir una montaña y coger un bus para, finalmente, dos empresas de Cuba y Estados Uni-
llegar a la frontera con Honduras. dos firmaron un acuerdo que permite
la exportación de carbón vegetal
En ese país se entregaron a migración, una semana des- cubano a Estados Unidos, siendo la
pués les devolvieron su pasaporte para seguir la ruta. En primera exportación efectiva que
Guatemala contrataron a unas personas que se dedica- Cuba realiza al país norteamericano
ban a pasar migrantes hasta la frontera con México. Allí en las últimas cinco décadas.
hicieron contacto con el cartel de “Los Zetas” quienes les
cobraron dos mil dólares para llevarlos hasta Hidalgo. “Hoy, EE UU está dando pasos impor-
tantes para avanzar hacia la normali-
zación de relaciones con Cuba y darle
una mayor consistencia a nuestra
política migratoria”.

Anunció Obama en un comunicado


para poner fin a la política de “Pies se-
cos, pies mojados”. Decisión que para
algunos pudo resultar “generosa” y
trascendental en un camino para rei-
maginar las relaciones binacionales,
sin embargo, para los isleños signi-
ficó perder un lugar en el mundo. El
jueves 12 de enero de 2017 Obama
formalizó el fin de la ley, que, por más
de 20 años, permitió atravesar a miles
de cubanos una frontera.
Edición·Nº 16 // mayo·agosto·2017

Volver no es una opción

Aylin Gary Cruz, emprendió su viaje sola y con seis meses un grupo de nueve cubanos y tres nepalís que encontró en
de embarazo hacia Estados Unidos, el 19 de diciembre el camino. Estuvo caminando durante varios días. “El día
de 2016, en vísperas de navidad. “Estuve trabajando en 24 llegué a Bajo Chiquito (Darién, Panamá) y estuve con
un restaurante de mesera en Envigado, vivía con el papá unos indígenas de esa zona, con ellos pasé nochebuena”.
del niño. Volví a Medellín porque en Turbo me quedé sin
dinero. Cuando logré juntar lo suficiente, salí de nuevo”.
Logró salir de la selva bastante débil, y
Pidió el salvoconducto en Medellín para salir de Colom-
como ella misma lo expresa, sin uñas en
bia. Al padre de su hijo, colombiano, le tomó por sorpresa
su decisión. “Desde que salí de Cuba en el 2014, llegar los pies.
a Estados Unidos y unirme a los integrantes del Partido
Republicano de Cuba en Miami (partido opositor de Cuba
al que pertenece), es mi anhelo. Intentar liberar a Cuba A pesar del cierre de la frontera de Panamá con Colom-
desde adentro no es posible”. bia, Aylin y las personas con las que iba en tránsito no
tuvieron inconvenientes con las autoridades panameñas,
El 20 de diciembre llegó a Turbo. No pagó coyote para “debió ser porque era época de navidad. El 25 de diciembre
adentrarse en la selva colombiana. El 21 de diciembre es- nos llevaron en una piragua hasta un lugar en Panamá que
tuvo en Capurganá. El 22 se adentró en la espesa selva con se llama Metetí”.

Ayleen Gary Cruz, primera cubana en pasar la frontera después de la eliminación de la ley de ajuste cubano.
D o ss i e r x x : n ø b o r d3rs

Los migrantes llegan a la bahía de turbo, de ahí parten en lancha a la frontera con Panamá para atravesar la selva del Tapón del Darién.

Pasó Panamá sin contratiempos, siguió por Costa Rica y En México, Aylin, ya no sentía can-
Nicaragua. El último día del año a las dos de la tarde esta- sancio, y pensaba que lo que había
ba en Managua. “Ahí me quedé una semana, entre el 31 de vivido hasta el momento solo lo
diciembre y el 6 de enero, buscando la forma de salir. Tuve repetiría en pesadillas. Sentía que era
que pagar un Coyote para que me sacara de Managua para poco lo que faltaba para culminar. El
llegar a Honduras”. En moto y caballos, el 6 de enero llegó 12 de enero, día en que derrocaron
a Choluteca, primer pueblo en la frontera con Honduras. la ley, ella estaba pidiendo el Salvo-
conducto en migración en Tapachula
“El lunes 9 de enero me devolvieron mi pasaporte, y ese para seguir hacia la frontera. Fue allí
día salí a Guatemala en un bus directo por todo Hondu- que se enteró de la noticia.
ras hasta la frontera. El día 10 llegué a Guatemala, seguí y
viajé toda la noche; y a las 5 de la mañana del 11 de enero Como si se repitiera la misma historia
ya estaba cruzando el río para México, y allí nuevamente vivida en Turbo, Aylin, no podía creer
pagué Coyote para que me llevara a Tapachula”. que eso estuviese pasando. “Fue terri-
ble, había mucha desesperación,in-
certidumbre y desconsuelo. Esa era la
Edición·Nº 16 // mayo·agosto·2017

meca, después de pasar por tantas cosas, uno llegaba aquí y era bien recibido
y acogido. Que Obama haya quitado la ley sin más ni menos, sin dejar elección
al que viene en camino, ni a mí, ni a nadie, es de las peores cosas que me han
podido pasar, no se compara ni siquiera con todo lo que viví en el camino, mi
ilusión era llegar, y lo logré”.

“El día 17 de enero me entregaron el salvoconducto, y el día 18 salí. El día 19 es-


taba en Ciudad de México, tomé un bus a Monterrey, llegué el 20, seguí y llegué
a Nuevo Laredo. Estuve ahí desde el día 20 de enero hasta el 10 de Febrero”.

Aylin Gari Cruz llegó el 13 de febrero de 2017 al Aeropuerto Internacional de


Miami. después de estar varada en Puerto Ladero, pudo solicitar asilo político
y permiso de Parole provisional para entrar a Estados Unidos. El 21 de febre-
ro estuvo en una conferencia de prensa para hablar sobre su trayectoria y su
lucha con el Partido Republicano de Cuba.

Es considerada la primera cubana en entrar a Estados


Unidos después de que derrocaron la ley.

“Yo entré sin la ley, casi un mes


después de que la quitaran. Todos En enero del 2017 gracias a
los beneficios que había con la ley,
Repetrel.com, se conoció el
el 12 de enero los quitaron. No tengo
salud, ni auxilio económico, tampoco caso de una cubana varada
permiso de trabajo. Quisiera ver a un
en Costa Rica que esperaba
trabajador social para ir a un hospital
por mi embarazo, necesito hacerme sextillizos. La gestante no
los controles, ya casi voy para los seis
recibía atención médica
meses, y aún no sé cuándo iré a jui-
cio. Por ahora lo que más me preocu- adecuada, ni contaba con
pa es mi salud”.
las condiciones básicas para
Ante la desdicha sobrellevar el embarazo;

Aunque la nueva política migratoria


pone a los cubanos en igualdad de
condiciones con el resto de inmi- además, sus bebés corrían el riesgo
grantes, muchos cubanos siguen de nacer con complicaciones. Así
atravesando Colombia y Centroa- mismo se conoció el drama de más de
mérica para llegar. Muchos guardan 70 cubanos que se encuentran en un
la esperanza de que Donald Trump albergue de Cáritas, Panamá, quienes
ponga en consideración implementar pidieron que el nuevo gobierno hi-
nuevamente la ley. ciera una excepción con aquellos que
salieron de Cuba antes de la elimina-
Aún después de conocerse el comu- ción de la ley.
nicado que expidió el ex presidente
Obama dos días antes de acabar su A pesar de las peripecias que estos
mandato, los migrantes que iban cubanos, junto a muchos otros mi-
camino a cumplir el sueño americano grantes de diversas partes del mundo,
continuaron con la ruta. tienen que atravesar, nunca pierden
la esperanza de hallar un mejor por-
venir. Se han obstinado en luchar, las
fronteras no detienen sus pasos.
D o ss i e r x x : 3 n e l p4rlant e s e con0c3 al cant 4n te

:::: POR:
• Kelly Sánchez •
EN EL PARLANTE
SE CONOCE AL
CANTANTE
D o ss i e r x x : 3 n e l p4rlant e s e con0c3 al cant 4n te

TRAS EL VIDRIO DE LA CABINA, FRANK Y


DIEGO ESTÁN LISTOS PARA GRABAR SU
CANCIÓN. TRAS EL SONIDO DE LA PISTA FRANK
SE MUEVE CON SOLTURA AL RITMO DE LA
MÚSICA Y CANTA FRENTE AL MICRÓFONO.
DIEGO MUEVE SUS BRAZOS MIENTRAS
RAPEA. SE EQUIVOCAN, REPITEN, SE RÍEN,
DISFRUTAN. SE VEN FELICES. TAL VEZ ALGÚN
DÍA CANTARÁN EN UN GRAN ESCENARIO Y
SERÁN OVACIONADOS POR EL PÚBLICO. POR
LO PRONTO, AL TERMINAR LA GRABACIÓN
VOLVERÁN A CANTAR EN LOS BUSES PARA
SOBREVIVIR.

***
Jay —¿Querés correr con nosotros?

Dreela
Antes de decir que sí, ya corremos en medio de los peato-
nes que esperan la ruta del Mio en la estación de la Unidad
Deportiva. Son las 10 de la mañana de un viernes caluroso.
Suena la alarma de cierre de puertas y alcanzamos a entrar
Jay por la pronunciación a un bus. Apenas se acomodan los últimos pasajeros,
Frank y Diego sacan un bafle, encienden el micrófono y
de la J en inglés, homenaje saludan sonrientes a su público. Algunos voltean la mira-
a su amigo Jeison que da, otros murmuran en tono desganado “más cantantes…”.
En un trayecto completo de una ruta del Mio, pueden
mataron hace un tiempo. subirse hasta seis vendedores de dulces, de lapiceros, de
Dreela (drila) le llaman a las cartillas, cantantes y hasta magos.
trenzas en Buenaventura. Una vez Frank empieza a cantar, acompañado de los rit-
mos que brotan de su parlante –algo así como un hip hop
de la costa pacífica-, las miradas se enfocan en él. Frank es
El Kirios; Tiene 28 años, es un moreno delgado, de cresta
afro, luce un blazer oscuro.

Diego empieza a rapear. Es Jay Dreela; tiene 29 años, es


alto, usa trenzas tropas, sus ojos pequeños y entrecerrados
lo hacen parecer un ‘chico malo’.

Los observo y recuerdo la primera vez que los vi. Frank me


sorprendió, usaba converse, jeans y blazer; blazer en una
ciudad en que la temperatura puede subir a más de 35 °C
Edición·Nº 16 // mayo·agosto·2017

Kirios
Su seudónimo lo escuchó alguna
vez en la iglesia a la que va,
significa señor, dueño y amo.

bajo sombra; blazer para cantar en los buses en que suben


otros cantantes de camisetas anchas y gorras estrafalarias.
Se toman en serio como artistas.

Cuando Frank era niño se paraba frente a un espejo, usaba su


cepillo como micrófono y cantaba las canciones de Big Boy
y Vico C que escuchaba en su grabadora de casetes. Ahora,
de pie en este bus, mueve sus brazos, cierra los ojos y canta amigo lo invitó a trabajar en los buses. Su primera vez solo
con pasión una canción pegajosa que ambos compusieron. frente al público de un bus fue un fracaso. Intentó saludar
Saben que para hacerse notar deben hacer su propia apuesta. a los pasajeros, pero la voz no le salía. Lo intentó varias
veces en otras rutas pero no lo lograba. Se quedó senta-
Hace más de cinco años Frank hacía estampados y trabaja- do casi media hora en una estación, como paralizado; el
ba como ayudante de construcción. Por un tiempo vendió cuerpo le temblaba.
dulces en buses hasta el día en que vio a una pareja de
raperos cantando en una ruta. Pensó que también podía —De niño era introvertido, pero si uno quiere ser artista
hacerlo. Al día siguiente tomó la grabadora de su papá y toca vencer esos miedos, pero siempre queda algo de esa
empezó a ganarse la vida cantando en los buses. timidez —dice Diego pensativo.

Llegamos a la estación Pampalinda, justo al frente de la Hoy como casi todos los días, Diego se levantó a las 5:40
Universidad Santiago de Cali. Jóvenes estudiantes entran de la mañana, en su pequeña habitación alquilada en el
y salen de la universidad, futuros profesionales. Es proba- barrio los Chorros. Salió de su casa a las 6:30 hacia una
ble que ninguno de esos chicos tenga que trabajar en un panadería cercana a la estación Caldas. Frank se levantó a
bus para pagar sus estudios. Estudiar allí es más de lo que las 5:30 en el barrio El Vallado. Se dirigió a la casa de su ex
Diego y Frank podrían costearse. esposa en los Chorros para llevar al colegio a una de sus
tres hijas a las 6:30. A las 7:00 Frank y Diego se encontra-
Un joven con su parlante pretende subirse a la ruta de la ron en una panadería. Oraron antes de salir a trabajar. Para
que nos estamos bajando. Al ver a Frank y a Diego se detie- que su Dios los fortalezca contra los gestos despectivos
ne y no sube “¡tey quisiri, menor!” (take it easy) —le dice con los que tienen que lidiar en los buses.
Frank al joven y se ríen—. El chico —le llaman albino por
su piel despigmentada— sabe que no puede subirse al bus ***
porque acaban de trabajar en él.
Es jueves a las 2 de la tarde, pleno sol en Cali. Diego y yo
Mientras Frank vendía golosinas en los buses, Diego era vamos en un alimentador del Mio. Esta vez no canta, solo
vigilante de un edificio. Cuando renunció al trabajo, un está sentado a mi lado esperando a que lleguemos a nues-
D o ss i e r x x : 3 n e l p4rlant e s e con0c3 al cant 4n te

Por las ventanas del bus entra el aire


caliente, los pasajeros se abanican con
lo que tienen a mano. Afuera el asfalto
palidece bajo el sol.

tro destino. Nos dirigimos a un estudio de grabación; él y


Frank grabarán hoy una de sus canciones. Por las ventanas
del bus entra el aire caliente, los pasajeros se abanican con
lo que tienen a mano. Afuera el asfalto palidece bajo el sol.

El estudio de grabación queda cerca de la Avenida Circunva-


lar. Es una casa grande, el primer piso funciona como taller
de costuras, en el segundo piso está el estudio. Entramos, es
un cuarto pequeño, piso de madera y paredes con bloques
revestidos de tela de colores y espuma para aislar el sonido.
Allí nos espera Frank. También está Sammy, el productor,
un hombre jovial de unos treinta y tantos años que usa
gorra negra hacia atrás, es un costeño que ha neutralizado
su acento en los más de diez años que lleva en Cali.

En la pantalla del computador hay una fila de tracks nom-


brados por instrumentos: marimba, percusiones, saxo,
guitarra y piano.

***

A la estación Unidad Deportiva le llaman la oficina, tal vez


por ser la más grande en la ruta que frecuentan los traba-
jadores de buses de la Calle Quinta y también un punto de
encuentro. A nuestra llegada hay más de seis cantantes es-
perando rutas para subirse a trabajar, todos se ven jóvenes
-entre 17 y 28 años-, algunos llevan terciado en el pecho
un parlante, otros lo llevan guardado en sus maletines.
Frank y Diego los saludan, todos se conocen. Respetan los
turnos en orden de llegada, es una regla implícita. A veces
la espera por el turno se hace larga.

Estaciona un E31, Diego mira al interior del bus, lo exami-


na de lado a lado y lo deja pasar.

—No nos subimos en los buses con motor atrás porque


suenan muy duro y nos opacan, no sonamos bien, nos
escuchamos más como ruido —dice El Kirios recostado en
una columna de la estación. No todos los cantantes que
suben a los buses se fijan en esos detalles. A Jay Dreela y El
Kirios les preocupa sonar bien.
Edición·Nº 16 // mayo·agosto·2017

Además de este detalle, los buses que Monedas de todas las denominacio-
abordan deben cumplir otras con- nes, billetes de mil y dos mil, los de
diciones: no deben ir muy llenos, ni cinco mil son escasos, alguna vez les
muy vacíos; no debe haber alguien dieron uno de cincuenta mil,
trabajando en él; no puede ser una
ruta que pare en todas las estaciones —El Jorge Isaacs del billete de cin-
y si es una de esas la toman en una cuenta no más picó el ojo —, dice
estación donde tengan tiempo de Frank giñando un ojo en una mueca
hacer su presentación sin que pare graciosa y se carcajea.
tantas veces. A veces puede pasar has-
ta una hora sin que puedan abordar Se acerca el medio día. Nos dirigimos ha-
una ruta. cia el sur al restaurante donde almuerzan
todos los días. Es un espacio pequeño de
Según las últimas cuentas del DANE paredes blancas, techo de tejas, mesas de
en el 2016, Cali, después de seis años, manteles verdes y azules.
dejó de tener la tasa de desempleo
más alta entre las principales ciuda- Diego se ha quedado en camisilla y en
des del país. Sin embargo, aunque la sus brazos descubiertos sobresalen
desocupación disminuyó, el trabajo varios tatuajes. El primero está en el
informal subió un punto porcentual. brazo izquierdo, se lo hizo a sus 15
En una población de más de dos años, antes de saber cómo se escribía
millones quinientos mil habitantes, su seudónimo, por eso tiene escrito
alrededor de seiscientos mil trabaja- Jey Drila en lugar de Dreela. Un poco
dores informales —casi la cantidad más arriba en el mismo brazo se tatuó
de personas que toda la flota del Mio notas musicales, aún sin mucha
podría movilizar durante dos días—, idea de pentagramas. También tiene
entre artistas urbanos, vendedores la D de Diego en llamas. En el brazo
ambulantes, empleadas de servicio derecho tiene la palabra Hip Hop en
doméstico, albañiles, recicladores, colores y otro tatuaje que más bien
transportadores ilegales, prostitutas y parece un error del tatuador.
hasta paseadores de perros, buscan la
forma de sobrevivir el día a día. Frank cuenta el dinero que han reco-
gido. Separa las monedas en peque-
Nos enrutamos en un E31 que viaja ñas torres por denominación.
hacia el norte. A la velocidad que lleva
el articulado, la ciudad se dibuja bo- —Todo lo pagamos con monedas, a
rrosa a través de los ventanales. Allá veces la gente se enoja —dice Frank
fuera cada quien se dedica a lo suyo, riéndose.
el ejecutivo que va para su trabajo, el
malabarista del semáforo, los corta- En otro lado acomoda los billetes
dores de césped, el empresario en su arrugados. Luego separa el dinero
oficina. Mientras tanto aquí, dentro
de estas paredes de lata, estos chicos
soñadores desgastan sus voces inten-
tando que los noten, que se interesen
en ellos, que los consideren verdade-
ros artistas. Luchan por sobreponerse
a la muchedumbre que engulle cada
día el azulado animal metálico.

Cuando terminan, algunos pasajeros


aplauden, una niña tararea el coro de
la canción “somos latinos pa’que sepan,
somos latinos pa’que aprendan”. Diego
y Frank recogen monedas y billetes.
D o ss i e r x x : 3 n e l p4rlant e s e con0c3 al cant 4n te

—Es un tema con los


golpes del dance soul y
comenzamos a agregarle
marimba, congas, un bajo,
tamboras africanas, algo
del pacífico, un poquito de
salsa y guitarra eléctrica.

***

En el estudio de grabación suena la


pista de Rompiendo al bailar, la canción
que El Kirios y Jay Dreela grabarán.

en dos pequeñas bolsas transparentes. Diego y Frank se —Es un tema con los golpes del dance
dividen el dinero en partes iguales. En promedio pueden soul y comenzamos a agregarle ma-
ganar treinta mil pesos al día trabajando de 7 de la maña- rimba, congas, un bajo, tamboras afri-
na a 12 del mediodía y de 5 de la tarde a 8 de la noche. Una canas, algo del pacífico, un poquito de
vez en un día de diciembre cada uno se quedó con ciento salsa y guitarra eléctrica. Es una fusión
cincuenta mil, pero también han llegado a irse a casa con con mucho sabor. Queremos tener
diez mil pesos cada uno. Hace algún tiempo se propusie- nuestro sello propio —dice Diego con
ron ahorrar diez mil pesos diarios para la grabación de un propiedad, explicándome el tipo de
álbum, pero las cuentas no dan. Cuando pueden ahorran canción que están a punto de grabar.
veinte mil mensuales. A veces trabajan separados, las Es la octava canción de su álbum.
ganancias no alcanzan para los dos.
Jay Dreela y el Kirios cantan al ritmo
Diego enciende el bafle y me muestra algunas canciones de la pista para ajustar los últimos
que han grabado del álbum Esto está claro o no está claro arreglos antes de entrar a la cabina de
en el que están trabajando. Suena muy bien. Grabar cada grabación.
canción con Samy, un amigo productor, les cuesta dos-
cientos mil pesos. Les falta grabar unas cinco canciones ***
para tener listo su primer álbum. Por ahora ahorran para
la octava canción. En la estación Tequendama, Frank
y Diego, saludan a un joven de baja
estatura, lleva facturas de servicios en
la mano —¿Y esta vez estás pidiendo
para pagar los servicios o qué? —le
dice Diego en tono dicharachero. El
joven de los recibos no contesta, solo
ríe y sube a un bus. Me cuentan que
también suben a los buses muchos
Edición·Nº 16 // mayo·agosto·2017

farsantes como el epiléptico que ***


simula un ataque, los que cuentan
historias trágicas de su vida, los que Después de muchas idas y vueltas
piden para completar el valor de un en las rutas del Mio, estamos en la
pasaje o un medicamento y nunca lo terminal de Menga, la estación más
completan porque se les ve todos los grande del norte. Los pasillos se ven
días en las mismas. un poco solitarios. Diego y Frank
llevan el bafle expuesto, no intentan
—Hacemos lo que nos gusta mientras disimular que son cantantes.
nos ganamos el día, pero no queremos
trabajar siempre aquí, es como una eta- —Los vigilantes ya no cogen lucha
pa —dice Frank mientras nos bajamos con nosotros. Si nos quitan el par-
de un bus—. Aquí muchos nos halagan lante saben que igual vamos a volver
por lo que hacemos pero otros no nos porque este es nuestro medio de
tratan bien. Nosotros nos pasamos a los ganarnos la vida.
policías, nos pasamos que no nos den
monedas, pero lo más difícil son las La Policía les ha decomisado tres
personas que nos menosprecian, que bafles. Cada uno les cuesta ciento
nos miran con fastidio. ochenta mil pesos. Si a Frank y a Die-
go solo les interesara recoger mone-
*** das, más que sonar bien, lo podrían
hacer igual que muchos otros cantan-
El Kirios calienta la voz en la cabina tes de buses, con un bafle pequeño,
de grabación, se mueve de lado a sin invertir más.
lado y hace sonidos guturales. Dreela
dice que Kirios tiene inflamadas las —No nos consideramos cantantes
amígdalas y para cuidar la voz no fue de buses. Trabajamos ahí porque es
a trabajar hoy. el medio por el que ahora nos toca
ganarnos la vida, pero antes que eso
Mientras Sammy continúa arreglando somos artistas con la capacidad de
la pista, Diego propone poner esto escribir nuestras letras y hacer cosas
aquí, aquello allá, darle volumen a que nos diferencien. Estamos tratan-
tal instrumento…toma decisiones y do y vamos a salir de los buses. —dice
propone, como todo un experto, Diego con tanta firmeza que me con-
vence de que lo lograrán.
—Es empírico, es como cuando tú
manejas moto y sabes cómo le suena
todo, sabés cuando algo está mal —No nos consideramos
porque aprendés a conocerlo, así es la
cantantes de buses.
música también —dice Diego. Frank
continúa calentando, ha estado un Trabajamos ahí porque es el
poco callado, tal vez ansioso, acepta
medio por el que ahora nos
sin oponerse a las propuestas de Die-
go para la canción. toca ganarnos la vida, pero
—Sammy, necesito que ese tema nos
antes que eso somos artistas
garantice un Grammy —Dice Diego
sonriente mirando a Sammy.

—Por supuesto —contesta Sammy


con una sonrisa.
D o ss i e r x x : 3 n e l p4rlant e s e con0c3 al cant 4n te

***

Son casi las 7 de la noche. El Kirios y Jay Dreela han termi-


nado de grabar y Sammy tiene la canción lista. La escu-
chamos. Se oye como un éxito comercial que podría sonar
en algunas estaciones musicales de Cali. Todos estamos
contentos con el resultado.

Afuera ha oscurecido. Salimos. Frank le dice a Diego que


se quedó sin plata, que le va a tocar irse a trabajar a esa
hora. Dice que está cansado, que no quiere trabajar más
en los buses, agacha la cabeza, se le nota pesaroso. Kirios
pagó esta vez los doscientos mil que costó la grabación y
se quedó sin un peso.

Esta noche El Kirios y Jay Dreela no llevan dinero en sus


bolsillos, en remplazo llevan grabada la canción número
ocho de su futuro álbum.

GLOSARIO Blanquiado: Condición en que quedan


después de no recibir monedas en los
buses. Ej: “Me blanquié en este bus”.

Chirrete: Término desdeñoso para re-


ferirse al trabajo de los compañeros.
Siempre se usa en tono de broma. Ej:
“Todos estos son unos chirretes”

Dame arrastre (se usa también dame


despegue o dame vida): Petición de
ayuda. Cuando un cantante no tiene
bafle para trabajar le pide a otro, que sí
tenga, unírsele para cantar. Ej “dame
arrastre que se me descargó el bafle”.

Pegao: estado de pasar mucho tiempo


sin poder subirse a trabajar a un bus.
Ej: “Estamos pegaos hace más de
media hora”

Perla negra: Bus con pocos pasaje-


ros, casi vacío. Ej: “Allá viene un Perla
Negra, en ese bus asustan”.

Quemao: Bus que acaban de trabajar.


Ej: “Ese bus ya viene quemao”.

Rayolear: Acción de abordar un bus


tras otro, sin tener que esperar mu-
chos turnos para abordar bus. Ej: “An-
damos con buena suerte, rayoleando”.

Tey quirisi: pronunciación callejera de


Take it easy (tómalo con calma). Ej. “Tey
quirisi brother que ya le llega su turno”.
Edición·Nº 16 // mayo·agosto·2017
Te l l a m a r í a 5 H e l 3 n4

Te
llamarías
Helena
::::Por:
• Angélica María Bohórquez

VOCES: QUE TOMAR LA PÍLDORA A DESHORAS


ES PELIGROSO, QUE HAY RIESGO SI SE SALE
EL CONDÓN AÚN ANTES DE LA EYACULACIÓN,
QUE UNA MUJER SE EMBARAZÓ CON EL
ESPERMA QUE SU HIJO DEJÓ EN LA TINA...
COMO SI EL CUERPO EXISTIERA PARA ESE FIN
Y NO DEJARA PASAR OPORTUNIDAD ALGUNA.
YO NO PODRÍA SER MADRE -ME REPITO
HIPNOTIZADA POR EL TABLERO DE TURNOS
DEL LABORATORIO- PORQUE LA IDEA DE LO
PERMANENTE ME ATERRA.

NO PODRÍA SER MADRE AHORA NI LUEGO Y


OJALÁ MI CUERPO DEJARA DE INTENTARLO.
Edición·Nº 16 // mayo·agosto·2017
Te l l a m a r í a 5 H e l 3 n4

Anotaciones infantiles

Yamilé apoya la espalda en el lavapla-


tos, celular en mano, para sintonizar
el partido del Nacional en la radio.
Son las ocho de la noche, hace frío
como en otras ciudades (no ésta) y
ella aún no termina con el aseo del
primer piso de la casa. En la cocina
hay cúmulos de platos sucios con
guiso de tomate y grasa de pollo. La
baldosa tiene manchas pegajosas de
pisadas. En la mesa del comedor hay
granos de arroz estrellados y gotas de
jugo rojo. Pero ella no se impacienta
ante el caos, da con la emisora, sube
el volumen y pone el celular en un
mesón. Su vientre tenso en el unifor-
me blanco choca contra el borde. Lo
protege con sus manos mientras fija
la mirada en el piso sucio.

1. La sensación -más bien la certe-


za- de llevar otro ser adentro debe
ser parecida a la que produce un
trabajo final pendiente. Una especie
de desasosiego desvelador al tiempo
que esperanzado; la bifurcación del
camino, que da al mejor y al peor Victoria tiene treinta y siete años. Es trabajadora social y
escenario; el comienzo de un juego su primer empleo estable lo obtuvo en una fundación del
que puede acabar en la renuncia o ICBF, para la protección de niños y adolescentes, ubicada
en una de esas altísimas notas con en Pereira. En su trabajo debió llevar casos de maltrato
apreciaciones que hacen sentir que físico y abuso sexual. Tuvo que convertirse en una mujer
en la vida no importan los amores mesurada para sentir. En la fundación conoció a Jhon, con
perdidos ni los días malos, sino lo quien se casó siendo todavía una mujer mesurada para
que acabaste de obtener (con esfuer- sentir. Años después vinieron a vivir a Cali, Victoria esta-
zo, con conciencia, o sin ellos), eso ba embarazada cuando llegó. Salía al antejardín de su casa
que ahora es tuyo. en la tardes para ver afuera, tomar café y llorar a veces
hasta que anocheciera. Cuando nació Isabella lo primero
que experimentó fue que al fin tenía algo verdaderamente
suyo y debía encargarse de preservarlo, de cuidarla. Y no
hay mesura en ese esfuerzo.

2. Cuidar de alguien más, de una persona pequeña cuya


cabeza puede romperse con un golpe, cuyas manos pue-
den apretar apenas un dedo de adulto, cuya respiración
puede interrumpirse si una sábana de algodón bloquea
las fosas nasales, ha de ser como fijarse en cada movi-
miento de una pareja en la que no se confía: en miradas
que apunten hacia otros lugares y señalen intenciones
Edición·Nº 16 // mayo·agosto·2017

que escapan al espacio que comparten los dos, silencios de verlo y voltear la cara, de estar ahí, enamorada, que-
que hablen de conflictos, evasiones que tracen otro cami- riendo, pero con la identidad a medio hacer, tratando de
no deseado, pasos que lo siguen y se alejan. Cuidar de al- descubrir quién soy. Todo es sencillo porque ahí termina,
guien tan vulnerable debe ser como cuidar de mí misma, cuando me dice “andá, descubrite”, y entonces me voy.
de salir lastimada. El intento por interpretar esos movi-
mientos da origen a una paranoia permanente y manías,
extrañeza, equivocaciones y momentos que se arruinan
en medio de ese esfuerzo. Así que ni porque intente
sobredimensionarlo podría entender lo
Lorena es la mamá de Elisa. El papá de Elisa se llama
Jonathan. Lorena y Jonathan se conocieron en la uni- que es vivir con alguien o tener un corazón
versidad, primer semestre de Comunicación Social en el
latiendo en el útero o cuidar a un ser que
Politécnico Grancolombiano de Bogotá. Tenían dieciocho
y diecinueve años cuando empezaron a salir. Hoy tienen respira por la cabeza.
treinta cuatro y treinta cinco. Elisa apenas cinco y cuando
Lorena le alza la voz, llora y grita “Quiero a mi papá”, pero
Jonathan siempre llega tarde, entonces Lorena la duerme
antes, para evitar líos. A Jonathan no le gusta que la re- Carta a un niño que nunca nació
gañe, tampoco hablar de su mal comportamiento, hablar
del hogar, llegar al hogar, que Lorena le pida plata para el Oriana Fallaci, periodista y escritora italiana, había publi-
mercado, que le diga que necesita el carro. Él merca, él cado seis obras a sus cuarenta años. En 1969, con Nada y
maneja, porque él trabaja. Y aunque ella se quede en casa, así sea, un reportaje sobre la Guerra de Vietnam, obtuvo
todos los días Elisa quiere a su papá. reconocimiento internacional y empezó a consagrarse
como una de las mejores del oficio. Auténtica feminista
3. Vivir con alguien, es decir, con una pareja y formar una con una carrera brillante, dos aspectos que hicieron que
familia debe ser tan engorroso como tener una pareja, sus allegados y colegas se sorprendieran cuando les dio la
pero hay que sobredimensionarlo, lo que resulta difícil noticia de que esperaba un bebé, en los dos sentidos que
pues en mi caso siempre llega el tiempo de encerrarme, encierra el verbo esperar.
Te l l a m a r í a 5 H e l 3 n4

Había tantos juicios, porque era una nidad: la de vacío y fin de las certezas. Es una discusión
profesional brillante y porque no era difícil esa sobre el inicio de la vida:
“señora”. La hostilidad hacia la futura
madre se podía atrapar en las manos: “Yo odio esa palabra que aparece por todas partes y en
cuando iba a consulta médica y decía todos los idiomas. Amo-caminar, amo-beber, amo-fumar,
que era “señorita”, cuando el padre amo-la-libertad, amo-a-mi amante, amo-a-mi-hijo. Trato
del bebé anunciaba que sólo pondría de no usarla nunca, de no preguntarme siquiera si aquello
la mitad del dinero necesario para que perturba mi mente y mi corazón es lo que llaman
arreglar semejante lío, cuando su jefe amor. Pienso en ti en términos de vida”.
la despojaba de toda humanidad para
recordarle que era una productora de
textos para publicación.

Pero las manos de Oriana estaban Eso es el ‘niño’: vida,


ocupadas escribiendo para su “niño”
una conversación extensa (agregar células que revolotean y se
otras reflexiones del libro) en la que
le cuenta que aunque le llame así, multiplican locas, afanadas;
preferiría que naciese mujer, porque
quiere que experimente la vida como
un corazón que surge, como de
su mamá, asumiéndola como un
desafío y una aventura que requiere
la nada, a las tres semanas; un
valentía, y que tenga la posibilidad de cuerpo que empieza a tomar
tomar muchos caminos. Pero le expli-
ca que si es hombre también será feliz forma a las cinco, y que sin
porque además de que recaerán sobre
él menos injusticias, será uno de esos embargo no se distingue del
hombres que las combaten.
de cualquier otro mamífero en
Aquel diálogo unilateral -recogido por
la autora en el libro Carta a un niño
esa etapa de gestación;
que nunca nació- que establece Oria-
na con ese ser, al que empieza a sentir
antes de que la ciencia le confirme manos diminutas a las seis semanas y un par de puntos
que existe, es una declaración de negros e insondables que serán ojos y verán. Claro que hay
amor y un manifiesto. Pero también vida. Claro que puede haber muerte.
es evidencia del trastorno de nuestro
tiempo, una sensación permanente
que ha traído consigo la posmoder-
Edición·Nº 16 // mayo·agosto·2017

El anverso

***

Oriana Fallaci no se convirtió en sexo. Sí era un niño, pero su corazón


madre. La sensación de haber tenido latía con un ritmo extraño, alterado.
otra vida adentro y no tenerla más es, Entonces el doctor, ahí mismo, debió
a veces, la de haber perdido dos vidas. decirle a Emilse, Leonardo y Luna
que el niño padecía lo que se conoce
Emilse aún no ha escrito un libro para como sufrimiento fetal. Que había
ella y su niño. Es doctora en psicolo- empezado a quedarse sin oxígeno,
gía, trabajó en Profamilia, feminista, por una deficiencia en la placenta,
madre de Luna, vive con Leonardo, el y que en realidad sufría, como un
padre de Luna y de su niño, al que le adulto que no puede respirar. Podría
faltaban cuatro meses para nacer. No haber sobrevivido, pero las secuelas
tenía nombre y sin embargo Emil- por la falta de oxígeno serían severas.
se pidió a su familia tiempo para el
duelo, prudencia y silencio. Leonardo Todos se despidieron del niño sin
dice que llora mientras come, que no nombre. Pero Emilse no deja de pen-
puede comer, que no querían perder- sar en él y ve sus fotos estos días.
lo, que ya pensarían en un nombre.
***
El niño de Emilse y Leonardo tenía
veinte semanas. Ellos ya llegaron a Milena es joven, a veces desborda
los cuarenta años. Su cuerpo, el del tanta juventud y desparpajo que
niño, ya era humano y lo verían con provoca invitarle a dejarlo, a limpiar-
Luna en la ecografía de los cinco me- se esa sensación de invulnerabilidad
ses en la que se puede determinar el porque es humana.

Y por una vez lo reconoce: me cuenta que


quedó embarazada a los dieciséis años
de su novio del colegio, “por estúpida,
no porque no supiera que los condones
existen”.

Ella, como Oriana y tantas mujeres, sólo necesitó un par de días de retraso para
entender lo que pasaba: llevaba un niño adentro. Entonces se sentó en la cama
estrecha, tendida de blanco raído, y se golpeó el vientre tan fuerte como pudo.
Cuando entendió, con la misma claridad con que supo que estaba embarazada,
que no era la manera de resolverlo, clavó la mirada en el piso de tierra y pensó
en quién podría ayudarla, poner la mitad del dinero para resolver el problema.
El novio no era una opción, tenía diecisiete años.

Salió de su casa procurando guardar la zozobra en el bolsillo para que sus pa-
dres no la vieran. Luego corrió al colegio. Era miércoles.

4. Estar embarazada sin desearlo debe ser como enfermar de repente por
tiempo indefinido en el momento en que más te gusta salir de casa. Hay días
en los que es mejor quedarse y ver los canales nacionales, embeberse de esos
programas de la tarde que muestran “casos de la vida real”. Pero una dosis
diaria de eso es letal. La mayoría de los días es mejor pasarlos entre calles y
salones. Arreglarte cada mañana, esperar el bus, caminar hasta la universidad,
las clases, el almuerzo, dormir en el pasillo, comer helado, reír y mancharse de
helado, andar de la mano con alguien, besar, follar, follar, comer más helado,
volver a casa sin nada en los bolsillos.
Te l l a m a r í a 5 H e l 3 n4

***

“Cuando llegué a Colombia no había


mujeres, había mamás”, es una frase
conocida de la profesora Florence
Thomas. Docente titular en la Univer-
sidad Nacional de Colombia, coordi-
nadora del grupo ‘Mujer y Sociedad’
del Departamento de Psicología de
la misma institución, columnista en
El Tiempo, madre, ex esposa, abuela
y -el rótulo que seguro le complace
más- feminista. Llegó de Francia, su
país natal, en 1967, con un colombia-
no del que se enamoró.

Esa década, la de los sesenta, presen-


tó una explosión demográfica que como rutina femenina empezó a hacerse popular, pues se
Thomas explica de forma simple: aprobó en Estados Unidos la distribución de la primera
cuando llegó a Colombia no había píldora anticonceptiva. A esta parte del continente la pas-
mujeres, había mamás, porque la pa- tilla llegó en el 61, y al parecer tardó mucho más en entrar
labra ‘no’ estaba fuera del alcance fe- a los hogares del país más conservador de la región.
menino. La imposibilidad de negarse
a ser madres contribuyó al aumento La fase que debía seguir al crecimiento poblacional verti-
vertiginoso de la población, que a su ginoso de los sesentas y setentas, sería la de reducción de
vez causó estragos que persisten. Para la tasa de fecundidad y natalidad, impulsada por factores
dibujar un panorama hay que valerse como la educación sexual, “las oportunidades de empleo
de números: en 1905, inicios de siglo, femenino, [la conciencia de] los mayores costos de la
había 4.7 millones de habitantes en crianza de los hijos, [la tendencia a] las familias más redu-
Colombia. Cien años después, en cidas”i, pues es una fase que deben atravesar las socieda-
2005, el censo poblacional anunció des modernas, que aspiran superar la pobreza.
que éramos más de 42 millones. Esto
indica que el siglo XX tuvo una tasa Pero el nuestro es un país alejado de ese ideal:
de crecimiento poblacional promedio
del 3% anual, que por supuesto varió
según acontecimientos tecnológicos “El Estado colombiano no ha
y culturales.
asumido hasta la Constitución
Para los años cuarenta, nacían unos de 1991, la responsabilidad
ocho bebés por hogar colombiano,
pues en los hijos se veía una fuerza
de proveer instrumentos de
de trabajo importante y necesaria control natal ni de la educación
para las labores del campo. En 1960,
la mencionada explosión demográfi-
reproductiva de la población,
ca, curiosamente, comenzó en parale- por razones religiosas,
lo con un evento histórico de natu-
raleza contraria: la anticoncepción
dejándole esas tareas a una
institución privada, Profamilia,
que ha hecho una labor notable
en la diseminación de las
prácticas contraceptivas”

ii Y a pesar de esa labor, los embarazos en adolescentes


van en aumento (1 de cada 5 madres es adolescente según
el DANEiii) y las tasas de fecundidad son mayores justo en
las zonas más afectadas por la pobreza.
Edición·Nº 16 // mayo·agosto·2017

El desencanto

***

Marena se levanta cuando su hija


sale de la ducha. Usa una camiseta
blanca, que era de su esposo, a la
que le cortó las mangas porque no
gasta en pijamas. Recorre las habi-
taciones, saluda, se para frente a las
escaleras y aunque está atolondrada
intenta mostrarse receptiva, pre-
gunta “¿qué quieren desayunar?”.
Silencio. Entiende que hoy Mariana
amaneció irritable y muda porque
se trasnochó estudiando, que su
marido aún no quiere desayunar
y que el día no ha empezado para
Andrés. Entiende. Va para la cocina.
Así son algunas mañanas.

***

Valeria se plancha el cabello antes


de vestirse por la necesidad de verse
desnuda en el espejo y repasar las
marcas de sus últimos años, una a
una. El vientre flácido, sin estrías,
pero inflado aunque Inés ya tenga
cuatro años, y ella apenas veinti-
siete. Han pasado cuatro años y su
cuerpo no se ve como su cuerpo,
tampoco Inés como su hija o ese
lugar como su habitación. Lorena
y ella se burlan de lo poco que las
niñas parecen quererlas. El espejo
muestra formas y texturas que de
repente hacen que quiera vestirse
de prisa. Pero parece que necesita
reflejarse un poco más, a ver si se
encuentra en esa mujer.

***

Marisol espera a su hija sentada al comedor. “Ya son las ***


9 de la noche y usted sola en la calle”, le dice en la última
llamada. El perro ladra en el segundo piso. Su hijo y su Catalina se durmió por fin. Diana desactiva la función
marido ven televisión con el volumen alto. de wifi del celular y va a la cama. Su esposo, Sebastián,
no tarda en llegar, pero ella, que siempre ha respetado la
hora de dormir, apaga la luz y se acuesta. 10:32. La alarma
Ella ya dejó la cocina arreglada y la comida la programa para las 4:32. La cuna está a pocos pasos, no
va a dejarla sola en otra habitación pues Catalina es todo.
de la niña lista. Huele a humedad y por las Tiempo atrás perdió a otra Catalina en su vientre. Dolió
rendijas de la puerta se cuela el tufillo a por meses, así que quiso buscar sentido en un lugar dife-
rente a la maternidad y empezó una segunda carrera a los
fábrica de cartón. La luz fluorescente sobre 26. Hoy, a los 28, parece una adolescente menuda y peque-
la mesa titila como si fuera a extinguirse. ña. Catalina es inmensa, se parece a Sebastián, que acaba
de llegar y las encuentra dormidas. La casa en silencio le
Es viernes. Todos los viernes son así. recuerda la época en que era novio de Diana y ella vivía
con sus papás. Con cautela alcanza su lado de la cama y se
deja caer en un sueño brusco, fulminante.
Te l l a m a r í a 5 H e l 3 n4

***

Victoria se levanta una hora antes de despertar a sus hijos,


ahora son Isabella y Alejandro. Se mueve en la cama unos
minutos y piensa: “tengo que pararme ya. Ya”. Va al primer
piso, enciende la luz de la cocina. Son las 5 de la mañana.
Abre la nevera, saca el tetero de Alejandro -que después de
lavar con agua hirviendo puso ahí la noche anterior- pre-
para el Pediasure, lo pone en el microondas. Pela la fruta
del desayuno, barre las migas de comida que hay bajo el
comedor. Revuelve seis huevos, corta el pan en rebanadas,
pone a hervir leche, alista los pocillos para el café, prepara
jugo con la fruta que peló, saca las loncheras de los niños
y las llena de paquetes de galletas, vasitos de yogurt, cho-
colatinas jet y tazas con fresas que también lavó la noche
anterior. Se sienta un momento en el sofá y piensa: “¿qué
más tenía que hacer?” y en ese pensamiento se sumerge
hasta que es hora de despertarlos.

***

Cuando Lorena va por la calle hace girar cabezas. Es una ***


flaca de paso sereno, buena postura y cabello largo. Usa
pantalones ajustados, pero jamás se ve vulgar. Lleva las Yamilé termina de hacer aseo a las
gafas de sol en la cabeza, un reloj de pulsera sutil, el bolso diez y se pone a planchar. De nue-
de cuero en esa misma mano y en la otra, la mano de Eli- vo busca algo que escuchar en la
sa. Esta vez conversan sin gritar. Elisa lleva la cabeza bien radio del celular. Marena le deja la
atrás para ver a los ojos a mamá. “¿Dónde estamos, mi colchoneta, la almohada y la cobi-
amor?”. Elisa levanta los hombros. “Será que el parquea- ja en la sala. Le pide que descanse,
dero es por aquí?”. Elisa baja la vista y se pasa la lengua pero Yamilé debe acabar esa noche
por las comisuras de la boca, que aún le saben a helado de para viajar temprano a Candelaria,
chocolate. Mamá jamás recuerda dónde deja el carro, tal el pueblo donde vive con Carlos, el
vez por eso papá odia prestárselo. papá del niño que espera y Jaider, su
hijo menor.

Todos en casa duermen a las 12,


incluso la señorita Mariana, a quien
Yamilé le ha subido un pocillo de
café dulce más temprano. El segundo
piso está apacible. El primero ya está
limpio y faltan un par de camisetas
del joven Andrés para terminar.

Dobla la mesa de planchar con difi-


cultad y apaga la luz de la cocina. El
primer piso está apacible. Se acuesta
en el colchón en la misma posición
en que se ve a su niño en las ecogra-
fías. Ya tiene cinco meses y el sexo
definido. Será Carlos, como el papá.
Le da las buenas noches al niño que
sólo se mueve cuando se antoja de al-
guna comida. Pero esta vez se mueve
para despedirse de su mamá.
Edición·Nº 16 // mayo·agosto·2017

Fin

Milena supo que la única persona


que podría ayudarla, en ese pueblo
de vírgenes, sería un profesor ateo
que le dictaba filosofía desde hacía
tres años. Su familia era humilde
y tradicional. Sus profesoras eran
mujeres mayores, madres todas,
de misa los domingos y medallas
de santos entre los pechos. Corrió
a buscarlo y no debió decir mucho
para que el profesor entendiera que
era un verdadero problema para ella,
que había obtenido el mejor puntaje
en las Pruebas de Estado registrado
jamás en la escuela del pueblo y se
iría a estudiar a la capital.

Tendría unas tres semanas cuando el


profesor le explicó que debía beber
una infusión de vervena y perejil tres
veces al día y le entregó las hierbas
en una bolsa de plástico azul. Milena
lo hizo por varios días, no recuerda
cuántos, en medio de la sangre y las
contracciones, lavando el baño pren-
dida en fiebre, ayudándose con golpes
contra las paredes, que le hicieran Veo a una pareja sentada a varias sillas de mí. Son ancia-
recordar que jamás quedaría emba- nos y aún se toman las manos con fuerza. Esperarán los
razada de nuevo, porque era lo más resultados de una prueba de azúcar, presión, colesterol.
parecido a enfermar de repente y por Desearía la hipoglicemia, las arterias obstruidas, que me
un tiempo indefinido. formulen Prazosina. Me asusta la idea de lo que es per-
manente, incurable por tanto. Y aún así no he dejado de
*** pensar en el nombre de mi niña: Helena, como la mujer
más bella del mundo griego. Mi Helena no llevaría a una
guerra, quizá me daría paz.

Pero la paz es el miedo que se rompe: “Negativo” y ya no


temo nada. La pasta se toma a horas.
D o ss i e r x x : v i v 1 r s i n agu4

Vivir­sin agua
Edición·Nº 16 // mayo·agosto·2017

EN CALI, EN LA LADERA SUROCCIDENTAL, DE LOS GRIFOS NO


SALE AGUA DURANTE HORAS SIN IMPORTAR SI ES TEMPORADA
DE LLUVIAS O DE CALOR SOFOCANTE. HACE AÑOS LOS CORTES
DEL SERVICIO PODÍAN EXTENDERSE DURANTE DÍAS. AHORA ES
CONVENIENTE PREGUNTARNOS SI ES POSIBLE QUE SE REPITAN
LOS ‘DÍAS DE LA ESCASEZ DE AGUA’ EN LA CIUDAD.

:::: Por:
• Abrahán Gutiérrez N. • Lorena Ceballos •
D o ss i e r x x : v i v 1 r s i n agu4

Padecer los cortes del suministro en


distintas décadas
Yolanda García Calero -75 años- suele despertarse a las tres de la mañana. Su
rutina inicia con la preparación del amasijo de las arepas para el desayuno y
para la venta: mezcla harina de maíz trillado con margarina, sal y «el secreto
de la abuela». Es una mujer de sonrisa dulce y, en cuyo rostro, marcado por
arrugas, sobresale la serenidad de su mirada. Si algún foráneo se la topara en
la calle, notaría fácilmente su habilidad para subir, bastón en mano, la pen-
diente que conduce a su hogar: un camino de escaleras retorcidas entre los
muros de las construcciones. para los habitantes del lugar». En la
cocina de Yolanda un contenedor de
En una mañana tranquila, cuando el silencio se impone entre las casas amon- plástico de 200 litros está siempre lle-
tonadas del barrio, ella -madre de cinco hijos y abuela de siete nietos- relata la no “por si las moscas”. Apenas queda
odisea de criar una familia en la zona de ladera. espacio para caminar entre el mesón
y una lavadora.
“Siempre hay que mantener agüita en un tarro. Cuando uno lleva tantos años
en esta loma aprende a ahorrar. Mire –señala una bandeja plástica en el piso-, Los habitantes de ladera, a menudo,
nos paramos en este recipiente y recogemos el agua enjabonada con la que nos no entienden el fenómeno. Una ca-
duchamos para vaciar el baño…”. dena de causas suele imposibilitar la
toma de agua de la red alta del acue-
Yolanda conoce bien la historia del desabastecimiento: «El problema del agua ducto de Cali. Como la cuenca del río
en Alto Jordán es tan viejo como este barrio; hace unos veinte años, cuando está deteriorada debido a que la fron-
nació el menor de los nietos, nos la quitaban durante meses». El Tiempo del tera urbana se extendió hacia lo alto
22 de marzo de 1996 registró: «Un mes y medio completaron los habitantes del de la cordillera –desde que llegaron
Barrio Jordán sin agua». El artículo indicaba que «en el sector hay un daño por los primeros habitantes hacia 1930-
taponamiento de tubería, que sumado a la escasez significa cero litros de agua despojándola de vegetación y, las
labores de explotación minera cargan
de químicos al acuífero, en invierno
es imposible recolectar el agua por la
turbiedad -el arrastre de sedimentos
del suelo asfaltado y desnudo- y en
verano, se baja tanto el nivel que ni
siquiera alcanza la toma.
Edición·Nº 16 // mayo·agosto·2017

***

Jenny del Carmen Avendaño -55 años, trigueña, ojos


miel y gafas redondas- aprieta el pedal de una máquina
plana industrial, una Siruba de origen japonés. A la una
de la tarde, la temperatura en la habitación, medida con
termómetro en mano, alcanza los 38°Celsius. Es modista
desde hace dos décadas y media. Llegó a Cali, proveniente
de Buga, en febrero del 2012, acompañada de su esposo y
dos hijos, en busca de un mejor porvenir; ambos jóvenes
estudian en la Universidad del Valle. Debido a sus escasos
recursos económicos, arrendaron una vivienda que se
ajustara a su realidad: «Vinimos a Polvorines porque era
el único lugar en el que conseguimos casa sin fiadores.
Nosotros no somos de aquí, tenemos que guerrearla duro
para sobrevivir».

De lunes a viernes, Jenny se despierta a las cinco de la


madrugada, los fines de semana duerme hasta las ocho.
En un día normal cose prendas de vestir durante nueve
horas; la subcontrata una empresa de confecciones. Sus
ingresos dependen de que le resulte “trabajito” y afirma
que «el negocio se pone bueno durante la temporada esco-
lar». Su mayor orgullo son sus hijos, dice que “son exce-
lentes en el estudio”. Cuando cortaban el servicio de agua
en Polvorines, los muchachos debían recorrer cuadras
enteras con baldes llenos sobre sus hombros.

“La situación era crítica, porque no avisaban cuando la


iban a quitar. Si usted se descuidaba, cuando se daba
cuenta, ya no salía ni una gota por la llave. En muchas
ocasiones duramos días sin el servicio, sin haber apañado
una sola gota de agua”.

***

Daniel Hernando Posada Suárez, Gerente de Acueducto y


Alcantarillado de Emcali, tiene casi treinta años de expe-
riencia en el manejo de recursos hídricos. Antes de arribar
a Cali había trabajado dos décadas y media en el Acueduc-
to de Bogotá y, luego, asumió la Gerencia de la Empresa de
Acueducto y Alcantarillado de Yopal. Es un “hombre del
agua” que, con voz serena y mirada indescifrable, afir-
ma que “el desabastecimiento producido por el cambio
climático en Cali no es tan agudo debido a que el 75% del
consumo de la población se toma del río Cauca y, normal-
mente, esta fuente tiene el potencial para responder al
volumen demandado, incluso en temporada seca, porque
la cuenca se halla en buen estado”.
D o ss i e r x x : v i v 1 r s i n agu4

Afirma que la cuarta parte de la


población de Cali, el 25% restante, se
abastece de los ríos Cali, Meléndez
y Pance. No obstante, mientras la
cuenca del río Pance está bien preser-
vada y genera un volumen constante
de agua, el caudal de los ríos Cali y
Meléndez suele disminuir en época
de estiaje, cuando su caudal se reduce
a niveles mínimos. Precisamente la
minería y los asentamientos urbanos
sin planificación, en la ladera suroc-
cidental, terminaron deteriorando
al Meléndez. El agua no llega a las
tomas de la red de zona alta y, hasta
el 2015, de los grifos no salía una
gota; al menos, sesenta mil personas El cuerpo de un adulto está compuesto en un 60% de agua
debían padecer sed, en suspensiones y pierde al día más de un litro en sus funciones vitales:
que podían durar horas o extenderse en la orina, 0.5 litros; en la respiración, 0.6 litros; en la
durante días. El evento ocurría en excreción 0,15 litros y en la transpiración, 0,2 litros. La Or-
extremos climáticos: épocas muy llu- ganización Mundial de la Salud considera que el volumen
viosas o épocas de extrema sequía. mínimo de agua para asegurar la supervivencia es de 25 li-
tros por persona al día. En Colombia, la normatividad hace
variar el mínimo requerido con respecto a la temperatura y
*** la altitud sobre el nivel del mar. Esta variación oscila entre
80 litros persona día para tierra fría y 100-120 litros perso-
Matar la sed con menos na día para clima caliente; esta medida es más restrictiva
del mínimo cuando hay verano fuerte como el que se presenta con el
Fenómeno de El Niño. Daniel Carlosama, de El Alto Nápo-
Daniel Carlosama -19 años, blanco, les, vivió tres días con menos de la mitad de esa cantidad,
cabello largo- se crió en el barrio Alto tan sólo con 7.5 litros, la capacidad de un baño ahorrador.
Nápoles. Sus padres, oriundos de
Ipiales, Nariño, migraron a la ciudad ***
a estudiar contaduría; nunca se gra-
duaron pero en el Alto Nápoles inicia- La cuenca del río Meléndez posee la fragilidad de un
ron una nueva vida. En la actualidad, enfermo terminal: debido a la ausencia de bosque nativo,
él reside en un apartaestudio del no retiene agua. Las consecuencias no sólo se expresan en
sector que lo vio crecer. «Vivo solo y los días de sequía. En temporada de lluvias el afluente se
mi pileta es pequeñita. Si me pregun- enturbia por el arrastre de sedimentos y como la planta de
tás cómo describo los días sin agua, te potabilización no fue diseñada para tratar agua en estas
respondo fácil: son un suplicio. Hubo condiciones, el operador del acueducto debe cerrar la
una ocasión en la que me tocó aplicar toma. Daniel Hernando Posada Suárez afirma que Emcali
técnicas de supervivencia: le quité la diseñó un plan de contingencia para abastecer las zonas
tapa al tanque del sanitario y me bañé de ladera en “casos excepcionales, en los que un corte del
con lo que había ahí». En esa ocasión servicio no debería durar más de unas cuantas horas”:
el agua se demoró tres días en llegar. «Cuando tenemos un corte por turbiedad o baja de caudal
en el río Meléndez, trasvasamos agua desde la parte la baja
–de la que viene del río Cauca- hacia la parte alta, por me-
dio de la estación de bombeo de Nápoles. Básicamente, es
la manera de atender la demanda de déficit que se puede
producir por la exclusión de caudal del río Meléndez en la
ladera», dice.
Edición·Nº 16 // mayo·agosto·2017

***

Victoria Hernández -27 años, trigue- del 2016 sufrió los embates del racionamiento: «¡Era
ña, cabello negro y liso- vive desde terrible! Por lo general, quitaban el agua en la madrugada,
hace año y medio en el sector de los niños no podían bañarse antes de ir a la escuela y por
Meléndez, en el conjunto de apar- eso, a veces, no había guardería».
tamentos Madrigal Campestre, 20
torres erguidas en la parte media del ***
lomerío. Es madre de dos infantes -de
ocho y un año y medio- que despide Pocos científicos advierten, de forma reiterada, las con-
todas las mañanas con besos y abra- secuencias futuras de no recuperar el río Cauca como la
zos. Su esposo, Eduardo, es el encar- investigadora del Cinara Inés Restrepo Tarquino, que lleva
gado de llevarlos a la escuela y guar- veintiséis años desarrollando alternativas en torno a la
dería, respectivamente. A comienzo gestión sostenible de recursos hídricos. Según esta exper-
ta, tres cuartos de Cali se abastecen con agua del río Cau-
ca, sin embargo, el afluente sufre una gran contaminación
en su trayecto desde el norte del Cauca. Los caleños somos
parte del problema porque descargamos todas las aguas
residuales y de lluvia a cuatro kilómetros de la bocatoma
de la planta de Puerto Mallarino –justo en donde se recoge
al agua para potabilización-. Cuando mengua el caudal del
río la proporción de contaminantes que vacían las pobla-
ciones “de aquí a la salvajina” se incrementa a niveles tan
alarmantes que se debe cerrar la toma.
D o ss i e r x x : v i v 1 r s i n agu4

***

Esteban Riascos -46 años, delgado, bigote y nariz aguileña- llega a su casa, en
las inmediaciones de Polvorines, escurriendo agua. Es un miércoles lluvioso
de junio, nueve y cinco de la noche. Su domicilio queda en un sector llamado
“El ocho”. En la puerta metálica de la vivienda hay un agujero redondo de unos
cuantos milímetros. Si se mira hacia el interior, el caos reina en el recinto:
una mesa de madera sin pulir, una poltrona y algunas sillas Rimax, están
esparcidas sin orden aparente. El agujero está ahí desde hace dieciséis años,
desde el día en que asesinaron a uno de sus hermanos. Estaba en estado de
alicoramiento cuando se recostó en la puerta para escapar de sus verdugos. El
boquete en el metal recuerda tiempos difíciles. Esteban, tecnólogo del Sena, es
“cristiano”; aunque ahora cree en el perdón, defiende la idea de salir a tapar las
calles cuando lo dejan sin agua.

“Usted no puede imaginarse lo desesperante que es pasar


varios días sin bañarse dentro de una casa con techo de
zinc. Aquí no nos quitaban el agua durante cuatro días,
nos la quitaban durante meses, la ponían unas horitas
cada dos o tres días para que recogiéramos”.
Edición·Nº 16 // mayo·agosto·2017

***

Si hacemos las cuentas, la ciudad requiere poco menos


de 9 m3 por segundo de agua, de los cuales tan sólo 6 mil
litros (6 m3/s) por segundo provienen del Cauca. En un día
normal, Cali demanda aproximadamente 777.600 m3 del
líquido. En teoría, con la conexión de la redes baja y alta La magia en el agua
del acueducto, “se solucionaría el problema de las laderas”
dejando a Cali completamente dependiente del principal Esteban Riascos tiene un curso en
afluente, el río Cauca. Pero, ¿qué pasará si se debe cerrar la cargar llantas y troncos para cerrar
bocatoma del río Cauca? el paso en la carretera. «El operativo
es fácil y efectivo, cuando se les va
La mayoría olvida que el fluido también se ausenta en la mano hay que taparles Tres esqui-
temporada de lluvias. A medida que los aguaceros arre- nas. Así sí mandan los carrotanques,
cian en el norte del Cauca, los ríos Palo y Desbaratado, con pero a veces el agua viene sucia con
cuencas moribundas por las décadas de deterioro minero combustible». El año pasado estuvo
y la extensión de la frontera agrícola, arrastran palizadas enfermo en dos ocasiones: dengue y
y convierten al río Cauca en un lodazal. El agua es intrata- zika. Atribuye el contagio de estos vi-
ble. Supera por 6 mil unidades el máximo permitido por rus a la proliferación de zancudos en
el Decreto de Usos del agua y residuos, que fija estándares el barrio: «La gente almacena agua en
de un máximo 3000 unidades de turbiedad. Se suspende cualquier frasco y después las larvas
la toma y, a partir de ese instante, la población depende se reproducen por montones. Los ve-
del Reservorio de aguas de Puerto Mallarino, que con cinos no tapaban bien las vasijas y se
una capacidad de 80.000 m³ logra mitigar la demanda de generaban problemas de salud. Baje
los caleños apenas durante un poco más de dos horas y al Jordán en época de sequía y verá
media. La conexión de las redes baja y alta, se vislumbra que ese barrio es un hervidero
como una solución ‘muy temporal’ al desabastecimiento. de zancudos».
D o ss i e r x x : v i v 1 r s i n agu4

***

En el tercer día de desabastecimiento, Daniel Carlosama


reconoció algunos vecinos con baldes en la calle. Supuso
que habían enviado un camión cisterna para repartir el
líquido y salió con la esperanza de hallar agua potable. La
fila era colosal: decenas de personas se agolpaban espe-
rando turno. De las entrañas de la tierra, oculto bajo una
tapa de concreto, brotaba un pequeño hilo que siempre ‘si no se ayuda a proteger el río, la calidad
se desperdiciaba en la alcantarilla; un atisbo de la fábrica
del agua disminuirá y el problema a futuro
de agua que era la cordillera antes de ser devorada por el
asfalto. Esperó cuatro horas bajo el sol ácido de la tarde y es que, si disminuye su volumen, el río
cuando al fin pudo llenar su recipiente era de noche. Al re-
Cauca será una cloaca’.
gresar a casa, un borbollón de agua a baja presión, teñido
por el exceso de cloro, llenaba su pequeña “pileta”.

¿Qué hacer sin el río Cauca? El agotamiento de las cuencas hidrográficas está relacio-
nado de forma directa con la preservación de los páramos.
El vertido de contaminantes -desagües de fábricas y Según la investigadora del Cinara, el cambio climático
lixiviados provenientes de rellenos sanitarios- en el río genera incrementos de temperatura intolerables para los
Cauca, causa alarma en los expertos. A Inés Restrepo páramos: ‘muchos estiman que, en menos de un siglo, los
Tarquino la perturba la inoperancia de la legislación am- páramos y glaciares desaparecerán’. El fin de estos sis-
biental en estos casos: ‘‘Aunque existe la normatividad, la temas implica el fin de los ríos. «El macizo colombiano,
Resolución 0631, que pone límite a los vertimientos, y las un páramo gigantesco, es el que bota el agua para el río
autoridades ambientales (en el Cauca, la CRC; en el Valle Cauca, el río Magdalena, el río Putumayo, el río Caquetá...
la CVC y en Cali, el DAGMA), los organismos de control no El fin de la vegetación de páramos es un problema gravísi-
cuentan con la capacidad técnica para hacer control de mo, un problema que podría secar cualquier río. Muchos
esos vertimientos’. Flota en el aire su preocupación: de los afluentes que caen al Cauca desaparecerán».
Edición·Nº 16 // mayo·agosto·2017

Son alarmantes estas proyecciones. recinto goza de un pequeño tragaluz sobre el lavamanos
El día en que los extremos climáticos y, en la parte superior de la entrada, un crucifijo “exorciza
se extiendan y la contaminación del los malos tiempos”. La anciana, encorvada por efecto del
río Cauca se agudice, debido a nuestra tiempo, afirma que desde hace treinta años habita en El
Cauca-dependencia, el problema del Alto Jordán. Cuando habla del terruño en el que construyó
desabastecimiento no se limitará a una familia con Hernando Restrepo, su amor de toda la
las zonas de ladera, sino que afectará vida, se le quiebra la voz. A menudo interrumpe el relato
a toda Cali. No habrá agua en ningún cuando lanza un manotazo para aplastar un zancudo con-
grifo y las personas desesperadas tra la pared. Los zancudos abundan en la temporada de
podrían volcarse a las calles a exigir calor, los meses calurosos suelen advertir ‘que se vienen
el recurso mediante bloqueos –como días sin agua’.
el pasado-. El día en que el páramo
muera por la desidia administrativa, Esteban Riascos conoció a Yolanda García Calero en una
no habrá protesta que traiga el agua fila para acceder al líquido de un carrotanque en el 2012:
de vuelta. Padeceremos sed, Cali se «Como nos quitaban el servicio y a veces allá arriba no
peleará por agua, mientras lo único llegaban los tanques, veníamos en el motocarro con el que
que arrastren los ríos será un flujo trabajo para subir los baldes. En esos días doña Yolanda
continuo de sustancia tóxicas. me contrató para llevarle unos timbos hasta la casa». Son-
ríe. Fue por esa fecha cuando se unieron para protestar,
*** bloquear calles y exigir. Llegó ese instante en el que todos
empezaron a planificar “mecanismos de presión”, cuando
El baño de Yolanda García Calero se agotaron, desesperaron, y emergió una suerte de sen-
tiene un metro de ancho por metro tido de justicia, de reclamo por la falta de soluciones a un
y medio de largo. Desde el exterior problema de décadas.
se puede ver el reflejo de la anciana
en el espejo embadurnado por las
salpicaduras de crema dental. El
D o ss i e r x x : v i v 1 r s i n agu4

***

Daniel Carlosama recuerda el mes


aproximado del 2015 en que empezó
la crisis: “Más o menos en junio, por
culpa del Fenómeno del niño”. La
desesperación se apoderaba de los
habitantes del Alto Nápoles, quienes,
machete y palo en mano, desviaban
los carrotanques de su ruta estable-
cida. La gente del barrio se compor-
taba cada vez más agresiva. A veces
los carrotanques eran escoltados ***
por la policía, pero eso generaba
molestia entre los pobladores. Los Después de beber el café de la mañana, el 14 de septiembre del 2012, Jenny del
choferes de los camiones cisterna Carmen Avendaño escuchó que sus hijos iban a apoyar las protestas del Bajo
eran amenazados. «En Nápoles hay Jordán. En Polvorines el agua llegaba por horas y ya se habían acostumbrado
sectores críticos a los que no llegó a tener un montón de tarros plásticos con el líquido almacenado: «Siempre
el agua durante meses, por ejemplo, llenábamos los tarros tan pronto veíamos que dejaba de llover». Ese día, Jenny
Cuatro Esquinas. Sin agua cualquiera no cosió prenda alguna, salió junto a sus hijos a recorrer las calles. Habitantes
pierde la racionalidad, se deja llevar de Altos de los Chorros, Nápoles y Alto y Bajo Jordán se reunieron para exigir
por la ira, personas buenas termina- soluciones. Emcali anunció la ejecución de un plan de contingencia con el que
ban amenazando a los motoristas de mitigó el impacto del desabastecimiento mediante la distribución de agua con
los camiones cisterna». carros cisterna.

En agosto del 2015, los niveles de agua”. Ahora camina ágilmente loma
los ríos Cali y Meléndez disminu- abajo, su piel de brea contrasta con el
yeron –otra vez- de forma crítica y pavimento gris. No hay brisa, no hay
Julián Lora, gerente de Acueducto y árboles, el resplandor del sol sobre la
Alcantarillado de Emcali, garantizó el carretera es enceguecedor. Mientras
suministro de agua, a la Comuna 18, baja la pendiente con “agilidad de
mediante la prestación del servicio muchacho” comenta que, si este año
cada día de por medio: martes, jueves vuelve a haber sequía, los habitantes
y sábados. El Fenómeno del Niño, del sector deberán subir la montaña
un patrón climático que genera en el con tarros al hombro. «Ojalá siga
Valle del Cauca el incremento de la lloviendo, mijo… Ojalá».
temperatura y sequía de los acuíferos,
se extendió hasta enero del 2016. Los Sin embargo, la escasez no ocurre
ciudadanos de a pie suelen recordar sólo por la temporada de calor y eso
la escasez en época de calor, cuando bien lo sabe Inés Restrepo Tarquino,
este fenómeno somete la capital va- con veintiséis años en busca de ase-
llecaucana a temperaturas que sobre- gurar el futuro hídrico de las gene-
pasan los 35 grados Celsius dentro de raciones venideras de Cali a partir
las casas revestidas con tejas de zinc. de sus investigaciones. Si alguien le
pregunta cómo terminar para siem-
*** pre con los cortes de agua en Cali,
respira profundo y con veredicto
Los fines de semana, Yolanda García inapelable afirma:
Calero enciende un fogón frente a su
casa. Las cenizas ascienden conforme La solución ideal sería que se descon-
abanica y abanica y abanica una tapa taminaran los ríos que llegan al Cauca,
sobre los leños. Es una trabajadora in- se controlara la contaminación directa
fatigable. Durante los primeros meses y la reforestación de las cuencas hi-
del 2016 soportó el calor asfixiante drográficas del departamento del Cau-
y la agonía de su negocio de sába- ca y el Valle. Pero nadie quiere darse la
do: “los tamalitos no se cocinan sin pela política que esto requiere.
Edición·Nº 16 // mayo·agosto·2017
Esc u e l a d e R e p o r t aje : Maus
Edición·Nº 16 // marzo·2017
Esc u e l a d e R e p o r t aje : Maus

:::: Autores (en negrita y con los puntos al inicio)


• Nombre del Autor • Nombre del Autor 2 • Nombre del Autor 3 •

A
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quis pulvinar diam tincidunt sed.

Nombre Autor (si cierra así)


Edición·Nº 16 // marzo·2017
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Fo to r e p o r t a j e : L a magi 4 de la cul7ura e n s u fiest4

LA MAGIA DE
LA CULTURA EN
SU FIESTA
Edición·Nº 16 // mayo·agosto·2017

:::: Por
• Daniel Arteaga

E
s detenerse un segundo a contemplar. Del rincón marginado por la lucha

nace la gota de sudor que hace de prisma, y se resbala por la frente repar-

tiendo colores; se pavonea por la boca con el gusto de saberse tradición; se

repliega por el cuello para dar frescura con la brisa del Pacífico. Es mirar con

detenimiento la magia del oriente en su fiesta. Cuando un niño ríe y salta y el

polvo levanta, el suelo deja de ser sencillamente un pedazo de tierra.


Fo to r e p o r t a j e : L a magi 4 de la cul7ura e n s u fiest4
Edición·Nº 16 // mayo·agosto·2017
Fo to r e p o r t a j e : L a magi 4 de la cul7ura e n s u fiest4
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Fo to r e p o r t a j e : L a magi 4 de la cul7ura e n s u fiest4
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Fo to r e p o r t a j e : L a magi 4 de la cul7ura e n s u fiest4
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C iu d a d V a g a

Exposición fotográfica “Incautados” de Pablo Hare. 2013-2016.


Museo de Arte de Lima (MALI), 2017. www.pablohare.com/incautados
Fotografía: Paulo Ledesma.
Fo to r e p o r t a j e : L a magi 4 de la cul7ura e n s u fiest4