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50 aplicaciones prácticas para potenciar el

cerebro y aprendizaje dentro del aula


La profesora Tracy Tokuhama-Espinosa, Ph.D., es la autora del libro “Haciendo Mejores Clases
(Making Classrooms Better)”, donde plantea 50 aplicaciones prácticas de la ciencia de la Mente,
Cerebro y Educación (M – C – E) para introducir cambios e impactos positivos en el proceso de
enseñanza-aprendizaje dentro del aula, apoyados por la tecnología y neurociencia. Ella ha
hecho un resumen de su obra en 11 videos, los que se pueden ver y analizar en Internet
(https://www.youtube.com/watch?v=mrU3esgUVtM).

Expresa que, a partir de los estudios del cerebro, desde la década de los 90’, es que se ha
podido ir más allá de los mitos sobre éste, pasando a ser considerado como un órgano integrado
que es complejo, con redes neuronales, lo que está impactando en educación al ser conscientes
que se precisan mejores metodologías para que los estudiantes tengan mayores posibilidades
de aprender. Se han identificado unos 150 factores que influyen en el aprendizaje (desde el
peso al nacer) y 47 de ellos dependen directamente de nosotros los docentes.

La educación debe avanzar más rápido, ponerse a la par de otros avances y cambios en la
sociedad. Debe lograr formar aprendices, personas que tengan las herramientas y
competencias para seguir aprendiendo por sí mismas o con la inquietud permanente de
aprender y poder decidir ¿qué vale la pena aprender?

Trabajo colaborativo.

Las mejores prácticas tienen que ver con planificación, diseño de actividades y evaluación.

Hay que transitar desde la educación a las ciencias del aprendizaje (M – C - E), donde
convergen psicología, neurociencia y la pedagogía.

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Enseñar tomando en cuenta cómo aprende el cerebro. Se sabe cada vez de lo sucede en el
cerebro cuando se aprende, pero muy poco de qué ocurre cuando se enseña.

La pedagogía por sí sola no ha logrado en 125 años de educación formal responder a la


pregunta: ¿Cómo hacer clases que permitan a los estudiantes aprender?

Las premisas vitales para el aprendizaje son: memoria y atención.

1. Plantear actividades que capten la atención y que se centren en el estudiante. Que


sea él el centro de atención. Pero, el docente debe dejar claro el objetivo de la clase para
que el estudiante no se pierda. Tb la atención va de la mano del afecto que haya en la
sala y entre docente y estudiantes.
2. Actividades que estimulen la memoria, pues sin memoria no hay aprendizaje, y el
aprendizaje parte de los sentidos. Por tanto, hay variadas maneras de que la
información llegue al cerebro.
3. La memoria se estimula mejor a través de actividades espaciadas en el tiempo, que
concentradas en pocas horas, pues se refuerza lo aprendido en varias ocasiones.
Así, conceptos clave, por ejemplo, hay que reutiizarlos durante el semestre o año.
4. Planificar para repetir una idea, concepto o conocimiento de diferentes maneras.
Hay que usar la relación fonoauditiva (decir y escuchar). Por eso, es bueno leer en
voz alta.
5. Reforzar la repetición con otras maneras de captar la información, por ejemplo,
haciendo un mapa conceptual al final o un dibujo,
6. Planear lecciones auténticas. Relacionar la información nueva con el contexto del
estudiante. Hacer cotidiano el aprendizaje. Requiere que el docente conozca a sus
educandos.
7. Implementar la evaluación formativa. Permite una retroalimentación continua. Es
como la repetición. La ignorancia es el ingrediente clave del aprendizaje. Se aprende
cuando se toma conciencia de que no se sabía. La evaluación formativa es para ayudar

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a los estudiantes a mejorar sus procedimientos de aprendizaje, de hacer, y de
comprender que el error permite aprender.
8. La evaluación implica “3 P” o momentos: Proceso – Progreso y Producto.
9. Aplicación de mini pruebas como insumo para mejorar los aprendizajes antes de
la prueba final. Ayuda a la recuperación de la información. Centra a los estudiantes en
los aprendizajes clave. Es un llamado de atención.
10. Ser claro al dar el objetivo de la clase y qué se espera de los estudiantes. No ser
ambiguo ni dar cavidad a la duda. Comunicación efectiva.
11. Claridad e inmediatez. Vocabulario preciso y responder las preguntas de los
estudiantes en el momento, no dejarlas para el final, pues el alumno necesita la respuesta
ahora para seguir avanzando. Y, no ser agresivo o irónico al responder. Sentirse feliz de
que los estudiantes pregunten.
12. Retroalimentar poniendo el acento en lo clave. Ejemplo: hacer resúmenes cada cierto
tiempo. Elaborar mapas conceptuales, etc. También, retroalimentar en lo afectivo, lo
emocional. Y, ser justo en los “premios” que damos. Que los estudiantes no sientan que
el docente es “barrero”.
13. Construir buenas relaciones entre docente y sus estudiantes. Lo afectivo es clave
para que los estudiantes puedan tener éxito en nuestras clases. Hay que crear puentes
de confianza y reforzarlos siempre. De aquí, viene la diferencia entre “docente experto”
y “docente con experiencia”. El primero, se adapta a la clase, maneja los tiempos, las
motivaciones, intereses, temores y a la manera de aprender de sus estudiantes, por lo
que ve a cada curso de manera diferente, mientras que el segundo hace clases como a
él le enseñaron, es decir, replica un modo académico que no contextualiza.
14. Creer en los estudiantes y su potencial de aprender. Y, motivarlos, desafiarlos,
apoyarlos de acuerdo a sus estilos de aprendizaje, carencias, curiosidad, etc. Aquí, el
docente impacta positiva o negativamente. No ser prejuiciosos.
15. Fomentar la metacognición. Aprender a ser conscientes de nuestra manera de pensar
y actuar.

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16. Emplear mejores actividades en el aula. Tienen que ser divertidas, centradas en el
estudiante, auténticas, holísticas, reflexivas, sociales, colaborativas, etc. Ellas deben
captar la atención y estimular la memoria.
17. Enseñar a los estudiantes a través de actividades en que deban comparar y hallar
similitudes y diferencias. ¿Por qué? Porque el cerebro ordena la información a través
de patrones.
18. Trabajar el resumen, la toma de apuntes y el mapa conceptual por parte del
estudiante. ¿Por qué? Porque desafía a analizar y seleccionar información. Implica
comprensión, parafraseo, evaluación.
19. Reforzar el esfuerzo y reconocer el progreso del estudiante.
20. Dar tareas que tengan propósitos claros y de práctica. Como las de repetición y
recuperación de información para estimular la memoria y centrar la atención en lo
importante que el docente desea que aprendan sus estudiantes.
21. Preparar a los estudiantes para que establezcan sus propios objetivos de
aprendizaje y que se retroalimenten a sí mismos. Con ello, se trabaja su autonomía
como aprendiz. El o ella se plantea desafíos en cada clase, para luego evaluar su avance.
22. Enseñar a los estudiantes a elaborar y probar hipótesis. ¿Qué crees que va a pasar?
Esta pregunta se puede plantear a los estudiantes desde los 3 años en adelante. Así,
introducimos a los alumnos a uso del método científico y al desarrollo de su curiosidad.
Método indagatorio.
23. Ante preguntas de los estudiantes, dé pistas o disparadores de memoria. Que ellos
busquen o elaboren la respuesta o conclusiones. Así, practicamos la evaluación y
reflexión.
24. Usar la metodología socrática. La mayéutica. Preguntas esenciales. Se busca que
el estudiante logre darse cuenta qué no sabe o ignora, que piense, analice, evalúe.
reflexione.
25. Cultivar el arte de preguntar. El conocimiento está en la pregunta, no en la respuesta.
Cuestionar para aprender.

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26. Enseñar y trabajar en el aula con relación al Aprendizaje Basado en Problemas
(ABP). Se fomenta el trabajo colaborativo y el desarrollo de habilidades superiores,
memoria, curiosidad e imaginación.
27. Fomentar el aprendizaje cooperativo. Permite intercambiar ideas. Retroalimentación.
28. Incorporar la enseñanza recíproca. Los estudiantes asumen la responsabilidad de
investigar o hacerse cargo de una parte del trabajo para transferirla a los demás
integrantes del equipo. La premisa es que los estudiantes “aprenden más y mejor cuando
se enseñan entre ellos”.
29. Incorporar el estudio de casos. Los estudiantes asumen roles y puntos de vista de los
involucrados en caso, que son reales.
30. Aprender mediante el poder de las analogías. Es acercar un concepto o experiencia
no aprendido o vivida con algo cotidiano del estudiante. El cerebro guarda información
mediante patrones, por lo que lo nuevo, para entenderlo, debe relacionarlo con un patrón
ya internalizado. Ejemplo: “El motor de un automóvil es tan importante como el corazón
para nosotros”.
31. Implementar las “5 e”: enganchar (es la motivación), explorar, explicar, elaborar y
evaluar. Por ejemplo: se presenta a la clase una imagen de una oveja de dos cabezas
(enganche). De ahí, se pide a los estudiantes que exploren (investiguen) para dar una
explicación de por qué sucedió tal anomalía. Elaboran respuestas y evalúan el trabajo
realizado. Este método logra aprendizajes de largo plazo, pues estimula mucho la
atención y memoria al enfrentar al estudiante a experiencias y a utilizar sus aprendizajes
previos.
32. Mejorar la autoeficacia del estudiante. Si un estudiante cree que puede aprender, lo
hará y viceversa. Por ello, es clave que los docentes inculquen un sentido de auto
confianza en sus estudiantes y que les transmitan su propia confianza en que ellos y
ellas pueden aprender. Aquí, hay mucho de afecto. En ocasiones, los estudiantes captan
los prejuicios que tenemos sobre ellos.
33. Mantener altas expectativas. Transmitir a los estudiantes las altas expectativas que
tenemos en ellos y ellas, y en que sí pueden aprender. No hacer lo contrario, pues en
ocasiones, inconscientemente, les enviamos mensajes de que no creemos en que lo

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logren. Además, hay que ayudarles rápidamente a superar los fracasos, pues se van
acostumbrando a fracasar. Es un efecto dominó. Y, al revés, de un éxito surge otro éxito,
etc. Y, como docentes, podemos aportar a nuestros estudiantes a reforzar los círculos
virtuosos o a salir rápidamente de los círculos negativos o de fracaso.
34. Ver el aprendizaje como un fluido. La inteligencia es fluida, no fija. Además, hay
plasticidad neuronal. Por ello, no es recomendable etiquetar a los estudiantes en malos,
mediocres o buenos, pues hay que ayudarles a aprender y entrar en un círculo virtuoso.
Hay que trabajar su autoestima y diseñar experiencias de aprendizaje diversas. Además,
todos tenemos el potencial de aprender y, ello, ocurre hasta nuestra muerte.
35. Apreciar el rol del afecto en el aprendizaje. Las emociones influyen en el aprendizaje,
facilitándolo o dificultándolo. Si el estudiante se siente a gusto, sin amenazas, en la sala
de clases y escuela, entonces hay buenas condiciones para que pueda aprender.
36. Tomar la iniciativa en la cognición social. Se trata de entender al otro y de respetarlo
con nuestra comunicación verbal y no verbal, con nuestras percepciones. No ser
prejuiciosos sobre sus capacidades, su origen étnico, social, etc.
37. Premiar la perseverancia y celebrar el error. Enseñar que el error es una oportunidad
de aprendizaje. No castigarlo ni ironizar respecto de quien se equivoca. Enseñar que la
crítica (que se compone de la suma de lo bueno y malo de una acción) es una
oportunidad de reflexión, metacognición y avance. No debe entenderse como una
agresión o amenaza. “Mis errores son mi motivación”. Por ello, no solo se debe reconocer
o destacar el trabajo excelente, también los buenos intentos y la perseverancia. “Atrévete
a errar, pues estamos para ayudarte y apoyarte a mejorar” debería ser el eslogan de la
escuela.
38. Motivar. Los estudiantes deben aprender a automotivarse, pero, también, debe hacerlo
el docente con ellos y ellas. Un método es dar retos o desafíos paulatinos a los
estudiantes, de manera que no perciban que es irrealizable lo que se les pide hacer. Que
resuelvan los problemas por etapas, cuya complejidad aumenta. “La motivación es la
gasolina del cerebro” y va de la mano de la preocupación que los estudiantes perciban
de parte del profesor(a).

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39. Nunca trabajar más duro que sus estudiantes. La persona que hace el mayor trabajo
es la que aprende. Hay que planificar situaciones desafiantes en que los alumnos(as)
investiguen, exploren y elaboren las respuestas.
40. Ser un apasionado de la profesión docente. Un profesor no puede permitirse la apatía
o el miedo a querer cambiar, a querer aprender nuevas metodologías y didácticas, a
explorar en su aula, a equivocarse y mejorar. La pasión o falta de pasión es percibida
por los estudiantes y puede influir en su aprendizaje. Sin pasión no hay motivación y no
hay aprendizaje.
41. Diseñar aulas participativas que inspiren. Un aula motivada es como una película de
eterno suspenso. Nuestro cerebro no presta atención solo a una cosa, sino a varias y en
diferentes momentos. Y, en esto, es clave que los estudiantes participen activamente de
la clase, no que sean meros espectadores. No hay que alejar las materias de la vida de
los estudiantes. Hay que lograr desarrollar clases auténticas.
42. Manejo de la clase o grupo. Hay que desarrollar las habilidades para manejar el
ambiente socio-emocional de la clase, fomentar la experimentación, altas expectativas y
el uso del error como aprendizaje. Un solo estudiante puede ser capaz de desenfocar
toda la clase y echar por tierra nuestra planificación y trabajo. Eso sí, el buen manejo de
clases no significa un grupo en SILENCIO, sino un grupo que trabaja para aprender y el
trabajo implica ruido, preguntas, debate, etc. Una menor cantidad de estudiantes no es
sinónimo de mejor manejo de grupo; lo clave, es la disposición y las habilidades que
tengo para guiar, contener, controlar, emocionar, empatizar, etc.
43. Utilizar rutinas de pensamiento. Ver “21 rutinas de pensamiento (2011)” de Ritchhart,
Church y Morrison. El objetivo es que los estudiantes mejoren sus niveles de
comprensión de lo trabajado en clases y de la vida, en general. Un ejemplo, es plantear
que en el diario de mañana se informará de lo trabajado en clases, entonces: ¿Cuál sería
el titular?
44. Mantenerse al día con la tecnología e integrarla al aula. Hay evidencias que la
tecnología “cambia” el cerebro. Ello, es parte de nuestra evolución como seres humanos,
desde que los primeros homínidos comenzaron a usar piedras como herramientas. Así,
se plantea que nuestros cerebros se han conectado de manera diferente a generaciones

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anteriores. El docente debe conocer y evaluar si una tecnología u otra puede apoyar su
trabajo pedagógico en el aula y si ella serviría de apoyo para que sus estudiantes
aprendan. Sí, no hay que perder la lectura en papel, pues es más efectiva que la lectura
de textos en una pantalla. En papel es más rápida y hay mayor retención de la
información.
45. Prestar atención a edades y etapas. Uno es la edad del estudiante y, lo otro, es su
etapa de madurez o desarrollo. El ubicar a los estudiantes en cursos con acuerdo a su
edad es una costumbre que se comenzó a utilizar en las escuelas desde 1840 en el
mundo. Antes, y como sucede aún en muchas escuelas rurales, niños y niñas compartían
un mismo lugar e iban avanzando con acuerdo a su ritmo de aprendizaje. De ahí, que se
sugiere que los docentes observen los ritmos de aprendizaje para apoyar a sus
alumnos(as) de manera individualizada.
46. Mejorar la nutrición. El cerebro consume el 20% de la energía que precisa diariamente
nuestro cuerpo para “funcionar” adecuadamente. “Mente sana en cuerpo sano”.
47. Estructurar la sala de maneras diferentes. Dejar atrás las filas de pupitres. Hay que
ubicar a los estudiantes de manera que se puedan ver cara a cara, pues, ello, produce o
motiva la interacción y el aprendizaje. Hay organizaciones de la sala de clases que
ayudan a que los estudiantes presten mayor atención. Además, existe la percepción que
los mejores estudiantes se sientan en las primeras filas y los peores en las últimas. Como
sociedad humana prosperamos en la interacción con los otros.

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48. Revisar el calendario escolar. El calendario de clases actual se basa en una sociedad
agrícola, por ello, la existencia de largas vacaciones de verano, pues niños y niñas
debían ayudar en la cosecha y labores del campo. Ahora, vivimos en una sociedad de
servicios. Una propuesta que se investiga y, en algunos países se está implementando,
es que los días se escuela se repartan en 4 períodos con mini vacaciones de 2 ó 3
semanas. Ello, ayudaría a una mayor retención, pues cuando los estudiantes retornan
de sus vacaciones de verano recuerdan poco de lo aprendido el año anterior. Además,
hay menos agotamiento durante el año, se olvida menos y se aprende más.
49. Variar el horario o día escolar. El inicio temprano de la escuela no tiene tantos
beneficios para el aprendizaje. Sí, lo tiene comenzar más tarde (una hora). Hay impactos
positivos en una mayor retención, atención y comportamiento.
50. Variar la manera de evaluar. No se puede pretender evaluar habilidades superiores o
calidad educativa solo con las pruebas tradicionales. Si queremos “formar” personas
críticas, autónomas, creativas, que resuelvan problemas, automotivadoras, que
aprendan de sus errores, etc., hay que plantearse si las pruebas escritas (por citar
algunas) son adecuadas para determinar el éxito o fracaso de docentes y estudiantes en
estas metas. Las rúbricas, los portafolios, proyectos, modelos, dramatizaciones, estudios
de casos, maquetas, mapas conceptuales, blog de estudiantes, exposiciones, periódicos
o radio escolar, debates, conferencias, videos, juegos, entre otros.

Ejercicio del 3 – 2- 1

 Menciona tres (3) cosas que no sabías de lo leído.


 Menciona dos (2) cosas que te parecieron muy interesantes y que te gustaría discutir con
otros.
 Mencionan una (1) cosa que vas a cambiar o mejorar de tu práctica docente a partir de
la información compartida hoy.

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