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INTERPRETACIÓN CONSTITUCIONAL

RODOLFO QUIJADA

C.I. 5083706

INTERPRETACIÓN LÓGICO LITERAL


Si el Ejecutivo pretende que el Decreto se justifique racionalmente ante todo aquél
que la escuche o la lea; esto quiere decir, que sea comprensible y explicable a partir de su
propia estructura lógico formal y de sus fundamentos de hecho y derecho; significa una
adecuada y suficiente motivación del mismo, tal como lo exige un Debido Proceso y lo
establecen nuestra norma constitucional y los stándares mínimos de derechos
fundamentales reconocidos por la mayoría de declaraciones de derechos humanos y pactos
internacionales.
En ese orden de ideas, en la presente sección nos aproximaremos con los conceptos
teóricos y técnicos esenciales, que nos ayuden a detectar si la decisión del Ejecutivo en el
Decreto es lógica, es decir si se corresponde lógicamente con las premisas que se proponen
como su sustento en un primer nivel denominado Justificación Interna, y otro segundo
nivel denominado Justificación Externa, que tiene que ver con la corrección o
fundamentación racional del contenido de las premisas usadas en la justificación interna1.
De acuerdo con la lectura del Decreto N° 2.830, las premisas menores (o
fundamentos de hecho) establecidas en el mismo son las circunstancias sociales, políticas y
económicas actuales, en las que “… severas amenazas internas y externas de factores
antidemocráticos y de marcada postura antipatria…”, se ciernen sobre el orden
constitucional establecido; y las premisas mayores (o fundamentos de derecho) del Decreto
N° 2.830 es, en primer lugar, el artículo 348 de la Constitución de la República Bolivariana
de Venezuela, en concordancia con los artículos 70, 236 numeral 1 y 347 ejusdem.
En esta tarea, el Ejecutivo intenta hacer uso del SILOGISMO como estructura
mínima de razonamiento lógico-formal, para lograr la JUSTIFICACION INTERNA o
lógica de su decisión de “…convocar una ASAMBLEA NACIONAL CONSTITUYENTE,
tomando como fundamento el proceso popular constituyente, Legado del Comandante

1 ALEXY, Robert: TEORIA DE LA ARGUMENTACION JURIDICA, Palestra Editores, Lima, 2010, pp. 306.
Hugo Chávez, y la Constitución pionera y fundacional de 1999, para que nuestro pueblo,
como Poder Constituyente Originario, exprese su férrea voluntad y máxima garantía de
defensa de los sagrados derechos y logros sociales conquistados…” (subrayado nuestro).

I
De las premisas menores (o fundamentos de hecho)
De lo anterior se evidencia que el término “severas amenazas internas y externas”
sintetiza el conjunto de circunstancias que justifican el acto (la convocatoria a una
ASAMBLEA NACIONAL CONSTITUYENTE ). Sin embargo, en el Decreto estas amenazas
en ninguna parte están enumeradas de forma sintética y sistemática, así como tampoco se
hace referencia a la seguridad ciudadana establecida en el
artículo 55 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, el cual establece que:
Toda persona tiene derecho a la protección por parte del Estado a través de los órganos de
seguridad ciudadana regulados por ley, frente a situaciones que constituyan amenaza,
vulnerabilidad o riesgo para la integridad física de las personas, sus propiedades, el
disfrute de sus derechos y el cumplimiento de sus deberes.
La participación de los ciudadanos y ciudadanas en los programas destinados a la
prevención, seguridad ciudadana y administración de emergencias será regulada por una
ley especial.
Los cuerpos de seguridad del Estado respetarán la dignidad y los derechos humanos de
todas las personas. El uso de armas o sustancias tóxicas por parte del funcionariado
policial y de seguridad estará limitado por principios de necesidad, conveniencia,
oportunidad y proporcionalidad, conforme a la ley. (Subrayado nuestro)

Tampoco hace referencia sobre la seguridad de la Nación establecida en la LEY


ORGÁNICA DE SEGURIDAD DE LA NACIÓN (Gaceta Oficial Número: 37.594 del 18-
12-02), la cual dictamina:
Seguridad de la Nación
Artículo 2.
La seguridad de la Nación está fundamentada en el desarrollo integral, y es la condición,
estado o situación que garantiza el goce y ejercicio de los derechos y garantías en los
ámbitos económico, social, político, cultural, geográfico, ambiental y militar de los
principios y valores constitucionales por la población, las instituciones y cada una de las
personas que conforman el Estado y la sociedad, con proyección generacional, dentro de
un sistema democrático, participativo y protagónico, libre de amenazas a su sobrevivencia,
su soberanía y a la integridad de su territorio y demás espacios geográficos.
(…Omisis…)
Zonas de Seguridad
Artículo 47. Se entiende por Zonas de Seguridad, los espacios del territorio nacional, que
por su importancia estratégica, características y elementos que los conforman, están
sujetos a regulación especial, en cuanto a las personas, bienes y actividades que ahí se
encuentren, con la finalidad de garantizar la protección de estas zonas ante peligros o
amenazas internas o externas. El Reglamento respectivo regulará todo lo referente a la
materia.
(…Omisis…)
Zona de Seguridad Fronteriza
Artículo 49.
A los efectos de esta Ley, se entiende por Zona de Seguridad Fronteriza, un área
delimitada que comprende una franja de seguridad de fronteras, así como una extensión
variable del territorio nacional, adyacente al límite político territorial de la República,
sujeta a regulación especial que estimule el desarrollo integral, con la finalidad de
resguardar las fronteras y controlar la presencia y actividades de personas nacionales y
extranjeras, quienes desde esos espacios geográficos, pudieran representar potenciales
amenazas que afecten la integridad territorial y por ende la seguridad de la Nación.

En este mismo orden de ideas, en el Decreto se estipula que las severas amenazas
internas y externas se ciernen sobre el orden constitucional, sin determinar lo que
constituye tal amenaza, tales como por ejemplo la de disidentes violentos o grupos
terroristas o las amenazas potenciales al desorden social que surgen de programas extremos
contra ciertos grupos de la sociedad, tales como grupos étnicos particulares (generalmente
llamados "discursos de odio") u otros países ("propaganda de guerra"); y lo más importante
a considerar es el tipo y el alcance de la amenaza percibida contra la violación de los
derechos humanos y civiles de libertad de conciencia, de expresión, de asociación y de
reunión.
Dadas estas imprecisiones acudiremos al Diccionario de la Real Academia de la
Lengua Española ( RAE 2001), libro al cual debemos referirnos cuando queremos saber
fundadamente, en nuestra lengua española, el origen de una palabra o concepto, el cual
señala que Amenaza se define como: i) Acción de amenazar; ii) Dicho o hecho con que se
amenaza y iii). Delito consistente en intimidar a alguien con el anuncio de la provocación
de un mal grave para él o su familia. Ahora bien, Amenazar, verbo proveniente del
concepto de amenaza se define como: i) Dar a entender con actos o palabras que se quiere
hacer algún mal a alguien y ii). Dar indicios de estar inminente algo malo o desagradable.
De esta primera aproximación podemos deducir claramente lo siguiente: primero,
que para que exista la amenaza debe haber una voluntad o un actor que está dispuesto a
llevarla a cabo; segundo, que ese actor considera en ese acto producir un daño a otro actor,
o al menos mostrar la intención de hacerlo; y tercero, que la amenaza no es banal sino
que tiene la intención de hacer o provocar un mal o daño grave, para el otro actor y actores
relacionados con él, lo suficientemente seria que se pueda percibir como una intimidación.
La Declaración de Bridgetown, adoptada en la Asamblea General de Junio del 2002
por la Organización de los Estados Americanos (OEA), reconoce los siguientes tres grupos
de amenazas:
1. Las amenazas relacionadas con la seguridad convencional o defensa clásica,
lo relativo al empleo de fuerzas militares en sentido tradicional de defensa,
contra la agresión externa de un Estado. Este grupo incluiría las disputas
territoriales, la agresión armada, la proliferación de armas de destrucción
masiva, entre otras.
2. Las amenazas a la seguridad: afectan de forma importante los niveles de
seguridad de los Estados. Su tratamiento es a través del fortalecimiento de la
democracia, de la gobernabilidad y del desarrollo económico y social. Como
ejemplo: la pobreza extrema, la inestabilidad económica, la fragilidad de los
gobiernos democráticos, los abusos contra los Derechos Humanos, las
enfermedades endémicas, los desastres naturales, entre otros.
3. Las amenazas no tradicionales a la seguridad, se originan en actores no-
estatales pero que constituyen un peligro que expone al Estado, a sus
instituciones y a la ciudadanía a grandes riesgos, como, por ejemplo: el
terrorismo, el narcotráfico, la corrupción, el tráfico ilícito de armas, los
niveles elevados de violencia e inseguridad pública.
Según nuestro Consejo de Defensa de la Nación (CODENA) las amenazas serían:
 Pobreza extrema
 Latifundio (inequidad en la Tenencia de tierra)
 Dependencia Agroalimentaria
 Corrupción
 Exclusión social
 Narcotráfico y crimen organizado
 Violencia social
 Confrontación entre Estados
 Intervención militar
 Golpes de estado, subversión, separatismo, conflicto regional
Ahora bien, el término “amenazas internas y externas” también podría encontrarse
disgregadas en los discursos del presidente y demás voceros de la iniciativa, enumeradas en
los considerandos de los sucesivos decretos de estado de excepción y emergencia
económica promulgados hasta el presente.
Paso a enumerar, grosso modo, en particular las circunstancias políticas:
 La hostilidad de sectores privados de la economía nacional e internacional;
 El desconocimiento por parte de los partidos políticos opositores que hacen
mayoría en la Asamblea Nacional de los restantes poderes públicos y sus
reiterados intentos por defenestrarlos;
 La injerencia del gobierno de EE.UU. y otros países en la vida nacional;
 y, por último, la existencia de grupos criminales y paramilitares vinculados a
los mencionados factores de oposición, tanto externos como internos.
De todo lo anterior, del Decreto se desprende que la situación ante la cual quiere
responder la medida, es decir, la severas amenazas internas y externas, puede definirse
como de hostilidad sobre el orden constitucional y a los poderes establecidos, sin
determinar los actores (activos) dispuestos a llevarla a cabo, sin clasificar ni precisar la
magnitud de los actos de agresión, llevados a cabo por esos actores, que en adelante
pueden ser calificados como enemigos o como sujetos fuera-de-ley, en contra de otro actor
(pasivo) y actores (pasivos) relacionados con ellos y los cuales tampoco son determinados.
Respecto a la marcada postura antipatria de los actores agresores, debemos
referirnos al concepto de Patria2, de lo cual Cabanellas nos dice que es:
Lugar, ciudad o nación en que se nace. El conjunto sagrado de la tierra, la
historia, la vida presente y las nobles aspiraciones del país y del pueblo al que nos
unen el nacimiento o la sangre de los padres. Políticamente, sinónimo de nación.

Ahora bien, al intentar establecer precisiones y límites al concepto de patria, entran


en juego nociones ideológicas y políticas que, incluso, pueden modificarse con los años. De
acuerdo a ciertas posturas, la patria siempre está asociada a un Estado nación; esto es lo
mismo que decir que el territorio de la propia nación está fuertemente vinculado con todos
los valores de la patria3.

2
Cabanellas de Torres, Guillermo: Diccionario Jurídico Elemental EDITORIAL HELIASTA S.R.L..
Edición 2006
3
https://definicion.de/patria/
Pero estas nociones olvidan que la patria la conforman las personas que en ella
viven y que sin personas no hay patria. Por tanto,
“…el patriotismo debe expresarse sobre todo en el cuidado y el bienestar de las personas
que conforman una nación. Entender así la patria es consecuente con la prioridad que tiene
la persona humana en la concepción cristiana de la vida. Y ello cambia la noción de lo que
es patriótico. Y lo será todo lo que colabora para que un pueblo tenga vida y vida en
abundancia; por el contrario, será antipatriótico todo aquel acto que atente contra la vida
de un pueblo…”4

Tiene la patria su teología, como su teoría política y jurídica. En esto el cristianismo


ha superado al mundo clásico, por cuanto los valores sobrenaturales superan a los
meramente humanos y naturales. Así, León XIII enseñaba que el amor patrio no es
obligación impuesta por la ley positiva, sino deber de la ley natural que ha de ser uno de
nuestros principales afectos, que ha de llevarnos a defender el suelo natal hasta rendir la
vida5.
El autor Argotti6 expresa que el valor ético del patriotismo no consiste en defender
la patria “por la defensa en sí misma”, sino cuando dicho patriotismo tenga un fin moral en
sí mismo, el cual consiste, por ejemplo, en la lucha por la reinvindicación de los derechos
del pueblo soberano, tal como lo expuso Bolívar al señalar los objetivos de servir la
gloriosa carrera de las armas en función del pueblo: “…Yo sigo la carrera gloriosa de las
armas sólo por obtener el honor que ellas dan; por libertar a mi patria; y por merecer las
bendiciones de los pueblos…”7
Sin embargo, los personeros del gobierno promueven el patriotismo con valores
bolivarianos, al afirmar que:
No se es patriota por capricho, porque retóricamente se proclame esa condición.
Se es en condiciones en que es notable la diferencia con aquellos a los que el concepto no
parece importarles y lo desprecian. La diferencia entre ser patriota y no serlo está en los
hechos. En el comportamiento cotidiano. En la manera como se asumen ciertos valores. Es
lo que definió con claridad en su extraordinaria intervención en la OEA la canciller Delcy
Rodríguez. O se está de acuerdo con los valores que ella exaltó, que no son otros que los
bolivarianos -compartidos por la mayoría de los venezolanos-, o con los antivalores que

4
http://uca.edu.sv/noticias/texto-555
5 https://revistas.upb.edu.co/index.php/upb/article/viewFile/3759/3351
6 Argotti Córcega, Hugo: Ética del Libertador Simón Bolívar, Edición Monte Ávila 2012
7 Carta escrita desde Mompox el 9 de febrero de 1815 a su amigo el Letrado Pedro Gual
denunció con lucidez y coraje. El dilema, a la luz de los hechos y de la actual realidad, es
categórico: Patria o antipatria.8

Visto lo anterior, estamos ante un concepto difuso, de carácter moral e ideológico y


que en el Decreto no identifica y menos determina cuál sector de los actores agresivos
(activos) es antipatria y en qué grado sus actos de agresión quebrantan el orden
constitucional, manifestando más bien una retórica en la concepción sobre la estructura de
la realidad en base a la ontología polar nación-antinación o antipatria y de marcada
tendencia segregacionista.

II
De las premisas menores (o fundamentos de hecho)
Un proceso constituyente está en el origen de todo sistema verdaderamente
democrático y tiene como fin una nueva constitución adaptada a las necesidades actuales de
la población. El Proceso Constituyente, por definición, es general y amplio, con carácter
deliberativo e inclusivo, y tiene como objetivo obtener una legitimidad democrática lo más
amplia posible. Por ello, debe brindar a toda la ciudadanía las mayores opciones posibles
para participar libre y democráticamente en todo el proceso, ya sea optando a candidato a la
Asamblea Constituyente, influyendo en la elaboración de la nueva constitución o
participando en la ratificación definitiva del texto constitucional.
Visto de esta manera en el plano temporal, un proceso constituyente constaría de las
siguientes etapas que pasamos a describir ordenadas cronológicamente.

8 Rangel, José Vicente; Resumen Latinoamericano/ 18 de mayo 2016


http://www.resumenlatinoamericano.org/2016/05/18/patria-o-antipatria
Fase pre-constituyente
En la fase pre-constituyente, la ciudadanía despierta del letargo. En ella, los ciudadanos más
activos manifiestan y transmiten la necesidad de implementar cambios en la organización
política. En esta fase de concienciación pública, además de explicarse las causas del
descontento, deben contemplarse las características y la naturaleza del proceso que se
pretende iniciar así como sus pilares.

Fase decisoria / Activación del proceso


Cuando buena parte de la sociedad adquiere un determinado nivel de conciencia sobre la
necesidad de establecer profundas reformas en el sistema político vigente de un país, sus
ciudadanos toman la decisión de promoverlas a través de un acto formal y específico con
características procedimentales consensuadas.

Fase de desarrollo del proceso constituyente


La fase de desarrollo del proceso constituyente es la más compleja. Establece un periodo
de debate donde los ciudadanos y los actores políticos reflexionen, deliberen y discutan
sobre las principales cuestiones a la hora de configurar esta nueva estructura político-
jurídica y sobre las diferentes metodologías para llevar a cabo los cambios deseados.

Visto lo anterior y con apoyo en el criterio sistémico de interpretación, la Fase


decisoria/Activación del proceso del proceso constituyente estaría conformado de
acuerdo con la interpretación conjunta de los artículos constitucionales 348 y 347, en
concordancia con el artículo 5 de la Constitución, norma que, extrañamente, no es
invocada en el Decreto, tal como se muestra en la siguiente Figura N° 1:

El pueblo es el
titular de la
Artículo Artículo soberanía y es
5 347 depositario del
poder
constituyente

Artículo
•Alude al poder
348
•Proceso
originario
•Iniciativa de constituyente
•Convocar una convocatoria a
Asamblea la asamblea
Nacional nacional
Constituyente Fase de desarrollo
constituyente del proceso
Artículo constituyente
347

Figura N° 1
De acuerdo con la Figura N° 1, se establece lo siguiente:

 El artículo 348 solo puede interpretarse luego de la interpretación del artículo 347.
Esto es lógico pues el artículo 348 es una norma procedimental que regula el
ejercicio del artículo 347. Es decir, el artículo 348 regula el procedimiento a través
del cual podrá solicitarse al pueblo que ejerza el derecho declarado en el artículo
347, es el pueblo quien “puede convocar una asamblea nacional constituyente”.
 Por lo tanto, el orden de los artículos responde a una clara decisión de la
Constitución: otorgarle prioridad al artículo 347 sobre el artículo 348. Así, el
artículo 347 regula quién convoca la asamblea nacional constituyente, y el artículo
348 regula el procedimiento para llevar a cabo esa convocatoria. Así, el artículo
347, al declarar el derecho del pueblo a convocar la asamblea nacional
constituyente, parte del artículo 5 de la Constitución, que declara al pueblo como
titular intransferible de la soberanía.
 Mientras que el artículo 347 regula la convocatoria de la asamblea nacional
constituyente, el artículo 348 regula la “iniciativa” para tal convocatoria, o sea, la
competencia para solicitar esa convocatoria. La diferencia entre “convocatoria” o
ejercicio de un derecho, y la “iniciativa” para esa convocatoria, o lo que es igual, la
solicitud para que tal derecho sea ejercido, fue claramente tratada por la doctrina
venezolana con ocasión al proceso constituyente de 19999.

Visto de esta manera, es evidente que el Decreto confunde la “iniciativa” con la


“convocatoria” y no analiza cuál es la interpretación dada al artículo 348. En todo caso, se
parte de la interpretación según la cual dicho artículo, al otorgar a la Presidencia de la
República en Consejo de Ministros la competencia para adoptar la iniciativa de convocar a
la asamblea nacional constituyente, le permite decidir directamente la convocatoria de esa
asamblea sin necesidad de consulta popular, lo que indica que tal interpretación del artículo
348 constitucional es errada, pues ignora la interpretación del artículo 347, en concordancia
con el artículo 5 de la Constitución, por lo tanto, el Decreto N° 2.830 interpretó
erradamente el artículo 348 de la Constitución, al considerar que la “iniciativa para la
convocatoria” de la asamblea nacional constituyente equivale al derecho a convocar tal
asamblea.

III
De la conclusión del silogismo
De todo lo anterior se desprende la decisión establecida en el Decreto de
“…convocar una ASAMBLEA NACIONAL CONSTITUYENTE, tomando como fundamento
el proceso popular constituyente, no proviene de las premisas menores y mayores supra
señaladas ya que las primeras son imprecisas por su carácter ideológico, y las segundas son
erradas, incurriendo en un argumento falaz para lograr que se acepte una conclusión apelando a

9
Escarrá, Carlos, Proceso político y constituyente: papeles constituyentes, Caracas, 1999, pp. 39 y ss.
las emociones del pueblo o de la mayoría, quienes independientemente de las razones aducidas (o sin
ellas) se persuaden de aceptarla.

Estamos en presencia de una Falacia de atinencia del tipo ad populum, cuya


incorrección o invalidez está en que la conexión entre las premisas y conclusión no es
lógicamente adecuada, no es pertinente, y la conclusión no se sigue o infiere de las
premisas, pero, como toda falacia formal, se vuelven "convincentes", porque debido a la
multifuncionalidad y emotividad del lenguaje, se logra una conexión psicológica entre las
premisas y la conclusión como válida a pesar de que no proviene de esas premisas.
Por lo tanto el Decreto esta infestado de un error del razonamiento y, por lo tanto,
de la argumentación, lo cual lo hace nulo de nulidad total.

INTERPRETACIÓN POLITICO CONTEXTUAL (Semiótica)


El Decreto convoca una ASAMBLEA NACIONAL CONSTITUYENTE, “… tomando
como fundamento el proceso popular constituyente, Legado del Comandante Hugo Chávez, y la
Constitución pionera y fundacional de 1999, para que nuestro pueblo, como Poder Constituyente
Originario, exprese su férrea voluntad y máxima garantía de defensa de los sagrados derechos y
logros sociales conquistados…”(Subrayado nuestro)
De acuerdo con Piacenza10, el Decreto incurre sin dificultad en las “paradojas
pragmáticas” cuando pretende aplicar –y más aún, defender un orden juridicopolítico
basado en una Constitución- y simultáneamente apela a la noción de poder constituyente
originario (que presupone la inexistencia de tal orden).
En este sentido realizamos la pregunta al estilo del autor citado: ¿en qué medida el
papel que desempeña la noción de poder constituyente originario presente en el Decreto
afecta el valor de su decisión?
De acuerdo con el planteamiento de Piacenza , el uso en un discurso del concepto de
poder constituyente originario no es un puro sinsentido, ya que, intenta justificar, sobre la

10
PIACENZA, EDUARDO: INTERPRETACIÓN JURÍDICA Y ARGUMENTACIÓN (y otros ensayos filosóficos)
Universidad Metropolitana Caracas, Venezuela, 2015
base de premisas provenientes en parte de la misma Constitución, artículo 348, en
concordancia con los artículos 70, 236 numeral 1 y 347 , una conclusión que le atribuye al
cuerpo Ejecutivo una competencia constituyente originaria, produce una situación
pragmáticamente paradójica, con lo cual es suficiente para descalificar dicho discurso
desde el punto de vista argumentativo. Pues para que pueda reconocerse en alguna situación
una competencia constituyente originaria es preciso que no se tenga por válido ningún
orden jurídico; pero, sin orden jurídico válido, no hay poder Ejecutivo, ni órganos
jurisdiccionales ni derecho positivo.
Este tipo de planteamiento argumentativo acaba con la intención político discursivo
del proceso revolucionario que establece:
El poder constituyente luego de poner en vigencia una nueva constitución ya no
entra en letargo ni en hibernación, porque teniendo la soberanía en su ser (Art.5º
CRBV), el pueblo continua ejerciendo en todo momento su poder soberano, de
modo que el poder constituyente originario no está nunca en un estado de letargo
sino que permanece permanentemente activado.
Parece que la memoria de algunos reaccionarios académicos, abogados
desprevenidos y políticos ignaros, no les da para recordar la constituyente
educativa, la constituyente económica, la constituyente universitaria, pero
además, el Proceso Constituyente que forma parte del Plan de la Nación para el
período 2013-2019.
En el 2012, no era llamar a una Asamblea Constituyente para reformar la Carta
Magna; el presidente Hugo Chávez decidió darle el nombre de Constituyente al
proceso que consistía en "jornadas de debate del proyecto de la patria", en las que
invitó a los sectores que "no son revolucionarios", a que participaran en el plan
socialista. Informó además el comandante Hugo Chávez, que ese proyecto seria
presentado ante la Asamblea Nacional, y dijo: "Vamos a utilizar el término
constituyente, vamos a comenzar a utilizarlo porque es parte del proceso
constituyente".
Llamar a un proceso constituyente, no necesariamente debe entenderse que es
para transformar el Estado, crear un nuevo orden jurídico o redactar una nueva
Constitución, es para la puesta en marcha, en escena de actores que intervienen en
campos de fuerzas, en escenarios sociales, culturales y políticos en un momento
histórico transformativo de la República.
Convocar a un proceso constituyente es activar un conjunto complejo de acciones,
organizaciones, conductas, creencias, desplegadas con permanencia en el tiempo,
para enfrentar situaciones de opresión, explotación, alienación o exclusión a las
que puede ser sometido un actor colectivo, no es más que una acción colectiva con
estabilidad en el tiempo y alto grado de organización orientada hacia la
transformación social o de alguna de sus esferas; una respuesta a las tensiones o
contradicciones especificas de la sociedad, de una comunidad. No es más que el
portador del sentido histórico y es el principal agente de cambio y transformación
social de un pueblo.11

11
http://euclidesquevedoubv.blogspot.com/
Visto de esta manera, el aporte en este sentido del escrito de Piacenza basándose en
la obra de CARRIÓ12, hace evidente las falacias de las intenciones de facto del
pensamiento antes transcrito y la ilegitimidad del Decreto N° 2.830, pues desconoce el
derecho exclusivo del pueblo venezolano de decidir si quiere o no convocar a la asamblea
nacional constituyente. Por el contrario, el Decreto considera que la Presidencia de la
República en Consejo de Ministros puede imponerse al pueblo la decisión de convocar la
constituyente. Pues ello es lo que hace tal Decreto: impone al pueblo la convocatoria de la
constituyente, impidiéndole decidir si en efecto quiere o no acudir a tal mecanismo

12 CARRIÓ, G. R., Notas sobre derecho y lenguaje (Buenos Aires: Abledo-Perrot, 1990