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ENCUENTRO PROVINCIAL DE MUJERES EN EL G20

“Políticas públicas con perspectiva de género


en la administración pública”.

PARIDAD EN EL ACCESO A CARGOS PÚBLICOS, EJECUTIVOS, LEGISLATIVOS Y


JUDICIALES.

De acuerdo al relevamiento llevado a cabo por la ONU sobre la paridad política


Argentina, el país "llegó a un techo" en cuanto a la presencia femenina en
cargos. Escaso nivel de mujeres en el Congreso, el Gobierno y la Justicia
reflejando de esta manera un puntaje global promedio de 44,7 en el Índice de
Paridad Política, sobre un total de 100 puntos posibles.
La distribución de cargos jerárquicos al interior del mercado laboral es dispar
entre varones y mujeres. El fenómeno llamado “techo de cristal” (o glass ceiling
barriers) refiere a la restricción más o menos invisible que encuentran las
mujeres trabajadoras altamente calificadas en la promoción de sus carreras
laborales, particularmente, en lo que respecta al acceso a cargos de mayor
jerarquía. En el mundo laboral, existe un conjunto de prejuicios y estereotipos
relacionados con la posibilidad de desempeño femenino en diversas tareas y
puestos de trabajo, los cuales dan origen y refuerzan este fenómeno.
Los datos aportados por GPS del Estado (www.gpsdelestado.org, un proyecto
de CIPPEC y ASAP) sobre las autoridades del Sector Público Nacional (SPN)
señalan que las mujeres representan actualmente alrededor del 50% de la
fuerza de trabajo empleada por la administración central del PEN (aunque el
dato no contempla a las fuerzas de seguridad y defensa). Sin embargo, esta
composición casi igualitaria en la base piramidal no se refleja en las altas
esferas o puestos de decisión políticos.
La representación de las mujeres es notablemente menor en el primer nivel
operativo de la Administración Pública Nacional, ya que los varones ocupan
alrededor del 80% de los cargos.
Presencia de mujeres en el poder ejecutivo nacional, provincial y municipal y la
administración pública y existencia de condiciones mínimas para el ejercicio del
cargo
Los cargos jerárquicos de conducción política son aquellos que suponen la
titularidad de ministerios, secretarías y subsecretarías. Estas autoridades son
designadas y removidas a través de un decreto, resolución o nota por una
autoridad del gobierno nacional, por lo que suponen ocupaciones basadas en
la confianza o afinidad política, fundamentalmente.
A continuación se muestra un breve análisis de la distribución entre varones y
mujeres de los cargos de mayor jerarquía que forman parte de la estructura
ministerial del sector público nacional.
Sobre un total de 85 secretarías de Estado, únicamente un 14,1 % (12 cargos)
estaba en manos de mujeres en 2016.
Hay una escasa presencia de mujeres en gabinetes ministeriales (13,6 % en
2016), además de su total ausencia en sectores asociados con temas
productivos. La subrepresentación se replicó en los cargos viceministeriales,
donde las mujeres solo ejercían el 14,1 % de las Secretarías de Estado.
Los datos sobre participación de las mujeres en el Poder Ejecutivo Nacional en
el actual período presidencial y en los dos anteriores, reflejan que el país se
encuentra lejos de la paridad de género. Como lo muestra el Cuadro 10, sobre
un total de 22 carteras ministeriales del Gabinete nacional en 2016, poco más
del 10 % tenía a una mujer como titular. En los tres últimos períodos el
porcentaje de ministras descendió más de 10 puntos, pasando de un promedio
de 25,8 % para 2007/2011 a 16,6 % en 2016.

Los niveles más bajos de participación femenina se evidencian en el nivel de


las Secretarías. Sólo el 13% de las Secretarías estaban ocupadas por mujeres
en 2011. La misma cifra se repite para 2016. Las Subsecretarías, en tanto,
presentan los valores más altos para ambos años, con un 27% de mujeres en
2011 y un 26% en 2016.

Es de destacar el ínfimo porcentaje de mujeres en cargos de Intendencia:


apenas 2,9 % en la provincia más grande y poblada del país.

En septiembre de 2016, en la Provincia de Buenos Aires había únicamente


cuatro Intendentas entre los 135 municipios (H. Cámara de Diputados de la
Provincia de Buenos Aires 2015).

Otro elemento para tener en cuenta al analizar en el acceso de las mujeres a


puestos de dirección es el desplazamiento de la mujer a ciertos ámbitos
ocupacionales específicos, habitualmente considerados “femeninos” y poco
valorados.
Presencia de mujeres en los poderes judicial y electoral, y condiciones
mínimas para el ejercicio del cargo
Se observa una presencia mínima de magistradas en la Corte Suprema de
Justicia, donde apenas una de sus cuatro integrantes actuales es mujer,
mientras que la Cámara Nacional Electoral está integrada solamente por
hombres y no cuenta con una Unidad de Género que trabaje la
transversalización del tema en su interior.
Al momento del cálculo del Índice de Paridad Política, la Corte Suprema de
Justicia de la Nación tenía una ministra sobre cuatro integrantes y actualmente
tiene una sobre cinco miembros, pese a que la reglamentación del mecanismo
de designación (Decreto 222/03 del Poder Ejecutivo Nacional) establece, en
sus considerandos, que se debe atender a la diversidad de género, la
especialidad profesional y la procedencia regional, junto con los requisitos de
integridad moral, idoneidad técnica y compromiso con la democracia y los
derechos humanos de los aspirantes al cargo.
A su vez, en el Senado de la Nación se presentaron distintos proyectos de
género que proponían criterios de paridad en la selección de los magistrados
del máximo tribunal (H. Senado de la Nación Reunión 2016), que se trataron,
pero no se aprobaron en 2016. Por su parte, la Cámara Nacional Electoral
estaba integrada por magistrados de sexo masculino y no contaba con un área
de género.
Para contextualizar estos datos, cabe notar que la estructura de la justicia
federal muestra un típico fenómeno de “techo de cristal”, ya que la presencia de
mujeres decrece a medida que se asciende en las escalas jerárquicas. De
acuerdo con el Mapa de Género de los sistemas de Justicia de la Región para
2014, en Argentina las mujeres representaban un 56 % del total del personal
del sistema judicial y un 63 % del puesto de secretario/a. En cambio, esta
participación descendía a 45 % en el cargo de juez/jueza y a 31 % en el de
camarista43.
En el caso de la justicia electoral, un 44 % de los funcionarios de los Juzgados
federales con competencia electoral son mujeres (considerando los cargos de
juez/a, secretario/a y prosecretario/a). En cambio, este porcentaje de mujeres
desciende a 21 % si consideran solamente jueces. Este cuadro de situación
sugiere la necesidad de equiparar la estructura oportunidad de las mujeres y
los hombres que siguen una carrera judicial.
Presencia de mujeres en el poder legislativo y existencia de condiciones
mínimas para el acceso y ejercicio del cargo
Las mujeres solo representan el 25 % de la Mesa Directiva de la Cámara de
Diputados y, aunque presiden un tercio de las comisiones permanentes (31 %),
están más presentes en aquellas comisiones que se ocupan de la política
social y el cuidado (que más adelante se denominan de “reproducción”) que en
las comisiones que tratan temas económicos e institucionales (que se
denominan de “producción” y de “reproducción del sistema”, respectivamente).
Por su parte, el promedio de concejalas era de 31,7 %, ya que los partidos
políticos estaban obligados a aplicar la ley de cuotas provincial de 30 % en las
listas de candidatos (y desde 2017 deberán aplicar la ley de paridad de
género).
Otro eje de interés del Índice de Paridad Política es la participación de las
legisladoras en las comisiones permanentes del Congreso y, específicamente,
en sus presidencias. En Argentina, la Cámara de Diputados tiene 45
comisiones permanentes y el Senado cuenta con 26. En 2015-2016, un tercio
de dichas comisiones (31 % y 33 %, respectivamente) era presidida por una
mujer.

Considerando lo expuesto, desde Red Territorial en Género Baradero


(Re.Te.Ger) proponemos:

 El diseño e implementación de políticas que neutralicen los


distintos mecanismos de segregación ocupacional que hoy pesan
sobre las mujeres en su desarrollo profesional y que pueden
ayudar a resolver esta inequidad.

PROGRAMA DE CAPACITACIÓN OBLIGATORIA DEL PERSONAL PÚBLICO,


INTEGRANTE DE LOS TRES PODERES DEL ESTADO EN “GÉNEROS Y DIVERSIDAD”.

La violencia contra las mujeres y personas LGBTQ+ es una problemática social


extendida y multidimensional que, además de constituir una grave violación a
sus derechos, impacta negativamente en la salud pública, la seguridad, la
economía y la estabilidad social de la población.
Garantizar el ejercicio pleno del derecho de las mujeres y las personas
LGBTQ+ a una vida libre de violencia en todos los ámbitos es una obligación
de todo el Estado en su conjunto y a fin de estar en posibilidad de cumplirla, es
imprescindible que todas las personas que participan en las acciones para
responder a la violencia de género cuenten con los conocimientos técnicos y
las habilidades prácticas adecuadas para brindar respuestas efectivas a las
niñas y mujeres víctimas de violencia.
Por ello, es fundamental fortalecer las capacidades técnicas de las y los
servidores públicos de las instituciones con atribuciones específicas en materia
de prevención, atención y sanción de la violencia contra las mujeres, como así
también de la población LGBTQ+. Al respecto, el Comité para la Eliminación de
la Discriminación contra la Mujer, ha subrayado la obligación del Estado de
promover y garantizar la formación y capacitación de todos los agentes
estatales involucrados en materia de violencia de género.
El compromiso de todos los trabajadores del estado por una sociedad libre de
violencia y discriminación, no sólo facilita el acercamiento a los problemas de la
vida real que están al alcance de la mano, sino que además sirve para iniciar y
fortalecer el proceso del involucramiento ciudadano en el desarrollo de políticas
públicas referentes a estos temas.

Se recomienda al Estado el desarrollo de programas de capacitación


obligatoria y permanente sobre violencia contra las mujeres y comunidades
LGBTQ+, el reconocimiento de sus derechos y la correspondiente educación y
capacitación del personal operativo y directivo perteneciente al poder ejecutivo,
legislativo y las instancias encargadas de la procuración e impartición de
justicia, así como de las instituciones de educación, salud y seguridad, en todas
las jurisdicciones.
La capacitación deberá estar diseñada con un componente práctico acorde a
las funciones que desempeñan, así como contar con mecanismos de
supervisión, evaluación y certificación permanentes que permitan medir su
impacto, a fin de conseguir:

• La promoción de la igualdad de género en el personal público.

• La promoción de la no violencia, la igualdad y la no discriminación.

• La deconstrucción del pensamiento bigénero.


Por eso desde Re.Te.Ger Baradero proponemos:

 Generar una estrategia transversal única de formación y


profesionalización en materia de derechos humanos de las mujeres y
personas LGBTQ+, perspectiva de género y violencia para las y los
servidores públicos de todas las instancias.
El primer objetivo del programa es generar una estrategia de formación a
largo plazo que considere a la Administración Pública Estatal como un todo
y, por ende, visibilice la coordinación interinstitucional que debe existir entre
las instituciones gubernamentales con atribuciones específicas en materia
de prevención, atención y sanción la violencia contra las mujeres y
personas LGBTQ+. Es decir, idóneamente las actividades de capacitación
deberían guardar relación no sólo con las funciones del personal al interior
de cada institución, sino también considerando la relación entre las distintas
instituciones que tienen la obligación de interactuar entre sí para atender de
manera efectiva los casos de violencia por género.

 Promover el cambio de actitudes de lxs servidores públicos y la


transformación de los patrones sociales y culturales que producen y
reproducen la violencia contra las mujeres y personas LGBTQ+ desde
las instituciones públicas.
La eliminación de las actitudes y estructuras sociales que perpetúan la
discriminación y la violencia sistémica contra las mujeres y personas
LGBTQ+ requiere diseñar estrategias integrales que combinen iniciativas
dirigidas a la promoción de la igualdad de género, el rechazo a la violencia y
la eliminación de los roles y estereotipos. Así, es necesario implementar
medidas dirigidas a modificar los patrones socioculturales y la eliminación
de los prejuicios y las prácticas consuetudinarias basadas en la idea de la
inferioridad o superioridad de cualquiera de los sexos o en funciones
estereotipadas de hombres y mujeres, particularmente en las y servidores
públicos.
La erradicación de la violencia contra las mujeres y personas LGBTQ+ sólo
será posible si lxs servidores públicos que trabajan en instancias
gubernamentales con atribuciones en materia de prevención, atención y
sanción de la misma, comprenden la magnitud de dicha problemática al
tiempo que se comprometen a desarrollar conocimientos tanto teóricos
como prácticos para mejorar la calidad en las funciones que desempeñan.
 Fortalecer los conocimientos de lxs servidores públicos de la
Administración Pública Estatal, en materia de perspectiva de género,
derechos humanos y violencia contra las mujeres y personas LGBTQ+.
A fin de prevenir la violencia institucional, así como posteriores actos de
violencia contra mujeres y personas LGBTQ+, todas las personas que
participan en las actividades de respuesta a la violencia en su contra deben
contar con los conocimientos técnicos que les permitan desempeñar de
manera eficiente su labor.
En tal sentido, se requiere no sólo fortalecer los conocimientos del personal
de todas las dependencias y organismos estatales en temas básicos de
igualdad de género y violencia contra las mujeres, sino que resulta
indispensable facilitar la adquisición de conocimientos técnicos
especializados del personal según sus atribuciones y funciones específicas.

A continuación de lo expuesto, desde Re.Te.Ger adjuntamos un proyecto de


ley, presentado en la cámara de diputados 19 de Abril del año 2017 que
propone lo siguiente:

PROYECTO DE LEY
“LEY MICAELA” DE CAPACITACION OBLIGATORIA EN GENERO PARA
TODAS LAS PERSONAS QUE INTEGRAN LOS TRES PODERES DEL
ESTADO
ARTICULO 1º: Establécese la capacitación obligatoria en la temática de género
y violencia contra las mujeres, para todas las personas que se desempeñen en
la función pública en todos sus niveles y jerarquías.
ARTICULO 2º: Las personas referidas en el artículo anterior, deben realizar las
capacitaciones en el modo y forma que establezcan los respectivos organismos
a los que pertenecen.
ARTICULO 3º: El Consejo Nacional de las Mujeres es la autoridad de
aplicación de la presente ley.
ARTICULO 4º: Las máximas autoridades de cada organismo son responsables
de garantizar la implementación de las capacitaciones, las que comienzan a
impartirse dentro del año de la entrada en vigor de la presente ley.
Para tal fin se podrán realizar adaptaciones de materiales y/o programas, o
desarrollar uno propio, debiendo regirse por la normativa, recomendaciones y
otras disposiciones que establecen al respecto los organismos de monitoreo de
las convenciones vinculadas a la temática de género y violencia contra las
mujeres firmadas por el país.
ARTICULO 5º: El Consejo Nacional de las Mujeres certificará la calidad de las
capacitaciones que proyecte cada organismo, que deberán ser enviadas dentro
de los seis (6) meses siguientes de la entrada en vigor de la presente ley,
pudiéndose realizar modificaciones y sugerencias para su mayor efectividad.
ARTICULO 6º: La capacitación de las máximas autoridades del Poder
Ejecutivo, Legislativo y Judicial estará a cargo del Consejo Nacional de las
Mujeres.
ARTICULO 7º: El Consejo Nacional de las Mujeres debe desarrollar una página
web de acceso público desde donde la sociedad civil pueda monitorear el
grado de cumplimiento de cada uno de los poderes del Estado, ministerios y
organismos del Estado Nacional, Provincial y Municipal.
En la página se identificarán las/os responsables de cada organismo de cumplir
con las obligaciones aquí contenidas y el porcentaje de personas capacitadas,
desagregadas según su jerarquía.
Anualmente, el Consejo Nacional de las Mujeres debe publicar en esta página
web un informe sobre el cumplimiento de lo aquí dispuesto, incluyendo la
nómina de altas autoridades del país que se han capacitado.
En la página web de inicio se debe publicar una reseña biográfica de la vida de
Micaela García y su compromiso social, así como las acciones del Estado
vinculadas a la causa penal por su femicidio.
ARTICULO 8º: Las personas que no realicen las capacitaciones serán
intimadas en forma fehaciente por la autoridad que corresponda de acuerdo al
organismo de que se trate. El incumplimiento de dicha intimación será
considerado falta grave y dará lugar a la sanción disciplinaria respectiva. Sin
perjuicio de las otras sanciones que pudieran corresponder, el Consejo
Nacional de las Mujeres podrá hacer pública la negativa a participar en la
capacitación en la página web de monitoreo de la presente ley.
ARTICULO 9º: Los gastos que demande la presente Ley se tomarán de los
créditos que correspondan a las partidas presupuestarias de los organismos
públicos de que se trate.
ARTICULO 10º: Invítese a la Ciudad de Buenos Aires y a las provincias a
adherir a la presente ley.
ARTICULO 11º: Comuníquese al Poder Ejecutivo Nacional.
FUNDAMENTACION
En este contexto, el presente proyecto de ley tiene por objetivo capacitar y
sensibilizar a quienes integran los diferentes estamentos del Estado; entendido
no como una mera elección de preferencia personal sino a los fines de dar
cumplimiento a un deber que asumió nuestro país al firmar la Convención
Interamericana para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra la
mujer (“Belém do Pará”).
Esta Convención establece en su artículo 8c que los Estados parte
fomentarán “la educación y capacitación del personal en la
administración de justicia, policial y demás funcionarios encargados de la
aplicación de la ley, así como del personal a cuyo cargo esté la aplicación
de las políticas de prevención, sanción y eliminación de la violencia
contra la mujer”. En igual sentido, la Recomendación General Nº19 del
Comité para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer señala
que “es indispensable que se capacite a los funcionarios judiciales, los
agentes del orden público y otros funcionarios públicos para que
apliquen la Convención”.
Las recomendaciones a los Estados han continuado en esta línea. El informe
particular para Argentina Nº 6 de la CEDAW (2010) en el párrafo 16, insta:
“al Estado parte a que vele por que la judicatura, incluidos jueces, abogados,
fiscales y defensores públicos, conozca los derechos de la mujer y las
obligaciones del Estado parte con arreglo a la Convención, y alienta a este a
que imparta capacitación sobre cuestiones de género a todos los miembros del
sistema de justicia, entre ellos los organismos encargados de hacer cumplir la
ley, y a que vigile los resultados de esa labor.”
Por su parte el MESECVI, Mecanismo de Seguimiento de la Convención de
Belém do Pará, en el Informe final de Argentina (2012) recomienda al Estado
el desarrollo de planes de formación continuos sobre violencia contra las
mujeres y derechos de las mujeres en el marco de la Convención de
Belém do Pará, destinados a legisladores/as, operadores/as de justicia
(jueces/zas, fiscales/as, funcionarios/as legales, comisarios/as de familia)
y otros/as funcionarios/as públicos/as, operadores/as de salud,
educadores/as, fuerzas militares y policiales, organizaciones sociales y
comunitarias de mujeres, centros de atención especializados en violencia
y otras públicos similares.
Finalmente, el Segundo Informe de Seguimiento a la Implementación de las
Recomendaciones del Comité de Expertas del MESECVI (2014) insta a los
Estados Partes a implementar capacitación permanente con contenidos
educativos en violencia contra las mujeres dentro de los planes de
formación de servidores públicos. En este punto el reto radica en que
“esta capacitación no se limite a talleres o actividades esporádicos que
no responden a un programa permanente, o que sean proyectos cuya
vigencia es temporal o parcial”.
Una experiencia en nuestro país que resultó muy interesante al punto de ser
mencionada por los organismos internacionales, fue la capacitación en
género organizada por la Oficina de la Mujer de la Corte Suprema de
Justicia de la Nación bajo la dirección de la Ministra Carmen María
Argibay. En 2010, un grupo de personas especialmente entrenadas
comenzó a realizar réplica de los talleres en sus propios ámbitos
empleando un material elaborado por dicha oficina y validado por el
Sistema de Naciones Unidas en Argentina. El material tenía por objeto
que quienes se desempeñan en la Justicia adquirieran las herramientas
conceptuales que les permitiera, por un lado, mejorar las relaciones
interpersonales, ajustándolas a los estándares internacionales de
igualdad y no discriminación, y por el otro, dar una respuesta acorde con
el programa constitucional y los tratados internacionales firmados por
nuestro país a quienes se presentan al sistema de Justicia.
Según el informe de gestión elaborado por dicha oficina en 2015, la
capacitación llegó a cerca de 30.000 integrantes del sistema judicial, al tiempo
que originó la formación de Oficinas locales en varias de las provincias
argentinas.
Este sistema de capacitación fue compartido con seis países de la región y
más recientemente compartido con todos los países pertenecientes a la
Cumbre Judicial Iberoamericana. No obstante lo cual, no ha tenido en nuestro
país la fuerza para implementarse como una verdadera política de estado,
fundamentalmente por la dificultad de convocar a esos talleres a las
máximas autoridades judiciales, muchas de las cuales eran y son
reticentes a concurrir a los talleres que se organizan.
Resulta importante aclarar que estos materiales, también fueron utilizados para
la capacitación de personal legislativo, fuerzas de seguridad, docentes,
abogadas/os de la matrícula, y por lo tanto podrían constituir una base sobre la
que los organismos podrían trabajar, haciendo algunas adaptaciones. En este
sentido, por un convenio de colaboración firmado en 2015 entre la Oficina de la
Mujer de la Corte Suprema de Justicia de la Nación y el Consejo Nacional de
Coordinación de Políticas Sociales que se encuentra vigente, estos materiales
pueden ser utilizados, pues allí se dispuso que las partes firmantes cooperarán
compartiendo los programas que desarrollen, en especial los recursos que
contribuyan a la incorporación de la perspectiva de género en el diseño y/o
ejecución de políticas en los respectivos ámbitos de competencia de cada una
de las partes, con miras a optimizar la labor de capacitación y sensibilización
en la temática a través de la complementariedad.
Por otro lado, en otros poderes del Estado también se han realizado grandes
esfuerzos pero siquiera han tenido este grado de planificación y organización.
Mientras tanto, los femicidios en los últimos años han ido en aumento, tal como
lo muestran los datos que anualmente muestra la Asociación Civil La Casa del
Encuentro, como más recientemente el Registro de Femicidios de la Oficina de
la Mujer de la Corte Suprema de Justicia de la Nación. Algunos de ellos,
evitables, si hubiera existido una eficiente intervención de los agentes del
Estado, en sus distintos niveles y jerarquías.
Es por ello que más allá de la adopción de otras medidas que deben
implementarse, muchas de las cuales están contempladas en el Plan Nacional
de Acción para la Prevención, Asistencia y Erradicación de la Violencia contra
las mujeres (2017-2019) elaborado por el Consejo Nacional de las Mujeres,
urge involucrar a todas las personas que integran los poderes del Estado, y en
sus distintos estamentos en capacitaciones en perspectiva de género, de modo
de lograr prontamente intervenciones más eficientes y al mismo tiempo
comenzar a resquebrajar las estructuras patriarcales, que reproducen a través
de la impericia y/o violencia institucional, la violencia contra las mujeres.
En este contexto, el presente proyecto de ley propone una medida tan básica
que resulta incuestionable: que todos los servidoras/es públicas/os conozcan la
Constitución, en particular, lo que a través de las convenciones internacionales
sobre los derechos de las mujeres incorporadas a ella constituyen obligaciones
de idéntica jerarquía. En efecto, a través de la incorporación de la Convención
sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer
(CEDAW) a nuestra carta magna, el contenido y obligaciones allí contenidas
debieran ser conocidos por todos. Para ello, y tal como lo expresa la Corte IDH
no resulta suficiente transmitir el contenido normativo sino fundamentalmente
proporcionar las herramientas que permitan visualizar las desigualdades
estructurales de las mujeres, de modo de generar una práctica transformadora.
Se propone también, en cabeza de las máximas autoridades, la obligación de
poner a disposición de todas las personas bajo su órbita de incumbencia las
capacitaciones en género que cumplan con las observaciones internacionales
mencionadas más arriba. Son ellas las que deben bregar porque cada uno de
los integrantes de la institución se comporte de acuerdo al marco constitucional
vigente, que en nuestro país implica actuar con perspectiva de género.
Por otro lado, resulta necesario generar mecanismos de monitoreo y
seguimiento, tal como lo han sugerido los organismos especializados en la
materia, y en este punto la sociedad civil puede implicarse para verificar el
cumplimiento de las obligaciones de capacitación. Se propone entonces el
monitoreo social a partir de una página web disponible a la ciudadanía,
desde la cual se pueda, además de identificarse a la máxima autoridad
responsable, asentarse el porcentaje de personal de la institución
capacitados/as, discriminados por su jerarquía.
A su vez, se propone que el Consejo Nacional de las Mujeres, en tanto
constituye el organismo rector de las políticas públicas en materia de
prevención, sanción y erradicación de la violencia contra las mujeres, que sea
la autoridad de aplicación de la presente ley, fundamentalmente a través de: a)
la certificación de la calidad de las capacitaciones que diagrame cada
organismo, b) la capacitación de las máximas autoridades, a su vez
responsables de implementar las capacitaciones dentro de sus
respectivas áreas de incumbencia y c) el monitoreo de la ejecución de la
presente ley a través de informes y seguimiento en una página web.

CREACIÓN Y DIVERSIFICACIÓN DE UNIDADES FISCALES ESPECIALIZADAS EN


VIOLENCIA CONTRA LAS MUJERES EN LA PROVINCIA DE BUENOS AIRES.

El Comité para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer (CEDAW)


identificó la violencia basada en el género como una de las manifestaciones de
la discriminación cuya causa principal es la desigualdad de género entendidas
como relaciones asimétricas de poder entre hombres y mujeres.
Con la finalidad de combatir la violencia hacia las mujeres, el marco jurídico
internacional de los derechos humanos ha determinado una serie de normas y
estándares que obliga a los Estados a tomar medidas para prevenir, investigar,
sancionar y reparar las violaciones sufridas.
Uno de los mayores obstáculos que encuentra el Estado argentino, tanto a
nivel provincial como a nivel nacional, en relación al abordaje de la prevención,
sanción y erradicación de la violencia de género es garantizar el acceso a la
justicia por parte de las víctimas, así como la efectiva sanción al agresor.
El deber de los Estados de proveer recursos judiciales no se limita a ponerlos
formalmente a disposición de las víctimas, sino que tales recursos deben ser
idóneos para remediar las violaciones de derechos humanos denunciadas.
Desde ONU Mujeres, han relevado las persistentes dificultades que se
encuentran presentes en la región para garantizar el acceso a la justicia a las
personas víctimas de violencia de género. Entre las dificultades que estos
organismos han encontrado, se destacan:
 La utilización por los/as operadores/as judiciales de prejuicios, estereotipos
y prácticas que impiden, entre otros factores, el ejercicio de los derechos a
la justicia y a la reparación por parte de las mujeres víctimas de violencia.
 Las demoras en la iniciación de las investigaciones.
 La lentitud de las investigaciones o la inactividad en los expedientes.
 Las negligencias e irregularidades en la recolección y práctica de las
pruebas y en la identificación de las víctimas y de los responsables.
 La gestión de las investigaciones por parte de autoridades que no son
competentes e imparciales.
 El énfasis exclusivo en la prueba física y testimonial.
 La escasa credibilidad conferida a las aseveraciones de las víctimas y sus
familiares.
 El trato inadecuado de las víctimas y de sus familiares cuando procuran
colaborar con la investigación de los hechos.
 La pérdida de información.
 El extravío de partes de los cuerpos de las víctimas bajo la custodia del
Ministerio Público.
 La ausencia de análisis de las agresiones contra las mujeres como parte de
un fenómeno global de violencia de género”. Aún a pesar de contar en
nuestro país con numerosos instrumentos jurídicos, la violencia de género
produce año tras año nuevas víctimas fatales en hechos de femicidios y
homicidios dolosos contra mujeres. Además, personas LGTBI son víctimas
de homicidios en razón de su identidad de género y miles de mujeres,
niñas, y adolescentes sufren violencia física, sexual, psicológica y otras,
muchas de las cuales devienen en lesiones físicas y emocionales
duraderas.

La Unidad Fiscal Especializada en Violencia contra las Mujeres (UFEM) que


depende de la Procuración General de la Nación, realizó un informe en el que
presenta un análisis de los casos de homicidios de mujeres agravados por
razones de género, juzgados y sentenciados desde la aplicación de la ley
26.791. El informe indica que los tribunales consideran “casos cometidos en el
ámbito de la pareja o intrafamiliar” como “agravados solo por el vínculo, sin
visibilizar el componente de violencia de género presente en esos crímenes”.
En dicho informe queda de manifiesto que aún hoy, la actuación judicial no
avanza “en la investigación del contexto de violencia de género en que se
produjeron los crímenes” ni tampoco sobre “la posible motivación de los
crímenes por odio de género”. A pesar de contar con la figura del femicidio, no
se califica a ese delito como tal, aunque esté configurado y los elementos estén
disponibles para demostrarlo.
Este informe realizado por la UFEM, demuestra entonces que persiste una
enorme dificultad del aparato judicial para entender la problemática de la
violencia de género y adoptar pautas investigativas, medidas y sanciones en
correspondencia a su especificidad y su gravedad, así como pone de
manifiesto la necesidad imperiosa de aplicar un abordaje integral, eficaz y
rápido de las herramientas de sanción al agresor.
En la provincia de Buenos Aires, el entramado organizacional de los diversos
departamentos judiciales arroja un cuadro de significativa heterogeneidad. En
algunos departamentos judiciales, se crearon vía resolución de los Fiscales
Generales de cada Departamento Judicial, Unidades Funcionales de
Instrucción y Juicio (UFIs) especializadas en violencia de género y/o familiar,
en otros casos en violencia doméstica, y en otros casos, se instaló una
práctica, de hecho, de derivar causas relacionadas a esta temática a
determinadas fiscalías con mayor experiencia en la materia, pero sin que esto
quede orgánicamente plasmado en la creación o puesta en funcionamiento de
una unidad especializada
La heterogeneidad en el acceso a la justicia con perspectiva de género implica
en los hechos que hay personas que no acceden a un adecuado sistema de
justicia en función de dónde viven. Además, en muchos casos, no contar con
una justifica especializada implica que la víctima sea revictimizada y que el
Estado no le brinde una justicia adecuada y que atienda a la especificidad,
gravedad y urgencia de la violencia de género.
Un ejemplo de esta heterogeneidad es el hecho de que, en la provincia de
Buenos Aires, existen casos de delitos relacionados con la violencia familiar en
los que el servicio de justicia promueve audiencias de conciliación y/o
mediación a pesar de la expresa prohibición que establece la Ley Nacional.
La falta de capacitación, sensibilización y perspectiva de género que detentan
hoy la mayor parte de los efectores del sistema de justicia en la Provincia de
Buenos Aires.
Desde Re.Te.Ger vemos la necesidad de desarrollo de una política pública que
cree unidades especializadas en delitos de violencia contra las mujeres, a
cargo de operadores judiciales que acrediten una reconocida trayectoria y
adecuada capacitación en materia de género.
En repetidas ocasiones hemos planteado la necesidad de mejorar el acceso y
la calidad de la respuesta judicial en casos de violencia de género y familiar. No
solamente existe una necesidad de contar con un poder judicial capacitado y
con recursos, sino que es imperioso comprender que existen patrones socio-
culturales, estereotipos y prejuicios entre los operadores judiciales que se
cristalizan luego en medidas y sentencias discriminatorias, investigaciones
ineficaces y lentas y procesos revictimizantes de la mujer.
Además, la falta de redes de apoyo y el persistente déficit en el asesoramiento
y acompañamiento a la víctima de estas violencias, deviene en obstáculos para
sostener el proceso judicial. No es sorpresa entonces que muchas mujeres no
logran sostener y llevar adelante el proceso judicial de denuncia en casos de
violencia que ellas padecen
En este marco, crear unidades especializadas es urgente y así lo demanda la
Comisión Interamericana de Derechos Humanos en el Informe sobre Acceso a
la Justicia para las Mujeres Víctimas de Violencia en la que recomienda “crear
instancias especializadas en derechos de las mujeres dentro de los Ministerios
Públicos, la policía y los tribunales, con conocimientos especializados y con
adecuados recursos para garantizar una perspectiva de género al abordar
casos de mujeres que procuran interponer un recurso efectivo ante actos de
violencia”.
Cabe destacar entonces que la provincia de Buenos Aires tiene la obligación de
anteponer el diseño e implementación de políticas públicas respetuosas de los
derechos de las mujeres, uno de ellos siendo el adecuado acceso a una justicia
no discriminatoria. El adecuado acceso a la justicia y la investigación con
debida diligencia de la violencia contra las mujeres es un compromiso
internacional asumido por el Estado argentino al ratificar la Convención de
Belém do Pará.
Es urgente y prioritario que la provincia asuma responsabilidad de garantizar
una justicia adecuada en casos de violencia de género y dar cumplimiento
efectivo y real a las responsabilidades constitucionales que emanan de los
compromisos asumidos por nuestro país en materia de derechos humanos.
CREACIÓN EN EL ÁMBITO DEL MINISTERIO PUBLICO FISCAL DE UNA UNIDAD
ESPECIALIZADA PARA LA INVESTIGACIÓN DE DELITOS COMETIDOS BAJO
PRETEXTO DE LA ORIENTACIÓN SEXUAL E IDENTIDAD DE GÉNERO.
El Poder Judicial, ha adquirido a lo largo de la historia argentina, un rol
relevante en materia de garantía de derechos y libertades, en especial, a la
hora de efectivizar los diversos Tratados Internacionales de Derechos
Humanos, de carácter constitucional, y que no han sido debidamente reflejados
en legislación. Este poder, ha sido con frecuencia, el poder del Estado que
aborda inicialmente estas nuevas temáticas y derechos de colectivos sociales e
individuos. Son ejemplos, los matrimonios igualitarios realizados a través de
fallos que declararon la inconstitucionalidad de las cláusulas de matrimonio de
ese entonces, o los cambios registrales realizados a través de sentencias
favorables que garantizaron el derecho a la identidad de género con
anterioridad a la sanción de dicha ley.

Sin embargo, más allá de estos importantes avances, donde las organizaciones
LGBTQ+ han tenido un rol fundamental, el acceso a la justicia para personas
LGBTQ+ presenta una complejidad de dificultades específicas. Entre ellas, el
hecho de que la violencia y discriminación sufrida por la sociedad civil, se
manifiesta también a través de los agentes del Estado, encargadxs de tomar
nuestras denuncias, especialmente la fuerza policial. La falta de acceso a la
justicia o la carencia de mecanismos que brinden confidencialidad y confianza
para realización de estas denuncias o la subestimación o invisibilizacion de la
discriminación sufrida, se suma al espiral de violencia cotidiana sufrida por
nuestra comunidad.

Por todo lo anterior, es necesario abordar ciertas reformas para garantizar el


acceso a la justicia y que sea receptiva y proclive a investigar las violaciones a
los derechos humanos que sufre la comunidad LGBTQ+.

Un órgano complementario al Poder Judicial en materia de acceso a la justicia,


es el Ministerio Público Fiscal, organismo independiente, con autonomía
funcional y autarquía financiera que, compuesto por el Ministerio Público Fiscal
y el Ministerio Público de la Defensa, tiene por función promover la actuación
de la justicia en defensa de la legalidad y de los intereses generales de la
sociedad.
Desde Re.Te.Ger, apoyamos la creación, en el ámbito del Ministerio Público
Fiscal, de la Unidad Fiscal para la investigación de delitos cometidos bajo
pretexto de la orientación sexual e identidad de género de las víctimas, que
incluya el diseño de estrategias que favorezcan la denuncia de tales hechos en
un ámbito de confidencialidad y comprensión, sin revictimización.

CUPO LABORAL TRANS

La vulneración de los derechos de las personas trans en nuestro país, es una


deuda histórica más, que genera la necesidad de garantizar la inclusión de las
mismas a través de políticas públicas puntuales pensadas desde las
organizaciones LGBTQ+. Entre estos derechos constitucionales vulnerados,
podemos enumerar: a la igualdad y la no discriminación, al trabajo, a la
seguridad física, a la seguridad social, a la privacidad, a la salud integral, a una
adecuada calidad de vida y a la dignidad personal.
Es necesario, a su vez, ilustrar esta situación a través del resultado de una
investigación realizada por RedLactrans: “La transfobia en América Latina y el
Caribe” de la cual transcribimos los siguientes datos pertinentes:
“Esperanza de vida y causas de muerte en la comunidad trans: los promedios
de esperanza de vida arrojan un mínimo de 35,5 y un máximo de 42,25 años.
Mientras que la esperanza de vida, en Latinoamérica, ronda los 75 años.
Entre las principales causas de muerte de la comunidad trans son: a)
VIH/SIDA, b) Homicidios transfobicos, c) Abusos policiales, d) Mala atención en
hospitales públicos y centros de salud e) Nulas oportunidades laborales, f) Mal
uso de silicona industrial, g) Contexto de pobreza y h) Violencia social y
política.”
Es impactante que la cifra del promedio de vida de las personas trans, sea la
mitad que el promedio general de la población de America Latina. El Estado
debe garantizar el cumplimiento de uno de los derechos humanos
fundamentales en toda nuestra raigambre constitucional: la dignidad humana.
Durante la última década, existió un claro avance legislativo en materia de
inclusión de derechos de la comunidad LGBTQ+ con la sanción de la ley de
matrimonio igualitario y luego la ley de identidad de género. Pero es
urgentemente necesario transformar esta igualdad formal en igualdad real, y
para ello es estrictamente fundamental que el Estado realice acciones
afirmativas a traves de sus políticas públicas para la garantía de los derechos
humanos de las personas trans.
Desde el Re.Te.Ger, estamos convencidxs de que una de las acciones
afirmativas que debe llevar adelante el Estado, es el reconocimiento de la
existencia del derecho a la igualdad a la hora de acceder a un trabajo digno, a
través, en este caso, de la aplicación de un cupo laboral trans en el ámbito de
sus tres poderes, las empresas estatales dependientes del Estado, los órganos
descentralizados y empresas con capital estatal mayoritario, no inferior a un
0.5% de su planta transitoria, permanente y contratada.