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SÍNDROME DELIRANTE

EL CONCEPTO DE DELIRIO
Etimológicamente, la palabra delirio deriva del término de-lirare, que significa
“salirse del surco labrado”. La definición psicopatológica más conocida es la de
Jaspers, para quien los delirios son juicios falsos que se caracterizan porque el
individuo los mantiene con gran convicción, que no son influenciables ni por la
experiencia ni por conclusiones irrefutables, y que además su contenido es
imposible. Según Mullen, este tipo de creencias anormales tienen las siguientes
características:

 Se mantienen con absoluta convicción.

 Se experimentan como verdad evidente en sí misma, con gran


trascendencia personal.

 No se dejan modificar por la razón ni por la experiencia.

 Su contenido es a menudo fantástico o cuanto menos intrínsecamente


improbable.

 Las creencias no son compartidas por los otros miembros del grupo social
o cultural.

Oltmanns concluye que las características que se suelen tener en cuenta a la


hora de definir un delirio son las siguientes:

 El balance entre las evidencias a favor y en contra de la creencia es tal


que otras personas la consideran completamente increíble.

 La creencia no es compartida por otros.

 La creencia se mantiene con una convicción firme.

 La persona está preocupada con la creencia y le resulta difícil evitar


pensar o hablar sobre ella.
 La creencia tiene referencias personales, más que convicciones políticas,
religiosas o científicas no convencionales.

 La creencia es fuente de malestar subjetivo o interfiere con el


funcionamiento social de la persona y con sus ocupaciones.

 La persona no dice que lleva a cabo esfuerzos subjetivos para resistirse


a la creencia.

Pero ninguna de estas características es condición necesaria ni suficiente para


definir una creencia como delirante.

Los delirios como creencias falsas

Una de las definiciones más extendidas sobre delirios es la de “creencias falsas”.


Esta visión da problemas en ambos conceptos, el de creencia y el de falsedad.
Hay autores que han propuesto que el término delirio sólo se aplique a aquellas
creencias que sean totalmente increíbles o completamente absurdas. Pero no
tenemos criterios objetivos para saber qué es completamente increíble o
absurdo. Un ejemplo de que los delirios pueden contener verdades o incluso
volverse verdades, lo constituyen los delirios celotípicos, que consisten en la
convicción de que la pareja sexual habitual es infiel. Además, la mayoría de los
clínicos que se han enfrentado a pacientes delirantes podría narrar alguna
experiencia en la que, lo que al principio parecía absurdo, resultó ser finalmente
cierto. Esto se denomina coloquialmente en EE.UU. como el efecto Martha
Mitchell.

Hablar de creencia no parece adecuado. Una creencia puede ser modificada por
la experiencia o por argumentos en contra. Sin embargo, un delirio es, en
principio, inmodificable por la experiencia. Oltmanns o Reed señalan que, en
todo caso, el delirio sería asimilable a una convicción, pero nunca a una creencia.

LAS DIMENSIONES DE LOS DELIRIOS


Los delirios son heterogéneos en términos tanto del contenido como de la forma.
Algunos autores han propuesto unas dimensiones que sugieren la existencia de
una gama de continuos que van desde las creencias normales hasta las
patológicas: modificable vs. inmodificable, convicción leve vs. intensa, presencia
vs. ausencia de apoyos culturales, no preocupación vs. preocupación y plausible
vs. implausible. Estos planteamientos tendrían en común el mantener que
algunos aspectos problemáticos de la definición de delirio se podrían resolver
sustituyendo la visión aceptada de los delirios como fenómenos discretos (se
delira o no se delira) por otra que los conciba como partes más o menos extremas
a lo largo de las muchas dimensiones.

 La inmodificabilidad, incorregibilidad o fijeza

Esta característica hace referencia al mantenimiento del delirio a lo largo del


tiempo a pesar de las evidencias en contra. No obstante, algunas
investigaciones ponen de manifiesto que no es una característica discreta, es
decir, que los delirios no son invariablemente fijos, que hay grados de fijeza.
Sacks, Carpenter y Strauss hallaron tres fases en los 20 pacientes
esquizofrénicos que observaron: una primera fase delirante en la que el
paciente está totalmente implicado en el delirio; una segunda de doble
conciencia en la que la evaluación de la realidad coexistía con los delirios; y
una última no delirante. De manera que en el tránsito de un estado delirante
a uno no delirante el sujeto pasa por una fase intermedia donde es capaza
de cuestionar la validez de sus creencias delirantes aun sin abandonarlas
totalmente.

Por otro lado, la inmodificabilidad se basa en la suposición de que el delirante


se encuentra repetidamente con evidencias contrarias a su creencia, pero
que éstas no le afectan. Según Maher y Ross no es del todo cierto que los
pacientes realmente experimenten de un modo continuado una contradicción
directa de sus creencias.

 La intensidad o convicción

Se refiere al grado de convicción que muestra el sujeto. Las visiones más


aceptadas defienden que la intensidad de la convicción es extraordinaria o
absoluta. Sin embargo, evaluar esta variable también es problemático, para
empezar, este aspecto es compartido con algunas creencias políticas o
religiosas. Además, puede ser bastante variable, como se muestra en el
trabajo de Strauss, que llegó a la conclusión de que la intensidad de la
convicción delirante es tremendamente variable, tanto entre diferentes
pacientes como en un mismo paciente.

Por otro lado, la mayoría de las veces su valoración en ambientes clínicos


deja mucho que desear. Brockington señala que algunos clínicos no revisan
con el paciente el grado de convicción, de modo que este componente, en
vez de comprobarse se tiende a asumir e incluso a sobreestimar su grado.

 La ausencia de apoyos culturales

En la mayoría de las definiciones de los delirios se añade la cautela de que


la creencia no debe ser compartida por otros miembros del grupo cultural del
individuo. Sin embargo, en algunas ocasiones ese criterio se vuelve
incómodo, pues existen otros peligros políticos asociados a la necesidad de
proteger la libertad individual de pensamiento. Por otro lado, también nos
encontramos con problemas a la hora de aplicar este principio a la práctica
clínica real, ya que en muchas ocasiones es realmente difícil estar al tanto de
las creencias de pequeños grupos alejados de nuestro entorno habitual.

 La preocupación

En los delirios los pacientes están continuamente rumiando sus ideas y


emplean buena parte de su tiempo en reafirmarlas y expresarlas. Esto puede
estar relacionado con que las creencias delirantes suelen implicar diversas
áreas de las relaciones y vida del paciente, y suelen ser sobre cosas o
individuos que tienen una conexión con el delirante, lo que las convierte en
ideas autorreferenciales. Por otro lado, esta característica no es exclusiva de
las ideas delirantes, pues también está presente en otras ideas inusuales
como las obsesivas o las sobrevaloradas.

 La implausibilidad

Se refiere a la cualidad extravagante del delirio, y está relacionada con la


característica de falsedad, especialmente con el grado de verosimilitud de la
creencia y con el grado en que el delirio se aparta de la realidad. Sólo resaltar
que hay que tener en cuenta que mientras algunos delirios son imposibles en
cualquier circunstancia, otros son plausibles en ciertos ambientes. Además,
la cualidad extravagante presenta algunos problemas de medida y existen
dificultades para distinguir los delirios de la innovación creativa.

Resumiendo, las investigaciones realizadas desde los planteamientos


dimensionalistas adolecen de ciertas insuficiencias. P. ejemplo, no se utilizan
grupos formados por sujetos con creencias no delirantes, por lo que no es posible
hablar de dimensiones que caracterizan a las creencias en general, o que por el
contrario sean específicas de los delirios. Además, las creencias delirantes no
dan un perfil definido, lo que hace necesario compararlas con creencias de otros
tipos, incluso con otras creencias no delirantes que mantienen los propios
pacientes. Por otro lado, las correlaciones entre estas dimensiones no suelen ser
significativas, lo que apunta hacia una relativa independencia entre ellas.

DIFERENCIAS Y SEMEJANZAS CON OTRAS


CREENCIAS ANÓMALAS
Las ideas sobrevaloradas son creencias que están emocionalmente
sobrecargadas y que tienden a preocupar al individuo y a dominar su
personalidad. Son similares a los delirios en que ambas suponen una fuerte
implicación emocional de las personas que las mantienen. Pero difieren en que
las ideas sobrevaloradas poseen cierto grado de validación consensual, y
pueden ser psicológicamente comprensibles en términos de la experiencia y
personalidad del individuo. Además, se centran en cuestiones sociales, políticas
o religiosas, mientras que los delirios tienen un componente mucho más personal
y son esencialmente autorreferenciales. Por otra parte, mientras que los delirios
remiten con el tratamiento, las ideas sobrevaloradas se centran en un solo tema
que persiste invariable durante meses o años.

En cuanto a las ideas obsesivas, comparten con los delirios la preocupación


que generan en las personas que las mantienen. Sin embargo, los individuos
que presentan ideas obsesivas suelen reconocer lo absurdo de sus creencias, y
suelen mantener una lucha permanente con ellas, a la vez que las experimentan
como una intrusión en su conciencia.

CLASIFICACIÓN DE LOS DELIRIOS


 Clasificación según la forma

Los delirios pueden clasificarse según la forma en delirios primarios y en


delirios secundarios.

Existen cuatro tipos de delirios primarios:

1) Intuiciones delirantes: al sujeto le asalta una idea a la cabeza,


evidentemente esta idea es delirante, y suele ser muy importante para
el sujeto y además le afecta directamente (una persona entiende
repentinamente que es Jesucristo porque su nombre es Jesús Casado
-siglas JC).
2) Percepciones delirantes: el sujeto percibe algo interpretándolo de
forma delirante (una persona ve una estrella fugaz y cree que es un
OVNI que ha venido para abducirle).
3) Recuerdo delirante: el sujeto recuerda algo real de forma delirante o
recuerda algo que no ha pasado de forma delirante (el sujeto recuerda
una intervención quirúrgica renal interpretándolo ahora como que fue
abducido por un OVNI y le extirparon un riñón para estudiar sus
características).
4) Atmósfera delirante: el sujeto interpreta la realidad del mundo de una
forma nueva y generalmente aterradora.

Los delirios secundarios son los que surgen cuando el sujeto intenta dar
una explicación a un proceso mental anómalo (por ejemplo, cuando una
persona sufre alucinaciones es probable que intente dar una explicación a su
alucinación, y es de esperar que la explicación de algo anómalo sea igual de
anómala). Estos delirios son más comprensibles que los delirios primarios,
en los que el delirio surge repentinamente sin ser producto de una
racionalización de un proceso psicológico anómalo.
 Clasificación según el contenido

En el DSM-IV y en la CIE-10 aparecen seis tipos de delirio y una categoría


residual:

1) Tipo erotomaníaco: Se aplica cuando el tema central de la idea


delirante es que otra persona está enamorada del sujeto. La idea
delirante suele referirse a un amor romántico idealizado y a una unión
espiritual, más que a la atracción sexual. Frecuentemente, la persona
sobre la que recae esta convicción ocupa un status más elevado, pero
puede ser un completo extraño. Son habituales los intentos por
contactar con el objeto de la idea delirante, aunque, a veces, la idea
delirante se mantiene en secreto.
La mayoría de los sujetos de este tipo en las muestras de población
clínica son mujeres, y la mayoría de los sujetos en las muestras de
población forense son hombres. Algunos sujetos con este subtipo,
especialmente hombres, se ven envueltos en problemas legales a
causa de sus intentos por conseguir el objeto de su idea delirante o de
sus intentos por “rescatarle” de algún peligro imaginario.

2) Tipo de grandiosidad: Se aplica cuando el tema central de la idea


delirante es la convicción de tener algún extraordinario (aunque no
reconocido) talento o intuición, o de haber hecho un descubrimiento
importante.
Con menor frecuencia, el sujeto puede tener la idea delirante de
mantener una relación especial con alguien importante o de ser una
persona importante (en cuyo caso la persona real puede ser vista
como un impostor).
Las ideas delirantes grandiosas pueden tener un contenido religioso
(por ejemplo, puede creer que ha recibido un mensaje especial de una
divinidad).

3) Tipo celotípico: Se aplica cuando el tema central de la idea delirante


es que el cónyuge o amante es infiel. Esta creencia aparece sin ningún
motivo y se basa en inferencias erróneas que se apoyan en pequeñas
“pruebas” (por ejemplo, ropa desarreglada o manchas en las
sábanas), que son guardadas y utilizadas para justificar la idea
delirante. El sujeto con esta idea delirante suele discutir con el cónyuge
o amante e intenta intervenir en la infidelidad imaginada (por ejemplo,
coartando la libertad de movimientos del cónyuge, siguiéndole en
secreto, investigando al supuesto amante o agrediendo al cónyuge).

4) Tipo persecutorio: Se aplica cuando el tema central de la idea


delirante se refiere a la creencia del sujeto de que está siendo objeto
de una conspiración, es engañado, espiado, seguido, envenenado o
drogado, calumniando maliciosamente, perseguido u obstruido en la
consecución de sus metas a largo plazo.
Pequeñas trivialidades pueden ser exageradas y convertidas en el
núcleo de un sistema delirante. Frecuentemente, el núcleo de la idea
delirante es alguna injusticia que debe ser remediada mediante una
acción legal y la persona afectada puede enzarzarse en repetidos
intentos por obtener una satisfacción apelando a los tribunales y otras
instituciones gubernamentales. Los sujetos con ideas delirantes de
persecución son a menudo resentidos e irritables y pueden reaccionar
de forma violenta contra los que creen que les están haciendo daño.

5) Tipo somático: Se aplica cuando el tema central de la idea delirante


se refiere a funciones o sensaciones corporales. Las ideas delirantes
somáticas pueden presentarse de diversas formas. Las más
habituales son la convicción de que el sujeto emite un olor insoportable
por la piel, la boca, el recto o la vagina; que tiene una infestación por
insectos en o dentro de la piel; que tiene un parásito interno; que
algunas partes del cuerpo tienen evidentes malformaciones o son feas
(en contra de lo observable), o que hay partes del cuerpo (por ejemplo,
el intestino grueso) que no funcionan.
6) Tipo mixto: Se aplica cuando hay ideas delirantes características de
más de uno de los tipos anteriores, pero sin predominio de ningún
tema.

7) Tipo no especificado: Se aplica cuando la creencia delirante


dominante no puede ser determinada con claridad o cuando no está
descrita en los tipos específicos (por ejemplo, ideas autorreferenciales
sin un componente importante de persecución o grandeza).

EXPERIENCIAS DELIRANTES Y ALUCINATORIAS

Estados Confusionales
Cuando se hace referencia a los estados confusionales, se entiende la
incapacidad para distinguir lo real de lo imaginario o la pérdida del control
voluntario sobre las facultades intelectuales.

A menudo la confusión se identifica con el onirismo (una actividad mental


delirante parecida al sueño pero que se produce en estado consciente), porque
las personas habla sobre determinados contenidos imaginarios que son muy
parecidos a los que se vivencian durante el sueño e intercala momentos de
aparente lucidez.

Como podrás suponer, los estados confusionales generan mucha angustia. Su


inicio suele ser brusco pero en ocasiones presenta síntomas prodrómicos. De
hecho, este problema es más común en personas mayores de 60 años que
padecen de alguna patología cerebral, aunque también se puede apreciar en los
casos de adicción o consumo crónico de fármacos, en pacientes ingresados en
las Unidades de Cuidados Intensivos y después de un trauma severo.

Además de la angustia, los estados confusionales se identifican porque la


persona presenta fatiga, apatía, irritabilidad, insomnio y alteraciones de la
memoria. Además, es como si la persona estuviese medio dormida.
SINDROME CONFUSO ONÍRICO
Se trata de un estado confusional en el que la atención está mucho más centrada
en el nivel subjetivo y en los estados anímicos. Podría decirse que es un punto
intermedio entre la confusión y la “eclosión de delirio”; o sea, la desintegración
de la conciencia (caracterizada por delirios caóticos, alucinaciones y agitación
psicomotriz).

La persona que padece un síndrome confuso onírico pierde la coherencia y


presenta una apraxia ideacional; es decir, es incapaz de mantener una
conversación comprensible a pesar de lo mucho que se esfuerce por hacerse
entender. Se aprecia una pérdida de la estructura del lenguaje.

En los cuadros maníacos y esquizofrénicos delirantes, la persona puede ser un


poco coherente pero lo cierto es que normalmente no se esfuerza mucho por ser
entendido. En los cuadros orgánicos, la persona es incapaz de encontrar las
palabras y los conceptos adecuados.

En sentido general, los síntomas más comunes son las paramnesias (más que
la pérdida de la memoria, se produce una distorsión de la misma), también
suelen mostrar una conducta más desinhibida, disgrafía y cuando se les
pregunta por su profesión, por ejemplo, suelen usar una jerga incomprensible.
Obviamente, el síntoma principal es la inatención a los estímulos ambientales ya
que su conciencia está focalizada en otros estímulos.

SINDROME CREPUSCULAR
El síndrome crepuscular es un trastorno mental caracterizado sobre todo por
varios síntomas como son la astenia, falta de motivación, desgane y malestar
general. Su nombre se debe a que el efecto empieza a notarse a partir del
anochecer, cuando la privación de luz afecta al individuo. Los motivos son varios
y poco generales entre los que destaca la falta de autoestima, depresión,
cansancio prolongado, estrés, ansiedad o rabia contenida. Este trastorno puede
derivar a otras enfermedades mentales más graves como psicosis, anorexia o
depresión, entre otras. Este trastorno suele frecuentarse más a partir de la
adolescencia, donde los factores que la desencadenan son más perceptibles
para el individuo.
Es el estrechamiento del campo de la conciencia de manera súbita y con una
variación de minutos a horas, días y hasta meses, de tal manera que en el sujeto
se advierte el predominio de un sistema limitado de móviles e ideas con
desconexión mayor o menor del resto de la actividad ordinaria y que, por lo tanto,
puede aparentar una conducta normal. En oportunidades se agrega a este
entorpecimiento abundante productividad patológica del tipo de delirium. Se
presenta, especialmente, en los trastornos disociativos y en la epilepsia
psicomotora (etiología psicológica u orgánica, respectivamente). Tiene además,
importancia en Medicina Legal porque bajo este estado un sujeto puede realizar
actos complicados como emprender viajes, actos de violencia u otros extraños
de los cuales, pasado el estado, no recordará o lo hará sólo en forma borrosa o
fragmentaria.

Existen dos modalidades:

 La pasiva y Ordenada

Es la que viabiliza las fugas epilépticas o psicógenas, en las que el enfermo en


forma automática es capaz de alejarse hasta miles de Kilómetros de su hogar en
viajes sin propósito voluntario, luego de haberse comportado en forma
aparentemente organizada. Es de instalación y terminación súbita.

 Desordenada y Agitada

Constituye una de las más importantes emergencias psiquiátricas por su


frecuente carácter agresivo y destructivo, en la que el enfermo se enfrenta a sus
alucinaciones de contenido amenazador.

TRASTORNO Y CRISIS DE ANGUSTIA


El trastorno de angustia o también llamado trastorno de pánico, es un subtipo de
trastorno de ansiedad, que tiene tratamiento médico-psicológico. Las personas
con trastorno de angustia tienen episodios súbitos de miedo intenso sin motivo,
que se llaman crisis de angustia (ataques de pánico).Las crisis de angustia se
acompañan de síntomas físicos, además de los psíquicos.
La crisis de angustia son episodios de miedo intenso, que aparecen
repentinamente, normalmente en situaciones conocidas donde no es esperable
el miedo o en las que la intensidad del miedo es desproporcionada.

Durante la crisis de angustia, y ante el miedo, el cuerpo reacciona con otros


síntomas. Aparecen típicamente palpitaciones (golpes del corazón), taquicardia
(el corazón va más rápido), sudoración, sensación de falta de aire al respirar,
dolor en el pecho, mareos, parestesias (hormigueo), temblor, sofocos, náuseas
y dolor en el estómago; etc. Todos estos síntomas, representan a los
anteriormente llamados físicos. También surgen otros síntomas típicos como
son: el miedo a perder el control, el miedo a volverse loco, el miedo a morir, la
desrealización (sensación de encontrarse en una situación irreal) o la
despersonalización (sensación de separarse de propio cuerpo).

En general, los síntomas de las crisis de angustia surgen bruscamente y


alcanzan su mayor intensidad a los 10 minutos.

Todas las crisis de angustia no forman parte del trastorno de angustia, ya que
las crisis de angustia que pertenecen al trastorno de angustia son inesperadas
por la persona que las padece, es decir, sin que medie ningún motivo. Además
otras enfermedades o fármacos pueden provocar crisis de angustia. Por lo que
se recomienda acudir al médico para la realización del diagnóstico correcto.

El trastorno de angustia se acompaña frecuentemente de la agorafobia. Las


personas con agorafobia tienen miedo a permanecer en lugares públicos
concretos, de donde piensan que es difícil escapar o en los creen que no podrán
recibir ayuda en caso de tener una crisis de angustia. Incluso en ocasiones tienen
miedo a estar solos en cualquier situación o lugar. De esta forma algunas
personas dejan de utilizar el trasporte público, no entran en centros comerciales,
no se alejan a más de cierta distancia de su domicilio, llegando al extremo de
rechazar quedarse solo en su casa. Ante la evitación de distintas situaciones la
vida de la persona se va restringiendo, produciendo en ocasiones gran
discapacidad.

La ansiedad anticipatoria es la ansiedad que aparece ante el simple hecho de


pensar en la posibilidad de tener una crisis de angustia. Puede llevar a la
reclusión en el domicilio de la persona que la padece, ante el temor a padecer
una crisis de angustia en lugares donde no puede recibir ayuda.

DELIRIOS CRÓNICOS

Se caracteriza por una alienación de la personalidad y fundamentalmente va a


afectar al contenido del pensamiento, será un pensamiento delirante que
también se verán afectadas las relaciones del paciente con los demás. La
palabra delirio proviene de delirare, que significa salirse del camino, estar fuera
de la realidad. Es importante que distingamos entre el delirio y el delirium: el
delirio es un trastorno de la conciencia que tiene que ver con la personalidad
previa del paciente evoluciona en forma de desarrollo. El delirium es sintomático,
forma de psicosis somatógena, de causa externa.

ELEMENTOS DE LOS DELIRIOS CRONICOS

Cuando nos encontramos con un paciente delirante, lo primero que tenemos que
hacer es investigar el contenido de ese delirio, que se caracteriza por:

- La temática: es el tema del delirio. Puede ser muy diversa, de perjuicio, de


grandeza, pasional, místico, de reivindicación.

- El mecanismo de producción: cómo surge el delirio. Puede ser. Interpretativo:


el sujeto interpreta de forma delirante aspectos q le circundan, como personas,
situaciones, objeto; Imaginativo: el sujeto se imagina algo de lo que luego se
convence de su delirio.; Alucinatorio: a partir de las alucinaciones que surgen de
un trastorno sensoperceptivo y a partir de esa alucinación hace el montaje
delirante. Intuitivo: el sujeto intuye ese tema delirante. Influencia y posesión: el
sujeto se siente influido o poseído desde fuera y a partir de ahí se hace un
montaje delirante.

- Sistematización: es la lógica, el grado de coherencia q tiene un delirio. Hay


delirios muy bien organizados y con mucha lógica que es muy difícil descubrir
que se trata de un delirio. Cuando hay un gran grado de lógica en la
sistematización es difícil ver la premisa falsa.

- Reacciones del enfermo a ese delirio: la mayor parte de las veces van a ser
reacciones de agresividad que puede ser de autolesión o heteroagresivas, q van
dirigidas a los demás.

-Constitución y evolución: Los delirios crónicos se constituyen e instalan de forma


progresiva y paulatinamente, pero a veces pueden surgir de forma brusca o
aguda.

La evolución suele ser entrecortada, con fases de remisión de la intensidad del


delirio, pero que nunca llega a desaparecer ese delirio del todo.

El delirio esquizofrénico está abocado a un deterioro de las funciones


psicológicas superiores, a una pseudo demencia (que en los primeros momentos
de la esquizofrenia se la denominaba “demencia precoz”). Por el contrario los
delirios crónicos tienen una evolución menos deficitaria, aunque a veces ocurre
que con el paso del tiempo, la senilidad disminuye la actividad delirante.

DIAGNÓSTICO DE LOS TRASTORNOS DELIRANTES

CRITERIOS PARA EL DIAGNÓSTICO SEGÚN EL DSM – IV


DEL TRASTORNO DELIRANTE [297.1]
La característica esencial del trastorno delirante es la presencia de una o más
ideas delirantes que persisten durante al menos 1 mes (Criterio A).

No debe realizarse el diagnóstico de trastorno delirante si el sujeto ha presentado


alguna vez un cuadro clínico que cumpla el Criterio A para la esquizofrenia
(Criterio B).

Si hay alucinaciones visuales o auditivas, no son importantes, y puede haber


alucinaciones táctiles u olfatorias (y ser importantes) en relación con el tema
delirante (p. ej., la sensación de estar infestado por insectos asociada a delirios
de infestación o la percepción de que uno emite un olor insoportable por algún
orificio corporal asociada a ideas de autorreferencia). Excepto por la
consecuencia directa de las ideas delirantes, la actividad psicosocial no está
significativamente deteriorada y el comportamiento no es raro ni extraño (Criterio
C).

Si se presentan episodios afectivos simultáneamente con las ideas delirantes,


la duración total de estos episodios es relativamente breve en comparación con
la duración total de los períodos delirantes (Criterio D).

Las ideas delirantes no son debidas a los efectos fisiológicos directos de alguna
sustancia (p. ej., cocaína) o a enfermedad médica (p. ej., enfermedad de
Alzheimer, lupus eritematoso sistémico) (Criterio E).

Aunque la consideración de que las ideas delirantes sean o no extrañas es


especialmente importante para diferenciar el trastorno delirante de la
esquizofrenia, la determinación del concepto «rareza» puede ser difícil,
particularmente entre diferentes culturas. Las ideas delirantes se califican como
extrañas sin son claramente improbables, incomprensibles y si no derivan de
experiencias de la vida cotidiana (p. ej., la creencia de un sujeto de que un
extraño le ha quitado sus órganos internos y los ha sustituido por otros sin dejar
ninguna herida o cicatriz). Por el contrario, las ideas delirantes no extrañas se
refieren a situaciones que es posible que se den en la vida real (p. ej., ser
seguido, envenenado, infectado, amado en secreto o engañado por el cónyuge
o amante). La actividad psicosocial es variable. Algunos sujetos parecen estar
relativamente conservados en sus papeles interpersonal y laboral. En otros, el
deterioro es importante e incluye una actividad laboral escasa o nula y
aislamiento social. Cuando hay una actividad psicosocial pobre en el trastorno
delirante, ésta deriva directamente de las mismas creencias delirantes. Por
ejemplo, un sujeto que está convencido de que va a ser asesinado por «un
mafioso» puede dejar su trabajo y negarse a salir de casa salvo por la noche, y
sólo si va disfrazado. Este comportamiento es un intento comprensible de evitar
ser identificado y ejecutado por sus presuntos asesinos. En cambio, el
empobrecimiento de la actividad social en la esquizofrenia puede ser debido
tanto a los síntomas positivos como a los negativos (especialmente a la abulia).
Asimismo, una característica habitual de los sujetos con trastorno delirante es la
aparente normalidad de su comportamiento y de su aspecto cuando sus ideas
delirantes no son cuestionadas o puestas en juego. En general, es más fácil que
esté deteriorada la actividad social y conyugal que la intelectual y laboral.

A. Ideas delirantes no extrañas (p. ej., que implican situaciones que ocurren
en la vida real, como ser seguido, envenenado, infectado, amado a
distancia o engañado por el cónyuge o amante, o tener una enfermedad)
de por lo menos 1 mes de duración.
B. Nunca se ha cumplido el Criterio A para la esquizofrenia. Nota: En el
trastorno delirante puede haber alucinaciones táctiles u olfatorias si están
relacionadas con el tema delirante.
C. Excepto por el impacto directo de las ideas delirantes o sus
ramificaciones, la actividad psicosocial no está deteriorada de forma
significativa y el comportamiento no es raro ni extraño.
D. Si se han producido episodios afectivos simultáneamente a las ideas
delirantes, su duración total ha sido breve en relación con la duración de
los períodos delirantes
E. La alteración no es debida a los efectos fisiológicos directos de alguna
sustancia (p. ej., una droga o un medicamento) o a enfermedad médica.

SÍNTOMAS DEPENDIENTES DE LA CULTURA Y SEXO


Al evaluar la posible presencia de un trastorno delirante debe tenerse en cuenta
la historia cultural y religiosa del sujeto. Algunas culturas tienen creencias
ampliamente difundidas y culturalmente aceptadas que pueden ser consideradas
delirantes en otros contextos culturales. El contenido de las ideas delirantes
también varía en diferentes culturas y subculturas. Probablemente el trastorno
delirante celotípico es más frecuente en varones que en mujeres, pero no parece
haber diferencias genéricas importantes en la frecuencia total del trastorno
delirante.

CURSO
Generalmente, la edad de inicio del trastorno delirante es a mediados de la edad
adulta o algo después, pero puede aparecer a una edad más temprana. El tipo
persecutorio es el subtipo más frecuente. El curso es muy variable. El trastorno
suele ser crónico, especialmente en el tipo persecutorio, aunque a menudo se
producen oscilaciones en cuanto a la intensidad de las creencias delirantes. En
otros casos puede haber largos períodos de remisión, seguidos de recaídas. No
obstante, también el trastorno puede remitir en unos pocos meses, a menudo sin
recaídas. Algunos datos sugieren que el tipo celotípico puede tener un mejor
pronóstico que el tipo persecutorio.

DIAGNÓSTICO DIFERENCIAL
El diagnóstico de trastorno delirante sólo se establece cuando la idea delirante
no es debida a los efectos fisiológicos directos de alguna sustancia o a una
enfermedad médica.

Un trastorno psicótico inducido por sustancias, especialmente debido a


estimulantes como las anfetaminas o la cocaína, puede ser transversalmente
idéntico en su sintomatología al trastorno delirante, pero, en general, se
diferencia por la relación cronológica del consumo de la sustancia con el inicio y
la remisión de las creencias delirantes.

El trastorno delirante puede distinguirse de la esquizofrenia y del trastorno


esquizofreniforme por la ausencia de los demás síntomas característicos de la
fase activa de la esquizofrenia (p. ej., alucinaciones auditivas o visuales
acusadas, ideas delirantes extrañas, lenguaje desorganizado, comportamiento
catatónico o gravemente desorganizado, síntomas negativos). Comparado con
la esquizofrenia, el trastorno delirante suele producir menos deterioro de la
actividad laboral y social.

Puede resultar difícil distinguir los trastornos del estado de ánimo con
síntomas psicóticos del trastorno delirante, porque los síntomas psicóticos
asociados a los trastornos del estado de ánimo suelen implicar la presencia de
ideas delirantes no extrañas, sin alucinaciones claras, y el trastorno delirante
frecuentemente lleva asociados síntomas afectivos. La distinción depende de la
relación temporal entre la alteración afectiva y las ideas delirantes y de la
gravedad de los síntomas afectivos. Debe realizarse el diagnóstico de trastorno
del estado de ánimo con síntomas psicóticos si las ideas delirantes se presentan
exclusivamente durante episodios afectivos. Si bien los síntomas depresivos son
frecuentes en el trastorno delirante, habitualmente son leves, remiten en tanto
que persisten los síntomas delirantes y no son tributarios de un diagnóstico
independiente de trastorno del estado de ánimo. A veces, síntomas afectivos que
cumplen totalmente los criterios para un episodio afectivo están superpuestos a
la alteración delirante. El trastorno delirante sólo puede diagnosticarse si la
duración total de todos los episodios afectivos sigue siendo breve en relación
con la duración total de la alteración delirante. Si los síntomas que cumplen los
criterios para un episodio afectivo están presentes durante una parte sustancial
de la alteración delirante (p. ej., el equivalente delirante del trastorno
esquizoafectivo), entonces el diagnóstico apropiado es trastorno psicótico no
especificado, acompañado por el de trastorno depresivo no especificado o
el de trastorno bipolar no especificado.

Los sujetos con un trastorno psicótico compartido pueden presentar síntomas


parecidos a los que se observan en el trastorno delirante, pero la alteración tiene
una etiología y un curso característicos. En el trastorno psicótico compartido las
ideas delirantes aparecen en el contexto de una relación muy estrecha con otra
persona, son formalmente idénticas a las de esa otra persona y se atenúan o
desaparecen cuando el sujeto con el trastorno psicótico compartido es separado
del sujeto con el trastorno psicótico primario. El trastorno psicótico breve se
diferencia del trastorno delirante por el hecho de que los síntomas delirantes
duran menos de 1 mes. Puede hacerse un diagnóstico de trastorno psicótico
no especificado si no se dispone de información suficiente para elegir entre el
trastorno delirante y otros trastornos psicóticos o para determinar si los síntomas
presentes son provocados por alguna sustancia o son la consecuencia de alguna
enfermedad médica.

Puede resultar difícil diferenciar la hipocondría (especialmente con poca


conciencia de enfermedad) del trastorno delirante. En la hipocondría, el temor o
la preocupación de tener una enfermedad grave se sostienen con una intensidad
menor que en el trastorno delirante (p. ej., el sujeto puede contemplar la
posibilidad de no tener la enfermedad temida). El trastorno dismórfico implica
una preocupación por algún defecto imaginario en el aspecto físico. Muchos
sujetos con este trastorno sostienen sus creencias con una intensidad menor
que la delirante y reconocen que la visión que tienen de su aspecto está
distorsionada. Sin embargo, una proporción significativa de los sujetos cuyos
síntomas cumplen los criterios para el trastorno dismórfico sostienen sus
creencias con una intensidad delirante. Cuando se cumplen los criterios para
ambos trastornos, puede diagnosticarse tanto un trastorno dismórfico como un
trastorno delirante, tipo somático.

En el trastorno paranoide de la personalidad, al contrario que en el trastorno


delirante, no hay creencias delirantes persistentes o bien definidas. Siempre que
una persona con un trastorno delirante tenga un trastorno previo de la
personalidad, el trastorno de la personalidad debe registrarse en el Eje II,
seguido entre paréntesis de «premórbido».

RELACIÓN CON LOS CRITERIOS DIAGNÓSTICOS DE


INVESTIGACIÓN DE LA CIE -10
Los Criterios Diagnósticos de Investigación de la CIE-10 establecen una
duración mínima de los síntomas de 3 meses (a diferencia del DSM-IV, DSM-III
y DSM-III-R que tan sólo requieren que ésta sea de 1 mes).