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Introducción

Es un estudio altamente documentado por pruebas arqueológicas, histórico-


documentales, testimoniales, teológicas, filosóficas y hasta psicológicas (en el estudio
del carácter), que respaldan temas tan controversiales como la resurrección de
Jesucristo y la veracidad de la Biblia. Su defensa incluye la de la veracidad de las
fuentes históricas con pruebas fehacientes y precisas, que invitan al lector a
corroborar por sí mismo la tesis expuesta, de tal manera que al ser aplicados estos
argumentos sobre los temas bíblicos, no queda duda alguna acerca de la certeza y
claridad que contienen en sí mismos. Este trabajo es además una recopilación de
evidencias históricas y científicas, escritas por autores de todas las épocas. Josh
McDowell es un reconocido predicador y maestro cristiano estadounidense. Su
prolífico trabajo intelectual ha sido de gran estima académica y reconocimiento
público, debido a la seriedad, pulcritud y precisión de sus investigaciones, las cuales
respaldan temas debatidos por décadas en la historia de la Humanidad.
Lo que aquí estamos estableciendo es la confiabilidad histórica de la escritura, no su
inspiración.
La confiabilidad histórica de la escritura debiera ser sometida a prueba con el mismo
criterio con el cuan han sido probados todos los documentos históricos.
Se encuentran dos partes muy interesantes que se observaran en este estudio las cuales
son:
 Parte 1: Confirmación mediante el texto histórico.
 Parte 2: Confirmación mediante la arqueología.

Esto da credibilidad a como es que la Biblia es una gran arma poderosa que Dios nos ha
dejado a los seres Humanos y es confiable por todas las pruebas que se han realizado,
además esta Palabra cambia vidas.

Josh McDowell comenta: Mi trabajo fue investigar evidencias bibliográficas, históricas


y arqueológicas a pesar de los pro y los contra, yo por mi parte me había propuesto
desacreditar el cristianismo, pues tenía preferencias y prejuicios en contra de Cristo,
mas no a favor de Él; pero los resultados demostraron lo contrario de lo que yo
estaba esperando comprobar y yo en base a esto tomé una decisión; y no hallé lo que
quería encontrar, sino más bien confirmé mediante la investigación lo que deseaba
refutar. Todo comenzó cuando todavía era alumno en el “Kellogg College” de
Michigan y un grupo de estudiantes cristianos me exhortó a que examinara
intelectualmente las afirmaciones del cristianismo. Yo estaba “seguro” (al menos por
lo que creía saber) que el cristianismo no valía la pena; pero acepté el “desafío” y
puse como primer punto a desacreditar “la resurrección de Cristo”; pero, vaya
sorpresa, pues en su lugar encontré las pruebas de las evidencias más convincentes
para la confiabilidad bibliográfica del Nuevo Testamento y la veracidad histórica de la
Resurrección. Y ya que... a muchos les gusta jugar con la idea de llamar “suicidio
intelectual” o “fe ciega” a la fe cristiana, podemos afirmar que: nuestra fe está
respaldada en evidencia histórica y arqueológica.