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Ponencia preparada para el XII Congreso Nacional de Ciencia Política organizado por la

Sociedad Argentina de Análisis Político y la Universidad Nacional de Cuyo, Mendoza,


12 al 15 de agosto de 2015

La caracterización de la masas peronistas


por la Unión Democrática y la construcción
de un campo identitario popular
antiperonista (1945-1946)

Alvarez Amestoy Juan Facundo


(UBA/UNTREF)
facundoalvarez73@gmail.com

Área temática:
HISTORIA Y POLÍTICA
Ideas, prácticas y cultura política

1
I. Introducción

En los últimos años han vuelto a circular en el debate político argentino una
serie de concepciones y representaciones que expresan el clivaje peronismo-
antiperonismo incluyendo las imágenes que ambos polos construyeron de sí mismos y
del otro. Puede considerarse un ejemplo de ello el que, mientras escribía esta ponencia,
la periodista Silvia Mercado publicó en una editorial de gran tirada su libro El relato
peronista.
La intención de este trabajo es revisar el stock de imágenes y representaciones
sobre los peronistas producidas y puestas en circulación por la Unión Democrática en el
periodo 1945-1946, no solo como expresión temprana del mencionado clivaje
peronismo-antiperonismo (que atraviesa la historia política argentina de la segunda
mitad del siglo XX) sino como parte de una estrategia de movilización simbólica en una
disputa por interpelar y representar al pueblo en el marco del proceso electoral que llevó
a la victoria de la coalición peronista el 24 de febrero de 1946. Estas caracterizaciones
sobre las masas peronistas formaban parte de un intento por construir un campo
identitario popular antiperonista por parte de las distintas fuerzas que integraban la
Unión Democrática.
Fue entre las jornadas del 17 y 18 de octubre de 1945 y la campaña electoral que
comenzó a cristalizarse un imaginario antiperonista basado en un repertorio de
representaciones negativas sobre los peronistas como identidad colectiva. Estas
representaciones suelen atribuirse a la expresión de reacciones y prejuicios de tipo
sociocultural que afloraban debido al impacto que la emergencia del peronismo
generaba en los sectores medios y altos. Sin negar completamente ese carácter a muchas
de esas representaciones, este trabajo intenta una indagación sobre sus usos y efectos
específicamente políticos. El trabajo también pretende comenzar a compensar la escasa
atención que han recibido estas representaciones sobre los peronistas elaboradas por las
fuerzas que componían la Unión Democrática.
Siendo estas representaciones, imágenes y figuras el objeto de estudio de este
trabajo no interesa aquí evaluar, y menos polemizar, sobre su veracidad en tanto
descripción de acontecimientos históricos o de las masas que apoyaban a Perón.
Pretendo indagar sobre sus posibles efectos políticos en vista a la para nada obvia ni
previsible derrota electoral de la Unión Democrática.

2
Si como sostiene Nicolás Azzolini (2015) los contenidos de los discursos políticos y
sociales eran similares en ambas coaliciones enfrentadas y si como sostiene Julián Melo
en La frontera invisible (2013) los antiperonistas habrían constituido o intentado
constituir un campo identitario popular que compitiera con el peronista, entonces es
posible pensar que parte de lo que inclinó la victoria hacia las fuerzas peronistas podría
deberse en gran medida al peso de las representaciones negativas sobre las masas
peronistas presentes en el discurso de la Unión Democrática y a su exitosa inversión de
sentido en la estrategia discursiva peronista, simbolizada en la figura del descamisado.

Siguiendo a Azzolini intento ubicarme en una perspectiva distinta de la


tradicional, que indaga desde los aciertos de Perón, para evaluar la posibilidad de que al
imaginar a las masas peronistas no solo distintas (otras) sino inferiores, anormales,
criminales, indecentes, falsas, primitivas y patológicas (enfermas pero también como
enfermedad, síntoma y medio de contagio) el discurso de la Unión Democrática
creyendo acertar en deslindar campos y trazar una frontera discursiva exitosa, en
realidad dificultará sus posibilidad de identificación con porciones decisivas del
electorado.

II. Aparecen las masas peronistas

Félix Luna nos dice, como protagonista, que en vísperas de la Marcha de la


Constitución y la Libertad1 “no había peronistas. Al menos no conocíamos ninguno (…)
llegamos a convencernos que no existían (…). O si los había, ¿Dónde estaban?”(Luna
1973). El 17 y 18 de octubre la magnitud de la movilización peronista obligó a su
caracterización por parte de las fuerzas antiperonistas.
El Partido Comunista en su manifiesto del 21 de octubre describió a la
movilización como: “El malón peronista2 –con protección oficial y asesoramiento
policial- que azotó al país, ha provocado rápidamente -por su gravedad- la
exteriorización del repudio popular de todos los sectores de la República en millares de

1
:la Marcha de la Constitución y la Libertad fue convocada por todos los sectores opositores a la gestión
de Perón dentro del gobierno militar surgido del golpe del 4 de junio de 1943. La multitudinaria
movilización opositora se realizó en las calles céntricas de la ciudad de Buenos Aires el 19 de septiembre
de 1945 y contó con el apoyo público del embajador norteamericano Spruille Braden.
2
:El destacado es mío, no es de los textos originales.

3
protestas”. En esta cita podemos ver no sólo la aparición de la figura negativa del malón
peronista sino también la presencia de un supuesto repudio popular que ejemplifica la
pretensión de constituir un campo identitario popular antiperonista. El dirigente radical
Cisneros (Luna 1973) recalcaba en un comunicado que la manifestación no fue
espontánea, que hubo coacción de la policial y de la Secretaría de Trabajo y Previsión,
que la mitad de los manifestantes “lo constituían mujeres y menores, teniendo
informaciones fehacientes de que muchos de éstos recibieron dinero para concurrir”,
que el acto fue planificado con anticipación, que los manifestantes vejaron a personas,
asaltaron comercios, injuriaron a la población vivando a su candidato y llevando como
lema o estribillo: “Viva la alpargata y mueran los libros”. El 23 de octubre el Partido
Socialista, desde La Vanguardia, acusa:

“Las otras noches hemos tenido en Buenos Aires visiones de


candombe. Solo el color estaba ausente. Esos personajes que acaso no hayan
sido mejor pintados que en “El Matadero” de Echeverría, habían tomado las
calles bajo segura protección oficial. Y no faltó el vítor amenazante y la
injuria soez, la pared pintada con textos de torpeza, la agresión –faltó la brea
pero estuvo presente la cachiporra- al transeúnte. Ese candombe blanco tenía
de clase obrera argentina en 1945, lo que en 1845 tenía de pueblo porteño el
candombe negro. Es decir, nada”.

Trazando un puente entre rosismo, fascismo y peronismo junto con la negación de


obrerismo a la movilización peronista, afirman los socialistas:

“Las masas movidas –lo ha palpado el país- lo fueron y son de la misma


condición y calidad que las que movieron Rosas, Hitler, Mussolini. ¿Qué
obrero argentino se mueve en una manifestación reivindicatoria de sus
derechos como en un corso de carnaval? ¿Qué obrero argentino rompe,
depreda, asalta y hurta con el pretexto de tales reivindicaciones? ¿Qué obrero
argentino se ha movido contra la cultura y la civilidad para sostener sus
derechos a una vida digna y mejor? ¿Qué obrero argentino ataca en turba al
transeúnte desvalido porque lleva botines y camisa limpia, o arranca el
guardapolvo blanco de las maestras y escolares? ¿Qué obrero argentino es
capaz de hacer todo lo que hizo y se insinuó en estos días de huelga oficial

4
contra los estudiantes, cuando en todo momento obreros y estudiantes
lucharon de consuno?”

Para reforzar la idea de la ausencia obrera en las filas peronistas del 17 de octubre
La Vanguardia describe la composición de los manifestantes:

“Elementos típicos de comité, obreros municipales y del Estado


obligados por sus jefes, un conglomerado de hombres de trabajo
indefinidos que, evidentemente, por su condición ni están agremiados y poco
entienden de reivindicaciones y de problemas sociales; muchachones,
adolescentes en su mayoría, de los distintos barrios donde se inició el
movimiento y que adhirieron, primero en tren de diversión espectacular, como
cuando se trata de castigar a un referí de fútbol y luego en forma más
peligrosa; se le añadió a todo ello una buena dosis de elementos que viven al
margen de la ley, ante la perspectiva de sacar algún provecho de los tumultos
(...) Los obreros, tal como siempre se ha definido a nuestros hombres de
trabajo (...) no estaban allí (...) Ni formaban campamentos donde sestearon,
comieron, durmieron y se embriagaron los componentes de las columnas que
desde la periferia llegaron al centro de las ciudades”.

Al día siguiente, el 24 de octubre, el semanario comunista Orientación caracteriza:

“Los sucesos de los días 17 y 18 de octubre han llenado de estupor a


la opinión sorprendida e indefensa. Según el estilo de los escuadristas que
actuaron con plena impunidad policial, grupos armados que asaltaron
comercios y recorrieron las ciudades con aires de trompas de saqueo en
procura de botín cumplieron un plan fríamente establecido (...) El peronismo
había tomado la calle (...) Manifestantes de la esclavitud que recorrieron
las calles de Buenos Aires los días 17 y 18 del corriente, llevaban en sus
actos y en sus gritos la mejor cédula de identidad. La ciudad asombrada al
ver los desmanes y escuchar sus vítores y mueras comprendieron de
inmediato el carácter de las manifestaciones. No es éste un fenómeno nuevo
en la historia del movimiento político. En Alemania Hitler afianzó su poder
sobre el lúmpen proletariado, los desclasados, los maleantes y con todos

5
ellos organizo sus sanguinarias tropas de asalto. El dictador italiano se valió
de elementos análogos”.

Orientación realiza un análisis de las multitudes peronistas que coincide en su


descripción con La Vanguardia:

“La composición del conglomerado aullante no era distinta. Pero


estos tres elementos señalados estaban también secundados por personas
que, sin pertenecer a las aludidas especificaciones, engrosaron las columnas
engañados con las demagógicas campañas realizadas sin economía de
medios desde los círculos palaciegos. Todos maleantes y desclasados,
engañados y genuflexos dijeron a toda voz el pensamiento de la
inconciencia al vomitar en las calles las frases mandadas por los amos”.

Al día siguiente desde Antinazi Eugenia Silveyra de Oyuela distingue entre el


pueblo argentino verdadero y pueblo peronista falso: “esa resaca humana no es, en
verdad, el gran pueblo argentino (...), es solamente el pueblo de Perón” (Antinazi
25/10/1945). En la misma línea, a principios de noviembre, el socialista Enrique
Dickmann enmarca plenamente el clivaje peronismo-antiperonismo en la dicotomía
sarmientina de civilización y barbarie, y simultáneamente traza una frontera entre
pueblo y populacho al plantear que Perón había:

“resucitado a la plebe contra la sociedad civil y civilizada. „Alpargatas


sí, libros no‟ y „sea patriota, mate un estudiante‟, grita el peronista. Es el
grito de la barbarie contra la civilización resucitado por el totalitarismo
nazi-fascista (...) El proletariado es el pueblo y el lumpen-proletariat, el
populacho y el candombe. El primero ha desfilado el 19 de septiembre en
la Marcha gloriosa de la Constitución y la Libertad, y el segundo, en la
marcha vergonzosa del 17 de octubre, vivando al dictador” (Antinazi,
01/11/1945).

A fines de octubre Guillermo Korn, como parte de los intelectuales antifascistas,


público su libro La Resistencia Civil en el que incluye una caracterización de las
jornadas de octubre:

6
“Buenos Aires (...) se estremeció de pronto ante la invasión de
hordas desatadas que, al grito de ¡Viva Perón!, restauraron su influencia en
la Casa Rosada, lo proclamaron su candidato a presidente y después de
consumar toda clase de atropellos, acabaron defecando en la Catedral (...)
El carnaval trágico duro una noche y un día. Por primera vez Buenos Aires
conoció su ‘lumpenproletariat’: el mismo del que hablé, inutilmente, en
1936, en la Cámara de Diputados”.

Durante noviembre de 1945 el sector sabattinsta de la UCR, a semanas antes de


que el radicalismo integre formalmente la Unión Democrática publica el Manifiesto del
Núcleo Radical Intransigente de Córdoba donde advierte que la política social
peronista, de donde derivaban las jornadas de octubre:

“Es inmoral y desquiciante. Está fundada en el “hombre económico”,


mutilado como categoría de ser humano. Significa por su sentido y
orientación, la oscura insurrección de lo primitivo, de lo instintivo. Es la
utilización -técnica nazi- de todos los “resentimientos sociales” o fuerzas
reprimidas por diferencias de fortuna o privilegios irritantes, para enfrentar
con ella a las fuerzas civiles estructuradas en los partidos tradicionales. La
Unión Cívica Radical frente a esta labor de movilización de “masas” -en
direcciones ciegas- para el aprovechamiento personal, opone, desde la
epopeya yrigoyeneana, la rehabilitación total del hombre”.

Desde La Hora el 7 de diciembre Raúl González Tuñón insiste: “Los tenebrosos


17 y 18 de octubre dejaron una cola de hordas lanzadas por las calles insultadoras,
sucias y cobardes, que hoy son afrontadas valientemente por las vanguardias
democráticas”,
El periódico radical porteño NO el 11 de diciembre de 1945 publica unos versos
titulados “Soy el sargento Perón” donde lo denigran junto a sus seguidores: “Soy el
sargento Perón/ honra y prez del malevaje; /candidato del chusmaje /para mandar la
Nación”. Varios versos más abajo retoma:

7
“Yo a la masa sudorosa/ la incito con muchas huelgas,/ haciendo aumentar
los pagos/ para sentirla dichosa,/ Es mi estrategia una cosa/ matemática y
medida,/ pues la chusma enloquecida,/ torpe y ciega de verdad,/ me
entrega su libertad/ por un plato de comida”.

En las dos estrofas finales condensa toda su carga peyorativa sobre los
seguidores de Perón, mezclada con los ataques al propio Perón:

“Para dar terminación/ a esta asamblea imponente,/ reciban el más ferviente/


saludo de Juan Perón:/ Sois un pueblo en gestación…/ sois simiente que
germina…/ sois la pura, cristalina,/ vislumbre del porvenir./ (Debió el
sargento decir:/ SOIS RESIDUO DE LETRINA).

Payaso que en tu demencia/ hablas de guerra civil,/ porque el chusmaje más


vil/ aplaude tus ocurrencias; / cumple nomás tu sentencia,/ guerrero de
cafetín,/ que cuando llegue tu fin/ comprenderá la canalla/ que soldados de
tu laya/ deshonran a San Martín”.

Como plantea Silvia Sigal(2006): “La inédita presencia de masas desorganizadas


obligó a recurrir al stock que había servido para estigmatizar y marginar: chusma,
lúmpen, malevos, murga, hordas, malón”. A ese stock recurrieron las fuerzas que iban a
converger en la Unión Democrática. Con distintos matices estas fuerzas que ya
coincidían en los tópicos de un discurso antifascista y antidictatorial agregaron a su
discurso un conjunto de representaciones, imágenes y figuras sobre las masas de octubre
que se proyectarán al discurso de la campaña electoral una vez formalizado el frente
electoral con la definición radical del binomio presidencial. Volviendo al planteo de
Sigal: “La denigración era, también, parte del esfuerzo por incluir un acontecimiento
excepcional en historias con sentidos establecidos”. O en términos de Slavoj Žižek
(2012) la denigración proporcionaba a las fuerzas antiperonistas una mayor y más
certera “legibilidad” a la hora de entender una experiencia cotidiana signada por la
novedosa presencia de las masas peronistas.

III. En campaña

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A fines de diciembre de 1945 se producía la incorporación de la UCR a la
Unión Democrática y la designación de dos radicales (José Tamborini y Enrique
Mosca) en su binomio presidencial. El Partido Socialista saludaba el hecho desde las
páginas de La Vanguardia el primero de enero de 1946: “Frente al enemigo común,
todos nos unimos”. El frente electoral constituido por radicales, socialistas, comunistas
y demócratas progresistas (con el apoyo informal de amplios sectores conservadores)
reunía en el rechazo a la candidatura de Perón a un conglomerado de fuerzas
heterogéneas que tenían una historia previa de competencia, divergencia y
enfrentamientos. Como se desprende de la sección anterior, es posible pensar que la
común caracterización patologizante de las masas peronistas y constituidas en una
otredad absoluta aportaba sentido de unidad y condiciones de posibilidad para la
articulación de un campo identitario popular antiperonista en la medida en que a dichas
masas se les negaba todo carácter popular.

El 8 de diciembre 1945 se produce el primer gran acto proselitista de la coalición


antiperonista en Plaza del Congreso en la Capital Federal y Enrique Mosca, el candidato
radical a la vicepresidencia, instala la polarización de la contienda política en términos
que simultáneamente constituyen tanto a las fuerzas enemigas como a las propias: "(...)
por un lado, la inconsciencia, la esclavitud, la burla, la subversión de los valores
humanos y el derrumbe de todas las conquistas de la libertad y del derecho. Por el otro,
la salvación de la soberanía pública, la resurrección de la dignidad ultrajada, la tumba
eterna de las ambiciones enfermizas y el triunfo del pensamiento sobre la furia de la
delincuencia y sobre la afrentosa insolencia de la ignorancia y la perversidad".
En ese mismo discurso realizó un diagnóstico sobre la masividad que venía
mostrando el peronismo desde el 17 de octubre:

“No pueden ser legión los que venden su dignidad para complacer el goce
efímero y subalterno de su hambre física y de su vanidad engañosa por una
postura de figurón o por cuatro dineros(...). No pueden ser legión los
mercenarios de la idea(...). No pueden ser legión los huérfanos de
razonamiento, y los afectados de miopía mental que -sin noción de la altivez
y del decoro-, se entregan a las comparsas de la desvergüenza y el ridículo,
bajo el comando de los profesionales del servilismo que así solazan el ánimo

9
deforme de sus histriónicos patrones. Unos y otros, ya tienen suficiente
desventura con ser células negativas en el organismo social”.

Sobre el final del discurso remarca el carácter absoluto de la polarización e


inmediatamente la refuerza con otra caracterización de los adherentes a Perón en
términos patológicos:

“Están en pugna dos ideologías antagónicas, excluyentes e irreconciliables


(...) Empañan nuestra fama y enlodan nuestra grandeza, los que nacidos en
esta patria, por una aberración del destino, se empecinan en transplantar a
nuestro suelo los crímenes racistas de abominable factura nazi, que
descubren la deformación mental de sus ejecutores y que niegan la siembra
fecunda de la civilización. Solo la obra del desequilibrio psíquico o un
resabio de animalidad primitiva, puede envalentonar a esas turbas
enceguecidas en esa campaña del odio y la inferioridad”.

En el mismo acto, el candidato radical a la presidencia, José Tamborini, remarcaba


la polarización: “El problema argentino estaba planteando entre la democracia y la
antidemocracia”. Luego alude a las fuerzas peronistas: “Queremos que la política se
dignifique elevándose por encima de efímeros personalismos que ensucian las paredes
de la ciudad con sus gritos y sus mueras como en la Italia de la era orgullosa del
sepultado fascismo” (El Litoral, 08/12/45). Diez días después Raúl González Tuñón
desde el diario comunista La Hora llama a “votar contra el peronismo (...) que arrancó
de los bajos fondos sociales a los peores elementos lúmpen, desclasados y
mujerzuelas, delirantes que han participado en los candombes mazorqueros de la
avenida 9 de julio, de plaza Once y de Luján dejando en los ojos la indignación y el
estupor a los argentinos verdaderos, una visión infernal de estampas calcadas de la
época del tirano Rosas”.

Desde el órgano del antifascismo argentino, Antinazi, el 3 de enero de 1946 Juan


Antonio Solari vuelve sobre las jornadas de octubre en términos similares a los de
socialistas y comunistas:

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“Con la complicidad policial, de la reparticiones que habían sido
baluarte político-electoral del funcionario alejado, se produjo la invasión de
la ciudad por grupos reclutados en la periferia y pueblos vecinos, y
Buenos Aires y otras capitales como La Plata y Córdoba, asistieron a
desmanes sólo comparables con la mazorca rosista. En Plaza San Martín
la multitud fue baleada y dos muertos y decenas de heridos fueron el saldo
de esa resurrección del salvajismo amparado oficialmente, a la par que
en el interior del país la horda cometió tropelías y asaltos sin ser
molestada”.

A continuación agrega una descripción de las actividades de campaña de las


fuerzas peronistas y su continua apropiación de la metrópoli, aludiendo a la utilización
de una camisa en un mástil junto a la bandera argentina por parte de los peronistas,
hecho sobre el que volveremos más adelante:

“En nuestra ciudad no pasa día sin que ocurran hechos demostrativos
de ese apoyo, y los mismos que se presentan como „descamisados‟ y
preconizan la alpargata como símbolo de sus preocupaciones intelectuales –
en un remedo anacrónico del cantonismo y lencinismo de otras épocas-
lo documentan al vitorear al candidato imposible y a la policía que los
secunda. El embadurnamiento de paredes y calles con leyendas definitorias
de su educación primitiva –„padre de los pobres‟, „sol de los humildes‟-
que desemboca fatalmente en el mesianismo totalitario y en la mesnada de
comité a tanto por día para ensalzar al prócer máximo, epíloga en
concentraciones de escasa importancia (...) ante las cuales se exhibe la
bandera nacional adornada por una prenda sudorosa cual signo de los
tiempos que sufrimos. Tiempo de desenfreno demagógico, de perturbación
profunda en lo social, político y moral de la vida argentina, de desenfado y
mendacidad como normas”.

En su discurso por Radio Splendid el 6 de enero de 1946 Enrique Mosca se


refiere a la presencia peronista en las calles en un lenguaje que combina varias de las
expresiones y figuras que repetirá en otros discursos:

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“Como una afrenta al civismo, hordas inconscientes y ebrias de
matonismo han invadido las calles de la metrópoli, sembrando el espanto,
infundiendo el terror, ultrajando la tranquilidad y ejecutando atropellos y
desmanes que ofenden la moral y enardecen la condenación y el repudio
colectivo (...) Bandas desaforadas e irresponsables aparecen en el
escenario de la lucha para revivir las funestas hazañas de épocas
mazorqueras (...) Cuesta trabajo creer que a esta altura de la evolución ética
del mundo (...) aparezcan estos brotes del salvajismo y de la barbarie (...)
Y lo más execrable es que hombres y funcionarios que se titulan salvadores
del destino de la patria, fomenten y amparen con indecorosa malevolencia,
esos desbordes de la medianía y esas explosiones trágicas de la perversidad
(...) No pueden hablar de orden los que fomentan el odio y los que alientan
la inquina y los asaltos del malón... Los que desencadenaron la furia de las
turbas manejables y terroríficas”.

Ya en gira electoral por el interior del país, el 22 de enero en Santiago del


Estero, Mosca inscribe los incidentes3 que la caracterizaron dentro de la descripción
patológica de sus enemigos “esas hordas vandálicas que, como en Añatuya de esta
provincia, atacan la propiedad privada y destrozan y queman la enseña de la patria, en
un impulso de instintiva salvajada”. Dos días más tarde, en Jujuy, advierte:

“Que la masa obrera no se deje arrebatar por encendidos e ilusorios


entusiasmos; que no se entregue como instrumento obsecuente a la burda
ambición de los que están explotando su credulidad y enardeciendo sus
apetencias. Ella no puede convertirse en materia de engaño y de esclavitud
para los falsos apóstoles de las insinceras reivindicaciones sociales”.

Al día siguiente, en Tucumán, Mosca caracteriza al individuo que apoya a Perón


como alguien que:

3
: Durante la campaña electoral hubo numerosas agresiones (piedras y disparos) contra los trenes que
transportaban a los candidatos de la Unión Democrática así como agresiones de grupos de choque
nacionalistas en las inmediaciones de algunos de los actos proselitistas opositores. También se registraron
intentos de grupos opositores de poner bombas en las vías del tren que transportaba a Perón. Todo ello
generó una gran tensión en las actividades proselitistas.

12
“reniega de su altivez, señores, y de la riqueza que importa el valor humano
limpio de todo vasallaje y refractario a toda idolatría, es una pobre expresión
zoológica que integra la columna viviente sin fortuna y sin gloria, porque el alto
sentido de la existencia presupone la posesión de ideas propias, de solvencia moral
y de emancipación en el espíritu, para no comulgar con los dogmas tiránicos y con
la impúdica obsecuencia que denigra al individuo y que inferioriza a la especie”.

La primera parte de la campaña finaliza en Rosario, el 28 de enero de 1946. Allí


en un acto público el candidato describe los incidentes sufridos durante su gira electoral:

“Los asaltos vandálicos, las provocaciones de las turbas asalariadas


y las explosiones salvajes de las hordas analfabetas y alcoholizadas, no
lesionan la magnitud del triunfo porque no puede disminuir la llamarada de
la hoguera el resoplido inarmónico de la alimaña embrutecida.
Comparsas regimentadas, que en el colmo de su inconsciencia criminal,
amparaban sus provocaciones escudadas en los cuerpos de las mujeres y los
niños, ofrecían el espectáculo regresivo más vergonzoso de la historia”.

Pero además, en este discurso, Mosca imagina para su auditorio los trazos de una
especie de geografía de la luz de la civilización que avanza sobre “la alpargata” de las
fuerzas peronistas:

“La luz encandila a los tiranos y para el mandón absolutista y logrero


la ignorancia es campo fecundo para la germinación de sus absurdas
concepciones ideológicas y clima propicio para erigir en el pedestre
atributo de una alpargata en símbolo representativo de la felicidad
espiritual. El tirano y el falso profeta necesitan la sombra fatídica de la
ignorancia y la vileza del vasallaje para mantenerse en el trono de sus falsas
preeminencias y de su despiadado predominio”.

Cuando la fórmula presidencial antiperonista llega a Santa Fe a principios de


febrero, en el acto proselitista toma la palabra por el radicalismo el Dr. José Pérez
Martín quien plantea que: “Para esta batalla en que se juega el destino de las
instituciones republicanas contra el naziperonismo, contra la barbarie y las turbas (...)

13
contra la ley de la horda empeñada en quebrar la ley de la civilidad”. Tamborini en su
discurso declara que “lo primero que deseamos es respeto por la dignidad del trabajador
y que no se conviertan sus sindicatos en rebaños electorales”. Mosca, que además
posee una larga trayectoria en radicalismo local se lamenta en su discurso: “Triste y
mezquino homenaje para nuestra evolución y para la labor constructiva y formativa del
aula argentina, fuera creer que en nuestro suelo fecundo y promisorio haya seres
desviados e inconscientes que pretendan arrastrar la Nación hacia el abismo nefasto de
su descrédito y de su descomposición social”.
Frente a la visita de los candidatos El Litoral abandona toda pretensión de
neutralidad y editorializa:

“Dos mundos (...) dos concepciones de la vida y del destino humano


se oponen: una, la que da vigor a los hombres sanos y optimismo a los que
confían en su capacidad, en sus derechos, en sus destinos; la otra, propia de
resentidos con un orden que no pueden superar mediante un esfuerzo
inteligente; los subhombres que sólo en una confabulación de todas las
fuerzas inorgánicas y de todas las aberraciones sociales confían en
acabar con sistemas que no se detienen en su marcha, y que ofrecen
estímulos elevados a los que aspiran a vivir con dignidad” (El Litoral
03/02/1946).

La gira presidencial prosigue un día después en Concepción del Uruguay, donde el


candidato vicepresidencial antiperonista denuncia la labor de sus enemigos: “Se
incendian las bajas apetencias, se inflaman las explosiones del odio, se endiosan los
arrebatos de la perversidad instintiva y se festejan con júbilo siniestro las bufonadas de
las hordas ensoberbecidas que se sienten próceres porque se les ha agitado la
vanidad ambiciosa y se les ha otorgado una aureola de triste y empobrecida
heroicidad”. En el acto de homenaje al aniversario de la batalla de Caseros el
Movimiento de la Joven Generación inscribe a ambas fuerzas en su interpretación del
proceso histórico argentino:

“Los dos frentes de esta lucha que hoy nos toca librar son los mismos
que en 1852 se encontraron en Caseros, son las dos líneas divergentes que
ya se insinúan desde 1810 y que a lo largo de nuestra historia fueron

14
señalando dos tendencias, la primera democrática, progresista, orientadora,
revolucionaria. La otra es el resabio del oscurantismo colonial, la fuerza de
resistencia al progreso que demora la organización nacional y que es
reaccionaria, demagógica y oligárquica. Pero las fuerzas adversas a la
democracia vencidas en Caseros, volvieron a asomar a nuestra historia”. (La
Prensa, 04/02/1946)

Desde las páginas de La Nación el comunista Ernesto Giudice hace un planteo


similar: “La regresión encarnada por el naziperonismo nos reedita el cuadro de la
barbarie rosista (...) es el halago traicionero de las masas que degenera en el
candombe” (La Nación, 04/02/1946).
En Resistencia, el 5 de febrero de 1946, Enrique Mosca ubica claramente a su
enemigo en la dicotomía sarmientina:

“El Chaco fue el escenario póstumo de la furia indígena que


volcaba un baldón terrorífico sobre el panorama de la civilización; y ojalá,
señores, que el Chaco sea la tumba postrera de esta otra barbarie que
enloquecida de ambiciones y enferma de inconciencia, ha invadido los
caminos del orden para enlodar nuestra fama de pueblo civilizado y revivir
las escenas bochornosas y denigrantes de una hora trágica de la historia que
ha llenado de espanto, de ludibrio y de vergüenza los anales de la moral
humana, por obra del escarnio, de la vileza y de la perversidad”.

El mismo día, en Corrientes, en clave higienista Mosca se lamenta: “Nada más


doloroso que poner al descubierto las anomalías y las taras que afectan el organismo
institucional de la República”.
El 9 de febrero de 1946 el diario del Partido Radical plantea que: “Facundo,
hombre de su época, semejante a sus secuaces, tomó a los hombres como eran: los
encontró ya bárbaros y sólo dirigió y acaudilló su barbarie; a los de hoy, en cambio, ha
sido necesario no sólo dirigirlos, sino despertar su barbarie, remover, trayéndolos a
enturbiar la superficie, sedimentos de barbarie que yacían en el fondo”. Para El
Radical las jornadas de octubre eran la reaparición de la barbarie:

15
“Invadir la ciudad en masa, insultar, golpear y obligar a dar vivas a
su caudillo es barbarie, asaltar periódicos a mano armada y pretender
incendiarlos, es barbarie; exigir, robar, destruir los comercios, asaltarlos en
banda, es barbarie; acampar en las calles y plazas y bañarse en sus
fuentes, rayar y pintar vehículos y las paredes y los monumentos
públicos, en fin todo aquello que sucedió el 18 de octubre en Buenos Aires
y otras ciudades, es barbarie”.

Continúa el diario radical con una mezcla de caracterización de los componentes


de las masas peronistas y explicación de su adhesión al liderazgo de Perón:

“Los pueblos primitivos adoraban a dioses (...) lo mismo sucede


hoy en el terreno de la política. Entre los malintencionados, egoístas y
ambiciosos, hay también gente que abrumada por la miseria, la
incapacidad y los fracasos, amargados, desesperados de la sociedad y sin
instrucción, adoran a cualquier fantoche erigido en ídolo y aún le
encienden velas a su retrato y siguen cualquier incitación a la violencia (...)
Exaltar la alpargata es traerles aunque sea ilusoriamente una posición de
predominio sobre aquello que han deseado y ahora odian por imposible: la
superación”.

Ese mismo día en Capital Federal, durante el gran acto de la Unión Democrática
en la Avenida 9 de julio, el candidato vicepresidencial informa sobre los resultados de
la gira electoral y se refiere a la utilización por los peronistas de una camisa y una
bandera argentina atadas a un palo como símbolo durante un acto público, hecho sobre
el cual los militantes antiperonistas difundieron en un panfleto llamando “la sudorosa”
al símbolo improvisado por los descamisados: “La única enseña que totaliza el juego de
las aspiraciones nacionales: la bandera de la patria que fuera agraviada por la
inconciencia de las turbas asalariadas y que fuera ultrajada por los proscriptos de la
cordura, del decoro y del honor.”

Días después el tema será retomado por La Vanguardia que incorpora la figura
del sudoroso en la caracterización de la agitación electoral peronista: “Cada comité Juan
Domingo Perón es un garito; cada sujeto que actúa es funcionario público; o cobra por

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actuar, directa o indirectamente, un estipendio; cada sudoroso que brama o berrea su
nombre ha recibido una paga para hacerlo” (La Vanguardia, 12/02/46). El mismo día el
comunista Rodolfo Ghioldi proclamaba que “la candidatura fascista está
irremisiblemente terminada (...) Hoy y aquí estamos escribiendo el epitafio electoral del
fascismo aborigen” (La Prensa, 10/02/1946).

En la ciudad de Azul, el 14 de febrero de 1946, Mosca dice que:

"[La sociedad] No puede creer en quienes inflaman los odios de las


clases irreflexivas (...) No puede creer en vaticinios de progreso formulados
por quienes han retrotraído la cultura de la nación a los planes desdorosos
del asalto vandálico, de la comparsa carnavalesca, del analfabetismo
escandaloso, del relajamiento de todas las disciplinas y de la anarquía
instigada con vistas al terrorismo y a la intimidación”.

Finalmente en Avellaneda el 21 de febrero, y ya sobre el final de la campaña


electoral, Mosca dedica un largo tramo de su discurso a los obreros y confiesa que en
esa “cruzada cívica”:

“La máxima pena que contrista nuestro espíritu está en observar


cómo parte de la familia obrera se ha dejado influenciar por esa falsa
ventura que se le ofrece para halagar su aspiración y copar sus ensueños de
legítimas mejoras económicas. Como argentinos nos dolemos de esa ficción
despiadada que subalterniza al hombre que trabaja porque le hace entrever
un fraguado mundo de fantasía, maniatando su libre voluntad e inflamándole
la inquina y el odio(...). El hombre que trabaja (…) no puede caer en la
ingenuidad peligrosa de vender su libertad espiritual por la pobre paga de
un aumento en su jornal que es un aumento ficticio porque no le ha sido
concedido en virtud de una solución científica y razonada. No debe aceptar
limosnas que ofenden su hombría y dádivas que ultrajan su dignidad(...).
Muy escasa y mezquina es su ambición si se reduce a pregonar su idolatría
hacia el mito que lo conturba o hacia el personaje providencial que lo
reduce a la condición de lacayo. Muy poco enaltecedora es su gloria si ella
se satisface con mostrar su incultura, su fiereza instintiva y su fanatismo

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subalterno en comparsas bullangueras e indecentes que mueven a
lástima, que niegan nuestra cultura y que nos muestran ante las naciones del
mundo como un pueblo primitivo, reacio a las corrientes civilizadoras y
propicio a las explosiones de la bajeza moral. (...)No es ese el trabajador
auténtico de nuestra tierra”.

IV. Conclusión

Al recorrer los fragmentos arriba expuestos hay que resistir la tentación de


leerlos como parte de un único texto. Todos ellos son fragmentos de discursos más
amplios con distintos soportes materiales (diarios, semanarios, libros, discursos de
campaña, etc.) y enunciados desde distintas posiciones dentro del espectro de fuerzas y
grupos antiperonistas que constituían y apoyaban a la Unión Democrática. Al repasarlos
es posible ver préstamos, debates, tensiones, competencias, posicionamientos, énfasis y
estilos subyacentes. Mostrar estos fragmentos reunidos es un intento de remarcar la
importancia y la amplia circulación de estas representaciones, imágenes y figuras sobre
las masas peronistas en el discurso del frente antiperonista.
Estos fragmentos también permiten intentar esbozar los tres principales efectos
políticos que pudieron generar estas caracterizaciones absolutamente negativas de las
masas peronistas activadas y puestas en circulación por las fuerzas de la Unión
Democrática en el período que va del 17 de octubre de 1945 a la elección del 24 de
febrero de 1946.
Los dos primeros efectos tuvieron su principal impacto al interior del frente
antiperonista y parecen ser claramente exitosos. El primer efecto consistió en otorgarle
legibilidad a la novedosa realidad de la presencia de las masas peronistas en el espacio
público. De los diversos fragmentos citados se desprenden no solos caracterizaciones
similares de lo que sucedía en la coyuntura sino diagnósticos compartidos respecto de
los medios utilizados, la calidad y la condición de las masas movilizadas en apoyo a
Perón. También se registran amplias coincidencias en cuanto a su inscripción en el
devenir histórico argentino e internacional. Como plantea Sigal (2006) el 17 de octubre
fue insertado en el discurso antiperonista como un episodio de la historia
antidemocrática argentina, asimilado a las experiencias totalitarias europeas o ambas
cosas a la vez, y “la denigración era, también, parte del esfuerzo por incluir un
acontecimiento excepcional en historias con sentidos establecidos”.

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El segundo efecto, que en parte se derivó del éxito del primero, consistió en
generar un sentido de unidad antiperonista entre las diferentes fuerzas y grupos
opositores para enfrentar a un enemigo cuya absoluta negatividad superaba las historias
de diferencias y enfrentamientos entre los componentes de la Unión Democrática. Si
estas fuerzas con anterioridad a las jornadas de octubre de 1945 adherían a los tópicos
democráticos, constitucionalistas, antifascistas, legalistas y liberales y compartían el
rechazo a la figura de Perón (todas cuestiones visibles durante de la Marcha de la
Constitución y la Libertad), la criminalización, bestialización, inferiorización y
patologización de las masas peronistas se convirtieron en un sentido común entre los
antiperonistas, destinado a persistir y ser reelaborado continuamente hasta la actualidad.
El tercer efecto fue menos exitoso, por lo menos en términos de lograr la victoria
electoral de la Unión Democrática en febrero de 1946. Este consistía en la apuesta por
lograr una dicotomización favorable del campo político. Era razonablemente esperable
que las representaciones negativas sobre los peronistas generaran desconfianza, rechazo
y temor generando una posible disminución en el caudal electoral a los peronistas
reforzando el efecto de polarización de un campo político que era presentado como
escindido en dos opciones absolutamente antagónicas. Se buscaba marcar una tajante
división entre el “Nosotros” antiperonista y el “Otro” peronista, al mismo tiempo que
agrandar el campo propio reduciendo el del enemigo. Los fragmentos arriba trabajados
muestran un conjunto de argumentaciones polarizantes cuyo sentido podría resumirse
en que el apoyo al peronismo significaba ubicarse en un polo de absoluta negatividad.
Por el contrario, apoyar a las fuerzas de la Unión Democrática era presentado como la
recuperación o la afirmación de muchos de los atributos considerados no solo positivos
sino trascendentes a la política en el imaginario de la época: personalidad, carácter,
distinción, decencia, moral, honestidad, dignidad, civilidad, civilización, educación,
cordura, racionalidad, mesura, conciencia, libertad, democracia, etc. Es decir, todos
aquellos atributos de los que en el discurso antiperonista resultaba obvio que carecían
los peronistas. La argumentación antiperonista entonces apostaba a que la mayoría de
los electores buscara, por medio de su adhesión y su voto a los candidatos de la Unión
Democrática, salir de toda posible sospecha y reafirmara esos atributos centrales para
las aspiraciones de quienes compartían el imaginario antiperonista. Eran esos valores
compartidos los que permitían pensar en el éxito de un campo identitario popular
antiperonista.

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Sin embargo trazaron mal la línea y del otro lado de esa frontera quedó una
mayoría a la que ya no pudieron interpelar. Por eso el 24 de febrero de 1946 Perón
obtuvo el 55% de los votos mientras que el 45% fue para la Unión Democrática (Luna
1973). El frente antiperonista no sobrevivió a la derrota electoral pero sus
representaciones sobre las masas peronistas junto con sus efectos tienen una larga vida
en la política argentina.

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Orientación

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