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La noche de los lápices

Se conoce como Noche de los lápices a la desaparición y tortura, acaecida el 16 de


septiembre de 1976 durante la dictadura conocida como Proceso de Reorganización Nacional
en Argentina, de siete jóvenes estudiantes de entre 16 y 18 años, en su mayoría militantes o
ex-militantes de la Unión Estudiantil Secundaria (UES), que demandaban en la ciudad de La
Plata el Boleto Escolar Secundario (BES), que había sido suprimido por el gobierno militar. El
testimonio de Pablo Díaz, uno de los sobrevivientes, ha sido fundamental para la
reconstrucción y denuncia de estos hechos.

El 16 de septiembre de 1976 diez estudiantes secundarios de la Escuela Normal Nro 3 de la


Plata son secuestrados tras participar en una campaña por el boleto estudiantil. Tenían entre
14 y 17 años. El operativo fue realizado por el Batallón 601 del Servicio de Inteligencia del
Ejercito y la Policía de la Provincia de Buenos Aires, dirigida en ese entonces por el general
Ramón Camps, que calificó al suceso como lucha contra "el accionar subversivo en las
escuelas". Este hecho es recordado como "La noche de los lápices".

LOS ESTUDIANTES SECUNDARIOS Y LA POLITICA ENTRE 1973-1976

El arribo de la democracia en el mes de mayo de 1973, luego de un proceso creciente de


enfrentamientos contra la dictadura miliar que gobernaba desde junio de 1966, trajo consigo la
irrupción en la vida política y social de los distintos sectores populares que habían
experimentado un crecimiento sustancial durante las luchas; entre ellos, los estudiantes
secundarios.

En el movimiento estudiantil secundario se vivieron experiencias hasta ese momentos inéditas


en lo referente a participación política, en tanto ésta es atendida en un sentido partidario más
o menos directo.

El diario La Opinión editó en 1973 un suplemento dedicado al análisis de los fenómenos


políticos entre los adolescentes. En dicho suplemento se publicaron los resultados de una
encuesta que realizó el periódico entre 252 estudiantes. Se comprobó que el 30,3% de los
jóvenes encuestados tenía algún tipo de participación política.

La política había impregnado el conjunto de la vida estudiantil, dentro y fuera de los colegios.
Las organizaciones políticas vieron incrementado notoriamente el número de sus militantes y
el grado de su influencia. Según el suplemento citado, "las tres fuerzas más importantes son,
en este orden, la Unión de Estudiantes Secundarios, (UES), la Federación Juvenil Comunista
(FJC) y la Juventud Secundaria Peronista (JSP)"

La encuesta de La Opinión revelaba también que en 1973 los estudiantes secundarios se


inclinaban ante figuras emblemáticas de la izquierda, con la salvedad de Perón, quién asumía,
para una porción amplia de los estudiantes, contornos casi revolucionarios. Pese a todo, quien
encabeza la encuesta era el Che Guevara con el 67%, a continuación venía J. D. Perón con
66% y a mayor distancia, Salvador Allende con 19%; Fidel Castro con 19%; Eva Perón 17 % y
Mao-Tsé-Tung con 16%.EL GOLPE DE 1976

En la historia de nuestro país, como en el resto de América latina, los golpes de Estado
siempre estuvieron al servicio de la clase dominante y del imperialismo. Pero el golpe de
Estado de 1976 se podría caracterizar no tan solo como el más sangriento vivido en la historia
de nuestro país, sino también como el más pro-imperialista, ya que el estado político-
económico que dejó la dictadura le sirvió al imperialismo para garantizar su hegemonía en la
región durante décadas.

LOS OBJETIVOS DEL PROCESO

Uno de los objetivos más tenazmente buscado por la dictadura militar que gobernó entre 1976
y 1983 fue neutralizar a buena parte de la juventud y ganar a una porción para su propio
proyecto reaccionario.

Para los que no encajaban en sus esquemas se aplicaban distintos métodos "preventivos",
desde el asesinato y la desaparición, hasta la más refinadas formas de marginación social y
psicológica, pasando, claro esta, por la clásica y tradicional prisión.

Cuando asumieron en 1976 los militares consideraban que en la Argentina había una
generación perdida: la juventud. Esta, por la sofisticada acción de "ideólogos" se había vuelto
rebelde y contestataria.

Informe TV sobre La Noche de los Lápices (2005)

Si bien el gobierno militar toma en cuenta la situación en la que se encontraba la juventud


argentina, no fue tan obstinado como para suponer que se debía atacar a toda la juventud por
igual. La política hacia los jóvenes parte de considerar que los que habían pasado por la
experiencia del Cordobazo y demás luchas previas a 1973, los que habían vivido con algún
grado de participación el proceso de los años 73, 74 y 75, los estudiantes universitarios y los
jóvenes obreros, eran en su mayoría irrecuperables y en consecuencia había que combatirlos.
Para ello utilizaron un pretexto tan obvio como falaz: se trataba de subversivos reales o
potenciales que ponían en riesgo al conjunto del cuerpo social. El ser joven pasa a ser un
peligro.

Al mismo tiempo, y pensando en el largo plazo, se empieza a desarrollar una estrategia que
va más allá de la eliminación del "enemigo". Se empieza a poner la mira sobre el relevo. Ahí
están los estudiantes secundarios. Al momento del golpe tienen entre 13 y 18 años más de un
millón de jóvenes.

EL TERROR EN LAS AULAS

Uno de los aspectos más dramáticos de la represión vivida en aquellos años fue el secuestro
de adolescentes. Llegaron a 250 los desaparecidos que tenían entre 13 y 18 años, claro que
no todos estudiaban. Muchos se habían visto obligados a abandonar la escuela para
incorporarse al mundo del trabajo.

Pero de los procedimientos utilizados surge claramente que no se trataba de hechos aislados,
sino de una investigación pormenorizada en distintas escuelas. En una entrevista concedida a
un grupo de padres, un Coronel de Campo de Mayo les expresó que se llevaban a los jóvenes
que habían estudiado "en colegios subversivos para cambiarles las ideas".

El 16 de septiembre de 1976, 10 estudiantes secundarios de la Escuela Normal Nro 3 de la


Plata, son secuestrados tras participar en una campaña por el boleto estudiantil. Todos tenían
entre 14 y 17 años. El operativo fue realizado por el Batallón 601 del servicio de Inteligencia
del ejercito y la Policía de la Provincia de Buenos Aires, dirigida en ese entonces por el
general Ramón Camps, que califico al suceso como "accionar subversivo en las Escuelas".
Este hecho es recordado como "La noche de los lápices".

1973, Buenos Aires, marcha de estudiantes secundarios

Solo tres de ellos aparecieron un tiempo después. Pablo Díaz, uno de los liberados, declaró
en el juicio a las ex juntas: "Yo pertenecía a la Coordinadora de Estudiantes Secundarios de la
Plata y con los chicos del colegio fuimos a presentar una nota al ministerio de Obras
Públicas".

Levantaron chicos en algunos colegios que tenían "marcados" y enemigo era todo aquel
estudiante que se preocupara por los problemas sociales, por fomentar entre los estudiantes
la participación y la defensa de los derechos de los mismos.

HOY LOS LAPICES SIGUEN ESCRIBIENDO.

Hoy los estudiantes secundarios están de a poco recuperando aquella tradición de lucha y
defensa por los derechos a una educación al servicio del pueblo y con mayor presupuesto.

Hoy los secundarios, sector dinámico de nuestra sociedad, tienen un doble desafío, que es la
de reconstruir la memoria de lucha de nuestro pueblo y la de reorganizarse para enfrentar eL
calamitoso estado de nuestra educación, ya que ellos son los más perjudicados.

Quienes fueron los chicos asesinados

La siguiente es la nómina de los chicos asesinados. Los dos más grandes tenían 18 años.

DANIEL ALBERTO RACERO


"Calibre", 18 años.
Hijo de un suboficial naval peronista que murió en el 73, trabajó desde pibe como mensajero.
Cuando ingresó a la UES del Normal 3 de La Plata, escribió: "Encontré una trinchera para
luchar por una causa justa". Realizó labores de vacunación, recuperación de viviendas y
apoyo escolar en barrios pobres y participó de la conquista del BES (Boleto Escolar
Secundario). Secuestrado en la casa de Horacio Ungaro el 16/09/76 fue visto en Arana y Pozo
de Banfield.

Afiches organismos de DDHH

MARIA CLAUDIA FALCONE


16 años
Hija de un ex intendente peronista de La Plata, se sumó a la UES a poco de ingresar a Bellas
Artes. Después del 73 participó en tareas de apoyo escolar y de sanidad en barrios pobres de
La Plata. En el 75 participó activamente en la campaña por el boleto estudiantil. Secuestrada
16/09/76 en la casa de su abuela paterna, fue vista en Arana y Pozo de Banfield

MARIA CLARA CIOCCHINI


18 años
Alumna de colegios católicos, participó del scoutismo parroquial y en la UES de Bahía Blanca.
Debido a los crímenes de la Triple A y la CNU en esa ciudad, a fines del 75 se mudó a La
Plata donde se inscribió en Bella Artes y se fue vivir a la casa de Claudia Falcone. Fueron
secuestradas juntas el 16/09/76. Fue vista en Arana y Pozo de Banfield.

FRANCISO LOPEZ MUNTANER


"Panchito", 16 años.
Hijo de trabajador petrolero peronista preso durante el Plan Conintes que en el 73 se alineó
con el sindicalismo ortodoxo, Panchito marchó contra la corriente familiar: era hincha de
Gimnasia y militó en la UES de Bellas Artes. Junto a Claudia Falcone participó en trabajos
voluntarios en barrios humildes y en la lucha por el BES en 1975. Secuestrado 16/09/76, fue
visto en Arana y Pozo de Banfield.

CLAUDIO DE ACHA
17 años.
Sus padres eran trabajadores con ideas de izquierda y tras el triunfo de Cámpora participó de
la toma del Colegio Nacional por su democratización. Tímido y gran lector, se incorporó a la
UES luego de la muerte de Perón. Como todos, participó en las manifestaciones por el BES.
Secuestrado 16/09/76, fue visto en Arana y Pozo de Banfield.

HORACIO UNGARO
17 años.
De familia comunista, en el 74 rompió la tradición familiar y se sumó a la UES del Normal N 3.
Gran lector y excelente alumno, participó de la lucha de la Coordinadora por el BES.
Realizaba tareas de apoyo escolar en la villa ubicada detrás del hipódromo platense.
Secuestrado 16/09/76, fue visto en Arana y Pozo de Banfield.

Los chicos que sobrevivieron

Cuatro de los pibes que, entre el 16 y 17 de septiembre fueron secuestrados, lograron su


libertad entre el 78 y el 80, tras estar a disposición del PEN (Poder Ejecutivo Nacional).

PABLO DIAZ
18 años.
Hijo de un docente universitario peronista de derecha, fue expulsado de un colegio católico y
recaló en "La Legión". Había militado en la UES pero en 1976 militaba en la Juventud
Guevarista. Secuestrado 21/09/76. Estuvo en Arana, Pozo de Banfield, Comisaría 3 de
Valentín Alsina y U-9 de La Plata (a disposición del PEN hasta 1980).

GUSTAVO CALOTTI
"Francés", 18 años.
Egresado del Colegio Nacional de La Plata, era cadete policial cuando fue secuestrado
08/09/76. Había militado en la UES pero en el ’76 ya se había desvinculado y estaba más
próximo a agrupaciones de izquierda. Estuvo en Arana, Pozo de Quilmes, Comisaría 3 de
Valentín Alsina y U-9 de La Plata (a disposición del PEN hasta 1979).

EMILCE MOLER
17 años. Militante de la UES en la Escuela de Bellas Artes, era hija de un comisario inspector
retirado. Secuestrada el 17/09/76. Estuvo en Arana, Pozo de Quilmes, Comisaría 3 de
Valentín Alsina y Devoto (a disposición del PEN hasta marzo 78)

PATRICIA MIRANDA
17 años.
Estudiante De Bellas Artes, nunca participó de las luchas por el boleto estudiantil ni tuvo
militancia política. Secuestrada el 17/09/76, nunca hizo la denuncia. Estuvo en Arana, Pozo de
Quilmes, Valentín Alsina y Devoto (a disposición del PEN hasta marzo 78).

Los otros secuestrados

La Comisión Provincial de la Memoria registra varios "ensayos" de la Noche de los Lápices:

El 1 de septiembre, y tras ser interrogados por el vicerrector del Colegio Nacional de La Plata,
Juan Antonio Stormo, fueron secuestrados a pocas cuadras cuatro alumnos: Eduardo Pintado,
Víctor Vicente Marcaciano, Pablo Pastrana (militantes comunistas) y Cristian Krause, sin
ningún tipo de militancia. Pintado logró escapar.

El 4 de setiembre fueron secuestrados Víctor Triviño, de "La Legión" (continúa desaparecido),


Fernanda María Gutierrez (Liceo Víctor Mercante), Carlos Mercante (Colegio del Pilar ) y
Alejandro Desío, Abel Fuks, Graciela Torrado (los tres del Colegio Bellas Artes) y Luis
Cáceres (de la Escuela Técnica), los cuatro últimos militantes del GESA (Grupo de
Estudiantes Secundarios Antiimperialistas).

El testimonio del sobreviviente Gustavo Calotti

"Aquellos días fueron para siempre: han estado los 30 años"

Fue secuestrado una semana antes de la "Noche de los Lápices", pero se considera un
sobreviviente de esa jornada. Para él, la historia oficial vació de contenido la verdadera lucha.

Gustavo Calotti fue detenido el 8 de setiembre de 1976, una semana antes de la Noche de los
Lápices, pero nunca dudó en definirse como un sobreviviente de esa noche trágica en que
fueron secuestrados ocho de sus antiguos compañeros del secundario con quienes compartió,
además, meses de tortura y prisión clandestina.

"El Francés", como le decían entonces, había participado 1975 en la Coordinadora de


Estudiantes Secundarios en representación del Colegio Nacional de la Plata, en uno de cuyos
patios un placa evoca a sus 94 alumnos y profesores asesinados o desaparecidos en esos
años.

"Se construyó una historia con el boleto estudiantil y se hizo de ésta un símbolo que vació el
contenido", dice hoy a treinta años de distancia y algo menos de vida en Francia, donde
trabaja como maestro.
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El relato del relator de aquella noche

"Me gritaban que no los olvide", recordó Pablo Díaz

Tuvo un salvoconducto que lo salvó de la muerte. Hoy, a treinta años, dice que se convirtió en
el difusor de aquella trágica jornada porque fue y es un mandato. "Yo respondo por mi
juramento, que está basado en los últimos minutos de convivencia. Como sobreviviente
respondo a eso", le contó a Télam.

"Yo respondo por mi juramento, que está basado en los últimos minutos de convivencia. Ellos
me gritaban que no los olvide y que los recuerde siempre. Como sobreviviente respondo a
eso", dice Pablo Díaz, el gran "relator" de La Noche de los Lápices.

Detenido el día de la primavera de 1976, cinco días más tarde que el resto de sus
compañeros, asegura que su rol, ese que cumplió durante el juicio a los comandantes de 1985
y luego, durante años recorriendo colegios para comentar la película, poniéndose frente a
micrófonos y cámaras, y volviendo a testimonial en tribunales, "es un mandato".

"Soy el único que salió con vida del Pozo de Banfield, el único que estaba con ellos cuando
me dijeron que tenía un salvoconducto que me salvaba de la ejecución y que me trasladaban
bajo la amenaza de no contar nunca lo que había vivido, de lo que había sido testigo. Sólo
ellos me gritaban que no los olvide y que los recuerde siempre", repite.

Su relato se amolda entonces al de un tipo que dice que lo suyo durante noventa días fue
"esperar el traslado final", igual que los seis pibes que se llevaron la peor parte:
"en Banfield estábamos condenados a morir".

Díaz, que hoy a los 48 años es un exitoso empresario del área energética, replica también con
algún enojo cuando se le insinúa "arbitrariedad" en el recorte de su relato.

"El operativo de La Noche de los Lápices fue un secuestro planeado y sistemático de


estudiantes secundarios, relacionados con un hecho justificado para ellos: anular una
potencial resistencia al proyecto adulto o político a implementar". [/size]Fuente: Telam