You are on page 1of 26

UNIVERSIDAD DE SAN CARLOS DE GUATEMALA

CENTRO UNIVERSITARIO DE NOR OCCIDENTE CUNOROC


FACULTAD DE CIENCIAS JURÍDICAS Y SOCIALES
ABOGACÍA Y NOTARIADO
TERCER SEMESTRE
TEORÍA DEL ESTADO
LIC. CARLOS CASTILLO GÓMEZ

ESTADO FALLIDO

Integrantes:

Heidy Mariela Mendoza Ramos_____________________201742266


Nidia Dayana Cruz Alvarado_______________________201740725
José Pablo Tello Alvarado_________________________201740114
Carlos Ángel Abraam Galicia Agustín________________201740120
Yarileysi Elizabeth Cano Garcia____________________201741012
Julio Rodolfo Méndez Rodriguez____________________201740133
Gaspar Méndez Rodriguez________________________201740407
Joseline Verónica Lox Juárez ______________________201743417
INTRODUCCION

Un Estado fallido se caracteriza por un fracaso social, político, y económico,


caracterizándose por tener un gobierno tan débil o ineficaz, que tiene poco
control sobre vastas regiones de su territorio, no provee ni puede proveer
servicios básicos, presenta altos niveles de corrupción y de criminalidad,
refugiados y desplazados, así como una marcada degradación económica. Sin
embargo, el grado de control gubernamental que se necesita, para que un
Estado no se considere como fallido, presenta fuertes variaciones. Más notable
aun, el concepto mismo de Estado fallido es controvertido, sobre todo cuando
se emplea mediante un argumento de autoridad, y puede tener notables
repercusiones geopolíticas.
En un sentido amplio, el término se usa para describir un Estado que se ha
hecho ineficaz, teniendo sólo un control nominal sobre su territorio, en el
sentido de tener grupos armados desafiando directamente la autoridad del
Estado, no poder hacer cumplir sus leyes debido a las altas tasas de
criminalidad, a la corrupción extrema, a un extenso mercado informal, a
una burocracia impenetrable, a la ineficacia judicial, y a la interferencia militar
en la política.
ESTADO FALLIDO
Libia después de la primera guerra civil que azotó al país, sigue sumida en el
caos y la crisis política, social y económica llevándola a introducirse en una
segunda guerra civil; es el mejor ejemplo de Estado fallecido de los años 2000.
Estado soberano que, se considera, ha fallado en la garantía de servicios
básicos.
Pérdida de control físico del territorio, o del monopolio en el uso legítimo de la
fuerza.
Erosión de la autoridad legítima en la toma de decisiones.
Incapacidad para interactuar con otros Estados, como miembro pleno de la
comunidad internacional.
En medios de comunicación y en la conversación pública, el concepto “Estado
fallido” ha sido usado para contextualizar y explicar fenómenos tan complejos
como la ineficacia gubernamental, vacíos de poder local, violencia regional y
falta de resultados en el sistema político mexicano.
En el concepto de Estado fallido se contempla en los sucesos políticamente
más comprometedores como guerras civiles, inoperancia absoluta del
gobierno, guerras con el exterior, existencia de guerrillas que disputan el control
territorial y la ausencia absoluta del Estado de Derecho
Por lo general, un Estado fallido se caracteriza por un fracaso social, político, y
económico, caracterizándose por tener un gobierno tan débil o ineficaz, que
tiene poco control sobre vastas regiones de su territorio, no provee ni puede
proveer servicios básicos, presenta altos niveles de corrupción y de
criminalidad, refugiados y desplazados, así como una marcada degradación
económica. Sin embargo, el grado de control gubernamental que se necesita,
para que un Estado no se considere como fallido, presenta fuertes variaciones.
Charles T. Call (2008) propone tres conceptos alternativos a Estado fallido.
Propone en caso de Estados colapsados los cuales el cual no pueda mantener
el monopolio legitimo de la fuerza y no exista ni un nivel básico de funciones
del Estado para el ciudadano, como lo es proveer de identidad jurídica,
seguridad física, controlar el sistema de migración al exterior ni puedan realizar
sus actividades cotidianas relacionadas con el gobierno, dejando esas
funciones a entidades política diferentes. En este caso hay una patente
situación de guerra civil o guerra al exterior.
En un sentido amplio, el término se usa para describir un Estado que se ha
hecho ineficaz, teniendo sólo un control nominal sobre su territorio, en el
sentido de tener grupos armados desafiando directamente la autoridad del
Estado, no poder hacer cumplir sus leyes debido a las altas tasas de
criminalidad, a la corrupción extrema, a un extenso mercado informal, a una
burocracia impenetrable, a la ineficacia judicial, y a la interferencia militar en la
política.
Se puede decir que un Estado tiene "éxito" si, en los términos de Max Weber,
mantiene el monopolio del uso legítimo de la fuerza dentro de sus fronteras.
Cuando no se da esta condición (por ejemplo, cuando dominan el panorama
los señores de la guerra, los grupos paramilitares, y/o se presentan
sistemáticas de terrorismo), la existencia misma del Estado resulta dudosa, y
suele considerárselo como fallido.

El centro de estudio estadounidense Fund for Peace (Fondo por la Paz) emite
anualmente el Índice de Estados Fallidos. Clasifica a los países basándose en
doce factores, como la presión demográfica creciente, movimientos masivos de
refugiados y desplazados internos; descontento grupal y búsqueda de
venganza, huida crónica y constante de población; desarrollo desigual entre
grupos; crisis económica aguda o grave; criminalización y deslegitimación del
Estado; deterioro progresivo de los servicios públicos; violación extendida de
los Derechos Humanos; aparato de seguridad que supone un ‘Estado dentro
del Estado’; ascenso de élites nacionalizadas e intervención, de otros Estados
o factores externos.
Los peores 20 se nombran abajo. Los cambios en el ranking desde 2015
son indicados entre paréntesis.[ ]

1. Somalia (+1)
2. Sudán del Sur (-1)
3. República Centroafricana (0)
4. Sudán (0)
4. Yemen (+2)
6. Siria (+2)
7. Chad (-1)
8. República Democrática del Congo (-3)
9. Afganistán (0)
10. Haití (+1)

11. Irak (+1)


12. Guinea (-2)
13. Nigeria (+1)
14. Pakistán (-1)
15. Burundi (+3)
16. Zimbabue (0)
17. Guinea-Bisáu (0)
18. Eritrea (+6)
19. Níger (0)
20. Kenia (+1)

¿Cuál es el origen del concepto Estado fallido?

El concepto de “Estado fallido” deviene del reporte “State Failure Task Force
Report” de la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos en el año
de 1995. El fin del reporte era identificar de manera cuantitativa que países
podrían considerarse “fallidos” y por ende como riesgo a la seguridad
internacional y la seguridad nacional de Estados Unidos.
Posteriormente en 2002, después de los ataques terroristas del 11 de
septiembre de 2001, el Consejo de Seguridad de Estados Unidos, dependiente
del presidente de los Estados Unidos, definió a los Estados fallidos como entes
de riesgo a la seguridad nacional de Estados Unidos y estableció una
estrategia integral para la intervención y cooperación en dichos países.
¿Por qué es un concepto en duda Estado fallido?

El concepto de Estado fallido ha sido cuestionado en la literatura académica y


por expertos en asistencia internacional por ser considerado
epistemológicamente impreciso, con incapacidad de ser útil para generar
política pública, además de ser propagandístico y políticamente motivado.

Para Brooks (2005) el concepto de Estado fallido no explica bien las diferentes
coyunturas que se viven en los países que tienen conflictos armados y guerras
civiles que debilitan su existencia, incluso argumenta que hay una confusión
entre Estado fallido y no-Estado donde hay una ausencia absoluta del Estado.

Para Aidan Hehir (2007) el concepto de Estado fallido fue vinculado


políticamente al terrorismo internacional, haciendo pasar a los países así
catalogados como “incubadoras” de actividad terrorista. Hehir critica esta
postura y argumenta que no hay vínculo real entre terrorismo internacional y
Estados fallidos.
¿Qué significa Estado débil?

En el caso de Estado débil, Susan Rice, Stewart Patrick (2008) y Francis


Fukuyama (2004) lo definen como un nivel de falta de estatalidad y como nivel
de falta de funciones para actuar en el territorio. La estatalidad en los autores
es la medida en la cual cumple el Estado con sus funciones jurídicas y de
seguridad básicas, y de funcionalidad como la capacidad del Estado en
interceder en la vida cotidiana en el país.

Es decir, un Estado débil puede verse en como el Estado asegura la seguridad


nacional y humana, además de cómo actúa en asuntos del país. Un Estado con
baja estatalidad sería uno que tiene impunidad y violencia regional. Un país con
baja funcionalidad es uno donde tiene bajos niveles regulatorios.

¿Cómo se mide el Estado fallido y el Estado débil?

Desde el reporte de la CIA se ha tratado de medir la “estatalidad”, la


funcionalidad y que tan fallido o débil es un Estado. En el caso de la CIA y de
Fund for Peace se hace por medio de la construcción de un índice que
concentra los datos que indiquen violencia política y ausencia de seguridad. El
caso del Instituto Brookings se pondera de manera equitativa tanto estatalidad
como funcionalidad.

¿Es México un Estado fallido o débil?

México en el conjunto de definiciones sobre Estado fallido y en los índices


creados no ha sido considerado un Estado “fallido”. En el índice de Fund for
Peace sobre Estados fallidos está en el lugar 98 de 177 países, considerado en
“Estado en emergencia medio”, con un puntaje de 73.6 de 120. En el índice de
debilidad estatal del Brookings México es el país 120 de 141 países medidos,
con un puntaje de 7.83 en el cuantil superior de no-debilidad, es decir, se
encuentra entre los Estados más fuertes del mundo, excepto en los indicadores
políticos donde está en el segundo cuantil y en seguridad en el tercer cuantil,
donde en seguridad social, seguridad social y producto per cápita es superior
tiene el primer cuantil.
México se encuentra debajo de Colombia, Nicaragua, Venezula y los demás
conocidos países débiles, superior a México de países latinoamericanos se
encuentra Uruguay y Costa Rica.
Es de notarse que los índices han registrado la guerra contra el narcotráfico,
las deficiencias del sistema de justicia y el aumento de la violencia en los
rubros de seguridad. A pesar del deterioro de la situación de seguridad no ha
colocado a México al lado de países los cuales viven en guerras civiles,
conflictos armados y donde la violencia se ha generalizado a diferencia de
México donde es regionalizada y focalizada.

Los Estados fallidos son un fenómeno novedoso en la periferia mundial


surgidos hace unas décadas, tras la desaparición del Bloque del Este.
Caracterizados por la falta de control y seguridad dentro de su territorio,
suponen una amenaza para la comunidad internacional. Sin embargo, ¿qué
hay detrás de este concepto? ¿Sirve para justificar determinadas acciones
contra esos países?
En las últimas décadas, ha aparecido una nueva categoría de países, los
Estados fallidos, debido a las experiencias en países como Somalia, Libia o
Sudán. Caracterizados como Estados que no pueden desempeñar sus
funciones habituales con normalidad, se han convertido en refugio del crimen
organizado y del terrorismo por el caos que reina en ellos, a la vez que un
riesgo para la comunidad internacional.
A mediados de los años noventa, en pleno “fin de la Historia” de Fukuyama,
todo el aparato de seguridad nacional y política exterior del Gobierno de
Estados Unidos se hallaba sin su adversario natural, la Unión Soviética y el
bloque del Este. En esos años en que el espacio postsoviético entraba en caos
y florecían conflictos armados de naturaleza distinta a la bipolar —como en
Somalia, los Balcanes o Ruanda—, el Gobierno estadounidense trataba de
analizar el mundo buscando nuevos peligros para su seguridad y sus intereses.
Además del terrorismo, los Estados fallidos se convirtieron en el nuevo blanco
de la política exterior estadounidense.
En el año 1995, la CIA encargó a un grupo de académicos una investigación
acerca de las causas que favorecían la debilidad de un Estado. La
investigación, titulada “Working Papers. State Failure Task Force Report”,
analizó factores demográficos, económicos, medioambientales y políticos para
determinar su importancia a la hora de la aparición de un Estado fallido.
Algunas de las conclusiones de la investigación señalaban que un indicador
común a la mayoría de Estados fallidos es la escasa inversión extranjera. Otros
factores que podrían aumentar la debilidad estatal son la existencia de élites
políticas que representan únicamente a una etnia o sector de la población.
¿Estados fallidos y Estados exitosos?
Existen muchas voces críticas respecto al concepto de Estado fallido que
parten de la premisa de una visión del mundo occidentalizada, que atribuye una
serie de valores inferiores a los países de la periferia mundial. Augusto Zamora,
antiguo embajador de Nicaragua en España, afirma que, al emplear el
concepto de Estado fallido, tácitamente aceptamos el de Estado exitoso, lo que
acarrea una serie de connotaciones peyorativas, racistas y clasistas.
Otros estudiosos, como C. T. Call, afirman que los países occidentales ven a
este tipo de Estados en función de sus intereses y de forma unilateral. Sin
embargo, se trata de un concepto que no admite una zona gris: un Estado es
fallido o exitoso. Pese a que la mayoría de los Estados fallidos se localicen en
la periferia mundial, lo cierto es que este término no ilustra los retos y
problemas a los que países de esa zona deben hacer frente o en qué medida
son eficientes al hacerlo, sino que los recluye a un estado de incapacidad
absoluta que justifica todo tipo intervención extranjera. Así, en un discurso
intervencionista, el concepto de Estado fallido se acerca enormemente al de
Estado canalla, que se podría entender como aquel que no solo no es
democrático, sino que atenta contra los valores básicos de la democracia y la
libertad, lo que en la práctica resulta en Estados contrarios y peligrosos para la
democracia liberal occidental.
Desde 2005, Fund For Peace (FFP) utiliza doce indicadores para elaborar su
Índice anual de Estados Fallidos —Estados Frágiles desde 2013—. FFP
justificó el renombramiento con el eufemismo frágil aduciendo que, aunque el
calificativo fallido designaba un peligro real para los habitantes de un Estado
colapsado, también suponía una distracción del objetivo de analizar las causas
que impiden mejorar las condiciones de desarrollo o seguridad de estos países.
Sistema Mundo: Centro-Periferia.
La teoría del sistema-mundo de Wallerstein identificaba dos zonas geográficas
mundiales, el centro y la periferia, los cuales se relacionan entre sí por un
intercambio desigual. El centro se caracteriza por la abundancia de capital y
recursos económicos, agroindustriales y militares; posee, por tanto, una
superioridad respecto a la periferia, caracterizada por sistemas de producción
menos eficientes, economías de exportación y una subordinación al centro en
lo político, militar y económico. Geográficamente, la periferia se corresponde, a
grandes rasgos, con Asia, África y Latinoamérica. Si trasladamos esta
perspectiva al plano de los Estados fallidos, encontramos que los diez Estados
más frágiles del índice de 2016 se encuentran en la periferia mundial.
Existen una serie de factores comunes a los tres países considerados que
permiten explicar la excesiva fragilidad estatal en la que se encuentran. En
primer lugar, los tres coinciden en una presencia excesiva de intervención
externa. Desde el fin de la Guerra Fría, han sufrido intervenciones militares
estadounidenses de algún tipo y han sido objeto de sanciones internacionales.
Asimismo, coinciden en haber tenido misiones de las Naciones Unidas en su
territorio: a Haití todavía se le provee de asistencia humanitaria a través de
Minustah debido a los desastres naturales y epidemias que ha sufrido, Somalia
es objeto de una misión de asistencia —Unsom— y existe un “enviado especial
del secretario general” para Yemen.
En segundo lugar, encontramos en los tres casos rivalidades internas y
conflictos entre élites. El caso de Yemen es el más obvio al estar envuelto en
una guerra civil que enfrenta al Gobierno, representante de la población suní, y
la milicia hutí, de mayoría chií, a lo que hay que añadir el respectivo apoyo de
Arabia Saudí e Irán, así como otros actores, como Al Qaeda. En Somalia, un
país que arrastra una grave crisis interna a raíz de una guerra civil prolongada
desde los años 90, la rivalidad interna en el Gobierno se complementa con una
estructura federal muy débil y territorios con aspiraciones de autonomía e
independencia, como Somalilandia, a lo que hay que añadir las luchas internas
entre clanes y el conflicto con Al Shabab. En Haití, un país que ha sufrido
varias dictaduras hasta finales de los ochenta, existe una inestabilidad
institucional elevada y las luchas por el poder entre partidos, entre otros
factores, han propiciado una situación de interinidad del Ejecutivo que se
prolongó durante casi un año, hasta el pasado febrero.
Factores como tasas elevadas de analfabetismo —50% en Yemen— o
desempleo —65% en Haití— o un PIB per cápita reducido —400 dólares en
Somalia— explican que los Estados fallidos sean característicos de la periferia
mundial y que, debido a esa coyuntura económica, les resulte más difícil
convertirse en un Estado exitoso. Estas causas, entre muchas otras,
desembocan en unos servicios públicos deficientes, que no pueden proveer a
sus ciudadanos con bienes como la seguridad, educación, salud, etc. y que
impiden el crecimiento y el desarrollo, lo que supone que la solución a los
Estados fallidos sea siempre a largo plazo.
Los Estados fallidos no han hecho más que crecer desde que aparecieran por
primera vez en los años 90 y suponen uno de los desafíos más importantes
para la seguridad y estabilidad internacionales, así como para el desarrollo
regional. No obstante, el tratamiento que hace la comunidad internacional de
estos Estados, particularmente Occidente, no solo facilita su origen y
mantenimiento, sino que no aporta nada a su solución. Gran parte de las
causas que provocan su aparición tiene su explicación en las políticas
occidentales, que se basan en un concepto peyorativo para justificar cualquier
tipo de acción hacia esos Estados, a los que convierten en más frágiles aún.

GUATEMALA
Guatemala parece encaminado a convertirse en un Estado fallido por los
últimos acontecimientos nacionales: un Congreso que se resiste a reconocer el
derecho indígena y que se niega a depurarse pese a una veintena de
antejuicios contra sus diputados que no renuncian; el fracaso del Gobierno a
garantizar el derecho a la vida ante la ola de violencia y una Corte Suprema de
Justicia que deja dudas desde hace 27 meses cuando los magistrados fueron
elegidos por los partidos Patriota y Líder, ahora cancelados, y tres de ellos se
han visto inmersos en escándalos de tráfico de influencias y corrupción.
El término de Estado Fallido ha sido utilizado por periodistas y analistas
políticos para describir a un país que ha fallado en la garantía de servicios
como salud, educación y seguridad ciudadana, entre otros. Hablar de estos
Estados no solo es referirse a la incapacidad del Estado para prestar esos
servicios básicos a los ciudadanos, sino también inestabilidad institucional,
corrupción, crisis económica, demandas culturales y una inseguridad constante
que tiene de rodillas a sus ciudadanos.
Las alarmas se encendieron desde el momento en que el Ejecutivo dio
muestras de un gobierno débil o ineficaz, cuyo presidente dirige al país casi por
inercia. Esta situación ha provocado una improvisación en el manejo de
asuntos como el de la gobernanza de un país.
Para nadie es un secreto que el presidente Jimmy Morales, a veces por
incapacidad y otras por desconocimiento, no puede generar políticas públicas
para brindar seguridad, salud y educación. Y lo principal hacer realidad el fin
que es el bien común.
El último índice de Estados fallidos elaborado por The Fund for Peace y
Foreign Policy y en donde Guatemala ocupaba el puesto 64 de 178 países,
consideraba a Guatemala como un país en alerta de convertirse en un Estado
Fallido al no contar con políticas públicas estables, claras y eficientes a
mediano y largo plazo para la gobernanza del país, la consolidación de la
democracia y sobre todo el fortalecimiento del Estado del Derecho.

Y este punto es quizás el más importante, ahora que el Congreso de la


República discute las reformas constitucionales en materia de justicia. Mientras
que casi todos los sectores del país las aprueban, a excepción del Cacif, los
diputados también retrasan su discusión, principalmente la reforma que
modifica el artículo 203 de la Constitución y que busca reconocer la justicia
indígena.
Además, el Legislativo se desgasta en la discusión de iniciativas de ley para
favorecer a los grupos de poder con beneficios fiscales y exoneración de
impuestos como pretende con el sector agropecuario, provocando un agujero
en los ingresos fiscales de casi dos millardos de quetzales, lo cual ha
enfrentado al gabinete de Jimmy Morales.
Eso sin contar que casi una veintena de congresistas tienen solicitud de
antejuicio que aún no se resuelve porque los dictámenes de los jueces
pesquisidores continúan en trámite, entre quienes se encuentran nueve
diputados que pertenecen al partido oficial Frente de Convergencia Nacional
(FCN), por supuestos delitos como tráfico de influencias, discriminación,
participación en actos de desaparición forzada y creación de plazas fantasma
para desviar fondos del Legislativo para beneficio propio.
Otro caso es el de la Corte Suprema de Justicia, tres de sus magistrados
electos en 2014 han incurrido en violaciones a la ética y principios
constitucionales. Ellos son Vladimir Aguilar, Douglas Charchal y Blanca
Stalling.
Dos de ellos ya fueron sustituidos por acusaciones penales, como son los
casos de Aguilar y Charchal, a quienes se suma la pérdida de inmunidad de la
magistrada Blanca Stalling, los tres han provocado crisis y escándalos en la
Corte.
Otro de los señalamientos es que el Estado falla en proteger el derecho a la
vida de los guatemaltecos y como consecuencia de ello diariamente decenas
de ciudadanos son asesinados en las calles. Se requiere de mucho espacio en
esta columna para comentar las atrocidades que los delincuentes cometen en
Guatemala ante la pasividad e impotencia de las autoridades.
Basta con referirme al indignante crimen contra dos niños secuestrados y
posteriormente asesinados porque sus familias no pagaron el rescate. La saña
con que son cometidos los crímenes pone en mate y casi en jaque a las
fuerzas de seguridad, pero Jimmy Morales no se pronuncia.
La poca reacción gubernamental contra la violencia lleva a pensar en que se no
puede combatir a los delincuentes, las mismas autoridades reconocen el
repunte de la violencia y el evidente el aumento de los homicidios en el año que
recién inicia, pero se cruzan de brazos y señalan que se debe a un plan para
desestabilizar al país.
Entonces el término de Estado fallido se utiliza para describir a un Estado que
es ineficaz porque no puede combatir las altas tasas de criminalidad y hacer
cumplir las leyes.
El expresidente Vinicio Cerezo decía recientemente el peligro para Guatemala
es que el Estado se convierta realmente en un Estado fallido si el país sigue
por esa ruta

El limitado acceso a la salud, educación y trabajo; la marginación económica,


base o complemento de la exclusión política, afectan actualmente a amplios
segmentos de población rural y urbana guatemalteca. Pero ¿Qué hace el
Estado?
A ello se agrega que las condiciones de extrema pobreza, la poca o ninguna
transparencia, altos niveles de corrupción, la desigualdad social y económica.
En Guatemala se da un denominador común: Ingobernabilidad, y pareciera ser
que el país cumple con todos los requisitos para convertirse en un Estado
Fallido. Después de la resaca ocasionada por las alocadas decisiones tomadas
por Jimmy Morales y los diputados, el pueblo finalmente reconoció que ya no
puede seguir sumido en un sistema colapsado. El sentir generalizado es que se
reformen ciertas leyes importantes.
Otra cosa es ¿Cómo hacemos para educar en dos años a un millón de
analfabetas? Y que, al momento de emitir su voto para presidente, alcaldes o
diputados, lo harán por quien tenga más vallas publicitarias, la canción más
chusca, quien le regale una lámina o cien quetzales; es decir, “firmitas” tipo
Sandra Torres o un Manuel Baldizón. ¿Cómo logramos que la educación sea
verdaderamente una política de Estado?
Limitar ciertos derechos políticos en cuanto a exigencias de un perfil para optar
a un puesto público no elimina la democracia. Pero seguir dando rienda suelta
a los excesos y libertinaje que se dan en este país tampoco lo es. Somos una
democracia en teoría, pero en la práctica, un Estado fallido.
Esa es nuestra realidad y más allá de toda la teoría política (la República de
Platón, Aristóteles, Sócrates, Montesquieu…) debemos reconocer que esta
filosofía no funcionó en la realidad guatemalteca, por lo que estamos en un
desfase entre doctrinas que nos engrilletan y “supuestamente” no nos permiten
hacer cambios eficientes, optando por un sistema disfuncional que nos aniquila.
Al menos el 70% de la población vive sumida en extrema pobreza e ignorancia
y las reformas a las leyes deben hacerse adaptándose al entorno real del país.
Resolver un gran problema puede llegar a ser una tarea simple, si se tienen
claros los objetivos y la agenda. Y aunque los politiqueros se nieguen a
retirarse del escenario, creyéndose dueños de la verdad y expertos juristas o
súper todólogos, solo sirven para enredar las cosas.
Guatemala es un país complejo, lo hicieron complejo porque no cuidaron de él,
solo lo esquilmaron, y no pusieron los ojos en aspectos que son fundamentales
como la educación, salud, trabajo, salarios justos, vivienda, servicios públicos,
control sobre el crecimiento de la población y no digamos la seguridad, pero
también y de gran importancia la contribución del Estado a favor del IGSS,
incluyendo la previsión social, y ahora todo esto es prácticamente irresoluble,
salvo que se depure la casa empezando por combatir la corrupción, la
contención del gasto público y el nepotismo; que emprenda con carácter
urgente una denodada lucha porque se modifique la Ley Electoral y de Partidos
Políticos, la Ley de Servicio Civil y la Ley de Compras y Contrataciones, de lo
contrario el país se irá deslizando cada vez más hacia el abismo. Es cierto que
en Guatemala no hay ciudadanos –que son los que luchan por sus derechos
constitucionales-, no hay educación ciudadana, no hay cultura de ciudadanía,
solo votantes, y por eso nadie defiende esos derechos y por ende no existe
poder de convocatoria.
ESTADO DE CONTRAINSURGENCIA
Pero veamos dos casos: el primero, es una joven violentada sexualmente a dos
cuadras de su casa, cuando pide auxilio nadie responde y cuando se acerca a
denunciar recibe un trato misógino y su caso no procede, la instancia estatal
encargada de garantizar su seguridad está ausente que violenta sus derechos.
El segundo, es el desalojo de una población en resistencia a la orilla de río en
el que se quiere hacer un megaproyecto; inmediatamente se despliega todo un
operativo policial para movilizar con violencia a la población debido a que
afectan “el desarrollo”.
Los ejemplos reflejan que las instituciones estatales no están para resguardar
la seguridad de las/os ciudadanas/os, más bien hacen lo necesario para
resguardar la seguridad de unos pocos. Entonces, a qué se refiere la
cooperación cuando habla de Estado Fallido si las particularidades de la
respuesta en cuanto a seguridad ciudadana se dan según los intereses
económicos en juego; este es un Estado pensado y construido para unos/as
pocos/as.
De acuerdo con Santos (comunicación personal, 11 de octubre, 2015) el
anterior panorama demuestra que en Guatemala se tiene un Estado cooptado
por determinadas estructuras que hacen legítimo el uso o no de la violencia.
Dichas estructuras están conformadas por dos ramas, la militar y la económica
(tecnócratas civiles y militares) que confluyen dentro del Consejo de Seguridad
Nacional. En ese orden lógico propongo que más allá de un Estado Fallido en
el país existe un Estado de Contrainsurgencia, que se instaló con la crisis de
1954 y continúa hasta hoy.
Se define al Estado de Contrainsurgencia como el Estado corporativo de la
burguesía monopólica y de las Fuerzas Armadas que combina una ideología
autoritaria-oligarca tradicional con el aparato institucionalizado creado e
impuesto por Estados Unidos (Jonas, 1994: 134). Tenga éste o no la forma de
una dictadura militar, pero al privilegiar a las Fuerzas Armadas como elemento
central de su estrategia, la burguesía está confiriendo a ese aparato especial
del Estado la misión de solucionar el problema; está, pues, pasando del terreno
de la política al de la guerra (Marini, 1978: 25-27).
EL TERROR SILENCIA Y PERPETÚA ESTRUCTURAS DE DOMINACIÓN
La legitimación de la violencia se ejerce y está plenamente dirigida con el
objetivo de perpetuar las desigualdades que favorecen a la unión entre
burguesía monopólica y Fuerzas Armadas. Ahora bien, el Estado guatemalteco
que se formó a partir del 20 de Octubre de 1944 incluyó tres actores
principales: La burguesía nacional, la burguesía extranjera y las fuerzas
militares (que en ese momento entraron al poder acompañando a Arévalo y
Arbenz).
Pero no es hasta la década de los 60’s que dicha coalición promovió que las
decisiones con respecto a políticas públicas y fiscalización quedaran en mano
de la burguesía. Dejando a los militares la función de mantener el control a lo
interno y externo del país. Estos al ver durante dicha década el movimiento de
guerrillas y de grandes masas populares crearon estrategias agresivas,
violentas y de tortura para poner al terror como una herramienta para disminuir
la participación de la población.
Conclusión

 Estado fallido es un fracaso social, político, y económico, se caracteriza


por tener un gobierno ineficaz, que tiene poco control sobre vastas
regiones de su territorio; no provee ni puede proveer servicios básicos
en donde se presenta altos niveles de corrupción y de criminalidad; El
gobierno de la República de Guatemala parece encaminado a
convertirse en un Estado fallido por los últimos acontecimientos
nacionales: un Congreso que se resiste a reconocer el derecho
indígena, El fracaso del Gobierno a garantizar el derecho a la vida ante
la ola de violencia

 El estado fallido se describe a un país que ha fallado en la garantía de


servicios como salud, educación y seguridad ciudadana, que son
servicios básicos a los guatemaltecos, sino también inestabilidad
institucional, corrupción, crisis económica, demandas culturales y una
inseguridad constante que tiene de rodillas a sus ciudadanos. Para
nadie es un secreto que el presidente Jimmy Morales, a veces por
incapacidad y otras por desconocimiento, no puede generar políticas
públicas para brindar seguridad, salud y educación. Y lo principal hacer
realidad el fin que es el bien común
ANEXOS
TOMANDO COMO EJEMPLO LOS PAÍSES DE HAITÍ, COLOMBIA,
HONDURAS Y GUATEMALA DAMOS A CONOCER ESTADÍSTICAS DE LOS
ÍNDICES DE DESEMPLEO, POBREZA Y SALUD DE ALGUNOS PAÍSES DE
LOS CONSIDERADOS ESTADOS FALLIDOS
ESTADISTICAS DE HAITÍ
DESEMPLEO EN HAITI
POBREZA EN HAITÍ

DESEMPLEO EN COLOMBIA
DESEMPLEO EN COLOMBIA AÑO 2017

POBREZA EN COLOMBIA
1. DESEMPLEO EN HONDURAS
2. DESEMPLEO EN GUATEMALA AÑO 2,016

POBREZA EN HONDURAS
DESEMPLEO EN GUATEMALA AÑO 2,016
POBREZA EN GUATEMALA
LA

SALUD ES FUNDAMENTAL EN EL DESARROLLO DE UNA PERSONA.


EGRAFIA
Zapata Callejas, John Sebastián LA TEORÍA DEL ESTADO FALLIDO:
ENTRE APROXIMACIONES Y DISENSOS Revista de Relaciones
Internacionales, Estrategia y Seguridad, vol. 9, núm. 1, enero-junio,
2014, pp. 87-110 Universidad Militar Nueva Granada Bogotá, Colombia

«Estados Fallidos lista 2012». Foreign Policy. Consultado el 24 de


marzo de 2018.

«Estados Fallidos lista 2011». Fondo por la Paz. Archivado desde el


original el 3 de julio de 2010. Consultado el 1 de abril de 2018.

«Estados Fallidos lista 2008». Fondo por la Paz. Archivado desde el


original el 26 de junio de 2008. Consultado el 27 de marzo de 2018..
Fukuyama, Francis (2004), La construcción del Estado: Hacía un
Nuevo orden mundial en el siglo XXI, Barcelona, EdicionesB.

Migdal, Joel S. (2011), Estados débiles, Estados fuertes, México,


FCE.