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Instituto Primera Escuela Privada de Psicología Social A-1245

Técnico Superior en Análisis e


CARRERA Intervención en los Campos
Grupal, Institucional y
Comunitario

MODALIDAD Educación a Distancia

CURSO Primer año

ASIGNATURA Teoría de los Grupos

Primera Escuela
INSTITUTO Privada de Psicología
Social
A-1245

Material 2

Teoría de los grupos – Módulo I – Unidad 1 – Segunda parte - (Material Nro. 2) 23


Instituto Primera Escuela Privada de Psicología Social A-1245

1.2.1. Relación entre concepción de sujeto y concepto de grupo

Como en el desarrollo histórico del concepto de grupo, los conceptos de


individuo y grupo, en su origen, se nos muestran interdependientes y nos remiten a
realidades que son interdependientes: la realidad del sujeto y la realidad del grupo.
Nos preguntamos ¿Por qué interdependientes? No podemos pensar
legítimamente, científicamente en el sujeto abstrayéndolo recortándolo del contexto
histórico social porque ese contexto histórico social lo configura, lo determina, el
hombre es la síntesis de sus relaciones sociales, es emergente de una compleja trama de
vínculos y relaciones sociales. No podemos pensar el grupo sin pensar al individuo
porque ese contexto histórico social lo configura, lo determina, el hombre es la síntesis
de sus relaciones sociales. Y no podemos pensar el grupo sin pensar al individuo
porque

El grupo es un sistema de relaciones entre sujetos, un sistema de relaciones entre


individuos que configuran una estructura particular, no es una entidad que está
por encima de los sujetos que lo componen.

Esta relación de interdependencia entre el concepto de grupo y el de individuo es


útil para acercarnos a la relación de interdependencia objetiva que existe entre el
individuo y el grupo. Son entidades que, a la vez que se distinguen o diferencian, se
remiten recíprocamente y actúan, la una con la otra, con una relación figura-fondo. Por
eso no podemos pensar en individuo sin que se nos aparezca de algún modo, como
fondo, el grupo, no podemos pensar en el grupo sin que de alguna manera este presente
el pensamiento sobre el individuo.

En función de esa interdependencia, de este diferenciarse pero a la vez remitirse


el uno al otro, evocarse el uno al otro, hablamos de una dialéctica, es decir, una relación
de unidad y de oposición, de un interjuego en el que se da la determinación reciproca
entre sujeto y grupo.

Desde una concepción del mundo en que lo individual es un valor supremo, esta
relación dialéctica es dilematizada, es disociada y es vista como una antinomia: o grupo
o individuo donde la dialéctica individuo-grupo en vez de ser vista como tal es
escamoteada en su interdependencia y es planteado como un dilema, se disocia al
individuo del grupo y se plantea una relación de exclusión: o el individuo o el grupo y
no se ve la interdependencia. La experiencia con otros en nuestra constitución como
sujetos tiene un papel determinante. La Psicología Social no es una teoría de los grupos,
sino que es una teoría del sujeto y su comportamiento y para ese análisis es
indispensable abordar la problemática de los grupos.

Recordemos qué es la Psicología Social

Teoría de los grupos – Módulo I – Unidad 1 - (Material Nro. 2) 24


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“La psicología social tiene como objeto de estudio el desarrollo y transformación de


una relación dialéctica, la que se da entre estructura social y fantasía inconsciente del
sujeto, asentada sobre relaciones de necesidad.”
“El ser humano es un ser de necesidades, que sólo se satisfacen socialmente en
relaciones que lo determinan.”

Ese satisfacerse socialmente no sólo es una relación con que lo que satisface la
necesidad está en el orden social; a su vez, esas relaciones con el orden social van a
determinar al sujeto mismo.

“No hay nada en los sujetos que no sea la resultante de la interacción entre individuos,
grupos y clases.” Un rasgo de esta estructura social es la existencia de clases.
Enrique Pichon Rivière, El Proceso Grupal

“Hace a la especificidad de la psicología social indagar el nexo fundante entre el orden


histórico-social y la subjetividad. Es decir, investigar el nexo entre las instituciones que
expresan ese orden, las diferentes formas de articulación entre los sujetos de esos
procesos sociohistóricos, lo que constituye las estructuras vinculares, grupales,
organizacionales, y los procesos psíquicos.” Y agrega algo que en este momento es
obvio para nosotros que estamos reconstruyendo esto: “La psicología social estudia un
conjunto de procesos de gran complejidad"

Ana P. de Quiroga, Vigencia del pensamiento de Enrique Pichon-Rivière

Comencemos recordando alguno de los temas desarrollados en la materia


Psicología Social para tratar de situar el lugar que tienen los grupos en el conjunto de
cuestiones que estudia la Psicología Social, donde sin duda tienen un lugar central.
Estudiaremos qué es lo específico de lo grupal, qué leyes hacen a la dinámica
del grupo. Pero para comprender a un grupo concreto no alcanza con la teoría de los
grupos, habrá que saber sobre los sujetos, sobre el orden histórico-social, sobre el estado
y las instituciones en ese momento, sobre los vínculos y de las organizaciones. La
comprensión de los grupos es tan compleja como la comprensión de cada uno de los
sectores de la vida social.
Estamos planteando que hay una relación de determinación recíproca. La
situación grupal modifica el orden social, pero el orden social está actuando
permanentemente en la estructura grupal, y gran parte de lo que sentimos cuando nos
encontramos con otro está impactado, o en parte determinado por lo que ocurre en el
plano de lo comunitario.

Sintetizando podemos decir que...

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El grupo es una realidad vinculada a muchos aspectos de la vida social, y a su


vez tiene una especificidad, así como una célula, parte de un organismo vivo estudiado
por la biología, tiene algunas leyes que son específicas de la célula.
Según Didier Anzieu, grupalista de la escuela francesa vivenciamos al grupo
como un conjunto de relaciones con otros que llamaremos perceptivas. La otra
experiencia que se vive y que tiene que ver con lo perceptivo y lo emocional, es lo que
la escuela francesa describe como la intensidad de la copresencia, de la presencia con
otros. Para estos autores el grupo es una realidad deseada y también una realidad
temida.
Deseada desde el deseo de que el grupo sea sostén, continente, apoyo en la
resolución de nuestras necesidades.
Temida desde lo que llaman la fantasía de espejo roto.

La fantasía de espejo roto es la fantasía de que el otro, que actúa como espejo, me
devuelva una imagen muy distinta de la que tengo sobre mí mismo.

En vez de confirmar nuestra propia identidad, uno de los deseos más profundos,
me devuelve una imagen distinta, sobre todo de los aspectos narcisistas, de los aspectos
más valorados de nosotros mismos. En ese sentido es una realidad deseada y temida al
mismo tiempo.
Estos autores dicen que en los grupos se ponen en juego fantasías y deseos de
fusión. El deseo de fusión hace que el grupo sea una situación deseada.

Fusión implica la idea de ser una unidad con el otro, y eso es parte de lo que sucede
sobre todo a nivel inconsciente cuando uno integra un grupo.

A su vez la fusión con otro pone en juego un temor. Esta es otra contradicción
que juega en los grupos, el deseo de unirnos al otro y el temor de perdernos a nosotros
mismos en esa unión con el otro. Y esto es lo que se llama deseo fusional y temor
fusional.
La fusión se da sobre todo en los inicios de los grupos. Es un momento
esperable, ocurre casi necesariamente en los inicios de los grupos. En el inicio del grupo
falta una estructura propia de ese grupo. Un conjunto de personas al comienzo es un
conjunto de personas, no es un grupo todavía, todavía no tiene relaciones internas que lo
articule, predomina lo desconocido sobre lo conocido y es allí donde aparece el temor a
lo desconocido. Hay un mecanismo - que ya es parte de lo que hace a la especificidad de
los grupos- que hace a la construcción de un momento fusional, donde ante la
inestructuración, diferencia, desconocimiento y temor a la diferencia se asume el polo
contrario y el grupo se fusiona.

En este sentido, Rene Käes un importante grupalista francés dice


que

“crear un grupo es darse recíprocamente la fantasía de ser un cuerpo omnipotente


no sometido ni a la división ni a la muerte”.

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Estos son fenómenos que se corroboran en la conformación de los grupos. Es la


fantasía de ser un cuerpo, uno solo, omnipotente, que todo lo puede, no sometido a la
división, a la diferencia, ni a la muerte como finitud. Es un momento claro de ilusión de
completud, de fusión.
Esta característica es parte del desarrollo habitual de todo grupo. El deseo de
estar unido y el temor de perderse en esa unidad recorren toda la historia de un grupo.
Ese momento se llama en la teoría de los grupos el momento de la ilusión grupal, es un
momento en el proceso de constitución del grupo.
¿Cómo se expresan visiblemente esas vivencias de ilusión? Aparecen intervenciones de
los integrantes diciendo:
“qué buen grupo que somos”, o “somos el mejor grupo”, o “somos un grupo
maravilloso”.
Alguno de los integrantes del grupo en algún momento va a decir algo similar,
no depende de que uno lo sepa sino que es una situación que se vivencia en un momento
en donde se produce una unidad, luego se dará una construcción más realista del grupo,
ilusión y desilusión, pero sin esa ilusión grupal no habrá un trabajo realmente
productivo, rico del grupo.

Es conveniente destacar...

Definición de grupo de Pichon-Rivière

“un grupo es un conjunto restringido de personas, ligadas entre sí por constantes de


tiempo y espacio, y articuladas por su mutua representación interna, que se propone en
forma explícita o implícita una tarea que constituye su finalidad. Estas personas
interactúan a través de complejos mecanismos de adjudicación y asunción de roles.”

Analizaremos esta definición

“Conjunto restringido de Número de personas que permita una relación cara a cara, que
personas”. permita una relación personal, no abstracta y general. Pichon
Rivière se refiere a un pequeño grupo.

“Ligadas entre sí por El tiempo y el espacio son condición necesaria aunque no


constantes de tiempo y suficiente para la existencia de un grupo. Por fuera de la
espacio.” interacción real, concreta con el otro no hay posibilidad de
construcción de un grupo. Esa interacción se da en un tiempo
y un lugar determinado.

“Articulados por su mutua La mutua representación interna es la representación psíquica,


representación interna”. el grado de inscripción psíquica del otro, esa inscripción del
otro en uno implica un tiempo de permanencia, surge de una

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práctica de reiteración de la interacción.

Jean Paul Sartre1 dice que un grupo es una síntesis


policéntrica, con varios centros, tantos como integrantes haya.
Lo que le da unidad a ese grupo, además de la acción común,
son estas representaciones del propio grupo que tiene cada uno
de los integrantes. Cada uno de ellos hace una síntesis
particular y específica de las relaciones del grupo.
Esa multiplicidad de síntesis tiene denominadores comunes
que son los que permiten interaccionar, si estas síntesis no
tuvieran que ver entre sí, no podríamos estar hablando de
grupo. Este factor es uno de los determinantes para que un
grupo sea un grupo, y aparece cuando va dejando de ser un
conjunto de personas y empieza a ser un grupo, proceso se va
dando muy paulatinamente.

La representación interna es la relación de todas las mutuas


representaciones internas de cada uno de los integrantes.

Al comienzo de la relación con otros se inscriben aspectos


exteriores y en un proceso se avanza en la recepción de
aspectos internos del otro. Al principio se recuerda la
vestimenta, los gestos, luego se registra algo que dijo, en otro
momento se encuentra pensando en lo que dijo otro, y un día
sueña con el otro. Son distintos niveles progresivos de
inscripción del otro en cada uno. La vivencia que aparece
mostrando la presencia de esta representación interna es
cuando se empieza a pensar en “nosotros”, cuando ya no dice
“yo”, sino que en un momento en el grupo alguien dice
“nosotros”. Se constituyó entonces uno de los organizadores
internos del grupo: la mutua representación interna.

“Que se propone explícita o El grupo es un hacer compartido, es una unidad de acción, es


implícitamente una tarea que una unidad práctica dice Sartre.
constituye su finalidad”. Para Pichon-Rivière no hay grupo sin tarea, siempre hay un
hacer común. Esta tarea organiza al grupo, dice Pichon-
Rivière. La interacción se da a partir de necesidades. Alcanzar
la satisfacción de esas necesidades implica la realización de la
tarea.

Estas personas interactúan a La aparición de roles en un grupo tendrá que ver con lo
través de complejos personal pero también con la tarea requerida para ese grupo
mecanismos de adjudicación y donde, como veremos luego, los roles son asumidos por cada
asunción de roles.” integrante y también son adjudicados por el resto de los
integrantes teniendo como escenario de estructuración la
situación grupal.

Ampliamos el tema con la lectura obligatoria de los siguientes textos

1
Sartre J. P. Crítica de la razón dialéctica. Ed. Losada.

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Pichon Rivière El Proceso grupal, pp. 142, 152, 187-8, 209.


Quiroga Ana P. de, Formación, Proceso Social y Acontecer grupal, en Crisis, Procesos
sociales, Sujeto y Grupo.

Actividad Nº 1
(Estas actividades tienen el objetivo de ir acompañando el proceso de comprensión
de la temática. No es obligatorio su envío a la tutoría)

Enumere los elementos que se distinguen cuando afirmamos que “un


conjunto de personas es un grupo”

Actividad Obligatoria nro.1


1. Busque dos situaciones humanas concretas que entienda se corresponden a la
definición de grupo que da Pichon Rivière
2. Señale los temas principales que se desarrollan en el artículo Formación, Proceso
Social y Acontecer grupal. (En Anexo)
3. Formule una pregunta ó reflexión sobre cada uno de estos temas.

Envíe las actividades antedichas a su tutor.

Continuamos...

1.2.2. Serie y grupo

La relación serie-grupo fue trabajada por Sartre en Crítica de la razón dialéctica,


donde estudia las distintas formas de agrupamiento social, y habla de dos formas que
son el grupo y la serie.
Sartre dice que la serie es una forma de copresencia, de presencia con otros, en
la que no hay unidad interna. No registramos en esa situación relaciones fundantes que
nos articulan. En la muchedumbre, por ejemplo hay una coexistencia de soledades hay
una situación de aislamiento.
Hay coexistencia de tiempo y espacio, hay un espacio común y un tiempo común, sin
embargo se da un compartir que no es activo, un compartir que no es buscado, un
compartir que es casual. Hay una necesidad personal, propia, que no es reconocida
como común a la de otro. Lo que organiza a la serie es algo exterior a la propia serie.
Son personas que están reunidas pero no integradas, tienen relaciones de exterioridad
unas a otras, no aparecen significativos unos con otros. El otro es un individuo en

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general, abstracto. Como es general, es intercambiable y anónimo. Lo que aparece en


esa forma de relación humana que es la serie es que el otro aparece como no ligado a la
propia necesidad.
Los ejemplos más clásicos son una cola de colectivo o espectadores de cine, la cola de
un banco.
Cuando las personas que recién se conocen se agrupan la vivencia que se tiene y
la relación real que existe es la de una serie.
Es a través de un proceso de interacción donde cada uno de esos indicadores se va a ir
revirtiendo, transformando, y podríamos buscar la oposición para cada una de estas
características.
Lo que es coexistencia de soledad se transforma, lo que es aislamiento empieza a ser
vínculo, lo que es compartir no activo o casual empieza a ser un compartir activo y
motivado, la necesidad pasa a ser algo que empieza a ser reconocido como común, lo
que organiza empieza a ser algo interior a ese grupo, empieza a haber algo que tiene
que ver con la identidad de ese grupo, empieza haber relaciones de interioridad,
empiezan a hacerse significativos unos a los otros, dejan de ser individuos en general y
abstractos, y por lo tanto dejan de ser anónimos e intercambiables.

Serie Grupo

Soledad Encuentro con otro


Aislamiento Vínculo
Compartir casual Compartir motivado y activo
Relaciones de exterioridad Relaciones de interioridad
El otro es anónimo, intercambiable El otro es significativo, necesario

Necesidad individual Necesidad compartida

Tarea individual Tarea compartida

Este es el movimiento que subyace a lo que llamamos integración grupal.


Cuando se logró un proceso de integración grupal, este conjunto de personas se
constituyó como grupo es cuando aparece el “nosotros” cuando empieza ese
sentimiento de que ya no se es un fragmento de un conjunto sino que se es parte de algo.
Si tomamos como ejemplo el proceso de formación en la Escuela de Psicología Social
esa sensación de ser parte de algo tiene que ver con un proceso en el que a través de una
interacción y con relación a un objetivo es un aprendizaje, el aprendizaje de la
psicología social, y en la interacción con otros en función de ese objetivo se produce ese
algo en común, se produce ese proceso de integración, se produce la creciente
representación interna de los demás, que le da mayor operatividad, productividad al
grupo, en la medida que además permite el despliegue de la mayor cantidad de recursos
posibles de ese grupo.

Pichon-Rivière plantea que un grupo cuanto más heterogéneo es en su


composición y más se centra en la tarea que tiene, recordemos el concepto de tarea
como aspectos cognitivos, de acción, y afectivos, es mayor su productividad. En otros

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términos, cuanta mayor capacidad de articular la diferencia tiene, mayor es su


productividad, su profundidad, su logro.

Actividad Nº 2

(Estas actividades tienen el objetivo de ir acompañando el proceso de comprensión


de la temática. No es obligatorio su envío a la tutoría)

Busque tres ejemplos de pasaje de serie a grupo.

¿Piensa que en los hechos sociales y políticos transcurridos en la Argentina en el último


período se han dado experiencias de pasaje de serie a grupo? Descríbalos desde su
experiencia cercana.

1.2.3. Principios organizadores internos de la estructura grupal

Analizamos en un apartado anterior la definición de grupo formulada por


Enrique Pichon Rivière. Toda definición, en tanto intenta conceptualizar la esencia de
un proceso, alude a los principios que rigen la emergencia y desarrollo de ese proceso.
Llamamos a esos principios organizadores internos.

Para Pichon Rivière los principios organizadores internos de la estructura grupal son un
complejo de necesidades – objetivos – tarea y la mutua representación interna. El
grupo se constituye a partir de las necesidades de los integrantes y en la mutua
representación interna.

En el apartado anterior desarrollamos el pasaje de serie a grupo. Para que el


grupo se constituya es necesario, decíamos, un movimiento en el cual se pasa al
“nosotros”, un proceso que implica la internalización del otro y de la situación grupal.
Hay una graduación de formas en las que se va internalizando el grupo.

Así, en primer lugar

Inicios grupales Se internaliza la situación grupal globalmente, en términos de una


sensación de cómo es ese grupo, de cómo se está en ese grupo.

Luego, Se empieza a internalizar a algunos integrantes, se recortan del grupo


rasgos parciales, aspectos de esos integrantes, que son los más
articulados a mi propio estilo, a mi propia necesidad, por similitud o
por oposición.

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Más tarde Aparece el fenómeno de internalización por subgrupos, por partes del
grupo. Tiene que ver con relaciones de atracción y rechazo, naturales,
lógicas en toda situación humana, y también con distintos tiempos o
estilos de vivir la inclusión en un proceso grupal, porque se va
coincidiendo con el que tiene un estilo parecido o un tiempo parecido.
Las personas en un mismo proceso necesitan tiempos diferentes, esto
genera acercamientos entre unos y otros, así se va internalizando a
esos otros que aparecen más significativos.

En otro momento Se internalizan los diálogos ya hay un momento mayor de


internalización que es cuando uno se lleva un diálogo producido o un
diálogo colectivo entre varios.

Posteriormente, Hay otro momento de internalización en el que uno se identifica,


aparece el fenómeno de identificación, y se descubre actuando,
pensando o sintiendo como otro.

También: Aparece otro grado de internalización, casi específico de los grupos


familiares cuando se internaliza cómo el otro lo tiene internalizado,
representado internamente a uno. Aparecen situaciones donde los
diálogos son: “Cuando me dijiste tal cosa es porque vos estabas
pensando que yo decía”...

Con este cuadro no agotamos todas las situaciones. Son elementos que suelen
aparecer y los graficamos aquí. Son grados crecientes de internalización, pasamos de
una sensación difusa, como primer paso, a lo que ya implica un grado de complejidad
en la representación del otro. Cuando hablamos de mutua representación interna,
estamos hablando de toda esta graduación. Estamos haciendo un desglose de las formas
de representación del otro, de interiorización del grupo.

1.2.4. La relación grupo interno y grupo externo


Pasamos en la vida cotidiana de unos grupos a otros grupos, esa historia, ese
transcurrir tiene un efecto en nosotros. No es sólo el escenario en el cual sucede la
acción de estar nosotros con otros, sino que es el escenario, es la acción de nosotros con
otros. Esos procesos se van internalizando, se van inscribiendo en el psiquismo, en el
mundo interno, en el grupo interno.
La situación grupal, tomada como grupo externo, esa estructura, ese conjunto de
elementos articulados, va pasando progresivamente a configurarse como grupo interno.

Este fue uno de los grandes descubrimientos de Pichon-Rivière en la década del


„40 cuando dice que lo que le pasa a la persona que enferma, el portavoz del grupo
familiar, tiene que ver con un grado de contradicción en sí mismo y al mismo tiempo
expresa una situación que está siendo conflictiva en la estructura grupal de la que es
parte.
Cuando en un grupo familiar aparece una crisis, una modificación que rompe la
cotidianeidad como por ejemplo un nacimiento, una muerte, una situación que
desestructura lo que hasta ese momento estaba articulado, ese grupo familiar no puede

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establecer una situación de equilibrio, de dinámica de roles flexible, la asunción


operativa de los roles necesarios. Se genera así un alto monto de ansiedad en todos los
integrantes, y a veces uno de los integrantes se enferma. En ese caso, la persona que
enferma es portavoz no de un grupo que está enfermo pero sí de un grupo que en ese
momento no está pudiendo resolver las contradicciones sin promover patología en uno
de sus integrantes, entonces la tendencia se inclina a depositar su ansiedad en un
integrante.

Para Pichon-Rivière la persona que enferma es un emisario, es un vehículo de algo que


no sólo es parte de él.

Nos remitimos a la enfermedad mental porque en el campo de la psicosis fue


donde Pichon-Rivière trabajó. Recordemos que analizaba en el Hospicio de las
Mercedes, hoy Hospital Borda, a personas que tenían grandes rupturas con la realidad.
Comprobó allí que el delirio de esos pacientes tenía algún sentido y el sentido de ese
delirio, que es la exteriorización del mundo interno, estaba muy relacionado a la
dramática del grupo interno.
Otra vez estamos en un pensamiento estructural, que ahora va a correlacionar la
estructura del mundo interno o del grupo interno con la estructura del grupo externo.
Pichon Rivière dice que hay relaciones de articulación entre esas dos estructuras.
Esto no significa que el cerebro sea una copia de lo que pasa afuera, no es un espejo que
refleja exactamente lo que sucede afuera. La relación es dialéctica, es una relación que
sí refleja lo que sucede afuera, no mecánicamente, con modalidades propias.
Ronald Laing, un psicoanalista inglés que trabaja en la década del „60 la idea de
internalización, dice que:

La internalización es el pasaje de una modalidad de experiencia con el exterior, a otra


modalidad de experiencia que es la experiencia interna, la experiencia del mundo
interno.
Es el pasaje de la percepción a la memoria, al sueño, a la imaginación, y a la acción.

Cuando estamos con otro lo que más impacta es la percepción, tanto la de sí


mismo como la del mundo. En cambio en la internalización los fenómenos claves son la
memoria, el soñar, la acción que uno hace después, que siempre incluye esa
representación.

Internalizar es trasponer lo externo a lo interno. el mundo interno implica el pasaje de


una dimensión intersubjetiva, entre sujetos, a una dimensión intrasubjetiva,
intrasujeto.

Pasaje que no es una copia porque en ese pasaje opera la fantasía del propio sujeto, la
necesidad del propio sujeto, el posicionamiento subjetivo del sujeto.

A continuación desarrollaremos algunos conceptos

Teoría de los grupos – Módulo I – Unidad 1 - (Material Nro. 2) 33


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Proyección y transferencia.

Hay momentos en los que se viven las situaciones externas que suceden en un aquí, en
un ahora, y en un entre nosotros, como si fuera en otro momento, en otro lugar, con
otros. Hay momentos en la situación grupal en que uno actúa con alguien como si se
estuviese dirigiendo a otro que determina ese accionar. Se ve a alguien con quien se
interactúa, en ese momento y en esa situación, como si fuera otro.
Cuántas veces nos encontramos en situaciones donde se reeditan diálogos como este:
“Disculpame que yo me enojé cuando dijiste eso, vos me lo dijiste bien, lo que pasa es
que yo tengo una historia con... vos sabés de quién te hablo, no lo quiero nombrar
ahora, que cada vez que me decía eso después venía tal otra cosa, entonces disculpame,
me lo dijiste bien, pero yo accioné con vos como si fueras otra persona.”
Eso que hacemos donde tenemos que corregir el vínculo con una persona porque nos
comportamos con ella como si fuese otra persona, donde le depositamos un personaje
que no es el real, se llama transferencia.
Se transfiere una situación del pasado a una situación del presente.
En otros términos, el grupo interno se sobreimpone al grupo externo. Como sujeto se ve
al grupo externo pero se actúa con el grupo externo como si se estuviera con el grupo
interno, actúo con el otro como si se estuviera con el padre, la madre, algún hermano...
Vivo el aquí, ahora, con esa persona
como si fuera allá, entonces, con otro.

El mecanismo de proyección implica ver en otro algo que no se tolera en uno. Se


adjudica al otro algo que en realidad lo tiene uno pero de lo que no se puedo hacer
cargo. Se proyecta ese rasgo de la propia personalidad.

Tanto en el caso de la transferencia como en el del mecanismo de proyección hay algo


del mundo interno que se sobreimpone sobre el mundo externo.

Veamos la diferencia

Transferencia Proyección

Se traslada aquí y ahora una situación que es Mecanismo por el cual le pongo al otro un
una escena interna acaecida allá y entonces. rasgo de personalidad que no tolero de mí.

Actividad Nº 3
(Estas actividades tienen el objetivo de ir acompañando el proceso de comprensión
de la temática. No es obligatorio su envío a la tutoría)

Teoría de los grupos – Módulo I – Unidad 1 - (Material Nro. 2) 34


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a) Le damos aquí distintas definiciones de grupo. ¿Podría rastrear otras?


b) ¿Qué tienen en común y en que se diferencian?
c) Compárelas con la definición de grupo que formulara Pichon Rivière
d) ¿Recuerda el ejercicio donde debió preguntar el concepto de grupo?
Búsquelo y compare con el ítem c).

“Un grupo pequeño consta de determinado número de personas que se


comunican entre sí y el número es lo suficientemente pequeño como para que
cada una de ellas pueda comunicarse con todas las otras, no mediante
interpósita persona, sino frente a frente.” (Homans,)

“Un grupo pequeño se define como un determinado número de personas en


interacción individual entre sí durante una reunión o serie de reuniones frente a
frente. En el curso de esas reuniones, cada uno de los miembros recibe alguna
impresión o percepción de los otros miembros considerándolos tan distintos
entre sí como le sea posible – puede distinguirlos en el mismo momento o
informarse a continuación - , y emite alguna reacción hacia ellos,
considerándolos también como personas individuales, con la condición de
recordar, por lo menos, que la otra persona estaba presente.” (Bales)

e) El conocido dicho: “Ve la paja en el ojo ajeno y no ve la viga en el propio”


¿Puede analizarse desde alguno de los mecanismos antes descriptos?
Si es así indique cuál y por qué.

f) Lea el artículo: “El concepto de grupo y los principios


organizadores de la estructura grupal en el pensamiento de Enrique
Pichon Rivière”, en Enfoques y perspectivas en Psicología Social de
Ana P. de Quiroga

Luego:
 Enumere y defina con sus palabras los organizadores grupales.
 Enumere varios grupos y describa la tarea que piensa que es prioritaria en
cada grupo.

Sobre el concepto de tarea y su papel articulador:

 ¿Qué significa que la tarea es multidimensional y organizativa?


 Elija 2 grupos de los descriptos en el ítem b de la actividad anterior y escriba
las otras dimensiones que podrían estar implicadas.

 Resumen
Teoría de los grupos – Módulo I – Unidad 1 - (Material Nro. 2) 35
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Comenzamos la unidad ubicando en desarrollo histórico del concepto de grupo.


El grupo en la vida cotidiana de cada individuo, por cuántos grupos vamos
pasando, los fuimos viendo, los fuimos tratando. Luego analizamos el sujeto, el grupo, y
la estructura social o el orden sociohistórico. La vivencia grupal como realidad deseada
y temida.
Dijimos que el grupo surgió hace varios millones de años, como uno de los
factores decisivos para que el hombre haya llegado a ser hombre. Esa posibilidad de
agruparse, de cooperar, de operar en coordinación con otro fue uno de los factores
decisivos en la sobrevivencia de los primeros hombres.
Y decíamos que nuestra historia, lo que se llama ontogenia, la historia de cada
uno de nosotros es una historia que comienza a recorrerse en un primer grupo, en el
grupo de crianza, que en términos generales es la familia.
Es decir que desde todos esos lugares aparecía este conjunto de personas que
definimos como grupo, como significativo desde la experiencia nuestra, desde la
práctica nuestra como sujetos sociales.
Por esto establecimos como principal la relación entre la concepción de sujeto y el
concepto de grupo definidos desde la Psicología Social de Pichon Rivière.
En el pasaje de serie a grupo vimos cómo se pasa de una interacción sin mutua
representación interna aún, podríamos decir de una pura práctica, a la constitución de un
grupo, porque el pasaje de la serie al grupo es justamente el pasaje de la dispersión y el
anonimato del otro a la integración, cuando el otro se hace concreto. Esto implica
comprender el papel de la emoción y del afecto en la situación grupal.
La intención era señalar el significado que la temática que empezábamos a
estudiar tiene en nuestra vida, cómo estos conceptos que aluden a ese sector de lo real
que llamamos grupos, remiten a algo que está fuertemente relacionado con nuestra vida,
y hablamos de que la vida cotidiana es un espacio habitado por grupos y que nuestro
andar, tomando como unidad de análisis un día cualquiera, podía definirse como una
situación de pasaje de unos grupos a otros grupos y a otros grupos.
Estudiamos los principios organizadores del grupo:
La constelación necesidad – objetivo- tarea y la mutua representación interna.
Hay una idea que pone el acento en el aspecto teórico de la tarea, y una idea más
afectiva sobre de qué se trata la tarea. Toda tarea implica niveles afectivos
Uno de los aspectos que caracteriza el aprendizaje que propone la Escuela de Psicología
Social es justamente el de un aprendizaje que no excluya los aspectos afectivos o
emotivos, o los temores y deseos que se juegan en relación al aprendizaje, sino que, por
el contrario, los incluye, como también incluye a la experiencia. Nosotros proponemos
un aprendizaje en el que apuntamos a que los conceptos se integren con la experiencia
que cada uno trae.
El otro organizador es la mutua representación interna, que tiene por eje la forma
en la cual uno va internalizando al otro a partir de un proceso de interacción. Es uno de
los aspectos que hace que ese conjunto disgregado que se llama serie llegue a
conformarse en un grupo por un proceso de interacción, de práctica en común, que a su
vez va generando representaciones en común. El hacer con otro prolongado, durante un
tiempo, va generando representaciones con ese otro y va generando las condiciones en
las que se configura un grupo.
Trabajamos luego el concepto de transferencia y el mecanismo de proyección.
La transferencia es un mecanismo que aparece ante un obstáculo, en general aparece
cuando se genera un obstáculo en una tarea y para no asumir la elaboración que
requeriría ver cómo es eso nuevo, porque eso nuevo me cuestiona un rasgo de identidad

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conocido, porque me enfrenta a algo que no quiero ver, transfiero una situación previa.
Es decir que la transferencia también me saca de la percepción de lo real de ese
momento. Porque si en ese momento no transfiero, percibo lo que está sucediendo que
no quiero percibir, o recuerdo algo que no quiero recordar. Citamos aquí
implícitamente a Freud que descubrió este mecanismo cuando dice que se repite una
situación previa, que se hace una transferencia para evitar un recuerdo que sería
doloroso.
Por el mecanismo de Proyección se proyectan rasgos propios que no se
reconocen como tales. En la transferencia se transfieren son escenas internas, son
situaciones vividas en otro momento, con otros, y donde uno mismo era otro. Se
transfieren al presente, con la persona que se está en este momento y desde uno como es
ahora.
En general se proyecta lo negativo, pero también se proyecta lo positivo. Es más
común que los rasgos propios que se niegan porque se los considera negativos los vea
en los demás y que vea a los otros con un lente que deforma, porque la proyección es un
lente que deforma.
La proyección implica una deformación en esa visión de lo real, un lente que deforma, y
la deforma en función de que por un mecanismo de no asumir características propias
necesita adjudicarlo a la realidad externa.

Bibliografía

 Pichon-Rivière E. En El proceso grupal, Ed. Nueva Visión, Estructura de


una escuela destinada a psicólogos sociales.
 Quiroga Ana P. de, En Enfoques y perspectivas en Psicología Social, Ed.
Cinco, los artículos: “El grupo instituyente del sujeto y el sujeto instituyente del
grupo”; “El concepto de grupo y los principios organizadores de la estructura
grupal en el pensamiento de Enrique Pichon Rivière”

Glosario
 Rene Käes: psiquiatra francés contemporáneo. Pertenece as la escuela grupalista
francesa.
 Ronald Laing: psiquiatra británico, (1927 – 1989). Fundador junto con D. Cooper
del movimiento llamado antipsiquiatría en Inglaterra. Las ideas básicas de este
movimiento se pueden sintetizar en los siguientes puntos: La enfermedad mental tiene
una génesis fundamentalmente social. Rechazo a toda la estructura que sustenta y se
deriva de la psiquiatría tradicional: clasificaciones psiquiátricas, hospitales
psiquiátricos, terapéuticas ortodoxas.

Teoría de los grupos – Módulo I – Unidad 1 - (Material Nro. 2) 37


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 Jean Paul Sartre (1904 - 1980). Filósofo francés. Pertenece a la corriente del
existencialismo ateo.

Anexo Módulo I – Unidad 1-


FORMACIÓN, PROCESO SOCIAL Y ACONTECER GRUPAL
Ana P. de Quiroga2
El proceso de formación de un sujeto para la asunción de una tarea en el campo de
la salud mental requiere, a nuestro entender, la construcción de una actitud, de una
modalidad de vínculo en el que sea posible el ejercicio de una función interpretante, de
sostén y desciframiento del acontecer del otro, y en el que se creen condiciones para un
progresivo esclarecimiento, insight y elaboración, visualización y resolución de
contradicciones. En síntesis: aperturas hacia una transformación interna y externa.
La formación compromete integralmente al sujeto y consiste en el desarrollo
coherente e instrumental de estructuras de pensamiento, sentimiento y acción, de
modelos de lectura e interpretación de lo real que orienten la praxis.
Algunos autores como Anzieu y Käes señalan que "la formación concierne al sujeto
a nivel de su ser en el saber, de su ser consigo mismo y los otros". Podemos decir,
recogiendo sus aportes, que la formación es un proceso que moviliza el psiquismo del
sujeto en sus aspectos conscientes e inconscientes en forma comparable a la de la cura
aunque en experiencias diferentes. Dicho proceso tiene un escenario o sostén vincular,
institucional y social determinante.
Una propuesta de formación se sustenta en una concepción teórico ideológica e
implica un proyecto de trascendencia en el sentido de la elaboración de vivencias de
duelo, destrucción y muerte, a través de una forma de desarrollo de la vida.
Por este antagonismo, dialécticamente, la muerte y la vida, la construcción y la
destrucción están en el horizonte de la formación. Una cierta fantasmática articula a
los sujetos que desde distintos roles se comprometen en las prácticas formativas. Esta
fantasmática está ligada a la de la creación y recreación del objeto, su destrucción y
reparación, a las vivencias de pérdida y culpa, a la emergencia de lo siniestro y su
metamorfosis.
El tema de la formación, desde la concepción que nos fundamenta, nos remite a la
problemática de la relación entre los procesos psíquicos y la estructura social, la que
no puede reducirse a una mera relación de exterioridad y articulación texto-contexto ya
que en el psiquismo el orden social hace a la esencia, a la causalidad interna.
En lo que hace a lo específico del rol psicólogo social, los que seguimos los
lineamientos planteados por Enrique Pichon-Rivière nos formamos en grupo y a través
de él, para operar fundamentalmente con el instrumento grupal en diferentes campos.
De allí que la reflexión sobre la relación entre contexto social y experiencia formativa
transite, en nuestro caso, en el análisis de la vinculación compleja entre sujeto,
estructura social y grupo.

Trabajo presentado con el titulo "Contexto social y grupo" en el Simposio: "Incidencia del contexto
social en la formación de profesionales en salud mental", Primer Congreso Nacional de Instituciones
Privadas en Salud Mental, Buenos Aires, octubre 1986.
2
en Crisis, procesos sociales, sujeto y grupo, Ediciones Cinco, pp. 89-103.,

Teoría de los grupos – Módulo I – Unidad 1 - (Material Nro. 2) 38


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El grupo desarrolla en relación al sujeto que lo integra una función esencial de


sostén y continencia o función yoica. El psiquismo se constituye en la institución del
vínculo, del grupo. En estos primeros ámbitos de su experiencia el sujeto es modelado
por las relaciones sociales que determinan en forma y contenido los vínculos
interpersonales, la organización familiar, las instituciones. Por eso afirmamos que el
sujeto es emergente, configurado en complejísima trama de vínculos y relaciones
sociales. Es síntesis de sus relaciones sociales.
Pero sujeto y grupo guardan entre sí una relación de doble recíproca institución. El
grupo es instituyente del sujeto, a la vez que dialécticamente este es, desde su praxis,
desde su hacer totalizante, instituyente del grupo.
Como hemos dicho, este trabajo esboza una reflexión acerca de las formas de
inserción de los sujetos en grupos con una tarea formativa en Psicología Social,
intentando relacionar algunos aspectos de esos procesos grupales de formación con
alternativas que en determinados períodos históricos signaron ese orden social
fundante. Orden que a nuestro entender tiene eficacia causal, aunque no exclusiva,
respecto a los fenómenos investigados.
Nuestro estudio, del que esta exposición representa sólo una primera aproximación,
aborda un universo de algo más de mil grupos de aprendizaje que trabajaron en la
Escuela de Psicología Social de Buenos Aires y otros centros del interior del país y
abarca un período de dieciséis años, desde 1970 a 1986.
Creemos necesario indicar que en nuestro caso, si bien la tarea de formación grupal
implica integralmente a sus miembros, no requiere de ellos el mismo nivel de
explicitación de su acontecer que el proceso terapéutico. No se trabaja con libre
asociación y ciertos aspectos de la vida personal pueden no ser comunicados sin
transgredir por ello el encuadre de trabajo. Los grupos fueron abordados con la
técnica de grupo operativo, lo que determina una lectura de lo latente, con el análisis
de ansiedades, fantasías y defensas (movilizadas por el grupo como totalidad, algún
compañero, el objeto de conocimiento, la institución, el coordinador y observadores,
etcétera.
Como lo hemos señalado, sin negar la especificidad de los procesos grupales,
afirmamos la determinación en última instancia de esos procesos por las relaciones
sociales. Estas relaciones, portadas por cada uno de los sujetos, síntesis y emergentes
de las mismas, se manifiestan con una modalidad particular en el sistema interaccional
del grupo.
En el ámbito grupal se reproduce la cotidianidad. Esto es, la forma inmediata en
que experimentamos las relaciones fundantes del orden social. Las vicisitudes y crisis
de esa cotidianidad determinan formas de encuentro con el otro, de incluirse en el
proceso interaccional, de significar la situación grupal y de relacionarse con el objeto
de conocimiento. Ciertas fantasías y modalidades de vinculación y aprendizaje emergen
o se intensifican en función de las alternativas del orden social e histórico.
Como encuadre general a nuestra reflexión señalaremos en cada período de nuestra
historia reciente algunos hechos dominantes a nivel sociopolítico, a la vez que
describiremos ciertos rasgos del acontecer grupal observables en esa circunstancia.
Comenzamos nuestra indagación en 1970, momento de auge de luchas populares, de
intensa movilización social, en el que se perfila en nuestro país un proyecto nacional de
liberación. Se cumple en este período un proceso de politización y radicalización de los
sectores medios a los que pertenece la mayoría de la población estudiada. Fue entonces
cuando centenares, quizá miles de profesionales de la salud mental cuestionaron su
práctica y su teoría, generándose nuevas propuestas y formas organizativas, a la vez
que fecundas discusiones teórico técnicas. Podemos decir que la totalidad de la

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institución de la salud mental fue puesta en debate en función de su articulación en el


movimiento social que se desplegaba. El horizonte de las prácticas formativas estaba
dado por esta movilización social, este cuestionamiento y nuevas posibilidades de
proyección comunitaria.
Las formas de gobierno eran autoritarias, ya que nos encontrábamos bajo una
dictadura. Pese a la represión vigente la situación grupal aparecía como un espacio de
participación. La discusión y el planteo de posiciones ideológicas eran
progresivamente abiertas, llegándose a la confrontación con bastante facilidad. Los
intentos homogeneizantes, habituales en ciertos momentos del proceso grupal, se
situaban en el polo del compromiso político ideológico, centrándose las ansiedades
persecutorias en quienes no manifestaban ese compromiso. Estos integrantes ocupaban
entonces el rol de la disidencia, desplegándose en torno a ellos conductas evitativas y
de segregación. Por otra parte el cuestionamiento de toda forma de autoridad era una
constante. Podemos decir que ese movimiento social ponía en crisis las distintas formas
de poder y en ese sentido era esencialmente tocada la institución del saber. Esto
permitía un pronóstico positivo en términos de creatividad y aprendizaje.
Con la asunción del gobierno constitucional en 1973, se mantienen en los grupos
estas características de debate abierto, explicitación ideológico política y búsqueda de
proyección social. En lo que se refiere a estas temáticas no se habían instalado aún
zonas de silencio como constante.
A fines de 1974 y con mayor claridad durante todo el año 1975, período de
enfrentamientos, de violencia política muy intensa y de desestabilización, en el que eran
permanentes los rumores de golpe de Estado, advertimos en la interacción grupal un
notable aumento de las ansiedades persecutorias. La desconfianza recorre el ámbito
grupal. Se establece una mayor distancia entre los integrantes, y aun cuando no quede
totalmente inhibida la explicitación de posturas personales y adhesiones ideológico
políticas, éstas comienzan a ser silenciadas. Surge un marcado temor a la disensión, a
la diferencia.
Consecuentemente se refuerzan las tendencias homogeneizantes, que no se centran
ya en el compromiso ideológico, sino en otros elementos de la dinámica grupal. A la
vez la proyección social de nuestra tarea comienza a desdibujarse e incluso queda
puesta bajo sospecha. Esto incidirá en una reorientación del sentido del aprendizaje
que tiende a re-definirse como enriquecimiento personal, sin una significativa inserción
social. Esto se intensificará más tarde, cuando la prohibición social obture espacios de
práctica y a la vez se internalice como censura.
El período de la dictadura marca un cambio cualitativo, tanto en el acontecer
sociopolítico, como en las formas de significar la situación grupal y en consecuencia en
las características de los procesos formativos.
El golpe de 1976 se produce con la finalidad de implementar en nuestro país un
proyecto político totalmente contrario a los intereses nacionales y populares, los que
habían sido apoyados masivamente por los grandes partidos políticos en las elecciones
de 1973.
Este proyecto, en consecuencia, sólo podría sostenerse por el terror. Se produce
entonces un cambio en las condiciones objetivas de existencia, ya que desde el poder
del Estado se instaura una represión masiva y sistemática, que partiendo de la
eliminación física del disidente, se extiende a todas las formas de vida social para
acallar cualquier tipo de cuestionamiento. Ese poder despótico, desde su discurso se
propone como ideal omnipotente,'que no ofrece dudas ni fisuras, legalizando e
intentando dar racionalidad a la devastación y la muerte que se convirtieron en el
horizonte de la cotidianidad y en consecuencia del proceso grupal de formación.

Teoría de los grupos – Módulo I – Unidad 1 - (Material Nro. 2) 40


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La dictadura, para conseguir sus fines, debió eliminar los espacios de participación
social y las prácticas en las que podía emerger el pensamiento creador, crítico,
divergente. Se abocó entonces a la destrucción de todas las formas organizativas
previas: partidos políticos, sindicatos, organizaciones gremiales y científicas, ámbitos
éstos de pertenencia en los que se despliegan redes identificatorias y se sostiene el
psiquismo de los sujetos. La interacción, la solidaridad, el encuentro eran peligrosos
para el régimen y éste las transformó entonces en peligrosas para el individuo. Se
prohíben en esa época las actividades grupales en la universidad, los hospitales y en
distintas instancias de la vida social. El individuo, en la medida en que queda aislado y
desprovisto de apoyaturas, es empujado a refugiarse en un mundo privado. Estar en
grupo, identificarse con pares, era vivido por muchos como una transgresión a una ley
no escrita, pero explicitada con sangre. El sujeto, desgajado de sus espacios de sostén,
pertenencia y participación, se siente inerme, aterrado, amenazado en su cuerpo por el
exterminio y la desaparición, y en su mundo interno por la desorganización.
¿Cómo vimos significado el grupo, el pensamiento y el aprendizaje en ese período de
terror?
La mencionada devastación de los espacios sociales de participación y la
prohibición vigente sobre toda forma organizativa, sobre ciertas modalidades de
identificación daban a la inserción grupal una calidad conflictiva, ya que a la vez el
mayor deseo y el mayor esfuerzo era estar en grupo, sostenerse en él a pesar de la
vivencia de peligro y transgresión.
Insistimos en la temática del sostén, ya que consideramos que ésta es una de las
funciones básicas que él grupo cumple para el sujeto desde su génesis hasta su muerte.
La contradicción se desplegaba en ese momento entre esa necesidad de sostén, incre-
mentada por la crisis de apoyaturas internas y sociales, por vivencias de caos interno y
externo y el temor al castigo por participar en una experiencia social, que como hemos
señalado, estaba puesta bajo sospecha desde el discurso de poder que la sancionaba
como subversiva.
En el ámbito de la Escuela asistimos a un proceso de idealización de la situación
grupal, a la significación del grupo como refugio, como un espacio ideal de
gratificación ilimitada, espacio deseado en el que sería posible sustraerse a la
cotidianidad frustrante. Se vivía fantaseadamente al grupo como lugar de libertad, de
comunicación, de encuentro, de respeto, de creatividad. La experiencia grupal era
buscada como experiencia reparatoria de la propia trayectoria grupal familiar y de la
experiencia social.
Señalaríamos aquí que la lucha entre la vida y la muerte, la relación con el objeto
destruido, las necesidades reparatorias, en síntesis, la dramática de la formación
adquiría, por esas condiciones- objetivas, una vigencia particular. Una fantasía que
suele emerger en el grupo, la de un adentro y un afuera, fantasía regresiva en que la
situación grupal aparece como un adentro intrauterino, se intensificó lo mismo que las
tendencias a la homogeneización y la fusión. La analogía grupo-cuerpo, grupo-madre
recorría la situación grupal. La fuerte presencia de esas tendencias fusionales en un
contexto social de destrucción y muerte nos lleva a recordar una frase de Käes
"Construir un grupo es darse mutuamente la ilusión metafórica de ser un cuerpo
inmortal, indivisible, omnipotente. El grupo se construye como prótesis y sustituto de un
cuerpo sometido a la división y a la muerte".
Se intensificaron en ese período los procesos transferenciales sobre el grupo y la
institución, como objetos idealizados a preservar. Sin embargo, como lo hemos
señalado, la paradoja era que allí donde se vivenciaba el fortalecimiento de la
identidad, en función de la pertenencia y la integración, se instalaba también la ame-

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naza, el riesgo. Esta contradicción cobraba en muchos momentos un precio de


parálisis, transformándose entonces en el mayor logro el simplemente estar allí,
sostenerse en la situación grupal, a pesar de las vivencias de transgresión,
incrementadas por hechos reales: encontrar sistemáticamente patrulleros a la salida de
la Escuela, revisión de cuadernos y apuntes, detención de alumnos, amenazas.
Hemos dicho que los integrantes de estos grupos tenían como tarea el aprendizaje
de la Psicología Social, lo que implica el desarrollo de un pensamiento libre y creativo
que toma por objeto de conocimiento al sujeto en; sus condiciones de existencia, como
emergente y a la vez actor de la realidad social. Pero precisamente el orden represivo,
desde su acción y desde su discurso, tendía a paralizar el movimiento social e impedir
que ese aspecto de lo real fuera analizado críticamente. Esto determinaba que pesara
sobre la situación grupal una vivencia de doble prohibición. La experiencia de
aprendizaje se realizaba en condiciones objetivas en las que estaba oscurecido o
negado el lugar social de nuestra tarea, antagónica a la propuesta del poder. Se
agudizaba entonces la contradicción interna vida-muerte y se perdía por momentos la
posibilidad de elaboración de un proyecto en un campo de trabajo. Esto conducía a una
hipervaloración del aquí y ahora en el grupo. Todo era estar y sostenerse, sin otro
horizonte que la situación grupal. Y esto era en gran medida coherente porque el
psicólogo social sólo tiene un lugar definido para su praxis cuando el orden social y su
movimiento puede ser pensado, nombrado.
El resultado de esta situación se manifestó muchas veces como evitación del objeto
de conocimiento, lo que se expresaba de distintas formas: desde la hipertrofia de la
abstracción a dificultades en el trabajo conceptual, restricciones en la amplitud o la
profundidad de la elaboración, etcétera. En todo caso nos encontrábamos ante distintas
formas de inhibición temporaria del pensamiento y la actividad creativa. Si bien hemos
señalado otros elementos determinantes, entendemos que en una policausalidad, esa
inhibición estaba particularmente generada en una situación depresiva, por vivencias
de pérdida experimentadas socialmente en forma masiva (desapariciones, muertes,
exilio, pérdida de amigos, de familiares, de grupos de pertenencia, de espacios de
tarea, de proyectos, de libertades). Pérdidas todas éstas que no encontraban un espacio
social de elaboración.
Pese a que las ansiedades depresiva y paranoide coexisten y cooperan, lo que se
hacía manifiesto en el campo grupal eran dominantemente las vivencias persecutorias,
las que determinaban en la interacción alternativas de un impulso fusional y una
tajante discriminación. Como mecanismo de preservación de la estructura grupal, tan
intensamente cargada de significaciones, lo persecutorio se solía depositar en un
integrante que quedaba excluido del proceso homogeneizante. Desde estas formas de la
mutua representación interna o internalización recíproca, el argumento grupal incluía
cuando ya no se podía proyectar masivamente lo persecutorio en el extra grupo- un
"enemigo infiltrado", un informante. Éste tendía a ser excluido y finalmente expulsado.
Se sancionaba así la diferencia, la ruptura de la homogeneización. Podemos
plantearnos que con este mecanismo de homogeneización y expulsión del diferente
transformado en sospechoso, aparecía en forma especular el discurso del poder y las
formas de la ideología dominante. Se manifestaba así, aunque con otro contenido
explícito, una tendencia a reproducir las relaciones de poder vigentes en el orden
social.
También podemos establecer una correlación entre la ausencia de cuestionamiento a
lo instituido en el ámbito del grupo: encuadre, rol coordinador, función interpretante
del mismo y la situación represiva instalada en la cotidianidad. Esta forma de
aceptación de lo instituido implica un nivel de dificultad en la creación, en tanto

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movimiento de desestructuración de lo previo, estructuración de nuevas formas. En


síntesis, transgresión y lectura crítica.
Durante este período, una instancia particular de nuestra formación, el análisis de
la relación persona-rol-campo de operación a través de la indagación de las escenas
conflictivas del coordinador de grupos, trabajada con el dispositivo creado por
Kesselman, Pavlovsky y Frydlewsky, hacía emerger en el ámbito grupal lo siniestro con
fuerza asombrosa, convocándose imagos parentales o de autoridad terriblemente
persecutorias, escenas de violencia, tortura y muerte en el ámbito familiar. La
dramática que se actualizaba era totalmente consonante con el proceso social en el que
se desarrollaba la formación. Si bien entendemos que estas escenas persecutorias
existen siempre a nivel de mundo interno, podemos señalar que no configuran hoy
fantasmáticas dominantes en los laboratorios de formación.
Este dispositivo de trabajo nos permitió comprender con mayor profundidad algunas
de las fantasías que operan en el proceso de aprendizaje, llegando a empobrecerlo u
obturarlo, configurando lo que Enrique Pichon-Rivière llamó obstáculo epistemofi1ico.
En nuestra sociedad la dictadura instauró un mandato de silencio, particularmente
destinado a los afectados en forma directa por la represión. Ese mandato fue asumido
en mayor o menor grado por los familiares de los desaparecidos en muchos casos. Eso
se expresaba en el ámbito grupal en que algunos integrantes que habían sido
directamente afectados en sus propias personas o en la de sus familiares, silenciaron
durante mucho tiempo el hecho, no habiéndolo relatado a sus compañeros hasta mucho
tiempo después o conservando aún hoy el secreto. Conducta que contrasta con la que
toman hoy en ese ámbito grupal otras personas, que explicitan su condición de ex-
desaparecidos, detenidos, perseguidos, a muy poco tiempo de haberse integrado al
grupo.
Pero en nuestra sociedad no todo fue silencio. Hubo resistencia, denuncia y
conductas de solidaridad. Yeso se expresó en el ámbito de los grupos estudiados por el
hecho de que ante dos situaciones en que miembros de estos grupos fueron detenidos,
sus compañeros se movilizaron en la búsqueda del integrante hasta allí desaparecido,
haciendo gestiones ante las autoridades, promoviendo la publicación periodística del
hábeas corpus, asistiendo a sus familiares, lo que implicaba un riesgo conscientemente
asumido.
Quisiera introducir aquí una consideración de orden general. Los grupos, durante
ese período de devastación de las formas organizativas, de identificación y pertenencia,
adquirieron el carácter de espacios de resistencia y de lucha. En este sentido asistimos
a la emergencia de grupos que desde su hacer y su discurso se transformaron en
verdaderos analizadores sociales develando las relaciones sociales que subyacían a esa
cotidianidad de terror y crimen. Grupos protagonistas de una praxis que rompía con el
nuevo orden instituido y que se transformaban en modelos de identificación,
progresivamente reconocidos por la población como paradigmas de la resistencia,
adquiriendo desde allí su hacer un verdadero efecto multiplicador. Ocupa en estos
grupos un lugar fundante el constituido por las Madres de Plaza de Mayo, y también
las otras organizaciones de Derechos Humanos.
La experiencia grupal de Teatro Abierto es a su vez un indicador de esa resistencia
al mandato de aislamiento, como lo es asimismo el hecho de que durante ese período
sólo en la Capital Federal hubiera más de veinte mil personas estudiando en grupos
privados. La necesidad de sostén y pertenencia, inherente al fortalecimiento o
preservación de la identidad se expresaba así significando el ámbito grupal como
espacio privilegiado de esa preservación. A la vez que el polo de la vida se afirmaba en
la multiplicación de propuestas formativas.

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Volviendo a la investigación que nos ocupa, en el período final de la dictadura,


período en que la resistencia a la misma se hace más abierta, se advierte nuevamente
una gran movilización en los grupos de aprendizaje, emerge en ellos la posibilidad del
cuestionamiento, que por momentos se hacía masivo desplazándose sucesivamente
hacia el encuadre, la coordinación, o todo elemento que pudiera representar un rasgo
de lo instituido a nivel intragrupo. Esto se hace particularmente notorio después del
impacto desestructurante de la Guerra de Malvinas, situación ésta que marcó un salto
cualitativo en el reconocimiento y proyección social de nuestro rol. Se advierte también
una modificación profunda en la capacidad de estudio y creatividad, como si ya no se
diera el fenómeno previo en que la mayor energía era puesta al servicio del sostenerse
en la situación grupal. El período eleccionario, que lleva a la manifestación de
diferencias políticas implicó una dolorosa vivencia: la de la pérdida de la fantaseada
homogeneidad, tan necesitada durante la etapa anterior.
Durante 1983-1984 el campo grupal volvió a ser significado como un espacio
participativo, como instrumento de proyectos de más vasta inserción social. Proyectos
en gran medida sostenidos por una demanda social creciente de nuestra tarea, lo que se
revierte en la formación incentivando el aprendizaje. Señalaríamos la existencia de un
cierto clima de euforia que se diluye en 1985, momento en que la dialéctica ilusión-
desilusión que recorre el sistema de representaciones sociales se expresa también como
un interjuego ilusión-desilusión sobre la situación grupal, respecto a la cual advertimos
una relación contradictoria: por un lado expectativas, idealización; por el otro
desconfianza, un permanente poner a prueba las propuestas de trabajo, el encuadre;
pasajes bruscos de la idealización a la desconfianza y la desmitificación, acompañados
de un pedido implícito de sostener desde la institución y desde la situación grupal, la
idealización previa.
Podemos señalar entonces cómo las alternativas del contexto sociopolítico
determinan intensidades y contenidos de la transferencia sobre el grupo y la institución
formativa, o sobre el proceso de formación por parte de alumnos, coordinadores y
docentes.
Desde los primeros meses de este año (1986) asistimos a la emergencia de una
fantasía recurrente que escenifica el encuentro en el mismo ámbito grupal del
torturador y el torturado, la víctima y el victimario. Durante los años del Proceso el
integrante sospechoso era acusado de ser informante o de prestar su adhesión
ideológica a la dictadura, a la vez que los otros integrantes temían ser atacados,
perseguidos, o desaparecidos, no por su acción sino por sus "delitos de pensamiento".
La escena de entonces graficaba que en los hechos, todo sujeto estaba a merced de un
poder que no toleraba la disidencia, y que el pensamiento divergente era significado
por unos y asumido por otros como transgresión, con niveles significativos' de
internalización de la prohibición.
La escena hoy es otra. Según ella, los que se encuentran son los actores principales
de la situación de represión. Nos preguntamos: esta fantasía que hoy tiende a
reeditarse en distintos grupos, ¿no es la expresión de un sistema de representaciones
sociales del que es productor y portador cada sujeto? Y ese sistema de represen-
taciones, ¿no da cuenta acaso, con su modalidad específica, de una realidad social en
la que coexisten indiscriminadamente víctima y victimario?
Por otra parte, encontramos que en los grupos se da una mayor libertad en la
palabra y el pensamiento, a la vez que se mantienen las ansiedades persecutorias con
un alto grado de intensidad. Podríamos hablar de un momento particular de operación
de los modelos represivos internalizados, en contradicción con una creciente tendencia
al levantamiento de la represión.

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Creemos que con los datos aquí consignados se fortalece la hipótesis que
enunciáramos: en el ámbito grupal, cuya especificidad no negamos, se reproduce la
cotidianidad, es decir la forma inmediata en que experimentamos las relaciones
fundantes de un orden social. Las vicisitudes y crisis de esa cotidianidad, determinan
formas de vincularse, de insertarse en un proceso grupal, de significarlo, de aprender,
de construir una actitud y un modelo de pensamiento y acción. En síntesis, de formarse.
He utilizado en este trabajo el concepto de determinación, refiriéndome a la relación
entre orden social y estructura y proceso grupal, y no la noción de atravesamiento,
porque entiendo que al hablar de determinación no damos cuenta solamente de una
presencia del orden social en el ámbito grupal, sino que indicamos que la relación es
de eficacia configurante, de causalidad.
En cuanto a la relación estructura social-proceso formativo, podemos señalar que
un contexto social libre, con tolerancia a la emergencia de lo nuevo y lo heterogéneo, a
los movimientos de desestructuración y reestructuración que hacen a la esencia de la
creación y del desarrollo individual, grupal, institucional y comunitario, se constituye
en el sostén óptimo para un proceso formativo. Un contexto social libre y permisivo, en
el que le sea factible al sujeto asumir sus contradicciones y proyectarse en el tiempo y
el espacio social, en el que se dé una amplia posibilidad de despliegue de redes
identificatorias, ámbitos de inserción y de creatividad, permiten el despliegue de una
tarea formativa que es significada como un trabajo compartido, costoso y gratificante,
pero progresivamente despojado de fantasías mesiánicas y omnipotentes.
Para concluir diría que en la tarea grupal de formación es posible una ruptura, la
instauración de un espacio de reflexión crítica que permita correr el velo de
familiaridad encubridora que oscurece nuestra comprensión de esas relaciones
sociales. En síntesis, es posible realizar, desde el instrumento grupal y con un encuadre
teórico ideológico una tarea desmitificadora y de aprendizaje de la realidad.

Anexo
Esta investigación -que continúa en la actualidad- nos afirma en el reconocimiento
de la dimensión histórica de la grupalidad. Dicha dimensión histórica se manifiesta a
través de estructuras grupales como formas de la organización social originaria, condi-
ción de lo humano. Esa historicidad se muestra asimismo en las transformaciones y la
diversidad de las significaciones sociales y subjetivas de la grupalidad.
Hemos sustentado esta indagación en un marco conceptual, el de la Psicología
Social de fundamentación pichoniana.
Hace al campo de práctica y elaboración de esta disciplina la exploración de la
dialéctica entre subjetividad, organización grupal, proceso social. Dialéctica que es
movimiento contradictorio, el que se desarrolla en múltiples dimensiones. En el interior
de la misma ubicamos nuestro interrogar a ese conjunto de relaciones que
denominamos grupo.
Las últimas décadas de este siglo están marcadas por vertiginosos movimientos de
crisis y cambio, que transforman sustancialmente diversos planos de la vida social, las
instituciones, las modalidades organizacionales, las formas de vinculación y comuni-
cación. Esto se expresa en cambios cualitativos en el acontecer grupal.
Un nuevo orden mundial y las modalidades de poder que le dan forma, han
instalado en la escena social la fragmentación, la dispersión y el aislamiento,
legitimando una despiadada competencia.
La crisis de fin del siglo reclama para resolverse, nuevos movimientos en el plano de
las identificaciones. Este acontecer crítico plantea la necesidad de nuevas formas de
construcción en el entramado social.

Teoría de los grupos – Módulo I – Unidad 1 - (Material Nro. 2) 45


Instituto Primera Escuela Privada de Psicología Social A-1245

La actual circunstancia histórica y la concepción de salud desde la que trabajamos


nos exigen, como primer paso, la búsqueda de comprensión de lo nuevo, de aquello que
emerge. Esto nos compromete con una investigación rigurosa del impacto que los
profundos cambios en el orden social tienen hoy en las formas de grupalidad y los
procesos subjetivos.
Partimos de observables que nos conducen a algunas hipótesis, la lentificación de
los procesos de integración y una creciente dificultad para aceptar y convivir con las
diferencias, son hechos registrables que nos hablan de la intensificación de la
ambivalencia en la relación intra e intergrupal, y quizá de una redefinición en la
representación social y subjetiva de lo grupal, del otro y de los vínculos.
Nuestro campo de tarea nos desafía más que nunca al trans- gredere, al ir más allá
en el investigar y profundizar en la elaboración de instrumentos de conocimiento.
En este trabajo, que implica analizar la complejidad de lo concreto que nos muestra
nuevos rasgos, estamos hoy.

Agosto 1998

Teoría de los grupos – Módulo I – Unidad 1 - (Material Nro. 2) 46