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Mi concepto de vocación docente supone la intersección de cuatro “ejes”:

1) Amor por la verdad: lejos de pensar que el docente sale del Magisterio como “sabio” ya acabado y fundada en el concepto
de “aprendizaje para toda la vida”, considero que el docente debe ser un amante de la verdad, un buscador de ella, debe su
vida estar teñida de una curiosidad intelectual que lo lleve a aprender en cada situación cotidiana, a hacer del día a día una
situación de aprendizaje informal. Asimismo, considero de importancia que el docente se actualice, se capacite
“formalmente” y que pueda llevar a cabo la tan difícil pero ansiada misión de unir teoría y práctica. Que pueda encarnar lo
que conoce con la inteligencia, lo que desea con la voluntad. Por estas razones es que relaciono al docente con el libro,
considero que un buen docente debe cultivarse y tener gusto por la lectura, realmente creo que ésta es muy formativa y
que tenemos que hacer malabares para crear un tiempo para dedicarle a ella.
2) Profesionalismo: creo que la vocación docente no tiene nada que ver con la antigua figura del docente como ese ser
intachable, infalible y casi supra-humano que nos pintaban de chicos. Esto fue fruto de una época que así lo figuró, el
normalismo, al que no le critico sus grandes logros, pero al que sí creo que podemos superar con una figura docente más
humana y menos “sarmientina”. Sin duda que esta imagen de prestigio social ya es inexistente, pero se ha cambiado por
otra peor: el docente como un gremialista que siempre pide más sueldo, aquel de clase media o media-baja que no sabe
qué estudiar pero quiere un trabajo seguro. Ambas visiones pueden ser superadas por la profesionalización docente: en el
primer caso le da más humanidad, más realidad a la visión; en el segundo, más “seriedad”, más cientificidad, más arte. Así
como un ingeniero o como un médico estudian teorías, técnicas y tienen prácticas profesionales, el docente también se
sirve de fundamentos flosóficos, psicológicos y sociológicos, teorías pedagógicas, técnicas didácticas, etc. para suscitar
aprendizajes eficaces. Por esta razón valoro al docente que no sólo sabe improvisar sino que también sabe panificar
intencionalmente, poner en juego estrategias ligadas a objetivos, docentes que saben evaluar procesos, tomar decisiones, e
incluso INVESTIGAR. La figura del docente investigador es un aporte más a la profesionalización docente. Otro elemento
que considero muy relevante para el docente y creo que inhiere directamente en su vocación es la alfabetización
tecnológica. El docente de vocación debe estar abierto a los cambios, y uno de los que se torna más necesarios es el manejo
y el uso de las nuevas tecnologías (armar un Power Point, presentar informes en forma digital, hacer fluir la comunicación
institucional mediante foros y mails, sacar promedios con planillas de cálculo que reemplacen a la calculadora – o incluso a
las servilletas, pañuelos descartables o sobrantes de fotocopias que sirvan para tal fin-, servirse de films, usar Internet para
ampliar conocimientos y evacuar dudas, etc.)
3) Vocación de servicio: la vocación docente implica, sobre todo, el don de sí mismo al otro, el ser compañero, orientador, el
brindar ayuda a quien lo necesita. La vocación docente se relaciona con una de las más grandiosas obras de misericordia:
enseñar al que no sabe. El docente es guía, es quien ayuda a llegar a la verdad a quien quiere aprender. Y como si esto fuera
poco, es ayudado también por su alumno – el que enseña, aprende, dijo Séneca-. El docente contagia el amor por la verdad,
no “vomita” la verdad a su alumno (perdón por la expresión) sino que le muestra un camino e invita a seguirlo para que él
llegue por sus propios medios. El alumno llega con la ayuda del maestro pero de una forma personal, singular.
4) Trascendencia: el docente, sea del área que fuera, educa para SER, eso es transversal a todas las disciplinas. Toda tarea
docente está enfocada al “conócete a ti mismo”, a saber quién soy, qué quiere Dios de mí, qué talentos me dio Dios y qué
puedo hacer con ellos, qué me va a ser feliz, qué puedo llegar a ser, cuál es mi realidad, en una palabra, cuál es mi
PROYECTO DE VIDA. Creo que desde el Jardín Maternal hasta el último año de polimodal, e incluso en la educación
universitaria, el docente debe ayudar al alumno -y suscitar situaciones que lo posibiliten- a qué descubra quién es y cómo
es, con el sólo fin de que elija su camino, que proyecte. Creo que todo docente debe ser en todo momento un orientador
vocacional en el sentido de que debe ayudar al alumno a descubrir su vocación y construir su proyecto de vida. En palabras
de Saint Exupery: “Si quieres construir un barco no empieces por buscar madera, cortar tablas o distribuir tareas, sino que
primero has de evocar en los hombres la nostalgia del mar infinito”.

María Paula Anchepe