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El desarrollo del vivir está por encima del desarrollo del excedente

Dafnis Antonio Domínguez A.

El desarrollo del excedente debe estar al servicio del desarrollo del vivir. Denominamos
sistemas económicos «igualitarios», aquellos donde la producción y gestión comunitaria del
«excedente» se auto-distribuye de una manera justa entre los agentes de la acción
productiva.

En razón de que un mismo término puede tener múltiples significados nos obliga a precisar
primero el significado específico que le conferimos a los conceptos esenciales que
referiremos en el presente ensayo.

●«Excedente» es la acumulación de satisfactores con valor de uso por encima de lo


necesitado para el consumo inmediato. No toda acumulación de satisfactores con valor de
uso es excedente. Excedente es sólo aquella por encima de lo necesitado para el consumo
inmediato, sea fruto de la naturaleza o producto humano. Constituye una característica
propia de la condición humana que fue posible en el Cosmos gracias a la irrupción en la
especie humana de un cerebro cognitivo y emocional más evolucionado. El cerebro
instintivo de otros seres vivos, como el de las abejas o las ardillas por ejemplo, posibilita
sólo acumular para el consumo inmediato; acumula en verano para el invierno, pero no
acumula para los otros inviernos que vendrán porque tal condición exige autoconciencia.
●«Igualitario» es aquel sistema en el cual el excedente de la acción productiva es
gestionado en comunidad y distribuido con justicia. Los propios agentes de la acción
productiva son los que gestionan el excedente velando porque sea en condiciones
igualitarias. Son sistemas que distinguimos de los «no-igualitarios» en los cuales una
minoría gestiona para su propio beneficio el excedente producido por la mayoría.
●«Equivalente» es lo «igualitario» (del latín «aequi» igual – «valēre» valer – «entis»
existente).
●«Gestión» es el conjunto de las acciones desplegadas para coordinar o administrar el
proceso de un hacer comunitario (del latín «gestus» que significa hecho, y «tio» que se
refiere acción llevada a cabo).
●«Sujeto» es «alguien» en el sentido de quien «es», quien «está», quien «conoce» o quien
«hace». El sujeto del desarrollo es quien hace la transformación del desarrollo. El sujeto no
es a priori, ni determinado fuera del sujeto; el sujeto se auto-determina o no es sujeto.
Tampoco puede ser antes, sino que el sujeto se auto-constituye en el proceso mismo de la
transformación.
●«Actor» es el sujeto que actúa en el ámbito institucional (del latín «āctor» que significa el
que hace o que actúa). Un actor económico es un sujeto actuando en la institución
económica.
●«Agente» es el sujeto en el nivel de las acciones (del latín «agentis» que significa llevar a
cabo la acción). Un agente económico es el sujeto en la acción productiva.

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La transformación no es sólo política y económica. Es también onto-epistémica (del griego
«onto» existente – «episteme» conocimiento – «ico» relativo a). La transformación es
también un modo de «existir», de «ser», de «estar» y de «conocer» en el mundo. La
transformación es política y económica, pero también es cultural, intersubjetiva, identitaria,
lingüística, ecológica, educativa, religiosa, médica, laboral, racial, sexista, de género.

La concepción moderna-colonial circunscribe el concepto de «sociedad» al «Estado-


nación». Se trata de una falacia doblemente reduccionista. Reduce la sociedad al concepto
de Estado y reduce el Estado al concepto de nación. La sociedad no puede ser reducida al
Estado, ni hay ningún Estado en todo el globo terráqueo que pueda ser reducido a una sola
nación. Bolivia no es el único Estado plurinacional, Venezuela y todos los Estados del globo
planetario, son Estados plurinacionales.

La concepción moderna-colonial descarta los procesos de dominación que trascienden el


concepto de Estado-nación. Los procesos globales no se puede reducir al Estado, ni lo global
se puede reducir a la nación. El Estado-nación es una ideología moderna-colonial que oculta
lo global. Los procesos son «globales» aunque con especificidades propias y expresiones
comunitarias singulares. Los procesos globales son «antes», «en» y «más allá» de las
fronteras de la «nación».

La concepción moderna-colonial de «sociedad» como Estado-nación «invisibiliza» a las


«comunidades». La concepción moderna-colonial no sólo reduce el concepto de
«sociedad» a unas fronteras nacionales, sino que el propio concepto de «sociedad» oculta
los procesos comunitarios que son anteriores y más allá de las fronteras nacionales. La
distinción que hacemos entre ciencias naturales y ciencias sociales, sería menos moderno-
colonial si en lugar de ciencias sociales las denominamos ciencias humano-comunitarias, o
simplemente «humanas».

El presente ensayo gira alrededor de las trasformaciones que comprometen al campo


económico, pero en modo alguno debe interpretarse que se esté privilegiando lo
económico sobre lo cultural. Queremos tomar distancia de la ficción de que hay una
infraestructura económica que determina a una supuesta supraestructura cultural y que
determina también a las lógicas y principios organizadores. Intentamos apartarnos de tales
ideas moderno-coloniales.

No hay una supuesta determinación que sea la última instancia. La determinación de


«clase», por ejemplo, –determinación económica– no puede reemplazar la determinación
«racista» –determinación no económica– y creer por ello que al abolir las clases se abolirá
automáticamente el racismo; igual como tampoco, en el otro sentido, podemos pensar que
la determinación «racista» puede reemplazar a la determinación de «clase».

Sería reducir una determinación de dominación por otra determinación de dominación


considerada última instancia. Hay distintas determinaciones de dominación, de género,

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laboral, racial, sexista. Cuando se pretende reducir una determinación de dominación por
otra es porque no se ha entendido ni la una ni la otra.

La modernidad no se puede concebir sin colonialidad ni viceversa, igual como no puede


existir anverso sin reverso, o «cara» sin «sello» en una moneda.

La destrucción de la vida no es sólo porque se haya impuesto como criterio –en la acción
productiva– el aumento de la tasa de ganancia, o el aumento de la tasa de producción, sino
porque unas determinadas lógicas y principios organizadores se encuentran detrás de la
destrucción de la vida. No es el capitalismo el que produjo dichas lógicas, sino más bien
fueron esas lógicas y principios organizadores los que produjeron el capitalismo.

Conocemos sistemas económicos «no-igualitarios» desde hace más de cinco mil años. En
los sistemas económicos «no-igualitarios» como el egipcio, por ejemplo, el «excedente»
producido por la mayoría era gestionado por una minoría. Los pueblos originarios
nuestroamericanos practicaron ambos sistemas productivos, tanto «igualitarios» donde el
«excedente» –producido en común– lo gestionaba el común, como «no-igualitarios» en
donde una minoría se apropiaba del excedente producido por la mayoría.

El «excedente» es el «plustrabajo» que refiere Marx en los Grundrisse: «El plustrabajo (…)
pertenece entonces de por sí a esta unidad suprema» Marx, Karl. Grundrisse, Volumen I. p
435

El «excedente» es el «stock» del que habla Adam Smith en su obra La riqueza de las naciones
«En aquel estado rudo y primitivo de la sociedad que precede tanto la acumulación de stock
como la apropiación de la tierra» (In that early and rude of society which precedes both the
accumulation of stock and the appropriation of land). Smith, Adam. La riqueza de las
naciones. Editorial Alianza. ©2010, Madrid. p 86

En el Antiguo Testamento, Sirácides 34:22, aparece el siguiente texto: «retener el salario


de un trabajador es lo mismo que derramar su sangre». Desde hace más de cinco mil años
conocemos la forma «plusvalor» del excedente. La forma plusvalor del excedente es
anterior al capitalismo, pero como una forma menos importante. Con el capitalismo, sin
embargo, se convierte en la forma hegemónica. El mérito de Marx fue haberlo indicado.
Dussel también lo expone como sigue:

El plusvalor, a diferencia de los excedentes de los otros sistemas económicos no-


equivalenciales anteriores, permanece oculto a la mirada del posesor y, lo que es peor, a los
ojos de su mismo creador, el trabajador.

Dussel, E. 16 Tesis de economía política. Siglo veintiuno editores. ©2014. DF, México. p 106

Se despoja del excedente a quien lo ha creado. La forma plusvalor del excedente oculta el
despojo. La economía política burguesa considera que el valor pertenece a la mercancía.
Separa el valor de su creador que es el trabajo vivo. Afirma que el valor pertenece a la

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mercancía, considera que el capital merece la ganancia; en cambio, el trabajo vivo sólo
merece el salario. Sin embargo, el salario no paga la vida extraída al trabajo vivo. El valor es
vida que objetiva el trabajo vivo en el producto. El fetichismo del capital oculta el robo de
la vida objetiva, o sea, el producto creado por el trabajo vivo. El robo es mostrado como
ganancia industrial, comercial y financiera.

El siglo XXI está siendo testigo de la decadencia de la modernidad-colonialidad, y su sistema


económico, el capitalismo. El desafío del nuevo período histórico que se abre al futuro exige
no sólo superar estos 526 años que llevamos de capitalismo, sino los cinco mil años que
llevamos de sistemas económicos «no-igualitarios»; desde los tributarios, esclavistas,
feudales, que caracterizaron los «sistemas interregionales» conocidos como el egipcio-
mesopotámico, pasando por el persa-helénico, cristiano-bizantino, árabe-musulmán, hasta
llegar al actual período moderno-colonial, que distinto a los anteriores, no es «inter-
regional» sino ahora un «sistema-mundo»1, un período histórico que emergió a partir de
1492 con su respectivo correlato económico, el capitalismo.

Las bases categoriales del «sistema-mundo» que irrumpió en 1492 se la debemos al


trinitario Oliver C. Cox. Dos grandiosas contribuciones de Oliver Cox deseamos destacar en
este momento, su legado acerca de la comprensión del período moderno-colonial como el
origen del «sistema-mundo» y haber mostrado que el «racismo» es un fenómeno histórico
que aparece en 1492; el racismo surge con la modernidad-colonialidad, no antes. La
siguiente cita, tomada del prólogo de su obra de 1947, «Casta, clase y raza», resulta
ilustrativa al respecto:

El antagonismo racial es parte integrante de esta lucha de clases, porque se desarrolló dentro
del sistema capitalista como uno de sus rasgos fundamentales. Se puede demostrar que el
antagonismo racial, tal como lo conocemos hoy, nunca existió en el mundo antes de 1492;
además, el sentimiento racial se desarrolló concomitantemente con el desarrollo de nuestro
sistema social moderno. Probablemente una de las ilusiones sociales más persistentes de los
tiempos modernos es que tenemos prejuicios raciales contra otras personas porque son
físicamente diferentes, como si dicho prejuicio racial fuese instintivo. Desde el punto de vista
de gente anglosajona, gentil, adinerada, podemos odiar a las personas de otras nacionalidades,
odiar a los judíos, odiar a todos los pueblos de color y odiar a los trabajadores sindicalizados.
Sin embargo, podemos decir con seguridad que estas no son toda una actitud social idéntica.

Caste, class, and race. A Study in Social Dynamics. Oliver Cromwell Cox.
Monthly Review Press. New York 1959. pp XXX-XXXI

1 Oliver Cromwell Cox (1901-1974, Trinidad y Tobago, emigrado a EE UU) fue de los primeros en la
construcción de la categoría «sistema-mundo». Immanuel Wallerstein (Nueva York, 1930), intelectual
comprometido políticamente con la lucha de los movimientos sociales y el intelectual que más ha trabajado
la teoría del «sistema-mundo» ha dicho de este pensador afro-trinitario, «Oliver C. Cox expuso en los años
1950 y 1960 todas las ideas básicas para el análisis del sistema-mundo. Él es el padre fundador, aunque apenas
reconocido como tal, completamente ignorado, incluso hoy en día». Wallerstein, Immanuel. Oliver C. Cox as
World-Systems Analyst. Artículo publicado en «Research in Race and Ethnic Relations». ©2000. Volume 11,
pages 173-183. Press Inc.

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La transición de una época histórica por otra puede requerir todavía un siglo, porque así
cursan los tiempos históricos; por ello, en el presente y para el futuro inmediato, las
condiciones de posibilidad apenas permiten vislumbrar algunos criterios y principios
categoriales del nuevo período histórico que se abre al futuro.

El económico es apenas uno entre varios campos prácticos. Ningún campo práctico es una
última instancia, más bien los campos prácticos se co-determinan unos y otros.
Necesitamos entonces pensar en los problemas concretos de los diversos campos prácticos.
El presente ensayo intenta enunciar problemas de uno de estos campos, el «económico».
Uno de estos problemas se refiere a la construcción de un sistema económico «igualitario»
que hemos denominado provisionalmente «sistema de producción comunal», el cual exige
superar no sólo el capitalismo y el socialismo del siglo XX, sino cinco mil años de sistemas
económicos «no igualitarios».

Por el momento no podemos más que enunciar algunos posibles criterios, tal vez algunos
principios organizadores; es decir, no es un ensayo estrictamente sobre economía, sino que
–desde el punto de vista del método– nos situamos más en el ámbito epistémico que
económico. Esto conviene tenerlo presente para evitar confundir la presente narrativa con
otra también necesaria propiamente económica.

El punto de partida de la reflexión es la crítica de la economía política. Esta crítica obliga el


estudio del fundamento oculto de la economía política. Uno de los fundamentos ocultos de
la economía política moderna-colonial se refiere precisamente al «excedente». La categoría
de «plusvalor» indica la forma específica que adquiere el excedente en el sistema del
capital.

Por sistema de producción comunal entendemos aquel en el cual los propios agentes de la
acción productiva –realizada en común– reciben por decisión comunitaria lo que les
corresponde en condiciones de igualdad, eso es lo que lo define como un sistema
«igualitario». Lo que cada quien recibe, en la distribución y el intercambio, es equivalente.
Un sistema de producción donde se distribuya e intercambia en igualdad lo equivalente se
puede denominar también «sistema económico equivalencial». Debe ser sobre todo un
sistema económico para el vivir. Debe ser para el mantenimiento y aumento del vivir
humano en comunidad asegurando al mismo tiempo el mantenimiento de la naturaleza.

El nuevo sistema económico exige una práctica económica como punto de partida, ese
punto de partida lo resumimos con la consigna «comuna o nada». La praxis comunal implica
una espiral «práctica económica – teoría económica – práctica económica».

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A partir de la práctica de las comunas, construimos categorías para la toma de decisiones
para la siguiente praxis comunal.

Este marco categorial constituido a partir de la praxis comunal es anterior al nuevo sistema
económico. No hay un proyecto de sistema económico previo, lo que es previo es el marco
categorial constituido a partir de la praxis comunal. El marco categorial proporciona los
criterios que orientan las próximas decisiones prácticas.

Caminando será como irá surgiendo el nuevo sistema económico, como surgen las estelas
en la mar. No puede haber estelas de antemano, sólo después, al volver la vista atrás,
veremos las estelas en la mar. Los criterios y principios organizadores son como una brújula
o GPS, tienen que ser previos. La «comuna o nada» es la práctica para construir un marco
categorial firme para hacer juntos y juntas el sistema económico futuro, se hace al andar.

Este otro sistema económico mejor, es posible. No podemos saber exactamente todavía
cómo será. Cada día se nos presentarán nuevos problemas prácticos, así como múltiples
alternativas de solución sobre la que habrá que decidir. Son decisiones prácticas que
demandan por eso contar con criterios previos para decidir la mejor alternativa posible a
tomar.

Lo que no queremos es que sea el criterio moderno-colonial de aumento de la tasa ganancia


o el aumento de tasa de producción, porque el único desarrollo al que puede conducir este
criterio es un desarrollo moderno-colonial.

Contar con unos criterios críticos es un imperativo categórico. No podemos decidir


cualquier alternativa, sólo podemos decidir aquella alternativa que sirva al aumento del
vivir humano en comunidad que es inherente al cuidado de la naturaleza. Cualquier
alternativa que destruya la naturaleza destruye al mismo tiempo el vivir humano en
comunidad.

Si no contamos con un marco categorial crítico será como intentar caminar en la oscuridad
sin luz de una linterna, o navegar sin una brújula o un GPS. Dicho marco categorial crítico,

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nos pone limitaciones claramente definidas en la actividad práctica. Sin un marco categorial
crítico no hallaremos un mundo mejor posible, ni un sistema económico mejor posible. Los
criterios y principios son marcos firmes, así como lo indicara en 1900 la revolucionaria Rosa
Luxemburgo:

Los principios (…) imponen limitaciones claramente definidas a la actividad práctica: en lo


que hace a los objetivos de dicha actividad, los medios para alcanzar dichos objetivos y el
método empleado en dicha actividad. Es bastante natural que la gente que persigue resultados
«prácticos» inmediatos quiera liberarse de tales limitaciones e independizar su práctica de
nuestra «teoría».

Rosa Luxemburgo. Reforma o Revolución. Editorial Sol 90. Buenos Aires, 2012. p 105

El dualismo cartesiano propio de la modernidad-colonialidad considera a la naturaleza


como algo fuera del ser humano. En cambio, desde una concepción más allá de la
modernidad-colonialidad, el ser humano no es fuera sino parte de la naturaleza. El ser
humano es un ser necesitado que cuenta tanto con los frutos de la naturaleza como con los
frutos del hacer humano, estos últimos los denominamos productos. A ambos nos
referimos cuando hablamos de excedente.

Un «sistema económico equivalencial» debe gestionar el excedente como democracia


participativa y protagónica. En su posición hegemónica puede permitir la coexistencia con
otros modos secundarios «no-equivalenciales». Será necesario en el marco de nuevos
modelos de empresa, mercado, competencia, de nuevas formas de regulación por parte del
Estado en relación de complementariedad con la intervención reguladora de la comunidad.
Las relaciones de explotación y dominación no tienen cabida en una economía para el vivir.
Afirmar la dignidad, la justicia, el respeto a las exigencias éticas constituye un imperativo
categórico. Con todo y eso, habría que advertir que todo sistema económico, de cualquiera
tipo que sea, corre siempre el riesgo de cerrarse auto-referentemente sobre sí mismo.
Cuando un sistema se totaliza impide su transformación. El sistema de producción comunal
no será eterno, porque ningún sistema lo es, tarde o temprano surgirá en el horizonte otro
sistema mejor posible.

En el socialismo del siglo XX los «medios de producción» no son propiedad privada, como
en el caso del capitalismo, sino propiedad del Estado. Tampoco el «excedente» es
«plusvalor», sino «excedente de valor». No hay «salario» que supuestamente paga el valor
del trabajo, porque el trabajo no tiene valor; en lugar de salario hay –como parte del valor
creado– una «retribución». A pesar de estos avances, sin embargo, con respecto a la gestión
del «excedente», no son los propios creadores del valor los que lo gestionan, sino una
minoría de funcionarios del Estado. Una élite burocrática decide –no democráticamente–
la distribución e intercambio del excedente. Un sistema de producción comunal es también
más allá del socialismo del siglo XX, pero debe absorber lo mejor de éste.

Hay formas de economía solidaria como las cooperativas. En las cooperativas la posesión
de los «medios de producción» no es posesión en «común», sino una posesión de

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propiedad; no propiedad privada, ni tampoco propiedad del Estado, sino propiedad de las
personas asociadas como cooperativa. Con base en años de experiencias conocidas, las
cooperativas no dejan de estar articuladas sistémicamente al mercado capitalista, pero
tienen el mérito de que el «excedente» es auto-gestionando y distribuido entre las personas
asociadas. El riesgo que se cierne sobre el sistema de producción con propiedad cooperativa
es la amenaza cierta de terminar en un comportamiento similar al de la empresa capitalista.

Algunos aspectos de la normatividad económica –no «ética» sino «normatividad


económica» que subsume «normatividad ética»–, se pueden resumir como principios
organizadores a partir de El Capital, donde Marx expone, imaginando futuros sistemas de
producción en común, criterios que podemos interpretar en los siguientes términos:

1. Una economía para el vivir humano es una economía en común-unidad, que afirma
también la naturaleza de la cual el vivir humano es una parte.

2. La posesión de los medios de producción no es una posesión con propiedad, sino una
posesión en común. La «propiedad» es posesión y «lo común» también es posesión, pero
no es lo mismo. Que el aire y el agua sean una posesión común no es lo mismo que el
aire y el agua sean una propiedad. La propiedad no es algo natural, sino una construcción
histórica. Lo común fue convertido en propiedad por la modernidad-colonialidad. El
excedente de la producción es parte de lo común. Más o menos en los términos que
encontramos en la narrativa de los apóstoles:

32La comunidad tenía un solo sentir y pensar. Nadie consideraba como propios sus
bienes, sino que todo lo tenían en común. 33 Los apóstoles daban testimonio de la
resurrección del Señor Jesús. La gracia de Dios se derramaba abundantemente sobre
todos ellos, 34 pues no había ningún necesitado en la comunidad. Los que poseían
casas o terrenos los vendían, llevaban el dinero de las ventas 35 y lo entregaban a
los apóstoles para que se distribuyera a cada uno según su necesidad.

Hechos de los apóstoles 4, 32-35

3. El excedente con valor de uso producido en común es entonces una posesión en común.

4. El excedente producido en común es gestionado en común.

5. El modo de distribuir –el excedente creado en común– es decidido en común-unidad.

6. Una parte del excedente, no siempre ni necesariamente monetario, se destina como


«medio de vida» para el consumo de las personas integrantes de la comunidad
productiva.

7. Otra parte del excedente se reserva como «medio de producción» para asegurar el
mantenimiento de la acción productiva futura.

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8. Asimismo, la propia común-unidad productiva decidirá las condiciones de distribución e
intercambio de la parte que todavía queda de excedente. Dicha decisión práctica acerca
de cómo distribuir e intercambiar el excedente restante, estará determinada por el tipo
particular de común-unidad productiva de que se trate, de acuerdo con las condiciones
históricas de desarrollo y de otros ámbitos posibles en dicho momento histórico.

©Dafnis Antonio Domínguez A. – 12 abril de 2018