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El desarrollo humano tiene por objeto las libertades humanas: la libertad de desarrollar todo el

potencial de cada vida humana —no solo el de unas pocas ni tampoco el de la mayoría, sino el de
todas las vidas de cada rincón del planeta— ahora y en el futuro. Esta dimensión universal es lo
que confiere al enfoque del desarrollo humano su singularidad. Sin embargo, una cosa es el
principio de universalismo y otra, muy distinta, llevarlo a la práctica. Durante el último cuarto de
siglo se ha observado un impresionante progreso en muchos ámbitos del desarrollo humano: la
población es más longeva, hay más personas que salen de la pobreza extrema y menos que sufren
malnutrición. El desarrollo humano ha enriquecido las vidas humanas, aunque lamentablemente
no siempre en la misma medida y, lo que es aún peor, no todas las vidas. Es por ese motivo —y no
por casualidad— que los dirigentes mundiales se comprometieron en 2015 a emprender un
proceso de desarrollo que no deje a nadie atrás, una premisa central en la Agenda 2030. Con esta
aspiración universal, resulta oportuno que el presente Informe sobre Desarrollo Humano 2016
esté dedicado al tema del desarrollo humano para todos. El Informe comienza ofreciendo a
grandes rasgos un panorama general de los desafíos que afronta el mundo y la esperanza que
alberga la humanidad de un futuro mejor. Algunos de los desafíos son persistentes (privaciones),
otros se están acentuando (desigualdades) y otros son nuevos (extremismo violento), aunque la
mayoría se refuerzan mutuamente. Con independencia de su naturaleza o alcance, estos desafíos
repercuten en el bienestar de las personas tanto para las generaciones presentes como para las
futuras. Sin embargo, el Informe también nos recuerda lo logrado por la humanidad en los últimos
25 años y nos infunde la esperanza de que es posible seguir avanzando. Podemos aprovechar los
logros que hemos realizado, explorar nuevas posibilidades para superar los desafíos y alcanzar lo
que antes parecía inalcanzable. Hacer realidad las esperanzas está a nuestro alcance. Ante ese
amplio contexto, el Informe plantea a continuación dos cuestiones fundamentales: quién ha
quedado atrás en los progresos del desarrollo humano y cómo y por qué ha sucedido esto. Hace
hincapié en que son los pobres, los marginados y los grupos vulnerables —como las minorías
étnicas, los pueblos indígenas, los refugiados y los migrantes— quienes han quedado más atrás.
Entre los obstáculos al universalismo cabe citar las privaciones y desigualdades, la discriminación y
la exclusión, los valores y las normas sociales, así como los prejuicios y la intolerancia. El Informe
también señala con claridad las distintas barreras de género que se refuerzan mutuamente y que
niegan a muchas mujeres las oportunidades y el empoderamiento necesarios para desarrollar al
máximo el potencial de sus vidas. A fin de garantizar el desarrollo humano para todos, el Informe
afirma que no basta únicamente con determinar la naturaleza y las causas de la privación de
quienes han quedado atrás. También es necesario poner de relieve algunos aspectos del marco
analítico del desarrollo humano y las perspectivas de evaluación a la hora de afrontar los
problemas que frenan el desarrollo humano universal. Por ejemplo, los derechos humanos y la
seguridad humana, la voz y la autonomía, las capacidades colectivas y la interdependencia de las
oportunidades son factores clave para el desarrollo humano de quienes actualmente se
encuentran excluidos. De manera similar, se ha de tener en cuenta la calidad de los resultados en
materia de