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LA DESCONFIANZA PERUANA COMO CAUSA DE NUESTROS MALES:

SUBDESARROLLO, DEMOCRACIA DE BAJA INTENSIDAD Y ESTADO INEFICIENTE.


Efraín Gonzales de Olarte

¿Usted le prestaría dinero a su vecino que apenas conoce? ¿cree en las promesas de un
candidato? ¿cree que obtendrá justicia en el poder judicial? ¿cree que los periódicos
dicen la verdad? ¿dejaría al cuidado de su casa a un amigo reciente? Cierto que no.
¿porqué?

Porque la confianza es un código ético que el Perú lo perdió probablemente durante la


colonización española. Los peruanos somos desconfiados por herencia colonial, por la
segmentación social entre blancos, mestizos, cholos, indios y negros, por la debilidad
del estado republicano para generar una cultura de confianza, en las instituciones, en la
sociedad y en él mismo. Es decir, hay muchas razones históricas y estructurales que
hacen de la desconfianza un comportamiento “normal”. Si a esto agregamos la herencia
reciente de corrupción del fujimorato y el corruptor Montesinos, la desconfianza
simplemente paso a ser una conducta permanente y omnipresente y, hasta “normal”.

Pero ¿qué es la confianza? Etimológicamente viene del latín con (junto, todo) fides (fe),
es decir, es tener fe de manera conjunta, fe en la acción del otro. Desde el punto de vista
sociológico es creer o pensar que otra persona, un grupo o una comunidad, actuarán de
una manera determinada, es decir es una presunción de comportamiento en el futuro.
Esto permite eliminar la incertidumbre o reducir los riesgos, haciendo predecible el
futuro. Por ello, la confianza es fundamental en la constitución y funcionamiento de una
sociedad. Por ello, que en general en la sociología se asume que la confianza es la base
de las instituciones. Si entendemos por instituciones reglas y organizaciones que sirven
para resolver los problemas de la convivencia humana en sociedad, éstas no podrían
existir si los que se ponen de acuerdo en las reglas no confían en que todos actuarán
de acuerdo a ellas.

Por ello, confianza e instituciones están correlacionadas de manera inseparable. El tema


central es ¿cómo se establece la confianza que permite que las instituciones funcionen?
Hay dos caminos: a. la voluntad de todos los que pertenecen a un grupo, comunidad o
sociedad para confiar entre ellos, que se refuerza con los resultados de las acciones,
que demuestran la efectividad de la confianza, entonces las instituciones funcionan. b.
la imposición de una autoridad que supervisa que la institución funcione y cumpla con
sus objetivos, razón por la cual la gente tiene confianza.

Lo interesante es que cuando las sociedades se hacen complejas, es decir cuando de


una comunidad o grupo de comunidades se evoluciona hacia una ciudad o un país, las
instituciones se multiplican y sólo pueden ser efectivas si la confianza se convierte en
un ethos, es decir en un código de comportamiento social. Pero para ello es importante
que las instituciones tengan los resultados esperados y favorables a quienes confían en
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ellas. Si esto funciona durante largo tiempo se convierte en una cultura de la confianza,
que es la base del funcionamiento de la economía, de la política y de la sociedad.

La razón principal es que las instituciones y la confianza reducen drásticamente la


incertidumbre, aumentan los beneficios de las economías de escala, facilitan los
contratos, estabilizan el futuro, es decir, generan condiciones para avanzar en sociedad
con todas las ventajas de la división del trabajo, de la creatividad e innovación. Es otras
palabras, son base del desarrollo.

Al analizar el caso peruano, nos percatamos que las instituciones no resuelven los
problemas que deben resolver, el sistema judicial no imparte justicia “justa”, la policía
nos cuida a medias, las reparticiones del estado no hacen bien su trabajo, la evasión
tributaria es una muestra de la total desconfianza en las capacidades del estado, el
contrabando es romper la reglas de importación y los ejemplos pueden seguir. El tema
es ¿por qué no hemos sido capaces hasta ahora de construir instituciones y confianza.

La solución a este problema pasa por varios procesos. En primer lugar, por una
reconstrucción del estado, el problema es quién y cómo se hace. En segundo lugar, es
cómo recuperamos los principios éticos sobre los que reposa la confianza, cómo
hacemos para no mentir, no robar, no sacarle la vuelta al estado, no engañar. Aquí se
requiere de una especie de rearme moral y de la construcción de liderazgos éticos. En
tercer lugar, es crucial reducir la corrupción estatal, que es el peor alimento para la
desconfianza de todos. En cuarto lugar, cómo incorporamos en la educación de todos
los niveles la necesidad de confiar y de vigilar las instituciones como si fueran nuestras,
ahora nos parecen que pertenecen a terceros. Finalmente, es importante que las
ideologías –políticas, religiosas, sociales, económicas- incorporen el comportamiento
ético social como fundamento del funcionamiento social y humano.

4 de febrero 2016.

LA DESCONFIANZA PERUANA COMO CAUSA DE NUESTROS MALES: Efraín Gonzales de Olarte