You are on page 1of 1

El Léxico del 98[editar]

Si importante es la generación del 98 en la literatura española, también lo es para el


historiador de la lengua. En los textos de los escritores mencionados se aprecia la realidad
del lenguaje, plural en circunstancias y en recursos. Estudiando la neología y los
neologismos de la generación del 98, se ha podido constatar la renovación de elementos
constitutivos del español, la función del léxico como recurso caracterizador de personajes y
ambientes (guindilla, guinda, rosera), el ingenio del propio autor para fecundar el idioma
(«verde-reuma» es creación de Valle-Inclán, «piscolabis» es voz barojiana) y la capacidad
de éste para captar las innovaciones léxicas que surgieron en diferentes ámbitos:
abracadabrante, afiche, alopatía, cabaré, crupier, charcutería, charcutero, chic, eslogan,
estor, frufrú, maquillaje, mitomanía, papillote, pose, vodevil, etc.
El corpus del léxico del 98 representa una suma de idiolectos o sistemas lingüísticos
individuales que en su totalidad permiten vislumbrar la evolución del español desde el siglo
XIX hasta la primera mitad del siglo XX, en una época en que el léxico estándar creció por
la integración de palabras procedentes de léxicos parciales (jergas, lenguaje técnico-
científico, v. Haensch, 1997, 55). Numerosas voces del 98 son generacionales, las
emplearon varios escritores de este grupo y posteriormente cayeron en desuso: cocota,
batracio, bilbainismo, horizontal, rastacuerismo, rayadillo, dinero-esquema,
intraespañolización, catedraticina, etc. En general, se esfuerzan por aportar nuevas ideas y
por elevar a la categoría de obra de arte la realidad socio- cultural en la que se prepararon
para salir a otros mundos. El espíritu de los pueblos se recupera con la palabra.4

La generación del 98 en la música[editar]


El panorama musical español también se vio afectado por la crisis del 98, y se contagió del
clima regeneracionista que propiciaron los intelectuales de la época. Encomiable labor en
este sentido fue la que realizó el musicólogo Felipe Pedrell. Ya en 1897 había escrito el
manifiesto Por Nuestra Música, y entre otras obras suyas, publicó el Cancionero musical
Popular Español. Además de ser el padre de la musicología y etnomusicología en España,
en el terreno de la composición abrió las puertas hacia un nacionalismo musical español,
como ya existía un nacionalismo musical ruso, bohemio, escandinavo... Después de
introducir a Wagner (paradigma del nacionalismo alemán en la ópera) en España, trató de
impulsar un nacionalismo análogo a la española. Pedrell es más conocido por su labor
como teórico, musicólogo, y crítico que como compositor. No obstante, la composición
musical probablemente no habría sido la misma sin él, porque marcó el camino a otros
compositores de la generación del 98 y posteriores. Isaac Albéniz, fue un pianista virtuoso
que escribió la Suite Iberia, la Suite Española, y la ópera Pepita Jiménez. Enrique
Granados, también pianista, autor de Doce Danzas Españolas, y Goyescas). El virtuoso
violinista Pablo Sarasate compuso todo tipo de obras exaltando el variadísimo folclore
español, de norte a sur.
También se puede hablar de análogos europeos para los músicos de este periodo. Pedrell
era conocido como el Wagner español, mientras que Albéniz y Sarasate eran comparados
con Debussy y Paganini respectivamente.